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Buscando la redención

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Capítulo I

Había estado en esa posición desde el instante en que había quedado solo en su departamento que ya había sido bastante tiempo. Las palabras y las acciones ocurridas tempranamente hiriendo y corrompiendo su espíritu.

La sensación de las náuseas lo sobre cargaron una vez más hallándose sin fuerzas sentado sin nada de ropa sobre el frío suelo del azulejo y abrazando el retrete mientras sentía cómo su garganta se quemaba ante el ácido corroyendo sus entrañas antes de arquearse nuevamente para expulsar lo poco que aún restaba de su contenido estomacal sobre la taza de su inodoro.

Sus rizos verde negruzcos se hallaban adheridos a su frente húmeda por el sudor frío en el que se veía envuelto su ser, a sí mismo, como la inminente pérdida de adrenalina en su sistema que estaba ya por culminar solo haciéndole más notorio su padecimiento y resintiendo más su afección.

Se sentía terrible, no solo físicamente si no también emocional y mental. Era una montaña rusa de emociones desenfrenada del cual él sólo deseaba que se descarrilara pronto para ponerle ya un fin a eso.

La noche anterior había sido el más grande error de su vida y la peor de esta. El haber despertado desnudo entrelazado entre los brazos y piernas de quien una vez había sido su mejor amigo de la infancia y habiendo cometido aquel acto en un ataque de borrachera por una burda celebración de festejo de la empresa en el que laboraban. Eso sólo lo hacía sentir más nefasto de lo que quisiera realmente admitir.

Si las cosas no hubieran resultado de esa manera al despertar por la mañana a su lado con aquella persona a él en realidad no le habría afectado tanto (o incluso en lo absoluto) a cómo lo fue en su lugar.

Sus recuerdos lo golpearon como una cinta cinematográfica detrás de sus párpados, mostrándole y señalándole las palabras llenas de veneno y desprecio con las que le fueron dirigidas por quien fue su más grande amigo de niño, por aquel a quien llegó amar y anhelar entre las sombras.

Aquél sujeto de ojos carmesí, aquel quien lo había culpado y acusado de haber planeado todo eso en una especie de venganza, una sucia y putrefacta artimaña.

Fue evidente para él el percatarse a través del olor el reflejo de las emociones en el rubio cenizo, su mirada de bermellón llena de miedo y de cólera una vez que comprendió los actos carnales por las que habían pasado entre ellos dos, entre dos hombres.

Estaba seguro de una forma dolorosa y agonizante que de haber sido él una mujer, aún incluso siendo un omega, y el haber pasado  por aquélla misma situación su persona más anhelada no habría reaccionado tan fieramente como lo hizo esa mañana.

Las náuseas llegaron de nuevo, dio una nueva arqueada aún como ya ni siquiera existía nada que pudiera sacar, nada que no fuera el solamente bilis.

Su garganta le ardía como aquel sabor amargo le quedaba en su boca y se deslizaba una mezcla de diferentes sustancias por su barbilla y fosas nasales de lo que una vez llegó a ser uno de ellos su cena.

Sus ojos esmeraldas lagrimeaban en reflejo ante su condición física, eso, o una negación para a sí mismo de su alma resquebrajándose. Se sentía enfermo. Se sentía miserable.

Estiró su brazo a ciegas bajando la palanca del desagüe y uniendo las pocas fuerzas que aún persistían en él se levantó apoyando su mano sobre la pared en su recorrido de regreso a su alcoba y su otra palma presionando sobre su estómago curveándose cómo un intento de consuelo para aminorar su malestar.

Al llegar a la habitación, su estómago se contrajo como el aroma de aquella persona hizo contacto en su nariz como evidencia de su estadía prolongada previamente en el sitio.

En otras circunstancias él estaría extasiado ante ese olor, la esencia de especias (sobreponiéndose la canela por sobre todos) y de un olor ahumado, pero ahora solo lo hacía sentir desdichado y culpable.

