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¿Qué es lo que he hecho? (Lunacoln)

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- Lincoln, mi amor. ¿Qué te ocurre? -dijo la hermosa chica de cabello rosa-. Te siento tenso, mi vida. ¿Pasa algo malo?

El chico peliblanco sonrió tímidamente y rehuyó la mirada de su novia. ¡Cielos, que hermosa se veía! ¿Quién le hubiera podido decir que iba a conquistar a la estrella juvenil del momento, que producía cada vez más furor?

Era increíble. ¡Un sueño hecho realidad! A menos que…

Cerró los ojos con fuerza, y apenas pudo evitar sacudir la cabeza. No era el momento para externar sus mezquinas dudas.

- Nada, mi amor -contestó el muchacho-. Es que... Perdóname linda, pero... ¡No puedo creerlo! Sé que llevamos casi dos semanas de novios, pero... Esto todavía me parece tan irreal. Me temo que todo sea un sueño. ¡Tengo tanto miedo de despertar!

La muchacha sonrió, y lo estrechó con fuerza.

- Aww, amor... ¡Eres tan tierno! Te entiendo, mi vida; pero no tienes nada que temer. Estoy contigo porque te adoro. ¡Nunca antes me sentí tan feliz!

Lincoln sonrió, y los dos jóvenes se besaron lenta e intensamente. Sus labios se acariciaron a la vez con pasión y delicadeza. La joven podía sentir que las manos que rodeaban su cintura comenzaban a acariciarla, con un suave y delicado movimiento circular.

Suspiró. El sensual contacto hizo que su piel se erizara. Su respiración se agitó.

- Linky... Mi amor. No tengas miedo -susurró-. ¡No sabes cuánto te adoro! Llevó tantos años esperando esto de ti...

Aún sumergido en la dulce excitación que sentía, Lincoln se sobresaltó. Aquello era un aliciente para sus peores temores y dudas. Hizo un gran esfuerzo, y trató de no pensar; pero le fue imposible. Se separó de Lulú por un momento, con un gesto de extrañeza.

- ¿Qué dices, mi amor? Pero si apenas llevamos un mes de conocernos.

La chica se puso nerviosa. Aquello era un serio traspié, pero recobró de inmediato el dominio de sí misma. Miró con intensidad a su novio, y le regaló la más dulce de sus sonrisas.

- ¿Lo ves, mi vida? Estoy tan contenta a tu lado, que siento que te conozco desde siempre. Tú eres el único con el que me he sentido segura... Amada. Me encanta ser solamente una chica enamorada cuando estoy contigo. Olvidar que soy una cantante.

Buscó sus labios, y Lincoln se dejó llevar por el beso. Se concentró en las deliciosas sensaciones, y trató de enterrar sus temores.

Después de todo, ¿qué podía ver esa beldad en alguien tan simple y tan gris como él? Era evidente que no estaba jugando con sus sentimientos; pero, ¿por qué conservaba su llamativa imagen durante sus citas? Si tan solo se quitara la peluca rosa...

Gracias a ella,  ya la habían reconocido en varias ocasiones y tuvieron que huir de sus fans enardecidos. Los paparazzi también comenzaban a acosarlos, y gracias al peculiar cabello de Lincoln, ya lo identificaban como el novio de la promisoria estrella juvenil "Lulú". Nunca habían logrado tomar una buena imagen de su rostro, pero los amigos y la familia de Lincoln ya sospechaban. Ahora era una hazaña tener unos momentos de privacidad, en lugares cada vez más clandestinos y apartados.

Por fortuna; los labios, el cuerpo y la ternura de su novia lo apartaban de sus temores. En la intimidad, la hermosa Lulú era madura y diferente; muy alejada del estereotipo habitual de los ídolos de la juventud. Tan diferente a las dos parejas que tuvo antes.

