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Ash despertó cuando los primeros rayos de sol alumbran a través de sus párpados. Lo primero que sus ojos observaron fue el semblante relajado de Eiji al lado suyo. Aún estaba dormido plácidamente. La mirada de Ash se suavizó cuando se percató que Eiji estaba ligeramente sonrojado.

Ash cerró fuertemente sus ojos antes de levantarse y salir a la playa. Quería despejar su mente por la disputa que tuvo con Lao la noche anterior.

Sin embargo, lo que no estaba en sus planes era encontrarse a Shorter sentado en la orilla del mar, contemplando las olas en el amanecer.

La culpa invadió el alma de Ash. Aún no ha tenido la oportunidad de aclararle las cosas con Shorter y odiaba admitir que todo lo sucedido fue su culpa. Él era un amigo leal y lo que le hizo lo avergonzada.

Sin mediar palabra alguna, Ash se sentó a la par de Shorter en silencio. Shorter, al darse cuenta de su presencia, siguió sus movimientos con sus ojos, llenos de expectativa.

Antes de hablar, Ash suspiró hondamente. Sus ojos estaban enfocados en el amanecer.

—Shorter, yo... anoche yo...—Ash gruñó. Detestaba que estaba tartamudeando.— Lo siento.

Ash esperó una cruel réplica.

Shorter lo observó serenamente. Luego de escuchar esas palabras, le sonrió a Ash de oreja a oreja.

— No te preocupes, hombre.— le dio una palmada fuerte en la espalda. Ash casi cae de boca por el impulso.— ¡Sin rencores!

— ¿Qué?— dijo Ash estupefacto. La voz de Shorter sonaba amigable. No era precisamente la forma que esperaba ser tratado. — ¿Cómo me puedes perdonar tan fácilmente?

La sonrisa de Shorter desapareció casi de inmediato. Aún tenía fresca la imagen del rostro angustiado de Ash, llena de lágrimas y con gotas de sudor deslizándose sobre su piel.

— Yo sé que esta guerra puede dañar a cualquiera. Incluso al más fuerte. — Sus ojos se despegaron con los de Ash. — No me puedo imaginar qué horrores has podido ver siendo tú un soldado...

Ash se quedó sin aliento. Al igual que Eiji, no le estaba juzgando.

— Shorter...

— ¡Además! Yo sé que nunca nos lastimarías. — El chino rió levemente. — Eres nuestro amigo.

Ash sintió un escalofrío recorrió en su espalda. Su corazón palpitó más rápido al sentirse conmovido. Era una emoción que no estaba acostumbrado a sentir. El miedo, rencor, animosidad y apatía eran comunes en su vida diaria en Estados Unidos después que su hermano Griffin fue a la guerra.

Esa calidez que llenaba su alma era extraña para su cuerpo pero no le desagrada; la añoraba. Sentía que era ese niño otra vez que estaba sobre el seno de su familia cuando estaba integrada. 

La culpa que le carcomía se estaba desvaneciendo.

— Shorter, yo no... yo no sé qué decirte.— Ash sintió que iba a llorar en ese momento.

— Solo di que vas a hacer mis tareas domesticas por siempre.

Ash bufó mientras frunció el ceño.

— Sigue soñando.— Ash sonrió de lado.

Shorter empezó a picarlo con su dedo.

— ¡Vamos gringo, así estamos a mano!

Ambos rieron por cómo la conversación se tornó estúpida. Las risas duraron lo suficiente hasta que Eiji las pudiera escuchar al momento de acercarse a ellos a paso lento.

— ¿De qué ríen? — preguntó Eiji somnoliento.

— ¡Oh! ¡Eiji!— Shorter exclamó con entusiasmo. — ¡Vaya, que cara la que tienes! Fuiste el último en despertar.

Ash frunció levemente su ceño. Eiji aún se veía cansado.

— ¿En serio?— Murmuró.

— Sí, los demás están viendo si hay pescado en la trampa.

Ash rápidamente se percató que Shorter trataba de actuar naturalmente, como si la disputa de anoche no hubiese pasado. Al parecer, Eiji también le siguió la corriente.

Eiji observó a Ash por unos instantes. Tras verlo tranquilo, el japonés suspiró.

— ¿No sería bueno ir para allá? — Ash sugirió. — No creo que puedan cargar con tantos pescados.

—Pff... Sing está con Nadia. Si quiere tener músculos debe de soportar con la carga.— Shorter sonrió. Estaba siendo ignorado por los otros dos.

Ash se puso de pie y se acercó a Eiji. Ambos se sonrieron y empezaron a caminar.

