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Sin City

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Aziraphale mira a Crowley por encima de su taza de té con cierta desaprobación, recatadamente sentado en la butaca de la trastienda de su librería, Con una pierna cruzada sobre la otra y un libro en su regazo.

Crowley deja de teclear algo en el teléfono apoyado... o más bien, desparramado en la butaca con las piernas completamente abiertas y habiéndose resbalado por ella como hierro fundido vertiéndose en un molde hasta que nada más la espalda sigue en la parte horizontal del asiento con la barbilla pegada a su pecho. Le mira por encima de las gafas de sol.

—Aún sigo sin entender esa fascinación tuya por los teléfonos —carraspea un poco.

—¿Un aparato que consigue atrapar completamente la mente de los humanos hasta que no pueden prescindir de él sin sentir pura ansiedad física? Es jodidamente brillante. El día que aprenda como puede ser algo tan idiota como Candy Crush así de adictivo...

—De los humanos y de un demonio... —comenta al aire en su insistente regaño.

—Me lo dice alguien que literalmente hace... —mira el reloj de su teléfono y se incorpora un poco hasta que el menos el culo vuelve a estar en contacto con el asiento—. Sesenta y siete horas, veinte minutos y doce segundos miró su nueva pila de libros y me dijo "si vuelve a sonar este aparato en las próximas setenta y dos horas espero que sea porque se ha congelado el infierno".

—¿Y por qué empecé a leer hace todas esas horas, Crowley?

—Seguramente porque fue cuando trajiste esos estúpidos nuevos libros.

—¿Así que vamos a ir con qué fue primero, si el huevo o la gallina?

—Tú y yo estábamos ahí ese día. ¿No lo viste desde la puerta del este del Edén?

—Yes. Y ese día lo primero que pasó fue que tú sacaste ese aparato —señala el teléfono con cierto desagrado.

—No dijiste nada de este aparato, dijiste del tuyo —se encoge de hombros y sonríe.

—¿Cuál mío?

—El que me dijiste que no querías que sonara.

—¿Yo?

Crowley parpadea un poco porque le parece que se ha perdido en la conversación en algún punto.

—¿Estás otra vez con ese asunto de la espada?

—No, me refiero al momento en el que se creó el huevo. Y la gallina.

—La gallina y el huevo. Y no sonó ningún aparato más que el tuyo.

—Yo no tenía este aparato entonces —replica entendiendo por fin. Aziraphale sonríe.

—Al día siguiente empezaste a usarlo.

—Ojalá. No habríamos tenido que esperar una eternidad a que todo el mundo supiera que habían disparado al archiduque de Austria.

—Siempre tan impaciente —se ríe—. Pero vuelve atrás a lo de las gallinas, que me he perdido —se sonroja un poco.

—¿Qué te has perdido?

—¿Qué aparato mío?

—Voy a presentarte a tu teléfono, ángel. Por si te has olvidado de su existencia —lo busca por ahí, sin mucho éxito.

—Ah... ¿me escribías a mí? —hasta pone carita de ilusión.

—No. Dijiste que no te molestara a no ser que se estuviera acabando el mundo. O bueno, algo peor desde que ya somos expertos en evitar esa clase de inconvenientes.

—¿Y desde cuándo eres tú tan obediente?

Crowley parpadea un par de veces y toma su teléfono de nuevo, escribiéndole a él ahora. Su teléfono suena... en algún sitio misterioso del universo.

—No crees qué hay formas mucho más eficientes de interrumpirme que no sean...

—Bueno, dijiste setenta y dos horas y han pasado sesenta y siete.

—Y aun así, la obediencia... —baja la vista a su libro.

—Te quejas cuando te hago caso, te quejas cuando no... —se levanta.

—No me estoy quejando de que me lo haces. Más bien...

El demonio le mira de reojo mientras se sirve whiskey.

—Ah, vas al whiskey...—es que ahora si NO está haciendo el más mínimo caso al libro.

—¿Quieres?

—Supongo que podría hacer el sacrificio... —sonríe más y cierra el libro.

—Todos te recordaremos como un mártir por ello —responde sirviendo otra copa, sonriendo.

—Muchas gracias —asiente con la cabeza, sonriendo. El demonio arruga un poco la nariz como cada vez que le da las gracias pero sonríe de vuelta, acercándole el vaso—. Estaba pensando, Crowley... ahora que van a dejarnos... tranquilos un tiempo.

—¿Mjm? —pregunta lanzándose de nuevo en la butaca, con una pierna por encima del reposabrazos, aunque manteniendo esta vez una posición un poco más vertical. Gracias vaso de Whiskey.

—Quizás no sería del todo mala idea... irnos.

—¿Ahora? Si precisamente ahora es cuando mejor vamos a estar aquí.

—Hablo de unos días de vacaciones.

—Vacaciones... —repite valorando la idea—. ¿Dónde?

—No lo sé. Creo que será difícil encontrar un lugar que nos guste a... ambos.

—Estoy seguro que puedo tentarte con casi cualquier lado.

—Si vas a ofrecerme Las Vegas te aseguro que no voy a estar tentado.

Crowley levanta un dedo haciéndole callar y saca su teléfono otra vez.

—Los mejores hoteles en los que comer en Las Vegas —empieza a leer en voz alta.

—Ohh, eso es trampa. Hay hoteles donde comer en todos lados —se ríe y sonroja un poquito.

—Sí, por eso—Igualmente empieza a leer sobre ello. Pastelerías y creperías porque Crowley conoce a su público. Especialidades en dulces americanos y comida fusión.

Para ser que Aziraphale se había acomodado con total intención en los años cincuenta, sacando raíces profundas hasta el punto que alguien podría haberle confundido por la calle con el Doctor William Masters y no parecía querer moverse de ahí ni aunque le arrastraran como si se tratara de un partido político de derechas en el gobierno, la comida resultaba una excepción. Se le empieza a hacer agua la boca.

—¿Y tú quieres ir a Las Vegas?

—Estuve ahí cuando la cosa se torció. Aunque no fue un trabajo mío. Puede ser divertido, hace tiempo que no voy —responde el demonio encogiéndose de hombros.

—¿No crees que para Las Vegas podríamos ir a... Montecarlo? —propone el ángel, para quien a veces el simple hecho de salir de Londres para acercarse a una librería de los suburbios a por un libro ya ameritaba usar sus ropas de viaje.

—Creo que te gustará más Las Vegas. No es lo mismo —arruga un poco la nariz.

