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Datos a considerar

El valor de un dólar en 1946 equivale a $13.80 en el 2019.

Aunando con lo anterior, el salario mínimo en 1946 era de 40 centavos de dólar, lo cual equivale a $5        

Aunando con lo anterior, el salario mínimo en 1946 era de 40 centavos de dólar, lo cual equivale a $5.65 dólares actuales. La canasta básica para una familia pobre en aquella época era de 50 centavos de dólar por cada integrante. 

         

 

Mayo 1946

El silbato resonó en toda la construcción. Los hombres dieron un quejido y dejaron todo tirado en el suelo. Ash también los imitó y luego estiró los brazos hasta escuchar un crujido en su espalda.

Trabajar más de doce horas casi seguidas como mano de obra en un proyecto de edificios lo estaba matando.

El olor a sudor, tierra, humo y smog era penetrable para narices sensibles. Las primeras veces Ash le afectó un poco, pero lo que sí no se pudo salvar fue el ruido sonoro de las máquinas y taladros a su alrededor. Eso le costó caro en virtud de que ahora le costaba un poco escuchar, debían de hablarle fuerte para poder comunicarse con él.

Todo esa valía cincuenta centavos de dólar por quince días. Cada centavo vale para mantenerse con Griffin y la agregada Jessica.

Jessica quedó a vivir con ellos y era de gran de ayuda. Al principio ella trabajaba como enfermera para Griffin luego de ser contratada por Max casi a principios del año pasado. No obstante, dejó de atenderlo debido a que su paga en los últimos tres meses no llegó.

Max era quien le depositaba su dinero. Nunca mandó una carta sobre su paradero, y los asiáticos nunca enviaron nada tampoco. Dicha situación alarmó a todos hasta el punto de ir a la Central del Ejército para pedir información del bienestar de Max. Lo único que les brindaron fue que aún seguía con vida. No quisieron expandirse más.

Fue por ellos que Jessica tuvo que trabajar medio tiempo en las mañanas como camarera para generar ingresos. El local estaba muy cerca de casa, así que Ash no estaba tan angustiado que su hermano se quedara sin vigilia por mucho tiempo.

La incertidumbre aún permanecía en los nervios de Ash. ¿Que sucedió en Japón por el repentino silencio de sus amigos?

Su corazón agonizaba con ello. Quería creer que solo es problema de logística en los envíos y entregas pero Ash tenía una mala espina.

Su alma aún no los olvida. La herida de su despedida todavía estaba fresca. Si pensaba demasiado en eso durante el día, era muy probable que se pusiera sentimental. No obstante, las únicas veces que se permitía llorar era en la noche, cuando todos dormían mientras que él apreciaba nuevamente las dos fotografías. Los extrañaba, y mucho. Aún tenía en su mente las últimas expresiones en sus rostros al despedirse de él, en especial la de su amado Eiji.

Ash dio un gran suspiro cuando se dispuso a sentarse en la parada de bus, al lado de una gasolinera. Algo que le había llamado la atención siempre que esperaba en ese lugar era que, a la misma hora, también terminada la jornada laboral de uno de los trabajadores de la gasolinera. Lo peculiar era que ese empleado, todos los días llevaba consigo un libro de matemáticas básicas y era una persona de color.

Ash lo observó detenidamente porque, sus facciones, esa persona que en su uniforme bordaba su nombre como "Cain", fruncía su rostro tras tener dificultad de resolver los problemas de algebra.

En su mente, Ash resolvió los cinco problemas visibles a su vista pero esa persona Cain a penas podía con la primera.

Habían otras personas de tez lechosa cerca, así que Ash exhaló.

El camino aún era de tierra, así que el rubio tomó una estaca que encontró y empezó a garabatear el suelo. Solamente se ganó las miradas momentáneas de unos curiosos por sus acciones hasta ser ignorado. Sin embargo, cuando Ash se percató que llamó la atención de Cain, sonrió de lado.

Ash suprimió una risa por la mirada estupefacta de Cain al darse cuenta que Ash estaba resolviendo los problemas del libro con facilidad. Para que la lección se mantuviera silenciosa, Ash dio las respuestas paso a paso, incluso explicando la respuesta como una maestra dando una clase con su puntero y pizarra.

Cain no tardó demasiado en entender y rápidamente apuntó las respuestas en el libro. Ash solamente se limitó a sonreír débilmente. Cuando resolvieron los problemas que le interesaban a Cain, el hombre de color levantó su pulgar hacia arriba, aún con su rostro anonadado.

Al momento que el bus llegó, Ash se sentó en la última línea para los blancos y Cain en la primera fila para personas negras. Estaban relativamente cerca. No hablaron entre ellos, ni siquiera lo intentaron, pero se mantuvo un agradable aura.


— Ya vine.

Ash cerró la puerta con delicadeza. El aroma a cena colmó sus sentidos y su estómago rugió.

Griffin fue el primero en recibirlo. Con sus silla de ruedas se movilizaba bastante mejor que meses anteriores. Había ganado peso y su semblante era más viva. Dejó de tomar definitivamente alcohol de golpe cuando Ash se asentó nuevamente en su vida. Era como si hubiera renacido.

— ¡Aslan! ¡¿Cómo te fue?!

Sin embargo, algo que preocupaba a Ash y a Jessica era que, a veces, Griffin entraba en shock cuando no veía sus piernas y era difícil calmarlo.

— Pesado, como siempre... — hizo un manoteó. — pero me pagaron. — sonrió entre dientes.

Los ojos de Griffin brillaron. — ¡¡Aslan, te pagaron lo retrasado!! — suspiró, aliviado.

— ¡Por fin!

Griffin rió bajito y Ash hizo una mueca ante la imponente voz de Jessica.

Ella estaba en la cocina pero no fue impedimento para que su cabeza se asomara en la puerta.

— ¡Ya aporte dos sueldos! ¡Un dólar exacto! — frunció el ceño.

— ¡Qué bien! Ya me estaba aburriendo de comer sopa de zanahoria y papa, ¡quiero proteína!

Griffin sonrió entre dientes. — Al fin... carne...

— Sí, sí... de nada. — se ruborizó.

Su hermano lo estudió con detenimiento. El rubio tenía una espesa capa de sudor y tierra; sus ojos caídos del cansancio. — ¿Por qué no te duchas? La cena aún no está lista...

— Sí, no quiero pestilencia en la mesa. — refunfuñó Jessica.

Ash rodó sus ojos. Sabía que si él decía algo sobre su periodo menstrual o lo mal que le olía sus pies luego de trabajar, ella le lanzaría sartenes y ollas a la cara y no tendrán suficiente dinero para reponerlas.

— Sí, sí... — respondió con desgano.

Ash se encaminó hacia la habitación y cerró la puerta con cerrojo. Suspiró profundo y las facciones de su rostro cambiaron en un santiamén. Se quitó la camisa dejando ver aún su marcado cuerpo y sus zapatos los tiró sin cuidado. Su habitación aún permanecía igual, tenía sus juguetes y libros, solamente unas cuantas cosas agregadas de más, pero el aura era diferente ahora.

Ash le faltó el aire cuando se dirigió a su closet y abrió las puerta en par en par. Tenía pocos mudas de ropa, mas la más llamativa de todas era la yukata colgada de una sercha.

El rubio exhaló y sus hombros soltaron el estrés habitado en su cuerpo. Levantó sus manos sus brazos y llevó la tela a su pecho desnudo, la inhaló y acurrucó su rostro en la yukata.

Los meses desde su ida pasaron volando. Aún no se adaptaba a su nuevo estilo de vida. Así como Griffin tenía sus noches malas, él también lo pasaba terrible cuando una pesadilla atacaba al dormir. Lo peor era despertar por los alaridos de Jessica y Griffin afuera de su habitación, y solo, sin Eiji o los demás.

Se había acostumbrado tanto dormir en un futón y con el resto de los asiáticos en un mismo lugar. A veces, cuando no podía dormir y era insoportable los recuerdos de la separación, Ash dormía en el suelo, con sus sábanas entrelazadas en sus piernas, imaginando que era un futón.

Ash se apartó de la yukata y se dirigió a la mesa de noche. Abrió la gaveta y sus ojos ardieron cuando observó las fotografías. Las cogió con delicadeza mientras se sentaba en la orilla de la cama. Las apreció por un largo rato, las giró y leyó lo escrito una vez más. Lo ha leído pocas veces y ya se había memorizado su contenido, pero eso no quitaba que aún se conmoviera.

Ash lloró en voz baja.

Su decisión fue difícil de tomar y costaba aceptarlo, pero tenía que sobrellevarlo. Tenía que ser fuerte por todos.

No obstante, lo que más le asustaba era que no había recibido ninguna correspondencia de ello. Él no sabía la dirección y tenía la esperanza que ellos mandaran una carta, para él poder responderla de regreso con mayor certeza.

Todo su ser temblaba. ¿Acaso algo malo sucedió?


Después de la típica sopa de papa y zanahoria era comida por los estadounidenses, Ash lavó los platos y cada uno se dirigió a sus recámaras, deseándose feliz noche.

Con las fotografías en sus manos, Ash escuchó el rechinido de las silla de ruedas acercarse lentamente. No pasó mucho tiempo en que el sonido se detuvo y fuera sustituido por unos golpes en su puerta.

— ¿Aslan, puedo pasar?

El aludido colocó las fotografías sobre la mesa de noche. A paso delicado se dirigió a su puerta y la abrió. Pudo ver a un compungido Griffin.

— ¿Qué sucede? — preguntó Ash, cayendo en cuenta que su hermano estaba en problemas, dejando a un lado los propios. — ¿Duele algo? ¿Una pesadilla?

El castaño sonrió. — No, no... nada de eso... solo fui al baño.

Ash dio un respingo. — ¿Tú... solo?

— Tu hermano mayor ya está dejando los pañales, Aslan. — dijo los hechos sin tener la intención de hacerlo una broma. — Ya puedo ir al baño sin ayuda... al menos hoy.

— Griffin, eso es... fantástico. — los ojos de Ash brillaron.

El aludido sonrió pero pronto decayó la alegría. Pudo vislumbrar las fotografías desde lejos. Con sus brazos entumecidos, Griffin se esforzó a adentrarse a la habitación de Ash.

El rubio quiso ayudarle pero él se negó rotundamente. No quería acostumbrarse a la ayuda brindada y luego ser una carga. Quería ser lo más independiente posible.

— Jessica ya se ha dormido más temprano que de lo normal... está cansada, de todo.

Ash asintió mientras cerró la puerta. — No la culpo...

Griffin sabía la historia de Ash en Japón. Sabía sobre sus sentimientos con respecto a su lejanía y de lo mucho que los quería. El castaño no tenía un pensamiento claro acerca de todo lo que tocó vivir a su hermano. Lo único que atañe a Ash en Estados Unidos era a él. Griffin no podía dejar de sentirse un poco culpable, en especial que él quería a Ash a su lado.

Si su hermano estaba haciendo sacrificios por su bien, Griffin también lo estaba haciendo. Dejó por completo la bebida, a pesar que a veces le arrancaba ataques de ansiedad, lo soporta, por su hermanito.

— Sé que ellos están bien... — suspiró Griffin. — Max está con ellos... Charlie también. Yo tengo fe...

— Eiji está lastimado, tiene un esguince que no ha sido tratado en años... Shorter tosía mucho antes de irme, dijo posiblemente por el frío... — Ash pasó sus manos en su cabello. — Akira de seguro me odia por no haberle dicho nada, ¿pero será posible que todos estén enojados conmigo...? ¿Por eso no han escrito?

Griffin estudió las facciones de Ash. Quiso darle un abrazo pero, de repente, se detuvo en seco al recordar que ya no tenía piernas. Sonrió decepcionado y bufó ineludiblemente.

— No cabe duda que fuiste afortunado, Aslan. — comentó Griffin, con una sonrisa forzada. — No digas tonterías, cuando menos lo esperes, te llegará una... sé que ese niño Eiji es muy terco, tal vez ellos no tenían suficiente dinero para enviar una... y Max se lo gastó en licor... ya sabes como es él.

— Eiji... — murmuró el nombre japonés con pesar. Un poco de luz de esperanza entibió su corazón.

Ash no era tonto. Notó que su hermano quiso ponerse de pie. En silencio, Ash se puso de cuclillas y lo rodeó con sus brazos.

