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Our Baby

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—La corte ha tomado una decisión. —Un hombre de aproximadamente 50 años que ejercía la profesión de juez en aquel tribunal, llamo la atención de los presentes en aquella sección.

 

—La custodia del menor, Haruno Shiobana, ha sido otorgada legal y totalmente al señor Dio Brando.

 

De inmediato un hombre rubio se puso de pie mientras era felicitado por dos de sus acompañantes.

 

—¿¡Qué!? ¡Objeción! ¡Señor Juez, esto no puede ser posible! —William Zeppeli, quien en estos momentos hacía de abogado de Jonathan Joestar, de inmediato protesto ante la decisión tomada en la corte.

 

—El veredicto ha sido emitido, no hay nada que pueda hacer señor Zeppeli.

 

—¡Me niego, ese hombre no es el adecuado para criar a Haruno, en todo casa mi cliente debe ser quien se quede con su custodia!

 

—La decision ya fue tomada señor Zeppeli, además le pido por favor que deje de hacer alboroto o nos veremos obligados a sacarlo de aquí.

 

Por su parte Jonathan Joestar no decía nada, su semblante estaba vacío y la tristeza se notaba en sus ojos. Su amigo y abogado no sabía qué hacer, nadie hubiese esperado esa decisión por parte del jurado, pero sobre todo sabía que Jonathan iba a estar muy afectado por todo esto.

 

Aceptando la realidad y como lo único que podía hacer ahora por Jonathan, William Zeppeli levanto su mano en busca de una última petición al jurado.

 

—¿Al menos mi cliente tendrá la posibilidad de ver al niño, de tenerlo bajo su cuidado durante los fines de semana?

 

—Eso se decidirá en la próxima corte, dentro de 3 meses. Hasta entonces, el señor Joestar podrá visitar al niño, solo con autorización del señor Brando y solo en la propiedad del señor Brando.

 

Fue el último comentario que realizo el juez antes de golpear el estrado con su mazo y dar por terminada la sección.

 

Jonathan suspiro derrotado mientras se ponía de pie, William de inmediato palmeo su espalda, tratando de darle consuelo.

 

—Tranquilo Jojo, buscaremos una solución, te prometo que buscare la forma de que tú tengas la custodia... —A pesar de las palabras de William, en su mente se preguntaba si seria capaz de cumplir aquellas promesas.

 

—Ahh, no te preocupes Will, supongo que era algo predecible, Dio es abogado después de todo...

 

William solo atino a alborotar el cabello oscuro del mayor de los Joestar.

 

—Vamos a casa Jojo... Es lo mejor por ahora.

 

Jonathan asintió y camino junto a su amigo a la salida, sin embargo, cuando volteo su mirada hacia la izquierda, sus ojos se encontraron con la profunda mirada de Dio, quien lo miraba con una sonrisa burlona en el rostro, una que Jonathan conocía muy bien.

 

Dio se separó un poco las personas que lo acompañaban y camino hasta donde estaba Jonathan.

 

—Espero que no haya rencores por esto, Jojo. —hablo Dio con falsa modestia en su voz, aunque por supuesto, estaba más que feliz por el resultado obtenido en la audiencia.

 

—Era de suponerse... Eres abogado después de todo... —la voz de Jonathan reflejaba la tristeza que sentía en esos momentos.

 

—Solo quiero que sepas que cuidare muy bien a Haruno, no deberás preocuparte por nada. —Sonrió con superioridad antes de darse vuelta y dejar a Jonathan aún más triste.

 

—Tsk, no le hagas caso a ese estúpido, vámonos Jojo.

 

Jonathan y William salieron de la corte y subieron al auto rumbo a la mansión Joestar. Sin embargo, durante todo el camino, Jonathan no podía sacarse de la cabeza que acababa de perder la custodia legal de su pequeño Haruno, no hacía ni dos meses que el pequeño había nacido y ahora ya no iba a verlo ni a cuidarlo como él quería.

 

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—¿¡Que!? ¿¡cómo es posible!? ¡Zeppeli-san dijiste que teníamos todas las posibilidades de ganar, ¿Qué diablos sucedió ahí?

 

Joseph Joestar, el hermano menor de Jonathan era probablemente el más alterado ante la noticia. Para él, Dio era un tipo despreciable y que se haya quedado con la absoluta custodia de su sobrino le ponía furioso.

 

—Dio supo cómo mover las cartas a su favor, Joseph, incluso a mí me sorprendió la decisión del jurado. —respondió William mientras se sobaba la frente, lidiando con el estrés que tenía en esos momentos.

 

—Tsk, ese tipo es despreciable... ¿Y cada que podrá Jonathan ver a Haruno?

 

—Según el juez tenemos que esperar tres meses hasta una nueva audiencia para definir qué días puede tener Jojo al niño. —explico Zeppeli.

 

—¿Tres meses? ¿Y qué va a pasar durante ese tiempo?

 

—Jojo solo puede ver al niño en casa de Dio y solo con autorización de Dio.

 

Joseph rodo los ojos y se golpeó la frente con la mano.

 

—Conociendo a ese hijo de puta, lo más probable es que no te deje ver al niño en estos tres meses...

 

—No digas malas palabras Joseph. —pidió tranquilamente Jonathan.

 

—Estoy de acuerdo con Joseph, ese tipo es un hijo de puta, se desapareció durante casi un año y regresa con un niño en brazos diciendo que es tu hijo, solo para al final quitarte todo derecho sobre él.

 

Jotaro, el menor de los hermanos Joestar hablo firmemente, molesto por la situación, pero con su semblante frio y serio de siempre.

 

—No sé qué hacer. Probablemente esperare a que se calmen un poco las cosas, después hablare con Dio y espero llegar a un acuerdo con él.

 

—Tsk, pues espero que mientras eso pase cuide bien de Haruno, sino le romperé la cara a golpes. —dijo Joseph mientras le daba una palmada en la espalda a su hermano mayor, tratando de consolarlo.

 

—¿Si quiera ese bastardo tiene idea de como cuidar a un bebé? Durante las audiencias y todos esos trámites, Haruno era cuidado por la tía Lisa Lisa. Dio nunca lo cuido durante ese tiempo... —hablo Jotaro.

 

—Esperemos que todo salga bien. —William corto todo el momento para después mirar a Jonathan. —Es mejor que descanses Jojo, ya pensáremos que hacer, ¿De acuerdo?

 

William a pesar de ser 8 años mayor que él, se había convertido en un gran amigo y confidente de Jonathan. No solo lo había ayudado a administrar la empresa de su padre, sino que también había estado junto a él en sus peores momentos, como ahora.

 

—Gracias Will.

 

Jonathan se fue a su habitación, probablemente no saldría a cenar, por lo cual nadie ordeno a los empleados que prepararan algo. William Zeppeli también se retiró de la mansión Joestar, dejando solos a los hermanos Joestar.

 

—Insisto en que vayamos a golpear a ese tipo. —Comento Jotaro una vez que estuvieron solos.

 

—Créeme que nada me pondría más contento que eso, pero como dijo Jonathan, debemos esperar un poco.

 

—Tú conoces a Dio, Joseph, ese tipo no va a dejar que nuestro hermano vea a su hijo, lo único que quiere es ver a Jonathan siendo infeliz.

 

Joseph suspiro. —Si lo sé, pero al parecer Jonathan no se da cuenta de eso. Jonathan piensa que con hablar civilizadamente con Dio llegaran a un acuerdo, pero tu y yo sabemos que Dio no lo va a poner así de fácil.

 

—¿Que deberíamos hacer entonces? —Jotaro estaba estresado por la situación, por lo que decidió encender un cigarrillo que tenía en su bolsillo.

 

—Hay que esperar unos días, sino creo que tomare medidas en el asunto.

 

Jotaro lo miro. —¿Qué vas a hacer?

 

El segundo hijo de la familia Joestar se encogió de hombros. —Le hare una oferta que no podra rechazar.

 

Jotaro lo miro con desconfianza, no era como si confiara mucho en Joseph, teniendo en cuenta de lo impulsivo que era el mayor, pero no dijo nada, quizás Jonathan tenía razón y lo mejor era esperar.

 

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Jonathan se encontró a si mismo viendo una y otra vez las más de veinte imágenes que le había tomado a Haruno con su celular. Si bien, no estaba en sus planes tener un hijo, en verdad le había tomado cariño al pequeño niño rubio que había aparecido en su vida no hace más de dos meses.

 

Jonathan suspiro preguntándose porque Dio era así.

 

Dio y él eran una especie de rivales, eso hasta que una vez terminaron teniendo relaciones sexuales después de haberse sobrepasado con el alcohol. De ahí en adelante su relación fue un tanto extraña, entre amigos y amantes, hasta que Dio un día simplemente se fue del país.

 

Jonathan no intento buscarlo, no hasta que 7 meses después, el rubio regreso con un bebe en brazos. Aclaro que Jonathan era el padre, sorprendiendo a la familia Joestar, pero Jonathan estaba muy feliz.

 

¿Entonces que había hecho a Dio cambiar de parecer y meter una demanda en contra de Jonathan por la custodia del niño?

 

—No lo entiendo, Dio…

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Joseph entró al comedor de su casa, vio como la comida ya estaba servida y como Jotaro junto con Lisa Lisa ya estaban comiendo.

 

—Hey Jotaro, Lisa Lisa. —saludo el segundo hermano de los Joestar antes de tomar asiento junto a ellos. —¿Jonathan ya termino de comer o qué?

 

Su tía y su hermano se miraron antes de que la mujer respondiera.

 

—Jonathan está en su habitación. No ha salido de ahí en todo el día.

 

—¿¡Qué!? ¿No fue a trabajar?

 

Lisa Lisa negó con la cabeza mientras bebía un poco de vino.

 

—Ya ha pasado una semana desde el juicio y Jonathan sigue encerrado y deprimido en su habitación, ¿No creen que es momento de que hagamos algo?

 

—¿Pero qué hacemos? Dio ni siquiera contesta el teléfono para saber si Jonathan puede ir a ver al niño o no, eso es lo que lo tiene más deprimido.

 

—Joder, denme un respiro. —Jotaro que se había mantenido en silencio, solo hablo para decir eso.

 

Joseph se sobo la frente y se puso de pie, dejando su plato recién servido en la mesa. —Iré a verlo, esto no puede seguir así.

 

La habitación de Jonathan era la más amplia de toda la mansión y podría decirse que era la habitación principal, así que Joseph solo tuvo que subir las escaleras y empujar la gran puerta para entrar.

 

La habitación estaba totalmente a oscuras, las ventanas y cortinas cerradas, y Joseph pudo ver a su hermano acostado en la cama, totalmente cubierto por las sabanas.

 

—Hey levántate, son las 3:00 de la tarde...

 

Jonathan no respondió, solo se quedó en la misma posición, quizás fingiendo estar dormido, pero Joseph sabía que no era así.

 

—Dijiste que hoy volverías al trabajo.

 

—No estoy de humor, Joseph... —Jonathan respondió con la voz más gruesa que de costumbre. Joseph se preguntó si había estado llorando.

 

—¿Y hasta cuando vas a estar de humor? Llevas una semana así. De esta forma perdemos a los socios de la fundación Speedwagon que decidieron invertir en nuestra empresa...

 

Jonathan se levantó y se frotó los ojos, bajo los cuales tenía unas marcadas ojeras, su cabello esta desordenado y hacía varios días que no se afeitaba.

 

—William está ocupando mi cargo en estos momentos, además nuestro socio Speedwagon es muy comprensivo...

 

—No me refiero a eso. Me refiero a ti. ¿Hasta cuándo vas a seguir así? Eres el líder de esta familia. Desde que murió nuestro padre tú te has hecho cargo de los negocios de la familia. Siempre has tenido la frente en alto, eres la persona más positiva que conozco, joder, ¿Como has terminado así?

 

Jonathan suspiro.

 

—Quiero a mi hijo, Joseph. Necesito ver a Haruno. No tengo ni la menor idea de cómo esta o si necesita algo... Dio ni siquiera contesta mis llamadas, inclusive hoy en la mañana salí temprano rumbo a su casa y se negó a verme, le insistí a sus empleados, pero Dio nunca salió...

 

Joseph se levantó molesto. —¿Ese bastardo ni siquiera tuvo el valor de encararte? Lo odio en verdad, una cosa es que no te responda las llamadas, pero que se niegue a verte ya es una burla.

 

—Pensé que si iba a buscarlo podría ver, aunque sea por poco tiempo a Haruno, pero ya veo que no...

 

Joseph coloco su mano en su mentón, preguntándose que iba a hacer. Con Jonathan en ese estado, él tenía que tomar cartas en el asunto.

 

—Escucha Jonathan, sé que esto te duele y mucho, pero no debes darte por vencido tan fácilmente. Si quieres obtener la custodia de Haruno o tan siquiera poder tenerlo contigo los fines de semana, debes de esforzarte por ello. El juzgado te va a estar investigando para saber si eres apto para cuidar al niño, por lo tanto, debes de dar una buena impresión.

 

Jonathan miro a su hermano menor. —Tienes razón, si quiero recuperar a Haruno tengo que poner de mi parte.

 

—¡Niceee, hermanito! ¡Ese es el Jojo que conozco! —le revolvió el cabello al mayor. —Ah, sí, la comida esta lista, creo que deberías bajar a comer algo.

 

Jonathan ya habia comenzado a vestirse decentemente para bajar. —Gracias Joseph, iré enseguida...

 

Joseph asintió y salió de la habitación de su hermano mayor.

 

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Mintió un poco al decirle a Lisa Lisa que saldría con una chica. Bueno, quizás mintió mucho respecto a eso... No iría a ver a ninguna chica, más bien iría a ver a un "bastardo de mierda", como le decía él.

 

Gracias a William Zeppeli sabía de la ubicación de esa casa, además sabía que aquella casa había pertenecido a su familia, a los Joestar.

 

Joseph se preguntaba qué pensaría su difunto padre de lo que Dio le había hecho a Jonathan. George apreciaba a Dio como si fuera uno más de sus hijos, incluso le había ayudado cuando su padre, Dario, había muerto. Joseph nunca convivió mucho con Dio, pero por lo poco que lo conocía se había ganado su desprecio.

 

Se bajo del automóvil y le dijo al chofer que lo esperara un rato.

 

Camino hasta la puerta de la mansión. Toco varias veces hasta que escucho unos pasos acercándose a abrir.

 

—Buena tarde, ¿Qué se le ofrece?

 

Quien atendió la puerta era un hombre alto, de cabello largo recogido en una cola de caballo y de piel morena. Nunca lo había visto en su vida, pero al parecer era el mayordomo de Dio.

 

—Quisiera hablar con Dio Brando.

 

El hombre le miro, como dudando si debía dejarlo pasar o no. Al parecer optó por la primera opción y abrió la puerta para dejar pasar al segundo hermano de los Joestar.

 

Joseph entro y miro la mansión. Era algo más pequeña que la de los Joestar, pero aun así era lujosa. Por unos instantes se preguntó si su padre quería más a Dio que a Jotaro o a él, por dejarle en su herencia semejante mansión.

 

—Espere aquí, por favor.

 

Aquel hombre de cabellos castaños desapareció entre uno de los pasillos de la mansión.

 

Joseph tomo asiento en el sofá que había en la sala de la mansión. Se pregunto si lo que estaba a punto de hacer era correcto. Si su plan salía como él esperaba, Jonathan volvería a ser el de siempre, y solo así recuperaría el liderazgo que siempre lo caracterizo. Ahora más que nunca, necesitaba que Jonathan estuviera bien, ya que recién la empresa de los Joestar se había asociado con la petrolera Speedwagon, lo que significaba que había un gran negocio esperándolos y por supuesto, dinero. Solo Jonathan podía llevar en alto el apellido de la familia Joestar una vez más.

 

Aunque, por otra parte, más que por negocios, también haría esto por la felicidad de su hermano, y por el amor que le tiene. No soporta ver a su hermano mayor triste, y desde la muerte de su padre, juro que nadie más lastimaría a su familia, no mientras él viva.

