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Resident Evil: Requiem (Primera Parte)

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Trent salió de casa y, cuando puso un pie fuera del porche, abrió un gran paraguas de color negro y suspiró.

Llevaba cuatro días lloviendo sin parar y aquello hacía juego con el humor que tenía en ese momento. Había discutido con Mostacho y no había sido agradable.

Mostacho había dicho que esperaba que tenía gente vigilando a todos los directivos de la compañía para saber quién de ellos era el que estaba pasando información a los STARS renegados que estaban echando abajo todas las instalaciones. Trent sabía que era demasiado arriesgado que siempre pasara algo cuando él había estado investigando sobre cierta instalación que, días después, desapareciera. Tenía que ser más sigiloso o le acabarían cogiendo, eran demasiadas coincidencias como para pasarlas por alto y no sabía si, esta vez, podría ayudar a esos soldados que luchaban contra la compañía y que le estaban ayudando a destruir Umbrella. Ya les había dado la información sobre cómo entrar en la sede de Berlín, la más importante de toda la compañía. Si la sede berlinesa caía, lo harían las demás.

Pese a todo eso, tenía claro que, en breve, le descubrirían y le matarían. Sólo esperaba que sus soldados personales acabaran con Umbrella antes de que sus directivos le descubriesen...

 

La lluvia caía sobre la ciudad de Berlín de manera incesante. Hacía varios días que no paraba de caer agua desde el cielo, empapando todo cuanto tocaba, deprimiendo aún más los ánimos de los berlineses.

Cerca del centro de la gran ciudad y en un edificio bastante corriente, un grupo de nueve personas se preparaban para un último asalto contra la compañía Umbrella en un pequeño apartamento de dicho edificio.

David Trapp entró en la habitación, con sigilo, y cerró la puerta detrás de él. Rebecca Chambers se volvió hacia en cuanto lo oyó y David se sentó a su lado, en la cama.

—¿Cómo están? –le preguntó a la joven bioquímica

—León está mejorando pero Eva –Rebecca hizo una pausa antes de continuar–. Eva no mejora. Sigue en ese estado de hibernación y estoy preocupada, David. Siento mucho que le haya pasado esto…

—No te preocupes, Rebecca –dijo David, abrazándola–. Ya no podemos hacer nada por ella. Lo único que siento es que lo último que le dije no fue nada agradable y ahora me perseguirá de por vida…

—David, tú no sabías que ella estaba enferma –dijo Rebecca–, y, ni mucho menos, que Némesis la heriría de esa manera. Deja ya de atormentarte, por favor.

David miró a la joven que tenía entre los brazos y cerró los ojos, con aire derrotista. Sabía que ella tenía razón, que él no había tenido la culpa de que Eva hubiese resultada herida de gravedad en la lucha contra Némesis al salir del Área B3; aquella zona aislada de todo escape viral en aquella mansión infectada por el virus-T.

De repente, Rebecca se puso tensa y David la soltó. Ella le miró con un extraño brillo en los ojos y él frunció ligeramente el ceño.

—¿Qué ocurre, Rebecca? –preguntó David.

—Tenemos que encontrar las muestras de los virus como dijo Chris –le dijo, con suavidad–. Si lo hacemos y encontramos el virus-D podremos salvar a Eva, ¿lo entiendes?

David la miró sin mirarla, pensando en lo que acababa de oír. Si tenían suerte y encontraban las muestras de las que Trent les había hablado podrían, no sólo cargarse a Umbrella, sino también salvar a Eva, aquella persona tan importante para él. Aquella chica era más que una simple amiga... era, algo así, como su hermana pequeña, la que nunca tuvo. Y no podía fallarle de esa manera.

David miró con agradecimiento a Rebecca y ella le medio sonrió. David la abrazó con fuerza y, cuando estaba disfrutando de ese contacto con la joven bioquímica, alguien llamó a la puerta con suavidad.

David se volvió y vio a Chris Redfield asomar la cabeza por el hueco de la puerta. Estaba más serio que de costumbre y a David no le extrañó en absoluto. El joven ex miembro de los STARS quería a Eva, y el verla en ese estado no mejoraba su humor.

—Es la hora, David –dijo.

David asintió y Chris desapareció detrás de la puerta, que cerró con suavidad. Rebecca se volvió hacia David y él le devolvió la mirada.

—¿Estás preparado, David? –le preguntó.

—Sí –respondió él, acercándose a ella–. Creo que sí.

Ella acercó su rostro al de él y David la besó con suavidad.