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THE TRUE

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Prólogo

 

 

Su respiración era poderosa, casi errática, causa de la emoción de la niñez, labios rojos por los pequeños mordiscos que solía darse sin intención de lastimarse, y sus pestañas tan oscuras y pobladas, revoloteaban con velocidad mientras los ojos se le llenaban con la miel de la curiosidad. Ese era el ánimo usual del pequeño Stiles, el único hijo del sheriff que ahora veía con fascinación al adolescente sentado en la sala de la comisaria.

−Hola – saludó el pequeño mientras se sentaba como podía en el brazo del banco, justo donde el extraño (pero no por ello menos fascinante) adolescente lo miraba con desconcierto. Es bonito, declaró el niño en su hiperactiva mente, le encantaban de sobremanera los ojos que tenían su atención, toda su atención, puesta sobre su pequeño cuerpo agitado por la excitación de hacer nuevos amigos; eran verdes… no, ¿tal vez azules?, para nada. No eran tan comunes, y eso lo cautivaba. − ¿Cómo te llamas? – insistió el pequeño al no tener respuesta. −Yo soy Stiles – dijo sin cortarse. El otro cambió rápidamente su mirada de desconcierto a irritación. ¡Aww! A Stiles le gustaba más esa mirada. −Bueno, en realidad ese no es mi nombre, pero dudo mucho que exista alguien, además de mi padre, que pueda pronunciarlo, mis profesores nunca han podido, muchas zetas, ya sabes.

− ¿nunca te callas? – ¡Por fin! Una respuesta. Ah, Stiles estaba extasiado.

− ¿nunca hablas? – contraatacó el pequeño completamente divertido. El mayor alzó una ceja en ironía mostrándole lo tonta que había sonado esa pregunta. El niño se lamió el labio un tanto nervioso. −Bueno, sí, lo acabas de hacer –dijo avergonzado. − ¿a quién mataste? –preguntó nuevamente el menor. ¡Stiles solo cierra la boca! Se dijo a sí mismo, su plan de: hacerse amigo del lindo joven que estaba sentado en el banco con una mirada de los−odio−a−todos surcándole el rostro, ciertamente no estaba yendo como se lo imaginó; en su mente él resultaba ser alguien tan interesante que dejaba hechizado por completo al otro y se hacían mejores amigos por siempre. Ahora comienza a replantearse tremenda tontería. − ¿me adelanté? Ok, olvídalo, empecemos de nuevo, ¿Por qué estás aquí? ¿Robo? ¿Daño a propiedad privada? Se ve que eres un rebelde, sí señor, ¿asesinato…?– Bien, mátenlo por encajar. Su curiosidad siempre ha sido un problema –Ok, Sé que no lo diría pero realmente creo que eres un asesino… asesino… ¿lindo? – con un extraño movimiento de cejas, ¡y qué cejas!, el otro parecía preguntarle ¿Qué mierda estás diciendo, mocoso?, y rayos, Stiles necesitaba ser amigo de este joven. − ¿Cómo haces eso?

− ¿Qué?

−Eso.  − señaló el pequeño; sus manos se movían de forma graciosa y desordenada por todo el frente del rostro del contrario. −Sí. ¡Eso! – insistió el menor, cuando nuevamente esas cejas, en serio ¡que cejas!, se movieron de forma divertida mostrando la confusión del otro. −Vamos, amigo. Eso con las cejas. ¿Cómo lo haces?

Por unos minutos, muy incómodos, Stiles estuvo a punto de darse por vencido, ya estaba resignándose a que no sería amigo del joven−buenorro−de−ojos−misteriosos, como lo había bautizado en su mente, que estaba mirándolo de forma que, aunque Stiles era un niño que se jactaba de ser un poco temerario y de ser tan curioso que muy pocas cosas lograban impresionarle, ciertamente comenzaba a sentirse un poco intimidado y… ¿le iba a dar un infarto? ¿Era normal que le retumbara de esa forma su pobre corazón?

Tum. Tum. Tum.

Lo sentía hasta sus pequeñas orejas. El niño podía apostar su mesada que el latir de su corazón se escucharía hasta Alaska en ese momento.

Que no lo escuche. Que no lo escuche.

El otro chico bajó la mirada en movimiento ágil y la posicionó unos segundos en el pecho del niño, quien seguía rezando porque alguien lo sacara de esa situación tan incómoda, en la que él solito se había metido. El contrarío lo miró nuevamente, se acercó lo justo para, ahora sí, darle luz verde al infarto inevitable que el niño aseguraba que iba a sufrir. El adolescente lo contempló durante un minuto más hasta que… ¡Oh, Dios mío! ¿Esos son dientes de conejito?

− ¡STILES!

¡Rayos! su padre, lo había olvidado. Se supone que se quedaría: −sentadito y calladito ¿entendiste niño?

− ¿sabes cuánto llevo buscándote? – la voz gruesa y amable de su papá irrumpió en la sala de estar de la comisaria como un relámpago. Si, debió quedarse sentadito y calladito. Oww, el joven−buenorro−de−ojos−misteriosos ya no estaba tan cerca. –Te dije que te quedaras…

−Sí. Si. Sentadito y calladito. – Uh, grave error. Su padre lo miró duramente por la insolencia pero no dijo nada cuando notó que no estaban solos, carraspeó incomodo y enojado a ambas partes y al final suspiró con cansancio.− en mi defensa, no salí de la comisaria. – Ok, Stiles aquí es cuando te callas. Se levantó rápidamente y corrió con lo que sus cortas piernas le dieron en dirección a la oficina de su padre, el actual Sheriff de Beacon Hills, aunque a medio camino decidió simplemente devolverse y observar desde la distancia.

El joven−buenorro−de−ojos−misteriosos seguía ahí, ocultando una sonrisa con el dorso de su mano derecha, pero la diversión centellando en sus ojos no podían engañar al pequeño Stiles.

−Bueno chico, te dejaré ir con una advertencia – escuchó decir a su padre mientras conducía al joven a la entrada de la comisaria. Stiles, tan curioso como él solito, los siguió desde una distancia prudente, muy prudente. Era todo un espía. – no más conducir llevando alcohol ¿entiendes?

−Sí, señor. No volverá a pasar.

−Eres un buen chico – El hombre rubio le regalo una suave sonrisa al joven y luego suspiró con resignación para volver a su oficina y posiblemente regañar a su pequeño diablillo por desobedecerlo.

Stiles, el buen espía, esquivó todos los obstáculos para no cruzarse con su padre, se escondió debajo del escritorio de la oficial que ejercía de recepcionista  en el momento y con sus deditos regordetes le hizo una seña para que no hablara, ella divertida le correspondió el gesto.

−Estúpido Peter –escuchó despotricar al joven que caminaba rápido a una camioneta algo vieja pero que no dejaba de ser bonita.

- ¡Espera!

El joven se tapó los oídos, aturdido. Ok eso fue un poco raro, pensó Stiles.

− ¿Qué?

Amm… yo… ammm…

− ¿Qué? − repitió el joven, jugando con las llaves de su auto.

El pequeño Stilinski boqueó un par de veces antes de agitarse en su ropa hasta sacar lo que buscaba y empuñarlo en sus manitos extendidas hasta el adolescente que seguía mirándolo con chulería.

−Para ti

En un rápido movimiento, el pequeño niño estampó contra el pecho del contrario el objeto que llevaba en sus manitas hasta hace poco y salió corriendo recordando que aún tenía que aguantar el sermón de su padre. Si, fue por eso, no fue por la vergüenza, claro que no, él era un Stilinski, esa palabra no estaba en su vocabulario.

− ¿Reese´s? – el susurro desconcertado del joven fue lo último que escuchó.

 

 

 

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Capítulo 1: Tattoo

 

 

Sus sueños eran la única escapatoria que le quedaba de aquel mundo cruel en donde vivía, el que le quitó a su madre, el que hizo de su padre alguien que se consumía lentamente por el dolor, el que convirtió a su mejor amigo en un hombre lobo. Stiles intentó darle forma a lo que le pasaba, pero cuando desistió y aceptó su nefasto destino y la impotencia de ser un mero espectador, decidió que al menos en sus sueños quería estar tranquilo, seguro y viviendo a plenitud lo que en su realidad no podía conseguir. Pero, como hasta entonces desde hace un año, aparecía ese hombre sombrío, duro y terco que era Derek Hale y le quitaba su aparente paz; le dejaba la cabeza llena de preguntas, que ya de por si en una persona normal causaría un gran dolor de cabeza. Por una vez, en mucho tiempo, deseó ser una persona normal.

