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Viaje de Verano

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CAPÍTULO II

 

—¿Entonces empiezas a grabar el viernes? —Temo le preguntó a Ari mientras seguía preparándose la cena. Su curso estaba resultado de lo más interesante y lo estaba disfrutando mucho pero una parte de él se sentía muy mal por no poder estar con Ari cuando grabara sus primeras canciones en un estudio de verdad.

—Sí, pero desde ahorita te digo Cuauhtémoc López, no quiero que estés tristeando por no poder estar aquí —Temo le sonrió a su novio. Se conocían tan bien. Era imposible ocultarle algo.

—¿Tú no te vas a sentir triste al no verme allí? —Temo observó como el semblante de su novio cambiaba un poco pero casi de inmediato pareció que Ari se animaba dándole una sonrisa tierna.

—Claro que sí. Pero te lo dije en Huatulco, quiero que los dos crezcamos como personas, admiro lo que haces, lo que piensas y cómo quieres hacer algo positivo por las personas. Tengo el novio más fregón del mundo —Temo sonrió. Sin querer presionó un botón que no era en la cafetera y toda el agua se había terminado derramando en su camiseta.

—Me lleva…

—Ey, ¿estás bien? —Ari prácticamente quería salir de la pantalla.

—Sí, esta maldita cosa que compró Diego tiene más botones que una nave de la NASA y me equivoque. Pero no te preocupes, es sólo agua.

 

Temo se quitó la camiseta y empezó a secarse con ella, cuando terminó la arrojó sobre la pequeña barra que usaban de comedor y luego regresó su atención al móvil. Al principio pensó que la señal había fallado pues la imagen de Ari parecía congelada pero luego se percató que no era precisamente eso. Ari lo estaba observando atentamente y su mirada parecía recorrer todo su torso. Por un momento, Temo, se sintió como si estuviera completamente desnudo frente a su novio. Tuvo el impulso de cubrirse con la camiseta que había dejado abandonada pero se contuvo, en vez de eso, bajó los brazos y clavó su mirada en la de Ari.

 

Se quedaron en silencio y, a pesar de la distancia, se formó en entre ellos un aura de magnetismo. Temo fue consiente del sonrojo que estaba empezando a desarrollarse en sus mejillas, también sentía la piel de su cuello dos grados más caliente que el resto de su cuerpo pero, aún así, no se movió pues no quería perder la magia del momento.

 

Antes de conocer a Ari nunca se imaginó que alguien pudiera expresar gusto por él. Nunca se consideró un chico atractivo o particularmente agradable. Sin embargo Ari se había fijado en él y su relación había llegado al punto en el que estaba en ese momento donde Temo notaba el deseo encendido en la mirada de su novio.

Notó que Ari quería decir algo, parecía que balbuceaba lentamente y Temo intentó pensar en decir algo que resultara remotamente sensual pero…

 

—Oye, Temo —cuando Temo escuchó la voz de Diego, cerró los ojos y evitó gritar de frustración —. Oh, perdón, no sabía que estaban haciendo eso. Aunque hay mejores lugar que la cocina…

—No, Diego, no es lo que parece. Tú cafetera casi me causa quemaduras de tercer grado. Me quité la camiseta porque estaba empapada —Diego hizo un gesto de exasperación.

—Drama hasta por el café —Diego se acercó al móvil de Temo y le saludó a Ari.

—¿Sabes? Deberías de cerrar la boca. Digo, ya sé que tu novio se cae de bueno pero disimula un poco —Diego rió cuando notó el sonrojó de Ari —. Bueno, cuando terminen de… hacer, lo que no estaban haciendo, ¿puedes ayudarme con mi ensayo de mañana? Sigo sin poder darle un buen enfoque.

—Sí, sí. Voy —Diego tomó la primera taza de café hecho por su lujosa cafetera y se marchó y con él también se fue el momento que estaba teniendo con su novio —. Lo siento —Ari negó.

—No te preocupes. De todas maneras ya tenemos casi dos horas hablando.

—Cierto —Temo sonrió — ¿Mañana a la misma hora?

—Claro, te amo Tahi.

—Te amo, Tahi.

 

*****

 

 

Ari se quedó mirando la pantalla del móvil. Las cosas se habían tornado interesantes y a la vez raras. Habían entrado en un terreno que no conocía y eso le hacía sentir nervios pero también con una sensación de querer explorar esas posibilidades que se le estaban presentado.

