Actions

Work Header

Purification

Chapter Text

"Shin Sekai - Real of the World" de Zi:Kill (1989)

 

 

    – Awaji, estas despedido...   

  Era diciembre 28 de 1990. Me encontraba cambiándome de ropa en nuestro camerino, después de una pequeña presentación en el Club Citta en Kawasaki.

Aquellas palabras frías llegaron a mis oídos como dardos venenosos, dispuestos a picarme en lo más profundo de mi ser y a envenenar mi mente con sentimientos de enojo e injusticia.

    – ¿Me estas escuchando Awaji?– La voz fría de Ken, líder y guitarrista de Zi:Kill volvía a invadir mis oídos. Era claro que sonaba hastiada. 

  En aquel entonces yo era baterista de Zi:Kill, una banda que hoy en día mucha gente considera legendaria en la escena musical de los años noventa, pero la realidad era otra. Nosotros no éramos conocidos por ser unos genios musicales, éramos conocidos por las acaloradas y agresivas peleas que solíamos tener en casi todos los ensayos y sesiones de grabación.

Recuerdo que muchas personas a nuestro alrededor, incluso el mismísimo Yoshiki Hayashi, afirmaban que de seguir así, Zi:Kill terminaría desmoronándose hasta convertirse solo en un recuerdo.

Y ahora que lo pienso, tenían razón.

  Levante la vista y me topé con la mirada seria de Ken, quien se encontraba en medio del camerino con los brazos cruzados. Él era un hombre de baja estatura, cuyo rostro se asemejaba al de un niño pequeño, sus orejas grandes solo acentuaban más dichos rasgos.

 Ken, el guitarrista... el destino me jugaría una broma cruel años después con respecto a ese nombre.

Detrás de él estaba Tusk, el alto vocalista de la banda, que en esos momentos parecía el guardaespaldas del guitarrista; y no era de extrañarse, esos dos eran mejores amigos desde la infancia.

    – No sé por qué te molestas Ken-chan, el androide no escucha a nadie – dijo Tusk de forma burlona mientras encendía un cigarrillo.

Por alguna extraña razón Tusk me había bautizado con el apodo "androide" tan solo unas semanas después de trabajar juntos, inspirado por mi personalidad pacífica y (según sus propias palabras) por mi forma tan automatizada de tocar la batería.

    – Tal vez necesita limpiarse los oídos con aceite o algo, jajaja…  

  Aquello ciertamente era infantil, pero Tusk lograba hacer de ese apodo algo hiriente de lo cual se burlaba. Tusk, el vocalista que había compartido un papel estelar con el gran Hide de X Japan en esa extraña película, era en realidad un bufón presumido y engreído.  

    – Tusk déjate de bromas, esto es serio – le indico Ken con fastidio –. ¡Demonios Awaji! me estas escu… 

    – ¡Si Ken, te estoy escuchando! –  le interrumpí molesto –. Me estas despidiendo de la banda.

    – ¡Hasta que el androide se dignó a hablar! – Se burló Tusk –.Pobre, seguro la noticia te dejo sin palabras… – Mientras decía esto una de sus manos revolvió mi cabello como si estuviera consolando con un niño pequeño. Aleje su mano de inmediato –. Lo siento androide, pero ya no nos sirves en Zi:Kill.

  Sabía de antemano que dejar la banda sería algo inevitable, que tendría que suceder en algún momento. Pero no pensé que fuera tan pronto, ni mucho de esta manera tan humillante. ¡Maldición! no había pasado ni una hora desde que bajamos del escenario, y ya estaba siendo despedido.

  Al no recibir respuesta de mi parte, Tusk rió entre dientes y se dispuso a cambiarse de ropa.

    – Lo siento Awaji, así están las cosas – afirmo el guitarrista aun con su vista fija en mi –. Otha-san te está esperando en la oficina del club para anular tu contrato, así que vístete rápido y reúnete con él.

Dicho esto, Ken me dio la espalda y comenzó a cambiarse de ropa. El camerino se quedó silencio y el único ruido que podía escucharse era el de la música proveniente del club.

Con un gran nudo atorado en la garganta, termine de vestirme y empecé a empacar de mala gana todas mis cosas en una maleta.

Miles de pensamientos, insultos y lamentos invadieron mi mente, al grado de provocarme una jaqueca, mientras el enojo me carcomía el pecho.

¡Esto era tan injusto!

Por unos momentos recordé el día en que me uní a Zi:Kill, el éxito de venta que tuvo nuestro álbum Close Dance, la pequeña gira en Londres... y ahora, después de tan solo unos meses, los mismos sujetos que me habían pedido con entusiasmo ser su nuevo baterista, eran los mismos que ahora me daban una patada en el trasero para deshacerse de mí.

   Una carcajada me saco de mis pensamientos, voltee de reojo y pude observar como Tusk y Ken tenían una amena (y al parecer divertida) platica en voz baja mientras terminaban de cambiarse. Todo era muy claro, se reían de mí. Sin embargo, no iba a quedarme callado, llegaría al fondo de esto y defendería mi lugar en la banda.

     – ¿Y esto fue decisión de Otha-san? ¿O tuya, Ken? – Cuestione molesto –.Si voy a ser despedido, creo que él es quien debe hacerlo ¿no crees?

  Otha-san(1) era nuestro nuevo manager, quien nos acogió después de salir de Extasy Records, ofreciéndonos para grabar en Toshiba Emi Records para convertirnos en una banda major. Meses atrás habíamos comenzado a grabar un nuevo álbum bajo nuestro nuevo sello discográfico.

    – Otha-san quería que arregláramos nuestros problemas – respondió Ken sin mirarme –.Y como líder de Zi:Kill, estoy resolviendo el problema que agobia a nuestra banda.

    – ¡¿Y yo soy el del problema?! – el tono de mi voz se había elevado notablemente, provocando que tanto Ken como Tusk se volvieran a mirarme con el ceño fruncido.

    – Creo que es algo más que obvio, Awaji… – respondió Ken cruzándose de brazos –.Siempre dabas problemas y jamás apoyaste las decisiones que hacíamos como equipo…

     – ¡¿Equipo?! ¡Nosotros nunca fuimos un equipo!  

     – ¡Es más que la verdad, Awaji! Siempre quejándote y discutiendo por todo; además ¡cuestionabas mi autoridad!

    – ¡Porque no eres un buen líder! ¡Tú no escuchas a nadie, haces siempre lo que te viene en gana! ¡Eres un egoísta!

   Discusiones como estas eran comunes entre nosotros, en las cuales siempre terminaba tragándome mi enojo. Pero no esta vez.

La mirada que Ken me dirigía era del más profundo desprecio, lo que había dicho sobre su mal liderazgo era cierto, incluso él lo sabía; pero su orgullo le impedía aceptarlo y arreglar las cosas. Tusk permanecía a la expectativa, si las cosas se salían de control, acudiría al auxilio de su amigo sin pensarlo dos veces.

    – ¿Quieres saber la verdad, Awaji? – Aquella pregunta salió de los labios del guitarrista en un tono de indudable molestia – Te despedí porque me desagradas, no te soporto en absoluto; en serio no puedes imaginar lo feliz que me hace el saber que te vas de una vez por todas.     

  Sentí una punzada de dolor en mi pecho. No había más que discutir.

Con esa declaración, decidí que era mejor seguir empacando mis cosas, para que ese dolor no siguiera afectando mis pensamientos. Cuando termine, me puse una sudadera y encima una chaqueta, era seguro que haría mucho frio afuera. Me coloque mi mochila de viaje  y tome en mis manos la enorme maleta deportiva con la que siempre viajaba; y antes de salir del camerino, la voz burlona de Tusk me detuvo en seco:

    – ¡Adiós pequeño androide!

De acuerdo, aquello había sido el colmo.

  Mis padres siempre se empeñaron en enseñarme a ser respetuoso con las personas, y no me avergonzaba admitir que yo era de esas escasas personas en todo Japón que no decían grosería alguna.

Pero estas personas no merecían mi respeto.

Antes de salir por la puerta, me di media vuelta y mire a Ken y a Tusk, quienes se tensaron al ver mi repentina acción.

Respire profundamente y entonces les hice saber lo que pensaba de todo esto.

    – ¡Vayan a la mierda con su puta banda, imbéciles!

Mis ahora ex-compañeros quedaron atónitos por mi fuerte declaración, era obvio que no esperaban algo así de un idiota como yo. Pude ver como el blanco rostro de Ken se tornaba rojo, mientras que Tusk balbuceaba, tratando de dar una respuesta a mi insulto. Y antes de que aquellos dos pudieran decir algo, salí rápidamente del camerino azotando la puerta.

   Comencé a caminar con rapidez por un corredor poco iluminado que llevaba a la oficina en donde se encontraba Otha-san. La música del club aun podía escucharse en todo su esplendor. Era molesto.

Al llegar a mi destino, note que la puerta de la oficina estaba cerrada, tal vez a Otha-san también le desagradaba aquel ruido.

Toqué fuertemente, y a los pocos segundos escuche un débil ‘¡adelante!’ del otro lado. Al entrar a la pequeña oficina, me encontré con un hombre que estaba sentado frente a pequeño escritorio con nada más que un cenicero repleto de colillas de cigarrillos.

Nuestro manager era un hombre muy delgado, cuyo rostro mal rasurado estaba adornado por un par de gafas tipo piloto y unas ojeras de gran tamaño, pero lo que más llamaba la atención era su cabeza calva que el hombre trataba de ocultar con unos cuantos cabellos que se habían resistido a caer de ella.

De haber buscado la definición de "desaliñado" en un diccionario, era seguro que la fotografía de Otha-san aparecería.

    – ¡Awaji-kun, pasa por favor! – me indico el manager con voz áspera y extrañamente animosa –. Cierra la puerta y toma asiento.

Obedecí lo antes dicho, y cuando estuve sentado frente a él, me ofreció un cigarrillo, el cual rechace con un amable gesto de mano; entendiendo que sería el único que fumaria, mi pronto ex-manager encendió un cigarrillo para sí mismo.

    – Recibiste malas noticias ¿verdad, Awaji-kun? – Pregunto exhalando el humo del cigarrillo –.Seguro fue algo duro de digerir, pero estas cosas pasan siempre en bandas amateur.

    – Creí que usted me despediría...

    – Tal vez era mi responsabilidad, pero pensé que ustedes tendrían la madurez suficiente como para resolver sus propios problemas.

    – Y vaya que los resolvieron...

    – Vuelvo a repetirte Awaji-kun, estas cosas pasan, incluso podría decir que son necesarias.

Después de decir esto, Otha-san se dispuso a sacar de uno de los cajones del pequeño escritorio unos documentos, comprendí de inmediato que se trataba de mi anulación de contrato. La hora había llegado.

Con el cigarrillo en la boca, Otha-san coloco frente a mi unas hojas que tenían impresas el logotipo de Toshiba Emi records, a continuación me acerco un bolígrafo.

    –  Por favor, lee el documento Awaji-kun – me indico Otha-san mientras tomaba las hojas en mis manos –.Si tienes alguna duda, házmela saber.

Baje la mirada y comencé a leer:

  Estimado Awaji Yukihiro, por este medio nos es lamentable anunciarle...

Un mal sabor de boca me invadió conforme leía el contenido. Aun siendo una carta de despido, nuestros jefes mantenían una cortesía impecable. Una fría cortesía que mando a mi estómago directo a mis pies.

Durante varios momentos me sentí como el ser más miserable de la tierra ¿Qué haría ahora? Pensaba en el hecho de que, después de esto, mi carrera como músico se iría a caño y para sobrevivir, tendría que conseguir un aburrido trabajo como el de mi padre. Sería un fracasado toda mi vida.

Me lleve una mano a la sien, ya no tenía ganas de pensar en nada. Firmaría aquel documento sin rodeos.

Sin embargo, algo llamo mi atención.

    – Otha-san aquí dice que debí ser notificado de mi despido con treinta días de anticipación... – indique con recatada molestia – ¿Porque me despiden precipitadamente?

    – Awaji-kun, en este medio no acostumbramos tanta formalidad...

    – ¡Pero es injusto!

Otha-san apago su cigarrillo en aquel sucio cenicero, dejando escapar un ruidoso suspiro, pero lejos de mostrarse irritado por mi interrupción, parecía más bien divertido por mi reacción.

    – Awaji-kun eres aún muy inocente para entender muchas cosas, así que te explicare... – dijo dirigiéndome una mirada comprensiva y una sonrisa amarillenta  –.Tus compañeros me habían hecho saber su decisión de despedirte desde hace más de un mes, y al saberlo tal vez pude haber intervenido por ti o pude haber buscado una solución. Sin embargo, decidí no hacerlo porque no quería hacer de esto un problema más grande, eran tres contra ti Awaji-kun y la prioridad aquí es el éxito de la banda, aun si esto significa tomar decisiones extremas.

     – Sigue siendo injusto...  – afirme en voz baja sin mirar al hombre frente a mí. Aquella explicación me hizo querer llorar, nadie estaba dispuesto a ayudarme. Estaba solo.

    – Es una decisión cruel y tal vez poco ética, lo admito – comento Otha-san, mientras buscaba nuevamente algo en uno de los cajones del escritorio –.Vivimos en una época muy difícil, esta es la realidad del mundo...

Deje salir un risita amarga, aquello había sido una clara referencia a una de las primeras canciones de Zi:Kill.

    – ¿En dónde firmo, Otha-san? – pregunté resignado.

    – Si no hay más preguntas... – respondió mientras colocaba un sobre amarillo sobre el escritorio –.Firma en las líneas donde aparece tu nombre, por favor.

Y así lo hice.

Mientras firmaba mi nombre, la voz de mi padre resonaba dentro de mi cabeza.

Pruebas ácidas Yuki-chan, pruebas ácidas...

    – Vamos Awaji-kun, borra esa cara larga de tu rostro, no es como si fueras a extrañar a tus compañeros y las discusiones ¿o sí?  – cuestionó divertido mi ahora ex-manager recibiendo el documento que le entregaba  –.Además, velo por el lado bueno, aun tienes derecho a esto…

Otha-san me acerco aquel sobre amarillo que había sacado antes, lo tome con desconfianza y revise su contenido. Nunca imagine que en medio de esta situación, recibiría algo así.

    – Pero... esto es....

    – Tu liquidación laboral  – respondió Otha-san con suma tranquilidad – unos días de salario que por ley te corresponden y un pequeño porcentaje de regalías de las presentaciones que hemos hecho.

Abrí el sobre con cuidado, y a continuación saque un ligero fajo de billetes de diferente denominación.

    – Vamos, cuéntalo Awaji-kun.

Debo confesar que la mano me temblaba mientras contaba los billetes, nunca en mi vida había tenido en mis manos tanto dinero.

Seiscientos mil yenes…

Tal vez en estos días, esa cantidad no es muy grande, pero en aquel entonces, era una fortuna... fortuna que debía cuidar con mi vida.

Otha-san soltó una carcajada sacándome de mi ensimismamiento. Regresé el dinero al sobre y lo guarde en el bolsillo interior de mi chaqueta.

    – ¿Verdad que no todo ha sido tan malo?

No pude responder siquiera, solo asentí en silencio.

    – ¿Y qué harás ahora, Awaji-kun? – preguntó Otha-san levantándose de su asiento y secando el sudor de su cabeza calva con un pañuelo. Yo también me puse de pie.

    – Regresar a casa a comenzar de nuevo, supongo – respondí serio, pensando en lo que tendría que hacer –. Solo espero tener algo de suerte.

    – Me agradas Awaji-kun, no dejes que esto te desanime, eres talentoso, sé que llegaras muy lejos, y no te preocupes por esos sujetos… – dijo señalando con el pulgar hacia la puerta – de seguir así, la banda fracasara en poco tiempo, te lo puedo asegurar.

Sonreí, al parecer Otha-san sería la única persona en preocuparse por mí.

    – Otha-san, muchas gracias por todo – agradecí sincero dando una pronunciada reverencia – ¡Otsukaresamadesu!

    – Otsukaresamadesu, Awaji-kun – dijo él respondiendo mi reverencia con una sonrisa –. Por favor, cuídate.

  Salí de la oficina sintiendo que me había quitado un peso de encima, y cuando escuche que Otha-san había cerrado la puerta detrás de mí, deje salir una leve carcajada.

Me sentí aliviado. En serio que sí.

Antes de irme de aquel lugar, me detuve unos momentos para asegurarme de que el sobre del dinero estuviera bien resguardado en el bolsillo interno de mi chaqueta. Por breves segundos sentí celos del sostén de una mujer, era el escondite perfecto contra malhechores.

    – ¡Esto no pasaría si usaras sostén Yukihiro! – comente divertido para mí mismo.

Satisfecho del resguardo del sobre dentro de mi chaqueta, tomé mi maleta y comencé a andar por el largo pasillo que había recorrido antes, en busca de una salida. Aquel lugar tenía una mala iluminación, y el calor del ambiente era sofocante a falta de ventilación, sin mencionar el ruido de la música del club. Después de varios minutos, al no encontrar una posible salida, comencé a desesperarme.

    – Lo que me faltaba ¡Perderme en este maldito lugar!

De pronto, al dar vuelta en un pasillo, tropecé fuertemente con alguien.

    – ¡No lo vi, lo siento! – me disculpé torpemente, mientras levantaba mi maleta que había caído al suelo a causa de lo ocurrido.

    – No te preocupes Yuki-kun... – escuche una voz responderme con suavidad –. De hecho estaba buscándote...

Levante la mirada y me topé con la de Seichii, bajista de Zi:Kill.

Ambos nos quedamos mirándonos en silencio. Para ser sincero, no esperaba (ni deseaba) encontrarme con él después de lo que había pasado. Para mi mala fortuna, Seichii no solo había sido el único amigo que tenía en Zi:Kill, también había sido un amante ocasional en las noches silenciosas y solitarias.

    – No sé cómo decirte esto... – comenzó a decir con una voz suave, la misma voz que muchas veces susurro a mi oído en la intimidad de la noche –. Pero sobre lo que paso, yo... – Sin embargo, el hecho de que él también había tomado parte en mi despido, me dolía a sobremanera, así que me negué a caer en recuerdos innecesarios.

    – Olvídalo Seichii... – interrumpí abruptamente, retomando mis pasos. Al ver que me alejaba, Seichii comenzó a seguirme, mientras intentaba disculparse por lo ocurrido.

    – ¡Yuki, por favor perdóname! ¡No pude hacer nada! – su voz agitada hacía eco en aquel pasillo, cualquiera que hubiera pasado cerca de ahí habría podido escuchar las suplicas desesperadas de mi amigo.

  Seichii era peor de introvertido que yo, incapaz de hacerle frente a Ken en las discusiones o de defenderse de las burlas de Tusk. Jamás cuestionaba nada y solo aceptaba lo que los demás le imponían, y por esa misma razón yo siempre salía en su defensa.

Y él no salió en la tuya… pensé con amargura.

Después de incómodos minutos, logre visualizar una puerta con un letrero que decía "Salida" en letras luminosas. Suspire victorioso y me dirigí a dicha puerta.

Sin embargo, antes de llegar a dicha puerta, mi compañero apresuro el paso y se detuvo frente a mí.

    – Yuki, perdóname – insistió Seichii bloqueando el camino. Sus ojos cristalinos me miraron de manera suplicante –. Por favor entiende, no tuve otra opción.

    – Claro que si la tuviste – respondí irritado –. Pudiste defenderme como yo siempre lo hice contigo. ¡Al menos pudiste haberme dicho lo que esos tipos  planeaban!

    – Si los contradecía, me hubieran despedido también…

    – ¿Y eso era tu mayor preocupación?

    – Yuki, no tengo a donde ir, lo sabes...

    – Pudiste haberte quedado conmigo, Seichii…

  Mi respuesta tomo por sorpresa a mi ex-compañero, quien abrió grandes los ojos, incluso a mí me tomo por sorpresa. Aquella declaración indirecta y cursi, revelo lo mucho que me había dolido su traición (incluso llamarlo “traición” era bastante dramático). Yo era consciente de que Seichii y yo jamás llegaríamos a ser algo más que simples amantes, y aun sabiendo esto, no podía negar el hecho de que muchas veces llegue a sentir algo más por él.

Seichii dejó escapar un suspiro melancólico de sus labios, mientras evitaba a toda costa seguir mirándome a los ojos. Abrió la boca para decir algo, pero de ella no salió palabra alguna.

    – Me decepcionaste Seichii – fue lo que atine a decir después de largos minutos de silencio –. Y si vas a permitir que esos dos imbéciles decidan por ti, tienes un gran problema.

Espere a que Seichii dijera algo, pero al no recibir respuesta, decidí que ya había tenido suficiente de esta charla.

    – Ya, déjame salir por favor – indique con hastío.

Seichii dudo un par de instantes, pero al final se hizo a un lado para dejarme pasar. Di un par de pasos y abrí la puerta.

   Al momento de poner un pie fuera de aquel lugar, fui recibido por el cruel frió que azotaba Kawasaki. Nevaba moderadamente, así que supuse que no tendría problemas si decidía regresar a Chiba esa misma noche.

Aquella salida me había conducido hacia un pequeño y solitario estacionamiento, solo podían visualizarse un par de automóviles y postes de luz que alumbraban la zona. Suspiré, y el vaho de mi aliento hizo acto de presencia, haciéndome recordar que debía de abrigarme bien si no quería morir de frió. Me coloqué un gorro de invierno y subí por completo el cierre de mi chaqueta, que cubrió parte de mi rostro. Sintiéndome listo, tomé mi maleta y comencé a andar, en medio de la nieve.

    – Deberías regresar adentro Seichii – dije al escuchar unos pasos detrás de mí –. No estás abrigado, te enfermaras.

    – Estoy tomando mis propias decisiones, Yuki-kun – respondió él con sarcasmo, el frió se reflejaba en su voz –. Al menos te acompañaré hasta la parada de autobús.

Reí. Una repentina sensación de libertad me invadió. Todo lo malo que había sucedido momentos atrás, se había quedado dentro del Club Citta.

O eso creí.

  De pronto, escuchamos que la puerta por la cual habíamos salido se abrió violentamente. Nos detuvimos en seco.

    – ¡Oye Awaji! – me gritó una voz que ambos conocíamos muy bien.

    – Es Tusk – confirmó Seichii con un dejo de preocupación en su voz –. ¿Qué hacemos, Yuki?

    – Ignorarlo – respondí señalando lo obvio, y seguí avanzando.

A los poco segundos escuche los pasos apresurados de Tusk detrás de nosotros.

    – ¡Awaji! – volvió a llamarme Tusk de manera amenazante – ¡Awaji te estoy hablando! ¡Voltea a verme!

  Por supuesto que no respondí, el sonido de nuestras pisadas en la nieve y de los autos en la calle eran los únicos sonidos que se escuchaban.

Mi plan era sencillo: ignoraría a mi molesto ex-vocalista y me alejaría de ahí lo más rápido posible.

    – ¡Maldita sea Tusk! ¡Deja que se vaya! –  escuche una segunda voz exclamar desde la puerta. Era Ken – ¡No vale la pena!

No podía creer que aun después de que aquellos dos infelices me habían humillado, aún estaban dispuestos a molestarme.

La vida no era justa de verdad.

Seguí avanzando a paso decidido, no estaba dispuesto a caer en sus provocaciones. Lo único que deseaba en ese preciso momento era largarme de una vez por todas.

   Ignorando olímpicamente a Ken, Tusk se empeñó en no dejar a medias la tontería que tenía planeada.

    – ¡Androide! ¡No seas cobarde y mírame!

Seguí caminando. Estaba comenzando a cansarme de verdad.

    – ¡¿Por qué no nos dices de frente lo que dijiste hace rato?! – exclamó enojado – ¿Qué somos unos qué? ¡Atrévete a repetirlo!

No podía creerlo, esté sujeto buscaba pelea a como diera lugar.

    – ¿Por qué simplemente no lo dejas en paz, Tusk? ¡Ya se va! – escuché a Seichii defenderme, sin embargo el frió del ambiente provoco que su voz sonara temblorosa. Tusk bufó.

    – ¡No quieras defender a tu noviecito! Ahora me va a escuchar...

Repentinamente sentí como Tusk me jalaba violéntame de un brazo. Mi maleta cayó al suelo, y yo reaccioné enseguida.

    – ¡Suéltame! – ordené agresivamente, deshaciéndome de su agarre. Me volví enseguida y encaré a ese lunático de mierda –. Ya me despidieron, ya me estoy yendo ¿¡qué más quieren de mí!?

  Tusk se detuvo frente a mí y me dirigió una sonrisa burlona de dientes chuecos.

    – Tusk, te juro que si no me dejas en paz voy a… – me callé enseguida, no valía la pena discutir con él. Negué con la cabeza y levante mi maleta del suelo.

Mi ex-compañero se acercó a mí, siempre con ese porte altivo que lo caracterizaba. La diferencia de estatura era visible entre nosotros dos.

Me negué a encararlo nuevamente, así que le di la espalda.

     – ¿Si no qué? ¿Qué vas a hacer, eh? –. Se burló Tusk dándome  empujoncitos en la espalda, retándome. Burlándose. Molestándome. Saliéndose con la suya.

    Y esa fue la gota que derramo el vaso.

Lentamente comencé a cerrar con dureza mi puño derecho, mientras daba un profundo suspiro. Lo que estaba a punto de hacer iba en contra de todos mis principios y era probable que también yo terminara en aprietos.

Pero no me importo. Mi tolerancia había llegado a su límite.

  Deje caer mi maleta al suelo, pude observar como caía lentamente, casi en cámara lenta. En el preciso momento en que ésta golpeo la fría nieve, di media vuelta y en menos de un segundo le solté un fuerte puñetazo a Tusk.

Al no esperar el golpe, mi ex vocalista recibió el impacto de mi puño justo en su cara. Pude sentir la dureza de su mandíbula en mi puño, estaba seguro de que me dolería la mano al día siguiente.

Tusk cayó abruptamente al suelo, con una mano sobando el golpe reciente, en su mirada se asomó una sorpresa total ante lo que acaba de suceder. Aquel pequeño androide del que tanto se burlaba, lo había hecho callar de un simple golpe.

