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Resident Evil: El Área B3

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Las balas impactaron contra el cuerpo de aquella criatura nauseabunda y rezumante de baba sin apenas hacerle daño. Aquello sólo hizo que se enfureciera y lanzara su larga lengua hacia Barry, quien se apartó en seguida con un acto reflejo. Aquella larga extremidad se clavó con fuerza en una de las vigas de madera del ático, haciendo que astillas de varios tamaños saltaran por los aires y que cayeran al suelo. Barry recargó su arma y la levantó hacia su enemigo pero este había desaparecido.

Giró en redondo, buscando a aquella repugnante criatura y, de repente, sintió cómo era levantado del suelo por un fuerte golpe en las costillas cuando aquel ser al que se estaba enfrentando lo golpeó con aquella lengua tan larga.

Barry se levantó del suelo, mientras se aseguraba de que sus costillas estaban en perfectas condiciones apuntaba a esa criatura y abría fuego contra ella. Las balas volvieron a impactar contra su cuerpo sin producirle más daños que el que aquella repugnante baba salpicara la madera de suelo. Con una rapidez que no se esperaba, la criatura saltó hacia él y Barry lo esquivó por los pelos apartándose en la última décima de segundo hacia la derecha. Dio una vuelta sobre sí mismo y volvió a apuntar a aquella criatura. Se dio cuenta de que, por detrás, lo que parecía ser el cerebro de esa monstruosidad parecía más vulnerable. No lo pensó dos veces y disparó a aquel bulto. La criatura se revolvió de dolor cuando las balas destrozaron su cabeza, saltando sangre y otros trozos que Barry no pudo distinguir por los aires.

Respirando agitadamente, Barry volvió a recargar su Colt y dirigió una mirada al desván. No vio nada raro así que se dispuso a registrar el lugar, por si encontraba algo útil allá arriba.

Registró el ático de arriba abajo y no encontró nada más que polvo y telas de araña que le sugirió que allí, a parte de aquella criatura ciega, había otros seres peligrosos. Miró su reloj y se dio cuenta de que se había entretenido demasiado con aquella criatura que le había atacado. Pensando en que los demás podrían estar preocupados, salió de allí y regresó al vestíbulo.

—¡Barry! —exclamó Chris cuando él apareció por la puerta de la balaustrada—. ¿Estás bien? ¿Qué te retuvo?

—¿Qué hacéis todos ahí? —preguntó mientras bajaba las escaleras para reunirse con ellos-. ¿Habéis contactado con David y su grupo?

—Sí —dijo Carlos—. Están en la ciudad y se dirigen hacia aquí andando. Estarán aquí en  —Carlos se detuvo, mirando su reloj— hora y media. Van a venir andando pero tenemos un problema.

—¿De qué se trata? —preguntó Barry, una vez a su lado.

Billy le entregó el papel que había encontrado en la sala y Barry lo leyó con rapidez. Se le cayó el alma a los pies cuando lo hizo. Tuvo que leerlo de nuevo para creérselo.

—¿Habéis vuelto a hacer contacto con ellos? —preguntó, guardándose el papel en el chaleco.

—No —dijo León—. Esperábamos a que tú regresaras para que nos dieras órdenes. De todas formas, es casi imposible que se encuentren con otra radio si están caminando hacia aquí.

Barry asintió, coincidiendo con él en aquel aspecto.

—Pero ese no es el único problema que tenemos —dijo Chris, levantándose de las escaleras en las que estaba sentado—. Umbrella piensa bombardear la ciudad y parece que la casa entra en los planes.

Barry pensó en que las cosas no podían ir peor. Si David y el resto tardaban algo más de dos horas en llegar a la casa estarían muertos. Meditó durante unos segundos lo que deberían hacer y, finalmente, los miró a todos y cada uno de ellos.

—Muy bien —les dijo—. Vamos a dividirnos para buscar esa llave, ese ascensor en la sala azul y cualquier cosa que nos permita evitar el cierre de la casa o, por lo menos, pararlo el máximo tiempo posible para que el otro equipo tenga una oportunidad de entrar en la casa antes de que se cierre herméticamente —hizo una pausa y continuó hablando—: nos dividiremos en grupos de dos para poder tener alguna clase de cobertura por si nos vemos en problemas. Chris y Carlos irán juntos. León y Claire en otro grupo y Billy irá conmigo. Cuando hayáis encontrado algo regresad aquí, y si no encontráis nada, también. Tenemos menos de hora y media para encontrar lo que podamos. ¿De acuerdo? Por cierto, la tarjeta la tengo yo así que olvidaos de ella.

Todos asintieron y se dividieron para registrar la casa en menos tiempo del que tenían. Si se demoraban demasiado fallarían y ellos condenarían al resto del equipo a morir.