 

Sus pensamientos fueron borrados de su cabeza cuando escucho unos pasos detrás suyo. Ni siquiera se tomó la molestia de voltear, ya sabía de quien se trataba.

 

—Vaya, vaya, cuando dijeron que un Joestar había venido a verme a mí, Dio, no esperaba encontrarme contigo, Joseph Joestar.

 

Joseph le dedico una de sus sonrisas sarcásticas.

 

—Créeme que prefiero mil veces ir a la iglesia que venir a esta casa, eso aclarando que soy ateo.

 

Dio también sonrió y tomo asiento frente al moreno.

 

—¿Y bien, a que debo el honor de tu visita? Vanilla Ice, prepáranos un café por favor.

 

Dio indicó a su mayordomo, pero antes de que el hombre pusiera asentir e irse, Joseph interrumpió.

 

—Déjate de formalidades, Dio.

 

El rubio sonrió. —¿Qué? ¿Prefieres una cerveza?

 

—Me refiero a que vayamos directo al punto, no creo soportar tanto tiempo viendo tu estúpido rostro.

 

Dio dejo de sonreír y lo miro seriamente.

 

—Escúpelo de una vez, Joseph, ¿A qué diablos viniste? ¿A suplicarme de rodillas que le deje la custodia legal de Haruno a tu hermanito? —se burló Dio mirando fijamente al menor. —Eso jamás, Joseph Joestar.

 

—Heh, ¿Suplicarte de rodillas? Prefiero morir antes que eso. Pero no estas tan equivocado, venía a hacerte una oferta.

 

Esto definitivamente capto la atención de Dio. —¿Una oferta?

 

Joseph asintió. —Digámoslo así Dio, ¿Qué te parecen 5 millones solo para ti?

 

Si Dio hubiese estado bebiendo algo, estaba seguro de que se hubiera atragantado. Sin embargo, no iba a ceder tan fácilmente, comenzó a reír a carcajadas frente a Joseph.

 

—¿Me estás diciendo que tu sobrino vale 5 millones? No esperaba eso de ti, Joseph Joestar.

 

—¿Qué, no te interesan esos 5 millones? Te conozco Dio, si algo te encanta a ti es el dinero, una buena posición económica, ¿o miento?

 

Dio rio ligeramente. —No lo negare. Sin embargo, si crees que puedes venir y sobornarme por 5 millones por la custodia de mi hijo, estas muy equivocado.

 

—¿Custodia? —ahora fue Joseph el que rio. —Nah, no soy de esos que vaya por el pez gordo a la primera oportunidad. Más bien... Prefiero ir de poco a poco...

 

Dio lo miro seriamente, si bien Joseph Joestar era 3 años menor que él, era muy astuto y no podía subestimarlo.

 

—¿Qué quieres entonces?

 

—Eres abogado, ¿no? Se que puedes mover tus influencias para que Jonathan pueda conseguir al menos la custodia del niño durante los fines de semana, algunos días festivos o durante las vacaciones.

 

—¿Eso es lo que quieres? —Dio sonrió. —Me estás diciendo que yo seguiría teniendo la custodia de Haruno...

 

—Very nice, Dio, diste en el blanco. Exactamente, tu seguirás siendo el tutor legítimo de Haruno, pero Jonathan podrá convivir con su hijo y verlo crecer.

 

—5 millones, eh... ¿Y cómo sé que lo que dices es verdad?

 

Joseph se encogió de hombros mientras estiraba un papel hacia Dio. Era un cheque, firmado por el mismo Joseph Joestar.

 

—Solo son dos millones... —Dio le miro mal.

 

—¿¡Dos millones!? ¡Oh, no! ¿Por qué sera?... —Joseph se llevo ambas manos al rostro fingiendo sorpresa.

 

Dio aguanto sus ganas de golpearlo.

 

—Creo que te das cuenta Dio, no confió totalmente en ti, más bien no confió en ti en lo absoluto, así que dejemos 3 cosas bien en claro:
Número 1: Te daré dos millones en este momento, solo para sellar nuestro trató.
Número 2: Aún quedan 3 meses hasta la próxima audiencia en el juzgado, 3 meses donde tú tienes la custodia total y legitima de Haruno, ¿verdad?

 

Dio chasqueo la lengua. —Ve al punto, no tengo todo el tiempo del mundo.

 

—Lo que quiero decir es que, Jonathan ha estado muy deprimido por no ver a su hijo, por lo tanto, mientras espera por una respuesta de la corte, tú dejaras que mi hermanito vea a su hijo las veces que él quiera durante estos tres meses.
Y número 3, lo que acordamos, tu hablaras con el juez para aclarar que Jonathan podrá llevarse al niño con él los fines de semana, días festivos y algunos días de las vacaciones de invierno, tú decides cuales. Una vez determinado esto, te daré un cheque con los otros 3 millones.

 

Dio comenzó a reír. —Vaya que planeaste muy bien esto, Joseph Joestar. Quien diría que estarías tan dispuesto a darme todo ese dinero con tal de ver a tu hermanito feliz. Aunque sigo con la duda del porque no quieres la custodia total para Jonathan.

 

—Nah, Jonathan es joven aún, tiene mucho potencial, justo ahora estamos en la cúspide de un gran negocio y un bebé es una distracción. Aunque si solo son los fines de semana no veo ningún problema en ello.

 

Dio por un momento se preguntó si Joseph Joestar en verdad hacia esto por Jonathan o por los negocios que tenía su familia. En fin, no le importaba nada de eso.

 

—5 millones... Solo pondré una condición Joseph.

 

—Dime.

 

—Si Jonathan quiere ver al niño durante estos tres meses, tendrá que venir aquí. No voy a dejar que se lleve a Haruno con él.

 

Joseph se encogió de hombros. —Por mi esta bien. ¿Tenemos un trato entonces?

 

Dio estiro su mano para tomar la de Joseph. —Tenemos un trato.

 

Joseph se puso de pie. —Bien, esto quedará entre nosotros, yo jamás vine aquí ni converse nunca contigo.

 

—No es como si quisiera que todo supieran que un tipo como tú vino a verme.

 

—Si, si, aja. —Joseph paso de largo de Dio, observando la mansión sin vergüenza alguna. —Sólo una cosa más.

 

—¿Qué? Esperó que sea rápido, yo Dio, tengo mejores cosas que hacer que estar aquí perdiendo el tiempo contigo.

 

Joseph sonrió. —Quiero ver a Haruno.

 

Dio desvió la mirada, pero al final soltero un bufido. —Vanilla Ice, dile a Mariah que traiga al niño.

 

—En seguido, Dio-sama.

 

El hombre subió por las escaleras y en menos de lo que Joseph esperaba, una mujer (muy atractiva, pensó) bajo con un bulto en brazos, cubierto por una sabana. Camino hasta donde estaba Dio, pero él le hizo una seña hacia Joseph. La mujer capto y llevo al bebé hasta donde estaba Joseph.

 

Joseph no lo cargo, simplemente movió la sabana para tener una mejor vista de su sobrino.

 

El bebé vestía un mameluco azul y un gorrito del mismo color que dejaba escapar algunos de sus mechones rubios. Estaba despierto, sus mejillas estaban sonrojadas y sus grandes ojos azules de inmediato se posaron en el mayor. Joseph acaricio ligeramente su mejilla.

 

—Bien, supongo que me voy. Espero y cumplas tu parte, Dio.

 

Dio rio. —Por supuesto.

 

Joseph salió de la mansión y subió al auto sin decir nada. El camino hasta su casa fue corto, pero una vez al llegar se aseguró de decirle al chofer que no dijera ni una palabra de esto a nadie y que si preguntaban, dijera que Joseph había salido con una chica y punto.

 

Cuando entro la cena ya estaba servida y fue cuando se dio cuenta que había tardado más de lo planeado. Tenía pensado ir a darse baño antes de cenar, pero justo en el pasillo se encontró a Jonathan con una gran sonrisa en el rostro.

 

—Joseph, ¡Adivina que!

 

—Ammm... —Joseph ni siquiera pudo decir algo cuando Jonathan volvió a hablar.

 

—Dio al fin contestó una de mis llamadas y me dijo que puedo ir a ver a Haruno mañana.

 

Joseph sonrió, vaya que Dio estaba cumpliendo con su palabra.

 

—Eso es genial, Jojo

 

—¡Lo sé! No puedo esperar a que sea mañana, estoy tan feliz, tengo que comprarle algo a Haruno, ¿Quizás un juguete? No, es mejor algo de ropa…

 

Joseph vio como Jonathan seguía hablando mientras se metía a su habitación. Durante todo el camino a casa se preguntó si había hecho lo correcto, incluso pensamientos de arrepentimiento lo llenaron, pero al ver a su hermano feliz se dio cuenta que quizás su plan no era tan malo después de todo...

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Jonathan termino de acomodarse la corbata gris que había decidido usar. A pesar de estar en pleno siglo 21, Jonathan aún era muy conservador en muchos aspectos, sobre todo al momento de vestir. En estos momentos estaba usando una camisa blanca de manga larga y un pantalón negro de vestir, además de zapatos negros. Hacia un poco de frio, por lo que decidió ponerse un suéter negro sobre su camisa, el suéter tenía el cuello en V por lo que dejaba ver a la perfección el cuello de la camisa y la corbata.

 

—Vas a ir a ver a tu hijo, hombre, no ha pedirle permiso al padre de tu novia para casarte con ella.

 

Jonathan giro su rostro para encontrarse con sus hermanos que habían entrado a la habitación.

 

—En realidad parece que vas a un funeral. —ahora fue Jotaro quien hablo.

 

—¡Hey! yo siempre me he vestido así. —se defendió Jonathan. —No es mi culpa que los jóvenes de ahora se vistan de forma extraña... —esto último lo dijo mirando a Joseph, quien en estos momentos a pesar de que hacía frio estaba usando una playera que dejaba a la vista parte de su abdomen.

 

—Como sea, ¿Dio te dijo que fueras hoy a ver a tu hijo así de la nada? —Jotaro aún no estaba del todo convencido.

 

—Sip, de hecho, hasta yo me sorprendí cuando me llamo ayer...

 

Jotaro volteo a ver a Joseph, sabía que algo tenía que ver su hermano en esto, aunque claro nunca diría nada de eso frente a Jonathan.

 

—Pero lo importante es que iras a ver a Haruno, ¿No? —Joseph se apresuró a decir mientras se acercaba a Jotaro.

 

—Si, tienes razón. —miro su reloj. —Buena ya es hora, volveré más tarde.

 

Dicho esto, Jonathan se despidió de sus hermanos con una gran sonrisa.

 

Una vez solos, Jotaro pudo encarar al segundo de los hermanos. —¿Qué hiciste?

 

Joseph sonrió y le revolvió el cabello a su hermano menor, quien se arrepintió de no haberse puesto la gorra aún. —Solo confía en mi hermanito, todo estará bien...

 

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Antes de llegar a casa de Dio, Jonathan le dijo al chofer si podía parar en un centro comercial que quedaba en el camino. Rápidamente bajo y fue hasta a una tienda de artículos de bebés. Era la primera vez que entraba a una y de inmediato sintió la necesidad de comprar todo (podía hacerlo pero después Joseph y Elizabeth lo regañarían por gastar tanto dinero).

 

Jonathan sintió demasiada ternura cuando vio la ropa para bebés de dos meses (la edad de Haruno) y de inmediato tomo un mameluco de color amarillo, otro de color azul y uno verde y unos cuantos gorros y guantes.

 

Estaba a punto de ir a pagar cuando miro un peluche que llamo su atención. Era una mariquita de peluche, algo pequeña, pero a comparación de Haruno era un buen tamaño. Pensó que era perfecta para su pequeño así que también decidió comprarlo.

 

Una vez hechas las compras, se dirigieron hasta la casa de Dio. Había quedado con el rubio que estaría ahí a las 12 del medio día, así que estaba en tiempo.

 

Al llegar inmediatamente se bajó del auto y le indico al chofer que no lo esperara ya que tal vez tardaría un buen rato.

 

Toco la puerta y no espero mucho tiempo antes de que el mayordomo de Dio abriera.

 

—Señor Joestar. —saludo.

 

—Oh, buen día.

 

Vanilla Ice hizo espacio para que el más alto pasara, cerró la puerta y después se le adelanto un poco.

 

—Por aquí, señor Joestar.

 

Jonathan lo siguió, aunque de vez en cuando daba unas cuantas miradas a la casa. Si bien la casa había pertenecido a su padre, nunca la había visitado o no recuerda haberlo hecho. Subieron por las escaleras hasta llegar a una habitación muy cercana a la principal.

 

A diferencia de las demás paredes de la mansión, las cuales estaban pintadas de un tono carmín, más elegante y sombrío, esta habitación al parecer era la única que estaba pintada de un color verde pastel. Ignoro totalmente este hecho antes de entrar rápido. Miro a una mujer joven cerca de una cuna. Ella volteo a verlo.

 

—Usted debe ser el señor Joestar.

 

Jonathan quien estaba totalmente embobado por ver a su hijo, reacciono unos segundos tarde ante el saludo de la mujer.

 

—¿Eh? ¡Oh! Mucho gusto, sí, soy Jonathan Joestar.

 

Ella sonrió. —Mariah. Por cierto, el niño acaba de comer, así que estará despierto por un buen rato. —explico la mujer mientras se levantaba y caminaba hacia la salida de la habitación. —Si necesita algo, no dude en llamarme.

 

Jonathan agradeció, aunque de inmediato su emoción lo llevo a caminar rápidamente hasta la cuna de madera que estaba en una esquina de la habitación.

 

Su corazón se aceleró al ver de nuevo esas mejillas regordetas y sonrojadas que caracterizaron a su hijo desde la primera vez que lo vio.

 

—Hola mi amor. —Jonathan sintió un nudo en su garganta cuando los ojos azules de Haruno se posaron en él. —No sabes cuánto te extrañe.

 

Con cuidado, Jonathan estiro sus brazos y cargo al pequeño Haruno, tratando de no lastimarlo, pero a la vez procurando sostener bien su cabeza.

 

—Te amo mucho hijo. Eres lo mejor que me ha pasado. —dicho esto beso la frente del niño, no una, sino muchas veces, mientras sentía como las lágrimas se apoderaban de sus ojos.

 

¿Cuándo había sido la última vez que había visto al niño? ¿Hace un mes?

 

Cuando Dio regreso de donde sea que haya estado durante casi ocho meses, Haruno solo tenía un mes de vida, era tan pequeño y lindo, ahora se veía un poco más grande, aunque no por eso dejaba de verse tan indefenso y lindo ante los ojos de Jonathan.

 

Su cabello rubio y rizado alcanzaba a asomarse un poco a través del gorro que llevaba puesto, y su piel blanca hacia contraste con el mameluco azul rey que usaba.

 

El bebé tenía sus ojos bien abiertos, fijos en Jonathan, quien solo sonreía ante esto.

 

—Hola Haruno, soy tu papá.

 

El pequeño bostezo en respuesta. Jonathan no podía quitar su gran sonrisa de su rostro. Comparado con la primera vez que conoció a Haruno, esta vez sentía que por primera vez compartía verdaderos lazos con el niño. Quizás porque estaban solos los dos, o quizás porque había aprendido a amar a ese pequeño ser.

 

—Me haces tan feliz, hijo. Nunca te dejare ir, lo prometo. Siempre estaré ahí para cuidarte y protegerte. Te amó más que a nada.

 

Dio un beso más en su frente y comenzó a arrullarlo. Si bien, aquella chica Mariah dijo que se mantendría despierto por un rato, el bebé estaba bostezando demasiado, quizás dormir un poco le vendría bien.

 

Recordó cuando Jotaro nació. Solo le ganaba con seis años y aun así recordaba perfectamente cuando conocio a su pequeño hermano recién nacido y como su difunta madre lo había hecho cargarlo. También cuando nació su sobrino Johnny hace tres años, lo había cargado varias veces. Pero nada se comparaba a cargar a su propio hijo, una sensación indescriptible y hermosa.

 

Aunque es sus planes nunca estuvo tener un hijo, Haruno lo hacía más feliz que nada.

