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El Demonio Encerrado en mi Espejo

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La ciudad de Konoha, una ciudad pacifica por sus buenos habitantes y problemas mínimos, sin duda un lugar extraordinario para vivir, en la parte media de la ciudad, donde no hay ni ricos ni pobres, en una simple colonia, una casa no anormal de dos pisos, en una habitación descansaba una chica de cabello negro azulado y ojos color perla, los cuales estaban cerrados ya que no asistiría a su escuela.

 

— ¡Hermana baja a desayunar! ¡Pronto!—gritaba desde la planta baja una pequeña de 11 años de edad.

— En un segundo—contestó la llamada, media dormida, tapando su cabeza con las cobijas sin ganas de despertar, pero cuando iba a conciliar de nuevo el suelo la puerta se abrió de golpe dejando ver a una pequeña de cabello castaño y ojos perla.

— ¡Maldición hermana!—replicó molesta al ver a la chica envuelta en cobijas. — ¡¿Crees que la comida estará caliente por toda la eternidad?!—gritaba irritada, se apresuró a donde estaba la peli negra para arrebatarle con fuerza las cobijas, la chica se sentó enojada ya que la noche pasada se había desvelado estudiando hasta las tres de la madrugada.

— ¡Hanabi! Déjame dormir un poco más—. Se acostó de nuevo cerrando los ojos.

— Hermana—susurro al entender.

 

Antes de que dijera algo más el teléfono sonó obligándola a salir de la habitación.

 

— Paz—suspiró la pelinegra aliviada. Sonriente.

— ¡Hinata!—exclamó la menor desde abajo haciendo que Hinata saltará del susto y saliera del cuarto como si el diablo la persiguiera, era raro oír a Hanabi gritar, bueno quitando las partes en las que no hay algo para desayunar. —Hinata—habló Hanabi abajo de las escaleras—…acaba de llamar papá—su voz parecía que le habían dado una extraordinaria noticia puesto que sonreía de oreja a oreja—dice que le ofrecieron trabajo en la empresa de los Yamanaka y no que posiblemente no podrá venir a cenar…— soltó un suspiro—…de nuevo—sin embargo no perdía la sonrisa.

 

Hinata debía permanecer firme, al igual que Hanabi, y alegrarse ante las oportunidades de salir adelante.

 

— Me ale…un momento, ¿Yamanaka?—preguntó extrañada, Hanabi asintió. «Ino», tal vez había sido porque su amiga rubia se había enterado que su padre era un carpintero, pero no le iba muy bien y necesitaba de otro trabajo. —Oye Hanabi, como hoy es sábado, y pues…dime, ¿quieres salir a pasear?—preguntó en un intento de animar a su hermana.

— Claro—dijo sonriendo—…pero primero a desayunar—tomó a Hinata de la mano y la arrastro a la cocina.

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Al terminar se dieron una gran y larga ducha, se pusieron ropa abrigada ya que la época de frío se hacía notar cada vez más. Sin embargo a media caminata Hinata se percató de algo muy importante.

 

«Espera. Que yo sepa, hoy es mi…» pensaba la peliazul al pasar por las calles con Hanabi.
— ¿Hermana sabes qué día es hoy?—le preguntó con una sonrisa picara. Hanabi sabía que su hermana lo había olvidado.
— Mi cumpleaños—contestó pensando en que tal vez debería dejar de estudiar tanto, ya comenzaba a afectarle.
— Nuestro padre ya me había dicho que te tenía una sorpresa de cumpleaños—dijo Hanabi sonriente.

 

Y al regresar ambas comieron y comenzaron a ver la TV hasta que se dieron cuenta de que el reloj ya daba las 10:11 de la noche, comenzaban a pensar que el hombre no asistiría.

 

— Parece que no vendrá—murmuró Hanabi levantándose del sofá, apagaron la tv con intensión de regresar a sus habitaciones, pero en ese instante la puerta se abrió dejando ver a un hombre agitado, sonrió y abrazo a sus dos hijas.

— Lamento llegar tarde—se disculpo sin dejarlas. Sus 2 tesoros. —Pero…—las soltó y les sonrió como muchos a su alrededor consideraban imposible—; tenía que dejar listo tu regalo—miró a Hinata y se apresuró a abrir de nuevo la puerta principal y una enorme caja de forro blanco y con un moño azul fuerte.

« ¿Cuanto ganó hoy?» pensaron ambas chicas con los ojos enormemente abiertos.
— ¿Creíste que me perdería tu cumpleaños?—. Sonrió a su primogénita, tomándola de nuevo entre un fuerte abrazo, ella correspondió el gesto.
— Pues la verdad… —dudó un poco, miró el reloj y ya era demasiado tarde, dirigió su mirada de vuelta a su familia—…comenzaba a dudarlo—rió un poco, en verdad lo dudaba desde que inicio su día.

 

Ambas personas con Hinata rieron con ella, no eran la familia más rica, ni tampoco la más pobre, y aunque la madre y la esposa faltará en la casa eran una familia feliz y sencilla.

