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Shinsou Hitoshi +

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Decir que Hitoshi estaba abatido era la subestimación del siglo, era más cómo que sentía que arrastraba su propia alma mientras regresaba al orfanato.

No es cómo si tuviera alguien esperándole, ya fuera para consolarle o burlarse, la mayoría de los otros huérfanos le hacían caso a la Institutriz y no se le acercaban, además de que muy pocos entendían lenguaje de señas. Sólo los más pequeños se atrevían a desobedecer y era dudoso que hubieran visto la trasmisión en vivo, ya que sólo contaban con una vieja televisión que rara vez funcionaba cómo debería.

De cualquier manera, no sabía si prefería que lo hubieran visto perder o no.

-"Hubiera preferido ganar"- pensó amargamente entrando al recto y horrible edificio que se veía obligado a llamar "hogar" eufemísticamente.

Ciertamente las palabras de sus compañeros del Curso de Estudios Generales y las de Midoriya habían logrado animarle en un primer momento, pero de nada le servían si no podía convertirse en un Héroe. Y nunca lo sería sin estar en el Curso de Héroes.

Suspiró.

Lo único que quería era dejarse caer en su diminuta e incómoda cama y no saber nada del mundo por al menos doce horas (querría no saber nada por el resto de su vida, pero debía ser realista).

El universo tenía otros planes, como siempre.

-Ohh, ahí estás Hitoshi, te estaba esperando- lo recibió la Institutriz con una sonrisa que le hizo estremecerse, sólo utilizaba ese tono cuando iba a ordenarle algo o había presente alguien que no supiera de sus… maneras particulares de enseñanza.

Odiaba cuando lo llamaba por su nombre, porque no era algo a lo que él hubiera dado permiso. No obstante, obedientemente señaló "Buenas tardes, Señora" con sus manos.

-Sígueme a mi oficina, cariño- respondió la Institutriz sin mover su sonrisa ni un ápice.

Contuvo otro estremecimiento e hizo lo ordenado. Uno iba a dar a la oficina de esa mujer sólo cuando estaba en serios problemas.

Por eso, su sorpresa fue mayúscula cuando vio a cierto adulto pelinegro sentado frente al escritorio de la Institutriz, tanta que olvidó que tenía prohibido hablar.

-A-Aizawa-sensei- dijo con voz algo áspera.

Nunca había tenido el gusto de ser enseñado por el hombre, pero admitía, con algo de vergüenza, que lo admiraba desde pequeño por su trabajo como Eraserhead (al menos por la poca información que había sobre él).

Inmediatamente se dio cuenta de su error y apenas pudo contener el impulso de voltear a ver a la Institutriz con miedo.

-Siéntate muchacho, tenemos un asunto que discutir- le dijo el mayor señalando la silla junto a la suya.

Un millar de posibilidades pasaron en el ojo de su mente, acabando en la horrible certeza de que iban a expulsarlo de U.A.

-E-Es algo malo…-quería decirlo cómo una pregunta, pero años de costumbre le hicieron decirlo como una frase.

-Ohh, no seas tonto, Hitoshi- el tono de la Institutriz era especialmente azucarado, pero sus ojos tenían algo frío mientras caminaba para sentarse detrás su escritorio.- Por supuesto habla de tus papeles de adopción.

Se dejó caer en la silla que le había ofrecido Aizawa-sensei, sentía que sus piernas no le respondían.

//

-No creo que debiera tener que decírtelo- comenzó Aizawa-sensei en cuanto estuvieron fuera del orfanato; había una pizca de furia en su voz, empero, tuvo la certeza de que no era contra él- pero: En nuestra casa nunca tendrás prohibido hablar, de hecho, espero que siempre hagas saber tu opinión ¿de acuerdo?

Hitoshi sintió que el nudo en su garganta, que tenía desde que el adulto había firmado las formas de adopción, se apretaba, aún así logró decir:

-G-Gracias.-

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-Sensei- llamó después de unos minutos de caminar en silencio; había escondido su cabello en la capucha de su deslucida sudadera (se había cambiado el uniforme antes de partir), hasta él entendía que sería un escándalo si la prensa los reconocía.

El mayor lo miró, indicando que lo estaba escuchando.

-N-No quiero sonar grosero, pero, estaba preguntándome por qué me ha adoptado- inquirió, cuidadoso de no hacer ninguna pregunta, un hábito que había adquirido con los años.

-...fue una combinación de muchas cosas- respondió Aizawa después de una pequeña pausa- pero creo que la mayor influencia fue mi pareja.

Parpadeó sorprendido, ¿Aizawa-sensei estaba en una relación? Nunca le pareció del tipo romántico, ¿qué clase de mujer habría logrado enamorarlo?

Su sorpresa debió ser palpable, puesto que el adulto pelinegro dejó ver una minúscula sonrisa.

-Llevamos varios años casados, pero mantenemos nuestra relación en privado por cuestiones personales, es una celebridad relativamente famosa y le podría acarrear problemas en su trabajo- explicó Aizawa confundiéndolo un poco, ¿por qué le causaría problemas estar casada con un héroe profesional?- Hemos llegado- anunció el adulto acercándose al portón de una casa común y corriente.

Suponía que había sido un error pensar que por ser un Héroe vivía en un lugar más lujoso o llamativo.

-Estamos de vuelta- anunció Aizawa cuando entraron, cerrando la puerta detrás de Hitoshi.

-¡Qué alegría! ¡La cena ya está casi lista!- contestó una voz muy familiar, la cual fue confirmada cuando un adulto con largo cabello rubio y brillantes ojos verdes salió de la que suponía era la cocina con un delantal rosa (con la frase "PLEASE KISS THE CHEF) amarrado alrededor de la cintura.

-M-Mic-sensei- interrogó con su cerebro haciendo cabriolas, ¡¿Present Mic y Eraserhead estaban casados?! ¡¿Desde cuándo?! ¡¿Cómo?! ¡¿Eso estaba permitido?! ¡Que alguien le explicará!

-¡Hey! ¡Si es mi nuevo hijo y uno de mis estudiantes favoritos!- Present Mic le dedicó una exuberante sonrisa.

Sintió que algo se removía en su pecho al ver que alguien reaccionaba con tanta felicidad por el simple hecho de verlo.

-¿Umm? ¿Qué pasa, muchacho?- inquirió el adulto, su sonrisa disminuyendo un poco al agregar- No estarás molesto porque tienes dos papás ¿verdad?

-¡Para nada!- se encontró contestando más alto de lo que planeaba- E-Es sólo que Aizawa-sensei dijo q-que usted fue la principal influencia para que me adoptaran- explicó bajando su voz a un nivel normal de manera avergonzada.

Present Mic río de buen humor.

-Debí saber que Shouta haría menos su participación- dijo el adulto de ojos verdes conteniendo su diversión- Es cierto que fui yo quien te mencionó por primera vez, sino mal recuerdo fue después de aquella memorable ocasión en que te quedaste dormido en una de mis clases- le mandó un guiño y Hitoshi sintió que se le calentaba un poco la cara- pero fue Shouta quien sugirió por primera vez que te convirtiésemos en nuestro hijo y tomó la decisión de un momento a otro después de verte en el Festival Deportivo.- le reveló con tono conspirador.

Miró a Aizawa con renovado asombro, ¿en serio todo aquello era cierto?

-¿Qué hay de cenar?- interrogó el adulto pelinegro desviando el tema, juraría que sus mejillas habían adquirido un poco de color.

Present Mic rodó los ojos de una manera inusualmente afectuosa.

-¿Qué tal suena el takoyaki para ti, muchacho?- el rubio volvió a dirigirse a él.

-Cu-Cualquier cosa está bien para mí- contestó y era la verdad, en el orfanato había pasado temporadas enteras a base de arroz y nada más.

Una sombra cruzó los ojos del adulto, pero fue borrada por su brillante sonrisa.

-¡Te va a encantar! ¡Ya verás!- le dijo pasándole un brazo por los hombros y guiándolo al comedor, intentó no tensarse demasiado por el contacto.- Pero debes decirme pronto cual es tu comida favorita, quiero ponerla de vez en cuando en tu bento.

Hitoshi se limitó a asentir con la cabeza por dos cosas: Realmente no tenía una comida favorita y no terminaba de creerse que Present Mic fuera a cocinar para él.

El resto de la velada pasó entre degustar el takoyaki y la charla que Pres- Yamada ("¡Llámame por mi nombre!") lograba sacar de él; el adulto rubio no estaba en lo más mínimo molesto por sus respuestas monosilábicas, parecía acostumbrado a dirigir la plática y le contaba anécdotas de su propia vida para distraerlo.

Sin darse cuenta, la tensión sobre sus hombros había desaparecido.

-En mi opinión, ya te pareces mucho a Shouta- comentó Yamada cuando estaban recogiendo los platos- Podrías pasar por su hijo biológico.

Sintió que se sonrojaba. Ya quisiera ser hijo de su héroe favorito...un momento, ahora lo era.

-Para con eso- gruñó Aizawa, pero no había veneno en su voz.

-Me pregunto si también podrás parecerte a mí- continuó el de ojos dorados para nada amedrentado- Hey, chico, ¿alguna vez has oído de Britney Spears?- le preguntó con una expresión demasiado seria para la pregunta.

Hitoshi estaba adormilado, lleno, y más a gusto de lo que podía recordar estar en presencia de otra persona, así que se atrevió a responder:

-Baby hit me one more time- utilizando el tono de la canción.

-¡Definitivamente mi hijo!- exclamó Yamada envolviéndolo en un abrazo afectuoso.

