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Extranjeros

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Ese día, todos tuvieron almuerzo y cena, situación que nunca se dio dentro de la cabaña. Solamente una comida al día era lo que alcanzaba para alimentarse. Sin embargo, hoy fue la excepción. Comieron como si fuesen de la realeza, o al menos así se creían al tener el estómago lleno.

La noche llegó y todos se fueron a dormir. Ash aún estaba un poco despierto para poder escuchar los ruidos dentro de la habitación y fuera de ella.  A cada lado tenía a Shorter roncando a todo pulmón, con sus piernas y brazos desplayados y por el otro estaba Eiji ahí durmiendo plácidamente como piedra emitiendo suspiros leves de vez en cuando. Ambos estaban profundamente dormidos.

Sobresaltó un poco cuando escuchó unos pasos ligeros. Giró su cabeza hacia el sonido sin molestarse en levantarse y apreció al pequeño Sing con su futon en brazos.

—¿Sing? —habló Ash para que el joven chino notara que estaba despierto.

El aludido resopló suavemente y apretó más su agarre a las sabanas mientras desviaba la mirada.

—¿Puedo…dormir con ustedes?

Ash entendía lo que pasaba, no era la primera vez que él se colaba a la habitación. Lao y Sing precisamente no tenían la mejor hermandad de todas. Su relación era tensa y es porque su hermano mayor lo sobreprotegía demasiado, acaparaba tanto su atención que dichas actitudes desesperaban al adolescente. Nadie quería interponerse en esa interacción puesto que sabían que Lao lo hacía por su propio bien, aunque le llegará a irritar a Sing.

—Échate, hombre. —dijo Ash tratando de sonar desinteresado. Si podía darle un respiro lo haría. Él también tuvo un hermanastro sobreprotector, aunque no llegaba al nivel de toxicidad de Lao, pero comprendía a Sing en cierta forma.

El chico sonrió y tratando de hacer el menor ruido posible, se acostó a la par de Eiji. Evitó estar cerca de Shorter pensando que éste podía golpearlo en la madrugada.

Una vez acomodado, Sing suspiró aliviado.

—Gracias por dejarme pasar la noche aquí. Prometo irme antes del amanecer.

Ash murmuró.: —Sí, no quiero soportar oír otro pleito.

—No. —desvió la mirada. — Yo tampoco quiero soportarlo otra vez.

El rubio observó el techo con detenimiento. Para ser una cabaña que antes fue abandonada, sus cimientos aún estaban estables. Tal y como el ambiente que se vivía dentro de la cabaña, la relación que tenían entre todos era como esos soportes que se veían frágiles en vez de  resistentes para aguantar el caos.  Se preguntó si en algún momento el techo cedería y colapsara sin que nadie se salvara.

—Solamente no seas duro contigo mismo. Vivir con la misma rutina de que ustedes dos no se lleven bien, harta también. —dijo Ash.

Sing bufó y giró su cabeza de lado.: —No es que haya querido que fuera mi hermano…—Ash le dio la razón.  Algo que tenían en común era que nadie podía escoger a su familia.

 Ambos ya no hablaron más y Ash notó que Sing fue el primero en dormirse. Él intentó hacerlo pero sin éxito. Estaba cansado pero no podía conciliar el sueño.

Intentó suprimir sus recuerdos en su lugar de nacimiento: Cape Code. Durante todo el día lo estaban atormentando por recordar como Griffin le ensañaba a pescar en la costa, cerca de la playa pública, como su padre le compró su primer cebo y Jennifer cocinó el pescado que logro cazar y la llenura en su estómago por la comida de ese día, tal y como sucedió hoy.

Con un suspiro derrotado, dejó su mente en blanco y trató en no pensar en nada, ni siquiera en recuerdos buenos o malos o los escandalosos ronquidos de Shorter. Concentró que su respiración fuese tranquila y relajó sus hombros. Pudo oír las olas tenues del océano  apreciando  como las sábanas le transmitían calor en su cuerpo. Paulatinamente se percató que perdía el conocimiento mientras que sus parpados se tornaban pesados; el único ruido que sus oídos podían apreciar era la de su propia respiración.

