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Resident Evil: El Área B3

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Chris disparó contra el primer Cazador que se abalanzó contra él, desplazándolo hacia atrás por el impacto de las balas. Sin dudarlo, giró la Beretta hacia la segunda bestia y le disparó dos balas a la cabeza, aquella monstruosidad se derrumbó a la vez que el primero de ellos se levantaba. Chris le disparó de nuevo y el Cazador se derrumbó al lado del otro, sangrando con abundancia.

Chris suspiró mientras bajaba parcialmente el arma y ladeaba la cabeza para escuchar posibles ruidos. Como no oyó nada raro, bajó por completo la nueve milímetros y se dispuso a registrar aquella sala.

La biblioteca no era demasiado grande, apenas entraban cuatro estanterías de tamaño medio en ella. Dio una vuelta alrededor de las estanterías, mirándolas atentamente y, a la vez, mirando las paredes que le rodeaban. No había nada de interés, así que Chris salió de allí por la única puerta que había en la sala, llegando a otro corto y frío pasillo.

Caminó por él y llegó a otra sala. Con el arma en alto, la registró sin moverse de donde estaba y, cuando se convenció de que no había peligro a la vista, avanzó cerrando la puerta detrás de él sin dejar de mirar a su alrededor. Estaba casi vacía, salvo por una gran mesa escritorio y una silla a su lado, un par de armarios empotrados y tres estanterías estaban pegados a la pared que tenía a la izquierda. A su derecha había un ventanal que parecía llevar a un balcón. Chris se acercó a la mesa para registrarla cuando vio un cadáver detrás de la silla. Rápidamente le apuntó con la Beretta y, cuando iba a dispararle, el hombre habló mientras abría con dificultad los ojos.

—¿Quién... Quién eres? —le preguntó.

Chris se agachó a su lado, recordando al doctor Blasco que Eva y él encontraron en la instalación de Zurich.

—Me llamo Chris Redfield —le dijo. El hombre abrió los ojos, entre asombrado y asustado.

—¿Redfield? ¿Eres el tipo que quiere llevar a la ruina a la compañía? —le preguntó.

—Más o menos —le contestó Chris. Lo miró con atención y sintió lástima muy a su pesar—. ¿Puedo hacer algo por usted?

—¡Te puedes ir al infierno! —le respondió el hombre moribundo, con ira—. No nos vais a detener. ¡No podréis deshaceros de Umbrella con la facilidad que creéis! Además, no vas a poder salir de esta casa —el hombre soltó una débil carcajada—. En un par de horas las puertas se cerrarán de forma permanente y la llave del área B3 está bien escondida. Para rematar tu situación, Umbrella tiene pensado  bombarder la ciudad igual que hizo en Raccoon City hace unos meses. ¡Estás perdido, Redfield!

La cabeza de aquel hombre cayó sobre su hombro con suavidad. Y Chris supo que estaba muerto, pero lo que le preocupaba era si estaba o no infectado. No tardó en descubrirlo. El hombre se lanzó contra él con un gemido hambriento y Chris le voló la cabeza. Se sentó en el suelo, y se pasó la mano por el cabello, angustiado por lo que aquel tipo acababa de contarle.

¡Mierda! Y Eva, David, Rebecca y los demás aún están en la ciudad. Si lo que ese desgraciado dice es cierto, ¡no van a llegar a tiempo! Tengo que avisar al resto, quizá podamos avisarlos si Carlos ha contactado con ellos con la radio...

Con ese pensamiento ocupando su mente, Chris salió de la pequeña habitación y regresó al vestíbulo, donde se encontró, no sólo a Billy, sino también a Claire, León y Carlos, quienes ya estaban esperando. Cuando Chris apareció a su derecha, todos se volvieron sobresaltados.

—¡Chris! —exclamó su hermana, mientras se acercaba a él.

—¿Estáis todos bien? —preguntó él, algo sorprendido de verlos allí—. ¿Ha pasado algo?

—No, estamos todos bien —dijo Carlos.

—¿Y qué hacéis aquí? —les preguntó—. ¿No deberíais estar con la radio tratando de establecer contacto con los demás?