Esta vez se encontró aceptando el contacto casi con anhelo.

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Hitoshi se despertó con un sobresalto y un grito clamando por escapar de su garganta, no obstante, puso una mano sobre su boca y se lo tragó.

-"Sólo fue una pesadilla, como tantas otras que has tenido"- se recordó mentalmente, peleando por que el lado racional de su cerebro se hiciera escuchar.

Eso no cambiaba lo vívida que había sido y que aún podía sentir aquellas manos negras sobre su piel, intentando arrastrarlo a una oscuridad profunda y sin salida, acompañadas de voces que repetían una y otra vez: "Aquí es donde debes estar".

Se estremeció. Era su pesadilla más recurrente y nunca fallaba en hacer que su corazón se apretara dolorosamente.

¿Tal vez una bebida caliente le ayudara?

No estaba acostumbrado a poder ir y venir a voluntad, mucho menos a poder tomar algo sin peligro de castigo, empero, Aizawa y Yamada se lo repetían tan seguido que no podía evitar creérselo un poco.

…supo que debió haberse quedado en su cuarto cuando se encontró a Aizawa de camino a la cocina, al parecer calificando ejercicios; cuando sus ojos se encontraron esperaba alguna clase de regaño, en su lugar hubo:

-¿Problemas para dormir? Parece que es una cosa en nuestra familia- murmuró el pelinegro regresando su atención a los papeles en la mesa.- Hay café descafeinado en la estufa, por si te interesa.- sus palabras eran casi desinteresadas.

Sabía que debió tomar esa oportunidad y no decir nada, sin embargo, no pudo evitar hacer un comentario, seguramente culpa de la falta de sueño:

-¿No va a preguntar por qué estoy despierto?-

-¿Quieres hablar de ello?- fue la respuesta que obtuvo.

Parpadeó, no era lo que esperaba y su adormilado ser necesitó unos segundos para pensar que decir.

-En realidad…sí- se asombró un poco al darse cuenta que era verdad.

-Te escucho- dijo Aizawa aun sin mirarle, lo que, a decir verdad, le hacía sentir menos nervioso.

Aún con un poco de duda, se sentó junto al pelinegro y poco a poco comenzó a hablar; el adulto no dijo nada, no esperaba que lo hiciera, pero, por alguna razón, el contarle a alguien sobre sus pesadillas y saber que le estaba escuchando logró que todo rastro del miedo se esfumara.

A la mañana siguiente, se despertó de regreso en su cuarto, sin saber por un instante cómo había vuelto (no recordaba ni siquiera cuando se había dormido). Con un poco de vergüenza, se dio cuenta de que Aizawa debía haberlo cargado de regreso.

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Hitoshi llevaba sólo un par de semanas viviendo en la casa Aizawa/Yamada y comenzaba a darse cuenta de que la escasa información que tenía sobre cómo era una relación gay estaba muy lejos de la realidad.

Era el primero en admitir que nunca había tenido quien le enseñara sobre aquellos temas y que tenía más preguntas que respuestas, empero, nunca habría pensado que lo poco que sabía estuviera equivocado.

Quería saber más (especialmente porque él todavía se estaba preguntando su lugar en todo ese asunto), pero no encontraba el valor para inquirir, algo que debía ser aparente para sus padres, porque no creía que fuera coincidencia que de repente hubiera tantos folletos, páginas impresas y libros sobre el tema desperdigados por la casa.

Agradecía la sutil manera de darle información e incluso había logrado hacérselos saber y darle voz a sus últimas dudas.

De un momento a otro, tenía delante un mundo de posibilidades y ya comenzaba a hacerse una idea de donde encajaba.

Fue más o menos en esos días que se le presentó otro miembro de la familia.

-¡Al fin tengo un sobrino!- era una suerte que hubiera tenido unos días para acostumbrarse al contacto físico no violento, de otro modo, aquel abrazo se le hubiera hecho sofocante.

-H-Hola, Midnight-sensei- saludó un poco incómodo; sabía que muchos de sus compañeros matarían por estar entre los brazos de la heroína, pero él era diferente.

-Al menos podrías saludar antes de atacar a nuestro hijo- dijo Aizawa con un ligero tono de exasperación.

-No lo estoy atacando, Shouta-kun- Midnight lo soltó un poco para dirigir un puchero en dirección del de ojos oscuros- Y nada de llamarme sensei fuera de la escuela, jovencito- se volvió a dirigir a él, una vez que quedó patente que a Aizawa no le afectaban sus expresiones- Llámame Tía Nemuri- le pidió con una de esas sonrisas que indicaban que era algo que deseaba.

-T-T-Tía N-Nemuri- dijo con esfuerzo, aún así la mujer hizo un ruido de felicidad, llevando sus manos a su cara en un gesto muy juvenil.

-¡Hey! ¡Unfair!- Yamada se acercó con las manos sobre sus caderas- ¡Nuestro hijo debería llamarnos cosas como esas antes que a ti!

-¡Nada de eso! ¡Yo he querido ser tía desde que ustedes se casaron!- protestó Midnight.

-Te pedimos venir por una razón especifica, no se te olvide- intervino Aizawa antes de que el argumento pudiera escalar más; se lo agradecía, aquello se había puesto incómodo.

-¡Oh, sí!- Kayama le pasó un brazo sobre los hombros, sonriendo- Ven, sobrino mío, hoy tu y yo nos vamos de compras- lo condujo a la puerta sin esperar respuesta.

-¡Qué se diviertan!- les deseó Hizashi.

Le pareció que Aizawa le daba una mirada de "espero que sobrevivas".

//

-¡Por aquí!- lo animó la mayor guiándolo por los hombros, dirigiéndolo a una pequeña tienda oculta en un rincón del centro comercial- Tus padres y yo descubrimos este lugar cuando teníamos tu edad, ¡Seguro que es la clase de ropa que te gusta!

No le quedó más remedio que pasar, sintiendo una vergüenza mal colocada (producto de no estar acostumbrado a que compraran cosas para él), la cual fue prontamente olvidada cuando comenzó a deambular entre la ropa. Realmente SÍ era la clase que le gustaba.

Se detuvo frente a un exhibidor con unas prendas muy específicas, pero no estaba seguro de-

-Se te vería muy bien- Kayama lo hizo saltar.

-Yo no- intentó negar, para nada acostumbrado a los halagos.

-Seguro tienen alguna cosa sobre chicas en algún lado…- ponderó la adulta mirando alrededor.

Aquello hizo que se detuviera en seco.

-¿Chicas?- preguntó confundido.

-Claro, oh, cierto, tu no lo sabes- Nemuri le miró con una sonrisa cariñosa- Soy lesbiana.

Su corazón dio un tumbo, nunca había oído a nadie decirlo con tanta naturalidad, en realidad nunca había escuchado una declaración como esa que no fuera de sus propios labios en voz baja; en teoría, sabía que no era nada malo y que no tenía que avergonzarse de lo que era, pero...

Oír a la Institutriz repetir tantas veces lo asquerosos que eran y ver a los demás asintiendo le había generado la necesidad de esconder esa parte de sí mismo.

-¿L-Lo eres?- interrogó, no que creyera que la mujer le estuviera jugando una broma, pero necesitaba confirmación.

-Mm-hmm- respondió Kayama sin molestarse por la duda en su voz- Lamentablemente, es difícil saber cuando alguna chica está interesada o no, tal vez si lo llevo escrito todo sea más fácil- medio bromeó con una risita.- Tu deberías empezar ahora, así no pasaras tanto tiempo solo.

No hizo mucho caso de ese último comentario, no estaba seguro de querer o que alguien quisiera salir con él, independientemente de su sexo, pero algo cálido revoloteo en su pecho al pensar en poder expresarse sobre su sexualidad con la misma naturalidad que su tía.

-¿De verdad puedo llevarmela?- a pesar de seguir cuestionando, sus manos ya estaban agarrando uno de los tops.- No sé si me atrevere a ponermela en público, pero...

-Nunca dejes que lo que otros piensen te impida ser tu mismo- respondió Nemuri alborotandole el cabello.- Es cierto que la imagen de un héroe es importante, pero a mí nunca me ha detenido- le guiño un ojo con aire cómplice.

Hitoshi sonrió.

//

Después de otro rato eligiendo más prendas, se dirigieron a la caja registradora, no obstante, vio una última pieza que, en su recién encontrada confianza, demandaba ser comprada.

-Sólo algo más- dijo agregándola a la pequeña pila.

-¡Tienes que mostrársela a tus padres en cuanto llegues!- exclamó su tía haciendo un ruido de emoción.

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Hitoshi no se creía ni de lejos una persona sociable ni buena en nada que tuviera que ver con ello, lo cierto es que pasaba la mayoría de su tiempo solo y la única persona con la que se llevaba medianamente bien en la Clase C era Haisha-san, pero difícilmente se les podía considerar cercanos.

La verdad, es que apenas estaba aprendiendo sobre llevarse bien con otros y a tener más presentes las emociones ajenas, por medio de su nueva familia.

No obstante, también era muy consciente de lo que se sentía estar solo en momentos dolorosos de tu vida, deseando que alguien te consolara, pero sabiendo que nadie lo iba a hacer porque no había a quien le importaras.

Ese fue su aliciente para acercarse al chico que encontró hecho ovillo en uno de los jardines, temblando y murmurando palabras que no logró entender, pero que no necesitaba para detectar el evidente pánico y ansiedad que salían de él en oleadas.

-¿E-Estás bien?- interrogó con voz suave, no muy acostumbrado a usar ese tono, por lo general era cortante y sarcástico.

