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Lo vio alejarse, la capa oscura fue haciéndose más y más pequeña. No volteó ni una sola vez.

La joven ninja aún sentía un ligero cosquilleo en la frente, remanente de un gesto sencillo pero sumamente íntimo.

‘Te veré cuando regrese… Y gracias’

El Jōnin colocó una mano en su hombro.

—Tiene mucho qué pensar, dale tiempo — le dijo con voz suave, luego le dio un ligero apretón con la mano.

—Gracias, sensei — sonrió ligeramente pero no lo volteó a ver. Seguía observando el camino ahora vacío.

Naruto aterrizó con un sonido hueco. Primero miró a Sakura y luego a Kakashi.

—Sigue siendo un cabeza dura, como siempre — dijo con tono burlón, ostentaba una amplia sonrisa.

—Mira quién habla de cabezas duras — Sakura le dio un golpe ligero en el hombro.

‘Ah, a veces no cambian para nada’ el veterano sonrió bajo su máscara.

—Oye, oye, pero tú sabes que sigo siendo el mejor ninja — se señaló con un pulgar.

—Ciertamente, Naruto — Kakashi le puso una mano en el rubio cabello, el gesto se le antojó extraño pues Naruto ya era ligeramente más alto que él.

—Oiga sensei, ¿cuándo dejará de tratarme como un niño? — Naruto hizo un puchero, haciendo ademán de cruzarse de brazos sólo para recordar que era imposible.

Sakura observó la mirada afligida de Naruto, debía ser difícil haber perdido un brazo. Le puso una mano en el hombro y comenzó a caminar.

— ¿Qué tal si vamos a Ichiraku? Podemos invitar al resto de los equipos.

— ¿De verdad? ¡Eso estaría genial! Gran idea Sakura-chan — Naruto pareció olvidarse de su brazo por un momento —. ¿Y usted, Kakashi sensei?

—Ah, me encantaría acompañarlos, ya saben, deberes de Hokage, no sé por qué accedí a este trabajo — se rascó la cabeza y desapareció con un puff.

—Espero no se le cruce una ancianita — murmuró Naruto, el comentario hizo sonreír a Sakura.

Mientras entraban de nuevo a la aldea miró una vez más el sendero vacío, suspiró y se decidió.

Lo encontraría en su viaje.

 


 

 

Naruto comenzaba a apilar platos a medida que devoraba la comida.

Ino, Shikamaru, Sai y Hinata se encontraban ahí además de los dos miembros del equipo 7.

—Qué molestia, últimamente el sexto me ha dado demasiado trabajo — Shikamaru se estiró en el banco —. Debo viajar a la Aldea de la Nube por cuestiones diplomáticas, comienzo a arrepentirme de ser consejero.

—No entiendo cómo logras quejarte de todo, todo el tiempo — Ino le dirigió una mirada juzgona —. Te están enviando a viajar por todas las aldeas, apuesto a que es fantástico.

—Tch, si por mí fuera me quedaría aquí jugando Shogi — cruzó los brazos detrás de la cabeza.

—Claro, eso si Temari no está cerca porque si no… — la joven Yamanaka sonrió con verdadera malicia.

Su compañero se congeló en el asiento, sin poder evitar el rubor que subió a sus mejillas.

—O-oye, vamos — a pesar de su vergüenza, sonrió y no se molestó en contradecirla.

Varios presentes rieron a lo bajo con el intercambio.

—Naruto, ¿cuándo te darán la prótesis? — preguntó Sai con expresión seria.

—Hmmm, la vieja dijo que tenía que preparar las… uhm… — Naruto arrugó el ceño, forzando a su cerebro a recordar.

—Las células de Hashirama, bobo. No puede ser que domines el arte Sennin y no puedas recordar eso — Sakura dijo resoplando por la nariz.

—La inteligencia nunca ha destacado a Naruto — Sai informó con esa sonrisa extraña que lo caracterizaba.

Al rubio casi se le sale el ramen por la nariz. Todos echaron a reír ante el comentario, Hinata sólo sonrió tímidamente.

—Oye Sai, eso es injusto, además deja de poner esa cara de raro, me dan escalofríos nada más por verte — le dijo apuntándolo con sus palillos.

Ino estaba al lado derecho de Naruto y los palillos quedaron peligrosamente cerca de su cara, el movimiento había proyectado pequeñas gotas de caldo en su rostro.

La rubia estaba a punto de levantar el puño cuando Sakura le dio un manotazo en la cabeza a su compañero, enviándolo directamente a su bowl de ramen; casi entierra el rostro en él.

—Ouh, ouh, Sakura-chan, ¿y eso por qué fue? — se lamentó.

Shikamaru sonrió al ver la escena, cerró los ojos momentáneamente. Por el rabillo del ojo observó que Sai le ofrecía un pañuelo a su compañera de equipo. Alcanzó a distinguir una mirada diferente en Ino mientras le daba las gracias al pálido joven. El Nara sonrió del lado, esa mirada sólo la había visto cuando ella era más joven; cuando miraba a Sasuke.

—N-Naruto kun, tienes un poco de… — Hinata estaba cambiando de color, su ligero rubor fue haciéndose más rojo cuando el resto de la mesa la miró —. Un poco de ramen en…

Naruto hizo un bizco, de su cabello goteaba un poco de caldo. Hinata estaba a la izquierda, después de Sakura. Extendió la mano y le ofreció una servilleta, la ninja de cabello rosa se inclinó hacia atrás para facilitar la maniobra, de reojo miró a la heredera del clan Hyuga, sonreía tímidamente y rehuía el contacto visual con Naruto, no pudo evitar sentir cierta ternura ante el gesto.

—Gracias, Hinata — tomó la servilleta mientras le sonreía ampliamente.

‘Ni siquiera se da cuenta’ pensó la pelirrosada al ver a Naruto.

Shikamaru se levantó y dejó su parte del pago en la barra.

—Debo irme, necesito arreglar unos documentos y prepararme para el viaje, qué molesto. Procuren no meterse en problemas, ¿eh?

—Asegúrate de traerle algo a tu equipo — le dijo Ino despidiéndose con la mano.

—Sí, sí, lo sé — se alejó caminando con una mano arriba a modo de despedida.

La florista también hizo ademán de levantarse.

—Yo también debo irme, mi madre me pidió ayuda para atender la tienda — dejó el dinero en la barra —. Últimamente mucha gente va a comprar arreglos.

Ninguno hizo algún comentario, todos sabían que muchos habían perdido seres queridos durante la guerra, haciendo que los Yamanaka trabajaran más de lo normal.

— Yo también me dirijo hacia allá — Sai se había levantado y sostenía las lonas del negocio para que pasara —. Después de ti, hermosa — le sonrió con rigidez, emanando toda la calidez que podía evocar.