Con pesadez y aún sin molestarse en cubrirse se recostó sobre su cama. Aquel aroma impactando sin tregua sobre su rostro aún incluso como él había cambiado las fundas y la ropa de su cama, todavía le era perceptible su fragancia.

Lágrimas incontrolables comenzaron a surcar sobre su rostro pecoso. Durante años se había mantenido al margen de quién él consideraba su más grande deseo, todo con el fin de estar siempre a su lado siendo un apoyo y un pilar invisible para él, dándole todo de sí aunque su recompensa no fuera más que burlas y humillaciones de su parte.

Lo había arruinado todo, se castigaba a sí mismo por haber sido tan imbécil. Todo lo poco que había progresado en todos esos años en un intento fallido para reponer aquella amistad perdida se había extinguido para siempre y sin ninguna posibilidad de restaurarlo y todo por haber caído ante sus actos más primitivos de su género secundario.

Intentó recrear los eventos que lo llevaron a eso, los sucesos durante la fiesta y los pasos después de haber entrado en ese insulso estado de embriaguez. Él necesitaba recordar en qué momento ellos dos se cruzaron, el ver qué fue lo que los llevó a eso, pero neblina era lo único que se alzaba ante las memorias que desdicharon su vida.

Hundió su cara entre la almohada acurrucándose en posición fetal intentando caer al mundo de Morfeo y olvidar momentáneamente lo caótica en que se había transformado su vida.

Cerró sus ojos, ahogó y reprimió sus sollozos aún como era consciente el que no perturbaría a nadie con su lamento, puesto que vivía solo, pero se avergonzaba el tener que encarar la situación de su realidad. El tener que despertar en esa pesadilla.

Su pecho se estremecía ante su respiración turbulenta. No importaba cómo lo viera, no podía culpar al rubio, él sabía que él mismo también tuvo algo que ver o hacer para haber terminado inclusive en su propio departamento. Tal vez inconscientemente había aprovechado la oportunidad de su compañero embriagado que no estaba en sus facultades para hacerlo unirse de esa forma.

Eso es en lo que podía pensar, puesto que al haber visto la cara de horror plasmada en esos ojos granate al despertar y estar a centímetros de su rostro pecoso pudo cerciorarse que no fue o estuvo en su plan de esa noche terminar de aquella manera, terminar dentro de él.

Sus últimos sollozos se fueron apagando como todo a su alrededor su fue oscureciendo y antes de darse cuenta el caer en la inconsistencia.

 

~  X  x      💗     x  X  ~


Las horas transcurrieron, su cuarto había adquirido un tono rojizo y naranja  proveniente de la ventana entre abierta por las cortinas. Finalmente de haberse quedado dormido reprimiendo su tristeza y dolor se despertó para el atardecer ante la alarma de su móvil por una llamada.

Se sentía cansado y deprimido, quería volver a dormir, no quería saber nada de nadie y continuar lamentándose en su penuria, pero el tono que había sonado era el que tenía seleccionado específicamente para una persona en concreto; su amiga Ochako.

Jadeó en cansancio acercando el aparato desde su mesa de noche, dejándolo a centímetros de su rostro.

La llamada finalizó sin tomar el mínimo esfuerzo por haber respondido, él quería desconectarse actualmente del mundo.  Observó que no tenía solo una sino que le marcaba el celular de varias llamadas pérdidas y un mensaje de texto sin contestar, todos ellos de la misma persona, él no estaba en  condiciones para lidiar con eso.

Él solo por tratarse de ella se tomó la molestia de responderle aunque fue algo simple y con ello apagar el artefacto. Tenía peores cosas con las cuales lidiar para antes de mañana.

Necesitaba el ver las consecuencias y los daños si quería ocultar y pretender que todo estaba bien para mañana, para iniciar su semana de trabajo sin ningún percance.

Tenía que ver qué tanta evidencia se hallaba en sí mismo. Ante el ajetreo y todo lo sucedido ya ni siquiera se había tomado la molestia de visualizarse en su propio cuerpo los grabados de su encuentro en la cama.