 

 

Chris abrió la puerta del segundo piso por la que ni Barry ni Billy habían entrado en el primer registro. Ante ellos había un larguísimo pasillo enmoquetado con una alfombra de color rojo que giraba a la izquierda. Chris se puso en cabeza mientras Carlos le cubría las espaldas. No es que no se fiara del hispano, no dudaba de que era un gran soldado, pero estaba seguro de que no tenía mucha experiencia en los registros de casas.

Avanzaron por el pasillo y Chris se acercó a una de las ventanas para mirar al exterior. Vio que había un gran jardín rodeado con un muro de ladrillos rematada con una verja de metal con pinchos para impedir que la gente saltara por ahí. Vio, gracias a un pequeño foco que estaba en la pared de la casa, que el césped estaba bastante crecido y descuidado lo que le indicó que lo que hubiera pasado en al casa, fue hace bastante tiempo. Se apartó de las ventanas y regresó a la pared que estaba enfrente de las mismas al tiempo que asentía a Carlos para poder continuar. Giraron a la izquierda del pasillo y entraron en una sala atravesando el hueco de una puerta que no estaba donde debería estar. La encontraron a varios metros de allí, totalmente destrozada de manera que varios trozos estaban esparcidos por el suelo. Había trozos de otros materiales que no pudo distinguir.

Chris se gachó a su lado mientras Carlos miraba la habitación en busca de alguna señal que indicara que hubiera algún peligro.

—Esto no lo ha hecho una persona —dijo Chris levantándose del suelo y mirando a Carlos.

—¿Qué crees que lo puede haber provocado? —le preguntó Carlos—. ¿Alguna criatura de Umbrella?

—Sí, es posible —dijo Chris mientras buscaba la salida de allí y vio otra puerta destrozada. Se acercó a ella apuntando al pasillo que se abría delante de ellos—. Aquí hay otra puerta destrozada. Es posible que algo pasara por aquí.

—Esto no me gusta —dijo Carlos, mientras miraba al techo distraídamente.

—A mi tampoco pero no nos queda otra —le respondió Chris.

—Chris —dijo Carlos. Su voz parecía algo tensa—. Creo que deberías ver esto.

Chris se acercó a él y miró al techo. Allí había un enorme agujero que mostraba el piso superior y los trozos que estaban en el suelo parecían proceder de allí. Chris sacó la linterna e iluminó el gran agujero en busca de alguna señal de lo que había pasado por ahí peor no había nada. Miró a su compañero y este te encogió de hombros. Apagó la linterna y salió de allí con Carlos.

Durante algunos minutos estuvieron en silencio, registraron un par de salas más sin encontrar nada antes más que puertas destrozadas y algunos muebles rotos y tirados por el suelo. De repente, Carlos lo rompió antes de entrar en otra sala.

—Chris, ¿puedo hacerte una pregunta personal? —le dijo.

Chris se volvió para mirar a su compañero. ¿Qué querría preguntarle en un momento así?

—Sí, claro —le respondió Chris, algo dudoso.

—Me gustaría saber si sigues sintiendo algo por Jill —le dijo Carlos, sin dar rodeos.

Chris se detuvo en seco, sorprendido por lo que acababa de escuchar. Miró con mayor atención a su compañero y vio que Carlos estaba mirándole seriamente. Respiró profundamente y soltó el aire con lentitud, mientras se apoyaba en la pared y bajaba el arma para demostrar que estaba tranquilo.

—Cuando Jill llegó a Raccoon City sí que me sentía atraído por ella —dijo Chris, siendo sincero con el hispano—. Y ella parecía sentir lo mismo pero creo que cuando os encontrasteis en la ciudad algo pasó entre vosotros. Y no me importa —se apresuró a decir Chris—. Acepté que ella dejara de interesarse en mí. No quiero que me considere un gilipollas infantil, al menos quiero mantener su amistad. Es una de las pocas personas de las que confío ciegamente y ni quiero dejar de hacerlo ni quiero que ella lo deje también.

—Entonces, ¿no te importa que...? —comenzó a decir Carlos pero Chris lo interrumpió.

—No me importaba y no me importa —dijo Chris, intuyendo lo que su compañero iba decirle—. Si ambos sois felices así, por mi estupendo. Pero, ¿por qué me lo preguntas?

—Jill y yo no estábamos seguros de comenzar algo —dijo Carlos—. Jill piensa que aún puedes seguir sintiendo algo por ella y si nosotros empezábamos algo te podrías sentir mal.

—¿Por eso no habéis comenzado vuestra relación? —preguntó Chris, asombrado por el hecho de que Jill tuviera en cuenta sus sentimientos.

