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The most beautiful moment in life

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El paisaje escabroso lleno de niebla y motas de nieve cristalina brillan de tonos grises opacos bailando frente a mis pestañas, el lugar profesaba peligro, como todos mis sueños o mejor dicho pesadillas, miré por encima del árbol en el que estaba postrada. Las ramas del mismo contenían hojas otoñales muertas, había viento en todo el lugar pero las hojas no hacían el mínimo movimiento y ni hablar de las ramas flojas que solo me observaban en cada pequeña respiración que hacía. Intenté moverme desesperada, sin embargo mi cuerpo no respondía a mis órdenes. Lancé entre suspiros lastimeros insultos a la nada misma, moviendo inútilmente una y otra vez las articulaciones pequeñas de las manos y los pies, un sollozo de alguien me estremeció todo el cuerpo. Quedé atónita por medio segundo. Quise gritar pero mis labios estaban entumecidos, como si estuviera dormida pero lo suficientemente consciente que estaba despierta. Otro llanto se escuchó, esta vez a unos centímetros de mis hombros. En estos momentos pensé en mi stand, por qué no se manifestaba, tanto proclamó protegerme hasta el fin de mis días luego de embarcarme en una lucha infinita de hace unos meses atrás. Farfullé llorando aunque no logré hacerlo, qué demonios pasaba. De un momento a otro olvidé dónde estaba y qué estaba haciendo. Todo me estaba asustando hasta que escucho una voz familiar susurrando "nos volveremos a ver" y un estrepitoso golpe me levantó de la mesa en donde dormía.

—Otra vez durmiendo en la mesa... —miró el hombre de cabellera rubia indignado por la saliva esparcida en el mueble.

Le respondí observándolo confundida. ¿Otra vez lo soñé? Giré mi cabeza hacia abajo y la vergüenza me inundó al ver que mi saliva estaba entre mis brazos y la mesa. Le devolví una mirada de arrepentimiento mientras veía al rubio buscar un trapo entre los estantes de limpieza. En cuanto intenté retornar a mis interrogantes sentí que algo se estrelló en mi cabeza. Mientras sujetaba el paño que fue arrojado susurré un "Lo siento" audible y comencé a limpiar las gotas de saliva desparramadas en la mesa.

—Que sea tu última vez durmiendo así —dijo clavándome los ojos encima.

—Realmente lo siento, Prosciutto —suspiré derrotada al cabo que trapeaba en círculos el mueble. Una risa familiar me sacó de la concentración, miré de reojo y un hombre rapado lanzaba burlas hacia mí. — Formaggio, pedazo de idiota ¿por qué no me despertaste?

El bastardo se echó a reír el doble por mi elección de palabras. Generalmente en público no las decía por respeto pero en estas situaciones las ameritaba, mis ojos lo miraban con furia.

—Amore, te veías tan tierna durmiendo y babeando... —me señaló sarcásticamente mientras acariciaba mi cabello.
Como si su mano me quemara aparté su brazo rápidamente con un empujón agresivo. Odiaba que me toquen, la última cosa que despreciaba en el mundo era el contacto físico.

— ¡No me toques! ¡No me toques! ¡No me toques! —le repetí con cada fibra de odio en todo mí ser. Pensé que esa reacción lo espantaría pero en cambio siguió riendo. Menudo imbécil.

Tenía ideado lanzarle un puñetazo en la cara, y en ello sentí la mirada amenazadora de Prosciutto detrás de mí. Como si fuera un robot automático me callé y proseguí con mi deber de limpiar los últimos pequeños rastros de saliva.

—Sí quieres trabajar con nosotros aprende a manejar esa ira aquí.

— ¿Y por qué a Ghiaccio no le dices nada? —le cuestioné molesta.