— ¿Será que Shorter no querrá ir allá por pereza? — dijo Eiji.

— Es lo más probable.— contestó Ash.

Shorter jadeó. Otra vez presenciaba esas raras interacciones entre Ash y Eiji que, al estar juntos, se desconectaba de todo.

— ¡Hey! ¡No me ignoren!

El chino corrió hacia ellos hasta alcanzarlos. Ash y Eiji hicieron una mueca de satisfacción al notar que Shorter estaba cerca de ellos.

— Sucumbió ante la presión de grupo. — Ash rió.

Eiji dio una risita.— Realmente funcionó.

— ¿Qué?— Shorter jadeó fuertemente sus palabras. — ¡Eso fue cruel!

— Nah, no seas holgazán. Tu barriga crecerá. — dijo Ash. — Y te van a confundir con Buda. Ya ni cabellos tienes en la cabeza.

Eiji observó incrédulo a Ash mientras se aguantaba de la risa.

— ¡Eres un maldito! — Maltrato Shorter en chino.

Los tres no caminaron mucho. No tardaron en visualizar a Sing y a Nadia cerca de la trampa de pescar. El ambiente no era agradable.

Sing estaba con su ceño fruncido mientras que Nadia mostraba un rostro preocupado.

— ¿Qué pasa? — preguntó Eiji.

Nadia observó a Eiji directamente a los ojos.: — Alguien sacó el jarrón del agujero y lo quebró.

Ash y Shorter se sorprendieron. Por las palabras de Nadia, se dieron cuenta que la arena había fragmentos del jarrón y unos cuantos pescados tirados. En la superficie de la arena había trazos de pies pequeños y de manos. Por la forma en como estaban marcadas, parecía que alguien arrastró el jarrón, lo rompió y tomó la mayor cantidad de pescados que pudo. No estaban los kimonos por ninguna parte.

Ash contempló que Eiji estaba paralizado ante la escena. Rápidamente Ash comprendió que Eiji estaba devastado, no sólo porque ultrajaron las pertenencias de su familia de esa manera, sino que ahora ya no tenía una fuente de alimentos.

El soldado se acercó a él, colocó su mano sobre su hombro y lo apretó suavemente. Eso ayudó a sacar a Eiji de sus propios pensamientos. Los ojos de Eiji se conectaron con los ojos verdes de Ash. La mirada de Ash reflejaba tranquilidad y entendimiento.

Eiji suspiró, tomó la mano sobre su hombro y acarició la palma con su pulgar. Era un mensaje silencioso que le enviaba Eiji a Ash que estaba bien.

— ¡Joder! — Sing exclamó en mandarín. — Nos han robado...

— ¿Acaso vive alguien más cerca de aquí? — Shorter preguntó. — Apenas pusimos la trampa hace unos días y sucede esto.

— Imposible. — Dijo Eiji mientras soltaba la mano de Ash.— Está es una playa privada y solamente existe nuestra cabaña...

Ash endureció su rostro. Sus ojos se dirigieron hacia el bosque.

—Puede ser que no.—Dijo Ash. — El bosque de allá, ¿Qué tan grande es?

Los ojos de Eiji se dilataron.

— Es uno de los más frondosos de Izumo. — dijo Eiji. — Te puede llevar al próximo distrito. — Jadeó.— Posiblemente haya personas viviendo dentro.

Shorter, Nadia y Sing se vieron entre ellos.

— ¿Creen que sepan sobre la cabaña? — Dijo Shorter serenamente.

Ash examinó sus alrededores con la mirada.:— Probablemente.— No sentía que alguien externo los estuviera vigilando.

— ¿No sería mejor entrar nuevamente a la cabaña?— Sugirió Eiji.

Nadia mordió su labio inferior y Sing frunció el ceño.

— Lao fue al bosque a investigar.

Ash sentía que iba a desfallecer en ese mismo instante. No podían tomar el riesgo que los descubran en un lugar tan cerrado como el bosque, que las posibilidades de trampas o personas escondidas eran altas. ¿Y si son soldados japoneses que rondaban por ahí? ¿Si descubren que Lao es chino? Eiji una vez comentó que Lao es que menos japonés habla entre todos, aparte de él.

— ¡Ese bastardo!— gruñó Ash.

El soldado iba a entrar al bosque para buscarlo hasta que escuchó crujidos de ramas siendo rotas y vio las hojas de los árboles moviéndose. Ash solamente distinguió los pasos de una persona.

Los demás también escucharon esos sonidos. Inconscientemente se echaron para atrás.

— ¡Corran! — gritó Ash.

— ¡Ash! — chilló Eiji mientras era jalado por Shorter.