Entonces, Griffin, al momento de sentir el calor corporal de su hermano, lloró. El sentimiento de inutilidad pasó por su mente. Ash era quien el dolido, ¿por qué su hermano lo estaba consolando a él?

— Todo estará bien, Griffin... — Ash ocultó su rostro en el cuello del aludido. — Ellos están bien, Jessica está bien, tú lo estás y yo también... — exhaló. — Siempre vendrán tiempos mejores...

Griffin se mordió el labio inferior y trató de calmarse. — Sí... tienes razón, Aslan.

Entonces el castaño correspondió el abrazo. Ambos durmieron en la misma cama, sintiendo el cariño fraternal inherente entre ellos. No estaban acostumbrados a hacerlo todas las noches, debido que aún existía una barrera de años que los apartaba, debido que todavía eran unos desconocidos para uno del otro. Querían conocerse y forjar esa relación entre hermanos fue arrancado de sus vidas.

En un momento de la noche, Griffin se despertó en virtud que escuchó susurros cerca de su oído. Abrió sus ojos lentamente y observó que Ash lo tenía enfrente. Su hermano derramaba lágrimas incesantemente mientras sus labios se esforzaban en pronunciar sílabas.

— ...ji... Ei... ji

Griffin torció su rostro en angustia. Conocía ese nombre perfectamente en los relatos de Ash. Siempre había cierto brillo en los ojos de su hermano, llenos de estima pero también de tristeza cuando lo mencionaba.

— Todo estará bien, Aslan... — repitió sus palabras Griffin. — Dios, todo estará bien...

Acarició su rostro con ambas manos y el castaño se percató que su hermano sonrió suavemente.

Griffin se preguntó si Ash pensó que el que le daba las caricias era el tal Eiji en sus sueños o si sabía si era él tras escuchar su voz.


Monotonía era la palabra que podía describir Ash en su vida. Otro día laboral se cumplió. Ash dejó las herramientas al suelo, como si fueran un objeto sin valor, y trotó hacia la parada de autobuses. Le importó poco limpiar su rostro. Sabía que estaba llena de humo y mugre negra por haber estado cerca del área de carbón.

Hoy era de esos días que Ash quería desaparecer. Desde que se levantó no pudo apartar la tristeza interna. El estilo de vida que tenía junto con los otros en la casa era complicada. El ambiente se tornó pesado, Jessica solamente se despidió luego de preparar el desayuno y comentó que llegaría tarde al trabajo.

Posiblemente Jessica ha llegado a estas alturas a la casa y esperaba que le haya alcanzado el dinero para comprar carnes al menos para una semana.

No obstante, su divagación entre sus pensamientos fue bruscamente interrumpido al momento de llegar a la parada de bus. Había un gran escándalo en la gasolinera que le llamó la atención a Ash. No era una trifulca, ni siquiera una pelea uno a uno; Ash observó a un hombre de tez blanca, no sobrio, abusando verbalmente a uno de los empleados de la gasolinera.

El rubio abrió grandemente sus ojos al percatarse que el trabajador era el afroamericano llamado Cain.

— ¡¡Eres un estúpido de mierda, negro!! ¡¡¿Cómo es que tienes los huevos para poder ponerle una mano encima a la señorita?!!

Ash se acercó más a la escena, y pudo distinguir que estaba Cain cabizbajo, solamente escuchando todo; una muchacha claramente asustada y un hombre blanco gritando a todo pulmón, señalando a Cain con un dedo acusador.

Los compañeros afroamericanos de la gasolinera querían acompañar a Cain pero estaban muy agobiados como para poder acercarse.

— ¿Qué ha pasado? — preguntó Ash, a una persona curiosa.

— Supuestamente el negro quiso violar a esa joven de allá, cerca de los baños. — contestó el extraño.

Ash hizo una mueca. — ¡¿Qué?! — exhaló, incrédulo.

—Ya han llamado a la policía... — continuó diciendo el hombre. — El negro alega que él detuvo que la muchacha fuera violada de ese ebrio. — indicó al hombre quien acusaba a Cain.

— Y-Yo no hice nada... — tartamudeó Cain. — Dígaselo, señorita.

Ash notó rápidamente que Cain tenía problemas de levantar sus brazos, como si se hubieran entumecido, tal y como el esguince del tobillo de Eiji. Si el afroamericano hubiera querido agredir a la joven, no podía debido que era notorio la débil motricidad de sus brazos, la chica hubiera huido y no hubiera tenido la oportunidad de ni siquiera tocarla.

La muchacha estaba aterrada. Solamente observó con ojos llorosos al público, a Cain y luego al hombre ebrio, quien le amenazó con la mirada. Ella encogió sus hombros y chilló. — F-Fue... fue... — quiso a señalar a Cain pero su mano temblaba tanto que no pudo.

Cain sintió que le caía todo el peso encima en sus hombros. Él escuchaba lejos a sus compañeros gritar sobre su inocencia debido a que toda su atención estaba enfocada ante la turba que se estaba formando para apresarlo, a pesar que la chica no lo había culpado directamente.

De repente, Cain abrió y cerró sus al percatarse que varias personas caían desmayadas y ensangrentadas en sus rostros. Dicho fenómeno captó las miradas de los presentes.

Ash golpeó a puño limpio al ebrio que causó el lío. Luego de apresuró a darle una tunda a aquellas personas que estaban cerca de Cain.

El afroamericano estaba perplejo de la velocidad que tenía el rubio en noquear a los hombres. En menos de dos segundos y caían como moscas.

La chica gritó y huyó del lugar. De inmediato, se formó un tropel. Los empleados de color abandonaron su puesto de trabajo a excepción de Cain. Estaba ensimismado viendo a Ash defendiendolo. Era imposible distinguir su rostro por esa capa de humo que tenía todo su cuerpo y cabello, pero Cain sabía perfectamente que era aquel hombre blanco de aquella noche.

De un momento a otro, la muchedumbre se peleó todos contra todos. No había bandos, solo pelea entre personas aleatorias.

—¡¡Blanco, el de álgebra!! — Ash levantó el rostro hacia la voz. Cuando vio a Cain, sus ojos se abrieron grandemente. — ¡¡Corre!!

Ash dio un respingo tras escuchar las sirenas de la policía, escapó con Cain a gran velocidad. Los agentes tuvieron ciertos problemas en separar la riña y la confusión de la multitud, olvidando por completo el origen de la llamada.


— Creo que... — jadeó de manera irregular. — estamos... lejos ya...

Cain asintió mientras recuperaba el aliento. —Sí...

Por la pura adrenalina, ambos corrieron hasta la playa. Normalmente se tomarían cuarenta minutos en llegar a pie pero ellos lo hicieron en veinte por la misma cojonera.

Ambos se vieron a las caras, aturdidos. No era común que dos personas de diferente color se hablaran. Para Ash, estaba algo confundido, en Japón se relacionó bastante bien con asiáticos y estadounidenses sin sentirse agobiado pero en Estados Unidos la historia era distinta. Había una incomodidad en el aire en la cual el rubio no podía actuar con naturalidad. Estaban en campo abierto, si alguien los viera, de seguro Cain iría a la cárcel por un "supuesto agresión a un blanco".

Cain también se le notaba incómodo, pero aun así no podía dejar de ver a Ash. —Tú... eres raro.

—¿Ah? — dijo Ash, sin malicia de por medio. —Creo, creo que lo soy. — lo comentó no solo por la situación en que metió, también por tener de compañero a un japonés.

—¿Por qué lo hiciste...?

Ash permaneció callado por un instante. La pregunta de Cain hacia eco en su mente, tratando de buscar las verdades razones de su impulso ena ayudar al afroamericano.

—Te creí... — murmuró.

Cain parpadeó. —¿Qué?

—No le hiciste nada a esa muchacha, ¿cómo podrías, si apenas tienes la fuerza para levantar tus propios brazos entumecidos?

El rostro de Cain se relajó y claramente se dibujó en sus facciones lo conmovido que estaba. Tuvo que apartar la mirada para suspirar suavemente. —¿Lo notaste...? — preguntó sin verlo.

—Sí...— musitó Ash. Se preguntó qué tan doloroso sería para Cain en trabajar en su condición. Cargar agua, echar gasolina y aguantar las rasgaduras de sus ligamentos en el proceso. —¿Cómo alejaste al ebrio de la joven...?

Cain lo vio de regreso y sonrió de lado. —Las plantaciones de algodón pudieron con mis brazos pero no con mis piernas — dijo orgulloso. —Lo pateé con todas mis fuerzas hasta alejarlo.

Ash tragó saliva. Cain era una persona grande, una patada proveniente de él sería mortal. ¿Cómo es que el ebrio no murió?

—Me siento aliviado que no te ataque.

Bufó. —Deberías enseñarme algunos movimientos... eras tan rápido que no podía seguirte.

—O esos blancos eran lentos de mierda.

Ellos rieron sutilmente antes de volverse a ver.

—¿Puedo saber tu nombre, demonio blanco?

Ash quedó mudo. A pesar que no lo conocía y una futura amistad con él sería peligrosa, no solo para su persona sino que para su hermano y Jessica también, decidió confiar y arriesgarse porque, quiera o no, ambos se cubrieron las espaldas.

—Aslan... Aslan Jade Callenreese. — al finalizar su apellido, los ojos de Cain brillaron de asombro. Ash se preguntó si así fue su reacción cuando Eiji abiertamente expresó que confiaba en él cuando lo rescató.—¿El tuyo?

— Cain Blood.

—¿Blood? — Ash frunció el ceño.

—No me gusta usar... el apellido de mi ex dueño de mis ancestros...

Esas palabras cayeron de golpe a Ash. Entonces recordó algo importante. —¿A dónde irás? No creo que debas ir a trabajar en la gasolinera nunca más.

Ash sabía de las leyes Jim Crow y el resurgir de los Ku Klux Klan en la vida estadounidense. Aún si quería ayudarlo, no podía. Él también era pobre, con sus propios problemas que lidiar. Sin embargo, quería saber que Cain estaría bien, al menos si se podía espantarselas solo.

Cain bajó la mirada. —No lo sé... posiblemente me reubiquen en Queens. Mi patrón tenía planes en hacerlo.

— ¿Nueva York? — Ash sintió alivio y pudo respirar mejor.

— Sí, mi patrón... es un buen hombre... — alzó sus ojos.—¿Qué harás tú? ¿Te presentaras mañana a trabajar?

Ash ladeó su rostro y lo limpió con sus manos sucias. — No pudieron ver mi cara por el hollín. Dudo que sepan quien fue.

Cain asintió. Notaron que el día ya estaba llegando a su fin, haciendo presencia la luna junto con sus hermosas estrellas brillantes.

— Ten cuidado. Por ayudar a un negro, puede traerte consecuencias...

Ash se acercó a Cain y le tendió su mano. —No me tomes a pecho, pero solamente te ayudé porque decías la verdad y te señalaban injustamente. Nunca me interesó tu color de piel.

Cain quedó en shock. — Realmente eres un raro... — tomó la mano de Ash y le dio un fuerte apretón. — Gracias otra vez, Aslan. Te deseo suerte.

Ash sonrió genuinamente. — Sí... para ti también.

Ellos se despidieron en silencio y cada uno partió hacia su destino. Cuando Ash dio los primeros pasos, se detuvo en seco y giró su cabeza al afroamericano.

—¡Cain!

El aludido paró y puso toda su atención a Ash. — ¿Qué pasa?

Ash vaciló un poco. —Antes que partas... — frunció sus labios. — Quisiera saber si pudiste resolver los demás problemas matemáticos.

Él primero dio una carcajada y luego negó con la cabeza. —No entendía ni mierda... —rió.— Mi hermano me pidió favor si alguien de mi trabajo podía resolver los problemas que él no sabía. Todos somos unos idiotas. — Cain sonrió. Deberías ser maestro... nunca en mi vida había visto ese tema porque dejé la escuela... y contigo lo entendí perfectamente, ¡y nunca usaste hablaste!

Ash estaba perplejo pero cuando proceso sus palabras estalló de la risa junto con Cain.


A la mañana siguiente, Jessica y Ash se fueron a trabajar. En las mañanas para Griffin eran las más críticas porque se hallaba solo, en el silencio, para que sus demonios internos florecieran.

Era tan sencillo bajar a la cantina de su padre y pedir una cerveza.

