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Extranjeros

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Cuando Ash despertó en la noche, lo primero que se percató fue un techo desconocido para él.  Aunque su cuerpo estaba adormecido Ash podía oler los ungüentos que le aplicaron, vendas firmemente atadas en sus heridas y estaba vestido con una yukata que le quedaba ajustada. Todo aquello lo sorprendió bastante debido a que él odiaba ser tocado, no importa si la intensión era lasciva o no, no podía soportar que otra persona colocara sus manos sobre él. Incluso dentro de la milicia tuvo algunos problemas por ello.

—¡Oh! Parece que ya abriste los ojos. —escuchó Ash una voz infantil. ¿Había un niño presente? —Wow…que ojos tan verdes… ¿son reales?

Con una voz ronca Ash habló: — ¿Quién…?—pudo visualizar un niño asiático que le calculaba unos diez años de edad. Él no estaba seguro si era japonés o chino ya que al parecer dentro de la cabaña habitaban ambas nacionalidades.

Había escuchado dentro de Europa que muchas familias resguardaban judíos en sus hogares debido a su persecución por el movimiento nazi. Aunque no le constaba, no podía creerlo del todo. Al parecer, en esta parte recóndita de Japón, hacían lo mismo.

—Soy Sing Soo Ling…—contestó animadamente mientras observaba la cabellera rapada de Ash.

Ash no deseaba admitir que tenía un lado suave para los niños. Le causaba cierta ternura al estar cerca de uno, y este niño chino, quien concluyó que lo era por su nombre, no era la excepción. Por la forma curiosa en como Sing lo miraba, dio la impresión que él nunca había visto a un extranjero en su vida. Hasta notó que alargó su brazo para poder tocarle el corto cabello rubio pero se retractó velozmente.

—Hablas inglés.

Sing desvió la mirada avergonzado.: —Siempre lo supe… mis padres eran comerciantes y tuve que aprender…Además, Eiji me dijo que así sería más cómodo si todos habláramos inglés. Así no te sentirías tan desubicado.

Ash frunció un poco el ceño: —¿Eiji? ¿Todos…?

Asentó con la cabeza: —Sí, Eiji, fue quien te trajo aquí junto con Shorter. ¿Lo recuerdas?

—Sí.

Hubo un silencio corto hasta que Sing lo rompió con una pregunta importante.

—Por cierto… ¿Cuál es tu nombre?

Ash no contestó inmediatamente. Su estadía no quería que se prolongara dentro de ese lugar. Quería pasar por desapercibido y no congeniar con nadie en la cabaña mientras sus heridas sanarán. Estaba agradecido y no podía negar que poseía cierta curiosidad sobre los habitantes de la misma. No obstante, si conseguía cortar las interacciones con ellos antes de crear lazos, lo haría. Él es un soldado y mataba gente por órdenes superiores, la gente de esas personas. No pretendía ceñirse de su buena fe.

 Antes que Sing pudiese preguntarle nuevamente, entró un hombre que a los ojos de Ash era familiar. Llevaba en sus manos un plato pequeño.

—¡Oh! ¡Has despertado! —rápidamente se arrodilló al lado del rubio. —¿Cómo te sientes?

Ash no contestó. No le sorprendió al ver el rostro decepcionado de aquel japonés.

—Soy Eiji…Eiji Okumura. —habló nuevamente. No esperaba ninguna respuesta del soldado así que continuó expresando. —Te he traído algo de comer. No es mucho pero calmará tu hambre. ¿Tienes hambre?

Estaba muriéndose de hambre pensó Ash. No recordaba la última vez que su boca haya saboreado algún alimento.

—Sing, ayúdame a sentarlo.

Cuidadosamente ambos asiáticos pudieron sentar el cuerpo entumecido del estadounidense. Ash sintió que el plato de comida fue colocado sobre su regazo e inmediatamente lo agarró y se dispuso a comer como si no hubiese un mañana. Como no podía usar los palillos, con los mismos empujaba la comida a su boca.

Sing carcajeó. —¡Le encanta el natto!

Ash frunció el ceño. Lo que se estaba llevando a la boca era lo más repulsivo que ha probado en su vida. Sentía que iba a vomitar en cualquier momento pero con toda la voluntad que poseía intentó no hacerlo. No solo sería descortés sino no sabía cuándo iba a comer otra vez.

Fue en cuestión de segundos que dejó su plato limpio.

—Gracias…—musitó Ash.

La mirada de Ash se suavizó cuando apreció la amplia sonrisa de Eiji.

Esa tranquilidad no duró mucho tras ser corrompida por pasos y gritos pesados que se escuchaban en el pasillo.

