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Cinco Noches

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Ambos no tenían nada en común.

No era algo que la parara, a pesar de no tener nada en común Sakura seguía dándole aquellas miradas esperanzadoras y enamoradizas. Por su parte Sasuke sólo entornaba los ojos, hastiado por la constante atención que recibía de parte de toda fémina con la que cruzaba camino. Estaba demasiado atareado con su mera existencia como para tener que lidiar con cualquier otra persona que no fuese él mismo; Era triste, pero podía cargar con ese peso sobre sus hombros por un tiempo más, después de todo, Sasuke era fuerte.

Sakura no lo era.

O al menos esa era la impresión que daba. Solía llorar en los momentos de tensión, dudaba demasiado a la hora de tomar decisiones y parecía insegura con cada movimiento que realizaba.

Habían sido compañeros de proyecto el semestre pasado, y el poco tiempo que compartieron juntos fue suficiente para que lo realizaran; no había manera de que pudieran compartir habitación sin incomodarse. Sakura era demasiado complaciente, Sasuke juzgaba todo un millar de veces. Sakura hablaba de su futuro con pasión y esperanza, Sasuke escupía en cada palabra veneno y odio. Ella le sonreía y él prefería ignorarla.

Así como ignoraba todo aquello que significase un lazo emocional en su vida.

Por lo que, después de tan incómodo tiempo juntos como meros compañeros de clase, Sasuke nunca previó que ella aún así le buscaría por una razón tan estúpida.

¿Qué quieres, Sakura? Gruñó con cizaña, incrédulo ante la inédita petición de la muchacha.

Sí, era bastante popular entre el público femenino, pero no iba más allá de suspiros enamoradizos y largas miradas seductoras. Nunca nadie se dirigía a él con soltura ni familiaridad, la última chica que se le había acercado de esa forma había terminado llorando por sus poco amigables comentarios, (Si es que era una forma de decirle.) Despreciaba cualquier muestra de efusividad y afecto, hacía que su mente divagara a recuerdos indeseables y oscuros, sintiéndose acorralado y totalmente frágil.

No es como que Sasuke tuviera muchos amigos en primer lugar.

¡Ay Sasuke-kun! La chica de cabellos rosa rió con dulzura, inconsciente del creciente rubor en sus mejillas. H-hablaba de ir juntos después de clase por un helado, ¿Qué dices? Yo no tengo mucho que hacer, no es que quiera molestarte pero, sería una buena idea para…

Sakura siguió hablando a pesar de que Sasuke no escuchara. El Uchiha reviró los ojos, ignorando completamente la presencia de la parlanchina muchacha a su lado, retomando su camino por los concurridos pasillos de la escuela elemental.

Cielos, ¿Siempre hablaba tanto?

Entonces, ¿Qué dices? Sakura chilló con emoción, usualmente no podía hablar así de fluído sin ser interrumpida por el Uchiha, quien tenía fama de ser el muchacho más amargado y cortante a pesar de sólo poseer doce tiernos años de edad. A Sakura no le importaba, por el contrario, esa aura de misterio y sombras no hacía más que atraerle infantilmente.

Es que la muchacha ignoraba completamente la verdadera razón de por qué Sasuke Uchiha era así.

Sasuke frenó de golpe, dirigiendo su pesada y oscura mirada hacia la joven que rebosaba de emoción. Suspiró con desgano, de verdad no se encontraba de humor como para lidiar con alguien tan molesta como Sakura.

Para empezar, la chica siquiera lo conocía lo suficientemente bien. Si hubiera prestado atención sabría que Sasuke detestaba los dulces con fervor, que su paladar prefiere lo salado. Sabría lo mucho que le molestaban la demostraciones públicas de afecto y que la idea de ir en una cita con cualquiera no hacía más que espantarle.

Pero siendo franco, ¿Quién se daría el tiempo de conocerle? Espantaba a todos.

Quizás podría haber sido más blando con ella. Sí, Sakura le era una molestia, pero al menos era una molestia aceptable. Ella no se tiraba a su cuello con total comodidad, ni chillaba de emoción con cualquier paso que diera; Y a pesar de ser bastante boba y enamoradiza, al menos Sakura podía entablar una conversación sin entrometer sus sentimientos. Sakura le agradaba, muy a su manera fría y apática, pero le agradaba al fin y al cabo.