Pero él no era el único sorprendido, también lo estaban Ken y Seichii, quienes habían sido testigos silenciosos de tal acontecimiento. Sin embargo, decidí que aquello no era suficiente para saciar mi enojo, así que me agache rápidamente a la altura de Tusk, lo tomé de su camisa y le propine puñetazos sin piedad.

Durante varios segundos (los cuales me parecieron eternos) solo podía escuchar el sonido seco que provocaba el contacto de mis puños con el rostro de Tusk y sus quejido quedos de dolor. Me detuve en cuanto observé que su labio y su nariz sangraban en exceso.

    – ¡Ni siquiera lo intentes, Ken! – grité al ver su intención de querer enfrentarse conmigo para proteger a su amigo. Ken se detuvo ante mi advertencia, él siempre fue más listo. Sin embargo no dejo de dirigirme una mirada asesina.

    – Yukihiro, ya suéltalo – escuche a un asustado Seichii a un costado mío –. Él no vale la pena.

Aquello sin duda era cierto, sin embargo no evito que me sintiera satisfecho por lo que acaba de hacer. Ingenuamente me sentí como David después de vencer al gigante Goliat en aquella leyenda bíblica.

Mire a Tusk, quien respiraba agitadamente cubriendo su nariz, la cual aún sangraba.

    – Me rompiste la nariz, maldito idiota... – declaró Tusk en un adolorido susurro, su ojos me dedicaban un profundo odio. Pero estaba seguro que orgullo era lo que más le dolía en esos momentos.

    – ¡Escúchame imbécil! – Le ordené fuertemente tirando de su ropa – ¡Un día, cuando seas un gordo y calvo fracasado te acordaras de mí, Itaya!

Después de eso lo solté y me incorpore para acomodar mi chaqueta.

El enojo que sentía en ese preciso momento hizo que ya nada me importara. Todos podían irse al infierno, incluso Seichii. Realmente deseaba que las predicciones de Otha-san se cumplieran y que Zi:Kill se fuera a la ruina.

Levante mi maleta del suelo ante las miradas expectantes de mis ex-compañeros. A continuación los miré a cada uno a los ojos, esperando a que alguien me escupiera algún insulto, algún recordatorio familiar, alguna maldición… sin embargo nadie lo hizo. Había quedado claro quien había sido el ganador esa noche.

  Tenía que irme, pero no sin antes complacer la petición que Tusk había hecho con tanta insistencia:

     – ¡Vayan a la mierda con su puta banda, imbéciles!

Les di la espalda y seguí mi camino sin mirar atrás.

Mi tiempo con Zi:Kill había terminado.

Por fin.

 

Chapter Text

"It's a Fine Day" de Acid Android (2006)

 

   

    – Yoko, no puedes hacerme esto, no por teléfono…

    – Lo siento Yukihiro, pero no tengo la necesidad de volver a verte...

    Solo minutos después de haber llegado a la terminal de autobuses de Kawasaki, me di cuenta de que en realidad no tenía a donde ir, ni mucho menos a quien recurrir después de lo que había pasado.

No tenía departamento, mis padres habían decidido echarme de casa después de darles la terrible noticia de que abandonaría la escuela para convertirme en músico. Pensé entonces en una chica llamada Yoko, con quien salí por un tiempo. Aun sin ser algo completamente formal, había vivido con ella en su departamento durante un par de meses, así que supuse que no tendría problema en darme asilo por unos cuantos días.

 Sin embargo, al llamarla y comentarle sobre mi despido y situación, se negó rotundamente a recibirme. Intenté explicarle lo sucedido, pero fue en vano. Al igual que mis padres, al igual que Zi:Kill, ella también decidió darme la espalda.

    – Voy a colgar Yukihiro... adiós...

    Después de esa amarga despedida, la línea se cortó.

Permanecí pensativo por unos momentos, con el auricular del teléfono en mi oído, escuchando el pitido infinito de la línea.

    Pruebas ácidas Yuki-chan…  Las palabras de mi padre volvían a invadir mi mente… Te queman y aprendes a no cometer el mismo error dos veces. Es una lección para seguir adelante, nunca olvides eso…

Cuando un alimento tiene un sabor ácido, el comerlo se convierte en algo desagradable. Sí un ácido químico toca tu piel, la quemadura es tremendamente dolorosa. Una persona ácida es siempre cruel, burlona y mal intencionada. Una prueba ácida era eso, algo desagradable y doloroso que tendríamos que enfrentar y de esa manera, hacernos más fuertes.

Mi padre no pudo usar una mejor palabra para darme una enseñanza de vida.

   Colgué el teléfono de mala gana, pensando en lo que haría después de esto. Me quedé de pie junto al aparato, observando a la gente que se encontraba en la terminal de autobuses; muchas personas llegaban de sus viajes, otras salían a diferentes destinos por el año nuevo, muchas otras esperaban con impaciencia la hora de salida de su autobús. Sin embargo, los rostros de las personas compartían la misma expresión: preocupación.

Eran tiempos difíciles para Japón, la depresión económica estaba a la orden día, provocando que muchas empresas se fueran a la quiebra, el aumento de la delincuencia, desempleo, incertidumbre… razones por las cuales también yo estaba preocupado. El dinero que había recibido no iba a durarme para siempre, así que si no encontraba una solución pronto a mi problema, terminaría por encontrar un trabajo mediocre o tal vez terminaría convertido en indigente.

Suspiré.

Sin duda alguna, éste había sido un mal día.

    – Con permiso joven… – una voz detrás de mí hizo que me hiciera a un lado, para luego observar a un hombre atrajeado usar el teléfono público.

Mientras aquél hombre hacía su llamada, me quede ahí parado, escuchando sin querer su conversación. El hombre, al haber perdido su empleo, suplicaba por una ayuda económica; pasaron unos silenciosos segundos mientras esperaba una respuesta de la persona del otro lado de la línea. De pronto, el hombre soltó una fuerte carcajada, agradeciendo infinitamente una respuesta positiva, al parecer la persona del otro lado de la línea era un buen amigo con el que podía contar.

¡Vaya que alegría! … pensé… Ojala yo también tuviera un amigo que me ayudará en un momento como éste…

De pronto, una luz divina iluminó mi cerebro, y fue entonces que, gracias a esa escena, recordé a una persona que tal vez podría ayudarme.

 Saqué rápidamente de mi mochila de viaje una vieja libreta que siempre cargaba conmigo. En aquella libreta anotaba ideas, letras de canciones que se me venían a la mente, así como recordatorios o números telefónicos que no debía olvidar.  Sin duda el número de esa persona estaría ahí.

    – No deberías espiar las conversaciones de las personas, muchacho… – me regañó el hombre atrajeado, después de terminar su llamada –. Eso es de muy mala educación.

Enmudecí por el repentino regaño, y lo único que pude hacer fue observar como aquél hombre se alejaba de donde yo estaba. Me ruboricé, en efecto, había escuchado su conversación.

¡Qué grosero de mi parte!

Sin embargo dejo de importarme segundos después al recordar que era lo que estaba haciendo. Después de un par de minutos encontré… no precisamente lo que estaba buscando:

 

Aoi Junichi:

2-11-1 Namba-naka, Naniwa-ku, Osaka  /   ̶̷̶6̶̷̶-̶̷̶0̶̷̶4̶̷̶5̶̷̶0̶̷̶-̶̷̶9̶̷̶8̶̷̶2̶̷̶1̶̷̶

 

    – Solo tengo la dirección… yo y mi manía de no escribir bien los datos importantes…

   Aquella dirección pertenecía a un viejo amigo de la secundaria con quien solía escribirme cartas, y que muchas veces me dio asilo después de irme de casa. Se había mudado a Osaka, y a pesar de que no nos veíamos seguido, nuestra amistad seguía intacta. Era una gran persona, siempre dispuesto brindar ayuda a quien más lo necesitaba, y por esa misma razón sabía que él podía ayudarme.

Pero para mí mala suerte, el teléfono que tenía escrito era un número viejo, y en vez de haber escrito el nuevo solo taché el anterior.

¿Qué voy a hacer?

Era claro que no podía presentarme en casa de amigo sin llamar antes, no solo sería una falta de educación, también existía el riesgo de no encontrarlo en casa o de que tal vez ya no viviera ahí. Poco probable, pero aun así posible.

Después de pensarlo un poco tomé una decisión: correría el riesgo y viajaría a Osaka.

Junichi lo entenderá… pensé.

   Miré la hora en el enorme reloj de la terminal, faltaba poco para las 11 de la noche.

 

*

 

     Pasajeros del autobús nocturno de media noche con destino a Osaka, favor de abordarlo por la puerta número 15…

 

   Después de comprar mi boleto de autobús, apenas y tuve tiempo para comprar un pequeño refrigerio para el camino, así como una enorme barra de chocolate y (por supuesto) cigarrillos. Al abordar, decidí sentarme en un asiento que estuviera junto a la ventana, y me sorprendí al notar que no había quedado ni un solo asiento vacío en el autobús.

Tal vez Osaka es una ciudad increíble… pensé… espero que así sea…

En punto de las 12 de la noche, el autobús partió rumbo a nuestro destino. 

   Sería un camino muy largo, ¡Más de nueve horas de viaje! No podía creerlo, y si mis cálculos no me fallaban, llegaríamos allá casi a las diez de la mañana. Menos mal que dormiría casi todo el camino para no aburrirme hasta la muerte. Después de comer lo que había comprado para el viaje, me distraje un poco mirando por la ventana mientras escuchaba un casette de Ministry en mi Walkman, obsequio de Seichii por mi cumpleaños. Sin embargo, la letra de la canción en turno solo logró pisotear más mis ánimos:

 

¡Respira!

éste es el mundo

no tiene futuro

¿Es esta la tierra?

¡Respira! ¡Respira, desgraciado!  (1)  

 

   No debía seguir torturándome. Decidí entonces poner música de otra de mis bandas favoritas…

 

Antes de que sea demasiado tarde
me olvidare de estos sentimientos
Sin olvidar, sin cambiar
No tengo ilusiones...

 

    Con la tenue luz del autobús y un extraordinario paisaje nocturno frente a mi ventana, me deje llevar por mis más profundos pensamientos mientras la música sonaba en mis oídos. Pensaba en todo lo que estaba por venir, en todo lo que había dejado atrás; si acaso tendría éxito o si terminaría solo como un fracasado más.

 

Tal vez estoy asustado,
Pero estoy buscando un nivel fácil
Siempre lo haré así,
tal como lo siento...

 

  De una manera suave y esperanzada, la inconfundible voz de Atsushi Sakurai describía tan acertadamente mi sentir en ese preciso momento.

 

EN EL FUTURO CERCANO
¡TENGO UN FUTURO BRILLANTE
PARA EL FUTURO! (2)

 

De verdad lo espero, chicos... pensé... así lo espero...

Cerré mis ojos, y me deje llevar por el sonido de aquella canción.

 

**

 

    –  Disculpe señor...señor, despierte…

   Abrí los ojos de un sobresalto y observé a mí alrededor, intentando recordar en qué lugar me encontraba. Un hombre uniformado se encontraba frente a mí con expresión amable y una mano en mi hombro.

    – Siento despertarlo de esta manera, pero hemos llegado a nuestro destino. Me temo que debe bajar del vehículo.

Al despabilarme, recordé que me encontraba dentro del autobús que me llevaría a Osaka, y supuse que el hombre frente a mí era el chofer. Aún tenía puestos los auriculares y mi Walkman estaba apagado. No supe en que momento me había quedado dormido, era como si hubiera recibido un gran un golpe en la cabeza.

     – ¿Señor?

     – Si, si, lo siento, enseguida bajo…

Cansado y adolorido, tomé mis cosas y me apresure a bajar del autobús. Eran las 10 de la mañana del sábado 29 de diciembre.

   Después de una rápida visita al sanitario, salí de la terminal WBT Umeda y tomé el primer taxi que encontré. Al principio el taxista se negó a llevarme de pasajero, dudaba de que una persona como yo fuera capaz de pagar el recorrido, sabiendo que viajar en taxi era (y es todavía) todo un lujo. Probablemente se había dejado llevar por mi facha de músico desempleado. En fin… luego de un par de minutos de explicaciones innecesarias, logré convencer al taxista de llevarme a la dirección indicada.

    – Un corte de cabello mejoraría tu aspecto, muchacho… – sugirió el taxista mirándome por el espejo retrovisor. Pude ver la burla en sus ojos.

    – Dedíquese a conducir ¿quiere?

    No era la primera vez que visitaba Osaka, Zi:Kill me había dado esa oportunidad meses atrás con algunas presentaciones en la ciudad; sin embargo, los trayectos entre el club musical, el hotel y la estación de tren no me permitieron conocer nada más; lo único que sabía de Osaka es que era famosa por su actividad comercial, por su rica comida, por su gente y acento amigable. Si todo marchaba bien, tendría la oportunidad de conocer la ciudad a fondo, y de paso, encontrar una nueva vida.

   Después de quince minutos de recorrido, el taxista (no sin antes sugerirme nuevamente en mejorar mi espantoso aspecto) me dejó en una zona repleta de locales de comida y tiendas comerciales en el distrito llamado Namba. Había escuchado que era extraño que nevara en Osaka y ese día no era la excepción, sin embargo eso no quitaba que hiciera mucho frío. Después de pedir y seguir algunas indicaciones, llegue al edificio de departamentos en donde vivía mi amigo. Al estar frente a su puerta, bajé mi maleta al suelo y toqué el timbre.

Esperé.

Pasaron largos segundos, sin respuesta alguna. Los nervios y preocupaciones me invadieron nuevamente.

Toqué una vez más.

¿Y si nadie respondía? ¿Y si Junichi ya no vivía ahí? ¡¿Qué iba a hacer?!

¡Basta Yukihiro! ¡Deja de ser tan pesimista!

De pronto, la puerta se abrió y de ella salió un muchacho alto de cabello largo y espalda robusta, quien abrió grandes los ojos al verme.

¡Éxito! 

    – ¿... Yukihiro? – su voz reflejaba una profunda sorpresa.

    – Hola Junichi – saludé apenado –. ¿Cómo estás?

    –  ¿Qué cómo estoy? ¡Estoy sorprendido de verte! – una sonrisa se dibujó en su rostro y sin previo aviso, me envolvió en un fuerte abrazo.

Estas personas de Osaka no conocen el respeto al espacio personal… pensé divertido.

    – ¡Me da mucho gusto vete Yuki! – exclamó tan pronto nos separamos  – ¿Qué te trae a Osaka?

Estoy seguro de que en ese momento mi rostro se ensombreció y Junichi se dio cuenta de ello.

     –  ¿Pasó algo malo?

     –  Junichi, necesito tu ayuda…

 

***

 

     – ¡Ehhh! ¿¡Golpeaste a Tusk!? ¿Tú, el chico más pacífico que pudo existir en el planeta tierra? ¡Ariehen! 

   La sorpresa y el escándalo (otra característica común de las personas de Osaka al parecer) no se hicieron esperar en mi amigo Junichi; una vez dentro de su pequeño departamento, nos sentamos en una mesita que se encontraba frente a la cocina. Le conté a detalle todo lo que había sucedido la noche anterior.

    – Después de todo lo que me habías contado sobre ese sujeto, no cabe duda de que se merecía que le rompieran la cara… – dijo mientras me acercaba una taza de té y pan de Melón –. Me habría encantado presenciar ese momento insólito ¡Demonios!

    – ¡Junichi, estas exagerando!

    – ¡Claro que no! Fue tan insólito, que seguro hasta Kami-sama lo grabó en vídeo para su divina diversión.

Este último comentario se hizo acreedor de una carcajada mía. ¿De dónde sacaba Junichi frases cómo esa?

    – En resumidas cuentas, estoy desempleado y no tengo a donde ir… – declaré antes de dar un sorbo a mi té – ¿Será…posible quedarme contigo un tiempo, mientras encuentro una solución?

Junichi me miró con seriedad mientras se echaba a la boca un pedazo de pan.

    – Me da mucha pena tener que pedirte esto, y entenderé si no puedes ayudarme...

    – ¿Pero qué dices? ¡Claro que puedes quedarte aquí!

    – ¡¿De verdad?!

    – ¿Cuándo te he dicho que no? ¡Eres todo un dramático, Yukihiro!

     – ¡Junichi, no sabes cuánto te lo agradezco!

    – Para eso son los amigos ¿nee? – respondió alegremente  –.Puedes quedarte el tiempo que necesites, solo no dejes de buscar esa solución; ahora come otro meronpan y deja de preocuparte.

Por primera vez en varias horas me sentí aliviado, una cosa menos de que preocuparme. Gracias a todos los cielos por amigos como Junichi.

   En eso, se escuchó un fuerte estornudo, que provenía de un pequeño bulto que se encontraba en el sofá de la estancia. Mentiría si dijera que no me asuste por tan repentino sonido. Junichi y yo nos volvimos a observar aquel curioso bulto que, envuelto en una gruesa manta, se levantaba para dirigirse a lo que parecía ser el baño.

    – Cuando vi ese bulto al entrar a tu casa, pensé que solo era un montón de ropa, y resulta que es una persona – afirmé con genuina sorpresa –. ¿Amigo tuyo?

    – Si, así es. Pasará el año nuevo conmigo – respondió Junichi –. Además es mi compañero en la banda de rock a la que pertenezco. ¿Recuerdas? te conté en mi última carta.

    – ¡Cierto! ¿Y qué tal te va? Mucho mejor que a mí, espero…

    – Pues al parecer bien, ayer fue nuestro debut en el YANTA Royokan.

    – Es fantástico, Junichi. ¿Y cómo se llama tu banda?

    – Jelsarem’s Rod… – respondió una tercera voz detrás de mí –. Ese es nuestro nombre…

Volteé la mirada hacia atrás, y me encontré con el chico más bonito que había visto en toda mi vida.

    – Yuki, él es Hide-kun, nuestro vocalista – Junichi, con su inigualable amabilidad, nos presentó a ambos –. Hi-chan, te presento a Yuki.

  Aquel muchacho vestía unos gastados jeans que hacían juego con una holgada camisa blanca; una larga cabellera color castaño oscuro caía elegantemente sobre sus hombros, mientras que su delgado cuerpo dejaba ver que era un portador de cierta delicadeza oculta. Aun no podía creer que el bulto que vi entrar al baño momentos atrás, fuera en realidad este chico.

 Con una linda sonrisa en el rostro, hizo una pequeña reverencia.

    – ¡Maido! Takarai Hideto, un gusto… – su voz, indudablemente masculina, acaricio mis oídos como el más fino terciopelo –. Y en realidad soy el guitarrista.

No pude siquiera responder a su saludo, solo podía observar la belleza que emanaba de su fino y femenino rostro, sus ojos cafés eran tan cristalinos, que estaba seguro de poder mirar en el interior de su alma a través de ellos.

     – Parece que Yuki ha quedado cautivado contigo, Hi-chan… – escuché decir a Junichi entre risas.

Fue entonces que mi burbuja de fantasía explotó cruelmente para traerme de vuelta a la realidad.

    – ¡Lo siento mucho! – me levanté enseguida de mi silla – soy Awaji Yukihiro ¡Gusto en conocerte! – a continuación realicé una exagerada reverencia digna de un animé, la cual solo provocó risas.

¡Vaya primera impresión! … pensé avergonzado.

    – Caray Yuki… te presento a mi amigo y actúas como si hubieras conocido a la mismísima Akina Nakamori – bromeó Junichi indicándome que volviera a sentarme –. Aunque tú no tienes la culpa, Hi-chan es tan bonito que hechiza a cualquiera ¿nee?

     – No puedo creer que estés diciendo tonterías tan temprano, Jun-chan… – se quejó aquél muchacho mientras tomaba asiento con nosotros –. Deja de burlarte, ¿Qué clase de amigo eres?

La respuesta de Junichi fue solo otra risa burlona, mientras se levantaba para dirigirse a la estancia.

    – Tu rostro me es familiar – dijo Hideto-kun mientras me observaba detenidamente –. Sé que te he visto en algún lado.

    – Lo has visto… – afirmó Junichi mientras sacaba un largo rollo de papel de armario – Es el baterista de Zi:Kill…

La expresión de Hideto-kun cambió drásticamente a una de sorpresa.

    – ¡Eeehhh! ¿¡Baterista!? ¡Por dios! ¡No puedo creer que éste conociendo en persona a alguien que solo había visto en la televisión y en revistas!

    No debo mencionar que me sentía completamente apenado, pocas veces había sido elogiado por otras personas.

    – ¿Qué te hizo venir a Osaka? Eres una estrella de rock, deberías estar viajando por el mundo con todo el dinero tienes…

    – Pues…. Yo… yo… – mis balbuceos no eran una buena respuesta, como tampoco lo era su afirmación; no era estrella de rock, ni era rico y no estaba viajando por el mundo, solo era un desempleado más que intentaba no parecer un fraude.

    – Lo invité a que pasar el año nuevo con nosotros – Junichi salía a mi rescate –. Somos amigos desde los trece años, así que deja de hacer preguntas incomodas, Hi-chan.

    – Me apetece un poco de privacidad, eso es todo – afirmé tímidamente. Hideto-kun enarcó las cejas incrédulo.

    – Bueno, el hecho de querer pasar el año nuevo en este humilde cuchitril deja ver lo desesperado que estas por tener esa privacidad.

    – Un comentario más como ese y te iras a dormir a las bancas del parque, Hideto – le regaño Junichi con expresión seria, mientras Hideto-kun se cruzaba de brazos y hacía un puchero –. Yuki, quiero que veas nuestro poster promocional…  

    Mi amigo desenrolló el papel que había sacado momentos atrás y lo extendió sobre la mesita. Aquel poster mostraba una foto en blanco y negro de la banda. Del lado derecho se encontraba Junichi vestido de negro y con un peinado del tipo de Robert Smith. Frente a él estaba Hideto, con el cabello suelto y también vestido de negro; con el rostro ligeramente de lado miraba a la cámara con una expresión melancólica. ¡Qué tierno se veía!

Del lado derecho de la fotografía se encontraba un chico cuya expresión se me antojaba carismática, vestía una chaqueta negra de cuero y su larga cabellera estaba peinada completamente de lado. El último integrante de la banda se encontraba detrás de él, peinado con una diadema oscura y vestido con ropas algo femeninas para mi gusto.

    – Él es Tsuki… –indicó Junichi, refriéndose al chico de la chaqueta de cuero –. Oficialmente es nuestro vocalista, pero enfermó de la garganta y ayer, ¡justamente ayer! , amaneció afónico, nos llevamos un susto de muerte...

Eso sí que era mala suerte. 

    – ¿Y qué hicieron? – pregunté, y fue Hideto quien respondió con cierto desánimo:

    – Ya que ninguno de mis soperutanos compañeros tuvo las suficientes agallas, tuve que reemplazarlo yo. No fue divertido.

Solté una risita. ¿Soperutanos?

    – No entiendo porque te desagrada tanto, Hi-chan – dijo Junichi –.Tienes una voz increíble…

    – ¡Chau chau chau! No me gusta porque es aburrido, prefiero tocar la guitarra.

    – Pues mas te vale que te acostumbres, cantarás hasta que Tsuki se recupere, pequeño Hi-chan…

   Me dediqué a escuchar su conversación mientras terminaba mi té. Miré de nuevo su cartel promocional, esta vez poniendo especial atención en los diseños que acompañaban la fotografía.

    – ¿Qué significa Jelsarem's Rod? (3) – pregunté curioso. Aquel era un nombre interesante que me hacía pensar en medio oriente.

    – Significa: "La Vara de Jelsarem"– respondió Hideto mientras cepillaba su larga cabellera. Igual que una delicada chica.

¡Es tan lindo! …  mis pensamientos me traicionaban.

    – Hi-chan fue quien propuso ese nombre – agregó Junichi –. Es un nombre místico, ¿nee?

      –  Ya lo creo… ¿y qué es “Jelsarem”?

      – Es el nombre de la capital de Israel…

Nunca me consideré una persona culta, pero supe de inmediato de había un error garrafal en ese nombre.

    – ¿Te refieres a Jerusalén?

Tanto Junichi como Hideto me miraron extrañados.

    – ¿...Qué?

    – La capital de Israel es Jerusalén, no Jelsarem – corregí con cierta timidez. Puede sonar tonto, pero nunca me gusto corregir a las personas por temor a las malas impresiones.

    – Espera, espera… quieres decir que en todos los panfletos que hemos repartido, en las marquesinas y carteles de los clubs, nuestro nombre... ¿ha estado mal escrito? – la sorpresa se asomó en la voz de Hideto, quien se ruborizo a causa de una razonable vergüenza.

    – Temo que si...

    – A todas las personas que me preguntan sobre nuestro nombre siempre les digo lo mismo... ¡Rayos! ¡Debí haber perecido un idiota!

  Junichi soltó una ruidosa carcajada.

    – ¡Solo espera a que Pero y Tsuki se enteren de esto! – dijo él entre risas –. ¡Como siempre tus descuidos nos harán pasar un buen rato, Hi-chan!

  El rostro de Hideto no podía enrojecer más de vergüenza.

    – ¡Cállate Junichi! ¡Ustedes tampoco se dieron cuenta! – exclamó con molestia – ¡Debimos de haber consultado una enciclopedia!

  Las risas no cesaron, y poco a poco el semblante de Hideto fue suavizándose, hasta terminar por reír junto con Junichi.

Contagiado por ese divertido momento, yo también me reí.

Hideto, además de bonito, era muy agradable.

 

****

 

No… Hideto no era agradable ¡Era un encanto! y pude comprobarlo mientras comíamos unos deliciosos okonomiyaki en la famosa zona comercial de Dōtonbori. Junichi nos había llevado a un pequeño restaurante que pertenecía a sus tíos, y en donde también trabajaba.

Mientras preparaban nuestras ordenes, mantenía una interesante conversación con Hideto-kun. Bueno… el llamarlo “conversación” era solo un eufemismo, puesto que apenas había dicho una o dos palabras.

Supe que Hideto-kun era un par de meses menor que yo y que venía de Wakayama, que era hijo único y que trabajaba como diseñador de medio tiempo en una empresa que hacia guantes y cinturones.

    – Sin mencionar que dibuja como todo un artista – agregó Junichi mientras se servía sake (¿de verdad iba a beber alcohol tan temprano?) –. Hi-chan fue quien dibujo el nombre de la banda.

