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Noche oscura del alma

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Entre el vivir y el soñar,

hay una tercera cosa.

Adivínala.

Antonio Machado, Proverbios y cantares.

 


 

Todo estaba sumido en una oscuridad aplastante, en un perpetuo silencio. El miedo la estaba invadiendo en cada espacio de su mente. Lo único que la rodeaba era una completa tiniebla. Estar parada en esa espesa negrura era extremadamente desconcertante para ella. No había nada alrededor. Se sentía realmente aturdida. Cerró los ojos y los volvió a abrir con la esperanza de encontrarse con otro panorama pero nada sucedió. Lo único que le quedaba por hacer era caminar. A pesar de no ver nada ni nadie alrededor, como si de una ceguera se tratara, se sintió completamente vigilada. Acechada. Se sentía expuesta e indefensa, una extraña sensación instintiva, como si una alimaña fuera a saltar inmediatamente para atacar. Con el corazón en un puño escudriñó la oscuridad en busca del menor atisbo de movimiento. En medio de la negrura, percibió una oscilación. Había algo ahí con ella. Ahogando un sordo grito que no hizo más que aumentar su tormento, ella sintió como si unos afilados ojos se hubieran posado sobre ella, logrando oprimir su pecho. Pero solo hubo silencio. Un silencio incómodo. Aunque ahora la percepción de su propia respiración dio paso a un insoportable e inquietante sonido. Lo único que le quedaba hacer era seguir caminando.

Odiaba la sensación de estar invidente en esta oscuridad. Odiaba este extraño lugar. Le tenía... pavor a estar sola en la oscuridad.

Sola.

Quería salir ya mismo. ¿Pero cómo podría hacerlo? ¿Había acaso algún modo? No parecía haber ninguna salida ni ningún atisbo de apertura o muestra de luz que le indicara un camino a seguir. Ni siquiera estaba segura de estar caminando en alguna dirección, su sentido de ubicación espacial en este lugar era nulo.

Siguió marchando, respirando ya pesadamente por el cansancio. Levantó la vista, y todo seguía igual. La sensación de amenaza inminente continuaba. Pero aún tenía que seguir adelante, tenía que salir de ahí inmediatamente. Después de unos pasos más adelante, con estupor se encontró con que estaba sumergida en agua hasta la cintura. El agua estaba gélida y oscura, haciendo juego con el lugar donde se hallaba. Dirigió su vista a la misma y ni siquiera podía ver su reflejo. Su cuerpo estaba ya entumecido por el helado líquido y entonces lo sintió. Algo rozaba su pie como si se deslizara por ahí, ocasionando un sobresalto en ella para evitar el contacto con lo que sea que estaba ahí dentro. A continuación, solo fue engullida a las profundidades de ese oscuro mar que ahora parecía no tener suelo.

Solo trató de buscar algo para aferrarse, cualquier cosa, pero no había nada. Lo único que alcanzaba a arañar con sus manos era más agua. Trató de agitar sus brazos y piernas y de nadar a la superficie, pero el agua helada parecía empujarla más profundo en ese fondo umbrío, como si algo la estuviera absorbiendo. El frío y la agitación estaban provocando que se quedara sin oxígeno. La sensación de asfixia y sofocación la estaba invadiendo.

Ella quería aire, y por un acto reflejo, abrió su boca en busca de ese anhelado soplo, y terminó bebiendo una gran cantidad de agua en el proceso. Inhaló agua, balbuceó, tosió e inhaló más agua. Era inevitable tragar agua en esas bocanadas desesperadas por tomar algo de aire. La sensación del líquido invadiendo su vía aérea era insoportable. Sus manos se aferraron a su cuello. Ardía mucho y sentía como sus pulmones estaban a punto de estallar. Una sensación somática de quemazón en el pecho se percibió a medida que el agua descendía por todo su sistema respiratorio. Luego, cuando su cuerpo se sintió desfallecer, llegó al fin una especie de caída en una sensación de calma y tranquilidad mientras se seguía hundiendo en la nada misma. Antes de perder la conciencia, notó como un extraño brillo surgía de sus manos.

De manera frenética, agitada por el mal sueño, Raven se despertó con desasosiego. Las sensaciones se habían sentido demasiado real, casi como si de un sueño lúcido se tratara. Como un acto de consuelo, tomó una gran bocanada de oxígeno para poder alejar un poco la sensación de ahogo que la atormentó hasta hace un momento. Cerró sus ojos e inhaló y exhaló el aire de sus pulmones. «Relájate, solo fue una pesadilla». Trató de calmar sus agitadas emociones un poco más antes de abrir sus ojos. Su visión se dirigió ahora al paisaje que se vislumbraba a través de la ventanilla del tren donde se hallaba en este momento. Trató de enfocar su cabeza en el objetivo que tenía este viaje para tratar de despejar sus pensamientos. La hechicera había sido asignada en una misión para escoltar a un equipo de héroes a un lugar seguro, un monasterio específicamente, para mantenerlos alejados de la Hermandad del Mal, uno de los grupos criminales más prominentes en el mundo que ahora estaban detrás de los Titanes y de cualquier sujeto con poderes que pudiese resultar una amenaza para su conservación.