Lo que sí recordó fueron todas las heridas que él dejó en su colega rubio del trabajo.

Cuando se levantó de su cama su ex amigo para confrontarlo vio mordidas y araños en su torso, pero las peores habían sido unos rasguños profundos bilaterales, unas que le había trazado sobre su espalda desde los hombros hasta casi al final de la escapula. Eso sin duda tardaría un tiempo en sanar. Sin mencionar los varios chupetes sobre el cuello, el labio inferior enrojecido que le había dejado y la mordida sobre el espacio entre el cuello y el hombro.

Dio un fuerte suspiro, se incorporó sentándose sobre el colchón. Con sus ojos hinchados y enrojecidos se vio a sí mismo. Al parecer tampoco su cuerpo salió impugne ante su encuentro de lujuria.

Él no tenía marcas de uñas a diferencia de las que él había provocado al otro, en su lugar, tenía hematomas del agarre firme en su cadera, en sus ingles, y mordidas en diferentes partes de su anatomía, inclusive en los muslos.

De repente, sus orbes de jade se ampliaron ante la realización, una acerca de una palpitación retumbante y caliente haciéndole saber de su existencia más que todas las demás, una palpitación en su nuca.

Su respiración se estancó y su estomago dio un fuerte vuelco. Eso no podría estar pasando, pensaba agónicamente.

A él realmente no le habría importando haber sido reclamado por su colega en otras circunstancias (después de todo aquella persona era el ser al que él añoraba), pero con el estallido de odio que le bramó eso era lo último que necesitaba, el que tuvieran que estar unidos por la fuerza durante un momento sin lucidez.

Acercó su mano temblorosa hacia el lugar donde estaba el malestar. Se mordió la lengua agregando ahora un nuevo sabor a su boca, el sabor del hierro. Sus labios se torcieron en tensión y sus pupilas se contrajeron. Al posar la yema de sus dedos percibió unas marcas, la hendidura de dientes.

Hipeó, sollozó sonoramente. Estaba agradecido, aunque fuera por ese instante que el roce minuciosamente hecho en la herida le concibió la realización de que no había logrado ser un reclamo. La mordida había sido hecha justamente a un lado de su glándula de olor, a solo milímetros de éste.

Soltó el aire que había estado manteniendo en alivio. Su vista era borrosa como sus lágrimas no le daban tregua en detenerse una vez más.

Él tenía que tranquilizarse, él necesitaba estar calmado e idear un plan a seguir para encubrir en su trabajo todo el tumulto hecho. Si no tenía cuidado y se llegaba a hacer un alboroto o conflicto corría el riesgo de poder ser despedido, cosa con lo cual era lo último que quería, tanto para él como para su compañero.

Limpió las lágrimas con el dorso y palma de su mano, una vez en pie se observó detenidamente una vez más su cuerpo para después desplazar su mirada a toda la habitación, buscando elementos que ayudaran en su tarea. Tenía que comenzar ya, debía deshacer el aroma y la esencia del coito realizado con el rubio antes del amanecer, antes de que fuera demasiado tarde.

~ X  x     💗     x  X  ~


Sus nervios se alzaban de pies a cabeza. Apretaba sus manos en puño a sus costados en reflejo de nerviosismo y ansiedad mientras se hallaba de pie sobre la acera, frente a la gran entrada de cristal de su trabajo en aquella construcción de varios pisos.

Había tomado todas las precauciones ideadas de manera posible por eliminar cualquier evidencia que había en él, por lo menos rezando que de algún modo hubieran funcionado.

Se había lavado meticulosamente en un intento de borrar el aroma del rubio sobre de él, pasó durante la noche varias veces bajo la ducha restregando una gran cantidad de productos de higiene corporal. Aún se estremecía cada vez al recordar sobre aquella semilla blanquecina de quien fue su amante por una noche deslizarse entre sus piernas.

