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Calente y Frío

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  Tatsurou debió haber sabido que algo no estaba del todo bien.

Aun cuando Miya le envió un mensaje que decía: "la reunión se cancela. Les escribo después", en lo único que pudo pensar era que al fin podría pasar la tarde jugando con su PlayStation 3.

Pero era demasiado obvio. Después de todo, ya nadie se sorprendía cuando Miya se quedaba dormido y llegaba tarde a las reuniones, ¿pero cancelar por completo sus planes? Eso jamás había pasado en casi una década. Sin embargo, Tatsurou no lo pensó dos veces, ni siquiera después de un par de días, cuando Maeda, su manager, lo contacto para una reunión en la noche ese mismo día.

Solo cuando llego a la reunión y noto que Miya estaba ausente, comenzó a sospechar finalmente.

  — ¿Miya se quedó dormido de nuevo? — probo. Eran las ocho, usualmente la hora del almuerzo para Miya, lo cual hacía imposible el hecho de que siguiera durmiendo, pero con él, nunca se sabe.

  —...Miya no vendrá hoy — comenzó nervioso Maeda, rascando la parte trasera de su cabeza —. Me pidió que hablara con ustedes de algo muy importante. Sera mejor que te sientes, Tatsurou.

Tatsurou frunció el ceño y obedeció. Eso no fue tranquilizador en lo más mínimo.

  — ¿Que sucede?

  —... Algunos, uh, problemas han surgido con respecto a Miya, y tendremos que-

  — ¿Qué sucedió? — Interrumpió Satochi.

Maeda aclaro su garganta, esquivando sus miradas mientras jugueteaba con su bolígrafo.

  — Me temo que es algo personal. Tendrán que preguntarle a Miya en per-

Tatsurou rodó sus ojos.

  — Déjate de tonterías. Lo sabremos tarde o temprano. ¿Porque no nos dices de una vez para que dejemos de preocuparnos? — dijo, y observo de reojo que Yukke y Satochi asentían con la cabeza.

  — Muy bien — Suspiro Maeda —. Miya es una chica ahora.

Un completo y total silencio invadió la habitación, y Satochi fue el primero en romperlo:

  — ¿Te refieres a que es como...un travesti? — pregunto, incapaz de ocultar el horror en su voz.

Maeda negó con la cabeza.

  — No, me refiero que él... literalmente se convirtió en una.

Silencio de nuevo, hasta que, de un momento a otro, Tatsurou, Yukke y Satochi estallaron en carcajadas al mismo tiempo.

  — Déjame adivinar — empezó Tatsurou cuando fue capaz de hablar de nuevo, limpiando una lagrima que estaba por escapar de su ojo con el nudillo de su dedo índice —. Perdiste una apuesta, ¿cierto? ¿Apostaste contra Cometa-san?

  — Jódete — Maeda gruño entre dientes, no parecía bromear en lo absoluto —.Estoy hablando en serio. Es decir, sé que suena ridículo. No tenía idea de que algo así pudiera pasar, pero, bueno, paso de alguna manera. Miya es una chica.

  — Yo te creo — anunció Yukke, mostrándose completamente serio, y Tatsurou logró ver un brillo de esperanza en los ojos de Maeda — Tal vez Miya tenía genes de rana y nunca lo supimos.

  — O de calamar — añadió Tatsurou mientras Satochi reía como tonto, golpeando la mesa varias veces con su puño.

  — Déjense de tonterías, chicos…

Sin embargo, ninguno de ellos estaba escuchando.

  — Tal vez Miya cayó en un lago contaminado y muto — sugirió Satochi, provocando nuevas carcajadas en los otros. Las teorías se hicieron presentes, y Tatsurou notó vagamente que mientras más se reían, más rojo se ponía el rostro de Maeda.

  — ¡YA CÁLLENSE! — explotó, logrando por fin un poco de silencio, aunque salpicado por una que otra risita —. Ahora escúchenme…

  — No, tú escúchame — dijo Tatsurou, poniéndose de pie —. No sé qué se traen entre manos Miya y tú, pero es la cosa más ridícula que he escuchado. Y pensar que ahora podría estar jugando "Target in Sight…

  — Tú… siéntate… — ordenó Maeda, su rostro estaba tan rojo que Tatsurou obedeció sin decir palabra alguna, solo para evitarle un ataque al corazón —. Sé que esto suena completamente increíble, pero créanme. Miya insistió en que ningún concierto se cancelara, pero tiene varias entrevistas programadas para este mes, así que uno de ustedes tendrá que encargarse.

Tatsurou rodó los ojos. Esto no podría ser tan grave, si ningún concierto era cancelado. Sin embargo, tener que encargarse de las entrevistas de Miya no lo hacía para nada feliz.

  “Si no pueden tener al líder, démosles al vocalista” fue la excusa de Yukke y Satochi, Maeda no pudo estar más de acuerdo con ellos. Intentó protestar, pero Maeda lo rechazo abruptamente.

  — ¡De acuerdo! Llamaré a los entrevistadores y, bueno, supongo que tendremos que esperar hasta que Miya quiera tener una reunión — Dijo Maeda, quien observo a Satochi levantar la mano — ¿sí?

  — ¿Cómo sabes que Miya es una chica, y no una estúpida broma? — preguntó Yukke sin chistar.

  —…Yo lo vi ayer — Maeda aclaró su garganta —. Y él… tiene todas las partes propias de una chica.

  — Tengo un poco de experiencia propia sobre travestismo — comenzó Yukke con escepticismo y las cejas levantadas —. Y los senos no son tan difíciles de disimular.

Tatsurou tuvo que morderse la lengua para no reírse cuando imagino de repente a Miya usando la peluca de Yuketsuko y pantimedias, su inconfundible barbita de chivo y una pose poco elegante.

