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I Release You

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Capítulo 4

 

Habían pasado tres semanas desde esa conversación que había tenido con Carol. Después de eso la vi de pasada unas cuatro veces y pudimos saludarnos a penas una vez. Cuando tocó visitar el primer museo con los chicos solo fui yo con ellos porque Carol y Harge estuvieron en una reunión con los ejecutivos de la obra. Un poco frustrante pero entendí que ella estaba en la ciudad para trabajar, definitivamente iba a estar ocupada. Incluso vi menos a Harge comparado con otras semanas… de eso no me quejaba, honestamente. Al verlo recordaba que era él quien estaba casado con mi amor platónico.

Era jueves en la noche y yo ya estaba casi resignada de no volver a ver a Carol en estos últimos días del mes.

Recibí un mensaje de texto, era Jeannette.

“Hola, Therese, probablemente se cancelen las clases de los chicos para mañana viernes. No está 100% confirmado pero te tendré al tanto. Lo más seguro es que te confirme mañana a las 6 am. Buenas noches.”

¿¡6 am!? Lo que faltaba: no iba a ver a sus hijos siquiera. Y es que ser profesora particular significaba tener un número reducido de compañeros de trabajo. Nuestros alumnos y alumnas son quienes vemos a diario, por lo que con el tiempo se desarrolla una linda relación que se podía traducir en una amistad con personas a las que les compartes conocimiento mientras aprendes de ellas al mismo tiempo.

Hablando de compañeros de trabajo, una notificación apareció en mi celular. “Dannie Smith: Resumen del Primer Mes” era el título del correo. ¡Ah! ¡El maldito resumen! ¿Cómo pude haberme olvidado de eso?

“Therese,

Ya debes estar en casa luego de las clases de hoy. De ser así, por favor no olvides enviar un resumen de lo que va siendo tu primer mes enseñando a los Aird. Lo necesito a más tardar el viernes en la noche.

Que descanses,

Dannie Smith.”

Seguido de un mensaje de texto del mismo Dannie:

“Conociéndote, ya debes estar en casa, pero no puedo poner eso en el email… ‘protocolos’”

“Lo sé, lo sé, es un poco gracioso que pusieras ‘de ser así’, sabes que a penas salgo los fines de semana”

“Eso no significa que no salgas los días de semana jaja”

Reí mientras rodaba los ojos.

“Solo quería preguntarte si estaba todo bien con los Aird… Normalmente mandas el resumen exactamente al mes de haber empezado clases y nunca esperas a que yo lo pida, todo bien, no?”

Estaba exhausta mentalmente y me daba miedo escribir algo que no debía, por lo que solo me atiné a responder:

“Mañana sin falta lo envío, buenas noches :)”

.

Abrí solo un ojo mientras observaba mi celular en espera de alguna notificación. Eran las 6:05 de la mañana y no había ningún mensaje de Jeannette.

Luego de rodar dos veces, volví a chequear: 0 mensajes. Eran las 6:20 am.

No estaba segura de llamar, sentía que era muy temprano y por el mensaje que había enviado anoche se entendía que si no me confirmaba, no iban a suspender las clases… ¿cierto?

Leí el mensaje como cinco veces más para asegurarme.

Marcaron las 6:45 de la mañana y decidí llamar a Jeannette. De todas maneras iba a estar despierta si me iba a confirmar a las seis que las clases se iban a cancelar o no. Seguro se había olvidado.

Llamé tres veces y las tres veces mi llamada fue dirigida al buzón. Opté por enviar un mensaje de texto: “Buenos días, Jeannete, se cancelan las clases de los chicos definitivamente?”

¿Me alisto o no? ¿Me alisto o no?, me pregunté mientras me alistaba. Iba a estar bañada y cambiada sea cual sea la respuesta de Jeannette. Incluso pensé en mandar un mensaje a Eryk, quien sorpresivamente me compartió su número de celular un día que estuvo de buen humor pero dudé de que estuviera despierto a esa hora.

El reloj marcaba las 7:15 am, ya debía estar en camino a comprarme algo para desayunar mientras me dirigía al hotel. Las clases con Ted y Rick empezaban a las 8 en punto. Jeannette seguía sin responder.