—Ghiaccio a diferencia de ti... no va a enterrarle navajas a alguien que apenas le tocó el brazo. —Antes que lo enfrentara para responderle, él me silenció subiendo el tono de su voz — ¡Recuerda el desastre que hiciste en el metro hace unos días! ¡Maldita sea! ¡Solo te dejé 5 minutos sola y ya estabas golpeando a un anciano, y lo peor que sí no regresaba a tiempo lo ibas a matar!
No dije nada, discerní cómo se masajeaba el puente de la nariz recordando mi accidente de hace un par de días. La verdad fue que no me sentía bien estando en un lugar muy amplio y lleno de personas, se lo había dicho a Risotto desde un principio, ya que todavía no sabía desenvolverme dentro de un bullicio social. Podía adaptarme pero estar sofocada de gente me ahogaba, sucedió que un leve codazo de un señor de la tercera edad me alertara, por consiguiente respondí dándole un empujón, el pobre hombre no entendía lo que sucedía ya que en ello el metro se sacudió impulsando al anciano hacia mi cuerpo tras la sacudida. Obviamente no pensé del todo bien y lo siguiente fue historia para aquel desdichado viejo.

—Está bien, ¿cuántas veces tengo que disculparme por eso? —Le reproché disminuyendo mi voz agresiva, alejé mi mano del trapo terminando de limpiar y bajé la mirada angustiada.

—Ya, no pensé que te pondrías así, mi culpa —interrumpe Formaggio apaciguando la tensión en la sala. Me sentí peor tras escuchar eso, mi problema radicaba que hasta los toques más inocentes me espantaban, lo trabajaba e intentaba mentalizarme que podía cambiarlo. De un instante a otro recordé los golpes que le dejé al anciano y regresé a mi asiento reflexionando mi estupidez. Prosciutto tuvo una enorme paciencia para no matarme ese miserable día, se lo debía todo, casi fallo en la misión y me expuse torpemente por un error tan mediocre.

Suspiré derrotada y lancé una disculpa en dirección al hombre de cabello corto.

—Tiene razón, de verdad lo siento. Lo estoy trabajando mucho en serio y es muy difícil para alguien como yo tratar de cambiar luego de estar literalmente años aislada de la sociedad —Prosciutto torció disgustado sus manos sacando entre sus bolsillos un paquete de cigarrillo— Y no es que me estoy justificando o victimizando de mi situación… es solo que…

—No digas más, entendí. Ya hablamos de esto y no hace falta que me lo repitas. —Deslizó un cigarrillo, encendió el fuego y pude ver sus expresiones estoicas ante mencionar mi pasado. Inhaló y expiró serpenteando un hilo de humo por toda la sala— Solo ten en cuenta que no estás aquí para mejorar mentalmente, te metiste en el lugar mucho menos indicado.

Formaggio notó que el ambiente iba decayéndose más en cuanto vio que mis manos comenzaron a temblar, estaba por soltar algo pero decidí interrumpirle.

—Supongo que no tenía opción, literalmente soy una bebé en pañales aquí. —Capté la atención de Prosciutto tras decir esto, un ligero brillo en sus ojos celestes me hizo sonrojar— No cambia el hecho que le debo mucho a Risotto.
El rubio suelta una carcajada y vuelve al cigarrillo.

—Eres una bastarda con suerte, él y yo te estábamos por sacar hasta la última gota de sangre pero si no hubiera aparecido ese loco a partirte la cara esa noche, ya no estarías aquí, cara —el humo espesaba conforme hablaba y seguía riendo— No niego que cuando sacaste tu stand Risotto pensó en reclutarte a nuestro quipo, incluso yo que, en aquel entonces rechazaba la idea de tenerte aquí, quería que te unieras.

