Actions

Work Header

Somebody Help Me Out.

Chapter Text

Cuando Stiles los conoció, realmente pensó que eran pareja.

Había una extraña sincronía entre Lydia y Derek que asustaba. Si uno se movía, él otro también lo hacía.  Cuando uno inhalaba, el otro exhalaba.

Así de sincronizados estaban.

Stiles dejó de mirarlos fijamente cuando se dio cuenta de que estaba siendo maleducado con la alfa frente a él. Carraspeó para aclararse la garganta y miró a la mujer, tal vez era cosa de los genes lobunos, pero ella se veía realmente joven para tener veintiocho años y estando a cargo de una manada de trece integrantes.

—Ellos no son pareja, ¿sabes? —aclaró Laura Hale con una sonrisa petulante. Stiles estrechó los ojos hacia ella— solo son mejores amigos.

La banshee y el hermano menor de la alfa eran completamente ajenos al escrutinio de Stiles desde la oficina de Laura.

—Gracias por la información, pero no era eso lo que me estaba preguntando.

—¿Y por qué parecía que estabas a punto de babear? — Stiles bufó una risa. Laura le agradaba.

Era más sencillo cuando el alfa y el emisario se llevaban bien.

—¿Cómo conseguiste a una banshee?

Laura se encogió de hombros.

—La encontramos en el bosque cuando era una niña, en ese tiempo mi madre era la alfa —Stiles había leído y escuchado mucho acerca de Talia Hale, una de las más poderosas lobas que haya pisado Estados Unidos— sabes que realmente no hay un sistema que proteja a los niños sobrenaturales, se quedó con nosotros desde entonces. 

Por supuesto que lo sabía. Stiles volteó una vez más a ver a la chica pelirroja que estaba siendo llevada en hombros por Derek. El emisario había empezado a estrechar los vínculos con la manada después de que Laura lo presentó ante ellos; aun eran débiles, pero con el tiempo se fortalecerían.

Él quería tratar con Lydia, quería conocerla mejor y descubrir por qué su vínculo se veía de color morado.

Y por qué el de Derek empezó a brillar cuando Stiles ató el vínculo a él.

 

+

 

—Tiene que ser una broma— murmuró Stiles mientras leía uno de los libros que había traído consigo de la academia.

—¿Qué tiene que ser una broma? —Laura ladeó la cabeza mientras lo miraba. Stiles no la había escuchado entrar a su habitación, tendría que empezar a cerrar la puerta.

—La cantidad de ingredientes que necesito para las protecciones de la casa— mantuvo su corazón estable, una de las primeras enseñanzas que le dieron en la academia y cerró el libro para depositarlo en su cama— son demasiados y no estoy muy seguro de si las encontraré aquí.

—No te preocupes por ello, conozco un lugar donde podrás encontrar todo lo que necesitas— Laura se recargó en el marco de la puerta con los brazos cruzados y el indicio de una sonrisa— ¿cómo estás llevando la transición?

La transición era uno de los momentos más importantes de la vida de un emisario, ocurría cuando el entrenamiento en la academia terminaba y tenías la posibilidad de formar un vínculo con un alfa. Stiles había estado entusiasmado y asustado a partes iguales cuando su oportunidad llegó.

Él se encontraba en la reunión en el comedor de la academia, conociendo a todos los alfas que estaban en busca de un emisario o druida. Estrechó manos con todos, esperando a sentir la chispa que se supone debes sentir cuando conoces al alfa al que te acoplarás.

Laura fue la última alfa que Stiles vio ese día y ni siquiera fue necesario tocarla. En cuanto se vieron a los ojos la electricidad comenzó a correr por su piel, metiéndose debajo y haciendo que su sangre tronara en sus venas.

Stiles estaba realmente entusiasmado por la forma en que el vínculo comenzó a tomar fuerza con ella. Baste decir que él firmó los papeles para salir de la academia e irse con Laura al día siguiente en cuanto amaneció.

—Bien, pensé que sería más complicado, que extrañaría la academia— Stiles sacó un par de camisetas estampadas de su maleta— fue mi hogar durante años, pero no lo hago.

Se dirigió al armario en la habitación.

—Si nos lo permites, este lugar será tu hogar— dijo Laura en voz baja, pero no lo suficiente para que él no la escuchara. Stiles sonrió.

—Lo espero con ansias— Laura sonrió pequeño y se enderezó.

—La cena estará en media hora y a menos que necesites mi ayuda, iré abajo— señaló con su pulgar sobre su hombro.

—Todo bien, gracias…— Stiles no supo como decirle. ¿Alfa? ¿Laura? Los libros y sus maestros siempre habían dicho que la mejor manera de hablar con los líderes era por su título, pero si Stiles iba a vivir con la manada, no creía que todo el tiempo requiriera decirle alfa, además, eso haría una diferencia abismal entre el poder de ambos y un emisario siempre tenía que estar al lado del alfa, nunca enfrente o atrás, justo a su lado, listos para enfrentar la batalla.

—Laura está bien Stiles, no te rompas la cabeza— dijo con diversión y se fue, cerrando la puerta con ella. 

