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Custody.

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Estados Unidos, New York, 2020.

 

 

Un auto de color azul metalizado oscuro paso a detenerse frente un edificio de oficinas en medio de la metrópolis, del auto, y con ayuda de un empleado que saludo cortes, emergio un hombre de cabello de un tono azul muy oscuro con flecos que parecían brillar en azul claro, a coro con unos ojos azules claros brillantes. Fornido y bien vestido con un elegante traje azul casi negro, zapatos negros y una sonrisa amistosa. De marcados rasgos mascuinos, con cejas gruesas y n peinado algo rebelde. Miro la puerta trasera antes de abrirla el mismo.

 

—¿Hijo? Giorno, llegamos, ven, sal.—Pidió con un tono amable digno de ser usado con un niño, pero quien salió no era ningún niño pequeño. De marcados rasgos faciales y un cabello rubio atado en una trenza corta desparramada sobre su hombro derecho, con unos rulos grandes sobre su frente. Bien vestido con unos pantalones azules claros con unos pins con estilo de hojas y mariquitas, zapatos blancos estilo deportivo y una sudadera de un color entre lavanda y rosa con el logotipo de alguna marca. Sus ojos estaban cubiertos por lentes de sol que dejo sobre su cabeza, estos eran de color rojo/rosa. Los guardo en su mochila antes de dejar de mirar su móvil para bajarse del auto mirando el panorama.

—Dijiste que iríamos por pizzas.—Recrimino el joven mientras que apreciaba en donde estaba.—No me digas que volverás a quedarte en tu trabajo, eso es aburrido.—Rodo los ojos dejando que una mueca de disgusto tome lugar en su rostro.

—No, no, Gio.—Aseguro del adulto despidiéndose amistosamente del empleado que acomodo el auto y caminaba junto a su hijo quien le miraba de reojo.—Hablare unos momentos con tu Tío Speedwagon ¿Quieres esperar en algún local o algo así?

—No, iré contigo.—Esa cooperación de su hijo llamo su atención, pero opto dejar el asunto para viajar por el enorme edificio, ya sea en el elevador o por los pasillos. Giorno apreciaba a varios empleados saludar a su padre y a él, ambos saludaban, solo que Giorno lo hacía con la mano. Su padre hablo unas cosas con un amigo al que él llamaba desde que recordaba ‘‘Tio’’.

Por alguna razón Jonathan mando a su hijo a esperar unos momentos fuera de la oficina, y claro, su hijo hizo caso. No estaba seguro de que podría estar hablando su padre, después de todo, su Tío Robert desde eso de los 10 años le había hablado sobre los trabajos de la fundación Speedwagon, encargada de investigaciones médicas, científicas y  la conservación del medio ambiente, había sido fundada durante una edad temprana de Jonathan y él era socio de esta, y claro, Giorno tenía en su plena adolescencia un considerable acceso a recursos que pudieran darle. No estaba seguro que podría estarle escondiendo, pero con su cumpleaños en menos de tres meses pensó que podía ser algo sobre él.

—¿Hijo?—Cuando su padre salió con Speedwagon tras el saludando a su sobrino con un largo abrazo, discupadose con el por no poder hablar mucho por culpa del trabajo, discupandose antes de irse sospechosamente rapido. Jonathan parpadeo confuso, luego miro a su hijo y le sonrió.— ¿Ves que no me tarde nada? Venga, vamos fuera, le dije a tu madre que nos espere para comer fuera—Mientras bajaban y andaban por la recepción, Jonathan noto que Giorno estaba mirando abajo, contando en voz baja, y cuando le presto atención lo encontró contando varios billetes de 200 que tenia en manos.—¡Giorno! ¿De donde sacaste eso?—Exclamo.

—El tío Robert me lo dio a escondidas cuando me abrazo.—Confeso como si fuera normal, pues para él lo era. De niño este le pasaba dulces o juguetes a escondidas bajo la mesa, escondiéndolos en su mochila, y ahora de adolecente le daba directamente el dinero con a discreción digna de un narcotraficante.

Jonathan suspiro pesadamente.

—Ya entiendo porque fuiste conmigo, y yo pensando que querías pasar un tiempo conmigo.—se quejó ya de regreso al auto.—Le dije que habías sacado otro sobresaliente en tu primer año de escuela, seguro es un premio por ello.—Aunque sabía que sus tíos premiaban a Giorno con regalos hasta, prácticamente, por respirar.—En fin, Erina y yo descendimos sacarte a comer como celebración ¿Dónde quieres que vayamos?—aunque sabía que la respuesta seria ir por pizzas, la comida rápida favorita de su hijo desde que lo conocía (al menos quitando la ensalada de pulpo y los postres).