Sonrió irónico.

Vaya que eres molesta… Y aún así eso fue lo único que pudo escapar de los labios de Sasuke Uchiha.

El muchacho resopló con fuerza, demasiado concentrado en sus propios pensamientos como para notar lo mucho que sus palabras podían herir al resto. Sakura desvió la mirada avergonzada y el pelinegro pudo notar como sus verdes ojos se inundaban de pesadas lágrimas. Pero no importaba, era un riesgo a tomar cuando se trataba de hablar con alguien como él.

El Uchiha siguió su camino con total naturalidad, dejando a sus espaldas a una destrozada Sakura, presa de las miradas de la mitad de la escuela. De pronto los murmullos resonaron por el pasillo, cada uno narrando la historia a su manera, desde “Sasuke ha llamado fea a Sakura,” hasta “Le dijo que si se le volvía a acercar la golpearía.”

Los niños eran crueles. Sasuke no era la excepción.

Siguió caminando y la situación nunca más resonó en su cabeza.

 


 

 

Primero hubo oscuridad, luego lo invadió el color rojo. Estaba en todas partes, derramado por el piso, formando grotescas imágenes a sus pies, manchando sus pálidas manos y ropas. Cálida y espesa, resbalando por sus rodillas mientras el olor se apoderaba de sus fosas nasales.

Dios, nunca podría olvidar ese olor.

Sasuke se reincorporo con lentitud, volviendo a ponerse de pie a pesar de su pésimo estado. La sangre brotaba a borbotones de su ceja y unos cuantos cortes se asomaban en sus frágiles rodillas. Supuso por el creciente dolor de cabeza que ahí es donde había recibido el golpe final, aquél que lo dejó inconsciente en medio de la nada un día viernes por la noche.

Tosió con fuerza ante el creciente dolor en sus costillas.

Ya estaba acostumbrado. Desde el incidente hace ya unos años se había jurado acabarlo, no importaba cuanto Itachi tuviese a su favor, Sasuke acabaría con la vida de su hermano aunque eso lo matara a él también.

Había sido hace cinco años, quizá más. Lo que debía ser una noche tranquila en la residencia Uchiha terminó siendo una carnicería propia de la más horrible pesadilla de una mente enferma. Sasuke lo recordaba con claridad, suponía que jamás podría olvidarlo, ¿Como olvidarlo? Los cuerpos de sus padres desangrándose a los pies de un pálido Itachi, la sonrisa burlona y psicótica que se apoderó del rostro de su hermano al revelar quién había dado el tiro de gracia, la irremediable impotencia de no haber hecho nada...

Itachi escapó, Sasuke vivió con la vergüenza, con la idea de vengarse cada vez más tentadora en su futuro.

Pero era un estúpido, ¿En serio pensó que podía vencerlo? Itachi lo superaba en estatura, fuerza y edad. Bastaron unos cuantos puñetazos para acabar con la así llamada “venganza” del chico; Venganza que concluyó con Sasuke inconsciente, herido y en medio de la nada.

¿Dónde estaba?

El muchacho pelinegro examinó su alrededor con desconfianza. Konoha era, dentro de toda su popularidad, una ciudad mucho más pequeña de lo que aparentaba; Por lo que no podía estar tan lejos del solitario departamento al que llamaba hogar. Continuó su camino de vuelta con total fatiga, pequeños gruñidos de dolor escapando de su boca cada vez que sus pies hacían contacto con el frío asfalto. Agradeció al cielo por la oscura noche que lo envolvía, lo que menos quería en ese momento era atención innecesaria.

Todo estaba bien. Sólo necesitaba un poco más de tiempo.

El tiempo proveía, y él no sabía de qué otra forma sanar.

Tras severos pasos en falso, Sasuke se detuvo en seco. Desconfiado de su dañado sentido de la orientación, no le quedó más opción que recostarse en uno de los fríos asientos de una plaza pública, esperando que el mareo pasara. Consideró dormir ahí mismo, no sería lo más terrible que le pasara últimamente, y la idea de descansar de una vez por todas parecía más tentadora que nunca. Se abrazó a sus lastimadas piernas, recobrando la posición fetal con tal de mantener el calor en la gélida noche. Mañana sería otro día, sus heridas sanarían y de ellas aprendería a no fallar de nuevo. Con cada minuto que pasaba Sasuke sabía que se hacía más fuerte.

