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Purification

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 "Nocturne"  de Die in Cries (1993)

 

 

    — ¡Eso es todo por hoy! Chicos, agradecemos mucho su participación en el programa de hoy ¡Otsukaresamadesu!

El locutor y el staff completo de uno de los tantos programas de radio en Osaka nos dedicaron una muy amable reverencia, agradeciendo la participación de Die in Cries en la emisión vespertina de ese día.

  Era martes 27 de Octubre de 1992, y todos nos sentíamos agotados.

Mientras esperábamos a que el transporte de nuestra disquera nos recogiera de la estación de radio, decidimos tomar un respiro en una de sus salas de espera.

  — ¡Estoy que me muero del cansancio! — exclamó Shin, desplomándose violentamente sobre el sofá donde me había sentado segundos antes —. Y pensar que mañana tenemos más entrevistas…

Dicho lo anterior, mi amigo se acurrucó sobre mi hombro, abrazándose a mi brazo.

  — ¡Oye no soy almohada! — me quejé, sacudiendo mi brazo —. Resiste un poco más, cuando llegues al hotel dormirás todo lo que quieras.

  — ¡Yuki-chan es muy malo! — reprochó, imitando (muy mal, por cierto) la voz de una chica. A causa del cansancio, Shin había estado realmente insoportable los últimos días. Y siendo sincero, yo no estaba de humor para sus tonterías.

  Takashi comenzó reírse de nuestra ridícula discusión, nunca lo había escuchado reír tan alto desde que lo conocí. En cambio, Kyo se mantuvo serio, observándonos.

  Aquellos eran los efectos del agotamiento y yo casi había olvidado lo cansado que era pertenecer a una banda. No habíamos hecho otra cosa más que trabajar y trabajar en todo lo que llevábamos del año, comenzando el momento en que fue lanzado nuestro primer single “Melodies” en febrero, al cual le siguieron nuestro primer álbum llamado “Visage” en marzo y un tour nacional entre abril y mayo. Al terminar la gira, le siguieron otro nuevo single y álbum, entrevistas en televisión, revistas, sesiones de fotos, grabaciones de nuevos PVs, programas de radio y un sin fin de actividades más.

Y por si fuera poco, en noviembre comenzaríamos un nuevo tour…

  ¡¡Auxilio!!

   — ¿Qué les parece si saliendo de aquí vamos a tomar una cerveza? Conozco un buen lugar aquí en Osaka — sugirió un sonriente Kyo — ¡Seguro que eso nos levanta los ánimos!

Ante la simple mención de la palabra “cerveza”, Shin y Takashi levantaron la vista, sus ojos brillaron ante esa magnífica idea.

Suspiré.

¿Acaso ir a beber era el mejor remedio para el cansancio? Jamás lo entendería, e intentar rechazar aquella invitación hecha por Kyo sería prácticamente un insulto hacía la banda (en especial para nuestro líder). Sabiéndome derrotado ante cualquier negativa de mi parte, me resigné al ruido y escándalo que seguro viviría las próximas cuatro horas.

  — ¡Anímate Yukihiro! ¡Será divertido! No hay nada mejor que una deliciosa cerveza para terminar bien el día — Shin en serio se esforzaba en levantarme los ánimos —. Y no te preocupes, que nosotros te cuidaremos bien ¿nee?

  — Así es pequeño Yuki, seremos tus guardaespaldas — bromeó el bajista, alborotando mi cabello con sus gruesas manos —. No dejaremos que nadie se quiera pasar de listo contigo…

Era en esos momentos cuando mi patética estatura golpeaba mi ego, pues gracias al hecho de que todos mis compañeros eran más altos que yo, muchas veces me trataban como el hermano menor de la banda. Mientras que Shin y Takashi lucían imponentes a causa de su complexión, Kyo era delgado tanto o más que yo; sin embargo, su altura le hacía ver más como un ágil zorro, mientras que yo parecía un pequeño hurón.

Maldita sea…

  — ¡Váyase al diablo los dos!

La mayoría de las veces era divertido seguirles el juego, pero había ocasiones en donde sus estúpidas bromas me sacaban de quicio, tal y como sucedía en ese momento. Por supuesto, las risas se negaron a desaparecer durante todo el rato que esperamos en esa pequeña sala. Quince minutos después, nos encontrábamos en una amplia camioneta, con dirección a donde sea que nuestro vocal decidiera llevarnos. Durante el recorrido me dediqué a observar el paisaje de la ciudad de Osaka por la ventana del vehículo.

La oscuridad de la noche se había apoderado por completo del cielo de la ciudad, la cual brillaba a causa de las luces artificiales de los edificios y la iluminación de neón de los diversos locales de comida y entretenimiento. Aquella excepcional calidez de Osaka podía sentirse incluso a través del vidrío de la ventana, la cual me hacía sentir una tonta nostalgia.

Resultaba terriblemente ridículo el hecho de que aún después de año y medio, mi mente se negara rotundamente a olvidar al pequeño Hideto.

Por supuesto había conocido a más personas en esas celebraciones después de conciertos o duras jornadas de trabajo con Die in Cries, reuniones en bares donde el ocio, el alcohol y el sexo casual abundaban enormemente. Sin embargo, muchas de esas citas que comenzaban a altas horas de la noche, terminaban después de alguna conversación vacía o cuando los primero rayos del sol comenzaban a iluminar la incómoda habitación del Love Hotel en turno.

Durante ese tiempo no había logrado encontrar a alguien que me cautivara tanto como Hideto lo había hecho, con esa delicada belleza y su encantadora personalidad. Nadie había sido capaz de borrar de mi mente el recuerdo de su brillante sonrisa que me hacía suspirar como estúpido.

Demonios…

  Y lo más triste era que no tenía noticias del pequeño vocal.

La carga de trabajo y los compromisos con Die in Cries habían crecido tanto, que prácticamente vivíamos en el estudio de grabación. En mi escaso tiempo libre (o cuando lograba zafarme de esas absurdas celebraciones) prefería dormir hasta más no poder. En resumen, estos últimos meses no había tenido tiempo de absolutamente nada. Como si el señor tiempo conspirara cruelmente en mi contra.

