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Historias de Fódlan

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#1 . It will be fun, trust me

 

“Vamos a bajar al centro de la ciudad para los festejos, decían.”

“Será divertido, decían”.


En Fhirdiad había estallado la locura tras la coronación del rey Dimitri y la reacción del pueblo, emocionado por volver a tener un monarca legítimo, no se había hecho esperar. Se había anunciado una semana entera de festejos en los que se pensaba derrochar todo lo que no se había podido hacer durante aquella cruenta guerra. Se habían preparado juegos, música, un mercado con toda clase de artículos a la venta, al cual más vistoso, actividades… era un caos, pero uno bienvenido tras aquellos duros meses y años donde el pueblo estaba por perder toda esperanza.

 

A Byleth le vino un mareo nada más ver la explosión de colores en las calles entre los farolillos de papel y las banderas del Reino por doquier, y el ruido ensordecedor y alegre del gentío. Nunca había logrado acostumbrarse a las multitudes, y no creía que fuera a hacerlo ahora. No era que resintiera los festejos en absoluto, ya que se necesitaba un respiro, pero no podía evitar la punzada constante del pensamiento de que podrían aprovechar que estaban con la guardia baja para lanzarles un ataque. Además, como había apuntado un muy gruñón Felix, “tanto derroche sin haber terminado la campaña de guerra era innecesario”.

 

Pero por otro lado, escuchar las risas alegres de los niños, las conversaciones animadas de los adultos, las canciones y bailes que se sucedían por doquier, le hacían pensar que quizás todo lo que estaban haciendo estaba mereciendo la pena. Que había merecido la pena llegar hasta donde estaban sólo por eso.

Quizás, pensó, era ese el motivo por el que Sylvain le había insistido una y otra vez que bajaran juntos a participar del ambiente, aunque fuera una vez, y olvidarse de todo un rato.

Fue pensar en el heredero de los Gautier y sentir una familiar mano en el hombro que le devolvió a la realidad con una palmada, viendo nada más girarse el llamativo y desordenado pelo rojo y la sonrisa de oreja a oreja del joven.

Y por primera vez en meses (y hasta podía decir que incluso años, ya que ni siquiera en los años de academia le había visto así), la sonrisa le llegaba a los ojos. Byleth solo pudo pensar que sólo por eso ya compensaba todas las penurias que habían tenido que pasar para llegar hasta allí.

-¡Profe! Al final te has animado. Me alegro-Sylvain volvió a palmearle la espalda, atrayéndole hacia él con toda la familiaridad y el descaro del mundo, algo que no pensaba hacerle notar por lo pronto-. ¿Habías estado en una de estas antes?

-La verdad, no me acuerdo-le respondió con una sonrisa culpable-. Probablemente sí, pero ha pasado tanto tiempo que…

-Ni te preocupes por eso. Estamos aquí para hacer recuerdos nuevos. Y para pasarlo bien un rato, claro-el joven caballero miró en rededor, observando el ambiente festivo con una sonrisa que se le antojaba nostálgica-. Mira que llegar a esto para tener una cita contigo…

-Lo mismo es un poco excesivo-Byleth sacudió la cabeza, ocultando una sonrisa animosa en el cuello de su camisa-. Pero vamos a ver con qué nos encontramos.

-Ese es el espíritu. ¿Vamos?-hizo un cabeceo hacia una de las concurridas calles. Se le veía emocionado como un niño con sus regalos de la Luna Etérea, y se veía incapaz de decirle que no. Le tomó de la mano, con una sonrisa, y Sylvain no necesitó más confirmación que esa para empezar a andar, tirando ufano-. Ya verás. Confía en mí, será divertido.

-Seguro que lo será.