Giorno habia sido criado por Erina desde eso de los cinco o cuatro años, considerandola su unica y verdadera madre.

No tardaron eso de 20 minutos en llegar al restaurante, donde Erina los esperaba con una linda sonrisa; Con su pálido cabello rubio suelto y vestida con una falda de color azul de corte A, con una camisa blanca, estaba sentada al lado izquierdo de su padre mirándolo comer, aunque en algún momento su madre lo llamo.

—GioGio.—Cuando alzo la cara, con un hilo de queso derretido entre la pizza y su boca, sus lentes cayeron de su fleco en forma de rizos dejándolos despeinados, y el click seguido de la risa de sus padres le genero un sonrojo mientras tragaba y ordenaba que ni se les ocurra subir esa foto. A cambio de que no lo hagan (aunque estaba 80% seguro de que lo harían de todos modos) se tomó una fotografía con ambos, él estaba en medio de ambos mientras Erina asomaba la cabeza por detrás de los hombros de Giorno, haciendo la señal de la paz, su padre (quien tomaba la foto) lo estaba abrazando orgulloso mientras su hijo solo tenía una leve sonrisa, como si se sintiera cansado, pero feliz. Tanto gusto la dichosa fotografía que Jonathan la publico antes de segur la comida.

A mitad de la comida, Giorno escucho el teléfono de su padre sonando para que este revise una notificación, y se puso serio cuando noto una cara de nerviosismo. Compartió una mirada con su madre para que esta hablara para preguntarle.

—¿Jojo?—La voz de su esposa lo incito de guardar el móvil.—¿Estas bien?

—Uh, sí, sí, estoy bien...Ah, Giony ¿Qué estabas diciendo?—Su hijo regreso a la charla sobre su escuela, aunque nada quito que su hijo se sintiera extrañado por esa reacción de su padre, aun así, comieron y regresaron a casa cada quien a hacer lo suyo en privado antes de la cena, preparada por Erina.

 

 

Su habitación tenía paredes de un color entre el purpura y el azul oscuro, algunos posters cubrían el color, incluyendo dos de Jeff Beck, y una pizarra de corcho tenia anotados papeles, horarios, un par de fotos  y anuncios de eventos a los que fue o a los que pensaba ir a futuro. Una repisa tenía libros escolares, objetos, y un decorado de su infancia, un peluche duro de mariquita que había disfrazado entre sus decorados adolecentes. Cerca de la ventana había un guardarropa en cuya superficie había macetas con plantas ‘’bebe’’ recibiendo a luz artificial de una lámpara. Giorno estaba sentado en su silla de escritorio, con una pierna apoyada en el escritorio, la otra cruzada mientras estaba se encontraba distraído con un juego en línea con sus cascos puestos, casualmente mirando como el perro Gran Danés de su familia estaba dormido en su cama (aunque Erina más de una vez le dijo que debía dormir en el suelo) dejo de prestarle atención a su juego cuando el animal se puso de pie alzando las orejas para asomarse por la ventana de la mansión agitando la cola. Solo entonces el joven noto luces de un coche desde fuera.

—Denme un segundo, llego alguien a casa, me conecto después.—Informo antes de quitárselos cascos y aproximarse a mirar junto con el perro. Un auto jaguar deportivo de color negro había parado frente la casa, y de este bajo un hombre grande bajo de allí, poro no sabía distinguir quien era.— ¿Sera alguno de mis Tíos? Mi madre no me aviso nada y yo vestido así.—Su ropa para estar en casa de noche jugando era un pantalón deportivo negro  una sudadera con capucha azul claro, descalzo con medias blancas.— ¿Quieres que vayamos a ver, danny?—El animal ladro emocionado antes de irse corriendo por el pasillo. Pensaba cambiarse rápido antes de bajar, pero escucho una discusión desde abajo donde la voz de su padre trataba de no alzarse.

—¿En qué piensas? Venir de repente y a estas horas…Hablaremos esto en otro lado, en el estudio o algo.—Giorno no solía ir al estudio, su padre se encargaba de trabajar allí y prefería no molestarlo sabiendo que el debia estar muy ocupado, pero sintió que algo andaba mal cuando ese hombre anonimo, vestido con un saco negro y dándole la espalda a la escalera, pareció estar discutiendo con Jonathan en su propia casa.

—¿Padre?—La voz firme, pero serena, de su hijo hizo a Jonathan subir la mirada por las escaleras de madera hasta ver a su hijo cruzado de brazos con mirada que podia confundirse con desafiante o altanera.

