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Ella

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Tocas su cabello suavemente y buscas su mirada con la tuya, ella mira hacia abajo y suelta una pequeña sonrisa.

“Que ansiedad, ¿Cómo hueles rico siempre? ¿Cómo haces?”

Te ríes y sabes que tus mejillas están sonrojadas por su comentario.

“Y tu piel, es demasiado suave.”

Quisieras ser tan valiente como ella, decirle que su aroma es tu aroma favorito, que su piel es lo más delicado y suave que has tocado, que toda ella es el diseño más perfecto que han visto tus ojos. No eres tan valiente ni tan buena con las palabras, miras hacia abajo y le regalas una sonrisa en la que tratas de mostrarle todo lo que tu corazón siente por ella y todo el amor que con sus palabras te demuestra. 

“¿Estás bien?” Te pregunta mirándote a los ojos, tu corazón late más fuerte que nunca.

“Estoy nerviosa.” Le dices sinceramente.

“Yo también.” Se queda callada unos segundos y continua. “¿Quieres... Quieres que paremos… Que-“

“No.” La interrumpes antes de que termine, lo último que quieres es parar.

“¿Segura?” 

“No, no quiero. No quiero que paremos.” Le dices con el tono más convincente que puedes.

“Ni yo, así que…” Se muerde los labios y puedes ver en sus ojos que ella también está segura de querer esto.

“Este es el momento perfecto para darnos cuenta de lo que sentimos.” Sonríen y ella pega su frente a la tuya.

“Ven, tengo una idea.” Te toma de la mano y te guía hacia el baño de su cuarto con una sonrisa nerviosa pero pícara. 

“¿Qué?” Le preguntas, aunque tienes una idea bastante clara de lo que tiene planeado.

Valentina abre la llave de la regadera y ambas ríen por lo absurdo del momento, son dos mujeres que jamás pensaron estar en una situación como esta, dos niñas que se enamoraron sin darse cuenta y ahora están aquí, descifrando estos sentimientos y aprendiendo a amarse la una a la otra.

Nunca antes habías sentido algo así por alguien, mucho menos había pasado por tu cabeza que llegarías a sentirlo por una mujer. Jamás estuviste cerrada a esto pero tampoco era algo de lo que hablaran en tu casa o que fuera bien visto por tu familia. Aún tienes miedo de estar sientiéndolo pero al mismo tiempo es algo tan fuerte que no puedes ni quieres dejar pasar sin haberlo intentado. 

Además, estás segura que algo tan bonito como lo que sientes por ella no puede estar mal. 

Es algo tan puro, esta conexión instantánea que hay entre ustedes, es sentirte en casa cuando la miras y querer protegerla de cualquier cosa. Es pensarla día y noche, extrañarla cada que no está contigo y querer tenerla entre tus brazos todo el tiempo. No hay manera de que este sentimiento sea incorrecto cuando te hace tan feliz.

Valentina toma tu blusa y empieza a levantarla acariciando tu cintura, tú levantas tus brazos para ayudarle a quitártela, y haces lo mismo con la de ella. Se separan unos segundos mientras cada una se quita el pantalón. En varias ocasiones han estado frente a la otra en ropa interior pero esta vez todo se siente muy diferente. Es como si todo se intensificara a la máxima potencia porque saben lo que viene. Saben lo que está a punto de pasar. Ninguna de las dos puede dejar de sonreír y aunque sabes que son risas de nervios, no puedes evitar agradecerle al mundo, al destino o a lo que sea que las puso juntas, lo que está pasando en estos momentos.

Te toma de la mano y entran a la regadera. El agua caliente sobre tu cuerpo te relaja instantáneamente y piensas que Valentina tuvo la mejor de las ideas para sentirse más seguras.

Empiezan las caricias, las miradas coquetas y los dedos juguetones recorriendo los brazos, las cinturas, el cabello. 

Valentina es tan delicada contigo, sus dedos trazan el contorno de tus labios y después acarician tu cabello suavemente. Todos sus movimientos son lentos, precavidos.