El muchacho, más grande que él, ahora que se fijaba, brincó cómo si le hubiera gritado y sus manos se apretaron aun más en su pelo.

-N-N-No ll-llores, n-no l-llore-es- alcanzó a oír que se repetía con la respiración cada vez más acelerada.

-Si necesitas llorar, sólo hazlo- dijo en un impulso.

Ojos oscuros y llorosos se levantaron para verle con asombro.

-¿Q-Qué has d-dicho?- inquirió el muchacho, su boca temblando junto con el resto de su cuerpo.

-No...no tiene nada de malo llorar y es peor si simplemente te lo guardas- dijo removiéndose un poco incómodo- Al menos eso es lo que dicen mis p-padres- aun ahora era raro llamarlos así, aunque ya se hubiera hecho a la idea.- Yo...tengo pesadillas horribles algunas noches e intentaba ocultarlo no haciendo ruido, pero una noche me encontré con uno de ellos- relató con algo de vergüenza- logré contarle de que se trataba y...ahora estoy más tranquilo, sabiendo que no debo esconderlo y que alguien lo entiende ¿sabes?-

No le parecía que estuviera haciendo un buen argumento, pero igualmente la boca del joven se apretó y las lágrimas comenzaron a fluir libremente de su mirar oscuro.

-P-Pero ellos y-ya hacen m-mucho por mí- balbuceó el de cabello oscuro, aquella vez sus manos pasaron a abrazar sus rodillas.- N-No quiero s-seguir siendo u-una molestia.

-¿Ellos?- preguntó.

-N-Nejire y M-Mirio, e-ellos son tan br-brillantes y e-entusiast-tas, n-no puedo s-ser como ellos.-contestó el joven; por alguna razón esos nombres picaron algo en su mente, pero lo hizo a un lado en favor de continuar.

-¿Son tus amigos?- interrogó, aunque suponía la respuesta.

-N-No me los m-merezco, alguien t-tan patético como yo- nuevas lágrimas cayeron de sus ojos.

Recordó a Haisha-san acercándose a su pupitre para hablar y el que lo buscara en los almuerzos para comer con él, empero, sobretodo, rememoró su respuesta cuando le preguntó porque lo hacía.

-Si los mereces o no, esa no es tu decisión- soltó con más fuerza de la que era necesaria.

El joven lo volvió a mirar con aquella expresión de asombro.

-Q-Quiero decir, sé que también tienes opinión, es una relación después de todo, pero si ellos siguen a tu lado debe...debe ser porque ven algo de valor en ti- se encogió de hombros, no muy seguro de que decir- Creo que si están decididos a ser tus amigos, te seguirán no importa que tan lejos intentes huir.

El muchacho parpadeó, parecía estar dándole vueltas al concepto.

-En eso tiene razón, Tamaki-

Aquel fue el turno de ambos para brincar de la impresión, especialmente Hitoshi que no se esperaba ver al otro estudiante...y menos con su rostro atravesando el árbol en el que estaba apoyado ¿Tamaki? Suponía que ese era su nombre.

-M-Mirio- tartamudeó el de cabello oscuro a modo de saludo- ¿c-cuánto llevas ahí?- a pesar del nerviosismo, notó que se relajaba considerablemente en presencia del otro.

-Acabo de llegar- el tal Mirio sacó su cara del tronco y lo rodeó para quedar frente a ellos- Hadou y yo te hemos estado buscando desde que saliste corriendo.- explicó.

Bueno, aquel joven acababa de probar lo que le había dicho.

-P-Perdón- se disculpó Tamaki jugueteando con sus manos ansiosamente.

-¡No hay nada que perdonar!- aseveró el rubio con una sonrisa deslumbrante- Venga, Hadou trajo comida que quiere que pruebes- le dijo ofreciéndole una mano.

El de ojos oscuros la aceptó, una minúscula sonrisa agraciando sus labios, pero una sonrisa al fin y al cabo. Hitoshi sintió que estaba mucho más tranquilo viéndola.

-G-Gracias p-por tus pa-palabras- le agradeció Tamaki con una mirada tímida- eh...

Ambos se dieron cuenta de que no se habían presentado.

-Shinsou Hitoshi- dijo antes de que pudiera pasar a más.

-A-Amajiki Tamaki- correspondió el de cabello oscuro.

-Y yo soy Toogata Mirio- intervino el rubio de sonrisa brillante- Muchas gracias por cuidar de Tamaki, de verdad.

-N-No ha sido nada- dijo modestamente, sus nervios se estaban incrementando exponencialmente porque acababa de recordar de donde le sonaban esos nombres: Aizawa los había mencionado hacía unos días...

-N-Nos vemos, Shinsou-san- se despidió Amajiki, otra vez logrando una diminuta sonrisa; hasta él que no le conocía intuía que era una ocurrencia rara.

Vio como se alejaban y se perdían de vista, sintiendo sus pies pegados al suelo.

Acababa de ayudar con un ataque de pánico a uno de los tres mejores y más prometedores estudiantes de tercer año, conocidos cómo Los Tres Grandes.

Ok, había llenado su cupo de interacción por aquel día.

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-Caminando sin nadie con quien hablar/ Están todos, y luego estoy sólo yo/Si pudiera cambiar ¿no crees que lo haría?/ Sólo dios sabe por qué me maldijo a ser...un hombre blanco hetero.-

Los labios de Hitoshi, desde hacía un rato entregados a una mueca de desagrado y dolor, temblaron minúsculamente con diversión.

-Tengo problemas que los demás hacen menos/Tres viajes al centro comercial, cero caquis en mi talla~

Su temblor aumento, reprimiendo su sonrisa lo mejor que podía.

-Hombre blanco hetero/Sé que el camino parece duro/Las mujeres quieren derechos/Los gays quieren...niños ¿Qué?- Hizashi hizo una mueca de incredulidad harto exagerada.-

Tuvo que cubrirse la boca para evitar reírse.

-Todos creen que la tengo fácil/Y sólo porque es verdad, no lo hace correcto- el rubio puso el dorso de una mano sobre su frente en dramatismo, mientras seguía tocando el piano con la otra.

Hitoshi negó con la cabeza, su Papa estaba siendo ridículo.

-¿No pueden sólo dejarnos en paz?/También: No, a las cosas que piden- Hizashi abrió un ojo sonriendole con diversion.

Rodó los ojos, pero no podía contener su sonrisa por más tiempo.

-Solíamos tener todo el dinero en el mundo/Y lo seguimos teniendo, pero ya no es tan divertido.-el falso sentimentalismo hubiera hecho vomitar a un director de Broadway.

Aquello le hizo perderse, estallando en risas histéricas, la tensión que llevaba sintiendo en sus hombros, desde oír a un par de sus compañeros hablar de temas que obviamente no comprendían, se deshizo y dejó su cuerpo.

-¿Exactamente qué está pasando aquí?-preguntó su Dad desde el umbral de la puerta con una ceja levantada, suponía que le era raro ver a su estoico hijo reírse como una hiena.

-Nada, cariño, sólo le muestro a Toshi-Toshi lo difícil que es la vida para algunos- respondió Hizashi, causándole una nueva carcajada.

Aizawa parpadeó, probablemente diciéndose que era mejor no saber.

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-¿Qué tal fueron los exámenes finales?- preguntó Hitoshi durante la cena.

-No quiero hablar de eso- respondió Hizashi, un estremecimiento recorriendo todo su cuerpo.

Miró a Shouta en busca de respuestas.

-Uno de nuestros alumnos utilizó insectos para derrotarle- explicó el pelinegro con voz neutra, aunque detectaba cierta diversión en sus ojos- Tuve que cargarlo de regreso a la sala de maestros.

-Oh- eso lo explicaba todo.

-Odio los insectos- murmuró el de ojos verdes casi ahogándose en su espagueti.

//

-Todavía eres demasiado lento- le dijo Aizawa, un pie sobre su espalda después de haberlo derribado en combate a puño limpio- Anda, de nuevo, desde el principio.- ordenó retirándose y volviendo a posición de combate.

A Hitoshi le dolía cada músculo del cuerpo y seguro desarrollaría moratones, pero maldito fuera si eso le detenía. Con esfuerzo se puso en pie, encarando al adulto.

-Esta vez voy a derrotarte.-

-Eso ya lo veremos.-

//

-¡Auch! Eso duele- se quejó.

-Tal vez si cepillaras tu cabello por ti mismo no estaría tan enredado- le recriminó Hizashi sin ninguna clemencia, pasando el peine una vez más por las hebras moradas.

El más joven pidió ayuda a su otro padre con los ojos, clamando por que le liberara, pero el adulto sólo le dio una despiadada sonrisa por encima de su taza de café.

-Y más vale que tú no te vayas- el rubio señaló a su esposo con la botella de acondicionador- Después te toca a ti.

Aizawa palideció.

Su hijo le dio la misma sonrisa que le había dedicado hacía unos segundos.

//

-¡Más alto!- exigió Hizashi, un pequeño ceño fruncido mancillando sus generalmente alegres facciones.

-¿Me podrías repetir para que sirve esto?- preguntó Hitoshi, a quien ya le dolía la garganta de tanto gritar, cantar, hablar y repetir frases en otros idiomas.

-Al igual que el mío, tu Quirk se basa enteramente en tu voz- explicó el rubio pacientemente- No importa que tu no generes tanto ruido como yo, requieres de tener un buen volumen y poder hablar con fluidez en cualquier situación, hablar otros idiomas también puede ayudarte a confundir a tus enemigos.

El más joven asintió, eso tenía sentido, lo que no quería decir que no sintiera que su garganta se iba a desgarrar.

