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Resident Evil: El Área B3

Chapter Text

—¡Oye Barry! —dijo Chris desde atrás—. ¡Mira a ver si los despistas entre aquellos coches!

—¡Y tú mira a ver si te deshaces de ellos! —le respondió él, de mal humor.

Chris obvió el comentario de Barry y se acercó a las puertas de la furgoneta, por las que miró. Allí seguía el coche que los estaba persiguiendo desde hacía tres horas. Apenas asomó, una descarga de proyectiles dio en la furgoneta. León respondió a los disparos con su Magnum. Los tiros de la potente arma resonaron en el interior de la furgoneta. Habían pasado unos treinta minutos desde que el otro grupo se vio obligado a tomar un desvío a una ciudad. Estaba seguro de que David le había dicho a John que entrara a la ciudad para poder tener mayores posibilidades de despistarlos allí que en la autopista.

Menos mal que anochecerá en unos minutos, pensó Chris mientras miraba por la ventanilla el cielo rojizo.

De repente, se le ocurrió una idea para deshacerse de sus perseguidores. Se acercó hasta su hermana que estaba enfrente de él y miró por la ventanilla. El arcén de la autopista tenía la anchura ideal para su plan. Se volvió hacia Barry.

—¡Eh, Barry! —Barry inclinó la cabeza hacia él, sin dejar de mirar la carretera, para indicarle que le estaba escuchando—. En cuanto oscurezca, apaga las luces y te entras en el arcén  y paras la furgoneta.

Barry asintió mientras seguía esquivando algunos coches. Otra andanada de proyectiles impactó contra la furgoneta. Claire miró a su hermano con curiosidad.

—¿Crees que dará resultado? —le preguntó a su hermano.

—No lo sé —le respondió Chris—, si no funciona no nos quedará otro remedio que enfrentarnos a tiros con ellos…

Carlos, León y Billy le miraron con atención. No querían pensar en que tener un enfrentamiento de noche y en una autopista donde los coches van a una velocidad considerable.

Cuando el sol se ocultó, Barry intentó entrar en el arcén, pero antes se metió entre varios coches para que lo ocultaran y apagó las luces, metiéndose en el arcén de la vía mientras pisaba el freno. Esperaron unos diez minutos y nadie apareció delante o detrás de ellos. Algo más tranquilos, vieron cómo Barry apagaba el motor del coche y se giraba hacia ellos.

—¿Y ahora qué hacemos, preguntó.

Nadie dijo nada durante un rato. Finalmente, León se aventuró a decir algo.

—¿Y si damos la vuelta y tomamos el mismo desvío que ellos? —dijo, no muy seguro de ello—. No sabemos si han tenido un accidente o si nos necesitan.

Barry meditó lo que León le estaba diciendo. Respiró profundamente y soltó el aire despacio antes de hablar.

—A falta de otras opciones —dijo—, creo que no perdemos nada si los seguimos, aunque tardaremos bastante en llegar.

Barry encendió el motor y se metió en la carretera, encendiendo las luces a su vez.

Chris se recostó contra la pared de la furgoneta, mientras dirigía una mirada perdida hacia el cielo nocturno que se veía a través de la ventanilla de la furgoneta. Pensaba en Eva. Desde que la había conocido había dejado de interesarse por Jill. Aunque había sido realmente rápido el cambio, no se sentía mal. No se lo había dicho a Jill todavía, y no había tenido oportunidad para ello. Estaba completamente seguro de que ella aún dudaba de si empezar o no una relación con Carlos hasta que no estuviera totalmente segura de que él no sentía nada por ella. Chris suspiró. Trató de convencerse de que David cuidaría de ella, pero aún así no estaba tranquilo. Habían intentado avanzar en su relación, pero no habían podido por diversas causas ajenas a ellos. De hecho, recordaba la primera vez que estuvieron solos después de lo que pasó en Suiza.

 

Eva estaba durmiendo y él había ido a despertarla. Se había sentado en al cama adyacente, mirando cómo dormía durante bastante rato, sin ser capaz de despertarla. Finalmente, se había inclinado sobre ella y la había besado en la frente. Ella se despertó en seguida, sobresaltada, pero se tranquilizó al ver que era Chris quien estaba allí.

—Buenos días —le había dicho él, en voz baja.