—¿Me gustará? ¿O te gustará más a ti? —pregunta mirándole un poquito embobado

—A ti, claro. Aunque... es verdad. Mejor Montecarlo, prefiero ahorrarme ciertas cosas —da unas vueltas a los hielos en su vaso cambiando de posición en la silla, sonriendo de un modo un poco indescifrable y misterioso.

—¿Qué cosas? —entrecierra un poco los ojos valorando esa expresión de su contrario—.

Así que ahora no vas a contarme

—No, será mejor que mantengas la inocencia.

—¿Cuál inocencia? iAnda! Como si no supiera de otras cosas qué haces...

—¡No hablo de algo que yo haga en lo absoluto! —el escándalo.

Aziraphale levanta las cejas.

—¿Montecarlo, entonces? —carraspea un poco, incómodo.

—¡Ahora quiero saberlo! —protesta el ángel. Crowley sonríe porque justo ese era el plan, algunos dicen que las buenas acciones pavimentan el camino al infierno. Nada más lejos, sin duda es la curiosidad. Y probablemente unas cuantas toneladas de acero y hormigón ignifugo porque no va a estar el diablo ensuciándose los zapatos cada vez que quiere bajar a ver que tal van las cosas ahí abajo—. ¡Venga, dime!

Crowley está por dejar por ahí el vaso de whiskey vacío, sobre un libro para que haga un cerco... pero lo aparta en último momento, levantándose como si nada. Dejándolo finalmente sobre la mesa porque los liiiibros de Aziraphaleeeee.

—Bien, en marcha.

—¿P-Pero no vamos a pensarlo un poco más y a planearlo por semanas hasta concluir que quizás no es la mejor idea?

Crowley le mira de reojo y pone los ojos en blanco.

—Vale, vale, en marcha. Pero... ¿y mis clientes? —se levanta tomando los libros con una mano... y el vasito con la otra, poniéndolos en su sitio.

—¿A caso has vendido un solo libro en la última... década? Tú has dicho que querías vacaciones.

Aziraphale sonríe con eso un poquito más.

—Vale, vale... vale. Vamos.

Así mismo el demonio se va a la puerta de la librería andando como si fuera la encarnación del hijo de Freddie Mercury y Mick Jagger. Aziraphale se aclara la garganta.

—¿Y... así nos vamos?

—¿Necesitas recoger algo? —le mira con la puerta medio abierta.

—No. No. Solo el impulso... no es necesariamente mi fuerte.

—Vamos, ángel. Hay un largo camino hasta Montecarlo.

—Aún quiero saber lo que ha pasado en Las Vegas.

—Pues aún más camino entonces —sonríe quitándole el cepo al Bentley aparcado en la entrada.

—¡Pues empieza a contarme!

Se sube al coche sonriendo sin decir nada y ahí va el otro a subirse de su lado.

—No exageres en ir rápido.

Crowley mira de reojo poniendo el coche en marcha y Aziraphale le sonríe.

El demonio chasquea los dedos y al siguiente instante están en una carretera laaaaaarga y recta en algún lado del cañón del colorado conduciendo a como 260km/h mientras suena Under Pressure de su lista de Spotify de Smash Mouth.

—¡Andaaaaaa! ¡Esto no es Montecarlo!

—Acabas de decir que querías ver lo que pasa en las Vegas —se defiende.

—Quería que tú me contaras sobre ti y Las Vegas.

—¿De mí?

—Tú has dicho que tenías historias. Aunque de nuevo no sé si quiero oírlas... ¿de verdad tenemos que ir a esta velocidad?

—¡Ni siquiera hay más coches! Lo que dije es que estuve ahí cuando todo se torció.

—Pues suena a una historia memorable.

—En el treintaiuno, alguien tuvo la excelente idea de legalizar el juego.

—Ya, ya... creo que desde mi perspectiva no fue excelente.

—Y luego una serie de caballeros adinerados muy dadivosos que no podían usar sus fondos necesitaron una forma de poder blanquear su capital —le mira dejando de prestar atención a la carretera.

—Sí, perdimos bastantes adeptos ese año. Crowley...

—Sí? —sigue mirándole.

—Podrías... —le mira, mira la autopista.

Para ser justos al respecto, debería estar sonando Love of my live detrás de esa mirada, que menos mal están cubriendo las gafas de sol, peeero, por desgracia no está en el recopilatorio de grandes éxitos, así que tal vez pudiéramos conformarnos con You are my best friend, mientras sigue sin prestar atención a la carretera. No la toméis con el Bentley, de verdad lo hace lo mejor que puede.

Y es que la verdad cuando le mira así el propio ángel siente como la temperatura sube unos cuantos grados... Así que Aziraphale suelta una risita así de esas nerviositas.

—Quizás pudieras disminuir un poco la velocidad... o no.

Ooooojos en blanco ooootra vez.

—Ni siquiera hay una estúpida curva —protesta, pero al menos vuelve a mirar a la carretera.

—Hay que ser precavidos.

—Ña ña ña ña.

Aziraphale se ríe.

—A veces pienso que esos lentes tuyos son tan oscuros que no ves literalmente NADA con ellos, así que te mueves solo por instinto.

—Podría hacerlo —suelta el volante y sube los pies al salpicadero porque es un fanfarrón.

—Ya... ya... podrías parar. Anda —se estira hacia él un poco.

—¿Parar? Estamos aún como a una hora —no le preguntes porque no ha hecho que aparecierais más cerca.

—¿¡A una hora?!

Crowley se encoge de hombros.

—Vaya... debí traer un libro —le pica un poco el ángel.

—Sería menos si no quisieras que condujera como una anciana —protesta.

—¿¡Cuál anciana?!

—Probablemente una con alguna horrible enfermedad crónica terminal.

—Dramático todo, además. Deja a las ancianitas conducir como puedan —protesta Aziraphale.

—Lo importante aquí es que yo no lo hago como ellas —establece Crowley.

—Tú todo lo haces mejor que una pobre ancianita enferma —replica. El demonio le mira de reojo, sonriendo un poco—. Aunque eres igual de tierno que las ancianitas enfermas cuando son tiernas.

—Eso no tiene ningún sentido —arruga la nariz.

—Trataba de compararte con una ancianita bonachona —se sonroja.

—De todos modos cuando tienes una comparación por una característica que necesita ser agregada a uno de los sujetos a comparar...

