Actions

Work Header

The War Of Hermione Granger

Chapter Text

THE WAR OF
HERMIONE GRANGER

Por
The Fox Lady
0

PRÓLOGO:

0

La guerra ha acabado y sólo puedo pensar en cerrar los ojos y doblar las rodillas para caer en un sillón.

Soy Ministra contra las Artes Oscuras del Ministerio Mágico, y Ministra de Magia Interina desde que el Ministro de Magia pacifista, Remus John Lupin, fue asesinado en el Miércoles Sangriento en agosto. Aún recuerdo el día en que me escondí bajo un escritorio con la capa invisible de Harry mientras sacaban a mis compañeros – a mi novio entre ellos – a rastras para asesinarlos todos juntos contra la pared del ministerio. Recuerdo a Harry y a Ron sacándome de debajo del escritorio mientras yo lloraba y gritaba, y cómo Ron me cargó en brazos tratando de que no pudiera ver el matadero sangriento que era la entrada del Ministerio.

Hoy, las calles de Londres están de fiesta. Todo el mundo ha salido a la calle, locos de alegría, celebrando, riendo, abrazándose y llorando: hay música y risas, brindis y luces, y un ambiente de carnaval se respira en el ambiente.

No sé de dónde sacan energía. Llevo setenta y dos horas sin abandonar mi puesto, una semana sin ir a casa, dos años sin dormir bien.

Me voy a casa.

Me envuelvo en mi capa y cruzo anónima la locura de las calles: unos magos me gritan que me una a su fiesta, un par de anónimos me abrazan al pasar. Sonrío, pero se me cierran los ojos, y avanzo con las piernas temblorosas por tantas horas en tensión. Y apesto.

Cuando cruzo el callejón que desemboca en Mortimer Alley, me paro en seco.

Tirados en la nieve, hay cuerpos. Docenas. Muchos asesinados, pero otros… otros están muertos de frío y de hambre. La guerra sólo es la mitad de responsable del horror: el desbarajuste que causa, la forma en que borra toda caridad, toda chance excepto para los más fuerte y afortunados es la otra.

Cruzo el pasillo lleno de cuerpos, y salgo a Chelsea, en donde está mi piso. Casi he olvidado las llaves: al entrar, desactivo los treinta y cuatro hechizos de protección, y entro a casa.

Mis plantas están todas muertas.

La capa de polvo, incluso sobre un brownie a medio comer, me hace ver todo gris.

Me quito la ropa a tropezones, y me meto al baño. Mi rostro es fantasmal: mis ojeras parecen imborrables, mi rostro aguzado como el de un animal famélico, mis ojos grandes y oscuros. Hay unas leves arrugas a los lados de mis ojos y mi boca, y casi parezco una vieja.

Despacio, me desprendo el pelo del rodete. Está sucio y tan apelmazado que no se desarma, y al soltarlo con los dedos, mi escalpo grita.

Miro por un rato una barra de labios comprada hace cuatro años en el botiquín y no recuerdo cómo se ponía.

Me meto a la ducha. El agua caliente me golpea como una bendición, y me doy cuenta que no recuerdo la última vez que me di un baño. Hace años que no disfruto uno: y me doy cuenta de pronto que no tengo nada que hacer- por esta noche. Puedo dormir. Puedo comer. Puedo quedarme aquí hasta deshacerme, si lo deseo.

Con alegría infantil, pongo el tapón para prepararme una tina. Sólo tengo el jabón duro para asearme, pero hago burbujas como una chiquilla riendo, y luego me arrodillo en el agua caliente y lloro histéricamente, balanceándome. Se acabó, por fin se acabó, Voldemort está muerto, Harry y Ron están vivos, Inglaterra está en paz, pero han muerto tantos. Tantos que no me he permitido llorar porque había demasiado que hacer, siempre demasiado, siempre cosas tirándome la manga con un Miss Granger, Ministra, Miss Granger, Ministra, Ministra, Ministra, Ministra… no tengo que razonar, no tengo que planear, no tengo que forzarme más, no por ahora, no ahora.

Fred, Viktor, Tonks, Lavender, Neville, Luna… todos muertos. Tantos muertos, Dios mío… sin tumba, o sin nada que enterrar. Sollozo y grito, hasta que poco a poco el mundo vuelve a entrar en foco, y temblando en el agua que se hiela me lavo el pelo frotando con fuerza, maravillada de cuánto jabón necesito.

Me pongo la bata, que creo que hace años no uso, me seco, y abro mi gaveta de comida: todo lo que me quedan son unas galletas rancias. Las devoro.

Y me desplomo en la cama, los ojos cerrados, al fin…

… Tienes que reanudar relaciones diplomáticas. Luego, dar órdenes de búsqueda y captura de magos oscuros, establecer un tribunal internacional con ayuda de la M-ONU, negociar ayuda con Tony Blair, establecer comités de socorro urgente y de apoyo médico para las víctimas, así como reevaluar el estado financiero inglés mágico. Tendré que devaluar el galeón otra vez, My God. Y luego…

- ¡HERMIONE! ¡HERMIONE!-

La voz viene de la chimenea. Las piernas temblándome, la enciendo, y el rostro de Ginny surge, chillando alborozado: casi fuerza un brazo por el estrecho conducto.

- ¡¡HERMIONE, ESTÁ MUERTO!! ¡¡HARRY GANÓ!!- me grita la nueva jefa del Auror’s Guild.

Me invade una ira irrazonable. ¿Harry ganó? ¡Ganamos nosotros! Harry lideró nuestras tropas en la batalla de Gales, sí, pero… ¿y los demás? Percy asesinado por ser la voz antimageista de la confederación, Draco perdiendo todo por votar en contra de los mageistas en la Cámara y torturado cuando se declaró la Dictadura de los Diez bajo Voldemort, y yo… dos años de mi vida sobre el jodido escritorio para que Harry tuviera tropas, alimentos, armas, pociones, medimagos… dos años de luchar contra paredes de piedra, tomar decisiones crueles, de enfrentarme al horror que los mapas y los inventarios me traían, años de concebir estrategias brillantes para Harry, mirando esos pergaminos hasta que había sangre en mis ojos. Y ahora…

- ¡HERMIONE, VEN! ¡VAMOS A CELEBRAR!- grita Ginny. Seguro hay tanto ruido a su alrededor que apenas se escucha.- ¡ESTAMOS EN HOGWARTHS! ¡VEN, HARRY Y RON QUIEREN VERTE!-

- Estoy agotada, Ginny.- susurro.- Nos vemos por la mañana.-

- ¡Hermione!-

Apago la chimenea y me tiendo en la cama. Yazgo un momento con los ojos abiertos.

Quince minutos después me levanto, y mientras los fuegos artificiales inundan el cielo, prendo la luz y empiezo a reestructurar el Ministerio en una hoja de papel…