    – Se llama “logotipo”, Jun-chan… – respondió Hideto-kun rodando los ojos.

    – ¡Ha hablado el diseñador!

Me limité a sonreír. Además es talentoso, fantástico en verdad…

    Otra cosa que también era cierta es que no podía quitarle los ojos de encima.

 Cada movimiento de sus manos, cada gesto en su rostro, esos encantadores parpadeos mientras hablaba, todo eso quería disfrutarlo lo más que pudiera.

Jamás tuve problemas en notar y en admirar la belleza de una mujer o de un hombre, sin embargo, para que una persona llamara realmente mi atención, debía ser poseedora de "algo" más que solo belleza. Yoko y Seichii compartían ese "algo" que captó mi completa atención al momento de conocerlos la primera vez.

Hideto-kun también tenía ese "algo" y quería descubrir porque me había cautivado tan profundamente.

Déjate de tonterías Yukihiro, apenas y lo conoces... pensé para mis adentros. Por ahora solo me conformaría con hacer lo que siempre hacia: admirar aquella belleza en silencio.

    – No hablas mucho ¿cierto?

Su pregunta me hizo salir de mis pensamientos.

     –  ¡Eres muy serio! No puedo saber si te estoy aburriendo con mi plática o si ya te cansaste de escucharme...

Nunca olvidaré el puchero que hizo para reprochar mi falta de atención.

     –  Yuki es el típico chico de Tokio: tímido, callado y reservado  –  apunto Junichi  –. Dale unos días para que entre en confianza y veras que pronto bromea contigo, Hi-chan.

    – Gomen, Hideto-kun… – me sentí apenado –. Prometo no ser tan callado de ahora en adelante.

Su rostro se ilumino con una sonrisa.

    – Y por favor Yuki, deja el “kun”, solo llámame Hideto ¿nee?

    – Oye, oye ¿qué es eso de “Yuki”? – interrumpió mi otro amigo con la boca llena (ya que al parecer era el único que estaba disfrutando su comida) –. Muestra un poco de respeto ¡es tu senpai!

    –  ¡No me importa! Me gusta cómo suena “Yuki” y así le llamaré de ahora en adelante…

Una vez más, me limité solo a reír. A mí me gustaba la manera en que decía mi nombre.

 

*****

 

      Pasaban de las dos de la tarde, y lo que siguió después de salir de ese restaurante me hizo sentir como si estuviera en otra vida. Tal vez la reciente calma que sentía, o ese aire bonachón de Osaka o quizás el despreocupado humor de Junichi y Hideto, eran los causantes de ese sentimiento. No podía creer que aquel momento amargo con ZI:Kill había pasado la noche anterior, tenía la sensación de que solo era un recuerdo lejano.

Esto me hizo sentir feliz.

  Mientras Junichi cumplía con una breve jornada de trabajo, Hideto se dedicó a mostrarme tiendas y algunos sitios de interés de Dōtonbori (el corazón de Namba, según sus propias palabras) contándome alguna que otra anécdota personal o perteneciente al barrio. Mientras conversábamos tranquilamente, recorrimos gran parte de la avenida principal de ida y de vuelta con el ancho río a nuestros costados.

Al principio me preocupé de que alguien en la calle pudiera reconocerme, pero seamos honestos, yo no era tan llamativo ni tan popular como lo era Tusk ¿Quién rayos iba a fijarse en mí?

  Ya que Hideto había compartido algunas cosas sobre si mismo, decidí a contarle sobre mí, lo usual cuando comienzas a conocer a alguien. Le conté de donde venía, sobre mis padres y mi hermana, sobre mi trunca carrera en la universidad de comercio la música que me gustaba y sobre mi vida nómada después de salir de casa de mis padres.

Cuando me preguntó acerca de Zi:Kill, solo conté lo necesario, evitando a toda costa hablar sobre la noche anterior, no quería responder preguntas incomodas que me hicieran recordar el asunto, ni mucho menos ponerme en vergüenza ante él.

    – Como podrás ver, soy una persona algo aburrida… – aseguré mientras abría la cajetilla de cigarros que había comprado en la terminal la noche anterior. Nos habíamos sentado en una banca cerca del puente Ebisu, mientras la llegada del atardecer pintaba el cielo de tonos naranja. El tiempo había pasado más rápido de lo que a mí me hubiera gustado.

    – Espero que eso sea un sarcasmo, Yuki – Hideto me miro con seriedad –. Porque si el conocer a dos integrantes de X, grabar un disco exitoso y el viajar a Londres, lo consideras algo aburrido, creo que tienes un problema en la cabeza.

    – Me alegra que hayas entendido mi humor – mentí con un sonrisa, en realidad estaba hablando en serio. Al abrir la cajetilla me coloqué un cigarrillo en la boca y lo encendí.

    – ¿Me compartirás uno? –  preguntó mientras calentaba sus manos con su aliento –. Así nos quitaremos el frío…

Le acerqué la cajetilla y después de que tomara un cigarrillo lo encendí por él. Me dediqué a mirar a mi nuevo amigo mientras disfrutábamos nuestros cigarrillos; Hideto lucía hermoso enfundado en una chaqueta aborregada de cuero y con una expresión friolenta en su rostro. Había sido fácil hablar con él, su personalidad era encantadora (era el primer chico que conocía que tenía unos gustos opuestos, mientras disfrutaba la música de Metallica también gustaba de escuchar a Pete Burns) y si bien no compartíamos muchas cosas en común, quería conocerlo aún más. Quería descubrir ese “algo” en su enigmática persona.

   Los anuncios luminosos en la avenida de Dōtonbori comenzaron a iluminarse, alumbrando las calles y a las personas que caminaban en ellas. El rostro de Hideto se iluminó con las coloridas luces de neón y mientras su mirada permanecía fija en algún punto frente a él, el humo de su cigarrillo daba un toque onírico a ese momento. Basto con mirar dicha escena para sentir un vuelco en mi corazón.

De pronto, Hideto volteo a mirarme y sus labios dibujaron una ligera sonrisa. Desvié la mirada de inmediato, sintiéndome nervioso y sonrojado. Frente a mí, el famoso anuncio del Glico Man (4), con su pose triunfadora, parecía animarme a seguir adelante.

Sonreí.

Sin duda alguna, éste había sido un buen día.

Chapter Text

"Sexual XXXXX!"  de Buck Tick (1987)

 

Parte 1

 

 

    – ¡Hagamos un cover!

    – ¿De quién tienes en mente? Por favor, ahórrate tus gustos afeminados… 

    – ¡Jun-chan, eres un imbécil!

    – y tú eres muy delicado Hi-chan… ¿Qué opinas, Yuki?

 

  Era enero 15 de 1991.

Habían pasado más de dos semanas desde mi llegada a Osaka, semanas en las cuales me había acostumbrado a una pacífica rutina en casa de Junichi y en compañía de Hideto. Ese día nos encontrábamos en una pequeña bodega que Jelsarem´s Rod utilizaba para ensayar, preparándose para una segunda presentación en un club llamado Shinsaibashi Bahamas.

Sentados en círculo en pequeñas sillas de madera, compartía junto con ellos un divertido receso.

    – ¿Me estas preguntando que sí creo que Hideto es muy delicado? – bromear me resulto algo inevitable –. Mmm… ¿crees que se enoje si contesto que si?

Hideto, quien se encontraba sentado a mi lado, me propino un débil manotazo en la pierna ante la risa de todos. Comencé a reírme.

    – ¡Ahora tú también te burlas de mi Yukihiro! – se quejó con falsa molestia.

    – ¡Gomen, gomen, no pude evitarlo!  

    – ¿Ya lo ves, Hi-chan? Te dije que necesitaba unos días para entrar en confianza – afirmó Junichi encendiendo un cigarrillo –. Solo así te das cuenta de la clase de pícaro que es Yuki…

  Después de la celebración de año nuevo, la amistad que había nacido entre Hideto y yo se había vuelto más grande cada día, provocando que nos hiciéramos un poco más cercanos, al grado de compartirle mi situación secreta con Zi:Kill… y al grado de que Junichi comenzara a bromear sobre una relación "sospechosa" entre nosotros; mientras que el pequeño vocalista reaccionaba molesto a sus estúpidas bromas, yo había decidido hacer caso omiso para evitar hacerme ideas erróneas y vergonzosas.  

    – Bueno es suficiente señores, seamos serios – Tsuki el guitarrista, se le veía algo apurado –. Decidamos de una buena vez, debo volver temprano y estudiar para mi examen de mañana.

    – No seas aguafiestas – le interrumpió Pero, el baterista –. No entiendo porque te preocupas si eres un maldito cerebrito…

   Conocer a Tsuki y a Pero fue una situación algo cómica, ya que al momento de reconocerme fue tal su sorpresa y escándalo, que Junichi los amenazó de muerte si alguno de ellos se atrevía a esparcir el chisme por ahí.

    Una palabra sobre Yuki y sus cuerpos tiesos acabaran en el fondo del rio Dōtonbori...  fueron las palabras exactas de Junichi… ¡deja de reírte Hideto! ¡Que eso también va para ti!

   El bombardeo de preguntas por parte de Tsuki y Pero sobre mi vida “de rockero rico y exitoso” no tardó en llegar:

 ¡Yuki-senpai! ¿Qué se siente salir en televisión? ¿Qué se siente tocar en un gran auditorio? ¿Conociste a Yoshiki? ¿Cómo es Inglaterra? ¿Vives en un Penthouse? ¿Has dormido con muchas mujeres? ¡Senpai, di lo que piensas de nuestra música por favor!

   Aquella ingenua admiración me hacía sentir importante, inflando mi ego como un pez fugu… lo cual, irónicamente, era una analogía al temor que sentía de descubrirme como un fraude. Y como el invitado de honor que era durante sus ensayos, pedían mi opinión acerca de su música, sus canciones, su manera de tocar, consejos de cómo ser una mejor banda…

¡Soy experto en esto último! … pensé con sarcasmo.

Quien iba a decir que 10 meses con Zi:Kill me convertirían en todo un personaje.

    – Yuki, dinos de que banda podríamos hacer un cover – pidió Junichi meciéndose en la pequeña silla. Me daba la impresión de que su robusto cuerpo la rompería en cualquier momento –. Nos falta una canción para completar nuestro tracklist. 

 Me quedé pensativo unos momentos, cruzándome de brazos. Las posibilidades eran demasiadas.

    – ¡Vamos Yuki! solo te pedí el nombre de una banda, no la cura para el maldito cáncer...

Los cuatro me miraban expectantes. ¿Acaso tenían tanto interés en mi respuesta?

    – Etto… ¿Qué tal Soft Ballet?

    – Y decías que mis gustos eran afeminados, Jun-chan… – el pequeño vocal me dirigió una mirada burlona. ¿Qué tenía de malo Soft Ballet? ¡Su música era increíble! … de acuerdo, uno de sus integrantes era algo extraño (1) … ¿y qué? Si tan solo pudiera hacer música electrónica como ellos, sería muy feliz.

   Después de discutir varias opciones, al final los cuatro se decidieron por Buck Tick, esa increíble banda, incluso yo tenía el deseo de hacer un cover de una de sus canciones algún día. Sin duda cerrarían su presentación con broche de oro.

    – ¡Además Atsushi Sakurai es genial! – exclamó Hideto con entusiasmo al levantarse de su silla. El receso del ensayo había terminado.

    Y es bastante apuesto… agregué en mi mente con una silenciosa sonrisa.

  Después de dejar atrás el cabello rubio y ese peinado extravagante, el estilo de Atsushi había cambiado para bien. Como el fanboy de closet que soy, su largo cabello negro, sus finas y largas cejas, junto con esa mirada gatuna, no solo me hacía gritar mentalmente como una colegiala, también me hacía pensar en todo lo que me gustaba en una chica o en chico, me hacía pensar… ¿en Hideto?

    ¡No empieces con  tonterías, Yukihiro!

Para distraerme de esos pensamientos alocados comenzaban a invadirme, me dediqué a observar la continuación del ensayo de Jelsarem’s Rod desde mi pequeño asiento.

   Tsuki, un universitario que estaba por terminar una carrera, tocaba nerviosamente los acordes de la canción en turno.

    … Un mal guitarrista, si me preguntan… me comentó Hideto una vez, molesto por el despojo de su lugar como guitarrista. Y no se equivocaba, había algo en la manera de tocar de Tsuki que no era muy agradable.

   Pero, cuya insignia personal era una fea diadema que usó todo el tiempo que lo conocí, tocaba la batería con gran vigor, brindándole a la banda una fuerte base rítmica en la cual apoyarse. Junichi (o “Aoi” para sus seguidores), a quien extrañamente consideraban como el líder, tocaba el bajo con limitada destreza.

   En cuanto a Hideto... vaya... jamás había escuchado a alguien cantar como él, quedando maravillado cuando esa voz suave y masculina cruzó por mis oídos por primera vez, era… como escuchar el sabor de un delicioso chocolate.

    – ¡No, Tsuki! ¡Debes tocar Do menor sostenido! – indicó Hideto al momento de escuchar un acorde erróneo de la guitarra, la música se detuvo –. Estas tocando Re menor ¿Aho chau ka?

    – Los apuntes de tu libreta son un asco ¿Cómo quieres que entienda tu fea letra? – se defendió el guitarrista nervioso – ¡Esto parece una D, no una 

    – ¡Estás leyendo mal! Es C#m (2),es como un Si menor, pero en el cuarto traste…

   Ninguna banda se libraba de los desacuerdos, eso era cierto.

    – Sabes, creo que ya sé porque Hi-chan no ha querido regresar a su casa en Wakayama…

Junichi se había acercado a mi lugar mientras la discusión entre vocal y guitarrista ocurría frente a nosotros.

    – ¿Si? ¿Por qué?

    – ¿De veras no se te ocurre una razón?

   Mire a mi amigo, confundido. Las vacaciones de año nuevo habían terminado la semana pasada, sin embargo Hideto había decidido alargar su estancia en casa de Junichi sin razón aparente; cada mañana se levantaba muy temprano para trasladarse a su trabajo de medio tiempo en Wakayama.

  ¡Qué pereza!

    – La verdad es que no sé porque – respondí moviendo los hombros –. La vez que le pregunte solo me respondió con un "¡himitsu himitsu!"

   Junichi soltó una pequeña risita, dándome pequeñas palmaditas en el hombro. Ese infeliz sabía algo que yo no.

    – Debes ser más observador, te sorprenderías de lo que puedes descubrir, Yuki...

   Dicho lo anterior, mi amigo volvió a su instrumento. ¿Qué diablos había querido decir? Detestaba que no me hablaran claro.

   Cruzándome nuevamente de brazos, seguí observado el ensayo... otro eufemismo para decir que mi atención se centraba solo en Hideto, quien al percatarse de mi mirada me saludo tímidamente con la mano desde su lugar en el micrófono.

Sonreí levemente y le devolví el saludo.

   Me era imposible seguir ocultando el hecho de que Hideto me gustaba mucho.

Los sentimientos que comencé a sentir por él me golpearon violentamente como un tifón, derribando toda sensatez en mi cerebro y llegando hasta el núcleo de mi corazón.

Poco a poco comencé a sentir la necesidad de escuchar su voz en todo momento, de observar su tierno rostro y su sonrisa. Cada vez que podía, me acercaba (más de lo que debía) a su frágil cuerpo solo para poder olfatear el aroma de su cabello, mientras que con pretextos bobos me atrevía a tocar sutilmente su antebrazo y sus manos.

Escucharlo reír me llenaba de vitalidad de pies a cabeza.

Todas sus conversaciones, sus pequeñas manos, el movimiento de sus caderas al caminar, la forma de sus labios... Todo en él me parecía maravilloso. Lo que más me gustaba, era la manera en que decía mi nombre, lo pronunciaba de una manera tan suave y melódica, que me hacía desear atraparlo en mis brazos y besarlo hasta el cansancio.

Si... ese era el efecto que Hideto causaba en mí.

    – Encantador… – suspiré, escuchándolo cantar con gran esmero.

    Por supuesto nunca me atreví a mostrar estos sentimientos cursis frente a él, no quería perder mi dignidad masculina. Había preferido esconder todo ese sentir en un escrupuloso silencio.

Lo más que podía hacer para demostrarle un poco mi afecto era escucharle y bromear con él, además de comprarle alguna que otra chuchería que fuera de su agrado.

   Como casanova, era un maldito asco.

    – ¡Es todo por hoy! – escuché decir a Junichi –. Ya es muy tarde, recojamos todo y larguémonos a descansar…

   Sin embargo, a pesar de que Hideto me había cautivado desde la primera vez que lo conocí, me rehusé a creer que fuese amor a primera vista.

Yo no creía en esas tonterías, era absurdo. 

Amar no es algo que se decida en un abrir y cerrar de ojos, va más allá del gran cariño o el fuerte deseo que uno sienta hacia esa persona especial.

Amar a alguien significa purificarte a ti mismo, que igual que con las 108 campanadas del Joya no Kane (3), solo al purificarnos de todos nuestros errores y todas las cosas malas acumuladas en nosotros, podremos ofrecer un amor limpio y sincero.

Amar es el convertirnos en una mejor persona para ese ser amado.

... o al menos eso me gustaba creer…

 ¡Pero que montón de cursilerías! ... una parte de mi conciencia siempre dejaba claro su punto de vista… por eso nadie te toma en serio, Yukihiro…

 No… lo que sentía por Hideto iba más allá de un absurdo amor a primera vista...

    – Es hora de irnos, Yuki...

No supe en que momento Hideto se había acercado a mi lugar, pero al escuchar su voz y levantar la vista, me di cuenta de que estaba frente a mí, mirándome con ambas manos en su cadera.

     –  Sí, claro… – bostecé perezosamente, y antes de decidirme a levantarme de mi silla, Hideto se sentó de cuclillas muy cerca de mí (4)

    – ¿Irás a vernos tocar la siguiente semana, Yuki?

    – Sabes que si… 

    – ¡Me alegro!

   Y ahí estaba esa bonita sonrisa de dientes chuecos y esa tierna mirada que me miraba desde abajo. Me sonrojé. De haber sido un pez, hace mucho que habría caído estúpidamente en sus redes.

    – ¿Crees… en el amor a primera vista? – la pregunta que salió de sus labios fue repentina y fuera de lugar en ese momento.

   ¡¿Acaso había estado leyendo mis pensamientos?!

Estoy seguro de hice una mueca extraña, pues el pequeño vocal soltó una risita.

    – No, no creo en eso… – respondí vagamente. Me sentía confundido, ¡¿A qué venía esa pregunta?!

    – Es una pena Yuki – dijo él en una sonrisa ladina –. Porque yo si…

¡¿Qué?!

   De pronto, una de sus manos se posó en mi rodilla derecha, acariciándola muy levemente. Nos miramos durante largos segundos, en los cuales su sonrisa se negó a desaparecer. Mi cerebro, como era de esperarse, tuvo un colapso total ante esa caricia.

Tragué saliva.

    – Eres muy lindo… – declaró en un fino susurro, antes de incorporarse y alejarse de ahí tranquilamente. Fue entonces cuando entendí todo.

   No... Yo no creía en el amor a primera vista, sin embargo, había algo en lo que si creía: en la atracción, y yo me sentía completamente atraído por Hideto.

Pude comprobarlo al momento de sentir una pequeña incomodidad que comenzaba a crecer dentro de mi pantalón.

    – Maldición…

Necesito un baño.

 

**

 

   Lunes 21 de enero de 1991, el día de la presentación de Jelsarem’s Rod.

Eran las 3 de la tarde y me encontraba sentado en una banca frente al río Dōtonbori, esperando a que Junichi terminara su trabajo para después reunirnos con la banda en Shinsaibashi. Mientras fumaba un delicioso cigarrillo, me dediqué a pensar en todo lo que había pasado en estas tres últimas semanas.

   La búsqueda de una nueva banda había ido de mal en peor, primero porque las bandas amateur que había visto en clubes musicales estaban necesitadas de bajistas o guitarristas, pero ninguna carecía de baterista; por otro lado, temía ser conocido como el pobre infeliz que había sido expulsado de una de las bandas más exitosas del momento.

La sombra de Zi:Kill atormentaba mis pensamientos, y poco a poco comencé a angustiarme. Me avergonzaba también de ser una molestia para mi amigo Junichi, aunque él no me dijera nada, me sentía un parásito, lo único útil que había hecho por él había sido comprarle despensa para todo un mes cómo forma de agradecimiento.

   Al querer encender otro cigarrillo, me di cuenta que ya no me quedaba ninguno en la cajetilla, otro puntapié a mi mala suerte. Últimamente, los cigarrillos habían sido mis mejores aliados para poder olvidarme de todas las cosas que me preocupaban.

  Y otro asunto que también me quitaba el sueño, era el nuevo trato que tenía con Hideto.

Después de ese extraño incidente al final del ensayo, nuestra relación paso de ser amistosa a una llena de sutiles coqueteos. En algún momento, Hideto se había dado cuenta de lo mucho que provocaba en mí y de lo vulnerable que era ante su encantadora persona.

 ¡Y vaya que gustaba de ponerme en situaciones incomodas!

Imitándome, Hideto comenzó a acercarse a mí, más de lo que debía. Tocaba mis manos y brazos, incluso tocaba mi rostro bajo excusas más aventuradas que las mías.

En medio de nuestras conversaciones, Hideto soltaba comentarios sospechosos y de doble sentido que me descolocaban por completo (el día en que me dijo: "Yuki con esa camiseta se te marcan más los músculos", Junichi estalló en carcajadas que le duraron todo el día).

  En una ocasión me pidió, con fingida inocencia, cepillar su largo y sedoso cabello. Sentados sobre el futón donde él dormía, Hideto se había colocado de espaldas frente a mi… muy cerca de mí. El aroma de su cuerpo, el tacto de mis dedos con su suave cabellera, la vista de su cuello y de sus hombros solo lograron excitarme. Fue una tarea tortuosa, pues lo único que quería en ese momento era tumbarlo sobre el futón y tener sexo bajo las cobijas.

Si… sé lo que mucha gente piensa de mí, pero el hecho de ser un poco introvertido no me convertía en un hombre de piedra.

  Lo deseaba.

Deseaba a Hideto como un ladrón desea las gemas preciosas de una joyería, lo deseaba como un vampiro desea la sangre. Hideto se había convertido en un pequeño akuma, que susurraba en mis pensamientos, seduciendo cada fibra de mi ser.

Pero a pesar de todas esas obvias situaciones, ninguno de los dos dijo una sola palabra acerca de lo que ocurría entre nosotros.

No me atrevía a responder sus acciones porque me costaba creer que de verdad esos coqueteos e indirectas fuesen dirigidos a mí, como mencioné anteriormente ¿quién rayos iba a fijarse en mí?

Además de no querer confesar algo tan vergonzoso, no quería que jugaran con mis sentimientos.

 Era como si la letra de esa desalentadora canción de Buck Tick se estuviese haciendo realidad en mi relación con Hideto, la única diferencia era que él y yo no teníamos un corazón con nuestras iniciales (5).

Pasaba noches enteras perdiendo el sueño y la cabeza, tratando de encontrar una respuesta. ¿Qué debía hacer al respecto?

   De pronto, en medio de mis tribulaciones mentales, alguien detrás de mí tocó mi hombro.

    – ¡Ay por dios! ¡Tú eres el de Zi:Kill! 

   Me volteé de inmediato, espantado de que alguien me hubiese reconocido, topándome de frente con un muchacho delgado, de cabello enmarañado y grandes ojeras que caían bajo sus ojos, escondidos sin éxito detrás de unos lentes de grueso armazón; que vestido con una larga chaqueta color rosa brillante sobre un blusón negro con motas blancas y holanes en las mangas, le hacía tener un aspecto… algo extravagante.

¡Demonios! que horrible manera de vestir...

    – No quise asustarte lo siento… – se disculpó con un ademán de manos –. Mi nombre es Ogawa Tetsuya ¡mucho gusto! 

   Su peculiar saludo llamo la atención de todas las personas que pasaban por ahí.

¿Por qué la gente de Osaka tenía que ser tan escandalosa?

Intentando cubrir mi rostro con la palma de la mano, debatí mentalmente si debía responder su saludo o huir del lugar rápidamente.

    – Awaji Yukihiro, un gusto – al final me fue imposible ser mal educado.

   El temor a ser reconocido se debía a la vergüenza de tener que dar explicaciones sobre mi despido y más que nada, quedar en ridículo; cuando Zi:Kill anunciara su regreso con un nuevo baterista sería mi ruina.  

    – ¡Guarda silencio Tetsuya! ¿Acaso no ves que él no quiere que nadie lo reconozca? – a su lado, un chico de expresión cansada y cuyos largos cabellos cubrían parte de su rostro le regañó en voz baja –. Senpai, disculpa a mi amigo, es un imprudente. Soy Hiro, por cierto…

Miré a ambos chicos, Hiro vestía una modesta y cómoda ropa deportiva, todo lo contrario a su amigo.

    – ¿De casualidad conoces a algún vocalista que esté disponible? – aquella pregunta abrupta y directa salió de los labios del chico llamado Tetsuya. Su amigo le miro con enfado.

    – Deja de preguntar lo mismo a toda persona que conozcas ¡das vergüenza ajena!   

    – Estoy seguro de que Yukihiro-senpai conoce a muchas personas, tal vez él pueda ayudarnos...

No pude evitar soltar una risita. ¿En qué clase de extraña situación me había metido ahora? ¿Quiénes eran y que querían estos dos chicos extraños?

    – ¿Buscan vocalista para su banda? – pregunté con fingido interés, debí de haber huido cuando tuve oportunidad. 

    – Así es, soy el bajista y líder – respondió Tetsuya orgulloso, cruzándose de brazos –. Hiro es el guitarrista. 

    – ¿Y su baterista?

    – Tenemos la promesa de uno... ¿por qué? ¿Te interesa, Yukihiro-senpai

   Una oferta inesperada. Había estado buscando la oportunidad de unirme a una banda y comenzar de nuevo.

¿Sería posible que la oferta de este chico fuera esa oportunidad que estaba buscando?

    – ¿Pero cómo se te ocurre, Tetsuya? Él ya pertenece a una banda exitosa – el regaño de su compañero Hiro también respondió mi pregunta, recordándome que nadie podía saber de mi situación con Zi:Kill.