—Me he sentido agraviado con tu idea de que yo conduzco como ancianita —se ríe un poco.

—Ahí me tienes. Bastard me.

—¿Sabes? Para.

—¿Por quéeee? —lloriquea, pero reduce un poco volviendo a tomar el volante.

—No, no. Para. Quiero que veas algo.

—¿El qué? —vale, baja la velocidad hasta parar en mitad del carril, no en el arcén.

—Voy a conducir yo —decide el ángel. Crowley levanta una ceja—. Anda —le apremia.

—Con exigencias y sin ni un por favor... —abre la puerta del coche para cambiar de sitio.

—Gracias —le sonríe.

—Ugh —protesta como cada vez que le da las gracias, azotando la puerta más de lo que debería sin pensar, por el dramatismo y luego mirando el coche todo preocupado.

Aziraphale se corre al asiento del conductor, nervioso. Porque... este coche. Es EL coche. Y él no es tan buen conductor

Crowley le da la vuelta y entra por la otra puerta pensando que... la bloody carretera es recta y no hay coches y... él puede seguir controlando el coche con la mente sin necesidad de acceso a los pedales, ¿qué podría salir mal?

Nada, nada va a salir mal.

Hasta que se sienta de nuevo, le mira y un escalofrío de esos de los que es tan fan le recorre la columna.

El ángel está moviéndolo todo. El espejo retrovisor, el de lado, echándose adelante. Mira a Crowley con cierta sonrisita de emoción que le mira con paciencia y cierta curiosidad, sin decir nada.

—Solo quiero demostrarte, my dear, que no soy una abuelita.

—Por ahora, eres peor. El coche ni siquiera se está moviendo —mira a fuera por la ventanilla donde una planta rodadora les está adelantando sin siquiera poner intermitentes.

—¡No soy peor! Tú ibas a tal velocidad que creo que debería volver en U a recoger mi corazón.

Crowley le mira de reojo porque... la cursilada. Se le ocurre una peor y se la guarda para sí mismo. Muchas gracias por preguntar. Ahora circulen. No hay nada que ver aquí. Circulen, circulen.

—Le imagino ahí, tirado a media autopista. Infartado y todo — arranca con cuidado.

El coche hace cierto sonido raro porque no es así como lo encienden siempre. Le encienden con cuidado también pero de otro modo y si alguien cree que solo por ser un objeto inanimado no va a ser un dramático, está muy equivocado.

—Ohhh... ehm... todo en Orden —acelera un poquito más.

—¡Cuidado! Estás asustando a esa piedra, ¡se va a creer que vamos en un objeto móvil si sigues corriendo así!

—¡Estoy empezando! ¡No me pongas nervioso!

Ooojos en blanco ptra vez.

—Ya sabes qué pasa cuando me lo pongo.

—¿Algo distinto a la eternidad en la carretera?

—En esta, además. Seca.

—Y aburrida —mira el horizonte a kiloooooómetros de llanura donde no hay nada.

—Bueno, claramente sería mucho más aburrida si no estuvieras tú.

—Probablemente eso sea porque yo sí hago que el coche se mueva —asegura tras vacilar unos instantes.

—Eso también —acelera un poco más.

El demonio le mira de reojo... y tras unos instantes saca su teléfono otra vez solo para que proteste.

—Crowley!

—Tranquilo... he visto un caracol pasándonos en velocidad —asegura mirando el teléfono con media sonrisa. Aziraphale se ríe.

—Creo que el caracol va a exceso de velocidad —acelera un poco igual pero no se pasa del límite—. Es lo más a lo que se debe ir.

Y por estar los dos discutiendo y haciendo el tonto... de repente un camión aparece en sentido contrario dirigiéndose hacia ellos por el mismo carril porque ninguno se ha molestado en ir por el carril derecho, par de británicos.

—Mira que tan rápido voy... estoy por alcanzar a ese...

Crowley levanta los ojos de la pantalla para echar un vistazo rápido y se mete un SUSTO. Echándosele encima por instinto y dando un volantazo para cambiar de carril en el último segundo.

Ohh... goodness! —alcanza a soltar Aziraphale agobiado... una vez han sobrevivido al desastre.

Bloody hell, angel! ¡No llevas conduciendo ni treinta segundos y ya casi me rompes el coche!

—¿¡El coche?! ¡Casi nos descorporo!

Crowley le mira de reojo y sonríe, aun con la mano en el volante y medio echado sobre él.

—Y ahora que tienes uno nuevo que te dio el anticristo... nunca me contaste si era todo... igual también.

—¿A qué te refieres? —pregunta genuinamente embobado con la cercanía.

—Pues... no creo que el hijo de Satán, humanidad encarnada, sepa perfectamente como es la fisiología de los ángeles.

Well... En términos generales todo está donde debe —resume asintiendo.

—Me refiero a que... a lo mejor ahora eres más humano y necesitas comer... o dormir... o...

—¿O alguna otra de esas necesidades particulares de los humanos? Hmmm, bueno... Creo que si hay un par de pequeños detalles... pero en resumen... creo que nada que realmente nos afecte —ese uso del plural...

El demonio le mira levantando las cejas. Aziraphale le mira de vuelta con una de esas caritas que pone.

—Vaya — suena un poco decepcionado pero se encoge de hombros y se vuelve a echar en su asiento porque... veréis, él es guay y se la suda todo.

Aziraphale casi le sigue hasta su lado del asiento, la verdad. Porque maldita sea, estaban tan cerca y ahora están tan... lejos otra vez. Se gira al frente y... se orilla para detenerse. El demonio le mira a ver porqué hace eso.

—¿Qué... pensabas que podría tener distinto? —pregunta sin mirarle.

—No lo sé, ya te lo he dicho. Igual te había hecho más humano.

Aziraphale suelta el volante con el coche del todo detenido y junta sus manos, mirándole un instante de reojo otra vez, antes de sonrojarse levemente.

—¿Te gustaría... —vacila y lo replantea un poco —. Bueno... de hecho habrás podido comprobar tú mismo que, en efecto... morfológicamente. Hay un par de detalles que...

Crowley le mira con una cara como si acabara de invitarle a un concierto de heavy metal o como si le estuviera proponiendo lo que, de hecho, el cree que le está proponiendo. PA-RA-LI-ZA-DO.

Aziraphale se aclara la garganta

—Q-Qué...? —pregunta Crowley casi sin voz.

—Quizás, e-Ehm... deberías llevarlo tú...

