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Pretty Woman

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– ¡Yo iré por aquí! ¡Tú rodéalo Sam! – gritó Dean mientras recargaba su ballesta.

Sam asintió, alzando y recargando su machete al hombro y se fue por su lado.

Ya habían estado demasiado tiempo detrás de ese nido de vampiros como para dejar ir de buenas a primeras al "padre". Era una oportunidad que no desperdiciarían por nada, y aún menos después de que éste había caído en la trampa.

Dean siguió el rastro del vampiro, el muy idiota se había escabullido en el granero, y a pesar de estar envenenado como estaba, con sangre de hombre muerto, el bastardo aún podía seguir moviéndose y continuar siendo lo bastante rápido como para no subestimarlo.

Prestó atención a su entorno, teniendo lista su ballesta para disparar como desquiciado en cualquier ocasión, viendo a pocos pasos la entrada del granero. Pensó que, si la sangre del viejo muerto no tuvo el efecto esperado, el vampiro en cuestión debía de ser muy antiguo como para resistir de semejante manera, así que debían tener mucho cuidado, ya que, a pesar de que podría encontrarse lento, no dejaba de ser letal.

Aguardó unos milisegundos en la entrada, viendo la boca de lobo –oscura y peligrosa– que le aguardaba a solo un paso. Sabía que debían cazar a ese maldito fuera como fuera. Ya llevaba una larga estela de muerte tras de sí y a Dean eso sí que le tocaba las bolas de sobremanera. Con ese pensamiento en mente, Dean ingresó al granero con la firme convicción de cargarse al malnacido.

__

Por otro lado, Sam rodeaba el granero en la oscuridad, corriendo y esquivando obstáculos. Maldijo en voz baja cuando su respiración se tornó acelerada. Debía admitir que aquel lugar era más grande de lo que aparentaba, así que debía seguir con cautela, rápido pero siempre alerta.

Cuando estuvo cerca de la puerta trasera, vigiló ambos costado, ideando una forma rápida y eficaz para ingresar. Sonrió de medio lado cuando llegó a la conclusión de que, para poder entrar simplemente debía darle una buena patada al mejor estilo de las series policíacas que a Dean le sacaban de casillas, pero algo le impidió el paso, rebotándolo contra el duro suelo. Era como si un campo de fuerza surcara el granero y le impedía entrar.

Un escalofrío le recorrió el espinazo.

Temió por la seguridad de Dean.

Esta vez, se levantó con cuidado, y palpó con ojo crítico esa extraña pared que no le permitía pasar. Sabía que era magia, de eso estaba más que seguro...

¿Acaso habían caído en una trampa?

Empezó a patear y golpearla la maldita puerta como un loco, gritando el nombre de Dean. Sabía que algo muy malo iba a sucederle a su hermano, su instinto se lo decía a gritos.

– ¡DEAN!

––––

Como era de esperarse, el lugar carecía de luz, pero eso no evitó que Dean y sus instintos de cazador se cargaran con el "hijo de puta". Una buena flecha impregnada de sangre de muerto y una decapitación limpia, fue satisfactorio. Estaba cansado y adolorido, sí que había sido un día largo.

Tronó un poco su cuello, y se giró dispuesto a salir del granero, y ahí fue cuando vio a Sam venir a lo lejos. Jadeando como si estuviera corriendo una maratón. Vio que alzó su mirada y gritó su nombre, mirando con ojos preocupados a todos lados. Por su parte, Dean, notando que él aún se encontraba en la oscuridad del granero, decidió avanzar hacia Sam para reclamarle su lentitud.

– ¡Maldita sea Sam! ¡Corres como abuela! – Gruñó – ¡Termine matando ese hijo de puta yo solo! –exclamó victorioso. –... Pero fue demasiado fácil, ahora que lo pienso. ¡El muy imbécil se me quedo viendo como si fuera un bicho raro!

En cuanto Dean fue tocado por la luz de la luna que se filtraba a través de la ventana del granero Sam freno en seco, mirando con ojos de plato a Dean. Tal como lo había presentido, a su "hermano" la había pasado algo malo, muy pero muy malo y no se lo creería si no hubiera sucedido frente a sus propios ojos.

Por otro lado, Dean camino hacia Sammy, quería salir ya de ese maldito granero que olía a todo menos a flores.