  — No, esto… no solo se trata de senos — era obvio que Maeda batallaba en encontrar las palabras que pudieran explicar lo que sea que estaba pensando. — Es… la cosa más extraña que haya visto. Es Miya, pero… en mujer. Solo eso.

Satochi estaba muy entretenido con la situación.

  — Entonces, ¿Miya tiene pechos ahora?

  — Sí.

  —… ¿Y una vagina?

  —…Si.

  —… ¿La viste?

Maeda le lanzo una mirada molesta.

  — No, no he visto la vagina de Miya. Ahora, si me disculpan, voy a llamar a esas personas — respondió enojado, y tomando su agenda, Maeda salió de la sala de juntas antes de que alguien más hiciera otra pregunta.

 

---

 

  Tatsurou bajo del tren por puro impulso, había llegado a la estación que estaba más cerca de la casa de Miya.

Le había mandado mensaje dos veces durante su viaje, pero no había recibido respuesta alguna al llegar al departamento del guitarrista. Comenzaba a dudar de que estuviera en casa, lo cual significaría una perdida esplendida de tiempo. Sin embargo, al acercarse al departamento de Miya, notó que las luces estaban encendidas. No había duda alguna de que se encontraba en casa. Tatsurou tocó el timbre, pero no hubo respuesta. Tocó una segunda y una tercera vez, pero en el cuarto intento, concluyo que Miya lo ignoraba a propósito.

  Mientras tocaba la Quinta Sinfonía de Beethoven con el timbre, no paso mucho para que Tatsurou escuchara el conocido sonido de la puerta del vestíbulo abrirse. Tatsurou sonrió maliciosamente  mientras abría la puerta y subía las escaleras. La puerta del departamento de Miya estaba abierta, así que entró y pateo sus zapatos lejos antes de buscarlo. Encontró a Miya sentado frente a su computadora, golpeando las teclas furiosamente, dándole la espalda.

  — ¿Me quieres explicar que está pasando? — preguntó, sentado en la cama.

Silencio.

  —…Si, supongo que debe ser realmente vergonzoso, pero tengo curiosidad. ¿Te importaría darme algunos detalles sobre tu transformación? — Miya continuaba fingiendo que no había nadie más en la habitación con él, así que Tatsurou decidió seguir con el monologo —. Es decir, no todos los días visitas a alguien que ha cambiado de sexo de la noche a la mañana. Yuketsuko también está interesada. Y hay muchas cosas que debo saber. Ahora, um… no lo sé, ¿lloras cuando ves Winnie Pooh? ¿Te gustan los dulces? No, espera, siempre te gustaron… ¡ya se! ¿Sientes más frío ahí abajo?

Más silencio. Esto empezaba a cansar.

  — Bueno, al menos tendrás una brillante carrera siendo una curiosidad médica esperando por ti, si es que fracasas como músico — se burló Tatsurou, entonces Miya dejo de teclear solo lo suficiente para levantar su mano y enseñarle el dedo índice por arriba de su hombro —. Ahhh, ahora lo entiendo. Te has convertido en una chica que sufre de síndrome premenstruales. Tiene sentido.

Esta vez, Miya volteo a verlo. Al menos esto permitía ver a Tatsurou que Miya seguía siendo el mismo de siempre. El mismo cabello, las mismas mejillas cinceladas, la misma expresión homicida.

  — Sabes, soy el único que está respondiendo tus entrevistas, solo porque te crees muy gracioso o lo que sea que creas que estés haciendo, por eso quiero saber al menos porque demonios yo--

  — Con un demonio, ¿quieres cerrar la maldita boca? — dijo Miya, haciendo énfasis en cada palabra, para luego levantarse de su silla y salir de la habitación

Sorprendido, Tatsurou parpadeó un par de veces, y no pudo evitar reírse. Siguió a Miya a la cocina, aun riéndose.

  — Viejo, eso es asombroso. Realmente sonaste como una chica. ¿De qué se trata? ¿Una broma? ¿Una apuesta? 

Aparentemente Miya había decidido ignorarlo de nuevo mientras revisaba el refrigerador, Tatsurou se dedicó a observar su silueta con los brazos cruzados. Rio un poco más, negando con la cabeza, observando, mientras metía una mano bajo la camiseta de su amigo para rasguñar su costado, revelando un triángulo de piel pálida y… ¿la suave curva de su cadera?

  La sonrisa de Tatsurou desapareció de inmediato.

A pesar de que los pantalones deportivos de Miya eran realmente holgados, su delgada cintura no lograba coincidir con ellos, pues ahora había florecido en una bien proporcionada cadera y un trasero redondo. Aquella cadera angosta y las piernas delgadas de pollo se habían ido para siempre. Definitivamente había algo que no estaba bien, a menos que Miya hubiera logrado tener unos muslos flácidos en tan solo una semana.

  —… ¿Miya? — fue todo lo que Tatsurou pudo decir, dejando caer los brazos a sus costados.

Miya tomo del refrigerador un contenedor de plástico y una cuchara de un cajón antes de sentarse. Dicho contenedor estaba repleto de crema batida, y mientras comía, evadió los ojos de Tatsurou quien le mirada.

 Ahora lo había visto. No era “el mismo Miya de siempre”. Algunos detalles eran – sus labios ahora estaban más rellenos, y sus facciones eran más suaves.

Y lo más importante, los había visto. Dos pequeños montículos que sobresalían de su pecho, los pezones erectos claramente visibles a través del algodón de su camiseta.

  — ¿Te… rasuraste?  — pregunto Tatsurou estúpidamente, y Miya rió entre dientes.

  — No exactamente.