—Sí —respondió Carlos—. Ella quería hablar contigo en cuanto tuviera un rato, pero con todo lo que ha pasado aún no ha podido. Por eso he decidido hablar yo contigo. Espero que no te haya molestado —agregó rápidamente.

—Al contrario, yo estaba pensando lo mismo de ella. Si quieres puedes decirla que por mí que no se preocupe, pero ya hablaré con ella. Además —Chris sonrió levemente—, ahora tengo a alguien en mi mente.

—¿Eva? —preguntó Carlos, sonriendo de manera cómplice.

Chris no contestó, simplemente ensanchó su sonrisa y se dispuso a seguir caminando, atravesando el umbral de otra puerta desguazada. La sonrisa de Chris desapareció cuando vio que en aquella sala había sangre por todos lados y restos de personas por allí.

—¡Joder! —exclamó Carlos al verlo.

Chris no podía decir nada. Aquello era obra de una de las criaturas que Umbrella había creado, de eso no había duda alguna. De repente, oyeron un ruido y enseguida se pusieron alerta. Había sonado como si algo estuviera caminando por encima de ellos con pesadez, Chris lo reconoció enseguida.

—¡Ah, mierda! —exclamó. Luego le gritó a su compañero—: ¡Carlos, fuera de aquí!

Carlos no lo dudó ni un segundo y salió de allí seguido de cerca por Chris, pero antes de que llegaran a la puerta, el techo estalló en millones de astillas de madera, yeso y pintura. Chris se volvió para ver que un Tirano estaba en medio de la sala, rodeado de partículas de polvo y escayola que le daban un aire algo irreal. Carlos se quedó perplejo ante aquella criatura que se les había presentado, en cambio, Chris comenzó a disparar contra él. El Tirano caminó hacia ellos y, sin aviso, el suelo se rompió, de manera que Carlos, Chris y el Tirano cayeron al vacío.

 

 

León abrió la puerta con Claire detrás de él. Estaban en una sala bastante grande, con varias sillas y algunas mesas. Se acercaron a ellas y las registraron pero no hallaron nada. Siguieron avanzando por un pequeño pasillo y entraron en una sala en la que se encontraron con dos estatuas de lo que parecían dos diosas griegas o romanas que tenían, cada una, un brazo extendido y la mano en posición de estar sujetando algo puesto que había un agujero en ellas. La de la derecha tenía el brazo izquierdo levantado, y la de la izquierda el derecho. León no sabía a cual de las dos culturas pertenecía el estilo pero poco le preocupaba en ese momento. Una de las estatuas era de mármol rosa mientras que la otra tenía un color azulado. Claire se acercó a ellas mientras León registraba con la mirada la sala.

—Aquí hay algo escrito —dijo Claire.

León se acercó a ella y vio que estaba agachada ante lo que parecía ser una placa de metal de color plateado.

—”EL FUEGO DERRITE EL HIELO. EL HIELO APAGA EL FUEGO” —leyó Claire en alto—. ¿Qué demonios significa esto?

—No lo sé —dijo León, encogiéndose de hombros—. Pero tengo el presentimiento de que lo averiguaremos en breve. Estoy seguro.

Salieron de allí y entraron en una gran sala. Era enorme, tenía una balaustrada que daba una pequeña sala de estudio o de lectura dado que allí abajo había un escritorio con una gran silla. León vio unas escaleras y le hizo un gesto a Claire para decirle que iban a bajar por ellas. Ella asintió mientras lo seguía escaleras abajo. Aquello no le gustaba nada a León, estaba muy... Tranquilo. Demasiado tranquilo.

Una vez en la parte baja de aquella enorme sala, León vio que era mucho más grande de lo que había pensado. Se dispuso a registrar las enormes estanterías que cubrían las paredes cuando algo cayó delante de ellos. Parecía un león que había tomado una sobredosis del Virus-T. León, mientras disparaba, pensó que aquello era a lo que Chris se refería con lo de «leones mutantes».

Tengo que alejarlo de Claire. Si la alcanza estará perdida.

Con ese pensamiento, León distrajo a la bestia de Claire pero esta no parecía estar dispuesta a que él arriesgara la vida por ella de aquella manera por lo que comenzó también a disparar.

—¡Claire, déjamelo a mí! —gritó León.

Pero aquella bestia se dirigió hacia Claire con aire decidido y la embistió con fuerza, enviándola por los aires de manera que chocó contra la barandilla de la escalera. No se movió tras el golpe. León se acercó a aquella criatura de Umbrella y comenzó a dispararle en la cabeza. Sacó un cargador vacío y metió uno nuevo con una palmada y volvió a disparar. El desagradable monstruo fijó en él su roja mirada, apartándose de Claire, y se dispuso a atacarle con las fauces abiertas, mostrando todos sus dientes... León disparó y dos balas entraron por su boca, haciendo que el animal se detuviera lentamente hasta que, finalmente, cayó muerto al suelo. León se quedó mirando a la mala bestia que había estado a punto de matarlos sin poder apartar la mirada. Aún sostenía con fuerza la Magnum en una sudorosa mano.