—¡Giorno…!—Se escapó un chillido de su boca antes que lentamente el otro hombre girara develándose ante Giorno. Era tan alto como Jonathan, y de cabello rubio bien peinado hacia atrás, unos ojos dorados similares a los de algún felino, de rasgos fuertes y atractivos, tenía una sonrisa en la cara. El joven trato de disimular una mueca, pues estaba seguro de que vio colmillos afilados. Estaba vestido con un suéter amarillo encima de una camisa blanca de la cual asomaba una corbata verde, pantalones negros y zapatos blancos. Rasco una de sus mejillas dejando ver que tenías unas muy largas uñas pintadas de color negro esmaltado.

Giorno se sintió extrañamente tenso, pero no impidió que bajara las escaleras con calma, no deseando perder la compostura en su propia casa.

—¿Quién es el, padre?—Pregunto ubicándose al lado de Jonathan quien parecía estar buscando la forma de salir de ese asunto, o sacar a su hijo del medio al menos.— ¿Te está causando problemas?—En un inicio encontraría admirable ese deseo de su hijo por proteger su casa, y muy orgulloso de su determinación en mantenerse firme como un chico educado incluso ante situaciones tensas como la presente, pero no se sentía tranquilo en lo más mínimo con el asunto presente.

—¿Giorno? ¿Su nombre es Giorno?—El invitado hablo, y ambos sintieron un cosquilleo por su nombre de voz tan macabro y al mismo tiempo burlista.—Así que Giorno…

—Me llamo Giorno Joestar.—Explico con tono serio, quería dejar claro quiénes eran sus padres, casi insolente ante el hombre que llagaba fresco a su casa a actuar una forma que se notaba a leguas disgustaba a su padre. El hombre más grande se rio antes de ignorarlo para seguir hablando con Jonathan.

—Oh. Así que no se quedó con el nombre de Haruno Shiobana o Giovanna.—El mencionado pareció confuso de que él sepa su nombre original, y aunque él sabía que su madre de sangre tenía ese apellido, y que era hijo de una mujer negligente que no recordaba bien, esa información solo la sabia su familia. Ignoro a Jonathan para acercase más al joven adolecente para tomarlo de los hombros.—¿Tu padre no te hablo de mí, Gio?—No se sintió bien que un completo extraño (y fresco) le hable de forma tan casual. El hombre se señaló a si mismo.—Mi nombre es Dio Brando, y solo venía a visitar a tu padre para hablar de ti.

—¿De mí?—el joven alzo la ceja, aunque su padre tomo sus hombros para alejarlo.

—¡Dio! ¡Suficiente de esto! ¡Vete de mi casa, por favor!

Dio alzo sus manos, como si Jonathan estuviera exagerando en base a las acciones de el, pero su risa no fue retirada por nadie.

—Vale, vale…estoy en la ciudad por trabajo, y de paso pensé que podríamos hablar de…ya sabes que, te dejo hasta mañana para que tú y Erina hablen con Giorno…Pero eso es todo ¡Adiós!—Se despidió alegremente antes de irse tan fugaz e invasivo como llego, se retiró para subir al auto e irse entre las calles bien iluminadas dejando una estela de polvo por la velocidad.

Cuando salió del susto inicial, quiso reclamar a su padre sobre quien era ese hombre tan descortés, y porque no se había defendido, pero cuando vio su cara de susto, la palidez de su piel como si le acabaran de sacar la mitad de la sangre, y sus manos temblando lo hicieron alertarse.

—¿Papá?—pregunto cuando este se fue en dirección al pasillo, Giorno lo siguió preguntándole que pasaba, pues este incluso tenía sus pasos entorpecidos, topándose con Erina quien sintió una parálisis hasta que escucho la voz de Dio despedirse y su auto irse velozmente.

—Tenemos que hablar con Giorno.

Jonathan no habría sabido cómo explicar el caso de Giorno, explicar tranquilamente y sin sentir vergüenza que el joven había nacido con el bastante joven, a eso de los 18 años había estado de vacaciones de fin de curso con Dio (con quien estudio durante buena parte de su secundaria segun lo que le dijeron) aun sin formalizar una relación con Erina quien por esa época había estado en un viaje por la India con su padre por estudios. En una fiesta donde ambos jóvenes Brando y Joestar habían bebido de mas, recordaban haberse acostado con una mujer con la suerte dichosa de sufrir un caso único según cada médico que consultaron en desespero por una respuesta. El asunto habría quedado como una estupidez de juventud, pero degenero cuando solo 4 años y medio después ambos jóvenes recibieron la noticia de que la mujer habría tenido un varón fruto de eso.

Les hubiera gustado recibir la noticia de forma normal, no de recibir un documento medico, bajo circunstancias no mencionadas esa noche, que explicaban que la madre habría sacado poco menos que la mitocondria, el coctel genético era de ambos varones.