¡¿Dónde?! ¡¿Dónde está ese bastardo?!

Ash visualizó a un hombre asiático fornido que emitía un aura de animosidad; en sus manos portaba un cuchillo. Eiji premeditadamente dio un paso enfrente para bloquear la vista de aquel hombre de Ash, protegiéndolo con su cuerpo.

¡Lao! ¡¿Qué haces?! —chilló Sing sorprendido.

¡¡Voy a matarlo!!—gritó—¡¡Eiji, muévete estúpido!!

El aludido negó con la cabeza: —No.

Lao resopló: —¿Por qué?

—Él está herido, Lao. No es una amenaza.

Ash abrió grandemente los ojos. Incrédulo, observó la espalda de Eiji y como el otro hombre se mostró sorprendido al igual que él.

¡¿Por qué hablas su lengua?! —preguntó jadeante.

—Mientras esté aquí, tiene derecho saber qué está pasando a su alrededor.

El rubio inhaló suavemente con su nariz, ensimismado por las palabras del japonés.

—¡Pará ya, Lao! No hay necesidad de esto. —gritó Sing caminando hacia su hermano.

Rápidamente se escucharon pisadas acercándose a la habitación. Fue en ese momento que Ash visualizó al otro asiático que le ayudó junto con otra persona de caballera corta.

¡Lao baja el cuchillo! —ordenó Shorter.

¿Tú también, Shorter? ¡Estás de lado de Eiji! —apuntó con el arma al pelón.

—¡No Lao! —Eiji trató de pararlo. —¡Shorter no tiene a culpa de nada! Yo le pedí que me ayudará. Si quieres buscar un culpable, entonces cúlpame a mí.

Shorter al escuchar que hablaban en inglés, trató de hacerlo igualmente. —No, Eiji. No tienes que…culparte de todo. Yo también… querer lo que hice….—dijo con dificultad Shorter. No era muy bueno hablando ese idioma.

—Shorter…—murmuró la otra persona cerca de él. Ash se percató que era una mujer con vestimentas de hombre.

Lao tambaleó su cuerpo hacia Eiji. Con indiferencia habló claramente en inglés—Están locos. —rio sarcásticamente—¡Habló este repugnante idioma para que entiendas bastardo! — apuntó el cuchillo a Ash y vio a los ojos a Eiji— ¿Quieres que nos maten a todos? Trajeron un soldado estadounidense aquí. ¡¿Cuánta gente no ha matado?! —explotó— ¡Nosotros podríamos ser los siguientes! ¡Nos pusiste en peligro a todos!

Antes que Eiji pudiese contestar, Shorter intervino.: —Ya lo pudo haber hecho cuando lo encontramos. —dijo apaciguadamente. — No fuiste testigo de lo que vi…—desvió su mirada para observar como Ash suspiró levemente.

Eiji frunció el ceño.: —Él no nos hará nada. Lo sé…confió en él…

Lao bajó el cuchillo desganadamente mientras mofaba y negaba con su cabeza. —Increíble…—vio a Shorter y a Eiji. —Ustedes pueden irse a la mierda…si nos matan a todos será su culpa. Puede ser que esto sea un plan militar y Estados Unidos está invadiendo esta parte de Japón. ¡Solo verán nuestros ojos rasgados y nos toman a todos como japoneses!

—¡Lao! —exclamó Sing. —Sus vestimentas estaban rasgadas y está gravemente herido. No creo que esté involucrado en ningún plan.

—Sí…parece que naufragó…—enunció Shorter.

Ash sintió que esperaban que él aclarara las dudas que fueron dichas. Sin embargo, se quedó callado ante la situación y bajó la mirada. Realmente no podía decir a donde se dirigía  o en qué zona iba a atacar. Era misión secreta. Toda esta situación era muy incómoda.

—A veces no concuerdo en muchas cosas con Lao pero está vez tiene razón. —habló por primera vez la asiática.

—Nadia…—dijo Shorter asustado.

La aludida alzó su mano, la colocó sobre sus ropas cerca de su pecho y arrugó fuertemente la tela.: —Estuviera más tranquila si él no estuviera aquí. —cerró sus ojos. —¿Eiji, dime honestamente por qué lo salvaste? Es un soldado estadounidense…puede traicionarte en cualquier momento…

El japonés no respondió inmediatamente. Sabía que su respuesta podía marcar los futuros eventos que se podrían suscitar dentro de la cabaña en la playa de Izuno. Él sabía que ellos no lo entenderían lo que pasó realmente cuando lo encontró. Esos ojos jades cuando se conectaron con los suyos, ese sentimiento tan familiar.

