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"One Day"

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P.o.v Sanji

Once de la mañana ya y aún seguía esperando una llamada de parte de Law, este estaba tardando demasiado en volver de su trabajó y tampoco contestaba su móvil, me tenia de los nervios yendo de un lado a otro mirando la pantalla de mi celular cada vez que este vibraba me enojaba al ver que tan solo era una notificación de alguna aplicación.

-No, tengo que cumplir con lo que prometí, esta vez no saldré a buscarle-. Pronunciaba una y otra vez mirando el reloj colgado cerca de la puerta de mi habitación.

-Hace que me preocupé y después dice que soy un exagerado-. Bueno quizás si lo era, pero estando rodeado de gente tan irresponsable e infantil había que mantenerse al menos uno como la figura adulta y madura del lugar.

Ya cansado de esperar tome mis cosas dispuesto a salir para ir a mi trabajo cuando la puerta impacta contra mi cara en el momento en que iba a girar la perilla.
--Kuroashi-ya, he vuelto-. Cubrí mi nariz adolorida con ambas manos tratando de evitar soltar algún improperio.

--Si, ya me di cuenta-.

--¿Estás bien?-. Ignore su pregunta aún sobando mi nariz adolorida.

-Prometiste llegar temprano hoy, pensé que lo harías, estuve media hora marcando a tú celular, estaba comenzando a preocuparme-.

-Deberías dejar de preocuparte tanto estoy bien, hoy no tuvimos demasiado movimiento en el hospital y para que sepas después del trabajo pase a la casa del sombrero de paja-.

-¿Fuiste a ver a mi bella Nami?, ¿cómo estaba ella?, ¿sigue igual de hermosa cómo siempre?, aún no entiendo como?pudo casarse con ese idiota de Luffy-.

-Solo estas celoso, Nami ama a Luffy-Ya, además no es su culpa de que ella nunca se fijara en ti-.

-Bueno si, tienes razón, pero eso ya paso, ahora con tal de que mi Nami-San sea feliz podría soportar que este con ese imbécil-.

-Igual todos sabemos que lo aprecias y que ambos son muy buenos amigos-.

-... Me tengo que ir, no quiero llegar más tarde y tener que escuchar otro discurso sobre que tan importante es llegar a tiempo y que tan irrespetuoso es no hacerlo, el viejo puede estar horas hablando de lo mismo-. El moreno soltó una leve risa, se despidió con un perezoso movimiento de cabeza mientras se lanzaba sobre el sofá.

Acomode mi bolso sobre mi hombro izquierdo y salí corriendo del departamento, quedaban al menos unos quince minutos para que comenzará mi turno en el restaurante de Zeff, uno de los mejores locales de comida de la ciudad; pero con esto no me refiero a uno de los más destacados gracias a su servicio al cliente si no en comida, porque con el humor de ese viejo y de sus camareros era imposible que esas cinco estrellas que tanto presumían sus trabajadores pudieran mantenerse.

Luego de unos cuantos minutos corriendo por más de cinco o seis cuadras, pude ver desde la distancia las pequeñas banderitas que adornaban el restaurante y aquellos carteles junto a las brillantes cinco estrellas que relucían en la parte delantera del local.

-BASTARDO, DE NUEVO HAS VUELTO A LLEGAR TARDE-. Se escuchó gritar a Patty quien al parecer había salido a acomodar el cartel pequeño en el que se encontraba el menú del día.

-No es algo que debería importarte demasiado, es mas el día en el que él viejo te pida hacerlo dime así yo llegare aún más tarde que ahora-. Me burle del mayor quien no se veía para nada molestó con la respuesta.

-No puedo creer que Zeff allá contratado un mocoso tan insolente e irresponsable como chef principal-. Todos los días era lo mismo, encontrarme con Patty a la entrada del restaurante, discutir un poco de forma amistosa, o lo que nosotros llamábamos amistoso. Normalmente terminábamos insultandonos un poco más llamándonos de todo, siendo que en el fondo ambos sentíamos aprecio por el otro, aunque aún no lograba entender como alguien como el había llegado a ser el segundo mejor cocinero del lugar, los demás decían que era gracias a su amistad con el viejo.

-Sanji-kun deja de soñar despierto por un rato y ayúdanos aquí-. Uno de los cocineros quienes siempre iba a vigilar que a ninguno de los dos se nos pasará de las manos los insultos salió y me lanzó uno de los delantales que guardaban en la cocina como repuesto en caso de que alguno perdiera el suyo. Entre por la puerta trasera donde estaba la cocina, mi hermosa cocina, tan limpia y reluciente, los exquisitos aromas que de ella se desprendían con cada plato que en ella se preparaban llenaban mi día a día, amaba tanto cocinar que una vez me concentraba en la preparación de un plato olvidaba por completo todo lo que me rodeaba, eramos los ingredientes y yo.

-Sanji-kun luego de que termines de preparar esas ordenes que están en el mesón Zeff quiere hablar contigo, así que termina de una vez y ve a hablar con él-. Mi ensoñación acabó en ese mismísimo instante, quizás quería darme uno de sus típicos sermones de responsabilidad o quizás por coquetear mucho con las clientas; es inevitable las damas son mi debilidad.

Luego de hacer unos diez u once platillos me quite el delantal dejándolo de vuelta en su lugar, despidiéndome de Patty y de los demás para luego subir hacía la oficina del viejo cascarrabias. Cada escalón que subía traía consigo una sensación de mal augurio llegando a hacerme pensar en que podría haber hecho mal los días anteriores para que el viejo me llamará a su oficina.

-Con permiso--. No había necesidad de tocar la puerta, después de todo fue el quien me mando a llamar y sabia que iba a venir, además de que estaba acostumbrado a llegar y entrar a su oficina aún cuando recibía un regaño cada vez que lo hacía.

-Tú y tus malditos modales, ¿nadie te enseñó a tocar la puerta antes de entrar?--. Hay vamos de nuevo con mis modales.

-Perdón, pero la puerta estaba abierta y además, ¿quién fue el qué me mando a llamar?--. Me gustaba contradecirlo, era tan gracioso ver su cara de enojó. Soltó un suspiro algo cansado mientras se levantaba de su asiento y caminaba hasta quedar frente a mi.

-Contigo no se puede--. Pude ver en su rostro una leve sonrisa; o eso pienso que era. Iba a seguir molestandolo cuando alguien atrás de mi tocio llamando mi atención, miré hacia atrás y pude ver que detrás mío había un hombre recostado en la pared, tenia el cabello verde y mantenía la vista pegada al suelo, parecía estar medio dormido.

-¡Ah! cierto, Sanji-kun, este joven es tu nuevo compañero o mejor dicho, tu nuevo ayudante ya que Patty no quiere trabajar más junto a ti-. El nombrado quitó su vista del suelo, camino en mi dirección y en ese momento cuando nuestras miradas se cruzaron pude reconocerlo.

-Mucho gustó kuroashi Sanji, mi nombre es Roronoa Zoro-.