— ¡Vámonos, Eiji! ¡Ash estará bien!— gritó Sing.

Ash no estaba seguro si podía lidiar fuera quienquiera estuviese detrás de esos arbustos frondosos, pero tenía que poner todos a salvo.

El rubio no giró su cabeza hacia atrás pero pudo escuchar los pasos agitados de los demás, alejándose. Trotó al bosque de cuclillas de la manera en cómo le habían enseñado en la milicia.

Se ocultó detrás de un árbol mientras el desconocido se acercaba más y más. Ash se sobresaltó cuando oyó un familiar click.

— Lao. Baja el arma.— Dijo firmemente.

El cuerpo de Ash se asomó ante él. Lao, al verlo, levantó una ceja. En ningún momento apartó la pistola de Ash apuntado en su pecho.

— Puedo terminar esto aquí y ahora.

Ash sonrió de lado.: — ¿Al menos sabes cómo usarla?

— ¿Quieres tentar tu suerte? — preguntó Lao. Sus ojos carecían de brillo.

— No deberías tentar la tuya. — replicó Ash seriamente. — Es peligroso deambular dentro del bosque sin saber con quién te enfrentas.

— Con esta arma estoy más que protegido.

Ash frunció el ceño, recordando lo que sucedió la noche anterior.

— Poseer un arma no te hace invencible. Mucho menos si caminas en un lugar desconocido tan abiertamente. — Ash suspiró. — ¿Acaso ser así de terco beneficiaría a Sing? ¡Así no proteges a nadie! ¡Ni a ti mismo!— Señaló hacia la profundidad del bosque. — Hay alguien ahí que tal vez sepa de nuestra existencia. ¡Tal vez nos está viendo estos momentos!

La frustración era visible en las facciones de Ash y notorio en su timbre de voz. Simplemente Lao no escuchaba razón.

— ¿No recuerdas la promesa que hiciste ayer, no es así? — Dijo Lao. — A cambio del arma, no me llevaría a Sing de la cabaña y por ende no irías a cuestionar mis métodos.

Ash gruñó. Todo lo dicho era verdad. Creyó que de esa manera mantendría a todos a salvo, incluyendo a Lao. Sin embargo, ahora las acontecimientos han cambiado rápidamente, para el gusto de Ash. Había una posible amenaza externa que debían de encargarse lo más pronto posible...

— Ya he revisado el lugar. Cerca de nuestro alrededor no hay nadie. Hay suficiente comida para alimentarnos por un tiempo. Solamente hay que ser más precavidos. — Lao bajó el arma y caminó para salir del bosque.

—Lao...

— Y tú mismo lo dijiste ayer: todos estamos a salvo de la cabaña. Nosotros, los extranjeros, no tenemos a dónde ir.

... ahora Ash hubiera deseado en no haber dicho esas palabras exactamente. La mejor opción era abandonar la cabaña pero esa solución no era apoyada por Lao.


Sing deslizó la puerta shoji con brusquedad y pensó que la había roto.

— ¡Entren! ¡Rápido! — dijo Sing entre jadeos.

Nadia entró de primero. Luego, Shorter caminó agitadamente con Eiji; tenía su brazo rodeado sobre su hombro mientras Eiji cojeaba.

Con sumo cuidado, Shorter sentó a Eiji en el suelo.

— ¿Eiji, te encuentras bien?— preguntó Nadia. Empezó a limpiar las ropas de Eiji que se llenaron de arena por haberse caído cuando corría.

— Sí...— Eiji hizo una mueca de dolor al tratar de mover su pie lastimado.

Sing y Shorter se hincaron. Observaron que el tobillo de Eiji estaba un poco hinchado.

— No se ve bien.— Dijo Shorter.

Eiji bajo la mirada. No quería que ellos vieran sus ojos llenos de tristeza.

— Estaré bien. Necesito descansar un poco.

Eiji sabía que tenía restringido correr sin importar las circunstancias. Se lo había prohibido su doctor años atrás. Sin embargo, ahora las cosas eran muy diferentes.

Antes de que alguien más pudiese opinar sobre la situación de Eiji, la puerta shoji se abrió.

— ¡Ash! ¡Lao!— llamó Shorter.

Cuando los aludidos entraron, el ambiente se tornó tenso.

Sin embargo, fue rápida la reacción de Ash cuando vio el estado del japonés. A pesar que la distancia que corrieron no fue larga, Eiji aún estaba jadeante y gotas de sudor caían sobre su frente. Además, su pierna permanecía entumecida.

— Eiji, ¿Qué pasó? — Ash se sentó sobre sus rodillas a un lado del japonés.