Mis mejillas se tornaban rojizas al escuchar cada palabra que salió de la boca de Prosciutto. Jamás imaginé que diría eso de mí, ni por asomo darme esa idea. Es estúpido, después de todo solo pasó medio año que me uní a la Squadra di Esecuzione y me costaba adquirir todos los conocimientos y entrenamiento para estar al nivel de cada miembro. En cierta parte tenía razón, el primer encuentro con Risotto fue mi lecho de muerte. Tragué con dificultad recordando cómo unos alfileres enterrados en mis tobillos salían de a miles, el dolor punzante y la carnicería de aquel día me recorrió un escalofrío por toda la espalda.

La puerta se abrió interrumpiendo los recuerdos y la conversación. En la sala entró Risotto acompañado de Illuso, Sorbet y Gelato. Busque con la mirada a Ghiaccio y Melone, no obstante, estaban ausentes. Me extrañó, ya que la misión de ayer pudieron completarla antes de lo que pensé.

— ¿Eh? ¿Por qué tan tensos? —Rompió Illuso regalándome una sonrisa ladina.

Hice un gesto exhausto con los brazos mientras me acurrucaba hacia el extremo del sofá para darle más espacio a los recién llegados. El entrenamiento con Formaggio me dejó cansada y repiquetear con el mismo pensamiento que por pequeñas cosas exploto me hace sentir más inservible.

—Nada, problemas de sueño y saliva nada fuera de lo normal. —Respondió Formaggio sonriendo de lado.

Oculté mi rostro colocándome la capucha de mi abrigo. Jodido idiota, mi stand te perseguirá lo prometo.

— ¿AH? ¿Otra vez, bella? —Se burló el hombre con coletas. Por poco logré ver que una mano casi se desliza alrededor de mi hombro, y de la nada recapacitó su acción por lo que Illuso retiró rápido su brazo ante el toque de mi hombro. Sonreí, Illuso fue uno de los pocos miembros coquetos que recibió una sorpresa tras darme una “bienvenida” llevándome al mundo de los espejos.

Sorbet y Gelato luego de tomar asiento en la esquina y tras ver la acción de Illuso se echaron a reír.

—En fin —Solté tratando de alivianar el día de mierda que estaba teniendo— Illuso, tuve ese sueño de nuevo. Yo…

Sentí que una enorme sombra tomaba asiento a mi derecha, tragué con dificultad mis palabras. Había olvidado que en secreto o -casi secreto- contaba mis sueños a Illuso para poder sacar conclusiones de futuras premoniciones o alertas, generalmente cuando charlábamos solían encontrarse presente Formaggio o Ghiaccio como máximo pero a ellos no solían importarle las charlas relacionada de esa temática. De todos los miembros los que menos debían saber del tema eran Risotto y Prosciutto. Maldita sea, necesito improvisar, ya que todos mis sentidos señalaban que Risotto me estaba observando al pronunciar esas palabras.

Podía notar cierta incomodidad en el rostro de Illuso aunque estaba disimulando perfectamente.

— ¿Qué exactamente? —Insistió él fingiendo curiosidad, animándome a continuar.

No solo los ojos de Risotto se clavaban en mí, unos irises celestes me analizaban en cada movimiento. Joder, sí no decía algo posiblemente me interrogarían más adelante. Mordí mi labio inferior y lancé una risa sarcástica.

—Es de aquel día en donde me arrastraste a los espejos. —Murmuré riendo todavía por la expresión que puso esa mañana de verano cuando lo sacudí a golpes, obviamente él sabía defenderse pero nunca esperó esa reacción por parte de mí. Escuché un bufido de enfado proveniente de él y me ahogué en carcajadas a la ligera mención de ese recuerdo. — ¿En serio qué esperabas? Acaso piensas que a las mujeres les gusta que las lleves así de la nada usando tu stand, ugh.

Illuso revolvió mi cabello con rudeza, solté un gruñido cuando sus ásperas manos agitaban mi cabeza, se estaba arriesgando mucho aunque lo hizo a su favor, casi todos estaban aquí y con nuestro jefe a mi lado no tenía muchas opciones que comportarme por más que odiase el contacto físico.