-Now, all from the start!-

//

-¡¿Ahora quién es el lento?!- gritó burlonamente, en aquella ocasión era Aizawa quien le perseguía.

-Pequeño brib- el pelinegro se detuvo a media frase, una expresión vacía en su rostro.

-Te atrapé-

//

-No tienes remedio, Papa- se rió Hitoshi sin malicia.

Los palillos se escaparon de entre los dedos de Hizashi, pero éste apenas se dio cuenta, demasiado ocupado viendo al más joven con ojos asombrados.

-¿Qué-?- el pelimorado levantó la mirada al notar el inusitado silencio, pero se vio interrumpido por el rubio apretándolo en un abrazo.

-¡P-Por fin! ¡Al fin ha llegado el día! ¡Estoy tan feliz!- Hizashi lloraba a lágrima viva.

Los demás profesores en la habitación voltearon a verlos y Midnight chilló emocionada comenzando a tomarles fotos.

-¿Qué le has dicho?- preguntó Shouta al entrar y encontrarse aquella escena.

-S-Sólo lo he llamado Papa, Dad- una vez más, Hitoshi usó el término, con el que llevaba refiriéndose a ellos dentro de su cabeza por semanas, casi sin darse cuenta.

Una expresión muy rara cruzó el rostro del pelinegro, una que jamás le había visto.

-¿Estás-?- intentó preguntar, pero decidió callarse cuando, por propia voluntad, Aizawa se unió al abrazo.

Ya preguntaría que les pasaba después, por ahora disfrutaría de sus dos papás.

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-¿Seguro que estás bien?- le preguntó Haisha en cuanto terminaron las clases de la mañana, se notaba un poco de preocupación en su tono.

-Sí…estaré cómo nuevo en cuanto tome un poco de café- respondió Hitoshi conteniendo un bostezo.

-¿Qué pasó? Después del Festival Deportivo tenías un aspecto más saludable- inquirió la castaña.

No podía explicarle que el cambio a los dormitorios había regresado sus pesadillas, las cuales se habían ido después de acostumbrarse a su casa, así que se limitó a decir:

-El insomnio va y viene- con un encogimiento de hombros.

-Vuelves a tener tu look de muerto en vida- bromeó Yosogai unos asientos delante del suyo.

-Metete en tus asuntos- gruñó Haisha, a pesar de que a él no le molestaba el comentario; era consciente de cómo se veía y no le importaba.

Yosogai levantó las manos en señal de redención y salió del salón con una sonrisa; era demasiado bromista a veces, pero no creía que fuera mal tipo.

-Nos vemos en un rato- dijo levantándose de su asiento.

-¿A dónde vas? ¿No vamos a comer juntos?- preguntó Haisha un poco decepcionada.

-Tengo que ir a preguntar unas cosas en la sala de maestros- respondió con una minúscula sonrisa de disculpa.

-Siempre tienes que…- se quejó la muchacha- ¿Tiene que ver con tu entrenamiento con Aizawa-sensei?- interrogó.

-Puede ser- respondió vagamente antes de salir del salón, dándole a su compañera una vaga despedida con una mano.

Las cosas que hacía en orden de almorzar con sus padres.

//

-¡Aizawa, casate conmigo!- fue lo primero que escuchó al entrar a la sala de maestros.

Había dos cosas primordialmente mal con aquello: que no era la voz de su Papa y que sus padres llevaban ocho años casados.

La responsable de aquel alboroto era una mujer de cabello de un verde claro y una enorme sonrisa, quien miraba a su Dad con emoción.

-No- fue la escueta respuesta del pelinegro.

-¡Que buena broma!- la mujer comenzó a reírse, doblándose por la cintura con diversión.

-¿Quién es ella?- quizás su voz era demasiado brusca, pero ¿podían culparle cuando alguien le estaba coqueteando a su padre?

-¡Hijo! ¡Viniste!- Hizashi se levantó de su asiento para recibirlo con un abrazo, como ya era costumbre, ignorando a los otros dos.

-Claro, dijeron que querían almorzar conmigo- contestó aun sin quitar su mirar de la peliverde, quien ahora también lo miraba con interés.

-¡Ah!- la mujer exclamó, su mirada volviéndose más brillante- ¡Así que por fin se han vuelto padres! ¡Y con el chico del Festival Deportivo, ni más ni menos!- intentó darle un pícaro codazo al pelinegro, pero éste le esquivó.

-Hitoshi, esta es Fukukado Emi, no hagas caso de sus bromas- los presentó Aizawa, dándose cuenta de su atenta mirada- Fukukado, este es Hitoshi, deja de incordiarlo.

-¡Tan gracioso como siempre!- dijo la peliverde con buen ánimo- Mucho gusto, Hitoshi.

-Mucho gusto, Fukukado-san- contestó aun no muy seguro de que pensar de ella.

-¡Llámame tía Emi!- exclamó Fukukado.

-¡Hey!- Midnight reclamó desde su asiento.

Ah, así que era otro de esos familiares.

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-¿Hey, hijo?-

-¿Sí?-

-No quiero sonar cómo que estoy celoso porque estás usando las cintas de Shouta, pero…¿alguna vez has pensado en usar alguna clase de modulador? ¿quizás que se parezca a la bocina que yo uso?-

-…estás totalmente celoso-

-¡H-Hey!-

-pero es una excelente idea. Gracias, Papa.-

//

-¿Un sintetizador de voz?- repitió Power Loader-sensei revisando los pequeños bosquejos del aparato.- ¿Y dices que debe ser especial porque tu Quirk no se trasmite a través de aparatos electrónicos?-

-Exactamente- contestó con voz firme, a pesar de que todavía le ponía nervioso hablar sobre su Quirk con otros.

-Puedo hacerlo, pero va a llevar un tiempo, más porque tengo muchos otros pedidos de equipamiento- el profesor parecía estar teniendo un conflicto interno.

-¡Yo puedo ayudar en eso, Loader-sensei!- exclamó una chica pelirosa salida de quien sabe donde, sólo podía suponer que había estado escuchando su conversación.- ¡Dejémelo a mí! Tu Quirk depende totalmente de tu voz, ¿no es así?- sus ojos dorados se fijaron en él cómo pequeñas mirillas.

-S-Sí- contestó un poco incómodo por el mirar tan concentrado.

-Ummm- la muchacha se acercó, metiéndose en su espacio personal, mirándole de arriba para abajo- Sí, algo que puedas llevar con facilidad y no se meta en tu camino, probablemente cómo una máscara, y si lo hago con un sistema de placas debería evitar que el efecto se anule ¡Será un bebé increíble!-

Parpadeó sorprendido por el entusiasmo, pero especialmente por la rápida y certera idea.

Sin embargo, Power Loader la cortó en seco.

-Lo siento, Mei, pero ya te dije que nada de inventos hasta que no descanses apropiadamente- aseveró el héroe profesional con firmeza.

La pelirosa hizo un ruido de pura agonía, gritando cosas sobre el desperdicio de tiempo que era el dormir y asearse. Ahora que la veía bien, lo cierto es que la joven podría hacer buen uso de una cama y una ducha, y era grave si él, de entre todas las personas, lo pensaba.

-Nada. Vete a dormir- le ordenó Loader-sensei sin un ápice de clemencia, parecía acostumbrado a tener esa clase de discusiones; resolutamente le dio la espalda- Lo siento, Shinsou, tendrás que esperar unos cuantos días.- se disculpó con él.

-No hay problema. Gracias por su tiempo- respondió a pesar de que le frustraba un poco la espera; bien sabía que aquello pedido por el Curso de Héroes tendría prioridad.

El héroe se despidió, regresando a una de sus mesas de trabajo, y un par de segundos pasaron en silencio hasta que:

-¡Shinsou! ¡Tu puedes ser mi salvación!- la pelirosa volvía a estar frente y muy cerca de él- ¡Ordename dormir 2 horas! ¡Eso es suficiente para recargar mi energía!

-Yo…-no estaba muy seguro de aquello, no solía utilizar su Quirk fuera del entrenamiento.

-¡Te lo ruego! ¡Me pondré a trabajar en tu sintetizador en cuanto despierte!- le suplicó con una expresión de ojos grandes y expresivos.

Suspiró.

Suponía que podía ser considerado una práctica.

-De acuerdo, ¿lista?-interrogó.

-¡Sí!- enseguida la expresión de Mei pasó a una vacua que no encajaba con su personalidad.

//

-¡Me engañaste, Shinsou!- la pelirosa tenía lágrimas reales en los ojos cuando fue a verla al día siguiente.

-Perdón, me pareció que 8 eran mejor que 2 horas y la ducha no fue tan mala ¿o sí?- dijo con una sonrisita que indicaba que no lo lamentaba.

-¡Eres cruel! ¡Traición!- gritó Mei con sentimentalismo.

-Yo creo que el chico va a ser un buen héroe- dijo Power Loader desde su lugar de trabajo, había una sonrisa satisfecha en su boca.

Chapter Text

Había sido muy raro el que, de buenas a primeras, sus padres le preguntaran que pensaba sobre tener una hermana, no obstante, después de que le explicaran la situación detrás de la pregunta, entendió el peso de la situación.

Aún así, su respuesta no fue simple:

-¿Qué piensa ella de tener un hermano?-

Podía parecer una evasiva, pero lo cierto es que en el orfanato nunca había oído que a ninguno de los infantes les preguntaran si acaso la familia con la que se iban les gustaba, era como si no tuvieran opción.

No era algo que quisiera para una niña que llevaba tanto tiempo sin controlar ningún aspecto de su vida.

Era así como había ido a visitarla al hospital, sus padres esperando fuera de la habitación.