Repasó su vida hasta el momento mientras despejaba el nebuloso rastro de lo que por un momento creyó haber sido una pesadilla. Si Derek Hale se encontraba en ella, entonces debía serlo. Las preguntas comenzaron como una pequeña ventisca, para luego rodar por los rincones de su mente como una avalancha; no le daban tregua, y lo odiaba.

¿Por qué Derek Hale? ¿Realmente era él? ¿Por qué su mente estaba segura de que era él?, una tras otra iban creciendo, acumulándose, causándole un migraña insoportable, y sin darle paro a su curiosidad. ¿Por qué había soñado eso? ni idea, ¿Por qué se sentía como si siguiera siendo ese niño de once años que no puede controlar el pulso de su corazón? Una incógnita aun más inquietante, ¿Por qué seguía viendo la cara de ese joven? esa pregunta era aun peor. Nunca lo había visto, estaba seguro de ello. Pero su mente solo tenía un nombre para el chico de sus sueños: Derek Hale.

 

¿Quería saber? Claro que sí.

 

− ¿Derek? −preguntó al blanco que adornaba el techo de su habitación.

 

−En realidad soy Erica. –le sorprendió la voz gatuna de la rubia. ¿Qué rayos tienen esos chuchos con asustarlo de esa manera? −pero supongo que nuestro Alpha tiene un horrible hábito de colarse a la habitación de un adolescente. –Continúo divertida la chica que ahora, gracias a la luna, se veía con claridad desde una de las esquinas de la estancia, enfundada en unos pantalones imposiblemente apretados, un escote perverso para una simple puberta y la clásica chaqueta de cuero de la manada. Claro, si no hay cuero no es un buen hombre lobo. Erica al parecer siempre ha tenido ese humor retorcido que el castaño no sabe si clasificar en impactante o desagradable. Aunque la chica en sí, no le caía mal.

 

−Erica… ¿Qué haces aquí?

 

− ¿No me preguntarás como entré? – preguntó la chica. ¡Ah! por eso le dice Catwoman en su mente. La chica da pasos lentos, acechadores cual depredador, con sonrisa y toda la sensualidad incluida – ¡Vamos! Eso es lo divertido de esto. –insistió cuando lo único que recibió como respuesta de parte del otro fue una alzada de ceja. Se había prometido así mismo que dominaría el idioma de las cejas, no quería darle el lujo al menor de los Hales de ser único y especial.

 

− ¿Qué haces aquí?... –dijo Stiles −… Viva.

 

Y como si fuera magia, el semblante de la joven cayó en vergüenza −Amm… si, sobre eso, gracias… − dijo apenada. Stiles no tenía que ser un hombre lobo para saber que había algo que no concordaba. Primero, Erica, la gran Catwoman le estaba agradeciendo. ¡Vamos! Que la chica lo había noqueado de un golpe, podía darse el lujo de ser un poco escéptico, y segundo… ¿Por qué? −… digo, por salvarnos. –Agrego.  Ok, eso tiene más sentido… o lo tendría si él supiera de que mierda está hablando Erica. ¿Lo de estar desquiciado vendrá con los genes lobunos?, haciendo memoria: ¿Peter? ¡Oh! más que loco, ¿Derek? Definitivamente, ¿Boyd, Isaac y Erica? Tenían lo suyo, ¿Scott…?...Sip, ahí se iba su teoría al traste.

 

−Yo no hice nada. –dijo el castaño luego de salir de sus divagaciones mentales. ¡Bah! A quien engañaba, aún le daba vueltas al hecho de que Scott estaba defectuoso.

 

− ¿Qué no hiciste nada? ¿Estás bromeando? –La chica graciosa parecía no entenderle. Era él quien no entendía. –Espera… ¿no lo recuerdas?

 

− ¿Recordar qué?

 

Sus palabras habrían tocado una fibra en la chica pues sus ojos, grandes y saltones, como botones perfectamente cocidos a su carita de muñeca, solo reflejaban la confusión. Stiles recordaba muchas cosas, la muerte de su madre era una de ellas, la que lo perseguía día y noche y de la que inevitablemente se culpaba desde hace seis años. Los ojos de Erica de cierto modo le recordaron a Claudia, esa mirada entre perdida por no saber que decir o culpable por debatirse si abrir la boca era lo correcto en ese momento. Stiles comenzaba a cansarse de esa mirada.

 

−Nada. – dijo la chica, seguramente para cortarle la verborrea que estaba a punto de salir de él pero que solo se quedó en movimientos torpes de sus labios. Quería pensar que era eso, y no por la culpabilidad que era palpable en el rostro de Erica. Algo iba mal. –solo recibe las gracias con humildad, Batman.

 

− ¿De nada? – sonrió algo torpe. Lo mejor sería dejar pasar la falta de información, aunque se conocía muy bien para saber que tarde o temprano encontraría la forma de darse por enterado. –Ahora dime ¿Qué haces aquí?, porque dudo mucho que solo hayas venido por eso ¿o me equivoco?

 

−Vaya, tan sutil como siempre –dijo Erica – Yo… bueno… quería hablar contigo.

 

Si. Algo iba mal. No era el simple hecho de que Erica estuviera ahí, parada frente a él viéndose vulnerable, con sus ojitos chocolates bañados en tristeza, con el rojo característico de sus labios casi inexistente por el constante jaleo que sus dientes decidieron hacer de ellos. Primero los de abajo, mordisqueando un poquito, casi nada, la arista pomposa que por lo regular adorna sus sonrisas sórdidas. Le recordaba a su yo pequeño, cuando su padre lo regañaba por descubrirlo usando sus calzoncillos de mascaras y el mantel de navidad como la capa que terminaba su traje de superhéroe; también le recodaba a Isaac, recordaba haberlo visto hacer justo lo mismo en alguna ocasión, pero bueno, Isaac siempre le había parecido un bebé gigante, muy gigante. No era normal el crecimiento de Isaac ¿Ok?. Él aún era un adolescente muy impresionable.

 

− ¿Hablar? –dijo el castaño −La última vez que hablamos mi cara estaba pegada al carburador de mi jeep.

 

−Yo… Si… lo siento. − ¿En serio, Erica? ¿Sonreirás en un momento como éste?. Olviden lo de ojitos tristes, esa chica era una…

 

Demonios, contrólate Stiles, es horario para menores.

 

−Me dejaste en un contenedor de basura, Erica. – recalcó rematando con la ceja alzada. Iba en serio lo de dominar el lenguaje cejal.

 

−Realmente lo siento. – él seguía viéndola sin cambiar de expresión, lo que posiblemente, y quiere creer que fue así, causó que Erica dejara su mueca burlona y se pusiera seria nuevamente. Si, definitivamente debía hacer de ese lenguaje su huella personal. Que le den a Derek Hale. Él lo necesita aun más. –En serio, lo siento. –dijo la rubia pareciendo realmente arrepentida.

 

Stiles suspiró rindiéndose.

 

−No pasa nada – dijo el castaño  −aún sigo vivo.

 

Un silencio algo incomodo se puso sobre ellos. Stiles estaba casi seguro que Erica intentaba olerlo con disimulo en un intento por adivinar sus pensamientos u ¿olores?, esto de los hombres medio perros lo confundía demasiado.

Volteó un poco la vista y la fijó en la estantería que hasta hace poco se le dio por poner en su habitación, estaba llena de libros de todo tipo (al menos los que hasta ahora poseía) desde los románticos cursis que por un momento pensó en usar en su plan de diez años de conquista a Lydia Martin hasta los que lo hacían parecer más lunático de lo normal, esos mohosos libros llenos de hechizos y símbolos que en ningún momento de su vida utilizaría pero que le daban esa ilusión de ser también un ente mágico. A decir verdad ahora que lo pensaba en realidad era él el normalito del grupo del que se rodeaba. ¡Qué rayos! hasta Lydia estaba desquiciada.

 

¡Wow! Ahí va otra vez. Su mente divagando sin rumbo.