  — Maldición — bufé molesto frente a la ventana de la camioneta.

Era la segunda vez que visitábamos Osaka ese año y tenía el presentimiento de que tampoco tendría noticias Hideto en esa ocasión.

  — Nee, Yuki ¿estás bien?

La voz de Kyo me sacó de mis tribulaciones internas. Al voltear a mirarlo, me di cuenta que estaba sentado muy cerca de mí.

Demasiado cerca para mi gusto.

  — Sí, estoy bien — mentí —. Me siento un poco cansado, eso es todo.

  — Caray, y yo pensando que una cerveza nos haría olvidar la fatiga de todo el trabajo — el alto vocalista me dedicó una mirada comprensiva —. No era mi intención arruinar tu noche. Lo siento mucho, Yuki…

A veces, las respuestas de Kyo eran un arma de doble filo.

No solo lograban hacerte sentir mal por haber menospreciado alguna de sus sugerencias, sino también por hacerlo sentir mal a él al demostrarle ese menosprecio; al final, terminabas quedando como un idiota insensible.

Por supuesto que aquello lo hacía con toda intención, y cuando descubrí esta ingeniosa artimaña por parte de nuestro vocalista, supe que debía de ser cuidadoso. Los rumores acerca de su actitud arrogante y egocentrista tampoco eran ninguna broma; era parte de su naturaleza, supongo.

  — Ignóralo, Kyo-san — dijo Shin —. En cuanto tenga una cerveza y un cigarrillo en sus manos, se olvidara de todo.

Resoplé intentando no sonar irritado. Siempre podía contar con la ayuda de mi querido amigo Shin, quien me dedico el saludo de “amor y paz” desde su asiento.

Miserable…

Kyo por su parte, paso un brazo por encima de mis hombros, negándose a separarse de mi lado. A continuación, se hizo presente un incómodo silencio.

No hace mucho me había dado cuenta de las extrañas intenciones que Kyo tenía conmigo. En cada mirada, en cada gesto, en esos abrazos fraternales que solía darme, en cada conversación que tenía conmigo, siempre había algo más que solo simple compañerismo.

  — Creo que extraño tu cabello largo, Yuki — comentó Kyo. Sentía su mirada fija en mí.

Carraspeé.

No hacía falta decir que yo no estaba interesando en Kyo. El solo pensar en algún acercamiento romántico (o peor aún, sexual) con él me ponía los nervios de punta; sin embargo lo que más me intrigaba era el por qué demonios, de entre todas las malditas personas de esta nación, Kyo estaría interesado en mí, ¡no había lógica!

  ¡Ahhh! ¿¡Porque yo!?

  — Oye Kyo, he querido preguntarte…

La gruesa voz de Takashi se alzó sobre aquel molesto silencio, interrumpiendo mis tribulaciones mentales. Todos nos volvimos a observarle con curiosidad.

  — ¿No fue incomodo besar a un hombre frente a las cámaras en ese video?

Shin soltó una sonora carcajada. Para su mala suerte, Takashi tenía la extraña habilidad de hacer preguntas inapropiadas en los momentos menos oportunos.

  — ¿Pero qué clase de pregunta es esa? — se burló Shin, mientras Kyo también se reía. Incluso yo me reí. Todos sabíamos a qué video se refería nuestro bajista: La Vie en Rose, en donde Kyo compartía un explícito beso con Cipher, guitarrista de D’erlanger.

  — ¡Tengo curiosidad, es todo! — se defendió Takashi.

  — En lo absoluto, querido Taka, de hecho fue muy divertido — respondió el vocalista con una sonrisa traviesa —. Porque vamos, a estas alturas ¿Quién no ha besado a un hombre?

  — Yo no... — afirmo nuestro bajista rascándose la cabeza —. Creo que prefiero los dulces labios de una mujer.

  — Yo lo hice una vez, pero solo porque estaba borracho — dijo Shin avergonzado. A continuación todos me miraron, ansiosos de escuchar una confesión. Solté una risita nerviosa, en esos momentos deseaba con todas mi fuerzas que la tierra me tragase de una buena vez.

  — Kyo-san, hemos llegado a nuestro destino — anunció el chofer desde su asiento, rompiendo con esa incomoda tensión.

Suspire aliviado. Aun lograría llevar mis secretos homosexuales a la tumba.

  ¡Salvado por el chofer!

  La camioneta nos había dejado frente a lo que parecía ser un club musical, cuyo nombre lucía imponente en letras de neón color rojo.

 

NAMBA ROCKETS

 

Después de entrar discretamente al lugar, el cual parecía una lúgubre cueva, nos topamos con un mar de gente que esperaba a los pies de un pequeño escenario. Al ver un set de batería acomodado al fondo, bocinas y lo que parecía ser un bajo entre cables, supuse que pronto se presentaría alguna banda amateur. Nos acercamos al pequeño bar que se encontraba casi a un costado del escenario y mientras Kyo intercambiaba unas palabras con el barman, Takashi, Shin y yo nos dedicamos a observar el lugar con ayuda de la escasa iluminación, y pronto decidí que no tenía nada en especial. El terrible calor que invadía el ambiente provocaba que mis ganas de fumar se esfumaran con una rapidez implacable.

¿En serio iba a pasar la noche en este lugar espantoso? Necesitaba pensar rápido en alguna excusa, la que fuera, para poder largarme a descansar.

De pronto, Kyo nos hizo una seña para que lo siguiéramos por una puerta que decía “Solo Empleados” detrás de la barra, y después de cruzar un pequeño  pasillo, subimos por unas escaleras metálicas. Tenía la extraña sensación de que atravesábamos por un bunker soviético o algo parecido.

¿¡A dónde demonios nos está llevando!?