-Hola, Eri, mi nombre es Hitoshi- se presentó entrando al cuarto, pero quedándose quieto a una distancia considerable de la cama.

La niña lo escrutó con sus pequeños ojos rojos, no parecía excesivamente desconfiada de su presencia.

-T-Te pareces al Señor Aizawa- le dijo después de unos momentos, su expresión llenándose de curiosidad.

-Oh, umm, gracias- aun le descolocaba que la gente dijera eso- Soy su hijo adoptivo- dijo.

-¿Adoptivo?- Eri repitió la palabra que desconocía ladeando la cabeza y haciendo que su cabello blanco se desparramara hacia un lado.

-Quiere decir que, aunque no nací siendo su hijo, ahora lo soy porque ambos así lo decidimos- intentó explicar de la manera más sencilla posible.- Él y su pareja son mis padres desde hace algunos meses.-

-¿El rubio ruidoso?- inquirió la niña, provocando una pequeña risa de su parte.

-Ese mismo- dijo con una sonrisa- ...ellos están planeando adoptarte- expuso un poco dubitativo.

-¿Q-Quieren que sea su hija?- los ojos rojos se agrandaron con sorpresa.

-Así es- respondió no muy seguro de si aquella era una buena o mala reacción; se atrevió a acercarse hasta la cama y arrodillarse junto a ella, de esa manera no era más alto que Eri.

-¿Viviría con ellos?- interrogó la pequeña y él asintió- E-Entonces ¿tú serías mi hermano?- le preguntó con ojitos cada vez más brillantes.

-S-Sólo si tu quieres- se apresuró a aclarar; la niña no conocía nada acerca de él, pero aun así sentía el inmediato presentimiento de que le tendría miedo y no querría estar cerca de él.- La decisión es tuya, Eri, nadie va a obligarte, pero si tu-

-H-Hitoshi-nii- aquello lo detuvo en seco; al parecer la pequeña no lo había estado escuchando, en su lugar concentrándose en pensar una forma adecuada de llamarlo- Me gusta como suena- dijo con una pequeña sonrisa.

Sintió un poco de rubor subirle a las mejillas, siempre que pensaba en lo peor se equivocaba ¿verdad?

-...- no supo que decir por unos momentos- Eh, eso me recuerda, que traje esto para ti- dijo ofreciéndole un pequeño bolso en la forma de la carita de un gato.

-Ah, es muy bonito- susurró Eri tomándolo entre sus manos- ¿de verdad me lo puedo quedar?- interrogó.

-Es todo tuyo- respondió- Confía en mí, una vez que comiences a vivir con nosotros, tendrás muchas cosas que serán tuyas y que podrás guardar ahí.-

Chapter Text

-Hey, Shouta-

-¿Umm?

-¿Ya le diste advertencia a Hitoshi sobre como es tu clase?-

-¿Recuerdas cuando a mi me transfirieron al Curso de Héroes? ¿Lo que dije?-

-¡Claro que sí! Llegaste con este discurso de no querer hacer amigos y fue en ese mismo instante que decidí que lo sería aunque me matara en el intento. Espera, no me dirás que piensas...-

-La historia tiende a repetirse-

-Eres cruel.-

//

-¡Qué te vaya excelente, Hitoshi-nii!- le deseó Eri- Beso de buena suerte- dijo dejando lo dicho en su mejilla, eso era algo que había aprendido de Hizashi.

-Gracias, Eri, ya me siento más afortunado- agradeció logrando sonreír a pesar de sus considerables nervios.

-Te estaremos animando desde aquí- prometió Hizashi- No te rompas nada.

-Intentaré no hacerlo- prometió antes de salir detrás de su Dad.

//

Creía que ya había controlado sus nervios, pero no, sentía que sus tripas estaban vivas y querían escapar de su cuerpo, pero no iba a retroceder, no había llegado tan lejos para acobardarse en el último instante.

-Ve y presentate- le dijo Shouta en tono neutral, era un poco raro oírle hablarle así, pero los estudiantes no debían saber de su relación.

-Yo ya me encontré con varios de ustedes en el festival deportivo- comenzó, pasando sus ojos por la Clase A y la B- pero si creen que los voy a tratar como amigos cuando nos enfrentemos, están equivocados.- había ensayado aquello un par de veces, sentía la necesidad de ser honesto y amenazante a un tiempo- Lo que de verdad importa es que he empezado tarde y estoy miles de pasos detrás de ustedes. Lo siento, pero estoy desesperado- y era cierto, esa era su última oportunidad; Dad creía que no lo sabía, pero aquello era un examen para él- Me convertiré en un gran héroe, así podre usar mi Quirk para ayudar a otros. Todos los que están aquí son obstáculos que debo superar. Así que...no tengo intenciones de hacer amigos- finalizó.

Le pareció que su padre hacía un ruido en el fondo de su garganta y, al instante siguiente, recibió la respuesta más inesperada.

¡Clap! ¡Clap! ¡Clap!

Lo último que esperaba es que comenzaran a aplaudir.

Y eso, desafortunadamente, no fue todo:

-¡Es tan intenso! ¡Cómo una mirada asesina!- exclamó una de las chicas, apretando los puños emocionada.

-Las cosas se ponen tensas- comentó el muchacho que parecía un cuervo, al parecer satisfecho.

-Me recuerda al Antedoroki- bromeó un joven alto y delgado con un casco.

-¿De verdad?- el que reconoció como el segundo lugar del Festival Deportivo no parecía molesto por la comparación, en su lugar, le miraba cómo escaneándolo.

-Este me agrada- comentó un rubio de la Clase B con una sonrisa maliciosa.

El resto aplaudía o bien lo miraba con una sonrisa, pero hubo dos que le pusieron los pelos de punta:

El bruto de Bakugou sonreía de lado y le miraba como diciendo: "No sabes lo que dices, imbécil".

Midoriya (tuvo que suprimir un escalofrío) se tapaba la boca con las puntas de los dedos, pero aun así una sonrisa de oreja a oreja era visible y sus ojos brillaban con un fuego que le dio mala espina.

¿Exactamente quiénes eran estos? No recordaba que hubieran reaccionado tan bien a su declaración de guerra en el Festival.

Vlad-sensei y Aizawa explicaron la distribución y las reglas de los enfrentamientos. Cuando vio los números de sus equipos no pudo sino sentir un presentimiento de que algo grande iba a pasar.

//

-¡Sé que algunos de nosotros dijimos cosas desagradables en el Festival Deportivo, pero intentemos llevarnos bien!- el pelirrojo en su primer equipo exclamó con una sonrisa de dientes afilados, pero inusualmente cálida.

-Dime todos los detalles de tu Quirk- pidió la chica que asemejaba una rana.

-Ahora que te veo, tienes la cara de un tipo popular, creeme, puedo verlo- un rubio bajito se metió en su espacio personal al decir aquello.

Sintió que su rostro se calentaba.

-"¿Él está...?"- ajustó las cintas de captura alrededor de su cuello, no era tiempo de pensar en eso, tenía que concentrarse.

-¡Empiecen!-

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-Debería haberlos capturado más rápido, lo siento...- se disculpó Hitoshi, sintiéndose como un inútil después de haber perdido a dos de sus compañeros de equipo en un par de instantes.

-Soy yo la que debiera disculparse- Asui lo sorprendió diciendo aquello- No deberías haber peleado en la línea de enfrente, es mi culpa por no haber pensado en un plan a tiempo- aseveró la líder del equipo.

Jugueteó con su máscara, ¿por qué no estaba enojada?

-Sé que esto es un entrenamiento serio y salir herido es parte de ello, pero fue asombroso que te movieras en esa situación, me salvaste incluso en un momento como ese- intervino Kaminari con esa sonrisa tan abierta y luminosa que parecía caracterizarlo- Sé que dijiste que no tienes intenciones de hacer amigos, pero me agradas, dude. Eres un grandioso candidato a héroe, igual que todos nosotros.

Bajó su cabeza, agradeciendo la máscara y cintas que lo ocultaban parcialmente, no dejando ver el calor que le trepaba por el cuello.

-De todos modos, más importante, ¿cual es el plan?- inquirió sin responder a sus comentarios.

//

Sabía que había sido un poco cortante con Asui, pero no había podido evitarlo, se sentía frustrado por no poder sobresalir por cuenta propia.

Aunque debía de admitir que la idea de Kaminari había sido muy buena.

Hablando del cual...

-¡Nadie puede parar el amor ¿saben?! ¡No sean tímidos!- su voz tenía un tono raro y esos pulgares arriba eran cuando menos inusuales, pero lo que se llevaba el premio era su expresión.

Ni él había podido contener una pequeña risa (que enmascaró cómo una tos) al verlo.

-Eres tan inexperto, Shinsou ¡Viva! ¡No puedo parar!- tía Nemuri exclamó lo suficiente fuerte para que la oyera, mandándole un guiño disimulado.

Negó con la cabeza. Esa mujer nunca cambiaba.

-¡¡Shinsou, vamos a comenzar a planear nuestra estrategia para dejar sollozando a la Clase A!!- exclamó Monoma prácticamente saltando hacia él.

Gruñó por lo bajo, ¿por qué todos ahí eran tan ruidosos y estaban tan obsesionados con él?

//

No podía decir que no estaba impresionado, de nada le serviría negarlo.

La Clase B tenía un sentimiento de estabilidad y trabajo duro, lleno de personalidades variadas que estaban amarradas con nudos de acero.

Mientras que la Clase A poseía algo salvaje y quemante, una determinación por estar en la cima que hacía que las, aparentemente incompatibles, personalidades de sus integrantes encajaran como piezas de rompecabezas.