—Hola —le respondió ella, mientras se sentaba en la cama.

Chris se sentó a su lado y la miró a los ojos durante largo rato, mientras ella le miraba a los suyos. Eva se acercó a él y Chris hizo lo mismo, poniendo su mano en la de ella. Cuando iban a besarse, David había entrado en la habitación. Chris y Eva se separaron rápidamente. David se había sonrojado y había cerrado la puerta con rapidez, pero Eva le había retenido ya que el momento íntimo se había esfumado.

 

Chris sonrió para sí, recordando la balbuceante disculpa de David por haberlos interrumpido. Él había aguantado la risa por no hacerle pasar otro mal rato al pobre hombre. Chris siguió mirando por la ventana, pensando aún en ella. No podía dejar de hacerlo por más que quisiera. Eva le había llegado muy dentro en el corazón, pero mucho. No se la podía quitar de la cabeza. Aún se sentía culpable de que ella hubiera sido infectada por aquella criatura por evitar que le hiriera a él. Por culpa de aquello, Eva se había infectado con el virus-T y casi había perdido la vida. Él mismo la había dado por muerta y cuando ella había regresado al piso, él creía que estaba viendo un fantasma. Tras aquél lapsus, ellos no se habían separado a no ser que fuera totalmente necesario. Y él sabía que ella le quería. Meneó la cabeza mientras sonreía.

—¿Qué te hace tan feliz? —le preguntó, de repente, su hermana.

Chris salió de sus pensamientos bruscamente y miró a Claire.

—¿Qué? —le preguntó.

—¿Qué por qué te ríes? —le volvió a preguntar Claire.

Chris no respondió, solo volvió a sonreír mientras desviaba la mirada. Claire le miró con curiosidad y, por fin, lo entendió.

—Estabas pensando en Eva —susurró ella, algo sorprendida.

Chris se ruborizó pero ni su hermana ni el resto se dio cuenta de aquél hecho. Chris lo agradeció enormemente. Finalmente, volvió a mirar a su hermana y asintió.

—Ya me parecía —le dijo ella—. ¡Si es que se os ve a la legua!

—¿Tanto… tanto se nos nota? —preguntó Chris, algo asustado.

—No demasiado —respondió ella—, pero tengo un sexto sentido para ello. Podríais aprender de David y Rebecca, ellos sí que saben cómo ocultarlo…

—¿Rebecca y David están…? —dijo Chris, sorprendido.

Claire no respondió, tan solo sonrió ampliamente. Chris volvió a sonreír. Aquella noticia le había pillado por sorpresa. ¿Quién iba a decir que David y Rebecca acabarían así? Aunque, la verdad, habían estado juntos mucho tiempo… Chris pensó que era bueno para David, quien necesitaba a alguien que le quisiera y Rebecca era la mejor elección. Lista, inteligente y con un carácter abierto que contrastaba con el del ex capitán. Chris también había pensado que podría haber algo entre Eva y David pero que, por alguna razón, no lo habían llevado a cabo. Le fastidiaba admitirlo, pero a David le pegaba una mujer como Eva.

—¡Oíd! —la voz de Barry le llegó desde el asiento del conductor—. He tenido que tomar un desvío distinto, entraremos por la otra punta de la ciudad, ¿vale?

Nadie dijo nada, por lo que eso quería decir que estaban completamente de acuerdo con la situación. Chris distinguió el brillo de las luces de una ciudad. Parecía estar cerca de donde estaban.

De repente, Barry dio un volantazo y la furgoneta derrapó un par de metros, deteniéndose en medio de una polvareda. Los que estaban en el interior se cayeron hacia los lados, golpeándose en la varios sitios del cuerpo con diversas partes de la furgoneta y del material que llevaban en ella. Chris se volvió hacia Barry, quien estaba sujetando el  volante y miraba a todos los lados, como si buscara algo. En sus ojos había una extraña expresión, como de animal acorralado. A Chris le pareció que era la misma mirada que tenía en la mansión Spencer.

—¿Es que quieres matarnos, Barry? —le dijo Chris.

—Algo se ha cruzado en la carretera —respondió él.

—Sería un animal salvaje —opinó León.

—No, yo no lo creo —la voz de Barry denotaba angustia.