Ella siempre ha sido perfecta, ella que ama tanto el contacto físico, ella que te abraza desde el comienzo de su historia, ella que siempre sabe cuándo tocar y dónde hacerlo, ella que no tiene miedo de expresar lo que siente con su cuerpo. Ella que te está enseñando a no tener miedo tampoco. 

Te empuja suavemente hacia la pared y tomas en tus manos su rostro, la llevas a tus labios y la besas como tantas veces habías deseado hacerlo. Al sentir sus besos te preguntas cómo es que has aguantado tanto tiempo sin hacer esto. 

El cariño que sientes por ella, la confianza que le tienes y la pasión que ha llenado tu cuerpo desde que entraron a su cuarto te invaden por completo, necesitas más.

Quieres besarla hasta cansarte, tocar cada centímetro de su piel, quieres amarla como se merece y hacerla sentir todo lo que ella te hace sentir.

Bajo el agua todo el mundo desaparece, solo importan ella y tú. Tocas su piel suave, entrelazas tus dedos en su cabello largo y respiras su aroma a... a Valentina, no sabes de qué otra forma describirlo, es una mezcla deliciosa. Es un aroma tan único y tan suyo.

La acercas a ti, la miras fijamente a los ojos y por unos segundos te pierdes en la inmensidad de ese azul. 

“Te quiero, Val.” Sus ojos brillan al escuchar esas palabras salir de tu boca. Ella siempre ha sido la más expresiva de las dos, en más de una ocasión has envidiado la facilidad que tiene para hacerte feliz con sus palabras, quisieras que para ti fuera tan sencillo, sabes que ella es la persona más paciente del universo contigo pero hoy, más que nunca, necesitas ser lo suficientemente valiente para hacerle saber lo importante que es para ti y lo agradecida que estás de que te haya elegido.

“Yo también te quiero, Juls, neta no tienes idea de cuánto.”

La abrazas fuertemente y bajas tu cabeza a su cuello, sus palabras te derriten, como siempre. Te escondes en su cuello y le das pequeños besos y en cada uno de ellos esperas estarle transmitiendo que ese sentimiento es recíproco.

Toma tu cara y te besa nuevamente. El tiempo parece haberse detenido, no sabes cuantos minutos llevan dentro del baño, besándose y acariciándose. Sus respiraciones cada vez están más agitadas y sientes como si tu cuerpo fuera a explotar en cualquier momento. Quieres continuar pero no sabes cómo y no quieres arruinar esto.

Exhalas fuertemente luego de un beso largo y buscas su mirada.

“¿Qué pasa, chiquita? ¿Quieres parar?”

Cierras los ojos y sientes los nervios volver a ti. “No quiero parar, al contrario.” Le dices y abres los ojos para encontrarte con una sonrisa en su rostro.

“¿Volvemos al cuarto?” Te dice sonriendo.

“Vamos.” La besas una última vez antes de voltear y cerrar la llave.

Valentina toma unas toallas y entre risas y besos se secan lo mejor que pueden. Intentas ayudarla a secar un poco su cabello para evitar que se enrede y la abrazas por detrás, "Gracias."

"¿Gracias de qué, Juls?"

"No sé, gracias por todo, por hoy, por estar, por ser tú."

"¿No se supone que yo soy la cursi de las dos? Además, debería ser yo quien te agradezca por ayudarme a secar tanto cabello."

"Me fascina tu cabello. Y... creo que por hoy las dos podemos ser cursis." La tomas de la mano y la llevas a su cama, te sientas y abres las piernas para que Valentina se pare frente a ti.

“Te ves hermosa.” 

“Gracias.” Le contestas sonrojada, te mueves hacia atrás para acostarte sobre sus almohadas y la jalas de las manos para que se acueste a tu lado. “Vamos a mojar tu cama, Val.”

“Créeme que ahorita lo que menos me importa es la cama.” Te sonríe y no puedes creer lo perfecta que es.