—Laura— murmuró él, sabiendo que ya no podía escucharlo, ya que, algo que Laura le dijo de manera bastante estricta, era que todos apagaban sus sentidos estando en casa, para tener un poco de privacidad. Eso a Stiles le había parecido grandioso, no necesitaba a nadie escuchándolo mientras se masturbaba.

Siguió sacando su ropa y acomodándola a su gusto, sin tener que preocuparse por invadir el espacio de alguien más, como siempre le pasaba en la academia. Sin tener que preocuparse porque alguien encontrará los libros que tomaba a escondidas de la biblioteca. Eso era algo que no extrañaría de ese lugar.

Claro, extrañaría a los amigos que había hecho ahí, a Heather, a Jackson, a Allison.

Pero ahora tendría una familia y prefería mil veces eso.

Cuando escuchó que llamaban para cenar, cerró su maleta -terminaría de acomodar después- y paso sus dedos por el libro que había estado revisando cuando Laura lo interrumpió.

Stiles estaba tan jodido, acaba de ser aceptado como emisario de una manada y ya se estaba metiendo en problemas.

¿Cómo tomaría su alfa si le dijera que su hermano menor era su compañero? Era la única razón por la que su vínculo brillaba.

 

+

 

Cerró los ojos y se concentró en los lazos de la manada. El de Laura era rojo y fuerte, vibraba poderosamente con la energía de ambos yendo de ida y vuelta; el de Camden era dorado y firme, al igual que el de Michael, Leah, Noah, Alec, Teresa, Daniel y Skylar. El de Lydia emitía una extraña nube de poder color morado, pero no se sentía mal o peligroso, lo sentía como si estuviera dormido, tranquilo y apacible. El de Derek era azul y brillaba con tanta fuerza que si lo veía demasiado lo lastimaba.

Los únicos dos lazos que aun no estaban del todo firmes eran los de los mellizos: Corina y Anthony. Eran dorados y tintineaban ante el más mínimo movimiento.

Stiles se preguntaba porque aún no se formaban del todo, él creía que ellos confiaban en él. Prácticamente habían vivido juntos por dos semanas y entrenaban cada día para fortalecerse como manada.

Sabía que Laura también lo había notado, ya que los alfas siempre sentían la conexión con cada uno de los integrantes, pero también percibían las interacciones que había entre ellos.  

Tal vez tendría que hablar con los mellizos o esperar a que confiaran completamente en él.

Hasta que no lo hicieran, Stiles no sería completamente admitido en la manada.

 

+

 

Stiles se había preguntado por qué Laura tenía una oficina tan grande y con tantos papeles ordenados por carpetas.

Laura había respondido que si algo les había enseñado bien su tío Peter era sobre finanzas y que, a pesar de que tanto ella como Derek y Lydia tenían un título universitario, no ejercían las carreras que habían estudiado (Laura criminología, Derek historia y Lydia ingeniería) y habían decidido invertir gran parte de la fortuna familiar en comprar acciones de empresas pequeñas que cada vez estaban teniendo mayor alcance.

Una apuesta bastante insegura que había resultado muy provechosa, si le preguntan a Stiles.

Ninguno de los tres se involucraba demasiado en el desarrollo de las ideas de las empresas, pero siempre tenían que dar su visto bueno ante cualquier acontecimiento importante.

De esa forma los lobos más jóvenes habrían podido acceder a la carrera que les diera en gana, ya que podían permitírselo, pero habían decidido quedarse en la universidad local para estar cerca de su manada.

Camden, Skylar y Noah tenían un taller mecánico, Michael y Leah eran profesores en sexto y octavo grado, respectivamente, en la escuela de Waterville y Alec era aprendiz en una pastelería.

Laura le había dicho que estaba bien si él quería quedarse en casa, ya que no conocía demasiado el mundo humano por todos los años que paso en la academia.

Stiles sabía que quería hacer algo como el resto de la manada, solo que aún no sabía el qué.

 

+

 

—Vamos Derek, no seas aguafiestas— musitó la pelirroja al lobo que estaba sentado obstinadamente en las escaleras.

—No estoy siendo… —el lobo negó y Stiles trató de fingir que seguía leyendo su libro en la sala, no creía tener mucho éxito— ¡no quiero que depiles mis cejas Lydia!

—Nada más un poquito— Stiles no volteó a verlos, pero apostaba que Lydia hizo un puchero— solo para quitarles la apariencia de orugas.

—No.

—Anda…

—¿Qué tengo que hacer para que me dejes en paz?

—Déjame depilar tus cejas.

—No.

—Bien, vamos de compras entonces.

—No necesitas más ropa.

¿Cómo sabía Derek cuanta ropa tenía Lydia? Ni siquiera Stiles sabía cuanta ropa tenía él mismo.

—No es para mí, tonto, para ti, hay que cambiar tu guardarropa.

—Mi ropa está bien.

—Esos suéteres con hoyos no lo están.

—Me gustan mis suéteres.

Si Lydia se refería a los suéteres con hoyos para pulgares, a Stiles también le gustaban.

No que le gustara como se veían en Derek si no el suéter en sí.

