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The World ( According to one Steve Grant Rogers-Carter)

Chapter Text

- … Y se llama igual que la mamá de Tony, Maria… no tiene pinta italiana ni latina, pero Mrs. Venn dice que ha viajado mucho porque sus padres son militares y que es afortunada de poder hacer su último año de secundaria aquí y no el extranjero…-

- Cuál es su apellido, Natalia? Quizá conozca a sus padres.-

- Hill. Se llama Maria Hill.-

 

Steve Rogers siempre había sido un tipo bastante exigente con los modales en la mesa, por lo que su hija Natalia vio con no poco humor a su padre atragantarse, toser y escupir trozos de hamburguesa de tal forma que tuvo que huir de la mesa rumbo al baño. La madre de Natalia se limitó a seguir pinchando habas con su tenedor, una ceja arqueada siguiendo las evoluciones de su marido.

 

- Estás bien, amor mío?-

- Bien*COF COF* ya v*COF*engo, sigan uste*COFCOF*-

- Papá está teniendo uno de sus… episodios…?- susurró Natalia conspiradoramente, a lo que Peggy sólo elevó la otra ceja, cambiando el interés por paciencia.

- Puede ser, pero lo que es seguro es que tienes que acabarte esa hamburguesa si pretendes ver a Sullivan. Y no lo sonsaques, ya te dirá él si es importante.- dijo Peggy, a lo que Natalia volvió a darle bocados desganados a su hamburguesa.- Y no pretendas llevársela a Lucky con excusas. Lo último que falta en esa casa es carne, es un milagro que James, Clint y ese perro no tengan gota los tres. Si les dejaran las manos libres, ya habrían cazado y se habrían comido hasta los mapaches de aquí a New Jersey. Natalia, come o me voy a enojar de verdad, no entiendo qué les ha dado a todas por parecerse a esa modelo inglesa flaca… podemos prepararles un tupperware con verduras y puré luego, a ver si reconocen un vegetal al verlo…- Peggy acabó su propio plato, y se volvió a Steve, que regresaba, la cara roja y brillante recién lavada.- Sobrevives, esposo mío?-

- Sí, lamento el espectáculo.- dijo Steve, volviendo a sentarse. Bajo las miradas interrogadoras de ambas mujeres, se concentró en cortar la hamburguesa que le quedaba, aderezarla con habas, y llevársela a la boca.- Esta cena está muy buena, Peg…-

- Papá!- exclamó Natalia.- Es otra de tus precogniciones? Conoces a esa chica? Es especial?-

- Te he dicho que no puedo hablar mucho de eso.- dijo Steve, mientras Peggy le alzaba la ceja de nuevo a Natalia, lo que significaba que estaba contraviniendo algo acordado ya. – Pero… no estaría mal que seas su amiga si quieres. Es muy solitario llegar a un sitio nuevo, en donde no conoces a nadie.- añadió Steve, y esta vez, había una nota entristecida en su voz.

Esa nota contuvo a Natalia, a la que las asombrosas “ precogniciones” de su padre fascinaban: pero también sabía que su padre, que pintaba paisajes futuristas y a veces pesadillescas acuarelas, tenía una tendencia a la tristeza y a la introspección que en ocasiones, la asustaba un poco.

Cuando su padre ponía esos ojos lejanos que parecían mirar visiones que nadie más podía entender, Natalia sentía el deseo de abrazarlo muy fuerte, porque era como ver a un ser amado caminar junto a un abismo.

Su madre era el ancla, y Margaret Carter tenía el don de con un roce, traer de nuevo a su volátil padre a tierra. Dejando la servilleta, Peggy tomó la mano de su padre y los dos se miraron un momento, la nostalgia desapareciendo del rostro de Steve al clavar la vista en los dulces ojos castaños. La verdad, siempre que su padre miraba a su madre, Natalia sentía que para él todo desaparecía, excepto Peggy.

La expresión de él en esos casos siempre se le había antojado boba y un poco vergonzosa, porque era de adoración francamente babosa, pero últimamente le había empezado a parecer un poco linda. Sólo un poco. Después de todo, seguro que nunca ningún chico iba a mirarla así.

- Puedes invitarla a casa, si te simpatiza, pero no fuerces las cosas.- dijo Peggy, dirigiéndose a Natalia, aunque aún miraba a su padre. Steve que había cogido la mano de su mujer y la había besado, expresión aún perdida.- Y ahora apresúrate con los platos, o te perderás el show.-

Era el turno de Natalia de levantar la mesa, y lo hizo eficientemente, lavando y secando platos y ollas en un santiamén mientras sus padres hablaban en voz baja con tazas de té en la salita oficina de su madre. Natalia estaba acostumbrada a los secretos: su casa estaba confitada de ellos, y había crecido bastante rodeada de ellos, volviéndose muy buena en ocultamientos y misdirecciones. Después de todo, habían tantas cosas que nadie podía saber:

- nadie podía saber que su madre era la directora de la agencia secreta de inteligencia, SHIELD.

