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Un amor inconcebible (Lincoln x Linka)

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El portal se abrió, y la niña de cabello blanco lo miró con ansiedad. Sabía lo que eso significaba: su ángel guardián, el valiente muchachito que la había salvado de tantas semanas de sufrimiento, estaba por regresar a su hogar. Y no existía ninguna posibilidad de que volviera a verlo de nuevo.

Cuando él miró en dirección al portal, de la ansiedad pasó a la angustia. Lincoln tenía que irse. Después de todo, él no tenía nada en aquella realidad en donde ni siquiera existía. Pero, ¿acaso ella sí tenía algo allí? La familia que decía amarla la había maltratado, golpeado y lastimado peor que si hubiera sido una leprosa. Vendieron todas sus cosas; la obligaban a dormir fuera, y le hacían vestir aquel espantoso traje de ardilla que le producía alergia y estuvo a punto de producirle un golpe de calor. Alguno de sus hermanos se había atrevido a golpearla con un bate. Tenía cicatrices que aún le dolían, cardenales que no habían sanado; y su confianza en su familia y en el mundo estaban completamente destruidas.

Hasta que conoció a Lincoln. El muchachito casi igual a ella que apareció de la nada, contando la historia más inconcebible... Y que la rescató del dolor y la miseria.

Aquel portal era la confirmación de todas sus palabras, y la certeza de que jamás lo volvería a ver.

Esa idea la hizo llorar. Y le dio valor para hacerle una última súplica.

- Lincoln... Sé que debes irte, pero...

- Linka... - susurró el muchachito, sintiendo que sus ojos se nublaban. Con sus dedos, secó  las lágrimas de  aquel rostro tan parecido, y a la vez, tan diferente al suyo.

- ¡Llévame contigo, Lincoln! ¡Por favor!

El impacto de las palabras lo golpeó como una bala de cañón. Volteó a ver el portal, y luego a la niña.

¡Pobre pequeña!

Ella era su contraparte en aquel universo. Se parecían muchísimo; pero para quien supiera observar, sus diferencias eran evidentes. Las hormonas femeninas ya empezaban a hacer su trabajo en el cuerpo preadolescente de la muchachita. Su silueta y su cara ya empezaban a redondearse. Sus pechos comenzaban a brotar. Sus labios eran más gruesos y delicados, y su piel mucho más suave; a pesar de tantas semanas de maltrato y desnutrición.

Le había ido mucho peor que a él. Su familia lo hizo utilizar el traje solamente unos cuantos días, y al final recuperó todas sus cosas. Todo paró cuando Lisa recobró la sensatez, y ayudó a que todos comprendieran la monstruosa injusticia que estaban cometiendo. 

Pero la familia de Linka no se detuvo, y no parecía que fueran a detenerse. Las heridas de su brazo eran muy recientes. El último golpe casi le había producido una fisura en el hueso.

De ninguna manera podía dejarla a merced de su familia. Aunque sus hermanas lo hubieran maltratado, acabaron demostrándole su amor y arrepentimiento. Ellas le habían enseñado a amar y cuidar a las mujeres. Linka era una niña encantadora, y no la dejaría sola a merced de esos canallas. 

Pero, ¿qué podía hacer? Tenía que pensarlo muy rápido. Según le explicó Lisa, el portal no estaría abierto por más de un minuto. Tenía que decidirse ya.

Podía quedarse para cuidar de ella, pero ambos eran niños. Cualquier policía o ciudadano preocupado que los viera podrían dar aviso a las autoridades. A Lincoln nadie le creería que pertenecía a otro universo. Linka y él quedarían separados y los ingresaran a un orfanato, sin importar si castigarían a la familia de ella o no.

Y por razones obvias, tampoco podrían confrontar a la familia de Linka para solucionar las cosas. Después de todo, ellos ya estaban empezando a enfrentar la música.

La única alternativa era llevarla a su mundo. Allí tendrían más opciones, incluso si la familia de Lincoln no la aceptaba en su hogar. Podía cobrar viejas deudas; sus amigos podrían echarle una mano. Y pasara lo que pasara, Linka jamás tendría que volver a enfrentarse a los peores traidores de su vida.

Así que Lincoln sonrió; acarició suavemente el rostro de la niña, y la tomó de la mano.

- Ven, Linka. Vamos a mi universo. Yo estaré contigo y nunca volverán a hacerte daño.

La jaló suavemente para hacerla caminar. Pero ella lo abrazó con fuerza, y lo besó mientras lloraba.

- ¡Gracias, Lincoln! Yo... No sé cómo agradecerte.

- No lo hagas -respondió el chico, estrechándola para volver a tomarla de la mano-. ¡Ven! Debemos irnos.

Los niños atravesaron el portal, y Linka Loud se desvaneció de esa realidad como si jamás hubiera existido.

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Convencer a su familia fue muy fácil. Mucho más fácil de lo que Lincoln pensó.

En parte fue una cosa de suerte. Pero sus propias precauciones fueron mucho más importantes, y funcionaron  mejor de lo que él había imaginado.

En primer lugar, Lisa cumplió con su parte del trato y cedió a todas sus exigencias. A todas. La patente del superpegamento que descubrió por accidente fue un rotundo éxito comercial. La situación económica de la familia había cambiado de la noche a la mañana; y eso significaba que la situación económica del Lincoln también lo había hecho. Un nuevo integrante ya no sería una carga económica.

Además, cuando se notó la ausencia de Lincoln, Lisa se había visto obligada a explicar el experimento con detalle. Todos estaban muy preocupados y molestos; pero también estaban listos para recibirlo, llegara en las condiciones en las que llegara.

Y por último, cómo no; también estaba el terrible sentimiento de culpa que todavía tenían por el asunto de la mala suerte y el traje de ardilla.

Toda la familia se reunió  en el patio, justo a  la hora en la que estaba programada la aparición del portal interuniversal. El portal apareció, pero Lincoln no.

 Pasaron varios segundos de angustia. Leni empezó a gemir; Lynn, Lori y Luna se comían las uñas, y el resto de las niñas estaba mucho más serias de lo normal.

Cuando faltaban diez segundos para que desapareciera el portal, incluso Lisa estaba muy preocupada. Leni y Rita comenzaron a llorar. 

Cuando ya solo faltaban un par de segundos para que el portal desapareciera, por fin aparecieron Lincoln y Linka. Las niñas y sus padres se abalanzaron sobre el chico. Lo abrazaron con tanta fuerza y descontrol, que estuvieron a punto de tirarlo al piso.

Linka se había quedado atrás y observaba la escena sin moverse. Era genial que la familia de Lincoln lo quisiera tanto; pero se sintió muy triste al pensar que hubo un tiempo en el que ella misma gozó de una relación similar con sus hermanos. Y luego...