 

—¿Estás bien? —Ari parpadeó y se dio cuenta que Eduardo estaba llamándole —. Te pregunte si querías algo de comer y parecías en la luna —su mamá y Eduardo aún vivían en casas separadas pero estaba resultando una formalidad porque Lalo prácticamente se la pasaba todo su tiempo libre con ellos.

—Sí, bueno, digo… —Eduardo rió —. Quiero decir, cualquier cosa estaría bien.

—¿Algo de lo que quieras hablar? —Ari negó pero luego asintió —. Vaya, ¿es malo?

—No, sólo es… raro, no sé cómo describirlo. Hay temas de los que me siento cómodo hablándolos, vamos, ni siquiera con Temo que es mi mejor amigo y mi novio. Obviamente tampoco los puedo hablar con mi mamá —Eduardo asintió.

—Bueno, salta a la vista que no soy tu mamá y, sé que no tengo edad para ser parte de la tropa unidos, pero me gustaría ser tu amigo —Ari sentía cariño por Eduardo. Nunca intentó imponer su presencia, en cambio, se había ganado su lugar a base de demostrar el amor que sentía por su mamá, por Arquí y por él.

—Lo sé y te lo agradezco. Pero no sé si pueda. Digo, tienes razón, fuera de Temo, mis amigos son unos niños maravillosos pero no hay manera de que puedan ayudarme —Ari rió de manera nerviosa —. A veces me siento celoso de Temo y su amistad con Diego, no en el terreno romántico, sabes, más bien porque sé que ellos pueden hablar de esos temas y yo no tengo ningún amigo…

—¿Gay? —Ari asintió —. Se van a mudar, conocerás personas nuevas, no todos serán unos rotundos imbéciles como los chicos de tu colegio. Aunque hay temas que son delicados para tomar los consejos de los amigos.

—Sí, bueno, no me refiero a “la plática” —enfatizó las palabras—. Mamá nos la dio y fue también incómodo pero no me refiero a eso —Ari bajó la mirada y empezó a jugar con su celular como un intento vano de calmarse —. Cuanto estamos juntos, quiero decir, solos, Temo y yo… pues a veces tengo la inquietud de querer avanzar más y no sé si Temo también lo quiera, supongo que sí, digo, me parece que sí. Pero no sé cómo y todo resulta complicado, porque además he notado cosas que antes no y no sé porque, o seas, de pronto él me parece… bueno, no de pronto, porque siempre ha sido guapo pero ahora es…

—Ey, chico, respira —Eduardo rió —. Ya, entiendo lo que quieres decir —¿entendía? Eso sí era una novedad, pues ni el propio Ari se entendía a veces —. Todo lo que conlleva una primera vez suele darnos pánico y emoción. Son emociones bastante raras de sentirlas a la vez —Ari asintió —, todo lleva un tiempo para desarrollarse.

 

Ari empezó a pensar en el inicio de su relación con Temo. Al principio todo había sido un poco torpe. La transición de amigos a novios se había dado de manera lenta. La primera vez q tomó la mano de Temo fue para demostrarle a su abuela un punto pero al mismo tiempo nació la necesidad de tener más contacto físico con él. Los abrazos fueron más fluidos, los pequeños roces, dejaron de hacerle saltar para volverse parte de su intimidad.

 

La primera vez que le besó en la mejilla se dio cuenta que Temo necesitaba una afeitada y a la vez amó esa sensación en los labios. Después, en más de una ocasión, se preguntó lo que se sentiría besarlo si tuviera barba. Se vio tentado en decirle a Temo que se dejara de rasurar.

 

Y luego vino su primer beso. Aún lo recordaba y todo su cuerpo se estremecía de felicidad. Se había lanzado por los labios de Temo porque realmente estaba harto de la tensión y la frustración por los intentos que no habían terminado en nada. Cuando Temo le correspondió el universo tuvo un nuevo sentido. Ari supo, que a partir de ese momento, nunca podría cansarse de los labios de Temo López.

 

—Sí, tienes razón. A nosotros nos costó algo. Pero ahora es confuso para mí. Temo nunca ha ocultado que lo primero que le llamó la atención de mí fue lo físico —otra vez Ari sintió que se sonrojaba pero no estaba diciendo una mentira. Temo y él habían hablado del momento en el que se conocieron y fue halagador escuchar a su novio describiendo ese encuentro —. Yo en ese momento no sabía que era gay y creo que más que su género fui fijándome en su personalidad, en su forma de ser. La primera vez que lo vi consolando a Julio y a Lupita pensé que no podía existir un mejor hermano que él —Eduardo se sintió enternecido por el matiz de añoranza que había tomado el rostro de Ari cuando hablaba de Temo —. Luego, cuando salió del closet con su familia, lo admire tanto, aguanto como un campeón los berrinches de Julio, todas sus majaderías, todas sus faltas de respeto. Él nunca se quejó, él nunca le dijo nada, siempre puso la otra mejilla y nunca le guardó rencor.