Sin previo aviso, Ash sintió que un bulto fue echado en su pecho y abdomen que fue recaído con cierta brusquedad. Eso fue un detonante para su cuerpo y no evitó sentirse asqueado. El rubio arqueó su espalda y trató de alejarse lo más pronto posible intentando gritar; sin embargo, inconveniente su garganta se le dificultaba tragar su propia saliva que se había formado por el miedo, que rápidamente recorrió todo su ser. Estaba tan abrumado que le era imposible toser en ese momento que lo único que pudo soltar fue leves gemidos sofocados. Empezó a temblar y sus ojos se negaban a abrirse.

Se sentía tan agobiado de sí mismo ya que había estado en esa situación repulsiva anteriormente, desde muy pequeño. Se acordó de aquel entrenador de baseball que lo engañó a ir a su hogar cuando tenía siete años, de los alcohólicos que lo rodearon en un callejón cuando vivía en la calle al escapar de casa, a ese hombre que se hacía llamar Dino Golzine que pensaba que tenía derecho sobre él al encontrarlo en la calle “salvándolo de todo mal”, y  de ese, y de ellos, el trio y las mujeres que lo solicitaron.  Ash se lamentaba por soportar tal  humillación  por perder la cuenta de cuantos abusaron de él.  No obstante, recordaba sus rostros, todos eran iguales, la lujuria se reflejaba en todos aquellos asqueroso ojos recorrer en todo su cuerpo como si él fuera la presa y ellos los hambrientos depredadores deleitándolo antes de devorarlo. Todos le besaban fogosamente donde deseaban, se tumbaban contra él y frotaban su entrepierna, forzaban abrir sus piernas mientras Ash esperaba el inevitable dolor ahí abajo.

Su mente gritaba y su visión se nublaba siempre que eso pasaba. No podía pensar en otra cosa, no era consciente que estaba reviviendo el trauma ahí mismo dentro de la cabaña. Le era imposible salir de ese recuerdo, la presencia de ellos es tan real que sentía que su cuerpo se quemaba de la agonía. Solo quería que se detuvieran inmediatamente. Les suplicaba que pararan pero Ash aún podía palpar el otro cuerpo encima de él.

A lo lejos escuchó murmullos de su nombre pero no podía responder, sentía que se asfixiaba.

De golpe, Ash se despertó respirando entrecortadamente y varias lágrimas fueron derramadas.

—Ash…

Ignoró por completo que lo llamaron. Lo primero que vio fue una pierna ajena arriba de la suyas y el pánico lo invadió nuevamente. La empujó violentamente con sus manos y pateó el cuerpo deseándolo lejos.

Shorter dio un quejido y recobró los sentidos rápidamente: —¡¿Qué pasa?! —preguntó alterado tras los golpes recibidos.

El soldado aun sumergido en estado de shock no conseguía separar su trauma con el presente. Observó a Shorter en estado de pánico.

—¿Ash…?—la voz de Shorter estaba rasposa.

Al escucharlo hablar, el aludido jadeó y rápidamente sacó su pistola dentro de sus ropas. Logró apuntar entre ceño, en medio de los dos ojos, listo para tirar a matar.

Todo el ser de Shorter se paralizó al darse cuenta de su situación. Sus ojos se dilataron al observar lo deplorable que se mostraba Ash  y trató de no moverse.  Se percató que Eiji estaba ya despierto con su rostro lleno de pavor al  igual que Sing.

—¡Ash! ¡Ash reacciona! —gritó Eiji con miedo a tocarle y asustarle más en su estado delicado. El agarre a su arma de fuego era firme.—¡Es Shorter! Shorter es un amigo…no te hará daño. —dijo desesperado.

El sonido suave de las palabras de Eiji hizo que su cuerpo se crispara. Volteó su cabeza lentamente hacia atrás en donde estaba el japonés haciendo que las gotas que surgían de sus ojos se derramaran por el movimiento.

