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Our Baby

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—La corte ha tomado una decisión. —Un hombre de aproximadamente 50 años que ejercía la profesión de juez en aquel tribunal, llamo la atención de los presentes en aquella sección.

 

—La custodia del menor, Haruno Shiobana, ha sido otorgada legal y totalmente al señor Dio Brando.

 

De inmediato un hombre rubio se puso de pie mientras era felicitado por dos de sus acompañantes.

 

—¿¡Qué!? ¡Objeción! ¡Señor Juez, esto no puede ser posible! —William Zeppeli, quien en estos momentos hacía de abogado de Jonathan Joestar, de inmediato protesto ante la decisión tomada en la corte.

 

—El veredicto ha sido emitido, no hay nada que pueda hacer señor Zeppeli.

 

—¡Me niego, ese hombre no es el adecuado para criar a Haruno, en todo casa mi cliente debe ser quien se quede con su custodia!

 

—La decision ya fue tomada señor Zeppeli, además le pido por favor que deje de hacer alboroto o nos veremos obligados a sacarlo de aquí.

 

Por su parte Jonathan Joestar no decía nada, su semblante estaba vacío y la tristeza se notaba en sus ojos. Su amigo y abogado no sabía qué hacer, nadie hubiese esperado esa decisión por parte del jurado, pero sobre todo sabía que Jonathan iba a estar muy afectado por todo esto.

 

Aceptando la realidad y como lo único que podía hacer ahora por Jonathan, William Zeppeli levanto su mano en busca de una última petición al jurado.

 

—¿Al menos mi cliente tendrá la posibilidad de ver al niño, de tenerlo bajo su cuidado durante los fines de semana?

 

—Eso se decidirá en la próxima corte, dentro de 3 meses. Hasta entonces, el señor Joestar podrá visitar al niño, solo con autorización del señor Brando y solo en la propiedad del señor Brando.

 

Fue el último comentario que realizo el juez antes de golpear el estrado con su mazo y dar por terminada la sección.

 

Jonathan suspiro derrotado mientras se ponía de pie, William de inmediato palmeo su espalda, tratando de darle consuelo.

 

—Tranquilo Jojo, buscaremos una solución, te prometo que buscare la forma de que tú tengas la custodia... —A pesar de las palabras de William, en su mente se preguntaba si seria capaz de cumplir aquellas promesas.

 

—Ahh, no te preocupes Will, supongo que era algo predecible, Dio es abogado después de todo...

 

William solo atino a alborotar el cabello oscuro del mayor de los Joestar.

 

—Vamos a casa Jojo... Es lo mejor por ahora.

 

Jonathan asintió y camino junto a su amigo a la salida, sin embargo, cuando volteo su mirada hacia la izquierda, sus ojos se encontraron con la profunda mirada de Dio, quien lo miraba con una sonrisa burlona en el rostro, una que Jonathan conocía muy bien.

 

Dio se separó un poco las personas que lo acompañaban y camino hasta donde estaba Jonathan.

 

—Espero que no haya rencores por esto, Jojo. —hablo Dio con falsa modestia en su voz, aunque por supuesto, estaba más que feliz por el resultado obtenido en la audiencia.

 

—Era de suponerse... Eres abogado después de todo... —la voz de Jonathan reflejaba la tristeza que sentía en esos momentos.

 

—Solo quiero que sepas que cuidare muy bien a Haruno, no deberás preocuparte por nada. —Sonrió con superioridad antes de darse vuelta y dejar a Jonathan aún más triste.

 

—Tsk, no le hagas caso a ese estúpido, vámonos Jojo.

 

Jonathan y William salieron de la corte y subieron al auto rumbo a la mansión Joestar. Sin embargo, durante todo el camino, Jonathan no podía sacarse de la cabeza que acababa de perder la custodia legal de su pequeño Haruno, no hacía ni dos meses que el pequeño había nacido y ahora ya no iba a verlo ni a cuidarlo como él quería.

 

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—¿¡Que!? ¿¡cómo es posible!? ¡Zeppeli-san dijiste que teníamos todas las posibilidades de ganar, ¿Qué diablos sucedió ahí?

 

Joseph Joestar, el hermano menor de Jonathan era probablemente el más alterado ante la noticia. Para él, Dio era un tipo despreciable y que se haya quedado con la absoluta custodia de su sobrino le ponía furioso.

 

—Dio supo cómo mover las cartas a su favor, Joseph, incluso a mí me sorprendió la decisión del jurado. —respondió William mientras se sobaba la frente, lidiando con el estrés que tenía en esos momentos.

 

—Tsk, ese tipo es despreciable... ¿Y cada que podrá Jonathan ver a Haruno?

 

—Según el juez tenemos que esperar tres meses hasta una nueva audiencia para definir qué días puede tener Jojo al niño. —explico Zeppeli.

 

—¿Tres meses? ¿Y qué va a pasar durante ese tiempo?

 

—Jojo solo puede ver al niño en casa de Dio y solo con autorización de Dio.

 

Joseph rodo los ojos y se golpeó la frente con la mano.

 

—Conociendo a ese hijo de puta, lo más probable es que no te deje ver al niño en estos tres meses...

 

—No digas malas palabras Joseph. —pidió tranquilamente Jonathan.

 

—Estoy de acuerdo con Joseph, ese tipo es un hijo de puta, se desapareció durante casi un año y regresa con un niño en brazos diciendo que es tu hijo, solo para al final quitarte todo derecho sobre él.

 

Jotaro, el menor de los hermanos Joestar hablo firmemente, molesto por la situación, pero con su semblante frio y serio de siempre.

 

—No sé qué hacer. Probablemente esperare a que se calmen un poco las cosas, después hablare con Dio y espero llegar a un acuerdo con él.

 

—Tsk, pues espero que mientras eso pase cuide bien de Haruno, sino le romperé la cara a golpes. —dijo Joseph mientras le daba una palmada en la espalda a su hermano mayor, tratando de consolarlo.

 

—¿Si quiera ese bastardo tiene idea de como cuidar a un bebé? Durante las audiencias y todos esos trámites, Haruno era cuidado por la tía Lisa Lisa. Dio nunca lo cuido durante ese tiempo... —hablo Jotaro.

 

—Esperemos que todo salga bien. —William corto todo el momento para después mirar a Jonathan. —Es mejor que descanses Jojo, ya pensáremos que hacer, ¿De acuerdo?

 

William a pesar de ser 8 años mayor que él, se había convertido en un gran amigo y confidente de Jonathan. No solo lo había ayudado a administrar la empresa de su padre, sino que también había estado junto a él en sus peores momentos, como ahora.

 

—Gracias Will.

 

Jonathan se fue a su habitación, probablemente no saldría a cenar, por lo cual nadie ordeno a los empleados que prepararan algo. William Zeppeli también se retiró de la mansión Joestar, dejando solos a los hermanos Joestar.

 

—Insisto en que vayamos a golpear a ese tipo. —Comento Jotaro una vez que estuvieron solos.

 

—Créeme que nada me pondría más contento que eso, pero como dijo Jonathan, debemos esperar un poco.

 

—Tú conoces a Dio, Joseph, ese tipo no va a dejar que nuestro hermano vea a su hijo, lo único que quiere es ver a Jonathan siendo infeliz.

 

Joseph suspiro. —Si lo sé, pero al parecer Jonathan no se da cuenta de eso. Jonathan piensa que con hablar civilizadamente con Dio llegaran a un acuerdo, pero tu y yo sabemos que Dio no lo va a poner así de fácil.

 

—¿Que deberíamos hacer entonces? —Jotaro estaba estresado por la situación, por lo que decidió encender un cigarrillo que tenía en su bolsillo.

 

—Hay que esperar unos días, sino creo que tomare medidas en el asunto.

 

Jotaro lo miro. —¿Qué vas a hacer?

 

El segundo hijo de la familia Joestar se encogió de hombros. —Le hare una oferta que no podra rechazar.

 

Jotaro lo miro con desconfianza, no era como si confiara mucho en Joseph, teniendo en cuenta de lo impulsivo que era el mayor, pero no dijo nada, quizás Jonathan tenía razón y lo mejor era esperar.

 

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Jonathan se encontró a si mismo viendo una y otra vez las más de veinte imágenes que le había tomado a Haruno con su celular. Si bien, no estaba en sus planes tener un hijo, en verdad le había tomado cariño al pequeño niño rubio que había aparecido en su vida no hace más de dos meses.

 

Jonathan suspiro preguntándose porque Dio era así.

 

Dio y él eran una especie de rivales, eso hasta que una vez terminaron teniendo relaciones sexuales después de haberse sobrepasado con el alcohol. De ahí en adelante su relación fue un tanto extraña, entre amigos y amantes, hasta que Dio un día simplemente se fue del país.

 

Jonathan no intento buscarlo, no hasta que 7 meses después, el rubio regreso con un bebe en brazos. Aclaro que Jonathan era el padre, sorprendiendo a la familia Joestar, pero Jonathan estaba muy feliz.

 

¿Entonces que había hecho a Dio cambiar de parecer y meter una demanda en contra de Jonathan por la custodia del niño?

 

—No lo entiendo, Dio…

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Joseph entró al comedor de su casa, vio como la comida ya estaba servida y como Jotaro junto con Lisa Lisa ya estaban comiendo.

 

—Hey Jotaro, Lisa Lisa. —saludo el segundo hermano de los Joestar antes de tomar asiento junto a ellos. —¿Jonathan ya termino de comer o qué?

 

Su tía y su hermano se miraron antes de que la mujer respondiera.

 

—Jonathan está en su habitación. No ha salido de ahí en todo el día.

 

—¿¡Qué!? ¿No fue a trabajar?

 

Lisa Lisa negó con la cabeza mientras bebía un poco de vino.