Quería limpiar el lugar y largarse lo más pronto de allí; estaba de buen humor a pesar de estar cansado y tener algo de hambre, pero eso se solucionaría en cuanto llegara al motel de turno en el que se encontraban hospedando en ese momento, se diera una ducha con agua caliente... una muy larga. Que se joda Sam, ¿quién lo mandaba a correr como anciana?; Ah, y comiera esa hamburguesa doble queso y tocino que casualmente tuvo la precaución de comparar antes de salir a la cacería, no estaría caliente pero aún seguiría fresca y deliciosa esperando por él.

Se daría un premio con una buena cerveza por listo.

En cuanto se acercó lo suficiente a Sam –el cual seguía petrificado en su sitio– se dio cuenta de algo ¿Acaso Sam estaba más alto?

– ¡Chico, no sé cómo jodidos sigues creciendo con tanto pasto que comes!– Se quejó, esperando la usual respuesta sarcástica de Sam. Pero éste no le replicó absolutamente nada, solo se quedó viéndolo fijamente con cara de idiota, lo cual lógicamente mandó al traste su buen humor.

¿Qué demonios le picó?

– ¿Qué mierda miras Samantha?– preguntó Dean de mala gana, exasperado ante la mirada de total desconcierto que su hermano le brindaba.

Éste solo carraspeo, se froto los ojos como si intentara despertar de un mal sueño, empezó a exhalar grandes cantidades de oxigeno de manera que no se notara tanto el ataque próximo que estaba por darle. Dean no tenía que ser un genio para darse cuenta que Sam intentaba controlarse para no entrar en pánico, pero ¿Por qué?

– ¿D–Dean?

¿Porque se refería a él como si no lo reconociera?

Claro que era él en todo su adorable esplendor. Lleno de sudor y algo de sangre en la ropa, pero era él.

– ¿Qué sucede Sam?

Pero en cuanto hablo y escucho su propia voz, sintió que toda su sangre se iba a sus pies.

¿Eso que escucho era él?

¿Desde cuando sonaba como una chica?

Su cerebro empezó a unir engranajes, la extraña mirada que le dio el vampiro antes de morir, el extraño "crecimiento" –si es que se podía más– de Sam, el por qué sentía que los pantalones le quedaban de un momento a otro más grandes... NO, maldita sea, todo menos eso.

Empezó a palpar su rostro, el cual era más fino. Su mandíbula se había suavizado y no había rastro de la sexy barba de dos días que llevaba hasta ese momento. Miró sus manos –no supo cómo su anillo no había caído–, eran más delgadas y tenía unas delicadas muñecas –muñecas de nena–. Y como todo hombre que se enfrentaba a tal situación, mando sus manos al pecho, y entonces se encontró con un par de chicas que sabía que nunca habían estado allí –bueno habían estado sobre él, pero no con él–. Ahogó un jadeo de horror.

... si tenía pechos.

– ¡JODIDA MIERDA, SAM!– Gritó Dean víctima del pánico, su voz sonando más aguda de lo que jamás imagino. Eso simplemente no podía ser real.

– ¡D–Dean, cálmate un momento!– pidió Sam, tratando de reconfortar a su... ¿hermano? lo cual no era fácil teniendo en cuenta que estaba al borde de un masivo ataque de nervios ante semejante situación.

"Inhala, exhala, inhala, exhala" se repetía constantemente el mayor, logrando algo que ni él había creído posible: calmarse. Era como verlo cuando entraba en pánico por Baby, pero peor.

Por otro lado, Dean intentó conservarse con cabeza fría, pensando que quizás no todo estaba tan mal, tal vez aún se encontraba allí... Así que con lentitud dirigió una mano entre sus pantalones –los cuales le quedaba tan sueltos que era un milagro que aún no se le hubiesen caído– buscando algo que posiblemente, pudiera darle un poco de alivio, "Vamos, vamos... vamos" repetía una y otra vez mentalmente dándose ánimos "Solo un poco más y... Oh..."

Dean, presa del horror volteó a ver a Sam con una expresión que hizo que el otro quedara frió en su sitio. La situación era más que grave si Dean llegaba a mirarlo de esa manera. Así que hizo lo más sensato que se le pudo ocurrir en aquellos escasos segundo, retrocedió unos pasos, dándole a Dean un poco más de espacio, esperando que aquello que...

– ¡AAAAAAHHHHH! – fue el grito desgarrador que escuchó en todo el lugar.

....Ah, ahí estaba.

Dean se había enfrentado en su vida a muchas situaciones tan aterradoras, que hasta el más experimentado soldado hubiera hecho que se cagara en los pantalones. Pero esto era otro nivel, entró en auténtico y palpable pánico. En el estado de terror más puro que nunca pudiese imaginar. Dean no dejaba de maldecir y golpear cosas, como si con ellas pudiese encontrar a su "amigo perdido".

