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Nomen nescio

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A pesar de que no era lo que deseaba ser cuando era niño, el trabajo de idol era algo que Ikki disfrutaba, aunque no por las mismas razones que su hermano.

Shun parecía disfrutar de hacer feliz a la gente, y realmente era una gran mejora en comparación al orfanato en el que vivían. ¿La mejor parte? Al ser huérfanos, no tenían padres que intentaran de abusar de sus estados como idols ni sus cuentas bancarias. Aunque claro que venía con algunas desventajas, como las largas horas de trabajo que, Ikki estaba seguro, figuraban como abuso infantil en algún lado, y el ocasional fan que intentaba acercarse demasiado.

Lo que Ikki disfrutaba de ser idol, era la oportunidad de viajar. Escapar del orfanato habría sido algo demasiado fácil (en ocasiones se iba durante las noches a explorar la ciudad, aprender de la vida) pero estaba el hecho de que Shun era menor que él, demasiado bueno para este mundo y, debido a la promesa que le había hecho a su madre cuando ésta murió, tenía que quedarse a protegerlo. Sin embargo, con la grabación de Saint no Kokoro teniendo su sede en Kioto, Ikki había tenido mucha oportunidad de explorar el área. Y un poco más.

—Disculpa. —dijo en el mejor alemán que pudo. Su agente (un idiota de primera) había insistido en ir a Alemania a grabar unas escenas cerca del castillo ese de Disney porque sí (personalmente a Ikki le gustaba el clima, y la comida era decente, así que no se quejaba). Era septiembre, hacía algo de viento, e Ikki no sabía qué querría Shun como regalo de cumpleaños.

Una chica (la persona con la que se había tropezado por ir a las carreras), se tomó un segundo para recuperarse del impacto.

—No hay problema. —tenía cabello largo del que Ikki sólo había visto en animes, y los ojos púrpuras más terroríficos que había visto en su vida. Le daban la sensación de que veían a través de su alma y les divertía lo que veían. La sonrisa de la chica probablemente no ayudaba en nada. Al menos hasta que reconoció a Ikki y cambió a sorpresa—. Espera, ¿no eres Fénix?

Su jefe les había dicho que la serie no estaba teniendo mucho éxito en el extranjero (una gran y gorda mentira en base a la reacción de la chica), lo cual podría haber o no influenciado su decisión espontánea de ir, aunque considerando que era un idiota de primera, a Ikki no debería sorprenderle que estuviera equivocado.

—Er, sí. —su mano se fue a su nuca, que comenzó a calentarse de la vergüenza de ser reconocido cuando esperaba pasar de incógnito.

—Pandora Heinstein, un gusto conocerle. —hizo una reverencia, algo que Ikki no esperaba de los alemanes. Su sonrisa seguía siendo juguetona, aunque ahora tenía un poco más de calor.

—Ito Ikki, —respondió, algo inútil, al saludo. La chica no pareció tomarle importancia, porque simplemente miró a ambos lados antes de invitar al chico a que la acompañara a caminar.

—¿Y qué te trae a Alemania? —le preguntó en un japonés que, francamente, le daba vergüenza por lo bien que sonaba en comparación a su alemán.

—El jefe quiso venir a globalizarnos. —contestó con las manos en los bolsillos y la mejor cara de malandro que podía poner. La gente de por sí le veía por ser extranjero, ¿qué tenía de malo expresarles lo que pensaba de ellos con su rostro?

—Pero Graad no es muy de irse al extranjero, ¿o sí? —Ikki se encogió de hombros. Él no sabía mucho sobre las agencias (para su pésima suerte porque su ignorancia bien podría costarle la vida o un contrato esclavista un día de estos), así que no sabía cómo responder a eso.

—Supongo que al jefe le gustó la salchicha callejera ésa. —Pandora rió a pesar de que su chiste era pésimo.