Al llegar al segundo piso, el alto vocal abrió una puerta y entramos a una pequeña estancia en donde nos esperaba un hombre de aspecto desaliñado, sentado en un amplio sofá en forma de semicírculo. Aquel hombre, quien se hacía llamar Yamada y a quien Kyo presentó como un “muy querido amigo”, era el dueño de aquel club; después de los obligados saludos y agradecimientos por su amabilidad, nos ofreció botanas y toda la cerveza que quisiéramos beber. Shin y Takashi estaban encantados, yo en cambio estaba sorprendido, nunca creí que Kyo tuviera esa clase de influencia.

  — Vine a este lugar con Oishi-san un par de veces, durante su cacería de nuevas bandas — nos explicó, sentándose lánguidamente en el sofá, mientras algunos empleados del colocaban charolas de frituras y una cubeta repleta de cervezas frías sobre la mesa de centro —. Aquí estaremos más cómodos, además, tenemos la mejor vista del escenario.

Aquella sala, reservada al parecer para reuniones privadas y busca talentos, no solo tenía aire acondicionado, también tenía un enorme ventanal con vista al escenario. Agradecí mentalmente a Kyo, al menos no tendría que soportar el escándalo de la gente ni el calor infernal del piso de abajo. Sintiéndome con un humor renovado, me acomodé junto a mis compañeros para disfrutar de una cerveza con ellos.

Tal vez la noche no sería tan mala después de todo.    

  De pronto el escenario se tornó oscuro y los gritos de emoción no se hicieron esperar. Entonces se escucharon los platillos de la batería, marcando el inicio. Las luces se encendieron y una banda desconocida comenzó a tocar.

Mientras los reflectores brillaban y parpadeaban con gran entusiasmo, unos alegres acordes en la guitarra invadieron el escenario, acompañado por el sonido de la batería y un orgulloso bajo que lograba hacerse notar. Los integrantes de aquella desconocida banda se movían al ritmo de la melodía, la cual tenía un sonido cálido y alegre. A simple vista parecían una banda como cualquier otra, con ropas oscuras, peinados y maquillajes típicos de la época. Pero al momento de escuchar cantar al vocalista, me congelé.

 

Una voz diferente a la usual

me habla con delicadeza

aún si es interrumpida, aún sin palabra alguna

aquella a voz hace eco dentro de mí...

 

Yo conocía esa voz… esa voz suave y masculina, que era... como escuchar el sabor de un delicioso chocolate...

 

Un pensamiento lejano

comienza a invadir mi cabeza

ahora tengo miedo de que la realidad me abandone…

 

 

Esa voz...

  ¡No puede ser...!

  — Oye Yuki... ¿Acaso no es el amigo afeminado de Junichi?

La observación de Shin solo confirmó más mis sospechas. Me acerqué al enorme ventanal para mirar con mis propios ojos. Una dicha indescriptible corrió por mis venas. Ahí sobre el escenario, siendo aclamado por el alocado público, estaba aquel chico bonito que había robado mi corazón, cantando con un poderoso sentimiento.

 

Una puerta se abre ante mis ojos

mostrándome una parte del futuro

¡oh cielo! por favor acepta todo tal y como es

No desaparezcas…

 

  Hideto...

— ¡Muchas gracias! Somos L'Arc en Ciel — saludó tímidamente al público — Y esperamos que nuestra música sea de su agrado esta noche…

 

 

  Diez minutos después de que el live finalizara, me encontraba frente a la puerta de uno de los camerinos del recinto. Una maltratada hoja de papel, la cual tenía escrito el nombre de "L'Arc en Ciel", estaba pegada en medio de la puerta. Estaba tan emocionado que ni siquiera mi acostumbrada timidez había logrado detenerme de preguntarle al mismísimo dueño del club la ubicación de los camerinos.

Con el pretexto de que iría a saludar a unos viejos amigos, logré escapar de las miradas y preguntas curiosas de Shin y Takashi, convenciéndoles de que regresaría por mi cuenta al hotel donde nos hospedábamos. Por otro lado, Kyo estaba molesto por mi repentina decisión de abandonarlos.

  — Te quiero en el estudio fotográfico en punto de las 10 de la mañana ¿está claro, Awaji? — me advirtió el vocal con toda la recia autoridad de líder —. Más te vale no llegar ni un minuto tarde.

Era justo decir que poco me había importado su disgusto disfrazado de amenaza, así como también me importaba poco la sesión de fotos que la banda tendería al día siguiente, lo único que me preocupaba en ese momento era volver a ver a Hideto.

Tomando valor, decidí tocar la puerta.

Aun no podía creer que ese chico Tetsuya, a quien había conocido hace más de un año, realmente había seguido mi recomendación de buscar a Hideto y hacerlo parte de su banda; y no solo se había conformado con el pequeño vocal, al parecer también había convencido a Pero.

De pronto, la puerta se abrió y de ella salió un chico alto con el cabello enmarañado. Me miró extrañado.

  — ¿Y tú quién eres? — pregunto con rudeza — ¿Necesitas algo?   

  — Eh... yo… bueno, yo… — mi acostumbrada timidez había regresado a cobrar venganza —. Esto… estoy buscando a Hideto.

Aquel chico, cuyo rostro tenía cierta apariencia infantil, pareció dudar unos momentos; sin embargo su semblante se suavizo un poco cuando le dije que era un amigo de su vocalista.

  — ¡Haido-chan, alguien te busca! 

Conteniendo el aliento, observe como Hideto se asomaba curioso por la puerta del camerino; al verme, ni siquiera su larga y rizada cabellera logro disimular la sorpresa que invadió sus ojos. Era claro que era la última persona que él esperaba encontrar afuera de su camerino esa noche.

  — ¡Yuki! — exclamo sorprendido, intentando ocultar con una mano la sonrisa que se había dibujado en su rostro. Escuchar mi nombre de sus labios después de tanto tiempo me hizo estremecer.

  — Hola Hideto — me sonrojé —. Ha pasado mucho tiempo ¿nee?