—¿L-Llevarlo? —repite en un tono que le sale agudo sin querer como para hacer ladrar a los perros pensando que se refiere a... bueno, el asunto. La iniciativa o así.

Well, yes. Definitivamente tienes bastante más idea que yo... y...

Ahm... W-Well, yes. Obviously —responde con falsa seguridad. No le mira.

Aziraphale le mira de reojo... porque mentiría si dijera que realmente solo habla del coche. O no. O... prefiere no pensarlo.

Crowley se humedece los labios ensimismado en esta idea sin prestarle atención y Aziraphale le mira de reojo, humedeciéndose los labios.

—Bueno... ehm... —abre la puerta y se baja.

El demonio levanta las cejas y le mira sin esperarse eso. O sea... ¿AHORA? Aquí a mitad del desierto.

Aziraphale cierra la puerta del coche y le empieza a dar la vuelta... por atrás.

Crowley le sigue con la mirada intentando calmarse y respirar. Abre la puerta y sale en un impulso un poco histérico.

Pues van a encontrarse de frente...

Crowley traga saliva con la mente medio en blanco, sabiendo que debe hacer algo y sin estar seguro de qué. Bien, esta parece ser la norma. Seis mil años para pensar en cómo parar el apocalipsis sabiendo que iba a suceder y acabamos con un estúpido plan de huida a Alpha Centauri un día antes, un intento de asesinato al anticristo dos minutos antes y básicamente improvisando durante el proceso. No vemos porque esto iba a ser diferente salvo porque el plan de huida no parece una opción en este caso y ya no hablemos de lo de matar a alguien.

—¡Oh! —Aziraphale le sonríe cuando se lo encuentra ahí atrás del coche—. Hello. ¿Todo bien?

—Pues... ha sido un poco repentino, lo confieso, pero no me molesta esta nueva actitud tuya.

Aziraphale hace un pequeño gesto de no entender del todo, pero sigue...

—Bueno, pensé que... te gustaría que probara

Yess. Yeah... yesss! O-Of courssse —responde Crowley en tres tonos diferentes antes de decidirse por uno y seseando un poco de más por culpa de los nervios, porque ante todo estamos relajados y lo tenemos todo bajo control, hasta hace un gesto con la boca y las manos para enfatizar.

Aziraphale le sonríe un poquito, con sinceridad, aunque se pone un poco nervioso junto con él.

—Pues... ahí le tienes. No ha ido tan mal, ¿no? Ahora es tu turno —asegura.

—Ehm... pues... no. No lo ha ido. Pero pensaba que... quizás podríamos hablarlo un poco primero y decirme que... esperarías.

—Hmm... ¿Que no fueras exageradamente rápido? Por lo demás... —se encoge de hombros—. Puedes hacer lo que quieras.

—O... K. Nada de velocidad entonces. No... No hay ninguna prisa. Desde luego.

—Vamos... con que vayas a una velocidad... normal —sigue, mirándole a los lentes y pensando como siempre que se ve sumamente guapo.

—¿Algo... algo más? ¿En... alguna otra línea? —se encoge de hombros como si estuviera poco interesado en esto.

—Oh... bueno. Sí. Quiero saber si hay algo que yo pueda hacer por ti.

—Bueno, desde luego, esto es una... cosa de dos.

—¿A... Ajá? —Aziraphale parpadea.

—Quiero decir, que no tiene porque... o sea, que desde luego esperaba que participaras activamente en ello, desde luego.

Aziraphale le mira y... levanta un poco las cejas repentinamente al notar que ahora mismo no están hablando del coche.

—Ah... ¿que participara exactamente cómo?

—Pues... por eso decía que... Ya te he dicho que no me molesta esta actitud impulsiva, para nada, al contrario, pero tal vez valdría la pena... —se encoge un poco de hombros, apoyado en la puerta del coche—. No sé, hablarlo con calma y... —gestos de círculos con las manos—. Dejar que la cosa fluya de manera un poco más natural en algún... lugar más cómodo. Conste que esto no tiene que ver con el coche. Ni con que yo no quiera —se apresura a añadir. Aziraphale alza las cejas bastante más.

—U-Un... un... y-ya. ¿Quizás pudieras hablarlo con calma... mientras conduces?

Crowley le mira a él. Mira el coche y se separa de donde está apoyado.

Yes, yes... of course —va a sentarse al asiento del conductor.

Aziraphale se sube al coche y le mira con los ojos bastante abiertos, poniéndose más nervioso.

—C-Crowley... e-entonces...

—¿Sí?

—Habla, por favor, y explícame.

—Lo que digo es que... a estas alturas no vendrá de un par de horas a que lleguemos a un hotel. Tú mismo has dicho que no hay prisa.

—¿Dices entonces que hablemos hasta el hotel? —es que repentinamente tiene más prisa de la que parece para entender lo que pasa y si es lo que... pero no puede ser lo que... pero...

—Sí, exacto. Eso puede funcionar.

Se pone las manos en las rodillas y le mira de reojo otra vez.

—Pero es algo... de ambos, ¿verdad?

—Sí, por eso el asunto de hablarlo —le mira de reojo.

Of course, of course.

Crowley asiente... esperando a que empiece, entonces.

—E-Ehm... well... hablar. Hablar es fácil, siempre lo hacemos.

—Eso es verdad —sonríe

—Así que no hay nada de malo en hablar ni nada que pueda ser un problema. Vamos, que hemos hablado muchas veces de muchas cosas. I-Incluso de cosas complicadas. Y todas las veces ha ido bien. Casi —Modo parlotear activado.

Crowley levanta las cejas y le mira de reojo con ese discurso.

—A-Aun así... bueno. Ehm... dime qué querrías que... cómo...

—¿Yo? Esto ha sido idea tuya.

—Ohh... ¿Me estás diciendo que YO te he tentado a ti a... Algo?

Crowley se gira a él y le mira por encima de las gafas.

—Ohhh —Se sonroja ampliamente.

—No es exactamente como yo lo diría pero... no voy a discutir contigo por semántica.

Aziraphale se humedece un poco los labios, atontadillo como cada vez que le mira así pensando que esto ya no va de conducir como abuelita. Debe ir de esto de que el cuerpo lo tenga más de humano. Lo cual... NO puede implicar nada realmente demasiado raro. Aunque cuando hablaba de tentaciones con Crowley...

—No, no... Discutir de semántica no tendría ningún tipo de caso. No. Mejor... hablar. Como has dicho tú.