Eiji forzó una sonrisa.

— No te preocupes, Ash. No es tan grave como parece...

Ash apretó sus dientes. Gracias a la guerra, Ash tuvo que presenciar diferentes heridas de otros soldados o las propias y el proceso de sanación. A juzgar por la forma en cómo el pie derecho de Eiji estaba posicionado y la leve inflamación de su tobillo, Ash rápidamente concluyó que la lesión en su pierna era antigua, que había sido mal tratada y su cuerpo trato de enmendarla. No había notado cómo eran las piernas de Eiji hasta en ese momento. Siempre había caminado normal.

— ¿Qué pasó allá afuera? ¿Qué vieron? — preguntó Sing.

Lao dio unas palmadas en la espalda de Sing.

 Nada que preocuparse. Estamos a salvo. —dijo Lao en mandarín.

Ash empuñó su mano y Eiji abrió su boca sorpresivamente. Lao no quería que ellos entendieran. 

— ¿Ahora cómo pescamos los peces? — preguntó Shorter.

— El soldado se las ingenierá.— Contestó Lao.

El ambiente se tornó más denso que antes.

— ¿Ash? — la voz de Sing fue temblorosa.

— Veré que puedo hacer. — Dijo Ash. Su mirada se suavizó hacia Nadia. — ¿Aún tenemos suficiente pescados?

Nadia parpadeó por el drástico cambio del rostro del rubio.

— Sí. Solamente tendremos para dos días si comemos los tres tiempos. Si sólo comemos una vez al día, las provisiones nos durarán una semana, tal vez. — explicó Nadia.

— Muy bien. — Dijo Ash. — Intentaré hacer una caña de pescar.

— Yo ayudaré. — Dijo Shorter. — Más tarde iré por varas.

Sing iba a decir que él también quería a ayudar, pero Nadia lo detuvo al ver el rostro de Lao oscurecerse.

Ash asintió con la cabeza. Luego, con cuidado, levantó a Eiji y lo cargó a Eiji en sus brazos.

— ¿A-Ash?— Eiji tartamudeó. Sus mejillas se tiñeron de rojo.

— Primero hay que tratar la lesión de Eiji. — Dijo Ash y caminó lentamente hacia la habitación que durmieron anoche.

— P-Pero si estoy bien...

Ash arqueó una ceja. No le creyó en lo más mínimo. Entonces Eiji dejó de intentar de convencerlo. Ellos escucharon que Shorter y Nadia iban detrás. Al momento de entrar al cuarto, ayudaron a Ash a extender el futón y luego acostaron a Eiji sobre el. El japonés reprimió un gemido.

— ¿Y Sing? — preguntó Eiji al no encontrarlo en la habitación.

Shorter suspiró frustrado.

—Está con Lao... para que no haga otra locura más.

Eiji torció sus labios. Nunca le ha gustado la manera en cómo Sing debía lidiar a su hermano. Fue sacado de sus propios pensamientos cuando sintió un dolor punzante en su tobillo. Él siseó al momento que Ash levantó su pierna.

— Discúlpame. — dijo Ash rápidamente. — ¿Duele mucho?

Ash colocó la pierna en una almohada.

— No, no mucho...

Eiji odiaba ver esa mirada preocupada de Ash. Por eso le mintió. Sin embargo, sabía que no le creyó, tampoco Shorter y Nadia.

— Sólo descansa, Eiji. — dijo Nadia. — Iré a cocinar. No te preocupes por nada por el momento.

Eiji sonrió.— De acuerdo, gracias Nadia.

Shorter y Ash se quedaron cerca de Eiji. No hablaron. Percibieron que Eiji no quería hacerlo.


Todos estaban comiendo en el cuarto donde Eiji y Ash durmieron la noche anterior. Reinaba un silencio turbio entre ellos, solamente se escuchaba el sonido de los palillos chocar contra los bols, ya que Lao estaba en la misma habitación alimentándose. Él quería asegurarse que nadie saliera de la cabaña. Inclusive estaba sentado detrás de la puerta.

Eiji estaba sentado, aún con su pierna elevada con la almohada. Estaba pensativo y no había emitido palabra alguna desde que Nadia se retiró de la habitación.

Cuando terminó de comer, Eiji dejó su plato a un lado y alzó su mirada.

—Sing, ¿podrías ir al último tatami por allá? Dónde está la ventana.

Todos vieron a Eiji. Dejaron de comer y el ruido de los palillos se detuvo por completo. La tensión fue más notoria.

— Em, sí. — Tartamudeó Sing. — Por supuesto, Eiji.