Atrás quedaron los paisajes urbanos de la ciudad de Jump City, y ahora solo se podía observar el amplio espacio verde del campo. Mientras el ferrocarril avanzaba, podía notar las amplias praderas y espacios dedicados al cultivo agrícola.

Llevaba ya algún tiempo viajando y sinceramente se sentía un poco aburrida, y ni siquiera tenía algún libro a mano para poder distraerse. El vaivén del tren pronto se hizo demasiado monótono y la chica sintió la necesidad de estirar un poco su cuerpo y mover sus piernas antes de quedarse nuevamente dormida. Se levantó y salió al pasillo caminando hacia otro vagón.

Raven caminó hasta que encontró una puerta metálica de un sanitario. Entró en el pequeño baño y abrió la canilla de agua fría para mojar un poco su rostro. Relajó un poco su cuerpo y movió el cuello hacia los lados, estaba tan tenso que hasta le dolió, producto evidente de dormir durante algún tiempo sentada en la misma posición. Miró su reflejo en el espejo encima del lavado con una mueca mientras delineaba con las puntas de sus dedos algunos de sus características particulares. Su piel pálida, cabello morado, ojos amatistas. Rasgos que le mostraban que no era alguien normal. Que… era rara. Rasgos que le hacían recordar su herencia, y que le decían a veces que no era más que un simple portal para el ingreso de su demoníaco padre a la Tierra. A pesar de que Trigon ya había sido derrotado, su latente presencia aún seguía presente. Siguió mirando el reflejo que el espejo le devolvía hasta que la voz de Malchior, aquel demonio dragón que la engañó y la usó para escapar de su prisión en el libro, retumbó en su cabeza.

«Hermosa doncella»... «Un mechón de cabello de una chica hermosa»

«Era solo un engaño. Una mentira.», pensó la hechicera.

Él la había atacado en su punto más vulnerable, su sentimiento de soledad. La herida no había desaparecido todavía, persistía como llaga en carne viva. Sus manos se aferraron fuertemente en el lavabo mientras sus nudillos se tornaron blancos por la presión efectuada. Advirtió como sus emociones se alborotaron ante el cruel recuerdo, ocasionando que un fulgor negro se desprendiera de su cuerpo, como si de una corriente eléctrica se tratara, causando que el espejo se fragmentara en pedazos, viendo ahora su imagen partida y dividida. Fracturada.

Salió del baño y se dirigió de nuevo a su asiento. Esperaba llegar pronto a la ubicación, ya llevaba varias horas viajando. Sus ojos se desviaron nuevamente hacia la ventana, viendo el paisaje fresco y hermoso. Pasaron alrededor de unos diez minutos más cuando el tren por fin tocó su pitido anunciando la llegada, mientras comenzaba a disminuir gradualmente su velocidad. Cuando por fin abrió sus puertas, Raven salió finalmente del mismo respirando algo de aire fresco. Ahora se encontraba en la estación de Myrberg, donde se suponía que la debían que estar esperando. Pero estaba totalmente vacía. Miró el gran reloj de la estación y vio que eran casi las diez de la mañana.

A lo lejos se podía contemplar una extensa y abierta llanura rodeada por sierras montañosas que tenían sus cimas cubiertas por antiguos bosques de altos árboles. Plomizos nubarrones blancos avanzaban casi tocando las cumbres de las altas montañas que delimitaban el horizonte; las hojas de los árboles que circundaban se movían suavemente con la brisa; el aire que se respiraba era tibio. Todo era hermoso, parecía casi una pintura, esa combinación de matices era perfecto para aquella mañana. Los pájaros cantaban armoniosamente y al llegar a la cima, se asomaba el sol por aquellas montañas que parecían gigantes protegiendo al sol. Sí, todo era realmente agradable, pero eso no evitó que el humor de Raven comenzara a agriarse. Ellos ya debían estar esperándola y aquí estaba ella, parada y sin rastro alguno de los sujetos que tenía que custodiar hacia la ubicación que le había sido asignada para dejarlos. Bien, era hora de pedir explicaciones, por lo que tomó su comunicador.

—Raven llamando a Robin —anunció ella mientras mandaba una señal al transmisor.

Pero la video llamada no mostró el rostro que quería ver, todo lo contrario. Y sinceramente, no estaba de humor para dialogar con el chico verde y sus bromas.

—Tengo el transmisor de Robin, ¿puedo ayudarte? —preguntó el cambiante mientras miraba el rostro de Raven.

—Chico Bestia, pásame a Robin —ordenó la hechicera frunciendo el ceño.

—Está combatiendo el crimen ahora, tal vez yo pueda ayudarte.

—Estoy en la estación y no hay nadie, ¿estás seguro de que este es el lugar? —interrogó ella mirando alrededor con la esperanza de ver si ya habían llegado. Nada. Espera… ¿eso era un matojo seco atravesando la carretera? Bueno, no le sorprendía, el lugar estaba prácticamente desierto.

—Sí, es el punto de encuentro —afirmó Chico Bestia.