Como única respuesta, Hideto se acercó lo suficiente para envolverme en un abrazo. Incapaz de reaccionar ante aquella inesperada muestra de afecto, solo atiné a agradecer mentalmente esa falta de respeto que las personas de Osaka tenían por el espacio personal. Incluso su compañero, que aún se encontraba en la puerta, parecía sorprendido.

  — ¿Pero qué estás haciendo aquí? — preguntó él.

  — Vine aquí con unos amigos, y por una feliz coincidencia, tú estabas en el escenario. Nada mal por cierto — expliqué, notando la mirada sospechosa que nos dirigía el otro, atento a nuestra conversación —. Entonces decidí venir a saludarte.

  — Gracias — su sonrisa se acentúo aún más —. ¡Pero pasa! ¡Debes conocer a Tet-chan y seguro que a Pero le dará gusto verte!

Y sin darme oportunidad para responder, Hideto me tomo del brazo, jalándome hacia el interior del camerino, pasando de lado a su compañero.

  — ¿¡Oye enano y que hay de mí!? ¿¡Acaso estoy pintado!? — lo escuchamos quejarse, seguramente ofendido de haber sido ignorado.

Pero Hideto no respondió, parecía bastante emocionado a causa de nuestro pequeño reencuentro, al igual que yo.

Gracias a todos los cielos por este mundo tan jodidamente pequeño. 

 

**

 

  Después de salir de aquel recinto, los chicos de L’Arc en Ciel y yo caminamos hasta llegar al río Dōtonbori, los recuerdos de mi estancia con Junichi y Hideto no tardaron en inundar mi mente.

Lamentándose de no tener el suficiente dinero para comprar comida o cerveza, se conformaron con cafés en lata y anpans de una máquina expendedora; quise invitarlos a cenar pero ellos se negaron rotundamente.

  — Sería vergonzoso de nuestra parte, Yuki — aseguro Tetsuya, cuya confianza de líder parecía alentarlo a llamarme “Yuki” de manera despreocupada —. Sé que un día podremos invitarte a cenar para agradecer lo que hiciste por la banda.

Dejé salir una risita, aquello sonaba exagerado.

  — Solo fue una llamada telefónica, eso es todo — dije apenado.

  — Entonces te daremos las gracias por esa llamada — replico Hideto mientras daba un sorbo a su café. Sus grandes ojos parecían sonreír por si solos.

  — Apoyo esa idea, senpai — añadió Pero.

  — ¿Alguno de ustedes me dirá por fin como es que conocen al baterista de Die in Cries? — reclamo el chico de cabello enmarañado que antes me abrió la puerta del camerino. Su exasperación solo logró que sus compañeros se burlaran de él. Entonces que Hideto nos presentó formalmente.    

Aquel chico, de nombre Ken Kitamura, era el guitarrista de L’Arc en Ciel (si, el nombre era un broma cruel), era amigo de la infancia de Tetsuya y un prodigio en la guitarra según el pequeño vocal; había sustituido a Hiro, el chico que acompañaba a Tetsuya el día que nos conocimos, al dejar la banda meses atrás.

Debo decir que me agrado de inmediato.

Ken era un chico sumamente simpático, y después de tomar algo de confianza, incluso se divirtió bromeando conmigo. Él al igual que yo, también había abandonado la universidad para encontrar un lugar dentro de la música.

  Después de disfrutar de nuestras bebidas enlatadas en una de las bancas que se encontraban a un costado del río, conversando y bromeando al igual que estudiantes escandalosos después de un día de escuela, Tetsuya anunció que regresaría a casa, pues su aburrido empleo le esperaba al día siguiente. Ken y Pero no tardaron en seguirle.  

Sonreí nervioso. A pesar de haber tenido una noche indudablemente divertida, la verdad era que estaba impaciente por quedarme a solas con Hideto, quien a su vez me dirigió una mirada cómplice. Supuse que él también esperaba lo mismo. Ofreciéndome a acompañarlo hasta su casa, ambos nos despedimos de sus compañeros, no sin antes prometer volver a reunirnos pronto.

  — Así que ahora eres Haido — comenté una vez nos quedamos solos, me resultó sumamente curioso el nombre que usaban los otros para referirse a él.

  — Uhm, ese es mi nuevo nombre — sonrió —. No quería que la gente pensara que me hacía llamar ‘Hide’ por Hide de X Japan.

Aquello sonaba bastante razonable, además, ‘Hyde’ me pareció un nombre genial.

  — Me gusta, creo que te llamare Haido de ahora en adelante si no te molesta.

  — Para nada Yuki...

Pasaba de la media noche, pero muchos bares y negocios de la zona aún estaban repletos de gente ruidosa, nadie parecía preocuparse en absoluto por la nueva jornada de trabajo que les esperaba al día siguiente.

Y bueno, era claro que a nosotros tampoco nos importaba.

Con la luna de octubre brillando orgullosa en lo más alto del cielo, nos dedicamos a conversar todo el camino hasta su casa.

Hideto... es decir… Hyde se había mudado a Namba un par de meses atrás al conseguir un nuevo empleo. Después de contarle sobre Die in Cries y alguna que otra absurda anécdota, le escuche a hablar sobre cómo conoció a Tetsuya en un club musical, y de como él y Pero terminaron por unirse a L’Arc en Ciel después de la inevitable ruptura de Jelsarem’s Rod y la insistencia casi enfermiza del bajista.

No pude evitar sentirme un poco triste con respecto a Jelsarem’s Rod, al final Hyde había acertado en todo lo que había dicho ese último día en la estación al despedirnos. Sin embargo, todos estaban satisfechos con la decisión que habían tomado, y mientras Tsuki se encontraba estudiando una carrera en el extranjero, mi amigo Junichi ahora se hacía cargo del nuevo restaurante de sus tíos. 

Además de las peleas y problemas que tuvieron con Hiro, su ex guitarrista, me enteré también de los que habían tenido con una pequeña casa disquera que les ofreció grabar un single gracias a la popularidad que habían logrado en Osaka; pero contrario a lo que esperaban, aquella experiencia resulto ser desastrosa debido a la pésima calidad de grabación y postproducción. Por supuesto temían que su single acabara siendo un fracaso.