 

En unos minutos el pequeño rubio quedo profundamente dormido. Jonathan pensó que era un niño demasiado tranquilo...

 

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—Señorita Mariah, por favor ayúdeme.

 

Un Jonathan con gran preocupación en su rostro fue hasta el comedor de la mansión de Dio para buscar a aquella mujer.

 

La chica dejo de beber su café algo preocupada. —¿Qué sucede?

 

—Haruno no deja de llorar, no sé qué tenga, que tal si está enfermo, o que tal si...

 

Mariah rio para sus adentros. Los padres primerizos eran muy divertidos, lo mismo había pasado hacía unos días con su amo Dio.

 

Cuando llegaron hasta la habitación del bebe, efectivamente estaba llorando muy fuertemente.

 

—Estaba dormido tranquilamente y de repente empezó a llorar y no sé qué hacer...

 

Mariah sonrió. —¿Ya le reviso el pañal?

 

—¿Pañal?

 

—Por supuesto señor Joestar, a los bebés se les debe cambiar el pañal de vez en cuando. —se acercó hasta una cómoda que estaba a un lado de la cuna y saco un pañal y talco para bebé.

 

—No lo había pensado. —Jonathan se imaginó que era un fracaso como padre...

 

—Bueno, es normal ya que es padre primerizo, pero si va a estar viniendo a ver al pequeño Haruno me temo que tendrá que aprender varias cosas, entre ellas aprender a cambiar un pañal sucio.

 

—Y.ya veo...

 

Jonathan suspiro, todo sea por su hijo...

 

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Después de unas cuantas lecciones por parte de Mariah, Jonathan aprendió a cambiar un pañal y a preparar un biberón con las porciones adecuadas de leche y agua para Haruno.

 

En estos momentos el bebé se encontraba bebiendo su leche, al parecer ya tenia mucha hambre.

 

—Por cierto, señorita Mariah. —el mayor de los Joestar llamó la atención de la morena. —¿Dio no se encuentra en casa?

 

La mujer lo miro un poco sorprendida, no se esperaba esa pregunta en lo absoluto. —Salió desde temprano al trabajo. Al parecer está a cargo de un caso últimamente.

 

—Ya veo. —por un momento olvido que Dio ejercía como abogado. —Creo que Haruno se ha terminado su biberón...

 

—Bien, ahora solo tiene que dar unas palmaditas en la espalda del bebé para que saque todo el aire.

 

Jonathan hizo lo que Mariah le pido hasta que Haruno soltó un pequeño eructo. Jonathan solo rio ante esto.

 

—¿Sabes? Nunca había pasado tanto tiempo a lado de un bebe, así que no tengo ni la menor idea de que hacer para entretenerlo.

 

La mujer tardo más en responder esta vez. —Bueno, Haruno aún es pequeño así que no hay mucho que hacer. Normalmente se la pasa dormido la mayoría del día y solo se despierta a comer y a que le cambien el pañal... Pero creo que le agradan los peluches.

 

Jonathan sonrió. —Vaya, justo compre un peluche para este hermoso niño hoy. —dijo antes de besar la mejilla del menor. Se levantó y saco de la bolsa que había traído un peluche de una catarina.

 

Se lo dio a Haruno y el pequeño solo lo tomo con sus manitas. Jonathan pensó que no podía verse más tierno así que se apresuró y saco su celular para tomarle una foto a su hijo.

Sin que Jonathan pudiera percatarse, obviamente estaba demasiado concentrado en su hijo como para darse cuenta, un par de ojos lo miraban desde la puerta entre cerrada de la habitación.

 

—¿Quiere que le avise al señor Jonathan de su llegada, amo Dio? —Vanilla Ice sabia cual sería la respuesta, pero aun así preferida asegurarse del todo.

 

—Nah, no es como si quisiera ver la cara de tonto de Jonathan, iré a mi despacho, no le digas que llegue.

 

—Si, señor.

 

—Ah, D'arby ya debe tener lista la comida, ofrécele de comer a Jonathan y llévame un plato a mi despacho.

 

—Por supuesto, señor Dio.

 

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Jonathan miro su reloj, eran casi las seis de la tarde. Suspiro, las mejores seis horas de su vida, y todas a lado de su pequeño Haruno.

 

Lamentablemente tenía que volver a su casa, a terminar el trabajo que dejo pendiente.

 

—Lo siento mi pequeño, pero me tengo que ir, pero te prometo que volveré para estar más tiempo contigo.

 

El bebé estaba dormido nuevamente, por lo que Jonathan tuvo que estirarse para poder depositar un beso en la mejilla del bebe.

 

—Te quiero, Haruno.

 

Una vez esto, Jonathan se aseguró de que el bebé estuviera acostado de manera correcta, lo cobijo muy bien y salió silenciosamente de la alcoba.

 

No olvido agradecer a Mariah por los consejos que le dio, al chef Terence T. D'Arby por la deliciosa comida que preparo y al mayordomo por atenderlo muy bien, y por último salió de la casa.

 

Cuando Jonathan se fue, Mariah fue una vez más a ver a Haruno y lo tomo entre sus brazos, teniendo cuidado de no despertarlo. Camino junto a él hasta la habitación de al lado, la cual le pertenecía al mismo Dio Brando.

 

Toco dos veces la puerta antes de entrar. Una vez dentro pudo ver a su amo, quien tenía la mirada fija en la gran ventana, que daba una perfecta vista hacia donde Jonathan estaba subiendo a su auto en ese momento.

 

—Mariah. —Dio le hablo a la morena sin despegar su vista de la ventana.

 

—¿Si, amo Dio?

 

—¿Qué te ha parecido Jonathan?

 

Mariah sonrió mientras se acercaba y le daba el bebé a Dio, quien lo coloco con cuidado en sus brazos, apegándolo a su pecho.

 

—Es todo un caballero. —sonrió Mariah.

 

—Seee, todos dicen eso... ¿Te dijo cuándo volverá?

 

Mariah negó con la cabeza. —No señor, solo dijo que volvería pronto.

 

Dio se encogió de hombros. —Igual tiene que pedirme permiso para venir. Puedes retirarte Mariah, hiciste un buen trabajo hoy.

 

—Gracias, amo Dio. Y si me disculpa, creo que el señor Jonathan es un gran hombre. —sonrió antes de salir.

 

Dio gruño. —¿Qué, ahora todos se enamorarán de él? No me jodan...

 

Dio miro al pequeño Haruno que dormía profundamente.

 

—¿Tú no lo vas a preferir a él antes que a mí, verdad?

 

Acaricio un poco su mejilla, esperando de manera estúpida que el bebé le haya entendido y que su respuesta hubiera sido un "no".

Chapter Text

Si no hubiera sido por unos pequeños balbuceos y que el bebé había comenzado a retorcerse en sus brazos, Dio probablemente habría seguido durmiendo hasta medio día. Últimamente había tenido mucho trabajo debido a un caso jurídico del que estaba a cargo. Finalmente había terminado, por lo que la noche anterior llego más tarde y más cansado de lo normal y antes de caer dormido, fue a ver al pequeño Haruno y lo arrullo para que durmiera, aunque termino quedándose dormido junto con él.

Lo primero que noto fue un terrible dolor en los hombros, solo a él se le ocurría quedarse dormido en el sofá... Aunque después miro a su bebé que estaba en sus brazos, al menos él había dormido bien.

Se levanto y coloco al bebé sobre su cama, no sin antes colocar almohadas a su alrededor para evitar que se cayera.

Entonces Dio aprovecho para rápidamente ir al baño, cepillarse los dientes y mojarse un poco el cabello. Regreso a la habitación y vio que el pequeño seguía despierto, pero sin llorar ni nada, solo viendo a su alrededor. Agradecía que Haruno era un niño muy tranquilo.

Se vistió como normalmente lo hacía y volvió a tomar a su bebé en brazos. Eran las 11 de la mañana, así que bajaría a desayunar (aunque más bien ya parecía un almuerzo). Antes de abrir la puerta escucho algo de bullicio afuera en el pasillo. Reconoció la voz de Mariah, aunque luego escucho la voz de un hombre... ¿¡Jonathan!?

Abrió la puerta de golpe y efectivamente se trataba del mismo Jonathan Joestar, al parecer quería entrar a la que era la habitación de Haruno. No sabía cómo había entrado, pero Mariah quería detenerlo... Era hora de intervenir.

—¡Hey, hey! ¿Qué sucede, por qué tanto ruido? —Dio llamo la atención de ambos. —Además, Jonathan ¿Qué diablos ha...

—¡Haruno!

Antes de que Dio pudiera terminar de hablar, Jonathan corrió hasta donde estaba él y le arrebato al bebé de sus brazos, cargándolo con cuidado para después besarlo una y otra vez su frente.

Hace cuanto Jonathan había venido a ver al niño, ¿cuatro días? ¿Pero qué hacía aquí? Ni siquiera había pedido su permiso para venir, solamente llego y ahora ya estaba cargando al bebé como si nada.

Suspiro profundamente y comenzó a sobar su frente, tratando de tranquilizarse.

—Jojo... ¿Qué carajos haces aquí?

El más alto al parecer acababa de notar su presencia. —Oh, hola Dio. Pues que más, vine a ver al niño más hermoso del mundo.

Dio rodo los ojos. —Ya me di cuenta de eso, Jojo. Lo que quiero saber es: ¿Con permiso de quién has venido? No recuerdo que me hayas avisado que ibas a venir a ver al niño.

“De haberlo sabido, hubiera ido al trabajo o a donde sea con tal de no verte la cara”
pensó Dio.

—Yo... Lo lamento Dio, es solo que terminé todo el trabajo que tenía pendiente y pensé en aprovechar mi tiempo libre y venir a ver a Haruno...

Dio se acercó a él. —Mientras no pasen los tres meses que se acordaron en el juzgado, yo Dio, soy quien tiene la custodia legal sobre Haruno. Si lo que intentas es quitarme ese privilegio o burlarte de mí autoridad, será inútil.

Jonathan suspiro, mirándolo a los ojos. —No me burlo de ti Dio, solamente tenía ganas de ver a mi hijo, y si te ofendí por no haberte pedido permiso para venir, de verdad lo siento. No volverá a pasar...

Dio estaba a punto de responder y seguir la discusión, pero entonces recordó los 5 millones que le había ofrecido Joseph Joestar y la condición de que tratara bien a su hermano. Inhaló aire, tranquilizándose y hablo.

—Está bien. Pero que sea la última vez que vienes sin avisar.

Jonathan amplio su Sonrisa. —Gracias, Dio. Lo prometo.

Dio se sorprendió un poco, pero de inmediato desvío la mirada hacia cualquier otra parte.

—Iré a desayunar, cuida bien a Haruno hasta entonces.

Dio se dio la vuelta sin esperar respuesta y bajo hasta la cocina. Escucho levemente a Jonathan hablar con Mariah antes de que ambos entraran a la habitación del bebé.

Una vez en el comedor, Dio casi dejo caer su frente en la mesa. —¿Quién lo dejo entrar?

Vanilla Ice, quien estaba a su lado, de pie, suspiro. —Lo siento señor, no pude detenerlo.

Dio bufo en respuesta. Con esta seria la tercera vez que Jonathan veía al niño, y no le molestaba, ya que había hecho un trato con Joseph Joestar. Pero todas esas veces Jonathan habría avisado que iría con anticipación, por lo cual Dio tenia tiempo de irse al trabajo o a cualquier otra parte con la intención de no ver al mayor de los Joestar.

En primera, no le agradaba para nada ver a Jonathan cargando a su hijo. ¿Acaso se creía mejor padre que él? Haruno era más hijo suyo que de Jonathan, y eso se lo dejaría bien en claro.

Cuando termino de comer, D’Arby se aseguro de llevarle una rebanada de pastel como postre, Dio no era fanático de la comida dulce, pero aun así la acepto. Fue entonces cuando recordó un poco cuando solía ir a comer a la mansión de los Joestar, hacia unos cinco años. George Joestar siempre adulo a Dio, ya que mencionaba que Dio tenia muy buenos modales para comer, en cambio Jonathan trataba de comer lo más rápido posible para así comer el postre.

Dio sonrió, recordando como George terminaba por regañar a Jonathan y dejarlo sin postre. Aun así, el rubio terminaba por llevarle algo de postre a escondidas de George Joestar. Dio de inmediato trato de borrar esos pensamientos de su mente. ¿Por qué estaba recordando a Jonathan?

Vio que el pastel seguía frente a él, aunque siendo sinceros no se le antojaba ni un poco. Pero tampoco quería decirle a su chef, D’Arby que no tenia ganas de comerlo, mucho menos quería desperdiciarlo.

“Tal vez el bastardo de Jonathan quiera comerlo…” pensó.

Se puso de pie, agradeció por la comida y le ordeno a sus empleados que descansaran y que también comieran algo. Tomo el plato con el pastel y salió del comedor.

Durante los 30 segundos que Dio tardo en salir del comedor y subir hasta la habitación de Haruno, Dio en verdad tuvo la idea de lanzar el pastel que llevaba a cualquier lado para evitar dárselo a Jonathan; por supuesto que no lo hizo, ya había pasado hambre durante su infancia, el mero hecho de desperdiciar la comida le repugnaba, pero por otra parte no quería verse como si se preocupara por su “enemigo”.

Al final solo entro a la habitación, aun con el plato en las manos. Miro como Jonathan estaba muy ocupado sosteniendo a Haruno, el cual estaba dentro de la pequeña bañera de color amarillo que había comprado para el bebé. El día estaba algo caluroso, así que supuso que Mariah aprovecho esto para bañar al niño.

—Mariah. —Dio llamo la atención de la mujer. —Ve a comer algo. Vanilla Ice me comento que no has comido nada, vete, yo sostendré a Haruno.

La mujer asintió y con cuidado dejo de sostener al niño. Dio dejo el plato con el pastel en un mueble de la habitación, se arremango la camisa y fue hasta donde estaba el niño y lo sostuvo en sus brazos.

—Escucha Jojo, puedes dejarme a Haruno a mí, puedo sostenerlo al mismo tiempo que enjuago su cabello.... —aunque lo que quiso decir mas bien fue, yo puedo criar a Haruno por mi mismo, no te necesito.

—Yo también puedo hacerlo. La señorita Mariah me dijo como, además es la primera vez que baño a mi hijo.

Dio rodo los ojos, no iba a ponerse a discutir en este momento. —Está bien, yo lo sostengo y tú le enjuagas su cabello...

Jonathan asintió e hizo lo que Dio le pidió, teniendo precaución de que el shampoo no entrara en los ojos de su bebé. Una vez esto, continúo remojando el cuerpo del bebé para que no le diese frío.

—Eres tan lindo, Haruno. —sonrió Jonathan.

—Tsk. Es obvio, es mi hijo después de todo... —contesto Dio.

—¡También es mi hijo! —Jonathan miro a Dio, reclamando su derecho.

—Pues se parece más a mí, Dio.

—¡Oye también se parece a mí!

Dio acaricio el cabello de Haruno. —Su cabello es rubio como el mío.

—Si, pero sus ojos son azules igual que los míos.

Dio enarco una ceja. —¿Ah, sí? Pues su piel es del mismo tono que la mía. Es inútil, Jojo. inútil, inútil, inútil. Al final Haruno se parece más a mí.

Jonathan miro a Dio y luego a Haruno. Punto para Dio, Jonathan era más moreno, en cambio Haruno tenía la piel blanca.

—Pero Haruno tiene la marca de nacimiento de los Joestar. —dijo orgulloso Jonathan.

Dio frunció el ceño, quedándose en silencio. Desde el momento en que Haruno nació se había percatado de ello y aunque eso no le gusto pada nada, en Haruno se veía muy bonita esa marca.

—Si, si, como sea. Ahora tráeme una toalla para sacar a Haruno.

Dio noto que Jonathan tenía una sonrisa triunfante en el rostro. “estúpido” pensó.

Una vez que saco al bebé del agua y lo arropo temporalmente, se giró a ver al de cabello oscuro.

