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Mi Futuro es con Vos

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Volvía de la facultad, caminando y discutiendo con mi amigo.

-¡No me podés seguir diciendo que son todo lo mismo, boludo! –dije con bronca.

-¡Y pero sí! –respondió Nico, hippie con Osde que va a votar a Del Caño solo porque se llama igual que él- Están al mismo nivel, Macri tiene causas, ¡Pero Cristina mató a Nisman! –afirmó muy seguro.

-¡¿En serio?! ¿Me vas a venir con el “se robaron todo” ahora también?

-¡Pero si es verdad…! –empezó a decir, pero lo interrumpí.

-Andá, andá que te está esperando tu viejo –lo fulminé con la mirada, señalando la vereda de enfrente.

Efectivamente, su viejo estaba esperándolo en el auto. Nico miró, se volvió a saludarme con un movimiento de cabeza y cruzó corriendo. Yo respiré hondo y seguí mi camino hacia la estación. Un par de pasos después, suspiré. Cuando llegara a casa iba a hablar con él, en el fondo era mi amigo, aunque a veces pudiera ser medio pelotudo. En eso, vibró mi celular, distrayéndome de mis pensamientos. Era mi otra amiga Marta (si pobre, la mataron con el nombre) avisandome que en un rato salía de la facu ella también y si quería tomar unos mates, así que di media vuelta y empecé a volver hacia la facultad.

No eran muchas cuadras las que tenía que hacer, pero de camino tenía que pasar por la puerta del colegio Malcom, el lugar mas cheto, repleto de Tinchos y globoludos. Justo en la puerta había un grupo que, evidentemente, me habían escuchado discutiendo con Nico hacía un rato.

-¿Que pasa, kuka, te olvidaste lo que robaste? –dijo uno, riéndose.

-No, se acordó que le faltó matar un fiscal –respondió otro, también entre risas.

Todos estallaron en carcajadas y empezaron a chocar los cinco entre sí, mientras yo decidí ignorarlos y seguir mi camino. Escuché que se subían a una moto, pero no le di importancia, aunque tendría que haberlo hecho. Cuando llegué a la esquina, miré rápido a ambos lados y comencé a cruzar, pero una moto apareció velozmente de la nada. Justo antes de impactara contra mí, durante una fracción de segundo, pude ver que eran los Tinchos de recién. Sentí el golpe y caí al suelo.

-¡No vuelven máaaas! –escuché que gritó uno, mientras el vehículo se alejaba rápidamente por la calle.

Solo podía ver el asfalto y empezaba a sentir aturdimiento en los oídos, mientras escuchaba algunas personas acercándose. Me pareció escuchar que un auto se detenía y alguien bajaba de él, y pasos prácticamente corriendo hacia donde estaba yo.

-¡¿Qué pasó?! ¿Qué le pasó? –preguntó la persona, era un hombre y se notaba realmente preocupado.

Intenté incorporarme un poco, sentía dolor en todo el cuerpo pero no creía que fuera tan grave. Sentí una mano en mi brazo, intentando ayudarme cuidadosamente.

-¿Te podés mover? Despacio, con cuidado, ¿Estás bien? –me preguntó él, amable pero todavía con tono de preocupación.

Asentí lentamente y, ahora que podía moverme un poco más, giré la cabeza para ver quien era y responderle. Sin embargo, en cuanto lo ví me quedé sin palabras. Ahí estaba él, frente a mí, mirándome con esos ojos profundamente azules, y… Su voz me devolvió a la realidad.

-¿Estás en shock? Me… ¿Me podés escuchar? –inquirió, nuevamente preocupado al ver que yo me quedaba en trance.

Asentí rápidamente, pero tenía que hablar, ¡Decir algo!

-Axel… -fue lo primero que me salió. Él sonrió, un poco aliviado, y yo comencé a sonreír también- Sos vos –agregué-, ¡Sos Axel Kicillof!

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