—¿Y qué te trae a ti por aquí? ¿No deberías estar en un set o algo así? —Ikki se volvió a encoger de hombros. Ya había terminado de grabar las escenas en las que aparecería, y no había recibido llamadas de su jefe gritándole que regresara al set. Sin embargo, y a pesar de que usualmente prefería el silencio, se estaba volviendo algo incómodo, así que decidió responder.

—En una semana es cumpleaños de mi hermano.

—Tu hermano… ¿Andrómeda? —Ikki asintió. Pandora pensó en su respuesta un par de segundos antes de volver a preguntar—: ¿Cuántos cumple?

—Quince. —no sabía por qué preguntaba Pandora, si sus edades estaban en una de esas revistas de fanzines o como se les llamara. ¿Era acaso que quería seguirle sacando conversación? Dudaba que fuera por su encanto, porque mientras que tenía muchas fans gracias a su actitud de bad boy, Pandora parecía más del tipo que querría a la dulzura de Shun. ¿Era eso?

—Mhhm, tiene la misma edad que tendría mi hermano.

—¿Tendría?

—Fue un no-nato. —Pandora se encogió de hombros, como si fuera algo normal.

—Lo siento. —le dijo, incapaz de simpatizar mucho más con alguien que era prácticamente una extraña. Observó a los alrededores, buscando en las tiendas algo que pudiera ser buen regalo. Quizá tendrían los chocolates rellenos de fresa que le habían gustado en aquella confitería, o quizás el libro sobre planetas que habían visto en la biblioteca el otro día...

—Descuida. —la chica se puso un mechón de cabello detrás de la oreja—. No estuvo vivo el suficiente tiempo como para extrañarlo ahorita. —de repente, una mano se fue a su cuello, e Ikki se detuvo para preguntar qué pasaba. Pandora alcanzó con ambas mano en un punto en su nuca, en un gesto que Ikki reconoció como que se estaba desabrochando un collar. Y cuando vio que le ofreció el collar, un círculo con una estrella y la inscripción “Yours Ever” en el centro, se le quedó viendo a la chica, como esperando una explicación.

—¿Qué es eso? —preguntó, intentando no sonar demasiado grosero.

—Es un collar. —Ikki resistió las ganas de rodar los ojos, obvio que era un collar—. Una reliquia familiar. Era de mi padre, quien se lo quería regalar a mi hermanito pero como él no nació, tuvo que regalármelo a mí. —Pandora se encogió de hombros. Ikki siguió observando el collar porque no entendía su punto.

—¿Y por qué me lo ofreces? —no tenía sentido. Si era una reliquia familiar, ¿por qué dárselo? Pandora sólo le siguió sonriendo.

—Estoy segura de que padre preferiría que un hombre lo tuviera. —puso el collar entre las manos de Ikki (quien tuvo que ignorar su instinto de alejar sus manos ante el contacto ajeno), no aceptando un “no” por respuesta—. Fue hecho por uno de los mejores alhajeros, y tiene valor histórico por ser de la familia Heinstein, así que por favor acéptalo. Para mí significaría mucho tener un hermanito menor.

Las últimas palabras habían logrado convencerle un poco de aceptar el collar, pero cuando miró arriba para agradecerle a la chica, esta ya no estaba.


—Ya, dime qué es. —Shun rio, manteniendo sus manos sobre sus ojos ante las demandas de Ikki de que “quería darle una sorpresa”. Abrió un hueco entre sus dedos y volvió a reír cuando Ikki lo cerró.

—Si te lo dijera arruinaría la sorpresa. —respondió Ikki con falsa seriedad. La verdad es que aunque no pudiera relacionarse bien con el resto de la gente, al tener a alguien como Shun que lo conocía de toda la vida podía relajarse y ser él mismo cuando quería. Casi veía a Shun rodar sus ojos.