El adolescente hizo exactamente lo que le pidió Eiji. Para la sorpresa de todos, a excepción de Ash porque ya había visto a Eiji abrir ese tatami la primera vez que se conocieron. Había cajas pesadas que Sing sacó. En total eran dos cajas. Al quedar el agujero vacío, Sing notó que era lo suficientemente profundo para que cupieran varias personas dentro.

— Por favor, ábrelas. — Indicó Eiji.

Sing acercó las cajas hacia los demás y, junto a Shorter y Nadia, las abrieron. Ash inmediatamente giró su cabeza para ver a Eiji. El japonés, al percatarse que estaban sacando las cosas del contenido de las cajas, sus ojos brillaron.

Eran fotos y cartas en su mayoría. Lo demás eran juguetes viejos para niño y niña.

Varias de esas fotos aparecían un hombre y una mujer con sus dos niños pequeños. Otras, en donde esos niños jugaban en la playa, la misma playa en donde estaba la cabaña.

Hubo unas muy particulares y que llamó la atención de todos. Uno de los niños, el varón, sólo que ya crecido, estaba uniformado con ropa de atleta y practicaba con una vara de metal y saltaba en otras varas unidas. Era el mismo Eiji en esas fotos.

Los chinos no sabían que estaba haciendo Eiji o qué clase de deporte era. Sin embargo, Ash sí lo sabía: era Salto de Pértiga.

— Mi apellido es Okumura y era una de las familias más acomodadas de Japón. — dijo Eiji— Aún así, mis padres intentaron a inculcar valores a mi hermana y a mí. No querían que fuéramos como las demás familias adineradas.

Eiji esbozó una sonrisa triste.

— Tuve una infancia feliz. Mi padre me preparó para ser jefe y heredero de los negocios de la familia Okumura. — Eiji observó una fotografía de su padre tomada por su antiguo fotógrafo y amigo Ibe Shunichi. — Él me permitió practicar Salto de Pértiga como una forma de despejar mi mente de mis quehaceres diarios. — Cerró sus ojos. Eiji podía sentir como los demás lo miraban fijamente. — Amaba practicarlo. Incluso llegué a competir en eventos internacionales. Era el representante de Japón. Nunca creí llegar tan lejos. Mi pasatiempo pronto se convirtió en una responsabilidad más.

— Eiji...— murmuró Shorter al ver una fotografía del pelinegro saltar una de las barras.

Eiji suspiró.

— En 1938, fui seleccionado para competir en Juegos Olímpicos que se iban a celebrar en Sapporo el año siguiente. — Eiji dirigió su mirada a su pierna. — Sin embargo, en un entrenamiento, me lesioné gravemente el tobillo.

— ¿Esa herida de años atrás?— preguntó Sing tembloroso.

El japonés asintió.

— Mis tendones estaban dañados. Es un daño irreversible. Mi carrera como atleta terminó.

— ¿Querías ser uno? — preguntó Nadia.

— No lo sé. — dijo Eiji. — Nunca tuve el tiempo de asimilarlo. Todo pasó de repente... pero sentí, al no competir nunca más, perdí una parte de mí.

Eiji pausó y cerró sus ojos. No quería verlos a los demás a los ojos.

— Hice terapia durante un tiempo y mi tobillo empezó a sanar poco a poco. Mis padres, mi hermana y un amigo, Ibe, me apoyaron durante el proceso. — Eiji torció sus labios. — No pude completarla, porque la guerra estalló.

Eiji no paró las lágrimas que cayeron de sus ojos.

— Los negocios de la familia cayeron al igual que las acciones de mi padre. Mi padre se declaró en quiebra y nuestro estilo de vida cambio radicalmente. —sollozó.— Tuvimos que vender casi todas nuestras pertenencias para poder sobrevivir. Pero, al final, aún estábamos juntos.

— Eiji...— susurró Ash. Sus ojos estaban dilatados en par en par.

— La cabaña en la playa era el único hogar que teníamos. Pensábamos ir allá pero un tío nos invitó a quedarnos en su casa, en Tokio... La vida allá era relativamente bien... Sin embargo, hace un año atrás...— Eiji respiró entrecortadamente.

Ash, de repente dejó de respirar por unos segundos. Ensimismado entre sus memorias, recordó la misión de bombardeo en la ciudad de Tokio que hermano Griffin fue asignado hace un año atrás. Fue dentro de esa misma misión que no supo nada más de él.

—Fueron los bombardeos en Japón....— Ash palideció. — Por parte de las Fuerzas Aéreas del Ejército de Estados Unidos...

Eiji jadeó fuertemente y observó a Ash, asustado. Derramó más lágrimas de sus ojos mientras asentía vigorosamente con su cabeza.