—Barry, ¿qué crees haber visto? —le preguntó Chris, quien conocía bastante bien a su amigo como para saber qué era lo que le podía pasar por la cabeza.

—Un perro de los de Umbrella.

Nadie dijo nada, sólo se miraron los unos a los otros, asustados. Finalmente, Chris decidió romper el silencio.

—¿Estás seguro? —le preguntó a Barry.

Antes de que el hombretón pudiera responder, algo golpeó la furgoneta, como si estuvieran dando con un mazo en el lateral de la misma. Chris sacó su arma y el resto lo imitó.

—Barry, sácanos de aquí —dijo Chris—. ¡Pero ya!

Barry pisó el acelerador y la furgoneta salió de allí disparada. Cuando llevaban ya un buen rato de vuelta en la carretera, algo les golpeó y la furgoneta se tambaleó, pero no volcó. La furgoneta volvió a ser golpeada en el motor del vehículo, haciendo que una nube de vapor blanco comenzara a salir de allí, seguramente lo que les había atacado había roto el radiador. Una especie de rama de unos siete centímetros de ancho atravesó la furgoneta de lateral a lateral. Una vez realizado el movimiento, aquello se movió como una culebra y salió del vehículo.

—¡Oh, no! —dijo Carlos, casi en un susurro.

Chris le iba a preguntar qué era lo que pasaba, pero no le dio tiempo: otra de aquellas cosas atravesó la furgoneta de nuevo.

—¡Todos fuera! —gritó Barry—. ¡Intentad coger las armas!

Billy agarró la mochila de las armas y salió de la furgoneta, seguido de cerca de Claire, León, Carlos y Chris. Una vez todos fuera vieron a su atacante.

Era un Tirano que medía entre dos metros veinte y dos metros cuarenta, con una silueta humanoide de unos hombros anchos hasta lo increíble. Sus brazos eran más largos de lo que debían ser. Tan sólo las manos y la cabeza eran visibles. El resto de aquel cuerpo de extrañas proporciones estaba cubierto de un tejido negro, excepto lo que parecían ser unos tentáculos, unos tremendos cordones de carne que palpitaba de forma leve y que llevaba ocultos sólo en parte bajo el cuello de la ropa. No se veía de qué parte de su cuerpo salían. La piel, sin pelo, tenía el color y la textura del tejido de una cicatriz mal curada, y el rostro tenía un aspecto tal que parecía que a quien se había encargado de crear a la criatura no le importara lo más mínimo la apariencia de la cara y le hubiese colocado simplemente un saco de cuero desgarrado sobre el cráneo. Las aberturas irregulares que eran los ojos estaban demasiado abajo y permanecían separadas por una línea irregular de grapas quirúrgicas. Apenas tenía formada la nariz, pero el rasgo más dominante era su boca, o más bien la falta de ella: la parte inferior de su cara no era más que dientes, gigantescos y cuadrados, sin labios, resaltando contra las encías de color rojo oscuro.

—¡Némesis! —murmuró Carlos.

Aquella cosa lanzó otro de sus tentáculos hacia ellos, atrapando a Claire y levantándola del suelo con fuerza. Chris comenzó a disparar contra aquél trozo de carne para que soltara a su hermana. El tentáculo soltó a Claire, lanzándola varios metros por encima del suelo a la vez que Némesis aullaba de dolor. León salió corriendo para atraparla en el aire y cuando la tuvo en los brazos, cayó al suelo por la fuerza del impacto.

Barry comenzó a disparar contra el Némesis con la escopeta. El monstruo comenzó a rugir con furia al notar el impacto de las balas sobre su cuerpo.

—¡Esto se pone feo! —gritó Carlos—. ¡Tenemos que huir!

—¿Estás loco? —exclamó Billy—. ¿A dónde quieres huir? Estamos en medio de la nada.

—¡Hay una casa allí! —dijo León, con Claire aún en brazos—. Quizá podamos refugiarnos en ella.

Barry y Chris miraron hacia donde León decía, ciertamente allí había una gran casa… o al menos la sombra de una bastante grande. A Chris no le dio buenas vibraciones, pero no tenían otra opción.

—¡Todos a la casa! —gritó Barry.