Claire...

Como si hubiera despertado de repente se acercó corriendo a la joven. La levantó del suelo, apoyando la cabeza de la chica en su regazo y comprobando sus constantes. Parecían ser normales por lo que se sintió algo aliviado. León se quedó mirándola unos segundos sin saber porqué y le apartó unos mechones de la cara. Recordó cómo se habían conocido, en la macabra situación en la que se encontraba la ciudad de Raccoon y cómo habían salido de allí. Recordó también cómo habían estrechado su relación durante el tiempo que habían permanecido ocultos con el grupo de David y cómo había sentido que tenía el corazón dividido entre ella y Ada.

Ada...

Ada Wong había sido la mujer a la que había ayudado en Raccoon City. Y había sido la primera vez que se había sentido atraído por alguien a quien apenas conocía y que, además, lo había utilizado de aquella manera y eso lo confundió en aquél momento. Después de que Ada muriese, sintió que Claire estaba comenzando a ser una parte que él necesitaba. No le gustaba pensar que tenía la necesidad de tener a Claire cerca de él, eso era algo que le asustaba. Y mucho. Pero... León sonrió levemente. Acababa de darse cuenta de que no le importaba. Seguía sintiendo su corazón dividido entre Claire y una mujer a la que no volvería a ver jamás pero en ese momento no le preocupaba.

De repente recordó su misión y cogió a Claire en brazos, dejándola en un sofá que estaba enfrente del escritorio. Se volvió y se dispuso a registrar él solo la sala mientras Claire recuperaba el sentido. El repulsivo animal la había golpeado con mucha fuerza y, aunque no tenía ninguna herida visible, era posible que se hubiera infectado. No quería ni pensar en ello.

Se dirigió a la mesa y abrió los cajones y encontró algunos papeles que hablaban sobre varias cantidades de sustancias que para León no significaban nada, quizá para Rebecca pero no para él. Siguió rebuscando y encontró una Beretta del 32 con un tamaño aproximado de un puño. La revisó y vio que estaba vacía, por lo que volvió a dejarla donde la encontró puesto que no tenían balas para ese tipo de calibre. Cerró el último cajón y se levantó de la silla para dirigirse a las estanterías.

Ras registrar los nombres de los libros de todas las estanterías León se paró delante de una de ellas. Los libros que la llenaban no tenían nada en común con el resto y, en especial, uno de ellos encuadernado en piel de color roja. Su título era «Felinos». El resto hablaba sobre botánica y en las demás estanterías, los libros trataban sobre temas relacionados con la genética, los virus y demás. León cogió el libro y lo sacó del lugar en el que estaba. Un sonido se oyó detrás de la estantería y el libro regresó a su posición como si un resorte tirase de él hacia atrás, y lo hizo con tanta rapidez que León lo dejó en el acto, sorprendido. La estantería se movió hacia atrás, accionada por algún mecanismo conectado al libro que León acababa de intentar coger, dejado a la vista un pequeño pasadizo a oscuras.

Sacó la linterna y alumbró el interior del agujero que acababa de aparecer. Parecía una pequeña habitación adyacente que, por alguna razón, estaba oculta detrás de aquella estantería. León miró a Claire y luego a la habitación. No parecía muy grande, si lo hacía con rapidez la registraría enseguida y volvería de nuevo con Claire. Sólo esperaba que la «puerta» no se cerrase detrás de él...

Avanzó por el estrecho pasadizo que llevaba a la sala y la registró con la mirada. Allí encima de unos cojines que estaban encima de una mesa, había dos cristales con forma de prisma de color azul y rojo. León se acercó a ellos y los observó con detenimiento, no quería que al cogerlos se activara cualquier cosa y lo dejara atrapado allí o lo matara. Pero no quería dejar a Claire sola demasiado tiempo así que se decidió, los cogió y salió de la pequeña sala con rapidez.

Se volvió a cercar a Claire para ver si estaba consciente pero se encontró con que aún estaba dormida. Ahora en la seguridad de la gran sala, León miró los dos cristales que tenía en las manos, su parte más picuda parecía tener el mismo tamaño que los agujeros que las diosas de la sala anterior tenían en sus manos. León dudó. No quería dejar a Claire allí sola, pero quería comprobar si aquellos cristales  encajaban en las figuras.

Se había decidido a acercarse hasta la sala anterior y estaba ya con un pie en los peldaños cuando un gemido hizo que se volviera. Vio a Claire levantándose lentamente y León sacó el arma, pensando en lo peor.