Ino se sonrojó profundamente y pasó por debajo. Se despidió rápidamente y echó a andar con el pintor a un lado.

—Y pensar que con esa misma sonrisa me dijo fea, shannaro — Sakura apretó un puño.

Naruto echó a reír por el recuerdo.

—Creí que lo matarías a golpes, qué bueno que estaba ahí.

Ambos rieron por el recuerdo. Poco a poco la risa se desvaneció y Sakura se enderezó en su asiento, por el rabillo del ojo percibió que Hinata comenzaba a jugar con su cabello. Naruto seguía comiendo a un ritmo más apaciguado, pero notó las furtivas miradas del rubio hacia la joven Hyūga. La Jōnin de pronto se sintió de más, decidió darles un espacio a solas.

—Yo también debo irme, Tsunade-sama necesitaba ayuda con tu prótesis, además tengo que repasar los expedientes que me asignaron en el hospital — se puso de pie —. Procura que no haga un desastre, y recuerda no dejarlo ir sin pagar la cuenta — se dirigió a Hinata.

La ninja de ojos grises empezó a ruborizarse, hizo ademán de decir algo pero se calló, reanudó su jugueteo con los dedos. Se limitó a asentir con la cabeza.

— Saluda a la abuela por mí — se despidió Naruto.

—Nos vemos.

Hinata sentía su corazón palpitar fuerte en el pecho, se ruborizó aún más al pensar que Naruto lo escucharía. Miró sus dedos que tocaban nerviosamente su cabello.

— Y bien Hinata, ¿tienes algún plan tú también?

—Uhm, yo… — la joven se encontró con la mirada del Jinchūriki, sus ojos de un profundo azul le hacían saltarse un latido —. Pensaba llevarle flores a Neji.

—Oh… Sí, sí, es una buena idea ‘tebayo— Naruto pareció incomodarse un poco, no le gustaba tener que hacerle decir eso en voz alta.

— ¿Y tú, Naruto-kun? — miró al suelo, evadiendo su mirada.

—Pensaba ir a casa, después de todo no puedo hacer misiones sin un brazo — le dijo con una sonrisa.

El joven tomó el plato de ramen y se lo llevó a los labios, el movimiento fue torpe y un hilillo de caldo se derramó por su barbilla. Hinata se percató y tomó una servilleta, en cuanto Naruto bajó el plato ella acercó el papel a su rostro. Con pequeños toques limpió su comisura. Su corazón palpitaba furioso y sintió el rostro caliente, probablemente estaba del color del tomate, la mano le sudó ligeramente.

Naruto la miró, quedándose quieto hasta que bajó la servilleta. Un ligero rubor ascendió por su cuello, el gesto había sido muy gentil y delicado.

La joven Hyūga se percató de la mirada y se sobresaltó ligeramente.

—Yo… tenías… espero no haya sido inapropiado… disculpa — bajó la mirada y volvió a juguetear con los dedos.

—Gracias Hinata, aún es difícil hacer las tareas más sencillas. Pero no te preocupes, ¡en cuanto vuelva a tener el brazo volveré a la acción ‘tebayo! — se llevó la mano al pecho.

La chica parecía no haberse recuperado de la pena, Naruto suavizó su expresión.

—Oye, ¿te importaría si te acompaño? También me gustaría saludar a Neji.

La kunoichi levantó la mirada, Naruto le sonreía con calidez, se sintió sumamente feliz por escucharlo decir eso.

—Claro Naruto-kun, gracias.

Dejaron el dinero en la barra y se dispusieron a caminar. Entraron a la floristería de los Yamanaka, Ino estaba en el mostrador con un delantal, tenía el ceño ligeramente fruncido por la concentración; estaba detallando un arreglo floral precioso.

—Hola chicos, ¿qué los trae por aquí? — se enderezó, sacudiéndose las manos.

—Vamos a llevarle flores a Neji — se adelantó Naruto —. Hinata tuvo la idea.

La joven de ojos grises se limitó a asentir, sonriendo ligeramente.

—Qué lindo detalle de tu parte — Ino se acercó a ella —. ¿Ya sabes qué quieres llevarle?

Asintió y le indicó que escogería: espuela de caballo, ciclamen y lirios de campo.

La rubia sonrió con aprobación y juntó las flores para formar el arreglo. Su florista interior estaba deleitada, habían sido una buena elección.

Mientras las dos ninjas hablaban, Naruto observó el mostrador; medio escondido debajo de una libreta se encontraba un dibujo, reconoció los trazos de su pálido compañero. Sonrió y resopló.

‘No puedo creer que Sai le simpatice a algo que no sea un robot’

Volteó a ver a Ino, estaba de espaldas a él. Se imaginó cómo sería una cita entre ellos dos. Una imagen del joven moviéndose rígido y regalando flores llegó a su cabeza.

‘Sí, regalarle flores a una florista, es algo que Sai haría’. Reprimió una risa ante la imagen.

Las jóvenes se acercaron a él, Naruto trató de disimular su sonrisa, sentía la risa cosquillearle la garganta, apretó más los labios.

— ¿Y ahora qué se te metió? — la rubia lo miró con una ceja enarcada, pero sonriendo ligeramente por la expresión del joven. Se movilizó al mostrador para terminar el arreglo.

— ¿A mí? No, no, nada… Sólo me preguntaba, ¿qué se siente salir con un zombi?

— ¿Cómo? — lo miró con interrogación. Hinata comenzaba a sonreír.

—Sí, ¿o acaso Sai es un ser vivo? — Naruto comenzó a reír. La Hyūga cubrió su sonrisa con una mano.

Ino se ruborizó y cerró los ojos con un puño levantado.

—Mira quién habla, señor solterón — lo señaló con un dedo.

—Oi, no soy un señor, además, ¿no has visto todas las cartas que recibo? Soy un héroe de guerra dattebayo — se señaló con el pulgar, sonriendo con los ojos cerrados —. Eres tú la que se juntó con el raro de Sai — Naruto hizo un movimiento como de zombi.

Naruto soltó una risita, Hinata se encontraba a su lado sonriendo. Ino iba a contestarle pero colocó los brazos en el mostrador con una sonrisa pícara, su rostro recargado en un puño.

— ¿Piensas que estoy muerto?

A Naruto lo recorrió un escalofrío, la voz estaba muy cerca de su espalda. Dio un salto y levantó las manos en posición de karate.

—Oi, no te me acerques así ‘ttebayo — el joven rubio se veía irónicamente pálido.

Ino y Hinata rieron.

—Si necesitas pruebas, puedo quitarme la ropa y mostrarte que estoy vivo — lo miró estoico.

Naruto no pudo diferenciar si era una broma o no, era Sai después de todo. El joven se enderezó y tomó a Hinata de la muñeca.

—Vámonos Hinata, creo que Sai sólo quiere una excusa para mostrarle… algo a Ino.