 

Y antes de que su monólogo interno sobre sus teorías de porque Derek Hale seria en realidad un mejor Batman que él, decidió romper el silencio, y aún sin mirar a Erica, le preguntó. – ¿Está tu Alpha bien con que estés aquí? no le caigo muy bien ¿sabes?

 

−No he hablado con él… desde que me fui. – eso era información nueva.

 

− ¿Desde qué te fuiste? –Preguntó Stiles, más por decir algo que por saber pues la pregunta era muy tonta. − Oh… las cosas no salieron bien ¿eh?

 

−No lo entiendo ¿sabes?, es decir, ¿Por qué nos dejó ir? ¿Por qué no fue por nosotros? –dijo la chica echándose a su lado en la cama, en un solo instante había pasado de un lado a otro de la habitación. Tenía la mirada de Erica pegada a la suya, lo miraba fascinado, casi como si estuviesen compartiendo secretos. Dedujo que la joven se sentiría aliviada de tener a alguien para hablar de esas cosas. Las sobrenaturales. La situación daba risa, parecía una de esas pijamadas de las que tanto escuchó hablar a algunas de sus compañeras en el instituto. ¿Era él la Regina George?.

 

−Porque Derek Hale es un idiota. Ya deberías saber eso. –respondió intentando sacarse de encima a Erica un poco incomodo, la chica ya comenzaba a invadir su espacio personal jugando con su cabello, ahora un poco más largo, enredándolo en sus dedos regordetes. ¿En serio qué onda con los perros?

 

−Lo sé. –continuó la chica aún intentando hacerle rizos en su pelo castaño −Digo, se sintió raro. Parecía como si no nos quisiera dejar ir pero al último momento sólo… desistió. –agregó con el semblante de quien piensa en la inmortalidad del cangrejo. Erica era tan extraña. – no creo que quiera volver a vernos.

 

Stiles, quien hasta el momento estaba concentrado en pensar en Batman, cangrejos y en lo que utilizaría como chantaje para hacer que su viejo comiera vegetales, agudizó su oído en lo último dicho por la joven rubia, aunque eso no era más que un eufemismo para lo que realmente hizo, pegarse a las manos de Erica que no dejaban (y él también permitía, porque demonios ¡se sentía rico!) de revolotear por su medianamente corta, pero no por ello menos, abundante melena castaña. − ¿Vernos? –preguntó.

 

−A Boyd y a mí. Debe odiarnos.

 

−Derek odia a todo el mundo dijo Stiles riendo un poco al notar que por un breve instante las manos de la chica pararon con su tarea. Seguía sin verla, pero podía apostar su edición más antigua de spiderman a que Erica lo mataba con la mirada. Así que ese era el efecto Alpha. Interesante. –Todo estará bien, ya verás que se le pasa y podrás hablar con él. Espero. –dijo el castaño susurrando lo último. –Es más, yo mismo haré que eso pase, te lo prometo.

 

El silencio cayó nuevamente, pero esta vez no era incomodo, era relajante hasta cierto punto, las manos de la joven volvieron a su tarea anterior y el castaño seguía elaborando un buen chantaje para usar con su padre.

 

Los toques de Erica se suavizaron, ya no era solo por joderlo (porque él estaba seguro que al principio era solo por eso), lo hacía suave, con delicadeza, disfrutando de lo bien que se sentían los mechones en sus dedos. Entonces ella susurró. −Realmente me gustabas. –La risa suave de la chica le acobijó la piel y le revolvió las entrañas. Una declaración inocente soltada con tal violencia. Erica sin duda era única. Su Catwoman, su hermanita. Stiles siempre había querido tener hermanos, pero era más por la cuestión de que la mayoría del tiempo estaba solo. Tenía a Scott, eso era una realidad, pero la mayor parte de todo, el lobo novicio estaba detrás de Allison o simplemente no lo veía por semanas, como pasaba en la actualidad; por lo que se imaginó así mismo teniendo hermanos, pero luego ese deseo desapareció con rapidez. Stiles pensó en que tener hermanos berrinchudos y molestos sería lo equivalente a tener una Erica, y él ya tenía una Erica. Mentiría si dijera que no sintió pavor cuando vio a ambos chicos, betas de Derek soyeltodopoderosoalpha Hale, amarrados al techo de ese sótano de espanto. Simplemente deseaba poder olvidar el suceso. Aún así adoraba ser hijo único. –Lo dije en serio, me gustabas. Eres un buen chico, Batman.

 

−Tú también eres buena, Erica. –Ahora era él quien la acariciaba. Tranquilo, sin prisas, haciendo memoria si su padre estaría o no en la casa.

 

−Derek me rechazó. – ¡Dios Erica!.– Lo besé y me rechazó. − Si la chica notó su corazón latir en ira (aún no entendía el porqué, por cierto.) lo dejó pasar. Era él quien quería matarla ahora. Estaban tan bien, dándose mimitos y eso.

 

− ¿Estás bien? – la pregunta sonó con mas rudeza de lo que deseo.

 

Erica lo miró y sonrió quedito, como si le dijese que el secreto quedaría entre los dos −Sí, estoy bien. Realmente no es como que lo amara o algo así. Solo pensé que ahora que era linda podría hacer que alguien me quisiera… − dijo encogiéndose levemente de hombros para rápidamente apoyar su melena rubia, la que guardaba sus planes macabros (o eso pensaba Stiles), en el hueco del cuello del castaño. − ¿Por qué no puedo conseguir a alguien que me quiera?... creo que me quedaré sola para siempre.

 

−Somos dos Catwoman, somos dos. –dijo el muchacho retomando las caricias.

Ya sin pensar en nada, por primera vez en la noche, Stiles paseó su mirada por la habitación, cuando pasó a la ventana se detuvo y suspiró. Si tenía que ser sincero, no era a Erica a quien hubiese deseado ver luego de haber pasado semanas de la locura en la que se encontraron envueltos.

 

---

 

Era medio día del domingo cuando Scott, su hermano de otra madre, se le dio por pasarse por su casa desde lo pasado con Jackson y su lado reptil.

Se había quedado dormido, luego de esa extraña y un poco (tenía que admitir) adorable charla que había mantenido con su amiga (si, ahora amiga), beta del único Alpha de Beacon Hills. Amanecieron en una posición de más extraña, con Erica babeándole el cabello y enredándole las piernas en el pecho. Aún no encontraba explicación para la aparente flexibilidad de la chica. Ella se había negado a irse en la madrugada, alegando que estaba lloviendo y… ¿Cómo eres tan cruel de arrojarme a la calle, Stiles?. Por lo que no le quedó de otra que ofrecerle dormir en su cama mientras él pensaba en como acomodarse en el sofá del salón. Sin embargo Erica es Erica, y cuando menos se lo esperó ya la tenía encima haciéndole cosquillas en el cuello con sus ronquidos. Stiles siempre fue bueno con los animales, en especial los perros, pero esto ya era el colmo de lo absurdo. La rubia obstinada no lo soltaba y a él solo le tocó rendirse a su destino.

 

Otra de las razones que frenaron la ida de la chica, fue el desayuno (¿o almuerzo?). Había escuchado, de los propios labios de Erica, como ésta esperaba con ansias que él le cocinara, puesto que una vez mientras ella lo vigilaba por ordenes de Derek en los tiempos del Kanima (información que desconocía), había llegado a percibir el olor de, seguramente, uno de los famosos desayunos que le hacía a su padre cuando tenía que trabajar en la mañana. Por lo que la chica emocionada se había prometido así misma que lo persuadiría de que le sirviera de chef aunque fuese una vez. Con persuadir se refería a obligar obviamente, así funcionaban las cosas con esos chuchos.

 

Y ahí estaban, atragantándose con el desayuno cuando el ruido de pisadas bajando con rapidez las escaleras le llegaron a sus oídos de humano. ¿Qué pasaba con los hombres lobo? ¿Les aterraban las puertas o qué?

 

− ¿Qué hace ella aquí? –dijo Scott mirando receloso a una Erica que solo tenía su atención en la comida.

 

−Yo también estoy tan feliz de verte McCall. –dijo ella aún sin mirarlo.