—Entonces estamos de acuerdo en... llegar a la ciudad al menos.

Yes, of course. Aunque no estaría del todo mal tener una idea de que... Ehm... esperar.

—Justo eso es lo que te estaba preguntando.

—¿¡A mí?! Pero yo que voy a saber si eres tú el que... Bueno, tú eres el que suele saber que puede uno esperar.

—Pues sí... me cuentas exactamente como lo imaginas, seguramente puedes esperar algo bastante parecido.

—No. ¿C-Cómo... lo imaginas tú? —le mira directamente.

—Supongo que... podríamos empezar por llegar a la ciudad y elegir un hotel, de esos con casino y tal vez algún tipo de cena con espectáculo de esos de la tontería esa de prestiditigititigitiditación que te gusta o como se llame —suelta nervioso, porque de hecho por eso quería ir a las Vegas y no a Montecarlo, porque no hay tantos espectáculos en Montecarlo y planeaba mantener el secreto su existencia para que fuera el ángel quien le arrastrara a ir y él pudiera quejarse a gusto, pero le está, maldita sea, poniendo histérico.

Aziraphale relaja infinitamente con esa respuesta, sonriendo.

—Eso lo imagino muy bien. Un buen hotel, una deliciosa cena y un bonito espectáculo. ¿Querrás ir conmigo o... prefieres jugar en el casino?

—No deberías hacer preguntas cuya respuesta ya sabes.

—Vendrás conmigo y te quejarás todo el tiempo —se ríe un poquito.

—Pffff —protesta pero ese no es un no.

—Al menos es lo que yo imagino —sonríe acomodándose un poco en el asiento—. Suena bien porque además, ¿No es Las Vegas una de esas ciudades que no duermen?

—Sí. Pero yo pienso hacerlo igual.

—Bueno, yo... Ya encontraré que hacer mientras. A menos que pueda evitar que duermas.

Crowley se sonroja un poco con eso volviéndose a la carretera.

—Voy a revisar el listado de actividades en el hotel. Y de hecho estaba preguntándome si... Una o dos habitaciones. Considerando que yo no duermo... quizás podría ser solo una.

El demonio hace un gesto con la mano porque ¿no hablaban de eso antes?

—E insisto en encontrar algo que hacer que te guste a ti.

Crowley le mira de reojo porque... ¿No hablan justo de eso antes? Azirapahale le sonríe.

—¿Qué?

—A lo mejor podrías venir tú a jugar también —vuelve a mirar a la carretera.

—Sabes bien qué pienso de los juegos de azar.

—Puedes donar lo que ganes a los pobres, por ejemplo... tú mismo.

—Puedo verte jugar —se ríe.

—No estoy seguro que seas siquiera capaz de eso.

—¿¡Por qué no podría?!

—Vamos a imaginar que tengo una mala mano. Y voy de farol. Y tú lo sabes.

—Vas a engañar a los pobres que juegan en tu mesa —protesta un poco escandalizado.

—Yes. En eso consiste.

—Y vas a ganar haciendo trampa —le riñe.

—En eso consiste.

—Y yo voy a estar ahí detrás viendo cómo creas caos.

—Insisto en que esa no es una opción —le mira de reojo pensando que va a estar ahí atrás... siendo... expresivo. Y además poniéndole de los nervios.

—Menos mal. Aunque me sabe mal.

—Es tan fácil de arreglar como que te sientes a la mesa tu también.

—Eso tampoco saldría bien.

—¿Por?

—Tendría que hacer que nadie ganara.

—¿Por?

—Pues no puedo hacer que me engañes a mí y que les engañes a ellos en mi cara, podrían interpretarlo mal allá arriba.

—Puedes dejar que la partida fluya, ellos tienen libre albedrío en decidir si apuestan o se retiran.

—¿Consideras que es posible que alguien no caiga en la tentación contigo?

—Estarás tú para protegerlos, equilibrio de fuerzas. Pero eso no consiste en no dejarlos jugar directamente —replica sonrojándose un poco de todos modos.

—No, no... Desde luego no consiste en no dejarles jugar a ellos. De hecho ellos juegan todo el tiempo sin ti y sin mí y algunos son peores que otros.

—Exacto.

—Pero si estás tú es otro asunto y equilibrar fuerzas en juegos de azar... del modo que lo hago yo, me resulta muy difícil.

—¿Por qué? ¿No crees que con relajarte tomándote un whiskey haya suficiente? —sonríe de lado a sabiendas qué le va a decir que no. Porque una vez oyó en algún lado que para que triunfe el mal, solo hay que conseguir que los buenos no hagan nada. Y le gustó la idea para uno de esos posters motivacionales... y luego se le ocurrió que probablemente era algo que Gabriel podría tener colgado en su despacho. Le dio escalofríos y luego pensó que eso tampoco funciona al cien por cien si acaso el mal no se pone un poco las pilas.

—Contigo nunca es suficiente solo tomarme un whiskey.

—Seguramente vas a estar muy ocupado, llevarte a la ciudad del pecado no es exactamente estar de vacaciones para ti, ¿no es así? —se ríe.

—Es que una cosa es ir yo a la ciudad del pecado y otra es... ir contigo.

—Desde luego. Deberías dar la partida por perdida desde ya y limitarte a pasártelo bien.

—Sin embargo, creo que lo que REALMENTE tengo que hacer es tratar de alejarte lo más posible de las mesas de juego... así que algo tendré que inventar para entretenerte lo más posible.

Crowley le mira de reojo con cara de "en serio vamos a bloody Las Vegas y no me vas a dejar jugar?" Aziraphale se ríe.

—Bueno, vale... solo un poco a la ruleta.

—La ruleta, de todo...

—¿No es la más divertida?

—No, ¡claro que no!

—Oh... ¿qué tiene de aburrido?

—No es aburrida, pero no es el más divertido.

—Aun no entiendo por qué te gustan tanto las cartas...

—Tienen más que ver con la habilidad que con el azar.

—¿Estás intentando decirme, my dear, que en alguna ocasión juegas usando real habilidad y no solo... trampas?

—En realidad... las trampas son parte del juego y de la habilidad —se defiende.

—No si consideramos que tú puedes hacer trampas que ellos no pueden hacer.

—Hay muchos matices en esos juegos —se encoge de hombros—. Ganar siempre es sospechoso y no tiene gracia.

—Tú siempre eres sospechoso, querido. Es parte de la descripción de puesto.