 

— Padre ¿qué es esa enorme caja?—preguntaba Hanabi para saber qué clase de regalo llevaba su padre a su hermana.
— Cierra los ojos Hinata—ordenó cerrando sus ojos pasando una de sus manos por la cara de la peliazul.
— Tranquilo no pensaba hacer trampa—dijo entre risas, era inevitable, era una combinación de alegría y emoción que se mezclaban a la perfección a su curiosidad.

— Bien, ábrelos—dijo, ya preparado.

 

Ella los abrió y observo un… ¿espejo?

— ¿Un espejo?—preguntaba la castaña al ver el objeto. La apariencia de esté era algo tenebrosa, los marcos al rededor del vidrio parecían llamas perfectamente talladas, el vidrio en si parecía nuevo aunque daba el aspecto de ser muy antiguo, te altura más de un metro, era más grande que Hinata y eso se notaba a leguas.
— Oye, ¿cuánto dinero gastaste para comprármelo?—preguntó la festejada viendo su regalo de arriba abajo, pensando que debió costar un ojo de la cara.
— Pues no gaste nada—contestó amablemente. Ella solo volteó a verlo ¿acaso, lo había robado? No su padre jamás haría eso.
— ¿Entonces como lo conseguiste?—tartamudeó Hanabi temiéndose lo mismo que Hinata.
— Es una reliquia familiar—sin prever lo que hijas pensaban, se sentó en el sofá delante del regalo. Orgulloso.
— Yo nunca lo había visto—dijo la mayor sentándose a su lado. « ¿Cómo se me ocurrió pensar que mi padre era un ladrón?» pensaba avergonzada de sus pensamientos hacia su padre.
— Eso es porque estaba roto—viendo el espejo con mirada fija.
— ¿Usted lo reparó?—musitó sorprendida. «Había reparado un espejo viejo para dármelo de cumpleaños»  conmovida endulzó su mirada. Ahí, Hiashi supo que había valido la pena.
— Bueno, sólo le cambie el marco y lustre el espejo. ¿Quieren oír la historia de esta reliquia?—miró a sus 2 hijas.
— ¡Sí!—contestaron ambas entusiasmadas.

«Siento algo…raro…cuando estoy frente a este espejo».  Pensó Hinata viendo el brillo que reflejaba el espejo cuando la luz del foco se posaba en el.
— Está bien. Todo empezó cuando nuestra familia comenzaba a formarse es decir los primeros Hyuugas, ellos eran unos sacerdotes…―empezó.
— Vaya nuestra familia eran unos sacerdotes…increíble—interrumpió Hanabi asombrada y con una gran sonrisa en el rostro.
— Pero no cualquier tipo de sacerdotes—retomó Hiashi.

— ¿Cómo?—preguntaba Hinata extrañada, «entonces ¿de qué clase de sacerdotes se refiere?». Pensaba intrigada.

— Digamos que en aquella época era comer o ser comido, los Hyuuga hemos sido un grupo de sacerdotes que se especializaba en el exterminio de demonios y todo ser que pusiera en peligro la vida humana, lamentablemente cuando comenzaron las guerras por nosotros mismos, todo se comenzó a dejar atrás—susurró—algunos de nosotros en vez de matarlos, decidimos especializarnos en el encerramiento de demonios en objetos.

— Papá eso ni Hinata se lo cree—dijo Hanabi cruzando los brazos inflando sus mejillas.

— ¡Sí!…je…espera. ¡No!… ¡Hanabi! ¡Ven aquí!—exclamó la mayor correteando a la pequeña que reía y huía de la enfurecida Hyuuga.

— ¡Papá!—gritaba escondiéndose atrás de su padre.

— ¡No te ocultes cobarde!—la castaña salió de su escondite para ser perseguida por toda la casa.

 

Hiashi solo se mantenía con la mirada serena con un tic en el ojo, grito:

 

— ¡Ya basta! ¡Las dos!—ambas pararon de golpe.

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Pasaron 10 min después de que Hinata dejará de seguir a Hanabi y que su padre las siguiera a las dos, las chicas estaban sentadas en el sofá con un chichón en la cabeza.

 

— Como iba diciendo—hablaba el hombre calmándose un poco—Hinata, en nuestra familia hemos cuidado esté espejo por generaciones ¿sabes por qué?—la pelinegra negó con la cabeza. —Por qué en esté espejo hay un demonio muy poderoso y probablemente el más peligroso al que la familia se le haya enfrentado.

— Si es tan poderoso, ¿cómo pudieron atraparlo?—habló Hanabi simulando atención pero en realidad no tenía ni el menor interés.

— Hyuuga Shinji—se limitó a decir el patriarca con seriedad.

— Que nombre tan raro—susurró Hinata un poco impresionada. Sintiéndose levemente incómoda.

— El más fuerte de toda la familia Hyuuga―pasó saliva por su garganta—sólo él pudo encerrar a la poderosa bestia, a quién todos conocían como. Kyuubi—miró muy serio al espejo.

— ¿Kyuubi?—. Hinata también miró el espejo con un poco de atención.

~ Fin de Capítulo~