Suspiré. ¿Cómo llegaría a formar parte de una nueva banda, si yo mismo quería evitar a toda costa que alguien se enterara de mi despido?

Estoy jodido...

    – Lo siento mucho – me disculpé pensando en todo ese dilema –. Aun así, agradezco tu oferta.

    – Descuida senpai, tenía que intentarlo...

Observé entonces como Tetsuya sacaba un pedazo de papel de su fea chaqueta para escribir algo.

    – Por ahora debemos irnos, entonces… – dijo entregándome aquel papel –. Si conoces a un vocalista que este en busca de una banda, por favor avísame, en serio te lo agradeceré mucho, Yukihiro-senpai.

    – Por supuesto... – respondí con una sonrisa. Su nombre y número telefónico estaban anotados en dicho papel.

    – ¡Fue un placer conocerte, senpai! – dijo Hiro haciendo una leve reverencia.  

    – No olvides avisarme, por favor – insistió Tetsuya, imitando la reverencia de Hiro –. Porque sabes… tengo el presentimiento de que volveremos a vernos de nuevo…

Ante esta declaración Hiro rodó los ojos, incrédulo. Yo solo sonreí, viendo como ambos muchachos comenzaba a alejarse de donde yo estaba. Entonces recordé que no había preguntado lo más importante:

    – ¿Cómo se llama su banda? – pregunté en voz alta.

    – ¡L’Arc en Ciel! – respondió Tetsuya volteando brevemente y levantando la mano en señal de despedida –. ¡No lo olvides!

L’Arc en Ciel… otro nombre extraño sin duda alguna.

   Años después comprendí que ese día, sin darme cuenta, había tenido un pequeño encuentro con lo que sería una gran parte de mi futuro.

 

¡El mundo es muy pequeño!

 

Chapter Text

Parte 2

 

"Sexual XXXXX!"  cover por Acid Android (2012)

 

 

  – Su música es buena, pero ese tal Tsuki no ayuda mucho ¿Vieron cómo se equivocó varias veces en la guitarra? ¡Qué vergüenza!

  – De no ser por Aoi-san, su música sería fatal…

  – ¡Mentira! Pero es quien le pone actitud a sus canciones.

  – Tal vez sea cierto, pero estoy de seguro de que todos estamos de acuerdo en una cosa…

  – ¿En qué?

  – ¡En que Hide-kun lucía extremadamente lindo! ¡Con esa voz y esa carita angelical!

  – ¡Y cuando imitó el baile Acchan fue muy cómico!

  – ¡Hide-kun es genial!

  Aquel grupo de amigos estaba tan absorto en su plática que ni siquiera repararon en mi cuando se acercaron a la barra del bar del club para ordenar sus bebidas, y  sin querer había escuchado sus diferentes opiniones de la presentación de Jelsarem’s Rod.

  No recordaba cuando había sido la última vez que fui espectador en la presentación de una banda amateur.

 ¡Pero vaya que recordé lo incomodo que era!

A pesar de encontrarme hasta adelante, fui aplastado y manoseado por el mar de gente que se movía violentamente de un lado a otro al ritmo de la música, escuchando los gritos de chicas y chicos pidiendo una imposible atención a su integrante favorito, siendo Hideto el más popular entre todos.

Jelsarem’s Rod procuraba tomar muy enserio su papel arriba del escenario, unificando no solo sus ropas oscuras o sus peinados, sino también el sonido de sus instrumentos y la voz cantada del pequeño vocal.

  Mientras Pero mostraba un rostro enérgico al tocar la batería, Junichi sonreía ampliamente, manifestando lo mucho que disfrutaba tocar su enorme bajo; Tsuki quien varias veces se equivocó al tocar los acordes de guitarra, intentaba con gran esfuerzo mantener un porte serio y relajado.

Y Hideto… de nuevo Hideto… era quien destacaba entre sus compañeros como una estrella brillante. Moviéndose a lo largo del escenario, danzando al ritmo de la música que habían creado como banda, expresando con su poderosa voz la letra de las canciones en turno.

Era él quien hablaba con el público, haciendo bromas o contando minúsculas anécdotas, siempre mostrando una faceta tierna que provocaba sonrojos y risas afectuosas entre los espectadores.

Entre ellos estaba yo, y estaba fascinado de escucharlo cantar.

  Antes de terminar su actuación, la banda interpretó “Sexual xxxxx!”, el cover de Buck Tick que habían preparado en los ensayos. Para eso, Hideto vistió una chaqueta negra con unas figuras de color rojo estampadas en el lado derecho, mientras que en el izquierdo sobresalía un pañuelo también rojo, claramente haciendo una referencia al vestuario que Sakurai usó en su video promocional.

¡Incluso trató de imitar ese extraño baile que hace al principio del video! (1)

¡Dios, es demasiada ternura para una noche!

Y la canción…

 

¡Compláceme! ¡Aha! ¡Relaciones sexuales!

 

  Este mensaje pícaro que se ocultaba entre los armoniosos y alegres acordes era completamente directo, no solo incitaba al sexo, sino también incitaba a disfrutarlo a sobre manera con esa persona especial.

 

Solo preocúpate de cerrar tus ojos,

Susurrando ¡Te quiero!

Solo me preocuparé en cerrar mis ojos,

¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Oh!

¡Oh querida!

 

  Y el hecho de escuchar a Hideto cantar aquella atrevida letra, hacía que mi imaginación volara hasta el espacio, creando elaborados y eróticos escenarios en donde Hideto y yo éramos los protagonistas, culminando por fin esa incomoda tensión sexual que atormentaba todos mis sentidos.

¡Qué imaginación la mía!

Ni siquiera estaba seguro de algo así podría suceder alguna vez.

  Cuando terminó la canción, los integrantes de Jelsarem’s Rod se despidieron del público con leves reverencias, mientras eran aclamados por las sonoras palmas de los espectadores del club; el pequeño vocal lanzaba pequeños besos de manera juguetona, dándose a querer por todo el público.

 Y fue ese pequeño momento que me hizo pensar en una muy posible realidad: Hideto jamás podía fijarse en mí.

Ni en un millón de años…

 

*

 

  Al terminar la presentación, me senté en la barra del bar del club a esperar a que los chicos salieran de su camerino y beber con ellos una cerveza para celebrar.

Rayos... nunca terminaba por acostumbrarme a lugares como ese.

  La tenue iluminación del club brillaba al ritmo de la música que retumbaba en mis oídos. Pequeños grupos de jóvenes reunidos en mesas que rodeaban una enorme pista de baile disfrutaban de una noche de diversión conversando escandalosamente, bromeando y bebiendo. Dicha pista de baile estaba a reventar, las personas que ahí se encontraban formaban una densa masa viviente que se movía al ritmo de la música. Estaba seguro de que ni con el mejor de los intentos sería posible pasar a través de toda esa multitud.

A mi lado izquierdo, un hombre intentaba hacer que su acompañante femenina bebiera más de lo debido, ocultando sus malas intenciones detrás de sonrisas amables. Más adelante, un hombre bebía su cerveza en completa soledad, mientras que al final de la barra una pareja conversaba amenamente con el barman.

  ¡Cuántos escenarios bohemios podía uno encontrar en un lugar como ese!

Y para contribuir con mi granito de arena a dicha atmosfera, decidí encender mi séptimo (no, octavo) cigarrillo del día.

Quien sea que haya inventado los cigarrillos, merece un maldito premio Nobel…

  – ¡Hey Yuki! – a pesar del ruido, pude escuchar que alguien me llamaba. Después de buscar un rostro familiar durante varios segundo, logré ver a Junichi acompañado de Tsuki y Pero, abriéndose camino entre la gente.

¿…Y Hideto?

  Cuando llegaron a donde yo estaba, me percaté de lo diferente que se veían los tres sin maquillaje y esos peinados extravagantes. Junichi entonces se dejó caer pesadamente en asiento que estaba a mi derecha, y a continuación pidió al barman cuatro cervezas.

  – ¡Ah! No sé si me estoy haciendo viejo o solo me estoy amargando – comenzó a decir con desgano –. Pero creo que ya no soporto estar rodeado de gente y de ruido tanto tiempo…

  – La amargura es una cualidad de la vejez, Jun-chan, acéptate tal como eres –replicó Pero, una sonrisa socarrona se dibujó en su rostro.

Tsuki se sentó a mi lado derecho, fumando un cigarrillo de una manera algo femenina. La expresión seria de su rostro denotaba la profunda vergüenza que seguramente sentía de su actuación en el escenario, tal vez esperaba que nadie mencionara nada al respecto.

  – ¿Y dónde está Hideto? – le pregunté intentando sonar casual y despreocupado.

  – Decidió quedarse a tomar una ducha en los camerinos – respondió moviendo los hombros –. Me da la impresión de que saldrá con alguien…

Algo muy parecido a los celos comenzó a formarse en mi cabeza.

¿Una cita? ¡¿Con quién?!

  – No pongas esa cara, Yuki – dijo Junichi –. Haré que Hi-chan tome una cerveza con nosotros antes de que se lance a los brazos de su cita.

Miré a mi amigo con cierto disgusto, quien solo atinó a sonreír burlonamente. Ese miserable no dejaba bromear jamás.

  – Pues solo serán ustedes tres esta noche… – interrumpió Pero –. Tsuki y yo tenemos que irnos.

  – ¡¿Cómo que se van?! – Junichi los miro con recelo – ¡¿Qué hay de nuestra celebración?!  

  – Mañana temprano debo presentar un proyecto en clase – se excusó Tsuki –. Si bebo demasiado, lo único que querré hacer mañana será tener mi cabeza dentro de un asqueroso inodoro.

Me reí de solo imaginar tan desagradable escena.

  – ¿Y qué pretexto me darás tú? – esta vez Junichi se dirigió al baterista.

  – Los padres de mi novia están de viaje y tendrá la casa para ella sola, figúratelo…

Discutir no tenía cabida ante un argumento como ese.

  – Saldremos a embriagarnos con provecho el viernes, es una promesa, Jun-chan – dijo Tsuki –.  Además, mañana debemos regresar por nuestros instrumentos.

Junichi suspiró resignado, al parecer mi amigo estaba ansioso por disfrutar una gloriosa noche de copas.  

  – Al menos compartan un trago con nosotros antes de que se vayan.

Los cuatro tomamos nuestras respectivas cervezas y las hicimos chocar entre sí animosamente.

  – ¡Kanpai! – exclamamos al unísono; segundos después quedé atónito al ver como los tres bebían todo el contenido de la botella de un solo trago.

¡El trago sí que fue literal!… pensé divertido… estas personas de Osaka…   

  Después de felicitarlos por su buen trabajo y agradecerles la invitación a su presentación, Junichi y yo los vimos perderse entre la multitud.

   Ambos nos quedamos un momento mirando en silencio el panorama que ofrecía la pista de baile. Al parecer el dj gozaba de un buen humor, ya que ofrecía a las personas una amplia variedad de música, tanto nacional como extranjera, en la pista de baile; canciones que iban desde éxitos del momento hasta clásicos de años atrás. 

En ese momento, las personas se movían al ritmo de una canción de Tatsoru Yamashita, realizando pasos y movimientos que probablemente jamás podría hacer gracias a mi nula capacidad de baile. Era cierto que podía seguir el ritmo en la batería, pero como bailarín era nefasto.

No exagero.

  Di un trago a la cerveza que tenía en mis manos, riéndome silenciosamente de mis pensamientos.

  – Y bueno, Yuki ¿cuándo será el día en le digas a Hi-chan lo que sientes por él?

La pregunta de Junichi me hizo escupir el trago de cerveza que acababa de tomar. Las personas a nuestro alrededor me miraron con cierto asco.

  – ¡¿Pero qué cosas estas diciendo?! – contesté alarmado, limpiándome los labios con la manga de mi chaqueta.

  – ¡Ay no te hagas el loco Yukihiro! Le lanzas unas miradas tan intensas al pequeño Hi-chan que prácticamente te lo comes con la mirada.

Torcí la boca en señal de preocupación. Junichi me había descubierto ¿Acaso era demasiado obvio?

  – ¿Y qué te hace pensar que siento algo por él? – probé, intentando sonar lo menos sospechoso posible, pero Junichi siempre tuvo esa extraordinaria capacidad para ver en el interior de las personas.

  – Pues eres demasiado obvio, Yuki – respondió, como si hubiera leído mi mente –. Le hablas de una manera sumamente tierna, sin mencionar que sonríes como idiota cada vez que lo ves pasar…

Carraspeé un poco, visiblemente apenado.

  – Siempre están juntos y si él te necesita acudes a su llamado de inmediato – continuó diciendo – ¡Incluso consientes sus caprichos comprándole cualquier cosa que se le antoje!

Carraspeé de nuevo, esta vez más ruidosamente. Mi amigo parecía divertirse en grande con todas las verdades que estaba soltando.

  – ¡Además se ve a leguas que estas impaciente por ponerle las manos encima!

  – ¡¿Qué…?!

  – Tu sabes, no puedes esperar a tocar su...

  – ¡Cierra la boca, Junichi!

Me fue imposible no comenzar a reír sobre lo que acababa de escuchar. Todo era cierto y no había manera alguna de negarlo, y menos ante mi querido amigo.

  – Supongo que no puedo engañarte ¿nee? – comenté tímidamente, rascándome la cabeza.

  – Supones bien Yuki, a mí no se me escapa nada – me guiñó un ojo –. Por ejemplo, solo mira como vienes vestido...

  Miré abajo instintivamente. Había decidido vestir unos pantalones y zapatos de vestir, ambos de color negro, que hacían juego con una camisa color guinda que llegué a usar en un concierto de Zi:Kill (2); sobre está llevaba puesta una chaqueta de cuero negro, además de atar una pañoleta sobre mi frente (quizás muy a la “Tusk”, pero al mirarme al espejo había quedado muy complacido con mi aspecto).

Le lancé una mirada de completa confusión a mi amigo, quien rodó lo ojos.

  – ¡Vienes muy elegante! – exclamó como si fuera lo más obvio del mundo – ¿Qué persona en su sano juicio viste de manera elegante para ver a una banda amateur en un club musical común y corriente?

Fruncí el entrecejo.

  – ¿Y qué tiene que ver mi ropa con todo esto? – pregunté extrañado. Junichi pidió una segunda cerveza y al tenerla en sus manos le dio otro enorme trago.

  – Es como si te hubieras preparado para una cita, dime ¿acaso planeabas llevar al pequeño Hi-chan a cenar o algo parecido?

  – ¡Claro que no!

  – Tal vez inconscientemente si querías y por eso te vestiste tan formal, Yuki…

  – ¡Deja ya de molestarme!

  – ¡Pero que delicado! – se burló mi amigo, a continuación me barrió con la mirada –. Dios… solo te falta un ramo de flores….

  Me sonrojé violentamente, avergonzado. Lo peor de todo era, que en serio había considerado en comprar un ramo de flores para el pequeño vocalista y entregárselo a modo de felicitación; idea que deseché rápidamente al darme cuenta que sería una acción ridículamente afeminada y cursi.

¡Los hombres no se regalan flores entre sí, Yukihiro! ¡De ningún modo! ¡Nunca! ¡Jamás!  

  Me pasé la mano por el cabello, dando gracias a todos los cielos de que Junichi no viera mis sonrojos tontos a causa de la poca iluminación en el club.  

  – De cualquier manera, Yuki – dijo mi amigo sacando su cajetilla de cigarrillos de la bolsa de su pantalón –. Pienso… que tú también le gustas.

Aun en medio del sofocante escándalo, pude escuchar con claramente las palabras de mi amigo.

Y siendo sinceros, no me lo esperaba. Ni tampoco podía creerlo.

En absoluto.

  – Vamos, no digas tonterías, Junichi – dije, de pronto sintiéndome molesto. No quería que se burlaran de mis sentimientos.

Mi amigo chasqueó la lengua, incrédulo.

  – De ser así, no se le vería tan feliz contigo ¡Piensa! Hi-chan no se ha ido de mi casa porque tú estás ahí.

  – Eso no tiene nada que ver, Hideto no se fijaría en alguien como yo…

  Era imposible de que una persona como Hideto, que había sido diseñado para sobresalir en donde sea que se encontrara, se fijara en un ser monótono y poco atractivo como yo. Vamos, ni siquiera maquillado me veía bien.

Este hecho me desanimaba un poco, pero era la verdad ¿Qué podía hacer yo al respecto?

Junichi negó con la cabeza, dándome palmaditas en los hombros en señal de desaprobación

  – Bueno, cree lo que quieras, pero yo insisto en que debes decírselo…

  – ¿Decirle “qué” a “quién”?

  El pequeño vocal apareció de repente frente a nosotros, abrazando su chaqueta, y mirándonos de manera seria. ¿Por qué todas sus apariciones eran siempre tan repentinas?

Mi corazón se detuvo un par de segundos ¿Habría escuchado nuestra conversación?

  – Demonios Hi-chan, ¿Por qué tardaste tanto? – Junichi desvió la conversación con gran habilidad – ¡Ninguna mujer se tarda tanto como tú en arreglarse!

  Como única respuesta, Hideto le sacó la lengua, arrugando la nariz con falsa molestia. A continuación volteó a mirarme, y de sus labios salió un inaudible “hola”, el cual respondí con una sonrisa.

  – Tsuki y Pero ya se largaron, pero el viernes nos prometieron una noche de borrachera total – le informó Junichi –. Tsuki también dijo que tendrías una cita ¿es eso cierto?

Ambos lo miramos con gran interés, en especial yo.

  – Es probable – dijo sin más, sacudiendo los hombros –. Aun debo comprobar si la otra persona está interesada en salir conmigo.

Junichi me miró con picardía, como si quisiera darme a entender el mensaje subliminal que se ocultaba en la respuesta del vocal.

Mensaje que no logré ver en ningún momento.

  – En fin, yo también debo irme – anunció Junichi, levantándose de su asiento con gran pesadez.

  – ¿Por qué te vas? – preguntamos Hideto y yo casi al mismo tiempo. ¡Ahora ese infeliz me dejaba solo!

Junichi se empinó el resto de su cerveza y respondió:

  – Estoy cansado y mañana debo trabajar; si planean quedarse hasta muy tarde en este lugar, una llamada no estaría de más ¿de acuerdo? ¡Hona!

 Una despedida fugaz, y después de dejar un par de billetes sobre la barra del bar, se alejó de donde estábamos a paso veloz.

  – ¡Espera! – corrí para alcanzarlo – Eres un miserable ¿Por qué me haces esto?

  – Estoy dándote un rato a solas con él ¡Que mal agradecido! – respondió golpeándome el hombro – ¡Es tu oportunidad de decirle lo que sientes!

  – ¿Acaso no escuchaste? ¡Tendrá una cita! No puedo hacerlo…

Mi amigo rodó los ojos.

  – ¡Pero que cabeza de caracol la tuya! ¿No te das cuenta de que  eres su cita?

Enmudecí ante su respuesta.

¿Sería posible? ¿Hontou?

  – ¡Así que ármate de valor y díselo!

 

**

 

  Yo ya no sabía que pensar. Toda esa conversación sobre la supuesta relación que tenía con el pequeño vocal me tenía agobiado, me sentía como un niño nervioso que no había estudiado para su examen de matemáticas.

Incapaz de creer en mis propias ideas o en las palabras de Junchi, decidí que lo mejor era que las cosas tomaran su curso. Y tal y como había dicho Junichi, no iba a desaprovechar mi momento a solas con él.

¡Qué pase lo que tenga que pasar!

  Cuando regresé a la barra, observé que Hideto se había sentado en el lugar que Junichi había dejado vacío junto a mí. Y después de bromear sobre lo crueles que habían sido todos al abandonarnos, comenzamos a hablar sobre su pequeña presentación y sobre como sobreviví a una masa viviente de personas.

  – ¿Qué fue lo que más te gusto, Yuki? – preguntó un sonriente Hideto después de pedir al barman una cerveza fría.

Es obvio que tú fuiste lo que más me gusto…

  – El cover que hicieron al final – respondí tímidamente –. Es una de mis canciones favoritas ¿sabes?

  – ¡Me alegró que te haya gustado! – exclamó dando un pequeño trago a su bebida –. Y sobre la canción, a mí también me gusta pero, aun no me queda claro algo…

  – ¿Qué cosa?

  – ¿Qué significarán las cinco “x”?

Muy buena pregunta…

  – Supongo que se refieren al grado de deseo que se tiene por una persona, algo así como un deseo sexual a la quinta potencia…

Algo así como lo que yo siento por ti…

  – ¡Entonces debe ser un deseo tremendo! ¿No lo crees?

  Asentí sintiendo un ligero rubor en mis mejillas. No podía creer que estuviéramos hablando de esto, solo evidenciaba más lo que se supone ya era más que obvio. Sobre todo porque mi deseo por Hideto rayaba ya en la quinta potencia.

  – No frecuentas mucho este tipo de lugares ¿verdad? – me pregunto, curioso.

  – No mucho en realidad – respondí, tomando un minúsculo trago de cerveza.  

  La verdad era que no me gustaba gastar mi tiempo en lugares como ese. Es más, ni siquiera me gustaba beber alcohol; podía disfrutar de una o dos cervezas en compañía de amigos, pero la de idea de embriagarme hasta perder la conciencia me daba asco.

Recuerdo que al salir con mis ex-compañeros de Zi:Kill y parte de nuestro staff a celebrar alguna presentación, siempre optaba por escaparme con Seichii a algún hotel y tener sexo hasta el amanecer, sin importar lo mucho que estuviéramos cansados.

  Claro que esto no iba a decírselo a Hideto.

  – Sin embargo, debo decir me alegra pasar un tiempo aquí contigo – concluí, levantando mi cerveza (la cual seguía prácticamente llena) en plan amistoso.

Hideto levanto la suya, respondiendo a mi gesto.

  Mientras bebíamos, me dediqué a observarlo detenidamente. Hideto vestía una camisa holgada, de color.... púrpura o negra… si no mal recuerdo (la iluminación no ayudaba mucho), portaba además varios collares artesanales. Su larga cabellera (la cual había ondulado para la presentación) caía sobre sus hombros, aun lucía un poco húmeda de la ducha que había tomado.

  De pronto, Hideto se percató de que estaba siendo observado y también se dedicó a observarme. Nuestras miradas permanecieron fijas en los ojos del otro, como tratando de encontrar esos universos ocultos en nuestras pupilas.

El fino rostro de Hideto no podía verse más hermoso esa noche, y yo no podía sentirme más atraído.

Deseaba con locura besarlo.

Deseaba quitar esos mechones de pelo que cubrían parte de su rostro y acariciar sus mejillas.

Quería tomar sus pequeñas manos entre las mías, y besarlas también.

Quería decirle tanto…

  – No me mires así, Yuki…– declaró tímidamente, rompiendo el contacto de nuestras miradas.

Lo miré extrañado.

¿Por qué?

  – ¿Yuki, puedo… preguntarte algo?

  – Lo que quieras.

  – Me gustaría… saber qué es lo que pasa por tu mente cuando me miras de esa manera…

Una pregunta que tenía pinta de ser capciosa, una que no sería fácil de responder.

  – Te observo y pienso en lo que podrías estar pensando de mí – respondí con sinceridad. Una de las cosas que me intrigaba era la opinión que el pequeño vocal tuviera de mí –. Por ejemplo, tal vez piensas que estas con una de las personas más aburridas del mundo...

  – ¡Oye no pienso eso!

  – O tal vez piensas que a diferencia de ti soy un tipo feo – mis pequeñas inseguridades físicas salían a flote. ¿Por qué rayos estaba diciéndole eso?

  – Me insultas Yukihiro, en serio... no pienso nada de eso.

  – ¿En qué piensas entonces?

  – ¿De verdad no se te ocurre que podría ser?

Negué con el cabeza, y Hideto frunció los labios.

  – Citaré una frase de una vieja película...  – dijo, y acariciando sus manos con cierto nerviosismo, me miró fijamente – ¿No se te ha ocurrido que tal vez me está resultando difícil no ponerte las manos encima, Yuki?

  No solo había sido una respuesta sorpresiva, había sido una declaración directa, muy directa, y lo peor es que no supe cómo contestar a eso.

¡¿Cómo hacerlo?!

  Pasaron varios minutos en silencio, y al no recibir respuesta de mi parte, el pequeño vocal suspiro y dio otro trago a la cerveza que tenía frente a él.

  – Lo siento Yuki, olvida que te dije eso ¿sí? – pidió en un tono impregnado de decepción, dirigiéndome una mirada dolida.

Su respuesta me cayó como un balde de agua fría, obligándome a entenderlo todo.

  Hideto, de alguna manera, me había expresado sus sentimientos y yo era lo suficientemente estúpido como para dejar que esa oportunidad se me escapara de las manos.

¡¿Pero qué demonios estás haciendo?! ¿Vas a permitir que esto termine así? ¡Deja de ser un idiota y haz algo!

  – Hideto yo, quiero dec -… espera… ¿A dónde vas?

El pequeño vocal se había levantado de su asiento para colocarse la chaqueta.

  – Es tarde, deberíamos regresar a casa… – respondió, visiblemente molesto (¡Demonios, lo había hecho enojar!) – ¿O te quedarás otro rato aquí?

  Sus intenciones de irse eran claras, y eso me asustó mucho. Si Hideto se marchaba sin que yo le dijera algo, lo más probable era que esos sentimientos que compartía conmigo se fueran al demonio.

No podía permitir eso.

  Me di cuenta de que algunas personas a nuestro alrededor nos miraban con curiosidad, fisgoneando en un asunto que no era de su incumbencia. Hideto aún me miraba, impaciente.

  – Ven conmigo – dije, y tomándolo de la mano, nos alejamos de ahí.

Él se dejó llevar sin protesta alguna.

 

***

 

  Al no hallar un lugar más apropiado para seguir nuestra discusión, nos detuvimos en una de las gruesas columnas que se encontraban a un costado de la pista de baile y las cuales sostenía el segundo piso del club.

Nos colocamos del lado contrario a la pista. Hideto se recargo en la columna y, después de mirar a ambos lado para asegurar un poco de privacidad, me paré frente a él.

  – ¿Por qué dijiste eso? – cuestioné inquietó, llevando las manos a los bolsillos del pantalón – ¿Qué es lo que quieres decirme?