Crowley hace un gesto sacando el labio de abajo y luego cambia de idea

—Por eso deberías jugar tú.

—Sinceramente no estoy muy seguro de que sea del todo permitido... sin embargo... creo que por lo pronto tenemos un poco de espacio para hacer lo que queramos sin que lo noten.

—De todos modos no iban a notarlo...

—Eso es lo que decimos siempre, pero ya ves... que hay algunas fotos...

Crowley levanta las cejas porque no se enteró de eso... han estado pasando... unas cuantas cosas últimamente, no sé si lo has notado.

St. James Park... uno al lado del otro.

—¿Cuándo?

—Yo qué sé, ¡si últimamente pasamos la mitad del tiempo ahí!

—Lo que quiero decir es si los viste.

—¿Tomarlas? ¡Desde luego que no! —responde escandalizado—. Lo cual... bueno, no sé si es peor. Pero podrían estar en cualquier lado, en cualquier momento. Eso... es siempre un problema.

—Es la... omnisapiencia y aun así —se encoge de hombros.

—Seguimos siendo un ángel y un demonio —le mira de reojo

—Sí, pero... lo que digo es que han pasado seis mil años y nunca nadie había parecido estar al tanto. Y si lo estaban tampoco parecía lo bastante importante para interferir. Y te aseguro que han interferido por cosas menos importantes... ¿No era que creían que estábamos espiándonos el uno al otro? De hecho era hasta la versión oficial y aprobada.

—El problema es que ahora mismo... saben y lo saben bien... que no solo no es así, sino... ehm asumen incorrectamente que somos... amigos. O... aliados. Por Dios... si nos han visto ahí a ambos.

Crowley le mira de reojo

—¿No te preocupa al menos un... poco?

—Sí, claro. Seguramente alguien tendría que sacarles del error —se vuelve a la carretera.

—O...

—¿O?

—O simplemente relajarnos...

—Bueno. Si les presientes cerca avísame. Tal vez podamos liarla un poco... más —sigue sin mirarle pero sonríe.

—¿¡Liarla más?! ¡Si te lo estoy diciendo justo para liarla menos! —protesta escandalizado y el demonio se ríe—. ¡Ni siquiera sé cómo podríamos liarla más a estas alturas!

—¿Y qué planeas? ¿Qué me convierta en serpiente y me esconda en algún sitio mientras tú das un millón de explicaciones sobre intentar encauzar de nuevo la ciudad del pecado?

—¿Si les presiento? Algo así... les quiero lejos, muy lejos de ti. No puedes volver ahí abajo.

—¿No crees que esta vez tendrán ese patito de goma preparado?

Aziraphale sonríe.

—Quizás, pero... —le mira de reojo otra vez y se sonroja un poco—. ¿Cómo imaginas tu liarla un poco más?

Crowley se so roja un poco porque bien que lo sabe pero se encoge de hombros fingiendo que no.

—Algo se me ocurriría.

—Quizás podríamos... —empieza y sonríe un poco de lado—, solo... con fines de entretenimiento. Hacer un día un... ensayo.

—¿Por?

—Quiero saber qué desastre harías sin que necesariamente estén aquí para presenciarlo —se ríe.

—Convertirme en serpiente y esconderme en tus pantalones para estar seguro de oir tus excusas —miente, aunque esa también es una buena idea.

—¿E-En mis pantalones?

—Por la pernera —señala con la cabeza—, es un buen lugar.

Aziraphale se sonroja un poco solo de pensarle enrollado en su pierna como serpiente.

—Eso sería... raro.

—Más raro sería hacerlo sin estar convertido en serpiente —estos chistes solo te hacen gracia a ti, querido. Las cejas del escándalo otra vez.

—Eso sería absurdo del todo, Crowley —mira a la carretera, en esa postura de incomodidad que suele tener mientras el demonio se sigue riendo—. ¿Cuántas horas más de... desierto tenemos que recorrer? —vuelve a protestar irritadamente solo porque se ha puesto nerviosito.

—A esta velocidad, veinte minutos... a la que tu querías ir... unas cuatro.

—En realidad NO deberías ir arriba del límite de velocidad. Bad demon! Lo que debías era... dejarnos más cerca.

—Perdóname, señor, pues he pecado —suelta en un falso tono dramático y exagerado hasta le punto burlón.

—¡Deja de invocar seres supremos! —protesta en ángel sobre sus risas—. I'm just... thinking. En este asunto de las vacaciones como tal. Creo que nunca lo hemos hecho.

—Pues porque no has querido, mira cómo te pones por unas fotos en St. James.

—Pues es que hasta hace solo unos días, tú y yo jugábamos en equipos contrarios, Crowley. Vamos a decir qué hay cosas que sí que han cambiado después del Apocalipsis fallido y... esta es una. Pese a todo.

Arruga la nariz y niega con la cabeza.

—No te engañes, angel. Siempre estuvimos de nuestro propio lado con el acuerdo de balancear acciones. Yo provocaba la peste, tú les dabas la penicilina, escribíamos los informes, unas palmaditas a la espalda y a casa para cenar. Tú sabías que al final quedaba la cosa equilibrada, el mundo tenía sus tiempos interesantes y hasta te daba tiempo a tomar el te. Podrías haber matado esa rata igual que yo podría haber desaparecido esas bacterias.

—Ya lo sé. Ya lo sé... solo es que... bueno. Técnicamente hacíamos el trabajo de esa forma balanceada y todos eran felices... hasta el punto en el que hacer el trabajo de la forma balanceada, implicó un baño de agua bendita y una pira de fuego demoníaco. Y eso hace una enorme diferencia.

—Lo que digo es que si tienen que condenarnos, va a ser lo mismo por una acción que por mil... ¿por qué no hacer un millón e ir ahí como leyendas?

Aziraphale se humedece los labios.

—Sí... de hecho es... llevamos demasiado tiempo con consideraciones, haciendo el trabajo de manera, ehm, medianamente aceptable, para que al final, la única vez en la que se hizo bien y se evitó lo que parecía inevitable... nos condenarán.

—Exacto —sonríe.

—Es momento de... Bueno, de considerarles un poquito menos a ellos y... Considerarnos más a nosotros.

—Estoy de acuerdo —asiente mirándole de reojo. Aziraphale estira una mano y... con bastante cuidado, le quita los lentes de sol. Crowley cierra los ojos un poco, dejándole.