—P-pero Naruto-kun… — la joven sintió que Naruto la comenzaba a arrastrar fuera del local. Tomó las flores del mostrador antes de alejarse demasiado —. Gracias Ino-san, disculpa por la molestia, adiós Sai-kun.

El pálido joven levantó una mano a modo de despedida, la florista sonrió y se despidió.

 ‘Parece que por fin se dio cuenta, quién lo diría, Naruto es un iluso pero tiene buen corazón’

Se alegró por la joven Hyuga. A fin de cuentas el animado joven había sido quien le había ayudado a salir de su cascarón, todo gracias a su persistencia y su nobleza.

‘Y un poco de idiotez’

—Sigue siendo un poco difícil — Sai la miró, solo los separaba el mostrador.

Ino supo que se refería a la interacción con las personas. Poco a poco le había hablado acerca de su tiempo bajo las órdenes de Danzo. Seguía sin darle muchos detalles, pero conectaba las piezas de las maneras raras del joven. Su única instrucción para interactuar con humanos habían sido libros y eso provocaba situaciones extrañas en las que el ex miembro de Raíz no sabía muy bien cómo comportarse.

Aun así, la joven podía apreciar la sinceridad en el esfuerzo que hacía. Sintió un cosquilleo en el estómago cuando se acercó a él.

—No te preocupes, lo haces bien — tomó con delicadeza la muñeca del ninja.

Ambos se dedicaron una sonrisa.

 


 

 

Ninguno dijo nada, el viento soplaba suavemente, llevando el aroma de las flores en él. Hinata tenía los ojos vidriosos, pero no lloraba. Sonrió al recordar a su primo y agradeció que su relación hubiera mejorado antes de su muerte.

Naruto colocó una mano en su hombro, apretó ligeramente. La joven sintió su corazón acelerarse ante el contacto, como un chispazo que bajaba desde su brazo.

—Te aseguro que Neji está orgulloso de ti.

Esas palabras empujaron una solitaria lágrima que descendió por su mejilla. Pero su corazón se sentía pleno y cálido. Volteó a ver a Naruto, le sonreía ligeramente.

—Gracias por acompañarme.

El joven sonrió ampliamente mientras un dedo frotaba debajo de su nariz.

El sol comenzó a ocultarse, regresaron caminando hasta llegar a la residencia de los Hyūga.

—Gracias por ir, Hinata, me hace feliz que nos hayamos reunido. ¿Hagámoslo de nuevo, sí? — se rascó la nuca.

—Sí, hagámoslo de nuevo — la kunoichi sonrió.

Naruto se alejó caminando con paso despreocupado. Ella lo observó unos minutos antes de entrar a su casa.

Ambos sonreían.

 


 

 

La quinta Hokage sostenía en alto la prótesis, observó minuciosamente su forma, curvas y espacios, era un trabajo exquisito de ingeniería.

—Creo que ya está casi listo, por lo menos el recipiente es perfecto — dijo con aprobación. Depositó el brazo en la mesa.

Habían tomado las medidas de Naruto cuando se recuperó de la pelea, le pidieron realizar movimientos y tomaron lecturas de su cerebro para interpretar los datos mecánicos. Todo el empeño se había puesto para regresarle un brazo perfectamente funcional. El resultado era una obra magnífica tanto del equipo de ingenieros como de los médicos.

Sakura observó las placas que contenían las células del primer Hokage, habían tomado también muestras de tejido y nervios para comenzar el proceso de compatibilidad, hasta ese momento no se había presentado ningún rechazo. Todo parecía indicar que el acoplamiento sería satisfactorio y no habría problemas. Las células de Hashirama permitirían a Naruto un control mucho más preciso de la prótesis, así como de su chakra.

—Quiero agradecer a todos por su empeño y tiempo, han hecho un excelente trabajo — Tsunade se dirigió a todos.

Se respiraba un aire triunfante en la sala. Un rumor alegre se escuchó entre los médicos e ingenieros.

—Sakura, quiero que me acompañes cuando termine tu turno, por favor.

—Por supuesto Tsunade-sama.

La mentora se inclinó a la oreja de su pupila, tapando su boca con la mano.

—La verdad es que quiero ir por sake — la mujer soltó una risita y se alejó dando grandes pasos.

‘No se pierden las costumbres, ¿eh?’

Unas horas después se dirigieron al bar, el ambiente era bochornoso y humeante de tabaco, pero alegre. Se sentaron en una mesa y sin necesidad de preguntarle, la mesera llegó con una botella de sake y dos copas.

Tsunade sirvió y le arrastró una a su alumna.

— Tsunade-sama, no creo que…

La ninja detuvo sus palabras cuando su maestra le dirigió una mirada severa, la kunoichi sabía que no aceptaría un no. Sakura tomó el pequeño recipiente y chocó la copa con su maestra. A la joven le cruzó momentáneamente el pensamiento de adquirir (forzadamente) el mal hábito de la bebida de su maestra.

Tsunade se acabó el sake de un trago y sonrió ampliamente. Sakura hizo lo mismo, tuvo que apretar los ojos cuando el escozor le subió por la garganta.

—Eso me gusta más — le dijo con una amplia sonrisa.

Volvió a servir las copas. Sakura miró el líquido transparente. Ya sentía una ligera calidez instalarse en su estómago.

Volvieron a vaciarlas de un trago. Tsunade hizo un ademán y encargó a la mesera diversos tipos de aperitivos.

Sakura percibió una especie de bruma en el cerebro, como si el alcohol se evaporara dentro de su cráneo, la languidez comenzó a instalarse en su cuerpo, pero la recibió con gusto. No haría daño dejarse llevar una vez.

—Sakura, antes que nada quiero decirte que estoy muy orgullosa de ti, has probado ser merecedora del Byakugō no In. Como tu maestra no podría pedir nada más de un pupilo — Tsunade apuró su trago —. Tengo noticias para ti, he decidido promoverte y quiero que dirijas el Hospital de Konoha junto a Shizune. Necesito a alguien competente que dirija en mi lugar.

La médica se sintió atónita, su futuro en el hospital era una realidad, ¿pero dirigirlo? Se quedó sin palabras, movió nerviosamente el vasito.

—Gracias, Tsunade-sama… No sé qué decir.

La Sannin soltó una carcajada.

— ¿Haruno Sakura sin palabras? — comenzó a devorar los aperitivos —. Eso sería algo que le encantaría ver a Naruto.

—No, no. Es sólo que me tomó por sorpresa — la joven ninja hizo una pequeña pausa para darle un sorbo a su copa —. Estoy muy agradecida, Shishou — Sakura inclinó la cabeza.

—La marca que llevas en la frente representa todo lo que has aprendido. A estas alturas no creo que haya más que pueda enseñarte.