“Al carajo”, dije agarrando mis cosas y saliendo del departamento. Si iban a cancelar las clases podían hacerlo estando allá, no iba a tener problema, pero no podía estar tranquila imaginando a Ted y Rick esperándome en casa y yo faltando sin haber hablado con ellos antes.

Ingresar al hotel fue más complicado que nunca. El portero tuvo que revisar mis credenciales dos veces para asegurarse de que era yo. Literalmente me veía de lunes a viernes, por lo que me hizo pensar que hoy no iba a ser como otros días.

Y no lo fue.

Solo estando en el pasillo noté más actividad de lo normal, vi a Harge hablando con dos personas que nunca había visto. Me saludó a lo lejos y con la mano me indicó que me estaban esperando dentro de la habitación de los chicos. Sonreí y entré extrañamente nerviosa.

Mientras dejaba mi abrigo pude escuchar a Ted y Rick hablar con alguien más, ambos estaban conversando de manera relajada y riendo con alguien. Quise pensar que era Eryk pero nunca lo había visto despierto antes de las 9 am. La abuela también quedaba descartada porque había regresado a Londres ya hace varias semanas.

Cuando giré para entrar a la sala donde dictaba las clases, encontré a Carol en el sofá con el pequeño Rick acostado sobre su regazo mientras miraban a Ted que al parecer estaba contando una historia entretenida.

Cuando los tres pares de ojos se posaron en mí, sentí que estaba interrumpiendo algo muy íntimo.

Debí quedarme en mi maldita cama , pensé luego de abrir la boca pero sin soltar una palabra.

Felizmente Rick me salvó.

“¡Profesora Belivet!”, saltó del sofá para venir a abrazarme y tanto Carol y yo nos miramos sorprendidas, “¡Hoy es mi cumpleaños!”, me dijo entusiasmado.

“Oh-”, dije sorprendida. No estaba segura si supe ese detalle antes o si era información nueva. Sentí que tantas cosas pasaban a la misma vez que me costaba concentrarme en una, “Feliz cumpleaños, Ricky”, acaricié su cabello mientras él me soltaba para regresar donde Carol.

“Buenos días, Therese”, me saludó con su voz sonando tan suave como la seda.

“Buenos días, profesora”, dijo Ted. Al parecer todos estaban contentos de verme.

“Buenos días”, les sonreí a ambos con las mejillas ligeramente rosadas. Rogué para que no incrementen en color, “Lamento haber interrumpido, realmente no estuve segura de si las clases quedaban canceladas y...”

“No, no has interrumpido, te estábamos esperando”, me dijo con tanta amabilidad que era ridículo, ridículo como yo creyendo que había hecho algo malo, “Rick quería celebrar su cumpleaños en clase. ¿Jeannette no te escribió esta mañana?”

“Lo hizo anoche pero hoy no pudo contestar mis llamadas”, respondí con la voz un poco más baja de lo normal.

“Claro, está muy ocupada. Sería bueno tener tu número para situaciones como esta…”, Carol miró a Ted, “Cariño, ¿me pasas mi celular, por favor?”

Sin poder creerlo, Carol y yo intercambiamos números. Era su número personal; probablemente no nos íbamos a comunicar más a través de Jeannette. Bueno, tal vez sí pero ambas podríamos conversar sin utilizar terceros.

Mientras alistaba la clase que iba a empezar, observé que Carol no tenía intenciones de retirarse. Eso bastó para sentirme más nerviosa de lo que ya estaba.

“¿Te molesta si estoy presente durante unos minutos?”, me preguntó y demoré en contestar más de lo que debí.

“Claro que no, no hay problema.”

“Prometo no ser distracción para los chicos”, sonrió y se sentó de nuevo en el sofá.

El problema no es que los distraigas a ellos…

Tuve que inhalar profundamente antes de empezar a dictar. Sentía como que estaba al frente de Dios y que estaba a punto de ser juzgada. Me sentí hasta vulnerable. Un total sinsentido.

Luego de obligar a mi cabeza a pensar en frío y bajarle un poco a los nervios, empecé la clase ignorando a Carol de una manera totalmente inhumana. ¿Había alguien en este mundo que se resista mirarla?