Había sido una sorpresa ver a Bakugou (alguien al que recordaba como un bárbaro pretencioso) defender, liderar y hasta ser agradable, a su modo, con sus compañeros y así conducirlos a una victoria perfecta.

Eran un grupo cercano, todos se preocupaban por todos, aunque le pareció que había algunos que se preocupaban especialmente por individuos en particular (la forma en que Midoriya miraba el combate de Bakugou era bastante reveladora), pero no deliberó en ello, no era su asunto.

Antes de darse cuenta, había llegado el momento de su segundo combate.

//

Cualquiera diría que estaría molesto, sino es que furioso, con Midoriya después de que se anunciaran los resultados, después de todo, el peliverde le había derrotado con un poder que apenas conocía y controlaba, pero...

Con quien realmente estaba enojado y decepcionado era consigo mismo. Tanto entrenamiento y usar el tiempo de sus padres/mentores ¿y para qué?

-Lo detuve debido a que quería pelear contigo y ganar- le admitió a Midoriya- Sólo se dio por casualidad-

Tan profundo estaba en su auto-vapuleo mental, que no se dio cuenta que su Dad se acercaba resolutamente hacia él, lo siguiente que supo es que sus cintas de captura estaban siendo apretadas alrededor de su cuello. La expresión del adulto pelinegro era terrorífica cuando lo miró; afortunadamente le soltó antes de que se quedara sin aire.

-Nadie esperaba que llegaras tan lejos- su padre le miraba a los ojos y estaba más serio de lo que nunca lo había visto- Todos aquí han estado entrenando día y noche para ser héroes, cualquiera que pudiera llegar a ese nivel instantáneamente sería un genio del nivel de All Might. No puedes salvar a nadie si sólo estás pensando en los demás, tienes que tener el poder para ayudarte a ti mismo; sabiendo esto, tus acciones fueron más que adecuadas.

Miró con asombro al pelinegro, las palabras habían escapado de su boca y de su mente; sabía que el adulto le quería, pero nunca hubiera esperado esas palabras tan sinceras y directas.

-Shinsou-kun- intervino Midoriya, una sonrisa amable en su rostro- Al final, cuando me guiaste al uno-a-uno, estabas intentando usar tu habilidad para pelear conmigo ¿verdad? Fuiste tan rápido al desviar mis movimientos con las tuberías ¡Además de que usaste las cintas casi igual que Aizawa-sensei!- el peliverde estaba más emocionado con cada palabra que decía.

La mayoría no fue registrado por su cerebro, pero podía detectar la emoción detrás: Admiración. Midoriya lo admiraba y lo miraba como a un igual.

-"Que tonto soy"- pensó sintiendo lágrimas picarle los ojos; no podía mantener su auto-desprecio cuando tantas palabras luminosas eran dirigidas a su persona.

Derrota o no, había dejado una buena impresión, no había sido en vano.

-¡Ahora volveremos con la evaluación!- dijo Vlad-sensei- Pero que sepan esto: ¡Dentro de unos días, Shinsou será transferido al Curso de Héroes! ¡Así que nadie se atreva a mirarlo como si fuera menos!

Levantó la mirada sin poder creerselo, él... él iba...realmente iba...

-¡Shiiiiiiiiiinsoooooou!- una voz gritó antes de que una masa en amarillo y negro colisionara contra él, apretándolo en un abrazo casi desesperado- ¡Bienvenido a la familia, dude!- el rubio había enterrado su rostro en su hombro y, por alguna razón, tuvo el presentimiento de que estaba llorando.

-¡Lo hiciste muy bien! - Sero le dio unas palmadas en el hombro que Kaminari no ocupaba.

-¡Danos tu teléfono en caso de que no estés en la Clase A!- pidieron Hagakure y Ashido moviendo sus manos de manera emocionada.

-¡Toma el mío!- dijo Monoma extendiéndole un papel- ¡Aunque estoy seguro que no te pondrán con la horrorosa Clase A!-

Kendou le dio un zape para callarlo, antes de mandarle una sonrisa.

-¡Fuiste súper masculino al enfrentarte a Midoriya!- halagó Kirishima con una enorme sonrisa.

-Hay que tener una voluntad de hierro para encarar un desafío desconocido- comentó Tokoyami mirándole con respeto.

-¡Estuviste genial, bro!- gritó Tetsutesu.

-Fue un excelente trabajo, Shinsou- le dijo Yaoyorozu con una sonrisa delicada.

-Te dije que eras bueno, Shinsou-chan, kero- reafirmó Asui.

-¡Enfrentarse a ti fue increíble!- alabó Uraraka con buen ánimo- ¡Hay que entrenar juntos alguna vez!

-¡Una excelente demostración de habilidad y pensamiento rápido!- afirmó Iida haciendo movimientos con sus manos.

Todoroki asintió en acuerdo a las palabras de los demás.

-Un alma pura, espero que Dios nos vuelva a reunir- dijo Shiozaki con las manos juntas.

-No del todo mal, Berenjena- resopló Bakugou.

-Casi tan brillante como yo- dijo Aoyama con una pequeña pose.

Los halagos y buenos deseos no paraban de llover por todas direcciones.

Se sentía sobrecogido y abrumado, de seguir aquello mucho tiempo, de verdad no iba a poder evitar llorar.

-La clase ha terminado, así que apurense y vayan a cambiarse, el día todavía no se acaba- ordenó Aizawa, recibiendo varios sonidos de protesta- En este instante- reiteró activando su Quirk, con lo que todos se apresuraron a cumplir, despidiéndose de él (Kaminari con la cara un poco roja).

Una vez solos, su Dad le preguntó:

-¿Qué te parecieron?-

-Son muy ruidosos...pero también son agradables, un poco- se miró las manos, sin poder contener una sonrisa- El curso de Héroes es asombroso.

//

-So…- comenzó su Papa con una pequeña sonrisita que no auguraba nada bueno; su familia de cuatro se había reunido para una cena en honor de su desempeño en el enfrentamiento por grupos- ¿no vamos a mencionar el hecho de qué Kaminari Denki te llamó guapo enfrente de las dos clases?

Su Dad no dijo nada, pero tampoco detuvo a su esposo; era básicamente una invitación para que continuara.

-Papa, por favor, no- rogó sintiendo su rostro calentarse, además de que no estaba seguro si era así cómo debían ser interpretadas sus palabras.

-¡¿Alguien cree que Hitoshi-nii es guapo?! ¡¿Quién?! ¡¿Quién?!- el grito alborozado de Eri le resto atención a su protesta- ¡Dad, tienes que ponerlo en la clase donde esté esa persona!- pidió con sus mejores ojos de corderito y mirando al adulto pelinegro.

Aizawa masticó su bocado antes de responder:

-Veré que puedo hacer.

Dejó caer su cara contra la mesa con un pequeño "tud". Amaba a su familia, juraba que lo hacía, pero había veces en que le avergonzaban mucho.

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Fue a inicios de la semana siguiente (lo cual era poco tiempo si se tomaba en cuenta que el ejercicio lo había hecho un viernes) cuando lo llamaron a la oficina del Director Nedzu para informarle a que clase iba a integrarse.

Haisha le dio unos pulgares arriba cuando salió del aula, junto con otros compañeros que le mandaron sonrisas de apoyo. Tal vez jamás se había relacionado mucho con ellos, pero eran un grupo agradable en su mayoría.

Con un poco de nervios y aun sin saber en que clase quería terminar, entró en la oficina.

-Con permiso- dijo, notando a su Papa y a Cementoss-sensei parados a ambos lados del escritorio del director; era obvio que Hizashi estaba conteniendo las ganas de gritar o abrazarlo, probablemente ambas.

-Pasa, pasa- lo animó el ratonil Director con tetera en pata- Sientate y tomate una taza de té mientras conversamos.

-C-Claro- se tuvo que recordar que al hombre le gustaba aquella bebida en demasía y no desaprovechaba la oportunidad de servirla.

Tomó asiento intentando no mirar a su Papa, sabía lo contagiosa que era su emoción y no quería ponerse más nervioso de lo que ya.

-Supongo que sabes por que te hemos llamado- comenzó el director sirviendo dos tazas.

-Han decidido a que clase voy a entrar- respondió aceptando la bebida que se le ofreció un momento después.- Gracias.

-Exactamente- el Director Nedzu le dio un sorbo a su té- Antes de dar nuestro veredicto, ¿tenías alguna preferencia propia?-

-No realmente- contestó con honestidad- Ambas clases tienen lo suyo.

El director le dedicó una sonrisa afable.

-En ese caso, me enorgullece comunicarte que acabas de ser aceptado oficialmente en la Clase 1-A- dijo el hombre/ratón.

Sintió que algo se expandía en su pecho. Al fin, era oficialmente miembro del Curso de Héroes, tal y cómo había soñado desde inicios de año.

-Present Mic- llamó el Director Nedzu.

-¿S-Sí?- la voz del rubio era contenida y un poco chillona.

-Estamos en privado, así que eres libre de celebrar los logros de tu hijo como es debido.-

Tuvo el buen tino de dejar su taza sobre el escritorio antes de ser tacleado en un abrazo.

//

Monoma: Ugh, hoy volví a encontrarme con basura de la clase A

Shinsou: Lo siento, ya no puedo estar de acuerdo en tus insultos hacia ellos.

Shinsou: Oficialmente soy parte de esa basura.

Monoma: …

Shinsou: ¿?


Su celular comenzó a sonar entre sus manos. Oh, ¿por qué se imaginaba qué iba a pasar algo cómo aquello?