La pelirosa sintió lágrimas acumularse en sus ojos, se sintió orgullosa y sumamente agradecida con su maestra.

—Celebra conmigo entonces — levantó la copa —. Por la próxima directora del hospital.

—Por sus enseñanzas.

Chocaron los vasitos. Un agradable silencio se instaló entre ellas. La antigua Godaime miró a su aprendiz, el alcohol ya había acomodado una niebla en su cerebro, pero no impidió notar la evasiva mirada de su pupila.

Recargó el rostro en una mano, su cabello rubio se deslizó a un lado con el movimiento. Entrecerró los ojos, debatiéndose entre abordar a su alumna o darle la oportunidad de poner el tema en la mesa. Casi pudo adivinar la situación.

‘Esta es una apuesta que no perdería contra Jiraiya’ sonrió ligeramente.

Decidió hacerle honor a su característica impaciencia después de un momento.

— ¿Estás pensando en irte?

Sakura sintió una oleada de calor llegar a sus orejas, movió el vaso (ahora vacío) dándole pequeñas vueltas con una mano. Sus pensamientos se asentaron cuando dejó quieto el recipiente.

—Sí, pensaba hablar con usted de ello — la miró con ojos ligeramente perezosos por el alcohol.

Tsunade cerró los ojos un momento mientras masticaba un aperitivo, resopló por la nariz, sopesando la situación. Una pesada mano impactó contra la mesa, haciendo saltar los vasitos y la botella.

—Más te vale regresar bien, Sakura — los ojos avellana miraron con fijeza a los color jade.

Había trabajado arduamente con su alumna durante tanto tiempo, la había visto apaleada y al borde del desmayo por la fatiga, había sanado sus manos rotas una y otra vez mientras dominaba su chakra, había sido testigo de las profundas ojeras debajo de sus ojos después de noches enteras de estudio. Presenció sus peores momentos, deprimida ante la ausencia del heredero Uchiha, y presenció también todos sus logros, todos los pacientes que había regresado de la muerte.

La había moldeado a golpes, gritos y sermones, y Sakura había emergido como una experta médica y una kunoichi excepcional, al grado de a veces comparar su control de chakra con el suyo propio al verla trabajar.

Y no iba a permitir que un joven renegado apagara esa llama que era su alumna.

Sakura miró intensamente a su maestra, sabiendo que detrás de la dureza de sus palabras residía su preocupación por ella. A fin de cuentas, su Shishou había sido uno de sus grandes apoyos durante su depresión.

Antes de contestarle, volvió a llenar las copitas de sake. Levantó el brazo y la Godaime hizo lo mismo, el cristal tintineó una vez más y ambas dejaron el recipiente con un sonido hueco en la mesa.

Shannaro — Sakura azotó la mano en la mesa al puro estilo de Tsunade — No lo dejaré hacer lo mismo, así tenga que romperle todos los huesos.

La Sannin soltó una carcajada. No hubo necesidad de decir más respecto al tema.

 


 

 

Habían transcurrido unos meses después de la gran batalla con Toneri. A pesar de la paz en la que vivieron después de la guerra, el nuevo incidente con otro Ōtsutsuki generaba en todos un aire de incertidumbre. Los Kages de las naciones habían hablado extensamente acerca de las medidas que debían tomarse si otra amenaza similar se presentase.

El Raikage fue muy enfático en cuanto a la severidad con la que se debía tratar si aparecía otro miembro del clan, Shikamaru le informó al sexto que durante la junta el líder de Kumo había partido una mesa de un puñetazo.

Kakashi se reclinó en el respaldo de su silla, dio un suspiro largo. Pilas pequeñas de documentos se apretujaban en su escritorio. Miró por la ventana, aún le era extraño ver el mundo con dos ojos. Aunque agradecía que el dolor ocular ya no fuera parte de su vida, se sentía extrañamente vulnerable sin el Sharingan. Por hábito se llevó la mano a la banda, solo para darse cuenta que no la tenía puesta.

Shikamaru entró a la oficina después de dos breves golpes en la puerta.

— ¿Por qué me sigue enviando con el Raikage? Su temperamento no se presta para negociaciones. Y la Mizukage parece que nos va a escupir ácido de un momento a otro.

—Alguien tiene que hacerlo, no puedo salir de la aldea cada que se necesite, para eso te tengo a ti —sonrió, su tono afable.

—Bueno, será mejor que prepare de nuevo la maleta, mañana me enviará a la Aldea de la Arena — Shikamaru se rascó la nuca —. ¿No ha llegado su halcón?

—No, no ha reportado nada hasta ahora.

—Tch — el joven Nara enterró las manos en los bolsillos de su pantalón —. No sabemos con certeza hasta dónde se extiende el poder de los Ōtsutsuki, debemos ser precavidos, apenas nos estamos recuperando de la aparición de Kaguya, no creo que ninguna de las naciones esté preparada para otra invasión.

—Todavía tenemos a los shinobi que sobrevivieron en la guerra, su experiencia es invaluable en caso de que sucediera de nuevo. Naruto sigue en buenos términos con Kurama,  Sasuke posee el Rinnegan y Sakura domina el Byakugō no In. Están ustedes, el equipo Gai y el equipo ocho, sin mencionar a todos los demás.

El miembro del clan Nara cerró momentáneamente los ojos, era cierto que los shinobi de su generación poseían habilidades superiores, pero hicieron falta muchos sacrificios para detener el poder de una semi diosa. Descartó el pensamiento.

—Será mejor que informe a la Arena que llegaré en unos días. Si necesita algo…

—Sí, gracias Shikamaru, puedes retirarte.

‘No parece tan molesto por ir a Sunagakure’ Kakashi volvió a mirar por la ventana. Dio un suspiro de resignación y siguió su ardua tarea de disminuir la pila de documentos.

Horas más tarde unos golpes interrumpieron sus cavilaciones.

—Adelante.

Su alumna del equipo siete entró al despacho. Llevaba el cabello recogido y una bata de médico encima de su atuendo. Parecía haber salido directamente del hospital.

—Sakura-chan, ¿cómo estás?

—Bien, sensei. Disculpe la intromisión — la joven tenía semblante indeciso.

— ¿Puedo ayudarte en algo?

El copy ninja tuvo una corazonada, casi estaba seguro de lo que diría su alumna, y si algo era certero, era su intuición. Esperó pacientemente a que hablara.

—Quisiera pedirle permiso para abandonar temporalmente la aldea — su alumna lo miró con resolución.

Kakashi contempló a la kunoichi, en sus ojos notó que no cambiaría de opinión, pero la conocía lo suficiente para saber que, de negarle el permiso, no desobedecería la instrucción, no era tan temperamental como Naruto. Dio un largo suspiro.

— ¿Lo vas a buscar?

Sakura desvió un momento la mirada, pero asintió unos momentos después.