 

—Ya ha pasado una semana desde el juicio y Jonathan sigue encerrado y deprimido en su habitación, ¿No creen que es momento de que hagamos algo?

 

—¿Pero qué hacemos? Dio ni siquiera contesta el teléfono para saber si Jonathan puede ir a ver al niño o no, eso es lo que lo tiene más deprimido.

 

—Joder, denme un respiro. —Jotaro que se había mantenido en silencio, solo hablo para decir eso.

 

Joseph se sobo la frente y se puso de pie, dejando su plato recién servido en la mesa. —Iré a verlo, esto no puede seguir así.

 

La habitación de Jonathan era la más amplia de toda la mansión y podría decirse que era la habitación principal, así que Joseph solo tuvo que subir las escaleras y empujar la gran puerta para entrar.

 

La habitación estaba totalmente a oscuras, las ventanas y cortinas cerradas, y Joseph pudo ver a su hermano acostado en la cama, totalmente cubierto por las sabanas.

 

—Hey levántate, son las 3:00 de la tarde...

 

Jonathan no respondió, solo se quedó en la misma posición, quizás fingiendo estar dormido, pero Joseph sabía que no era así.

 

—Dijiste que hoy volverías al trabajo.

 

—No estoy de humor, Joseph... —Jonathan respondió con la voz más gruesa que de costumbre. Joseph se preguntó si había estado llorando.

 

—¿Y hasta cuando vas a estar de humor? Llevas una semana así. De esta forma perdemos a los socios de la fundación Speedwagon que decidieron invertir en nuestra empresa...

 

Jonathan se levantó y se frotó los ojos, bajo los cuales tenía unas marcadas ojeras, su cabello esta desordenado y hacía varios días que no se afeitaba.

 

—William está ocupando mi cargo en estos momentos, además nuestro socio Speedwagon es muy comprensivo...

 

—No me refiero a eso. Me refiero a ti. ¿Hasta cuándo vas a seguir así? Eres el líder de esta familia. Desde que murió nuestro padre tú te has hecho cargo de los negocios de la familia. Siempre has tenido la frente en alto, eres la persona más positiva que conozco, joder, ¿Como has terminado así?

 

Jonathan suspiro.

 

—Quiero a mi hijo, Joseph. Necesito ver a Haruno. No tengo ni la menor idea de cómo esta o si necesita algo... Dio ni siquiera contesta mis llamadas, inclusive hoy en la mañana salí temprano rumbo a su casa y se negó a verme, le insistí a sus empleados, pero Dio nunca salió...

 

Joseph se levantó molesto. —¿Ese bastardo ni siquiera tuvo el valor de encararte? Lo odio en verdad, una cosa es que no te responda las llamadas, pero que se niegue a verte ya es una burla.

 

—Pensé que si iba a buscarlo podría ver, aunque sea por poco tiempo a Haruno, pero ya veo que no...

 

Joseph coloco su mano en su mentón, preguntándose que iba a hacer. Con Jonathan en ese estado, él tenía que tomar cartas en el asunto.

 

—Escucha Jonathan, sé que esto te duele y mucho, pero no debes darte por vencido tan fácilmente. Si quieres obtener la custodia de Haruno o tan siquiera poder tenerlo contigo los fines de semana, debes de esforzarte por ello. El juzgado te va a estar investigando para saber si eres apto para cuidar al niño, por lo tanto, debes de dar una buena impresión.

 

Jonathan miro a su hermano menor. —Tienes razón, si quiero recuperar a Haruno tengo que poner de mi parte.

 

—¡Niceee, hermanito! ¡Ese es el Jojo que conozco! —le revolvió el cabello al mayor. —Ah, sí, la comida esta lista, creo que deberías bajar a comer algo.

 

Jonathan ya habia comenzado a vestirse decentemente para bajar. —Gracias Joseph, iré enseguida...

 

Joseph asintió y salió de la habitación de su hermano mayor.

 

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Mintió un poco al decirle a Lisa Lisa que saldría con una chica. Bueno, quizás mintió mucho respecto a eso... No iría a ver a ninguna chica, más bien iría a ver a un "bastardo de mierda", como le decía él.

 

Gracias a William Zeppeli sabía de la ubicación de esa casa, además sabía que aquella casa había pertenecido a su familia, a los Joestar.

 

Joseph se preguntaba qué pensaría su difunto padre de lo que Dio le había hecho a Jonathan. George apreciaba a Dio como si fuera uno más de sus hijos, incluso le había ayudado cuando su padre, Dario, había muerto. Joseph nunca convivió mucho con Dio, pero por lo poco que lo conocía se había ganado su desprecio.

 

Se bajo del automóvil y le dijo al chofer que lo esperara un rato.

 

Camino hasta la puerta de la mansión. Toco varias veces hasta que escucho unos pasos acercándose a abrir.

 

—Buena tarde, ¿Qué se le ofrece?

 

Quien atendió la puerta era un hombre alto, de cabello largo recogido en una cola de caballo y de piel morena. Nunca lo había visto en su vida, pero al parecer era el mayordomo de Dio.

 

—Quisiera hablar con Dio Brando.

 

El hombre le miro, como dudando si debía dejarlo pasar o no. Al parecer optó por la primera opción y abrió la puerta para dejar pasar al segundo hermano de los Joestar.

 

Joseph entro y miro la mansión. Era algo más pequeña que la de los Joestar, pero aun así era lujosa. Por unos instantes se preguntó si su padre quería más a Dio que a Jotaro o a él, por dejarle en su herencia semejante mansión.

 

—Espere aquí, por favor.

 

Aquel hombre de cabellos castaños desapareció entre uno de los pasillos de la mansión.

 

Joseph tomo asiento en el sofá que había en la sala de la mansión. Se pregunto si lo que estaba a punto de hacer era correcto. Si su plan salía como él esperaba, Jonathan volvería a ser el de siempre, y solo así recuperaría el liderazgo que siempre lo caracterizo. Ahora más que nunca, necesitaba que Jonathan estuviera bien, ya que recién la empresa de los Joestar se había asociado con la petrolera Speedwagon, lo que significaba que había un gran negocio esperándolos y por supuesto, dinero. Solo Jonathan podía llevar en alto el apellido de la familia Joestar una vez más.

 

Aunque, por otra parte, más que por negocios, también haría esto por la felicidad de su hermano, y por el amor que le tiene. No soporta ver a su hermano mayor triste, y desde la muerte de su padre, juro que nadie más lastimaría a su familia, no mientras él viva.

 

Sus pensamientos fueron borrados de su cabeza cuando escucho unos pasos detrás suyo. Ni siquiera se tomó la molestia de voltear, ya sabía de quien se trataba.

 

—Vaya, vaya, cuando dijeron que un Joestar había venido a verme a mí, Dio, no esperaba encontrarme contigo, Joseph Joestar.

 

Joseph le dedico una de sus sonrisas sarcásticas.

 

—Créeme que prefiero mil veces ir a la iglesia que venir a esta casa, eso aclarando que soy ateo.

 

Dio también sonrió y tomo asiento frente al moreno.

 

—¿Y bien, a que debo el honor de tu visita? Vanilla Ice, prepáranos un café por favor.

 

Dio indicó a su mayordomo, pero antes de que el hombre pusiera asentir e irse, Joseph interrumpió.

 

—Déjate de formalidades, Dio.

 

El rubio sonrió. —¿Qué? ¿Prefieres una cerveza?

 

—Me refiero a que vayamos directo al punto, no creo soportar tanto tiempo viendo tu estúpido rostro.

 

Dio dejo de sonreír y lo miro seriamente.

 

—Escúpelo de una vez, Joseph, ¿A qué diablos viniste? ¿A suplicarme de rodillas que le deje la custodia legal de Haruno a tu hermanito? —se burló Dio mirando fijamente al menor. —Eso jamás, Joseph Joestar.

 

—Heh, ¿Suplicarte de rodillas? Prefiero morir antes que eso. Pero no estas tan equivocado, venía a hacerte una oferta.

 

Esto definitivamente capto la atención de Dio. —¿Una oferta?

 

Joseph asintió. —Digámoslo así Dio, ¿Qué te parecen 5 millones solo para ti?

 

Si Dio hubiese estado bebiendo algo, estaba seguro de que se hubiera atragantado. Sin embargo, no iba a ceder tan fácilmente, comenzó a reír a carcajadas frente a Joseph.

 

—¿Me estás diciendo que tu sobrino vale 5 millones? No esperaba eso de ti, Joseph Joestar.

 

—¿Qué, no te interesan esos 5 millones? Te conozco Dio, si algo te encanta a ti es el dinero, una buena posición económica, ¿o miento?

 

Dio rio ligeramente. —No lo negare. Sin embargo, si crees que puedes venir y sobornarme por 5 millones por la custodia de mi hijo, estas muy equivocado.

 

—¿Custodia? —ahora fue Joseph el que rio. —Nah, no soy de esos que vaya por el pez gordo a la primera oportunidad. Más bien... Prefiero ir de poco a poco...

 

Dio lo miro seriamente, si bien Joseph Joestar era 3 años menor que él, era muy astuto y no podía subestimarlo.

 

—¿Qué quieres entonces?

 

—Eres abogado, ¿no? Se que puedes mover tus influencias para que Jonathan pueda conseguir al menos la custodia del niño durante los fines de semana, algunos días festivos o durante las vacaciones.

 

—¿Eso es lo que quieres? —Dio sonrió. —Me estás diciendo que yo seguiría teniendo la custodia de Haruno...

 

—Very nice, Dio, diste en el blanco. Exactamente, tu seguirás siendo el tutor legítimo de Haruno, pero Jonathan podrá convivir con su hijo y verlo crecer.

 

—5 millones, eh... ¿Y cómo sé que lo que dices es verdad?