Eiji no pudo evitar que se escapara un sonido ahogado en su voz tras finalmente mirar el rostro desamparado de Ash. No podía quitar de vista esos ojos jades llenos de terror y lágrimas y sus labios temblar incesantemente.  De lo poco que ha conocido al soldado, nunca había mostrado tal emoción de vulnerabilidad. Ni siquiera cuando lo encontró al bordo de la muerte.

—¿Eiji? —susurró Ash mientras su mente disipaba poco a poco de esas desagradables vivencias.

El pelinegro sonrió suavemente y moduló su voz para que sonora relajada a pesar de la situación que estaban atravesando.

—Sólo es Shorter. —aseguró Eiji inquieto. —La pesadilla ya se terminó. Ya no estás ahí Ash…

El rubio respiró entrecortadamente y trató de comprender las palabras del otro hombre.

—¿Shorter…?—giró su cabeza para verlo.

Todo el peso de la realidad fue un golpe duro para él. Se percató del rostro pálido del chino y de la pistola que le apuntaba. Como si le quemara, la dejó caer mientras su mano temblaba. La caída de la misma hizo un gran estruendo ante el silencio de la habitación.

Shorter exhaló profundamente tras aguantar la respiración todo ese rato. Dirigió su mirada al estadounidense con incertidumbre y luego bajo la mirada a la pistola.

Ash se estremeció al recordar que solamente Eiji sabía que él tenía un arma guardada entre sus ropas.  En ese momento, Ash olvidó como respirar y exclamó por aire. Encorvó su cuerpo y colocó su mano sobre su pecho.

—Ash, con calma. — expresó Eiji sintiéndose alterado pero trató que sus palabras no sonarán de esa manera. —Inhala…y exhala…despacio.

Sing anonadado presenció la escena enfrente de él.  Shorter estaba ensimismado y podía sentir su espalda mojada de sudor al igual que su rostro. Aún estaba en shock.

No obstante, era de esperarse que por el bullicio ocasionado despertaran a los demás. Sing fue el primero en oír pasos agitadas dirigiéndose a la habitación y rápidamente dirigió sus ojos al arma tendida en el suelo.

—¡Mierda! —exaltó Sing mientras se lanzaba encima de Eiji y Ash cayendo sobre sus regazos. Con sus manos agarró la sábana y trató de ocultar la pistola debajo de ella. Eiji emitió un leve quejido por el impacto.

Nadia abrió la puerta shoji desesperada.

—¡¿Qué pasó?! —preguntó alterada. Lo que vio no fue la escena que se imaginaba cuando escuchó los gritos. Shorter estaba pálido y anonadado, Eiji trataba de consolar a un abrumado soldado quien intentaba de calmar sus lágrimas y sus jadeos y Sing estaba recostado entre ellos dos, con su mano apoyada sobre su mejilla actuando como si nada hubiese pasado. —¡¿Alguien que me diga que pasó exactamente?!

Shorter se sobresaltó.: —Nadia…—suspiró. —Pues veras…

—Shorter le pateó las bolas a Ash mientras dormían. —interrumpió Sing con una voz de indiferencia y tratando de sonar convincente. Oraba que Nadia no pueda ver la pistola a través de la delgadísima sábana. —Entonces Ash se vengó golpeando las suyas… fue una escena cruel…

Los ojos de Nadia se abrieron en par en par. Sing empezó a sudar frio al no verla tan convencida.

Antes que ella pudiera replicarles, Lao ingresó a la habitación con el ceño fruncido. Velozmente visualizó a su hermano y su cara se tornó rojiza de la cólera.

¡¡Sing!! ¿Qué mierda haces aquí? Ya te dije qué no me gusta que duermas con ellos. —gritó Lao en mandarín. —¡No les debes nadas! ¡Ellos no son tus putas!

Nadia jadeó ofendida al igual que Shorter y Sing, quien poco a poco estaba saliendo de su estado de pánico. El rostro de Eiji se mostraba confundido ya que solamente podía entender la mitad de lo que dijo él.

