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Fault of my Saint Rules (Español)

Chapter Text

No pienses que es otro cliché, dale una oportunidad a la novela, en el transcurso de la historia te daras cuenta como las cosas se ponen densas.
El principio de este libro es más ligero, pero en el transcurso de la historia te encontraras con contenido adulto, lenguaje fuerte, agresivo y sexualidad gráfica.
De antemano disculpa por las faltas de ortografía, por favor paciencia, la corrección de la novela esta en proceso.
Muchas gracias por leer y espero te guste esta historia!

V. xx
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"Academia Crawford, desde 1916"
Asi es. Bienvenidos a Crawford, la prestigiosa institución británica de la que todos hablan y por la que todos pelean por conseguir becas. Yo lo hice con mi mejor amiga un par de veces, todas rechazadas. ¿Será la persistencia o lo terca que somos lo que al final nos trajo aquí? ¿Como no me di cuenta que los primeros rechazos fueron una advertencia? O quizás... no era el momento indicado, porque si hubiera entrado antes, él no hubiera sido parte de esta historia.
.......
Primera semana, lista. ¿Tal como lo imaginé antes de tomar un avión desde Santiago hasta Londres? Para nada. Sobre todo cuando tú día empieza de la peor forma.
—¡Emma cuidado! —fueron las primeras palabras del día de Amanda cuando paseábamos por el patio central. Ni siquiera pude voltearme por completo cuando sentí el más duro balón de fútbol chocar contra mi cabeza y provocar que casi explotara. Ya está, me he quedado sorda.
—¿Esto es broma? —un tanto irritada, me agacho a recoger mis pertenencias, cuando escucho la voz de alguien disculpándose.
—¡Perdón! Tenía que atajar la pelota y se me fue, no sabía que alguien venía. Déjame ayudarte —un chico bastante alto, un metro ochenta y tantos, se agacha a ayudarme.
Si, claro, mi cabeza fue lo menos dañado, solo ve por mis cosas en el suelo.
—No, ya lo tengo —mi irritado temperamento de día lunes se hace notar y hacen de mi no tan fluido acento un hazme reír para cualquiera.
—No, déjame ayudarte, enserio lo siento —insiste él con una sonrisa y sus ojos incrustados en mi. Yo solo lo miro y siento el índice de Mandy picotear mi cintura para indicarme que deje de fruncir el ceño. No es mi intención ser ruda, pero no puede esperar más si me ha golpeado en la cabeza un lunes por la mañana.
Perfecto Emma, ¡estás empezando de maravilla!
Me relajo un poco como pide mi amiga y es justo ahí cuando me doy cuenta del otro chico tras él. Esta más lejos y no puedo ver muy bien su rostro, lleva una gorra y unos lentes de sol puestos. Puedo ver un poco de su cabello, es rizado y, por culpa del gorro que lleva con la visera hacía atrás, parece "Krusty el payaso" tal como mis antiguos compañeros de clases. Me fijo en lo marcado de su cuerpo a través de la musculosa blanca que lleva. Es alto, delgado y bien formado, pero lo que más me llama la atención es su brazo cubierto de tinta negra.
Mientras Mandy y el chico conversan, me doy cuenta de que el que lo espera, me está mirando. Parece impaciente por su amigo y se da un par de vueltas de aquí por allá estresado por el tiempo. Cuando se quita las gafas estoy completamente segura de que me observa. Me sonríe a lo lejos con una mueca torcida, sin mostrar los dientes, y siento un calor recorrer mis mejillas. No sé si responder, pero justo soy salvada por su amigo.
—Soy Daniel —me extiende la mano para tomarla, cuando lo hago me regala una sonrisa—, Daniel Sharman, un placer.
—Emma —contesto al mismo tiempo que dejo de mirar al chico de atrás y acomodo mi mochila otra vez en mi hombro.
—Yo soy Amanda.
—Un gusto —dice sonriente y por fin le devuelvo la sonrisa.
—¿Quién es él? —pregunto sin cuidado.
Daniel se da media vuelta y le hace señas al chico misterioso de enfrente.
—Un amigo, quizás lo conozcan luego —me ha dejado con la misma duda—. Oigan, enserio lo lamento. Déjenme recompensárselos con algo.
—Quizás si nos dices donde está la sala común todo estaría olvidado —dice Mandy, codeándome para que despierte de mi trance.
—¡Ah! Sí, sí, por favor. Estamos muy perdidas aquí —continuo, desviando la mirada de aquel chico. Estoy segura que ha sido él quien nos ha golpeado con la pelota y el muy canalla no se atreve a disculparse.
—No hay problema, yo las llevo, espérenme dos segundos —ruega con las manos mientras sostiene la pelota entre sus brazos y corre en dirección a su amigo, quien levanta las manos y niega con la cabeza frustrado al irse del lugar.
Daniel no demora en volver con las manos vacías y una enorme sonrisa.
—Todo listo, ¿continuamos?
Y justo antes de partir con él a la sala común, doy un último vistazo al lugar en el que todo empezó.