Allí, en la intimidad de aquella habitación rentada, los jóvenes estaban a punto de dejarse llevar por el deseo. Sus lenguas exploraban libremente dentro de sus bocas, y las manos comenzaron a tocar rincones cada vez más íntimos. Ella gimió cuando sintió que las manos de Lincoln descendieron por sus caderas, y todavía más abajo. Le encantaba la sensación. Su propio cuerpo empezó a clamar por algo más, especialmente cuando sintió que la dura erección del muchacho empezaba a presionar contra su vientre. Estaba en preliminares eróticos con el chico al que amaba desde hacía muchísimos años, y deseaba entregarse a él en cuerpo y alma...

Pero no podía hacerlo, ¿verdad?

No podía desnudarse frente a él. Aunque fuera lo que más deseaba, era imposible. Si Lincoln la veía desnuda, o incluso sin peluca; sabría de inmediato quién era ella. Pondría en sus manos sus dos secretos más íntimos. ¿Y qué iba a pasar entonces?

Ni pensarlo. Podría perderlo todo: su amor, su razón para persistir en esa mascarada ingrata... Y probablemente hasta a su familia.

No podía correr ese riesgo. Ni siquiera su pasión y sus instintos de mujer podían con ese temor. Aún no estaba lista para entregarse a Lincoln, aunque lo anhelara desde hacía tanto tiempo.

Se apartó, y fingió tomar su celular para mirar un mensaje. Lincoln cerró los ojos de pura frustración.

Cuando terminó la farsa, Lulú volteó a ver el rostro de su amado. Los labios del muchacho eran una línea dura. Sus esfuerzos por ocultar su molestia eran más que evidentes.

- No me digas. Un nuevo llamado para grabar, ¿verdad?

La muchacha se mordió los labios. No necesitaba que le dijeran nada: sabía que Lincoln estaba en el límite de su paciencia. No en balde, lo conocía desde que nació.

- Perdóname, amor -dijo angustiada, juntando las manos frente a su rostro-. ¡Perdóname! Yo de verdad quería... ¡Solo quería estar contigo, corazón! Pero tú sabes... El trabajo.

- Sí, Lulú. Entiendo. Supongo que... Hasta la próxima vez que nos veamos, ¿Verdad?

La joven lo miró y gimió. Sus ojos se humedecieron. 

- Prometo que te compensaré la próxima vez, corazón. ¡Te lo juro!

Claro. Igual que me lo juraste la vez pasada -pensó Lincoln, pero no dijo nada. En lugar de ello le tendió los brazos, y la chica se aferró a él con todas sus fuerzas.

No quería irse. No quería soltarlo por nada del mundo. ¡Dios, si Lincoln lo era todo para ella! Pero tenía que hacerlo. Ya no tenía más alternativa que llevar la farsa hasta el final.

- Te llamaré en cuanto termine, mi vida. Si me desocupo en la noche...

- Mejor descansa, corazón -dijo Lincoln, en el tono más condescendiente que pudo-. Sabes bien que, con mucha suerte, terminarás en la madrugada.

No se dijeron nada más. Se besaron otra vez con deseo y pasión. Le costó muchísimo trabajo despegarse de sus suaves y amorosos labios.

***

Tan pronto como estuvo en su auto, Luna Loud dio rienda suelta a su llanto. ¡Dios! ¿Cuánto más iba a soportar aquello? Lincoln estaba cansado, fastidiado por la situación. Pero el chico era tan noble y bueno que no le decía nada al respecto. 

En cuanto a ella...

Su llanto lo expresaba todo. Ya no podía. Se estaba quedando sin fuerzas para continuar la mascarada. Sabía... Sentía que su relación pendía de un hilo. Le aterraba pensar que Lincoln se cansara de la situación, y decidiera terminar con ella. Y sin Lincoln, ni Lulú, ni su carrera… quizá ni su propia vida tendría sentido.

Era doloroso e irónico; pero aquella farsa que decidió mantener para conquistar al amor de su vida, ahora podía llevarla a perderlo para siempre.