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Golden Sun Relatos de Alex y Felix

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— 1 —

Aún podía recordar aquel día, el agua abrazando su cuerpo y estrujándolo para llevarlo al fondo, los gritos de su padres, de su hermana, sus brazos entumidos aferrándose al madero que lo mantenía a flote y la lluvia que, junto con el viento se empeñaban en separarlo del único lazo que lo única con la vida. Ahora era mayor, un joven casi adulto, cabello largo, castaño, estatura media, con unos centímetros faltantes que seguramente los años le darían, uno que estaba encadenado a cumplir con una misión.

—Felix—“Felix” ese era su nombre. Se encontraba entrenando exhausto, a punto de desfallecer. Cada embate de su espada contra las criaturas del bosque cercano a la cueva de Prox le exigía más fuerza y temple del tenía en sus reservas, pero no podía rendirse, no cuando sus padres seguían cautivos por su causa, por su psinergia…

—¡Felix!—Un grito y una llamarada que incinero a las tres hormigas boxeadoras lo hizo perder la concentración. Un hombre alto, un elfo de Prox llamado Saturos, llegaba junto con Menardi una mujer rubia de la misma raza, aquellos que habían salvado su vida hace tres años y se habían convertido en sus maestros y captores.

—Trajimos compañía—A su lado, un joven atractivo que aparentaba tener la misma edad que él, se acercaba, con ropas principalmente azules y con un cabello a juego que no recordaba haber visto en ningún humano antes—Su nombre es Alex, un adepto que se unirá a nuestro grupo, mantente a su lado—Indicaron ellos y Felix no hablo, no era su costumbre, después de todo, hacer preguntas a las cuales no obtendría respuesta.

Los dos elfos se separaron de ellos sin dar más explicaciones, continuarían con su investigación para poder encontrar al último elemento que le faltaba a su grupo, un adepto de Jupiter y el bastón de chaman que los llevaría a encender todos los faros. Estaban seguros que ambos jóvenes podrían arreglárselas muy bien por su cuenta.

Felix, con sus enemigos derrotados, dedico unos segundos a analizar el rostro del nuevo recluta, este, a su vez, hizo lo mismo, dedicándole una sonrisa que no pudo catalogar. Para luego simplemente limpiar su espada y empezar a empacar sus cosas para el retorno a su pueblo, las cuales estaban cerca de un árbol cubierto de nieve.

—Ellos planean un viaje en barco—Las palabras salieron con un ligero acento, uno que solo se obtiene cuando eres mayor y exageradamente formal. A, Felix, sin embargo, no le importo demasiado, no era su intención averiguar más allá de aquello que fuera necesario—No hablas mucho—Comento el joven, notando el rostro magullado del espadachín, se notaba el esfuerzo desmesurado que había echo, por lo menos en ese entrenamiento—¿Deseas que te cure?—Pregunto el joven y Felix le regreso la mirada, por el color de su cabello, ojos y ropa, debió suponerlo desde que lo vio, era un adepto de agua, aquellos quienes estaban más orientados a la sanación.

—Es mejor que sanen por cuenta—Hablo por primera vez refiriéndose a sus propias heridas. Se notaba que tenía una larga historia llena de ellas. Alex bajo sus hombros, no pudo apreciar si era por decepción o por indiferencia—Volvamos—Dijo inmediatamente adoptándole como uno de los suyos.

Ambos caminaron de regreso, Felix había activado un repelente, un aura protectora que alejaba a los monstruos de su radio de caminata, no deseaba toparse con ningún otro al menos de momento, aún su día no terminaba y ocupaba exprimir su tiempo hasta el último segundo. Alex le siguió de cerca, con completa seguridad en si mismo, Felix lo notó nada más al verlo, no era un hombre que necesitara protección, incluso podía percibir que no le causaba ni siquiera una pizca de preocupación estar en un valle donde las criaturas, los ladrones y el clima, eran feroces.

—¿Pasa algo?—Alex lo descubrió mirándole, Felix negó y el de nuevo le dio una sonrisa, esta vez, mucho más cordial. No pregunto el motivo y tampoco lo escudriño vigilante, se le notaba divertido por su forma de actuar, simplemente atento a él y al camino. El cual permaneció en silencio hasta llegar a un pueblo escondido entre montañas, naturalmente protegido de lo vientos crueles, pero, con todo y eso, con un frio que no muchos podrían soportar. Un lugar solitario y que, si bien era de noche, no mostro ningún habitante, casi como un pueblo fantasma.

Sin detenerse, llegaron a una pequeña casa con apenas lo indispensable, una cocina pequeña, una habitación, un baño, y una estancia con chimenea que daba a cada una de los cuartos, seguramente diseñada para el frio terrible de la zona. Felix, nada más al llegar encendió el fuego y comenzó a preparar cobijas en el sofá mullido de lo que probablemente fuera su hogar.

—Usaras la cama—Alex pensó que probablemente quería evitar discusiones del invitado quejoso, sin embargo, rápidamente Felix echo su conjetura por la borda—Eres un adepto de agua, posiblemente tengas más frio que yo—Dijo el espadachín con un volumen bajo, casi como si solo hablara para si mismo.

—Eres más amable de lo que aparentas—Concluyo el de azul y se dirige a poner su propia bolsa en la cama que ya le pertenecía. No insistió en dormir en sofá, era obvio para los dos que a ninguno le gustaba discutir. La primera de muchas cosas que tenían en común.