Tatsurou frunció el ceño ante esa respuesta. La voz de Miya siempre había sido aguda, pero era endemoniadamente imposible que lograra un timbre tan agudo sin que hubiera un poco de helio involucrado.

  — Yo… per… ¿Cómo…? — espetó confuso.

Miya se encogió  de hombros, llevando una cucharada de crema batida a su boca, después lamió sus labios.

  — Me desperté de esta manera.

No iba a caer en esto, se dijo así mismo Tatsurou, y finalmente logro apartar su mirada de los senos de Miya.

  — Espera, espera, espera, espera, espera, espera. Me estas fastidiando completamente. Aun estás enojado por lo de Akogare no Rock Star, y encontraste una manera de cambiar tu voz, y… y si, conseguiste un sostén acolchonado o algo. Y un maquillaje realmente convincente. Apuesto a que Ao tiene algo que ver en es…

  La mandíbula de Tatsurou se abrió por completo cuando Miya se levantó bruscamente la camiseta para revelar su pecho.

Definitivamente eran senos. Y más, eran perfectos. Eran lindos, firmes y blancos, con areolas bien definidas color café claro y pezones que suplicaban ser…

Tenía que recordarse a sí mismo que estaban unidos al cuerpo de su compañero.

  — ¿Esto te parece un sostén acolchonado? — Miya se cubrió de nuevo, regresando inmediatamente a su crema batida.

Tatsurou trago saliva con dificultad.

  —… ¿Puedo verlos de nuevo? No estoy convencido.

Aun siendo una chica, Miya no dejaba de ser rudo cuando se enojaba, así que Tatsurou no paso mucho tiempo en su departamento.

 

---

 

  Lo primero que hizo Tatsurou cuando salió del edificio de departamentos fue sacar a toda velocidad su teléfono de su bolsillo.

“maldición fui a la casa de miya y de verdad es una chica ahora es realmente perturbador” escribió con rapidez, seleccionando a Yukke y a Satochi como los receptores. La única respuesta que tuvo fue un “muy gracioso” de Satochi, Yukke nunca se molesto es responder su mensaje.

  Sin embargo, la siguiente vez que los vio, ambos sabían del asunto.

Miya los había invitado a los tres a su casa para discutir los conciertos que se aproximaban, y cuando Tatsurou llego, parecía que todos se habían ajustado notablemente bien a los recientes acontecimientos. Le tomo un poco de tiempo a Tatsurou acostumbrase a la nueva voz de Miya y a su estatura que era más pequeña de la usual, pero de nuevo, esto no era sin razón alguna.    

Además, el recrearse la pupila lo compensaba definitivamente. Tatsurou estaba dispuesto a soportar un poco de mal humor si eso significaba poder mirar los pequeños y lindos pechos de Miya moviéndose con libertad debajo de su camiseta de tirantes

  — ¿Estás seguro de que no quieres posponer el concierto? — pregunto, acariciando a Gizmo debajo de la barbilla. Era uno de esos raros momentos cuando aquella bestia se dejaba tocar por alguien que no era Miya, y Tatsurou estaba aprovechado la oportunidad.

Miya negó con la cabeza enérgicamente,

  — No. Es decir, realmente espero que no, pero ¿qué tal si termino por quedarme así por un tiempo? Es mejor aceptarlo y acabar con esto de una vez por todas.

  — Eres valiente — dijo Yukke, y Tatsurou vio una genuina sonrisa en los labios de Miya por primera vez en mucho tiempo.

  — Bueno, aun puedo tocar la guitarra, y puedo distorsionar mi voz con el micrófono, así podré hacer los coros. Intenté hacer algo con mi aspecto con maquillaje y demás, y prácticamente me veo igual. El único problema es, bueno, esto — con un suspiro, Miya señalo su pecho —. Intenté con una venda, pero tengo miedo de no poder aguantar todo el show.

  — Yo creo que están tremendamente bien — murmuró Satochi distraídamente, mirando los temas en cuestión, pero Miya lo ignoro.

Tatsurou rio entre dientes, alejando su mano cuando Gizmo comenzó a gruñir.

  — Tal vez no lo apretaste lo suficiente. ¿Quieres que lo intente?

  — Claro. La venda está en el gabinete del baño.

Tatsurou se dirigió al baño, encontrando el rollo de venda antes de buscar cualquier otra cosa que fuera útil.

  — La tengo — anunció regresando a la estancia —. Y también encontré cinta adhesiva.

  — No vas a poner cinta adhesiva cerca de mí — le advirtió Miya, enarcando una ceja.

  — ¿Por qué no? Es una brillante idea — dijo Satochi con una sonrisa traviesa —. Podrías pegarte un poco en los pezones y hacer el show sin camiseta. Apuesto a que así atraerás a muchos chicos.

Tatsurou se rió, mordiéndose el labio inferior cuando vio que Miya le dirigía una mirada. Se acercó a él dejando la cinta adhesiva sobre la televisión. Tal vez la usaría después en Yukke.

  — ¿Seguro que no quieres quitarse la camiseta? — bromeó Satochi

  — Cállate.

  — Eres tan sexy cuando te enojas, Miya.

Era difícil para Tatsurou contener la risa, y al ver hacia donde estaba Yukke, se dio cuenta de que no era el único. Miya suspiro y al levantar sus brazos para que Tatsurou pudiera envolver su pecho con la venda, reveló dos mechones de pelo en sus axilas.

  — En serio deberías rasurarte — dijo Tatsurou, incapaz de guardarse su comentario.

  — ¿Por qué debería?

  —  Serías una chica más linda sin las axilas peludas. Solo decía.

Miya estaba a punto de responder algo, pero se quedó sin aliento cuando Tatsurou apretó la venda alrededor de su pecho, apretando sus senos, y quedándose callado. Tatsurou envolvió todo su torso con toda venda antes de atarlo en un fuerte nudo.