Sam, por su parte, no sabía qué hacer, así que solo intentaba aplacar la ira de Dean sin muchos resultados. Ahora era él quien entraba en pánico ante esa pequeña furia que era su "hermana".

–––

Castiel se encontraba en sus asuntos –ya saben cosas de ángel– cuando sintió que algo no andaba bien con los Winchester, en especial con Dean. Algo terrible le había ocurrido al mayor para sentir esa perturbación en la fuerza –si muy Star Wars– así que decidió bajar de su blanca nube a ver que sucedía a los chicos, a los cuales nunca les sobraba un poco de su muy estimada y humilde ayuda angelical.

Cuando los localizo y apareció en el lugar –con esos pufs que causan paros cardíacos– la escena que presencio no pudo dejarlo más desconcertado. Castiel normalmente vivía en constantes confusiones desde que conoce a los Winchester, así que ya es rutinario, pero esta vez era realmente extraño, de ese nivel de rareza el cual sabes que es aceptable que no sepas que mierda sucede y los demás no te juzgarán.

Castiel con su expresiva cara de nada, alzó una ceja ante la escena.

Había una chica allí, y esta llevaba puesta ropa que al parecer era de Dean porque le quedaba dos tallas más grandes. Tenía el cabello rubio y largo hasta los hombros. Era "bonita", como decían los humanos – Castiel, necesariamente no precisaba de estándares – pero gritaba palabrotas tan grandes que harían sonrojar a un marinero, y arrojaba cosas intentando aliviar su ira. Al parecer era de temperamento muy fuerte.

Se acercó hasta Sam, el cual solo observaba sin saber cómo actuar con gesto de terror, como la joven despotricaba contra los ancestro de alguien quien no conocía. Pero desde esa distancia, Castiel notó algo curioso, se dio cuenta que la chica no era otra persona sino Dean. Su aura lo delataba, y a pesar de que su cuerpo era diferente -y difícilmente reconocible- estaba completamente seguro de que era el Winchester mayor.

Se disponía a preguntar el porqué de la situación cuando Sam, con el rostro acongojado, sus ojos de cachorrito y total desesperación le dijo:

– ¡Cass has alguna de tus cosas de ángel! ¡PERO CALMALO POR FAVOR!

Castiel, aún sin tener sus respuestas a una pregunta que ni siquiera alcanzo a hacer, decidió acceder a la petición de Sam y ni corto ni perezoso, apareció frente a Dean, y poso su mano en la frente de la ahora chica e hizo que cayera desmayada en los brazos de su hermano menor.

Este definitivamente había sido un día muy largo.

---

Despertó por culpa de un maldito rayo de luz que se coló en las cortinas del sucio motel donde se quedaron esta vez.

La noche anterior había sido de locos, en su vida volvería a combinar hamburguesas, pie de manzana, costillas BBQ y esa jarra de cerveza alemana que le ofreció esa sexy morena en el restaurant.

Busco a su hermano con la mirada y no lo vio por ningún lado, debió salir por el desayuno. Se restregó los ojos.

Había tenido una pesadilla tan horrible la noche anterior que se sentía un poco aturdido como para levantarse de una buena vez, pero sabía que si seguía, Sam lo jodería hasta tocarle los huevos así que decidió levantarse y cumplir con el llamado de la naturaleza. Retiró las cobijas y entro casi corriendo al baño, ni se miró al espejo. Aún tenía el sueño encima, solo le preocupaba orinar lo antes posible, subió el bizcocho de la taza y cuando se disponía a sacar al pequeño Dean...

-¡SANTA MADRE DE -... AAAAHHH!

Por poco y Sam deja caer el desayuno, ese grito había significado solo una cosa: su "hermano" había despertado.

Cass había revisado a un inconsciente Dean, buscando la causa por la cual el cuerpo del mayor había experimentado tal cambio, pero este se encontraba más saludable que nunca, como si siempre hubiera pertenecido a aquel cuerpo, así que Sam le sugirió que investigara un poco en el cielo para ver si alguien podría darle una respuesta a tan perturbador hecho, y aunque Castiel hubiera preferido esperar a que Dean reaccionara, necesitaban averiguar lo más pronto posible que le sucedía al cuerpo del mayor, así que partió en busca de respuestas de "alto nivel".