— 2 —

Pasaron los días en silencio, Alex no salía de la casa en absoluto, no sabia si por desidia o por el frio y preguntas que harían los aldeanos al verlo, pasando totalmente desapercibido para todos en el pequeño poblado. Felix se hacia cargo de todo, se levantaba en la madrugada a preparar la comida sencilla pero suficiente para nutrirlos, iba al bosque cercano por leña para mantenerlos calientes y preparaba el baño para tenerlo listo al anochecer, justo cuando regresara de su entrenamiento.
Alex lo miraba, intercambiaban alguna que otra frase estrictamente necesaria y, en cuanto se marchaba se dedicaba a su propia investigación. Era un erudito del clan de mercurio, pero aún le faltaba mucho por aprender, por dominar…sacaba mapas, libros y hacia su propio entrenamiento dentro de la casa, una meditación que elevaba su propia sinergia a niveles que sus compañeros posiblemente ni siquiera imaginaban.

Faltaba muy poco para que Saturos y Menardy regresaran con lo necesario para su viaje, uno o dos días a lo mucho, por lo que, aún dentro de la tina de baño que Felix había calentado para él, siempre cediéndole el primer turno, decidió hacer algo por el muchacho, mitad agradecimiento por encargarse de sus necesidades y mitad aburrimiento por haber estado casi una semana completa encerrado.

—Felix, entra—Su nombre, por primera vez desde que se conocieron lo llamaba así, siendo escuchado con facilidad, pues el otro se mantenía a la espera suya, fuera del cuarto de baño para vigilar que el fuego que calentaba el agua no se apagara. Este, se tomo unos segundos, pero abrió lentamente la puerta del baño y, con la mirada baja se quedo esperando mientras el vapor escapaba—Este baño es una delicia—Alago Alex, estaba recostado en la tina, con su cabello largo y mojado desbordándose a las orillas, resaltando sus ojos azules como cristales valiosos y su piel blanca y presumiblemente tersa sin ninguna afección que la manchara. Era casi como las imágenes de los dragones marinos, enigmática, hermosa pero que en lo profundo de su belleza ocultaba una peligrosidad de temer.

—Es bueno que lo disfrutes—Felix, por un momento fugaz se sintió incomodo, apenas levanto un poco la mirada para observarlo y se topo con los otros ojos fijos en él y, junto con ellos, una sonrisa traviesa, haciéndolo retroceder para intentar salir nuevamente ¿Qué es lo que quería? ¿Probar su carácter o era simplemente descarado?

—Espera—Hablo nuevamente el hombre deteniéndole en su paso—Mañana entrenaré contigo—Anuncio y Felix no le regreso la vista, solo murmuro un “de acuerdo” y salió del baño. ¿En realidad era necesario hacerlo pasar?

— 3 —

Al día siguiente, de acuerdo a lo prometido, Alex salió de madrugada junto con él, evitando encontrarse con alguien que les quitara el tiempo. Sus paso eran distintos, no eran lentos y felinos como cuando le conoció y todo el tiempo que estuvo en casa, eran elegantes, sí, todo en el lo era, pero esta vez la decisión y la fuerza delataban otra parte de su misteriosa personalidad.

Al llegar nuevamente al bosque cerca de un rio congelado, Alex se descubrió y se dio la vuelta extendiendo sus brazos, encarándolo e invitándolo con sus gestos a acercarse a él. Felix se tomo su tiempo, dejo con cuidado sus cosas a una distancia suficiente para mantenerlas vigiladas. Tomando su espada con ambas manos. Alex, al contrario, no llevaba armas. Sola verlo con una daga larga en su cintura, pero esta ocasión, el no llevaba más que sus guantes y su capa.

—Quieres volverte fuerte, puedo verlo—Dijo el de azul a voz fuerte, Felix se mantenía a una distancia prudente, pero no atacaría a menos que el otro le indicara el inicio del combate—Ven e inténtalo, déjame ayudarte a cumplir tu meta—Esbozo como quien ofrece una gran recompensa, como un enemigo a derrotar.

Felix se lanzo en su contra, algo le decía que ese joven adepto, era mucho más de lo que se imaginaban Saturos y Menardi, lo intento atacar sin miramientos, siendo esquivado con una sencillez y gracia que lo hacían dudar de su propia habilidad con la espada. “Vamos, el ni siquiera estaba armado”, pensó ofendiéndose en el proceso, dando un giro y salto propios de un maestro e impulsados únicamente por el orgullo, logro atacarlo directamente, ganándose una mirada sorprendida y un fuerte golpe en el costado, solo logrando uno de sus cabellos turquesa.

—Eso estuvo cerca—Se rio el hombre de azul acercándose al de marrón, quien yacía en el suelo completamente empapado. Desde el rio congelado, una corriente de agua lo había lanzado al suelo, alejándolo con premura de su contrincante—Tienes potencial—Dijo Alex acercándose y ofreciéndole una mano. Felix no dijo nada, le faltaba demasiado por aprender, aún cuando Saturos le instruida en la espada y Menardi en la psinergia, nunca vio algo parecido, tanta fluidez y destreza para dominar un elemento. El era en definitiva, alguien a quien temer.