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Four Seasons

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El filo del acero se escuchó por toda la escalera de la torre, alertando al joven príncipe Giorno, quien vestía un sofisticado y refinado traje de encaje celeste pastel, un peinado al estilo tête de mouton y zapatos azul cielo con un tacón cuadrado de ocho centímetros. Escuchó un quejido, seguido de líquido al gotear, definitivamente alguien había muerto.

El sonido venía de la parte superior, donde estaba su cuarto, al final de la torre; agradecía a su guardia personal Jean-Pierre Polnareff, por enseñarle los pasadizos secretos de la mayoría del castillo. Corrió lo más rápido y silencioso que pudo, hasta llegar a otro pasadizo. Logró mantenerse en silencio mientras que escuchaba pasar hombres vestidos con acero, sabía pelear, podía defenderse, pero en una situación así lo mejor era huir.

Tras deslizarse por los estrechos pasadizos, llegó hasta una cloaca, arrugó la nariz, en una mueca de asco, mas no se detuvo; ensució sus zapatos caros se encontró con su prima Trish.

—¿Giorno? —su voz se quebró— ¿P-por qué Pol-Pol me trajo a este lugar? ¿Qué está pasando? —estaba llorando, como la niña consentida que siempre había sido, sin embargo, ahora sí tenía un buen motivo para hacerlo—

—Te lo explicaré en el camino, pero ahora debemos irnos —extendió una mano para ayudarla a ponerse en pie—. Nuestras vidas corren peligro aquí.

—¿Qué? ¿Por qué?

Giorno arrastró a su prima fuera del castillo, seguido de las quejas de la misma. Debía ser paciente y tolerarla, ambos debían dejar de ser como eran y desaparecer.

—No es mucho lo que puedo contarte, Trish, pero… Nuestro tío Jonathan está muerto, y seguimos nosotros.

—¿Q-qué? —se detuvo horrorizada— E-eso no puede ser… Nuestro tío es muy fuerte, nunca nadie podría con él.

—Ése es el punto, prima, lo han asesinado… —volteó hacia ella, cabizbajo— Nuestros padres lo han hecho.

Los ojos de Trish se abrieron desmesuradamente, llorando al instante, nuevamente. No obstante, su mano agregó presión al agarre de su primo.

—Te creo… —dio un par de pasos adelante, ésta vez guiando ella el camino— Ellos son capaces de tal atrosidad…

—Polnareff y yo lo sospechabamos hace un tiempo, pero no logramos evitarlo…

—Nunca me incluiste… —habló con decepción en la voz— Pude haber ayudado.

—Tenías otros problemas en mente, Trish, no te iba a involucrar en algo que podría perjudicar tu integridad.

—Aún así, aquí estamos…

—Si...