Contestó la llamada manteniendo el aparato lejos de su oreja.

-¡TRAICIÓN! ¡MISERIA!- los gritos histéricos de Monoma eran perfectamente audibles- ¡CREÍ QUE ERAS MI AMIGO Y ME APUÑALAS POR LA ESPALDA! ¡OH, YA NO HAY TAL COSA COMO LEALTAD EN ESTE MUNDO! ¡¿CÓMO TE HAS ATREVIDO A-?!- repentinamente se cortó.

Tenía una buena idea de quien era la responsable de aquello.

-Disculpalo, ya sabes como se pone- la voz de Kendou le llegó desde el otro lado de la línea.

-No hay nada que perdonar, ya lo veía venir- respondió con un encogimiento de hombros, aunque sabía que la muchacha no podía verlo.- Pasaré a verlo más tarde, tal vez pueda convencerlo de que perdone mi enorme traición- dijo con sarcasmo la última parte.

Kendou río.

 

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Hitoshi nunca había hecho amigos en la clase 1-C, desde el principio había pensado que no se quedaría en Estudios Generales, ¿así qué cual era el caso en volverse cercanos?

Bajo esa lógica, no deberían irritarle los comentarios y susurros (a sus espaldas, pero en un volumen totalmente audible) de cuanto se alegraban que "el pequeño manipulador ya no esté en nuestra clase". No todos habían sido así, hubo quien se despidió de él con una sonrisa y deseándole suerte, por ejemplo, Haisha, empero, no lograba sacudirse la molestia.

Encima, cómo un mal presagio, también se habían mezclado entre esos comentarios (aunque sin ninguna relación con su persona) algunos comentarios despectivos hacia la comunidad LGTBQ+, como era costumbre de un par individuos que estaba más que feliz de no volver a ver.

Sabía que aquellas cosas no debían afectarle, ¡En su hogar tenía la prueba viviente de que se podía alcanzar un futuro feliz! Era sólo que...había momentos en que le parecía que nada más poner un pie fuera estaba en peligro, solo deseaba no sentirse tan preocupado por cómo reaccionaría el mundo SI (y era un gran si) decidía mostrarse como era.

¿No podía ser él y ya?

Así que, con todos esos pensamientos acumulados, había llegado a los dormitorios de la Clase 1-A no con el mejor humor.

Afortunadamente, sus nuevos compañeros parecían haber, por fin, captado que no era la persona más sociable del mundo y aunque todos lo recibieron con una sonrisa, prontamente se dispersaron, dejando la tarea de darle un tour a Uraraka y a Iida.

El Presidente de Clase podía ser un poco pesado en sus explicaciones, pero la castaña intervenía para aligerar el ambiente; de ese modo lo dejaron en su nueva habitación sin estar sufriendo un dolor de cabeza.

Comenzó a desempacar inmediatamente (sabía que después le daría aun más flojera) teniendo sus pocas pertenencias casi listas cuando alguien llamó a su puerta: Se trataban de Kaminari, Sero, Ashido y Mineta, quienes querían saber si necesitaba ayuda arreglando sus cosas.

En ese instante, su escritorio se estaba negando a ser ensamblado, así que aceptó el ofrecimiento.

Entre los cinco descifraron el instructivo y lograron que el mueble se quedara en pie. El trabajo logrado y la pequeña charla que había hecho con sus compañeros le había relajado.

...hasta que notó que Mineta miraba fijamente una pequeña bandera asexual que tenía en una taza llena de lapices y plumas. No sabía si el chico conocía lo que representaba, pero no le había gustado el brillo en sus ojos, y aquello había traído de regreso todas las cosas malas del día.

Ni siquiera la excelente comida de Bakugou (¿quien diría que el bruto era capaz de cocinar?) ni los apetitosos macaronnes de Aoyama le habían podido devolver su buen humor.

Sólo quería tirarse en su cama y perseguir ocho horas de sueño que de antemano sabía que no conseguiría.

Entonces lo habían invitado a la noche de karaoke:

-E-Es el último día que tendremos el equipo de sonido- le explicó Kaminari, mucho más tímido que cuando se habían conocido- y pensamos usarlo para algo divertido. No tienes que cantar si no quieres, pero...eres bienvenido a oír.- el rubio le dio una pequeña sonrisa.

Como si la expresión del de ojos miel no hubiera sido suficiente, la idea de cantar era tentadora. Cantar siempre había sido su manera de expresar (y a veces algo más parecido a vomitar) las emociones que le sobrepasaban y que no encontraba como decir de otra forma.

Tantos meses viviendo con su Papa le habían quitado su vergüenza de cantar en público, claro, había una diferencia entre su familia y sus compañeros, pero lo necesitaba.

A todos asombró cuando pidió el primer turno y más cuando escucharon el comienzo de la canción que había elegido:

-La gente me señala/Me apuntan con el dedo/Susurran a mis espaldas/Y a mi me importa un bledo- entonó haciendo una mueca de infinito desagrado

La expresión salió bastante natural porque realmente lo sentía, o al menos intentaba sentirlo, estaba enojado, ahora faltaba canalizarlo hasta que se volviera presunción y desinterés.

-¿Qué más me da si soy distinto a ellos?- hizo un gesto de apartar con una mano, recordando los susurros y los insultos-No soy de nadie, no tengo dueño~

"Va a ser un villano cuando crezca"
"Tan raro, nunca mira a las chicas"
"Malvado"
"Roto"

-Yo sé que me critican/Me consta que me odian/La envidia les corroe/Mi vida les agobia- puso una mano teatralmente sobre su frente, al tiempo que una sonrisa confiada se pintaba en sus labios.

Alguien (creía que Sero) silbó.

-¿Por qué?/Yo no tengo la culpa- se encogió de hombros mirando a su improvisado público, todavía con aquella expresión presuntuosa- Mi circunstancia les insulta~

Hagakure y Ashido habían comenzado a mover las manos al ritmo de la canción.

-Mí~ destino es el que yo/Decido/El que yo~/Elijo para mí ~-

Podía ser que a primera instancia pareciera sólo hijo de Aizawa, pero, diablos, también lo era de Yamada y eso quería decir que podía ser dramático y una primadonna cuando quería.

-¡¿A quién le importa lo que yo haga?! ¡¿A quién le importa lo que yo diga?!- subió el volumen de su voz, enfatizando sus palabras con movimientos de sus brazos y hombros-¡Yo soy así! ¡Y así seguiré! ¡Nunca cambiaré!- caminó hasta el borde del improvisado escenario que habían montado-¡¿A quién le importa lo que yo haga?! ¡¿A quién le importa lo que yo diga?! ¡Yo soy así! ¡Y así seguiré! ¡Nunca cambiaré!- más que cantarle a sus compañeros, estaba entonando para todos los problemas que se habían acumulado en su cerebro.

En el intermedio sin lírica se dedico a moverse al ritmo de la melodía y mandar sonrisas casi coquetas que, en otras circunstancias, ni siquiera se habría atrevido a intentar.

Ahora casi todos llevaban el ritmo con sus manos y se movían con la cadencia de su voz; era casi como usar su Quirk, pero como a la quinta potencia.

Porque lo estaban haciendo voluntariamente.

-Quizás la culpa es mía/Por no seguir la norma- puso una mano en su pecho en falso sufrimiento; varios de los reunidos, incluyendo a Kaminari, abuchearon en desacuerdo-Ya es demasiado tarde/Para cambiar ahora-

-¡Wohooo!- el grito de Kirishima fue el más fuerte.

-Me mantendré firme en mis convicciones/Reforzare mis posiciones- entonó volviendo a inclinarse hacia su público- Mí~ destino es el que yo/Decido/El que yo~/Elijo para mí ~

Más gritos.

-¡¿A quién le importa lo que yo haga?! ¡¿A quién le importa lo que yo diga?! ¡Yo soy así! ¡Y así seguiré! ¡Nunca cambiaré!- hizo ademanes con sus manos, invitando a los demás unirse y en un instante veinte voces se unieron a su canto - ¡¿A quién le importa lo que yo haga?! ¡¿A quién le importa lo que yo diga?! ¡Yo soy así! ¡Y así seguiré! ¡Nunca cambiaré!

Cuando acabó la canción estaba jadeante y cansado, su cuerpo, por fin libre de la tensión, clamaba por descanso, pero estaba feliz.

Levantó la mirada y se encontró con los ojos oscuros de su Dad.

Esbozó una sonrisa inocente, o al menos lo intentó, suponía que estaban haciendo mucho ruido.

//

-¿Cómo convenciste a Aizawa-sensei de permitirnos viernes de karaoke?-

-Sólo fue suerte.-

Chapter Text

Hitoshi sabía que en cuanto se mudara a los nuevos dormitorios, sus problemas de sueño iban a volver; al parecer sus pesadillas se aprovechaban de cualquier grieta en sus defensas para hacer su presencia saber.

Así que no fue gran sorpresa cuando terminó bajando a la cocina mucho antes que todos los demás... o al menos eso creyó: Fue una sorpresa encontrarse a Kouda junto a la puerta que daba a los jardines.

-Buenos días- saludo intentando quitarse aunque fuera parte del cansancio frotándose los ojos.

-Meow-

Aquello le hizo detenerse, ¿ya estaba alucinando?

Pero no: al fijarse más de cerca, se dio cuenta que había un gato cerca de los pies de su compañero, así como un cuenco vacío. Oh, así que Kouda se había despertado temprano para darle de comer, debía ser un gato que venía seguido.