Sólo le quedaba esperar.

Y así, cuando por fin sintió un ápice de paz en su magullada alma, fue cuando la sintió.

Oh no.

Abrió sus ojos de golpe.

La muchacha lo observaba con los ojos abiertos a más no poder, boca abierta y ambas rodillas tocándose en lo que sólo podía entenderse como un total acto de sorpresa. Pasada la impresión, la joven de rosados cabellos dejó caer con presteza el bolso de sus manos y, en un movimiento imperceptible, corrió al lado de un adolorido Sasuke.

Había olvidado por completo que ella vivía a las afueras de la ciudad, por donde él solía encontrarse con su hermano para tratar sus asuntos.

¿Sakura? Escupió a duras penas, sin dejar entrever que muy dentro de su alma se alegraba de ver una cara conocida. La chica se arrodilló a su lado, inspeccionando con sus grandes ojos el terrible estado en el que su compañero se encontraba.

El Uchiha desvió la mirada con lentitud mientras se acomodaba lo más lejos posible de su acompañante. Sintió súbita vergüenza al dejar que Sakura lo viese de esa forma tan frágil y enfermiza. Y su vergüenza solía transformarse en ira muy rápidamente, creía que sólo así podía lidiar con sus propias incapacidades, que sólo así podía protegerse.

Ay Sasuke, ¿Qué te pasó? Concluyó una vez sus grandes ojos hubiesen inspeccionado cada ápice de su cuerpo. Su voz baja y dolida, acompañaba los lentos movimientos de su cuerpo, llevando ambas manos hacia una de sus extremidades con tal de limpiar la sangre que brotaba de ellas.

Hm. Musitó con pesadez en su garganta, desmedidamente sumido en sí para reconocer su derrota. Alejó su cuerpo errático de las manos de la chica No me toques.

Necesitamos llamar a una ambulancia Dijo, ignorando sus advertencias como de costumbre y alcanzando su teléfono celular del bolsillo.

En ningún momento esperó que Sasuke se abalanzaría contra ella, agarrando una de sus muñecas con fuerza mientras su otra mano lanzaba el celular al suelo. Sakura chilló de sorpresa y temor. Y es que en esos momentos la mirada sobresaltada de Sasuke no hacía más que asustarle.

No. El pelinegro advirtió, soltando el agarre de sus manos gradualmente. Nadie puede saberlo Sakura. No ahora.

La chica de rosados cabellos frunció el ceño en un santiamén, borrando de su rostro cualquier rastro de maternal aura y reemplazandolo con visible fastidio.  

¿Entonces qué? ¿Planeas morir en la intemperie? Por vez primera Sakura respondió con tal firmeza en su voz.

Sasuke abrió ambos ojos como platos. No acostumbraba que chicas como Sakura le respondiesen así.

Hmm… Resopló con fuerza. Discutir con Sakura era imposible en ese estado, la chica no hacía más que sacarlo de quicio e incomodar. El creciente dolor de cabeza no le permitió responderle como habría deseado.

Entonces decidió ignorarla.

Sasuke volvió a curvarse de manera dolorosa, escondiendo su torso de la vista de la chica de cabellos rosados, ahí esperó en silencio que Sakura entendiera su visión, que realmente no deseaba compartir su estado con nadie más que él mismo; Suspiró al sentir los pasos de la chica acercarse una vez más, ésta vez tomando asiento a su lado de manera tranquila.

La maldijo, la maldijo a ella y sus malditas ganas de querer ayudarle. Era ridículo pensar que tan efímero acto podría sanarlo, puesto que sus heridas físicas no se comparaban ni en los más mínimo con aquellas de su corazón. Sasuke sabía que para sanar su alma necesitaba de tiempo, tiempo para fortalecerse, tiempo para crecer y enfrentar aquello que le quitaba el sueño. No podía permitirse perder esos plazos en alguien como ella.

Desviando su mirada a sus pies, permaneció quieto

Desgracia fue la suya una vez que pasados considerables minutos, Sakura seguía a su lado, igual de insistente que siempre. El Uchiha suspiró con mesura, podía sentir como su cabeza se llenaba de incontables nuevas preguntas, cada una más incómoda que la anterior.