Por suerte, su gargantilla de omega le ayudaría en cubrir la mordida de la nuca pero tomando otras medidas se había colocado una camisa con un cuello más ancho sobre su uniforme de traje que ayudara a bloquearlo a simple vista.

Lo único que le batallaría más en esconder sería sus labios de un intenso rojizo e inflamados. El cubre bocas puesto haría la función de ocultarlo, pero sabía que tarde que temprano los demás llegarían a verlo en un descuido ya fuera en el almuerzo o al atender una llamada telefónica, solo era cuestión de tiempo.

Tragó duro, sacó un pequeño frasco roseándose de una intensa fragancia como el último paso para tapar cualquier rastro más.  Y con ello, esbozó una gran sonrisa cómo siempre lo hacía al ingresar al edificio. Tenía que ser convincente y natural ante sus colegas y amigos, lo último que él deseaba era causar una conmoción y que todos se enteraran de lo ocurrido para finalmente terminar en la cuerda floja ante el despido por la empresa. Necesitaba que nadie supiera de su condición.

Al empujar la puerta e ingresar caminó sobre la alfombra tinta a paso veloz. En su momento estaba angustiado de no poder caminar bien o quedar de tal manera adolorido por la penetración y que al moverse delatara su malestar.

No despertó con dolor en la mañana de ayer pero a veces las molestias se presentan después de 24hrs de haberse provocado por lo que aun era palpable que sucediera.

Ni siquiera tenía la capacidad de recordar si había sido por lo menos anudado ( de ser así ¿cómo eso se habrá sentido?), o el tamaño final del miembro erecto del rubio como para darse una idea de si resultó o no más como en un problema para él mismo lesionándolo internamente ¿al menos el rubio se habría tomado la molestia de prepararlo antes de introducirse? Esas eran preguntas que seguramente jamás obtendría una respuesta.

Pasó a saludar a la recepcionista sobre el pasillo como era de costumbre y de ahí continuar su camino en el área de registro. Por el momento él estaba seguro que no vería por ningún lado al dueño de sus noches de desvelas. Conocía su horario y sus rutas que tomaba, considerando además que su hora de entrada era un poco más tarde que la de él por lo que era poco probable que sucediese eso.

También sabía de antemano que él no diría nada a nadie. Al rubio ceniza le había costado años de esfuerzo y trabajo para conseguir el puesto en el que se hallaba actualmente cómo para tirarlo a la borda por un escándalo de una noche de sexo producido por efectos del alcohol, y más por haber sido con un hombre. Su orgullo y su sentimiento de superioridad nunca le permitirían reflejar alguna vulnerabilidad, especialmente el que otros se enteraran de haberlo hecho con alguien de su propio género primario, de hacerlo sería una profunda humillación para él.

Ante ese último pensamiento el de pelo rizado no pudo evitar sentir un fuerte nudo en su estómago y una sensación de desdicha.

Avanzó con rapidez sobre los pasillos de oficina recortando la distancia hacia su cubículo, ya estaba a unos pasos por llegar y una vez dentro no saldría en todo el día con el fin de minimizar el interactuar con otros y el que notaran algo en él. Llegando ahí estaría a salvo.

Ya iba a lograrlo, solo una vuelta más y estaba hecho, pero al girar el pasillo se frenó en seco. Se detuvo a centímetros de hacer impacto contra alguien, quien al notar de quién se trataba se tensó súbitamente.

Frente a él estaba su querido amigo, Todoroki Shouto. Un Alfa de cabello bicolor (rojo y blanco a la mitad y en partes iguales), hijo del dueño de la empresa, próximo sucesor en adquirir y en dirigir el lugar.

–To-Todoroki-san. Muy buenos días. –balbuceó con nerviosismo pero sin apartar su sonrisa, o al menos mostró una extraña especie de eso, estaba agradecido en ese momento de llevar puesta encima el cubre bocas.

El nombrado asintió –Buenos días, Midoriya-san. –respondió estoicamente.