  — ¿Qué tal? ¿Está muy apretado?

  — No. Creo que estoy bien

  — Plano como una tabla — dijo Yukke.

Satochi asintió con la cabeza.

  — Sip ¿Podemos ordenar pizza?

Yukke se levantó de un salto para tomar el volante de Pizza Hut que estaba sobre la mesa mientras Miya se dirigía al baño, probablemente para checar los resultados frente al espejo. Estaban listos para ordenar cuando salió del baño, luciendo satisfecho con los resultados.

 

  — ¿Quieres el último pedazo? De otro modo, me lo comeré — le peguntó Satochi a Miya, señalando la caja de pizza bulgogi, pero Miya lo rechazó moviendo su mano.

  — ¿Estas bien, Guccha? — preguntó Yukke, visiblemente preocupado. Miya no había comido mucho y había estado terriblemente callado la mayor parte de la cena.

  — No realmente. Estoy bastante adolorido.

Limpiando sus manos con una servilleta, Yukke se colocó detrás de Miya para deshacer el nudo de su venda.

  — Ya me parecía que esto estaría muy apretado. Cristo, ¿Al menos puedes respirar? No hay maldita manera de que hagas un show así — finalmente, logró  desatar el vendaje. Miya le agradeció, frotando con suavidad los costados de sus costillas.

  — Bueno, aun tienes la cinta adhesiva — bromeó Satochi, pero ya nadie se sentía con humo para reírse.

  — ¿Por qué no compras un sostén deportivo o algo? Muchas chicas lucen bastante planas cuando usan uno de esos — dijo Tatsurou, parcialmente esperando la respuesta agresiva de Miya de que nunca rebajaría a usar un sostén

 Sin embargo, Miya se volvió a mirarlo, encogiéndose un poco de hombros.

  — Lo he pensado, pero…

  — ¿…Pero?

Miya se encogió de hombros por segunda vez, ocurriéndosele de pronto a Tatsurou que el problema no era que se opusiera a comprarse uno, sino de que Miya estaría demasiado avergonzado como para entrar a una tienda de lencería por su cuenta.

Tatsurou sonrió de manera traviesa.

  — Vale la pena intentarlo. Iré contigo de ser necesario.

 

---

 

  — Ahórrate tus comentarios ¿quieres?

  — No he dicho nada — se defendió Tatsurou, mirando a Miya de pies a cabeza. No había nada de malo. Miya se veía bien.

Sorprendentemente, Miya podía pasar por una chica más que decente. Los jeans tipo pescador podían no ajustarse completamente a su nueva figura a la perfección, pero al menos la mitad de la población estaría demasiado distraída por su trasero como para reparar en ello. Su aspecto relajado y ligeramente masculino parecía que había sido pensado completamente a propósito. 

Demonios, Tatsurou no se sentiría avergonzado si la gente asumía que eran una pareja.

  Sin embargo, se sintió absurdamente avergonzado cuando entraron a la única tienda de lencería que ambos parecían conocer. En un impulso y sin decir nada, Tatsurou tomó la mano de Miya entre la suya.

  —… ¿Qué se supone que estás haciendo? — susurro Miya, mirándolo con rareza sobre sus lentes oscuros.

  — Soy tu novio mientras estemos aquí ¿está bien? — murmuró Tatsurou.

Miya se encogió de hombros y le dejo tomarlo de la mano mientras ambos revisaban la tienda. Había una enorme gama de estilos (los mostradores estaban divididos en diferentes secciones como “casual”, “lindo” o “sexy”), y Tatsurou se divertía demasiado mientras superponía los diferentes modelos en la imagen de los pechos de Miya que aún tenía en mente.

Estaba imaginando como se vería Miya con un sostén sin costuras, cuando el sonido de unas risitas cercanas lo sacaron de sus pensamientos. Se volvió para ver a dos adolescentes comprando en el mismo pasillo que ellos, lanzándoles miradas divertidas hacía donde estaban. Más bien, en donde él se encontraba, y por la manera en que estaban vestidas (medias rayadas y blusas Algonquins), podía decir que lo habían reconocido.

Que suerte la de él.

Miya también se había dado cuenta aparentemente, porque su mano soltó la de Tatsurou y se dirigió directamente a los probadores.

  — ¿Puedo probarme estos? — pregunto a la vendedora, desapareciendo rápidamente en el probador indicado por la vendedora.

  — ¡No me dejes solo, Miy-Miho-chan! — exclamo Tatsurou, diciendo el primer nombre femenino que cruzo su mente. Era obvio que Miya no saldría de ahí de nuevo, así que Tatsurou le ofreció una dulce sonrisa a la vendedora y entro al probador de Miya a pesar de la mirada atónita que le dirigió la mujer.

Miya dejo salir un grito de sorpresa cuando Tatsurou entro al probador, cerrando las cortinas detrás de él.

  — ¡¿Qué estás haciendo aquí?!

  — No esperaré yo solo en una lencería. Especialmente no con fans acechando por ahí.

  — Pero que cosas. Espero que no inicien rumores acerca de lo pervertido que eres ahora — suspiro Miya, obviamente molesto, pero Tatsurou estaba más preocupado de que los rumores fueran acerca de él saliendo con la hermana de Miya o un cosplayer sumamente preciso en su disfraz. Miya se alejó un poco de él y comenzó a desabotonar su camisa.

  — No mires — murmuró sin aliento.

  — No lo haré — mintió Tatsurou.