—Sabes que no puedes hablar mucho de eso, cara. Yo en tu lugar mantendría la boca cerrada antes que te de un ataque de ira… —una cuarta voz se agregó a mi lado. Callé un ligero grito de sorpresa al toparme con Melone a mi izquierda. Fruncí el ceño entrecerrando mis ojos a su dirección.

—Odio que hagas eso —bufé molesta.

Melone me dedicó una sonrisa triunfal entre dientes, al parecer su objetivo era asustarme. Examinando la decisión que tomé, me sorprendo de mí misma, mi paciencia era nada a comparación de antes de unirme al escuadrón, y ahora tenía que acostumbrarme a convivir con nueve hombres a mi alrededor. Vaya ironía, sonreí recordando cómo el tiempo cambia con los años.

Unos pasos ruidosos de tacones llenaron la sala de estar, una novena persona se introdujo a la reunión, no alcé mi vista y lo creía insignificante, sin ojear discerní un vestido largo carmesí que llegaba hasta por debajo de las rodillas. La persona saludó alegremente a cada integrante del grupo, excepto a mí, que de su boca salió un refunfuño.

—No puedes parar de hacer escándalos por unos segundos, Arancini. —Una mujer de mediana estatura que destacaba su atención por su suave y corto cabello pelirrojo tomó asiento al lado de Prosciutto. —Adivinaré… de nuevo con tus pleitos. Deberías comportarte como una verdadera dama, no durarías para una misión de espionaje siquiera con ese temperamento—decía mientras sacaba de su bolsillo un espejo pequeño e inspeccionaba las pestañas enmarcadas.

Mordí mi lengua por más leve que fuera su comentario, ¿de verdad quiere arruinar más mi día? No la odiaba para nada, pero su comportamiento, desde que entre al equipo dejaba mucho que desear. Al contrario, me asombraba que hubiera una sola mujer rodeada de asesinos profesionales, según de lo que me enteré tenía más de un año de antigüedad, recuerdo cuando Illuso me presentó a ella y habló de las misiones connotando lo agresivo que era su stand, no pude dejar de admirarla, no era fuerte en combate pero sí en destrucción. El problema es que ella no paraba de acosarme y delatarme por una futura traición o una espía del gobierno. Lo cual es ridículo, tanto Risotto como Prosciutto sabían de mi pasado y cuan peligrosa era mi situación actual trabajando con Passione.

Parpadeé un microsegundo y decidí ignorar sus provocaciones.

—Ese comentario fue innecesario, Panna —le reprochó Prosciutto amenazadoramente a su lado.

— ¿Por qué? Sí es la verdad.

— ¡Panna! —Vociferó Risotto retumbando con su voz grave autoritaria— No voy a tolerar esa actitud tuya otra vez. Ya lo conversamos ayer.

Un brillo de desprecio en sus orbes verdosos me recorrió completamente. Un pequeño tono rojizo adornaba sus mejillas, podía oír en mis pensamientos resonar todas las maldiciones e insultos hacia mí. Los insistentes pleitos de Panna para hacerme quedar en ridículo frente a todos eran exhaustivos y repetitivos, por ende comenzaron a meterse ambos superiores para frenar su infantil comportamiento.

—Bien, como mierda sea, ya me voy. —Se levantó del sofá acomodándose su chaqueta para salir del lugar. En ello, se detuvo y volvió a la sala a pasos acelerados—Ah se me olvidaba, Ghiaccio está enfermo y quería informártelo, Risotto. En fin, no sé para qué más vine. —Rechinó pisando con más fuerza los tacones aguja.

— ¡Espera! ¡Nadie te está echando! —Saltó Prosciutto del sofá— Vuelve aquí ahora —no obstante, la mujer mayor salió azotando la puerta como respuesta.

Prosciutto cayó rendido a su asiento reteniendo su cólera, generalmente fueron muy pocas las ocasiones que lo hice enfadar como hoy, en su rostro se podía observar que en cualquier minuto reventaría.