Después de que Lincoln fue abrazado y besado por toda su familia, Luna reparó en la muchachita de cara triste que se quedó junto al sitio en el que había desaparecido el portal. 

- Oye, hermano; ¿Quién es ella?

Todos voltearon a donde Luna señalaba, y se quedaron totalmente estupefactos.

Salvo por la vestimenta, el cuerpo y el cabello largo; la niña parecía un calco idéntico de Lincoln. 

Las chicas empezaron a murmurar y preguntar a la vez. Ya habían notado sus heridas y moretones. Alguna de ellas se acercó a la muchacha quien, intimidada, comenzó a retroceder. Lincoln corrió rápidamente a su lado y le tomó la mano.

- Hey, tranquilas. Déjenme explicarles.. 

- Lincoln -dijo Lisa. Mirándolo fijamente-. ¿Acaso ella es tu contraparte en el universo que acabas de visitar?

Lincoln adoptó una expresión mucho más severa y decidida. Sintió que Linka temblaba levemente a su lado, y le dio un ligero apretón para infundirle confianza.

- Familia, les presento a Linka. La traje aquí para salvarla de su familia. Ellos estuvieron a punto de matarla por el asunto de la mala suerte.

***

- Entonces, ¿Ella eres tú mismo, en aquel universo? -preguntó Leni. No alcanzaba a entender muy bien la situación. Y por una vez, no era la única.

- ¡Oh, no! -se apresuró a explicar Lisa-. Es su contraparte. La existencia de ella no tiene absolutamente nada que ver con la de Lincoln. Si a alguno de ellos le pasa algo en su propio universo, a todos los demás, de los otros universos,  no le pasaría absolutamente nada.

- ¡¿Otros universos?! -exclamó Leni, cada vez más confundida-. Quieres decir que... ¿hay más como ellos?

- Sí Leni, y como tú y como yo también -repuso Lisa, intentando ser paciente.

- ¡Yay! Entonces, ¿Tengo hermanitas que yo no conocía? ¿Por qué nadie me dijo nada? -se entusiasmo Leni.

Lisa exhaló un largo suspiro.

- Olvídalo Leni. El punto es que cada ente de cada universo es completamente independiente de los que haya en otros universos, aunque seamos iguales o muy parecidos. Lincoln y Linka no son hermanos, aunque parezcan gemelos univitelinos de distinto sexo... En caso de que tal cosa fuera posible.

- Espera Lisa -intervino Lori-. Lo que... Bueno, nuestro terrible error con Lincoln ocurrió hace meses. Pero Lincoln dice que lo de Linka tiene seis semanas. ¿Como es eso posible?

- El multiverso ortogonal es mucho más raro de lo que nuestras mentes pueden concebir, unidad familiar mayor. Las líneas temporales no tienen por qué coincidir. Los detalles tampoco. La cardinalidad de la colección de universos permite que haya un número infinito de universos iguales, pero también un número transfinito aleph-n de universos que difieren de manera infinitesimal en  detalles y líneas de tiempo. Linka y Lincoln son un ejemplo magnífico de esto. Sus líneas de tiempo y su sexo biológico difieren. Y aunque su material genético autosómico y de uno de sus cromosomas X es el mismo, el cromosoma sexual no homólogo condiciona muchas de sus diferencias. Y eso sin contar la gran cantidad de factores epigenéticos, medioambientales y familiares que no comparten. Y todo eso, sin contar que el principio de Indeterminación de Heisenberg...

Lisa se interrumpió cuando observó las caras de sus familiares. Era evidente que no estaban entendiendo nada.

- Oye, Lisa -interrumpió Lincoln-. Todo eso es muy interesante, pero tengo algo que preguntar.

Lincoln se volvió hacia sus padres. 

- Papá, mamá. Lisa... ¿Cumplió su promesa?

- ¿Ah? - balbuceó su padre, pero enseguida comprendió lo que Lincoln quería decir -. Claro que sí, hijo. De hecho, ya disponemos de los fondos...

- ¡Uff! Qué alivio. Entonces, espero que no haya obstáculos para lo que les voy a pedir. 

Lincoln se fue de nuevo al lado de Linka. Le tomó la mano, y la niña se apretujó contra él.

- Linka no conoce a nadie aquí. Ya saben por qué no podía dejarla en su propio universo. Así que... ¿Puede quedarse con nosotros?

Las hermanitas Loud hicieron una breve exclamación. Linka les había simpatizado inmediatamente, y les dolía verla tan retraída y lastimada. Y además, las hacía sentirse muy culpables por lo que le habían hecho a su propio hermano.

La niña apenas había levantado la vista. Solo se sentía cómoda cuando Lincoln estaba junto a ella. ¡Ojalá sus padres la aceptarán!

Los señores Loud apenas guardaron silencio unos segundos. Se miraron entre ellos, miraron a la niña y recordaron sus propias culpas. Aunque ninguno lo dijo, era una excelente oportunidad para corregir sus errores. Sobre todo ahora que los problemas económicos habían quedado atrás, gracias a Lisa y a Lincoln.

- Claro que puede quedarse, hijo. Si crees que puedes compartirte con una niña más...

El grito de alegría de los chicos resonó por todo el vecindario.

***

- Bueno. Literalmente, me gusta la idea de que Linka viva con nosotros -dijo Lori-. Pero, ¿Dónde vamos a alojarla?

Todos voltearon a verse unos a otros. Era cierto. Aunque la economía ya no fuera un problema, el espacio era limitado. Empezaron a debatir sobre quién podía hacer un espacio en su habitación para ella, hasta que Lincoln las interrumpió con una propuesta.

- Chicas, papás... Yo traje a Linka, así que lo justo es que yo le ceda mi cuarto. Puedo dormir en la sala.

Eso dio lugar a otro pequeño debate. A nadie le parecía justo sacar a Lincoln de su habitación. Discutían sobre eso, cuando la dulce voz de Linka los interrumpió.

- Si no les molesta, me gustaría quedarme con Lincoln. Es que... Después de todo lo que me ha pasado... Solo me siento segura con él.

La niña miró hacia Lincoln, y le dedicó una tímida sonrisa.

Lincoln se ruborizó. La pequeña Linka se veía muy tierna cuando sonreía.

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- Bienvenida a mi cuarto, Linka -dijo Lincoln, sonriendo-. Me imagino que ya tienes sueño. Aquí puedes descansar.

Linka miró todo el cuarto con la boca abierta. ¡Le recordaba tanto al suyo! Claro que el color, los juguetes y la disposición de los muebles eran diferentes. Pero le hizo sentir tanta añoranza que sus ojos se nublaron.

Se sentó en la cama, pasando la mano por las sábanas. Apenas podía creerlo. Una cama suave, con sábanas limpias. Después de tantas semanas de sufrimiento, tenía la impresión de que nunca volvería a dormir en una habitación así.