Pero no me duró mucho. Pude observar que estaba 100% inmersa en la clase. Estaba atenta como si estuviera aprendiendo algo nuevo, y estoy segura de que Carol Aird conocía sobre los diferentes tipos de adjetivos. Cuando uno de sus hijos decía una respuesta correcta, ella asentía la cabeza en aprobación. Por momentos también noté que abría los labios para preguntar o decir algo relevante pero los cerraba al instante. Me hubiese encantado escuchar lo que pensaba.

Íbamos unos 40 minutos de clase, ella se levantó y se fue sin decir nada. Tan silenciosa fue al irse que ni siquiera Rick lo notó.

No estaba segura de si iba a volver y eso bastó para que los nervios regresaran.

¿Acaso lo había hecho mal? Estaba en un territorio desconocido: ningún padre había estado presente en las cientos de clases que he dado. Ni siquiera las familias que se veían más serias y estrictas lo habían hecho, confiaban mucho en la agencia y en mi trabajo. ¿Debería esperar un feedback de su parte?

Inhalé hondo y continúe con el resto de la clase que ya estaba por terminar.

Una vez finalizada me dirigí al baño para poder refrescarme un poco. Cuando posé mi mano sobre la manija, la puerta se abrió de pronto.

Era Carol otra vez, sorprendida de verme, apenas a 15 centímetros de distancia.

“¡Lo- Lo siento mucho!”, exclamé rápidamente, sumamente avergonzada, “Oh, dios, que vergüenza”, dije en voz alta a pesar de que fue un pensamiento.

Carol rió de mi reacción mientras acariciaba mi brazo, aún parada en la entrada del baño.

“Oh, Therese,” se veía divertida, yo solo quería esconder mi cabeza en la tierra, “no te preocupes, ya estaba saliendo.”

“De todas maneras, lo siento por no haber tocado antes. No imaginé que hubiera alguien. Pensé que te habías ido”, las palabras salían de mi boca una tras otra, tan rápidas como mis latidos.

“Mmm, sigo aquí,” su mano ya no acariciaba mi brazo pero se posó en mi hombro. Era indiscutiblemente más alta que yo, por lo que todo el tiempo estuve con la cabeza mirando hacia arriba, “Y en realidad estaba pensando en decirte algo antes de irme.”

La miré sin decir nada, esperando.

“Quería invitarte a la pequeña fiesta que vamos a hacerle a Ricky esta noche,” sonrió, “y de paso celebrar que terminamos con los ensayos de la obra.” Sus ojos brillaron de entusiasmo por ambas celebraciones y se vio muy tierna.

“¡Wow, felicidades!”, comenté mientras sentía que mis nervios bajaban por todo mi cuerpo excepto en el hombro derecho donde su mano aún yacía.

“Es a las 7 pm, ¿crees que puedas venir?”, preguntó esperando mi respuesta, “Hoy Eryk no tendrá clases porque nos va a ayudar con todo. ¿Qué te parece? Fue idea de Ricky invitarte, te tiene mucho cariño”, agregó.

“Por supuesto que estaré aquí,” asentí y su sonrisa se expandió.

“Excelente”, hizo ademán de querer salir hacia el corto pasillo para regresar a la sala pero yo estaba bloqueando la salida, “nos vemos más tarde”.

Apretó ligeramente mi hombro antes de soltarme y pasar por mi lado, rozándome sin dejar de sonreír.

“Nos vemos”, susurré mientras la veía caminar de espaldas hacia mí.

Sin detenerse, volteó sobre el hombro para decir “Es todo tuyo”, en referencia al baño… o al menos eso creí. No le sorprendió que yo haya estado aún mirándola.

.

Le gustas, le gustas, le gustas, estuve repitiendo en mi cabeza desde que salí del hotel. Si bien nada estaba confirmado aún, no había nadie en este universo que me haga creer que Carol no se siente atraída hacia mí de alguna manera. Y ese pensamiento no me tenía en los cielos, al contrario, me daba mareos pensar que fuese completamente cierto.

Qué carajos, qué carajos, qué carajos.

Carol podía sentirse atraída hacia mí, claro que sí, pero no necesariamente como una potencial pareja. Podía estar buscando una nueva amiga, no una amante. No tenía sentido por los más de 10 años que ella llevaba casada y con hijos.