  — Lamento hacerte caminar tanto Yuki, casi llegamos — dijo, pasándose una mano por su largo cabello.

Lo miré embobado.

Los recuerdos del día en que conocí a Hyde se hicieron presentes en mi memoria, incluso el vuelco en mi corazón que sentí estando en su compañía volvió a manifestarse en cuanto pasamos el luminoso anuncio del Glico Man.

  Aún sigo esforzándome, Glico-san…

Después de dar vuelta en una esquina, arribamos a un pequeño edificio de departamentos que compartía la calle con imprentas y almacenes de papelería. Incluso me señalo el lugar donde trabajaba como diseñador, jactándose de lo afortunado que era al tener su trabajo a tan solo un par de pasos de su casa.       El lugar estaba en completo silencio, incluso nuestros pasos hacían eco mientras subíamos por las escaleras del edificio.  

— Aun no puedo creer que hayas sido tú el que le contó a Tet-chan sobre mí — se quejó antes de detenerse frente a una puerta — Debiste verlo ¡parecía un maldito acosador, siguiéndome a todas partes!

 Se volvió para mirarme a la cara, haciendo un puchero que me pareció de lo más lindo. Solté una carcajada.

  — En serio lo lamento, no creí que Tetsuya trataría de convencerte de esa manera — respondí, pero su puchero se negó a desaparecer.

De pronto nos quedamos en silencio.

Pasamos un largo momento mirándonos, mientras que un inusual deseo de apresarlo contra la puerta me invadía de pies a cabeza. Había esperado encontrarme con él durante tanto tiempo y en lo único que podía pensar era en tocarlo y en besarlo hasta el cansancio, ¿¡Qué diablos tenía en la cabeza!?  

No podía saber si sus sentimientos seguían siendo los mismos o si me correspondería siquiera. Además, ¿Qué demonios iba a decirle? ¿Qué lo extrañaba? ¿Que no podía dejar de pensar en él? ¿Qué aun después de tanto tiempo seguía gustándome mucho?

Me sentí patético. Al final, me di cuenta de que en realidad no tenía idea de que esperar de este reencuentro.

  Fracasando como siempre, Yukihiro…

Tal vez era mejor dejarlo así.

  — Creo que debo irme Haido, ya es muy tar-

  — ¿Acaso no vas a entrar?   

Me quedé callado, Hyde parecía un poco decepcionado de mi repentina decisión de irme. Y sin darme oportunidad de responder, se volvió a abrir la puerta de su departamento.

  — Vamos, pasa — dijo, haciéndose a un lado para dejarme entrar primero. No tuve más opción que obedecerlo.

  — Con permiso — respondí con amabilidad, cruzando la puerta. A continuación me dispuse a quitarme los zapatos.

Mientras Hyde cerraba la puerta a mis espaldas, me adentré en su departamento, observado cada detalle de este. Todo en el era pequeño: su cocina, la sala, su habitación y la terraza... pequeños como su dueño.

  — Disculpa el desorden Yuki, el trabajo y nuestras presentaciones me han tenido muy ocupado, y por si fuera poco, el idiota que vive conmigo es terriblemente desordenado — comento detrás de mí —. Tú lo viste, es quien canto conmigo al final de nuestra presentación.

Hyde sin duda se refería al sujeto que había pasado todo el tiempo tratando de pegarse a él mientras interpretaban esa canción “Husk” de Gastunk. Sentí una ridícula punzada de celos, sobre el escenario parecían ser muy cercanos.  

Rápidamente se acercó al único sofá de la sala, el cual estaba lleno de ropa, partituras, dibujos y envolturas de comida, lanzando todo ese desorden al suelo. Bajo una chaqueta se encontró con un cenicero lleno de colillas de cigarrillos, el cual se volteó al levantar la prenda.

  — ¡Maldita sea, Kiyoharu! — le escuché susurrar molesto al ver que todo el contenido del cenicero había caído sobre uno de los asientos del sofá.

La expresión de su cara solo dejaba ver lo avergonzado que estaba mientras limpiaba aquel desastre. Yo solo me dediqué a observarlo en silencio. Sin embargo, el hecho de saber que Hyde vivía con ese sujeto extraño me desanimaba un poco.

  — Yuki, siéntate por favor — me indicó una vez que el sofá estuvo despejado. Obedecí sin más mientras él se concentraba en limpiar la pequeña mesa que había enfrente —. Solo no te sientes sobre las cenizas o tu ropa apestara.

  — Recuerda que soy una chimenea parlante — comenté divertido —. Dudo que pueda apestar más a cigarrillo.

  — Bueno en eso tienes razón, aunque temo decir que mi compañero te gana por mucho, Yuki.

  — ¿Ah, sí?

  — Si, aunque él no es una chimenea ¡es una maldita locomotora! ¡Por cada cigarrillo que yo fumo, él se fuma cuatro!

Reí ante su comentario, el cual me ayudo a recordar que yo también era un fumador empedernido y que era el momento perfecto para un cigarrillo.

  — ¿Quieres uno? — le ofrecí tendiéndole la cajetilla que había comprado esa tarde. Hyde, quien se había sentado sobre la mesita frente a mí, sonrió como respuesta y tomo uno. Al colocarlo en sus labios, le acerqué mi encendedor y me concentre en observar su expresión al momento de encenderlo por él.

La manera de cerrar sus ojos al momento de dar la primera calada, la manera en que el humo de nicotina salía elegantemente por su nariz, la manera en que me miro después para agradéceme, me dejo completamente embobado. Hyde seguía siendo tremendamente sensual, aun haciendo cosas tan simples como esa.

   — Yuki, cierra la boca o se te meterá una mosca — lo escuche decirme divertido. Eso solo comprobó que la expresión de mi rostro era la de un completo imbécil.

  Demonios Yukihiro, das lástima...

Para disimular mi vergüenza, encendí un cigarrillo y evite mirarlo. De pronto, un sabor extraño invadió mi boca.