—Que quede claro que esa estúpida marca no significa que Haruno sea más Joestar que Brando, ¿Entiendes?

Jonathan enarco una ceja. —Nunca insinúe eso. Pero ya que lo mencionas, acabas de decir que Haruno es todo un Joestar.

Dio sintió sus mejillas enrojecer. Mierda, sí que lo había dicho. Sintió unas intensas ganas de quitarle esa estúpida sonrisa de Jonathan a golpes, pero no lo haría frente a su hijo.

—Cállate, estúpido.

Jonathan solo se encogió de hombros. Estaba a punto de vestir a Haruno, ya que no quería que se resfriara, pero estaba demasiado ocupado poniéndole crema y talco. —Haz algo útil y pásame un pañal y un mameluco para Haruno.

Jonathan de inmediato fue hasta la cómoda y saco lo que Dio le dijo y después se lo dio.

—Este mameluco no, tráeme el amarillo.

Jonathan lo miro mal. —¿Que? Pero el azul está muy bonito.

—Claro que no, no se para que lo compraste, el amarillo es mejor.

—Pero yo quiero ver a mi hijo vestido de azul.

Dio dejo de cambiarle el pañal a Haruno y encaro a Jonathan.

—Amarillo.

—Azul.

—¡Amarillo!

—¡Azul!

—Mierda, ¿No me escuchaste? ¡Dije que el ama...

—¡Buaaaaaaaaah!

Tanto Dio como Jonathan se asustaron cuando escucharon el llanto de Haruno. Dio de inmediato corrió a cargar a su hijo y consolarlo.

—Todo es tu culpa, Jojo. Ahora Haruno está asustado.

—¿Mi culpa? Tu comenzaste a discutir. —apunto Jonathan.

—¿Yo? Si no tuvieras un gusto tan inútil, nada de esto habría sucedido.

Una vez más, Haruno soltó un grito mientras lloraba, lo que hizo a Dio preocuparse. Jonathan iba a pedirle que le diera al niño cuando la puerta se abrió.

—¡Por Dios, que sucede aquí! ¡awww bebe, no llores! —se trataba de Mariah, quien se sorprendió al escuchar el llanto del bebe. De inmediato le quito al niño de los brazos de Dio y ahora lo cargo ella. —¿Qué te hicieron tus papás, Haruno?

La mujer de inmediato trato de consolar al niño, quien seguía llorando.

—Yo no hice nada, todo es culpa del inútil de Jojo… —Dio se defendió de inmediato.

—¿Mía? Yo solo quería ver a Haruno vestido de azul, pero tu empezaste a discutir.

—Obviamente, el azul no se vera bien en mi hijo, lo mejor es el amarillo.

—¡Azul!

—¡Amarillo!

—¡Azul!

—¡Joder, que amarillo!

—¡¡Buaaaaaaaah!! —nuevamente Haruno, en vez de calmarse comenzó a llorar más y más a pesar de los esfuerzos de Mariah para que dejara de llorar.

—Lo siento señor Dio y señor Jonathan, pero tendré que pedirles que se vayan, no voy a dejar que sigan discutiendo frente a Haruno. —Mariah miro mal a ambos hombres mientras les señalaba la salida de la habitación.

Jonathan quien nunca había visto a la mujer así de molesta, obedeció de inmediato y salió; por su parte Dio miro a la mujer, esperando que ella le dijera que se quedara, pero lo único que consiguió fue que lo mirara mal. Al final, dio se resignó y salió detrás de Jonathan.

Ambos no tuvieron otra opción más que quedarse fuera de la habitación hasta que Haruno se calmara.

—Haruno nunca llora así cuando está conmigo. —Dio fue el primero en hablar.

—Tampoco cuando está conmigo…

Dio se encogió de hombros. —Entonces supongo que no le agrada que estemos ambos.

—Tal vez…

Otra vez hubo un silencio entre los dos, que duro un poco más de minutos que el anterior.

—Quizás debemos evitar pelear enfrente de él. —aclaro Jonathan. —En verdad se asustó mucho…

Dio asintió. En verdad se había preocupado cuando Haruno comenzó a sollozar fuertemente. Se arrepintió de haber discutido con Jonathan frente a él. Haruno era un niño muy tranquilo, raramente lloraba, y si lo hacia era muy poco, nada comparado como hace unos momentos. Le dolió ver a su hijo llorar así, mas cuando sabia que era su culpa… Y también culpa de Jonathan.

—See… Tratare de no discutir frente a él. —hablo de la forma más honesta posible. —Pero solo para aclarar, el amarillo es mejor.

Jonathan rodó los ojos. —¿En serio sigues con eso? Solo porque el amarillo es tu color favorito no significa que el de Haruno también…

Dio lo miro. —¿Cómo sabes que el amarillo es mi color favorito?

Jonathan también lo miro. —Bueno… una vez lo mencionaste en la escuela, cuando el profesor pregunto a todos sobre cual era nuestro color favorito.

—¿En serio recuerdas eso?

Jonathan sonrió ligeramente, volteando hacia otro lado.

—Tsk, que inútil es recordar ese tipo de cosas, yo nunca puse atención hacia lo que a ti te gustaba. —hablo Dio. Y era cierto, no prestaba mucha atención hacia ese tipo de cosas, por un momento se pregunto cual seria el color favorito de Jonathan, aunque de inmediato descarto ese pensamiento.

—Oye Dio, ¿Cuándo puedo volver a venir a ver al niño?

Bueno, al menos ahora si se toma la molestia de preguntar, pensó Dio.

—Mañana no creo, llevare a Haruno a revisión médica…

—¡Yo iré!

Dio se arrepintió entonces de haber dicho eso. Suficiente tuvo hoy con Jonathan como para que mañana volviera verlo.

—¿No tienes trabajo o algo?

Esperaba que el de cabello azul al final desistiera de acompañarlo, Dio estaba mejor estando solo.

—Por eso me apure a terminar todo el trabajo pendiente ayer, así tendré unos tres o cuatro días libres. —sonrió.

Dio se golpeo la frente internamente, eso solo significaba que tendría que soportar a Jonathan durante estos días… Iba a negarse a que Jonathan los acompañara al medico al día siguiente pero entonces el sonido de una puerta abrirse los hizo voltear a ambos.

—Saluda a tus papás Haruno. Muestrales lo lindo que te ves con tu mameluco verde. —Mariah cargo a Haruno de modo que los dos hombres pudieran verlo a la perfección. También recalco la palabra verde, enfatizando tanto a Jonathan como a Dio, que dejaran de pelear por estupideces.

Ambos suspiraron, al final fue en vano discutir sobre que color seria la ropa de Haruno, aunque ambos pensaron que el niño se veria realmente lindo vestido de verde.

Jonathan de inmediato fue a cargar a Haruno, diciendo una y otra vez que en verdad lo lamentaba. Dio sonrió, sabía que Jonathan era la clase de tipo que se disculparía mil veces cuando cometía un error. Le recordó un poco a los viejos tiempos, cuando se la pasaban peleando todo el día… eran buenos tiempos después de todo…

—Jojo… si vas a acompañarnos, mas te vale llegar temprano. Te advierto que, si llegas un solo minuto tarde, nos iremos sin ti.

Jonathan sonrió. —Por supuesto. Estaré aquí desde una hora antes.

—Joder, eres un tonto… por cierto, te traje un poco de pastel de fresas… —Dio entonces se dio cuenta de lo amable que se escucho diciendo eso. —Solo porque a mi no me gusta y no quería desperdiciarlo...

Jonathan sonrió ampliamente y se acerco a revolverle el cabello rubio a Dio. —Gracias, Dio, el pastel de fresas es mi favorito.

Dio de inmediato volteo la cara hacia otro lado, sintiendo un poco de calor en las mejillas. —Si, si, lo que sea…

Sería un largo día…

Chapter Text

Dio le había advertido al mayor de los Joestar, que, si no llegaba puntual a la hora acordada, se irían sin él. Realmente Dio quería irse sin él, no le agradaba mucho la idea de tener de compañía a Jonathan Joestar mientras llevaba a su hijo a revisión médica; pero, al fin y al cabo, Jonathan seguía siendo el padre de su hijo y tenia que lidiar con eso.

 

Había acordado con Jonathan que lo vería a las 10:00 am en casa del rubio. Afortunadamente, el de cabello oscuro no llego desde una hora antes como había prometido, pero si llego con quince minutos de anticipación.

 

—Awww, Haruno te vez tan lindo vestido así.

 

El pequeño rubio vestía un lindo mameluco de color café y con orejas de oso en el gorro, se le alcanzaban a asomar unos risos de su cabello y sus mejillas estaban sonrojadas.

 

Jonathan se acerco y le sonrió al bebé mientras le hacia gestos, entonces el pequeño lo miro e hizo un gesto parecido a una sonrisa.

 

—Awww viste Dio, Haruno acaba de sonreírme.

 

Dio negó con la cabeza. —A su edad una sonrisa solo es un reflejo natural de sus labios, por el desarrollo de sus músculos, así que no te está sonriendo...

 

Jonathan lo miro mal. —¡Dio! No me quites la ilusión de ver a mi hijo sonriendo.

 

—Incluso leí en un libro que cuando un bebé "sonreía" era porque tenía gases...

 

—¡Dio!

 

El rubio comenzó a reír levemente al ver la cara de entre molestia y decepción de Jonathan.

 

—Ya, ya, como sea... —dijo esto, aunque continúo riendo en voz baja.

 

El pequeño Haruno continuó "sonriendo" por lo que Jonathan ignoro por completo lo que había dicho Dio y lo abrazo.

 

—Tienes la sonrisa más bonita del mundo, Haruno. Y yo sé que es UNA SONRISA. —recalco lo último para que el rubio lo escuchara.

 

Dio rodo los ojos. —Si, lo que digas.

 

Después de esto un taxi llegó justo afuera de la casa de Dio. Ambos tomaron las cosas del bebé (las cuales Cargo Jonathan). Subieron al auto y Dio le indico a que dirección ir.

 

—¿Qué? ¿Iremos al hospital general? —Jonathan cuestionó.

 

—Si. ¿Hay algún problema?

 

Jonathan de inmediato se giró para verlo. —¿Por qué no lo llevamos a un hospital privado? Hay menos gente y es más fácil que lo atiendan.

 

—¿Hospital privado? No todos tenemos tanto dinero como para pagar uno, Jojo... —aclaro Dio.

 

—Los gastos van por mi cuenta, Dio. —se acercó a acariciar la mejilla de Haruno. —Todo sea por este hermoso niño.

 

Dio termino por aceptar y le notificaron al chofer que cambiara de rumbo. Cuando llegaron, Jonathan de inmediato pago el taxi y se apresuró a bajar casi corriendo, para abrirle la puerta a Dio y ayudarlo a bajar del taxi, ya que el rubio estaba cargando a Haruno.

 

Entraron, era un hospital bastante grande y mientras Jonathan iba a pedir informes, Dio tomo asiento en la sala de espera. Odiaba el olor de los hospitales, sentía que era un olor entre alcohol y desinfectante; lo detestaba, hacía que la nariz le doliera. Además, le recordó el dolor que paso cuando Haruno nació... Se recordó mentalmente no tener más hijos.

 

Vio cuando Jonathan regreso de hacer los trámites.

 

—Vamos Dio, el pediatra nos atenderá ahora.

 

Dio solo asintió y caminaron unos cuantos metros por el pasillo, hasta llegar a una habitación que tenía el logotipo de varios bebés pegado en la puerta.

 

Entraron. Al menos esta habitación no tenía aquel aroma característico de los hospitales, así que la nariz de Dio pudo descansar un poco.

 

—Buen día. Tomen asiento, por favor ¿En que puedo servirles? —un hombre, de algunos cuarenta y tantos años, seria quien los atendería.

 

Jonathan volteo a ver a Dio, como diciéndole que él hablara. Dio no tenía objeción alguna, después de todo él era quien más sabia sobre Haruno.

 

—Venia por una revisión de rutina para mi hijo.

 

El doctor asintió y comenzó a realizar un documento, donde apuntaría los datos del bebé.

 

—¿Cuál es el nombre del bebé?

 

—Haruno.

 

El doctor lo apunto. —¿Su apellido?

 

Dio estaba a punto de responder, pero Jonathan se le adelanto. —Joestar.

 

—Muy bien, Haruno Joestar.

 

Dio volteo a ver amenazantemente a Jonathan, quien solo se encogió de hombros. Aún no registraban al niño, por lo que nunca habían discutido cual sería el apellido legal de Haruno. Ya lo discutirían más tarde.

 

—¿Fecha de nacimiento?

 

—16 de abril. —afirmo Dio.

 

—¿Talla y peso cuando nació?

 

—57 cm y 3.050 kg.

 

—¿Le ha puesta alguna vacuna?

 

Dio negó con la Cabeza. —Aun no.

 

El doctor dejo de escribir. —Bueno, creo que es momento de checar sus signos vitales, peso y talla.

 

Dio asintió y se levantó para llevar al niño junto con el doctor. Jonathan solo permanecía al margen.

 

El doctor se encargó de checar el peso del niño, de medir su estatura, checar sus reflejos, visión, oído y tacto.

 

Una vez hecho esto, le regreso el bebé a Dio y volvieron a tomar asiento.

 

—Es un bebé muy tranquilo. —dijo el doctor sonriendo. —Prácticamente se encuentra bien de salud. Solo que está un poco bajo de peso, por lo que le recomendare que suba un poco su dosis de alimento. Además de que le daré unas vitaminas en forma de gotas para aumentar sus defensas.

 

Dio miro un poco preocupado a Haruno, ¿En serio estaba bajo de peso? Se acerco a besar su frente, no dejaría que nada malo le pasara...

 

—Además les asignare otra cita dentro de un mes, para ver el progreso del pequeño Haruno.

 

Tanto Dio como Jonathan asintieron.

 

—Les pido a usted y a su esposo que cuiden bien al niño.

 

Dio sintió su cara enrojecerse y Jonathan se puso nervioso.

 

—No estamos casados. —se apresuró a decir Jonathan. —Solo somos amigos.

 

Dio solto una risita nerviosa. —Conocidos más bien...

 

—Si, si, conocidos. —afirmo Jonathan nervioso.

 

El doctor los miro curioso, se notaban los nervios en ambos. —Oh lo siento, ¿entonces usted no es el padre del niño? —señalo a Jonathan.

 

—¡Por supuesto que lo soy!

 

Ahora el doctor tenía más dudas, pero no hizo más preguntas, después de todo eran asuntos suyos, los cuales no le correspondían.

 

—Okay... Bueno, volviendo al tema, el bebé está a punto de entrar a su primer trimestre de vida, por lo cual comenzara a moverse cada vez más, por eso les recomiendo tener cuidado y tenerlo bien vigilado.

 

—Por supuesto. —afirmo Jonathan.

 

—Bien, entonces espero verlos en un mes.

 

Dicho esto, Dio y Jonathan se levantaron, pero antes de salir el moreno volvió a hablar.

 

—Doctor, tengo una duda.

 

—Dime.

 

Jonathan miro a Dio y luego a Haruno.

 

—¿A esta edad los bebés ya suelen sonreír?

 

El doctor asintió. —Efectivamente, a partir de los dos meses y medio los bebés comienzan a sonreír voluntariamente, aunque sea por un momento. Normalmente lo hacen al escuchar la voz de sus padres.

 

Jonathan sonrió triunfante. —Gracias doctor.

 

Ambos salieron del hospital. Jonathan aún estaba sonriendo y Dio rodo los ojos.

 

—Okay, tenías razón, Haruno si estaba sonriendo, ¿Contento?

 

Jonathan asintió feliz. —Lo mejor es que me ha sonreído a mí. Sonrió después de escuchar mi voz...

 

Dio no lo admitiría, pero sintió un poco de celos ante eso. Después enfoco su mirada en su hijo, quien estaba moviendo sus ojos de un lado a otro, tratando de captar y asimilar todas las nuevas imágenes que se postraban ante sus ojos. Normalmente Dio, no solía sacar mucho a Haruno a la calle, pero esta vez fue necesario, es por eso que Haruno estaba tratando de ver todo a su alrededor.