 

Joseph se encogió de hombros mientras estiraba un papel hacia Dio. Era un cheque, firmado por el mismo Joseph Joestar.

 

—Solo son dos millones... —Dio le miro mal.

 

—¿¡Dos millones!? ¡Oh, no! ¿Por qué sera?... —Joseph se llevo ambas manos al rostro fingiendo sorpresa.

 

Dio aguanto sus ganas de golpearlo.

 

—Creo que te das cuenta Dio, no confió totalmente en ti, más bien no confió en ti en lo absoluto, así que dejemos 3 cosas bien en claro:
Número 1: Te daré dos millones en este momento, solo para sellar nuestro trató.
Número 2: Aún quedan 3 meses hasta la próxima audiencia en el juzgado, 3 meses donde tú tienes la custodia total y legitima de Haruno, ¿verdad?

 

Dio chasqueo la lengua. —Ve al punto, no tengo todo el tiempo del mundo.

 

—Lo que quiero decir es que, Jonathan ha estado muy deprimido por no ver a su hijo, por lo tanto, mientras espera por una respuesta de la corte, tú dejaras que mi hermanito vea a su hijo las veces que él quiera durante estos tres meses.
Y número 3, lo que acordamos, tu hablaras con el juez para aclarar que Jonathan podrá llevarse al niño con él los fines de semana, días festivos y algunos días de las vacaciones de invierno, tú decides cuales. Una vez determinado esto, te daré un cheque con los otros 3 millones.

 

Dio comenzó a reír. —Vaya que planeaste muy bien esto, Joseph Joestar. Quien diría que estarías tan dispuesto a darme todo ese dinero con tal de ver a tu hermanito feliz. Aunque sigo con la duda del porque no quieres la custodia total para Jonathan.

 

—Nah, Jonathan es joven aún, tiene mucho potencial, justo ahora estamos en la cúspide de un gran negocio y un bebé es una distracción. Aunque si solo son los fines de semana no veo ningún problema en ello.

 

Dio por un momento se preguntó si Joseph Joestar en verdad hacia esto por Jonathan o por los negocios que tenía su familia. En fin, no le importaba nada de eso.

 

—5 millones... Solo pondré una condición Joseph.

 

—Dime.

 

—Si Jonathan quiere ver al niño durante estos tres meses, tendrá que venir aquí. No voy a dejar que se lleve a Haruno con él.

 

Joseph se encogió de hombros. —Por mi esta bien. ¿Tenemos un trato entonces?

 

Dio estiro su mano para tomar la de Joseph. —Tenemos un trato.

 

Joseph se puso de pie. —Bien, esto quedará entre nosotros, yo jamás vine aquí ni converse nunca contigo.

 

—No es como si quisiera que todo supieran que un tipo como tú vino a verme.

 

—Si, si, aja. —Joseph paso de largo de Dio, observando la mansión sin vergüenza alguna. —Sólo una cosa más.

 

—¿Qué? Esperó que sea rápido, yo Dio, tengo mejores cosas que hacer que estar aquí perdiendo el tiempo contigo.

 

Joseph sonrió. —Quiero ver a Haruno.

 

Dio desvió la mirada, pero al final soltero un bufido. —Vanilla Ice, dile a Mariah que traiga al niño.

 

—En seguido, Dio-sama.

 

El hombre subió por las escaleras y en menos de lo que Joseph esperaba, una mujer (muy atractiva, pensó) bajo con un bulto en brazos, cubierto por una sabana. Camino hasta donde estaba Dio, pero él le hizo una seña hacia Joseph. La mujer capto y llevo al bebé hasta donde estaba Joseph.

 

Joseph no lo cargo, simplemente movió la sabana para tener una mejor vista de su sobrino.

 

El bebé vestía un mameluco azul y un gorrito del mismo color que dejaba escapar algunos de sus mechones rubios. Estaba despierto, sus mejillas estaban sonrojadas y sus grandes ojos azules de inmediato se posaron en el mayor. Joseph acaricio ligeramente su mejilla.

 

—Bien, supongo que me voy. Espero y cumplas tu parte, Dio.

 

Dio rio. —Por supuesto.

 

Joseph salió de la mansión y subió al auto sin decir nada. El camino hasta su casa fue corto, pero una vez al llegar se aseguró de decirle al chofer que no dijera ni una palabra de esto a nadie y que si preguntaban, dijera que Joseph había salido con una chica y punto.

 

Cuando entro la cena ya estaba servida y fue cuando se dio cuenta que había tardado más de lo planeado. Tenía pensado ir a darse baño antes de cenar, pero justo en el pasillo se encontró a Jonathan con una gran sonrisa en el rostro.

 

—Joseph, ¡Adivina que!

 

—Ammm... —Joseph ni siquiera pudo decir algo cuando Jonathan volvió a hablar.

 

—Dio al fin contestó una de mis llamadas y me dijo que puedo ir a ver a Haruno mañana.

 

Joseph sonrió, vaya que Dio estaba cumpliendo con su palabra.

 

—Eso es genial, Jojo

 

—¡Lo sé! No puedo esperar a que sea mañana, estoy tan feliz, tengo que comprarle algo a Haruno, ¿Quizás un juguete? No, es mejor algo de ropa…

 

Joseph vio como Jonathan seguía hablando mientras se metía a su habitación. Durante todo el camino a casa se preguntó si había hecho lo correcto, incluso pensamientos de arrepentimiento lo llenaron, pero al ver a su hermano feliz se dio cuenta que quizás su plan no era tan malo después de todo...

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Jonathan termino de acomodarse la corbata gris que había decidido usar. A pesar de estar en pleno siglo 21, Jonathan aún era muy conservador en muchos aspectos, sobre todo al momento de vestir. En estos momentos estaba usando una camisa blanca de manga larga y un pantalón negro de vestir, además de zapatos negros. Hacia un poco de frio, por lo que decidió ponerse un suéter negro sobre su camisa, el suéter tenía el cuello en V por lo que dejaba ver a la perfección el cuello de la camisa y la corbata.

 

—Vas a ir a ver a tu hijo, hombre, no ha pedirle permiso al padre de tu novia para casarte con ella.

 

Jonathan giro su rostro para encontrarse con sus hermanos que habían entrado a la habitación.

 

—En realidad parece que vas a un funeral. —ahora fue Jotaro quien hablo.

 

—¡Hey! yo siempre me he vestido así. —se defendió Jonathan. —No es mi culpa que los jóvenes de ahora se vistan de forma extraña... —esto último lo dijo mirando a Joseph, quien en estos momentos a pesar de que hacía frio estaba usando una playera que dejaba a la vista parte de su abdomen.

 

—Como sea, ¿Dio te dijo que fueras hoy a ver a tu hijo así de la nada? —Jotaro aún no estaba del todo convencido.

 

—Sip, de hecho, hasta yo me sorprendí cuando me llamo ayer...

 

Jotaro volteo a ver a Joseph, sabía que algo tenía que ver su hermano en esto, aunque claro nunca diría nada de eso frente a Jonathan.

 

—Pero lo importante es que iras a ver a Haruno, ¿No? —Joseph se apresuró a decir mientras se acercaba a Jotaro.

 

—Si, tienes razón. —miro su reloj. —Buena ya es hora, volveré más tarde.

 

Dicho esto, Jonathan se despidió de sus hermanos con una gran sonrisa.

 

Una vez solos, Jotaro pudo encarar al segundo de los hermanos. —¿Qué hiciste?

 

Joseph sonrió y le revolvió el cabello a su hermano menor, quien se arrepintió de no haberse puesto la gorra aún. —Solo confía en mi hermanito, todo estará bien...

 

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Antes de llegar a casa de Dio, Jonathan le dijo al chofer si podía parar en un centro comercial que quedaba en el camino. Rápidamente bajo y fue hasta a una tienda de artículos de bebés. Era la primera vez que entraba a una y de inmediato sintió la necesidad de comprar todo (podía hacerlo pero después Joseph y Elizabeth lo regañarían por gastar tanto dinero).

 

Jonathan sintió demasiada ternura cuando vio la ropa para bebés de dos meses (la edad de Haruno) y de inmediato tomo un mameluco de color amarillo, otro de color azul y uno verde y unos cuantos gorros y guantes.

 

Estaba a punto de ir a pagar cuando miro un peluche que llamo su atención. Era una mariquita de peluche, algo pequeña, pero a comparación de Haruno era un buen tamaño. Pensó que era perfecta para su pequeño así que también decidió comprarlo.

 

Una vez hechas las compras, se dirigieron hasta la casa de Dio. Había quedado con el rubio que estaría ahí a las 12 del medio día, así que estaba en tiempo.

 

Al llegar inmediatamente se bajó del auto y le indico al chofer que no lo esperara ya que tal vez tardaría un buen rato.

 

Toco la puerta y no espero mucho tiempo antes de que el mayordomo de Dio abriera.

 

—Señor Joestar. —saludo.

 

—Oh, buen día.

 

Vanilla Ice hizo espacio para que el más alto pasara, cerró la puerta y después se le adelanto un poco.

 

—Por aquí, señor Joestar.

 

Jonathan lo siguió, aunque de vez en cuando daba unas cuantas miradas a la casa. Si bien la casa había pertenecido a su padre, nunca la había visitado o no recuerda haberlo hecho. Subieron por las escaleras hasta llegar a una habitación muy cercana a la principal.

 

A diferencia de las demás paredes de la mansión, las cuales estaban pintadas de un tono carmín, más elegante y sombrío, esta habitación al parecer era la única que estaba pintada de un color verde pastel. Ignoro totalmente este hecho antes de entrar rápido. Miro a una mujer joven cerca de una cuna. Ella volteo a verlo.

 

—Usted debe ser el señor Joestar.