El pequeño vocal bufó con indudable molestia, dejándome ver lo estúpidas que eran mis preguntas.

  – ¿Acaso no es obvio, Yukihiro? – respondió ofendido, sin mirarme a los ojos –. Creí que con todo lo que había pasado entre nosotros estos últimos días te darías cuenta, pero ya veo que no es así.

Un segundo balde de agua fría volvió a caer sobre mi cabeza.

Todos los pensamientos y sospechas que había tenido, todas las bromas e indirectas, todo lo que había dicho Junichi al respecto, todo era verdad.

  – Jun-chan tenía razón, eres demasiado distraído como para darte cuenta – afirmó desanimado –. Así que creo que es mejor que me vaya…

  Antes de que Hideto pudiera dar un solo paso, mis brazos lo envolvieron en un sólido abrazo, impidiéndole moverse de su lugar.

  – No te vayas – mi petición había sonado más a una súplica –. No me dejes así, por favor…

  – ¿Qué haces? ¡Suéltame!

¿Por qué cada vez que discutimos con alguien, sentimos la necesidad de alejarnos?

  – No voy a soltarte…

  Mis brazos se aferraron a su cadera, atrayendo su delgado cuerpo al mío. Me estremecí al momento de sentirlo tan cerca, tan pegado a mí. Recargué mi cabeza sobre uno de sus hombros.

Cerré mis ojos, disfrutando de aquel cálido contacto.

Dios… anhelaba tanto hacer esto…

  – Hideto, enserio no era mi intención lastimarte  – murmuré en su oído –. Yo me di cuenta de que algo estaba pasando, pero no estaba seguro de que pensar, no podía saber si solo era un juego.

  – No era un juego – me reprocho el pequeño vocal –. No podría jugar con algo así y menos contigo…

Su respuesta la sentí cálida en mi corazón. Ya no había nada que ocultar. Lo abracé con más fuerza, dispuesto a abrirme con él.

  – Nada me importa mientras tú estés cerca de mí, Hideto

No obtuve respuesta por parte del pequeño vocal, sin embargo sus brazos rodearon mi cuerpo, reforzando nuestro repentino abrazo.

Las palabras no eran necesarias en ese momento.

  En aquel rincón, oscuro y con la música sonando a todo volumen en aquel lugar, permanecimos abrazados largo tiempo. Mi nariz estaba pegada a su cuello, percibiendo el aroma delicioso que emanaba de él.

Entonces me incorporé y nos miramos fijamente. Los ojos de Hideto brillaban como dos grandes gemas, que pedían silenciosamente algo más que solo un simple abrazo. Algo que yo también deseaba.

Ya no había más barreras entre nosotros. 

  Poco a poco nos fuimos acercando, y entonces nuestros labios se unieron en un beso. Sus labios eran suaves y húmedos, los cuales me recibieron gustosos.

Superaba por mucho todas las fantasías que había tenido sobre este momento.

  Sentí como Hideto se abrazaba a mi cuello, dejando escapar pequeños gemidos de placer que eran opacados por el ruido de nuestro alrededor.

  El beso comenzó a escaparse de nuestras manos, el deseo comenzaba a avivarse dentro de nuestros cuerpos.

Al romper el beso, Hideto se acercó y susurro en mi oído:

  – ¿Quieres salir de aquí? –  una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro.

Yo también sonreí, la respuesta era obvia.

 

***

 

  Quince minutos después nos encontrábamos dentro de una habitación de hotel, besándonos con suma desesperación. Ese deseo que fue creciendo con el pasar de los días se había convertido en algo imposible de contener.

Después de varios segundos inmersos en aquel beso, nos separamos para buscar algo de oxígeno. Hideto me sonrió y me llevo hasta la cama tomado de la mano. Entonces lo vi desabrocharse los botones de su camisa con erótica lentitud, mientras que su mirada lasciva estaba fija en mí, siempre tan cautivadora. Cuando por fin termino, Hide lanzo su camisa al suelo, permitiéndome admirar su pecho desnudo.

Tragué saliva.

Sus pequeños y rosados pezones erectos pedían ser tocados por mis dedos. Un gemido silencioso salió de mi boca al solo imaginar su dureza sobre mi lengua.

Asegurándose de que aún seguía observándolo, Hideto comenzó a desabrocharse el pantalón para luego tirar de él y bajarlo con todo y ropa interior.

Suspiré.

Mis ojos intentaron grabar cada centímetro de su cuerpo desnudo. Imaginando el tacto de su piel, el sabor de su cuello y su espalda. La erección que hacia un par de minutos recién despertaba, se endureció de inmediato debajo de mi pantalón. Estaba tan excitado con tan sensual escena que dolía a morir.

  – ¿Que no piensas quitarte la ropa, Yuki? – cuestionó Hideto con una risa coqueta en su rostro. Después de quitarse los zapatos, lo miré sentarse en la orilla de la cama y abrir sus piernas obscenamente. 

Invitándome.

Reaccioné ante dicha imagen y comencé a quitarme la ropa con gran dificultad. Puedo jurar que mis dedos se enredaron en un enorme nudo, impidiéndome hacer uso de ellos. 

Dios... jamás había tenido tantos deseos de acostarme con alguien.

Después de unos tortuosos segundos, logré desprenderme de mi ropa, desde la pañoleta que cubría mi frente hasta mis zapatos, exponiendo mi desnudez ante Hideto.

  – Ven acá... – me llamó, haciendo un ademan con la mano. Obedecí inmediatamente, como embrujado por el deseo.

En el momento en que me detuve frente a él, Hideto acarició mis brazos, besando con delicadeza las venas que sobresalían de ellos. Sus pequeñas manos se pasearon después por mi torso, subiendo hasta mi pecho. Sus caricias eran suaves y delicadas como el toque de una pluma.

  – Me gustas mucho ¿Sabías eso? - susurró de una manera indescriptible.

Fui incapaz de responder. Mi lengua había quedado en una especie de coma y en lo único que podía pensar era en que me estaba cocinando, por dentro y por fuera.

  La razón comenzó a escaparse de mis manos en cuanto el pequeño vocal comenzó a besar mi estómago, y al bajar por mi vientre traté (en vano) de contener un ruidoso gemido.

Dios, voy a enloquecer...

Sin embargo, al ver sus intenciones de ir más abajo, lo detuve gentilmente, tomando su fino rostro en mis manos.

  – Espera no… no lo hagas... – la voz me salió en un alterado suspiro.

  – ¿No...?

  – No...

Al menos no esta vez...

La mirada que me dirigió Hideto desde abajo, no era para nada tierna, era profunda y seductora, tan sexual a la quinta potencia.

  – Recuéstate, Hideto... – pedí sonrojado.

El pequeño vocal obedeció sin chistar, acomodándose en la cama, a continuación trepé a ella y me posicione sobre él. Un poderoso rayo de absoluto placer a travesó mi espina dorsal con solo sentir su piel desnuda contra la mía. Quité unos rebeldes mechones de cabello que me impedían ver su rostro.

Y sin perder más el tiempo, comencé a besar su cuello y sus hombros con moderada desesperación, mientras que mis manos tocaron toda piel que estuvo a mi alcance.

  Hideto gemía extasiado, pidiendo más y más de mí. Cuando mi boca bajo a su pecho, mis manos y mi lengua acariciaron sus pequeños pezones, aquellos esos gemidos celestiales aumentaron en volumen, logrando alimentar más el deseo que tenía por poseer al pequeño vocal. Mis manos se pasearon después por sus piernas que estaban a mis costados, tan suaves como la seda. Comencé a frotarme contra su cuerpo sintiendo, no solo nuestras impacientes erecciones, también nuestra piel desnuda, cálida y cubierta en sudor.

Nuestros labios se unieron nuevamente en un profundo beso, donde nuestras lenguas luchaban por imponerse a la una a la otra.

  – Date vuelta... – pedí una vez rompimos el beso, incorporándome. Algo muy dentro de mí adoraba sentirse dominante.

  Hideto volvió a obedecer sin objeción alguna, y sosteniendo su peso con ambos brazos, exponiéndose completamente ante mí. Lo primero que hice al tener su espalda frente a mis ojos, fue recorrer cada rincón con mis dedos, trazando pequeños caminos invisibles.

Me acerqué lo suficiente para que mi entrepierna rozara su cuerpo, mis manos aferrándose y acariciando su pequeño trasero, como un preludio de lo que sucedería muy pronto.

Cerré mis ojos, dejándome llevar el placer, no habíamos empezado siquiera y yo ya estaba listo para perder la razón. Un suave suspiro escapo de los labios de Hideto en el momento en que me incline un poco para masturbarlo con suma lentitud. Un contacto húmedo y caliente.

Sonreí. Tocar a un hombre nunca me había parecido tan excitante en esos momentos.

  Sin embargo, al acercarme para besar la parte trasera de su cuello, el pequeño vocal dejo escapar unas risitas que me desconcertaron por completo.

  – Yuki, Yuki ¡detente por favor! – pidió entre risas. Su espalda se arqueó de manera brusca, mostrándose sensible cada vez que mi boca se acercaba a su cuello –. Hablo en serio ¡detente! 

  – ¿Estas bien? – un dejo de preocupación se asomó en mi pregunta. ¿Acaso estaba haciendo algo mal?

  – ¡Me haces cosquillas!

¡Ehh! Así que eso era...

  – Ah... lo siento – respondí aliviado –. No tenía idea de que fueras tan cosquilludo.

Desde la posición en la que estaba, Hideto volteó a mirarme por encima de su hombro.

  – Pues lo soy, y si me sigues haciendo cosquillas, terminare riendo como una foca epiléptica hasta morirme...

Su comentario me saco una pequeña carcajada.

  Sin previo aviso, Hideto logró deshacerse de mi agarre y se acomodó boca arriba, quedando frente a mí una vez más. Sus brazos se abrazaron a mi cuello, jalándome de manera gentil a su cuerpo.

  – Insisto Yuki, eres tan serio, aun en un momento como este… – dijo, haciendo un puchero – ¿En qué rayos estás pensando?

  – Pienso... en lo mucho que deseaba acostarme contigo – confesé, dando un pequeño beso a su nariz –. Tal vez desde la primera vez que te vi.

  – Entonces no perdamos más tiempo...

En ese preciso momento, el mundo entero había desaparecido por completo, y solo existíamos él y yo.

  A continuación, el pequeño vocal murmuro algo a mi oído, en un tono exquisitamente grave  y sensual. No obstante, el juicio regreso a mi cabeza súbitamente.

Condones.... ¡no había pensado en eso!

  – ¿Tu... tienes? – pregunté alarmado, Hideto parpadeó un par de veces y negó con la cabeza.

¡¿Y ahora qué?!

No era correcto. Sin ellos, simplemente no podía ser.

Me incorporé de nuevo, suspirando con pesadez. El sexo oral y el usar nuestras manos, eran soluciones que no me convencían del todo.

  – Descuida Yuki, esto es un Love hotel, seguro debe de haber condones en la habitación – el intento de Hideto para calmar mis nervios me pareció tierno, pero no logró calmarme en lo absoluto.

Me senté sobre el colchón, bufando de mala gana. Tenía una dolorosa erección entre mis piernas y era incapaz de pensar con claridad.

¡El destino era tan cruel!

No supe cuántas veces me pasé la mano por el cabello, desesperado de que una respuesta cayera milagrosamente del cielo.

  – Nee, Yuki…

Y dicha respuesta llegó más rápido que un relámpago.

Volteé a ver a Hideto, quien sostenía el paquetito de un condón entre sus dedos.

  – Pero ¿de dónde…?

  – En la mesita de noche a lado de la cama, te dije que no te preocuparas…

  – Oh…

¡Gracias a todos los cielos por los Love Hotels!

  El pequeño vocal abrió el paquetito, teniendo especial cuidado para no romper el preservativo. Se acercó a mí.

  – Permíteme…

A continuación, deslizó el condón a lo largo de mi erección con sus manos. Cerré los ojos, gimiendo ruidosamente, de puro y delicioso placer. En cuanto sus manos me soltaron, lo tumbé agresivamente sobre el colchón y me coloqué entre sus piernas. No podía aguantar más.

  – No te preocupes, seré cuidadoso... – aseguré mientras acariciaba sus muslos, decidido a prepararlo –. No es la primera vez que hago esto.

  – Tampoco yo... – respondió él en un susurro, y para demostrarlo tomó una de mis manos, y llevó dos de mis dedos su boca.

  Ahh… romance en la punta de mis dedos…

 

****

 

   La cama crujía al ritmo de nuestros movimientos, el ambiente en la habitación era caliente y estaba impregnado de ese conocido aroma a sexo. Ruidosos y profundos gemidos eran los únicos sonidos que salían de nuestras bocas. Las piernas de Hideto me abrazaban con fuerza por la cintura, invitándome a adentrarme aún más en él, mientras yo me abrazaba a su cuerpo, besando sus labios y su cuello cada vez que me era posible. Sus manos recorrían mi espalda con gran afán, como si quisiera comprobar que la unión entre nuestros cuerpos no era solo un simple sueño.

La canción de "Sexual xxxxx!” se repetía una y otra vez en mi cabeza, una banda sonora muy apropiada para esos momentos.

...ay, por dios....

  – Ahhh... – escuchar esos susurros extasiados me dejaron claro que estaba haciéndolo bien –. N-no te detengas, Yuki…

  – No lo haré… mmh…

  De un momento a otro, aumenté la velocidad y la fuerza de aquel vaivén, todo el placer que se había acumulado en mi vientre comenzaba a ser insoportable. Por pequeños y nublados instantes puede ver como diminutas gotas de sudor caían de mis cabellos, mientras que la cabecera de la cama golpeaba la pared sin piedad alguna. El calor dentro de mi vientre aumentaba más y más, como los acordes de la canción, estaba tan cerca… tan cerca…

tan cerca...

  – ¡Ahhh…!  

  Fue entonces que ambos llegamos a ese anhelado final, convertido en un agudo y delicioso orgasmo; Hideto dejó escapar un sonoro gemido mientras sentía su cálido semen en mi estómago y solo segundos después, eyaculé como jamás creí haberlo hecho jamás. Por unos instantes me arrepentí de aquella barrera de látex que nos separaba por completo.

Ahh… increíble…

No podría olvidar esta sensación

… Nunca…

  Después de que nuestra agitada respiración volviera a la normalidad, nos quedamos quietos durante unos minutos, observándonos, compartiendo esa acogedora intimidad que solo existe entre dos personas después de un encuentro sexual.

  – Estoy feliz – comenté sincero,  no solo por sentirme físicamente satisfecho sino porque Hideto estaba conmigo, porque aun nuestros cuerpos permanecía unidos, y porque dormiría junto a él esa noche.

No podía pedir más.

  – Con esa cara seria, no lo parece – replicó él, soltando una sonora carcajada –. Yuki, eres muy lindo...

Solo atiné a sonreír como estúpido.  

  El sexo era sin duda uno de los placeres más gratificantes que la vida podía ofrecer.

 

*****

 

  A la mañana siguiente (y solo después de escapar de las miradas pervertidas del encargado del Love Hotel) nuestro regreso a casa de Junichi fue más silencioso de lo que esperaba. Ninguno se atrevió a decir ni una sola palabra de lo que había ocurrido la noche anterior.

¿Que podíamos decir?

  Como era de esperarse, la razón no se olvidó de regresar a nuestros cerebros después de haber saciado esa lujuria que cegaba nuestro entendimiento como humo de tabaco.

Cuando esto pasaba, la mayoría de las personas entendía a la perfección que aquello solo se había tratado de sexo casual de una noche; en resumen, no había lugar para sentimientos cursis.

Pero para mí mala suerte, yo no formaba parte de esa mayoría, ya que para mí no había sido solo sexo casual de una noche, y el hecho de desear abrazar o tomar de la mano a Hideto durante nuestro regreso a Namba, delataban aún más mis sentimientos absurdos.

Hideto me gustaba mucho, pero algo me decía que lo sucedido la noche anterior había sido resultado de la emoción, que solo había sido sexo y nada más. Siempre podía ser honesto con él y preguntarle directamente, claro... pero quería evitar a toda costa ponerme en ridículo haciendo una confesión cursi.

Demonios Yukihiro ¡¿Por qué tienes que pensar tanto?!

  – Después de que Junichi nos arranque la cabeza… –  la voz de Hideto me hizo salir de mis tribulaciones mentales. Levanté la vista y me percaté de que habíamos llegado al edificio donde vivía nuestro amigo –. Hay algo que me gustaría preguntarte…

¿Preguntarme?

  – ¿De qué se trata? –  intenté sonar lo más varonil posible, aunque por dentro una muy femenina emoción comenzaba a tomar control de mi cerebro.

Ambos nos detuvimos una vez frente a la puerta del departamento de Junichi. El pequeño vocal se colocó frente a mí y me sonrió.

  –  Me dará algo de pena preguntarte, Yuki...

¿Vergüenza? ¿Acaso sería posible que...?

Es tu oportunidad Yukihiro ¡A la mierda con la timidez!

Estaba decidido.

  –  Pues que coincidencia, yo también tengo algo que decirte...

Me acerqué a él sin dejar de mirarlo, era solo unos centímetros más alto que Hideto, pero eso no evitó que me sintiera alto e imponente ante él. Y justo antes de que nuestros rostros se unieran en un beso, la puerta se abrió bruscamente.

  – ¡¿En dónde demonios estaban!? –  un molesto Junichi salió a recibirnos –. Ni una maldita llamada ¡estaba preocupado!

Me sentí avergonzado, para variar.

Aun si aquello sonaba exagerado, nuestro amigo tenía razón en enojarse, éramos sus invitados pero eso no nos daba el derecho de llegar a su casa a la hora que se nos antojara, como si de un hotel se tratara, y sobre todo porque pidió que le llamáramos.

Pero valió la pena... ¿o no, Yukihiro?

Por supuesto que sí...

  – Por cierto Yuki, alguien vino a verte – me indicó Junichi, una vez termino su regaño y después de ofrecerle disculpas.

  – ¿Quién?

  – Está esperándote en la cocina, y tú pequeño... –  se dirigió a Hideto –. Acompáñame a comprar el desayuno.

  Preguntándome quién demonios podría ser, entré al departamento a toda velocidad.

Seichii, Yoko, mi hermana, aquel chico de nombre Tetsuya... fueron algunas personas que mi mente me ofreció como posibles opciones; las cuales, si lo pensaba bien, eran imposibles.

Al llegar a la cocina me encontré con un muchacho sentado en la mesita de la cocina, observando el poster promocional de Jelsarem's Rod (el mismo que Junichi me mostro el día que llegué) con una taza de té y un plato con meronpan frente a él.

  – ¡¿Shin?!

El aludido levanto la vista, y al verme, se levantó de su asiento y se acercó a mí.

  – ¡Que endemoniado gusto volver a verte Yukihiro!

  Su verdadero nombre era Minoru Kojima, pero gracias a su extraño fanatismo por una banda llamada Boøwy, se bautizó a sí mismo como Shin Murohime (3)

¿Por qué diablos tenía amigos tan extraños?

  Mi amigo era un chico alto, de un perfil duro y masculino, mientras que un semblante ceñudo era su rasgo principal. Todos estos atributos siempre lo hicieron lucir imponente.

Al que igual que con Junichi, conocía a Shin desde la secundaria; los tres éramos inseparables (incluso mi madre llego a bautizarnos cariñosamente como “Los tres mosqueteros”), hasta que Shin regreso a su natal Yokohama para cursar preparatoria.

  Y a diferencia del efusivo abrazo que Junichi me ofreció al recibirme en su casa, Shin solo me dio un fuerte apretón de manos.

  – ¿Qué haces aquí? ¿Y tus capsulas locas? (4) – pregunté, contento de ver a mi amigo. Shin pertenecía a una banda llamada The Mad Capsules Market, que hacía música punk (algo controversial para mi gusto), y la cual había lanzado su primer album en octubre del año pasado.

  – Pues renuncié – respondió haciendo una mueca de desagrado. Me sorprendí enormemente al escucharlo.

  – ¡¿Renunciaste?! ¡¿Pero por qué?!

  – Ya sabes, diferencias creativas y mariconadas de mis ex-compañeros.

  – ¡Que mal!

  – Lo sé, pero tú me conoces Yuki, sabes que yo no tolero mierdas de nadie...

Y vaya que era cierto. Al contrario de Junichi, Shin era alguien serio y poco amigable, y si algo no le parecía no se tentaba el corazón para decirlo; podía llegar incluso a ser hiriente con las más simples palabras.

¡Es una suerte que sea su amigo! ... pensé aliviado.

  – ¿Y eso cuando paso? - pregunté. 

  – Los primeros días de enero – contesto él, haciendo cuentas con sus dedos –. Y  en cuanto cobré mi cheque, regresé a Yokohama a comenzar de nuevo...

No había duda alguna de que éramos amigos, incluso teníamos eso en común.

Aunque seguro que Shin no fue tan dramático como tú...

  – Bueno, al parecer los dos estamos desempleados – declaré mientras me sentaba en el sofá de la estancia de Junichi, el mismo donde dormía todos los días. El futón de Hideto se encontraba perfectamente doblado a mi lado.

  – No por mucho tiempo, Yukihiro – una sonrisa se dibujo en el rostro de Shin.

  – ¿A qué te refieres?

  – Conseguí un empleo para ambos...

Espera... ¡¿Que?!

  – ¿Un empleo? Pero... ¿Cómo? ¿De qué?

  – Al estar en Yokohama, conocí a alguien en un bar y...

  – ¡Eso me suena a una novela erótica! – una tercera voz se hizo presente en la estancia; Junichi entraba con el pequeño vocal detrás de él, ambos con varias bolsas en las manos –. Pero siguenos contando, ¿acaso conociste a tu sugar daddy, Shin-chan?

Como respuesta, un sonriente Shin le levantó el dedo cordial. Junichi era de las pocas personas que lograba hacer reír a Shin a base de bromas estúpidas sin salir herido en el intento. Era como ver a una ardilla enfrentarse con una serpiente venenosa.

Mientras Junichi reía junto con Shin, Hideto se acercó al sofá en donde me encontraba sentado y me mostro las bolsas que cargaba en sus manos.

  – Jun-chan y yo compramos algunas cosas para el desayuno – dijo sonriendo –. ¡Te cocinaré un delicioso Tomagoyaki!

Mentiría si dijera que mi corazón no salto de alegría con lo que acababa de escuchar. Hideto cocinando para mí... era otra fantasía hecha realidad.

Eres de lo peor Yukihiro...

 – Gracias – respondí, sintiendo un ligero rubor en las mejillas. A continuación, después de asegurase que nadie nos veía, se acercó a mí.

 – Y te guste o no Yuki, hoy dormirás conmigo en el futón – me susurro antes de dirigirse a la cocina. Sentí un acelerado saltó bajo el pantalón.

¡¿Cómo rayos no iba a gustarme?!

 – En fin, te decía Yuki... – prosiguió Shin una vez que Junichi lo dejo en paz –. La persona que conocí en el bar planea hacer un cortometraje y estaba en busca de músicos para hacer su banda sonora.

 – ¿Música para un cortometraje?

 – Pero no cualquier música, Yuki… – comentó Shin emocionado – ¡Buscaba personas que hicieran música industrial!

Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, la cual me contagió de inmediato, ambos sonriendo de manera cómplice.

Si... además de ser baterista, también me gustaba (y mucho) hacer música industrial. Y por ases del destino, mi amigo Shin también era un gran amante de éste género.

Mucha gente piensa, que la música industrial es un género extraño, y es precisamente eso lo que más me gustaba. Existían tantas maneras de hacer música experimentando con sonidos eléctricos y metálicos, mezclado con el duro sonido del rock. Me gustaba imaginar que era el tipo música perfecta para una ciudad futurista llena de robots, naves espaciales, androides y…

 …Demonios…

Tusk tenía razón, soy un maldito androide, y este gusto musical solo me delataba descaradamente.

  – ¡Yuki que buenas noticias! – exclamó Junichi contento, junto a él Hideto tenía una expresión de lo que parecía ser sorpresa –. Al fin podrás darle uso a esa música rara.

  – Agradezco que hayas pensado en mí Shin, en serio... – dije sincero, Shin se había tomado la molestia de tomarme en cuenta para trabajar como equipo. El destino había tomado en cuenta mis silenciosos deseos y ahora me estaba ofreciendo una nueva oportunidad para comenzar de nuevo.

    – Ni lo menciones Yuki, que para eso son los amigos – dijo Shin guiñándome un ojo, lo mismo que Junichi me había dicho al llegar a su casa.

Un sentimiento cálido creció en mi pecho, el cual me hacía decir de nuevo: gracias a todos los cielos por amigos como Junichi y Shin.

  – ¿Y cuándo veremos a esa persona?

  – Mañana a las 9 de la mañana...

  Tardé largos segundos en procesar esa respuesta, y cuando lo hice, aquel cálido sentimiento fue reemplazado por nervios que cayeron pesados en mi estómago.

  – ¡¿Ma-mañana?!

  – Si, mañana, así que empaca tus cosas Yukihiro ¡partiremos a Yokohama hoy mismo! – anunció Shin emocionado –. Y solo te digo esto: nunca imaginaras para quien trabajaremos...

   No supe cómo reaccionar. Junichi, quien también se había sorprendido por tan repentina noticia, me miro con una sonrisa en su rostro, sabía que mi búsqueda de un nuevo comienzo había terminado; Hideto también me dirigió una sonrisa, sin embargo logré ver, solo por milésimas de segundos, una expresión de lo que parecía ser.... ¿desilusión?

  Era cierto que esperaba con anhelo escuchar esas palabras, sin embargo, en ese preciso momento... no estaba seguro de querer escucharlas.

 

Chapter Text

 “Abstraction” de Optic Nerve (1991)

 

 

  – Sabes… Jelsarem´s Rod… sé que se terminará pronto...

  – ¡Ehh! ¿Por qué dices eso?

  – Tsuki me confesó que se irá en verano a estudiar al extranjero, y descubrí que Pero está buscando una nueva banda a nuestras espaldas… idiota, como si no me diera cuenta; y Jun-chan… bueno, Jun-chan está más preocupado en cocinar okonomiyakis que en tocar en una banda de rock…

  – Demonios Hideto, lamento mucho escuchar esto, en serio.