—Vaya temperamento —escuchaste decir a Melone, colocándose en el asiento libre que dejó Panna.

Prosciutto puso los ojos en blanco. Bufó elevando una leve cortina de humo de su cigarrillo a casi finalizar. Noté las bolsas que adornaban debajo de sus ojos, iniciaba la mañana y apenas me percaté que unas ojeras decoraban su jovial y delicado rostro.

—Es difícil lidiar con mujeres, o por lo menos siempre me resultó complicado desde mi punto de vista—soltó Sorbet jugando con un fino mechón dorado de Gelato.

Una estruendosa carcajada salida de Formaggio hizo al resto girar sus cabezas, yo por mi parte observaba sin entender qué sucedió.

—Eres una asco teniendo suerte, amore.

—Y eso que comencé mi mañana…—dije enterrando mi cabeza entre mis rodillas.

Escuché el suspiro derrotado del Capo desde encima de mí, la mayoría del tiempo no caía en cuenta de lo alto y enorme que era. Excepto aquella pelea en la que me enfrenté contra él y Prosciutto, a veces me cuestiono lo afortunada –o talvez no– que era al no morir a manos de Metallica. Al divagar más en esos recuerdos, deshago el agarre entre mis piernas y sin percatarme, mis manos rozan el brazo de Risotto. Enmudezco y exclamo un débil “lo siento” y él solo asiente en señal de tranquilizarme.

Sorbet y Gelato charlaban acerca del partido de ayer con Formaggio e Illuso, la atención hacia a mí fue reemplazada por los jugadores, renovando el aura de la sala. En cambio Melone estaba inmerso en un libro de anatomía y fisiología que le presté luego de que me insistiera tanto.

—Arancini, si tienes problemas con Panna no dudes ni un segundo en recurrir a mí o Prosciutto. Después de todo, aquí también pasamos por esa etapa—lo miré un poco avergonzada. No los quería preocupar, además tarde o temprano mi compañera tendrá que aceptarme, opción no hay. No pude sostener la mirada de Risotto por mucho tiempo, sus escleróticas oscuras me miraban fijamente, en ellas veía su iris rojo como la sangre, reflejando mi rostro. Una de las cosas que más me impactó de Risotto fue el trato y la preocupación por cada miembro de su escuadrón, él los estudiaba y analizaba en cada convivencia grupal o solitaria, adivinaba sus manías y personalidades. Mi jefe en efecto es un asesino a sueldo de los mejores profesionales, mejores que el propio y nauseabundo gobierno.

Fruncí mis labios preparando bien mis palabras.
—No quiero molestarlo, Capo y no se preocupe, trataré de mejorar mi situación con ella.
Risotto suavizó su mirada emitiendo una respiración tranquila y agitó leve su cabeza afirmativamente. No supe interpretar su mirada, aún menos su expresión.

— ¡Ahí vas de nuevo con eso! ¡Quítate de la cabeza que eres una molestia! —gruñó Prosciutto desechando el cigarrillo al cenicero. — De ser así, Risotto no hubiera perdido el tiempo contigo.

Una sonrisa se dibujó entre mis labios, intenté ocultarlo hasta que el sonido de mi móvil tiritaba con la pantalla de una llamada y un número que desconocía. Me retiré del sofá apartándome del resto, cuando por fin pude ubicarme en un rincón alejado y privado para conversar, pulsé el botón para contestar la llamada.

— ¿Disculpe, hablo con la Sra. Bianco?

— ¡Oh, sí! Ella habla.