 

Stiles sabía que tarde o temprano tendría que encarar a Scott y su falta de hermandad en el momento en que lo secuestraron y el moreno simplemente prefirió ir tras Jackson en vez de preguntar por él. A decir verdad no quería tener esa conversación, él solía ignorar los problemas hasta que se fueran, pero sinceramente estaba harto de que las personas actuaran y no se preocuparan por si se llevaban por delante a unos cuantos. Necesitaba una explicación de parte de Scott. Y unas buenas disculpas.

 

− ¿Quieren parar los dos de una buena vez? – no había notado cuanto tiempo había estado debatiéndose si escuchar o no a su mejor amigo. Pero cuando se despabiló, encontró a los dos lobos matándose a miradas.

 

− ¡Ella / El empezó!- gritaron al unisonó como dos niños pequeños.

 

−Basta –dijo Stiles – En serio, déjenlo ya.

 

El ambiente se calmó aunque aún podía sentir la tensión, lo estaba incomodando el silencio mortuorio que se traían esos dos al negarse a convivir. − ¿Qué pasa Scott? – preguntó mirando directamente al lobo que se había sentado junto a él aún apuñalando a Erica con la mirada.

 

−Quería hablar contigo.

 

− ¿Que es hoy? ¿El día de hablemos con Stiles?

 

−Estás enojado…

 

− ¡Claro que estoy enojado!

−Yo no sabía –dijo Scott apurado. – ¡lo juro!

 

−Ni siquiera pensaste que algo estuviese mal.

 

−Lo sé… y lo siento. – su carita de cachorrito arrepentido lo derritió… pero solo un poquito –tú eres mi hermano, yo… solo… lo siento.

 

Ah,  ¿Cómo no perdonarlo? Pero bueno, él era Stiles. −Allison terminó contigo ¿verdad?- dijo mordaz sorprendiendo a los dos presentes por su tono repentino.

Scott pareció meditar un poco su respuesta, hacia caritas mientras pensaba, cada una más mona que la anterior. ¿Vendría eso con los genes de lobo? Nah lo dudaba, Scott siempre le causó ternura, pero que tal y si… ¿Derek haría lo mismo?. ¡Oh! madre luna déjame ver eso.

 

−No la he visto durante las vacaciones, ni siquiera sé si querrá hablar conmigo… − dijo al fin Scott −… ¿no sé, si yo quiera hablar con ella? – preguntó mas para sí − Sé que ella no es así, estoy seguro que no quería lastimar a nadie… y la entiendo, lo que le pasó y todo eso…

 

−Alto ahí McCall− interrumpió tajante el castaño. Comenzaba a enojarse. Scott no podía estar hablando en serio.  – si vienes a disculparte en su nombre es mejor que te vayas. –continuó. –Si está verdaderamente arrepentida por lo que ella y su familia hicieron entonces que sacuda sus piernas y pida perdón de frente.

 

−Stiles…

 

−Puedo entenderla Scott, nadie aquí es un santo, ni siquiera . – siguió el castaño sin dejar de mirar severamente al otro. – y la entiendo, realmente lo hago. Entiendo por qué hizo lo que hizo pero también entiendo a Derek.

− ¿Lo estás defendiendo? ¿A Derek? ¿Derek Hale, el que te odia? –preguntó Scott completamente incrédulo.

 

−Si Scott, lo estoy defendiendo.

 

− ¿Por qué?

 

−Bueno, no sé, tal vez por el simple hecho de que la maldita de la tía de Allison mató a toda su familia. – dijo Stiles. Su voz, a medida que hablaba, adquiría un tinte triste y sombrío. − Once personas Scott. Once inocentes. – continuó. − Escucha, tal vez Derek no es la mejor persona… tal vez no es el mejor Alpha, pero los salvó a todos. − Nos salvó a todos. Pensó. – Ese hombre, a pesar de todo en lo que lo hemos metido, siguió buscando la manera de sacar tu trasero de muchos problemas. En serio no entiendo cómo es que no ha cumplido sus amenazas de arrancarnos la garganta.

 

−Tal vez tengas razón…

 

− ¡Por Dios Scott!, mató a su psicópata tío para liberarte.

 

−Lo mató por poder. –rebatió el moreno con rapidez.

 

−Lo mató por la misma razón por la que tú lo traicionaste con Gerard. –repuso Stiles mirándolo serio.  − Que por cierto, que asco de plan. – el rostro arrepentido en demasía del contrario le mostraron a Stiles que sus barreras prejuiciosas, con las que se pretendía defender, por fin habían cedido. Ese si era el Scott que conocía, el chico de mirada transparente que veía el lado bueno en todo lado.

 

Stiles miró de soslayo a Erica encontrando a la chica divertida por la situación. Negó un par de veces con la cabeza, cansado de todo. Deberás que eran unos niños, ¿Cómo se los aguantaba Derek?.

 

–Bueno si tienes razón, nos ha sacado de muchos problemas. Pero sigue siendo Derek, y Derek odia a todo el mundo.

 

− ¿Ves? No soy el único que piensa así. –dijo sonriendo Stiles en dirección de Erica. 

 

−Por esta vez lo dejaré pasar. –dijo la chica jocosa derrumbando por fin la tensión en el ambiente –Porque… Derek odia a todo el mundo.

 

−Es divertida. –dijo Scott sonriendo.

 

− ¡Lo sé!

 

− ¿Estamos bien? −preguntó su mejor amigo.

 

−Ven acá. –sonrió el castaño mientras jalaba al otro para darle ese abrazo de oso que tanto se notaba en sus ojitos que anhelaba. –Tú también. – e igualmente Erica por supuesto.

 

Los apapachó a ambos durante un rato, mientras los otros dos se frotaban en él. Muy raro. Pero era un material provechoso de chantaje, no perdería la oportunidad.

 

− ¿Qué pasa?- preguntó Stiles, aun abrazando a Erica, cuando notó la inseguridad de su mejor amigo sobre si decirle o no algo. Lo sabía por la forma de gusano en sal que adoptaba moviéndose de esa forma extraña que solo Scott conseguía hacer.

 

−Bueno…

 

− ¿Qué?

 

−Ya se están acabando las vacaciones y yo… bueno.

 

---

 

−Esto es una mala idea ¿por qué mierda siquiera se te pasó por la mente?, al menos dime que lo pensaste. –lanzó con rapidez Stiles al encontrarse a sí mismo y a los otros dos frente a un local de tatuajes, con su letrero de abierto encendido en neón. ¿En serio que le pasaba a estos perros?

 

−No creo que sea tan malo. –se excusó Scott.

 

−Yo tampoco –apoyó Erica. La desgraciada estaba disfrutando muchísimo de todo. Al principio pensó que ella actuaba de esa forma porque tenía la loca teoría de que Derek ponía como regla primordial, para pertenecer a su manada, el tener actitud cool siempre. O de loco maniático. En su cabeza esos dos conceptos eran sinónimos. Pero con la conversación, un poco reciente, que tuvo con la rubia y con la situación del momento, se pudo dar cuenta que el ADN lupino lo que había hecho en ella era darle una confianza abrumadora. Al parecer, Erica siempre había sido macabra, solo que antes no lo exteriorizaba.

 

−En serio ¿Por qué está ella aquí?- preguntó Scott un poco divertido. Si, al chico le comenzaba a agradar Erica.

 

−Estaba aburrida.

 

Estaba aburrida. corroboró Stiles.

 

−Tienes suerte de ser divertida. –dijo Scott. –Andando.

 

El lugar olía a alcohol, cuero y terror (bueno, en realidad era él, quien apostaba, que apestaba a eso), las paredes eran obras de arte urbanas, desde colores chillones hasta el más intenso de los negros las adornaban, formando figuras grotescas y mensajes intimidantes, todo eso encontraste con un piso oscuro e impoluto. Definitivamente no era un lugar para un muchacho hiperactivo y flacucho como él, mucho menos para el adorable Scott McCall. Tal vez si para Erica.

 

En atención al cliente (¡Ja! Sí, claro) estaba una chica muy robusta, de piel canela y cabellera rizada, con los labios morados y la nariz perforada. Los miraba desconcertada (seguro ella pensaba lo mismo que él) y un poco divertida, como si fuese el matón de la escuela viendo a los estudiantes de nuevo ingreso. ¡Carne fresca!. ¿Se sentiría aburrida de ver a los mismos camioneros burdos, olorosos a cerveza alemana y madera húmeda? Tal vez si… o solamente se burlaba de ellos y sus pubertos cuerpos.