Sin previo aviso, Nadia se acercó a Lao y le dio una cachetada fuerte.—¡No los llames así! ¡Te recuerdo que ahí también está Shorter! ¡Puedo entender que no confíes en Eiji o en Ash pero ellos no se merecen tal trato! ¡Al menos respétalos! —gritó Nadia.

Lao ladeó su cabeza y reflejaba apatía en su rostro.: —¿Qué te hace creer que también confío en ustedes dos también? —confesó Lao refiriéndose a Shorter y a ella.

 Nadia inconscientemente dio unos pasos hacia atrás sintiendo su cuerpo flaquearse. Shorter crujió sus dientes parándose rápidamente entre Nadia y Lao.  Eiji apreció la escena con detenimiento sin saber realmente que era lo que pasaba. Ash, cabizbajo y apretando sus dientes, también quería prestar la mayor atención de lo que sucedía. Sin embargo, por los alaridos que eran pronunciados por los chinos y por su anterior estado de pánico no lo ayudaba. Es más, sentía que la tensión en su cuerpo aumentaba y dentro de su mente suplicaba que dejaran de gritar.

Sing sintió que su corazón le dolía por las palabras de su hermano. Chilló en sus adentros sin atreverse hacerlo en voz alta. Estaba enfadado, confundido e impotente.

¡¿Cómo puedes decir eso, imbécil?! ¡Después de todo lo que hemos pasado juntos!— gruñó Sing a todo pulmón mientras sus ojos se llenaban de lágrimas pero evitaba no derramarlas. No era el mejor momento para hacerlo.

Lao vio a su hermano por un instante por su explosiva emoción. Antes que pudiera contestarle, Sing notó que su Lao desvió su mirada a un punto fijo entre los futones. El adolescente teniendo la esperanza que él no hallara la pistola, se puso de pie rápidamente y se dirigió a Lao, desafiante, para observarle cara a cara.

Sing por favor entiende…—dijo Lao suavemente. —Todo esto lo hago por ti.

Por poco y el aludido estalla de la risa de la ironía por las palabras de su hermano. Realmente no lo entendía.

¿Por mí? ¿Realmente lo haces por mí? —estalló Sing. —¿Sabes al menos lo que quiero, Lao?

—No, pero eso no importa. Mi prioridad es tu bienestar. —dijo Lao en inglés para que todos pudieran entenderle. —Y yo no confío en nadie dentro de esta habitación. —giró su cabeza para ver a Eiji. —¡En nadie! ¡Y menos en ese estúpido japonés!

Eiji jadeó fuertemente. Sintió que su sangre se helaba y por primera vez desde que los encontró dentro de la cabaña percibió su propio miedo.

—¿Qué? —susurró Eiji. —¿Qué quieres decir, Lao? —sabía que Lao era reservado y no se metía con nadie pero nunca se imaginó que guardara un gran resentimiento a todos, en especial en él. Inmediatamente, Ash notó su pavor y por primera vez desde que llegaron los demás, levantó su mirada para ver a Eiji.

Lao lo observó con cierto asco.: —No te hagas el inocentón aquí…eres el más sospechoso de todos dentro de esta habitación…

—¡¿Cómo te atreves, Lao?! Si Eiji fue quien nos ha cuidado tanto durante todo este tiempo…—exaltó Shorter.

—Exacto. ¿No te parece muy perfecto todo esto? —puso en duda Lao. —¿Un japonés aparece de la nada y nos ayuda como un buen samaritano? ¿En medio de la guerra? ¡Es que acaso sólo yo lo veo! ¡Todo esto es muy extraño! Y ustedes lo que hicieron fue encariñarse con él. —gritó. —¡Pues a la mierda todo esto!

Eiji frunció el ceño.: —¡¿Por qué mis acciones tienen que tener un interés oculto aquí? —preguntó. —¡Ya les dije mis razones por las cuales lo hice, al igual cuando salve a Ash! ¡Yo los he ayudado al igual que ustedes a mí!