O tal vez si era Derek con esos suéteres.

Stiles no quería ir por ahí.

—Necesitas una nueva chaqueta de cuero.

—Me gusta mi chaqueta de cuero.

—Maldición Derek, solo acompáñame— escuchó un susurro proveniente de Derek y luego la risa de Lydia— no será tan malo como la última vez, lo prometo.

—Pero…

—No dejaré que te acosen Der, tranquilo.

Stiles había ido una semana antes de compras con Laura, podía entender la preocupación de Derek, considerando su aspecto, de encontrarse en un centro comercial con un montón de mujeres -y hombres- babeando por él.

No quiso imaginar lo que Lydia podía hacer para evitar que lo molestaran.

—Oh y de paso a la librería, necesito comprar unos libros.

—La librería no, por favor— suplicó el lobo.

—Tranquilo, Paige ya no trabaja ahí.

Stiles vio el reloj en su muñeca y contó cinco minutos antes de que ambos se despidieran de Laura y salieran de la casa.

 

+

 

—¿Necesitas ayuda? —inquirió una voz desde debajo de él. Stiles no necesitaba mirar para averiguar quién era.

—No, gracias por el ofrecimiento.

—¿Seguro? No pareces estar en una posición muy cómoda— prácticamente podía escuchar la sonrisa presumida en los labios del lobo.

—Es cómoda para mí y estás provocando que me distraiga de mi meditación.

Stiles se encontraba boca abajo en un árbol, con las piernas dobladas sobre la rama más firme que pudo encontrar. Estaba visualizando las conexiones que había empezado a hacer con la tierra y con el bosque hasta llegar a los límites con Beacon Hills.

O lo estaba intentando hasta que cierto hombre llegó y lo distrajo. Stiles sintió como los lazos se ocultaron de nuevo.

—¿Por qué sigues aquí? — dijo, abriendo un ojo y mirando mal al moreno.

—Me recuerdas a las zarigüeyas de la Era de Hielo 2— Stiles lo miró sin entender y Derek hizo una expresión de fingido horror— ¡no puedes decirme que jamás has visto esa película!

—No la conozco— se encogió de hombros lo mejor que podía dada su posición, sabía que no le quedaba demasiado tiempo antes de que el dolor de cabeza lo invadiera— pase gran parte de mi vida en la academia, no conozco muchas películas.

—No me digas, ¿Harry Potter te suena de algo?

Stiles negó con la cabeza.

—Nop— explotó la p en su boca, decidiendo que era mejor que bajara antes de que se desmayara por la cantidad de sangre en su cabeza.

No necesitaba chistes sobre la damisela en apuros.

Bajó de un salto y aterrizó frente a Derek, que lo sostuvo de los hombros cuando se tambaleó.

—Te falta pulir tus movimientos, pero eres ágil— Stiles cabeceó para despejar su vista, que estaba llena de puntos negros— un poco más de entrenamiento lo conseguirá.

—Ya entreno con ustedes— logró enfocar correctamente a Derek, después de todo, moverse tan brusco no había sido bueno.

—Entrenas como nuestro emisario— el corazón de Stiles no aleteó cuando dijo nuestro, no lo hizo, cállense— necesitas hacerlo como un lobo más para sacarle todo el provecho a tu potencial.

—¿Te estás ofreciendo a entrenarme?

Fue el turno de Derek de encogerse de hombros y sonrió como solo un lobo puede hacerlo. Un escalofrío recorrió su columna.

—Si te gusta lo rudo, soy tu hombre.

Oh, a Stiles le gustaba.

O eso creía.

 

+

 

—¡Presta atención Derek! — el grito de Lydia hizo que Stiles se levantara desde donde estaba haciendo sus estiramientos.

Volteó para encontrar al lobo siendo regañado por Lydia, literalmente, lo estaba regañando por algo, pero Stiles no lograba escuchar qué.

Tomó su playera de donde la había colocado en una rama y se seco el sudor de la frente.

 

+

 

Bien, parece que Stiles tuvo que revisar la definición de rudo, porque Derek tenía una completamente diferente.

Aunque, siendo honestos, Stiles pensó totalmente en sexo cuando Derek le dijo que, si le gustaba rudo, él era el indicado. Y a Stiles le gustaba, bastante.

Pero no cuando era aplicado al contacto físico con la única finalidad de la lucha entre ambos.

¡Y ni siquiera una lucha sexual!

Stiles no había firmado para esto.

Bueno, Stiles no había firmado nada, pero lo entienden.

Con sus huesos doliendo por completo, Stiles se levantó del suelo por quinta vez.

—De nuevo— exclamó Derek. Stiles se limpió la tierra de las manos en sus pantalones.

—Jódete, Hale— Stiles se limpió la sangre de su mejilla con el dorso de su mano, las ramitas del suelo lo habían cortado cuando cayó.

—Debes aprender a pelear sin tu magia, no puedes solo quedarte indefenso si no la tienes.

Stiles había leído sobre hechizos que anulaban los poderes de cualquier ser o criatura. También lo había hecho Derek.