Sam literalmente arrojo la puerta del baño para que Dean lo dejase pasar, este se encontraba en completo estado de shock ante el espejo, tenía su camisa de dormir que antes se ajustaba perfectamente a su torso, ahora le quedaba 3 tallas más grande y le llegaba a mitad de los muslos (Sam se las tuvo que ingeniar para vestirlo con los ojos cerrados, no es que nunca hubiera visto una mujer desnuda, es que le era perturbador saber que "esa chica" era su hermano).

–Dean.... Hermano

Se sintió raro al llamarla así pero era lo más adecuado ante la situación, después de todo Cass le confirmo que seguía siendo el mismo Dean solo que con sexo diferente.

–Sé que esto es raro pero te ayudare en lo que sea que necesites– "El" mayor no respondió, solo se seguía viendo en el espejo estupefacto ante la imagen que reflejaba el mismo, estuvo así como por dos minutos aproximadamente y sin que Sam se lo esperar Dean se quitó la ropa y quedo completamente desnuda delante de él.

– Maldición Sammy...- gimoteó en un tono que Sam no supo interpretar -¡Soy jodidamente ardiente!– dijo Dean mientras se daba la vuelta y miraba su perfecto y respingado trasero.

Sam solo se tapaba los ojos con la mano como un niño chiquito frente a la situación que lo enfrento su hermano.

Definitivamente era lo más incómodo que le había tocado enfrentar en su vida

– ¡MALDICIÓN! ¡Dean, ponte algo de ropa ahora mismo!– Solo pudo decir mientras se giraba con una expresión de asco y le daba la espalda.

Joder, era su "hermana" después de todo. Aquello era perturbador.

Dean pareció seguir en su mundo, por lo cual Sam tomó la sabia decisión de salir de ahí, luego de azotar la puerta.

Tomando un largo respiro, y haciendo un conteo del 1 al 100, Sam decidió ir sirviendo lo que había traído para el desayuno, mientras Dean tomaba un baño, en lo cual se tomó su tiempo, estaba conociendo su nuevo cuerpo -demasiado a opinión de su hermano- Sam definitivamente no quería saber que pasaba allá adentro.

Cuando Dean salió, después de media hora en la ducha, se vistió como mejor pudo con su ropa. Estaban en principios de invierno y no quería empeorar su situación con una neumonía, pero lógicamente esta le quedaba enorme, parecía, a palabras de Sam, que la ropa lo llevara a él y no al revés. Dean tomó asiento en la destartalada mesa en la que Sam había acomodado el desayuno, y su hermano le imitó poniéndose en el otro extremo, ambos se dispusieron a comer con lentitud, bueno, en realidad solo Sam lo hacía. Dean parecía querer atragantarse con el desayuno.

Finalmente terminaron –en realidad Sam termino, Dean hacia bastante había engullido su desayuno- Salieron rumbo al centro comercial con Baby; decidieron hacer nota mental de lo que necesitaba: un par de chaquetas camisas y jeans, nada del otro mundo, pero no dejaba de ser incómodo lo último que completaba la fresa del pastel - tampoco por muy candente que estuviera su nuevo cuerpo pensaba quedarse así toda la vida, el pequeño Dean jamás sería remplazado-

Bueno como si nunca hubiera utilizado "ese tipo de ropa" para chica...

Eso jamás debería saberlo Sam, primero se dejaría torturar en el infierno – de nuevo - antes de acepar eso frente a su hermanito.

Para cuando llegaron a ritmo de Whiskey In The Jar de Metallica y aparcaron en el sótano del centro comercial se cruzaron con un par de hombres que se quedaron viendo los pechos de Dean – no pudo negar que se sintió sucio ante esas miradas – Se disponía de decirles de hasta que se iban a morir pero Sam se paró frente a él de forma protectora mientras les daba una de sus mejores miradas asesinas, los sujetos se alejaron ante la sutil amenaza de semejante mastodonte que custodiaba a la chica.

Era oficial necesitaba ropa interior en especial sujetadores, el par de amigas que ahora poseía era como decirlo sin ser muy rustico, eran bastante... "atrayentes", nada más con lo que había sucedido hace un momento lo dejaba más que claro. Pero Dean estaba más que renuente a la idea de utilizar ropa de chica, por más que protesto y maldijo finalmente Sam lo convenció en ir a comprar "algo de su talla", no podía andar por ahí semi–desnudo.