—Sabes que cualquier cosa que me hayas conseguido me hará feliz, ¿no? —y eso era algo en lo que se parecían, el no querer demasiadas cosas materiales—. ¿Ya puedo ver? —combinado con lo juguetón de un niño, la inocencia que Ikki logró proteger.

—Vale. —accedió con reluctancia. Shun volvió a reír mientras removía sus manos de sus ojos. Le dedicó una mirada confundida a la bolsita de papel que estaba frente suyo e Ikki se encogió de hombros—. Sólo ábrelo.

—¿Chocolates? —preguntó una vez que echó un vistazo dentro de la bolsita. Ikki se volvió a encoger de hombros.

—Pruébalo. —observando a su hermano, Shun tomó uno de los chocolatitos. Eran oscuros y en forma de pastillas.

—¿Qué es? —le preguntó cuando no reconoció el sabor. Había probado chocolates con relleno de fresa, mochis helados de varios sabores, había probado los panes decorados de la panadería… pero ese sabor sólo podía ser de…

—La chica de la confitería me dijo que eran “choco menta”. —se encogió de hombros y, cuando vio que el sabor le había gustado, le entregó una caja más grande con chocolates—. Supuse que te gustarían.

—Me conoces demasiado bien, ¿eh? —Shun se comió otro par de chocolatitos, le ofreció a Ikki quien los rechazó diciendo que el sabor le era raro, y se sentó frente a la ventana para observar las estrellas a través de la ventana.

—Feliz cumpleaños. —le dijo mientras le entregaba un libro. Los ojos de Shun se iluminaron al ver que era el libro que había estado ojeando por días—. Quince es una edad importante.

Shun rio mientras tomaba el libro. —Diecisiete no está tan mal, —le dijo después de abrirlo y encontrarse con que no reconocía muchos de los kanji. Se dijo que se conseguiría un diccionario más tarde, así que por el momento lo puso de lado y dio golpecitos a su lado en el asiento, invitando a su hermano a que lo acompañara—. Tus regalos son tan lindos que me hacen sentir mal por los que yo te di. —hizo puchero mientras recargaba su cabeza sobre el hombro de Ikki. Entrecerró los ojos cuando sintió la mano de su hermano comenzar a acariciarle la cabeza.

—No te sientas mal, aprecio bastante la ropa que escogiste para mí. —le dio un par de golpecitos, haciendo que Shun riera un poco. El corazón se le hinchaba por verlo tan feliz—. Es cómoda y dicen que se ve bien. —agregó. Él no era mucho de usar ropa a la moda, pero el idiota de su jefe insistía que estuvieran al día con las tendencias, así que realmente agradecía el talento de Shun para combinar conjuntos.

—Sabía que apreciarías algo práctico… y que de pasada Tatsumi dejara de joder todo el tiempo con dejar de lucir… ¿cómo dijo? ¿Un “yanki bueno para nada…”? —al escuchar la voz de Shun usar las palabras soeces que Tatsumi siempre usaba para describirlo, Ikki no pudo evitar reír también.

Una vez que ambos se calmaron, Ikki sacó de una cajita el collar que la chica misteriosa le había entregado en Alemania. Habían pasado un par de días desde que a su jefe se le bajó la locura (aunque no mucho), y durante varios días en los que no volvió a ver a Pandora, se debatió si sería buena idea a final de cuentas entregarle o no el collar a Shun. Probablemente Pandora era otra de esas chicas que se encariñan con algún idol y los piensan como su “hermano” o “hermana”, en cuyo caso, mientras no llegara a más, suponía que estaba bien. Además de que lucía bastante ilusionada con la idea de tener un hermano menor.

—¿Otro regalo? Nii-san, ahora tendré que lucirme de verdad en navidad. —hizo un puchero, pero igual se acomodó el cabello (demasiado largo a pesar de las protestas de Ikki) para que le pudiera poner el collar. Una vez que lo tenía puesto, Shun puso atención a la inscripción—. “Yours ever”... ¿qué quiere decir? —no es como si no supiera un poco de inglés, pero no entendía qué significaba esa frase para su hermano o para él.