Griffin negó con la cabeza, borrando en su mente esa posibilidad. Él decidió cambiar por el bien de otros, por su bien también.

Observó la luz que reflejaba la ventana en la cocina, remarcando su sombra en el piso de madera desgastado de la casa. Era un bonito día, soleado y calmado, tal y como Ash y él salían a jugar cuando su hermano era pequeño.

Sabiendo que entraría en un estado de angustia, el castaño bajó su mirada hacia su pantalón, lo único que lo llenaba eran sus muslos. Griffin rechinó sus dientes mientras, vacilante y con manos temblorosas, palpó la última terminación de sus piernas. Sus rodillas no eran lisas, aun encima de la tela podía palpar sus cicatrices.

Griffin alzó su mirada, asustado. Casi un año las perdió y sigue sin creer que no están. Cuando pensó que iba a ser víctima de sus traumas, observó desde lejos el río que pasaba por la casa.

Con la boca seca, Griffin jadeó frenético. ¿Cómo no se le ocurrió antes? Él sabía pescar. Tal vez si pescaba algo hoy podían comer delicioso para el almuerzo y cena.

Griffin recuperó la calma y se dirigió con su silla de ruedas a la bodega que estaba en el patio trasero. Con sus ojos esperanzados abrió la puerta sin seguro cuando se halló en ese cuarto. Rápidamente pudo ubicar cañas de pescar, hilo para pescar y algunas redes para atrapar cangrejos.

El sector donde estaba asentada la casa era solitario. Casi nadie pasaba por el lugar, ni siquiera pescaban en esa parte del río. Era tan desconocida que ni los clientes más frecuentes del bar de su padre se aventuraban a ir más allá. Así que Griffin se sintió seguro de los hurtadores o aprovechados sobre su futuro festín.

Griffin se desplazaba ante un sendero irregular de tierra, grama y maleza, junto con sus utensilios y un balde para depositar los peces o cangrejos, que descasaba sobre su regazo. Sus brazos lloraba de dolor por el doble de esfuerzo que tenía que ejercer para movilizar la silla de ruedas pero eso no borraba la brillante sonrisa en su rostro. Por fin, pensó el castaño, podía ayudar a los demás y no ser una carga. La pesca tenía su arte que no todos dominan, y él se permitió en no ser humilde en ese aspecto en admitir que era bastante bueno.

Griffin, al llegar, se posicionó en la orilla del río, estar lo suficientemente cerca para que no le costara en preparar la red para los cangrejos.

Cuando terminó, con gran pericia, Griffin colocó la carnada disecada en el gancho y lo lanzó. No pudo evitar reír debido que aún tenía fresca la técnica a pesar que no lo ha hecho desde hace años.

Fue entonces que empezó la espera. Griffin no desperdició el tiempo y lo usó para reflexionar.

Jessica no cabía en el estereotipo de una enfermera. Era ruda, ruidosa pero con un lado muy maternal, coqueta con Max y vigorosa. La ida de Max la afectó mucho que ella lo quiere negar. El fuerte semblante que proyectaba cada día se rompía todas las noches con sus lágrimas. Griffin realmente no sabía cómo animarla, en más no sabía cómo tratar a las mujeres en sí. Él no creció con una figura materna, así que a veces estaba dudoso en cómo comportarse con Jessica o con la nueva novia de su padre, Jennifer.

Aún así, Jessica se esforzaba cada día. No tenía conocimiento de sus antecedentes pero Griffin estaba seguro que ella estaba aquí por decisión propia y no por la promesa con Max. Se notaba por la forma en interactuar con su hermano, que a veces podía llegar a ser odioso, o sobre los cuidados en la casa o sobre él. La estimaba como una amiga, nada más. Ella era la mujer de su amigo, jamás de los jamases le tocaría un pelo.

Griffin bufó. Aún si quisiera no podrá tocarla porque no la alcanza ahora.

Después, Griffin pensó en su hermano y suspiró profundamente, cambiando su aura. Desde que lo vio greñudo, confundido y triste, no quiso aceptar que era Ash. Él ciegamente buscaba a un niño todos los días en sus breves momentos de sobriedad. A pesar que sabía que él se enlistó en la guerra y le mintió que estaba en casa, siempre se imaginaba a un pequeño como en de las fotos.

Ash era irreconocible en la mente de Griffin, no han pasado tantos años cuando se fue de Estados Unidos y el aspecto físico de su hermano era de un hombre de treinta años. Sus expresiones, mirada y el andar reflejaban un pasado duro de sobrevivir. Era inquietante para Griffin en imaginar a su hermano experimentar tanta violencia, y peor, siendo aún adolescente. ¡Dios... apenas a cumplido dieciocho años!

El sentimiento de culpa carcomió de nuevo el corazón de Griffin que lo hizo sollozar. Si su hubiera esforzado más en proteger a Ash, él no hubiera tenido que atravesar esos horrores.

Ahora con los asiáticos, sus pensamientos eran diferentes.

De repente, Griffin sintió un jalón brusco en su caña de pescar. Sus brazos perdieron un poco de fuerza por estar vagando en sus pensamientos pero los recuperó para sacar el pez o lo que fuere debajo del agua.

Sin embargo, Griffin no tomó en cuenta que su peso era liviano. Al agarrar la caña de pescar con ambas manos, y sin piernas que hicieran la fuerza necesaria para equilibrar su cuerpo, le fue dificultoso para soportar la intensidad del otro extremo de la caña y, sin querer, cedió sin resistencia el ajetreo del pez y cayó desplazado al río.

No hubo reacción por parte del castaño los primeros segundos bajo el río. Su mente permaneció en blanco hasta que intentó dar una bocanada de aire. En sus adentros se llenaron de agua y fue luego que entró en pánico. Él podía nadar y la superficie no estaba distante, pero cuando procuró patalear para respirar, se angustió que sus pies no reaccionaban.

Griffin chapuceó con sus brazos pero estaba aterrado que en no encontraba el resto de sus piernas. Fue un lapsus de terror que realmente no estaba pensando claro y el aire se agotaba mientras que el agua aumentaba en sus pulmones.

Entonces, Griffin escuchó sonidos amortiguados sobre algo sumergirse al río y nadaba hacia rápidamente. Lo único que sintió fue ser sacado del agua y lo acostaron sin dudar.

Le costaba respirar que creyó que no lo estaba haciendo, no lo sabía. La cabeza le daba vueltas y no era consciente de sus alrededores hasta que alguien le estaba haciendo un RCP.

Griffin tosió tan fuerte al punto que sus cuerdas vocales se rasgaran y vomitara agua. Pudo abrir lentamente sus ojos para poder ver su salvador. Lo miraba borroso pero podía distinguir perfectamente sus facciones compungidas. Rápidamente ubicó que era Ash por la característica melena dorada.

Con inspiraciones largas y laboriosas, Griffin habló. —¿A-Aslan...?

—Shhh, no hables... — ordenó Ash, jadeante. Le dolía el pecho por su corazón errático, golpeándolo con ímpetu. —Estás... — exhaló. —Estás a salvo...

Griffin cerró sus ojos para no llorar tras ver a su hermano tan preocupado. Nuevamente fue una carga.

Ash no quiso preguntar las razones de Griffin por estar en el exterior. Era más que obvio en tan solo ver la escena. Su corazón se rompió tras unir las pistas.

Luego de descansar un rato del estrés, Griffin pudo pensar con claridad. —¿Aslan... por qué... estás aquí? — lo cuestionó debido a que él regresaba de noche.

De un momento a otro, el rostro de Ash cambió. Griffin no podía descifrar su expresión. Estaba triste sí, pero también avergonzado en virtud que apartó su mirada.

—Me despidieron. — dijo frustrado, cabizbajo.

Hubo un silencio que mató el cuestionamiento de Griffin. Lo único que pudo hacer era ver estupefacto a Ash.


Jessica casi se cae de rodillas cuando supo la noticia. Velozmente Ash la sostuvo de sus hombros.

Griffin todavía estaba en shock.

—¿Por, por qué? — preguntó Jessica, pálida.

Ash suspiró y sus labios temblaron. —Hubo despidos masivos por una trifulca cerca del lugar... en una gasolinera — Ash tragó saliva. —. Fue un trabajador de la construcción, cubriendo la energía de carbón...

Jessica torció los ojos. —Y despidieron a todos para evitar líos con la policía — Jessica rió a carcajadas. —. ¡Que ridículo! —después susurró.—Qué ridículo... — Jessica se preocupó bastante. Una mujer nunca iba a ganar mucho más que un hombre. Ella ganaba veinte centavos quincenales, con dicho sueldo no podría ni mantenerse sola.

Griffin observó a Ash y Jessica sufrir pero no decir ni llorar nada. El ambiente se tensó por completo.


Los cubiertos golpeaban sutilmente los platos de porcelana. Griffin no pudo pescar nada, entonces, para ahorrar dinero, se abstuvieron a comprar carne y dar solamente zanahoria en sopa.

— He pensado... en ir a la oficina de correos mañana. — anunció Jessica.

Griffin y Ash detuvieron sus movimientos en seco.

— ¿Perdón? — Griffin parpadeó.

Ash le captó rápidamente sus pensamientos. — ¿Crees que la oficina tenga alguna carta?

Inconscientemente, Jessica apretó el agarre de su cuchara. — Me niego creer que ellos no han podido escribir una maldita carta durante estos meses... — masculló.

Ash se le fue el alma. Ella también tenía un presentimiento. — ¿Habrá pasado... algo?

— El Ejército no nos quiere decir nada al no ser familia... pero tampoco ha habido conflictos mayores por la zona... — agregó Griffin.

— De cualquier forma — Jessica frunció el ceño. — , no me iré de ahí sin tener una respuesta.

Ash tragó saliva. Un hormigueo sintió en su cuerpo, el sentimiento de angustia se esparció en sus adentros, como si fuera veneno pudriendo todo a su paso.

Griffin observó detenidamente la palidez de la tez de su hermano rápidamente. — De seguro habrá un contratiempo con correos.

Ella suspiró. — La señora Collins ya ha recibido cartas de su hijo, quién está en Osaka... — Jessica dejó su cubierto a un lado y llevó ambas manos sobre su rostro. — Quiero ser positiva... pero... me es imposible ahora... — sus últimas sílabas se rajaron en sus cuerdas vocales, denotando su pavor.

Ash bajó la mirada. Ya no tenía apetito.


Al día siguiente, ambos hermanos estaban sentados en la grama frente del río. Ash acomodó a Griffin a su lado para que sintiera un poco el raspado del pasto y su frescura mientras que él se encargaba de pescar.

Griffin vio de reojo a Ash. Durante todo el día él ha estado muy callado. El castaño sabía mejor que su hermano estaba atravesando una fase de depresión. Ash se levantó muy tarde y no comió nada. Su mirada estaba perdida y cuando le hablaba no le ponía mucha atención.

El castaño le sugirió que postergara la búsqueda de trabajo al menos por hoy. Que ese día se dedicara a descansar lo más que pudiera. Ellos no podían darse el lujo de que Ash no trabajara pero había mucha presión en su hermano.

Nuevamente, el sentimiento de inutilidad se esparció en sus adentros.

—Aslan, cuando no estabas... yo ahorré algo de dinero...

El aludido giró su cabeza, solemne. —No te preocupes, tendré otro trabajo. No gastes tus reservas.

Suspiró.—Quisiera que continuaras estudiando...

Ash torció sus labios. No terminó la primaria, haciendo que las posibilidades de encontrar un empleo digno eran muy bajas. La única cualidad atrayente y con experiencia era de ser asesino y prostituto.

—Eso... no es una opción ahora.— trató que su tristeza no opacara sus palabras. —No te desanimes, todo estará bien.

—Aslan...

Se escucharon gritos enojados cerca de la casa. Ash dio un respingo y erigió su cabeza junto con Griffin.

Los alaridos provenían dentro del bar de su padre. No era la banal discusión entre borrachos, era una voz femenina muy familiar: Jessica.

Ash se apresuró en subir a Griffin en sus silla de ruedas y encaminarse hacia allá, dejando todo atrás.

No tardaron mucho en llegar. Ash pateó la puerta de madera hasta abrirla. Los bramidos de Jessica y su Ash padre eran más lúcidos.

—¡Aslan! ¡Griffin! — exclamó Jennifer, asustada en una esquina del bar.