 

Jonathan quien estaba totalmente embobado por ver a su hijo, reacciono unos segundos tarde ante el saludo de la mujer.

 

—¿Eh? ¡Oh! Mucho gusto, sí, soy Jonathan Joestar.

 

Ella sonrió. —Mariah. Por cierto, el niño acaba de comer, así que estará despierto por un buen rato. —explico la mujer mientras se levantaba y caminaba hacia la salida de la habitación. —Si necesita algo, no dude en llamarme.

 

Jonathan agradeció, aunque de inmediato su emoción lo llevo a caminar rápidamente hasta la cuna de madera que estaba en una esquina de la habitación.

 

Su corazón se aceleró al ver de nuevo esas mejillas regordetas y sonrojadas que caracterizaron a su hijo desde la primera vez que lo vio.

 

—Hola mi amor. —Jonathan sintió un nudo en su garganta cuando los ojos azules de Haruno se posaron en él. —No sabes cuánto te extrañe.

 

Con cuidado, Jonathan estiro sus brazos y cargo al pequeño Haruno, tratando de no lastimarlo, pero a la vez procurando sostener bien su cabeza.

 

—Te amo mucho hijo. Eres lo mejor que me ha pasado. —dicho esto beso la frente del niño, no una, sino muchas veces, mientras sentía como las lágrimas se apoderaban de sus ojos.

 

¿Cuándo había sido la última vez que había visto al niño? ¿Hace un mes?

 

Cuando Dio regreso de donde sea que haya estado durante casi ocho meses, Haruno solo tenía un mes de vida, era tan pequeño y lindo, ahora se veía un poco más grande, aunque no por eso dejaba de verse tan indefenso y lindo ante los ojos de Jonathan.

 

Su cabello rubio y rizado alcanzaba a asomarse un poco a través del gorro que llevaba puesto, y su piel blanca hacia contraste con el mameluco azul rey que usaba.

 

El bebé tenía sus ojos bien abiertos, fijos en Jonathan, quien solo sonreía ante esto.

 

—Hola Haruno, soy tu papá.

 

El pequeño bostezo en respuesta. Jonathan no podía quitar su gran sonrisa de su rostro. Comparado con la primera vez que conoció a Haruno, esta vez sentía que por primera vez compartía verdaderos lazos con el niño. Quizás porque estaban solos los dos, o quizás porque había aprendido a amar a ese pequeño ser.

 

—Me haces tan feliz, hijo. Nunca te dejare ir, lo prometo. Siempre estaré ahí para cuidarte y protegerte. Te amó más que a nada.

 

Dio un beso más en su frente y comenzó a arrullarlo. Si bien, aquella chica Mariah dijo que se mantendría despierto por un rato, el bebé estaba bostezando demasiado, quizás dormir un poco le vendría bien.

 

Recordó cuando Jotaro nació. Solo le ganaba con seis años y aun así recordaba perfectamente cuando conocio a su pequeño hermano recién nacido y como su difunta madre lo había hecho cargarlo. También cuando nació su sobrino Johnny hace tres años, lo había cargado varias veces. Pero nada se comparaba a cargar a su propio hijo, una sensación indescriptible y hermosa.

 

Aunque es sus planes nunca estuvo tener un hijo, Haruno lo hacía más feliz que nada.

 

En unos minutos el pequeño rubio quedo profundamente dormido. Jonathan pensó que era un niño demasiado tranquilo...

 

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—Señorita Mariah, por favor ayúdeme.

 

Un Jonathan con gran preocupación en su rostro fue hasta el comedor de la mansión de Dio para buscar a aquella mujer.

 

La chica dejo de beber su café algo preocupada. —¿Qué sucede?

 

—Haruno no deja de llorar, no sé qué tenga, que tal si está enfermo, o que tal si...

 

Mariah rio para sus adentros. Los padres primerizos eran muy divertidos, lo mismo había pasado hacía unos días con su amo Dio.

 

Cuando llegaron hasta la habitación del bebe, efectivamente estaba llorando muy fuertemente.

 

—Estaba dormido tranquilamente y de repente empezó a llorar y no sé qué hacer...

 

Mariah sonrió. —¿Ya le reviso el pañal?

 

—¿Pañal?

 

—Por supuesto señor Joestar, a los bebés se les debe cambiar el pañal de vez en cuando. —se acercó hasta una cómoda que estaba a un lado de la cuna y saco un pañal y talco para bebé.

 

—No lo había pensado. —Jonathan se imaginó que era un fracaso como padre...

 

—Bueno, es normal ya que es padre primerizo, pero si va a estar viniendo a ver al pequeño Haruno me temo que tendrá que aprender varias cosas, entre ellas aprender a cambiar un pañal sucio.

 

—Y.ya veo...

 

Jonathan suspiro, todo sea por su hijo...

 

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Después de unas cuantas lecciones por parte de Mariah, Jonathan aprendió a cambiar un pañal y a preparar un biberón con las porciones adecuadas de leche y agua para Haruno.

 

En estos momentos el bebé se encontraba bebiendo su leche, al parecer ya tenia mucha hambre.

 

—Por cierto, señorita Mariah. —el mayor de los Joestar llamó la atención de la morena. —¿Dio no se encuentra en casa?

 

La mujer lo miro un poco sorprendida, no se esperaba esa pregunta en lo absoluto. —Salió desde temprano al trabajo. Al parecer está a cargo de un caso últimamente.

 

—Ya veo. —por un momento olvido que Dio ejercía como abogado. —Creo que Haruno se ha terminado su biberón...

 

—Bien, ahora solo tiene que dar unas palmaditas en la espalda del bebé para que saque todo el aire.

 

Jonathan hizo lo que Mariah le pido hasta que Haruno soltó un pequeño eructo. Jonathan solo rio ante esto.

 

—¿Sabes? Nunca había pasado tanto tiempo a lado de un bebe, así que no tengo ni la menor idea de que hacer para entretenerlo.

 

La mujer tardo más en responder esta vez. —Bueno, Haruno aún es pequeño así que no hay mucho que hacer. Normalmente se la pasa dormido la mayoría del día y solo se despierta a comer y a que le cambien el pañal... Pero creo que le agradan los peluches.

 

Jonathan sonrió. —Vaya, justo compre un peluche para este hermoso niño hoy. —dijo antes de besar la mejilla del menor. Se levantó y saco de la bolsa que había traído un peluche de una catarina.

 

Se lo dio a Haruno y el pequeño solo lo tomo con sus manitas. Jonathan pensó que no podía verse más tierno así que se apresuró y saco su celular para tomarle una foto a su hijo.

Sin que Jonathan pudiera percatarse, obviamente estaba demasiado concentrado en su hijo como para darse cuenta, un par de ojos lo miraban desde la puerta entre cerrada de la habitación.

 

—¿Quiere que le avise al señor Jonathan de su llegada, amo Dio? —Vanilla Ice sabia cual sería la respuesta, pero aun así preferida asegurarse del todo.

 

—Nah, no es como si quisiera ver la cara de tonto de Jonathan, iré a mi despacho, no le digas que llegue.

 

—Si, señor.

 

—Ah, D'arby ya debe tener lista la comida, ofrécele de comer a Jonathan y llévame un plato a mi despacho.

 

—Por supuesto, señor Dio.

 

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Jonathan miro su reloj, eran casi las seis de la tarde. Suspiro, las mejores seis horas de su vida, y todas a lado de su pequeño Haruno.

 

Lamentablemente tenía que volver a su casa, a terminar el trabajo que dejo pendiente.

 

—Lo siento mi pequeño, pero me tengo que ir, pero te prometo que volveré para estar más tiempo contigo.

 

El bebé estaba dormido nuevamente, por lo que Jonathan tuvo que estirarse para poder depositar un beso en la mejilla del bebe.

 

—Te quiero, Haruno.

 

Una vez esto, Jonathan se aseguró de que el bebé estuviera acostado de manera correcta, lo cobijo muy bien y salió silenciosamente de la alcoba.

 

No olvido agradecer a Mariah por los consejos que le dio, al chef Terence T. D'Arby por la deliciosa comida que preparo y al mayordomo por atenderlo muy bien, y por último salió de la casa.

 

Cuando Jonathan se fue, Mariah fue una vez más a ver a Haruno y lo tomo entre sus brazos, teniendo cuidado de no despertarlo. Camino junto a él hasta la habitación de al lado, la cual le pertenecía al mismo Dio Brando.

 

Toco dos veces la puerta antes de entrar. Una vez dentro pudo ver a su amo, quien tenía la mirada fija en la gran ventana, que daba una perfecta vista hacia donde Jonathan estaba subiendo a su auto en ese momento.

 

—Mariah. —Dio le hablo a la morena sin despegar su vista de la ventana.

 

—¿Si, amo Dio?

 

—¿Qué te ha parecido Jonathan?

 

Mariah sonrió mientras se acercaba y le daba el bebé a Dio, quien lo coloco con cuidado en sus brazos, apegándolo a su pecho.

 

—Es todo un caballero. —sonrió Mariah.

 

—Seee, todos dicen eso... ¿Te dijo cuándo volverá?

 

Mariah negó con la cabeza. —No señor, solo dijo que volvería pronto.

 

Dio se encogió de hombros. —Igual tiene que pedirme permiso para venir. Puedes retirarte Mariah, hiciste un buen trabajo hoy.

 

—Gracias, amo Dio. Y si me disculpa, creo que el señor Jonathan es un gran hombre. —sonrió antes de salir.

 

Dio gruño. —¿Qué, ahora todos se enamorarán de él? No me jodan...

 

Dio miro al pequeño Haruno que dormía profundamente.

 

—¿Tú no lo vas a preferir a él antes que a mí, verdad?