—Temo es un hombre muy valiente —Ari asintió —. Tú también lo eres.

—Él me enseñó. ¿Sabes que al principio le mentí a mis padres con respecto a ser gay?—Ari negó divertido — Bueno, pensé que les estaba mintiendo.

—Sí, tu mamá me contó todo.

—Todo estaba mal. Mi familia odiaba a Temo. Mi abuela y mi papá le hacían grosería, tras grosería y él siempre se mantuvo integro. Nunca les respondió —Ari sintió de pronto que quería llorar recordando esos momentos tan turbios para los dos. Se tragó el nudo que se estaba formando en garganta y continuo —. Creo que fue en ese momento que me di cuenta que estaba enamorado de Temo. Yo fingía que era gay para apoyarle y él en lo único que pensaba era en que dejara de hacerlo porque estaba afectando a mi familia, a una familia que no se cansaba de humillarlo. Él me había confesado que estaba enamorado de mí y yo lo había rechazado. Pudo aprovecharse eso para odiarme, para lastimarme por haberlo lastimado primero, pero en vez de eso, sólo pensaba en mí. Él no quería que yo saliera lastimado. Lo he pensado muchas veces pero nunca se lo había contado a nadie.

—Son sentimientos muy profundos.

—Sí, los de ambos, digo, Temo lo tuvo más claros antes que yo. Supongo porque él ya sabía que era gay y yo fui asumiéndolo a medida que iba enamorando de él.

—¿Y ahora? —Ari volvió a bajar el rostro.

—Ahora, mi nuevo rompecabezas es que yo… cada vez lo veo más… atractivo y no sé cómo demostrárselo. Vaya, me pongo nervioso hasta hablando con él del tema —Eduardo le dio una palmada afectuosa en la espalda y Ari se sintió más tranquilo.

 

Ari guardó silencio y Eduardo pensó por un momento en lo que le hubiera gustado escuchar de su padre si es que hubiera tenido la confianza de acercarse a él para hablar de esos temas.

 

—Supongo que deben recurrir siempre a la confianza que se tienen Temo y tú. Al principio resultará abrumador pero les ayudará a decidir hasta donde quieren llegar. La intimidad va fluir, siempre pasa, el momento llega. Es normal que deseen cada vez más contacto físico entre ustedes porque se aman y, ésa, es una forma más de demostrarse su amor. Nunca tengas miedo de preguntarle, al final de cuentas, tú mismo me lo acabas de decir, Temo es, además de tu novio, tu mejor amigo. No todo mundo puede presumir eso.

—Gracias, de verdad, muchas gracias por escucharme y por lo que me has dicho.

—Gracias a ti por tenerme confianza, Ari.

 

****

 

—Cyrus, por favor, ven conmigo —Cyrus observó los folletos en las manos de Buffy. Al parecer Shadyside iba a tener una serie de actividades culturales ese fin de semana y eran promovidas por la UDub. Todo parecía muy interesante. El problema era que Cyrus no tenía deseos de asistir a ningún lado y menos por las razones que Buffy tenía; su amiga estaba intentando sacarlo de su estado de ánimo particularmente sobrio, parecía que no aceptaba del todo que lo que Cyrus necesitaba era tiempo.

—No puedo Buffy. Saldré con mamá y con Todd —no era del todo mentira. Su madre y su padrastro tenían que visitar a un familiar enfermo.

—Por favor Cyrus. No puedes recluirte. Quien sabe, tal vez en ese lugar conozcas personas interesantes.

—¿Lo dices por esto? —Cyrus señaló el folleto de la liga LGBT de la UDuB —. Buffy, gracias, pero no me siento cómodo hablando con desconocidos. Ni siquiera he salido del closet con mis papás y son terapeutas. Sólo dame un poco de tiempo, ¿ok?

 

Cyrus se dio media vuelta y se fue. Aunque Buffy seguía con la firme idea de que Cyrus necesitaba hablar con alguien que lo pudiera entender, con alguien que de verdad pudiera ayudarle y ella se lo conseguiría. Por algo eran los mejores amigos.