Ningún cliente estaba presente.

— ¡¿Qué sucede?! — gritó Ash.

Jennifer bajó su mirada y encogió sus hombros mientras que Jessica y Jim, el padre de los hermanos Callenreese, no se molestaron en detener su discusión.

—Jessica irrumpió el lugar, enojada... —tragó saliva. — Ella, está sentenciando a tu padre por unas cartas en Japón...

—¡¡¿Qué?!! —gritaron al unísono los hermanos pero la voz de Ash se escuchó más fuerte.

Entonces, el rostro del rubio se oscureció.

Griffin predijo el peor escenario e intentó detener a Ash cuando acortó la distancia entre él y su padre.

Sin embargo, fue demasiado tarde para interrumpir las andanzas del rubio con su voz.

Jessica se apartó al momento que se dio cuenta el impulso de Ash de agarrar por el cuello de la ropa de Jim.

—¡Aslan! —chilló Jennifer.

Griffin estaba anonadado.

—¡¿Es cierto?! ¡¿Tú tienes las cartas de Japón?!

Jessica relamió sus labios. —Fui a la oficina de correos. —vio de reojo a Ash.— Me dijeron que el cartero sabía que la casa de Griffin estuvo vacía por años, así que no quiso arriesgarse en entregar la correspondencia y se las dio a Jim...

Griffin palideció. —Padre... ¿Por qué, por qué no nos entregaste las cartas?

Jim frunció el ceño, sin inmutarse ante sus hijos o de la fémina.—Que importa. Ya las quemé todas.

Ash jadeó. Jessica y Griffin se tensaron.

—¡No me jodas! —rugió Ash, apretando el agarre.

Jim se empezó a cansar del drama. Empujó al rubio en la barra y un fuerte estruendo hizo eco en el bar.

El enojo hirvió la sangre de Jim.—¡Les hice un favor! ¡¡Japón solamente les ha propiciado daño a todos ustedes!! — alzó más su voz al ver la mirada de odio de Ash. — ¡¿Para qué querían esas cartas?! Están en América... aquí están seguros, deberían agradecerme.

Ash creyó que había escuchado mal. Giró su rostro y se encontró el rostro perplejo de Jessica. Su cabeza le dio vueltas por el repentino vértigo. Su cerebro fue procesando la declaración tosca y sin sentimientos de su padre. Él había deshecho las cartas de Japón, posiblemente él las leyó, violando la privacidad de Jessica y del él. Los ojos jade de Ash se abrieron en par en par al percatarse que los asiáticos y Max, y tal vez Charlie, tuvieron dificultad en ahorrar y conseguir el papel y comprar las estampillas.

El primero en reaccionar, para la sorpresa de todos, fue Griffin. Con el rechinido de las ruedas marcó su viraje hacia Jim. El rostro del castaño era gélido, incluso asustó a su propio padre al no ser una expresión característica de su primogénito.

—A lo que me concierne, papá, durante estos años es que nunca, pero nunca te has interesado por nosotros.

—¡Eso no es cierto, Griffin! —intervino Jennifer.

Él negó. —No trates de defenderlo, te hará daño... — comentó, viendo a la mujer con pena. — Es un secreto a voces, pero nadie quiso intervenir en tus asuntos, papá... — Griffin lo observó con determinación. Por su parte, Jim lo penetró con la mirada, como si su némesis estuviera preparando su primer ataque. —Si nos quisieras, nunca hubieras permitido a que yo fuera dependiente del alcohol o al menos demostrar preocupación por mí en vez de dirigirme una mirada de asco al notar que no tenía piernas.

Ash jadeó y ladeó su cabeza ante Jim. Su padre no se inmutó. Jennifer estaba en shock y Jessica bajó la mirada ante el recuerdo. Ese día, Max golpeó a Jim y hubo una disputa entre ellos y la policía. Ella creyó que ahí fue cuando empezó a decaer la mentalidad de Griffin. Se rompió por completo y cayó en la locura al saber por medio de voces ajenas a su familia lo que le había ocurrido a Ash.

—¿Crees que fue agradable para mí verte en ese estado? — respondió Jim, enojado. —Cualquier padre se sentiría afectado.

Griffin chasqueó su lengua. Sus emociones salieron a flor de piel. —¡¿Entonces esa es tu respuesta?! — su voz tembló. —Pueda ser que me quieras un poco, ¿pero y Aslan? — el aludido estaba crispado. Jamás había visto a su hermano recriminar a su padre. — ¡Si lo quisieras, no lo hubieras dejado a su suerte ante un depravado sexual o hubieras altertado al condado sobre su desaparición cuando era niño! ¡¡Era un niño, papá!! ¡¡Tu hijo!! — exhaló al sentir su garganta seca pero sus ojos comenzaron a humedecerse. Si pudiera, estaría golpeándolo. —¡¿Qué hay de Jessica?! ¡¡Ella tiene la oportunidad de irse y abandonarnos pero no lo hizo!! ¡¡A ella se le está pagando para cuidarme y aún así trabaja aparte para mantener nuestra casa!! ¡¡¿Y tú?!! ¡¿Crees que echar al fuego las cartas de personas que estiman a Aslan y a Jessica les estás haciendo un favor?!

—Griffin. —Ash se acercó a su hermano, vacilante y con el corazón en un puño. Era un punto débil de él hablar sobre su pasado; todo su cuerpo jugó en su contra y dejó entrever lo avergonzado que se sentía por el inherente prejuicio acerca de lo que pasó. Con todo lo dicho, Ash tenía fresco los recuerdos de los rostros fruncidos de recelo de los pueblerinos y de su propio padre al "seducir" al amado hombre y afamado entrenador.

—Con qué derecho... ejerces. — suspiró Griffin mientras enterraba las uñas en los reposabrazos, dejando marcado el camino en la tela.

Jim se quedó callado. No tenía intenciones de replicarle a un necio.

Jennifer se cubrió su boca al momento de que Jessica se acercó a Jim y le propició una bofetada. El hombre no reaccionó, solo la miró.

—Vámonos muchachos... no hay nada que hacer aquí. —estableció Jessica tras agarrar los manilares de la silla de ruedas del mayor. Griffin se dejó llevar. Posiblemente iba ser la última vez que le dirigiría la palabra a Jim. Lo que hizo, derramó el vaso de su tolerancia hacia él. — He hablado a la oficina de correos para que envíen las futuras cartas al domicilio de Griffin. — comentó mientras abría la puerta. —Si por error entregan una aquí, lo sabré...— ladeó su rostro hacia Jim. — Está advertido, no seré apacible con usted.

Ash dirigió su vista a Jim. Realmente no entendía cómo alguien tan amable como Jennifer podía estar con su padre luego de todo lo vivido.

—Aslan.

El aludido encogió sus hombros ante el llamado de su hermano. Fue el último en salir y cerró la puerta.


Los tres no durmieron esa noche. Había amanecido y nadie tenía ánimos de hacer nada. Era día sábado, así que Jessica no tenía que ir a trabajar.

No eran necesarias las palabras para ellos saber lo que estaba pasado entre ellos. El palpable abatimiento no podía negarse y no se iba a disipar pronto. Y para sumar sus problemas, el dinero escaseaba. Solamente tenían para pagar los gastos para esa semana. La próxima se limitarán a comer puro marisco y pescado con leña porque el gas se les acabó y el carbón era caro para ellos. Si siguen ese ritmo, pronto les iban a cortar la electricidad y el agua ante la venida del verano.

Ash realmente estaba considerando en regresar a las calles a venderse si no conseguía empleo durante la semana que venía, sabía perfectamente que habían por ahí hombres y mujeres con fetiches muy raros que pagaban bien por alguien que estaba dispuesto en estar bajo su merced . No quería que Griffin sacrificara sus ahorros ni que Jessica tomara otro trabajo adicional. Él ahora era el hombre del hogar, debía protegerlos como diera lugar.

Ante el silencio funesto el las cuatro paredes fue audible el característico sonido de papel deslizándose debajo del umbral de la puerta principal.

Jessica fue la primera en revisar. Al momento de levantar los papeles, ella emitió largos alaridos.

—¡¡Mierda!!

Ash salió de su habitación, corriendo y empujando la silla de ruedas junto con Griffin.

—¡¡¿Qué pasó?!! —gritó Ash, agarrando lo primero que encontró para usarlo como arma: un florero.

Ash y Griffin fueron testigos de la mano temblorosa de la fémina sosteniendo una cartas y un pedazo de papel rasgado. Desde su distancia, era legible las palabras escritas de manera apresurada con tinta negra:

Lo lamento, solamente pude salvar la última que el cartero entregó.

—¡Es la letra de Jennifer! — alzó la voz Griffin.

Se dirigieron a la sala de estar sin mediar palabra. Rápidamente Ash y Jessica ocuparon un asiento del viejo sofá. Ella rasgó el sobre y lo dejó tirado en el suelo. Con ojos ansiosos empezó a recorrer el estilo de escritura tan familiar, fue escrita por Max.

Jessica leyó en voz alta:

19 de abril de 1946

Queridos amigos:

No hemos recibido noticias sobre ustedes lo cual nos ha alarmado a todos. Realmente no sé si esta carta les lleguará pero me arriesgo otra vez en intentar comunicarme. Todo esto es un tremendo caos. He dejado de enviar dinero hasta saber qué pasó. Me han dado de alta en el Ejército y Eiji vendrá conmigo, así lo decidimos todos, él necesita atención médica pronto también. Solo espero que no lleguemos demasiado tarde en contactar con Shorter y Nadia. Ellos se fueron de Japón desde el diciembre del año pasado a Estados Unidos y tampoco hemos tenido noticias de ellos.

Esperamos estar con ustedes pronto, atentamente Max Lobo.

Tras leer la última sílaba, Jessica gritó de la emoción. —Max... — giró la carta y no había nada. Ella estaba anonadada; ¿qué había pasado durante esos meses de mutismo por parte de ellos?

Por otro lado, la estupefacción se dibujó en las facciones del rubio. Aún no asimilaba el contenido de los escrito, tenía sentimientos encontrados al sentir su corazón dar un respingo y bombear fuertemente dentro de su caja torácica.

—Eiji...— musitó.

Ash sudó frío y su cuerpo entero se estremeció. Había una luz de esperanza sesgada con incertidumbre. El miedo le recorrió la espina dorsal al darse cuenta que Nadia y Shorter estaban en Estadios Unidos, perdidos en algún sitio. La pregunta era el por qué. Entonces, suspiró por inercia y se desparramó en su asiento.

Griffin respiró irregular. De repente se sintió nervioso a lo que iba a suscitar pronto.


Junio 1946

Ash durmió tarde ese día debido sus pesadillas, luego de haber clamado por ayuda. La noche anterior, Jessica fue rápidamente a su habitación y lo consoló dándole palmadas suaves en la espalda. Griffin llegó más tarde, con el rostro compungido.

Es su secreto, pero él había regresado a las calles a satisfacer placeres raros en una esquina por no haber encontrado empleo lo antes posible. Pensó ser prostituto era mejor que un asesino en virtud que no tendría que lidiar con la policía. La paga no era para nada mal, incluso mucho del dinero obtenido lo guardaba debajo de su colchón para que Jessica o Griffin cuestionaron la exuberante cantidad comparado por el sueldo de la mujer.

Ash no especificó dónde consiguió el dinero. Vagamente les explicaba sobre trabajos temporales que trabajó. El rubio no sabía a ciencia cierta si le creyeron, en especial su hermano que veía cierta sospecha al verlo coger por el dolor el su cuerpo porque un cliente decidió ser salvaje con él o también cuando Griffin o Jessica tenían que salpicar agua en su rostro a altas horas de la noche, tras el rubio no ser capaz de huir de sus sueños al revivir sus traumas relacionadas con el asalto sexual.

Ash no quería hacerlo, no obstante necesitaban sobrevivir. Fue una decisión desesperada. Nadie más le daba trabajo por su "bajo" perfil académico y las plantas o trabajos manuales estaban topados de trabajadores. Tampoco Ash quería darse el lujo de salir de Cape Cod. No quería volverse separar de su familia otra vez.

El padre de Ash siempre tuvo razón, según los pensamientos del rubio, y es de que él siempre fue un puto.