—Tienes buena constitución— dijo el lobo— y eres rápido, eso te ayudará.

“No tan rápido considerando la cantidad de veces que he terminado en el suelo” pensó para sí, pero no lo admitiría ante Derek.

Espero a que el lobo atacara para hacer un movimiento. Corrió para encontrarse a medio camino con él, derrapándose sobre la tierra cuando Derek saltó. Definitivamente se había enterrado algo en el culo, pero había valido totalmente la pena ante la aprobación en el rostro de Derek y el orgullo en la cara de Laura, que los observaba desde el porche.

Se puso en pie de nuevo.

—¡Otra vez!

Auch.

 

+

 

La ventaja de ser una criatura con magia era que sus heridas sanaban increíblemente rápido, ¿la desventaja? Las heridas siempre eran brutales y la sanación una perra.

 

+

 

Alguien se dejó caer a su lado en el sofá que había en el sótano, Stiles alzó la vista para encontrarse a Lydia observándolo con atención mientras comía una manzana.

—Pensé que la nigromancia estaba prohibida— dijo la muchacha y mordió su manzana, sin derramar una sola gota de néctar.

—Lo está.

—¿Y por qué estás leyendo sobre ello?

Stiles echó un vistazo a su libro antes de mirar a la banshee de nuevo.

—¿Sabes leer latín arcaico?

—Y clásico— se encogió de hombros, como si fuera algo muy común— hay una gran cantidad de libros en latín arcaico y mucho de esa información es útil.

—¿Lo aprendiste sola?

—Sí.

—Para mí era una asignatura obligatoria en la academia.

Lydia sonrió y se inclinó hacia el libro.

—No me has dicho porque lo estás leyendo y, en primer lugar, ¿cómo conseguiste el libro? Pensé que el Consejo los tenía todos.

—Había algunos en la biblioteca de la academia.

—Y, ¿casualmente uno terminó en tu mochila?

Stiles se removió incómodo en su asiento.

—Fueron varios en realidad.

Lydia se veía impresionada.

—¿Qué buscas hacer con ellos?

Suspiró, pensando en si decirle la verdad o no, aunque, tener otra persona que le ayudar a traducir sería grandioso.

—Tengo preguntas y solo algunas personas pueden responderlas.

—¿Cuánto llevan muertas esas personas?

—Diecisiete años— tragó con fuerza.

—Sabes lo peligroso que es ¿no?

—Sí, pero necesito saber.

—Lo entiendo Stiles, pero pregúntate si vale tu vida por conocer las respuestas.

Lydia se fue y él se quedó ahí, reflexionando sobre lo que le dijo.

Sabía que, si interpretaba algo mal o decía algo erróneo durante un hechizo, pagaría con su vida, pero solo necesitaba unos minutos con ellos, con sus padres, para averiguar realmente lo que les había pasado.

Decidió seguir leyendo y tomando notas que mantuvo en latín, no necesitaba que uno de los lobos las encontrara.

 

 

+

 

Era el turno de Corina en esa ocasión. Después de un mes de entrenar con Derek, Laura decidió que estaba listo para entrenar con la manada como un lobo más algunos días, otros solo utilizaba su magia y había ocasiones en que combinaba ambos.

Esos eran los días de entrenamiento favoritos de Stiles.

Corina lo miró con sus ojos brillando dorados antes de cargar en su contra. Stiles se desplazó hacia un lado mientras la empujaba hacia el frente. La chica inmediatamente se levantó.

La dejo hacer el primer movimiento de nuevo, provocando que solo quedará debajo de él, de nuevo. Ella forcejeó en su agarre y Stiles se puso en pie e hizo algo que no había hecho hasta entonces. Extendió su mano para que la tomara.

Corina lo miró con duda por un segundo, antes de sonreír y tomar su mano. En ese momento, sintió cómo se afianzó el vínculo entre ellos y al notar que su hermano observaba todo el intercambio, apreció el cambio en ambos lazos.

No era que ellos no confiaran en él. Ellos creían que Stiles no confiaba en ellos.

 

+

 

Lydia se sentó junto a él en la barra, tomando una naranja y comenzando a pelarla.

—¿Cuándo le dirás? —musitó ella mientras mordía un gajo de la fruta, sin derramar una sola gota sobre su barbilla.

—¿Decirle qué a quién? —Stiles apartó su vista de las notas que estaba haciendo sobre los hechizos de protección contra fuego.

—Que eres su compañero— soltó como si estuviera hablando del clima. Stiles se hubiera atragantado de haber estado comiendo.

—¿De qué hablas? —Lydia lo miró con cansancio.

—¿Creíste que no lo notaría? —la chica miró su naranja— Derek se ha comportado diferente desde que te conoció y oh dios, deberías verlo cuando persigue tu olor, en serio, es patético.

—¿Persigue? —inquirió con voz entrecortada. Lydia apretó los labios y asintió.

—Es como un cachorrito con su olor favorito o un niño buscando los regalos de Santa Claus, me causa mucha gracia en realidad.

Stiles no estaba muy seguro de qué decir, siempre se sentía torpe en torno a Lydia.

—¿Por qué no se lo has dicho tu?