—Ya hemos contactado con ellos —le dijo Carlos—. Van a venir caminando hasta aquí. Tardarán sobre dos horas en llegar.

—¿Cuánto hace que contactasteis con ellos? —preguntó Chris, algo azorado—.  ¡Tenemos que volver a hablar con ellos enseguida! ¡La casa se va a sellar y tenemos que salir de aquí o nos pillará el bombardeo!

El resto lo miraba con algo de preocupación en la mirada. Chris comprendió que no le creían y que estaban empezando a pensar que él estaba delirando. Por ello, respiró profundamente varias veces, soltando el aire muy despacio para poder tranquilizarse. Cuando lo estuvo, volvió a hablar.

—A ver —les dijo—, me encontré con un hombre que trabajaba para Umbrella. Estaba moribundo e infectado. Tuve que matarlo y antes de morir me dijo que, tras un escape, la casa y el laboratorio se cerrarían de manera que nadie podría salir de aquí. Además, habló sobre un área llamada B3. También dijo que Umbrella bombardearía la ciudad igual que hizo con Raccoon City.

—¿Estás seguro? —le preguntó León.

—Chris está en lo cierto —dijo Billy, de repente—. Al menos en lo que se refiere a lo del cierre de la casa y del laboratorio. Encontré un papel que indicaba lo que sucedería si había un escape y habla de una sala especial en la que la gente puede estar segura sin correr riesgos de infección de ninguna clase. Además, desde allí se puede salir a un helipuerto.

—Eso es bueno, ¿no? —preguntó Claire.

—Sí y no —dijo Billy—. El problema es que para llegar tenemos que usar un ascensor y encontrar una llave muy rara para poder entrar en esa sala.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Carlos.

—Lo único que podemos hacer es esperar a que Barry regrese —dijo Chris, sentándose en las escaleras—. Él sabrá qué hacer. Sólo espero que Eva y los demás se den prisa y lleguen antes de que esto se convierta en una celda...

 

 

Eva guiaba el pequeño grupo por las calles. Olía a humedad y pensó que, posiblemente, llovería. Bufó. No le hacía gracia tener que mojarse y caminar con la ropa empapada. Ya había tenido que hacerlo en una misión cerca del amazonas, cuando tuvieron que rescatar a un politicucho que había sido secuestrado mientras viajaba en un barco de vacaciones y, claro, les había tocado a ellos pringar.

Era su primera misión bajo el mando de David e iba algo nerviosa y preocupada por si los nervios le jugaban una mala pasada. Pero no lo hicieron. Se habían colado en el campamento en el que los secuestradores retenían al rehén que tenían que salvar y en medio de la misión se puso a llover con fuerza. Bueno, más que llover parecía que diluviaba. Recordaba que se había calado hasta los huesos y las botas se le habían llenado de agua, lo que remataba la situación en la mayor de las incomodidades. Pero la parte positiva es que salvaron al político de turno y ninguno de sus compañeros había sido herido... Salvo David.

El pobre hombre recibió un disparo en el vientre al tratar de cubrirla en un descuido que ella había tenido. Cuando Eva se había acercado a él, pudo ver que sangraba muchísimo y no pudo evitar que las lágrimas comenzaran a salir de sus ojos sin que ella pudiera evitarlo. Creía que iba a perderlo pero él le dijo que nunca la dejaría, que había prometido cuidar de ella y que no rompería dicha promesa. Ella había mandado a la mierda lo de la promesa, que no era importante, que en ese momento lo más urgente era que se curase.

Finalmente, el equipo sanitario había llegado a tiempo y, aunque se lo llevaron muy grave, se recuperó sin problemas. Durante un par de semanas ella lo había pasado fatal porque se sentía culpable de que David estuviera en el hospital. Él le había dicho que no le diera más vueltas, pero ella había tardado en superarlo y le había prometido que no volvería a tener que sacrificarse por ella y que le devolvería «el favor». Siempre había creído que ella era una carga para David y, cuando se lo dijo, él se sorprendió muchísimo. Recordaba que había suspirado y, mientras sonreía, le había dicho que durante los primeros meses sí que le pareció una carga, pero que ella había llegado a ser una parte importante de su vida de la que ni podría ni quería olvidarse nunca. Aquella fue la primera vez y última hasta la fecha que David había mostrado sus sentimientos tan abiertamente.