Lincoln salió un momento y regresó con una muda de ropa.

- Es una piyama de mi hermana Luan. Quizá te venga un poco grande, pero te servirá para esta noche. Mañana podremos conseguir algo de ropa para ti. Voy a salir un momento para que puedas cambiarte a gusto.

La niña lo miró mientras hablaba, y luego al bulto de ropa que Lincoln dejó sobre la cama. 

Justo antes de que él saliera, se volvió hacia ella y le sonrió.

- Ánimo, Linka. Ya pasó lo peor. Te lo juro.

Cuando Lincoln cerraba la puerta, se dio cuenta de que ella le devolvía la sonrisa. Una lágrima resbalaba por su mejilla.

***

- No es justo que tú duermas en el suelo, Lincoln. ¿Por qué no te quedas conmigo en la cama? 

- Ah... Linka... No estoy seguro de que sea correcto -respondió el chico, un poco intimidado ante la idea de dormir acompañado.

- Si tú estás bien, yo no tengo problema -dijo la niña, con la misma sonrisa tímida que le dedicó en la sala.

Con cierta reticencia, Lincoln se acostó a su lado. Ya estaba por apagar la luz, pero se dio cuenta de que ella tenía la mirada fija en el techo, y se veía inquieta y preocupada.

No es para menos -pensó Lincoln-. A ella le hicieron cosas mucho peores que a mí.

Estaba pensando en lo que debía decirle para hacerla sentir mejor; pero se le ocurrió algo todavía más efectivo. Se deslizó para hurgar bajo la cama. Encontró rápidamente lo que buscaba, y se lo ofreció a Linka.

La niña abrió sus ojos cuan grandes eran. Tomó inmediatamente el juguete, y lo abrazó con mucha fuerza.

- ¡Bun-Bun! ¡Mi dulce conejito! -Exclamó la niña, temblando de la emoción-. ¡Creí que nunca volvería a verte!

Lincoln se sintió muy contento por verla tan emocionada.

- Pues aquí está de nuevo, Linka. Todo para ti. 

La niña miró al conejito y le dio un beso en la cabeza. Luego miró a Lincoln con sus ojos llenos de lágrimas, y extendió una de sus manos para hacerle una caricia en el rostro.

- Lincoln, ¡gracias! ¡No sabes cómo lo he extrañado! Pensé que nunca lo vería de nuevo. Ellos... Lo vendieron, junto con todo lo demás.

- Ahora es tuyo, Linka -dijo el chico, intentando reprimir el enojo que sentía contra la familia de la pequeña-. Tú lo necesitas más que yo.

La niña se emocionó tanto que empezó a sollozar. Y antes de que el chico pudiera hacer algo, ella se arrojó a sus brazos.

Lincoln se sorprendió mucho, pero no intentó apartarse ni decir nada. Estaba claro que la niña necesitaba ese contacto. La rodeó con sus brazos y le acarició la espalda suavemente, intentando que se relajara. Estaba actuando por puro instinto, porque si bien había abrazado incontables veces a sus hermanas, ninguna de ellas estuvo tan necesitada de su calor y su consuelo.

Estuvieron así por un ratito, hasta que ella se calmó lo suficiente para volver a hablar.

- Lincoln... ¡Tengo miedo! Mucho miedo...

- ¿Por qué? -dijo Lincoln, un poco confundido. Aquí nadie te lastimará. Te lo aseguro.

Ella se apartó un momento para mirarlo a la cara y secar sus lágrimas.

- No, no es eso. Es que... Tengo miedo de que esto sea solo un sueño -dijo la niña, mortificada-. ¿Y si me estoy imaginando todo? ¿Y si me despierto mitad del patio vestida con aquel maldito traje de ardilla?

Ella volvía a llorar, y Lincoln supo por instinto lo que debía hacer. La estrechó con fuerza, y le dio un beso en la cabeza.

- Yo soy real, Linka. Tú también lo eres. Ahora, descansa. Y si tienes pesadillas, yo estaré contigo para consolarte, ¿sí?

La niña lo miró; sonrió, y él utilizó sus dedos para secarle las lágrimas.

***

Linka por fin dormía, abrazando a Bun-Bun con una de sus manos y tomando el brazo de Lincoln con la otra.

El chico contempló su rostro con la poca luz que entraba en la habitación. Estaba muy cansado, pero había hecho un enorme esfuerzo para tranquilizar a la niña y ayudarla a dormir. El cansancio lo estaba venciendo, pero su mente se resistía a dejar de pensar en todo lo que había pasado.

Estaba muy enojado con la familia de ella. ¡Demonios, eran diez hombres! ¿No se supone que debían amar y proteger a su única hermanita? Él se las arreglaba para ayudar a diez. No importaba que hubiera hecho la misma tontería que él. Ya por el solo hecho de ser mujer, debieron aceptar sus explicaciones y conmoverse por su estado. Y en lugar de eso, la golpearon y maltrataron; sin sentir piedad ni remordimiento.

Pero se las había quitado. Y ahora, ella tenía una nueva oportunidad para ser feliz.

Contempló su cara, relajada por fin en la muda quietud del sueño. El rostro de Linka era en verdad atractivo, a pesar de las pequeñas cicatrices que tenía en la frente y la barbilla. Uno de sus ojos todavía se veía un poco hinchado, aunque la inflamación disminuyó mucho con los antiinflamatorios que Lisa le dio. Sin duda, sus hermanos eran unas bestias; peores que aquellos a los que conoció en su sueño.

Movido por la ternura, le tocó suavemente los cabellos. La niña se sonrió levemente en su sueño, y Lincoln se sintió mucho más tranquilo.

Creo que va a dormir bien -se dijo-. Más vale que los dos descansemos. Habrá mucho que hacer mañana. Quizá Leni pueda ayudarnos a escoger algo de ropa adecuada y bonita para ella.

La idea lo hizo reír. Linka se parecía tanto a él, y la iba a ayudar a escoger ropa de mujer. ¿Acaso no era como si se fuera a travestir?

- Para nada -se dijo-. Lisa tiene razón. Podremos parecer iguales, pero sin duda ella es mucho más bonita que yo.

El sueño lo vencía. Cerró los ojos, sintiéndose mucho más tranquilo. En la quietud del reposo nocturno, Lincoln soñaba.

Y recordaba.

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- ¿Para qué me llamaste, Lisa?

Aquella pregunta tan natural, fue el preámbulo para la más extraordinaria aventura en la vida de Lincoln Loud.

- Shhh -Lisa se llevó un dedo a los labios-. ¿Alguien te vio entrar?

- No lo creo. La única que estaba en el jardín era Lana. Creo que buscaba a una de sus ranas. Tú sabes.