El sexto recordó el día en que Sasuke había emprendido su viaje de redención. Ocasionalmente recibía noticias de las actividades que había logrado, a las personas que había ayudado, además de la información recabada con respecto al clan Ōtsutsuki. Su ex alumno era un alma atormentada que había encontrado su camino gracias en gran parte a Naruto y a Sakura. Kakashi había notado auténtico arrepentimiento en su mirada, y un dolor profundo que apenas comenzaba a sanar. Quizás el que su alumna se reuniera con él ayudaría a en ese proceso.

—Entenderé si me niega el permiso, he hablado con Shizune acerca de ello y las actividades en el hospital no se van a descuidar. También hablé con Tsunade-sama al respecto. Sólo necesito su autorización, sensei.

El Hokage recargó el rostro en una mano, cerró los ojos. Por un segundo vio al equipo 7 sentado en aquellas escaleras, recién llegados de la academia.

‘El tiempo avanza demasiado rápido’ pensó.

—Ve, arregla con Shikamaru lo que necesites, la última noticia que tuvimos de él fue de la Aldea de la Nube. Partirás cuando estés lista, y Sakura-chan — Kakashi se puso de pie, avanzó hacia ella y le colocó las manos en los hombros —. Ten cuidado, no salgas lastimada.

Le sonrió a su maestro. Sopesó sus palabras, estaba segura que lo último no se refería a heridas de combate.

—Gracias, Rokudaime-sama. Lo haré — inclinó la cabeza.

Sorpresivamente, pero sin hesitación, la joven abrazó a su sensei. Los ojos color acero se suavizaron ante el gesto, sintió una ola de cariño hacia su alumna mientras devolvía el abrazo. Confiaba en su criterio, pero no podía evitar preocuparse. Se separaron después de unos segundos.

La joven salió del despacho y Kakashi se quedó parado en medio de la habitación.

Que le dijeran sexto era común, sólo no lograba acostumbrarse a ello. Le dejó una sensación extraña pero apreció el respeto con el que se lo dijo la kunoichi.

Se quedó mirando el atardecer a través de la ventana.

 


 

 

La joven pelirosa caminó sin prisa a través de las calles de Konoha, donde cada vez se veían menos casas, sustituidas por altos edificios. Miró el reloj, llegaría justo al cierre de la tienda de los Yamanaka.

Entró a la floristería, la pequeña campana anunciando su llegada. Ino la recibió con una sonrisa, pero inmediatamente entrecerró los ojos con sarcasmo.

— ¿Qué trae a tu frentezota por aquí?

—Cállate Ino puerca — Sakura se acercó al mostrador de la tienda.

—Creí que estabas demasiado ocupada en el hospital — la joven rubia se recargó en el mueble de cristal, ignorando por completo el cartel que advertía “No recargarse”.

La pelirosa llevaba la bata doblada por encima de un brazo. Nunca le había agradado dejar sus batas en el hospital, en parte por seguridad y en parte por higiene.

— ¿Te apetece ir por un trago? — Sakura pensó que, a fin de cuentas, su maestra le había heredado más que la fuerza inhumana y los conocimientos médicos.

— Claro, sólo déjame cerrar —se enderezó y tomó el adorno en el que estaba trabajando, lo depositó en una mesa detrás de una cortina —. ¿Vas a contarme otra de tus escapadas, eh? ¿Quién fue esta vez? — el tono de su amiga burlón.

La ninja sintió su ceja moverse en un espasmo, resopló por la nariz.

—No es nada de eso, y además, fue gracias a ti y tus salidas que pasó eso — le dirigió una mirada entrecerrada.

Ino se rio ante el comentario, puso las manos en la cadera.

—Nunca había visto a Hinata tan borracha como esa vez. Pobre Naruto, debe ser difícil tener a una Hyūga como esposa — la rubia hizo una mueca.

Sakura resopló con humor ante el recuerdo. Habían salido con los chicos a tomar tragos en un bar y Naruto no paraba de hablar de cómo Hinata había impuesto un record en Ichiraku. Todos habían mirado con extrañeza a la tímida joven pero terminaron por reír. Desde que su relación con Naruto se había formalizado la joven bromeaba más y su humor era más presente. Kiba había tenido la brillante idea de probar si Hinata sería tan resistente con shots, y su esposo en vez de ayudarla a salir del atolladero había decidido secundar la idea.

Ninguno salió ileso de la competencia, y entre carcajadas, baile y bromas, todos habían perdido la coordinación. Sai y Kiba habían estado discutiendo por una tontería, y Kiba trató de empujarlo, fallando miserablemente. Su brazo había golpeado un vaso, haciendo que la bebida se derramara en el vestido de Hinata. El Inuzuka miró el líquido oscureciendo la tela, y torpemente había tratado de tomar una servilleta y secarla, sólo para darse cuenta que su mano estaba peligrosamente arriba del muslo. El joven perruno estaba levantando la mirada cuando se topó con un inminente Byakugan activo, sólo pudo cerrar los ojos cuando la palma lo proyectó hacia atrás. Naruto ya se había puesto de pie para intervenir cuando todo pasó, y comenzó a reírse a carcajadas. Había pasado un brazo por los hombros de Hinata.

—Esha esh mi eshposha — le había dado un torpe beso en la mejilla, el alcohol entumiendo su lengua —.Te dieron tu merecido, ¿a qué no?

Todos habían reído ante el suceso, pero ya estando sobria la joven Haruno pensó en el problema en el que podría meterse Naruto si hacía enojar a Hinata.

—Y con la cantidad de bobadas que hace Naruto, es probable que tenga el cuerpo lleno de moretones — Sakura arrugó la nariz.

— ¿O tal vez es que Hinata no sea tan tímida cuando están solos? — Ino enarcó una ceja con malicia, estaba cerrando la puerta de la tienda.

—Ni me lo digas — movió una mano delante de su rostro, desechando la idea.

Las dos kunoichis caminaron sin prisa por las calles. El ambiente era agradable, ofreciendo ligeras brisas (cada vez más frías) de vez en cuando.

— ¿Mañana tienes turno en Interrogación? — preguntó, prefería omitir  “y Tortura”.

—Sí, por eso procuré dejar todo listo para mañana, Sai va a cuidar la tienda mientras no estoy.

— ¿Crees que esté bien que Sai cuide una tienda? — trató de imaginarse todas las situaciones incómodas que el pálido joven podía provocar tratando de atender a los clientes.

—No te preocupes, él se ofreció. Le ayuda a desenvolverse mejor — Ino contestó con sinceridad.

— ¿Y cómo va con eso? — Sakura reprimió el temblor en su ceja al recordar su apodo.

—Mejor, la verdad es que ha hecho un esfuerzo, y obviamente yo lo he ayudado —se señaló con un pulgar y guiñando un ojo.