Eva sonrió para sí mientras seguía caminando por aquellas silenciosas calles. Un ruido varias calles más allá, a su izquierda, hizo que se volviera con el arma en alto. Le hizo una señal a David para que esperasen allí y se acercó a una de las calles laterales para averiguar qué era lo que había causado aquel ruido. Al doblar en una esquina, casi se da de bruces contra una de las criaturas de Umbrella.

—¿Pero qué... ? —se preguntó cuando miró a la criatura que se alzaba delante de ella—. ¡Jesús!

Ante ella estaba una especie de Tirano con un traje de color negro. Eva sintió miedo. Había oído hablar de él, le habían dicho que era casi perfecto e indestructible. Que lo habían enviado a Raccoon City para que acabara con los STARS de la ciudad.

—Némesis —susurró Eva, cuando recordó el nombre de aquella monstruosidad.

Némesis alzó uno de sus brazos hacia ella y lo bajó para golpearla, pero Eva saltó a un lado mientras le apuntaba a la cabeza con la Mágnum y abría fuego contra él en el mismo movimiento. Némesis aulló de rabia y ella aprovechó para regresar junto a David y avisarles de que tenían que esconderse.

—¡David! —gritó cuando lo vio—. ¡Escondeos en algún sitio! ¡Rápido!

—Eva, ¿qué ocurre? —le preguntó él.

—¡Tú sólo llévate al chico y escondeos en algún lugar! —le dijo ella, sintiendo como el Némesis se acercaba con paso rápido—. ¡Si Némesis os ve os perseguirá! Yo me ocupo de él y ya os busco después.

Diciendo esto se giró hacia la calle por la que venía Némesis y, cuando lo vio, corrió hacia una calle para que le siguiera a ella. David agarró a Óscar y lo llevó corriendo hasta una calle lateral, donde se escondieron detrás de la pared, mirando por la esquina para ver lo que era Némesis y cuando lo vieron, a David se le cayó el alma a los pies.

Si esa cosa la alcanza, la matará. ¡Mierda! ¿Cómo he podido dejar que ella se ocupe de eso?

Mientras David se maldecía, Eva corría delante de Némesis, tratando de alejarlo de ellos. Giró en otra calle y vio un gran edificio que parecía ser del siglo pasado o principios del veinte y que en grandes letras decía que se trataba de un banco. Eva no lo dudó y entró en él. Si era un banco, posiblemente hubiera una cámara acorazada donde podría encerrar al Némesis, quizá no lo mantendría eternamente, pero sí  lo suficiente como para que ellos salieran de allí sin problemas. Entró en la sala principal del banco empujándolas hacia atrás para cerrarlas, aquello no lo detendría, pero por intentarlo no perdía nada.

Sólo espero que la caja fuerte esté abierta...

Un fuerte golpe le indicó que Némesis había entrado en el edificio y que no había usado la puerta. Siguió corriendo con más ganas  por un pasillo que le pareció interminable hasta que llegó a una gran sala donde ya la esperaba Némesis.

 

 

David miró su reloj por enésima vez. Hacía una media hora que Eva se había ido con Némesis tras de ella y estaba preocupado. Óscar estaba intranquilo, haber visto a aquella monstruosidad casi había hecho que echara a correr de miedo pero David lo había retenido.

Vamos Eva, no puedes dejarnos tirados. No me dejes solo...

Se habían resguardado en un edificio cerca de donde habían visto a Némesis, para poder ver a Eva si regresaba por donde se había ido. Tuvieron que matar a un par de zombis al entrar en aquel edificio pero por lo demás no habían tenido ningún problema hasta ese momento.