Claramente, hicieron infinidad de estudios médicos al pequeño, pero, este daba los mismos resultados. Se hubiera estudiado más al niño, pero Jonathan había temido traumatizar al pequeño con tantos doctores pinchando su pequeño y magullado cuerpo de infante, optando por quedarse con el pequeño bajo su apellido, pero el otro padre, asqueado y negándose en panico, se desligo del asunto para alejarse de los Joestar. El pequeño llamado entonces Giovanna fue cambiado a Giorno Joestar y criado como tal. Mientras Erina mostraba documentos médicos bien escondidos por la fundación Speedwagon (que había sido la encargada de esconder el caso y analizar a Giorno) donde se explicaba de todas las formas habidas y por haber el extraño código genético dividido en 3 cadenas de ADN. Jonathan ahogo una grosería cuando el teléfono de la casa sonó. Se alejó para responder la llamada, reconociendo la voz de Dio del otro lado.

—¿Qué quieres? ¿No hiciste suficiente?—Pregunto en voz baja claramente enojado y disgustado por su ex amigo y su actitud tan desubicada.

—¿Qué hago? Es mi hijo también.—Escucho a Jonathan morderse la lengua del otro lado de la línea.—Tengo derecho de estar con él, admito haber sido un cretino en el pasado rechazándolo…era un joven asustado, Jojo.—Tan asustado que paso el resto de su adolescencia  (después de la extraña muerte que se llevó a su padre cuando tenía 13) en fiestas y viajes por el extranjero antes de ubicarse como un prestigioso abogado.—Tu sabes porque la paternidad me aterroriza, Jojo.

Sea como sea, Jonathan hizo todos sus mejores esfuerzos por tratar de entenderlo, haciendo esquemas y haciendo uso de su gran don de la empatía, trato de pensar en formas de acercarlo lentamente a Giorno para que este, con lo introvertido que era con extraños, y más si estos le daban una mala primera impresión, logre asumir todo lo que estaba pasando. Tratando de entender cómo se sentiría en el lugar de Dio, tal vez podría llevar a Giorno a algo así como una cita para conocer a su padre, claro, el estando presente todo el tiempo, y si así lo aceptaba su hijo; tal vez visitas programas por una corte (una corte que no hiciera pública la información). Todo lo pensó rápido mientras con el teléfono en entre el oído y el hombro se metía a su estudio para buscar espacio en la agenda suya y los horarios de su hijo para darle el tiempo que, asumía, el otro padre merecía.

—Asi que, Jojo ¿Me puedes hablar de…Gio…Giorno, era? Lo siento, los nombres extranjeros no son lo mío.—Se disculpó con una risa. Si había algo que a Jonathan le gustaba era hablar de su hijo. Mientras miraba las fotografías familiares viéndolo de vuelta sobre el escritorio (en orden cronológico) de su familia. Especialmente la más reciente donde su hijo salía con él y Erina (y demás familiares) celebrando la entrada de Giorno a la preparatoria.

—Bueno…—Puso un tono alegre.—Giorno es un excelente muchacho, es tan educado como un señor desde pequeño, y siempre ha sido un estudiante destacado, hace poco que tiene un diploma de honor de preparatoria…Aha, aunque, él siempre los ha tenido, los maestros siempre nos felicitan por el.—Confeso recordando lo adorable que se veía su hijo en el jardín de niños sujetando su pequeño diploma certificándolo como el más listo de la clase.

—¿Oh, es estudiante de honor?—Agudeza que seguro saco de Dio, quien también había tenido buen promedio académico desde infante hasta la universidad.—¿Y que cosas le gustan?

—¿Sus gustos?—Muchos padres de chicos de la edad de su hijo no podían darse la libertad de decir lo que iba a decir.—Bueno, es bastante tranquilo, no sale a fiestas ni bebe, pero disfruta mucho ir con su madre Erina a lugares como el teatro o cine conmigo…le gusta ir a restaurantes, los animales y la botánica, de hecho, durante el verano pasado fue voluntario de un evento de reforestación de la compañía de su Tío…Humm.—pareció pensar en otros datos relevantes de su hijo.

—¿Tiene pasatiempos o…?

—Lo que cualquier chico de 15, juegos de video, películas, comic…ah, pero va a clases de piano desde los 10, es muy bueno y en su escuela toco un par de veces.—incluso creía tener grabaciones guardadas en algún archivo.

—¿Piano? Que niño mas fino.—se rio, aunque le pareció algo bastante sofisticado de un adolecente. 20 minutos de charla fue para anunciar cosas a su hijo, hasta que finalmente Jonathan tomo un habano pare relajarse.