—Solamente hice lo correcto. —contestó Eiji. —Está herido y traté sus heridas. Todos mereceremos ser salvados en momentos de crisis…al igual con ustedes cuando los encontré dentro de la cabaña... —sonrió levemente. —Confío en él…así como lo hago con ustedes.

Hubo un silencio denso dentro la habitación. Los chinos se mostraron estupefactos por la contestación del japonés. Ash tampoco lo podía creer lo que escuchó. No sabía que pensar en ese momento.

Luego de un buen rato, Nadia emitió palabra.: —Estoy conmovida por tu altruismo y empatía hacia otros Eiji…pero estamos en época de guerra…

Eiji negó con la cabeza.: —¿Y esos sentimientos ya no son válidos por estar en guerra? —replicó. —Japón y China siempre han estado en conflicto mucho antes de esta guerra, el odio ha sido transmitido por generaciones por problemas de nuestros antepasados, como si fuera nuestro legado. —frunció el ceño. —Si me hubiera dejado llevar por esas emociones los hubiera reportado a todos ustedes a las autoridades japoneses desde el momento que lo vi en mi cabaña… ¿Qué tan diferente es con este soldado? ¿No han pensado en eso?

—Eiji…—dijo Shorter aguantando las lágrimas.

La respiración de Ash se tornó dificultosa. Jamás en su vida había escuchado a alguien que tuviera dichos sentimientos hacia él. No conocía a ese hombre que aún lo protegía, dándole la espalda, interponiéndose  ante la mirada de todos.  Incluso Lao, quien se mostró histérico como un perro rabioso ahora está quieto y pálido.

Nadia tragó saliva.: —Entiendo y agradezco por todo lo que has hecho por nosotros. —susurró. —Respeto tu decisión Eiji pero yo no confió en él. Te diré que él será tu problema y no el mío.

El aludido sintió que su corazón se achicó por esas palabras.

—¡Nadia! —reclamó Shorter.

—¿Nadia, no crees que estás siendo injusta con Eiji? —preguntó Sing. —Eiji nos cuidó, nos abrigó, nos dio un techo en donde vivir y nunca nos discriminó. Incluso nos está enseñando japonés para pasar desapercibidos…

—No. —dijo ella. —Ya recalque que confío en Eiji y le debo mi vida…le debemos nuestra vida. —trató de ver al soldado. —Pero no confío en él...tiene que ganarse nuestra confianza. Solo espero que tu fe ciega por él no juegue en tu contra, Eiji.

—Ya tente la suerte una vez. —dijo Eiji firmemente. —Esta vez tampoco es diferente.

Nadia asentó y se fue del lugar sin mediar otra palabra. Los demás escuchaban las pisadas leves de ella.

—Sing, vamos. —ordenó Lao. —Como Nadia, no confío en él. Lo tendré vigilado. —frunció el ceño. —Si hace algo sospechoso lo mato.

—No, Lao no entiendes…—Sing alegó pero fue interrumpido por una voz que sus oídos no estaban acostumbrados a oír.

Luego de mucho tiempo en silencio, Ash observó al niño y susurró, tratando de que su voz solo fuera escuchada por él.: —Sing…

El aludido lo observó de inmediato y se percató que el soldado negaba con la cabeza. No ameritaba pelear, suficiente por la agitación de hace rato.

Sing suspiró y camino lentamente hacia su hermano sin antes dar un vistazo al soldado que estaba aún sentado en el futon. El niño se dio ánimos a si mismo ya que el soldado estaría con ellos por un tiempo al parecer mientras se busca una solución ante este embrollo. Podría conocerlo mejor pronto porque él sabía que él no era una amenaza. Además Eiji y Shorter confiaban en él. Si ellos lo hacían ¿estaba bien si él también podía creer en lo mismo, verdad?

—Sabes, mejor iré a verlos…ya sabes…calmar las aguas…—tartamudeó Shorter. Observó al rubio por un instante. —Tú…gringo…quieto. —y se fue detrás de ellos.

Ash notó que este asiático llamado Shorter hablaba pésimo el inglés y su acento era muy marcado. Tendría que tenerle paciencia a este hombre para entenderle mejor más adelante.

Eiji sintió que sus piernas se debilitaban y cayó al suelo con sus rodillas mientras exhaló fuertemente para sacar el estrés que se acumuló en corto tiempo. Trató de respirar hondo antes de girar su cabeza y ver un sorprendido soldado detrás.

—Nunca pensé que iba ser tan complicado. —se quejó Eiji a Ash. —¿Estás bien? ¿No te aterrorizaron?