Un ruido a su espalda le sobresaltó. Se giró con la Beretta en alto y, cuando la puerta se abrió, Eva apareció por ella. Estaba hecha un desastre, llena de polvo y tierra, además de algunos arañazos. Parecía que había venido corrido hasta donde estaban ellos puesto que estaba jadeando ligeramente y su pecho subía y bajaba rítmicamente. David se levantó del suelo y se acercó a ella, abrazándola con fuerza.

—Demonios, David —le dijo ella, divertida—. ¿Desde cuando ves tan mal? Soy Eva, no Rebecca.

—No vuelvas a hacer eso —le dijo mientras dejaba de abrazarla—. Me tenías muy preocupado. Tenía miedo de que esa cosa te matara...

—Lo he encerrado en la cámara acorazada de un banco —le dijo—.  No creo que le retenga mucho tiempo pero sí lo suficiente como para que nosotros nos alejemos de aquí.

David asintió y Óscar se levantó también del suelo para seguirles. Salieron del edificio con todos los sentidos alerta por si aparecía cualquier cosa que les pudiera atacar. Avanzaron por las calles con mucho cuidado para que nada les atacara. Eva les guiaba mientras que David iba a la retaguardia, vigilando todo para que no ocurriese nada. Anduvieron varios minutos en los que se encontraron con los zombis que, al parecer, habían estado evitando la zona para no toparse con el Némesis. Finalmente, llegaron a lo que parecía un parque, con árboles y varias farolas que no iluminaban demasiado.

Eva se giró hacia David, con una mirada interrogativa en la cara. David supo enseguida lo que iba preguntarle, la conocía demasiado bien como para no saberlo. Miró al parque y no le dio muy buena impresión pero, si mal no recordaba por el mapa, era el camino más corto para salir de la ciudad y llegar a la mansión en la que el resto les esperaba. Se volvió hacia Eva, quien seguía mirándole con atención.

—David —le dijo—. ¿Entramos?

David volvió a mirar al parque y vio un destello que le pareció ser luz en un edificio. Eva vio que estaba mirando atentamente hacia un punto y se giró hacia dicho lugar.

—¿Quieres que nos acerquemos? —le volvió a preguntar.

—No nos queda otro remedio —respondió David—. Atravesar el parque es el camino más corto para salir de aquí y llegar con el resto.

Diciendo eso, se internaron en el jardín con las armas en alto, el viento soplaba ligeramente y movía las hojas de los árboles, produciendo un sonido bastante molesto. Sus botas hacían un curioso sonido la pisar sobre la gravilla del caminito por el que caminaban que, unido al rumor de las hojas, le estaba poniendo los pelos de punta a David.

Se estaban acercando a lo que parecía un pequeño edificio cuando oyeron un rugido a su derecha. Se volvieron y vieron a tres perros que se le acercaban a la carrera. Óscar se asustó e iba a echar a correr cuando David lo agarró por el brazo y lo mantuvo en quieto mientras Eva disparaba contra los perros. Unos segundos después, los animales inafectados cayeron al suelo sin vida y la puerta del edificio se abrió y una silueta que ocupaba todo el umbral parecía estarles apuntando. David la reconoció en el acto.

—¿John?

—Demonios, ¡David! ¿Eres tú? —dijo la voz de John que parecía estar bajando el arma.

Se acercaron al edificio y, al entrar, vieron al resto de su grupo. Rebecca y Jill estaban sentadas en una las esquinas del edificio y junto a ellas estaba Lucía. Al verlos entrar, Rebecca se levantó con rapidez y abrazó a David con fuerza. Él dudó un instante, recordando lo que le había contado a Eva sobre sus temores por la relación con la joven bioquímica, pero no pudo evitarlo y la abrazó como si hubieran pasado años desde la última vez. La quería demasiado.

Ya hablaré con ella más tarde, cuando salgamos de este lugar y tengamos un momento de paz... Si es que logramos tener uno.

—Oímos los disparos y me asomé a ver si se trataba de algún superviviente —dijo John, cerrando la puerta detrás de ellos—. Eva, ¿qué diantre te ha pasado? Estás horrible...