—Era de nuestra madre, antes de morir. —mintió Ikki. No sabía por qué lo dijo. Podría simplemente explicarle la verdad sobre la chica de ojos púrpuras que desapareció en un instante, pero había algo en él que no quería explicarle. Shun no parecía creerle.

—¿Ajá? ¿Y por qué entregármela ahorita? —era muy lindo el collar, debía admitir, pero no entendía en lo absoluto.

Ikki maldijo lo perceptivo que era Shun, e intentó pensar rápido en una excusa, pero era difícil cuando ya comenzaba a sentir las orejas calientes. Ikki nunca fue el mejor mentiroso. —Sólo era el colgante. Encontré un alhajero en Alemania que pudo volverlo en collar y pulirlo por un buen precio. —se encogió de hombros y tomó de una de las cervezas que uno de los ayudantes les había conseguido de contrabando. Esperaba que Shun pensara que lo rojo de sus oídos, si lo llegaba a notar a pesar de la poca luz, lo relacionara con el alcohol en su sistema.

Shun pareció procesar su respuesta por un par de segundos antes de encontrarla verdadera. —Así que ahí te desapareciste después de grabar tus escenas… —Ikki no reaccionó, dejando que Shun siguiera hilando detalles—. Lo que me recuerda, Tatsumi sigue molesto porque apagaste tu teléfono al bajarte del avión de regreso.

—No me voy a disculpar con ese payaso después de que insultó mi falta de estudios todo el viaje en avión. —habían sido veinte horas (menos un par de pseudo-sueño) de escuchar su voz irritante. Y sabía que le seguiría molestando una vez que se bajaran, así que decidió no darle la oportunidad y, despidiéndose con el dedo corazón, le sacó la batería al flip-phone que le había proporcionado la agencia.

Shun suspiró. —Aunque sea un idiota, es nuestro jefe, y seguir antagonizándolo no te hará bien. —Ikki se volvió a encoger de hombros. No era la primera vez que escuchaba esa queja de Shun, y probablemente no sería la última. No conociendo lo malo que era encubriendo su mal humor.

Ambos se quedaron en silencio, no uno incómodo ni uno tenso, sólo que por el momento no necesitaban decirse más. En algún punto Shun comenzó a juguetear con el nuevo collar, y comenzó a reírse. Al ver la pregunta en la mirada de Ikki, decidió explicarle.

Ikki temió por el brillo travieso en los ojos azules de su hermano. —Ahora tengo pruebas para tus fans de que Nii-san es un tsundere.

—¡Shun!

Ante las risas de Shun, sólo pudo mantener la expresión enojara un par de segundos. Realmente se alegraba de que, a pesar de haber crecido sin padres, se tuvieran el uno al otro y, por más cursi que sonara, fueran felices.

—Si me llegara a pasar algo, ¿qué harías? —no sabía qué era lo que le llevó a preguntar, y por la mirada confusa de Shun, él tampoco conocía la razón.

—No digas eso, es de mala suerte. —frunció la nariz, le robó la cerveza a Ikki y le dio un trago a pesar de las quejas de Ikki—. Estás aquí ahora, que es lo importante, y no te irás a ningún lado porque eres Nii-san y yo no permitiré que te vayas, te… te protegeré.

Lo dijo con tanta convicción que Ikki no tuvo el corazón de contradecirle. En vez, sonrió y le revolvió el cabello mientras pensaba en lo afortunado que era.


Ikki no disfrutaba de los conciertos. Siempre estaban repletos de gente (o al menos comenzaron a estarlo una vez que se volvieron famosos), así que era muy ruidoso, y rápidamente se llenaba de olores y calor. Ikki nunca podía soportar el vestuario que les escogían después de media hora.