—Sí, como no te para la boca todo el día…

— ¿Qué dijiste frentona?

— Ya llegamos — sonrió con burla, haciéndose la que no se daba cuenta del ceño fruncido de su amiga.

Las dos entraron al pequeño bar, escogieron una mesa en el exterior para evitar el calor del interior. Ino ordenó una bebida preparada y Sakura se encontró a sí misma pidiendo sake.

‘Shannaro, te estás convirtiendo en tu Shishou’ su alter ego le recriminó.

— ¿Entonces, tú y Sai ya son oficiales? — la joven vació su primera copa.

La kunoichi rubia jugó con el palillo para revolver que estaba en su vaso. No pudo evitar que una sonrisa y un ligero rubor aparecieran en su rostro. Fue respuesta más que suficiente. Sakura sonrió por su amiga.

— ¿Y cómo es estar con él? — la pelirosa sentía genuina curiosidad científica por la interacción con Sai. Tenía alta estima por su amigo, pero sus comentarios inapropiados y las sonrisas extrañas no ayudaban mucho a darle una idea de cómo era con su mejor amiga.

— ¿De verdad es tan raro? Yo lo encuentro adorable — Ino dio un trago a su bebida —. No es como otros chicos.

‘Sí, no me digas’ Sakura se mordió la lengua para evitar un resoplido. Permitió que su amiga continuara.

—Su naturaleza hace muy difícil que mienta, y siempre es muy sincero. Sí, quizás sus maneras son algo raras pero por lo menos sé que es honesto. Aunque a veces no entiende bien las indirectas y eso hace que sea vergonzoso cuando… —enrojeció, dándose cuenta de lo que estaba diciendo. Se golpeó la frente mentalmente.

Sakura se llevó una mano a la boca, tratando de que el sake no se le saliera por la nariz.

—Ino, de verdad que eres una puerca — la joven rio, sirviéndose otra copa.

—Ay, cállate frentona, además, si te hablara de los atributos que tiene… — se terminó su bebida. Sonrió ampliamente cuando vio la vergüenza en el rostro de su amiga.

La joven kunoichi negó con la cabeza, su amiga lograba rebatir sus bromas y además hacerla sentir incómoda. Su humor siempre le había resultado refrescante y su relación no paró de fortalecerse con los años. Aunque ninguna de las dos lo admitiera explícitamente, ocultándolo detrás de la constante rivalidad.

— ¿No piensas compartir? — Ino hizo un ademán al mesero y ordenó otra copa para sake.

Las dos comenzaban a sentir la languidez en el cuerpo, y el calor que les provocaba el alcohol hizo que pequeñas gotas perlaran sus frentes.

— ¿Qué te toca hacer en el hospital mañana? — la rubia le preguntó.

La pelirosa balanceó con el dedo índice el vasito vacío en un borde, eventualmente terminó cayendo. Volvió a enderezarlo con un dedo.

—Mañana… No voy a ir al hospital.

— ¿Tienes día libre o tienes una misión? — recargó ambos brazos en la mesa, y apoyó su barbilla en los dedos.

—Voy a salir de la aldea un tiempo, pero no en una misión — la joven recargó el rostro en un puño.

Ino abrió un poco más los ojos cuando la respuesta llegó a su mente. En algún momento había albergado la idea de que Sasuke Uchiha no regresaría a la aldea, y a su modo había tratado de que Sakura no se cerrara a la idea de conocer a alguien más (que lo había hecho), pero en el fondo conocía demasiado a su amiga y sabía que, si bien sus sentimientos por él no eran lo mismo que antes, no habían disminuido de intensidad.

—Creo que no me sorprende — se limitó a decir.

Por unos minutos ninguna supo bien qué decir. La Yamanaka apuró su trago e inhaló profundamente.

— ¿Sigue siendo igual? — le preguntó con semblante serio. La luz del atardecer reflejaba destellos en sus ojos azules, provocando un color extrañamente morado.

—No — la pelirosa sopesó unos momentos la pregunta, la verdad no sabía exactamente cómo se sentía respecto a Sasuke.

Lo extrañaba, y en algunas ocasiones se encontraba deseando que estuviera ahí para compartir algún momento, pero ya no era ese sentimiento de ídolo que le tuvo alguna vez. Con los años la ninja había aprendido a contemplar todos los desperfectos del joven Uchiha, y saber todo lo que había hecho había colisionado con su amor y admiración por él.  Sintió un hormigueo en la frente, y sin notarlo se llevó la mano ahí, al punto donde los dedos habían tocado con delicadeza su piel.

Ino observó el gesto y entrecerró los ojos. No habría manera de hacerla cambiar de opinión, no es que ella fuera a intentarlo tampoco. Era su amiga y pensaba apoyarla.

—Bueno — dijo mientras se recargaba en el respaldo de la silla con aire despreocupado —. De algo tenía que servir tu frentezota.

Sakura resopló, sintiendo que la tensión en su cuerpo disminuía. Sonrió y miró a su amiga.

—Gracias.

—Que no se pierda nuestra querida tradición de “Ino salvándole el trasero a Sakura” — sonrió ampliamente. Notó el temblor en el ceño de su amiga ante el comentario y rio un poco —. ¿Cuándo piensas ir?

—Mañana por la mañana.

—Fiu, no te habría perdonado irte sin avisarme — la joven Yamanaka se cruzó de brazos —. ¿A quién le has dicho?

—A Tsunade-sama, a Shizune, a Kakashi sensei y a ti.

— ¿No vas a decirle a Naruto? — su tono fue ligeramente sorprendido.

—Claro que sí, pero no sé si ir a su casa o dejarle una carta — la joven miró su reloj, era probable que llegara a una hora prudente si no demoraba mucho.

—Es capaz de ir a alcanzarte si no se lo dices, deberías visitarlo — Ino hizo señas al mesero para que les llevara la cuenta.

Sakura asintió, tomó el dinero de su bolso y pagó la totalidad del consumo. Antes de que su amiga empezara a quejarse levantó una mano.

—Cuando regrese te toca invitar.

—Espero y me platiques todo, y sabes que me refiero a TODO — hizo énfasis en la palabra. No pensaba perdonarle la omisión de datos interesantes.

—Sí, lo sé. No por nada tu familia ha dirigido la sección de Inteligencia durante tanto tiempo.

—Así me gusta frentona.

—Nos vemos Ino puerca.

Las jóvenes se dieron un abrazo y emprendieron su camino.

 


 

 

La ninja médico se dirigió a casa de Naruto, quería hablar con él antes de partir para despedirse, se debatió un momento en traspasar el pequeño portal del patio. Sopesó la idea de dejarle la nota pero recordó lo que Ino le había dicho. Había una tenue luz en una habitación superior. Se decidió a ir a la puerta.

Tocó tres veces.

