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A Watchful Guardian

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·Capítulo 2·

—¡Ana! ¡Torbjörn! ¡Informad!

La voz de Jack sonaba angustiada mientras él y Reinhardt corrían hacia el punto de la explosión. Un pequeño grupo de ómnicos se les cruzó en el camino pero el enorme Cruzado los barrió con un golpe de martillo, convirtiéndolos en amasijos de hierro, cables y crepitaciones.

Los dos saltaron por encima de ellos y avanzaron hasta donde se levantaba la columna de humo. Doblaron una esquina y el cañonazo de un bastion estalló a unos pocos metros de donde se encontraban, haciéndolos retroceder y coger cobertura detrás del muro.

—¡Maldita sea! –masculló Jack–. ¡Ana, Torbjörn!

—¡Jack! –la voz de Ana sonaba firme pero él percibió que estaba rociada de preocupación–. Edificio gris, al noroeste de la columna de humo.

—¡Recibido!

Miró a Reinhardt y éste asintió, pasó por delante del soldado y alzó el brazo izquierdo antes de salir para encarar al bastion que estaba apostado en aquella calle.

Un muro azul de energía apareció proyectado del brazo del hombretón; el ómnico disparó varios proyectiles pero el escudo aguantó el tiempo suficiente como para que Jack cruzase la calle, seguido de su compañero, hacia el lugar donde Ana les había indicado.

Localizaron el edificio con facilidad pero se escondieron entre los restos de otro cercano al ver que había un OR14 con varios slicers delante disparando de manera incansable.

Jack cerró los ojos un instante, respiró profundamente para calmarse y se asomó para mirar bien el edificio. Al parecer los ómnicos estaban atacando lo que era la puerta principal; alguien había hecho una barricada rudimentaria allí que los mantenía a raya, pero no sabía cuánto podría durar aquello. Hizo vagar la mirada por el edificio, ellos podrían entrar por la parte trasera si daban un pequeño rodeo para evitar a los ómnicos.

Se volvió hacia Reinhardt y le hizo un cabeceo para que lo siguiera. Salieron por una ventana rota, su compañero con más dificultad debido a su enorme tamaño, pero no hicieron ruido suficiente como para alertar a los ómnicos. Avanzaron con el mayor sigilo posible hasta el edificio y Jack miró hacia arriba, masculló una maldición y miró a Reinhardt.

El hombretón tenía la mirada puesta en el mismo sitio que él y, un segundo después, centró su único ojo en su amigo. Esbozó una enorme sonrisa y se encogió de hombros. Por señas le dijo que lo subiría hacia la ventana con ayuda del martillo y que esperaría sus órdenes en ese mismo lugar.

El soldado se pellizcó el puente de la nariz, irritado, y subió encima del martillo de Reinhardt, colándose por la ventana. Empuñó el fusil mientras avanzaba por el edificio vacío con cuidado, mirando en cada habitación por si sus compañeros estaban en alguna de ellas. Finalmente, los encontró en un cuarto pequeño.

Ana lo recibió con un disparo que, por suerte, falló gracias a los reflejos de Jack. La mujer lo miró un instante antes de centrarse en Torbjörn. El ingeniero estaba sentado en el suelo, con una mueca de dolor que transformó en media sonrisa al ver a su amigo; estaba sangrando por la pierna derecha pero Ana lo había vendado y seguramente administrado algún tipo de fármaco para el dolor.

—¿Estáis bien? –susurró, apartando unos dardos calmantes vacíos y acuclillándose al lado de ellos.

—Esto es sólo un rasguño –medio rió Torbjörn. Ana puso los ojos en blanco un instante.

—Podrá moverse dentro de un rato, cuando los analgésicos le hagan efecto –miró por encima del hombro de Jack y frunció el ceño, preocupada–. ¿Dónde está Reinhardt?

—Al otro lado de la calle –respondió él–. Es demasiado grande como para entrar por la ventana sin derribar medio edificio –resopló–. ¿Qué ha ocurrido?

—Nos encontraron un par de slicers y… –comenzó a decir Torbjörn pero Ana le dio un golpe suave con el puño para que se callara.

—Tú a guardar silencio –gruñó, volviéndose hacia Jack–. Nos detectaron esos pequeños diablos y apareció un OR14 que no había visto, disparó y bueno. Ya te imaginas el resto de la historia.

Jack asintió, evaluando toda la situación y las opciones de las que disponían. El plan se había ido a la mierda y era irrecuperable pero todavía podían entrar y destruir aquel complejo. Inclinó la cabeza en dirección a la puerta principal cuando oyó un sonido más fuerte que los demás.

—Tenemos que salir de aquí –comentó–. ¿Cuándo podrá moverse?

—¡Puedo caminar! –masculló el ingeniero con energía–. Déjame hacer una torreta y ya verán esos culos metálicos de qué estoy hecho.