—No me corresponde hacerlo— se enderezó en el asiento— pero si lo que tenías dudas era sobre si era correspondido o no, totalmente lo es.

Lydia se fue sin decir nada más, dejando a Stiles completamente confundido.

Confundido y esperanzado.

Él jamás pensó que encontraría una familia, un hogar y una persona que lo complementara como lo hacían los compañeros.

Aunque, una parte de él, no quería creerlo porque eso significaba que él tenía algo que perder y no quería volver a ser roto de esa manera.

 

+

 

Stiles no habló con Derek, aun no. Él prefería seguir con ese extraño baile que tenían uno alrededor del otro.

Aunque al parecer Lydia tenía otros planes.

De alguna forma, la pelirroja hizo que Stiles estuviera casi encima de Derek mientras veían Harry Potter y las Reliquias de la muerte parte 2. A Stiles le gustaban las películas, pero era imposible para él concentrarse en lo que estaba sucediendo en la pantalla mientras se encontraba en esa posición.

Debido a que él había estado prácticamente desconectado del mundo humano, Laura había declarado los sábados como días oficiales de películas.

Porque “Stiles no puedo permitir que alguien de mi manada nunca haya visto Titanes del Pacífico, así que siéntate y vela”, así que llevaban dos meses haciendo maratones de películas desde las tres de la tarde hasta las tantas de la madrugada.

Stiles siempre las veía, incluso podría decir que tenia un par de favoritas (la mayoría de super héroes, si le preguntan) e incluso las que estaban basadas en libros le gustaban, como Maze Runner y The Hunger Games, pero aún no terminaba de agarrarle cariño a las de Harry Potter, tal vez por la forma en la que describían la magia como algo que se podía canalizar a través de palitos de madera.

Y por supuesto que eso no pasaba, la magia fluía mejor a través del cuerpo de quien la ejecutaba, sin necesidad de artefactos de por medio.

Él en verdad, en verdad quería ver la película, pero la respiración del lobo en su nuca y la forma en que su corazón martillaba con fuerza contra su pecho lo distraían en demasía.

Lydia le sonrió presumida desde el otro lado del sofá.

Stiles rodó los ojos y se puso en pie tan rápido que casi iba a caer de bruces contra el suelo, si no hubiera agarrado el hombro de Derek, que, bajo sus manos, ardía.

—Necesito ir al baño— dijo cuando Laura lo miró y se lanzó escaleras arriba.

Se encerró en el baño y se desplomó contra la puerta, ¿por qué tenía tanto calor?

Se mojó la cara con agua y se sacó el suéter por la cabeza, quedándose con la camiseta puesta y descubriendo que estaba prácticamente pegada a él por el sudor. También se la quitó y se recargó con fuerza en el lavabo.

Sintió un tirón en el nudo que eran los lazos y decidió examinarlos.

El de Laura estaba bien, el de Lydia y el resto no parecían tener cambios, pero ¿el de Derek? El de Derek estaba ardiendo como un metal al rojo vivo.

Eso no podía ser bueno. Y lo peor del asunto es que Stiles también lo estaba sintiendo.

Unos toques en la puerta lo sacaron de su estado febril.

—¿Puedo pasar? —alfa, Laura, seguridad. Stiles nunca se había sentido así.

—Sí— susurró con apenas fuerza.

Laura entró para encontrarlo sentado contra la bañera, apenas consciente en el calor abrasador que lo consumía.

—Mierda— murmuró. Stiles escuchó que le gritaba a alguien, pero él estaba demasiado ido para descubrir a quién.

 

 

Abrió los ojos con cuidado para darse cuenta de que se encontraba en su habitación. Laura estaba acostada en el otro extremo de su cama, mirándolo con preocupación en sus ojos.

—Eso asusta un poco, ¿sabes? — su garganta raspaba y se moría por un vaso de agua. Laura rodó los ojos, pero le sonrió con cariño.

—¿Cómo te sientes?

—Como si me hubieran metido a un horno— se enderezó en la cama y se estiró, sintiendo sus huesos crujir y sonriendo ante el alivio.

—Sí, es más o menos como un lobo se siente cuando quiere reclamar a su compañero.

—¿Qué? — Stiles se quedó estático, porque ¿qué?

Laura se puso en pie y sirvió un vaso de agua de la jarrita que había en la cómoda, obviamente alguien la había traído mientras él estaba fuera de combate.

—Ya sospechaba que ustedes eran compañeros— Laura le tendió el vaso y Stiles lo tomó, agradecido— la forma en que sus vínculos comenzaron a entrelazarse no es demasiado común, así que investigué junto con Lydia.

Stiles la instó con su mano a que continuara cuando ella se calló.

—Ustedes son compañeros, sus almas han estado entrelazadas desde hace años— Laura se sentó a su lado y lo miró con seriedad— pero eso tú ya lo sabías.

Asintió con la cabeza, terminando lo último que había de agua en su vaso.

—Y no le dijiste nada, ¿por qué? —Laura no sonaba enojada, solo… ¿triste?

—No quería traer problemas a la manada, me acababa de unir a ustedes y no quería perderlos.