—Así que, Dio… ¿Qué tal? No estoy seguro de como reaccionara Gio con todo esto, pero…podemos intentar ¿te gustaría visitarlo o…?

Dio se rio del otro lado.

—Oh, Jojo, creo que no nos estamos entendiendo bien…yo no planeo planear visitas, ni nada de eso.—lo escucho balbucear del otro lado, como si no entendiera entonces porque le robo casi 30 minutos de tiempo hablando meramente de Giorno.—Yo lo que quiero es estar presente diariamente...

 

 

 

No recordaba cuando se había quedado dormido, pero seguro que fue durante el periodo de leer tantos documentos, despertó debido a que Danny había subido encima suyo para lamer su cara. Entre quejas se lo quito para ver que eran eso de las 8 de la mañana, pero suponía que no iría a la escuela ese día. Salió del sofá donde se quedó dormido, arropado con una frazada que alguno de sus padres debió ponerle encima una vez quedo dormido, se estiro con sus músculos acalambrados por haber dormido en un sofá y no en su elegante cama, se colocó sus pantuflas antes de vagar por la casa seguido por Danny quien lo guio hasta una alacena donde estaba la comida para perro, pues Giorno tenía de rutina darle de comer antes de desayunar el mismo. Una vez el animal se quedó comiendo, fue hasta la cocina donde lo esperaba el desayuno que ni en momentos de crisis faltaba, avena dulce con frutas y un vaso de leche.

—¿Mamá, Papá?—Pregunto al notar las cara preocupadas de ambos, mientras que Erina suspiraba al verlo despierto.— ¿Podemos hablar de lo que paso anoche?—claramente el tema no iba a quedarse como un simple intruso en la casa, y aunque agradecía el deseo de sus padres de protegerlo de la realidad, nada quitaba que ya no era un niño pequeño.—Si ese hombre es mi padre también o lo que sea.—Pues el asunto aún era confuso de entender, más aun para hablar del tema.—¿Qué es lo que quiere y porque tardo casi 15 años en aparecer?—pregunto mientras con su dedo golpeaba la mesa, como exigiendo respuestas, Jonathan deseo en silencio que esa acción no lo allá hecho pensar automáticamente en Dio. Admiro la fortaleza de su hijo ante un asunto que causaría crisis en chicos menos maduros, agradeció a Dios el hijo que tenía antes de mirar a su esposa, ambos tomados de las manos poyándose para hablar de un asunto del que pensaban no iban a tener que hablar hasta que Giorno tuviera a sus respectivos hijos.

—Dio hablo conmigo por teléfono cuando dejo la casa…—Explico con un suspiro.—Él quiere tener un rol presente en su vida, no estoy seguro de porque le pillo tan de repente el instinto paterno.—aunque lo acuño a cosas de la edad, después de los 30 la gente suele empezar a querer cosas más simples, Dio ya no salía a fiestas ni traía mujeres a su casa, había organizado su vida como un adulto y al parecer el bicho de la paternidad lo pico.—Pero el me pregunto varias cosas sobre ti y…creo que deberías ir con el, salir juntos como haces conmigo.—Explico tratando de no sonar invasivo.

—¿Salir conmigo? Tengo casi 15 años.—Se señaló a si mismo.—No pienso ir a ningún lado con un hombre tan maleducado y…

—Giorno.—Su madre interrumpió la charla y queja de su hijo.—Lo que queremos decir es que Dio puede reclamar a una corte del derecho de visitas, y no queremos exponerte a tener que decir tus origines frente una corte, no queremos que nada te perturbe.

El rubio se tomó la frente antes de arrojar algo de café de la cafetera sobre la mesa en su leche y beberlo para no discutir con el estómago vacío.

—¿Solo tendré que hablar con el, no?—Pregunto.

—Y si no le llegas a agradar.—Giorno encontró intenciones escondidas tras el tono sereno de Erina.—Tal vez solo quede en una cita o dos.

—¿Qué estás diciendo, Erina?—Su esposo la miro entre confuso y asombrado por esa insinuación.

—Quiero decir…Dio desde la última vez que lo vimos nunca mostro ser paciente con nadie, tal vez si descubre que Giorno no lo agrada…tal vez nos deje en paz de una buena vez.

—O sea…—Giorno entendió en plan, apoyando el ante brazo en la mesa y señalando a sus padres como si eso le diera más fuerza a la idea.—Si me comporto desagradable con él, me dejara en paz y capítulo cerrado ¿No?

—Bueno…supongo.—Jonathan no parecía seguro de eso, aunque su familia acuño eso a su cortesía y buenos modos con todo mundo. Su hijo se puso de pie apoyando sus manos sobre la mesa.— ¡Giorno…!