Ash no quería creer que su hermano pudo haber bombardeado la ciudad en dónde Eiji y su familia residían. Sin embargo, el relato de Eiji encajaba perfectamente con lo que sabía de esa misión.

— Fueron aviones grandes con cuatro hélices sobrevolando el cielo. — Eiji gimió y comenzó a temblar. — Yo, el día de los bombardeos, no estaba en casa, estaba con Ibe-san tratando de ganar dinero con sus fotografías.— tosió cuando trató de tragar saliva para calmarse. Sin embargo, fue contraproducente ya que Eiji lloriqueo con más fuerza.

Ash apartó su mirada con la de Eiji. Sintió que su corazón se hacía añicos.

— Eiji...— Shorter gateó hasta el japonés y lo cogió entre sus brazos, abrazándolo fuertemente. Él también empezó a llorar. Nadia y Sing igualmente lloraron en donde estaban. Lao estaba en silencio, sorprendido.

— Cuando me enteré, fui lo más rápido que pude sin decírselo a Ibe-san. — Eiji gimoteó. — Cuando vi... no había quedado nada... ¡Todo el lugar estaba hecho cenizas! Ni siquiera había rastro de la casa de mis tíos...de nadie... no quedó nadie... ni un cuerpo que se-sepultar...

Dentro de la habitación solamente se escuchaban los sollozos y lamentos de Eiji.

Ash cubrió su rostro con sus manos mientras respiró con dificultad. Silenciosas lágrimas resbalaron sobre sus dedos. Los demás, a excepción de Lao y de él, se acercaron con ojos lagrimosos y abrazaron a Eiji.

— No tenía a dónde más ir.... Así que fui a lo único que me quedaba...la cabaña en Izuno...— Eiji prosiguió a contar su historia luego de unos minutos. — Perdí comunicación con Ibe-san... lo único que supe fue que en, Yokohama, donde vivía, fue bombardeada también. — los labios de Eiji temblaron.

— ¿Fue entonces cuándo te encontramos? — preguntó Sing.

Eiji asintió.

— Cuando llegué, nunca esperé encontrarla habitada...— Eiji gimiteó. — Pero al verla con ustedes dentro, y la forma en cómo reían, sentí cómo si hubiera visto a mi familia nuevamente... cuando éramos felices dentro de la cabaña. Por un momento me imaginé verlos a ellos... vivos... — observó a Lao detenidamente. — Tenías razón... los ayudé porque fui un egoísta... yo quería que ustedes se quedaran... nunca le vi problema en convivir todos juntos...— lloriqueó. — No quería estar solo... y no quería que ustedes estuviesen desamparados... — Eiji sintió que Shorter lo apretujaba contra su pecho. — Lo siento... lo siento...

— No Eiji... — susurró Nadia. — No te disculpes... no tienes culpa de nada...— suspiró. — Eres un buen y gentil muchacho...

— Nosotros debemos de disculparte contigo...— dijo Shorter a Eiji en su oído. — Has sufrido mucho, todos hemos sufrido por esta guerra... pero tú has dado todo de ti para mantenernos, incluso si eso te auto flagela.

Sing gimió antes de hablar. — No debiste de contarnos tu pasado... a personas como nosotros...pero gracias por confiarnos esto... aún si algunos dentro de la habitación no lo merecen.

Lao bajó la mirada. Ash, por su parte, no tuvo el valor de conectar sus ojos con los de Eiji nuevamente. Aún estaba en shock.


Ash despertó en medio de la noche con Shorter y Nadia en la misma habitación. Sing estaba con Lao en otro cuarto y Eiji pidió que lo dejarán solo esa noche.

El soldado aún tenía muchas cosas en la cabeza que le daban vueltas: el relato de Eiji, el posible vínculo de la misión de su hermano al bombardear Japón, y que alguien allá afuera sepa de su existencia.

Luego, Ash decidió levantarse y estar de vigilia esa noche. Aún estaba preocupado por todo.

Dio unas sus rondas por toda la cabaña, hasta que se detuvo en la sala, observando con desasosiego las fotografías exhibidas, en especial aquéllas en dónde aparecía Eiji.

Cuando estuvo cerca del cuarto de Eiji, Ash suspiró profundamente. Confiado en que el japonés estuviese dormido, Ash abrió la puerta shoji con delicadeza.

Sin embargo, para su sorpresa, Eiji aún estaba despierto, viendo las estrellas en la ventana.

— ¿Ash? — susurró Eiji al percatarse que el rubio se encontraba de pie cerca de él.