  — Cherokee, me gustan — dijo él con suavidad — ¿Cómo sabias que me gustaban?

  — ¿Qué? — no entendía nada de lo que me estaba diciendo.

  — Los cigarrillos, son mis favoritos...

Miré la cajetilla, la cual estaba adornada con franjas verdes, el dibujo de un jefe nativo americano y una tipografía de color amarillo que rezaba la palabra "CHEROKEE". No recordaba haber comprado esto en la tienda de conveniencia esa mañana.

  — Creo que la encargada de la tienda se equivocó al atenderme — respondí, dejando mi cigarrillo en el cenicero que antes se había volteado. Eso explicaba el sabor extraño en mi boca.

   Y yo fui lo suficientemente estúpido como para no revisar mi compra…

  — Tal vez es una señal, Yuki — declaró mi amigo con una sonrisa coqueta.

  — ¿Señal? — lo miré extrañado.

  — Si, una señal muy interesante...

¿Qué rayos quería decir eso?

Sin embargo, supe a qué se refería en el momento en que sus manos comenzaron a acariciar mis rodillas. Esas caricias suaves y traviesas que me hicieron recordar ese día en el ensayo de Jelsarem’s Rod; caricias que me transmitían tantas sensaciones. Dejando también su cigarrillo en el cenicero, Hyde me miró fijamente a los ojos, su sonrisa coqueta se hacía más y más grande. El humo de tabaco, a pesar del peculiar aroma, le daba un toque sensual a la escena frente a mí. Un cosquilleo comenzó a generarse en mi vientre, al sentir sus manos subir por mis muslos. Bastó con esas silenciosas caricias para darme cuenta de que el pequeño vocal buscaba algo más de mí en ese preciso momento.

Y esa sutileza tan propia de él me estaba excitando mucho.

Sin previo aviso, el pequeño vocal acorto la distancia que había entre ambos y me beso sin más. Aquello sucedió tan rápido que apenas tuve tiempo de reaccionar.

Mientras mi cerebro sufría un breve colapso, Hyde aprovecho para sentarse sobre mi regazo. Sus delgadas piernas se acomodaron a mis costados, sus brazos se abrazaron a mi cuello, y su rostro había quedado a pocos centímetros del mío. 

Nuestras narices se rozaron la una contra la otra en un tierno gesto, como un preludio a lo que sucedería a continuación. Tampoco hubo necesidad de palabras, aquella mirada cristalina, la profunda ventana de su alma, me había hipnotizado por completo.

  — Estoy feliz de volver a verte, Yuki — susurro contra mis labios, su cálido aliento mezclándose con el mío. Envolviéndolo fuertemente entre mis brazos, sentía que el pecho me explotaría en cualquier momento.

  — Yo también estoy feliz…

  Volvimos a besarnos, esta vez con más fuerza, como una necesidad inmensurable que nos quemaba por dentro. El sabor de sus labios, esa pequeña desesperación de tomar el control del beso, su lengua chocando contra la mía, nuestros jadeos de placer, todo me estaba volviendo loco.

Su cuerpo se frotaba deliciosamente contra el mío y mis manos recorrían su delgado cuerpo bajo la camiseta. Y mientras su boca plantaba pequeños besos en mi cuello, sus pequeños dedos se concentraban en abrirme el pantalón, hundiéndose poco a poco entre mi ropa interior hasta alcanzar mi dura erección que aguardaba impaciente.  

Ahogué un gemido.

Y partir de ese momento, solo me dejé llevar.

 

***

 

  — Hey… ¡Despierta!

Escuche que alguien me llamaba con brusquedad entre sueños, sin embargo me rehusé a despertar.

  — Miserable… ¡Despierta!

Esta vez sentí que me daban un puntapié en la pierna. ¡¿Quién rayos quería interrumpir mi sueño?! Sentí como mi cuerpo por si solo, se giraba hacia a un lado, aun sin despertar.

  — ¡Con un demonio, que despiertes!

Fue entonces cuando desperté de sobresalto a causa de esa agresiva voz llamándome; sentado en un suave futón, tarde varios momentos en recordar en qué lugar me encontraba, mire a mí alrededor, y pronto me encontré con un hombre extremadamente delgado, de cabello largo y rubio atado en una descuidada cola de caballo, estaba cruzado de brazos y sus ojos entre abiertos me dirigían una mirada furiosa. Su rostro me resultaba extrañamente familiar.

  — ¡¿Quién demonios eres tú?! — cuestiono él, su voz grave endureció aún más su porte amenazador — ¡¿Cómo demonios entraste aquí?! ¡¿En dónde está Haido?!

  Todas esas preguntas terminaron por recordarme en donde estaba.

Yo, Awaji Yukihiro me encontraba en casa de Takarai Hideto, acostado en su futón, mientras un desconocido me hacía preguntas; y lo peor de todo… estaba desnudo.

Maldita sea…

De manera automática tome las cobijas que estaban a un costado mío y cubrí mi desnudez. ¡Qué vergüenza! Un maldito desconocido me había visto desnudo en una cama y en una casa que no era las mías. Adormilado e inquieto por este repentino despertar, sentí que tenía el deber de disculparme.

  — Escucha, yo…

  — ¡¿En dónde está Haido?!

Aquella pregunta me hizo despabilarme por completo, solo para darme cuenta de que Hyde no estaba en el futón conmigo y al parecer no estaba en ningún lugar de su departamento.

Suspiré.

Algunos recuerdos de la noche anterior comenzaron a invadir mi mente como pequeñas gotas de agua las cuales se expandían en cada rincón de mi cabeza. Sin embargo, ni siquiera recordaba en que momento me había quedado dormido.

  — ¿Te acostaste con él?

La voz áspera de aquel desconocido me sacó de mis pensamientos enseguida, y no solo eso, también me tomo por sorpresa, ¿A qué venía esa pregunta?

  — ¡Tadaima! — un alegre saludo se escuchó desde la entrada del apartamento, seguido de un portazo — ¿Yuki, estas despierto?

