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Flores en forma de pecado (Historias Cortas)

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Primera Saga: La diosa de la reencarnación

Manga/Anime: Jojo Bizarre Adventure Stardust Crusaders

Pareja: Vanilla Ice/ Alice

Episodio 1: Al final de la desolación…

 

En las pobres calles de un pequeño pueblo árabe de los cientos de niños huérfanos uno de ellos destaco uno en particular.

Perfeccionado en el ancestral arte del robo y el engaño al mismo tiempo que aprendía a andar, despreciado por su misma especie como nada más que un animal moribundo y rabioso dispuesto a comer a otros para vivir un día más, toda su existencia giro en base a un único pensamiento legible y universal:

¡SOBREVIVIR A COMO DE LUGAR! ¡A CUALQUIER COSTO!

El muchacho creció, su corazón endureciéndose a base de los golpes letales del desierto y la gente que tanto aborrecía, las lágrimas secándose hasta olvidar su función, su mente maquinando a toda hora el traicionar antes de ser traicionado.

Matar y matar y matar para no morir.

Sus ojos apagados de emoción expresaban vivamente el vacío de su existencia, viendo la vida como un mecanismo de supervivencia circular: respirar y alimentarse e ignorando la belleza como un terreno inocuo.

Hasta el día en que fue vencido injustamente por los dioses una vez más.

Emboscado, apuñalado por la espalda y dejado en las calles para morir, un destino peor que el de un perro.

Observando el mantra oscuro e interminable y sintiendo en sus huesos la solitaria alma del desierto cerró sus ojos cansados de la luchar interminable que había librado pos la supervivencia del fuerte.

Sí. Ahora que sentía la vida abandonando sus venas y la sangre humedecer su piel fría no podía pensar en otra cosa que en la tristeza acumulada, en la infelicidad y la rabia absoluta de ser imponente ante el yugo impuesto sobre sus hombros.

Abrió la boca dispuesto a maldecir al destino y a los dioses por última vez, pero las palabras se atascaron en su garganta débil.

La muerte estaba sumiéndose sobre él como una sanguijuela sedienta de sangre.

Imponente cerró sus ojos, sus músculos relajándose en una aceptación forzada.

Sus sentidos apagándose, perdiendo la agudeza magistral con la que tantas batallas había vencido.

Pero.

En medio de la muerte del desierto dorado, en la fría y asesina noche unos pequeños pasos brillaban como campanillas en su mente. Un pensamiento afloró en el moribundo hombre.

“¿Q-quién? ¿quién se atrevería a viajar en pie? ¿Es acaso un suicida?”

Las campanas se detuvieron a su lado. Su instinto primario gritaba que corriera de la bestia demoniaca que acechaba su cuerpo moribundo, aquella del que los viajeros susurraban aterrorizados al contar sobre los cuerpos mutilados y destrozados que veían. Su mente calmada susurraba que no importaba si lo devoraba.

Que al menos su muerte daría el propósito que le fue negado en vida.

Entonces, una voz masculina musical y tenebrosa sonó en la oscuridad.

- ¿Oh? ¿Por qué te detienes? (...) no me digas que este perro sucio y moribundo llamó tu atención -

La diversión de su tonó al referirse a su pronta muerte le sacudió el corazón.

Era como si hablará sobre un insignificante insecto que al verse deslumbrado por la luz artificial cayó presa de las llamas del calor.

La risa que siguió su monologo encendió doblemente su instinto casi anestesiado.

- ¿Es así? (…) entonces no te detendré, cualquiera sea tu deseo o capricho sabes que te lo concederé -

Había alguien más… las campanas se acercaban a él lentamente.

- Será divertido ver cómo se desarrolla este inesperado y raro acontecimiento -

Sintió que alguien se acercaba a él, esperaba sin fuerzas el puñal o el dolor que lo terminarían y lo liberarían de su lento devenir.

Pero, nuevamente, su deseo fue ignorado.

En cambio unas pequeñas y dulces manos tomaron su rostro demacrado, dejándolo posar en un cálido regazo y dedos amables acariciaban su cabello sucio.

Sus ojos dorados se abrieron con su último esfuerzo, sus pupilas opacas dilatadas ante la primera muestra de compasión, de humanidad en toda su vida.

La vista que encontró rasgo su aliento inconmensurablemente.

Un ángel celestial se alzaba en la oscura noche.

Su piel blanca y cristalina resplandecía con su cabello tan oscuro como un cielo sin estrellas que caían en cascadas interminables. Sus rasgos femeninos juveniles y hermosos adornaban los ojos más gentiles que había soñado, y mucho más fulgurantes que  los rubíes.

Ante la vista hermosa y sobrenatural las lágrimas comenzaron a acumularse y nublar su vista. Las manos amables acariciaron suavemente su mejilla áspera.

- Has sufrido mucho ¿no? Tu vida ha sido difícil ¿no? Es una lástima, has vivido una existencia tan vacía y sin nadie que esté a tu lado para soportar semejante peso -

La voz suave sonaba como un bálsamo para su corazón, al instante la amenaza que lo acorralaba desapareció de su mente dejando un mar tranquilo en su pecho.

Sus palabras se hundieron en su alma.

Soledad. Si, ese había sido su único aliado, su familia durante toda su existencia. Tan silenciosa y ruin que inadvertidamente convirtió su corazón en una roca rasgada poco a poco por cicatrices amargas.

- Ya no estarás sólo, desde ahora renace en esté mundo como parte de mí y quédate a mi lado. Así mientras, yo Alice, esté viva te prometo que no te dejaré atrás… -

Gotas rojizas caían desde las blancas muñecas del ángel y se deslizaron por su mandíbula hasta tocar su boca y su lengua, al mismo tiempo se entretejió y fundió con sus propias lágrimas derramadas.

Las palabras inmaculadas terminaron por romper su coraza y derramar todo su dolor ante el abandono y la amarga marca que la humanidad había arrojado sobre él.

La muchacha se puso de pie, su vestido blanco deslizándose delicadamente por su cuerpo pequeño.

El hombre que había estado moribundo sanó instantáneamente sus heridas, sin esfuerzo alguno su enorme ser se levantó para arrodillarse ante la joven.

Sus manos ahora purificadas con la sangre santa tomaron la pequeña mano amable que inmerecidamente había recibido su toqué.

Sus ojos dorados la miraban con una adoración infinita, obsesiva e incondicional.

Ahora sólo tenía ojos para ella, sólo tenía voluntad para ella.

Su existencia sería exclusiva para su alabanza y protección.

- Vanilla Ice -

Al final de su desolación su propósito había sido revelado.

Él renació en este mundo podrido para servir a un ser supremo, a su diosa de la misericordia y el amor.

- Sí, Alice sama. Mi alma y mi corazón están a su entera disposición y servicio -

¡Ay de los mortales que osen interferir entre él y su adorado ángel!

No habrá piedad alguna.