 

Acaricio un poco su mejilla, esperando de manera estúpida que el bebé le haya entendido y que su respuesta hubiera sido un "no".

Chapter Text

Si no hubiera sido por unos pequeños balbuceos y que el bebé había comenzado a retorcerse en sus brazos, Dio probablemente habría seguido durmiendo hasta medio día. Últimamente había tenido mucho trabajo debido a un caso jurídico del que estaba a cargo. Finalmente había terminado, por lo que la noche anterior llego más tarde y más cansado de lo normal y antes de caer dormido, fue a ver al pequeño Haruno y lo arrullo para que durmiera, aunque termino quedándose dormido junto con él.

Lo primero que noto fue un terrible dolor en los hombros, solo a él se le ocurría quedarse dormido en el sofá... Aunque después miro a su bebé que estaba en sus brazos, al menos él había dormido bien.

Se levanto y coloco al bebé sobre su cama, no sin antes colocar almohadas a su alrededor para evitar que se cayera.

Entonces Dio aprovecho para rápidamente ir al baño, cepillarse los dientes y mojarse un poco el cabello. Regreso a la habitación y vio que el pequeño seguía despierto, pero sin llorar ni nada, solo viendo a su alrededor. Agradecía que Haruno era un niño muy tranquilo.

Se vistió como normalmente lo hacía y volvió a tomar a su bebé en brazos. Eran las 11 de la mañana, así que bajaría a desayunar (aunque más bien ya parecía un almuerzo). Antes de abrir la puerta escucho algo de bullicio afuera en el pasillo. Reconoció la voz de Mariah, aunque luego escucho la voz de un hombre... ¿¡Jonathan!?

Abrió la puerta de golpe y efectivamente se trataba del mismo Jonathan Joestar, al parecer quería entrar a la que era la habitación de Haruno. No sabía cómo había entrado, pero Mariah quería detenerlo... Era hora de intervenir.

—¡Hey, hey! ¿Qué sucede, por qué tanto ruido? —Dio llamo la atención de ambos. —Además, Jonathan ¿Qué diablos ha...

—¡Haruno!

Antes de que Dio pudiera terminar de hablar, Jonathan corrió hasta donde estaba él y le arrebato al bebé de sus brazos, cargándolo con cuidado para después besarlo una y otra vez su frente.

Hace cuanto Jonathan había venido a ver al niño, ¿cuatro días? ¿Pero qué hacía aquí? Ni siquiera había pedido su permiso para venir, solamente llego y ahora ya estaba cargando al bebé como si nada.

Suspiro profundamente y comenzó a sobar su frente, tratando de tranquilizarse.

—Jojo... ¿Qué carajos haces aquí?

El más alto al parecer acababa de notar su presencia. —Oh, hola Dio. Pues que más, vine a ver al niño más hermoso del mundo.

Dio rodo los ojos. —Ya me di cuenta de eso, Jojo. Lo que quiero saber es: ¿Con permiso de quién has venido? No recuerdo que me hayas avisado que ibas a venir a ver al niño.

“De haberlo sabido, hubiera ido al trabajo o a donde sea con tal de no verte la cara”
pensó Dio.

—Yo... Lo lamento Dio, es solo que terminé todo el trabajo que tenía pendiente y pensé en aprovechar mi tiempo libre y venir a ver a Haruno...

Dio se acercó a él. —Mientras no pasen los tres meses que se acordaron en el juzgado, yo Dio, soy quien tiene la custodia legal sobre Haruno. Si lo que intentas es quitarme ese privilegio o burlarte de mí autoridad, será inútil.

Jonathan suspiro, mirándolo a los ojos. —No me burlo de ti Dio, solamente tenía ganas de ver a mi hijo, y si te ofendí por no haberte pedido permiso para venir, de verdad lo siento. No volverá a pasar...

Dio estaba a punto de responder y seguir la discusión, pero entonces recordó los 5 millones que le había ofrecido Joseph Joestar y la condición de que tratara bien a su hermano. Inhaló aire, tranquilizándose y hablo.

—Está bien. Pero que sea la última vez que vienes sin avisar.

Jonathan amplio su Sonrisa. —Gracias, Dio. Lo prometo.

Dio se sorprendió un poco, pero de inmediato desvío la mirada hacia cualquier otra parte.

—Iré a desayunar, cuida bien a Haruno hasta entonces.

Dio se dio la vuelta sin esperar respuesta y bajo hasta la cocina. Escucho levemente a Jonathan hablar con Mariah antes de que ambos entraran a la habitación del bebé.

Una vez en el comedor, Dio casi dejo caer su frente en la mesa. —¿Quién lo dejo entrar?

Vanilla Ice, quien estaba a su lado, de pie, suspiro. —Lo siento señor, no pude detenerlo.

Dio bufo en respuesta. Con esta seria la tercera vez que Jonathan veía al niño, y no le molestaba, ya que había hecho un trato con Joseph Joestar. Pero todas esas veces Jonathan habría avisado que iría con anticipación, por lo cual Dio tenia tiempo de irse al trabajo o a cualquier otra parte con la intención de no ver al mayor de los Joestar.

En primera, no le agradaba para nada ver a Jonathan cargando a su hijo. ¿Acaso se creía mejor padre que él? Haruno era más hijo suyo que de Jonathan, y eso se lo dejaría bien en claro.

Cuando termino de comer, D’Arby se aseguro de llevarle una rebanada de pastel como postre, Dio no era fanático de la comida dulce, pero aun así la acepto. Fue entonces cuando recordó un poco cuando solía ir a comer a la mansión de los Joestar, hacia unos cinco años. George Joestar siempre adulo a Dio, ya que mencionaba que Dio tenia muy buenos modales para comer, en cambio Jonathan trataba de comer lo más rápido posible para así comer el postre.

Dio sonrió, recordando como George terminaba por regañar a Jonathan y dejarlo sin postre. Aun así, el rubio terminaba por llevarle algo de postre a escondidas de George Joestar. Dio de inmediato trato de borrar esos pensamientos de su mente. ¿Por qué estaba recordando a Jonathan?

Vio que el pastel seguía frente a él, aunque siendo sinceros no se le antojaba ni un poco. Pero tampoco quería decirle a su chef, D’Arby que no tenia ganas de comerlo, mucho menos quería desperdiciarlo.

“Tal vez el bastardo de Jonathan quiera comerlo…” pensó.

Se puso de pie, agradeció por la comida y le ordeno a sus empleados que descansaran y que también comieran algo. Tomo el plato con el pastel y salió del comedor.

Durante los 30 segundos que Dio tardo en salir del comedor y subir hasta la habitación de Haruno, Dio en verdad tuvo la idea de lanzar el pastel que llevaba a cualquier lado para evitar dárselo a Jonathan; por supuesto que no lo hizo, ya había pasado hambre durante su infancia, el mero hecho de desperdiciar la comida le repugnaba, pero por otra parte no quería verse como si se preocupara por su “enemigo”.

Al final solo entro a la habitación, aun con el plato en las manos. Miro como Jonathan estaba muy ocupado sosteniendo a Haruno, el cual estaba dentro de la pequeña bañera de color amarillo que había comprado para el bebé. El día estaba algo caluroso, así que supuso que Mariah aprovecho esto para bañar al niño.

—Mariah. —Dio llamo la atención de la mujer. —Ve a comer algo. Vanilla Ice me comento que no has comido nada, vete, yo sostendré a Haruno.

La mujer asintió y con cuidado dejo de sostener al niño. Dio dejo el plato con el pastel en un mueble de la habitación, se arremango la camisa y fue hasta donde estaba el niño y lo sostuvo en sus brazos.

—Escucha Jojo, puedes dejarme a Haruno a mí, puedo sostenerlo al mismo tiempo que enjuago su cabello.... —aunque lo que quiso decir mas bien fue, yo puedo criar a Haruno por mi mismo, no te necesito.

—Yo también puedo hacerlo. La señorita Mariah me dijo como, además es la primera vez que baño a mi hijo.

Dio rodo los ojos, no iba a ponerse a discutir en este momento. —Está bien, yo lo sostengo y tú le enjuagas su cabello...

Jonathan asintió e hizo lo que Dio le pidió, teniendo precaución de que el shampoo no entrara en los ojos de su bebé. Una vez esto, continúo remojando el cuerpo del bebé para que no le diese frío.

—Eres tan lindo, Haruno. —sonrió Jonathan.

—Tsk. Es obvio, es mi hijo después de todo... —contesto Dio.

—¡También es mi hijo! —Jonathan miro a Dio, reclamando su derecho.

—Pues se parece más a mí, Dio.

—¡Oye también se parece a mí!

Dio acaricio el cabello de Haruno. —Su cabello es rubio como el mío.

—Si, pero sus ojos son azules igual que los míos.

Dio enarco una ceja. —¿Ah, sí? Pues su piel es del mismo tono que la mía. Es inútil, Jojo. inútil, inútil, inútil. Al final Haruno se parece más a mí.

Jonathan miro a Dio y luego a Haruno. Punto para Dio, Jonathan era más moreno, en cambio Haruno tenía la piel blanca.

—Pero Haruno tiene la marca de nacimiento de los Joestar. —dijo orgulloso Jonathan.

Dio frunció el ceño, quedándose en silencio. Desde el momento en que Haruno nació se había percatado de ello y aunque eso no le gusto pada nada, en Haruno se veía muy bonita esa marca.

—Si, si, como sea. Ahora tráeme una toalla para sacar a Haruno.

Dio noto que Jonathan tenía una sonrisa triunfante en el rostro. “estúpido” pensó.

Una vez que saco al bebé del agua y lo arropo temporalmente, se giró a ver al de cabello oscuro.

—Que quede claro que esa estúpida marca no significa que Haruno sea más Joestar que Brando, ¿Entiendes?

