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Quédate conmigo

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Quédate conmigo

STAY (Black Pink)

 

 

 

 

Le mira entrecerrando los ojos. El moreno le mira fijo mientras repite el coro al ritmo de la canción. 

 

Eoduun bami nal gadugi jeone

nae gyeoteul tteonajima

 

Las notas son indudablemente tristes, y la expresión del otro lo comprueba.

 

Ajik nal saranghani na mamgwa gatdamyeon, oneureun tteonajima

 

Ha escuchado al otro tararearla una y otra vez recientemente. ¿Está triste? ¿Es eso lo que trata de decirle?

 

guji neoyeoyaman haneun iyuneun mutjima, geujeo nae gyeote

 

Eustass no tiene demasiado tiempo para pensar en ello, el sonido de su teléfono le hace salir de la habitación soltando un gruñido.

Regresa segundos más tarde, informándole a su novio que debe irse tras dejar un corto beso en sus labios.

La canción sigue sonando cuando el pelirrojo deja el departamento.

 

Stay with me. 

 

Trafalgar continúa reproduciendo la misma canción varias veces más, mientras va preguntándose cómo es posible que aquello pareciera adaptarse tan bien a lo que siente.

Suspira para sus adentros y apaga el teléfono luego de algún rato. Se hunde en su cama y cierra los ojos mientras intenta por todos los medios no pensar demasiado.

Con el paso del tiempo, comienza a sentirse inseguro sobre todo.

Sobre sí mismo.

Sobre Eustass Kid.

Y, especialmente, sobre su relación con éste.

No está preparado para confrontarlo. O mucho menos para expresar sus inquietudes sobre los términos entre ellos.

Él era un alma libre, y eso fue quizá lo primero de lo cual se enamoró.

Al fondo del cesto de ropa, la camisa manchada de labial continúa sin lavar.

Aprieta los labios cuando el teléfono de casa comienza a sonar. Se tapa los oídos con ayuda de la almohada.

No caerá de nuevo en ello.

Con una nitidez que le provoca náuseas recuerda como, algunos días atrás, la situación era mortalmente similar.

Eustass marchándose demasiado pronto, de un modo casi sospechoso. Él quedándose solo de nuevo en casa y con cierto malestar en el pecho, como temiendo lo peor.

El teléfono sonando a altas horas de la madrugada, y él mismo alertandose como pocas veces creyendo que, finalmente, el otro había sido víctima de esos horribles escenarios que pintaba en su mente en momentos de preocupación.

Todo para oír eso.

No había duda de qué era lo que escuchaba. Aunque quiso creer que era una de esas bromas de mal gusto de su novio, Eustass nunca mencionó nada del tema.

Trafalgar conocía demasiado bien la voz del otro, y esos sonidos que escuchó por el teléfono fueron fácilmente reconocidos.

Algo en él se quebró al oírlo.

La forma en que gemía, la respiración irregular, el tono grave tan propio en él al hablar con la voz entrecortada por la actividad... Las mismas palabras que alguna vez le hubiese dicho a él.

Todo eso, acompañado de los gemidos y gritos de alguien más.

El solo recuerdo le provoca un malestar que le hace daño. Y cuando el teléfono suena de nuevo da un respingo.

Desconecta el aparato de un tirón, y toma su móvil. Lo enciende mientras toma la primera maleta que encuentra, misma con la que acude a la universidad.

No necesita demasiadas cosas.

No para donde va.

Varias notificaciones llegan de una a su teléfono, y siente que la ira crece en su pecho cuando abre los mensajes.

Son fotos desde un número desconocido

Y todas son de Eustass Kid.

Con su amante.

Tuerce los labios e ignora los mensajes junto con las fotos mientras va directo al teclado numérico.

Marca un número que sabe de memoria y una voz adormilada responde al segundo timbrazo.

—¿Law?—murmuran desde el otro lado de la línea

Aunque abre la boca para responder un sonido extraño se ha escapado de sus labios, mismo que ha alertado a su oyente.

—¿Estás bien? ¿Qué ocurre?

Escucha como se levanta de dondesea que hubiese estado acostado y respira antes de decir.

—No me siento muy bien—admite,incapaz de mentirle, y mira a otro lado mientras dice— ¿Puedo quedarme unos días en tu casa?

—No necesitas preguntarlo. ¿Quieres que vaya por ti?

—Te perderías antes de llegar—menciona, y una risa apagada sale de sus labios.