—¿Por qué habrías de perdernos? —dijo ella en voz baja, calmada. Stiles rehuyó su mirada.

—Por si no funcionaba.

—¿Por si Derek no te quería? —Stiles tragó con fuerza y asintió.

—Sé que hay lobos que rechazan a sus compañeros y eso hace que una manada se resquebraje, así que quería conocerlo, quería que me conociera, que quisiera…

—¿Quererte? — asintió y Laura tomó su mano.

—Y no que tuviera que quererme porque le dijera que era su compañero.

Laura hizo que levantara la vista al poner la mano sobre su barbilla, obligándolo a mirarla.

—Créeme, mi hermano te quiere y si ambos no fueran tan cabezotas lo hubieran visto hace mucho tiempo y evitado la escena de ayer.

—¿Qué fue lo que paso?

—Al tener magia también, sentiste el calor de Derek, el calor que solo sientes cuando estás con tu compañero y entras en la bruma de reclamar, querer.

—Espera un minuto, ¿reclamar? —Laura asintió y sonrió sugerentemente.

—Como dije, ambos han sido tontos.

—Oh joder— Stiles sentía como se enrojecían sus mejillas— así que ¿sentí las ganas de Derek de…?

—De reclamarte, sí— y ella en realidad parecía divertida, la desgraciada.

—¿Dónde se encuentra?

—Alistándose para salir, tiene que ir a Beacon Hills a tratar un asunto.

—¿Qué asunto? —Laura ya no sonreía.

—Sé que tienes que resolver algo con mi hermano, pero tenemos un par de asuntos que tratar nosotros también— la máscara de seriedad estaba en su lugar y Stiles se acomodó mejor para escuchar.

—Adelante.

—Primero, quiero pedirte oficialmente que te unas a la manada como nuestro emisario.

—Por supuesto que si Lau— dijo con una sonrisa. Laura soltó un suspiro de alivio, pero su expresión rápidamente regresó a ser seria.

—En segundo lugar, antes de que te unas a nosotros, tienes que conocer nuestra historia por completo— se mordió el labio y respiró, parecía que le dolía el hablar— escuchaste lo que le pasó a la manada Hale, ¿no es así? —Stiles asintió— necesito que me digas lo que tú sabes.

La miró sin entender.

—Para saber desde donde debo explicarte.

—Oh— Stiles entrelazó sus manos en su regazo, sin saber como decirlo sin sonar demasiado grosero. Recordó lo que había leído en uno de los libros sobre la historia moderna de los lobos. — La manada Hale fue emboscada en su propia casa por un clan de cazadores forajidos, matando a casi todos los integrantes, solo sobrevivieron tres, Laura y Derek Hale y Lydia Martin.

Sí, así de grande, antigua e importante había sido la manada Hale que sus nombres, sus hazañas y su tragedia se encontraban en los libros modernos sobre la historia sobrenatural. 

—Lo que los libros no dicen es que los cazadores atacaron en represalia, porque mi madre no quiso convertir a uno de ellos cuando descubrió que tenía cáncer y había una posibilidad de que la mordida lo salvara.

Stiles la miró horrorizado.

—¡Pero ella estaba en todo su derecho de rechazarlo! — los lobos escogían a quién querían en su manada— además, no había garantía de que sobreviviera a la mordida.

—Ellos no lo quisieron entender así, durante años habíamos coexistido en la misma ciudad, ellos no se metían con nosotros ni nosotros con ellos— Laura miró por la ventana, sus ojos nublados por los recuerdos— hasta que mamá dijo que no y nos declararon la guerra.

Stiles tragó el nudo en su garganta.  

—Pusieron ceniza de montaña en el exterior de la casa, en las puertas y ventanas y los obligaron a ir al sótano— la voz de Laura se quebró— no tuvieron oportunidad de defenderse porque también bloquearon los túneles que llevaban al bosque.

—¿Cómo supieron de esas vías de escape? —preguntó en voz baja, porque tenía curiosidad en serio, si tenías túneles, seguramente eran para escapar y no sería algo que le dijeras a todo mundo.

—En varias ocasiones tuvimos reuniones con otras manadas y clanes de cazadores, en nuestro intento por mantener una tregua— Laura apretó su agarre— sospechamos que alguno de ellos los buscó y los encontró.

A Stiles le encantaría decir que no podía creerlo, se suponía que los cazadores y las criaturas de la noche llevaban siglos en paz, pero por supuesto que lo hacía.

—¿Qué ocurrió con los cazadores?

Laura sonrió de medio lado, sus ojos fijos en la cobija.

—Los cazamos como ellos lo hicieron con nosotros.

—¿Ustedes tres? —ella negó.

—Con ayuda de la manada Blackstone, ellos eran muy amigos de nuestra familia, nos acogieron a los tres después de lo que paso y queríamos venganza, ya que el Consejo nunca reconoció que fueron los Argent los que llevaron a cabo la matanza— Laura ahora sonaba furiosa— teníamos una buena relación con el hijo mayor del líder y llegamos a pensar que fue él quien les dijo sobre los túneles, ya que había ido en varias ocasiones a la casa— respiró hondo antes de continuar.