  Cuando escuche mi nombre, me quede en silencio, mientras que la mirada del hombre frente a mí se ensombreció aún más. Escuchamos unos pasos acercarse a la habitación, y segundos después, un abrigado Hyde entro a la habitación con una bandeja de cafés en una mano, y una bolsa de plástico en la otra.

  — ¿Pero aún no te levantas, Yukihiro? — me regaño al verme sentado sobre el futón — ¿Acaso no tienes una sesión de fotos?

No respondí.

 En esos momentos mi lengua había decidido morir para dejarme mudo ante la extraña situación que estaba ocurriendo. El vocal se acercó a mí con una sonrisa, se puso en cuclillas y levanto las cosas que llevaba en las manos.

  — Mira, traje unos pastelillos — me indicó. Sus bonitos ojos cafés expresaban una alegría indescriptible —. Si te apresuras, los comeremos antes de que me vaya a trabajar.

Al parecer no se había percatado de la presencia del otro hombre que estaba en la habitación, siendo un testigo silencioso de aquella escena. Y justo cuando Hyde se disponía a besarme, lo detuve suavemente con las manos y le indiqué con la mirada que había alguien detrás de él.

Con una expresión de incredulidad en el rostro, se puso de pie y se volvió para encontrarse con aquel hombre. Entonces descubri por qué ese sujeto me parecía tan familiar.

  — ¡Kiyoharu! — exclamó Hyde con genuina sorpresa al verlo —. ¿Qué haces aquí? ¡Creí que te habías ido a Nagoya después del live de anoche!

Aquel tipo Kiyoharu, se acercó a Hyde con los brazos cruzados, sonriendo ladinamente.

  — Decidí dejar mi viaje para hoy, así que solo me fui a embriagar con Hitoki y los chicos — la voz que momentos atrás me cuestionaba agresivamente, ahora le hablaba de una manera tierna a Hyde —. Quería despedirme apropiadamente de ti antes de irme, pero veo que tienes visitas...

Me tensé de inmediato. Era obvio que se refería a mí. Sentí un fuerte calor en el rostro, la vergüenza me estaba carcomiendo por dentro, y lo peor de todo es que no podía hacer nada.

Estoy desnudo… ¿qué rayos podría hacer al respecto? … pensé. Lo único que me quedaba por hacer era guardar silencio y esperar a que todo esto terminara.

  — Él es mi invitado, así que déjalo en paz — Hyde salió en mi defensa –. Y ahora salgamos que Yuki debe vestirse, y tú yo debemos hablar…

Kiyoharu me dirigió una última mirada de completo desagrado antes de salir de la habitación;  Hyde en cambio, me planto un ligero beso en los labios.

  — Ve a ducharte — sonrió —. En el armario hay toallas y algo de ropa, en caso de que necesites. Apresúrate…

  — Gracias — respondí, mirándolo salir de la habitación.

Miré mi reloj de pulsera. Las 8:05 de la mañana.

  Bien…

 Aun había tiempo suficiente.

 

 

  Encontré al pequeño vocal disfrutando de una taza de café, recargado en el fregadero de la pequeña cocina. Vestido de manera casual, su atención estaba puesta en el noticiero que presentaban en televisión; sus rizos de la noche anterior habían desaparecido casi por completo,

 Salí de la habitación sigilosamente, siendo lo suficientemente cuidadoso para no toparme con ese tal Kiyoharu. Al percatarse de mi presencia, Hyde me dirigió una linda sonrisa.

  — ¡Eso fue rápido! — exclamo —. Vamos, ven a tomar café y a comer un pastelillo.

  — ¿Y tu amigo? —  pregunté temeroso, no había rastro del otro hombre.

  — Fue a comprar cigarrillos, no puede vivir sin ellos — respondió —. Así que tendremos un poco de paz durante un rato.

  — Me alegro… — sin embargo, la necesidad de preguntar me invadió por completo — Kiyoharu y tú… ¿están juntos?

Hyde parecía sorprendido, supuse que no esperaba esa pregunta tan directa. Frunció los labios, quizá pensando en lo que respondería a continuación.

  — Lo estuvimos varios meses atrás, pero pronto nos dimos cuenta de que lo nuestro no funcionaba; y como también tiene su propia banda, él casi nunca estaba aquí — dijo — Kiyoharu es un buen amigo, pero siempre parece molestarse cuando me ve con alguien más.

  — Se pone celoso, supongo — me permití sentir empatía con ese tal Kiyoharu.

  — Como no tienes idea… por ejemplo, una noche después de un live, le ofrecí a Tet-chan pasar la noche aquí porque ya era muy tarde y ya no salían autobuses a su casa; Kiyoharu no estaba aquí, para variar — hizo una breve pausa para reír ante aquel recuerdo —. A la mañana siguiente Tet-chan entró a tomar una ducha, y fue entonces que Kiyoharu llego…

  — ¿Y qué sucedió?

  — ¿Has visto esa película “Psicosis”? ¿La de la famosa escena de la regadera?

  — Si…

  — Bueno, paso algo parecido… desde entonces, Tet-chan se ha rehusado a pasar la noche en mi casa otra vez.

  Al recrear la escena en mi mente (la cual incluía a un asustado Tetsuya en blanco y negro, gritando dramáticamente en la regadera al compás de aquella raposa y chillona tonada de violines) no dudé en soltar una carcajada. No cabía duda de que ese Kiyoharu era de cuidado.

  — ¿Vainilla o chocolate? — preguntó, sacando de una bolsa los pastelillos que había comprado.

  — Chocolate, por favor…

  En el momento en que Hyde dio la vuelta para  sacar un pastelillo de un empaque (los cuales tenían una pinta exquisita), tome el suficiente valor para hacer algo que deseaba hacer hace mucho tiempo. Me acerqué a él silenciosamente y al estar lo suficientemente cerca, pase ambas manos sobre su cintura, atrayéndolo hacia mi cuerpo.

Hyde dio un sobresalto ante aquel inesperado contacto.

  — ¿Pero que se supone que haces? — preguntó entre risas, deteniéndose en lo que estaba haciendo.