El aludido parpadeó varias veces, tratando de descifrar las palabras del japonés. En efecto, si entendió perfectamente que le dijo pero no comprendía las intenciones detrás de esas palabras.

—¿Por qué lo hiciste? —murmuró. —¿Tanto confías en mí?

Eiji lo observó por un momento antes de pararse nuevamente hacia la esquina derecha de la habitación. Se hincó y levantó parte del tatami. Inmediatamente Ash pudo a lo lejos ver que parte del piso era hueca y profunda en la cual perfectamente cabrían varias personas dentro. Estaban guardadas algunas cajas pero lo que le llamó la atención fue que Eiji sacó su pistola de ahí. Nuevamente, el japonés se acercó a él y se arrodilló sosteniendo el arma con sus dos manos.

—Sí, confío en ti. —susurró Eiji—Cuando te encontré en la orilla del mar tuviste la oportunidad de matarme pero no lo hiciste.

Ash arqueó una ceja.: —¿Solamente por eso?

—No. Hubo algo más…—entrecerró sus ojos. —No sé cómo explicarlo…había algo en tus ojos que me dio la impresión que te salvara.

—Soy un soldado. No le temo a la muerte ni en matar a otros. —respondió con indiferencia.

Negó con la cabeza.: —No, no…—frunció los labios. —A la muerte no le temes…lo sé. Cuando te vi pareciera que la hubieras esperado pacientemente en que te reclamara. —lo observó fijamente a los ojos. —Era algo más…era como si quisieras que te confortaran tu dolor…tus pesares en tus últimos momentos. Como si hubieses sufrido mucho en tu vida y que ya no quisieras que te hicieran más daño.

Ash lo vio estupefactamente. ¿Acaso sus ojos fueron ventanas claras para que este hombre pudiera ver dentro de su alma? Podría estar inventándolo todo lo anterior para sonar poético y solamente ser un farsante. Sin embargo, mientras más mirada esos ojos cafés sentía que calmaba todos sus sentidos. ¿Realmente este Eiji tiene un alma tan pura que no lo juzgaba por lo qué es? ¿Un asesino? No sentía miedo sino paz. Esa tranquilidad que anhelaba por mucho tiempo lo estaba obteniendo por él. Lo más extraño para Ash es que apenas conoce a este hombre. No sabía que pensar.

Eiji se puso nervioso ante el silencio repentino y tartamudeó: —¡Per…perdóname! Se escuchó raro todo lo que dije…

—Me viste solamente por unos segundos y llegaste a esa conclusión. —Ash sonrió un poco. —¿Pero lo dices en serio?

El pelo azabache no escuchó burla en las palabras del estadounidense. De verdad este soldado estaba tratando de confirmar de todo lo que había dicho.

—Sí. —sonrió. —Para serte sincero me resultó muy familiar esa mirada…

Ash frunció levemente el ceño.: —¿Familiar? —No sabía en qué se refería. Eiji no profundizó más sobre el tema y él no quería inmiscuirse en sus asuntos. Fueron suficientes las fortalecidas palabras que expresó hace un momento atrás.

—Por cierto, ten. —estiró sus brazos mientras mantenía la pistola con las dos manos. —Te la entrego. Eres el único que puede usarla…

Ash hizo una mueca de sorpresa.: — ¿Para qué me la das? ¡Los demás no confían en mí y me das el arma!

—Creo que es mejor que la tengas a que los otros lo descubran y lo tengan la pistola en sus manos. —dijo Eiji. —Además, si disparas el arma contra alguien sería hacia a mí y no a ellos.

—¿Por qué?

—Estados Unidos está con China. Ellos son refugiados chinos que están escapando de la guerra y terminaron aquí en Japón igual que tú. —explicó. —Al parecer, yo soy el malo aquí.

Antes que Ash dijera algo más, Eiji dejó el arma sobre el regazo de él.

El soldado jadeó incrédulo mientras cogía su pistola. —¡Estás loco! —negó con la cabeza. —Eres el ser más loco que he conocido…

—Ya te lo dije. Confío en ti. —dijo sosegadamente Eiji.

Ash respiró con dificultad. Ese hombre, Eiji, está loco de remate. ¿Cómo podía confiar plenamente en él? ¿Qué hizo él para ganarse la lealtad de este hombre japonés? Era todo un misterio en la cual no le desagradaba en descubrirlo.

—Ash Lynx.

Eiji parpadeó.: —¿Perdón?

—Ese es mi alias en la milicia. Mi nombre es Aslan—pausó.—Aslan Jade Callenreese pero llámame Ash. —lo vio fijamente a los ojos. —Recuérdalo, Eiji.

Una sonrisa amplia fue dibujada en el rostro del aludido.