 

—¿Qué opinas si vamos a comer algo? La verdad es que no desayune nada… —Jonathan volvió a hablar, llamando la atención de Dio.

 

Si bien, Dio se negaba a pasar mucho tiempo junto a Jonathan, la verdad es que en este momento el hambre lo inundaba, así que decidió aceptar la oferta.

 

Caminaron un poco mas hasta llegar a un restaurante no muy lujoso, pero ciertamente se veía bien. Tomaron asiento y Dio aprovecho para pedirle al mesero algo de agua caliente para poder prepararle un biberón a Haruno. Ahora que el medico había mencionado que Haruno estaba bajo de peso, en verdad había preocupado a Dio, así que estaría muy al pendiente de la alimentación del pequeño.

 

—Ammm, Dio…

 

El rubio volteo a ver a Jonathan, quien estaba titubeando.

 

—¿Qué quieres, Jojo?

 

—Yo… yo puedo cargar al niño si quieres, es decir, todo este rato lo has estado cargando tu así que yo podría cuidarlo mientras tu almuerzas…

 

Dio negó con la cabeza. —No es ninguna molestia para mi cuidar a Haruno, además la comida puede esperar.

 

—No dije que fuera una molestia, pero lo que quiero decir es que ya me toca cargar un poco a mi hijo, toda la mañana ha estado contigo.

 

Dio pensó en negarse rotundamente, ¿Qué acaso Jonathan no entendía un no por respuesta? Cuando estaba a punto de decirlo, Haruno se movió en sus brazos, haciendo un pequeño puchero. Recordó entonces que no debía discurrir con Jonathan enfrente del niño.

 

—Esta bien. —le dijo al moreno, mas por obligación que por gusto.

 

Jonathan sonrió y se apresuro a tomar a su hijo en brazos. Dio no comenzó a comer hasta asegurarse que su hijo si estuviera tomando la leche de su biberón. Afortunadamente, Jonathan estaba adquiriendo experiencia en cuidar a Haruno, y el bebé pronto estaba tomando rápidamente de su biberón.

 

Dio, ya más tranquilo comenzó a comer, ya su estomago se lo exigía. De vez en cuando volteaba a ver a Jonathan, quien se la pasaba sonriéndole o haciendo gestos al bebé.

 

“Idiota.” Pensó Dio.

 

Una vez que el bebé termino de comer, Jonathan se encargo de hacer que el pequeño eructara y después lo cargo y lo meció un poco. Dio casi terminaba de comer cuando la voz emocionada de Jonathan lo distrajo.

 

—Awww, mira Dio, de nuevo Haruno me está sonriendo.

 

Dio lo miro más de cerca y efectivamente, el bebé estaba haciendo una tierna sonrisa.

 

—Tsk, ¿Por qué solo te sonríe a ti? —Dio hablo con cierta molestia en su voz, pero Jonathan al parecer estaba ignorándolo pues continúo haciendo gestos para que Haruno siguiera sonriendo.

 

—¿Por qué no le sonríes o algo?

 

—¿Eh? —Dio lo miro confundido.

 

—Bueno, siempre estas muy serio cuando estas con Haruno, tal vez por eso no sonríe cuando está contigo.

 

Dio sintió ganas de romperle la mandíbula a Jonathan, ¿Qué sabia él sobre como cuidaba a Haruno? pero suspiro profundamente y comenzó a contar números primos en su mente, necesitaba relajarse un poco.

 

—Yo siempre he sido serio.

 

Jonathan le miro. —Lo sé. Siempre fuimos muy diferentes uno del otro.

 

—Por supuesto que sí. Yo Dio, estoy en un nivel totalmente diferente a ti, Jojo…

 

—Siempre con tu orgullo en alto, Dio. —Jonathan rio un poco. —Aunque creo que tenías razón sobre lo que dijiste la vez pasada.

 

Dio sonrió triunfante. —Por supuesto que tengo razón, siempre la tengo. —aunque después de decirlo, Dio se pregunto el porque tenia razón... —¿Sobre qué tengo razón?

 

Jonathan levanto un poco a Haruno con cuidado de sostener bien su cabeza.

 

—Creo que Haruno si se parece más a ti.

 

Entonces Dio se sintió aun más orgulloso que antes, con una gran sonrisa. —Obviamente tenia razón, Jojo, Haruno es la viva imagen de mí, Dio…

 

—Dio, mira.

 

Dio, quien esperaba seguir con su discurso sobre cuanto Haruno se parecía a él, dejo de hablar cuando Jonathan le señalo a Haruno, quien lo observaba y a la vez sonreía. Dio sintió sus mejillas enrojecer, ¿Su hijo le estaba sonriendo a él?

 

—Lo vez, te dije que, si le sonreías a Haruno, él también se reiría. Claro que no ibas a sonreír por voluntad propia, así que lo mejor fue engañarte un poco para que lo hicieras. —admitió Jonathan.

 

Dio volteo y lo miro mal, pero de inmediato volvió su rostro para ver a su hijo y acariciarle la mejilla. En verdad se preguntó si su personalidad se volvía mas blanda cuando estaba con el pequeño bebé rubio.

 

—Tsk, no es como si me gustara sonreír en cada momento. —dijo Dio, enfocado en defenderse del supuesto engaño de Jonathan para hacerlo sonreír. Aunque anoto mentalmente que solo lo haría para su hijo.

 

—Deberías hacerlo más seguido, tienes una linda sonrisa.

 

Dio pensó que Jonathan seguía molestándolo, pero solo se encontró con la mirada seria del mayor de los Joestar. Si era otra de sus bromas, posiblemente no tardaría en reírse, pero Jonathan seguía serio, mirándolo. Dio no recordaba cuando fue la ultima vez que hubo tanta tensión entre ambos. Sin embargo, no tardo en desviar la mirada a otra parte, algo nervioso.

 

¿Cómo era posible que el inútil de Jonathan Joestar pudiera ponerlo nervioso?

 

La última y única que vez que Jonathan había logrado ponerlo nervioso fue… bueno, la vez que “engendraron” a Haruno…

 

Dio se golpeó mentalmente por recordar esto. Sin embargo, no iba a dejarse intimidar, así que ignoro totalmente el ultimo comentario del moreno y llamo al mesero, para pedir cualquier cosa que estuviera en el menú, con tal de quitar la tensión del momento.

 

—Podría darme un vaso de limonada. —pidió Dio, aunque no tuviera ganas de beber limonada.

 

—Un vaso de limonada. —el mesero apunto en su libreta. —¿Y para su esposo, nada?

 

Dio casi se atraganta con la poca comida que le quedaba en su plato y se apresuro a negar con la cabeza, también vio como Jonathan también negó de inmediato, nervioso.

 

—No somos esposos. —aclaro Jonathan, y entonces Dio suspiro aliviado, al parecer Jonathan había vuelto en sí, a ser ese idiota que Dio conocía, y dejar esa actitud extraña de hace un momento.

 

El mesero inmediatamente se disculpó y se fue.

 

—Tsk, ¿Que tiene esta gente en la cabeza? —Dio se pregunto cuando por segunda vez en el día, los habían confundido con un matrimonio. Ni siquiera estaban muy cerca uno del otro, muy apenas hablaban y si hablaban era sobre Haruno, no parecían un matrimonio en lo absoluto.

 

—Dio… sobre lo que dije hace un momento, yo…

 

—¿Qué dijiste hace un momento? No es como si te pusiera mucha atención en realidad… —mintió el rubio.

 

Jonathan soltó un suspiro de alivio. —Ya veo… jeje, solo olvídalo.

 

Dio no dijo nada, simplemente decidió hacerle caso al moreno y olvidar lo de hace un momento, después de todo él y Jojo eran una especie de rivales, ¿No?

 

La atmosfera queda un poco intranquila después de todo, aun mas cuando Haruno se había quedado dormido, por lo que ya no tenían más temas de conversación. Jonathan estaba a punto de decir algo cuando su celular comenzó a sonar. De inmediato lo saco del bolsillo de su pantalón, cuidando de no moverse demasiado, pues aun tenia a Haruno en brazos y contesto la llamada.

 

—¡Erina! ¿Cómo estás?

 

Dio de inmediato lo miro, ¿Erina? ¿Estaba hablando con esa campesina? Rodo los ojos y se levanto de su asiento mientras Jonathan aún seguía hablando por teléfono.

 

—Dame a Haruno, me voy de aquí. —Hablo mas serio de lo normal, aunque Jonathan no se percató de eso.

 

—Amm, Erina te regreso la llamada en un segundo, espera… —una vez que colgó la llamada miro a Dio. —¿Ya te vas?

 

Dio chasqueo la lengua. —Tengo trabajo que hacer, Jojo, no soy un inútil como tú que no tiene nada que hacer.

 

Jonathan no dijo nada, después de todo sabía que Dio solía ser una persona ocupada. Aun así se apresuro a depositar un beso en la frente de Haruno antes de entregárselo a Dio.

 

—Te quiero, hijo, pronto iré a verte otra vez.

 

Afuera del restaurante solía haber taxis, por lo que Jonathan no tuvo que preocuparse por saber en qué se iría Dio. El rubio subió rápidamente a un taxi y juro que si no fuera porque su hijo estaba dormido y porque el auto no era suyo, sino habría dado de golpes al asiento delantero del auto. En verdad odiaba a esa mujer…

 

Viejos recuerdos vinieron a su mente, pero no se iba a dejar vencer por ellos.

 

“2, 3, 5, 7, 11, 13, 17…” trato de relajarse, y al parecer sirvió.

 

Debía dejar se pensar en cosas innecesarias, sobre todo debía dejar de pensar en Jonathan Joestar…

Chapter Text

—No sé ni porque lo dije, Erina. Creo que me dejé llevar por el momento... Ahhh, ¿Por qué lo hice?

La mujer solo miraba al mayor de los Joestar, quien se estaba lamentando una y otra vez.

—Bueno, le dijiste a tu ex que tenía una linda sonrisa, supongo que es algo que le puede pasar a cualquiera...

Jonathan suspiro. —Lo sé, pero Dio ni siquiera es mi ex, ni siquiera sé si éramos amigos o algo parecido...

—Pero tienen un hijo juntos.

Jonathan dejo caer su cabeza sobre sus rodillas. —Eso es aún más complicado...

Erina sonrió un poco. —¿Y por qué le dijiste eso?

—Solo intente que sonriera para hacer reír a Haruno, pero me quede embobado viéndolo... Me recordó a hace un año...

—¿Aún sientes algo por Dio?

Jonathan levanto la cabeza y se quedó callado por unos momentos. Erina era su mejor amiga, no podía ocultarle nada. Ella sabía que él había estado enamorado de Dio desde hace tiempo, aún con el carácter del rubio. Incluso le había pedido más de un consejo para tratar de enamorar al rubio, aunque claro que esto no funciono, ya que cuando estaba a punto de poner en práctica los consejos de Erina, Dio desapareció de Londres y no volvió a verlo hasta después de casi un año.

—No lo sé, Eri, por una parte recordé muchos momentos que pase junto a él, siendo una especie de amigos-rivales y lo genial que era estar junto a él, pero... —era cierto, a pesar de que siempre se la pasaban peleando, a Jonathan le encantaba pasar tiempo junto a Dio, fue ahí cuando descubrió que le gustaba ver sonreír al rubio.

—¿Pero?

—Pero por otra parte está mi hijo. Tú viste como Dio de un día para otro me puso una demanda para quedarse con la custodia de Haruno. Ni siquiera se porque lo hizo, sé que a Dio le encantaba molestarme, pero eso ya fue a otro nivel. Simplemente se fue y desapareció por 7 meses y de repente regresa, me dice que tengo un hijo y me demanda. No lo entiendo...

—A todos nos sorprendió que haya hecho eso... En todo caso, si él quería quedarse con Haruno, lo más fácil habría sido no regresar y no decirte que tenías un hijo y punto.

—Ya lo sé, en verdad no puedo creer que me haya hecho eso... Menos mal se apiado un poco de mí y me ha dejado mirar a Haruno... No sé qué lo haya hecho cambiar de opinión, al principio ni siquiera contestaba mis llamadas ni mensajes, incluso se negó a verme... En fin, eso no importa, lo que importa es que siquiera he podido ver a Haruno.

—Hablando de Haruno, ¿Como esta él? Me dijeron que se parece mucho a ti.

Jonathan de inmediato saco su celular, ingreso a la galería y le paso el teléfono a Erina para que viera las más de 100 imágenes que le había tomado a Haruno estos últimos días.

—Awww, Jojo, es hermoso. —hablo con ternura la mujer mientras seguía pasando las fotos. —Es idéntico a ti.

Jonathan río. —Nah, creo que se parece más a Dio, después de todo.

—Yo creo que se parece más a ti.

Jonathan sonrió. Al menos esperaba que la actitud de Haruno no fuese muy parecida a la de Dio.

—¿Y al final que te dijo Dio después de que le hayas dicho que tenía una bonita sonrisa?

Jonathan volvió a querer golpear su frente contra la pared. —No me escucho, gracias al cielo. Incluso tenía planes de ir a comprarle un poco de ropa a Haruno, pero la situación se volvió tan incomoda que ni siquiera pude decirle a Dio que no se fueran aún...

—¿No te escuchó? ¿Estás seguro?

—No es como si Dio me pusiera mucha atención de todos modos... Además, es mejor así. No quiero que Dio se enoje conmigo y al final vaya a terminar negándose a darme la custodia compartida de Haruno.

Erina asintió. —No entiendo que hayas visto en él, Jojo.

Jonathan rio amargamente. —A veces me pregunto lo mismo...

 

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Cuando Jonathan volvió a visitar a Haruno, habían pasado 6 días desde la vez que tanto Dio como él, habían llevado al pequeño al médico.

Jonathan había estado insistiendo desde dos días antes en ir a ver a Haruno, pero Dio se había negado regularmente, incluso dejo de contestarle los mensajes. Hasta que por fin el día de hoy, al parecer Dio se había apiadado de su alma y le había confirmado que podía ver a su hijo.

Por supuesto que Jonathan se había molestado un poco, pero de nuevo recordó que Dio seguía teniendo la última palabra en todo este asunto y al Joestar no le quedaba más que aceptar la situación.

¿En serio Dio era la misma persona de la que se había enamorado alguna vez?

Sus pensamientos negativos se disiparon cuando vio los ojitos azules de su hijo. Haruno era su motivación, si bien, antes Jonathan ya era todo un líder nato y emprendedor, ahora que tenía a Haruno parecía ser que estaba en su máximo esplendor.

Los negocios de la familia iban en ascenso, incluso había tenido varias ideas que su socio, Speedwagon aprobó y pronto pondrían en acción.

Sin duda, su hijo era su razón de seguir, a veces se preguntaba cómo sería su vida en este momento si el pequeño rubio no hubiese aparecido en su vida. De inmediato alejo esos pensamientos de su mente. No cambiaria a Haruno por nada.

Haruno estaba recién bañado y también ya había comido. Jonathan estaba muy al pendiente de la alimentación del niño, no quería más problemas en la salud del pequeño. Tomo a su hijo en brazos y lo meció un poco. El niño ya era más curioso, movía sus ojos de un lado a otro para captar la mayor parte de las imágenes que ocurrían a su alrededor.

—Hola Haruno, ¿Me extrañaste?

El bebé solo sonrió cuando escucho la voz de su padre, según el doctor, un bebé reacciona normalmente al escuchar la voz de sus padres, aunque particularmente Haruno se emocionaba más cuando escuchaba la voz de Jonathan.

—El señor Dio no se encuentra en este momento...

Jonathan escucho la voz de Vanilla Ice a lo lejos, acompañada de unos pasos.

—Oh, no hay problema, solo vine a dejar este libro en la biblioteca y llevarme otro...

Los pasos se escucharon más cerca y Jonathan pudo visualizar a Vanilla Ice, caminando detrás de un joven moreno, el cual vestía una túnica oscura.

—Oh, hola Haruno, me da gusto verte.