Está casada, está casada, está casada.

Entonces, ¿qué mierda fue todo eso?, intenté buscar la respuesta de regreso al hotel mientras observaba sin ver la ciudad a través de la ventana del taxi.

Regalo: listo.

Atuendo: impecable.

Nervios: en lo más profundo del estómago.

Al parecer el punto de encuentro iba a ser en el hotel y de ahí nos iríamos a un restaurante que Harge y Carol habían reservado. Carol no me había dado ninguna dirección, por lo que me sentí un poco incómoda cuando estuve por llamar a la puerta de la habitación donde dictaba las clases, y vi a Jeannette sorprenderse de verme ahí, hasta parecía molesta por mi presencia.

“Hola, Jeannette”, dije rápidamente antes que se vaya corriendo como siempre lo hace, “Carol me invitó al cumpleaños de Ricky”.

“Claro, ellos están a punto de irse. El taxi está aquí”, me respondió inmediatamente, “Anda a Print, ahí estarán.”

La vi caminar hacia la habitación del frente donde imaginé que Carol estaba y me di media vuelta. Aún era temprano, podía tomar el tren y caminar algunas cuadras, llegaría casi al mismo tiempo que ellos.

Llegué al restaurante y no estaba segura de si mi nombre iba a estar en la lista pero felizmente así fue.

Al entrar noté que no iba a ser nada pequeño ni íntimo, por lo visto habían juntado ambas celebraciones por lo que reservar la terraza y unas cinco mesas del restaurante fue necesario. Ya habían algunos invitados esperando por Carol y su familia. Había también un par de niños que no había visto antes, probablemente eran hijos de las personas que trabajaban con Carol y Harge en el teatro. 

Cuando la familia Aird llegó, todos los presentes exclamamos de alegría. Eryk fue el primero en saludarme y se veía más alegre de lo normal. Rick y Ted le siguieron, felices de verme como siempre. Harge y Carol se tomaron su tiempo para saludar a cada uno de los invitados.

La cena fue rápida y deliciosa, seguido de eso se abrieron más botellas de vino y de champán una tras otra. Cantamos ‘Feliz Cumpleaños’ a Rick y la celebración continuó con más énfasis.

Éramos un aproximado de 25 personas y realmente fue una buena idea que hayan reservado una área abierta porque por momentos sentía que se estaba haciendo mucha bulla entre las celebraciones por la obra y por Rick. Todos nos paseábamos entre ambas áreas, y aproveché para conocer a algunos de los invitados.

Carol se acercó a mí un par de veces, la primera para agradecerme por haber asistido, la segunda fue luego de la cena, cuando yo estaba en la terraza conversando con Rick sobre los regalos que le habían traído.

Esa vez no había notado que Carol me había estado observando desde hace un buen rato mientras bebía su champán.

Me pregunté si en público podía suceder algo similar a lo que ocurrió en el baño más temprano. Fue un momento íntimo, y me refiero a que solo estábamos conversando las dos, en un espacio donde solo estábamos las dos, nadie más que las dos.

La pareja que estaba también en la terraza no notaron la presencia de Carol y entraron de vuelta al restaurante.

No fue hasta que la tuve tan cerca que pude notar el sonrojo en sus mejillas mientras se mordía el labio casualmente. Estaba coqueteando, no había duda. Se veía tan hermosa que me daban ganas de besarla ahí mismo, sin embargo, solo pude sonreírle.

Trataba de controlar mi respiración, de alguna manera sentía que no estaba inhalando y exhalando de manera natural. No estaba agitada pero aún así me estaba costando respirar como una persona normal… y tenía que aparentar que nada fuera de lo común estaba ocurriendo.

Carol me observó con ternura y con la copa de champagne vacía en una de sus manos, la otra la posó en mi hombro mientras el pequeño Rick se iba corriendo con una sonrisa.

“Eres tan amable con mis niños, Therese”, comentó y me sonrojé, “Si todas las profesoras del mundo fuesen como tú, este sería un lugar mejor.”

Tragué fuerte mientras regresaba mi mirada hacia Rick y Ted que jugaban a pocos metros de nosotras.