Además, Max y Eiji aún no aparecían. Dicha verdad hacía que sus nervios se pusieran de punta. Griffin se le denotaba preocupado. Jessica, en cambio, también sentía lo mismo pero no lo exteriorizaba como él; ella se desahogaba, cada noche llorando en su almohada.

En eso, Ash abrió sus ojos lentamente y lo primero que su mirada vislumbró fue su ropero. No tenía las energías de levantarse para apreciar de nuevo la yukata y luego acurrucarse en la tela, perderse en la suave sensación del material.

Entonces, estiró su brazo ante la mesa de noche. Sacó las fotografías en su gaveta y quedó ensimismado en la imagen de Eiji.

Varias lágrimas fueron derramadas rápidamente. Sentía que había traicionado a Eiji por haber ofrecido su cuerpo a varios desconocidos nuevamente. Internamente sentía asco de sí mismo. Realmente no merecía a Eiji para nada del mundo. De seguro Eiji ya no lo querría más y no estaba listo para afrontar las consecuencias.

Repentinamente, Ash escucha que alguien toca la puerta, lo cual le pareció extraño. Eran las cinco de la mañana del día jueves. Jessica aún dormía para la ida a su trabajo y Griffin estaba en su habitación.

Luego, tocaron otra vez, pero esta vez con más fuerza. Tras al parecer ser el único quien escuchó, Ash decidió a ver quién se trataba.

Al momento de abrir la puerta, los ojos de Ash se abrieron desmesuradamente y se quedó sin palabras. Cada fibra de sus músculos se tensaron ante la presencia de una mujer embarazada.

—¡Ash!

El aludido jadeó cuando su cintura fue rodeado por los brazos de la mujer. Rápidamente sintió humedad en su camisa emanado por las lágrimas de la fémina.

Ash tartamudeó mientras la apartaba levemente de su cuerpo. —¿N-Nadia...?

Ella alzó su vista, incrédula. No paró de llorar al vislumbrar el rostro del rubio. —¿Por qué...? ¿Por qué nunca te comunicaste con nosotros...?

La china sollozó sin darle oportunidad a Ash en ni siquiera responder. Escondió nuevamente su rostro sobre el pecho del estadounidense y empuñó su camisa.

Ash estaba con la impresión impregnada sobre sus sentidos. A pesar que había muchas dudas en el aire, su mente estaba en blanco.

—N-Nadia... — murmuró Ash con sus ojos aguados de lágrimas. Podía sentir el abultado vientre de la susodicha rozando su estómago.

—¿Aslan?

Él ladeó su cabeza hacia la voz. Observó a Griffin y Jessica aún vistiendo sus pijamas. Ambos perplejos por la escena Ash regresó en sí. Parpadeó varias veces y dirigió su mirada al campo abierto. Giró su cabeza en ambos lados y entró a Nadia aún en sus brazos y cerró la puerta con cautela. Los lugareños podían ser mezquinos con los forasteros, y peor aún con cualquier asiático que lo confundirían con un japonés.

Todavía estaba oscuro, pero podía verse a Nadia temblar del frío y sus tobillos hinchados. Ella aún lloriqueaba.

—Aslan, acomodala en el sofá —ordenó Griffin tras hacerse a un lado junto con su silla de ruedas. — . Y luego ve por una frazada para que se caliente.

El aludido solamente asintió y le habló suavemente a la china. Ella no se resistió y se dejó llevar por Ash.

Después de hacer todo lo dicho, Ash observó el vientre de Nadia; posiblemente tenía seis meses. 

—A un lado, chico.

Ash se sobresaltó al ver a Jessica con un balde de agua caliente en sus brazos. Le ayudó luego de salir de su trance y lo pusieron frente de los zapatos desgastados de la china. De manera hacendosa Jessica le quitó las zapatos a Nadia y colocó sus pies dentro del agua.

—Esto ayudará a desinflamarlos —comentó Jessica, haciendo relucir sus dotes de enfermera. — . ¿Deseas... comer o beber algo...?

Nadia en todo momento estaba con la cabeza baja, sin entablar contacto visual con nadie. Encogió sus hombros y susurró. — Por favor...

Jessica asintió. Tan solo ver sus ojos rasgados y la forma en como Ash y ella interactuaban, supo de inmediato en ubicarla. Ella era la china de los relatos del rubio.

—Griffin, ayúdame en la cocina. — dijo Jessica tras sostener los mangos de la silla de ruedas, sin darle opción a Griffin a apelar.

—Sí... vamos hacer el desayuno. — comentó Griffin luego de voltearse a ellos.

Ash no se inmutó. Estaba tan ensimismado observando a Nadia que no se dio cuenta que la puerta de la cocina fue cerrada por Jessica. Sin embargo, Nadia estaba vigilando cada movimiento de los estadounidenses.

Cuando se halló a solas con Ash, se atrevió a alzar sus ojos.

—Jamás me imaginé... que te encontraría, Ash — sonrió tristemente. — . Pensamos que... querías cortar lazos con nosotros...

El rubio salió de su shock después de jadear. —Nunca... —musitó mientras se puso de cuclillas al lado de Nadia. — Las cartas que me enviaron nunca llegaron a mis manos... lo lamento... Nadia, yo... todo. —se le trabó la lengua por el gran impacto emocional que estaba sintiendo. — ¡Yo no me despedí apropiadamente de ustedes!

Nadia sostuvo las mejillas de Ash y palpó delicadamente con sus pulgares. —No te culpo... —suspiró tras varias lágrimas se aproximaban. — Al principio no lo comprendía pero después reflexioné sobre la presión emocional que tenías... aunque nadie estaba listo para una despedida así...

Ash bajó sus párpados, apenado. Sin querer descansó su mirada en el vientre abultado de Nadia. Hipnotizado, el rubio quiso tocarlo pero se restringió en hacerlo. La china soltó sus manos de la piel de Ash.

—Nadia... — la observó, con miedo en tan solo pensarlo. — Hace un mes recibí la última carta de Max... decía que Shorter y tú estabas aquí... ¿Por que? — sus labios temblaron. — Nadia... ¿acaso alguien... durante el camino...? — los ojos de Ash se fijaron en donde residía el bebé.

La aludida frunció sus labios antes de intentar mantener una sonrisa en su rostro. —Me casé, Ash... con Charlie. — dejó derramar una gota cristalina.

Ash dio un respingo al mismo tiempo que levantó su cara hacia Nadia. Ella no se veía feliz.

—¿Por qué...? — Ash jadeó y no pudo agitarse de ira. —¿Él... te obligó? —preguntó de forma abierta y genérica, dando espacio a que ella respondiera de la misma manera o no.

Sin embargo, el cuerpo de Nadia vibró de angustia y se quebró ahí mismo. Buscó abrazar de nuevo a Ash para llorar en su oído. Ash jamás había visto a Nadia tan triste y perder los estribos. Ella siempre la recta, amable y callada mujer del grupo. Presenciar cómo lo abrazaba como si su emociones pendía de un hilo, lo asombró.

Ash solamente exhaló por sus fosas nasales y le correspondió el abrazo con fuerza. —Todo estará bien... —dijo la misma frase cuando su hermano tenía una crisis. —Estás a salvo ahora. Charlie no te tocará más...

Ella sollozó. —No, Ash... no lo entiendes... — Nadia se hiperventiló. — Casarme con Charlie... embarazarme... estar aquí... fue planeado por nosotros dos...

Ash juntó su entrecejo y relajó el apretón en el cuerpo de la china. Intentó canalizar sus pensamientos y buscar la pieza que no cuadraba en lo dicho por Nadia.

—¿Qué...? —fue lo único que pudo preguntar Ash.

Nadia hipó mientras escondía su rostro en la curva del cuello del rubio. —A-Ash... — gimió con dolor. — Shorter... se está muriendo.

Ash se perdió en los gritos llenos de aflicción de Nadia. Sus oídos empezaron a zumbar y su mente se tornó en blanco.


Por un periodo indefinido, Ash y Griffin iban a dormir juntos en el cuarto del mayor. Jessica le donó su habitación a Nadia para que durmieran juntas, así la recamara de Ash estuviera lista para Shorter.

Hubo muchas situaciones durante el día que esclareció la mayor parte de dudas surgidas a lo largo de meses anteriores.

Cuando Ash estaba su encrucijada de marcharse o no luego de recibir la noticia sobre la sobrevivencia de Griffin, Shorter enfermó de neumonía y no fue tratada apropiadamente. Los únicos que sabían sobre ello fueron él y Eiji. A Ash le sorprendió mucho en saber que su amado le ocultó a todos el malestar de Shorter para no preocuparlos; Shorter le aseguró que no era nada grave. Al parecer, con los pocos ahorros que tenía, visitaron a un médico que importaba fármacos clandestinas del "occidente". Supuestamente, con dicha medicina Shorter iba a sentirse mejor pero no fue así.

La condición de Shorter era tratable pero ningún médico de la zona podía tratarlo por los deplorables medios e instrumentos que poseían. Les dijeron que les saldría más barato esperar a cremarlo que salvarlo.

Nadie sabía qué hacer. Sing, Ibe, Lao, Nadia, incluso el mismo Eiji consiguieron empleos terribles y exhaustivos para poder mantener vivo a Shorter. Akira se quedaba con el vecino, Mamiya, sin entender perfectamente qué pasaba.

El corazón de Ash se estrujó al enterarse que Eiji le daba ataques de ansiedad frecuentes debido a la culpa que cargaba por ocultar el secreto tanto tiempo. Dejó de comer, de dormir y su esguince empeoró por hacer mucho esfuerzo físico. Le decían que descansara pero él no escuchaba. Se autolesionaba como una forma de expiarse, quería luchar para que Shorter viviera.

Max y Charlie también tuvieron dificultades. Fueron varias veces que fueron amonestados por no prestar el servicio militar completo establecido. Tenían miedo a que los reubicaran, entonces solo podían estar con ellos en las noches, a escondidas, para no ser descubiertos.

Sumado a ello, estaba el tema de las cartas. Ellos enviaron cinco cartas a Ash y nunca fueron respondidas. Eso carcomió la cordura de todos, pensando que algo terrible había pasado.

El dinero escaceaba y Shorter no podía aguantar por mucho. Entonces, como medida desesperada, Nadia y Charlie se casaron en secreto. La china no especificó si ella estaba embaraza antes o después de contraer nupcias o si Charlie o los demás lo sabían, pero eso iba a ayudar a mandar a Nadia a Estados Unidos por derecho propio a ser esposa de un estadounidense. Charlie, en vez de ir con ella, dio su pasaje a Shorter.

Charlie avisó de antemano a su familia sobre los últimos meses viviendo en Japón y sobre Nadia. Sin embargo, ella no fue bien acogida con ellos. Solamente Nadia y Shorter estuvieron unos días viviendo con la familia de Charlie y los echaron a la calle.

Acusaron a Nadia de engatusar a Charlie, le recriminaron que ese bebé no era de él. Shorter protegió el nombre de su hermana pero la china no se defendió.

Sola, embarazada en un país extraño junto con Shorter enfermo y con poco dinero en sus bolsillos, ellos intentaron a buscar a Ash.

Sabían que habían arribado en el puerto de Nueva York, y por la dirección que tenían de la casa de Ash, Cape Cod estaba relativamente cerca.

No obstante, por haber vivido en las frías calles de Nueva York, Shorter recayó al punto que pensó que iba a morir en sus brazos ese momento. De suerte, Nadia comentó que había un niño afroamericano cerca. Al verlos, llamó a su hermano mayor y otras personas de color a auxiliarlos.

Ellos sabían que en un hospital público Shorter iba a morir. Entonces, lo mejor que les ocurrió era llevarlo con su gente: a Chinatown.

Ahí, les ayudó un excelso doctor de la Medicina Tradicional China, Yut Lung Lee.

Nadia no estaba segura si él les ayudó por piedad o para aprovecharse de ellos, pero durante su estadía con él, le avisó de lleno a Nadia que para Shorter ya era demasiado tarde. Si lo hubieran llevado antes con él, de seguro hubiera presentado una mejoría. Asimismo, el mismísimo doctor estaba sorprendido de lo lejos que ha llegado Shorter por su gran fuerza de voluntad. Lo único que podía hacer por él era darle calmantes y el mejor trato posible antes de que fuera.