El joven se acercó y miro al pequeño bebé, quien estaba más que entretenido en brazos de su padre. Jonathan aprovecho para mirarlo un poco, se veía joven, quizás la edad de Joseph, ¿19 años? Y por su vestimenta parecía ser un sacerdote.

—Oh, lo siento. Mi nombre es Enrico Pucci. —saludo el moreno, estirando su mano hacia Jonathan.

—Ah, mucho gusto, soy...

—Jonathan Joestar. Lo sé.

Jonathan lo miro algo sorprendido.

—Ah, lo siento. Es solo que Dio me ha hablado mucho de usted.

—Entiendo... —Jonathan asintió. ¿Este Enrico era amigo de Dio? ¿Dio le había hablado sobre él? Se despejo un poco de esos pensamientos, quizás Dio le había dicho cosas como que era un inútil, como siempre decía...

—¿Te molesta si me siento a tomar un té contigo? —Enrico llamo la atención de Jonathan de nuevo.

El de cabello negro negó con la cabeza. —Oh, en absoluto. Toma asiento.

—Gracias.

Vanilla Ice quien seguía presente, solamente trago saliva algo nervioso y fue a la cocina por un poco de té. Quizás a Dio, no le gustaría esto... Y quizás lo regañe por dejar pasar a Enrico cuando Jonathan estaba en casa.

—Veo que Haruno se lleva muy bien contigo. —el moreno miro al bebé. —Bueno, eres su padre después de todo.

—Si... Supongo que nos llevamos bien... —Jonathan no era de esas personas que socializara muy fácil, por lo que trataba de responder de la manera más educada posible.

—Dio se pone celoso de que Haruno te preste más atención a ti que a él. —Enrico rio un poco ante esa confesión.

Jonathan se sorprendió un poco. —¿Celoso? ¿Dio? —esas palabras no coincidían en una oración, al menos no con el Dio que conocía, tan cerrado y orgulloso...

—Le he dicho que no debería ponerse así, después de todo tú también eres el padre de Haruno, es normal que el niño se alegre de verte.

Jonathan solo asintió. Una parte de su mente tuvo una idea extraña, es decir, era una oportunidad perfecta para sacar unas cuantas dudas, pero otra parte de su mente sabía que no era la forma correcta de hacerlo.

Aunque bueno, probablemente jamás obtendría respuestas de Dio.

—Eres... ¿Eres amigo de Dio? —una pregunta sencilla para iniciar.

El moreno asintió. —Lo conocí hace unos meses. En Florida.

—¿Florida?

Enrico iba a responder, pero fue en ese instante cuando Vanilla Ice regreso con el té en una bandeja y lo dejo frente a ambos hombres. Sirvió un poco en cada taza, y lo entrego tanto a Jonathan como a Enrico.

El moreno agradeció y siguió con la mirada al mayordomo, hasta que este desapareció de su vista. Solo así volvió a dirigir la mirada al mayor de los Joestars.

—Si. Florida.

Jonathan entonces miro a su hijo. —No sabia que Dio había estado en Florida. —se llevó la mano a la frente. —Ni siquiera supe que había sido de él durante los 7 meses que desapareció.

Enrico dio un sorbo a su bebida y luego volvió a hablar. —Lo conocí ahí. Él recibió su título que lo certificaba como Lic. En derecho. Tenía que ser en Florida, ya que tenía que tomar un último curso para poder finalmente ejercer su profesión.

—Ya veo...

—Dio necesitaba unos libros para terminar su carrera, los cuales consiguió en una biblioteca, cerca de una iglesia, en la cual yo estaba practicando.

—¿Eres sacerdote?

—Aún estoy en proceso... Dio parecía interesado en libros que yo ya había leído, y pronto nos hicimos amigos debido a nuestros intereses en común.

—¿Sabías que Dio iba a tener a Haruno?

Enrico negó. —Jamás dijo nada sobre eso. Dio solía rentar un departamento, pero yo le ofrecí asilo en mi casa, después de todo, era más económico de esa forma.

—Entiendo. —sabía que Dio había obtenido algo de dinero debido a la herencia que George Joestar les había dejado. Tal vez fue lo suficiente como para ir a Estados Unidos y terminar con su carrera universitaria.

—Después Dio tuvo complicaciones respecto a Haruno, solo así me entere de su embarazo.

Jonathan abrió los ojos como platos. —El... ¿Qué paso?

—Dio suele estresarse fácilmente, lo cual le afecto tanto a él como a Haruno y tuvo riesgos de aborto.

Jonathan trago saliva. Nunca había pasado por su mente que Dio se las haya visto negras durante su embarazo. En realidad, no podía culparse, Dio nunca le había mencionado nada.

—Lo ayude mientras se recuperaba, era mi amigo después de todo. Aunque particularmente creo que la peor parte vino después de eso...

Jonathan ni siquiera noto cuando Haruno se había quedado dormido en sus brazos.

—No sé si sepa esto, Jonathan, pero Dio en verdad tuvo una infancia difícil... Su padre era un desgraciado. Nunca se preocupó por él ni por su madre, solía golpearlos todo el tiempo. Cuando Dio se recuperó de la amenaza de aborto, en realidad estaba muy nervioso. Él pensaba y aseguraba que, si heredo el alcoholismo de su padre, entonces también el hecho de ser un mal padre.

Jonathan ni dijo nada. Tampoco sabía de la dura infancia de Dio. simplemente sabía que su padre le debía un favor a la familia de Dio, y por eso se había hecho cargo de Dio durante su adolescencia. No se había imaginado que el padre de Dio lo tratara tan mal...

—Dio nunca menciono nada sobre su padre...

—Dio quería olvidarse de ese hombre... Pero su recuerdo lo atormento, y el temor de que ahora él se desquitara con su hijo lo hizo estremecer. Dio tenía miedo de tener un hijo.

—¿Que paso después?

Enrico se encogió de hombros. —Dio entendió que él y su padre eran muy diferentes. Que esta era su oportunidad para demostrar que él si sería un buen padre. Dio en verdad ama a Haruno, Jonathan.

Jonathan sabía que eso era cierto. Dio era una persona sarcástica, fría y seria, pero con Haruno era diferente. El niño era su viva imagen después de todo.

—Haruno es lo que Dio más ama en esta vida, su debilidad...

Jonathan miro entonces al joven sacerdote. —¿Por qué me has contado todo esto?

—¿Hum?

—Yo... Dio jamás me hubiera dicho nada de eso. Y tú eres su amigo, si te dijo todo eso es porque en verdad te tiene confianza. ¿Por qué habrías decirme cosas tan privadas de Dio así nada más? ¡Acabas de conocerme!

Enrico sonrió. —Precisamente porque soy amigo de Dio, es el porque te digo todo esto. —Enrico se puso de pie y camino hasta donde Jonathan. —Dio es demasiado orgulloso para hacer lo correcto. Algunas veces necesita un ligero empujón. Así que por favor te pido que tengas paciencia con él.

Jonathan no entendía muy bien.

—¿A qué te refieres?

—Dio a veces dice o hace cosas sin pensar, pero te pido que lo entiendas, ha pasado por mucho y justo ahora lo que más miedo le da es perder a Haruno.

—¿Dio me puso la demanda solo por miedo a perder a Haruno? —contraataco Jonathan con algo de molestia en su voz, ¿Eso fue lo que insinuó o no?

Enrico se encogió de hombros. —Lo dejo a tu criterio, solo quiero dejar en claro que Dio no es malo, simplemente quiere proteger a su hijo.

—También es mi hijo.

—Entonces habla con él. Dio no es la persona que tú y los demás Joestar piensan. Él solo necesita entrar en razón. Solo tú puedes hacerlo entrar en razón...

Jonathan lo miro aun con dudas en la mente. ¿Que fue todo eso?

—Bueno, no interrumpo más tu tiempo con tu hijo. —Enrico dejo la tasa de té vacía en la pequeña mesita entre los sillones y estiro su mano hacia Jonathan. —Fue un gusto hablar contigo, Jonathan Joestar. Espero y todo este asunto se solucione…

—Si, gracias… —Jonathan estrecho sus manos y también observo como el joven sacerdote acariciaba una de las mejillas de Haruno antes de irse.

Recordó entonces que el sacerdote le había mencionado a Vanilla Ice que había ido por un libro, ¿Acaso el libro solo había sido una excusa para hablar con él? ¿Lo había mandado Dio? Nah, Dio era demasiado orgulloso como para tan siquiera pensar en revelar sus secretos, así como así.

En verdad le había sorprendido que Dio haya tenido una infancia dura, aunque tenía congruencia, después de todo quizás de ahí venia la actitud fría y distante de Dio. Pensó en su padre, George siempre lo había tratado bien, quizás a veces lo reprehendía cuando hacia las cosas mal, pero también lo felicitaba cuando lo hacia bien. Fue un excelente padre, lo educo como todo un caballero y lo impulso a ser seguro de si mismo y con un gran liderazgo. Por otra parte, estaba Dio, de quien ahora sabia el porque de su actitud, pero le había sorprendido el hecho de que Dio tuviese miedo de convertirse en alguien como su padre y lastimar a Haruno.

Eso solo le daba a entender cada vez más que Dio solo daba una fachada de sí mismo y que usualmente solía reprimir sus verdaderos sentimientos.

Pero por otra parte seguía totalmente molesto por la absurda actitud del rubio. Su amigo, el sacerdote, le había dicho que tratara de comprenderlo, pero algo no cuadraba. Si tanto miedo tenia Dio de que le quitara al niño, entonces simplemente no se lo hubiese presentado, se hubiese guardado ese secreto solo para él, tal vez nunca regresando a Inglaterra. Pero en cambio lo hizo, lo que dejaba a Jonathan con más dudas en la mente. Dio se estaba desquitando por algo, pero no sabía por qué.

Con cuidado se levanto y llevo a Haruno hasta su habitación, el niño iba profundamente dormido por lo que no fue un gran problema. Lo acomodo en su cuna, lo arropo y lo dejo descansar un buen rato.

¿Seria buen día para confrontar a Dio?

Chapter Text

"—¿Qué le dijiste a Jonathan?"

 

Dio espero unos segundos, el sonido de la línea a través de la llamada solo lo hacía impacientarse más.

 

"—Enrico."

 

Volvió a insistir. Cuando regreso a casa, Jonathan ya no estaba, lo cual le alivio, ya que aún no estaba de humor para ver al mayor de los Joestar. Pero de inmediato se alteró cuando se enteró gracias a Vanilla Ice, que su amigo Enrico Pucci había tenido la maravillosa idea de, justamente hoy, ir a visitarlo e ir por un libro de la biblioteca de Dio.

 

"—No le he dicho nada, Dio. Solamente me senté a tomar un té con él. Es todo."

 

Respondió su amigo, serio como siempre.

 

"—¿Y por qué de todas las personas que existen tenías que tomar un té exactamente con Jonathan Joestar?"

 

Dio sabía que Jonathan y Enrico juntos no era la mejor combinación. Al menos no para él...

 

"—Me pareció interesante conocer al hombre del que tanto has hablado."

 

Dio se sobo la frente un poco.

 

"—¿Qué le has dicho, Enrico?"

 

"—Te repito que no le he dicho nada, Dio. Solo le comenté que me alegraba ver a Haruno convivir con su padre"

 

"—Pudiste hacerlo ignorado e ir directo a la biblioteca..."

 

Escucho la risa de su amigo a teléfono.

 

"—¿Y perderme la oportunidad de conocer al amor de tu vida? ¡Nunca!"

 

Dio gruño ligeramente. Si no fuera porque le tenía respeto a Enrico y viceversa, probablemente lo habría insultado.

 

"—Ese inútil no significa nada para mí..."

 

"—Si, si, Dio, lo has dicho muchas veces..." escucho como Enrico seguía riendo.

 

“—Solo he dicho la verdad.” Aclaro el rubio.

 

“—¿Entonces por qué lo has dejado convivir con su hijo, aun cuando antes lo habías demandado para quitarle la custodia de Haruno?”

 

Dio chasqueo la lengua. —“Cinco millones, Enrico, ¿Quién podría resistirse a esa cantidad de dinero? Al menos Joseph Joestar sabe como negociar un asunto, a diferencia del inútil de Jonathan…”

 

“—Pero Jonathan parece ser más racional y comprensivo…”

 

"—¿Qué, ahora lo prefieres a él?"

 

Enrico sólo rio un poco.

 

"—Tu eres un rey entre reyes, Dio. Además, eres mi mejor amigo, siempre te apoyare a ti antes que a nadie. Pero por eso mismo te digo que pienses bien las cosas, Dio."

 

"—No necesitó pensar las cosas, Enrico. Todo está bien así como esta. Solo convivo con el inútil de Jonathan por Haruno, pero de ahí en mas no quiero verlo ni en pintura."

 

"—Pero estabas muy bien estos días anteriores conviviendo con él. ¿Qué paso entonces?"

 

"—Nada ha pasado, simplemente me di cuenta de que Jojo y yo solo peleamos cuando estamos juntos, así que lo mejor es no verlo."

 

"—¿Hasta cuando seguirás con esta farsa, Dio?”

 

Dio rodo los ojos, enfadado. “—No es ninguna farsa, Enrico. Todo esto lo hago por los cinco millones que Joseph Joestar me ofreció a cambio de dejar que su hermanito viera a mi hijo. Además, incluso aunque me de el dinero, yo Dio sigo teniendo la custodia de Haruno y solo le dejare verlo de vez en cuando. Al final yo gano en todos los aspectos…”

 

Hablo orgulloso el rubio.

 

“—¿En verdad vas a ser feliz con eso?”

 

Dio oscureció su expresión. “—Por supuesto, Enrico.”

 

Escucho un suspiro por parte de su amigo. “—Sea cual sea tu decisión, te apoyare Dio. Sin embargo, creo que deberías comenzar a ser más honesto contigo mismo. Solo de esa forma alcanzaras la felicidad que tanto anhelas…”

 

Dio no dijo nada. Sabia que discutir no serviría de nada. Ya luego lidiaría con Pucci si descubría si le había contado algo a Jonathan o no…

 

 

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Habían pasado algunos días. Jonathan solo había visitado dos veces a Haruno el resto de la semana, debido a su exceso de trabajo, sin embargo, no se había encontrado con Dio ni una sola vez. Esto a la vez fue bueno, ya que así se dio a la tarea de investigar más a fondo sobre el rubio. Claro que solo encontró información externa, y efectivamente comprobó lo que le había dicho aquel sacerdote. Según conocidos de su padre George Joestar, afirmaban que George había aceptado “adoptar” a Dio en su familia después de la muerte de Dario Brando, ya que este hombre era en realidad un alcohólico violento que solo le hacia daño a su familia, incluido a Dio.

 

Jonathan nunca se había enterado de esto. Según George Joestar, había adoptado a Dio ya que era un joven muy sobresaliente y quería darle una oportunidad. Ahora que lo pensaba mejor, quizás Dio le pidió que no mencionara sobre su pasado y su antigua familia…

 

Todo tenia sentido de cierta forma. Según su amigo el sacerdote, Dio tenia miedo de volverse en un hombre como su padre… Aunque Jonathan sabia que eso nunca pasaría, ya que Dio adoraba a su hijo. Aun así, estaría dispuesto a hacerle ver al rubio que el no era un mal padre.

 

Jonathan no estaba satisfecho, quería saber más de Dio. Aunque dudaba que lo supiera por el mismo Dio…

 

 

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Jonathan no era la persona con el sueño más ligero del mundo, por el contrario, una vez que caía dormido era muy difícil despertarse hasta que la alarma de su teléfono lo despertaba y se levantaba para ir al trabajo. Sin embargo, hoy fue la excepción.

 

Entreabrió ligeramente los ojos cuando la música proveniente de su celular logro despertarlo. En lo que asimilaba las cosas noto que aún estaba muy oscuro, por lo que aún no era su hora de levantarse, así que le pareció más extraño aún.

 

Miro el número que aparecía en pantalla, no era otro más que Dio. A Jonathan le extraño esto, pero aún así contestó.

 

"—¿Si, Dio?"