—Hay más de esas en la guantera, si de repente te han dado ganas de tener un poco más de estilo.

—No... lo que... prefiero es que seas tú el que no las traiga —confiesa y e sonroja un poco más aún, bueno, vamos, que ya estaba ligeramente sonrojadillo al quitársela y Crowley medio sonríe pensando que es muy mono.

El ángel se aclara la garganta y... las dobla poniéndolas en el asiento entre ambos.

—¿Hay un Ritz aquí? —bromea un poco.

—Creo que no. Si eres capaz de no estropear mi teléfono, te lo dejo para que lo mires.

—Yo no suelo estropear cosas, darling —extiende la mano hacia el para que se lo dé. Crowley lo busca en su bolsillo y se lo tiende.

—Cuatro cero cero cuatro.

—Hmm... Uno que esperaba seis seis seis seis... —lo escribe en la pantalla con cuidado.

—Es el año en que se creó el mundo.

—Una muy tierna conmemoración... —sonríe más—. A ver... restaurantes... los mejores restaurantes en Las Vegas.

—Eso está en el busca... el icono que parece una redonda de colores.

—Ah, pensé que... pensé que le hablaba, como tú siempre le hablas al teléfono —protesta un poco buscando la bola de colores.

—Es que ya me imagino como le vas a hablar tú al teléfono...

—Como te hablaría a ti... si fueras idiota.

—"Primero que todo... Buenas tardes, Siri, ¿cómo estás? Yo me encuentro bien, gracias por preguntar, querida. Estaba pensando en si podrías recomendarme algún restaurante en las Vegas, porque verás, está tarde he decidido decirle a Crowley que nos vayamos de vacaciones y..." —empieza a imitarle.

—¿Pues qué no te han dicho a ti que en el pedir está el dar? Y... no hablo así —pica la bola que dice en la pantalla.

—Pero no es así como se le habla a un teléfono.

—Vale, vale... No le hablamos al teléfono... Lo siento, querido, no te sientas excluido —dice, hablándole al teléfono.

Crowley le mira de reojo con un poco de vergüenza ajena, pero...

—Bien. Escribo entonces aquí en esta pequeña máquina de escribir, ¿verdad?

—Escribe solo lo que quieres que te muestre, no le escribas una carta como si fuera una persona.

—¿Alguien llama a esto "teléfono inteligente"?

—¿Porque no iba a llamarlo así?

—¡Porque esto no es inteligente! —protesta un poco... y ahora prepárate a que se tarde un buen rato en escribir lo que quiere. Hasta saca la lengua un poco mientras lo hace.

El demonio le mira hacerlo queriendo darse golpes de cabeza contra el volante.

—Y por eso es que no te escribo mensajes.

—Mhm... —responde Aziraphale sin hacerle el más mínimo caso.

Crowley se echa un poco para atrás para ver lo que está escribiendo.

"Please show me the best retaurants in Las Vegas that Crowley may like as well"

Ojos en blanco aunque se le escapa un poco la sonrisa.

—¿Ahora qué hago?

—Dale al icono que parece una lupa en el teclado.

—¿Una lupa? Esto no tiene ningún sentido —se acerca un poco el teléfono a los ojos—. ¿Cuál lupa?

—Una lupa dibujada, es para indicarle que debe buscarlo.

—Hmm... Esto con un poco de imaginación es una lupa —lo pica.

Crowley frunce un poco el ceño concentrándose en hacer que él teléfono responda a él igual que hace que el coche responda a él y hace, solo por ver la cara de Aziraphale, que lo que muestre sea el resultado de imágenes de google de buscar "porno gay".

Las cejas de Aziraphale y... el SONROJO.

Oh, my... ehm... hay... los restaurantes en Las Vegas parecen de espectro un poco amplio.

—¿Por qué lo dices? —Crowley se muere de la risa intentando no hacerlo.

Aziraphale le mira, mira al teléfono, le mira otra vez. Carraspea.

—Estoy muy seguro de que esto que está aquí no son restaurantes que podrían gustarle a Crowley... oh...

—Espera, ¿qué? —protesta cuando oye a la conclusión que está llegando.

—No sabía que este era el tipo de cosas que te... Bueno. Hmm...

—¿De qué estás hablando? —aprieta los ojos y hace que el teléfono muestre el resultado correcto de la búsqueda. Aziraphalel le está mirando a él ahora, no al teléfono.

—Supongo que el teléfono sí es lo bastante inteligente... —ahí le tienes sonriendo un poquito, no tan cómodo como querría estar, sinceramente. De hecho aprieta los ojos y tiene que sacudir la cabeza imaginando un par de cosas con esos muchachos que ha visto en la pantalla... y Crowley.

—No sé de qué me hablas ahí solo hay una lista de restaurantes.

—Hay un montón de hombres desnudos —mira el teléfono otra vez y ya no están, claro.

—Hombres... desnudos —repite lentamente.

Aziraphale parpadea... completamente sorprendido y escandalizado, soltando el teléfono.

—¡Estaban ahí! ¡Jovencitos!

—Jovencitos, además... —es que le hace una gracia... medio muerto de la risa otra vez.

—Pues eran bastante jóvenes y... yo he... Crowley!

—¿Qué? —suenas muy poco inocente mientras intentas no morir de la risa.

—¡Le has dicho tú que hiciera eso! —protesta avergonzadito.

—¿Yo? ¡Pero si estoy conduciendo!

—No, no, no... Ni te creas, Snake, que voy a creerme eso.

—Tiene un dispositivo experimental de lectura de mentes.

—Yo DEFINITIVAMENTE no estaba pensando en eso.

—Pues te lo habrás imaginado todo. Lo que nos devuelve a un tema... interesante.

Aziraphale levanta las cejas con la palabra devuelve, aún escandalizado con esto, tomando el teléfono otra vez

—¿Ah... sí... ?

—Pues en otro momento estoy seguro que te habrían aparecido pasteles pero... esto crea un par de preguntas.

—Estoy SEGURO de que esto no ha sido mi culpa —insiste en protestar, cerrando igual los ojos, nerviosito con el tema—. ¿Cuáles preguntas?

—¿Por qué de repente estás pensando en jovencitos?

—No estoy pensando en... jovencitos —asegura pensando sinceramente que ya no estás tan jovencito, Crowley y sonrojándose genuinamente con eso. Como el teléfono le muestre ahora a Crowley y sus ojos y su sonrisa... así totalmente cerca.

No, eso no va a pasar, desgraciadamente.