Luego de contar todo a Ash y compañía, Nadia se dirigió a un teléfono público, con la autorización de Griffin, para saber si podían trasladar a Shorter a Cape Cod debido a que su embarazo era delicado luego de haberse expuesto más de un día buscando la casa y ellos no tenían dinero suficiente para el transporte.

Al principio Yut Lung no estaba convencido. Entonces Nadia le rogó, incluso se gastó las pocas monedas que tenía para que no se cortara la llamada. Al final, el chino accedió con un bufido, diciendo de por medio que su deuda a pagar se iba a incrementar por los gastos que presentaría en llevarlo hasta allá. Además, le advirtió a Nadia que él no se haría responsable si Shorter perecía durante el viaje.

Nadia aceptó sin vacilar.


Griffin encontró a Ash acostado sobre la cama. Al instante el castaño se angustió por el aura que desprendía su hermano: uno abatido.

Las luces permanecieron apagadas y no podía vislumbrar su rostro. Aún si pudiera, Griffin no sabría qué era lo que tenía en la mente su hermano.

Con el rechino de su sillas de ruedas, se dirigió hacia la Ash y de un salto con destreza hasta rebotar en la cama. Se arrastró al rubio y se percató que temblaba y sollozaba de forma queda.

Sin mediar palabras, Griffin lo abrazó por la espalda mientras procuraba consolarlo con sus caricias en su cabello dorado.

Esa noche, Griffin hizo una oración, una corta, al Santísimo para que hiciera su voluntad.


Durante mucho tiempo, Nadia había convivido con hombres. Cuando llegó a la casa de Ibe el único contacto femenino fue una niña. Estaba tan acostumbrada a estar con varones que cuando se enteró que Jessica dormiría con ella la intimidó levemente.

Nadia dio un respingo al momento que Jessica entró a la habitación. —El cuarto de Ash está listo. — pausó por unos segundos. —¿Tu hermano... vendrá mañana aquí?

La china asintió. —Así es... — musitó mientras tocaba su vientre.

Jessica suspiró. —De acuerdo.

Para la castaña, aún tenía presente lo contado por esa mujer que estaba enfrente de su nariz. Por ser enfermera, Jessica ha sabido de relatos terribles y también los ha visto en carne propia. En esos casos, ella debía de permanecer con el corazón de hielo. La compasión que sentía por los pacientes debía de exteriorizarse en el buen manejo de sus conocimientos de medicina y darles el mejor trato posible. No los conocía, así que era un poco más fácil sobrellevar el dolor.

Sin embargo, este caso era muy diferente. Conocía a las personas, estaba viviendo con ellos en esos instantes, y a pesar que no ha conocido a profundidad a Nadia, cree conocerla por las historias que Ash, Max y Griffin les ha contado.

Jessica se acercó a Nadia tras sentarse en la cama con ella. Con lo austera y franca que era, la castaña la observó fijamente. —¿Te violó?

La enfermera ha visto mil y un casos parecidos a los de Nadia. Cuando veían su embarazado, no irradiaban alegría o sus rostros no mostraban esperanza.

Nadia no ocultó su sorpresa. —¿El señor Charlie...? No... por supuesto que no. Él es mi marido...

—Aún dentro del matrimonio, si no lo conscientes, es violación —suspiró. —. Solamente quiero saber si tú quisiste ser madre... porque no tienes que hacerlo...

Nadia se mostró incómoda. No pudo mantener su mirada firme y frunció sus labios. —¿Y si fue... por dinero...es violación también?

Jessica ató los cabos sueltos de inmediato. No la juzgaba, su hermano estaba muriendo, y en un mundo tan cruel en que viven, chicas como Nadia harían lo posible para seguir luchando por su familia, si eso conllevaba a prostituirse. No obstante, Nadia no dejó en claro si fue Charlie u otra persona quien lo hizo. Tampoco la culpaba si se casó con el soldado solo por ocultar su embarazo forzoso o si él o alguien más sabía algo al respecto. Era claro que Charlie le ofreció protección y ella lo tomó sin chistar.

—Lo siento. — susurró con sinceridad. — Sé que no me conoces pero si necesitas algo, puedes decírmelo.

No quiso preguntarle más. Tampoco quería indagar más acerca de sus decisiones futuras en conservar el bebé o si estaba dispuesta en compartir su secreto a otra persona. Nadia no tenía la cabeza en pensar en ello y era obvio con tan solo verla.

Nadia aún no la veía. Solamente asintió y dejó caer su frente en la clavícula de Jessica. La estadounidense la abrazó mientras que la china lloró nuevamente.


Al día siguiente, todos estaban esperando a los chinos en la residencia pero nunca llegaron. Debido a que en la casa no había teléfono, Nadia fue al teléfono público junto con Ash, Jessica y Griffin a las cuatro y media de la tarde.

Al oír que contestaron el teléfono, Yut Lung dijo que tuvieron un contratiempo y estaba estabilizando a Shorter.

Pasó otro día, muy temprano en la mañana, tocaron la puerta. Todos se levantaron de golpe y fue Ash quien abrió la puerta.

Solamente estaba presente un chino de cabellera larga, hermosa y lisa, con expresiones taciturnas. Los estadounidenses lo confundieron con una dama hasta que pronunció sus primeras palabras.

Dijo que se llamaba Yut Lung Lee, y que se presentaba personalmente para darles un mensaje.

Luego, el paronaba cambio drásticamente.

Shorter no lo logró.

Él falleció a las trece horas con treinta minutos antes de que pudieran colocarlo en un auto propiedad de los Lees.

Nadia perdió el equilibrio. Ash y Jessica la sostuvieron antes que cayera. Entonces, Griffin notó que el cuerpo de Ash tembló.

—Dr. Lee... ¿por qué no entra por un momento...? — sugirió Griffin, aturdido.

Yut Lung aceptó sin vacilar.

Jessica y Ash acomodaron a Nadia en el sofá. Ella estaba pálido y en completo shock.

En cambio Ash, se estaba aguantando en no estallar sus emociones.

Yut Lung los observó con detenimiento. —No pienso quedarme mucho tiempo. — él detestaba inmiscuirse en el duelo de los familiares y amigos de sus pacientes fallecidos.

—Solamente quiero preguntar... ¿él... se fue en...paz? —preguntó Griffin, tratando de no sonar insensible.

Nadia y Ash posaron sus ojos en el chino, penetrándolo con la amargura de sus miradas.

Yut Lung suspiró. Se sintió muy incómodo. —Shorter... fue un paciente muy particular... —sonrió con tristeza. — A pesar que estaba falleciendo, nunca perdió la buena actitud... —murmuró entre dientes en mandarín Yut Lung a manera que Nadia no lo escuchara. — Era un idiota feliz...

Griffin asintió. — Ya veo...

—Sus últimas palabras fueron... — captó la atención de todos. — "Me siento cansado." — cerró sus ojos.

De inmediato, Nadia dio el grito al cielo. Lloró con ímpetu, exteriorizando su agonía contenida. Ash le tembló la quijada y la abrazó fuertemente, ya no conteniendo sus lágrimas.

Jessica los vio con su corazón estrujado y luego dirigió su mirada a Griffin y a Yut Lung.

Los llantos eran tan estremecedores que Griffin tuvo dificultad de pensar con claridad.

—¿Podría hablar con usted... a solas? — preguntó Griffin al chino.

Yut Lung bajó su mirada a la silla de ruedas del estadounidense. La seriedad posiblemente aceptó mientras sus ojos escaneaban la forma en cómo Griffin se movilizaba con sus fuertes brazos aún faltando sus piernas.

Jessica los vios marcharse y encerrarse a la habitación de Griffin. Luego, ella fue contagiada por la desgracias de Ash y Nadia al punto que empezó a sollozar suavemente desde su lugar.

Por otro lado, Griffin cerró la habitación y suspiró sonoramente. —Sé que quiere marcharse pero necesito saber una cosa.

Yut Lung trató de sentirse irritado. —¿Qué?

—¿Dónde está cuerpo?

Frunció su ceño. —Lo tuve que cremar antes que infectara mi clínica.

Griffin lo observó estoicamente. —¿No lo trae con usted?

Yut Lung peinó sus cabellos con sus dedos. —No — nunca apartó la mirada. —. No soy un desalmado, puse de mi bolsillo para cremarlo —exhaló. —. También tengo que sobrevivir, ¿sabe?

El castaño lo entendió inmediatamente. —¿Cuánto?

—Veinticinco dólares.

Jadeó. —¡¿Cómo?!

—Y eso que la deuda de Nadia es más alta; la medicina amplicada en su hermano llegó desde China, sumando a su estadía en una de las habitaciones y cuidados extras y hospedaje para ella y chequeo regular en su embarazo.

Griffin lo vio incrédulo pero no vaciló. Con movimientos rápidos que el mismísimo Yut Lung se sorprendió por lo ágil era al movilizarse por un camino estrecho, el castaño abrió una gaveta y, entre la ropa y demás telas, sacó una bolsa de tela, llena de monedas, sus ahorros de vida. Habían de un centavo hasta de cincuenta centavos.

Griffin comenzó a contar en silencio. Al final, él tenía solo diez dólares en total.

—Te daré el resto cuando lo tenga — explicó el soldado. — . Solo acepta esto...

Yut Lung estaba ensimismado ante Griffin. Era raro ver acciones como esa. —¿Estás pagando la deuda? ¿Por qué? No los conoces, ni has convivido con ellos.

Griffin sonrió cálidamente. Por las palabras del chino, supuso que él sabía la historia de ellos en Japón. —Ni aún con todo el dinero del mundo, no puedo mostrar mis agradecimientos ante ellos por cuidar de Aslan... —suspiró entrecortado. — Si esto ayuda, tómelo por favor.

El rostro de Yut Lung era difícil de describir para los ojos de Griffin. Parpadeó varias veces y costó que saliera de su estupefacción. Estuvo reflexionando por unos minutos hasta recuperar en sus facciones la seriedad. — Colóquelo en la bolsa nuevamente —sus ojos rasgados se entrecerraron. —. Considere la deuda saldada.

Griffin casi deja caer su quijada. — ¿Qué...?

—Hágalo antes que cambie de opinión —expectó el chino, alzando la voz. El castaño rápidamente guardó el dinero y se lo dio. La bolsa fue arrebatado de sus manos, haciendo que sobresaltara. —. Mañana enviaré a uno de mis hombres a dejar los restos de Shorter.

Sin más, Yut Lung se dio media vuelta y abrió la puerta, ignorando los alaridos de Griffin. De inmediato la habitación se inundó de los sollozos de Ash y Nadia que en un ningún momento disminuyeron su volumen.

Jessica giró su cabeza al ver la andanza apresurada del chino hacia ella.

—Shorter pidió que le escribiera una carta luego que su hermana se fuera a buscarlos. —susurró en su oído.

La fémina jadeó. —¿Qué?

Yut Lung le pasó el sobre contenido de el dichoso papel mencionada a escondidas, como si no hubiera querido que Nadia o Ash lo viera. —De ahora en adelante, ya no me responsabilizo todo lo relacionado con ustedes — suspiró. — . Con su permiso.

Yut Lung da un vistazo por última vez a Nadia y luego a Ash. Ellos evitaron verlo, estaban sumidos en su tristeza que no notaron la presencia del chino.

En un abrir y cerrar de ojos, Yut Lung salió corriendo de la casa y después paró en seco. Deslizó una de sus manos sobre su rostro y su máscara gélida se cayó de inmediato, mostrando lo compungido de sus facciones.

—Fuiste muy suertudo, Shorter... tener gente pendiente de ti como una piedra en el zapato y que te lloren por tu partida... —tragó saliva. — Es una lástima que no tenías salvación.

Y Shorter supo perfectamente eso, aún así la sonrisa dibujada en su rostro al morir estaba grabada en la memoria de Yut Lung.

Después de contemplar el horizonte, Yut Lung se subió a su automóvil y se marchó.


Ash no estaba listo, tal vez nunca lo estaría. No estaba preparado para que sus oídos escucharan la carta de un postmorten, de su amigo Shorter.

Tuvo que tomar tranquilizantes por la agitación de su cuerpo que tardó casi todo el día. Su cabeza dolía y sentía sus ojos pesados por haber llorado con agonía.

Desde hace dos días se estuvo preparando mentalmente sobre la partida de Shorter pero jamás se imaginó que iba ser tan pronto.

Todo estaba yendo de mal a peor.