—Lamento interrumpirla en sus horas de trabajo pero me veo obligada a recordarle que la presentación para la feria de su pequeña es hoy—decía, me golpeé mentalmente lo olvidadiza que era. Aunque intentaba rememorar además de las cuentas del alquiler, la luz, las facturas del agua y los alimentos, Yume nunca mencionó acerca de la feria y menos un día específico. Maldije para mis adentros—…lamento muchísimo los horarios de trabajo extras que tenga que tomar pero solo quería avisarle, porque estuve revisando las notificaciones en los cuadernos escolares y el de su hermana no figura ninguna firma de autorización desde aquel fin de semana que acampamos hace como un mes.

Largué un suspiro y masajeando mis sientes contuve mis nervios que estaban por explotar a nada.

—Yo de verdad… no tenía idea—dije—supongo que lo habré olvidado o ella se olvidó, mis horarios son algo complicados y no suelo estar demasiado en casa además de cocinar y cuidarla unas horas.

— ¡Créame que la entiendo mucho! Criar a su hermana menor sin ningún apoyo familiar es muy duro, no intento hacerla sentir mal ni nada por ese lado, solo quería hacer llegar este mensaje a usted Signora Bianco...

—Yo iré, solo… me voy a deshacer de unos papeles e iré directo a la primaria. En serio, no puedo creer que esto se me haya pasado.

—Muy bien, nos alegra mucho oír esto. ¡La veré allí Signora Bianco! —terminó con una voz fingida de gentileza.

Ni siquiera sabía si hoy me asignaron una misión, al menos rescatando un aspecto positivo logré aprovechar y entrenar lo suficiente, no obstante… ¿qué tan mierda debería ser mi día hoy? Me cuestionaba con el ceño fruncido. Deslicé mi andar retornando hacia la sala donde se supone debía estar Risotto, aceleré mis pasos con el pensamiento que ya no estuviera allí. Mis dudas no se disiparon hasta ver su figura alta y su sombrero oscuro tan característico de él, por un corto momento mi cabeza se relajó. Ahora lo siguiente es hablarle. Soy novata aun obviamente, y mantener una conversación sin sentirte tímido frente a Risotto era difícil, sumado a que no es muy frecuente encontrarlo para entablar una conversación al azar en su tiempo libre.

Los ojos oscuros de Risotto aterrizaron en mí cuando ya me planteé frente a él.

—Capo, acerca de la próxima misión… ¿cuándo será? Porque necesito aplazar el entrenamiento de ahora y recuperarlo cuando vuelva, trataré de terminar lo antes posible. —su mirada estoica y fría me penetraba, conociéndolo un poco creo que no querrá retrasos en mi evolución, menos sí la misión es una fecha cercana.

Tardó unos breves minutos antes de hablarme con más seriedad.

—Considerando las opiniones de Prosciutto y Formaggio según tus avances, la misión será en dos días —no pude contener la sorpresa en mis ojos tras escucharlo, ¿en dos días? ¿No es muy rápido?—… y viendo este pequeño inconveniente, podrás ir a cambio de quedarte a dormir aquí. No es que lo estés haciendo mal, al contrario, estas mejorando bastante que Melone y Ghiaccio, solo necesito que te acoples lo más rápido posible, puesto que cada misión varía y ésta es especial para que comiences a tener más noción utilizando tu stand.

Mis dientes se enterraron en mis labios, callándome antes de decir algo incoherente a Risotto.

— ¿Alguna duda? —me interrogó, tal parece que notó mi disgusto.

Agité negativamente mi cabeza ante su pregunta. Ahora tendría que pensar con quién dejar a Yume mientras estoy aquí. No quería negarle nada a Risotto, hizo tanto por mí que sería inaudito reprocharle después de darme la mano para salir adelante con mi vida.

— ¡Gracias! Lo recompensaré con el entrenamiento, Capo —articulé con un gesto de agradecimiento.

—Puedes irte, te veré más tarde. —finalizó él sin quitar mi rostro, su mirada me incomodó un poco, casi al salir respondí con un “adiós” en voz alta para despedirme del resto que permanecían sentados en la sala siguiendo con lo suyo.

Mi siguiente preocupación ahora es Yume.