 

− ¿Qué quieren? –preguntó ella.

 

Stiles sintió su espalda crujir del empujón que Scott, de los nervios que se mandaba, (que vamos, no tenía que ser un hombre lobo para notarlo) le dio. ¿Y así pretendía hacerse un tatuaje?, Stiles lo miró mal pero captó la idea y avanzó hasta quedar pegado al recibidor donde la chica ahora los veía aburrida.

 

−Amm… si veras…

 

- Violeta.

-Si, Violeta… –comenzó Stiles. Él hubiese jurado que el nombre de la chica sería algo como Bellatrix Lestrange, ese sí que encajaba con ella. −… veras, mi amigo aquí, quiere hacerse un tatuaje.

 

-¿En serio?

 

-Él dice que sí. ¿para qué arruinarle la ilusión? –el comentario del castaño pareció haber divertido un poco a la joven, quién de inmediato revisó una gran agenda y les dijo que esperaran un momento a que el artista se desocupara, que los atenderían en media hora.

 

− ¿Qué tal esto? – preguntó Stiles sosteniendo el dibujo de un lagarto gigante. − ¿no? muy pronto, si.- se respondió así mismo al verle la cara de desaprobación a Scott.

 

Habían pasado ya los treinta minutos que la chica les había hecho esperar, los recibió un hombre macizo, calvo y lleno de tatuajes, y a pesar de la apariencia de pandillero, el hombre era bastante afable. Les ofreció a él y a Erica acomodarse en el sofá de cuero negro que adornaba la pequeña habitación en donde solo faltaban minutos para oír a Scott chillar como nena (palabras de Erica). Los tres ahora se conocían un poco más, tontearon en esos treinta minutos en un intento por afianzar la confianza. Aunque eso se dio gracias a que Erica era muy abierta y risueña, y que Scott era un cachorrito. Por lo que esta vez no hubo problemas de convivencia e incluso Stiles sospechaba que Erica rondaría más a menudo por su círculo social.

 

− ¿Por qué dos bandas? ¿Qué significa? –preguntó la rubia curiosa.

 

−Realmente no mucho. –respondió Scott.

 

− ¿Entonces porque torturas a tu piel? –preguntó apurado el castaño. A veces no entendía que pasaba por la cabeza del lobo. –Se supone que un tatuaje debe significar algo. Al menos el primero.

 

−El hacerme el tatuaje ya significa algo. –repuso el chico.

 

−Es cierto. –dijo el machote que apuñalaría la piel de Scott repetitivamente con una pequeña aguja. –En la antigüedad muchas civilizaciones tomaban el tatuaje como rito del iniciado.

 

− ¿Rito del iniciado? –preguntó Erica interesada.

 

−Sí, el tatuaje no es solo una marca, es la experiencia de un novicio que está listo para tomar una gran responsabilidad. –dijo el hombre acomodando el brazo de su mejor amigo. –Digamos que es como una celebración de mayoría de edad. El individuo en cuestión pasará a ser visto por la comunidad como un adulto. –concluyó.

 

− ¿Ves? Si tiene significado. –dijo Scott sonriendo.

 

−A claro, créele al sujeto que está literalmente cubierto de tatuajes. –dijo Stiles con una ceja alzada. –Sin ofender.

 

---

 

El verano había terminado, y con ello sus vacaciones por lo que era lógico que ahora corriera por toda la casa buscando una toalla. Se le había hecho tarde, y al estar acostumbrado al descanso eterno, se le olvidó activar la alarma de su móvil. Por lo que ahora, mientras piensa como rayos llegará a tiempo a la primera clase del día sin verse como idiota (Harris por dios, mal plan para comenzar el semestre) buscaba por todos los rincones de su hogar una bendita toalla o lo que le sirviera para secarse.

 

Se supone que en una casa normal los objetos de aseo personal deberían estar en el baño, o en su cuarto como defecto; pero solo eran él y su padre, quién trabajaba día y noche, no tenía tiempo para preocuparse por ese tipo de cosas y estaba claro que el ser ordenado no era muy lo suyo.

 

Terminó en la cocina (muy inteligente Stiles), no tenía muchas esperanzas en hallar nada pero ya había recorrido los demás espacios de la casa, solo le quedaba rezar por encontrar cualquier trapo que le pudiese ser de utilidad.

 

Revisó cada cajón pero como sospechó no encontró nada, sacó el cereal para ponerlo en la isla de la cocina (no estaba de más prepararse, tampoco es que le quedara mucho tiempo precisamente), y procuró coger un plato hondo en donde echarlos cuando se dispusiera a desayunar justo después de la ducha claro. Un brillo inusual le llamó la atención, era muy tenue, en lo último de los platos, pero ahí estaba. Puso el plato en la isla y metió su cabeza de lleno al cajón. Nunca había visto algo así en todas las veces que había abierto esa gaveta. Metió la mano y se estiró un poco (bueno mucho) hasta que por fin lo tomó entre sus manos. Un libro viejo, de pasta dura y cocida, verdoso y luminoso aunque no sabía si por el moho o porque realmente era de ese color. En hermosas letras góticas como bañadas en oro rezaba la frase “ARS GOETIA”. Que él recuerde nunca había visto el libro, ni siquiera recordaba haber visto aquel titulo en internet. Se encogió de hombros y subió corriendo a su habitación con libro en mano. Lo arrojó a su cama sin mucha ceremonia y se dispuso a ir al baño para ducharse. Ya luego le echaría una miradita, primero debía prepararse, y esas virutas de brillo en sus manos que le dejo el libro comenzaban a molestarle, no iría de esa manera a la escuela.

 

Primer día en el instituto y ya lo estaba sufriendo, al profesor Harris le pareció fascinante el hacer un examen sorpresa (¡¿Qué le pasaba a ese hombre?!) aunque para su fortuna se sabía todas las respuestas, un punto para su mente hiperactiva. La cuestión es que este semestre solo compartiría una clase con Scott: Arte (Lo cual lo alegraba pues ya no tendría que calarse solo el genio de su profesor cada vez que rompían con él) que tocaban los viernes, y dos con Erica los miércoles, el resto de su horario era una mierda. Compartía clase con Isaac y Jackson casi todo el tiempo, aunque daba gracias a la luna que ninguno de los dos se presentó. Por lo que su día estuvo plagado de él molestando a Danny (algo positivo) y esquivando las indirectas directas que le lanzaba Harris. Erica y Scott se le unieron en el almuerzo, en donde la chica solo sabia meterse con Scott por algo que pasó seguramente en una de las clases que compartían pero que él desconocía (¡Fantástico!), se sentía un poco fuera de lugar pero sus amigos supieron como incluirlo en la conversación, y luego de unos cuantos chismes y demás, se enteró que Lydia tampoco había asistido a clase y que nadie sabía nada de Allison (en ese punto no pudo evitar mirar a su amigo, que impasible parecía llevar bien la noticia). Erica se despidió de ellos, luego de sonada la campana final, declarando que tenía mucho que estudiar pues debía ponerse al día con lo que se perdió cuando se fue de la manada.

 

− ¿Crees que deberíamos ir con Derek? –preguntó de pronto Scott.

 

− ¿Ah? ¿Derek? ¿Porque? –Dijo Stiles confundido mirando la seña que su hermano de otra madre le hacía a su brazo – ¡Ah! la horrible marca. –recordó. El día de ayer cuando los tres se subieron al Jeep de Stiles notaron como el tatuaje del lobo (y si, Erica tenía razón, Scott chilló como nena) se desvanecía lentamente mientras el chico suplicaba porque parara. Stiles había estado feliz de verla desaparecer, era horrible a sus ojos y había sido un gasto innecesario.

 

− ¡Oye!

 

−No sé, ¿Por qué Derek?

 

−Oh, ¿tal vez porque tiene un enorme triskel en la espalda?

 

Stiles paró de acomodar su mochila y lo miró mal. −Sabes, me sorprende que sepas esa palabra, estoy orgulloso de ti. – río jocoso. −Ok. Ok. – agregó riendo al ver al lobo fruncir el ceño. –Pues no sé, ¿estás listo para verlo? –preguntó.

 

−Tarde o temprano tendré que verlo ¿o no?