—Esta hecho entonces, llama a ese tal Dio o lo que sea y dile que saldré con el hoy mismo. Acabare este problema hoy mismo.—Dijo antes de irse rumbo a su habitación para prepararse, Erina parecía tranquila y hasta orgullosa, Jonathan no pudo evitar sentir un mal sabor de boca mientras tomaba el móvil para llamar a Dio e informar que Giorno quedo en salir con él.

Dio acordó como lugar una calle del centro, y con las 10:30 en un reloj Giorno fue despedido por sus padres a quienes les costó dejarlo ir, repitiéndole 100 veces que los llamen si Dio hacia o decía algo desagradable o que lo hiciera sentir incómodo. Una vez fuera vago por las calles hasta un centro comercial donde solía juntarse con sus primos, o amigos de la escuela. Quedo en ir a un restaurante para comer con él. Vestido con pantalones de estilo capri, tenis de color purpura y una camisa de tirantes de alguna banda de los 80’s con una chaqueta de cuero rosa, parcia nervioso por buenas razones mirando sobre su hombro asegurándose de no ser visto por nadie pues no quería dar explicaciones a nadie de que hacia solo juntándose con un extraño hombre adulto.

Dio fue fácil de reconocer, no solo por haber pedido un asiento en el sector privado del restaurante, similares a pequeños comedores privados, pero aun siendo visibles por las enormes ventanas; no fue difícil verlo.

Ahora que lo miraba bien y a la luz, era un hombre realmente grande, si no media 2 metros estaba a nada de hacerlo, su cabellera rubia estaba peinada hacia atrás con algunos mechones rebeles en su frente libres, tenía cejas estilizada no muy masculinas. Su vestimenta era un pantalón con desgastes y roturas, botas negras con plataforma de cuero, y una camisa amarilla metida por dentro del pantalón. Usaba un cinturón verde con cadenas del mismo color junto a varios accesorios como anillos, collares y brazaletes. Su apariencia exótica no acabo allí porque Giorno distinguió que tenía unas uñas bien arregladas y pintadas de color negro, sus labios igualmente tenían un labial negro. Dejando de lado que no sabía que reacción tener de ver a un sujeto tan exótico mirando el móvil (haciendo un ruido con sus uñas al tocar la pantalla del móvil o la mesa)

Trago seco y poniendo su mejor cara seria avanzo donde la mesa, con el corazon bombeando dentro de el.

—¿Dio Brando?—Pregunto, y el adulto apago su móvil para pasar a mirar al joven y ponerse de pie.—Soy...Giorno Joestar…su…ehem, Hijo ¿No?—Se presentó extendiendo la mano, Dio rio por ese saludo, no recordando la última vez que un adolecente de 15 lo saludo extendiendo la mano. Giorno no supo cómo sentirse, preguntándose si había sido muy formal.

—Vaya, Jonathan no mentía cuando dijo que eras un auntentico caballerito.—Informo mientras que apreciaba al joven frente el.—Venga, siéntate a comer, pide lo que tú quieras para almorzar.

Ya habiendo comido en casa, paso a pedir solo algo de té para ambos, Dio estaba conforme con un plato de galletas que el restaurante serbia en forma de estrella, Giorno pidió un flan.

—Tu padre me hablo maravillas de ti, un estudiante de honor si no estoy mal.—Su risa sonó jactanciosa. Giorno dio una probada a su postre antes de seguir hablando.

— papá suele exagerar todo lo que hago, pero, si, soy muy buen estudiante.—Confeso sin deseos de hacerse el humilde.

—¿Vas a piano, cierto?—Pregunto mientras llevaba su taza a sus labios para beber, su maquillaje debía ser bueno porque no pinto la taza.— ¿Qué tal eres en eso?

—El mejor.—Dio tembló por la risa ante esa respuesta tan firme.—He dado un par de conciertos escolares, y cuando tenía 11 tocaba en el coro de la iglesia donde vamos.

Los ojos dorados de Dio vagaron hasta un sector en medio del lugar, donde había un pequeño escenario donde se podían tocar conciertos pequeños, ese dia no había nadie.

—¿Por qué no le das a tu padre una demostración?—Pidió haciendo un ademan con la cabeza donde le piano, para que su hijo balbuce inseguro.—Venga, solo un par de estrofas para ver qué tan bueno eres, no me voy a creer que eres tímido para tocar.

Giorno tuvo que pedir permiso al encargado para dar una demostración rápida de piano, dejando de lado que algunas personas lo miraron, se sentó para cerrar sus ojos y tomar el aire relajado para tocar algo que estaba acostumbrado a tocar. Clair de Lune. Había una que otra tonada que escapaba de sus dedos, pero más allá de eso fue capaz de interpretar esa pieza sin dificultades. Admitía que gustaba de piezas musicales más movidas, pero no quería causar incomodidad a los comensales, siendo que había muchas parejas, quiso dar un ambiente más relajado y romántico para todos.