Stiles no podía, no quería, interrumpirla y decirle que estaba bien, que podía parar si era demasiado doloroso, pero quería saber la verdad, conocer la historia de esta manada que ahora era su familia.

—Cuando regresamos a la ciudad encontramos el cuerpo de Chris en el sótano de su propia casa, lo habían torturado Stiles, su propia familia— negó con la cabeza mientras las lágrimas caían de sus ojos— no descansamos hasta que los encontramos y acabamos con ellos.

—Y el consejo siguió sin reconocerlo— no estaba preguntando, era obvio que no lo había hecho o estaría en los libros.

—No les convenía que el resto supiera que el tratado se rompió por algo como eso.

Stiles siempre había sabido que había algo extraño en el Consejo, era lo más cercano que el mundo sobrenatural tenía a un gobierno y que trataba de ser imparcial en todos los aspectos, ya que estaba conformado por veintisiete integrantes, representantes de las especies de la noche “civilizados”. Los trolls no entraban en esa categoría, así como muchas criaturas más.  

Había algo raro en su interacción con el resto del mundo, con los tratos a su academia, con su inefectivo sistema para proteger a los huérfanos.

Porque, para empezar, ¿Por qué había un sistema para niños que habían perdido a sus familias, a sus manadas, a sus clanes? Si no había guerra entre los habitantes de la noche y difícilmente un humano podía acabar con uno de ellos.

Stiles había tenido esa duda desde que comenzó a leer los libros en la academia, ya que él mismo era un niño que había perdido a sus padres a manos de… ¿de qué le habían dicho? Humanos.

Humanos con armas humanas yendo contra una emisaria y un brujo.

¿Cómo había sido posible eso?

Stiles era un niño pequeño cuanto todo eso ocurrió y al ser un potencial emisario fue llevado a la academia, donde prácticamente creció y su familia paso a conformarse de más niños como él.

Había algunos que fueron llevados por sus propios padres para que desarrollaran sus poderes y lograran el cometido de unirse a alguna manada de lobos o un clan, ya sea de vampiros o cazadores, un aquelarre, o lo que ellos quisieran, pero ¿el resto? Se encontraban ahí porque las circunstancias de la vida no les habían dejado más opción.

Pero ¿cuánto tiempo llevaba ocurriendo eso? La tragedia de los Hale había ocurrido hace casi diez años, si Stiles recordaba bien y sus padres habían muerto cuando tenía cuatro, así que… diecisiete años desde que habían comenzado los problemas entre especies de la noche.

Y eso, solo contando los dos eventos que Stiles conocía, el suyo propio y el de los Hale.

—Stiles— llamó Laura, ya que se había perdido en sus conjeturas— te estoy diciendo todo esto para que conozcas el panorama completo, sé que has estado con nosotros por casi cuatro meses y prácticamente eres familia ahora— su corazón se hinchó al escucharlo— pero necesito que entiendas a lo que te enfrentas, aquí no hay protección del Consejo como lo había en la academia, solo nos tenemos los unos a los otros y por ello es esencial las alianzas que tenemos entre manadas. Quiero que elijas ser parte de esta manada formalmente conociendo los riesgos.

—Lo hago— dijo con firmeza y tomó la mano de su alfa. Sonrió. Su alfa— lo hago Alfa Hale, quiero estar en tu manada.

Laura sonrió brillante, la tristeza dejada a un lado.

—Bien entonces, haremos la ceremonia esta noche.

 

 

Stiles esperaba algo más, como un camino de velas que lo llevara al bosque y tal vez una marca con sangre o algo por el estilo.

Sencillamente, Laura se paro frente a él, con la manada alrededor mientras le preguntaba:

—Emisario Stilinski, ¿está dispuesto a servir, confiar e incluso dar su vida por la manada Hale?

—Lo hago.

—¿Comprende los riesgos que hay al unirse a esta manada?

—Lo hago.

—¿Quiere ser parte de esta familia?

Stiles sonrió.

—Lo hago.

Laura dejó sus ojos iluminarse rojos, Stiles sintió la apremiante necesidad de descubrir su cuello a su alfa. Laura se inclinó hacia él y lo mordió, lo suficientemente fuerte para romper la piel, pero sin ser doloroso.

 Stiles casi sintió explotar el poder que fluyó a él a través de Laura, sintiendo con mayor potencia los vínculos de la manada.

Por un momento fue como si alguien hubiera callado al mundo, solo para subir su volumen al máximo al segundo siguiente. No se había dado cuenta del momento en que cerró los ojos hasta que los abrió de nuevo.

Su vista se encontraba llena de puntos naranjas y rojos, los lazos tirando con fuerza desde su núcleo hasta cada integrante.

Stiles no podía decir si estaba maravillado ante la sensación de su manada o asustado por el poder que corría a través de ellos.

No le dio un segundo pensamiento y salió a correr con ellos para sellar los vínculos.

Stiles sentía que podía estallar de felicidad.