Lao rio maliciosamente.: —¿Crees que te ayudamos por qué sí? — se acercó a Eiji y se inclinó para verlo cara a cara. —Si el plan inicial era matarte cuando te encontramos…

Eiji palideció rápidamente. Sus manos temblaron y sus ojos se abrieron grandemente. Observó a Shorter, Nadia y Sing esperando para que replicaran, encontrar la verdad en sus ojos. Sin embargo, lo único que recibió fue el reflejo de la vergüenza en sus rostros. Eiji sintió que su corazón se hizo añicos. Incluso Ash estaba impactado, a pesar que Shorter ya se lo había confesado anteriormente. Él tampoco era mejor que ellos ya que él mismo casi mata a Eiji cuando lo halló por primera vez.

—Pero…no lo hicieron…—contestó Eiji. —Ni tú lo hiciste Lao…¿Por qué?

Lao se puso de pie y observó los futones.: —Quería ver que hacías libremente…—dijo. —Casi me convences que eras buena persona. No…nadie puede ser un santo.—señaló a Ash con el dedo. —Hasta que lo trajiste a él…—negó con la cabeza. —Eres un egoísta.

—¿Qué? —susurró Eiji aún con recelo.

—¡Cierra la boca, Lao! —gritó Shorter empuñando sus manos. —¡No sabes lo que dices!

—¿No? —se burló. —Solo piénsalo…¿para qué ayudar a tus enemigos? ¿Por miedo? ¿Por compasión? ¿Acaso este japonés se está redimiéndose por algo cruel que hizo o por lo que está haciendo Japón llevando los pecados de su nación? —empezó a ver a todos los presentes— ¿O será por llenar su vacío de soledad para pretender jugar a la familia con nosotros? ¿Me explico? —expresó. —¡Ahora si me entienden! Si de verdad es un amante de los chinos, entonces debió dejar morir a este soldado, de todas maneras van a la guerra a matarse. ¿Acaso nos preguntaste antes como nos sentíamos al estar cerca de ese bastardo? —exigió Lao a Eiji. —¿Acaso vio nuestros rostros de cansancio por no poder dormir en las noches? ¿O si un día de locura se le ocurre a éste a matar a todos por qué le dio la regalada gana?

Eiji estaba sobrecogido. Cada palabra que él emitía era dicha con rencor y sentía que su corazón era apuñalado una  y otra vez. Nunca por su mente pensó en lo que le estaba recalcando. Jamás se imaginó que Lao llegara a esa conclusión por sus acciones. Él confiaba fervientemente en todos…pero nunca pasó por su mente que eso pudiera afectar a alguien más.

—¡Pero Ash no ha hecho nada! —interceptó Nadia. —¡Él consiguió comida y ha estado postrado en cama durante todo este tiempo!

Lao bufó y dio un vistazo rápido a las sábanas.: —Son más ciegos de lo que creí…—afirmó. —¿Acaso todos no hemos colaborado?

Sing se mordió el labio inferior mientras cerraba sus ojos fuertemente.: —¡Lao, eres un paranoico de mierda! —gritó. —¡Si no confías pues es tu problema! ¡En cambio yo sí lo hago! ¡El ciego aquí eres tú! ¡Deja de decir esas cosas! —a pesar que todo lo anterior iba dirigido especialmente a Eiji, a Sing también le dolió.

—Solamente dije lo que pienso de todo esto… Todas estas interacciones son muy raras.

—¿¡Entonces si no te gusta por qué no te largas!? —refutó Ash.

Todos dentro de la habitación se sobresaltaron por la voz ronca de Ash. Su rostro no era nada agradable, era todo lo contrario, mostraba furia en sus facciones.

—¿Qué?