  – No importa, supongo que esto tenía que pasar algún día ¿nee?

  – No te preocupes, sé que todo estará bien.

  – Así lo espero…

 

Martes 22 de enero de 1991.

 

  Nos encontrábamos en la estación del Shinkashen de Osaka, esperando el primer tren de la tarde que nos llevaría hasta Yokohama. Junichi, quien había decidido acompañarnos, se había llevado a Shin a comprar unos refrigerios para el camino (una vil excusa para dejarnos solos a Hideto y a mí).

Que gran amigo eres Junichi...

  Nunca me gustaron las despedidas, y ciertamente despedirme de Hideto me ponía irremediablemente triste. Justo al día siguiente después de habernos confesado nuestros sentimientos, debíamos separarnos. 

Maldición, maldición, maldición, maldición…

Sentados en una pulcra banca dentro de los andenes del Shinkashen, Hideto y yo nos encontrábamos lo suficientemente cerca uno del otro, tomados de las manos sin que nadie reparara en ello.

  – En la mañana dijiste que querías decirme algo, Hideto... – comenté, posando mis ojos en él – ¿De qué se trataba?

  El pequeño vocal se sonrojo de repente, evitando a toda costa regresarme la mirada. Mi corazón comenzó a latir fuertemente, a la expectativa de las palabras de Hideto.

¿Acaso… me diría lo que yo estaba pensando?

  – Pues yo... – atinó a decir después de unos segundos en duda –. Quería pregúntate… si… te habría gustado quedarte en mi casa...

  No voy a mentir... había esperado otra clase de confesión, sin embargo, sus palabras se me antojaron cálidas en mi corazón.

  – ¿En tu casa? ¿Contigo? 

  – ¡Por supuesto! De esa manera Jun-chan habría descansado de nosotros…

Suspiré con melancolía de tan solo de imaginar todas las posibles escenas de lo que pudo haber sido el quedarme en su casa.

  – Será para la próxima ¿nee? – concluí, apretando su pequeña mano.

  – Uhm… – asintió él tímidamente, asegurándose de que nadie nos observaba.

Si para un hombre y una mujer era difícil demostrarse sus sentimientos en público, para dos hombres resultaba el doble de complicado. 

  – Tú… también querías decirme algo, Yuki...

  Debatí largos segundos sobre lo que había planeado decir.

En otra situación, me habría sincerado con él y le hubiera confesado mis sentimientos, sin importar lo ridículo qué se escuchara.

Quería decirle lo mucho qué me gustaba y que estaba dispuesto a demostrarle cuanto si me lo permitía. Sin embargo, supe qué no era conveniente.

No en ese momento.

  – ¿Yuki?

  – Junichi me dijo que tu cumpleaños es la siguiente semana – dije –. Así que compre esto para ti...

  De mi mochila de viaje saqué un llavero con la figura del gatito Doraemon, el cual sonreía enormemente. Al verlo en el mostrador de una librería, pensé de inmediato en Hideto. Tomé su pequeña mano en la mía y coloqué el llavero sobre su palma.

Dios… me estoy volviendo tan cursi…

  Observé su bonito rostro iluminarse, una pequeña sonrisa de dientes chuecos se asomó tímidamente, brillando ante mis ojos.

  – Sé qué esto es tremendamente homosexual pero, supe lo mucho que te gusta este personaje y…

No pude terminar mi respuesta. Hideto me había tomado del rostro con ambas manos para besarme con ternura. Al principio dudé en corresponder su beso (¡estábamos en público!) pero el simple hecho de sentir sus labios sobre los míos me hizo mandar todo al diablo.

Además, podía ser la última vez que él y yo compartiéramos un beso. Debía aprovechar esa pequeña oportunidad.

Cuando nos separarnos me abrazó fuertemente.

  – Gracias – agradeció en un susurro, podía sentir su cálido aliento sobre mi cuello –. Y oye, ayer hicimos cosas mucho más homosexuales que esta y no te quejaste…

Solté una risita, abrazándolo con mayor fuerza.

Por unos instantes logré distinguir la canción de “True” de Spandau Ballet entre todo el ruido de la estación. Una canción que daba sonido a nuestra despedida, a nuestros sentimientos, a pesar de que no era una canción de amor en lo absoluto.

Comprendí de inmediato que no quería irme. Que no quería dejar al pequeño Hideto. Y que deseaba enormemente quedarme con él.

Pero no todo se puede en esta vida ¿nee?

  – ¿Vendrás a visitarme alguna vez, Yuki?

  – Claro que sí.

  – ¿Lo prometes?

  – Es un hecho, Hideto...

 

*

 

  D’erlanger… siempre que escuchaba ese nombre se me venía a la cabeza la palabra en inglés Danger, de “peligro”; aunque tiempo después me enteré que significaba (según el mismo Kyo) “tentación indecente” en francés.

Vaya nombre…

Una banda que a pesar de su corto periodo de actividad (desintegrándose solo dos años después de su debut como banda major, meses después del lanzamiento de su segundo álbum) disfrutó de una popularidad y un éxito descomunal.

A pesar de esto, nunca me consideré muy adepto a su música, a diferencia de mi amigo Shin, quien si sentía una gran aprecio por la banda.

  Durante nuestro recorrido en el Shinkashen,  Shin me contó más a detalle sobre su encuentro con el vocalista Kyo a mediados de enero, mientras tomaba una cerveza en un bar de Yokohama. Después de intercambiar unas palabras de confianza, el ex vocalista le había contado sus planes de hacer un cortometraje para su futuro proyecto en solitario, y había resuelto que una extraña música industrial era la más adecuada para acompañar su película, dada la temática.

Sin planes de desperdiciar esa jugosa oportunidad, (y menos con una figura reconocida en el medio musical del momento) Shin le ofreció nuestros talentos musicales para la realización de la banda sonora. Y por razones que no alcanzó a comprender todavía, mi amigo logró convencer al afamado vocalista de concertar una entrevista para mostrarle algo de nuestro trabajo. Kyo le otorgó una semana como límite para concretar dicha entrevista.

  – Semana en la cual estuve buscándote como loco, Yukihiro – se quejó mi amigo cruzándose de brazos –. Te juro que me habría a lanzado de un puente si no lograba encontrarte, y cuando Junichi me dijo que estabas de refugiado con él ¡casi me orino del maldito gusto!

Solté una risita ante su exagerado relato.

  – Cuando le conté a Kyo-san que te conocía, se interesó aún más en entrevistarnos – continuó –. Yuki debes creerme, ambos estábamos destinados a conocerlo…

  – Si claro… y lo único que nos queda por hacer es demostrar que somos aptos para el trabajo – respondí con sarcasmo. –. No entiendo por qué me dijiste que ya teníamos empleo, si apenas vamos a entrevistarnos con él.

  Shin enarcó una ceja, incrédulo.

  – Yuki, te preocupas demasiado; tenemos el talento y la experiencia suficiente para obtener el trabajo, ya lo verás – dijo sonriente –. Además ¿no estábamos esperando una oportunidad como esta? ¡Hay que aprovecharla!

  Mi amigo tenía toda la razón.

Hace un par de años atrás, Shin y yo habíamos comenzado un pequeño proyecto de música industrial y rock electrónico, al cual llamamos Optic Nerve. Llegamos a grabar un par de demos con ayuda de sintetizadores, una mezcladora de sonido, y nuestra ejecución musical con la batería y guitarra.

Sin embargo, dicho proyecto quedó inconcluso, gracias al comienzo de nuestras actividades con nuestras bandas en turno, él con The Mad Capsule Markets y yo con Zi:Kill.

Nuestros demos harían la diferencia entre trabajar con el famoso Kyo de D’erlanger, o el convertirnos en músicos indigentes, pero esta vez, en Yokohama.

Tan dramático como siempre, Yukihiro… me regañé mentalmente… Todo saldrá bien…

  – ¡Hagamos nuestro mejor esfuerzo entonces! – exclamé animoso.

Shin sonrió enormemente, golpeándome en el hombro.

  – ¡Así se habla, Yukihiro!

 

**

 

  Hacía un frío terrible cuando llegamos a Yokohama, al poner un pie fuera de la estación del Shinkashen, el viento gélido golpeo mis mejilla de inmediato, obligándome a buscar rápidamente mi gorro de invierno y una bufanda. Aquél ligero frio de Osaka, al cual me había mal acostumbrado, parecía ahora un lejano recuerdo.

  – ¡Ah! ¡Hogar dulce hogar! – exclamó Shin contento, su humor intacto a pesar del cruento frío –. Me encanta Yokohama ¿a ti no?

  – Temo que el frío es desalentador, Shin – respondí frotándome las manos, las cuales comenzaron a dolerme –. Por favor, dime que tu casa está cerca de aquí.

  – A solo unas calles, sígueme…   

 

  El departamento de Shin estaba asquerosamente desordenado, algo increíble para una persona que apenas tenía un par de muebles y una enorme caja de cartón como armario. El piso y sus pocas posesiones (las cuales estaban regadas por doquier) estaban cubiertas de polvo, mientras que el bote de basura de la cocina estaba a reventar, sin mencionar el olor a humedad que se percibía en el aire.

Era como si su departamento hubiera estado abandonado por muchos años.

  Sin embargo, los únicos objetos que se salvaban de todo ese descuido eran la preciada guitarra de Shin que estaba protegida por un fino estuche color vino, un enorme amplificador y una pequeña caja fuerte (una extraña herencia que le había dejado su abuelo al morir).

Los tres objetos, protegidos bajo una gruesa capa de bolsas de plástico, se encontraban en la estancia, acomodados de tal manera que parecía composición para una fotografía de naturaleza muerta.

  – ¿Recuerdas tu parte de la contraseña? – me preguntó Shin, refiriéndose a la combinación de la caja fuerte.

Asentí.

Por alguna razón infantil, a Shin se le había ocurrido resguardar y nuestros demos en aquella caja fuerte, conservando cada quien la mitad de la combinación para poder abrirla solamente estando los dos presentes. Mientras yo pensaba que aquello no era más que una idea tonta, Shin insistía en que de esa manera ninguno podría aprovecharse del trabajo que ambos habíamos hecho, presentándolo como suyo únicamente.

Bueno, es un amigo honesto…

  Después abrir la caja fuerte y sacar nuestros demos (los cuales eran un par de casettes con los nombres de las canciones escritos a mano) y una pequeña grabadora de voz, Shin me los entregó para que los guardara en mi mochila de viaje.

  – Contigo estarán más seguros – me dijo guiñándome el ojo –. Toma asiento, sacaré el futón para que duermas esta noche.  

  Mientras Shin entraba a buscar dicho futón en otra habitación, me dediqué a mirar alrededor. De verdad que todo estaba sucio, ni siquiera me daban ganas de sentarme en el sofá sospechoso que tenía frente a mí, temeroso de encontrarme con algún insecto.

  – Maldita sea Shin ¿acaso no conoces la escoba y el trapeador? – cuestioné incómodo, pensando que tendría que dormir de pie o en una silla para tener el menor contacto posible con la suciedad –. Este lugar es una pocilga.

  – Cállate Yukihiro, ya suenas como mi mamá – respondió desde la otra habitación–. Ser desordenado es una cualidad esencial de un artista.

  Di un chasquido con la lengua, entonces lo vi regresar con un futón grisáceo en sus manos.

  – Un profesor que tuve solía decir que el ser desordenados solo refleja lo mal que administramos nuestras pertenencias – dije –. En resumen, no eres un artista, eres un cerdo…

Mi amigo soltó una risita ante mi comentario.

  – ¿Oye que esperabas? No tengo tiempo para estar de ama de casa, además estuve buscándote por varios días ¿recuerdas? – me reprochó –. Da gracias a que dormirás bajo techo.

Está bien, lo que decía era cierto. Si logré dormir varias veces en el vil suelo en casas ajenas, podía dormir en un futón polvoriento.

Ni modo…

  – ¿Al menos me dejarás tomar un baño? – dije resignado. Un baño siempre arreglaba todo… aunque estaba seguro que tendría que ducharme de nuevo en la mañana.

  – ¡Claro que sí! Encenderé el calentador y ent-… oh…

  – ¿Qué pasa?

  – Etto... olvidaba que no tengo gas…

  – Uhm… ¿entonces?

  – No te preocupes, un baño de agua fría siempre es bueno para la circulación.

  – ¡Shin, está nevando!

  – ¿Y eso qué?  ¿Temes que se te encoja más de lo que ya lo tienes?

No estaba de humor para comentarios idiotas como ese, y Shin lo comprobó con la mirada asesina que le dirigí como respuesta.

Sin embargo, la gota que verdaderamente derramó el vaso fue el enorme agujero que descubrimos en una esquina del futón, claramente roído por ratones.

  – Ni pienses que voy a dormir ahí… – amenacé disgustado.  

  – ¡De acuerdo ya! ¡Nos quedaremos en un puto hotel!

 

***

 

  Esa noche, después de cenar y tomar un delicioso baño en la habitación de un buen hotel (cortesía de mi fallido anfitrión), me metí bajo las cobijas calientitas de la cama que había elegido, dispuesto a descansar, en tanto Shin tomaba una ducha.

  Todo había sucedido tan rápido y de una manera tan inesperada.

Mientras escuchaba el sonido de la regadera y el ruido de algún programa que había en la televisión, una fugaz melancolía invadió mis pensamientos, la cual se mezcló con los nervios que sentía sobre la entrevista del día siguiente.

 Extrañaba hacer música y extrañaba sentirme parte de una banda. De vedad esperaba que todo saliera bien en la entrevista, de fracasar no sabría qué hacer.

Suspiré. Tal vez Shin tenía razón, y no debía de preocuparme demasiado.

Pero no podía evitarlo.

En momentos así, extrañaba a mi madre, quien seguro me levantaría los ánimos con alentadoras y dulces palabras. Y como era de esperarlo, también extrañaba al pequeño Hideto, quien no salió de mis pensamientos en ningún momento durante el resto de la tarde.

Me preguntaba… ¿Qué estaría haciendo en ese momento? ¿Estaría preocupado por esa futura ruptura de Jelsarem’s Rod? ¿Estaría… pensando en mí? ¿Estaría extrañándome tanto como yo lo extrañaba en ese momento?

Y  te guste o no Yuki, hoy dormirás conmigo en el futón….

  – Maldita sea… – refunfuñé, cubriendo mis ojos con ambas manos. Y pensar que esos momentos podría estar teniendo sexo con él bajo las cobijas, siendo totalmente silenciosos para no despertar a Junichi…  

  – Oye, iré a comprar cigarrillos – las palabras de Shin interrumpieron mis acostumbradas fantasías –. Vi una máquina expendedora afuera del hotel ¿Tú quieres algo?

  – Yo tengo cigarrillos en mi chaqueta, toma los que quieras – le ofrecí, incorporándome un poco para observar a mi amigo colocarse un gorro en su aun mojada cabellera.

Shin hizo una mueca de desagrado.

  – Nah… no me gustan tus cigarrillos mentolados de pasiva, Yukihiro…

  – Imbécil… entonces cómprame un barra de chocolate y una Coca Cola; toma un poco de dinero de la billetera que está en mi chaqueta.

Dicho lo anterior volví a recostarme en la cama, deseoso de fantasear nuevamente con el pequeño vocal.

  – ¿Quién es… Ogawa Tetsuya?

    Incorporándome una segunda vez, observé a Shin quien tenía un pequeño papel en la mano, el papel que aquel extraño chico me había dado el día anterior con su número de teléfono.

En vez de sacar dinero, ese miserable prefirió esculcar entre mis cosas…

  – Es un sujeto que buscaba vocalista para su banda de rock ¡Debiste ver que ropa tan horrible llevaba puesta! – respondí –. Lo conocí ayer, y me dio su número de teléfono por si sabía de un vocalista que estuviera disponible…

 Justo en ese momento, una luz divina iluminó mi cerebro, la misma luz que me había ayudado a pensar aquella noche en la terminal de autobuses en Kawasaki.

Después de que Shin saliera, levanté la bocina del teléfono de la habitación y marqué el número que estaba escrito en aquel papelito. La idea que había cruzado mi mente era entrometida y arriesgada, pero tal vez podría ser de ayuda.

  – ¿Moshi moshi? – respondió una voz al otro lado de la línea.

Bien… Iría directo al grano.

  – ¿Ogawa-san? … soy Awaji Yukihiro, nos conocimos ayer…  solo llamo para decirte que… encontré a tu vocalista…

 

****

 

  A la mañana siguiente, Shin y yo nos encontrábamos en una pequeña oficina rentada en donde se llevaría a cabo la entrevista. Habíamos llegado puntuales… más que puntuales diría yo.

Mientras esperábamos, sentados frente a una elegante mesa de juntas, Shin no paraba de entonar una canción que estaba acabando con mis nervios. Una canción de D’erlanger, para variar…

  – La luna y las memorias solo nos han dejado una calidez en la piel…

  – Shin…

  – La frágil luz de la luna cae sin vida dolorosamente…

  – Shin…

  – ¡Me encanta esta noche, el viento se ha convertido en una melodía! (1)

  – ¡Shin! ¡Ya cállate, maldita sea!

  – ¡Yuki, no seas amargado! Sabes que me gusta mucho esa canción…

  – Llevas cantándola toda la maldita mañana, desde que despertaste ¡pareces un disco rayado!

  – ¡Ash! Está bien, me callaré señor delicado.

  – ¡Gracias!

  – …

  – …

  – ¡¡Rose!! ¡¡La Vie en Rose!!

  – ¡Jódete, Shin!

  Mi amigo se soltó a reír a carcajadas (algo verdaderamente extraño en él), quebrantando por completo la fría atmosfera que envolvía la pequeña oficina. Estábamos a punto de hablar con el ex-vocalista de una de las bandas más populares de Japón y ese imbécil parecía divertirse con simplezas.

Y yo estaba que me comían los nervios por dentro.

  – Yuki, deja de preocuparte ¡estaremos bien! – sonrió –. Te prometo que a final del día estaremos celebrando por este día.

  – Solo quiero un poco de silencio ¿es mucho pedir? – le miré con seriedad –. Seamos realistas Shin, no podemos cantar victoria todavía.

  – Oye si te preocupa quedarte sin casa, despreocúpate, puedes quedarte conmigo...

  – Esa propuesta solo me desanima aún mas ¿sabes? – de no ser por los nervios que rasguñaban mi estómago, me hubiera burlado cruelmente de su oferta.

Mi amigo, quien jugueteaba con el arete que perforaba su oreja izquierda, sonrió y luego me observo detenidamente.

  – Quiero preguntarte dos cosas, primero: ¿el nombre de nuestro proyecto sigue siendo el mismo?

  – Claro que sí, bueno, a menos que tengas un nuevo nombre en mente...

  – ¡Ay no! ¡Qué pereza pensar otro nombre!

  – ¿Para qué preguntas entonces? Demonios… ¿y qué otra cosa me quieres preguntar?

Rascándose el mentón, Shin se quedó pensativo por unos momentos, quizás intentando formular su pregunta de la mejor manera posible.

¿Sería algo malo?

  – Ese chico afeminado amigo de Junichi, quien nos acompañó ayer la estación de tren… – comenzó – ¿Salías con él?

Su pregunta me tomó desprevenido, Shin se refería claramente a Hideto.

  – Por supuesto que no – respondí sincero, aunque muy dentro de mí deseara fervientemente lo contrario –. Nos hicimos amigos en el tiempo que pase allá…

  – ¿En serio? Porque Junichi y yo los vimos de lejos cuando salimos de la tienda de comida, y debo decir que ese beso que compartieron no parece algo que se haga entre amigos…

Mi amigo me dedico una mueca picarona, dejándome mudo por la sorpresa ¡Nos había visto!

  Sin embargo, antes de enfrentarme a un morboso interrogatorio por parte de Shin, la puerta de la oficina se abrió de pronto. Ambos nos tensamos, expectantes a las personas que estaban por entrar a la oficina.

  – ¡Ohayou gozaimasu! – saludó un hombre de barba y cabello largo,  enfundado en un abrigo de invierno –. Ustedes disculparan la tardanza, la nieve hace que conducir sea una tarea difícil.

  – No se preocupe – sin tener idea de quien era esa persona, Shin y yo respondimos casi al mismo tiempo, poniéndonos de pie.

  – Mi nombre es Oishi Masahiro, soy productor musical de Danger Crue Records. Y ella es mi secretaria, Yamaguchi-san…

Detrás de él entró una mujer joven, también vestida con ropas de invierno y con varios papeles en las manos, ofreciéndonos una tímida referencia como saludo.

  La tercera y última persona que entró por la puerta era un hombre de mayor estura y bastante delgado. La expresión de su rostro alargado reflejaba una actitud altanera y engreída, dejando en claro su autoridad como músico famoso; su largo cabello color rubio falso caía lánguidamente sobre sus hombros y cuyas raíces negras sobresalían de la pañoleta que adornaba su frente.

  No había duda alguna de que nos encontramos frente a Kyo, el reconocido ex vocalista de D'erlanger.

  – Buenos días – saludó, y cuando su mirada se cruzó con la de Shin, sonrío ampliamente  – ¡Murohime-san, que gusto volver a verte!

  – Lo mismo digo – respondió emocionado mi amigo, saludando de mano al vocalista –.Y como lo prometí, encontré al “amigo” de quien te contaba…

A continuación, los ojos castaños del alto vocal se dedicaron a observarme.

  – Awaji Yukihiro, es un placer – me presenté rápidamente, haciendo una pequeña reverencia. El vocalista volvió a sonreír.   

  – Isono Hiroshi, pero todo el mundo me llama Kyo, como bien sabes – respondió, ofreciéndome su mano –. Y el placer es mío, tenía muchas ganas de conocerte Yukihiro-san.

  Al momento de estrechar nuestras manos, no solo me percate de lo fría y gruesa que era su mano, también logré percatarme de la ligera caricia que su dedo pulgar hizo sobre mi piel. Un gesto que me pareció extraño, pero que al final le resté importancia.

  Después de compartir nuestras diferentes opiniones sobre el clima y algunos datos personales, los cinco nos acomodamos en las sillas de la elegante mesa, Shin y yo de un lado y Kyo, Oishi-san y la joven secretaria del otro.

  – Ya que yo estoy a cargo de la producción del proyecto de Kyo-san, también estoy interesado en escuchar parte de su trabajo – comentó el productor –. Requerimos dos muestras, así que adelante, escuchamos…

Shin y yo nos volteamos a ver, la hora de la verdad había llegado.

  Con las manos frías y sudorosas a causa de los nervios, coloqué sobre la mesa nuestra pequeña grabadora de mano (la cual contenía nuestro demo) y después de oprimir el botón de “reproducir”, la música comenzó.

  Nuestro primer demo“Yumemiru toki wa itsumo”, tenía un sonido duro y bastante movido, habíamos logrado una armonía metálica al combinar la agresividad de Shin al tocar la guitarra y mi rigurosa agilidad para tocar la batería. Además de utilizar voces pregrabadas y toscos efectos hechos con sintetizadores, Shin y yo cantábamos un par de estrofas que, gracias a la baja calidad de grabación, eran prácticamente incomprensibles. Mientras que la segunda pista, llamada “Abstraction” (2) (mi favorita de todas) tenía un sonido un poco más moderado y más electrónico… bueno, algo parecido.

Shin y yo habíamos tratado de abstraer nuestro propio sonido, dándole forma y color, era nuestra esencia misma manifestándose en esa música industrializada que invadía cada rincón de la pequeña oficina donde nos encontrábamos.

¡Ahora me siento como todo un artista! … pensé divertido.

  Durante todo el tiempo que duraron estas dos pistas, las tres personas frente a nosotros se mantuvieron en silencio, escuchando con atención, tal vez tratando de entender la música… o quizás daban por hecho que era una música demasiado extraña.

Cuando la música termino, la cinta se detuvo, y la oficina se quedó en absoluto silencio durante largos momentos. Shin y yo nos miramos nuevamente, expectantes a los comentarios que sin duda vendrían

  – Muy interesante… – comentó Oishi, acariciando su barbilla –. ¿Qué opina usted, Yamaguchi-san?

  – Son canciones curiosas… – respondió con timidez la joven secretaria.

  – Me gustan – respondió Kyo, quien se encontraba cruzados de brazos, observándome. Al ser él el más interesado en nuestro trabajo, suspiré aliviado ante su respuesta positiva.

Pero esto aún no terminaba.

  – ¿Tiene nombre su proyecto en conjunto? – cuestionó Oishi.

  – Decidimos llamarnos Optic Nerve – respondió Shin –. Aunque solo llegamos a grabar demos, pues en ese tiempo comenzamos a trabajar con nuestras respectivas ex bandas.

  – ¿Cuántos demos grabaron?

  – Solo seis…

Oishi se inclinó hacia su secretaría, pidiéndole que hiciera algunas anotaciones.

  – “Nervio óptico”… ¿Hay alguna razón por la cual decidieron llamarse así? – pregunto Kyo, y esta vez yo respondí:

  – Creemos que nuestra música, sin necesidad de letras, puede crear imágenes en la mente de quienes nos escuchan, y sus oídos se convierten en ese nervio óptico que les permite disfrutar de dichas imágenes…

El vocalista, cuya intensa mirada seguía fija en mi (y la cual comenzaba a ser algo incomoda) sonrió ladinamente a mi respuesta. Entonces le murmuró algo a Oishi.

  – Caballeros ¿nos permiten unos minutos? – pidió el productor.

Entendiendo la petición, ambos nos levantamos y salimos de la oficina. Ninguno de los dos cruzó palabra alguna mientras esperábamos el veredicto, pero estoy seguro que, al igual que yo, Shin estaba sumamente nervioso por lo que pasaría. Después de algunos minutos (los cuales me supieron a una molesta eternidad), la puerta de la oficina se abrió y la secretaria de Oishi salió para indicarnos que volviéramos a entrar.

  – Solo tengo una última pregunta para cada una de ustedes… – anunció Oishi, una vez tomamos asiento –. Murohime-san ¿Por qué decidiste dejar tu banda?

  – Desacuerdos, Oishi-san – respondió Shin con gran seriedad –. A pesar de tener sugerencias e ideas para la banda, nunca me tomaron en cuenta.

  – Entiendo… ¿Qué me dices tú, Awaji-san?