Nadia tuvo que ser sedada por Jessica para que los nervios no afectara al bebé. Ella estaba ligeramente anestesiada pero aún estaba al tanto de sus alrededores.

Griffin los veía con tristeza y por primera vez no sabía qué decir. Las palabras de aliento salían de su boca de manera forzada, así que permaneció callado.

Jessica por su parte, intentó que todo eso no le tocara. Por supuesto que lloró pero ahora Ash y Nadia necesitaban apoyo moral.

Todos estaban reunidos en la sala de estar. Ash abrazó a Nadia y sus manos estaban entrelazadas al momento que Jessica dijo que iba a abrir el sobre.

En la sala había una mesita con papel higiénico y un basurero para las futuras lágrimas y mocos. También había agua y calmantes por cualquier arranque emocional.

—La abriré. — avisó Jessica ante las miradas ansiosas de los demás.

Entonces, Jessica leyó con voz calmada la letra hermosa de Yut Lung:

Para mis amigos, Nadia y presentes:

¡Saludos! ¿Pueden creer que este doctor me quiere cobrar por escribir esta carta? Y sí, le obligue a escribir eso.

Ha decir verdad, jamás me imaginé estar en Estados Unidos, es más, nunca me imaginé a vivir tanto. Desde el genocidio que viví con Nadia, Sing y Lao en China, los eventos en Japón y toda esta travesía en mis últimos días de vida, me hacen sentir abrazar lo que me queda.

No se enojen con Eiji por no decir nada. Abogó por él, Eiji ayudó con lo que pudo. Tuvo que lidiar con una separación que nadie había pensado, con su propia salud y el bienestar de los demás. Cuando me di cuenta que empecé a enfermar, sabía que era mi final. Nunca quise que gastaran por mí causa pero nunca encontré las palabras para expresarlo. Habían cosas más importantes que atender que a mi persona.

Las cosas son como son. A pesar que quise cambiarlas, no pude. Nadie pudo. Solamente sucedieron. Por favor, no se culpen entre ustedes, fue mi decisión en rendirme.

Lo que lamento es no poder acompañarlos en su diario vivir. Ya no podré molestar al gringo junto con Sing y Eiji; no podré pasar las tardes en silencio con Lao; no podré ver el estudio de fotografía de Ibe o ver crecer y jugar a Akira con mi sobrina (¡Sí! ¡Yo sé que será niña!) y tampoco podré hablar con el buen Max o conocer a Griffin o Jessica que tanto hablaba.

Nadia, lo lamento. Sé que te esforzaste mucho en mantenerme con vida. Estos últimos meses contigo me hizo recordar nuestra niñez en China. Te amo, como no tienes idea. Lamento en causarte muchas penas. Mi corazón se destroza en saber que estarás sin mí. Fuiste la hermana ideal, incluso la madre de todos. Te deseo lo mejor en tu matrimonio con Charlie. Será difícil pero eres una persona fuerte, confío en ti. Tienes personas maravillosas respaldándote.

Ash, siempre te he apoyado y lo haré hasta mi último aliento. Como te dije la última vez que hable contigo en las montañas, yo también hubiera huido. Eres un líder nato, cuida de todos. No te rindas ante tus demonios internos. No lo hagas, por favor. Nunca supe exactamente lo que atormentaba y no me enoja que nunca te hayas abierto con nosotros, solo con Eiji. Estaba feliz que al menos con él, podías apaciguar tu dolor. Eres como mi hermano, te aprecio mucho, gringo.

Eiji, eres increíble. Siempre diste todo de ti para unirnos, aún sabiendo nuestras diferencias. Por siempre estaré agradecido por lo que has hecho. Lo hiciste, somos tu familia. No pienses que es tu culpa, debes seguir adelante. Hay aún personas que necesitan de ti. Nunca te rindas. Gracias por nunca renunciar a mí aun cuando te lo pedí que lo hicieras. Gracias a ti, toda esta historia empezó. Fue agridulce pero no hubiera podido pedir una vida mejor.

Sing, desde que tengo memoria, la primera vez que te me viste, te pegaste a mi como una garrapata y extrañamente no me molestó. Aún eres joven pero sé que algún día crecerás grande y fuerte. Siempre quisiste ayudar y es una de tus virtudes. No cambies, tienes un corazón de oro. 

Lao, nuestras intenciones al principio fueron tensas. Muy tensas. Todavía me sorprende tu progreso como persona. Nunca tuviste pelos en la lengua en seguir tu camino. Espero que sigas con ellos y toleres las diferencias. Ellos te necesitan.

Akira, no sé si con el tiempo recordarás al tío Shorter pero fuiste una niña extraordinaria. Eras muy dulce y una compañera dispuesta a molestar a los demás. Sé que tu futuro será brillante, sé que crecerás como una fina mujer. Amé siempre tu compañía.

Ibe, fuiste un ángel caído del cielo. Lo estoy diciendo de buena manera, no que seas un demonio. Aún sin conocernos, nos acogiste en tu hogar y te aseguraste que nunca nos faltara nada. No lo pude decir en su momento pero lamento lo de Hiroshima, por tus amigos... por Eiko. Aún con todo ese dolor encima, seguiste adelante. Te admiro mucho. Jamás creí que me cayeras tan bien. Eres un buen hombre.

Max, te conocí por poco tiempo y la verdad es que puedo decir que fuiste un gran apoyo para todos. Siempre te mantuviste fuerte ante todo. Por favor, cuídalos. Por cierto, gracias por el sake. Nos emborrachamos delicioso.

Fue bueno mientras duró. Si se sienten tristes, solo vean la fotografía grupal de aquél día, cuando eramos felices en medio de la tragedia. Espero que, en un futuro no muy lejano, todos estén juntos otra vez.

Con mucho aprecio, Shorter Wong.

Jessica suspiró al terminar. Notó que habían lágrimas secas que difuminaron la tinta de la escritura. Era claro que Yut Lung lloró un poco al escribirlo.

Cuando alzó la mirada, Jessica se conmovió por la imagen presentada. Ash y Nadia lloraban abrazados con Griffin. Por su parte, el castaño respiró de manera irregular con ojos cristalinos.

—La conservaré... —dijo Nadia en mandarín y entre lágrimas cuando bajó su mirada a su vientre. — Lo prometo, Shorter.

Jessica exhaló, angustiada. Sabía que debía ahorrar para buscar un marco para esa fotografía mencionada en la carta.


Ash caminaba en las calles cuatro días después de que un asistente del doctor Lee entregara la urna con los restos de Shorter. Fue difícil para Nadia y él verlo. Shorter estaba en una mesa en la sala de estar con la fotografía grupal detrás.

Ash le dio un poco de dinero ahorrado a Nadia para que le escribiera a Charlie y él le escribió a Ibe una larga carta sobre lo sucedido, sobre sus sentimientos y disculpas.

El dinero escaseaba y ya estaba haciendo notar. Ahora con Nadia esperando un bebé, los gastos se incrementaron al tope. Aún así, nunca ha sido una opción a echarla a la calle como lo hizo la familia de su esposo.

Por las palabras de Shorter, Ash decidió en no vender su cuerpo nunca más. Aún si estaban en la ruina, se prometió así mismo en no hacerlo nunca más. Por él, por su familia, amigos y Eiji.

El japonés junto con Max pronto llegarían. No le iba a extrañar en verlos un día tocando la puerta. No obstante, Ash necesitaba trabajar. Dentro de poco habrá otras tres bocas que alimentar, junto con los cuidados especiales que necesitarán Nadia, Eiji, Griffin y el bebé.

Por tanto peso en sus hombros, Ash no ha tenido tiempo en estar en duelo por Shorter. Todo parecía ser irreal, pasó tan rápido que no ha podido asimilarlo del todo. A veces, cree que un día el chino abrirá la puerta de la casa y comenzará a dar su característica risa.

Pero ya no más... Shorter realmente se fue para siempre.

Ash se ha preguntado qué hubiera pasado si lo hubiera notado antes, sobre la enfermedad de Shorter. ¿Habrá cambiado algo? ¿Ir todos juntos a Estados Unidos era la mejor opción para todos?

—¿Acaso Dios... no me escuchó...?

El rubio sacudió su cabeza. No debía pensar en ello. Tomó una decisión y quién sabe más que Dios que hubiera pasado si todos hubieran emigrado a Estados Unidos. Él no sabía que Griffin estaba vivo, tampoco si la casa en Cape Cod estaba de pie. Hubieran estado vagando por las calles, con niños a su lado, y posiblemente no solo Shorter se hubiera enfermado.

Ahora lo más importante era conseguir empleo. Sin embargo, hoy fue un día infructuoso para Ash. Se les estaban cerrando las puertas.

—Eiji...— murmuró con pesadez. Le hacía tanta falta.

El rubio estaba tan metido dentro de sus pensamientos que no notó que Cain y otro niño le pasaron de largo. El afroamericano se percató de su presencia y dio un respingo. —Hey... ¡Hey!

Ash se detuvo y giró su rostro. No ocultó su sorpresa al verlo de nuevo debido a que su semblante ya no era melancólico sino alegre. —Tú eres... Cain.

El aludido saludó cordialmente. Pudo notar que Ash estaba decaído y muy triste. Un sentimiento de pena revolvió en las entrañas de Cain.

El niño dio unos pasos hacia atrás. —¿Quién es él...? — susurró a Cain al tenerle miedo a un blanco.

El corazón del rubio se estrujó un poco debido a la reacción del niño afroamericano.

—Skipper, te hablé sobre él... — musitó. — El demonio blanco.

—¡¿Es él?! — ahora Ash estaba confundido de que el niño lo viera con ojos llenos de luz. —¡Dios, chico, eres leyenda en los suburbios!

Ash parpadeó. —¿Lo soy?

—¡¡Sí!! ¡Los que estaban presentes narran en como mandaste a volar a la mierda con tus puños a siete blancos en menos de un minuto! ¡¡Nunca tuvieron oportunidad en tocarte un pelo!! — Skipper frunció el ceño. — Pero... yo te imaginaba como Popeye.

Era bueno saber que no había nadie más en la calle más que ellos porque Cain y Ash rieron. Rápidamente Cain notó el cambio de semblante del rubio.

Skipper sonrió ampliamente. —Me agradas, eres el único blanco que no nos has visto con desprecio.

—Entonces soy un blanco con desperfectos. — replicó Ash en forma de broma.

—¡Pero si así estás bien! —recalcó Skipper, con inocencia.

Ash sonrió. —¿Al final te reubicaron en el trabajo, Cain? —cambió el tema.

Cain ladeó su cabeza. —Sí, en una gasolinera en Queens donde te comenté... estoy por Cape Cod solo de visita — entrecerró sus ojos. —. Por cierto, me han comentado que despidieron gente del área de carbón el día del altercado...

—Pues sí... — forzó una sonrisa mientras se rascó la nuca. — Despidieron a todos.

—¡¿Qué?! — Cain abrió grandemente sus ojos. —¿A ti... también?

Ash asintió.

Skipper jadeó. —¡¿Pero estás bien ahora?!

El rubio torció sus labios. Eso fue suficiente para ambos hermanos en adivinar la respuesta de Ash.

—Ya ha pasado tiempo desde esa pelea... —agregó Cain. —¿No te han dado alguna oferta en algún lado?

Ash comenzó a sentirse frustrado. —El chisme vuela. Nadie quiere contratar a alguien cuyo expediente tenga un despido por posiblemente armado un alboroto por defender... a otro de color...

El silencio reinó por unos instantes.

—Oye, no estoy diciendo que fue tu culpa, Cain... yo lo hice porque quise...

—No, esto no se queda así — comentó con voz grave. — Así como tú me ayudaste, yo también lo haré.

Skipper observó como el rostro de Ash se iluminó ligeramente.

Ash se quedó sin palabras. De tanta desgracias que le ha pasado durante estos últimos meses que la compasión de Cain entibió su corazón.

—Supe que el viejo Tom Parnwell estaba buscando a alguien que fuera su propio ábaco humana — sus ojos se enfocaron en Ash. —Es un blanco cascarrabias pero respeta el buen talento.

—¿El ingeniero Parnwell? —preguntó Cain. — ¿Cómo sabes que está contratando? Él no tolera a los afroamericanos.