— ¿Eiji...? — Ash notó que los ojos rasgados del japonés estaban hinchados y aún poco rojos por haber llorado fuertemente. Además, se estaban formando bolsas bajo los ojos. — ¿No puedes dormir?

Eiji bajó la mirada. —No...

— ¿Te encuentras bien?

— Sí... ahora estoy más tranquilo...

Ash estuvo en silencio por unos segundos.

— ¿Quieres que me vaya?

— No...— dijo Eiji, angustiado. — Quédate... por favor.

Ash asintió y cerró la puerta shoji detrás de él. Caminó hacia un costado del futón y se sentó cerca de Eiji.

Eiji rápidamente buscó la mano de Ash y la entrelazo sus dedos con los de él. Ash no hizo resistencia; solamente le dio un pequeño apretón a su agarre y palpó, con su pulgar de su otra mano, el dorso de la otra mano de Eiji.

Ash percató que la respiración de Eiji se tornó más relajada.

— ¿Cómo está tu tobillo? — observó a Eiji escépticamente. — Dime la verdad...

Eiji emitió una risita.

— Ya puedo moverlo un poco sin que duela tanto.— le mostró a Ash. — ¿Ves?

Sin embargo, esa respuesta no era suficiente para Ash.

— ¿Quieres que te aplique ungüento? ¿Y vendas...? Para qué no lo muevas tanto.

De respiración tranquila, la misma se tornó dificultosa para Eiji. Él levemente se sonrojó.

— Y-Yo... No quiero molestarte... no es tan grave...

Ash suspiró.

— Deja de decir tonterías. No es ninguna molestia. Tú me las cambiabas todo el tiempo cuando estaba herido...— Ash sonrió maliciosamente. — O tienes algo que ocultar, Onii-chan...

Eiji jadeó.

— ¡¿D-Dónde aprendiste esa palabra?!

— Un pajarito calvo me lo cantó.

El japonés gruñó un poco.

Ash, cuando encontró los objetos que buscaba en el mismo mueble en donde había visto que Eiji los guardaba, se dirigió nuevamente al japonés. Con sumo cuidado tomó el tobillo lesionado de Eiji y lo ladeó hacia los lados, con movimientos de media luna.

Eiji siseó y cerró fuertemente los ojos. Agarró con fuerza las sábanas del futon.

— Shh... tranquilo. Sé que duele...— dijo Ash. Luego giró el pie de Eiji arriba a abajo. — Esto ayudará a que tus músculos se relajen y la sangre pueda circular...

Eiji trato de estar lo mejor relajado posible. Cuando ya se estaba acostumbrado a los movimientos de Ash sobre su tobillo, sintió que una fría y espesa pasta era aplicada sobre la lesión. El corazón de Eiji se enterneció al sentir la forma delicada en cómo los dedos untados de medicina de Ash recorrían sobre su piel. No hacía mucha presión y evitaba hacer movimientos frenético para no causar fricción.

— Perdón... por haberte incomodado esta tarde.

Ash paró un momento lo que hacía y alzó su mirada con la de Eiji.

— No, no lo hiciste. — aclaró Ash. — Solo fue...que me impresionó grandemente... — sonrió. —, es más, me alegra haber conocido parte de tu pasado... — Eiji solo asentó y bajó la mirada. — Hey... ¿si recuerdas lo que te dije aquel día, no? No te juzgaré.

— Sí. — susurró Eiji mientras sonrió dulcemente.

Ash terminó de vendar el tobillo de Eiji. Satisfecho con su trabajo, bajó la pierna nuevamente sobre la almohada.

— Bueno, creo que deberías de descansar un poco.

— ¿Te vas? — preguntó Eiji.

— Sí... hoy estaré en guardia. No estoy tranquilo desde esta mañana... presiento algo malo.

Para los ojos de Ash, Eiji parecía que quería decir algo pero juntó sus labios firmemente.

— Ash...

Eiji extendió su mano. El soldado se acercó más a Eiji y la tomó suavemente. No obstante, se sorprendió cuando Eiji intentó sentarse sobre el futon, tratando de no mover mucho su pierna. Ash lo ayudó a hacerlo. Sin embargo, sin previo aviso, Eiji lo rodeó con sus brazos.

— Gracias...— le susurró Eiji en el oído.

Ash lo apartó un poco para poder verle la cara. Sin embargo, cuando lo vio, su corazón palpitó rápidamente. Nunca había tenido el rostro de Eiji tan cerca. Pudo estudiar cada facciones angelical del japonés. De inmediato, Ash se quedó mudo.

— ¿Ash? — Eiji susurró suavemente. El aludido le recorrió un escalofrío sobre su espalda al sentir que la respiración de Eiji sobre su rostro.