Carraspeé ruidosamente antes de responder, los malos recuerdos me invadieron silenciosamente.

  – Yo no renuncié, me despidieron, y el problema era que no trabajábamos como un equipo, razón por la cual siempre discutíamos. No teníamos una meta común...

  – Entiendo perfectamente…

  Nuevamente, Oishi se inclinó a su secretaria, pidiéndole esta vez cierto documento que ella sacó de un sobre.

  – Bueno, quizás este solo sea un proyecto temporal – comenzó a decir Oishi, mirando las hojas que le había entregado su secretaria –. Pero puedo asegurarles algo a los dos…

Entonces, nos deslizó dos hojas, acercándonos de igual manera un bolígrafo.

  – Nosotros sí tenemos una meta común como el enorme equipo que somos, la cual es hacer música, por lo tanto las opiniones y sugerencias son siempre bienvenidas, siempre y cuando sean para el bien de la compañía…

¡Espera!… eso significaba que…

  – Caballeros, bienvenidos a Danger Crue Records…

 

*****

 

  Miércoles 3 de abril de 1991.

 

  Habían pasado más de dos meses desde que fuimos contratados y yo aún no podía contener la emoción que eso me hacía sentir.

Después de ese día, viajamos a Tokio para presentarnos ante los directivos de Danger Crue Records, formalizar nuestros contratos y elegir el equipo y los instrumentos adecuados para comenzar a trabajar.

De nuevo tenía trabajo, un sueldo, estabilidad, un futuro… estaba comenzando a vivir una nueva vida y no podía sentirme más feliz.

  – Oishi-san acaba de avisarme que debemos iniciar las grabaciones del soundtrack la próxima semana – me informó Shin, sentándose a mi lado. Ese día nos encontrábamos en la sala de proyecciones de la disquera, a punto de ver el cortometraje de Kyo que habían terminado de grabar a finales de marzo.

  – Entonces debemos empezar a trabajar cuanto antes – respondí, temeroso de que el tiempo se nos viniera encima –. Discutamos nuestras ideas al terminar ¿te parece?

  – Claro…

  Las luces se apagaron, y la película comenzó.

 

  Die in Cries.

 

  Ese era el nombre del proyecto en solitario de Kyo.

La primera vez que el vocal intento (y en serio que se esforzó por hacerlo) explicarnos el significado de dicho nombre, no logré entender mucho. Había mencionado que era una frase de la canción “Cries and whispers” de Rain Tree Crow, banda a la cual pertenecía el famoso David Sylvian. (3)   

Destruí el sueño en una cama de mentiras,

Ahora mi corazón muere entre gritos, 

Gritos y susurros...

Cantaba la gruesa voz de Sylvian.

Y en cuanto al cortometraje…

  – Maldición… – murmuró Shin.

  Lo que nuestros ojos veían en la pantalla era una historia sin sentido alguno, con cambios de escena repentinos, una nula secuencia y  trucos de cámara que solo lograron hacer del filme aún más confuso.

Kyo, el único protagonista de la película, utilizaba un lenguaje corporal exagerado para comunicarse con el público, el cual solo denotaba desesperación y una locura incontenible (4).

  Shin y yo nos volteamos a ver en silencio, estupefactos.

  – Es como una de esas actuaciones locas que hacen esos artistillas contemporáneos… – dijo mi amigo sin acabar de creer lo que sus ojos veían.

  – Se les llama performance, Shin. 

  – ¿Cómo diablos sabes eso?

  – Me gusta ver el canal cultural en la televisión…

  – ¡Bueno como sea que se llame! Es como si hubiera despertado abruptamente de un sueño cósmico…

Solté una risita. Las maneras metafóricas de llamar a los efectos de las drogas siempre serían ridículamente cómicas.

  – Amén a eso – dije –. Pero no es correcto criticar a Kyo-san, así que solo concentrémonos en la música ¿quieres?

Shin me dio una palmada en el hombro a modo de respuesta. Nuestros ojos regresaron a la pantalla.

  Las últimas escenas mostraban a Kyo con el torso desnudo y sentado en una silla, alucinando, sufriendo y gritando desesperadamente.

Muriendo entre gritos…

A mí nadie me quitaba de la cabeza que era una película extraña, sin embargo, tal vez era la manera más acertada en la que Kyo podía dar a entender el significado de Die in Cries.

 

******

 

  El tiempo había transcurrido con una rapidez increíble.

  Después de terminar el soundtrack para el cortometraje, titulado “From Nothingness to Revolution”, Oishi-san nos dio la oportunidad a Shin y a mí de grabar nuestro propio álbum: “Abstraction”. (5)

 Trabajar, trabajar, trabajar, trabajar, trabajar...

Así había sido el resto del año.

Y todo seguía cambiando.

  Las entrevistas no tardaron en llegar a nosotros. Zi:Kill tenía como nuevo baterista a Tetsu, ex compañero de Kyo en D’erlanger (“Me siento ridículamente traicionado”  había bromeado el vocal al enterarse).

La relación con mis padres comenzaba a mejorar, al menos ya no colgaban el teléfono cada vez que los llamaba.

  A finales de octubre, Kyo había decidido que su proyecto ‘Die in Cries’ se convirtiera en una banda, ofreciéndonos un lugar en ella. El bajista que Kyo había contratado, llamado Kaneuchi Takeshi, era un chico simpático, aunque la expresión de su rostro denotara un cansancio permanente.

Y nuestro primer single como banda saldría al público en menos de dos meses.

  Si… Así de rápido había transcurrido el tiempo…

  Sin embargo, en medio de todas estas cosas buenas que habían sucedido, aquella fugaz melancolía seguía invadiendo mi mente, como una gota de tinta china que se expande en un papel, contaminando su blancura.

Era la última semana de diciembre de 1991, y mis pensamientos seguían aferrados al pequeño Hideto.

Chapter Text

 "Nocturne"  de Die in Cries (1993)

 

 

    — ¡Eso es todo por hoy! Chicos, agradecemos mucho su participación en el programa de hoy ¡Otsukaresamadesu!

El locutor y el staff completo de uno de los tantos programas de radio en Osaka nos dedicaron una muy amable reverencia, agradeciendo la participación de Die in Cries en la emisión vespertina de ese día.

  Era martes 27 de Octubre de 1992, y todos nos sentíamos agotados.

Mientras esperábamos a que el transporte de nuestra disquera nos recogiera de la estación de radio, decidimos tomar un respiro en una de sus salas de espera.

  — ¡Estoy que me muero del cansancio! — exclamó Shin, desplomándose violentamente sobre el sofá donde me había sentado segundos antes —. Y pensar que mañana tenemos más entrevistas…

Dicho lo anterior, mi amigo se acurrucó sobre mi hombro, abrazándose a mi brazo.

  — ¡Oye no soy almohada! — me quejé, sacudiendo mi brazo —. Resiste un poco más, cuando llegues al hotel dormirás todo lo que quieras.

  — ¡Yuki-chan es muy malo! — reprochó, imitando (muy mal, por cierto) la voz de una chica. A causa del cansancio, Shin había estado realmente insoportable los últimos días. Y siendo sincero, yo no estaba de humor para sus tonterías.

  Takashi comenzó reírse de nuestra ridícula discusión, nunca lo había escuchado reír tan alto desde que lo conocí. En cambio, Kyo se mantuvo serio, observándonos.

  Aquellos eran los efectos del agotamiento y yo casi había olvidado lo cansado que era pertenecer a una banda. No habíamos hecho otra cosa más que trabajar y trabajar en todo lo que llevábamos del año, comenzando el momento en que fue lanzado nuestro primer single “Melodies” en febrero, al cual le siguieron nuestro primer álbum llamado “Visage” en marzo y un tour nacional entre abril y mayo. Al terminar la gira, le siguieron otro nuevo single y álbum, entrevistas en televisión, revistas, sesiones de fotos, grabaciones de nuevos PVs, programas de radio y un sin fin de actividades más.

Y por si fuera poco, en noviembre comenzaríamos un nuevo tour…

  ¡¡Auxilio!!

   — ¿Qué les parece si saliendo de aquí vamos a tomar una cerveza? Conozco un buen lugar aquí en Osaka — sugirió un sonriente Kyo — ¡Seguro que eso nos levanta los ánimos!

Ante la simple mención de la palabra “cerveza”, Shin y Takashi levantaron la vista, sus ojos brillaron ante esa magnífica idea.

Suspiré.

¿Acaso ir a beber era el mejor remedio para el cansancio? Jamás lo entendería, e intentar rechazar aquella invitación hecha por Kyo sería prácticamente un insulto hacía la banda (en especial para nuestro líder). Sabiéndome derrotado ante cualquier negativa de mi parte, me resigné al ruido y escándalo que seguro viviría las próximas cuatro horas.

  — ¡Anímate Yukihiro! ¡Será divertido! No hay nada mejor que una deliciosa cerveza para terminar bien el día — Shin en serio se esforzaba en levantarme los ánimos —. Y no te preocupes, que nosotros te cuidaremos bien ¿nee?

  — Así es pequeño Yuki, seremos tus guardaespaldas — bromeó el bajista, alborotando mi cabello con sus gruesas manos —. No dejaremos que nadie se quiera pasar de listo contigo…

Era en esos momentos cuando mi patética estatura golpeaba mi ego, pues gracias al hecho de que todos mis compañeros eran más altos que yo, muchas veces me trataban como el hermano menor de la banda. Mientras que Shin y Takashi lucían imponentes a causa de su complexión, Kyo era delgado tanto o más que yo; sin embargo, su altura le hacía ver más como un ágil zorro, mientras que yo parecía un pequeño hurón.

Maldita sea…

  — ¡Váyase al diablo los dos!

La mayoría de las veces era divertido seguirles el juego, pero había ocasiones en donde sus estúpidas bromas me sacaban de quicio, tal y como sucedía en ese momento. Por supuesto, las risas se negaron a desaparecer durante todo el rato que esperamos en esa pequeña sala. Quince minutos después, nos encontrábamos en una amplia camioneta, con dirección a donde sea que nuestro vocal decidiera llevarnos. Durante el recorrido me dediqué a observar el paisaje de la ciudad de Osaka por la ventana del vehículo.

La oscuridad de la noche se había apoderado por completo del cielo de la ciudad, la cual brillaba a causa de las luces artificiales de los edificios y la iluminación de neón de los diversos locales de comida y entretenimiento. Aquella excepcional calidez de Osaka podía sentirse incluso a través del vidrío de la ventana, la cual me hacía sentir una tonta nostalgia.

Resultaba terriblemente ridículo el hecho de que aún después de año y medio, mi mente se negara rotundamente a olvidar al pequeño Hideto.

Por supuesto había conocido a más personas en esas celebraciones después de conciertos o duras jornadas de trabajo con Die in Cries, reuniones en bares donde el ocio, el alcohol y el sexo casual abundaban enormemente. Sin embargo, muchas de esas citas que comenzaban a altas horas de la noche, terminaban después de alguna conversación vacía o cuando los primero rayos del sol comenzaban a iluminar la incómoda habitación del Love Hotel en turno.

Durante ese tiempo no había logrado encontrar a alguien que me cautivara tanto como Hideto lo había hecho, con esa delicada belleza y su encantadora personalidad. Nadie había sido capaz de borrar de mi mente el recuerdo de su brillante sonrisa que me hacía suspirar como estúpido.

Demonios…

  Y lo más triste era que no tenía noticias del pequeño vocal.

La carga de trabajo y los compromisos con Die in Cries habían crecido tanto, que prácticamente vivíamos en el estudio de grabación. En mi escaso tiempo libre (o cuando lograba zafarme de esas absurdas celebraciones) prefería dormir hasta más no poder. En resumen, estos últimos meses no había tenido tiempo de absolutamente nada. Como si el señor tiempo conspirara cruelmente en mi contra.

  — Maldición — bufé molesto frente a la ventana de la camioneta.

Era la segunda vez que visitábamos Osaka ese año y tenía el presentimiento de que tampoco tendría noticias Hideto en esa ocasión.

  — Nee, Yuki ¿estás bien?

La voz de Kyo me sacó de mis tribulaciones internas. Al voltear a mirarlo, me di cuenta que estaba sentado muy cerca de mí.

Demasiado cerca para mi gusto.

  — Sí, estoy bien — mentí —. Me siento un poco cansado, eso es todo.

  — Caray, y yo pensando que una cerveza nos haría olvidar la fatiga de todo el trabajo — el alto vocalista me dedicó una mirada comprensiva —. No era mi intención arruinar tu noche. Lo siento mucho, Yuki…

A veces, las respuestas de Kyo eran un arma de doble filo.

No solo lograban hacerte sentir mal por haber menospreciado alguna de sus sugerencias, sino también por hacerlo sentir mal a él al demostrarle ese menosprecio; al final, terminabas quedando como un idiota insensible.

Por supuesto que aquello lo hacía con toda intención, y cuando descubrí esta ingeniosa artimaña por parte de nuestro vocalista, supe que debía de ser cuidadoso. Los rumores acerca de su actitud arrogante y egocentrista tampoco eran ninguna broma; era parte de su naturaleza, supongo.

  — Ignóralo, Kyo-san — dijo Shin —. En cuanto tenga una cerveza y un cigarrillo en sus manos, se olvidara de todo.

Resoplé intentando no sonar irritado. Siempre podía contar con la ayuda de mi querido amigo Shin, quien me dedico el saludo de “amor y paz” desde su asiento.

Miserable…

Kyo por su parte, paso un brazo por encima de mis hombros, negándose a separarse de mi lado. A continuación, se hizo presente un incómodo silencio.

No hace mucho me había dado cuenta de las extrañas intenciones que Kyo tenía conmigo. En cada mirada, en cada gesto, en esos abrazos fraternales que solía darme, en cada conversación que tenía conmigo, siempre había algo más que solo simple compañerismo.

  — Creo que extraño tu cabello largo, Yuki — comentó Kyo. Sentía su mirada fija en mí.

Carraspeé.

No hacía falta decir que yo no estaba interesando en Kyo. El solo pensar en algún acercamiento romántico (o peor aún, sexual) con él me ponía los nervios de punta; sin embargo lo que más me intrigaba era el por qué demonios, de entre todas las malditas personas de esta nación, Kyo estaría interesado en mí, ¡no había lógica!

  ¡Ahhh! ¿¡Porque yo!?

  — Oye Kyo, he querido preguntarte…

La gruesa voz de Takashi se alzó sobre aquel molesto silencio, interrumpiendo mis tribulaciones mentales. Todos nos volvimos a observarle con curiosidad.

  — ¿No fue incomodo besar a un hombre frente a las cámaras en ese video?

Shin soltó una sonora carcajada. Para su mala suerte, Takashi tenía la extraña habilidad de hacer preguntas inapropiadas en los momentos menos oportunos.

  — ¿Pero qué clase de pregunta es esa? — se burló Shin, mientras Kyo también se reía. Incluso yo me reí. Todos sabíamos a qué video se refería nuestro bajista: La Vie en Rose, en donde Kyo compartía un explícito beso con Cipher, guitarrista de D’erlanger.

  — ¡Tengo curiosidad, es todo! — se defendió Takashi.

  — En lo absoluto, querido Taka, de hecho fue muy divertido — respondió el vocalista con una sonrisa traviesa —. Porque vamos, a estas alturas ¿Quién no ha besado a un hombre?

  — Yo no... — afirmo nuestro bajista rascándose la cabeza —. Creo que prefiero los dulces labios de una mujer.

  — Yo lo hice una vez, pero solo porque estaba borracho — dijo Shin avergonzado. A continuación todos me miraron, ansiosos de escuchar una confesión. Solté una risita nerviosa, en esos momentos deseaba con todas mi fuerzas que la tierra me tragase de una buena vez.

  — Kyo-san, hemos llegado a nuestro destino — anunció el chofer desde su asiento, rompiendo con esa incomoda tensión.

Suspire aliviado. Aun lograría llevar mis secretos homosexuales a la tumba.

  ¡Salvado por el chofer!

  La camioneta nos había dejado frente a lo que parecía ser un club musical, cuyo nombre lucía imponente en letras de neón color rojo.

 

NAMBA ROCKETS

 

Después de entrar discretamente al lugar, el cual parecía una lúgubre cueva, nos topamos con un mar de gente que esperaba a los pies de un pequeño escenario. Al ver un set de batería acomodado al fondo, bocinas y lo que parecía ser un bajo entre cables, supuse que pronto se presentaría alguna banda amateur. Nos acercamos al pequeño bar que se encontraba casi a un costado del escenario y mientras Kyo intercambiaba unas palabras con el barman, Takashi, Shin y yo nos dedicamos a observar el lugar con ayuda de la escasa iluminación, y pronto decidí que no tenía nada en especial. El terrible calor que invadía el ambiente provocaba que mis ganas de fumar se esfumaran con una rapidez implacable.

¿En serio iba a pasar la noche en este lugar espantoso? Necesitaba pensar rápido en alguna excusa, la que fuera, para poder largarme a descansar.

De pronto, Kyo nos hizo una seña para que lo siguiéramos por una puerta que decía “Solo Empleados” detrás de la barra, y después de cruzar un pequeño  pasillo, subimos por unas escaleras metálicas. Tenía la extraña sensación de que atravesábamos por un bunker soviético o algo parecido.

¿¡A dónde demonios nos está llevando!?

Al llegar al segundo piso, el alto vocal abrió una puerta y entramos a una pequeña estancia en donde nos esperaba un hombre de aspecto desaliñado, sentado en un amplio sofá en forma de semicírculo. Aquel hombre, quien se hacía llamar Yamada y a quien Kyo presentó como un “muy querido amigo”, era el dueño de aquel club; después de los obligados saludos y agradecimientos por su amabilidad, nos ofreció botanas y toda la cerveza que quisiéramos beber. Shin y Takashi estaban encantados, yo en cambio estaba sorprendido, nunca creí que Kyo tuviera esa clase de influencia.

  — Vine a este lugar con Oishi-san un par de veces, durante su cacería de nuevas bandas — nos explicó, sentándose lánguidamente en el sofá, mientras algunos empleados del colocaban charolas de frituras y una cubeta repleta de cervezas frías sobre la mesa de centro —. Aquí estaremos más cómodos, además, tenemos la mejor vista del escenario.

Aquella sala, reservada al parecer para reuniones privadas y busca talentos, no solo tenía aire acondicionado, también tenía un enorme ventanal con vista al escenario. Agradecí mentalmente a Kyo, al menos no tendría que soportar el escándalo de la gente ni el calor infernal del piso de abajo. Sintiéndome con un humor renovado, me acomodé junto a mis compañeros para disfrutar de una cerveza con ellos.

Tal vez la noche no sería tan mala después de todo.    

  De pronto el escenario se tornó oscuro y los gritos de emoción no se hicieron esperar. Entonces se escucharon los platillos de la batería, marcando el inicio. Las luces se encendieron y una banda desconocida comenzó a tocar.

Mientras los reflectores brillaban y parpadeaban con gran entusiasmo, unos alegres acordes en la guitarra invadieron el escenario, acompañado por el sonido de la batería y un orgulloso bajo que lograba hacerse notar. Los integrantes de aquella desconocida banda se movían al ritmo de la melodía, la cual tenía un sonido cálido y alegre. A simple vista parecían una banda como cualquier otra, con ropas oscuras, peinados y maquillajes típicos de la época. Pero al momento de escuchar cantar al vocalista, me congelé.

 

Una voz diferente a la usual

me habla con delicadeza

aún si es interrumpida, aún sin palabra alguna

aquella a voz hace eco dentro de mí...

 

Yo conocía esa voz… esa voz suave y masculina, que era... como escuchar el sabor de un delicioso chocolate...

 

Un pensamiento lejano

comienza a invadir mi cabeza

ahora tengo miedo de que la realidad me abandone…

 

 

Esa voz...

  ¡No puede ser...!

  — Oye Yuki... ¿Acaso no es el amigo afeminado de Junichi?

La observación de Shin solo confirmó más mis sospechas. Me acerqué al enorme ventanal para mirar con mis propios ojos. Una dicha indescriptible corrió por mis venas. Ahí sobre el escenario, siendo aclamado por el alocado público, estaba aquel chico bonito que había robado mi corazón, cantando con un poderoso sentimiento.

 

Una puerta se abre ante mis ojos

mostrándome una parte del futuro

¡oh cielo! por favor acepta todo tal y como es

No desaparezcas…

 

  Hideto...

— ¡Muchas gracias! Somos L'Arc en Ciel — saludó tímidamente al público — Y esperamos que nuestra música sea de su agrado esta noche…

 

 

  Diez minutos después de que el live finalizara, me encontraba frente a la puerta de uno de los camerinos del recinto. Una maltratada hoja de papel, la cual tenía escrito el nombre de "L'Arc en Ciel", estaba pegada en medio de la puerta. Estaba tan emocionado que ni siquiera mi acostumbrada timidez había logrado detenerme de preguntarle al mismísimo dueño del club la ubicación de los camerinos.

Con el pretexto de que iría a saludar a unos viejos amigos, logré escapar de las miradas y preguntas curiosas de Shin y Takashi, convenciéndoles de que regresaría por mi cuenta al hotel donde nos hospedábamos. Por otro lado, Kyo estaba molesto por mi repentina decisión de abandonarlos.

  — Te quiero en el estudio fotográfico en punto de las 10 de la mañana ¿está claro, Awaji? — me advirtió el vocal con toda la recia autoridad de líder —. Más te vale no llegar ni un minuto tarde.

Era justo decir que poco me había importado su disgusto disfrazado de amenaza, así como también me importaba poco la sesión de fotos que la banda tendería al día siguiente, lo único que me preocupaba en ese momento era volver a ver a Hideto.

Tomando valor, decidí tocar la puerta.

Aun no podía creer que ese chico Tetsuya, a quien había conocido hace más de un año, realmente había seguido mi recomendación de buscar a Hideto y hacerlo parte de su banda; y no solo se había conformado con el pequeño vocal, al parecer también había convencido a Pero.

De pronto, la puerta se abrió y de ella salió un chico alto con el cabello enmarañado. Me miró extrañado.

  — ¿Y tú quién eres? — pregunto con rudeza — ¿Necesitas algo?   

  — Eh... yo… bueno, yo… — mi acostumbrada timidez había regresado a cobrar venganza —. Esto… estoy buscando a Hideto.

Aquel chico, cuyo rostro tenía cierta apariencia infantil, pareció dudar unos momentos; sin embargo su semblante se suavizo un poco cuando le dije que era un amigo de su vocalista.

  — ¡Haido-chan, alguien te busca! 

Conteniendo el aliento, observe como Hideto se asomaba curioso por la puerta del camerino; al verme, ni siquiera su larga y rizada cabellera logro disimular la sorpresa que invadió sus ojos. Era claro que era la última persona que él esperaba encontrar afuera de su camerino esa noche.

  — ¡Yuki! — exclamo sorprendido, intentando ocultar con una mano la sonrisa que se había dibujado en su rostro. Escuchar mi nombre de sus labios después de tanto tiempo me hizo estremecer.

  — Hola Hideto — me sonrojé —. Ha pasado mucho tiempo ¿nee?

Como única respuesta, Hideto se acercó lo suficiente para envolverme en un abrazo. Incapaz de reaccionar ante aquella inesperada muestra de afecto, solo atiné a agradecer mentalmente esa falta de respeto que las personas de Osaka tenían por el espacio personal. Incluso su compañero, que aún se encontraba en la puerta, parecía sorprendido.

  — ¿Pero qué estás haciendo aquí? — preguntó él.

  — Vine aquí con unos amigos, y por una feliz coincidencia, tú estabas en el escenario. Nada mal por cierto — expliqué, notando la mirada sospechosa que nos dirigía el otro, atento a nuestra conversación —. Entonces decidí venir a saludarte.

  — Gracias — su sonrisa se acentúo aún más —. ¡Pero pasa! ¡Debes conocer a Tet-chan y seguro que a Pero le dará gusto verte!

Y sin darme oportunidad para responder, Hideto me tomo del brazo, jalándome hacia el interior del camerino, pasando de lado a su compañero.

  — ¿¡Oye enano y que hay de mí!? ¿¡Acaso estoy pintado!? — lo escuchamos quejarse, seguramente ofendido de haber sido ignorado.

Pero Hideto no respondió, parecía bastante emocionado a causa de nuestro pequeño reencuentro, al igual que yo.

Gracias a todos los cielos por este mundo tan jodidamente pequeño. 

 

**

 

  Después de salir de aquel recinto, los chicos de L’Arc en Ciel y yo caminamos hasta llegar al río Dōtonbori, los recuerdos de mi estancia con Junichi y Hideto no tardaron en inundar mi mente.

Lamentándose de no tener el suficiente dinero para comprar comida o cerveza, se conformaron con cafés en lata y anpans de una máquina expendedora; quise invitarlos a cenar pero ellos se negaron rotundamente.

  — Sería vergonzoso de nuestra parte, Yuki — aseguro Tetsuya, cuya confianza de líder parecía alentarlo a llamarme “Yuki” de manera despreocupada —. Sé que un día podremos invitarte a cenar para agradecer lo que hiciste por la banda.

Dejé salir una risita, aquello sonaba exagerado.

  — Solo fue una llamada telefónica, eso es todo — dije apenado.

  — Entonces te daremos las gracias por esa llamada — replico Hideto mientras daba un sorbo a su café. Sus grandes ojos parecían sonreír por si solos.

  — Apoyo esa idea, senpai — añadió Pero.

  — ¿Alguno de ustedes me dirá por fin como es que conocen al baterista de Die in Cries? — reclamo el chico de cabello enmarañado que antes me abrió la puerta del camerino. Su exasperación solo logró que sus compañeros se burlaran de él. Entonces que Hideto nos presentó formalmente.    

Aquel chico, de nombre Ken Kitamura, era el guitarrista de L’Arc en Ciel (si, el nombre era un broma cruel), era amigo de la infancia de Tetsuya y un prodigio en la guitarra según el pequeño vocal; había sustituido a Hiro, el chico que acompañaba a Tetsuya el día que nos conocimos, al dejar la banda meses atrás.

Debo decir que me agrado de inmediato.

Ken era un chico sumamente simpático, y después de tomar algo de confianza, incluso se divirtió bromeando conmigo. Él al igual que yo, también había abandonado la universidad para encontrar un lugar dentro de la música.