- nadie podía saber que su padre era el famoso héroe de guerra, el Capitán América:

- nadie podía saber que James Barnes era un espía y hábil agente:

- nadie podía saber que Howard Stark había sido el creador y la principal fuerza del Proyecto Manhattan y ahora trabajaba con la NASA.

Todos esos secretos, Natalia estaba acostumbrada a mantenerlos sin batir una pestaña desde que tuvo edad para entenderlos. Pero el mayor secreto que guardaba celosamente, era el más personal: Natalia no era la hija biológica de Peggy y Steve, y al igual que Clint y Bruce, era adoptada.

A ellos no parecía importarle que se supiera, pero nadie, ni siquiera Clint, sabía esa verdad: y Natalia guardaba ese secreto estrictamente desde que su padre se lo dijera a los quince años. No tenía ninguna memoria anterior a dormir en brazos de Peggy, una noche tormentosa, en que los relámpagos parecían atenuarse con la cara hundida en su pecho.

Recordaba las manos de su padre, cubriendo sus oídos, como su tratara de ayudarla a olvidar la tormenta. Había tenido siete años: antes de eso, su mente era un blanco.

 

El gong del anticuado reloj de pie, regalo de los Stark, que estaba puesto junto a la puerta principal, dio las nueve, y Natalia saltó un sillón ágilmente e hizo un pivote para caer frente al televisor, elegante y ovalado, que estaba frente al sofá principal. También era un regalo de los Stark: era el más grande y moderno de todo Georgetown seguramente.

El show de Ed Sullivan estaba empezando, y pronto los acordes de A Hard day's Night inundaron la sala, Steve siendo desoído cuando le pidió a Natalia que bajara un poco el volumen: a Peggy también le encantaban sus coterráneos, los Beatles, y pronto la madre estuvo sentada junto a la hija, las dos moviéndose al ritmo, mientras el marido se hamacaba en la mecedora, el ceño fruncido, refunfuñando sus habituales inentendibles quejas de “ todo esto va a acabar en rap”.

 

***********

 

Natalia despertó a la mañana siguiente con la siguiente canción nueva que los Beatles tocasen en Ed Sullivan en la cabeza: era I Love Her, y aún antes de abrir los ojos sintió la idea de una coreografía formándose en su cabeza, zapatillas de satín golpeando el entarimado en los pasos, uno dos, tres cuatro. Estaba preguntándose porqué sonarían tan fuerte, cuando abrió los ojos dándose cuenta que lo que sonaban eran guijarros en su pared, y se sentó en la cama con la sensación bien habitual de la voz de su madre resonando por la casa junto con el gong del reloj: siete y media, ya iba tarde a clase.

Por supuesto, los guijarros estaban siendo lanzados con precisión matemática por Clint desde la vereda, exactamente contra el punto en donde la pared sostenía la cabecera de su cama. Natalia se preguntó vagamente porqué su padre no la había despertado como solía: y luego recordó, mientras se vestía a tropezones, que su padre tenía una reunión con un senador hoy y se habría ido temprano, y su madre creía en que Natalia debía cumplir sola sus propias responsabilidades.

- YA VOY!- bramó por la ventana cuando otro guijarro golpeó la pared. Clint, abajo con las manos aún alzadas, las cruzó tras la cabeza y le dirigió una sonrisa, las tachas de la brillante chaqueta verde militar destellando al sol.

- Buenos días a ti también, dulzura!-

- Argh.- Natalia agarró la mochila, y la arrojó por la ventana, a lo que siguió su bolso de ballet, las zapatillas luego con las cintas revoloteando, la bolsa de piedras para el proyecto de ciencia y la cartera de lujoso cuero rojo que le regalase su tía Maria: todo eso, sabiendo que Clint las atraparía y las pondría en orden mientras ella trataba de hacer algo con su pelo rebelde y lavarse la cara. Diez minutos luego, tras las cosas la misma Natalia apoyó un pie en el marco de la ventana, el otro en el desagüe, y de allí saltó al alfeizar de la ventana de la cocina, en donde a pesar de su destreza, casi se cae al encontrar a su madre asomada, bolsa de almuerzo en la mano.

- Comida para los dos, no compren tonterías en la cafetería.- dijo Peggy impertérrita, su delantal de cocina prístino sobre su elegante traje sastre, casi lista para irse a la oficina.- Buenos días, Clint.-

- Buenos días, Mrs. Carter!- Clint hizo un alegre saludo militar, los zapatos de danza de Nat colgando del cuello.