 

"—Jojo..."

 

La línea quedó en silencio, solo se escuchaba la respiración de Dio.

 

"—¿Dio?"

 

"—Haruno..."

 

Jonathan trago saliva.

 

"—¿Qué pasa con Haruno?"

 

"—Tiene mucha fiebre Jojo... Ya llamé a un médico, pero joder, no sé qué hacer..."

 

Dio se escuchaba desesperado, muy lejos a ese tono frío de costumbre. A Jonathan no le dio tiempo de asimilar las cosas, de inmediato se puso de pie.

 

"—En seguida voy Dio, tranquilízate por favor"

 

Escuchó un ligero "si" por parte de Dio, corto la llamada y rápidamente se vistió con lo primero que encontró. Joder, hoy no había visto para nada a su hijo, ¿Como es que ahora el bebé tenía fiebre? No quería ni imaginarse el dolor que tenía su bebé, le dolía incluso pensarlo. Rápidamente tomo las llaves de uno de los autos y subió a él, manejando más rápido de lo normal hasta llegar a casa de Dio.

 

Entro rápidamente, ni siquiera saludo a ninguno de los empleados de Dio. Subió hasta la habitación del bebé y al entrar la primera imagen que capto fue la de Dio con una mano en la cabeza, caminando de un lado a otro y después escucho el llanto de su hijo, quien en estos momentos estaba siendo atendido por un médico. Haruno lloraba fuertemente, lo que preocupó inmediatamente a Jonathan. El bebé sollozaba constantemente, como si se quejara. Escucho al doctor tratar de calmarlo.

 

Sin embargo, su mirada se desvío un poco y se encontró con Dio, quien se veía más que nervioso, mirando fijamente a su hijo. Dio parecía más pálido de lo normal y su mirada también reflejaba lo nervioso que estaba. Jonathan se acercó a él.

 

Puso su mano en el hombro del rubio, quien lo miro por unos segundos y después volvió la mirada hacia donde su hijo otra vez.

 

—No sé lo que paso... Yo... Haruno estaba perfectamente bien por la tarde... Pero después no supe que paso...

 

Dio daba largas pausas entre las frases al hablar. Su voz temblaba y respiraba profundamente.

 

Jonathan, con su mano aún en el hombro de Dio, lo acarició suavemente. —Todo estará bien...

 

Dio ni siquiera se esforzó en responder, su mirada seguía fija en Haruno, quien se había tranquilizado un poco, pero seguía llorando.

 

Pasaron unos minutos, los cuales fueron eternos tanto para Jonathan como para Dio, y el medico al fin les dio un diagnóstico.

 

—Al parecer su hijo ha tenido un pequeño resfriado, sin embargo, ya que sus defensas están algo bajas, se manifestó en forma de una fiebre.

 

—Pero... —Dio sentía un nudo en la garganta que muy y apenas le permitía hablar. —¿Se pondrá bien?

 

—Les repito que afortunadamente solo fue un pequeño resfriado. Sin embargo, es muy importante estar al pendiente de la salud de Haruno, sobre todo porque me veré en la necesidad de darle algunas vitaminas para reforzar su sistema inmunológico.

 

Jonathan asintió. —Haga lo que sea necesario, doctor.

 

El medico tomo al bebé en sus brazos, quien seguía llorando, pero de forma más silenciosa, como si se hubiera cansado de tanto llorar, y después se lo paso a Dio, quien de inmediato lo tomo en sus brazos y lo pego a su pecho, tratando de calmarlo.

 

—Le daré también unos cuantos medicamentos, por el momento sería bueno darle un baño con agua tibia para bajar un poco la fiebre y después de eso abrigarlo muy bien, para evitar que el resfriado se vuelva más fuerte.

 

Jonathan era quien estaba acatando todas las indicaciones del médico, procurando seguirlas al pie de la letra.

 

—Aun así es mejor que mañana vayan al hospital pediátrico, de esta forma podremos determinar un mejor diagnóstico y sus respectivas acciones a tomar.

 

—Por supuesto, doctor.

 

—Lo mejor será que el bebé descanse, ha sido un día muy malo para él... Y estoy seguro de que para ustedes también.

 

Jonathan solo asintió, aunque cuando volteo a ver a Dio solo se encontró con que el rubio seguía abrazando a su hijo.

 

Jonathan acompaño al médico hasta la puerta de la mansión, pago por su servicio y agradeció. Una vez hecho esto, aprovecho para respirar profundamente mientras recargaba su frente en la pared.

 

Aunque su postura seguía intacta, manteniéndose serio y tranquilo, la verdad era que este asunto lo tenía muy nervioso. Era la primera vez que veía enfermarse a un bebé. Recuerda vagamente cuando Jotaro era pequeño y se enfermaba, pero vivirlo ahora y que fuera precisamente Haruno, su hijo, quien estaba en esta situación, en verdad lo ponía contra la pared.

 

En verdad no podía describir lo horrible que fue para él ver a su hijo llorar y no poder hacer nada al respecto para ayudarlo.

 

Si por él fuera, tomaría todo el dolor que siente Haruno, con tal de que su hijo no sufriera para nada.

 

Respiro profundamente unas cuantas veces más, asegurándose de calmarse lo suficiente antes de subir nuevamente a la habitación del pequeño Haruno.

 

Antes de entrar, y al parecer cuando Dio aún no se percataba de su presencia, logro escuchar decir al rubio varios "perdón, perdón, perdoname Haruno, todo fue mi culpa. Es mi culpa que tu estés asi…". Jonathan trago saliva, si él la estaba pasando mal por todo este asunto de Haruno, no quería pensar cómo se sentía Dio al respecto. Pensar que fue Dio quien descubrió que Haruno tenía fiebre, pensar que fue Dio quien estuvo tratando de calmar al bebé sin éxito alguno, asustándose de no saber que pasaba...

 

Dio en serio debió de estar desesperado como para hablarle a Jonathan para que fuera…

 

Sintió un nudo en la garganta, pero no era momento de quebrarse, debía ser fuerte. Entro a la habitación, llamando la atención del rubio.

 

—Es mejor darle un baño ahora, para que así pueda descansar mejor.

 

No recibió respuesta del rubio, ya que solo asintió con la cabeza. Jonathan entonces se apresuró a sacar la bañera del bebé y también trajo agua caliente y un poco de fría, procurando equilibrar la temperatura hasta que quedara tibia. Una vez que llego a la temperatura ideal, le aviso a Dio y este desvistió al menor, para posteriormente sumergirlo en la bañera suavemente.

 

Ninguno de los dos adultos estaba hablando. Dio se había quedado parado observando, mientras Jonathan era quien estaba bañando al menor. Esparcía el agua tibia por todo su cuerpo. El pequeño ya no lloraba, pero tenía sus ojitos hinchados por tanto llorar. Jonathan sintió de nuevo un nudo en su garganta.

 

—Mi niño, te vas a poner bien, lo prometo. —acaricio un poco los mechones de cabello rubio de Haruno.

 

Una vez pasados unos minutos, Jonathan saco a Haruno de la bañera y lo recostó en la cama para secarlo, vestirlo y abrigarlo bien. Para entonces al bebé parecían pesarle los párpados, ya que se estaba quedando dormido sin necesidad de que alguno de sus padres lo arrullara. Aun así, Dio lo cargo y lo meció un poco, ayudando así a que el pequeño se quedara dormido más rápido.

 

Cuando lo consiguió, Dio lo llevo hasta su cuna y lo recostó en el centro, procurando colocar almohadas a su alrededor y arroparlo bien.

 

Una vez hecho esto, Jonathan escucho como Dio exhalaba el aire pesadamente, como si una parte de él se sintiera más tranquilo, aun así, se quedó quieto a un lado de la cuna de Haruno, mirándolo fijamente.

 

Entonces Jonathan se levantó y fue hasta donde estaba el rubio.

 

—Deberías descansar un poco, Dio. —hablo en voz baja para no irrumpir el sueño de su hijo.

 

El rubio ni siquiera volteo a verlo, seguía prestando atención solamente a Haruno, aun así, se dignó a responder.

 

—No necesitó descansar, Jojo. Estaré cuidando a Haruno toda la noche si es necesario...

 

Jonathan ya esperaba una respuesta como esa, pero era más que obvio que Dio estaba cansado, y lo más sensato era que durmiera, aunque sea un poco.

 

—Yo lo cuidare, tu descansa.

 

Dio entonces volteo a mirarlo. —¡Ya te dije que yo lo hare! ¡No dejare que nada malo le pase a mi hijo otra vez!

 

Jonathan entonces pudo observar que los ojos de Dio estaban algo hinchados. ¿Había llorado?

 

—Dio... —Jonathan se acercó al rubio y coloco su mano en el hombro de Dio. —Nada de esto fue tu culpa Dio, deja de sentirte culpable al respecto...

 

Dio volvió a mirarlo. —¿Qué?

 

—Esto no es tu culpa, Dio. No eres un mal padre y nunca lo serás. Deja de pensar que te convertirás en la sombra de tu padre.

 

Dio entonces abrió los ojos como platos. —¡Tú! ¿¡Como mierda sabes de mi padre!? ¿Enrico te lo dijo, cierto? Lo sabía...

 

—Dio. —Jonathan apretó más su agarre de los hombros de Dio, haciendo que quedaran frente a frente. —No importa quién o porque me lo haya dicho. Lo único que quiero es que dejes de culparte por esto. Vi como estabas cuando el medico revisaba a Haruno. Yo también estaba nervioso, pero esto no es culpa de nadie. Ambos sabemos que esto es algo que podía pasar, nadie está exento de una enfermedad y desgraciadamente nuestro hijo tampoco.

 

Dio apretó los dientes. —¿A qué quieres llegar con esto, Jojo? Si quieres restregarme la mierda de padre que tuve a comparación del tuyo, adelante, ¡Dímelo!

 

Jonathan tomo por los hombros a Dio y lo acerco a él.

 

—Nunca me burlaría de ti Dio. Al contrario, me preocupó por ti. Y por eso mismo te digo que tú eres tú y tu padre es tu padre. Dos personas completamente distintas. Deja de vivir con un trauma de pasado, tú eres diferente. Adoras a Haruno y Haruno te adora. ¡Eres un excelente padre, Dio! Te preocupas por Haruno y lo protegerás de todo lo malo. Yo sé que estas muy preocupado por nuestro hijo, y yo también lo estoy, por eso te digo esto, porque sé que eres una gran persona, tú no eres Dario Brando, ni siquiera una parte de él. Tú eres Dio, un excelente abogado, un hombre exitoso y sobre todo un gran padre de este hermoso bebé... Creo que incluso mejor que yo... —se revolvió el cabello cuando menciono lo último.

 

Dio no dijo nada. No solo porque había mencionado a aquel bastardo que, para su desgracia, había sido su padre. Dio en verdad odiaba hablar de su pasado... Pero las palabras de Jonathan le relajaban el alma...

 

Ciertamente no podía hacer nada más que culparse por el hecho de que Haruno estuviera enfermo. Si lo hubiese cuidado mejor no estaría así... ¿No lo convertía eso en un mal padre?

 

—¿Tanto te dijo Enrico sobre mí? —Le pregunto nervioso. Jonathan ahora sabia que su infancia había sido una mierda, al igual que su padre… Un pasado que odiaba y que desearía borrarlo de su memoria.

 

Jonathan trato de ver a los ojos al rubio, pero este se negaba.

 

—No exactamente... Yo investigue algunas cosas por mi cuenta...

 

—Ya veo...

 

Dio no sabía que decir en realidad. Nunca hablaba de su pasado, mucho menos de sus miedos. Y justo ahora Jonathan había encargado con sus dos peores miedos: convertirse en un hombre como lo fue Dario Brando, una mierda de padre y de persona; y el perder a Haruno.

 

—Te prometo que no dejaré que nada le pase a Haruno, Dio. Tu y yo lo cuidaremos bien, siempre...

 

Dio solo asintió. Jonathan al igual que él, se preocupaba demasiado por Haruno, una pequeña parte de él se alegraba por eso.

 

—Yo... No quiero hablar sobre mi padre. —fue lo único que atino a decir, aunque era la verdad.

 

—Ni yo. Solo quería hacerte saber que eres diferente a él. Y si quieres más pruebas, solo mira a nuestro Haruno.

 

Dio acaricio suavemente la mejilla del bebé, cuando estaba con él, sus miedos desaparecían por completo...

 

—Ve a descansar, Dio. Yo lo cuidare bien, te lo juro.

 

Dio se estremeció un poco, ¿en serio podía dormir tranquilo sabiendo que su hijo se podría poner mal en cualquier momento? Por supuesto que no podía. Pero Jonathan lo cuidaría... ¿Podía confiar en Jonathan?

 

Desgraciadamente, una parte de él si confiaba en él...

 

Dio se acercó a besar la frente del menor antes de susurrar algo como "descansa". Cuando se levantó miro a Jonathan.

 

—Cuídalo bien. —le dijo amenazante.

 

El moreno asintió. —Lo hare.

 

El rubio solo afirmó con la cabeza y estaba a punto de irse cuando Jonathan lo tomo del brazo.

 

—Dio... Yo... En verdad me preocupo por ti. Así que... No dudes en contarme tus problemas. Yo siempre te apoyare...

 

El rubio trago saliva. —No necesitó tu ayuda, Jojo...

 

—Pero yo, aun así, estaré ahí para ti... —revolvió un poco el cabello del rubio. —En verdad te aprecio, Dio.

 

Dio desvío la mirada. —Buena noche.

 

Finalmente se soltó del brazo del más alto y salió de la habitación. Escuchó un leve "descansa" antes de salir. ¿Como mierda pretendía que descansara después de todo lo que le había dicho?

 

¿Y que con ese "en verdad te aprecio"?

 

¿Te aprecio? ¿Como amigo? ¿Como hermano? Negó con la cabeza, no podía ser como otra cosa, ¿Verdad?

 

Debido a que tenía mucho sueño pudo quedarse dormido rápidamente, sin embargo, la voz de Jonathan Joestar seguía en su mente.

 

¿Podía confiar en él?

 

Chapter Text

"Dio..."

 

Su voz... Esa maldita voz... Lo perseguía hasta en sueños...

 

"Dio..."

 

¿Pero por qué su nombre se escuchaba tan malditamente bien con esa voz?

 

"Dio... Yo realmente te aprecio, Dio..."

 

¿Por qué no podía sacarlo de sus pensamientos?

 

"Dio..."

 

—Dio. Dio, despierta.

 

Con pesadez, el rubio se vio interrumpido de su sueño y abrió los ojos lentamente, tratando de descifrar lo que ocurría a su alrededor.

 

—Dio.

 

Esa voz... ¡Jonathan!

 

Dio se levantó de golpe cuando su vista se aclaró y le permito ver frente a él al mismísimo Jonathan Joestar.

 

—¡Tu! ¿¡Qué diablos haces en mi habitación!?

 

Dio lo miro con el rostro levemente sonrojado y la expresión de entre nerviosismo y molestia.

 

—Solo venía a despertarte, Dio. El desayuno ya está listo. ¿Qué tal descansaste?

 

Dio aún estaba asimilando la situación. Él recién levantado, Jonathan frente a él, Jonathan en su habitación, Haruno... ¿Haruno?

 

—¡Haruno! ¿¡Como esta!? —dejo completamente de lado el hecho de que la persona que menos quería estaba en su habitación cuando recordó a su pequeño bebé y el día tan terrible que había sido ayer... Dio se levantó de golpe cuando recordó a su hijo, lo que ocasiono que la cabeza le punzara fuertemente.

 

Jonathan de inmediato colocó sus manos en los hombros de Dio y lo hizo regresar a sentarse en la cama.

 

—Tranquilo, es malo levantarse así de rápido por la mañana... —le dijo el de cabello oscuro. —Haruno está mejor. Se despertó como a las 5 am con hambre. Le di un biberón con leche y volvió a dormir. La fiebre ya le ha bajado, pero aun así es mejor llevarlo al doctor nuevamente...