  Después de disfrutar de nuestras bebidas enlatadas en una de las bancas que se encontraban a un costado del río, conversando y bromeando al igual que estudiantes escandalosos después de un día de escuela, Tetsuya anunció que regresaría a casa, pues su aburrido empleo le esperaba al día siguiente. Ken y Pero no tardaron en seguirle.  

Sonreí nervioso. A pesar de haber tenido una noche indudablemente divertida, la verdad era que estaba impaciente por quedarme a solas con Hideto, quien a su vez me dirigió una mirada cómplice. Supuse que él también esperaba lo mismo. Ofreciéndome a acompañarlo hasta su casa, ambos nos despedimos de sus compañeros, no sin antes prometer volver a reunirnos pronto.

  — Así que ahora eres Haido — comenté una vez nos quedamos solos, me resultó sumamente curioso el nombre que usaban los otros para referirse a él.

  — Uhm, ese es mi nuevo nombre — sonrió —. No quería que la gente pensara que me hacía llamar ‘Hide’ por Hide de X Japan.

Aquello sonaba bastante razonable, además, ‘Hyde’ me pareció un nombre genial.

  — Me gusta, creo que te llamare Haido de ahora en adelante si no te molesta.

  — Para nada Yuki...

Pasaba de la media noche, pero muchos bares y negocios de la zona aún estaban repletos de gente ruidosa, nadie parecía preocuparse en absoluto por la nueva jornada de trabajo que les esperaba al día siguiente.

Y bueno, era claro que a nosotros tampoco nos importaba.

Con la luna de octubre brillando orgullosa en lo más alto del cielo, nos dedicamos a conversar todo el camino hasta su casa.

Hideto... es decir… Hyde se había mudado a Namba un par de meses atrás al conseguir un nuevo empleo. Después de contarle sobre Die in Cries y alguna que otra absurda anécdota, le escuche a hablar sobre cómo conoció a Tetsuya en un club musical, y de como él y Pero terminaron por unirse a L’Arc en Ciel después de la inevitable ruptura de Jelsarem’s Rod y la insistencia casi enfermiza del bajista.

No pude evitar sentirme un poco triste con respecto a Jelsarem’s Rod, al final Hyde había acertado en todo lo que había dicho ese último día en la estación al despedirnos. Sin embargo, todos estaban satisfechos con la decisión que habían tomado, y mientras Tsuki se encontraba estudiando una carrera en el extranjero, mi amigo Junichi ahora se hacía cargo del nuevo restaurante de sus tíos. 

Además de las peleas y problemas que tuvieron con Hiro, su ex guitarrista, me enteré también de los que habían tenido con una pequeña casa disquera que les ofreció grabar un single gracias a la popularidad que habían logrado en Osaka; pero contrario a lo que esperaban, aquella experiencia resulto ser desastrosa debido a la pésima calidad de grabación y postproducción. Por supuesto temían que su single acabara siendo un fracaso.

  — Lamento hacerte caminar tanto Yuki, casi llegamos — dijo, pasándose una mano por su largo cabello.

Lo miré embobado.

Los recuerdos del día en que conocí a Hyde se hicieron presentes en mi memoria, incluso el vuelco en mi corazón que sentí estando en su compañía volvió a manifestarse en cuanto pasamos el luminoso anuncio del Glico Man.

  Aún sigo esforzándome, Glico-san…

Después de dar vuelta en una esquina, arribamos a un pequeño edificio de departamentos que compartía la calle con imprentas y almacenes de papelería. Incluso me señalo el lugar donde trabajaba como diseñador, jactándose de lo afortunado que era al tener su trabajo a tan solo un par de pasos de su casa.       El lugar estaba en completo silencio, incluso nuestros pasos hacían eco mientras subíamos por las escaleras del edificio.  

— Aun no puedo creer que hayas sido tú el que le contó a Tet-chan sobre mí — se quejó antes de detenerse frente a una puerta — Debiste verlo ¡parecía un maldito acosador, siguiéndome a todas partes!

 Se volvió para mirarme a la cara, haciendo un puchero que me pareció de lo más lindo. Solté una carcajada.

  — En serio lo lamento, no creí que Tetsuya trataría de convencerte de esa manera — respondí, pero su puchero se negó a desaparecer.

De pronto nos quedamos en silencio.

Pasamos un largo momento mirándonos, mientras que un inusual deseo de apresarlo contra la puerta me invadía de pies a cabeza. Había esperado encontrarme con él durante tanto tiempo y en lo único que podía pensar era en tocarlo y en besarlo hasta el cansancio, ¿¡Qué diablos tenía en la cabeza!?  

No podía saber si sus sentimientos seguían siendo los mismos o si me correspondería siquiera. Además, ¿Qué demonios iba a decirle? ¿Qué lo extrañaba? ¿Que no podía dejar de pensar en él? ¿Qué aun después de tanto tiempo seguía gustándome mucho?

Me sentí patético. Al final, me di cuenta de que en realidad no tenía idea de que esperar de este reencuentro.

  Fracasando como siempre, Yukihiro…

Tal vez era mejor dejarlo así.

  — Creo que debo irme Haido, ya es muy tar-

  — ¿Acaso no vas a entrar?   

Me quedé callado, Hyde parecía un poco decepcionado de mi repentina decisión de irme. Y sin darme oportunidad de responder, se volvió a abrir la puerta de su departamento.

  — Vamos, pasa — dijo, haciéndose a un lado para dejarme entrar primero. No tuve más opción que obedecerlo.

  — Con permiso — respondí con amabilidad, cruzando la puerta. A continuación me dispuse a quitarme los zapatos.

Mientras Hyde cerraba la puerta a mis espaldas, me adentré en su departamento, observado cada detalle de este. Todo en el era pequeño: su cocina, la sala, su habitación y la terraza... pequeños como su dueño.

  — Disculpa el desorden Yuki, el trabajo y nuestras presentaciones me han tenido muy ocupado, y por si fuera poco, el idiota que vive conmigo es terriblemente desordenado — comento detrás de mí —. Tú lo viste, es quien canto conmigo al final de nuestra presentación.

Hyde sin duda se refería al sujeto que había pasado todo el tiempo tratando de pegarse a él mientras interpretaban esa canción “Husk” de Gastunk. Sentí una ridícula punzada de celos, sobre el escenario parecían ser muy cercanos.  

Rápidamente se acercó al único sofá de la sala, el cual estaba lleno de ropa, partituras, dibujos y envolturas de comida, lanzando todo ese desorden al suelo. Bajo una chaqueta se encontró con un cenicero lleno de colillas de cigarrillos, el cual se volteó al levantar la prenda.

  — ¡Maldita sea, Kiyoharu! — le escuché susurrar molesto al ver que todo el contenido del cenicero había caído sobre uno de los asientos del sofá.

La expresión de su cara solo dejaba ver lo avergonzado que estaba mientras limpiaba aquel desastre. Yo solo me dediqué a observarlo en silencio. Sin embargo, el hecho de saber que Hyde vivía con ese sujeto extraño me desanimaba un poco.

  — Yuki, siéntate por favor — me indicó una vez que el sofá estuvo despejado. Obedecí sin más mientras él se concentraba en limpiar la pequeña mesa que había enfrente —. Solo no te sientes sobre las cenizas o tu ropa apestara.

  — Recuerda que soy una chimenea parlante — comenté divertido —. Dudo que pueda apestar más a cigarrillo.

  — Bueno en eso tienes razón, aunque temo decir que mi compañero te gana por mucho, Yuki.

  — ¿Ah, sí?

  — Si, aunque él no es una chimenea ¡es una maldita locomotora! ¡Por cada cigarrillo que yo fumo, él se fuma cuatro!

Reí ante su comentario, el cual me ayudo a recordar que yo también era un fumador empedernido y que era el momento perfecto para un cigarrillo.

  — ¿Quieres uno? — le ofrecí tendiéndole la cajetilla que había comprado esa tarde. Hyde, quien se había sentado sobre la mesita frente a mí, sonrió como respuesta y tomo uno. Al colocarlo en sus labios, le acerqué mi encendedor y me concentre en observar su expresión al momento de encenderlo por él.

La manera de cerrar sus ojos al momento de dar la primera calada, la manera en que el humo de nicotina salía elegantemente por su nariz, la manera en que me miro después para agradéceme, me dejo completamente embobado. Hyde seguía siendo tremendamente sensual, aun haciendo cosas tan simples como esa.

   — Yuki, cierra la boca o se te meterá una mosca — lo escuche decirme divertido. Eso solo comprobó que la expresión de mi rostro era la de un completo imbécil.

  Demonios Yukihiro, das lástima...

Para disimular mi vergüenza, encendí un cigarrillo y evite mirarlo. De pronto, un sabor extraño invadió mi boca.

  — Cherokee, me gustan — dijo él con suavidad — ¿Cómo sabias que me gustaban?

  — ¿Qué? — no entendía nada de lo que me estaba diciendo.

  — Los cigarrillos, son mis favoritos...

Miré la cajetilla, la cual estaba adornada con franjas verdes, el dibujo de un jefe nativo americano y una tipografía de color amarillo que rezaba la palabra "CHEROKEE". No recordaba haber comprado esto en la tienda de conveniencia esa mañana.

  — Creo que la encargada de la tienda se equivocó al atenderme — respondí, dejando mi cigarrillo en el cenicero que antes se había volteado. Eso explicaba el sabor extraño en mi boca.

   Y yo fui lo suficientemente estúpido como para no revisar mi compra…

  — Tal vez es una señal, Yuki — declaró mi amigo con una sonrisa coqueta.

  — ¿Señal? — lo miré extrañado.

  — Si, una señal muy interesante...

¿Qué rayos quería decir eso?

Sin embargo, supe a qué se refería en el momento en que sus manos comenzaron a acariciar mis rodillas. Esas caricias suaves y traviesas que me hicieron recordar ese día en el ensayo de Jelsarem’s Rod; caricias que me transmitían tantas sensaciones. Dejando también su cigarrillo en el cenicero, Hyde me miró fijamente a los ojos, su sonrisa coqueta se hacía más y más grande. El humo de tabaco, a pesar del peculiar aroma, le daba un toque sensual a la escena frente a mí. Un cosquilleo comenzó a generarse en mi vientre, al sentir sus manos subir por mis muslos. Bastó con esas silenciosas caricias para darme cuenta de que el pequeño vocal buscaba algo más de mí en ese preciso momento.

Y esa sutileza tan propia de él me estaba excitando mucho.

Sin previo aviso, el pequeño vocal acorto la distancia que había entre ambos y me beso sin más. Aquello sucedió tan rápido que apenas tuve tiempo de reaccionar.

Mientras mi cerebro sufría un breve colapso, Hyde aprovecho para sentarse sobre mi regazo. Sus delgadas piernas se acomodaron a mis costados, sus brazos se abrazaron a mi cuello, y su rostro había quedado a pocos centímetros del mío. 

Nuestras narices se rozaron la una contra la otra en un tierno gesto, como un preludio a lo que sucedería a continuación. Tampoco hubo necesidad de palabras, aquella mirada cristalina, la profunda ventana de su alma, me había hipnotizado por completo.

  — Estoy feliz de volver a verte, Yuki — susurro contra mis labios, su cálido aliento mezclándose con el mío. Envolviéndolo fuertemente entre mis brazos, sentía que el pecho me explotaría en cualquier momento.

  — Yo también estoy feliz…

  Volvimos a besarnos, esta vez con más fuerza, como una necesidad inmensurable que nos quemaba por dentro. El sabor de sus labios, esa pequeña desesperación de tomar el control del beso, su lengua chocando contra la mía, nuestros jadeos de placer, todo me estaba volviendo loco.

Su cuerpo se frotaba deliciosamente contra el mío y mis manos recorrían su delgado cuerpo bajo la camiseta. Y mientras su boca plantaba pequeños besos en mi cuello, sus pequeños dedos se concentraban en abrirme el pantalón, hundiéndose poco a poco entre mi ropa interior hasta alcanzar mi dura erección que aguardaba impaciente.  

Ahogué un gemido.

Y partir de ese momento, solo me dejé llevar.

 

***

 

  — Hey… ¡Despierta!

Escuche que alguien me llamaba con brusquedad entre sueños, sin embargo me rehusé a despertar.

  — Miserable… ¡Despierta!

Esta vez sentí que me daban un puntapié en la pierna. ¡¿Quién rayos quería interrumpir mi sueño?! Sentí como mi cuerpo por si solo, se giraba hacia a un lado, aun sin despertar.

  — ¡Con un demonio, que despiertes!

Fue entonces cuando desperté de sobresalto a causa de esa agresiva voz llamándome; sentado en un suave futón, tarde varios momentos en recordar en qué lugar me encontraba, mire a mí alrededor, y pronto me encontré con un hombre extremadamente delgado, de cabello largo y rubio atado en una descuidada cola de caballo, estaba cruzado de brazos y sus ojos entre abiertos me dirigían una mirada furiosa. Su rostro me resultaba extrañamente familiar.

  — ¡¿Quién demonios eres tú?! — cuestiono él, su voz grave endureció aún más su porte amenazador — ¡¿Cómo demonios entraste aquí?! ¡¿En dónde está Haido?!

  Todas esas preguntas terminaron por recordarme en donde estaba.

Yo, Awaji Yukihiro me encontraba en casa de Takarai Hideto, acostado en su futón, mientras un desconocido me hacía preguntas; y lo peor de todo… estaba desnudo.

Maldita sea…

De manera automática tome las cobijas que estaban a un costado mío y cubrí mi desnudez. ¡Qué vergüenza! Un maldito desconocido me había visto desnudo en una cama y en una casa que no era las mías. Adormilado e inquieto por este repentino despertar, sentí que tenía el deber de disculparme.

  — Escucha, yo…

  — ¡¿En dónde está Haido?!

Aquella pregunta me hizo despabilarme por completo, solo para darme cuenta de que Hyde no estaba en el futón conmigo y al parecer no estaba en ningún lugar de su departamento.

Suspiré.

Algunos recuerdos de la noche anterior comenzaron a invadir mi mente como pequeñas gotas de agua las cuales se expandían en cada rincón de mi cabeza. Sin embargo, ni siquiera recordaba en que momento me había quedado dormido.

  — ¿Te acostaste con él?

La voz áspera de aquel desconocido me sacó de mis pensamientos enseguida, y no solo eso, también me tomo por sorpresa, ¿A qué venía esa pregunta?

  — ¡Tadaima! — un alegre saludo se escuchó desde la entrada del apartamento, seguido de un portazo — ¿Yuki, estas despierto?

  Cuando escuche mi nombre, me quede en silencio, mientras que la mirada del hombre frente a mí se ensombreció aún más. Escuchamos unos pasos acercarse a la habitación, y segundos después, un abrigado Hyde entro a la habitación con una bandeja de cafés en una mano, y una bolsa de plástico en la otra.

  — ¿Pero aún no te levantas, Yukihiro? — me regaño al verme sentado sobre el futón — ¿Acaso no tienes una sesión de fotos?

No respondí.

 En esos momentos mi lengua había decidido morir para dejarme mudo ante la extraña situación que estaba ocurriendo. El vocal se acercó a mí con una sonrisa, se puso en cuclillas y levanto las cosas que llevaba en las manos.

  — Mira, traje unos pastelillos — me indicó. Sus bonitos ojos cafés expresaban una alegría indescriptible —. Si te apresuras, los comeremos antes de que me vaya a trabajar.

Al parecer no se había percatado de la presencia del otro hombre que estaba en la habitación, siendo un testigo silencioso de aquella escena. Y justo cuando Hyde se disponía a besarme, lo detuve suavemente con las manos y le indiqué con la mirada que había alguien detrás de él.

Con una expresión de incredulidad en el rostro, se puso de pie y se volvió para encontrarse con aquel hombre. Entonces descubri por qué ese sujeto me parecía tan familiar.

  — ¡Kiyoharu! — exclamó Hyde con genuina sorpresa al verlo —. ¿Qué haces aquí? ¡Creí que te habías ido a Nagoya después del live de anoche!

Aquel tipo Kiyoharu, se acercó a Hyde con los brazos cruzados, sonriendo ladinamente.

  — Decidí dejar mi viaje para hoy, así que solo me fui a embriagar con Hitoki y los chicos — la voz que momentos atrás me cuestionaba agresivamente, ahora le hablaba de una manera tierna a Hyde —. Quería despedirme apropiadamente de ti antes de irme, pero veo que tienes visitas...

Me tensé de inmediato. Era obvio que se refería a mí. Sentí un fuerte calor en el rostro, la vergüenza me estaba carcomiendo por dentro, y lo peor de todo es que no podía hacer nada.

Estoy desnudo… ¿qué rayos podría hacer al respecto? … pensé. Lo único que me quedaba por hacer era guardar silencio y esperar a que todo esto terminara.

  — Él es mi invitado, así que déjalo en paz — Hyde salió en mi defensa –. Y ahora salgamos que Yuki debe vestirse, y tú yo debemos hablar…

Kiyoharu me dirigió una última mirada de completo desagrado antes de salir de la habitación;  Hyde en cambio, me planto un ligero beso en los labios.

  — Ve a ducharte — sonrió —. En el armario hay toallas y algo de ropa, en caso de que necesites. Apresúrate…

  — Gracias — respondí, mirándolo salir de la habitación.

Miré mi reloj de pulsera. Las 8:05 de la mañana.

  Bien…

 Aun había tiempo suficiente.

 

 

  Encontré al pequeño vocal disfrutando de una taza de café, recargado en el fregadero de la pequeña cocina. Vestido de manera casual, su atención estaba puesta en el noticiero que presentaban en televisión; sus rizos de la noche anterior habían desaparecido casi por completo,

 Salí de la habitación sigilosamente, siendo lo suficientemente cuidadoso para no toparme con ese tal Kiyoharu. Al percatarse de mi presencia, Hyde me dirigió una linda sonrisa.

  — ¡Eso fue rápido! — exclamo —. Vamos, ven a tomar café y a comer un pastelillo.

  — ¿Y tu amigo? —  pregunté temeroso, no había rastro del otro hombre.

  — Fue a comprar cigarrillos, no puede vivir sin ellos — respondió —. Así que tendremos un poco de paz durante un rato.

  — Me alegro… — sin embargo, la necesidad de preguntar me invadió por completo — Kiyoharu y tú… ¿están juntos?

Hyde parecía sorprendido, supuse que no esperaba esa pregunta tan directa. Frunció los labios, quizá pensando en lo que respondería a continuación.

  — Lo estuvimos varios meses atrás, pero pronto nos dimos cuenta de que lo nuestro no funcionaba; y como también tiene su propia banda, él casi nunca estaba aquí — dijo — Kiyoharu es un buen amigo, pero siempre parece molestarse cuando me ve con alguien más.

  — Se pone celoso, supongo — me permití sentir empatía con ese tal Kiyoharu.

  — Como no tienes idea… por ejemplo, una noche después de un live, le ofrecí a Tet-chan pasar la noche aquí porque ya era muy tarde y ya no salían autobuses a su casa; Kiyoharu no estaba aquí, para variar — hizo una breve pausa para reír ante aquel recuerdo —. A la mañana siguiente Tet-chan entró a tomar una ducha, y fue entonces que Kiyoharu llego…

  — ¿Y qué sucedió?

  — ¿Has visto esa película “Psicosis”? ¿La de la famosa escena de la regadera?

  — Si…

  — Bueno, paso algo parecido… desde entonces, Tet-chan se ha rehusado a pasar la noche en mi casa otra vez.

  Al recrear la escena en mi mente (la cual incluía a un asustado Tetsuya en blanco y negro, gritando dramáticamente en la regadera al compás de aquella raposa y chillona tonada de violines) no dudé en soltar una carcajada. No cabía duda de que ese Kiyoharu era de cuidado.

  — ¿Vainilla o chocolate? — preguntó, sacando de una bolsa los pastelillos que había comprado.

  — Chocolate, por favor…

  En el momento en que Hyde dio la vuelta para  sacar un pastelillo de un empaque (los cuales tenían una pinta exquisita), tome el suficiente valor para hacer algo que deseaba hacer hace mucho tiempo. Me acerqué a él silenciosamente y al estar lo suficientemente cerca, pase ambas manos sobre su cintura, atrayéndolo hacia mi cuerpo.

Hyde dio un sobresalto ante aquel inesperado contacto.

  — ¿Pero que se supone que haces? — preguntó entre risas, deteniéndose en lo que estaba haciendo.

  — Quería abrazarte — dije sin más, colocando mi mentón en su hombro derecho. En esa posición, el aroma a jabón de su cabello acarició mi nariz.

  — ¿Qué hay de tu pastelillo? — sus pequeñas manos se colocaron sobre las mías.

  — Te quiero a ti solamente — dije, aferrándome más a su cuerpo —. Creo que eres mejor que un pastelillo.

Lo escuche reírse divertido. La cursilería propia de un momento intimo como ese comenzaba a desbordarse de mis labios como miel empalagosa. De nuevo, ese era el efecto que el pequeño vocal provocaba en mí.

No me quedaba duda de que estar con él era mejor que contemplar la inmensidad de mar, mejor que el aroma de la lluvia de primavera o mejor que disfrutar de chocolate caliente en un día de invierno.

Incluso aún mejor que una erección matutina...

¡Dios! ¡¿En qué demonios estoy pensando?!

Sin decirnos nada más, permanecimos abrazados durante un largo rato, con el ruido de la televisión a nuestras espaldas y el olor a café fresco invadiendo nuestras fosas nasales.

Saber que pronto tendría que dejar al pequeño Hyde y regresar a la realidad del mundo me entristecía terriblemente. Estaría de regreso a la aburrida rutina, a la melancolía, a ese vacío de sentirme estar lejos de él. Deseaba con todas mis fuerzas que no terminara nunca ese momento.

No quería renunciar al pequeño Hyde. Ese cálido sentimiento que sentía por él había echado raíces en lo más profundo de mi ser, tanto, que me hacía sentir vivo.

¿Acaso así se sentía el amor?  

Suspiré.

Me sentí ridículo al pensar en todas esas cursilerías.

Como siempre, mis inseguridades me hicieron poner los pies en la tierra, provocándome una horrible mezcla de sentimientos, miedos y prejuicios. Y por si fuera poco, partiríamos de Osaka al día siguiente, ni siquiera tuve el valor de mencionarlo.

  Justo mi suerte… 

   — Sabes, Yuki… — de un momento a otro, el pequeño vocal se dio la vuelta para quedar frente a mí, sus manos ahora jugueteaban con el cuello de mi chaqueta —. Ese último día en la estación yo… realmente no quería que te fueras, así como ahora no quiero que te vayas.

— Yo tampoco quiero irme — declaré enternecido por sus palabras, acariciando su bonito rostro con una de mis manos —. Creo que no sabría cómo decirte adiós, no de nuevo.

Hyde bajo la mirada, pero no me pasó desapercibida la expresión triste en su rostro. 

Entonces supe que ese era el momento.

El momento donde nada importaba. Ni mi reputación con Die in Cries, ni los estúpidos prejuicios del mundo, ni siquiera las obvias dificultades que la distancia provocaría entre nosotros. Ya tendría tiempo de preocuparme después.

  — Haido, yo… — los nervios comenzaron a invadirme, sintiéndome de pronto como un adolescente torpe frente a la chica de sus sueños —. Yo, quiero decir…

  — ¿Qué sucede? — Hyde me miro extrañado y yo sentía que mi estómago caía hasta el mismísimo infierno.

¿¡Porque estas cosas era tan difíciles!? ¡Solo tenía que decirlo, y ya!

  — Haido,  quiero que sepas que me gustas mucho — confesé, sintiendo mi cara arder en vergüenza.

Hyde abrió grandes los ojos en genuina sorpresa ante mi terrible declaración de amor. Bueno, si es que a eso se le podía llamar “declaración de amor”.

  — Por favor, sal conmigo — le miré suplicante, su falta de respuesta me estaba matando lentamente por dentro, temía lo peor —. Bueno yo… entenderé si no quieres…  

  — ¿Pero qué cosas dices? ¡Claro que si quiero! — exclamó, propinándome un pequeño beso en los labios —. Tú también me gustas mucho, Yuki. Yo… creí que lo sabías.

No podía creer lo que acababa de suceder.

Habían sido meses y meses de extrañarlo, de atormentarme con la idea de que él se olvidaría de mí, de pensar que no volvería a verlo nunca. Y ahora lo tenía entre mis brazos, diciéndome que quería estar conmigo.

Por supuesto que sonreí como estúpido, sonreí tanto que sentí mi cara arrugarse como la de un sabueso recién nacido. Hyde parecía resplandecer ante mis ojos, iluminando mi vida con su sonrisa. Lo abracé aún más fuerte.

El mundo y mis inseguridades podían irse al demonio.

  — Prometo cuidarte mucho — le aseguré, besándole la mejilla.

Hyde soltó una risita.

  — Más te vale, Yukihiro….

 

****

 

  Llegue corriendo al estudio fotográfico un poco antes de las diez de la mañana.  

Y como era de esperarse, nuestro manager me esperaba de brazos cruzados junto a un malhumorado Kyo frente a la puerta de los vestidores. No solo me riñeron por llegar tarde a la selección de nuestro vestuario y maquillaje, también por desaparecer una noche entera sin decirle a nadie sobre mi paradero, arriesgando mi seguridad y a la banda de un escándalo. Sin duda, recibí el regaño de mi vida, obligándome después a disculparme con todos.

Sin embargo, no podía importarme menos.

En esos momentos, nada podía opacar la tremenda felicidad que me provocaba saber que el pequeño Hyde había correspondido a mis sentimientos, de que él también me llevaba en sus pensamientos, que ahora él estaba a mi lado. Estaba tan feliz, que sentía que era capaz de correr hasta el fin del mundo para anunciar mi felicidad a los cuatro vientos.

  — Deberías de ver la cara de imbécil que tienes en estos momentos — se burló Shin, una vez terminada la sesión de fotos —. Parece que lo pasaste bien, ¿nee, Yuki?

Preferí no responder. Con esa sonrisa traviesa en su rostro, era obvio que Shin hablaba en doble sentido. Pero de alguna manera, mi amigo estaba en lo cierto.

La vida me parecía maravillosa en esos momentos.