 

−Si eso es cier… −Su vista comenzó a nublarse un poco. La cabeza le daba vueltas y estaba seguro que vomitaría en medio de aquel pasillo lleno de adolescentes.

 

− ¿Estás bien? –preguntó su amigo.

 

−Si… solo… −susurró el castaño agarrándose la cabeza. −… me duele un poco la cabeza, eso es todo.

 

− ¿Seguro?

 

−Si… −confirmó Stiles. −Sí, seguro.

 

−Bueno, ¿me acompañarás?

 

−mmm… Debo ir a comprar para la cena de hoy, papá sigue sin comer las verduras, ese hombre creé que no me doy cuenta. –dijo. –Pero puedo alcanzarte allá.

 

Scott asintió suavemente mientras seguía viéndolo algo preocupado.

 

− ¿Crees que dejará algún día ese lugar? –soltó de repente el joven lobo. –Ya sabes, dejar de pasearse por ahí.

 

−Realmente estoy convencido de que ese hombre es un masoquista de primera. –dijo Stiles. El dolor de cabeza había desaparecido igual que como había llegado y su visión se compuso de la nada. Solo a él le pasaban cosas raras. –Mira que estar en esa casa, donde ocurrió todo… lo malo. –continuó. –En fin, nos veremos allá.

 

---

 

Verduras, verduras, verduras…

 

Recorrió los pasillos del súper con aquel extraño mantra rondando en su mente. La realidad era que lo de comprar para la cena no era más que una vil excusa, aunque aún no sabía si era para procesar la disculpa de Scott o para retrasar la visita a Derek. Ah, ya no quería pensar en él. Desde que había aparecido, el menor de los Hales solo sabia darle problemas a su cabeza.

 

Para empezar siempre tuvo la incógnita sobre cómo rayos supo que ese joven corpulento con cara de huraño que se mostró cual espectro en mitad del bosque mientras él y Scott buscaban un inhalador era Derek. Recordaba haber escuchado desde el radio de la patrulla de su padre sobre el trágico incidente que destrozó a la familia Hale hace seis años, pocos meses después de la muerte de su madre, pero nunca fue cercano al círculo familiar del moreno, ni siquiera era un conocido. Por lo que el reconocer al joven lo descolocó un montón, aunque lo que vino después de ello era la razón por la que creía últimamente que definitivamente se estaba volviendo loco.

 

No era un misterio el que el joven Hale alterara corazones con solo existir, el mismo lo admitía, Derek era un bombón. Cabellos oscuros peinados de tal forma que parecía no esforzarse en ello haciéndolo lucir genial, torso espartano, abdominales de muerte, piernas gruesas y fibrosas, suculentas seria la palabra si tuviera que definirlas, y con un aura de peligro que solo lo hacía más atrayente. Stiles no era ciego. Pero ese era justo el problema.

 

Siempre pensó que terminaría casado con alguien como Lydia. Bueno, él sabía que eso era un caso perdido pero los sueños eran gratis y él no los desperdiciaba. La chica era hermosa, lista y tenía carácter. Desde el primer momento en que la vio pensó que era fabulosa, el problema, además del hecho de que al parecer la Martin tenia malos gustos para los chicos y su obvio fracaso al acercarse para hacerle conversación, era algo que siempre lo frenaba en sus ensoñaciones de su futuro perfecto al lado de la diosa pelirroja. Lydia nunca le hizo sentir nada. Al menos no como él quería.

 

La admiraba, ¿Quién no lo haría?. Lydia parecía levitar mientras caminaba y llevaba consigo ese aire imposible que ponía loco a más de uno… o una (estaba convencido de que Stephani, la chica morena que se sentaba delante suyo en clase de matemáticas , estaba loquita por la hija de los Martin, aunque lo negara a los cuatro vientos) sin embargo, nunca la deseó. A decir verdad, no recordaba haberle dado la segunda pasada de vista a alguien, ni siquiera por curiosidad. Se había probado a sí mismo (y luego de una ardua búsqueda en internet) sobre el hecho de posiblemente ser asexual, y duró unos años de paz aceptando su situación y engañando (aunque no se sentía para nada mal) a Scott diciéndole lo perdido que estaba por la chica. Pero entonces (porque su vida no podía ser fácil, no señor) llegaba este hombre de la nada y le amenazaba con arrancarle la garganta con sus dientes, literalmente y no de una forma sexual.

Y ahí vamos otra vez. Derek jodido Hale.

 

¿Por qué la madre luna se ensañaba con él? (si, los libros de “magia” le ampliaban el vocabulario). Como si ya no fuese lo suficientemente malo, el hecho de saber que no terminaría con la Martin (ni en sus sueños al perecer, pues desde hace noches los invadía otra persona), no, tenía que traerle a Derek Hale y causarle estragos en el cuerpo. Estaba feliz con no estar familiarizado con las famosas hormonas adolescentes, ahora parecía un volcán en erupción cada que se acordaba del menor de los Hale, que era básicamente todo el tiempo. Aunque él seguía creyendo que no le gustaba, que solo era Derek siendo Derek y que su cuerpo simplemente se saturó con los niveles de sensualidad que le brotaba al hombre por los poros. Solo era eso, una reacción normal a su edad, nada más.

 

− ¿Disculpa? –saltó un poquito por la impresión. Volteó a la derecha y se topó con unos ojos grandes y brillosos que lo miraban con curiosidad. La chica sonreía un poco como si le hubiese leído el pensamiento y se regodeara con lo extraños que eran.

 

− ¿Si?

 

−Podrías, por favor… −dijo la chica haciendo un ademán con su mano derecha. Hasta ahora caía en que estaba bloqueando el estante de los caramelos.

 

−¡Oh! Claro. –dijo Stiles dándose vuelta y pasándole un paquete gigante de ositos de gomita, el que estaba en toda la cima. –Toma.

 

−Gracias – ella lo miró por un momento, el suficiente tiempo para darle a la mente hiperactiva de Stiles el placer de repararla. Tenía el cabello negro, un tono más oscuro que el de Derek, casi como la oscuridad misma, cayéndole como una cortina lisa en todo lo largo y ancho de su espalda, con un lindo e infantil flequillo recto cubriéndole la frente. Era menudita y pequeña, aunque lo sabia disimular muy bien, media tal vez (según sus cálculos) unos cuatro centímetros más que Lydia. Llevaba una blusita de tirantes sencilla con el color negro contrastándole la piel fantasmagórica y tapándole los pechos pequeños, la parte inferior de su cuerpecito cubierto por una falda de holanes que parecía que volaba con cada movimiento que hacía, las piernas le terminaban en unas sandalias de tacón oscuras con los pies al aire revestidos con unas medias de red. Sus labios eran voluptuosos y pálidos como los de un muerto. Y sus ojos, lo que más destacaba de su ser, eran tan profundos y sombríos. Por un momento sintió un frio correrle la columna. –Pensé que los adolescentes preferían las frituras. –dijo.

 

−Bueno, nunca está demás alimentarse bien.

 

−Eso es cierto.

 

−En realidad, es por mi padre. – agregó Stiles. Sentía la necesidad de seguir hablando con la extraña y eso no le gustaba para nada. Él no solía ser tan abierto y soltar cosas de su vida, mucho menos a desconocidos. Y ahí estaba, hablando como si nada, regalando información.

 

− ¿Tu padre?

 

−Sí, debe cuidarse y odia hacerlo. Es como un niño.

 

−Me imagino. –dijo la chica con una pequeña sonrisa. –Es muy adorable. –continuó. –El que te preocupes por tu padre, digo.

 

−Bueno, es mi padre. Es normal.

 

−Sí, lo es. –su voz de repente cayó unos tonos más abajo, entre melancolía y una extraña añoranza. –Eres un buen chico…

 

−Stiles, mi nombre es Stiles. –Dijo el castaño –Bueno, realmente no es mi nombre… −siguió. −Ya sabes muchas…

 

−Zetas… ¿cierto? –interrumpió la morocha dejando al joven asombrado y un poco temeroso. No tenía un buen presentimiento de ese encuentro casual pero su cuerpo se negaba a irse del lugar. – ¡Vaya!, le acerté. – dijo ella sonriendo por primera vez de una forma abierta.  –Sabes Stiles, hace unos momentos pase por la biblioteca y… − se removió un poco buscando con desespero en la mochila que hasta ahora notaba sobre sus hombros delicados, y haciendo maniobras con la bolsa de gomitas, la tiraba y la recogía en el aire con su mano izquierda, hasta ahora no habia notado sus uñas negras y largas, como garras pensó. Rara. −… si, aquí está, toma.