 

+

 

Alguien tocó a su puerta mientras se secaba el cabello, ya que se había dado una ducha después de la carrera. Se sorprendió por su visitante antes de que una sonrisa se deslizara en sus labios.

—¿Qué puedo hacer por usted joven Hale? —Derek paseó su mirada por su torso desnudo, deteniéndose en la toalla en su cadera. Se relamió los labios antes de mirarlo a los ojos.

—Tenemos que hablar— sus ojos parpadearon dorados un segundo antes de regresar los irises multicolores que a Stiles tanto le gustaban.

—Adelante. —Stiles se hizo a un lado para dejarlo pasar.

Derek miró a todos lados, antes de encararlo.

—Yo…— se vio interrumpido por un sonido tan espantoso que hasta a Stiles aturdió. Derek cayó de rodillas al suelo, cubriendo sus orejas con fuerza. El emisario corrió a su lado para cubrir con sus manos las de Derek, sabiendo que fuera lo fuera, lo estaba lastimando.

Stiles prestó atención, era un grito.

Un grito de banshee. Jamás había escuchado a Lydia proferir uno, pero una vez en la academia lo había escuchado.

Las banshees detectaban el peligro y en algunas ocasiones, la muerte.

Ayudó a Derek a ponerse en pie y salieron de la habitación. Stiles se había olvidado por completo de que no estaba vestido -solo llevaba la toalla- pero no importó, bajo con Derek hasta la sala y vio a los lobos tratando de orientarse. Lydia estaba ayudando a Laura y Skylar.

—Lo siento, lo siento— murmuraba la pelirroja, con sus ojos llenos de lágrimas— no era mi intención.

—Está bien— Laura le tomó la mano— ¿qué escuchaste?

Lydia tragó con fuerza. Stiles notó que Derek estaba prácticamente recargado sobre él.

—Hay algo, en Beacon Hills— dijo ella con voz temblorosa— algo despertó al nemeton.

La forma en la que Laura palideció hizo que la sangre de Stiles se helara.  

—¿Te dijeron qué fue?

—No, pero algo… hay un rastro de muerte Lau, algo realmente feo allá.

Laura asintió y miró a todos en la habitación.

—Derek— llamó, su hermano se despegó de Stiles y asintió hacia ella— vendrás conmigo, junto con Camden, Michael, Leah y Anthony.

—Yo también voy— dijeron Stiles y Lydia al mismo tiempo.

—Solo Lydia— declaró Laura, Stiles iba a replicar— necesito que alguien que sea capaz de detectar alteraciones en las salvaguardas se quede por si lo que sea que esté en Beacon Hills viene para acá.

Stiles sabía que tenía razón.

—Corina— llamó a la chica— necesito que informes a manada Blackstone y a los Talbot sobre esto, hay que ponerlos sobre aviso si se traslada a su territorio.

Corina asintió y corrió hacia el teléfono.

—El resto, vamos a prepararnos, salimos en dos horas.

Después de eso, todo fue un borrón entre preparar mochilas con ropa para un par de días, algo de comida y las armas que podían llevar - ¿quién dice que las criaturas de la noche no usaban armas? Además de las que traían incluidas, por supuesto-.

Se despidió de Laura con un abrazo, al igual que del resto, mientras salían de la casa. Derek se demoró a su lado en la puerta.

—Hablaremos cuando regresé, ¿está bien?

—Cuídate por favor— dijo, en lugar de responder, pero claramente ambos sabían que esa conversación la tendrían eventualmente.

Derek asintió y miró una vez al coche, hacia Lydia, antes de voltearse rápidamente hacia él y darle un beso en la mejilla.

Derek afianzó el agarre en su mochila y se fue. Stiles soltó el aliento que contuvo y los despidió con la mano.

Comprobó el terreno de la ciudad que ahora era su hogar, asegurándose de que todo estuviera en orden y siguió los lazos de su manada hasta que traspasaron los límites de las salvaguardas.

Se tragó la preocupación de saber que ya el mismo territorio no los protegía. Hablaría con Laura sobre poner salvaguardas en Beacon Hills también, a fin de cuentas, seguía siendo territorio Hale aunque la manada ya no estuviera ahí -por obvias razones, Laura no toleraba vivir ahí-.

Daniel le apretó el hombro cuando pasó junto a él para dirigirse arriba.

—Estarán bien— musitó el chico, no era mucho más grande que Stiles y sabía que había sido un omega hasta que Laura lo acogió.

—Lo sé.

 

+

 

Stiles no se durmió hasta que casi eran las cinco de la mañana, se había sentado en el banquillo que había junto a la ventana, con su almohada abrazada contra él, mientras inspeccionaba todos los lazos de los lobos que se habían ido.

El de Laura y Derek estaban tan tensos que parecía que se romperían, el de Lydia ardía como un fierro incandescente y el aura morada de su poder parecía un vendaval en torno al lazo. Los demás estaban tensos también, pero no al punto de ceder.

Él no quería dormirse, demasiado preocupado por su manada, pero el cansancio mental lo venció y se fue al mundo de los sueños recargado en su almohada contra el marco de la ventana.

 

 

Despertó cuando sintió el lazo de Lydia y Derek quebrarse.