Sus iris heterocromaticos se posaron fijamente en él, incomodando inconscientemente a su amigo que lo hacía sentir de alguna manera desnudo ante  sus marcas y moretones.

–No te vi irte durante el evento del sábado ni despedirte de nadie. –Comentó calmadamente su amigo.

Izuku tragó duro y comenzó a sentir una pesadez para respirar.–Lo-lo siento, Todoroki-san. Surgió un imprevisto y tuve que irme en el momento. –Mintió, odiaba mentir pero no veía alguna otra opción que pudiera decir.

–¿Qué sucedió? ¿Te sentiste mal? –Sus cejas fruncieron ligeramente ante la preocupación cayendo su vista ante el objeto que tenía sobre su boca pero sin dar más señales de alguna emoción en él.

Esto solo consiguió que la culpa volviera a sobre pesar en Izuku. Sabía que estaba comenzando a liberar feromonas ante sus emociones. Respiró hondo procurando tranquilizarse.

–Algo así, fue más una subida de copas, en realidad. –Técnicamente en eso no le estaba mintiendo, después de todo fue eso en primer lugar lo que lo llevó a todos los hechos de esa noche. –Por eso mejor decidí el retirarme a mi casa tomando un taxi. –ni siquiera tenía la más mínima idea de cómo se supone que se había trasladado desde la fiesta hasta su departamento pero era algo que tampoco su amigo necesitaba saber.

–Pudiste haberme dicho y yo te habría llevado allá sin problemas.

, claro. Para terminar entrelazados en las sábanas. Pensó sombríamente. No podía imaginar y mucho menos el soportar el perder su amistad de años con él pudiendo haber recreado aquellos sucesos en lugar del rubio, eso era lo último que deseaba.

Desvío sus ojos hacia el suelo en vergüenza, negándose en fijar su mirada sobre la de Todoroki.
La sonrisa, que a pesar de saber que no lo verían con claridad los demás por la “mascarilla de tela” sabía que por su tono de voz les sería fácil saber su estado emocional, por lo que haciéndolo de un modo más fácil para él para encubrirlo, lo sería si reflejaba aun así sus expresiones faciales con su tono de voz. Lo malo era qué al principio de pretender hacer su rutina normal ante los demás, para sus amigos y compañeros, se había desboronado inconscientemente su alegría.

Ante ese cambio repentino de humor de su amigo, Todoroki alzó sutilmente las cejas en sorpresa, obviamente algo más de trasfondo había sucedido en su amigo la noche anterior pero al ver la incomodidad que aparentaba y el nerviosismo decidió no presionar más sobre eso, al menos no por ahora.

Aún como su atención todavía no estaba puesta sobre Todoroki, este último vio con nitidez sobre su amigo por algo que le mostrara sobre un indicio ante su conducta inusual pero sin lograr llegar a ver nada aparentemente. Solo qué. . .

Izuku vio cómo de repente el rostro de su amigo se contrajo, frunciendo sus cejas y ladeando su cabeza mirándolo detenidamente.

El de ojos esmeraldas mordió duramente su mejilla interna, controlándose en lo que fuese que el chico de cabellera bicolor hubiera notado.

–Estás diferente. –No cuestionó, él le afirmó de repente.

–No-no sé de lo que hablas. Estoy como de costumbre. –tartamudeó rápidamente irguiéndose tensamente.

–No, –se inclinó más hacia el pecoso dando como reacción que el omega se doblara hacia atrás como respuesta.

Repentinamente Izuku vio como los orbes de colores se ampliaron como si la respuesta hubiera llegado a él en seguida, haciendo que con eso su estómago se comprimiera y su corazón se frenara.

Todoroki levantó sutilmente el mentón con una expresión de sorpresa, cosa que era algo sorprendente teniendo en consideración de alguien que difícilmente manifestaba fácilmente sus emociones, para después agregar –Es tu olor. Tu olor es diferente.