- ¡Excelente! Bueno, iré al grano, unidad familiar masculina. Te necesito como sujeto de pruebas para mi último y ultragenial invento.

LIncoln sintió una estela de enojo que subía desde lo más profundo de su ser.

- ¡Adiós! -empezó a retirarse, con los puños crispados y rechinando los dientes.

- ¡Espera! -dijo Lisa, corriendo para interceptarlo-. ¡Ah, Lincoln! Ya me temía que no ibas a querer. Por eso, te haré una oferta que no podrás rechazar.

- Gracias, Lisa. Pero nada vale el  riesgo de participar en uno de tus experimentos mortales.

- ¿Estás seguro? -dijo, al tiempo que retiraba la sábana que cubría una gran pila cuadrada,  justo a la entrada de su búnker.

Lincoln miró, y se quedó de una pieza. No podía creer lo que veía. Tardó unos segundos en recuperar su voz.

- Es... es... ¡¡La colección completa de los cómics de Ace Savvy!!

- Así es, Lincoln. Incluyendo todas las ediciones especiales y de colección. Incluso la de esta semana.

Lincoln se abalanzó sobre la pila de cómics. Estaban todos, desde el número uno hasta el último ejemplar. Todos guardados cuidadosamente en bolsitas de celofán.

- Abre el que quieras, si necesitas convencerte de que son reales -dijo Lisa con una sonrisilla.

Así lo hizo, y al final abrió mucho más de uno. Lisa esperó pacientemente a que terminara su exploración.

- Lisa, ¡esto debió costarte una fortuna! ¡Tan solo esta edición limitada está valorada en 238 dólares!

- Con 97 centavos, Lincoln. No lo olvides.

- ¡Wow!

En ese momento, una profunda sospecha se abrió en la mente de Lincoln. Si sus cálculos mentales eran correctos...

- Lisa... Es imposible que esto te haya costado menos de ocho mil dólares. ¿De dónde sacaste ese dinero?

- Tengo mis medios, hermano.

- ¡Ah, no! ¿Cómo sé que todo esto no es una trampa? -dijo Lincoln, con los ojos fijos en los de Lisa-. Si no me dices cómo los conseguiste, ahorita mismo me largo de aquí.

Se encaminó de nuevo hacia la entrada. Lisa suspiró y se dio por vencida.

- Muy bien, hermano. ¿Recuerdas cuando Lucy creyó que nos había hechizado? ¿Y mi experimento fallido que se resultó ser un magnífico adhesivo?

- Sí.

- Pues me aceptaron la patente, y lo distribuí con mis contactos en la industria. Ha sido un éxito fantástico como pegamento industrial. No tienes idea de la cantidad de dinero  que he ganado con el adhesivo. Gracias a eso, pude construir la máquina que quiero probar, comprar esta montaña de cómics, y tener una bonita cuenta bancaria con una cantidad de seis cifras. Suficiente para financiar esta última investigación, y más

Lincoln seguía dudando. Claro que confiaba en que el adhesivo de su hermana fuera muy bueno y tuviera éxito. Pero, ¿tanto?

Lisa lo observó, y se dio cuenta de que aún dudaba. No lograría convencerlo con palabras, así que se encaminó al teclado de su computadora y le pidió que se acercara.

- Veo que no me crees, Lincoln. Ven aquí, por favor. Frente a tus ojos, voy a mostrarte mi cuenta bancaria y mis fondos.

Lisa entró a la página de un reconocido banco internacional. Explicó y le mostró con detalle todo el proceso para entrar a su cuenta, y Lincoln se quedó patidifuso cuando observó la cantidad depositada nombre de Lisa Loud.

- ¿¡Trece millones de dólares!?

-  Y va a aumentar, porque vendí la patente; pero conserve el derecho a percibir el uno por ciento de las utilidades a perpetuidad -dijo la niña prodigio, evidentemente orgullosa.

Lincoln estaba asombrado. Casi parecía un sueño hecho realidad.

- ¿Por qué no nos dijiste nada, Lisa?

- Porque me abstraje. En cuanto tuve los fondos, me di cuenta de que podía realizar el sueño de toda mi vida, y no fui capaz de pensar en ninguna otra cosa que no fuera el trabajo. Por fin podía estudiar aquello que ansiaba, pero nunca tuve los medios para hacerlo.

- Y... ¿qué puede ser eso? -dijo Lincoln, intrigado.

La niña sonrió ampliamente. Sé levantó, y caminó hacia el panel de control de una extraña máquina, casi tan grande como Vanzilla.

- La existencia y comunicación con otros universos, Lincoln. La máquina que me proporcionará el Premio Nobel en la categoría absoluta. Y además, contribuiré a hacerle justicia a uno de mis grandes héroes de la ciencia: el genial Hugh Everett III.

Lincoln se quedó sin habla. Si Lisa decía la verdad, aquello era grandioso. Hasta un lego como él podía comprender las implicaciones de su invento. 

- Estás contemplando el Pionizador. La máquina que permite hacer portales para comunicarse con otros universos.

- Y... ¿Cómo es que puede hacer eso?

- Sería muy largo de explicar. Pero resumiendo, te diré que mimifica las condiciones de las cuatro fuerzas de la naturaleza para alterar la estructura del espacio tiempo y abrir un agujero de gusano gigante que permite la comunicación interuniversal. Y a propósito... es mejor que no sepas cuál es su fuente de energía.

En efecto, Lincoln no había entendido gran cosa. Pero sí se imaginaba que un aparato tan grande tenía que ser muy, muy inseguro.

- Eso suena muy peligroso, Lisa. ¿De qué me sirve la colección de cómics, si me muero en el intento y jamás puedo leerla? ¿Qué tal si esa cosa no me lleva a otro universo, sino al espacio exterior donde no hay oxígeno?

- ¿Me crees capaz de semejante disparate? -dijo Lisa molesta.

- ¡Por supuesto que sí! -dijo Lincoln, tan alterado como ella-. ¿Tengo que recordarte todas las explosiones que has provocado?

Lisa suspiró y se tragó su enojo. Tenía que convencer a Lincoln y darle todas las garantías. No podría ser de otro modo.

Tomó unas sondas robot de su estantería, y le conectó unos cables. 

- Lincoln... este es el trabajo más importante de mi vida. Sé que me he conducido con descuido en muchas ocasiones, pero esta vez simplemente no puedo hacerlo. Hay demasiadas cosas en juego. Aunque te resulte difícil de creer, he tomado todas las precauciones posibles para asegurar tu regreso. Además de que lo que representas para mí, no me serviría de nada enviarte y perderte junto con la valiosa información que puedes reunir, ¿no lo crees?

Lincoln emitió un bufido.