Observó a Miya quitarse su camisa, revelando su suave y pálida piel de su espalda y brazos, permitiéndole a sus ojos pasearse por las suaves curvas de sus omóplatos y el delicioso contorno de su torso, bajando por sus provocadores hoyuelos en la parte baja de su espalda. Consideró brevemente sacar su teléfono y tomar un par de fotografías, pero no lo hizo, sabía que no sería capaz de mirar la espalda desnuda de Miya de nuevo si lo descubría.

  — Es muy grande, ¿cierto? — pregunto Miya en un suspiro cuando logro ponerse el primer sostén apropiadamente.

Tatsurou asintió, vislumbrando el costado de uno de sus pechos y una axila limpia y afeitada, tratando de sonar desinteresado cuando habló de nuevo.

  — Sip, definitivamente. ¿Te rasuraste? — preguntó, atrapando la etiqueta de la talla entre sus dedos para mirarla.

  — Oh, um, sip. Pensé que sería bueno hacerlo antes de venir aquí — masculló Miya y Tatsurou no pudo evitar sonreír de manera traviesa. Sin embargo, su sonrisa desapareció cuando vio la etiqueta, no tenía idea de que significaban los códigos que estaban en ella. Miya se probó un par de sostenes más con diferentes letras y números, pero ninguno funcionó.

Finalmente los dos se dieron por vencido.

  — Señorita, necesitamos ayuda aquí — llamó Tatsurou a la vendedora, sacando su cabeza de entre las cortinas.

La mujer lucía más divertida que nada en este punto.

  — ¿En qué puedo ayudarles? — preguntó, entrando al probador. Estaba siendo un poco apretado con tres personas dentro, y Tatsurou tuvo que pegarse a la pared para permitirle moverse libremente.

  — No puedo deducir mi talla — murmuró Miya avergonzado, las palmas de sus manos cubriendo sus pechos. Se aclaró la garganta. —. Perdí mucho peso recientemente.

 Aparentemente había encontrado un buen pretexto, porque la chica asintió simplemente sin parecer sorprendida. Sacó entonces una cinta métrica de su bolsillo. Lo envolvió bajo el busto de Miya antes de hacerlo una segunda vez alrededor de sus pechos, disculpándose efusivamente todo el tiempo. Tatsurou tuvo que contener una sonrisa traviesa cuando se percató de lo rojo que se había puesto Miya cuando los gentiles dedos de la chica tocaban su pecho. ¿Acaso se estaba excitando?

  — Probablemente seas 65B — dijo la vendedora finalmente. Salió del probador y regreso un momento después con otro sostén del mismo estilo antes de entregárselo a Miya.

  — Esto debería quedarte. Por favor avísenme si necesitan algo mas — hizo una amable reverencia y se fue.

Tatsurou tuvo que ajustar las correas, pero de verdad, que le quedaba perfecto. En cualquier ocasión, el sostén ofrecía “absoluto soporte y control” como indicaba - el pecho de Miya no estaba perfectamente plano, pero con una camiseta y una chaqueta, nadie pensaría que debajo tendría algo más que grasa por comer demasiado.

  Miya compró dos sostenes del mismo estilo que se había probado, y afortunadamente, las MUCCers se había ido cuando salieron de la tienda de lencería.

  — Siento mucho esto — murmuro Miya mientras caminaban a la estación —. Y gracias por acompañarme.

  — No te preocupes. Definitivamente valió la pena solo para observar como otra chica tocaba tus pechos — sonrió Tatsurou de manera traviesa, y Miya le ofreció una pequeña sonrisa —. Realmente te estabas excitando ahí ¿eh?

Miya enrojeció de nuevo por el comentario.

  —… Bueno, son más sensibles ahora — admitió tímidamente.

Tatsurou rió, sorprendido por su honestidad.

  — Supongo que todo esto también tiene sus ventajas, ¿cierto? — la respuesta que él esperaba jamás llego, dándose cuenta que Miya ya no estaba caminando a su lado. Finalmente lo encontró un par de metros atrás sobre la calle, observando el escaparate de una cafetería.

  — ¿Te apetece tomar un café, de casualidad? — pregunto Miya, mientras Tatsurou caminaba hacia él.

  — Cristo, al menos avísame cuando dejes de caminar — dijo sonriendo, abriendo la puerta de la cafetería —. No quisiera perder de vista a una chica tan linda como tú.

  — Cállate — dijo Miya, pero por primera vez, su tono era juguetón.

 

---

 

  Cuando Miya salió de la sala, Maeda lo siguió con la mirada de una manera tan obvia, que Tatsurou no pudo hacer otra cosa más que resoplar ruidosamente.

  — Alguien está encontrando sexy a Miya ¿eh? — se burló.

El rostro de Maeda se tornó rojizo cuando volteó a ver a Tatsurou.

  — Yo, uh… ¿fue muy obvio?

  — Sip.

  — Aunque no tiene nada de malo. Miya es sexy — dijo Satochi, haciendo una sonrisa traviesa —. Desearía que no se vistiera tan holgado. Me gustaría ver un poco más.

  — Sip, deja demasiado a la imaginación — coincidió Yukke.

  Tatsurou rio entre dientes y decidió soltar la bomba.

  — Bueno, puedo dar testimonio de que tiene unos grandiosos senos debajo de esas holgadas camisetas — dijo, y tres pares de ojos se volvieron a verlo de inmediato.

  —… ¿Viste los senos de Miya? — preguntó Maeda en un susurro, mirando hacia la puerta, para asegurarse que de Miya aún no estuviera de regreso.

  — Sip. Dos veces, en realidad — respondió Tatsurou, disfrutando la atención y la envidia —. Me los mostro para probar que de verdad era una chica, y pude verlos de nuevo cuando se probaba sostenes en la tienda.

  — ¡Maldición, no puedo creer que te los haya mostrado así tan fácil! — exclamo Satochi incrédulo, golpeando la mesa con la palma de su mano — ¿Pudiste tocarlos?