Escuchó ruidos huecos arriba, el sonido de pisadas apresuradas. La kunoichi esperó pacientemente en la puerta, preguntándose si había sido correcto tocar a esa hora, no estaba precisamente borracha pero tampoco del todo sobria. Esperó que su amigo no notara demasiado su estado.

Las pisadas en las escaleras la sacaron de sus pensamientos.

Naruto abrió la puerta, tenía un ligero sudor perlando su frente, sus fosas nasales se dilataban ligeramente y en sus ojos había un brillo inusual.

—Sakura-chan, ¿sucede algo?

La joven observó bien a su compañero; su gesto era alborotado y algunos mechones de cabello se apelmazaban con el sudor, entonces notó que su playera estaba puesta al revés.

—Oh, Naruto, yo quería… Espero no haber interrumpido algo — sintió que la sangre le subía al rostro.

‘Claro que interrumpiste algo, shannaro’

—Uhm, no, no es nada ‘’tebayo — se rascó la nuca, visiblemente incómodo.

Sakura reprimió las ganas de echarse a reír por los nervios, no sabía quién de los dos tenía el rostro más ruborizado.

—Quería platicar contigo acerca de algo pero… creo que es mejor decírtelo rápido. Voy a salir de la aldea.

Naruto cambió de semblante a uno un poco más serio.

— ¿Irás con él?

La joven asintió.

—Entonces te desearé suerte, y da lo mejor de ti — Naruto le dedicó una amplia sonrisa. Sakura sintió calidez irradiando de su amigo. En algunos aspectos el Jinchūriki podía ser más listo que otros.

Inesperadamente, la abrazó. El calor de su cuerpo era casi sofocante, pero confortante. La kunoichi le abrazó de vuelta, y el olor de su amigo flotó a su nariz, olía más intenso de lo normal, una aroma que le recordó al campo, y mezclado había un tenue perfume femenino. La joven sintió que su pulso se aceleraba ligeramente. Era vergonzoso el haberlo interrumpido.

—Gracias Naruto — comenzó a retirarse —. Discúlpame con Hinata, por favor. Y procura hacerla muy feliz — marcó énfasis en lo último.

El shinobi se sonrojó intensamente, tragando saliva. Se limitó a despedirse con la mano.

Cerró la puerta de su casa y subió las escaleras, todavía un poco ofuscado por las palabras de su amiga.

—Claro que la hago feliz ‘tebayo — murmuró para sí.

Entró a la habitación, estaba iluminada tenuemente por una lámpara. Hinata se encontraba recostada con las sábanas agarradas encima de su pecho.

— ¿Está todo bien, Naruto-kun?

—Era Sakura-chan, va a dejar la aldea un tiempo.

—Oh… ¿es algo malo? — preguntó mientras Naruto se sentaba a su lado.

—No, va a buscar a Sasuke.

Hinata miró a su esposo, había un ligero tinte de preocupación en su mirada. A pesar de seguir alborotada por el sexo, no pudo evitar sentirse preocupada también.

Naruto notó el cambio en ella e inmediatamente le tomó la mejilla con la mano.

—No hay nada de qué preocuparse, es perfectamente capaz de cuidarse.

La miró intensamente, su pulgar frotando la tersa piel de su rostro. Al joven se le antojó preciosa. Deslizó la mano a su nuca y la atrajo hacia sí. Su mano libre acariciando su hombro. Hinata soltó poco a poco la sábana para tocarlo, pasó las delicadas manos por su rubio cabello, estaba más corto que antes.

El joven sintió placentero el tacto en su cuero cabelludo, la besó profundamente, saboreando cada matiz, cada textura. Su lengua deslizándose contra la de ella.

Sintió su pulso acelerarse, poco a poco la presión en su entrepierna se hizo más presente. Sus manos acariciaron la espalda de Hinata, a pesar de la prótesis podía sentir perfectamente el tacto contra su piel. Aún se sentía ligeramente avergonzado de utilizarla en la cama, pero a ella no parecía importarle.

La joven deslizó una mano por el brazo derecho, como si reafirmara los pensamientos de él. Se sentía invadida por el calor de su esposo, un calor que le llenaba el corazón, se sentía amada, protegida. A él le entregaría todo de sí. Comenzó a desvestirlo, él no puso ninguna resistencia

Se sonrojó cuando una mano llegó a su pecho, arrancando una ligera exclamación. Naruto siguió besándola, cada vez con más insistencia, el joven separó sus labios de los suyos, comenzando a besarle la mandíbula y bajando por un lado del cuello. La joven sintió su piel erizarse a medida que le depositaban besos en la sensible piel.

El joven acarició suavemente su pecho, ella se aferró a su cabello.

—Naruto… — susurró.

Siguió descendiendo, saboreando la piel, el dulce perfume de su esposa. Lamió con delicadeza el erecto pezón. La joven se cubrió la boca con el dorso de la mano, la sensación que la atravesó fue muy intensa, se expandió y llegó hasta su entrepierna. El joven siguió acariciando con su mano el otro seno mientras jugueteaba con la lengua. Se deleitó al escuchar a Hinata susurrar su nombre.

Volvió a ascender, besándola con urgencia, la sensación de su lengua contra la de ella se le antojó irresistible. Era tímida, gentil, le encantaba.

Naruto se separó un momento, mirándola a los ojos, estaba sonrojada y su respiración era rápida, le sonrió y depositó un rápido beso en sus labios.

Comenzó a descender de nuevo, trazando las curvas de su cuerpo con los dedos, depositó suaves besos en el vientre de su esposa.

—N-Naruto, ¿Qué…?

El joven le separó las piernas con su cuerpo, depositando cálidos besos en sus muslos. La joven sintió un rubor intenso subirle por el cuello, se sintió expuesta en la posición, se limitó a acariciar el cuello y el cabello de su esposo, sus besos la estaban haciendo perder la razón, se sentía ligeramente mareada por todas las sensaciones, el sudor le corría lento por la espalda.

Naruto no pudo resistir inhalar el aroma que emanaba de ella, un aroma inexplicable que le provocaba una punzada en el abdomen bajo, se acercó a su intimidad, permitiéndose mirar brevemente a su esposa, tenía los ojos cerrados y sus manos le masajeaban el cuero cabelludo. Enterró el rostro entre las blancas piernas, deleitándose con su sabor. Hinata soltó una exclamación y volvió a llevarse el dorso de la mano a los labios, un rayo de placer cruzó por su cuerpo, sintiendo que su abdomen se contraía con la sensación. El joven trazó ligeros movimientos verticales, tenía agarrados los muslos de Hinata, podía sentir los ligeros espasmos que cada movimiento de su lengua provocaba.