- Muy bien. Escúchame, Lincoln. He enviado estas sondas por el portal, y el hecho de que hayan regresado con bien indica que las condiciones de destino son exactamente iguales a las de nuestro universo. Vas a llegar a la Tierra, a un lugar civilizado, y te puedo decir con un 99% de seguridad de que es la contraparte de nuestro Royal Woods. Mira estas imágenes.

Lincoln vio las fotos y creyó reconocer la escuela, algunos chicos, y el árbol que estaba a un lado de su casa.

- Lamentablemente, las distorsiones del campo wrap impiden tener imágenes más nítidas. Pero precisamente por eso necesito que vayas.

- ¿Y por qué yo, Lisa? ¿Por qué arriesgar a uno de tus hermanos? Con todo el dinero que tienes, puedes pagar a alguien dispuesto a correr con los riesgos.

Lisa suspiró, e hizo algo que Lincoln jamás la había visto hacer antes: se quitó sus lentes, y lo contempló con una mirada de genuina consternación.

- Precisamente por eso, Lincoln. Porque eres mi hermano, y porque eres la única persona en este mundo en la que puedo confiar.

Hizo una pausa y dedicó una media sonrisa. Lincoln la miraba como si nunca antes la hubiera visto.

- Sé que presumo demasiado con mi intelecto, Lincoln. Y sé que casi nunca le he hecho justicia a tus méritos; pero sin duda eres el indicado para hacer esto. Eres fuerte, valiente, osado; y tienes grandes recursos para manejar dificultades imprevistas. Pase lo que pase, sé que estarás bien y regresarás. Y sé que sabrás guardar el secreto de lo que hago; de la gran obra de mi vida.

Lincoln estuvo a punto de ceder. Realmente muy cerca. Pero había una cosa que le molestaba.

Con solo una parte de ese dinero, Lisa pudo aliviar para siempre las dificultades económicas de la familia. ¿Por qué no lo había hecho? Sus padres siempre habían luchado y hecho verdaderos milagros para que la comida y el dinero alcanzaran para todos, incluyéndola a ella. Y Lisa, con trece millones de dólares, no había hecho nada para apoyarlos con eso.

Así que negó con la cabeza, ante la mirada incrédula de la niña genio.

- No Lisa. No lo haré. 

La niña suspiró, pero aún no se había dado por vencida. Todavía tenía una carta que jugar.

- Si lo haces, además de la colección de cómics, te daré un millón de dólares. ¿Está bien?

Sin esperar respuesta, los dedos de Lisa volaron sobre el teclado de su computadora. Creó una cuenta a nombre de Lincoln y le transfirió un millón de dólares. A continuación le pidió su celular a Lincoln, hizo una llamada, y le pasó el auricular.

Señor Lincoln Loud, la cuenta XXXX-1234-X1X2 se ha creado a su nombre con un saldo de un millón de dólares americanos. Los fondos están disponibles a partir de este momento. Cheque su correo electrónico para conocer su clave y recibir la documentación necesaria...

 - Tu correo y tus claves, Lincoln. Ábrelo con tu contraseña.

Así lo hizo. Ahí estaba toda la documentación.

- ¿Qué dices, Lincoln? ¿Tenemos un trato?

Lincoln se sintió contento. No tanto por su dinero, sino porque tenía la oportunidad que siempre había anhelado en secreto: contribuir de alguna manera a que su familia siempre estuviera segura.

- Quiero otro millón, Lisa.

- ¡¿Qué?! -exclamó ella, sin dar crédito a lo que escuchaba.

- Lo que oíste. Quiero otro millón. ¡Vamos, Lisa! Tienes trece, y tu cuenta va a seguir creciendo. Tú misma lo dijiste. Hasta podría pedirte la mitad del dinero, si de verdad es tan importante para ti.

- ¡Esto es una extorsión, unidad familiar mayor! ¡Un chantaje! ¡No lo aceptaré de ninguna manera!

- Borra toda mi documentación y mi cuenta entonces. ¡Ah!, y búscate a otra persona para que te ayude a explorar.

Lisa rechinó los dientes y lo miró como si quisiera atravesarlo. Hubo un instante en el que pareció que no cedería. Pero al final suspiró, y se dirigió al portal para hacer la transferencia.

- Un momento. No quiero ese millón en la cuenta que me hiciste. Abre otra, y ponla a nombre de papá y mamá.

- ¡¿Eh?! Pero... Pensé que lo querías para ti –dijo Lisa, perpleja.

- No, Lisa. Si me pasa algo, quiero asegurar a nuestra familia. Pase lo que pase, me iré sabiendo que tendrán los medios para cumplir con sus sueños, aunque quizá no pueda estar allí para verlo.

En ese momento, el aura de tristeza que los dos emanaban casi podía palparse. Lisa lo miró, y sus ojos se nublaron. Todo su enojo se había disipado. Lincoln, como siempre, se preocupaba por ayudarlas a todas.

- Entiendo, Lincoln. Tú tienes razón. Debí pensar en eso mucho tiempo antes.

Se acercó a su hermano y le dio un fuerte abrazo. Lincoln correspondió.

- Eres maravillosa, Lisa. Solamente necesitas que alguien te recuerde de vez en cuando lo que de verdad es importante.

- Lo sé, hermanito-dijo Lisa, limpiándose una lágrima de su mejilla-. Muchas gracias por todo; y por esto, también.

***

- No te mentiré, Lisa. Tengo miedo -dijo Lincoln. Estaba parado con Lisa en medio del patio, unos minutos antes de la aparición del portal que ella había programado.

- Llevas todo lo necesario, hermano. En esa mochila hay víveres y tabletas de vitaminas para dos días. Llevas agua, un minibotiquín, medicamentos con instrucciones, un celular con cámara de 25 megapixeles, tres baterías de repuesto, cargador, un GPS y 2000 dólares en efectivo. Si te mezclas con la gente y buscas un motel modesto, podrás dormir a cubierto sin problemas. Míralo todo, y tráeme muchas fotos, ¿quieres?

- Lo haré. -el chico suspiró-. Me imagino que todo saldrá bien. Lisa. Pero en el caso de que algo me pasara... Ya sabes qué hacer.

- Claro. Y tú recuerda que el portal reaparecerá en cuarenta y ocho horas exactas, justo en el lugar en el que salgas. Tendrás un minuto para atravesarlo antes de que desaparezca. Recuerda que las fechas podrían variar. Harías bien en averiguar cuanto antes el día y la hora exacta.

El portal apareció. Lincoln tragó saliva y se encaminó hacia aquella negrura sin forma definida. Solo un momento antes de que lo hiciera, sintió que Lisa lo abrazaba y se ponía de puntas para besar su mejilla.

- Adiós, Linky, Y gracias por todo. Sé que regresarás, sano y salvo.