El grupo comenzó a correr hacia el edificio sin luces. León llevaba a Claire en brazos, parecía que la joven estaba inconsciente. Para su desgracia, Némesis no parecía querer dejarlos huir, por lo que comenzó a correr detrás de ellos. Barry se colocó la escopeta en la espalda y sacó su Colt Python, con el que apuntó a aquella bestia. El sonido del potente arma resonó en el silencioso ambiente nocturno. El Némesis se tambaleó mientras el grupo llegaba al porche de la gran casa. Chris agarró el pomo de la puerta e intentó abrir la puerta que, para su sorpresa, estaba abierta. Con rapidez, la empujó hacia el interior y la sujetó con el pie para que no se moviera, de manera que el resto entrara, y se puso a disparar al Némesis para cubrir a Barry, que se había quedado algo rezagado.

—¡Vamos, Barry! —le gritó Chris—. ¡Ya te cubro yo!

Barry dejó de disparar y comenzó a correr hacia la casa mientras los disparos de Chris mantenían a aquella espantosa criatura a distancia, pero no conseguían que se detuviera. Una vez Barry entró en la casa, Chris dejó de disparar y entró detrás de su compañero.

Se prepararon para disparar en cuanto Némesis derribara la puerta. Pero pasaron dos minutos, tres, cinco, diez y el Némesis no aparecía. Chris se atrevió a abrir la puerta principal y, una vez lo hizo, vio para su sorpresa que el Némesis ya no estaba. Se había retirado. Aún anonadado, Chris regresó al interior.

—No está —les dijo, cerrando la puerta tras de sí—: Se ha ido.

—¿Cómo que se ha ido? —dijo Carlos, extrañado.

—¡Pues que no está! —dijo Chris, casi sin paciencia—. Nos habrá dejado huir… ¡Qué se yo!

—¡Tranquilizaos! —les dijo Barry, con voz firme—. Este no es un buen momento para ponernos a discutir entre nosotros.

Chris asintió, acercándose a León quien estaba de rodillas en la moqueta que cubría el suelo y tenía la cabeza de Claire apoyada en su regazo. Chris se arrodilló delante de ellos, con el semblante preocupado.

—¿Sabes si está bien? —le preguntó a León.

—No creo que tenga nada más que un golpe en la cabeza —le respondió el joven ex policía—. Supongo que se recuperará en breve…

—Chris, creo que tenemos un pequeño problema —le dijo Barry.

—¿A qué te refieres, Barry? —le dijo Chris, levantándose y mirando a su compañero.

—Mira a tu alrededor —fue lo único que le dijo.

Chris miró a su alrededor y lo que vio hizo que se le encogieran las tripas.

—No puede ser... —dijo.

Estaba ante el vestíbulo de la mansión Spencer, la mansión en la que se produjo todo lo que desencadenó aquella lucha contra Umbrella. La misma escalera, las mismas puertas a ambos lados y en la planta de arriba, los mismos adornos… Todo era igual a aquél maldito lugar.

De detrás de una de aquellas puertas se oyó un ruido y todos se pusieron alerta.

—Billy, Carlos. Id a ver que es lo que ha producido ese ruido —les dijo Barry—. Y tened cuidado.

Los dos hombres asintieron y se dirigieron hacia la puerta que estaba a la izquierda de donde se encontraban. Carlos cogió el pomo de la puerta y le hizo una seña a Billy y la abrió de golpe mientras Billy apuntaba con el arma a su interior. Billy disparó dos veces y algo cayó en el suelo.

—Un zombi —dijo con voz apesumbrada.

Carlos cerró la puerta y Billy y él se acercaron al resto.

—Creo que no deberíamos salir de aquí —dijo Carlos—. Si en la casa hay zombis, es posible que haya otras criaturas.

—En eso tienes razón —dijo Barry—. Creo que lo mejor es que nos quedemos aquí.

Claire comenzó a despertarse y Chris se acercó a ella mientras León la ayudaba a incorporarse. Ella se apoyó casi por completo en él, pasándole un brazo por la cintura.

—¿Cómo te encuentras? —le preguntó León.

—Bien —dijo ella—, creo. Me duele la cabeza. Lo último que recuerdo es que esa cosa me tenía atrapada…

—Esa cosa te lanzó con fuerza cuando nosotros le disparamos —le explicó Chris, sin acercarse demasiado. Tenía la ligera impresión de que su hermana y León tenían algo y tampoco quería oponerse ello—. León te trajo hasta la casa. Por cierto, Carlos, ¿qué era esa cosa?