Al parecer su mirada fija y su silencio pusieron nervioso al más alto, quien comenzó a hacer varias señas rápidas que entendió enseguida:

-"Es solo un pequeño que viene por aquí, yo ya tengo una mascota así que no puedo quedarmelo, así que-"

-"No hay problema, entiendo lo que se siente"- señalo de vuelta, recordando sus propias escapadas para darle de comer a los callejeros cerca del orfanato.

Kouda parpadeó sorprendido.

-"¿Sabes lenguaje de señas?"- le preguntó con sus manos.

-"Sí. Aprendí desde pequeño por...razones"- terminó vagamente, no podía decir que era porque tenía prohibido hablar.

-"Nadie más en la clase sabe"- admitió Kouda, sus manos temblaban ligeramente-"Hace mucho que no conversaba con alguien así".

Ahora que lo recordaba, en el enfrentamiento entre equipos, Kouda era él único que no le había dicho nada, ahora entendía por qué.

Se miro las manos un instante, sus razones para hablar con ellas eran diferentes (asumía que Kouda era tímido), pero...

-"Puedes conversar conmigo cuando quieras"- señaló con un poco de vergüenza; recordaba bien sus primeras palabras hacia la clase A, pero también era consciente de que había arruinado su reputación de "tipo antisocial" con la canción que había cantado la primera noche.

El rostro de Kouda se iluminó, señalando un "¡Muchas gracias, Shinsou-san!" y supo que había tomado la decisión correcta.

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-Bonjour, Shinsou-se dirigió hacia él una voz en cuanto Aizawa-sensei dejó el salón

Hitoshi levantó ligeramente una ceja, algo asombrado de que la primera persona en hablarle (verbalmente, de otra forma el lugar iba para Kouda) no fuera Midoriya, más porque había notado las miradas intensas del peliverde; creía que sólo se había detenido porque no podía mirarle estando dos asientos detrás de él (habían hecho un lugar para él entre Yaoyorozu y Mineta).

-Hola a ti también, Aoyama- respondió con tranquilidad, levantando su mirada al rubio junto a su pupitre; después de pasarse las primeras horas del día acariciando un gato, estaba de buen humor, aunque la falta de sueño aún le pesaba.

-Tal vez esto te lo debí dar cuando recién llegaste, pero moi no quería abrumarte con su brillantez- le dijo el ojivioleta con una sonrisa (juraría que había pequeños brillitos alrededor de su rostro), extendiéndole una caja alargada y pequeña envuelta en un papel plateado lleno de diamantina.

Parpadeó, ¿un regalo? ¿por-?

-Un regalo por estar oficialmente en nuestra clase- explicó Aoyama, quizás sintiendo su duda- Je promets que es algo de tu agrado.

-G-Gracias- agradeció aun un poquito incómodo, a pesar de que en su primer día le habían demostrado que eran un grupo que gustaba de dar esa clase de gestos.

-De rien- respondió el rubio brillante.

Sin saber que más hacer, desgarró con delicadeza el papel de envoltura y abrió la caja, en el proceso dándose cuenta que muchos de sus compañeros los miraban. Dentro había unos lentes de un rosa pálido y con los cristales en forma de corazón, no eran de plástico barato sino de alguna clase de cristal delicado, pero a un tiempo resistente.

-Oh my gosh- oyó que Ashido exclamaba-susurraba - ¿De verdad-?

Para sorpresa, suponía, de más de uno, se los puso con cuidado, sonriendo un poquito cuando su visión pasó a ser del mismo tono que los lentes.

-¿Qué tal me veo?- inquirió ajustándolos en el puente de su nariz.

-¡C'est très bien! ¡Très beau!- halagó Aoyama brillando aún más, las motas brillantes a su alrededor multiplicándose y agradeció la protección del vidrio a sus ojos- Quizás no tanto cómo yo y realmente podrías ser más brillante, pero de verdad van contigo, Shinsou.

Sin quererlo sus mejillas se colorearon un poco, seguía sin acostumbrarse a que lo halagaran tanto.

-¿De verdad? ¿La mayoría diría que no son mi estilo?- dijo con un encogimiento de hombros, porque lo cierto es que no tenía tal cosa cómo un estilo, simplemente vestía lo que le gustaba.

-Non, non- Aoyama negó con un gesto dramático del índice de su mano derecha; con diversión se dio cuenta que le recordaba un poco a Monoma- ¿Cómo decirlo…? Eres un tipo con un exterior lúgubre, pero por dentro eres…¡cómo un arcoíris!

Le pareció escuchar que alguien se atragantaba en su risa (tal vez Jirou o Uraraka), pero no le prestó demasiada atención; su corazón había dado un vuelco ante la mención del arco colorido, quizás se estaba proyectando, debía ser una coincidencia, sí-

El ojivioleta le guiñó un ojo.

O quizás no lo era, pero parecía que al otro muchacho no le importaba, tal vez era esa situación de "se necesita uno para reconocer a otro".

Como fuera, eso le recordaba que le debía una disculpa.

-Aoyama, lamento mucho lo sucedido en el Festival Deportivo, no debí comportarme de esa manera- se disculpó sin preámbulo, era algo que le había cruzado por la cabeza en el insomnio de la noche anterior.

La sorpresa cruzó el rostro del rubio un momento, no sabía si por oírlo hablar francés o por la disculpa en sí misma, pero enseguida se recuperó.

-No hay nada que perdonar, amigo púrpura, sé las razones detrás de tu comportamiento- le tranquilizo- Si realmente quieres disculparte- prosiguió antes de que pudiera protestar- usa esos lentes tanto cómo quieras, de verdad te hacen bien.

A su pesar sonrió, lo había atrapado con eso.

-Tenemos un trato- respondió.

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-¡Oh, ahora ese desagradable olor tiene sentido, no son otros que los glorificados de la Clase A!-

-Oh por dios, es demasiado temprano para esto- se quejó Awase, siguiendo al rubio malicioso.

-Alguien vaya a buscar a Kendou- murmuró Kuroiro.

Más de un gruñido o suspiro pesado escapó de los labios de sus nuevos compañeros de clase al oír a Monoma; no los culpaba, hasta a él le provocaba esa reacción de vez en cuando. La mayoría lo ignoró y continuó su camino, pero unos pocos se quedaron, tal vez dispuestos a regresarle los insultos.

-Genial, ahora aparte de sangrarme los oídos también lo hacen mis ojos- Hitoshi les ganó en ese aspecto, notando que todas las miradas se centraban en él.

-Pero miren quien es: La adquisición más reciente al basurero- Monoma sonreía maliciosamente y tenía un brillo maniático en sus ojos.- Me sorprende que con el tamaño de tus ojeras puedas moverte.

-Y a mi me sorprende que tu ego te permita pasar por las puertas- contestó sin ninguna vacilación.

-Es evidente que te tomas tu estética de zombie muy en serio, ¡Incluso vas por ahí sin cerebro!- contraatacó el de ojos grises con una de sus ya conocidas risas condescendientes.

-En ese caso a ti hace falta la camisa de fuerza para verte cómo el lunático que eres, Bushleague Copycat- insultó de vuelta; los compañeros del rubio lo miraron con ojos como platos.

-¿Por qué no vas a controlar la cabeza de alguien, Mind fucker?- respondió Monoma en un gruñido bajo.

Fue el turno de los de la Clase A para verse ultrajados.

Hitoshi dejó pasar un par de segundos de silencio antes de resoplar divertido.

-Lo siento, no se me ocurren más insultos- le dijo al de ojos grises.

-¡¿Quéééééé?!- la disposición de Monoma cambió en un instante: seguía siendo ruidoso y molesto, pero la malicia se había evaporado.- ¿Cómo se supone que tenga una discusión contigo si no puedes mantener mi ritmo?- se veía decepcionado y molesto, cómo un niño malcriado al que se le ha negado algo.

-Disculpe, Majestad, pero yo no paso todo mi tiempo libre pensando en insultos para la gente con la que estoy en semi-buenos términos- respondió rodando los ojos.

-Sólo di que somos amigos, Shinsou-kun- la sonrisa maligna había vuelto a los labios del rubio- Porque yo soy tu primer amigo, ¿cierto?- a pesar de que le hablaba a él, sus irises grisáceos estaban clavados en los estudiantes de 1-A.

-Basta- gruñó con hastío, físicamente interponiéndose entre Monoma y los demás. El movimiento hizo que sus lentes rosas bajaran desde su frente, sostenidos precariamente por su pelo, hasta el puente de su nariz; se los acomodó antes de que pudieran caerse.

-Esos lentes son nuevos- comentó Monoma con interés.

-¿Te gustan?- inquirió conteniendo una sonrisa; la verdad fuera dicha, había considerado el comprarse unos porque había llegado a ver al rubio con unos parecidos (aunque nunca le diría que tenía buen gusto, su vanidad no necesitaba más inflación).

-Debo decir que sí, son algo que yo mismo usaría, tienes buen gusto, Shinsou-kun- aseveró Monoma con orgullo.

-Oh, no me halagues a mí- dijo conteniendo una carcajada y con una sonrisa de lado- Aoyama fue quien me los regaló, así que el del buen gusto es él.

Juraría que si Monoma fuera un programa de computadora, en aquel instante hubiera aparecido una ventana informando que había dejado de funcionar; su expresión no podía ser considera otra cosa que un glitch.

-Gracias a dios sabes controlarlo- intervino Kendou, quien recién había llegado- Yo me encargo desde aquí. Disculpen las molestias- dijo tomando a su compañero del cuello de la camisa y arrastrándolo hacia la cafetería.

Monoma no se resistió, estaba tieso cómo una estatua.

Hitoshi los despidió con una mano.