Jonathan enarco una ceja. —Nunca insinúe eso. Pero ya que lo mencionas, acabas de decir que Haruno es todo un Joestar.

Dio sintió sus mejillas enrojecer. Mierda, sí que lo había dicho. Sintió unas intensas ganas de quitarle esa estúpida sonrisa de Jonathan a golpes, pero no lo haría frente a su hijo.

—Cállate, estúpido.

Jonathan solo se encogió de hombros. Estaba a punto de vestir a Haruno, ya que no quería que se resfriara, pero estaba demasiado ocupado poniéndole crema y talco. —Haz algo útil y pásame un pañal y un mameluco para Haruno.

Jonathan de inmediato fue hasta la cómoda y saco lo que Dio le dijo y después se lo dio.

—Este mameluco no, tráeme el amarillo.

Jonathan lo miro mal. —¿Que? Pero el azul está muy bonito.

—Claro que no, no se para que lo compraste, el amarillo es mejor.

—Pero yo quiero ver a mi hijo vestido de azul.

Dio dejo de cambiarle el pañal a Haruno y encaro a Jonathan.

—Amarillo.

—Azul.

—¡Amarillo!

—¡Azul!

—Mierda, ¿No me escuchaste? ¡Dije que el ama...

—¡Buaaaaaaaaah!

Tanto Dio como Jonathan se asustaron cuando escucharon el llanto de Haruno. Dio de inmediato corrió a cargar a su hijo y consolarlo.

—Todo es tu culpa, Jojo. Ahora Haruno está asustado.

—¿Mi culpa? Tu comenzaste a discutir. —apunto Jonathan.

—¿Yo? Si no tuvieras un gusto tan inútil, nada de esto habría sucedido.

Una vez más, Haruno soltó un grito mientras lloraba, lo que hizo a Dio preocuparse. Jonathan iba a pedirle que le diera al niño cuando la puerta se abrió.

—¡Por Dios, que sucede aquí! ¡awww bebe, no llores! —se trataba de Mariah, quien se sorprendió al escuchar el llanto del bebe. De inmediato le quito al niño de los brazos de Dio y ahora lo cargo ella. —¿Qué te hicieron tus papás, Haruno?

La mujer de inmediato trato de consolar al niño, quien seguía llorando.

—Yo no hice nada, todo es culpa del inútil de Jojo… —Dio se defendió de inmediato.

—¿Mía? Yo solo quería ver a Haruno vestido de azul, pero tu empezaste a discutir.

—Obviamente, el azul no se vera bien en mi hijo, lo mejor es el amarillo.

—¡Azul!

—¡Amarillo!

—¡Azul!

—¡Joder, que amarillo!

—¡¡Buaaaaaaaah!! —nuevamente Haruno, en vez de calmarse comenzó a llorar más y más a pesar de los esfuerzos de Mariah para que dejara de llorar.

—Lo siento señor Dio y señor Jonathan, pero tendré que pedirles que se vayan, no voy a dejar que sigan discutiendo frente a Haruno. —Mariah miro mal a ambos hombres mientras les señalaba la salida de la habitación.

Jonathan quien nunca había visto a la mujer así de molesta, obedeció de inmediato y salió; por su parte Dio miro a la mujer, esperando que ella le dijera que se quedara, pero lo único que consiguió fue que lo mirara mal. Al final, dio se resignó y salió detrás de Jonathan.

Ambos no tuvieron otra opción más que quedarse fuera de la habitación hasta que Haruno se calmara.

—Haruno nunca llora así cuando está conmigo. —Dio fue el primero en hablar.

—Tampoco cuando está conmigo…

Dio se encogió de hombros. —Entonces supongo que no le agrada que estemos ambos.

—Tal vez…

Otra vez hubo un silencio entre los dos, que duro un poco más de minutos que el anterior.

—Quizás debemos evitar pelear enfrente de él. —aclaro Jonathan. —En verdad se asustó mucho…

Dio asintió. En verdad se había preocupado cuando Haruno comenzó a sollozar fuertemente. Se arrepintió de haber discutido con Jonathan frente a él. Haruno era un niño muy tranquilo, raramente lloraba, y si lo hacia era muy poco, nada comparado como hace unos momentos. Le dolió ver a su hijo llorar así, mas cuando sabia que era su culpa… Y también culpa de Jonathan.

—See… Tratare de no discutir frente a él. —hablo de la forma más honesta posible. —Pero solo para aclarar, el amarillo es mejor.

Jonathan rodó los ojos. —¿En serio sigues con eso? Solo porque el amarillo es tu color favorito no significa que el de Haruno también…

Dio lo miro. —¿Cómo sabes que el amarillo es mi color favorito?

Jonathan también lo miro. —Bueno… una vez lo mencionaste en la escuela, cuando el profesor pregunto a todos sobre cual era nuestro color favorito.

—¿En serio recuerdas eso?

Jonathan sonrió ligeramente, volteando hacia otro lado.

—Tsk, que inútil es recordar ese tipo de cosas, yo nunca puse atención hacia lo que a ti te gustaba. —hablo Dio. Y era cierto, no prestaba mucha atención hacia ese tipo de cosas, por un momento se pregunto cual seria el color favorito de Jonathan, aunque de inmediato descarto ese pensamiento.

—Oye Dio, ¿Cuándo puedo volver a venir a ver al niño?

Bueno, al menos ahora si se toma la molestia de preguntar, pensó Dio.

—Mañana no creo, llevare a Haruno a revisión médica…

—¡Yo iré!

Dio se arrepintió entonces de haber dicho eso. Suficiente tuvo hoy con Jonathan como para que mañana volviera verlo.

—¿No tienes trabajo o algo?

Esperaba que el de cabello azul al final desistiera de acompañarlo, Dio estaba mejor estando solo.

—Por eso me apure a terminar todo el trabajo pendiente ayer, así tendré unos tres o cuatro días libres. —sonrió.

Dio se golpeo la frente internamente, eso solo significaba que tendría que soportar a Jonathan durante estos días… Iba a negarse a que Jonathan los acompañara al medico al día siguiente pero entonces el sonido de una puerta abrirse los hizo voltear a ambos.

—Saluda a tus papás Haruno. Muestrales lo lindo que te ves con tu mameluco verde. —Mariah cargo a Haruno de modo que los dos hombres pudieran verlo a la perfección. También recalco la palabra verde, enfatizando tanto a Jonathan como a Dio, que dejaran de pelear por estupideces.

Ambos suspiraron, al final fue en vano discutir sobre que color seria la ropa de Haruno, aunque ambos pensaron que el niño se veria realmente lindo vestido de verde.

Jonathan de inmediato fue a cargar a Haruno, diciendo una y otra vez que en verdad lo lamentaba. Dio sonrió, sabía que Jonathan era la clase de tipo que se disculparía mil veces cuando cometía un error. Le recordó un poco a los viejos tiempos, cuando se la pasaban peleando todo el día… eran buenos tiempos después de todo…

—Jojo… si vas a acompañarnos, mas te vale llegar temprano. Te advierto que, si llegas un solo minuto tarde, nos iremos sin ti.

Jonathan sonrió. —Por supuesto. Estaré aquí desde una hora antes.

—Joder, eres un tonto… por cierto, te traje un poco de pastel de fresas… —Dio entonces se dio cuenta de lo amable que se escucho diciendo eso. —Solo porque a mi no me gusta y no quería desperdiciarlo...

Jonathan sonrió ampliamente y se acerco a revolverle el cabello rubio a Dio. —Gracias, Dio, el pastel de fresas es mi favorito.

Dio de inmediato volteo la cara hacia otro lado, sintiendo un poco de calor en las mejillas. —Si, si, lo que sea…

Sería un largo día…

Chapter Text

Dio le había advertido al mayor de los Joestar, que, si no llegaba puntual a la hora acordada, se irían sin él. Realmente Dio quería irse sin él, no le agradaba mucho la idea de tener de compañía a Jonathan Joestar mientras llevaba a su hijo a revisión médica; pero, al fin y al cabo, Jonathan seguía siendo el padre de su hijo y tenia que lidiar con eso.

 

Había acordado con Jonathan que lo vería a las 10:00 am en casa del rubio. Afortunadamente, el de cabello oscuro no llego desde una hora antes como había prometido, pero si llego con quince minutos de anticipación.

 

—Awww, Haruno te vez tan lindo vestido así.

 

El pequeño rubio vestía un lindo mameluco de color café y con orejas de oso en el gorro, se le alcanzaban a asomar unos risos de su cabello y sus mejillas estaban sonrojadas.

 

Jonathan se acerco y le sonrió al bebé mientras le hacia gestos, entonces el pequeño lo miro e hizo un gesto parecido a una sonrisa.

 

—Awww viste Dio, Haruno acaba de sonreírme.

 

Dio negó con la cabeza. —A su edad una sonrisa solo es un reflejo natural de sus labios, por el desarrollo de sus músculos, así que no te está sonriendo...

 

Jonathan lo miro mal. —¡Dio! No me quites la ilusión de ver a mi hijo sonriendo.

 

—Incluso leí en un libro que cuando un bebé "sonreía" era porque tenía gases...

 

—¡Dio!

 

El rubio comenzó a reír levemente al ver la cara de entre molestia y decepción de Jonathan.

 

—Ya, ya, como sea... —dijo esto, aunque continúo riendo en voz baja.

 

El pequeño Haruno continuó "sonriendo" por lo que Jonathan ignoro por completo lo que había dicho Dio y lo abrazo.

 

—Tienes la sonrisa más bonita del mundo, Haruno. Y yo sé que es UNA SONRISA. —recalco lo último para que el rubio lo escuchara.

 

Dio rodo los ojos. —Si, lo que digas.