—¿Es uno de tus chistes, John? —le dijo ella. Él negó con la cabeza—. La culpa la tiene Némesis. Al destrozar el techo y suelo del banco me llenó de polvo y tierra.

—¿Némesis? —preguntó Jill—. ¿Vosotros también os lo habéis encontrado?

-¿Qué quieres decir con también? -preguntó David, separándose de Rebecca.

—Cuando veníamos nos cruzamos con él —dijo John—, pero pasó de largo y no nos vio. Supongo que fue suerte...

—¿Cómo te libraste de él? —preguntó Jill a Eva.

—No está muerto —respondió ella—. Lo he encerrado en la cámara acorazada de un banco que me encontré por el camino. Ese bicho es realmente peligroso.

—Eso no lo detendrá por mucho tiempo —dijo Jill—. Tenemos que largarnos de aquí cuanto antes.

—Pero ahí fuera hay siete perros mutantes —dijo Rebecca—. Si salimos ahora nos matarán.

—Yo he acabado con tres de ellos —dijo Eva—. De todas formas, somos bastantes y creo que no tendremos demasiados problemas para acabar con ellos.

Con aquella idea fijada en su mente, salieron del edificio con las armas en alto, cubriendo a Lucía y Óscar para que no resultaran heridos. Como era de esperar, los cuatro perros que quedaban salieron de entre unos matorrales y se dirigieron hacia ellos, dispuestos a devorarlos. Eva abrió fuego y uno de ellos cayó al suelo, John y David también dispararon y el resto de los animales se derrumbaron sin vida.

Una vez acabaron con aquellos seres, tomaron un camino que les llevó fuera del parque, donde pudieron comprobar que esa zona estaba llena de casas bajas, por lo que dedujeron que estaban acercándose a las afueras. David pudo ver en lo alto de una colina, la sombra de una gran casa, de la que salían haces de luz. Algo le dijo que ese era su destino. Antes de que pudiera decir nada, el rugido del Némesis resonó en algún punto de la ciudad.

—Será mejor que nos larguemos de aquí —dijo John—. No tengo ganas de verme las caras con el feo ese...

Comenzaron a andar para salir de la ciudad, caminando por entre las casas abandonadas en cuyos jardines se podían distinguir juguetes y columpios donde los niños jugaban. A David se le encogió el estómago al verlo. Pensar que muchos niños no volverían a jugar en sus jardines le revolvía las tripas y hacía que una ira en su interior creciera de manera incontrolable. Se obligó a pensar en otra cosa. Tenía que llevar a su equipo a aquella mansión antes de que Némesis los encontrara.

Se giró hacia atrás para ver a sus compañeros, para saber si estaban bien o si habían encontrado algo anormal. Vio a Óscar y Lucía hablando casi en susurros en lo que parecía ser castellano, Jill y John iban caminando a ambos lados del grupo mientras que Eva iba en la retaguardia. Rebecca estaba cerca de ella, pero no estaban hablando. La joven bioquímica tenía la mirada perdida, como si fuera pensando en algo importante que implicara tener que estar completamente concentrada en aquellos pensamientos. David la miró durante unos instantes antes de volver a mirar al frente. Tenía que ponerlos a salvo. Aunque el otro grupo había dicho que la casa estaba llena de zombis, estaba seguro de que allí estarían más seguros que caminando por las calles donde cualquier cosa les podía atacar y no tendrían la oportunidad de cerrar la puerta para evitar el peligro.

David suspiró para sí mismo. Estaba preocupado, acabar con Umbrella era importante y necesario, pero no estaba completamente seguro de estar preparado para ello. En el fondo se sentía parcialmente seguro al tener a su lado a Eva. Aunque en su primera misión se había descuidado y, por ello, él había recibido un disparo, ella no había vuelto a cometer error alguno. Se había convertido en toda una gran soldado.

Un movimiento a su izquierda le despistó. Volvió la mirada y vio a Rebecca caminando junto a él, con la mirada fija en el suelo. Le dio la impresión de que quería decir algo pero que no se atrevía a ello. David sacudió la cabeza diciéndose que eran imaginaciones suyas.