Lisa nunca hacía aquellas cosas, a menos que estuviera demasiado emocionada. ¿Un mal presagio? No lo sabía. Pero ya se había comprometido, y no había marcha atrás. Dio un paso, y se adelantó valientemente hacia el interior aquella negrura indefinida.

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El tránsito por el agujero de gusano y la llegada al universo paralelo fueron mucho más suaves de lo que Lincoln había imaginado. Tan pronto como atravesó el portal, perdió la noción del tiempo; y tuvo la impresión de que había atravesado una puerta para salir inmediatamente por el otro lado.

Se deslumbró por un instante. Estaba preparado psicológicamente casi para cualquier cosa, pero al ver que el sitio al que llegaba no se diferenciaba en nada de su pequeña ciudad, se desubicó por completo. 

- Parece que Lisa se equivocó -pensó, un tanto decepcionado.

Pero enseguida notó algo que no encajaba. Cando atravesó el portal del agujero de gusano, ya eran las cuatro de la tarde. El sol estaba bien abajo en el firmamento. Aquí, en cambio, estaba muy cerca del cenit. Y hacía bastante calor.

- ¡Cierto! -recordó alarmado - ¡Lisa me dijo que tenía que averiguar el día y la hora! Vamos, esto urge.

Afortunadamente, un transeúnte con reloj  pasó muy pronto. Y Lincoln se enteró que eran las once con treinta y dos minutos.

- Correcto -se dijo, ajustando su reloj-. Ahora sé exactamente cuándo aparecerá el portal.

Comenzó a mirar en todas direcciones, pero realmente no había nada interesante que ver. Estaba a una cuadra de su casa, en un caluroso sábado por la mañana. Ese día y a esa hora nunca había nada fuera de lo ordinario. 

Pasaba muy poca gente por la calle. Decidió que echaría un vistazo al equivalente de su casa en ese universo, y quizá luego iría al centro comercial de la ciudad.

En verdad quería ir a ver la casa. Lisa le había dicho que las condiciones físicas de aquel universo serían iguales, pero que era muy posible que hubiera muchos pequeños cambios. Quizá el Lincoln de aquel universo era una niña con diez hermanas, o con ninguna. O quizá podrían vivir en otra casa, y ésta estaría abandonada o habitada por otras personas. Las posibilidades eran infinitas.

Se encaminó hacia allá. Quizá había dado unos cincuenta pasos cuando vio la camioneta que venía hacia él.

- ¡Vanzilla! 

Los ojos se le iluminaron por un momento. Pero enseguida se dio cuenta de que algo andaba mal. Nunca supo por qué lo hizo, ¿una premonición quizá? El caso es que dio un salto por detrás del árbol del vecino, justo antes de quedar en la línea de visión del conductor de Vanzilla.

Cuando hubo pasado, se dio cuenta claramente de que los pasajeros no eran sus hermanas. Conducían mamá y papá, sí. Pero el escándalo que hacían y sus peinados correspondían a los que había conocido en su sueño, hace ya bastante tiempo.

- Wow. Así que en este universo mis hermanas son hombres. No tengo ninguna gana de toparme con ellos.

Estuvo a punto de irse por otro rumbo. Pero decidió que, ahora que ya no había nadie en la casa, podría echar un vistazo y tomas algunas fotos para Lisa. Sería interesante ver el desastre que seguramente tenían en los patios.

 ***

En efecto, la casa era un desastre peor que el que existía en su propio universo. Sus ojos asombrados contemplaron partes de bicicleta, ropa usada, agujeros por todo el piso, y ni una señal de Charles o Cliff. 

Sacó la cámara y tomó algunas fotos. Cuando se dirigió al patio lateral, vio una especie de montículo color marrón sobre el suelo. Pensó que era un montón de ropas tiradas, pero el montículo se movía acompasadamente; y de él salían gemidos y un llanto suave y triste.

Conocía aquello. Era el traje de ardilla que se vio obligado a llevar por el estúpido asunto de la mala suerte.

Enseguida se enfureció. ¿Acaso el Lincoln de esa realidad había pasado tanto tiempo con ese maldito traje? Hacía meses que su familia y él habían aclarado aquel malentendido.

Se acercó, olvidando todas sus precauciones. Con el calor que hacía, aquel traje tenía que sentirse peor que el horno de la cocina. Seguramente el Lincoln de aquella realidad necesitaba ayuda. Un poco de agua y de consuelo, por lo menos.

- Oye... ¿estás bien? -dijo con suavidad.

El bulto se movió un poco. Lo suficiente para volver la cara hacia él, y Lincoln sintió que el corazón se le caía a los pies.

Estaba preparado para verse a sí mismo en las peores condiciones posibles. Pero desde que volvió la cabeza, se dio cuenta del cabello largo y  el broche color naranja que lo sujetaba. Los rasgos eran, en efecto, casi idénticos a los suyos. Pero las pestañas largas, los labios más gruesos y la carita redondeada no dejaban lugar a dudas.

El Lincoln de aquella realidad, era una chica.

***

Los dos se miraron, asombrados y atemorizados. La sorpresa les impidió encontrar su voz durante varios segundos. El rostro de la chica estaba rojo y sudoroso; tenía varias heridas y uno de sus ojos hinchado y amoratado. Verdaderamente se veía mal, pero a pesar de su estado, fue la primera en reaccionar. Se echó hacia atrás y gritó con fuerza:

- ¿Qué haces en nuestro patio? ¡Vete! ¡¡Vete de aquí!!

Lincoln extendió los brazos hacia ella con las manos abiertas, para mostrarle que no llevaba nada con lo que pudiera lastimarla.

- Tranquila, por favor. ¡No te voy a hacer daño!

La chica miraba hacia todos lados, buscando algo con qué defenderse. Le dolía moverse, y se sentía debilitada por la sed y el calor; pero el miedo y la desesperación le dieron fuerzas para intentar evitar la intromisión de aquel chico tan extraño.

- ¡Vete! ¡No tienes nada que hacer en nuestra casa! ¡Auch!

El quejido se lo arrancó el intempestivo movimiento de su brazo. Al notarlo, Lincoln se sintió más conmovido que asustado. La chica necesitaba ayuda urgente.

- Estás lastimada. ¡Déjame ayudarte!

Ella jadeó, cada vez más asombrada y asustada por la extraña situación. Aquél chico que ofrecía ayudarla parecía ser su gemelo perdido. ¡Tenía que estar alucinando!

- ¡¿Quién eres tú, y por qué te pareces tanto a mí!?

- Soy Lincoln... Lincoln Loud.

- No... ¡No! –balbuceó la chica, estupefacta-. Eres... ¿Un Loud? Pero... ¿Cómo?