—Lo sé, pero pasé por su oficina y lo escuché gritando a todo pulmón lo inútil que era su asistente mientras lo golpeaba con su bastón por no hacer bien una operación. — explicó. — ¡Tú podrías preguntar si aún está vacante el puesto! ¡Cain me dijo que eres muy bueno con los números!

Ash rechinó suavemente sus dientes. —Pero no tengo título... o estudios.

—¡Conozco a alguien que lo puede falsificar! — explicó Skipper con alegría.

—¡Skipper! — regañó Cain.

Ash rió débilmente; su moral estaba por los suelos y su estado mental estaba frágil pero, ¿qué podía perder? — ¿Podrías enseñarme dónde queda el lugar?

Cain sonrió ampliamente. —Esa es la actitud.

Skipper jaló el brazo de Ash con mucha confianza, dejando detrás a su propio hermano. —Sé que lo harás muy bien, ya lo verás. ¡De lo contrario, sé de amigos que te puedan ayudar a obligarlo a que te dén trabajo!

Cain suspiró. Esa confianza que desborda su hermano no se la da a cualquiera. Él aún era muy joven pero podía distinguir quien era de fiar y no. Dicho hecho calmó un poco su ser al estar consciente que Ash era una persona única.

—¿Si vas a la escuela, verdad Skipper? — preguntó Cain como un chiste a medias.


—¡Por aquí, Cain!

—Shh... no grites — resaltó Cain. —. Siento que esto es una mala idea.

Ambos estaban escondidos en unos matorrales a dos metros de la casa de Ash, observando fijamente como él abría la puerta con ímpetu. Aún cuando el rubio cerró la puerta de golpe, se podía escuchar sus palabras y ver a través de la enorme ventana.

—Quiero ver sus reacciones cuando sepan que el viejo Parnwell le dio trabajo a Aslan — dijo Skipper con emoción. —. Aun no puedo creer el rostro del viejo cuando presenció que Aslan resolvió problemas de física fundamental de Universidad. ¡Deberían de pagarle el doble!

A pesar que ellos lo vieron de lejos tras no tener acceso al edificio, fueron testigos de los alaridos topados de sorpresa del Ingeniero. Incluso Skipper bromeó sobre un posible paro cardíaco y ubicó rápidamente un teléfono público.

Ahora el gran miedo de Cain era permanecer a escondidas en las calles residenciales de gente blanca. Si los descubren, sería fatal.

No obstante, los gritos provenientes de la casa en cuestión se hicieron notar. Skipper y Cain vieron como una mujer de cabello castaño abrazó fuertemente a Ash. Luego de unos cuantos minutos apareció por la ventana un hombre de sillas de ruedas, siendo empujado suavemente por una mujer asiática y con avanzado embarazo.

Tras verla, Cain jadeó. —Espera... Skipper, ¿ella no es...?

El aludido palideció. —¡Sí, es ella! ¡La china que ayudamos ese día!

Ambos hermanos se vieron las caras, desconcertados mientras que Ash comenzó a rodear sus brazos en aquel hombre y mujer. Todos ellos estaban llorando y celebrando a todo pulmón.

Cain no sabía como explicarlo bien, pero la primera vez que vio a la china, con su rostro miserable, claramente agotada junto con otro chino a punto de desfallecer, luego que Skipper lo llamara del trabajo para auxiliarlos; si hubiera sido el Cain de antes, muy probable no los hubiera ayudado. Ambos asiáticos se veían como unas personas vagas y rastreras.

Sin embargo, desde esa vez que Ash lo ayudó cuando más necesitaba el amparo de alguien, su perspectiva sobre el mundo mutó.

—¿Qué crees que le sucedió... al chino que estaba con ella...? — preguntó Skipper con miedo al recordar lo fatal que se veía esa persona.

Cain sonrió débilmente. —Si es amigo de Aslan, él está bien, Skipper. Debe estar descansando en alguna parte de la casa.

Eso calmó los nervios de su hermano. — Tienes razón — curvó sus labios hacia arriba. —. Me alegra haber conocido un blanco como él.

No obstante, aún estando lejos, Cain todavía percibía dentro de la casa, en especial en Ash y Nadia, un aura de desolación.

Quizá era cosa del propio Cain.

—Yo también, bro, yo también...

Ambos hermanos sonrieron ampliamente y se fueron del lugar.


Septiembre 1946

La puerta se abrió lentamente un día sábado por la mañana luego de ser quitado el seguro.

Ash levantó sus párpados de golpe. Griffin y él dormían en su habitación y Nadia y Jessica en la habitación de él. Nadie estaba despierto.

Temiendo que fuera un ladrón, Ash sacó el rifle debajo de la cama de Griffin y salió a paso callado para no alterar a su hermano, quien aún dormía plácidamente.

Solamente caminó unos pasos y su cuerpo se estremeció al observar la silueta de dos hombres.

—¿Ash...?

Ash dejó caer el rifle de sus manos.

—¡¡Oye, eso es peligro!! — regañó el otro hombre. —¡¡Menos mal que tenía seguro!!

Sin embargo, el rubio no tenía oídos para escuchar, toda su atención estaba enfocada en aquel japonés frente a sus ojos.

—E-Eiji... —Ash sintió sus ojos cristalizarse.

El aludido tenía el pelo más largo, por los hombros, levantado con una coleta. Llevaba consigo un bastón y su esguince estaba peor desde la última vez que lo vio. Su pierna había perdido masa muscular y su pie poseía una posición retorcida y extraña. Definitivamente Eiji ya no podía mover su tobillo.

Pero aún así, Ash pensó que estaba viendo ella ser más angelical.

Ash corrió con todas sus fuerzas y no tardó mucho en llegar a Eiji. El japonés sabiendo las intenciones del rubio, abrió sus brazos ante la espera del estadounidense y los cerró fuertemente cuando sintió el extrañado calor corporal de Ash.

Ash alzó a Eiji, levantándolo del suelo mientras ambos sollozaron.

—A-A-Ash...

El rubio se había quedado sin palabras. Con miedo a que fuera un sueño, Ash permaneció abrazado por un largo rato más, empapando las ropas de Eiji. El tiempo de espera se redujo en alivio prematuro para ambos. Los problemas yacían aún en las penurias de sus mentes. Después, lo enfrentarán. Por el momento, estaban hambrientos por la falta de cariño que han tenido entre ellos.

Max se limitó a rodar sus ojos con una sonrisa en su rostro. Se habían olvidado completamente de él.

—¡¡Dios mío!!

Max dio un respingo al ver a Jessica, todavía teniendo problemas en amarrar la cinta de la bata por haber llevado la silla de ruedas con Griffin. También estaba Nadia parada, con sus ojos grandemente abiertos.

Él exhaló al ver a Nadia preñada.

Eiji se separó de Ash con una sonrisa amplia en su rostro que pronto desaparecería. Tuvo la misma reacción de Max tras ver a la china.

Jessica detuvo todo proceso en su mente en correr a abrazar a Max.

Por su parte, sintiendo todas las miradas en ella, la china palpó su vientre. Griffin y Ash observaron lo desconcertado que estaban los recién llegados.

—Nadia... tú... — Eiji iba a acortar la distancia hacia ella pero abruptamente fue detenido por las manos acaparadoras de Max en sus hombros.

—Hey, no debes de caminar.

La tensión recayó en el hogar.

Ella solamente cerró sus ojos.

Entonces, Eiji jadeó. —¡Shorter! ¡¿Dónde está?! —alzó la voz mientras vio a todos en sus rostros.

El silencio mató la esperanza de Eiji, en especial cuando se percató que Nadia derramó lágrimas aun con sus ojos cerrados.

Max resopló completamente destrozado. —Mierda...

Eiji sintió una presión enorme en su pecho, obstruyendo la circulación del aire. Anonadado, el japonés lloriqueó con voz aguda tras girar su cabeza hacia un mueble cercano a él. Vislumbró una urna y la fotografía en blanco y negro muy familiar.

Inesperadamente, Eiji se desmayó.

Los gritos llamando su nombre colmaron la casa.


Ash pidió a Max que acostara a Eiji en su habitación. Asimismo, solicitó a los demás que los dejaran solos debido a que necesitaba hablar con él.

Max y Nadia entendieron de inmediato el dolor de Ash y querer compartirlo con el japonés, mas Jessica y Griffin no.

Max leyó la carta que Shorter escribió. Emocionalmente se desmoronó, Jessica y Griffin lo confortaron y poco tiempo después hicieron lo mismo con Nadia.

Eiji no se despertó hasta el día siguiente. Estaba malnutrido y débil. Aún así, Ash permaneció a su lado. El rubio durmió un poco tras querer estar pendiente cuando Eiji despertara.

Ash estaba sentado en la cama y peinaba los cabellos largos y lacios de Eiji mientras que él debatía si abrir sus ojos o no tras entrar y salir de la inconsciencia por ratos.

Cuando por fin pudo abrir los párpados, Ash no se inmutó. Esperaba a que Eiji lo viera con ojos apagados, y así fue.

—A-Ash...

El aludido intentó poner una buena cara. —Aquí estoy, Eiji. — dijo mientras tomaba su mano.

Lo observó compungido. —¿Por qué... por qué sucedió todo esto... tan rápido...? — Eiji no detuvo sus lágrimas. — Fue... fue mi culpa... Nadia está... — sollozó con ímpetu. — ¡¡Shorter!!

Ash lo obligó a sentarse y lo abrazó. De igual manera, él lloró junto con Eiji. — ¡¡Nada de esto estaba en tus manos, Eiji!! — hipó. — ¡No busquemos culpables...! ¡No los hay!

Eiji pudo saborear sus lágrimas y mucosidad. Su propio corazón se constriñó ante el corrosivo dolor de la pérdida e impotencia que sentía.

El japonés no pudo pensar sobre Griffin, la futura esposa de Max o el nuevo entorno que habitaría por un largo periodo. Estaba tan triste que sentía miserable tras repetir sin cesar el nombre de Ash entre sus balbuceos, como si eso regresaría el tiempo cuando no había pena ni sufrimiento aparente.

Ambos lloraron por un largo rato hasta que ya no quedaron lágrimas, solo jadeos hiperventilados.

Ash acarició la espalda de Eiji al notar que se había calmado un poco. Luego, apartó las hebras quede cubrían su frente y depositó un cálido beso.

—Shorter... escribió una carta para todos nosotros... — pausó al sentir a Eiji tensó en sus brazos. — Son sus últimas palabras.

Eiji jadeó. —Shorter...— varias lágrimas se derramaron. —¿Ibe-san y los demás... lo saben?

—Nadia les escribió poco después de su... fallecimiento... posiblemente ya se enteraron.

Eiji y Ash querían saber que pasó durante la ausencia de cada uno en sus vidas, querían compartir los relatos de lo bueno y lo malo y revivir el amor que estaba adormitado en sus adentros.

Sin embargo, todavía estaban muy adoloridos. Así que decidieron postergar todo y vivir su duelo.

—Desde que Shorter enfermó, todos decidieron en enviarme contigo a Estados Unidos... porque tenían miedo que pasara algo similar conmigo por mi esguince.

Eiji cerró sus ojos al sentir que Ash besó su pelo azabache. Cómo añoraba esos momentos íntimos con Ash pero sentía que estaba siendo egoísta por la situación que se estaban atravesando.

—¿Cómo están los demás?

Eiji tragó saliva. —Akira dice que te odia por lo que hiciste... pero solamente está triste.

Ash sintió un nudo en la garganta. —Dios... — sintió que lloraría otra vez.

—Ibe-san piensa ir a Estados Unidos con Akira cuando pueda... — suspiró. — Lao estableció que no iría... Sing... Sing aún no sabe qué hacer...

Ash dejó fluir su desconsuelo. Nada iba ser igual como antes.

—Los extrañé... — su quijada tembló y vio fijamente a los ojos rasgados. — Lo siento... lo siento...

El corazón de Eiji se rompió en mil pedazos. — Ellos... no te culpan, Ash... también te extrañan...

Ash no pudo aguantar más. Jaló a Eiji más a su cuerpo y besó sus labios con fuerza. El japonés le correspondió torpemente mientras que saliva, lágrimas y aflicciones se mezclaban entre sí.

— Te extrañé... Eiji... — murmuró Ash, con ojos llorosos.

Eiji exhaló acojonado. — Yo también... Ash...

Con más tristeza que antes, volvieron a juntar sus labios.