- Natalia, si pisas mis petunias, o te rompes una pierna saltando por la ventana no esperes compasión.- dio Peggy, antes de dirigirle una sonrisa a su hija.- Ten un buen día, cariño. Y no olvides a Thor.-

- Si, mamá.- dijo Natalia, saltando con mucho cuidado, balanceando el almuerzo, para no tocar el arriate de las alegres flores rojas que eran las favoritas de su madre. Hizo que Clint sujetara los almuerzos mientras se las arreglaba para cargar todos sus bultos ( porque permitir que Clint, que sólo cargaba una mochila, le cargara los libros era de una cursilería espantosa: era su mejor amigo, no su novio) pero no era una buena idea, porque cuando volvió a mirarlo mientras caminaban, ya tenía la boca llena.

- Clint!-

- Es el pan casero de tu padre! Con doble queso! Qué quieres que haga?-

- Cualquiera diría que el tío James no te da de comer a ti.-

- Bucky y yo tenemos… algo menos de habilidades en la cocina, vaya.- Clint se encogió de hombros y acabó de zamparse el pan.- Además, Bucky se fue anoche. No me dio muchos detalles, pero sospecho que va a ir a meterse a Saigón de nuevo.-

Natalia sintió un poco de frío, como si la brillante mañana se hubiera nublado. Era cierto que el padre adoptivo de Clint trabajaba buena parte del año en el SSR junto a Peggy, pero a veces salía en misiones secretas, y no era raro que lo hubieran enviado al recién pacificado Vietnam. El problema, era que varias veces ya había vuelto de esas misiones herido, en más de una ocasión seriamente: y aunque Clint fingía despreocupación, Natalia sabía que esos trabajos ponían a su amigo temeroso. A diferencia de ella, Clint recordaba perder a sus padres y hermano en un accidente de auto: perder a Bucky, que llenaba el espacio entre padre y hermano mayor desde que Clint tenía seis años, era su peor pesadilla.

Tenía que animarlo, y lo conocía bien. Con el índice y el pulgar, le tiró la manga de la vieja chaqueta azul que Clint amaba.

- Tengo algo que contarte, pero es secreto, okay?-

- Una de las profecías de tu padre?-

- Sí, pero no sé mucho… de a poco le sacaré más.-

- Cuenta.- Clint se animó: la rareza de las extrañas y siempre certeras adivinaciones del padre de Natalia eran lo segundo más entretenido de su vida, vaya.
Georgetown Wembley High School no estaba lejos, y ya empezaban a rodearse de otros alumnos apresurados, por lo que Natalia lo atrajo para susurrar, sin dejar de caminar.

- Cuando le hablé de la chica nueva, mi padre casi se desmaya. Es obvio que sabe quién es… seguro es alguien importante.-

- Quizá sólo conoce a la familia porque es militar.- dijo Clint muy razonablemente.

- No, es algo más, hubieras visto cómo se puso…-

HONK HONK.

La escandalosa bocina y el chirrido de un Camaro rojo neón los hizo saltar a ambos, casi ante las mismas verjas de la secundaria, junto con un montón de otros alumnos. Pero no era ninguna novedad, porque Tony Stark siempre hacía una entrada: y como todas las mañanas, estacionó su auto directamente enfrente de la puerta de la escuela, se bajó quitándose las gafas en el más llamativo de los trajes Mod con solapas enormes y pantalones de perneras ensanchadas, y se metió las manos en los bolsillos, mientras su dócil hermano adoptivo recogía los libros de ambos y pedía disculpas a la gente que se arremolinaba a ver el auto, abriéndose paso a la escuela.

Sí, él era lo más entretenido de la vida para Clint y Natalia, pero también solía ser bastante exasperante.

- Cómo es que se están secreteando tan temprano? Y sin mí? Barton, no te he dicho que dejes en paz a mi novia…-

- Por vez número cuatro mil, no soy tu novia, no es tu asunto, y por el amor de Dios, ciérrate la camisa o le cuento a mi madre. Buenos días, Bruce.- saludó Natalia.

- H-hola, Nat. Clint.- tartamudeó Bruce, ocultando los ojos bajo los rizos largos que le rodeaban la cara. Eran la desesperación de Mrs. Venn, pero todos sabían que aunque la inspectora de Wembley obligara a todos los chicos a usar el mismo corte militar que Clint lucía, ordenarle a un Stark, aunque fuera adoptivo, que dejara el look Beatle iba más allá de su poder. Después de todo, era la única rebeldía del alumno modelo, mientras que su hermano…

- No me rompas el corazón antes de mi primera taza de café.- se quejó Tony teatralmente siguiéndolos al edificio.

- En verdad vas en la séptima esta mañana.- comentó Bruce desde atrás.

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