 

−No, yo no… −Stiles vio con algo de pena el libro entre sus manos. ¿Qué rayos con esa conversación? Todo era muy raro.

 

−Tranquilo, está bien. – dijo ella nuevamente sonriendo. –Se que tu le darás mejor uso que yo.

 

−Gracias, yo… en verdad… − dijo el castaño con vergüenza viendo sus pies como lo más fascinante del momento − ¿Gracias…? – se encontró solo de repente en el pasillo con un libro de cocina en la mano, el carito de la compra a un lado y unas intensas ganas de probar gomitas de ositos.

 

Si. Se estaba volviendo loco.

 

 ---

 

Scott era una persona que no podía jactarse de su inteligencia pero no era estúpido sabia que lo que iba a hacer era meterse, literalmente, a la boca del lobo. Pero debía arreglar las cosas con su hermano.

 

En su mente esperaba que esa historia de “somos hermanos” no se le haya olvidado al lobo experimentado y le ablande un poquito el corazón. Tanto como sea posible, si podía salir de esa casa en ruinas con vida se cambiaba el apellido a Hale.

 

La casa (más bien lo que quedaba de ella) estaba prácticamente igual, la misma madera podrida, el pasto sin arreglar y ese olor a quemado que le causaba dolor al recordar las palabras de Stiles. Onces personas, Scott. Once inocentes.

Stiles tenía razón, tal vez si había sido prejuicio y muy cauteloso con el hombre lobo pero es que también tenían que entenderlo a él, no podía permitir que matarán a Jackson, ni a su madre, ni a Allison, nunca se lo perdonaría a pesar de todo. Además la mayoría del tiempo parecía que a Derek le molestaba el solo hecho de respirar su mismo aire. Bueno, tal vez exageraba un poco, pero es que el lobo mayor era un amargado y parecía el villano la mayor parte de la historia.

 

−Derek… −susurró al ver al hombre parado frente a él, con esa pose de “te mataré” que siempre usaba con ellos. Que siempre usaba con todos.

 

− ¿Qué quieres Scott? –Bramó Derek cruzado de brazos.− ¿Vienes a burlarte de mí? ¿A decirme lo mal Alpha que soy? O ¿tal vez a hacerme ver como un estúpido al no saber nada sobre tus ridículos planes?

 

−Entiéndeme, no podía decírtelo, él amenazó a mi madre. ¿Qué querías que hiciera?

 

−No lo sé… ¿Confiar en mí? – la mirada dolida del lobo mayor le hizo despejar todas las dudas de si debía o no ofrecer disculpas. Había sido un idiota. Derek no haría nada para dañarlos, pero él no dudó ni un segundo en utilizarlo. Se sentía de lo peor.

 

−Derek…

 

−Lárgate Scott.

 

−Derek, por favor, hablemos. –dijo el joven mientras el otro alzaba una ceja en escepticismo. –Está bien, al menos escúchame ¿sí? –continuó Scott. –Yo, de verdad, no sabía lo que la mordida significa para ti, yo… sólo… intentaba salvar a mi madre. Si estuvieses en mi lugar ¿no lo harías? –se explicó el joven. –En verdad lo siento.

 

Derek lo miró duramente por largos minutos, Scott no lo culpaba, ¿Cómo confiar en el luego de lo que pasó?, ciertamente él no lo haría, a pesar de lo que Stiles creyera, él no era alguien que no desconfiara, también podía llegar a sentir repelús por alguien, por lo que no le extrañó la reacción del hombre.

Derek era alguien que había sufrido mucho para sus escasos años de vida, tuvo que ver como su novia (la loca) quemaba a toda su familia sin poder hacer nada, y él va y lo primero que hace es traicionarlo. No fue buena ida ir a verlo.

 

El suspiro cansado del mayor lo sacó de su miseria y con una escueta mirada le dio paso libre por la mansión quemada.

 

− ¿Estás viviendo aquí otra vez? –preguntó Scott viendo a su alrededor mientras el otro lo guiaba a unas sillas a un lado de la habitación.

 

−No. –contestó Derek.

 

Ah. Todo un conversador.

 

− ¿Y? ¿Qué hiciste ahora?, has venido a pedir ayuda ¿no es así? –le soltó de repente el lobo mayor descolocándolo. ¿Era tan obvio?

 

−Vine a disculparme –dijo Scott sentándose frente al hombre. – Y por ayuda también. –continuó poniendo ojitos sacándole a Derek un “por supuesto” muy bajito y hastiado.  –Bueno, me hice un… −señaló el joven su brazo. −… pero se borró. Quería saber, ¿Cómo mantienes el tuyo?

 

Ambos se quedaron callados durante unos momentos. Derek cerró los ojos al escuchar al Jeep de Stiles acercarse y los abrió cuando el adolescente se adentro con prisa manoteando en el aire. Eso hizo sonreír un poco a Scott.

 

− ¡Ya estoy aquí! –gritó Stiles respirando a bocanadas. –Ok. Ya estoy bien.

 

Derek susurró algo que ni siquiera con su mejorada audición Scott logró descifrar y se dispuso a verlo. −Déjame ver –dijo el hombre poniendo sus ojos Alpha. Engreido, Pensó. –si ya veo, son dos bandas ¿cierto? –Scott asintió. − ¿Qué significa?

 

−No lo sé, mmm… solo es algo que tracé con los dedos.

 

− ¿Por qué es tan importante para ti?

 

− ¿Sabes lo que significa la palabra tatuaje?

 

−Marcar algo. –irrumpió Stiles guiñando el ojo. Ambos lobos lo miraron extrañados. Su amigo era un bicho raro.

 

−Bueno, eso es en tahitiano. −corroboró el joven lobo –En samoano significa herida abierta. –continuó. –sabia que quería tatuarme al cumplir los dieciocho. Siempre he querido uno. Solo que decidí hacerlo ahora porque sería como una recompensa.

 

− ¿Por qué? –preguntó Derek viéndolo fijamente.

 

−Por no llamar a Allison todo el verano, aunque en realidad quería hacerlo. A veces fue difícil no hacerlo. Quería darle el espacio que ella quiere. Ahora cuatro meses después… aun duele. Es como…

 

−Una herida abierta. –irrumpió nuevamente Stiles, con la voz baja y suave.

 

−Si…

 

Derek suspiró algo divertido (o eso le había parecido. Aunque no culpaba al hombre de encontrar su problema adolescente hilarante) agarrando un soplete. Ay no. −El dolor va a ser peor de lo que has sentido.

 

− ¡Ah! qué bueno. –escuchó decir a Stiles.

 

−Hazlo. –dijo el joven convencido.

 

Derek encendió el aparato y lo miró con la burla destellándole en los ojos. Olviden lo de pobrecito Derek, el tipo era el demonio mismo, Pensó.− ¡Wow! Eso… es demasiado para mi, así que es la señal para que me vaya. Los espero afuera. –dijo Stiles intentando huir de la escena.

 

Derek lo agarró de la cintura y lo devolvió a donde estaba. Aunque palpó más de lo debido a ojos de Scott. Vaya. −No. –dijo Derek. –Tú vas a sostenerlo.

 

−Ay por Dios. –la voz de su amigo fue lo último que escuchó antes del intenso dolor.

 

---

 

Lo vio abrir los ojos abruptamente mientras, seguramente, su mente se aclaraba. Demonios, eso había sido intenso. Por estas razones Stiles creía que los tatuajes eran el demonio.

 

−Bueno, diría que se ve permanente ahora. –dijo el castaño acercándose a su mejor amigo quién se inspeccionaba el brazo.

 

−si… −Scott se levantó de la silla y se puso el suéter que había abandonado para la ocasión. Caminaron a la salida de lo que fue esa mansión. –necesitaba algo permanente. Después de todo lo que nos ha pasado, todo ha cambiado tan deprisa. Todo es tan… efímero.

 

− ¿Has estado estudiando?

 

− ¡Sip!

 

−Bien.