Los ojos de Eiji eran brillosos, llenos de curiosidad. En ningún momento apartó su mirada de él.

Eiji, vacilante, acarició el rostro de Ash. El rubio suspiró con su nariz. Ash hizo lo mismo, y ambos se suministraban caricias, deleitándose mutuamente.

— ¿ Esto te disgusta? — preguntó Ash. Luego acarició los pómulos de Eiji.

— No.— contestó Eiji. — ¿Y a ti?

Ash negó con la cabeza. Con sus ojos dilatados, bajó su mirada hacia los labios de Eiji.

— ¿Puedo? — murmuró Ash. Con las yemas de sus dedos tocó los labios del japonés.

Eiji respiró entrecortadamente. En ese momento no había cabida para pensarlo dos veces; entonces Eiji asintió y cerró sus ojos cuando sintió los labios de Ash contra los suyos.

Sin embargo, el beso solamente fue un pequeño roce.

Eiji abrió los ojos, buscando la mirada de Ash que, prontamente, la encontró.

— Otro...— dijo Eiji en voz baja.

Ash rió suavemente. Todas sus inseguridades se esfumaron rápidamente. Luego, apartó los cabellos negro azabache del rostro de Eiji.

— ¿Dónde?— preguntó Ash con una sonrisa. — ¿Aquí? — besó la frente de Eiji. — ¿Aquí? — besó sus párpados y ambas mejillas. — ¿O aquí?— inclinó su cabeza y depositó un beso en el cuello de Eiji. Los labios de Ash se curvaron hacia arriba cuando escuchó un leve gemido del japonés cuando sintió que era besado en esa parte. — Aquí entonces...

Despacio, Ash acostó nuevamente a Eiji en el futón. Eiji ladeó su cuello para que Ash tuviera mejor acceso. Los besos del rubio no cesaron y sus labios recorrieron todo su cuello y clavícula.

— Ash...— suspiró Eiji mientras arqueó su cuerpo. Sus manos masajearon el cuero cabelludo de Ash.

— Eiji...— alzó su rostro y observó al aludido con cariño. Eiji lo miraba de la misma manera y eso causó gozo en su corazón. — Jamás pensé...— besó finalmente los labios de Eiji. — ... que fuera amar a un hombre...— dijo entre besos; Eiji también lo besaba con la misma intensidad.—... en la forma de cómo debería haber amado a una mujer...

Eiji rodeó sus brazos sobre el cuello de Ash.

— Yo tampoco...— le murmuró en su oído.

— ¿Eso te asusta? ¿Qué seamos unos maricas ante los ojos de todos?

Eiji observó a Ash con detenimiento. Luego, le esbozó una cálida sonrisa.

— No me asusta en absoluto... pero creo que hay que mantenerlo en secreto...— acarició su mejilla. — No me gustaría que te lastimaran por estar conmigo... yo... siendo japonés y... homosexual...

— Pienso en lo mismo. — dijo Ash.

Sin embargo, a Ash le aterraba la idea que Eiji lo quiera tanto como lo ha demostrado durante todo el tiempo que ha convivido con él. ¿Podrá amar a alguien tan roto como él? ¿Se merece su cariño por todo lo que ha tenido que atravesar? Ahora que sus sentimientos entre ambos son más que claros, Ash no estaba seguro si le podía dar a Eiji, su corazón y cuerpo completamente. ¿Será que se decepcionará? ¿Lo dejara de querer?

— Ash...— Eiji besó sus labios y permitió que Ash se recostara sobre su pecho, pero siempre teniendo cuidado con su pierna herida. — Te quiero...

Ash jadeó en los labios de Eiji y rompió el ósculo que compartió con el japonés.

— Yo...— Ash observó los ojos de Eiji llenos de amor y de respeto.— Yo también...

Ash se preguntó si estaba bien ser egoísta y querer a Eiji con la misma devoción que él lo quería. ¿Realmente merecía a Eiji?

Ash se percató que Eiji se sonrojó por sus palabras y junto sus frentes con sutileza. Por un momento, el estadounidense se olvidó de sus inseguridades.

— Creo que debo estar en guardia ahora...— dijo Ash luego de besar la nariz de Eiji. — Trata de descansar...

Eiji emitió una risita.

— Con los besos de hoy no creo poder dormir...

Ash sonrió entre dientes.

— Inténtalo... sino los de hoy serán los últimos que te daré.

— ¡Ash! — Eiji rió.

El aludido sintió sus mejillas calentarse. Quería que su relación con Eiji funcione. Aún en contra todo pronóstico, Ash quería hacer feliz a Eiji.