Tatsurou negó con la cabeza.

  — Aun no — respondió con sinceridad. Tristemente, el haber observado a la vendedora de la tienda hacerlo era probablemente lo más que lograría hacer.

Yukke se acercó un poco más.

  — ¿Y cómo son?

  — Bueno…— Tatsuro se recargo cómodamente en su silla, golpeando con un dedo su barbilla, como si estuviera pensando profundamente —. Son realmente lindos. Alegres, redondos y saltarines, con piel suave y blanca, y lindos pezones y-

  — ¿De qué demonios estás hablando? — interrumpió Miya, de pie en la puerta, sosteniendo un pedal de efecto que había traído. Los otros cuatro volvieron a sus respectivos lugares como si nada hubiera pasado mientras el guitarrista los observaba con sospecha — ¿Y bien?

Satochi se aclaró la garganta.

  — Tatsurou nos estaba contando que vio tus senos — comenzó, y Tatsurou lo hubiera asesinado de no haber sentido curiosidad por ver cuál sería la reacción de Miya —. Y yo también quiero verlos.

  — ¡¿… Qué?!

Tatsurou habría estaría muerto desde hace mucho si las miradas pudieran matar. Evadió la mirada inocentemente, fingiendo no haber notado como Miya intentaba derretir su cráneo con los ojos

  — ¡Vamos, Miya! ¡No es justo! — se quejó Satochi — ¡Mae-chan también quiere verlos!

  — A mí no me metan en esto — murmuró Maeda, frotando su nuca nerviosamente.

  — ¡Ninguno de ustedes verá nada! — ladró Miya con las mejillas sonrojadas.

Yukke se volteó, con una mano cubriendo su boca para reprimir una carcajada, luchando para parecer que solo se agachaba casualmente.  Tatsurou lo observo brevemente, y tuvo que morderse el interior de su mejilla para no reírse escandalosamente.

  — ¿Puedo tocarlos? ¿Al menos por encima de tu camiseta?

  — Satochi, ya basta o voy a-

  — Vamos ¡y a cambio te dejaré tocar mi pene!

Todos en la habitación explotaron en carcajadas, salvo Miya, quien prácticamente lanzo el pedal de efecto sobre la mesa antes de encerrarse en el estudio de a lado).

 

---

 

  Miya no salió del estudio en todo el tiempo que duró la junta, y sus repetidos intentos de hablar con él no obtuvieron respuesta alguna. Obviamente Miya no iba a escucharlos si estaba tocando la guitarra con los audífonos puestos – era eso, o Miya los estaba ignorando a propósito, de ser así, las probabilidades apuntaban a que no volvería a salir de donde se encontraba.

  — Pues yo me voy — dijo primero Yukke, reuniendo sus cosas y despidiéndose de los otros antes de irse. Satochi y Maeda le siguieron poco despues, y mientras tomaba su chaqueta, Tatsurou decidió intentar disculparse con Miya una última vez. No pensó que lo tomaría tan mal, y ahora se sentía un poco culpable.

  Estaba a punto de tocar la puerta del estudio cuando de repente, la puerta se abrió, casi golpeándolo en la cara.

  — Mierda, me asustaste — le espeto Tatsurou, con el corazón latiéndole aceleradamente por la sorpresa — ¿Estas bien?

Resulto ser una pregunta estúpida, y Tatsurou se pateó a si mismo cuando miro el rostro de Miya y se percató de que sus ojos estaban rojos e hinchados.

  — Creí que te habías ido – murmuro, pasándolo de lado para tomar su estuche y guardar su guitarra en el.

  — Ya me iba, pero me sentí un poco mal por lo de hace rato y... —Tatsurou dejo salir un fuerte suspiro —.Demonios, lo siento. Le habría dicho a Satochi que se callara de haberlo sabido.

  — No es eso. Solo estoy cansado — respondió Miya agitando los hombros ligeramente.

  —… ¿Cansado? ¿Y estas llorando por eso?

Miya suspiro con pesadez, dejándose caer en el sillón.

  — Toco asqueroso.

Tatsurou resoplo. Eso era nuevo.

  — ¿De qué demonios estás hablando? — pregunto, sentándose a su lado.

Miya levanto ambas manos frente a él. Eran pequeñas y lindas, con delgados y delicados dedos de uñas cortas.

  — Mis manos son más pequeñas — explico —.Y me es más difícil tocar porque no estoy acostumbrado a ellas, y sigo tocando mal las notas todo este maldito tiempo… — su voz se apagó mientras las lágrimas brotaban de sus ojos.

Todo lo que Tatsurou pudo hacer fue mirar llorar a Miya con horror.

No tenía idea de que hacer.

Sabía qué hacer si se tratara de una chica, y habría sabido que hacer si fuera Miya (siendo un chico normal, sin pechos, es decir, no es que él se haya derrumbado de esa manera si eso hubiera sucedido en ese momento), pero ahora estaba más que confundido. Debatió mentalmente varios segundos antes de envolverlo en un fuerte abrazo.

Aparentemente había sido la mejor idea, porque Miya se quedó rígido como una tabla.

  — ¿Qué estás haciendo?

  —…Uh, te estoy abrazando — respondió Tatsurou avergonzado mientras lo soltaba.

Miya resoplo y le ofreció una débil sonrisa.

  — Nunca me habías abrazado

  — Nunca te había visto llorar — contesto Tatsurou moviendo los hombros.

  — Muy cierto — y contra todo esperado, Miya se recargo sobre Tatsurou, escondiendo su rostro en la curva de su hombro.

Tatsurou lo envolvió nuevamente en un abrazo y comenzó a acariciar su espalda para reconfortarlo.