Lo miraba con los ojos desorbitados, y Lincoln se dio cuenta de que estaba a punto de caer en shock. Tenía que intentar tranquilizarla. Afortunadamente, se le ocurrió una idea.

- Antes de contestarte, permíteme sacar algo de mi mochila. ¡No te voy a lastimar, te lo juro! No pierdas de vista mis manos.

A pesar de la advertencia de Lincoln, la pequeña retrocedió un poco cuando lo vio poner la mochila en el piso y abrirla. Él, por su parte, le hablaba en todo momento y le describía cada movimiento que pensaba hacer.

- Toma. Es evidente que la necesitas. Toma toda la que quieras, por favor.

La muchacha miró la botella que Lincoln depositó en el piso. Hubiera querido rechazarla, pero todo su cuerpo clamaba por algo de bebida. Se acercó muy poco a poco; tomó la botella y cuando la destapó, olfateó profundamente su contenido.

Era el primer gesto amable que tenían con ella en semanas. Todos, incluyendo sus compañeros de escuela y sus mejores amigas, le habían dado la espalda; así que no se resistió mucho. El agua estaba fría, y cayó como un bálsamo en su garganta reseca.

Habitualmente hubiera sido comedida y no bebería demasiado. Pero el agua le estaba haciendo mucho bien. Casi tomó la mitad de la botella, antes de dejarla.

- ¡Aaah! Está deliciosa. Muchas gracias... ¿Lincoln?

- Lincoln Loud. Gusto en conocerte... ehhh...

- Me llamo Linka. Linka Loud. Es... Un gusto.

Lincoln le tendió la mano, y ella por fin se la estrechó.

 

 

***

- Si no fuera porque mi hermano Levi es exactamente así como describes a tu hermana Lisa... Jamás te hubiera creído una sola palabra de lo que me dijiste.

En efecto, le estaba costando mucho creer todo lo que Lincoln le había contado. En otras circunstancias, hubiera creído que aquel chico estaba completamente loco. Pero... eran demasiadas coincidencias. Y por si eso fuera poco, Lincoln se estaba portando muy amable con ella. Le ofreció la botella envuelta en un trapo para su ojo, y le dio una tableta analgésica que le quitó casi todo el dolor de sus heridas.

Lincoln tuvo una idea. Por fortuna, había traído su propio celular. Abrió la galería de fotografías y se lo tendió a Linka.

- Mira, aquí estamos yo y mis diez hermanas: Lori, Leni, Luna, Luan, Lynn, Lucy, Lana, Lola, Lisa y Lily.

Linka miró la foto detalladamente, sin dar crédito a sus ojos.

- ¡Increíble! Se parecen muchísimo a mis hermanos. ¡Levi es igualito a tu hermana Lisa!

- ¿Me crees ahora, Linka? De verdad, no tengo por qué mentirte. Estoy aquí cumpliendo una especie de misión para mi hermana Lisa: explorar este universo paralelo. 

Linka suspiró, y pasó el dedo por la pantalla táctil del celular.

- ¿Puedo?

- Claro que sí.

Linka vio las fotos. En la mayoría de ellas, Lincoln estaba con alguna de sus hermanas, riéndose juntos y haciendo travesuras. En muchas se veían contentos, y era evidente lo bien que se la estaban pasando. La niña sintió tanta añoranza, que sus propios ojos se llenaron de lágrimas.

Lincoln la vio, y se animó a colocar una mano sobre la de ella.

- Fue ese maldito asunto de la mala suerte, ¿verdad?

Linka lo miró y asintió con lentitud.

- ¿A ti también te pasó?

- Sí. Pero conmigo se calmaron en unos días. Supongo... que esa es la ventaja de tener hermanas en vez de hermanos.

La niña se sonrió. Era la primera sonrisa espontanea que tenía en mucho tiempo.

Lincoln le sonrió a su vez y se sintió contento. La niña en efecto era casi idéntica a él; pero cuando sonreía, no había ninguna duda de que se veía mucho más bonita. Y seguramente él podía hacer mucho más por ella.

- Linka, dices que tu familia no vendrá hasta el anochecer. La versión de Royal Woods de tu universo parece ser idéntica a la del mío ¿No te gustaría venir conmigo al centro comercial y hacer una comida decente?

- Ehh... Yo...

- ¡Vamos! Prometo traerte de regreso mucho antes de que tu familia se dé cuenta. Solo quítate ese estúpido traje, y nadie se dará cuenta de que no estás. ¿Te parece bien?

La chica sonrío de nuevo y asintió. Era maravilloso que, después de tanto tiempo, hubiera alguien que la tratara como un ser humano.

Chapter Text

- No huelo muy bien, ¿verdad? ¡Ay!

Linka gritó cuando sintió el contacto del agua oxigenada en una de las heridas de su brazo. Tras quitarse el traje de ardilla, Lincoln descubrió alarmado que la niña tenía varias heridas y escoriaciones en su brazo derecho, el que había utilizado para cubrirse de los golpes. Así que la convenció  de que era necesario curarla. Si esas heridas se infectaban, su salud podía verse seriamente comprometida.

- Ya casi termino, Linka. Aguanta un poquito, por favor -dijo Lincoln, suavizando su voz todo lo que pudo-. Y respecto a lo otro, no te preocupes. Es muy normal cuando tienes que vestir un traje acolchado como ese, ¡y con este maldito calor!

La niña se sonrió levemente, y Lincoln se alegró por ello. No cabía duda de que Linka necesitaba motivos para sonreír. Después de todo, su olor no era peor que el que despedían él mismo o su hermana Lynn, tras una fatigosa sesión de deporte. 

- Aun así, quisiera bañarme -dijo ella-. Nunca estuve acostumbrada a los deportes, o a sudar; me disgusta mucho tener mal olor. Mi hermano Lynn siempre trató de que me involucrara en el deporte y no me preocupara por esas cosas, pero... Tú sabes.

Lincoln asintió. Las últimas palabras de Linka le dieron una idea.

- Creo recordar que hay unos baños públicos cerca del centro comercial. ¿Te gustaría ir?

- ¿De verdad? -dijo la niña, con una sonrisa encantadora.

- De verdad. ¡Vamos!

Lincoln la tomó de la mano, y la niña se dejó llevar.

 

 

***

- ¿Te sientes mejor, Linka? -Preguntó Lincoln, mientras sorbía los restos de su helado.

- Claro que sí, Lincoln. ¡Gracias!

El chico la miró. Después de su baño, Linka se había animado considerablemente, y ambos habían pasado una tarde encantadora. Comieron y dieron varias vueltas por el centro comercial, ante la mirada divertida de muchas personas que los consideraban una pareja de mellizos muy unidos, divirtiéndose juntos, en una tarde de sábado.