— ¿Y qué si no aparecen? ¿Esperan que me quede aquí en medio de la nada para siempre? —se quejó Raven, irritada por la tardanza y por la sonrisa en la cara del cambiante que sólo parecía irritarla más de lo que se encontraba en este momento.

—Espéralos —indicó el con un tono de voz que parecía restarle importancia al asunto—. Robin confía en que te encuentres con ellos y los lleves a un lugar donde la Hermandad del Mal no pueda encontrarlos.

Raven cortó la comunicación cuando logró escudriñar un autobús acercarse por la calzada. El mismo frenó un momento, para luego seguir con su camino. Luego de que los gases del motor expulsados por el tubo de escape del vehículo se disiparon, fijó la vista frente a sus ojos esperando ver a quien tenía que custodiar pero nada se mostró ahí, sin embargo ella sentía sus presencias. Lentamente bajó los ojos como temiendo lo que estaba a punto de suceder. Ella solo rogó internamente. Por Azar, que no sea lo que estaba pensando.

«No, por favor», rogó Raven.

— ¿Eres Raven? —preguntó una voz femenina demasiado chillona para sus oídos, y que solo le provocó un dolor de cabeza.

Y por fin los vio.

.

Y quiso correr y escapar lo más lejos posible.

.

O que la tierra se la tragara en este mismo momento.

.

Oh no.

Y no era solamente uno, eran tres…

¡Tres niños!

¡Niños!

Le surgió el repentino deseo de tomar el primer tren de regreso, ¿o tal vez un portal? Y llegar y matar a Robin; un duelo a muerte con cuchillos le sonaba tentador; o quizás algún método de tortura al mejor estilo de la Edad Media: la rueda no le parecía tan mala opción, o la polea… o directamente la guillotina; ¿o por qué no solo dejar simplemente que su lado demoníaco se hiciera cargo de su líder?

«Estúpido Robin».

—Tiene que ser una broma —murmuró ella viendo como sus ojos se encontraban con esos tres pares de hermosos… diablillos. Bien, era hora de comunicarse finalmente con su líder.

—Robin —llamó ella nuevamente con un tono un poco ácido incluso para ella.

Su cabeza dolió aún más cuando escuchó el "enternecedor" sonido proveniente de la succión del chupete del más pequeño. Pero el día parecía no estar a su favor.

—Tengo el transmisor de Robin, puedo…

—Pásame a Robin, ¡ahora! —gritó Raven cuando la cara de Chico Bestia se mostró nuevamente en la pantalla.

—Está muy ocupado ahora.

—Bien, ¡pues dile que no soy una maldita niñera! —gritó más fuerte si podía, quizás así el estúpido Robin podría escuchar sus quejas.

—Raven quiere que sepas que no es una niñera —informó el cambiante a Robin que parecía estar en una interesante pelea esquivando los disparos procedentes de un robot. Más interesante que su misión seguramente—. Robin dice que tienes que serlo —repuso el chico verde.

— ¿No puede hacerlo alguien más? A Starfire le gusta la gente, o Cyborg.

—Los demás están en otras misiones, tendrás que hacer… —. Bien, cortó la comunicación nuevamente antes de que su ira saliera a flote. Trató de relajarse, porque de todos modos esto no era un juego, era una misión importante en la que estaba involucrada la Hermandad del Mal. Y entre más rápido terminara, más rápido podría regresar a casa.

— ¿Va a ayudarnos señorita? —preguntó la niña con voz chillona.

— ¿Cómo te llamas? —interrogó ella ahora un poco más tranquila. Solo un poquito.

—Melva —informó la niña rubia.

—Melva, ¿eres la líder del grupo?

—Eso creo, ellos me siguen a todas partes —dijo señalando a los otros dos.

—Muy bien Melva, los llevaré a salvo a un escondite, pero será todo —anunció Raven avistando el tren que los llevaría a su destino y que ya se aproximaba por las vías. Genial, ahora el bebé había tomado una de sus manos, mientras la niña chillona tomaba la otra. El otro niño con esa manta ahora había comenzado a llorar. Si la niña tenía voz chillona, el niño pelirrojo le acababa de quitar el primer puesto con creces. Su llanto pareció taladrar a fondo dentro sus oídos.

— ¿Qué le pasa a ese? —preguntó viendo al niño que lloriqueaba y hacía pataletas en el suelo.

—No lo sé, ¿qué te pasa Timmy? —averiguó Melva viendo a su hermano.

— ¡Nadie me toma la mano! —sollozó mientras aumentaba el volumen de su llanto.

A Raven solo le dio un asombroso tic en el ojo.

—Melva, tómale la mano —ordenó la hechicera para poder lograr calmar al niño gritón.

—No puedo, tengo que tomarle la mano a Bobby, le tiene miedo a los trenes —expuso Melva mientras le mostraba su mano libre agarrando… solo aire.

—Entiendo, Bobby le tiene miedo a los trenes —musitó Raven mientras arqueaba una ceja, ahora eran tres niños y un amigo imaginario. Que viaje más interesante y entretenido le quedaba por delante—. Timmy tendrás que tomar su mano.

«Como dije, estúpido Robin».