  — Solo practica más tarde cuando estés bien descansado, y estoy seguro de que lograras hacerlo fácilmente. No es como si tu talento hubiera desaparecido con tu pene — intento hacer reír a Miya. Pero falló – Miya emitió un sonido que estaba en medio de la risa y un sollozo, y Tatsurou definitivamente se arrepintió de sus palabras, cuando sintió el puño de Miya conectarse a sus costillas.

  — Jódete — dijo él, rompiendo el abrazo para secar sus ojos con la manga de su suéter.

Tatsurou se rió, frotando su costado.

  — Hablo en serio. Sé que es abrumador, pero eres fuerte. Yo probablemente ya me hubiera volado los sesos si estuviera en tu lugar —se detuvo, percatándose de que no eran las palabras más reconfortantes —. Um, bueno. De cualquier manera, lo que quiero decir es que tú puedes hacerlo — añadió torpemente, intentado remediar todas las estupideces que había dicho.

  — Gracias — dijo Miya en voz baja, ofreciéndole a Tatsurou una sonrisa triste que solo logro hacerlo sentir perfectamente miserable. Se levantó y tomó el estuche de su guitarra, colocándoselo en el hombro —. Supongo que me iré a casa ahora.

  — Lo siento, Miya.

  — No lo sientas — respondió con desagrado el guitarrista, y cuando estuvo a punto de dejar el estudio, Tatsurou intento desesperadamente:

  —… ¿Quieres ir por un helado?

Para su sorpresa, Miya volteó a verlo, sus labios se curvearon en una adorable sonrisa.

  — Nunca digo que no a un helado.

 

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  Bajaron en la estación de Shinjuku y se dirigieron a la heladería Cold Stone más cercana. Miya tardo una eternidad en revisar la lista de ingredientes que conformarían su topping, decidiéndose finalmente por una combinación de tres sabores que llevaba pastel, servido en un maldito tazón de waffle de chocolate. En el momento en que los empleados comenzaron a cantar una canción de Lilo & Stich, Tatsurou juro jamás volver a pisar aquel lugar.

Y por si fuera poco, un par de mujeres que esperaban en la fila detrás de ellos le dedicaron miradas sucias cuando Miya sacó su propia billetera para pagar.

  — Olvídalo, yo invito — murmuró Tatsurou, e inmediatamente deseo no haberlo sugerido al ver que el total de la cuenta era de 1150 malditos yenes.

  — De haber sabido que tu pagarías, habría ordenado algo más barato — dijo Miya tímidamente mientras se sentaban en la parte de atrás – muy, muy atrás – del establecimiento —. Gracias.

  — No te preocupes. Lo que sea para que te sientas mejor — contesto Tatsurou encogiéndose de hombros. Allá iba su próxima noche en el café de los comics.

Miya asintió levemente, intentando una sonrisa que fallo en ser convincente. Comenzó a comer su helado en silencio, y, cuando fue claro que no diría nada, Tatsurou decidió mirar por la ventaba distraídamente, y beber de su pequeña taza de agua. No tenía mucho que decir. Lo que Miya le había contado en el estudio continuaba dándole de vueltas en la cabeza. Comenzaba a sentirse nervioso acerca del concierto, y eso no era una buena señal.

  Eventualmente, Miya termino su waffle, se limpió el chocolate de sus dedos y arrugo la servilleta en su mano antes de colocarla sobre la mesa con un fuerte suspiro. Solo así comenzó a hablar – y lo hizo largo y tendido.

  — Ya no sé qué hacer — murmuró cuando comenzó a desesperarse, su frente estaba sobre la palma de su mano —.Es decir, tendré que regresarle la llamada a mi mamá alguna vez. No quiero saber qué es lo que haría si me viera de esta manera — añadió con una sonrisa apagada.

Era probable que nada de lo que Miya hiciera sorprendería a esa mujer más de la cuenta, pensó Tatsurou, pero decidió que era más sabio guardarse sus palabras.

  — Bueno, uno nunca sabe. Tal vez regreses a la normalidad eventualmente.

  — No estoy seguro — suspiro Miya —. Es decir, a nadie le ha pasado esto antes. Usualmente la gente paga millones de yenes para transformarse si ese es su deseo, esa es la verdad.

  — Si todo esto empeora, siempre puedes hacerte una cirugía para convertirte en chico de nuevo — sugirió Tatsurou como modo de broma, haciéndose acreedor de una mirada —. Lo siento, viejo. Pero si pasó una vez, volverá a pasar de nuevo.

  — Pero no sé cuándo, y ese es el problema.

Tatsurou se encogió de hombros.

  — Solo… ¿disfrútalo mientras dura? — probo, consciente de lo inútil que era su sugerencia. Haciendo una pausa, pensó en algunos beneficios. — ¿Múltiples orgasmos? ¿Dormir con chicos heteros? ¿Amoríos lésbicos?

  — Muy gracioso — le interrumpió Miya antes de que dijera algo más —. No voy a intentar ninguna de esas porquerías cuando ni siquiera soy capaz de masturbarme.

  —… ¿Qué?

  — ¿Qué, que?

  — ¿Cómo chica no has tenido un orgasmo?

Miya suspiro ruidosamente y Tatsurou se percató del sonrojo en su rostro.

  — No, no lo he tenido.

  —… ¿Quieres que lo intente?

Miya lo miro como si le hubiera crecido otra cabeza, tensándose.

  — ¿Intentar qué exactamente?

  — Ayudarte con eso.

  — No voy a acostarme contigo, Tatsurou. Ni siquiera lo pienses.

Tatsurou se rió. Esta tenía que ser la conversación más loca que había tenido, y sintió el irreprimible deseo de seguir con la conversación, solo para ver la reacción de Miya.