“Gracias, Carol, aprecio mucho tus palabras”, asentí y la miré rápidamente para notar que sus ojos se enfocaban en mis labios. Su mano se deslizó por toda mi espalda hasta la parte más baja. Me ponía nerviosa de pensar que en cualquier momento alguien iba a llegar y ver lo juntas que estábamos.

Definitivamente el alcohol le estaba haciendo efecto, solo no imaginé que iba a ser tan rápido.

Pero mis vellos se erizaron cuando noté algo.

¿Era acaso posible que Carol se sienta más “amable” o “cómoda” conmigo al tomar? ¿Eso significaba que por dentro le hacía sentir así? Normalmente los seres humanos deshinibimos deseos o pensamientos recurrentes bajo los efectos del alcohol por aquella sustancia que nos da el “valor” necesario para expresarlos.

¿Carol habrá pensado sobre mí en secreto?

“Gracias a ti… por estar aquí”, dijo casi susurrando y más cerca de lo que ya estaba. Peligrosamente cerca. A tal punto que fue un poco incómodo porque estaba incrementando mis ganas incontrolables de besarla. No, no, no, detente, quise decirle, Vas a arruinarlo, no, no.

Jeanette apareció con su clásico caminar apurado y se acercó a Carol mientras soltaba un carraspeo.

“Te necesito un momento”, la tomó del brazo y me observó preocupada por una milésima de segundo. ¿Preocupada por qué? Claramente Carol había tomado un poco más de lo normal y estaba más amigable de lo que debería, pero su preocupación era mayor y me hizo sentir culpable.

Carol se fue con ella al interior de la sala luego de deslizar su mano desde mi espalda pasando por mi codo hasta la punta de mis dedos.

Sentí mis mejillas arder como los mil demonios.

“Respira hondo, Therese”, me susurré a mí misma mientras giraba espalda a la sala y mirando el panorama lleno de luces. No fue hasta que me llevé la copa de champán a la boca que noté lo mucho que temblaban mis manos.

Había tenido muchos crushes a lo largo de mi vida. Mujeres heterosexuales incluso, pero definitivamente ninguna me había hecho sentir tan nerviosa como lo hacía Carol. Y es que Carol no era solo un crush, era algo prohibido por cualquier lado que se viera. Tan prohibido que lo consideraba imposible, y tan imposible que me afligía. Podría imaginarme miles de finales felices para nosotras, pero la realidad era solo una y era la que más duele como un rayo partiéndome en mil pedazos.

“Therese”, escuché y giré rápidamente. Hasta pude decir que sentí un mareo. Era ella otra vez. Mejillas rosadas y cabello ligeramente despeinado. Noté a Jeanette parada en la mampara pero mirando para el lado de la sala, dándonos la espalda, como una guardiana.

Carol caminó hacia mí sin perder la gracia que por naturaleza tenía. Si había bebido alcohol se notaba solo en sus ojos y cabello, el resto de su cuerpo actuaba como la diosa que era.

Me mordí los labios cuando se detuvo frente a mí.

“Quisiera…”, comenzó intercambiando la mirada de mis labios hacia mis ojos, “Quisiera que un día tú y yo vayamos a comer.”

Su invitación parecía ser parte de una de las tantas fantasías que tuve. No podía ser cierta.

“¿Con los chicos?”, pregunté estúpidamente.

“No”, dijo casi al instante, “Para hablar de los chicos”, agregó rápidamente.

“Cl-claro”, solté con apenas un suspiro. Su mano se había dirigido hacia un mechón de mi cabello y lo colocó detrás de mi oreja. “Cuando usted guste”.

“Me gustaría siempre”, sonrió.

“¿Perdón?”, pestañeé dos veces anonadada.

“Le diré a Jeanette que me agende una cena contigo”, habló con más claridad y hasta por unos segundos parecía completamente sobria. “Hay unos temas que me gustaría conversar, aparte quiero conocer más a la persona dedicada a la educación de mis hijos.”

“Por supuesto, la entiendo perfectamente”

“Esto es entre tú y yo, ¿vale?”, bajó ligeramente la cabeza y sus ojos me miraron a través de sus largas pestañas.

“Vale”, estaba segura de que no había emitido ningún sonido pero ella me entendió.

“¿Lo prometes, Therese?”

“Lo… prometo”

“Gracias por venir hoy”.