 

Dio, quien aún sentía la fuerza de Jonathan sobre sus hombros, se sintió más tranquilo al escuchar eso.

 

—Ya veo... —incluso podía decir que sus músculos se relajaron de alivio al saber que al menos su hijo ya no tenía fiebre. Probablemente necesitaría tomar una buena copa de vino una vez que se solucionara este asunto.

 

—Podemos llamar al médico una vez que termines de desayunar.

 

Dio se giró a mirar su celular, que marcaba las 9:30 de la mañana. Se molesto por levantarse tarde de nuevo.

 

—Está bien, pero si quieres que sea rápido entonces lárgate de mi habitación para poder vestirme. —ordeno el rubio.

 

—¡Oh, si! ¡Lo siento!

 

Jonathan lo soltó y se apresuró a salir de la recamara del rubio. Una vez que se fue, Dio suspiro tranquilamente. De nuevo Jonathan estaba cada vez más cerca de él, lo cual le molestaba... ¿Es que cada vez que intentara alejarse de él habría una fuerza que de atracción que nuevamente los volvería a juntar? Claro que esta situación había sido por su hijo, pero eso no justificaba que Jonathan personalmente entrara a su habitación —irrumpiendo su espacio y privacidad — para despertarlo. Bien podría haberle dicho a Vanilla Ice que lo hiciera...

 

Dio rodó los ojos y se apresuró a vestirse. Tomo un pantalón de vestir negro y posteriormente se colocó una camisa del mismo tono, haciendo juego con una corbata de color escarlata. Le gustaba vestir elegante —buenas costumbres que George Joestar les había dejado a Jonathan y a él—.

 

Dio nuevamente giro los ojos, ¿Por qué siempre que pensaba en algo tenía que estar Jonathan ahí?

 

Una vez que se lavó la cara y se acomodó el cabello, Dio antes de bajar a desayunar, fue a hacer algo mucho más importante: ir a ver a Haruno.

 

Llego a la habitación y abrió la puerta suavemente, no solo para no hacer ningún ruido al pequeño niño, sino también para evitar que alguna corriente de aire entrara a la habitación.

 

No le sorprendió mucho ver que Jonathan Joestar seguía en la habitación de Haruno, cuidándolo. Jonathan no se percataba aun de la presencia del rubio, por lo que Dio pudo alcanzar a notar como a Jonathan le pesaban los ojos, luchando un poco por mantenerlos abiertos. Era más que obvio que no había dormido en toda la noche.

 

—¿Esta dormido?

 

La voz de Dio hizo que la lucha de Jonathan entre permanecer despierto o quedarse dormido terminara. De inmediato Jonathan recupero la compostura y le devolvió la mirada a Dio.

 

—¡Oh, si! Solo hace unas horas despertó para comer, pero volvió a quedarse profundamente dormido... Esta muy cansado, necesita descansar.

 

"Tu también" pensó Dio, pero antes de que pudiera decirlo, lo pensó dos veces, negándose a dar a entender que le preocupaba el mayor de los Joestar.

 

El rubio se acercó hasta la cuna del bebé y suavemente paso uno de sus dedos por la frente del pequeño rubio, tratando de percibir la temperatura del menor. Afortunadamente, y como había dicho Jonathan, la fiebre ya había bajado considerablemente.

 

—Ve a desayunar, Dio, la comida se enfriará. —sugirió Jonathan.

 

Dio lo volteo a ver con cara de "no me des ordenes"

 

—Bueno... Si quieres... —se corrigió el de cabello oscuro.

 

Dio lo miro. —No pienso dejar solo a mi hijo, ve tú si quieres. Es más que obvio que no has desayunado y no quiero que esa comida se desperdicie.

 

Jonathan sonrió un poco. —Nah... No tengo hambre. Igual no pienso despegar la vista de Haruno hasta que él esté bien...

 

Dio iba a renegar que se fuera de una maldita vez a desayunar, pero sabía que sería inútil, por lo que bufo por lo bajo y se resignó.

 

—Joder, no pienso desperdiciar esa comida... —Dijo Dio mientras caminaba hacia afuera de la habitación. Jonathan lo miro algo confundido, pero no dijo nada.

 

No paso ni siquiera un minuto cuando Dio regreso. —Bien. Si nadie va a bajar a comer, entonces traerán el desayuno hasta acá.

 

Jonathan solo asintió, estaba de acuerdo ya que al parecer ninguno pensaba separarse de su hijo. Un poco retirado de la cuna de Haruno, había una pequeña mesita y aun lado estaban dos sofás, por lo cual era adecuado para al menos comer un ligero desayuno.

 

Un poco después entraron Mariah y Vanilla Ice con el desayuno, que al parecer era un plato de Hot Cakes con jugo de naranja y fruta de postre.

 

Ambos agradecieron y los empleados de fueron. Jonathan lo había pensado desde la otra vez que se había quedado a comer en casa de Dio: al parecer Dio tenía una dieta muy balanceada dado al tipo de comida que preparaba su chef. Quizás por eso Dio se mantenía en forma, a la vez que tenía un cuerpo bello y esbelto...

 

Jonathan casi se ahogaba con la comida. Joder, estaba aquí para cuidar a su hijo, no para pensar ese tipo de cosas sobre Dio. Además, su relación de convivencia era sólo por Haruno, sobre todo por Dio, con quien sabía que era difícil convivir.

 

—Mierda, deja de hacer ruido Jojo, despertarás a Haruno... —Dio le miro mal.

 

Jonathan se disculpó y siguió comiendo en silencio. Al menos Dio no había mencionado nada acerca de su conversación de ayer. Aunque claro, tratándose de Dio, probablemente lo olvidaría o no volvería a decir nada al respecto. Es por eso que Jonathan no se esforzaba en intentar algo más... Aunque le doliera, si no había respuesta por parte de Dio no valía la pena si quiera intentarlo. Además de que Dio era muy temperamental y probablemente se molestaría e involucraría el asunto de la custodia de Haruno...

 

Diablos, era tan complicado todo este asunto. Lo que lo hacía peor eran sus aun existentes sentimientos por dio. ¿Como podías seguir amando a una persona que te ha hecho daño?

 

Esa misma pregunta se la había hecho durante los últimos cuatro meses, pero desde su plática con el amigo de Dio, Enrico Pucci, su punto de vista había cambiado drásticamente. Quizás Dio tenía motivos para comportarse así. Uno de ellos era el miedo de ser mal padre para Haruno y de perderlo.

 

Sin embargo, no eran motivos suficientes para arriesgarse a volver a intentarlo con el rubio.

 

—¿Vas a comer o qué?

 

De nuevo la voz de Dio lo saco de sus pensamientos. Al parecer se había quedado tan metido en sus pensamientos que ni siquiera siguió comiendo, solo se quedó observando du plato.

 

—Si no pensabas comer entonces lo hubieras dicho. Odio que se desperdicie la comida, tú no sabes lo horrible que es no tener nada que comer.

 

Jonathan lo miro sorprendido y dudó si preguntar o no, pero al final lo hizo.

 

—Dio tu... ¿Alguna vez pasaste hambre?

 

En realidad, sabía que probablemente Dio no le respondería, pero aun así decidió preguntar.

 

Para su sorpresa, Dio respondió. —Si.

 

Jonathan trago saliva. Entonces era ese el motivo por el que Dio odiaba que la gente desperdiciara la comida... Claro, cuando careces de algo es cuando te das cuenta del verdadero valor que tiene.

 

—Mi padre era un estúpido alcohólico que malgastaba en alcohol todo el dinero que mi madre ganaba... Mi madre y yo teníamos que aguantar el hambre...

 

Jonathan no dijo nada, no sabía si era porque no sabía que decir, o por temor a la reacción de Dio si comentaba algo al respecto.

 

—¿Sabes por qué te cuento esto, Jonathan?

 

Jonathan lo miro, sabía que Dio estaba enojado si le llamaba por su nombre en vez de por su apodo "Jojo".

 

—Para que dejes de entrometerte en vidas ajenas y estar preguntándole a otros sobre mi vida...

 

Así que era eso. Al parecer Dio estaba molesto por todo lo que Enrico le había contado a Jonathan...

 

—Dio esa no era mi intención...

 

—¿Entonces cual era? ¿Burlarte de mí?

 

Jonathan negó con la cabeza. —Por supuesto que no Dio, jamás me burlaría de ti. Es solo que me di cuenta de que en realidad no sé nada de ti...

 

—No es como si fuera diciéndole a todos sobre mi vida, Jojo.

 

—Lo sé, lo se… pero sería bueno que de vez en cuando fueras más honesto, Dio. Yo... Siempre estaría aquí para ayudarte.

 

—No necesito tu ayuda.

 

—Pero yo estaría gustoso de ayudarte.... Solo llámame y yo estaré ahí para ti.

 

Dio no respondió, como Jonathan lo esperaba. Sabía que si seguían así el ambiente se iba a poner más tenso, así que solamente decidió cambiar el tema.

 

—¿Por qué no hablamos de algo más antes de que llegue el doctor?

 

Jonathan corrió el riesgo de morir ignorado, pero para su sorpresa Dio hablo.

 

—¿De qué quieres hablar?

 

Aunque su voz se escuchó desganada, Jonathan se alegró de que al menos Dio siguiera la conversación.

 

—Mmm, ¿Por qué no hablamos de Haruno? Creo que es de lo único que podemos hablar sin pelear... —lo último lo dijo en voz baja.

 

—¿Haruno? —Dio lo miro con un poco de curiosidad. —¿De qué quieres hablar de él? ¿Sobre lo mucho que se parece a mí? —dijo Dio en tono burlón.

 

"También se parece a mí" pensó Jonathan. Pero si decía eso probablemente iniciarían otra discusión y no quería despertar a Haruno.

 

—Ummm, ya se ¿Por qué elegiste el nombre de Haruno? Tuve esa duda desde que volviste...

 

Dio se encogió de hombros —Lo leí en un libro de Japón, uno de los personajes se llama así y me gusto ese nombre.

 

—Ya veo...

 

—¿Qué, no te gusta?

 

Jonathan negó con la cabeza. —¡Claro que me encanta! Es muy bonito. Solo que yo tenía en mente un nombre diferente para cuando tuviera un hijo...

 

Por la mente de Dio nunca había pasado la idea de tener un hijo, pero al parecer a Jonathan sí. Esto le dio un poco de curiosidad al rubio.

 

—¿Que nombre tenías en mente?

 

Jonathan se colocó una mano en el mentón, pensando.

 

—Siempre me gusto un nombre italiano, como Donatello. O quizás Rikyel...

 

—Ya veo...

 

Jonathan se encogió de hombros. —Pero no importa, me encanta el nombre de Haruno.

 

—A mi igual. Por algo decidí llamarlo así.

 

De nuevo se quedaron en silencio, hasta que Dio volvió a hablar.

 

—¿Que? ¿No vas a hablar más?

 

Jonathan en seguida lo miro. —Umm bueno, estaba pensando, yo...

 

—Solo dilo.

 

—Yo... Quiero saber sobre tu embarazo. Nunca supe ni siquiera donde o como estabas...

 

Dio trago saliva. No era nada malo hablar sobre eso, ¿O sí?

 

—¿Qué quieres saber?

 

Jonathan parecía haber sonreído un poco cuando Dio no lo insulto o algo por el estilo por haber preguntado eso.

 

—Ummm, ¿Cuándo te enteraste?

 

Dio no lo miraba al responder. —Cuando tenía 8 semanas.

 

—¿No tuviste síntomas?

 

Dio negó. —Solo tenía muchas náuseas...

 

—¿No tuviste antojos?

 

Dio lo miro. —¿Que?

 

—Leí que durante el embarazo se suelen tener antojos...

 

Dio asintió. —Si.

 

Al parecer a Jonathan le brillaron los ojos de emoción. —¿En serio? ¿Que se te antojaba?

 

Dio lo miro mal, ¿Como podía emocionarse este tipo por algo así?

 

—No lo sé... Chocolates...

 

Jonathan sonrió. —Eso significa que a Haruno le van a gustar mucho los chocolates.

 

Dio rodo los ojos. —¿Algo más?

 

—¿Tuviste algún problema durante tu embarazo?

 

Dio en arco una ceja. —¿Te lo dijo Enrico?

 

Jonathan trago saliva al verse descubierto, pero antes de que pudiera hablar Dio lo interrumpió.

 

—Solo fue una vez, y fue porque estaba demasiado estresado, fuera de eso tuve un embarazo tranquilo.

 

—Ya veo... Me alegro de que no te haya pasado nada...

 

—¿Algo más?

 

Jonathan dudo su preguntar o no, pero que más daba, al final lo hizo.

 

—¿Por qué te fuiste?

 

Dio lo miro desafiante. —Creí que solo hablaríamos de Haruno.

 

—Lo sé, pero en verdad tenía dudas sobre eso...

 

Dio pensó muy bien sus palabras antes de hablar. —Fui para poder obtener mi titulo para ejercer como abogado. Es todo.

 

Jonathan rio por lo bajo. —Creí que huías de mi...

 

—¿Por qué habría de huir de ti?

 

Jonathan se encogió de hombros. —Bueno, me ocultaste que íbamos a tener un hijo... No está de más pensar eso…

 

Dio solamente giro su rostro hacia otra parte, negándose a responder.

 

—Pero bueno, eso no importa. Lo importante es que volviste y me diste la oportunidad de conocer a mi hijo. Te agradezco por eso, Dio.

 

—Si, si, como sea...

 

—¿Que pensaste cuando nació Haruno?

 

Era la primera pregunta que desconcertaba a Dio. ¿Qué sintió cuando nació Haruno? Miedo... Mucho miedo....

 

—¿Tuviste miedo?

 

¿Es que acaso podía leer su mente?

 

—Un poco... —dijo en voz baja.

 

—¿Por qué?

 

Dio lo miro mal. —Me lo acabas de echar en cara, ¿No? Por miedo a convertirme en la escoria de padre que tuve.

 

—Eso no pasara, Dio...

 

—¿Que te hace estar tan seguro?

 

Jonathan se rasco un poco la frente. —Bueno mi padre era muy inteligente... Y aun así yo salí un poco torpe.

 

Dio lo miro y soltó una pequeña risita. —¿Un poco? Demasiado diría yo... Aunque creo que, si es así, supongo que puedo creerte...

 

Jonathan también rio, era imposible no sonreír después de ver al rubio sonriendo.

 

—Yo... En verdad apreciaba a tu padre. Él me saco del infierno donde vivía.

 

La voz de Dio de inmediato llamo su atención. Iba a interrumpir, pero prefirió que Dio siguiera hablando.

 

—No tengo idea de qué favor le haya hecho el imbécil de mi padre al tuyo, pero gracias a eso George Joestar me aceptó como parte de su familia y gracias a él es que soy lo que soy ahora.

 

—Si... Creo que yo también le agradezco. Porque gracias a papá te conocí a ti...

 

Dio sintió que las mejillas se le ponían rojas y Jonathan sintió lo mismo.

 

—Y si no te hubiera conocido, ni tendríamos a Haruno jeje... Es lo que quise decir... —Corrigió Jonathan nervioso.

 

—Al parecer fue lo único bueno que hiciste conmigo, Jojo…

 

Ninguno de los dos dijo nada, pero el ambiente ya no era incomodo, por el contrario, el silencio que ahora había era tranquilo. Probablemente se debía a que se la habían pasado hablando de su hijo que, según Dio, era lo único que tenían en común.

 

No pasaron mas de 10 minutos cuando el medico llego y comenzó a revisar a Haruno. El pequeño se quejo porque lo despertaron de su profundo sueño, pero después se tranquilizo y estuvo realmente quieto mientras checaban sus puntos vitales. Fueron los 20 minutos mas largos para Jonathan y Dio, hasta que el medico confirmo que el niño ya se encontraba mejor pero aun así debía seguir en observación por unos días.

 

A ambos padres se les quito un peso de encima, y se miraron. No dijeron nada, pero con mirarse basto para compartir el alivio y la alegría de que su hijo ya se encontraba mejor.

 

Mientras ellos vivieran, no dejarían que a su hijo le pasara algo malo…