—Es Némesis —dijo él, con la mirada perdida—. Persiguió a Jill por toda Raccoon City. Creía que estaba muerto... ¡Yo mismo vi cómo Jill lo mataba! No me explico qué puede estar haciendo aquí...

—¿Y Némesis? —preguntó ella, mientras le sonreía con ternura y agradecimiento a León por haberla traído hasta allí.

—Se esfumó —dijo Billy—. Dejó de seguirnos en cuanto entramos en la casa.

Claire asintió. De repente, a León se le iluminó el rostro.

—Si la casa es parecida a la casa en la que estuvisteis —dijo, mirando a todos sin dejar de sujetar a Claire—, es posible que haya una radio por la que se podrían comunicar con el resto de sus equipos. Podríamos buscarla y usarla para que cualquier radio de la ciudad recibiese el aviso y así, David y el resto se podrían comunicar con nosotros.

—Es que es una buena idea —dijo Billy—. ¿Tú que opinas, Barry? Eres el jefe de nuestro equipo.

—Creo que deberíamos esperar a que Claire se mejore un poco, lo justo como para que pueda andar sin ayuda —dijo Barry, acariciándose la barba pelirroja— y luego registraremos la casa en busca de cualquier cosa que los permita, o bien salir de aquí, o bien comunicarnos con el resto. ¿Os parece bien?

Nadie protestó por lo que Barry dedujo que todos estaban de acuerdo con el plan. Esperaron diez minutos a que Claire se recuperara y se dispusieron a investigar un poco la casa, a ver si encontraban algo útil que no fueran zombis.

Entraron a la sala en la que Billy había acabado con el zombi y Chris se encontró con que era diferente a la mansión Spencer. Estaban ahora mismo en una estancia bastante pequeña, con un par de estanterías en las paredes y una mesa en el centro y en la que no encontraron nada importante. Siguieron avanzando y entraron en otra sala, más grande que la anterior y en la que se encontraron con varios zombis.

Barry y Billy abrieron fuego contra ellos y los cuatro zombis cayeron al suelo sin vida. Registraron la sala y, aparte de munición para la nueve milímetros, no encontraron gran cosa. Iban a salir de la allí cuando Carlos les llamó. Había encontrado un pasaje en una de las paredes, de la cual salían unas escaleras que llevaban al piso superior. Se miraron unos a otros y decidieron subir.

Una vez arriba, se encontraron con una sala de comunicaciones en la que había varios monitores y, para su suerte, una radio. Chris se dirigió hacia ella y pulsó varios botones. Tras unos segundos, se giró hacia el resto, sonriendo.

—Funciona —les dijo—. Podemos mandar un mensaje al resto del grupo.

—Muy bien —dijo Barry, pensativo, mientras se rascaba la barba pelirroja—. León, Claire y Carlos os quedaréis aquí e intentaréis establecer contacto con el otro grupo. Chris, Billy y yo iremos a echar un vistazo por ahí, para saber si debemos o no preocuparnos de si hay criaturas como los perros de ahí.

—O leones mutantes —murmuró Chris.

—¿Leones? —preguntó Barry.

—Sí, leones —respondió Chris—. O al menos son parecidos a leones. Tienen el cuerpo cubierto de  escamas de un color verdoso y te pueden contagiar el virus. Uno de ellos fue el que hirió a Eva y eso casi la mata...

Nadie dijo nada. Claire le puso una mano en el hombro para darle su apoyo.

—Bueno —dijo Barry—, en marcha.

Y tras esto los tres hombres salieron de la habitación, dejando a Claire, León y Carlos frente a la radio.

—Voy a empezar a emitir un mensaje —dijo Carlos—, quizá Jill y el resto puedan encontrar una radio.

León y Claire asintieron. Luego se pusieron a registrar la sala con más detenimiento pero no encontraron nada más que polvo. Intentaron encender las pantallas de televisión pero no encontraron la manera de que funcionaran. Suspirando, se sentaron en las sillas que estaban alrededor de una sala y se quedaron mirando el uno al otro, esperando a que sus compañeros regresaran vivos y a que el otro equipo encontrara por casualidad una radio.