Morrison no dijo nada, se limitó a mirar a su compañera. Ana hizo una mueca y sacudió la cabeza, haciendo sonreír levemente al soldado; ayudaron a Torbjörn a levantarse y regresaron hacia la ventana bajo la cual esperaba Reinhardt.

En aquel momento el sonido de la barricada desmoronándose llegó desde el piso de abajo. Se miraron un instante y Ana saltó con rapidez desde la ventana, cayendo al suelo de manera limpia y silenciosa; Reinhardt le dedicó una sonrisa mientras levantaba el enorme martillo para que Torbjörn pudiera bajar. El ingeniero tuvo algunos problemas para pasar por el marco de la ventana debido a los dolores de la pierna, pero con un poco de ayuda de Jack, consiguió salir del edificio y llegar al suelo.

—¡Jack! –susurró lo más alto que pudo el hombretón–. ¡Tenemos que irnos ya!

—Un momento –respondió el aludido por el comunicador.

Había oído cómo los slicers subían corriendo por las escaleras seguidos de los pesados pasos del OR14. Frunció los labios, irritado, y se apostó para recibirlos, comprobando de manera mecánica que el fusil tenía el seguro quitado. Si todos salían corriendo, esas unidades se unirían a las otras y sería más difícil avanzar.

—Voy a entretenerlos –dijo finalmente a sus compañeros–. Vosotros id hacia la entrada del complejo, con suerte podréis colaros. Torbjörn, haz una torreta para distraer a los centinelas. Yo os buscaré allí. Si en cinco minutos no he llegado, dejadme atrás.

—¡Te has vuelto loco! –la indignada voz de Ana llegó claramente a sus oídos y agradeció que ella hubiera saltado primero, no le apetecía ser atizado por la culata del rifle de su compañera–. Es un OR14, ni siquiera tú puedes derrotarlo. Déjame…

—No –cortó él con firmeza–. Id, es una orden.

Escuchó una maldición en árabe procedente de su compañera pero supo que no iban a cuestionar sus órdenes. Se sintió complacido por la confianza de su equipo en que él fuera capaz de mantener a raya a los ómnicos a pesar de que él no estaba tan seguro.

Los slicers aparecieron con un derrape y él abrió fuego, haciéndolos estallar en pedazos en el momento justo en el que el OR14 aparecía por el recodo del pasillo disparando en su dirección. Jack rodó hacia un lado para esquivar el proyectil y sintió su impacto en forma de trozos de pared cayendo sobre él.

Se giró y disparó una andanada de cohetes que impactaron contra el enorme cuerpo del OR14, desestabilizándolo y haciéndole dar un par de pasos hacia atrás. Jack aprovechó ese momento para recargar el arma y apuntar al techo; cuando iba a abrir fuego, el OR14 se afianzó en el suelo y embistió contra él.

El soldado alzó el fusil para usarlo como defensa porque sabía que no iba a tener tiempo de esquivar aquella mole; gruñó de dolor cuando lo aplastó contra la pared pero, por suerte para él y gracias al disparo que el ómnico había realizado antes, estaba débil y cedió bajo el impacto y Jack terminó en la sala contigua rodeado de escombros.

Clavó la rodilla en el suelo y apuntó a una de las rodillas del ómnico, disparó los cohetes de nuevo, sintiendo dolor en el pecho por el retroceso. Masculló una maldición pero lo ignoró, recargando de nuevo para abrir fuego sobre otra de las patas del ómnico. No podía permitirse hacer cálculo de daños físicos mientras el OR14 siguiera en pie y si le impedía moverse, sería más fácil poder acabar con él.

El OR14 cayó al suelo de bruces, Jack lo vio intentar levantarse pero respiró profundamente cuando vio que el ómnico perdía el equilibrio. El OR14 no estaba derrotado aún, su cañón todavía funcionaba, pero en aquella situación, Jack lo tenía fácil para acabar con él, de manera que apuntó a la cabeza del ómnico y disparó.

Las balas perforaron el cráneo metálico de su enemigo, que dio un espasmo antes de quedarse inmóvil mientras las luces de su rostro se atenuaban hasta apagarse. El soldado esperó un instante, arma en mano, a ver si se movía pero estaba aparentemente muerto.

Suspiró.

Parecía que podría reunirse con su equipo. Había creído oír la torreta de Torbjörn un instante antes de que el OR14 abriese fuego, así que tenía que darse prisa para alcanzarlos.

Sintió un súbito dolor lacerante en el pecho, a la altura de la clavícula, y de manera automática se llevó la mano allí. Al apartarla vio que tenía el guante teñido de rojo.

¿Pero qué…?

Desvió la mirada hacia el pasillo y vio un slicer preparando otro disparo. Alzó el fusil con rapidez y disparó, terminando con él. Cayó de rodillas al suelo, mareado por el dolor, mientras notaba la sangre salir de la herida; parpadeó, intentando aclarar la vista, pero tan sólo podía ver cómo se emborronaba al tiempo que un cerco oscuro ganaba terreno.