¿Por qué te importa? Dejó escapar en un hilo de voz contra su voluntad. Hundiendo la cabeza tras sus hombros, se estremeció con lentitud. ¿A qué venía esa pregunta?

Sus ojos chocaron en un movimiento fugaz contra lo de Sakura, y aquellos orbes jade que lo observaban con preocupación parecieron llenarse de total ternura. Las comisuras de sus labios se alzaban con determinación mientras ladeaba la cabeza, omitiendo lo bizarro de la situación. Sasuke tuvo que cerrar los ojos de inmediato, aquella sonrisa le recordó a aquella de su madre, un recuerdo demasiado doloroso para el momento.

A alguien tiene que importarle, Respondió suavemente, sin ningún rastro de malicia en su voz.

Quiso gritarle con desdén, alejarla con violencia de su situación. Quizás ahí entendería que no era su deber preocuparse, que no tenía por qué perder la felicidad de su vida para tratar con alguien como él. Que no necesitaba su empatía.

Ah. Fue lo único capaz de emitir.

Cerró los ojos con fuerza, añorando los días en donde le era permitido llorar. La desgracia de Itachi y su familia le había hecho madurar apresuradamente, Sasuke podía recordar con claridad el último día de su infancia, donde todo era risas y juegos; Pero los años habían pasado, y ¡Cielos! No podía permitirse estar triste.

Al menos no enfrente de alguien. Menos de alguien como Sakura.

Sintió caer un ligero peso sobre sus hombros. Alzó la vista confundido hacia ella, descubriendo que la muchacha se había quitado su chillona chaqueta rosa para dejarla sobre el débil Uchiha. Suspiró nuevamente, lamentándose por la prenda ahora arruinada por su sangre y hedor.

Pero a Sakura parecía no importarle, sin dejar de sonreírle permaneció a su lado, acercándose con cuidado a su cuerpo con tal de mantener calor corporal y contacto. Esta vez Sasuke no se alejó, presionando su cuerpo contra el de ella con total naturalidad, incapaz de ignorar su calidez.

Sasuke-kun, si sigues acá te enfermarás. — Sakura llevó una mano a su hombro, recordándole que estaba a su lado, — Tarde o temprano tendrás que moverte de este lugar, y lo quieras o no, encontraremos atención médica. Habló una vez pasados considerables minutos en silencio, su vista perdida en los cabellos negros del Uchiha.

Sasuke por su parte alzó las cejas, ya absorto por el ambiente que ambos habían forjado en silencio. Se percató por vez primera en las facciones de Sakura, sus cabellos contorneando su largo rostro, el ceño fruncido y la frente vistosa.

Cielos, que molesta eres. Susurró, con un poco más de cercanía que antes, y sorpresa fue la suya cuando en vez de ofenderse, Sakura sólo le sonrió con complicidad.

Y así, Sasuke Uchiha fue capaz de reconocer la belleza en cada rasgo de Sakura Haruno.

Bien. Suspiró rendido. Su tono de voz, que usualmente carecía de emoción, se escuchó más vívido que nunca, Pero sin hospitales.

 

 


 

Cuando Sakura Haruno lo había encontrado a medio desmayarse en una solitaria plaza de las afueras de la ciudad, Sasuke no pudo evitar pensar en el terrible escándalo que todo resultaría. Probablemente la chica llamaría a sus padres y estos últimos a la policía, generando una reacción en cadena de la cual Sasuke llevaba huyendo de hace años. En ese entonces creyó que la interrupción de Sakura sólo significaría más problemas.

Nunca pensó que terminaría entrando a hurtadillas a su habitación, cuidadoso de no alertar a sus padres. Nunca se imaginó compartiendo la misma cama. Nunca pensó que la misma Sakura sería quién sanara sus heridas.

Resultó ser una perfecta cómplice.

Presiona esto sobre la hinchazón, Dijo, guiando el paquete de hielo sobre la herida de su cabeza, haciendo presión sobre la misma, Espero no sea una contusión peligrosa. He leído sobre golpes en el cráneo que afectan para siempre el sistema motor.