Una vez acabo escucho un par de aplausos y felicitaciones, aunque Dio solo expreso su agrado por su talento con una sonrisa. Seguidamente salieron de allí para caminar, y el joven tuvo que admitir que tal vez solo juzgo de mala forma a Dio, parecía ser un hombre bastante refinado, tranquilo y hasta alegre. Al punto de que el plan de actuar desagradable para quitárselo de encima quedo como una idea pasada y decidió darle una oportunidad  para hablar con el.

—Maldita sea…—Gruño Dio cuando busco algo en su bolsillo.—Deje mi móvil en el restaurante, espérame aquí.—Dijo antes de irse apresurado para recuperar su móvil, Giorno decidió esperar sentado en una banca en medio de los amplios pasillos del loca mirando a la gente pasearse con bolsas de compras, subiendo escaleras, mirando sus móviles, y pensó un poco en su nuevo padre. Tal vez actuó tan raro la primera vez porque estaba ansioso de ver a su hijo, y aunque la primera impresión marcaba a fuego su opinión de la gente, tal vez solo se apresuró. No podía decir que se sentía muy cómodo aun, menos que menos que fuera a llamarlo ‘’padre’’ o similares, pero repetir esa clase de salidas una vez al mes, o de forma semanal no sonaba tan mal. Un golpe de una lata a su nuca le hizo girarse disgustado.

Se topó con un grupo de unos 5 chicos, 3 eran estudiantes del colegio, su atención fue a parar a los 2 que estaban en medio como líderes. El del medio era más alto que el, largo cabello salvaje de color rosa con manchones negros que recordaban a un lagarto, peinado de forma salvaje y dispareja. Su ropa era una camisa estilo ‘’rejilla’’  color negro con una chaqueta de cuero, pantalones blancos y tenis deportivos. Diavolo y Giorno eran conocidos escolares desde bastante tiempo, y nunca se habían llevado bien, mayormente porque Diavolo era un mantón adinerado que manejaba a todos en la escuela, que empezó a tener discordancias con Giorno porque este parecía tener un sentido demasiado marcado de lo que es correcto para dejarse manejar, con un rol idóneo de líder, no de seguidor de nadie.  Medio escondido se asomaba detrás de este delgado con su cabello atado en una cola de caballo de longitud hasta el cuello, atado en una complicada trenza o un clip de cabello más difícil de mantener que los rizos gruesos de Giorno, su ropa era un suéter cuello de tortuga color purpura con pantalones y zapatos negros, bastante más decente a comparación de su mellizo, de ojos amarillos que viajaban entre su hermano y el rubio.

—¿Saliste de la cárcel?—Pregunto de forma sarcástica giorno mientras tiraba la lata al basurero cercano.

—Te vi luciéndote en el restaurante ¿Quién era ese sujeto contigo?—Giorno se tensó, pues no había forma decente de explicar que hacia solo en un restaurante con un hombre que le sacaba casi 25 años de edad, si decía que era su padre nadie le iba a creer, y no quería decirlo. Si decía que era un amigo, todos pensarían cosas que NO eran, y se quedó tildado tratando de pensar.— ¿Qué? No me digas que sales con alguien que podría ser tu padre.—Demasiada ironía divina en un solo comentario, iba a tratar de ignorarlo para ir detrás de Dio y desaparecer, pero la mano de Diavolo le quito el teléfono de la mano.—Oye, ‘’alguien’’ me acuso con la directora en la escuela y me suspendieron el móvil ¿No te importa que tenga el tuyo como garantía, no?—empezó a revisar el mismo aprovechando que estaba  desbloqueado para revisar, notando que Giorno tenía de fondo de pantalla una foto de su familia con él en un viaje a un parque de diversiones.—¿Tienes una foto así de cursi? Ay, perdón, se me resbala  el dedo, no creo que tengas copia de esta foto ¿no?—aprovechando ser mas alto, y su calzado, solo tuvo que estirarse para que Giorno no pueda alcanzarlo. Aunque no noto los pasos de sus ‘’sobordinados’’ de secundaria alejarse, casi al tiempo que su hermano jalaba su ropa.

—Ehh…Diavolo…

— Doppio, ya hablamos sobre interrumpirme.—Gruño sin verlo.