Dean y Sam llegaron finalmente a la tienda de ropa interior femenina, y como todo hombre de pelo en pecho la duda los ataco apenas pusieron un pie en ese lugar, había tantas cosas que no sabían por dónde empezar, finalmente Sam tomo determinación y literalmente arrastro a Dean al fondo de la tienda, debían conseguir primero: Sujetadores. Tomo el primero que encontró en un estante a su izquierda y se lo mostró a su hermano con cara de "Toma esto de una vez y larguémonos ya".

–¡Ni lo sueñes Sam, no me voy a poner eso y mucho menos de ese color! Además no creo que sea de mi talla – Acuno sus pechos entre sus manos y sacudiéndolas un poco, Sam quería darse un tiro ante este acto de su hermano, tomo el sujetador para analizarlo – No, definitivamente no lo son– Dijo con la mandíbula apretada y con un sujetador rosa en la mano –Además solo se quitarlos, no ponerlos– insinuó "el" mayor subiendo y bajando las cejas con una expresión graciosa mientras Sam solo pudo verlo de manera reprobatoria.

–Buenas tardes– les saludo con una sonrisa una linda vendedora de cabello corto –¿En qué puedo colaborarles? ¿Buscan algo en especial? Tenemos promoción en lencería el día de hoy, para que le haga un lindo regalo a su novia – Dijo la vendedora, mientras veía a Dean buscando algo más "acorde" a él, Sam soltó una risita y negó con la cabeza – Disculpa, pero ella es mi herman...a, solo la estoy acompañando– La chica alzo una ceja y sin pudor alguno e hizo un escaneo visual de pies a cabeza – No hay problema, también podría ser un lindo chico, digo regalo a una chica... Claro si lo así lo desea... –

Esto último se lo dijo de forma sugerente, Dean solo pudo bufar sabía que con lo mojigato que podría ser Sam lo más seguro es que dejara escapar semejante invitación) Decidió seguir adelante en su "búsqueda implacable" mientras Sammy se conseguía un ligue – o lo arruinaba, como era de costumbre - y al fin encontró algo que lo sacaría de apuros: SUJETADORES DEPORTIVOS!!!!!!!!!!!!!!!! A y unas bragas, joder esas cosas sí que eran cómodas.

Tomo un par de color negro y blanco que se veían de su talla y se los llevó al vestier, debía comprobar que fueran la talla adecuada – no quería morir asfixiado por un sujetador asesino – Se los coloco y se miró al espejo, Joder sí que era sexy, aun con esos sujetadores.

No pensaba comprar encaje, primero muerto.

Salió en busca de Sam para pagar y largarse, tanta ropa lo agobiaba; lo encontró sentado en un pug de esos que se deforman cuando te sientas, hacia caras intentando buscar comodidad en el jodido mueble, pareciera que lo hubieran sentado en un montón de mierda – Que pasa Sam? ¿Acaso tu enorme trasero no puede salir del mojón de dinosaurio? – El menor solo pudo lanzarle su mejor mirada de "Vete al infierno" mientras al fin pudo levantarse del endemoniado sofá deforme.

- Ya tienes lo que necesitas "Deanna"? – Se mofo Sam, él también podía jugar el mismo juego – Ja ja ja muy graciosa Samantha, si ya tengo lo necesario, ahora vamos por el resto, estoy cansado de estar subiéndome los pantalones cada cinco minutos ¿cómo hacen esos sujetos que se creen con "swag" para caminar un par de metros sin caerse? -

Siguieron con lo que faltaban en el resto de tiendas, comprando lo que necesitaba Dean para su nuevo cuerpo. Un par de jeans y camisetas de viejas bandas - esas que si son cool - y unas cuantas chaquetas, fue un día de pesadilla para ambos Winchester, como odiaban la compras, en especial Sam por tener que esperar a que su "hermana" encontrara lo que le gustara, mientras él tenía que soportar el acoso de una alguna vendedora o... vendedor, sentado en alguna silla incomoda o peor aún de pie con todas esas malditas bolsas mientras "ella" se las daba de supermodelo; Dean estaba al tanto de ello por ende se demoraba más de lo necesario, sacaba ropa a montones para llevar solo la primera que había visto o en el peor de los casos nada, Sammy solo le daba su mejor cara de perra - si Sam, sufre un poco conmigo -

Finalmente salieron del centro comercial con unas cuantas bolsas de compra y se dirigieron a almorzar, sus sistemas había soportado más de lo que podían con ello. Decidieron partir esa misma noche, debían ir detrás de otro caso, aun si Dean no hubiera recuperado su pene los monstruos aún estaban al acecho y no se iban a cazar solos – A palabra de la misma rubia, en cierta manera volver al ruedo era terapéutico para él -