Desafortunadamente, era parte de su contrato. Y le gustaban a Shun, así que tenía que ir.

—¡Buen trabajo, chicos! —y por supuesto que eso es lo primero que diría en cuanto terminaban con un concierto, sudando por la ropa pesada y la mala ventilación del lugar. Con una sonrisa brillante, encima de todo.

—Buen trabajo. —le respondieron algunos. Shun suspiró satisfecho, sacó dos botellas de agua de la hielera y le entregó una a Ikki antes de sentarse en la hielera a tomarse la suya—. Me gustó el cartel del fondo, ¿y a ti?

—¿El de las estampas? —Shun asintió. En lo personal a Ikki le había parecido un lindo detalle, aunque sí muy cursi, pero no quería decir eso así que simplemente se encogió de hombros. Ante la expresión exasperada de su hermano, decidió decir algo—. Supongo que se esforzaron mucho haciéndolo… —no se alcanzaba a ver muy bien desde donde estaban, en el escenario, pero lucía lindo.

Shun sacudió su cabeza, dejó su botella en el piso y le hizo señas a su hermano de que lo siguiera. —Ven, quiero ir a caminar un poco. —salieron por la puerta de atrás, donde casi no habría gente, y si bien el aire en Tokio no era exactamente fresco, ambos hermanos se alegraban de la bocanada de aire de ciudad en comparación al de la convención.

—Sé que no te gustan mucho los conciertos, así que logré convencer a Tatsumi de no agendar ninguno hasta el siguiente año. —anunció con una sonrisa, ante la mirada incrédula de Ikki, continuó hablando—. Puedes agradecerme en navidad con un perrito.

—Shun, sabes que no nos permiten…

—Sí, sí, ya sé que no nos dejarían con nuestros horarios pero… realmente son lindos, ¿no crees? —Ikki rodó los ojos, pero Shun no se dejó vencer—. Aunque sea, um, ¡un tamagotchi! Han vuelto a ser populares, ya sabes, las mascotitas electrónicas. Podríamos tener una de esas, ¿no?

Ikki suspiró derrotado. —¿En serio quieres un perro? —Shun sonrió, sabiendo que había ganado la discusión.

—Sí, prometo que voy a… —no logró terminar su frase porque Ikki lo empujó para atrás, haciendo que cayera en su retaguardia. Cuando alzó la vista para ver qué había pasado, vio a su hermano forcejeando contra un hombre con máscara de kabuki.

—¡Vete, Shun! —Shun no comprendía qué estaba pasando. Estaban por llegar a una esquina cuando llegó aquella persona. Sabía que lo que le decía Ikki tenía sentido, entre los dos, era él quien tenía experiencia para pelear, después de haberlo defendido de los bullies en el orfanato. Sin embargo, era difícil conciliar la lógica con la parte de él que le exigía salvar a su hermano aunque llegara a costarle su vida—. ¡Ve por ayuda! —algo shockeado, se puso de pie y comenzó a caminar de regreso al edificio.

No se fijó por dónde iba, y en un punto chocó con alguien.

—¡Seiya! —el chico le tomó por los hombros e intentó estabilizarlo.

—Shun, ¿sucede algo? Luces agitado. —Seiya le tenía mucho afecto a su hermano, así que se alegró de habérselo encontrado.

—Allá afuera, hay alguien atacando a Ikki. —ante la severidad de sus palabras, Seiya asintió con la cabeza.

—Shiryu, contacta a los de seguridad. Que vengan afuera. —su otro compañero asintió mientras ellos regresaban afuera para ir a intentar ayudar a Ikki, pero para cuando abrieron la puerta era demasiado tarde.

Sólo alcanzaron a ver cómo el hombre con la máscara de Kabuki ponía a Ikki sobre su hombro, como si no pesara nada, lo metía en una camioneta blanca sin placas, y conducía hasta desaparecer en las inusualmente desoladas calles nocturnas.