El muchacho de cabellos azabaches alzó una ceja, dejando su cuerpo caer sobre las excesivas almohadas que decoraban la cama de Sakura. Desde aquella cómoda posición volvió a examinar el cuarto que lo rodeaba. Le era vagamente familiar, el color y el aroma le recordó aquél proyecto en el que anteriormente habían trabajado.

¿Leíste? — Continuó con la conversación por mera educación, en realidad se encontraba totalmente fascinado con la precisión y el orden con el cual Sakura ordenaba sus libros.

Solamente sus libros, el resto de la habitación se encontraba igual de desordenada que la de cualquier preadolescente. Pequeños detalles que consumían la mente del Uchiha, haciéndole sonreír vagamente.

— Bueno, suelo leer de éste tipo de cosas, — Le respondió con un leve rubor en sus mejillas. Volvió a sus tareas, demasiado avergonzada para mantener el contacto visual; Se encontraba reordenando un pequeño botiquín de emergencias, aquél con el que había tratado las heridas de Sasuke. — Cuando me gradúe quiero estudiar Medicina, ¿No te lo había dicho?

Sí se lo había dicho, probablemente en más de una ocasión; Y muy dentro de su egocentrismo, Sasuke lo había ignorado.

Ah.

Se recostó en su totalidad, observando como la chica recogía los rastros de gasa sucia y ensangrentada con parsimonia. De aquél ángulo podía notar cada gesto en su rostro, sus cejas confundidas y sus ojos determinados; Sasuke se esmeró en guardar la escena en lo más profundo de sus córneas.

Se te da bien. — Dejó escapar en un suspiro.

Ella lo miró, como si aquellas palabras hubiesen tocado lo más profundo de su alma, derritiéndose ante la callada confesión del Uchiha.

Gracias, Sasuke-kun. — Le dijo, y Sasuke pensó que en ese entonces  era imposible ruborizarse más de lo que ella ya se encontraba.

Pero era él quién debía agradecerle, no sólo por el amable gesto que salvó su vida, sino también por la comodidad que Sakura fue capaz de brindarle. No preguntó más de lo necesario, no lo presionó a contarle sobre nada, simplemente lo atendió con una sonrisa, satisfecha con su mera presencia.

Y así era perfecto, porque no habría sabido qué decir si se trataba de recordar a Itachi y lo que le había hecho.

Sakura, sobre lo de hoy, nadie debe saber-

Nadie debe saberlo, lo sé, lo sé. Tu secreto está a salvo conmigo. Dijo, moviendo su mano de un lado a otro por su boca, simulando un cierre. Aunque no se como quieres que sea un secreto con tales heridas.

No es como si muchos preguntaran, realmente.

Dejó de presionar el paño húmedo sobre su frente, el lugar siendo ocupado por las ligeras manos de Sakura, ya sea comprobando el estado de sus heridas o simplemente en un acto de mera ternura, Sasuke no lo sabía, pero de una forma u otra, no le molestaba. La chica de cabellos rosados se reintegró con delicadeza, volviendo su cuerpo hacia la salida de su misma habitación.

Sasuke la miró totalmente ido.

¿Qué había hecho para merecer tal bondad? ¿Él? Esa misma semana la había humillado con su confesión y de paso la había ignorado hasta olvidarla, cualquiera en su lugar lo habría dejado por su cuenta en la calle, acurrucado dentro de su círculo de odio y perversión, ¡Era lo que merecía por ser… por ser tan molesto! Sin embargo aquí estaba, en su misma cama, compartiendo su calidez y benevolencia.

Cerró los ojos con fuerza.

No, no merecía nada de ésto.

Dormiré en la sala de estar, — Susurró rápidamente, sin darle la oportunidad de protestar ante su decisión Buenas noches Sasuke-kun.

Cerró la puerta con cuidado, su rostro ruborizado fue lo último visible a sus cansados ojos. Sasuke Uchiha mordió su labio, maldiciendo internamente por su incapacidad de ser elocuente.

Hm.

Observó el techo de la habitación hasta que el cansancio lo superó, cayendo rendido entre texturas y aromas, que de ahí en adelante, se transformarían en sus favoritos. Y a pesar del cualquier dolor que acribillara su oscuro corazón, por primera vez en años, Sasuke durmió sin tener pesadillas.