"¿En dónde nos quedamos?" Le preguntas y la tomas del cuello para besarla otra vez.

Te devuelve el beso introduciendo su lengua en tu boca, acariciando la tuya y dejando salir ligeros gemidos. Te acuestas boca arriba y la jalas hacia tu cuerpo hasta tenerla sobre ti. Se miran fijamente. 

Con sus manos recorre tu cara y poco a poco va bajando hacia tus hombros hasta llegar a los tirantes de tu bra.

“¿Puedo?” Te pregunta en voz baja y mirándote a los ojos.

“Si.” Asientes ligeramente.

Sientes los tirantes deslizándose por tus brazos y sus dedos acariciando tu espalda hasta llegar al broche, se atora un poco y ambas ríen.

“Pensarías que por tantos años usando uno sería mucho mejor para desabrocharlos.” Te dice con una sonrisa y le regalas una también. Cuando lo desabrocha la ayudas levantando tu cuerpo para que pueda quitarlo.

Es la primera vez que estás así frente a alguien y aunque creías que estarías nerviosa e incluso avergonzada de estar desnuda, o casi desnuda, frente a ella, Valentina te mira como si fueras arte y te hace sentir tan confiada y segura que la dejas admirarte y recorrer con sus ojos tu cuerpo por el tiempo que quiera.

Lleva sus manos lentamente hacia tu cuerpo y sabes que ese tiempo que se está tomando antes de tocarte es para darte un out, para que detengas algo si no estas segura o si algo no te está gustando pero tú tienes tantas ganas de sentirla que no hay manera de que la detengas por nada del mundo.

Sentir sus manos sobre ti te hace estremecerte. Cierras los ojos y sientes sus labios en tu cuello, en tu clavícula. Te besa como si fueras lo más delicioso del mundo y por unos minutos la dejas y disfrutas de todo el placer que te da.

“Quiero verte yo también, Val.” Despega sus labios de ti y por un instante te arrepientes de haberlo dicho pero luego está desabrochando su bra y lanzándolo al suelo en segundos y te quedas hipnotizada por lo que está frente a tus ojos. ¿Cómo es posible que cada parte de su cuerpo sea aún más perfecta que la anterior?

Se acuesta sobre ti nuevamente y la besas con más pasión de la que creías ser capaz. La giras para quedar sobre ella y empiezas a besarla y acariciarla como ella lo hizo. Llegas hasta sus pechos y no puedes evitar admirarlos, nunca habías pensado que ver el cuerpo de una mujer pudiera provocar tantas cosas en ti.

“Eres lo más bonito que he visto, Val.” Su piel es tan clara que es imposible ocultar su sonrojo, cubre su cara con sus manos y te da una sonrisa. Llevas tus labios a uno de sus pechos y tu mano al otro.

Te pierdes en su piel y los sonidos que salen de su boca te hacen querer quedarte ahí para siempre. Pone sus manos sobre tu cabeza y te abraza aún más a su cuerpo. Arquea su espalda al mismo tiempo que suelta suaves gemidos. “Juls.” Tu nombre sale su boca al mismo tiempo que jala tu cabello con un poco más de fuerza. 

“Ven, Juls.” Te jala nuevamente para que subas hasta quedar frente a su cara y te besa. Labios, lengua, dientes. Probablemente es el beso más salvaje que te ha dado y tú lo disfrutas y lo regresas con la misma intensidad.

Una de sus manos baja hasta tu espalda y sientes sus dedos rozando tu ropa interior, esperando que le des tu aprobación para continuar. En un momento de valentía te despegas de su cuerpo y te quitas la última prenda que tenías. Te arrodillas frente a ella y empiezas a bajar la última prenda de su cuerpo, hasta que recuerdas que no has tenido su aprobación y buscas sus ojos. "No te detengas." Te susurra suavemente mientras terminas de remover la prenda. 