—¿Si tanto te desagrada estar aquí por qué aun te quedas…?—sonrió de lado. —O sabes que eres un inútil y no podrás sobrevivir afuera de la cabaña con Sing en un país extranjero…en un país que si descubren que son chinos será su perdición. Sin la ayuda de nosotros…—negó con la cabeza. —…no…sin la ayuda de Eiji estarías muerto. Todos aquí lo estaríamos. —Ash recordó velozmente todo lo que ha hecho el japonés y lo que le han contado los otros: vendió objetos con valor sentimental que le pertenecía a su familia para poder vivir un día más, dejando a un lado sus emociones; les está enseñando japonés para que puedan entender el dialecto; él curó sus heridas e incluso ha dejado de comer para que los demás puedan. Realmente él no puede quedarse callado e indiferente por toda la basura que estaban diciendo de Eiji. —El único egoísta aquí eres tú…quejándote como una vieja en menopausia.

Lao torció su rostro con ira. Shorter y Nadia observaron pasmados ante las atrevidas palabras, sin pelos en la lengua.

—Sing…mañana nos vamos de aquí.

El adolescente jadeó incrédulamente.: —No quiero.

—¡No! ¡No te los vas a llevar! —gritó Shorter. —¡Si se van serán su fin!

—¡Yo soy su hermano! ¡No toleraré que me menosprecie aquí!

—¡Pero fue tu culpa! ¡Tú has ocasionado todo esto! —bramó Nadia.

—¡¡Yo no pedí esta vida!! —exaltó Lao a todo pulmón. —¡No saben lo frustrado que estoy por sentirme así!! ¡Yo no puedo confiar en nadie! —empujó a Shorter y abrió la puerta shoji. —¡Velar por Sing es mi prioridad! ¡¡Hice una promesa!!

Lao salió de la habitación con pasos pesados sin escuchar los demás gritos detrás de él.

Sing golpeó la pared con su puño evitando que sus lágrimas fueran derramadas.: —¡Ya estoy harto! —su voz estaba rasposa por forzarla tanto en gritar. —¡Eres un idiota, Lao! ¡Estúpido, imbécil de mierda!

Shorter trató de detenerlo cuando se percató que salió corriendo. Él exhaló profundamente y pasó su mano sobre su tensa nuca. Todo esto es un desastre. Un gran completo desastre. Nadia observó a su hermano, preocupada, sin ánimos de decir o aportar nada.

—Creo que…debemos ir a ver a Sing. —dijo Shorter a Nadia. —Ustedes mejor quédense aquí. Trataremos de no toparnos con Lao…

Ash notó que Eiji aún seguía con una faceta de desasosiego en su rostro y estaba mirando la nada desde hace un buen tiempo, perdido en sus propios pensamientos.

El rubio solamente asentó con la cabeza. Observó inquietamente a Shorter mientras éste le dirigió una mirada ansiosa. No tuvo la oportunidad de pedir perdón, o al menos aclarar lo que pasó hace rato, lo que ocasionó este conflicto.

Cuando ambos hermanos se fueron, Ash y Eiji quedaron completamente solos. El ambiente permanecía tenso y el soldado espero en que el pelo azabache pronunciara palabra.

—Eiji, no dejes que lo que dijo Lao te afecte. —indicó  Ash cerrando sus ojos.

El aludido suspiró por medio de su nariz y dirigió su cuerpo hacia donde estaba Ash, para quedar en frete de él.

—¿Ash, puedo preguntar que te pasó?

Rápidamente el estadounidense comprendió que se refería Eiji: sobre su pesadilla.  Ash estaba confundido y lastimado por lo que soñó hace un rato. Incluso aun sentía ciertos rezagos de su estado de pánico que intentaba controlar.

Deslizó su brazo dentro de las chamarras, cogió su pistola y la guardó entre sus ropas.

—No me preguntes de eso. —bajó la mirada. —Simplemente no lo hagas…

Lo que más le sorprendió a Ash es que Eiji no siguió insistiendo, es más, lo que más le asombró fue, de todo el caos que estalló hace unos momentos con Lao, él dejó eso a un lado y todavía estuviera pendiente de lo que ocurrió antes…de ese terror que él soñó. No le preguntó por qué apuntó su arma a Shorter o la razón que no se calmó inmediatamente, lo cual para Ash estaba altamente agradecido.