 

Después de esto un taxi llegó justo afuera de la casa de Dio. Ambos tomaron las cosas del bebé (las cuales Cargo Jonathan). Subieron al auto y Dio le indico a que dirección ir.

 

—¿Qué? ¿Iremos al hospital general? —Jonathan cuestionó.

 

—Si. ¿Hay algún problema?

 

Jonathan de inmediato se giró para verlo. —¿Por qué no lo llevamos a un hospital privado? Hay menos gente y es más fácil que lo atiendan.

 

—¿Hospital privado? No todos tenemos tanto dinero como para pagar uno, Jojo... —aclaro Dio.

 

—Los gastos van por mi cuenta, Dio. —se acercó a acariciar la mejilla de Haruno. —Todo sea por este hermoso niño.

 

Dio termino por aceptar y le notificaron al chofer que cambiara de rumbo. Cuando llegaron, Jonathan de inmediato pago el taxi y se apresuró a bajar casi corriendo, para abrirle la puerta a Dio y ayudarlo a bajar del taxi, ya que el rubio estaba cargando a Haruno.

 

Entraron, era un hospital bastante grande y mientras Jonathan iba a pedir informes, Dio tomo asiento en la sala de espera. Odiaba el olor de los hospitales, sentía que era un olor entre alcohol y desinfectante; lo detestaba, hacía que la nariz le doliera. Además, le recordó el dolor que paso cuando Haruno nació... Se recordó mentalmente no tener más hijos.

 

Vio cuando Jonathan regreso de hacer los trámites.

 

—Vamos Dio, el pediatra nos atenderá ahora.

 

Dio solo asintió y caminaron unos cuantos metros por el pasillo, hasta llegar a una habitación que tenía el logotipo de varios bebés pegado en la puerta.

 

Entraron. Al menos esta habitación no tenía aquel aroma característico de los hospitales, así que la nariz de Dio pudo descansar un poco.

 

—Buen día. Tomen asiento, por favor ¿En que puedo servirles? —un hombre, de algunos cuarenta y tantos años, seria quien los atendería.

 

Jonathan volteo a ver a Dio, como diciéndole que él hablara. Dio no tenía objeción alguna, después de todo él era quien más sabia sobre Haruno.

 

—Venia por una revisión de rutina para mi hijo.

 

El doctor asintió y comenzó a realizar un documento, donde apuntaría los datos del bebé.

 

—¿Cuál es el nombre del bebé?

 

—Haruno.

 

El doctor lo apunto. —¿Su apellido?

 

Dio estaba a punto de responder, pero Jonathan se le adelanto. —Joestar.

 

—Muy bien, Haruno Joestar.

 

Dio volteo a ver amenazantemente a Jonathan, quien solo se encogió de hombros. Aún no registraban al niño, por lo que nunca habían discutido cual sería el apellido legal de Haruno. Ya lo discutirían más tarde.

 

—¿Fecha de nacimiento?

 

—16 de abril. —afirmo Dio.

 

—¿Talla y peso cuando nació?

 

—57 cm y 3.050 kg.

 

—¿Le ha puesta alguna vacuna?

 

Dio negó con la Cabeza. —Aun no.

 

El doctor dejo de escribir. —Bueno, creo que es momento de checar sus signos vitales, peso y talla.

 

Dio asintió y se levantó para llevar al niño junto con el doctor. Jonathan solo permanecía al margen.

 

El doctor se encargó de checar el peso del niño, de medir su estatura, checar sus reflejos, visión, oído y tacto.

 

Una vez hecho esto, le regreso el bebé a Dio y volvieron a tomar asiento.

 

—Es un bebé muy tranquilo. —dijo el doctor sonriendo. —Prácticamente se encuentra bien de salud. Solo que está un poco bajo de peso, por lo que le recomendare que suba un poco su dosis de alimento. Además de que le daré unas vitaminas en forma de gotas para aumentar sus defensas.

 

Dio miro un poco preocupado a Haruno, ¿En serio estaba bajo de peso? Se acerco a besar su frente, no dejaría que nada malo le pasara...

 

—Además les asignare otra cita dentro de un mes, para ver el progreso del pequeño Haruno.

 

Tanto Dio como Jonathan asintieron.

 

—Les pido a usted y a su esposo que cuiden bien al niño.

 

Dio sintió su cara enrojecerse y Jonathan se puso nervioso.

 

—No estamos casados. —se apresuró a decir Jonathan. —Solo somos amigos.

 

Dio solto una risita nerviosa. —Conocidos más bien...

 

—Si, si, conocidos. —afirmo Jonathan nervioso.

 

El doctor los miro curioso, se notaban los nervios en ambos. —Oh lo siento, ¿entonces usted no es el padre del niño? —señalo a Jonathan.

 

—¡Por supuesto que lo soy!

 

Ahora el doctor tenía más dudas, pero no hizo más preguntas, después de todo eran asuntos suyos, los cuales no le correspondían.

 

—Okay... Bueno, volviendo al tema, el bebé está a punto de entrar a su primer trimestre de vida, por lo cual comenzara a moverse cada vez más, por eso les recomiendo tener cuidado y tenerlo bien vigilado.

 

—Por supuesto. —afirmo Jonathan.

 

—Bien, entonces espero verlos en un mes.

 

Dicho esto, Dio y Jonathan se levantaron, pero antes de salir el moreno volvió a hablar.

 

—Doctor, tengo una duda.

 

—Dime.

 

Jonathan miro a Dio y luego a Haruno.

 

—¿A esta edad los bebés ya suelen sonreír?

 

El doctor asintió. —Efectivamente, a partir de los dos meses y medio los bebés comienzan a sonreír voluntariamente, aunque sea por un momento. Normalmente lo hacen al escuchar la voz de sus padres.

 

Jonathan sonrió triunfante. —Gracias doctor.

 

Ambos salieron del hospital. Jonathan aún estaba sonriendo y Dio rodo los ojos.

 

—Okay, tenías razón, Haruno si estaba sonriendo, ¿Contento?

 

Jonathan asintió feliz. —Lo mejor es que me ha sonreído a mí. Sonrió después de escuchar mi voz...

 

Dio no lo admitiría, pero sintió un poco de celos ante eso. Después enfoco su mirada en su hijo, quien estaba moviendo sus ojos de un lado a otro, tratando de captar y asimilar todas las nuevas imágenes que se postraban ante sus ojos. Normalmente Dio, no solía sacar mucho a Haruno a la calle, pero esta vez fue necesario, es por eso que Haruno estaba tratando de ver todo a su alrededor.

 

—¿Qué opinas si vamos a comer algo? La verdad es que no desayune nada… —Jonathan volvió a hablar, llamando la atención de Dio.

 

Si bien, Dio se negaba a pasar mucho tiempo junto a Jonathan, la verdad es que en este momento el hambre lo inundaba, así que decidió aceptar la oferta.

 

Caminaron un poco mas hasta llegar a un restaurante no muy lujoso, pero ciertamente se veía bien. Tomaron asiento y Dio aprovecho para pedirle al mesero algo de agua caliente para poder prepararle un biberón a Haruno. Ahora que el medico había mencionado que Haruno estaba bajo de peso, en verdad había preocupado a Dio, así que estaría muy al pendiente de la alimentación del pequeño.

 

—Ammm, Dio…

 

El rubio volteo a ver a Jonathan, quien estaba titubeando.

 

—¿Qué quieres, Jojo?

 

—Yo… yo puedo cargar al niño si quieres, es decir, todo este rato lo has estado cargando tu así que yo podría cuidarlo mientras tu almuerzas…

 

Dio negó con la cabeza. —No es ninguna molestia para mi cuidar a Haruno, además la comida puede esperar.

 

—No dije que fuera una molestia, pero lo que quiero decir es que ya me toca cargar un poco a mi hijo, toda la mañana ha estado contigo.

 

Dio pensó en negarse rotundamente, ¿Qué acaso Jonathan no entendía un no por respuesta? Cuando estaba a punto de decirlo, Haruno se movió en sus brazos, haciendo un pequeño puchero. Recordó entonces que no debía discurrir con Jonathan enfrente del niño.

 

—Esta bien. —le dijo al moreno, mas por obligación que por gusto.

 

Jonathan sonrió y se apresuro a tomar a su hijo en brazos. Dio no comenzó a comer hasta asegurarse que su hijo si estuviera tomando la leche de su biberón. Afortunadamente, Jonathan estaba adquiriendo experiencia en cuidar a Haruno, y el bebé pronto estaba tomando rápidamente de su biberón.

 

Dio, ya más tranquilo comenzó a comer, ya su estomago se lo exigía. De vez en cuando volteaba a ver a Jonathan, quien se la pasaba sonriéndole o haciendo gestos al bebé.

 

“Idiota.” Pensó Dio.

 

Una vez que el bebé termino de comer, Jonathan se encargo de hacer que el pequeño eructara y después lo cargo y lo meció un poco. Dio casi terminaba de comer cuando la voz emocionada de Jonathan lo distrajo.

 

—Awww, mira Dio, de nuevo Haruno me está sonriendo.

 

Dio lo miro más de cerca y efectivamente, el bebé estaba haciendo una tierna sonrisa.

 

—Tsk, ¿Por qué solo te sonríe a ti? —Dio hablo con cierta molestia en su voz, pero Jonathan al parecer estaba ignorándolo pues continúo haciendo gestos para que Haruno siguiera sonriendo.

 

—¿Por qué no le sonríes o algo?

 

—¿Eh? —Dio lo miro confundido.

 

—Bueno, siempre estas muy serio cuando estas con Haruno, tal vez por eso no sonríe cuando está contigo.

 

Dio sintió ganas de romperle la mandíbula a Jonathan, ¿Qué sabia él sobre como cuidaba a Haruno? pero suspiro profundamente y comenzó a contar números primos en su mente, necesitaba relajarse un poco.