—Diavolo…en-en serio creo que tenemos que irnos…

—¿Y porque? ¿No tendrás miedo de que Giorno nos mate de con esa mirada que tiene o…? ¿Eh?—cuando noto que si víctima no estaba estirándose, sino que estaba mirando detrás de el con cara asombrada, fue cuando Diavolo se dignó a voltear para toparse con un hombre a quien le llegaba a la altura del pecho.—…Maldita sea.

Dos enormes manos sujetaron a cada hermano de la ropa hasta alzarlos, Dio en algún momento había aparecido y al darse con la escena no dudo en sacar su lado más violento. Giorno solo reviso su teléfono mientras de fondo su recién conocido padre estaba tirando a ambos abusadores a un sector de basura uno sobre otro, gritando cosas sobre que se alejaran. Aunque por el camino de sangre en la nariz de Diavolo y la frente de Doppio parecía haber usado mucha fuerza. Regreso con Giorno para asegurarse de que estuviera bien.

—¿Estas bien, Gio?—Pregunto con un gruñido, su hijo solo miro como ambos hermanos se iban de allí ayudándose a estar de pie.

—Estoy bien…oye, eso fue bastante…genial.—Tenia que admitir, pues Dio los había alzado como si se trataran de plumas y arrojado fácilmente a casi dos metros. —¿Cómo sabes hacer eso?—Pregunto yéndose con el otro, encontrado gracioso, y curioso, que a pesar de haber hecho semejante acto de fuerza bruta, Dio conservara un andar elegante de gato.

—Fui boxeador aficionado a tu edad.—Confeso sin dar detalles.—¿Estas bien? ¿No te hicieron nada? No tendrías que haberse acercado a ese inútil, podría comprarte otro móvil si te lo quitaba.

—Es que aquí tengo mis fotos con mis primos.—Explico revisando que tuviera todas sus cosas guardadas.

—¿Te…llevas bien con ellos?—Pregunto Dio alzando una ceja, mientras se metí a su auto, esta vez era un auto convertible de color amarillo claro, Giorno debía admitir que lo exótico no acababa en su forma de vestir o hablar.

—Si, hace poco viaje a Italia durante el invierno para ver a mi prima Lisa lisa.—La cual tenía más o menos unos 25 años, era de las pocas mujeres en su familia y se llevaba bien con ella porque era igual de buena metiéndose en problemas que él, la típica prima que hace favores siempre que estos la beneficien.—Ella y mi primo Joseph viven allí desde unos años, vamos a verlos en invierno casi todos los años. También estoy practicando japonés para ir a ver a unos familiares en Japón durante este verano.—Había avanzado bastante, así que estaba emocionado.

Giorno parecía feliz hablando de su familia. Dio asintió para seguir con los ojos en el camino listo para dejar a su hijo en su casa acabada la visita. El joven rubio se sintió torpe creyendo que hablando así pudo haber ofendido o hecho sentir mal a Dio, así que mientras llegaban a casa hablo.

—¿Sabes? Mi padre me conto que querías pasar tiempo conmigo…la cita de hoy fracaso por ese idiota de Diavolo, pero podemos continuar mañana o cuando quieras.—Ofreció, pero al respuesta de Dio fue reírse.

—De hecho, tengo algo mejor en mente, pero quiero estar con tus padres para mostrarte mi sorpresa.

El Joestar se sintió extrañado, pero pensó en que podía estar pensando en programar visitas, o acompañarlo de viaje a donde viva el, aunque la idea no sonaba tan desagradable. Después de todo, si pudiera ir con alguno de sus padres a acompañarlo sería hasta interesante. Una vez en casa bajo del auto (Aunque estos no aprobaron mucho ver a su hijo en ese auto tan inseguro) dijo algo sobre lo que paso en el centro comercial, pero Dio interrumpió.

—Ah, Erina, Jonathan…venía a decirles algo con respecto a Giorno y lo que paso hoy.—Explico el joven abogado sacando de su auto un maletín dorado, del cual saco unas cuantas hojas de papel privadas para sus ojos. Jonathan fue quien hablo poniéndose frente su familia para recibir a Dio.

—¿Qué? ¿Te gustaría salir con el más seguido o…?—Cuando el Brando le paso los documentos, por ambos lados se asomaron de izquierda y derecha para ver que era eso.—¿Y esto?

—Un citatorio.—Explico Dio con sus manos en la cintura, demasiado calmado para estar apunto de decir lo que iba a decir.—Es para presentarte mañana ante la corte, estoy pidiendo la custodia de mi Hijo.

Los papeles cayeron de las manos de Jonathan mientras que Erina abrazaba a su hijo de los hombros, y un paralizado joven rubio miro al adulto frente el, y recién entonces pudo apreciar que lo miraba con un poderoso brillo de codicia antes de decir susurrante.

Él se ira a casa conmigo.