Lincoln estaba encantado con ella. Realmente, su carácter y sus gustos eran muy parecidos. Linka prefería detenerse para jugar ante un arcade que ponerse a ver ropa, o accesorios de arreglo personal. 

Estuvieron conversando mucho. Por acuerdo tácito, casi no tocaron casi el tema del maltrato que Linka sufría. En cierto modo, ambos sabían que no podían hacer gran cosa al respecto. Lincoln no podía enfrentarse a los hermanos ni a los padres de ella, y la misma Linka ya había intentado hacerlos entrar en razón con todos los medios que a Lincoln se le ocurrieron. Lo mejor era ayudarla a pasar una tarde increíble, y hacerle olvidar por un rato el calvario que estaba viviendo.

Ya atardecía, y mientras los niños conversaban sobre sus cómics favoritos de Ace Savvy se dieron cuenta de que era necesario regresar. Quién sabe qué podría hacer la familia de la niña si no la encontraban, cuando regresaran a casa.

En el autobús de regreso, ambos iban muy callados y tristes. Lincoln tenía una sensación de impotencia e incompletitud. Había pasado una tarde maravillosa con Linka. La niña se parecía tanto a él, que casi podían adivinarse el pensamiento. Era como un alma gemela, y nunca había sentido ese tipo de conexión  con nadie; ni siquiera con su amigo Clyde.

Pero también diferían en muchas cosas. La perspectiva femenina de Linka era a veces muy distinta, y captaba matices situacionales que Lincoln jamás hubiera considerado. Y esas pequeñas diferencias le gustaron tanto como sus similitudes.

Le gustaba mucho estar con ella, y le dolía pensar que era imposible que la volviera a ver: los separaba todo un universo; una realidad en la que él no existía, y en la que no hubiera podido existir jamás.

En algún momento, de la manera más natural, Lincoln tomó la mano de Linka y ella no la apartó. Ambos se sentían muy cómodos y apoyados con ese contacto. Linka tenía una sensación de pérdida y desesperación muy parecida a la de él. Pero además, tenía miedo de volver a su cotidianidad; a su nuevo mundo de miseria y dolor. Lincoln la había apartado de todo eso solamente por unas horas: tenía que regresar al drama, al miedo, y el maltrato.

A medida que se acercaban, la mente de Lincoln trabajaba febrilmente. El hombre del plan al fin estaba teniendo nuevas ideas. En realidad, podía hacer muchas cosas. Algunas descabelladas, pero otras eran perfectamente posibles y razonables. Por ejemplo, llevarse a Linka a su propio universo era una locura, pero denunciar a su familia por abuso infantil, no lo era. 

Mientras descendían del autobús, Lincoln le mencionaba todas esas posibilidades. Pero la niña  sonreía con tristeza, y negaba con la cabeza.

- Lincoln, ya hiciste demasiado por mí. Me regalaste una tarde; y por esa tarde, te estoy eternamente agradecida. Mi mundo está roto, pero tú no tienes la culpa. No quisiera involucrarte más. ¡No quiero que te pase nada!

- Pero, Linka...

La niña lo interrumpió, poniéndole un dedo sobre los labios.

- Todas esas soluciones de las que me hablas traerán miles de problemas para ti. Incluso si denuncias a mi familia y te vas de inmediato a tu universo, la angustia y las dudas te consumirán por años. ¿No te das cuenta?

- Entonces... ¿debo dejarte a merced de esos malvados? ¿No puedo hacer nada por ti? -dijo el chico, luchando por contener las lágrimas.

- Lincoln...

Se abrazaron con fuerza. Ella no lo dijo para no atormentarlo más, pero se sentía muy feliz de haberlo conocido. Ahora sabía que los universos paralelos eran reales, y que su contraparte en otro universo logró superar la situación y volver a ser feliz con su familia. Eso le daba una especie de consuelo metafísico; le daba un sentido a su miseria. 

No quería arruinar eso involucrando a Lincoln en una pelea con sus vengativos hermanos.

- Te prometo que hablaré otra vez con ellos. Te juro que voy a intentar convencerlos de nuevo de que no soy emisaria de la mala suerte. No quiero que te preocupes más por mí.

- Me pides lo imposible, Linka. 

- Lo sé. Déjame llegar sola a mi casa desde aquí, ¿quieres? Mis otros hermanos no son muy listos, pero Levi sí que lo es. Estoy segura de que, si alguno de los vecinos menciona que me vieron con un chico peliblanco casi idéntico a mí, enseguida se dará cuenta de lo que sucedió. Y convencerá a la familia para darte caza.

Lincoln suspiró. No se sentía contento, pero comprendía el punto de Linka. Aunque tuviera el valor de enfrentarse a sus hermanos, ella no se sentiría bien sabiendo que podían lastimarlo.

- No creo que nos volvamos a ver, Linka –dijo el niño, con pesadumbre.

- Lo sé. Pero prometo que nunca te olvidaré, Lincoln. Solo... termina tu exploración, regresa a tu mundo, y sé feliz, ¿quieres?

La niña trataba de ser valiente. Pero no pudo evitar que su voz se quebrara, y que el llanto bañara sus mejillas.

Tuvieron que hacer un esfuerzo enorme para separarse. Lincoln la contempló regresar a su casa, mientras secaba las lágrimas de sus ojos.

***

EL chico peliblanco no tuvo muchos problemas para conseguir alojamiento aquella noche. Llevaba dinero más que suficiente, y tuvo la suerte de encontrar un motel en el que no le hicieron preguntas.

Así que aquella noche se acostó en una buena cama, pero no pudo dormir. En la soledad de la habitación, pensó en las mil y una cosas que la pequeña Linka podía estar padeciendo; en el maltrato que la pobre niña recibía de sus hermanos y sus padres. ¿Por qué era tan difícil que esos imbéciles entraran en razón? ¿Por qué el supuestamente inteligente Levi no podía comprender las cosas, como su hermana Lisa lo había hecho?

Posiblemente tenía mucho que ver el hecho de que fueran hombres. No lo sabía. Quizá en la familia Loud de ese universo existía alguna vena de brutalidad. Después de todo, Lisa había hablado de las pequeñas o grandes diferencias que podían existir.

El problema era que sus reflexiones no los ayudaban en nada. Ni a Linka, ni a él.

Conforme transcurría la noche, se dio cuenta de que estaba faltando a una responsabilidad moral de orden más alto. ¿Qué más daba si sus acciones le producían remordimientos para siempre? Lo más sensato sería denunciar a la familia de Linka. Lo peor que podía pasar era que la pusieran en un orfanatorio; en el de Royal Woods, o en el de Hazeltucky. Por lo que Lincoln sabía, ambos tenían buena reputación. Linka no estaría peor en ellos que con su familia.  

Antes del alba ya se había decidido: la familia de Linka tendría una última oportunidad. Una sola oportunidad.