—Eres tú quien lo ha dicho.

—He dicho que los que estaban ahí eran jovencitos desnudos. Y he escrito ahí que quería ver algo que te gustara a ti, lo cual... bueno. No lo sé. Me hace preguntarte a ti por qué estás pensando en jovencitos.

—¡No es así como funciona el teléfono! —protesta.

—Pues como sea. Tampoco parece estar funcionando bien porque en lo que estoy pensando no está ni tan joven ni tan desnudo —sentencia viendo de nuevo la pantalla.

—¿En qué estás pensando?

Aziraphale se sonroja un poco y le mira de reojo. De verdad, esta mirada lo dice TODO.

—Bueno... en que estamos de vacaciones. Y...

El Bentley ayuda haciendo que suene Crazy little thing call love.

Gracias, Bentley, por hacernos sonrojar.

Porque si alguien se cree que las fangirls y algunos fanboy son terribles y los shippean desde siempre, él lo hace desde 1926.

—E... Entonces... —Crowley se pierde un poco en su discurso y los ojos azules del ángel, la verdad. Va a venir otro camión y veréis...

—Y estamos aquí sin... ninguna razón. Y quiero que lo pases bien tú también.

—Yo lo paso bien contigo, angel.

Es que le hace sonreír con esa respuesta, idiotizado.

—Yo... seguramente debería pasarlo mucho más mal contigo de lo que lo he pasado nunca —y ahí está su corazón acelerado, tal como dice la canción.

Crowley parpadea un par de veces porque las dobles negaciones y mira la carretera por instante acordándose y en el último segundo da un volantazo para no pasarse la salida que lo acaba echando sobre él.

Pues ahí se le cae bastante bien por encima.

Lo único que consigue es levantar el brazo para que se le caiga sobre el pecho y no darle un codazo huesudo, pero la inercia a esta velocidad y tremenda y toda la salida de la autopista da una bueeeeeeena vuelta.

Yo creo que el Bentley está ayudando... no es por nada. Ah, puede. Sí. Definitivamente podría. Sí, creo que sí.

No me atrevo a decir que es la primera vez que están TAN cerca, porque no lo creo. Pero la verdad es que hace tiempo que no lo están.

Lo bueno es que el brazo se va a quedar ahí cuando recuperen la verticalidad. Seguro que puedes oler su colonia nueva... o quizás ha vuelto a la vieja. Y peor aún, se le esconde un poco en el cuello porque maldita sea con estas vueltas, van a matarse un día de estos.

Estúpida Old Spice. Bueno, mejor eso a oler a siete machos, es una loción horrenda que hay México, esotérica, de esas que quitan hasta el cáncer y dan vigor sexual.

Lo que no sé es cómo te vas a quitar a Aziraphale de ahí, la verdad. Pueden ir ahí los dos en silencio oyendo Somebody to love hasta entrar en la ciudad.

¡No deberían estar haciendo esto! Pero es que mira qué bien se está aquí. La verdad... es que... parece que ya van a entrar a la ciudad, pero el camino repentinamente se hace laaaaaaaargo.

Crowley le mira de reojo conduciendo con solo una mano porque... ahora ya sabes porque no aparecisteis más cerca.

¡Es que está abrazándole! No quiere llegar en lo absoluto.

El demonio le aprieta más contra sí porque nunca hay mucho contacto físico y mucho menos así de afectivo, pero maldita sea que podría acostumbrarse a ello.

Y es que le pone una mano en el brazo. Casi sin pensarlo. La verdad es que él ya se está acostumbrando a esto.

Pues nada, podemos hasta dar un par de vueltas a la ciudad entera. ¿O que tal si volvemos a Montecarlo así ahora?

—Quizás deberíamos llegar ya, ¿verdad? —pregunta un poco avergonzado después de un poco de tiempo, sintiéndose culpable de tenerle así, ahí, quizás... ni siquiera quiere estar abrazándole así.

—Mmm? —pregunta porque estaba planteándose lo de ir a Montecarlo... y mirándole los rizos perfectos y pensando en qué pasaría si le diera un beso en la cabeza.

—Podríamos... ver el atardecer...

—¿Dónde?

—No sé... —es que, ni siquiera sabe qué hora es... vamos, ni siquiera sabe dónde está el sol. Le acaricia un poquito el brazo.

Crowley mira por la ventanilla y hace un par de cálculos rápidos sobre qué hotel debe tener mejores vistas del desierto desde la azotea y se dirige hacia ahí porque si Aziraphale quiere ver el atardecer, más le vale al sol empezar a ponerse. Aunque seguro deben ser así como las cinco de la tarde porque luego los británicos.

—Crowley...

—¿Mjm?

Aziraphale le mira de reojo un poquito

Thank you.

—Ugh —protesta porque caaaada maldiiiiita veeeeez le da las maldiiiitas graciaaaaas

—No, no... es que... seguramente si fuera solo por mí, el mundo se habría acabado.

—De hecho, si lo analizamos con calma, no es que ninguno de los dos hiciéramos demasiado a la causa. Entre lo de equivocarnos de niño y luego... todo lo demás.

—Quizás... quizás no se habría acabado el mundo. Vale. Pero sí se habría acabado mi mundo.

—Bueno, te descorporizaron y quemaron tu librería...

—Me refiero a dejar de hablarte. Si no fueras tu tan... insistente.

—Ah, bueno. Tras oírte decir que no quieres saber nada de mí y acabar metido en problemas una y otra y otra vez solo para que vaya a tu rescate, he aprendido cuando hablas en serio pero en realidad no quieres decir lo que dices.

—No funciona precisamente así —protesta apretando los ojos y sonrojándose. Crowley se ríe—. Igualmente... has ido por mí. Ningún ángel ha ido nunca por mi a menos que necesite algo.

—Bueno, sobra decir sobre las acciones de los demonios en general pero... tú y yo somos amigos, ¿no?

—A veces creo que lo dices solo para que te diga que no y puedas gritar de vuelta "Claro que síiiii"—le imita.

—Lo digo para que tú digas "claro que síiii" —replica.

—No somos... propiamente amigos.

Suspira, oootra vez el discurso. "Yo soy un ángel y tu eres un demonio, Crowley, somos enemigos naturales" suena en falsete en su cabeza. Vale, vale. Whatever. Menos mal que están entrando al parking.

—Creo que somos más que amigos —determina justo cuando se les acerca un muchacho, que es el valet parking.