—Entonces sé sincero conmigo con esto…—suplicó. —Cuando te encontré en la playa ese día… —pausó como si estuviera dudando. —¿Querías ser salvado? —Ash intentó buscar el motivo de esas palabras, lo que Eiji realmente quería saber al preguntarle. Le fue difícil encontrar dicha respuesta ya que el rostro del japonés era conflictiva. Sin embargo, como si él le estuviera leyendo la mente, Eiji agregó. —¿No fui egoísta al traerte aquí?

El rubio abrió su boca y sus ojos en forma sorpresiva. Dichas palabras lo aturdieron un poco.

—Siendo honesto…—dijo Ash dócilmente. —…en muchas ocasiones con las que he atravesado a veces he pensado que la muerte es la mejor opción. —inmediatamente observó el horror en los ojos de Eiji. —Ser soldado te prepara para enfrentar situaciones de alto riesgo y estrés. Cuando me encontraste ese día, ya estaba preparado para morir…sabía que iba a morir. —sonrió suavemente. —No me mires así, todo eso ya lo sabias…

—Eso no contesta a lo que te pregunte…—susurró débilmente.

Ash exhaló y ladeó su cuerpo hacia Eiji. —Sí que eres masoquista…—escuchó un leve bufido del otro hombre. Al menos era un pequeño avance de sacarlo de esa miserable expresión reflejada en sus facciones. —¿Qué si quería morir? ¿Quién en su sano juicio desea la muerte? He pensado que a veces es mejor estar muerto que vivo pero tampoco la he buscado con fervor. —se acercó al rostro de Eiji y con su dedo índice comenzó a puyarlo en su frente y esperadamente el japonés se quejó por la acción. —Así que saca de tu mente que fuiste egoísta porque no lo fue… y nunca lo has sido hasta el momento. —agarró su nariz con los dedos y lo pellizcó.

—¡Hey Ash! ¡Deja ya…no soy un niño! —apartó la mano del rubio de su rostro frustradamente.

El aludido curvó sus labios hacia arriba y mostró sus dientes con satisfacción. 

—Te comportas como uno. ¿Qué es eso de preguntar todas esas cosas?

 Eiji bajó la mirada desviando la pregunta del rubio.: —¿Pero realmente lo dices en serio? ¿Todo lo que dijiste?

Ash suspiró profundamente y dejó que sus manos descansaran sobre los hombros tensos de Eiji. Al momento de sentir el calor sus manos, el pelinegro alzó la mirada pasivamente.

—Escucha, puede ser que tendrás tus propias motivaciones por ayudarnos y tratar de sacarnos adelante. Yo no te juzgó y los demás tampoco deberían. —sonrió levemente mientras que Eiji jadeó. —Créeme que eres la persona menos egoísta quien he conocido. Es más, eres altruista y por esa cualidad has podido conmover a Shorter, Sing, Nadia…y a mí. Por eso confiamos en ti. —Ash espero que el rostro de Eiji se esbozara una sonrisa o al menos una risita. No obstante, sus facciones aún se denotaban melancolía. —Por eso te digo que no le prestes atención a Lao.

A pesar que Ash intentó crear un ambiente más agradable luego del incómodo y tenso vivido momentos atrás, Eiji todavía permanecía conflictiva.

 —Ash…¿Puedo pedirte algo? —preguntó bruscamente ignorando contestar lo que Ash había dicho. El rubio con incertidumbre asintió. — ¿P-puedo…—tartamudeó— abrazarte?

El cuerpo de Ash se tensó por la cortes petición que le fue encomendada a su persona. Desde que Griffin se fue a la guerra, nunca ha recibido un abrazo de nadie. Incluso podía afirmar que sentía cierta desconfianza por ello.