La miras y dejas que ella te mire a ti, conociéndose y reconociéndose. Estás sintiendo demasiadas cosas al mismo tiempo y por unos segundos te sientes abrumada. Valentina se da cuenta al instante. “¿Sigue todo bien, Juls?”

Asientes y te recuestas sobre ella, piel con piel. No puedes creer que estás así con ella, es como un sueño y a la vez es lo más real que has sentido en la vida. “Todo está perfecto, Val.”

Te sonríe y te besa, te gira delicadamente para quedar sobre ti, acacia tus brazos, tus pechos.

Una de sus manos empieza a recorrer tu abdomen y sientes como va contrayéndose, tu piel se pone chinita al sentir sus dedos, no puedes creer lo que está a punto de pasar. Nunca antes habías imaginado cómo sería tu primera vez con alguien pero aquí, con Valentina, es mucho mejor que cualquier sueño que hubieras podido tener.

Sus dedos se detienen al llegar a tu ombligo, sientes su pulso acelerándose y la tomas de las mejillas para traerla nuevamente a tus labios. Con tu otra mano tomas sus mano y la diriges hacia abajo, "¿Segura?"

"100%" le dices antes de besarla, recorres su espalda con tus manos mientras sientes su mano deslizándose un poco más y al fin llega, ese primer contacto que tanto anhelabas. Exhalas y mandas tu cabeza para atrás, hay muchísimas sensaciones nuevas recorriendo tu cuerpo, todo se siente como si fuera demasiado y al mismo tiempo nada es suficiente, quieres más de ella. Más besos, más caricias, más miradas, más te quieros.

Te das cuenta que lo que sientes por ella no es algo pasajero, no es un cariño de amigas, ni un crush de adolescente, estas enamorada.

La amas como nunca imaginaste amar a alguien y por alguna razón que aún no logras entender, este ser humano tan increíblemente maravilloso te ama también a ti.

Sus dedos comienzan a moverse experimentalmente, lento, suave. En sus ojos ves el asombro y la concentración, entonces recuerdas que para ella también es algo nuevo.

“Así, Val, sigue.” Y eso hace, sigue tocándote, cada vez un poco más segura, probando con diferentes movimientos, diferente presión, diferentes direcciones hasta encontrar las que más te gustan, las que te hacen respirar más rápido y apretarla más fuerte de la cintura, las que te hacen moverte con ella, siguiendo ese ritmo que impuso para ti y que tanto estás disfrutando.

De pronto baja sus dedos un poco más y descubres una nueva sensación, quieres experimentarlo todo con ella, entregarle todo lo que tienes.

Se miran mientras ella aplica presión. La sientes dentro de ti y además de las sensaciones físicas que está provocando, el saber que ahora sus cuerpos están conectados, hace que tu corazón se emocione aún más.

Todo se intensifica.  

Sigues sus movimientos con tu cadera y te pierdes en el placer que está causando en ti. Sientes sus labios de vez en cuando sobre tu cuello.

Te dejas llevar, solo ella existe aquí y ahora.

Ella. Y sus besos y sus manos y su voz y su piel y su aroma.

Sientes como algo va creciendo en tu interior, esa especie de fuego que nunca antes habías sentido. Estás cerca, necesitas solo un poco más.

“Val, Val, Val.” Parece como si te hubieras quedado sin palabras y su nombre fuera lo único que recordaras en estos momentos, buscas su mirada con tus ojos y cuando la encuentras y te pierdes nuevamente en ese azul…

“Ah.” Tus ojos se cierran por el placer que llega de pronto como un flechazo e invade cada centimetro de tu piel.

Sientes los espasmo en todo tu cuerpo, ella continua, alargando esa sensación hasta que se vuelve demasiado y aprietas su brazo.

Se detiene. 

Jalas sus brazos hacia tu cuerpo envolviendote en ella y disfrutando cada segundo de ese momento mágico que acabas de experimentar. 

Y entonces lo entiendes.

Ella es el significado de la palabra amor.