 

Ambos rieron un poco.

 

−Pintaste la puerta… −dijo de repente Scott. Stiles no lo había notado, con lo apurado que iba cuando llegó realmente no le dio mucha importancia pero ahora que se fijaba bien, Scott tenía razón. −… ¿Por qué pintaste la puerta? –insistió su amigo mirando al lobo mayor.

 

Percibió la tensión en los hombros de Derek cuando los volteó a ver. Algo iba mal. −Ve a casa Scott

 

− ¿Por qué ahora?... ¿Por qué solo un lado? –continuó el interrogatorio el lobo joven.

 

La atmosfera se tornó pesada y cruda. No otra vez. Ya habían salido de un lio para meterse en otro. Scott de repente sacó sus garras y comenzó a arañar la puerta con furia y desconcierto.

 

− ¡Scott! –escuchó a Derek gritar resignado.

 

−Qué rayos…

 

− ¿Qué es? –preguntó el joven lobo.

 

−No lo sé. –respondió el mayor. –Nunca había visto algo así.

 

− ¿Qué está pasando Derek? ¿Qué no nos estás diciendo?

 

− ¡No lo sé, Scott! –gritó Derek ya cansado. –Cuando llegué esta mañana ya estaba allí.

 

−Pues es una clara declaración de intenciones. –interrumpió la batalla de miradas el castaño, viendo con recelo el símbolo plasmado en la rustica puerta que se alzaba imponente ante él. Esto no le gustaba nada.

 

−Solo… vayan a casa.

 

− ¡No pensabas decirnos! –acusó Scott al mayor.

 

− ¡¿Y que querías que dijera si no se qué mierda es?!

 

Stiles haciendo caso omiso a los otros dos, se acercó lentamente al dibujo, lo trazó con los dedos y su vista se nubló por segunda vez en el día (o bueno ¿noche?, porque ya había oscurecido). No, no era nebulosa, eran nombres, palabras, podía verlas encima de cada línea. ¿Qué demonios era eso? ¡¿Por qué podía verlo?!. Sentía su cuerpo zumbar, como si la electricidad lo cruzara entero. No entendía nada, y prefería no saber nada.

 

−..tiles… Stiles… ¡Stiles!

 

 La voz de Derek despejo su visión y ahora sí que pudo ver las palabras y los trazos más claro.− ¿Si…?

 

− ¿Estás bien?- preguntó su amigo.

 

−Si… −dijo Stiles. −…es solo que creo que este Hexagrama lo he visto en algún lado.

 

− ¿Qué dijiste? –preguntó el joven lobo.

 

− ¿Qué lo he visto en algún lado?

 

−No lo otro. ¿Hexa−que?

 

−Hexagrama. –dijo un poco molesto. –Diablos Scott, eres tu quien ha estado estudiando.

 

−Jamás había visto algo como eso y mucho menos sabia que se llamaba así.

 

− ¿No? –preguntó desconcertado el castaño. Volteó su mirada y miró esperanzado al lobo más grande. No podía estar volviéndose loco. –tu… ¿tampoco?- le preguntó a Derek. El hombre negó suavemente con la cabeza.  –Bueno, el caso es que estoy seguro que se llama así, debí haberlo visto alguna vez mientras investigaba, ya saben, cuando intentábamos buscar una forma en la que Jackson no nos matará a todos en su forma de lagarto. –dijo quitándole peso al asunto.

 

− ¿Y qué es? –esta vez la pregunta vino de Derek, quién cautelosamente se puso detrás del joven humano.

 

−No lo sé con exactitud, es solo… ¿ves estos símbolos de aquí? –dijo al aire sintiendo el aliento cálido del lobo más grande acariciándole el cabello y una de sus manos apoyada en su cintura, estaba tan mareado y abrumado por lo que veía que no podía distinguir qué mano era y mucho menos preguntarse el porqué estaban tan juntos. Si los otros dos notaron lo extraño de la situación, lo dejaron pasar pues no hubo ninguna interrupción. –Aire… Agua… ¿Tierra?... Fuego… −susurró tocando cada línea que nombraba −esto no se qué significa, no recuerdo haberlo visto. Y yo sí que recuerdo muchas cosas. –Continuó palpando unas letras deformadas y de un aspecto muy extraño, ¿era algún idioma humano?  –No parece nada bueno. –concluyó separándose de la puerta y de Derek, quién pareció ajeno a su acción de hace tan solo unos segundos.

 

− ¿Qué harás? –preguntó Scott serio al hombre lobo.

 

−No es su problema. Descubriré lo que es y lo aniquilaré.

 

−Bueno Derek, no es por matar tu entusiasmo asesino, pero no sé si has notado estos pequeños detalles: primero, no tienes idea de que es, por tanto ¿Dónde empezarás a buscar? y Segundo, no tienes una manada, señor Alpha. ¿Por qué todo lo quieres hacer solo? –le recriminó Stiles.

 

−No es tu problema, Stiles. –dijo con dureza en su tono el mayor. Ah, odiaba tanto eso. Derek siempre, desde que lo conocía, había sido así. Le judía mucho que no confiara en ellos. Que no confiara en él.

 

−Bien. – aceptó el adolescente. –Vámonos Scott, dejemos al idiota solo.

 

− ¡Espera! – escuchó a su amigo. Ay no. –Te ayudaré.

 

− ¿Qué? –preguntó el castaño. Esto no podía ser verdad. –No tienes idea de lo que puede ser ¿Qué rayos les pasa a los dos?

 

−Eras tú quien dijo que entendía las razones de Derek. Quiero confiar en eso.

 

−Decir que entiendes a alguien no significa que estarás de acuerdo en ayudarlo en cualquier estupidez. – repuso Stiles. – ¡Ay por Dios! Son uno para el otro. Me largo.

 

Salió echando humo de esa casa. Lo último que le faltaba porque le sucediera era que Scott le diera la espalda. Vale que él le insistió al chico sobre disculparse con Derek. Pero él era primero que Derek, de eso se trataba su amistad. ¿Qué seguía ahora? Que le dijeran que tenía poderes y así. Ay por favor.

 

− ¡Stiles! –gritó su amigo al momento de agarrarlo por el brazo. Él solo quería llegar a casa, tal vez pedir una pizza aprovechando que su viejo estaba trabajando (ni loco lo haría con el hombre ahí) y dormir como hace tiempo no lo hace.

 

− ¡Suéltame! –bramó Stiles. El retumbar de arboles cayendo y tonar de los cuervos los dejó estáticos a ambos, y a Derek, quién se acercaba a ellos por la conmoción. Nadie dijo nada durante largos segundos esperando lo desastroso. Sus vidas últimamente funcionaban así, por lo que le extrañó no estar en el suelo a causa del tacleo de alguna criatura loca − ¿Qué fue eso? – el silencio se rompió con el fluir de su voz. Si, esto pintaba mal.

 

−No escucho nada raro. –dijo Scott.

 

−No huele a nada, debe ser algún leñador de la zona. –corroboró Derek asintiendo.

 

Su amigo aprovechó la ocasión para girarlo y mirarle mientras susurraba. −Stiles por favor. –le rogó. –Ayúdanos en esto ¿sí?, te necesitamos.

 

−Él no me necesita.

 

−Yo te necesito. –afirmó el joven lobo. –Por favor…

 

Suspiró con cansancio. ¿Llegaría el día en que no caería en los ojitos de Scott? Comenzaba a pensar que en el fondo el moreno era un manipulador. −Está bien. Pero si es algo realmente peligroso, traerás tu trasero peludo de chucho conmigo y renunciaremos a esta estupidez enseguida.

 

−Bien. –dijo Scott alegre. Casi podía ver su cola agitándose. –Amm… Derek…

 

−Te mantendré informado si algo ocurre.

 

− ¿Y cómo harás eso? ¿Eh, Chico grande? ¿Allanarás nuevamente mi habitación? –picó Stiles al mayor alzando una ceja. Oh si, era hora de ponerlo en práctica con el experto.

 

Derek lo miró con gracia y se acercó lentamente, tanto como para llegar a rozar la frente del castaño con la suya. −Llamaré a Scott. –dijo pausado mientras agitaba un celular en su mano derecha.

 

-Insoportable.

 

Si, definitivamente no le gustaba Derek Hale.