Escucha un suspiro mientras él aprieta los labios a la vez que  siente que sus ojos se humedecen de pronto.

¿Por qué se siente de ese modo?

—Tienes 30 minutos, si no estás aquí para entonces, saldré a buscarte yo mismo.

El sollozo se escapa de su boca antes de que pueda notarlo.

Lleva de inmediato una mano a sus labios pero ya es tarde.

—Ese maldito...

Es un don, verdaderamente. Además de su novio, existía solo una persona en el mundo capaz de hacerlo sentir de ese modo, incluso cuando su voz era su único consuelo.

Se sentía protegido.

Las lágrimas no parecen querer detenerse entonces, y deja caer sus cosas ante la voz del menor.

—Cambio de planes. Respira. Tranquilízate. Recoge todas tus cosas y asegúrate de no dejar nada...

—Zoro...

—Voy a sacarte de ahí...

Lo escucha vagamente, no entiende muy bien qué ha dicho pero en cuestión de segundos el peliverde retoma la llamada.

—Espérame ahí. No se te ocurra moverte... Ace y yo iremos para allá.

Zoro no ha dicho nada más, y en cuanto cuelga Law muerde sus labios mientras se sienta en el suelo mientras lágrimas siguen cayendo.

No merece un amigo como Roronoa, que es capaz de levantar de la cama a su hermano solo por ir a buscarle él mismo a dondequiera que esté.

O la preocupación de la familia de éste.

Mihawk le ha recibido con una mirada preocupada, mientras su esposo se ofrece a preparle su café favorito incluso cuando pasan de las 3 de la madrugada.

Se alegra de que el menor de la familia continúe de viaje con el mayor de los hermanos, puesto que la situación lo suficientemente incómoda así.

Luego de la muerte de Corazón creyó que jamás volvería a sentir el calor de un hogar, pero ahí estaba, años después, siendo recibido por una familia que, aunque no lo decía, lo estimaba tanto como un miembro más.

En cuanto Zoro lo guía a su habitación Trafalgar se siente avergonzado.

—Perdón por despertarte—murmura bajo, con voz ronca.

El peliverde le mira sin expresión.

Entran a la habitación y en cuanto se quedan solos, el moreno no puede evitar hablar sobre lo que realmente ha pasado.

Eso que lleva pasando demasiado tiempo.

Le muestra las fotos a Zoro, y mientras trata de sonar tranquilo confiesa su secreto mejor guardado.

—Sé que esta no es la primera vez... Siempre tuve la sospecha, pero tenía miedo de confirmarlo...

—¿Desde cuando?—es la única pregunta del menor

Trafalgar no puede mirarlo a los ojos cuando dice;

—Desde que me mudé con él.

Roronoa quisiera poder entenderlo, y en parte puede hacerlo. Pero no por ello le es fácil no fruncir el ceño.

Habían pasado 4 años desde eso.

Si tan solo Trafalgar hubiese cortado con eso de raíz... No estaría así frente a él.

Infeliz.

Destrozado.

Roto.

—Padre ha dicho que puedes quedarte el tiempo que quieras... Esta casa siempre será tu hogar, incluso si no creciste aquí... Ambos te ven como un hijo más.

Los ojos del pelinegro arden de nuevo, y en un gesto que no se había permitido tener en años corta la distancia y se esconde entre los brazos del menor con necesidad.

Lo sabe. Los sentimientos que el peliverde desarrolló por él. Sabe también que, de no haber conocido a Kid... Muy seguramente él...

Roronoa le abraza con delicadeza, y acaricia su espalda.

En momentos como ese Law desea sinceramente haberse enamorado de él, en lugar de haberse entregado tan fácilmente al pelirrojo que no dejaba de atormentarlo.

Lástima que no fue de ese modo.

Porque con todo y que su corazón está destrozado. Con el alma hecha pedazos y las lágrimas en sus ojos.

Incluso cuando a kilómetros de distancia el pelirrojo se pierde entre las piernas de un  rubio que le provoca asco...

En ese momento, Trafalgar Law lo sigue amando.

Incluso cuando su relación nunca estuvo destinada a ser.

 

 

"Antes de que la noche oscura me atrape, por favor no me dejes"

"¿Todavía me amas? 

Si es así, no te vayas"

"No me preguntes por qué debes ser tú, solamente..."

"Quédate conmigo."

 

 

Quizá si se diera tiempo suficiente podría ver que, contrario al otro, Roronoa se quedó siempre con él.

Y esta vez, tiene intención de hacérselo ver.