  — No tenemos por qué hacerlo todo. Quiero decir, me gusta hacérselo a las chicas con la boca, y da la casualidad de que eres una. Puede que funcioné para ambos.

Juzgando por la expresión de Miya, era probable que Tatsurou terminara desempleado en cualquier minuto, peo en vez de eso se levantó silenciosamente para tirar su servilleta y cuchara de plástico al bote de basura más cercano. Se quedó ahí por varios segundos, dándole la espalda, pensando profundamente. Probablemente considerando la manera más dolorosa de matarlo, pensó Tatsurou.

Miya se acercó a él de nuevo después de un momento, y Tatsurou estaba a punto de disculparse cuando, contra todas las expectativas, le preguntó abiertamente:

  — ¿Quieres venir a mi casa?

 

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  — Sabes… — comenzó a decir Tatsurou, descubriendo su cabeza de entre las sábanas con un exasperado suspiro —. No es extraño que no puedas tener un orgasmo si sigues preocupándote así.

  — No creí que fuera tan complicado para una chica tener un uno — dijo Miya, con los ojos cerrados para no mirarlo — ¿Qué tal si las chicas con quienes he estado antes han estado fingiendo?

  — Olvida eso por ahora ¿quieres? — dijo Tatsurou, esforzándose para no dejar ver molestia en su voz. Llevo una mano al muslo de Miya, tocando su clítoris con el pulgar, causando que el guitarrista temblara por la sorpresa —. Solo relájate e intenta- 

  — No me toques mientras estás hablando. Es perturbador.

  — Bien. Como sea. Solo imagina que es Yaguchi Mari o algo — Tatsurou apretó sus dientes mientras volvía bajo las cobijas. Todo esto se estaba convirtiendo en la experiencia sexual más incómoda que haya tenido hasta la fecha – y vaya que había tenido muchas.

Aparentemente, debió haberlo hecho hace diez minutos, porque Miya permaneció callado después de eso.

De nueva cuenta, Tatsurou comenzó a acariciar sus caderas, moviendo sus manos lentamente hacia su estómago y bajando otra vez hasta sus muslos. Eventualmente, Miya dejo de retorcerse nerviosamente, entendiendo Tatsurou que finalmente podía pasar a cosas más avanzadas. Con gentileza, acerco su boca al interior del muslo de Miya, repartiendo lentos besos sobre su piel hasta regresar entre sus piernas. Escucho a Miya suspirar vagamente a través de la sábana, y esperaba de todo corazón que fuera una buena señal.

Rozó su pulgar sobre el clítoris de Miya una vez y luego dos veces, antes de empezar a frotarlo gentilmente mientras su boca se movía al ritmo de sus caderas, succionando la cálida piel de su estómago. Incrementó poco a poco la presión y el ritmo de sus caricias, mientras su lengua se adentraba en su ombligo y sus dientes acariciaban la piel de su estómago juguetonamente.

Sin embargo, Miya no mostraba ni la más mínima reacción, ni siquiera aun después de besarlo y tocarlo después de un rato – eso hasta que Tatsurou finalmente deslizo la punta de su dedo índice dentro de él. Como respuesta obtuvo un sonido indignante por parte de Miya, pero al menos puedo comprobar que sus esfuerzos no habían sido en vano. Miya estaba mojado. Muy mojado.

Sonriendo para sí mismo, Tatsurou se irguió sobre sus codos y envolvió entre sus brazos los muslos de Miya antes de seguir con su labor. Sintió a Miya tensarse un poco al lamer su clítoris, pero afortunadamente no dijo nada, y Tatsurou comenzó a succionarlo, con suavidad al principio, y después con una creciente intensidad. Dejo una que una de sus manos se deslizara debajo de la camiseta de Miya hasta alcanzar uno de sus pechos, apretándolo antes de comenzar a acariciarlo lentamente, sintiendo el pecho de Miya moverse rápidamente bajos sus dedos.

Al parecer había encontrado el ritmo apropiado, porque una de las manos de Miya pronto bajo hasta su cabeza para tomarlo del cabello. Tatsurou hizo una mueca de dolor pero continuó succionando y lamiendo hasta que Miya murmuró sin aliento:

  — Me vengo…

Al menos Tatsurou lo medio esperaba cuando las caderas el guitarrista se sacudieron hacia arriba, golpeándolo en la cara. Sin embargo, el suave grito de placer que Miya dejo salir fue suficiente para hacerle olvidar el sórdido dolor en su cabeza y nariz, y muy a su pesar, sintió su erección dar un respingo dentro de sus pantalones en respuesta.

Tatsurou continuó succionando y lamiendo hasta que Miya terminara, y antes de salir de entre las sábanas y sentarse en la cama, se lamió los labios.

  — ¿Y bien? ¿Qué tal tu primer orgasmo como chica?

  — Bien — dijo Miya sin aliento —.Gracias.

  — A tu servicio — añadió Tatsurou bromeando. Esperaba que Miya se riera o lo regañara, pero extrañamente, se acurrucó bajo las cobijas y giró hacía un costado, dándole la espalda.

Tatsurou enarcó una ceja ante esa respuesta. Casi había esperado que a cambio Miya lo masturbara con la mano o algo, pero obviamente eso estaba fuera de  lugar en ese momento.

  — ¿Qué sucede?

  — Nada.

  —… ¿Estás seguro?

  — Sip. Solo déjame solo por ahora ¿está bien? — murmuro Miya, aun sin mirarlo. Ni siquiera sonaba enojado o irritado, lo cual era más que preocupante.

Tatsurou abrió su boca para decir algo, pero decidió que no era lo mejor. Ni siquiera sentía ganas de masturbarse frenéticamente en el baño como había planeado originalmente, así que simplemente se levantó y salió del departamento de Miya.