  — Quería abrazarte — dije sin más, colocando mi mentón en su hombro derecho. En esa posición, el aroma a jabón de su cabello acarició mi nariz.

  — ¿Qué hay de tu pastelillo? — sus pequeñas manos se colocaron sobre las mías.

  — Te quiero a ti solamente — dije, aferrándome más a su cuerpo —. Creo que eres mejor que un pastelillo.

Lo escuche reírse divertido. La cursilería propia de un momento intimo como ese comenzaba a desbordarse de mis labios como miel empalagosa. De nuevo, ese era el efecto que el pequeño vocal provocaba en mí.

No me quedaba duda de que estar con él era mejor que contemplar la inmensidad de mar, mejor que el aroma de la lluvia de primavera o mejor que disfrutar de chocolate caliente en un día de invierno.

Incluso aún mejor que una erección matutina...

¡Dios! ¡¿En qué demonios estoy pensando?!

Sin decirnos nada más, permanecimos abrazados durante un largo rato, con el ruido de la televisión a nuestras espaldas y el olor a café fresco invadiendo nuestras fosas nasales.

Saber que pronto tendría que dejar al pequeño Hyde y regresar a la realidad del mundo me entristecía terriblemente. Estaría de regreso a la aburrida rutina, a la melancolía, a ese vacío de sentirme estar lejos de él. Deseaba con todas mis fuerzas que no terminara nunca ese momento.

No quería renunciar al pequeño Hyde. Ese cálido sentimiento que sentía por él había echado raíces en lo más profundo de mi ser, tanto, que me hacía sentir vivo.

¿Acaso así se sentía el amor?  

Suspiré.

Me sentí ridículo al pensar en todas esas cursilerías.

Como siempre, mis inseguridades me hicieron poner los pies en la tierra, provocándome una horrible mezcla de sentimientos, miedos y prejuicios. Y por si fuera poco, partiríamos de Osaka al día siguiente, ni siquiera tuve el valor de mencionarlo.

  Justo mi suerte… 

   — Sabes, Yuki… — de un momento a otro, el pequeño vocal se dio la vuelta para quedar frente a mí, sus manos ahora jugueteaban con el cuello de mi chaqueta —. Ese último día en la estación yo… realmente no quería que te fueras, así como ahora no quiero que te vayas.

— Yo tampoco quiero irme — declaré enternecido por sus palabras, acariciando su bonito rostro con una de mis manos —. Creo que no sabría cómo decirte adiós, no de nuevo.

Hyde bajo la mirada, pero no me pasó desapercibida la expresión triste en su rostro. 

Entonces supe que ese era el momento.

El momento donde nada importaba. Ni mi reputación con Die in Cries, ni los estúpidos prejuicios del mundo, ni siquiera las obvias dificultades que la distancia provocaría entre nosotros. Ya tendría tiempo de preocuparme después.

  — Haido, yo… — los nervios comenzaron a invadirme, sintiéndome de pronto como un adolescente torpe frente a la chica de sus sueños —. Yo, quiero decir…

  — ¿Qué sucede? — Hyde me miro extrañado y yo sentía que mi estómago caía hasta el mismísimo infierno.

¿¡Porque estas cosas era tan difíciles!? ¡Solo tenía que decirlo, y ya!

  — Haido,  quiero que sepas que me gustas mucho — confesé, sintiendo mi cara arder en vergüenza.

Hyde abrió grandes los ojos en genuina sorpresa ante mi terrible declaración de amor. Bueno, si es que a eso se le podía llamar “declaración de amor”.

  — Por favor, sal conmigo — le miré suplicante, su falta de respuesta me estaba matando lentamente por dentro, temía lo peor —. Bueno yo… entenderé si no quieres…  

  — ¿Pero qué cosas dices? ¡Claro que si quiero! — exclamó, propinándome un pequeño beso en los labios —. Tú también me gustas mucho, Yuki. Yo… creí que lo sabías.

No podía creer lo que acababa de suceder.

Habían sido meses y meses de extrañarlo, de atormentarme con la idea de que él se olvidaría de mí, de pensar que no volvería a verlo nunca. Y ahora lo tenía entre mis brazos, diciéndome que quería estar conmigo.

Por supuesto que sonreí como estúpido, sonreí tanto que sentí mi cara arrugarse como la de un sabueso recién nacido. Hyde parecía resplandecer ante mis ojos, iluminando mi vida con su sonrisa. Lo abracé aún más fuerte.

El mundo y mis inseguridades podían irse al demonio.

  — Prometo cuidarte mucho — le aseguré, besándole la mejilla.

Hyde soltó una risita.

  — Más te vale, Yukihiro….

 

****

 

  Llegue corriendo al estudio fotográfico un poco antes de las diez de la mañana.  

Y como era de esperarse, nuestro manager me esperaba de brazos cruzados junto a un malhumorado Kyo frente a la puerta de los vestidores. No solo me riñeron por llegar tarde a la selección de nuestro vestuario y maquillaje, también por desaparecer una noche entera sin decirle a nadie sobre mi paradero, arriesgando mi seguridad y a la banda de un escándalo. Sin duda, recibí el regaño de mi vida, obligándome después a disculparme con todos.

Sin embargo, no podía importarme menos.

En esos momentos, nada podía opacar la tremenda felicidad que me provocaba saber que el pequeño Hyde había correspondido a mis sentimientos, de que él también me llevaba en sus pensamientos, que ahora él estaba a mi lado. Estaba tan feliz, que sentía que era capaz de correr hasta el fin del mundo para anunciar mi felicidad a los cuatro vientos.

  — Deberías de ver la cara de imbécil que tienes en estos momentos — se burló Shin, una vez terminada la sesión de fotos —. Parece que lo pasaste bien, ¿nee, Yuki?

Preferí no responder. Con esa sonrisa traviesa en su rostro, era obvio que Shin hablaba en doble sentido. Pero de alguna manera, mi amigo estaba en lo cierto.

La vida me parecía maravillosa en esos momentos.