Sin tener fe en que su voz sonara quebradiza por haberle asombrado por sus palabras, Ash solamente extendió sus brazos invitando a Eiji para que descansará en ellos. El pelinegro se mordió el labio inferior suprimiendo un lloriqueo y se desvaneció sobre Ash, quien rápidamente lo rodeó en sus brazos. Eiji colocó su frente sobre el pecho del rubio y de igual manera envolvió sus brazos en su cintura. Poco a poco, la rigidez de sus cuerpos fue apaciguándose y se concentraron en inspirar el olor aplacible de sus cabellos.  

Ash estaba confundido. Por más que buscaba en sus sentimientos inconformidad por el abrazo junto con Eiji no lo halló. Es más, su corazón se sentía cálido ante la muestra de afecto. Inexplicablemente no le desagradaba o lo encontraba bizarro; era como si su ser exigía más de esa clase e inocente cariño.

—Yo tampoco te juzgo, Ash. —musitó Eiji entre las ropas del soldado. —De lo que has hecho, de todo lo que te has tenido que atravesar y que te atormenta…eso ahora es pasado. —hundió más su rostro en él. —P-puedes comenzar de nuevo… para mí, eres bienvenido.

La respiración de Ash se entrecortó notablemente y sus ojos se dilataron. Estrechó vigorosamente más sus brazos en el delgado cuerpo de Eiji mientras su rostro se asentó en su cabellera negra. Dichas palabras le han tocado su alma como si el dolor y resentimiento que se habían asentado durante muchos años se esfumaba lentamente. A veces se preguntaba  si el japonés pudiese entenderlo perfectamente. Eiji no le juzga, Eiji le aprecia como es. Eiji le estaba ofreciendo un hogar, uno al que nunca tuvo oportunidad de tener desde que su hermano se fue.

—Gracias. —murmuró Ash conmovido.

Eiji negó con la cabeza y Ash sintió la fricción de sus ropas contra su piel por los movimientos del pelinegro.

Pasado una hora, el apretón entre Ash y Eiji todavía no era deshecho, continuaron amenamente sintiendo la necesidad de tenerse cerca. No hablaron más. Las palabras no eran suficientes para reemplazar la consolación que estaban recibiendo mutuamente.

Luego, Ash notó que la respiración de Eiji era ligera y entrecortada.

—¿Eiji? —lo apartó brevemente de sus brazos para ver su rostro. Él se había quedado dormido pero sus ojos emanaban pequeñas lágrimas que resbalaban sobre sus mejillas. Murmuraba suavemente palabras en japonés. A pesar que Ash no entendía su significado, esos vocablos eran pronunciados con un tono nostálgico.

Ash suspiró y con sumo cuidado acostó a Eiji sobre el futon y lo arropó con delicadeza. Por un momento apreció sus tristes facciones y Ash extendió su mano para poder secarle las lágrimas que no daban tregua en cesar pronto. Sin embargo, a medio camino, Ash empuñó su mano y rápidamente la alejó del rostro de Eiji.

Ash no estaba cien por ciento seguro, pero creía que era mejor no aturdir al pelinegro y despertarlo, aún si se trataba de una pesadilla. Había una posibilidad que Eiji estaba soñando con su familia o de alguna vivencia en Japón junto con sus amigos antes que la guerra estallara. Ash no sabía casi nada del pasado de Eiji, pero si esa era la única manera en que podía ver a sus seres queridos, él no sería quien lo interrumpiría. Aun si solo se trataba de un sueño.

El rubio absorto por los murmullos del japonés casi no se percata que Eiji emitió unas palabras en inglés.

—No…no me dejen…—esnifó. —Estoy solo…

Ash se entristeció inmediatamente y sintió punzadas en su corazón. Vagamente escuchó ruidos afuera de la cabaña pero no le prestó la debida atención.

—Parece que…somos dos almas rotas, ¿no es así? —preguntó Ash afligido sin esperar respuesta de Eiji.

Fue escasamente el abatimiento de Ash cuando se percató velozmente que no estaban solos dentro de la habitación.

Ash sintió su alma salir de su cuerpo al ver a Lao parado cerca de ellos.