‘Claro que la haré feliz’ pensó y sonrió ligeramente. Hinata entreabrió los ojos, observó a Naruto devorarla y una emoción se apretó en su vientre, la sangre le bombeó más fuerte en las venas, sus ojos se encontraron y sintió el rubor cubrirle el rostro, volvió a cerrarlos, concentrándose en las sensaciones que arrasaban su cuerpo.

Naruto trazó círculos en el pequeño montículo rosa, las piernas de Hinata temblaron levemente, sus gemidos llegaban a sus oídos, pidiéndole más. La miró y volvió a pensar que era hermosa. Aceleró ligeramente el movimiento, pequeñas gotas de sudor bajaban por su sien, respiraba con fuerza, inhalándola con cada resoplido.

La joven sintió un espiral, una sensación tomando fuerza ahí donde Naruto estimulaba su zona más sensible, comenzaba a extenderse, su corazón latía más rápido y su respiración se volvió más errática, sintió su abdomen contraerse con cada movimiento de la lengua de su esposo.

—Hng… N-Naruto… Na…ru

El ninja miró a Hinata, aumentó la presión en el movimiento, haciéndolo un poco más fuerte, las piernas de su esposa temblaban más, sus gemidos apenas ahogados por su mano. Observó cómo estiró el cuello hacia atrás, marcando delicadas venas en su longitud, se aferró a su cabello, cada respiración más parecida a un jadeo.

La Hyūga explotó, sintiendo un torrente de sensaciones viajar desde su intimidad hasta los dedos, sin poder evitar su movimiento. Naruto se aferró a las piernas, prolongando el orgasmo lo más que pudo, sintió la resistencia de ella, cómo quiso retirarse pero no se lo permitió, saboreándola unos segundos más. Captó con la mirada todos los temblores que sacudieron su cuerpo, haciéndola arquear la espalda. Estaba impaciente por fundirse con ella.

Se arrastró hacia arriba, mirándola con una gran sonrisa. Hinata estaba ruborizada y seguía respirando fuerte, sonreía ligeramente aunque con vergüenza. Lo atrajo hacia sí y lo besó, sintió el ligero roce de la erección contra su vientre. Siguió besándolo, Naruto aceptó gustoso la avidez de Hinata, sentía demasiada excitación, respiraba fuertemente, evitando el impulso de enterrarse en ella antes de tiempo.

—Naruto… — sus delicadas manos recorrieron la espalda de su esposo, los músculos marcados bajo la piel.

A Naruto se le hacía curioso que dejara de agregar el honorífico a su nombre cuando se acostaban, pero en esa intimidad no significaba nada. Agradecía escuchar su nombre en labios de su mujer.

El joven le besó el cuello y ascendió para lamer ligeramente el lóbulo de su oreja. Se colocó en su centro, sintiendo el calor del roce contra su erección, poco a poco se deslizó dentro de ella, la sensación que los invadió les cortó las respiración un momento. Hinata emitió un ligero gruñido en la garganta, poco faltó para que Naruto perdiera el control con ello.

Se miraron, una mirada que decía todo, volvieron a besarse mientras el joven embestía suavemente. Se sentía extasiado, la calidez que lo rodeaba era demasiado placentera, enterró la nariz en el cuello de Hinata y embistió más fuerte, entrelazando sus dedos con los de ella. Hinata levantó ligeramente las caderas para recibirlo, volvió a sentir el espiral tomando forma en su bajo vientre, cada embestida expandiéndolo, como una droga recorriendo sus venas. Se sintió unida a él, rodeó su cuerpo con las níveas piernas. Naruto se incorporó ligeramente, y tomó con una mano la cadera de la joven, atrayéndola hacia él con cada embestida.

—Hinata… — tenía el ceño ligeramente fruncido. El sudor le resbalaba por la nariz y la mandíbula.

La joven Hyuga se sintió invadida por ese calor de nuevo, sus piernas temblaban más con cada arremetida. Tomó a su esposo por la nuca y lo besó, gimió contra sus labios, apretó las piernas mientras su orgasmo tomaba lugar, Naruto sintió las contracciones contra su miembro, era demasiado.

—Aahh — Hinata amortiguó su grito contra el tenso hombro de él, se aferró a su espalda.

—No… puedo — Naruto exhaló con fuerza al sentir su orgasmo, embistió con cada contracción, sintiéndose atrapado por ella, cada temblor de su esposa se reflejaba en él, enviando oleadas de placer a lo largo de la columna. Se recostó lentamente, jadeando por las sensaciones residuales. Pudo escuchar el desbocado corazón de la joven, su respiración agitada también. Una mano acarició el rubio cabello, el sopor los invadió como una bruma.

—Te amo, Hinata — dijo mientras volteaba el rostro para verla.

—Y yo te amo, Naruto-kun — le sonrió tímidamente.

Fueron cayendo lentamente presos del sueño.  Sus manos entrelazadas.

 


 

 

La pelirrosada regresó a casa, ahora un departamento para una persona. El mudarse de casa de sus padres había supuesto un enorme alivio con respecto a su privacidad y tiempo. Entró a su habitación y comenzó a preparar las cosas necesarias para su viaje. En algunos pergaminos selló instrumentos médicos, prendas, algunos libros de plantas medicinales y otros enceres. Le sería mucho más fácil transportarlos así. Empacar siempre había sido una especie de meditación para ella, sin apresurar la tarea disfrutó la soledad de su apartamento.

Se dejó caer en el colchón después de revisar su equipaje, sentía inquietud en la boca del estómago, pero estaba decidida.

Se llevó la mano a la frente, todavía recordaba la calidez de los dedos de Sasuke cuando la tocó, sus palabras resonaron en su mente. Sonrió al evocar la agradable sensación que la invadió. Estaba consciente que el Uchiha vivía las emociones de manera diferente, quizás de manera rota. Los sucesos que le habían ocurrido habían dejado una profunda marca en su corazón y lo habían arrojado a una negrura de odio donde no penetraba nada. Antes de despedirse había percibido un atisbo de luz, su mirada había dejado de ser tan severa y sus labios no parecían tan tensos todo el tiempo. Descartó el pensamiento, ya tendría tiempo de resolverlo.

Su mente divagó al encuentro de hacía unos minutos con su amigo, se ruborizó y resopló con humor, cubriéndose el rostro con una mano. De todos los momentos en los que podría haber interrumpido a su amigo se presentó el peor. No los podía culpar, después de todo el que vivieran juntos les daba un enorme margen de tiempo para “conocerse”.

La boda había tomado lugar poco tiempo atrás, acompañados de los sensei, los integrantes de los equipos, todos habían acudido a presenciar su unión. Recordó el halcón que llegó, enviando una lejana felicitación a Naruto. Sakura había sentido que el equipo 7 de nuevo estaba unido. Una gran sonrisa se instaló en su rostro.

Se quedó dormida mientras sus recuerdos se distorsionaban, volviéndose sueños.