 

—Yo siempre he sido serio.

 

Jonathan le miro. —Lo sé. Siempre fuimos muy diferentes uno del otro.

 

—Por supuesto que sí. Yo Dio, estoy en un nivel totalmente diferente a ti, Jojo…

 

—Siempre con tu orgullo en alto, Dio. —Jonathan rio un poco. —Aunque creo que tenías razón sobre lo que dijiste la vez pasada.

 

Dio sonrió triunfante. —Por supuesto que tengo razón, siempre la tengo. —aunque después de decirlo, Dio se pregunto el porque tenia razón... —¿Sobre qué tengo razón?

 

Jonathan levanto un poco a Haruno con cuidado de sostener bien su cabeza.

 

—Creo que Haruno si se parece más a ti.

 

Entonces Dio se sintió aun más orgulloso que antes, con una gran sonrisa. —Obviamente tenia razón, Jojo, Haruno es la viva imagen de mí, Dio…

 

—Dio, mira.

 

Dio, quien esperaba seguir con su discurso sobre cuanto Haruno se parecía a él, dejo de hablar cuando Jonathan le señalo a Haruno, quien lo observaba y a la vez sonreía. Dio sintió sus mejillas enrojecer, ¿Su hijo le estaba sonriendo a él?

 

—Lo vez, te dije que, si le sonreías a Haruno, él también se reiría. Claro que no ibas a sonreír por voluntad propia, así que lo mejor fue engañarte un poco para que lo hicieras. —admitió Jonathan.

 

Dio volteo y lo miro mal, pero de inmediato volvió su rostro para ver a su hijo y acariciarle la mejilla. En verdad se preguntó si su personalidad se volvía mas blanda cuando estaba con el pequeño bebé rubio.

 

—Tsk, no es como si me gustara sonreír en cada momento. —dijo Dio, enfocado en defenderse del supuesto engaño de Jonathan para hacerlo sonreír. Aunque anoto mentalmente que solo lo haría para su hijo.

 

—Deberías hacerlo más seguido, tienes una linda sonrisa.

 

Dio pensó que Jonathan seguía molestándolo, pero solo se encontró con la mirada seria del mayor de los Joestar. Si era otra de sus bromas, posiblemente no tardaría en reírse, pero Jonathan seguía serio, mirándolo. Dio no recordaba cuando fue la ultima vez que hubo tanta tensión entre ambos. Sin embargo, no tardo en desviar la mirada a otra parte, algo nervioso.

 

¿Cómo era posible que el inútil de Jonathan Joestar pudiera ponerlo nervioso?

 

La última y única que vez que Jonathan había logrado ponerlo nervioso fue… bueno, la vez que “engendraron” a Haruno…

 

Dio se golpeó mentalmente por recordar esto. Sin embargo, no iba a dejarse intimidar, así que ignoro totalmente el ultimo comentario del moreno y llamo al mesero, para pedir cualquier cosa que estuviera en el menú, con tal de quitar la tensión del momento.

 

—Podría darme un vaso de limonada. —pidió Dio, aunque no tuviera ganas de beber limonada.

 

—Un vaso de limonada. —el mesero apunto en su libreta. —¿Y para su esposo, nada?

 

Dio casi se atraganta con la poca comida que le quedaba en su plato y se apresuro a negar con la cabeza, también vio como Jonathan también negó de inmediato, nervioso.

 

—No somos esposos. —aclaro Jonathan, y entonces Dio suspiro aliviado, al parecer Jonathan había vuelto en sí, a ser ese idiota que Dio conocía, y dejar esa actitud extraña de hace un momento.

 

El mesero inmediatamente se disculpó y se fue.

 

—Tsk, ¿Que tiene esta gente en la cabeza? —Dio se pregunto cuando por segunda vez en el día, los habían confundido con un matrimonio. Ni siquiera estaban muy cerca uno del otro, muy apenas hablaban y si hablaban era sobre Haruno, no parecían un matrimonio en lo absoluto.

 

—Dio… sobre lo que dije hace un momento, yo…

 

—¿Qué dijiste hace un momento? No es como si te pusiera mucha atención en realidad… —mintió el rubio.

 

Jonathan soltó un suspiro de alivio. —Ya veo… jeje, solo olvídalo.

 

Dio no dijo nada, simplemente decidió hacerle caso al moreno y olvidar lo de hace un momento, después de todo él y Jojo eran una especie de rivales, ¿No?

 

La atmosfera queda un poco intranquila después de todo, aun mas cuando Haruno se había quedado dormido, por lo que ya no tenían más temas de conversación. Jonathan estaba a punto de decir algo cuando su celular comenzó a sonar. De inmediato lo saco del bolsillo de su pantalón, cuidando de no moverse demasiado, pues aun tenia a Haruno en brazos y contesto la llamada.

 

—¡Erina! ¿Cómo estás?

 

Dio de inmediato lo miro, ¿Erina? ¿Estaba hablando con esa campesina? Rodo los ojos y se levanto de su asiento mientras Jonathan aún seguía hablando por teléfono.

 

—Dame a Haruno, me voy de aquí. —Hablo mas serio de lo normal, aunque Jonathan no se percató de eso.

 

—Amm, Erina te regreso la llamada en un segundo, espera… —una vez que colgó la llamada miro a Dio. —¿Ya te vas?

 

Dio chasqueo la lengua. —Tengo trabajo que hacer, Jojo, no soy un inútil como tú que no tiene nada que hacer.

 

Jonathan no dijo nada, después de todo sabía que Dio solía ser una persona ocupada. Aun así se apresuro a depositar un beso en la frente de Haruno antes de entregárselo a Dio.

 

—Te quiero, hijo, pronto iré a verte otra vez.

 

Afuera del restaurante solía haber taxis, por lo que Jonathan no tuvo que preocuparse por saber en qué se iría Dio. El rubio subió rápidamente a un taxi y juro que si no fuera porque su hijo estaba dormido y porque el auto no era suyo, sino habría dado de golpes al asiento delantero del auto. En verdad odiaba a esa mujer…

 

Viejos recuerdos vinieron a su mente, pero no se iba a dejar vencer por ellos.

 

“2, 3, 5, 7, 11, 13, 17…” trato de relajarse, y al parecer sirvió.

 

Debía dejar se pensar en cosas innecesarias, sobre todo debía dejar de pensar en Jonathan Joestar…

Chapter Text

—No sé ni porque lo dije, Erina. Creo que me dejé llevar por el momento... Ahhh, ¿Por qué lo hice?

La mujer solo miraba al mayor de los Joestar, quien se estaba lamentando una y otra vez.

—Bueno, le dijiste a tu ex que tenía una linda sonrisa, supongo que es algo que le puede pasar a cualquiera...

Jonathan suspiro. —Lo sé, pero Dio ni siquiera es mi ex, ni siquiera sé si éramos amigos o algo parecido...

—Pero tienen un hijo juntos.

Jonathan dejo caer su cabeza sobre sus rodillas. —Eso es aún más complicado...

Erina sonrió un poco. —¿Y por qué le dijiste eso?

—Solo intente que sonriera para hacer reír a Haruno, pero me quede embobado viéndolo... Me recordó a hace un año...

—¿Aún sientes algo por Dio?

Jonathan levanto la cabeza y se quedó callado por unos momentos. Erina era su mejor amiga, no podía ocultarle nada. Ella sabía que él había estado enamorado de Dio desde hace tiempo, aún con el carácter del rubio. Incluso le había pedido más de un consejo para tratar de enamorar al rubio, aunque claro que esto no funciono, ya que cuando estaba a punto de poner en práctica los consejos de Erina, Dio desapareció de Londres y no volvió a verlo hasta después de casi un año.

—No lo sé, Eri, por una parte recordé muchos momentos que pase junto a él, siendo una especie de amigos-rivales y lo genial que era estar junto a él, pero... —era cierto, a pesar de que siempre se la pasaban peleando, a Jonathan le encantaba pasar tiempo junto a Dio, fue ahí cuando descubrió que le gustaba ver sonreír al rubio.

—¿Pero?

—Pero por otra parte está mi hijo. Tú viste como Dio de un día para otro me puso una demanda para quedarse con la custodia de Haruno. Ni siquiera se porque lo hizo, sé que a Dio le encantaba molestarme, pero eso ya fue a otro nivel. Simplemente se fue y desapareció por 7 meses y de repente regresa, me dice que tengo un hijo y me demanda. No lo entiendo...

—A todos nos sorprendió que haya hecho eso... En todo caso, si él quería quedarse con Haruno, lo más fácil habría sido no regresar y no decirte que tenías un hijo y punto.

—Ya lo sé, en verdad no puedo creer que me haya hecho eso... Menos mal se apiado un poco de mí y me ha dejado mirar a Haruno... No sé qué lo haya hecho cambiar de opinión, al principio ni siquiera contestaba mis llamadas ni mensajes, incluso se negó a verme... En fin, eso no importa, lo que importa es que siquiera he podido ver a Haruno.

—Hablando de Haruno, ¿Como esta él? Me dijeron que se parece mucho a ti.

Jonathan de inmediato saco su celular, ingreso a la galería y le paso el teléfono a Erina para que viera las más de 100 imágenes que le había tomado a Haruno estos últimos días.

—Awww, Jojo, es hermoso. —hablo con ternura la mujer mientras seguía pasando las fotos. —Es idéntico a ti.

Jonathan río. —Nah, creo que se parece más a Dio, después de todo.

—Yo creo que se parece más a ti.

Jonathan sonrió. Al menos esperaba que la actitud de Haruno no fuese muy parecida a la de Dio.

—¿Y al final que te dijo Dio después de que le hayas dicho que tenía una bonita sonrisa?

Jonathan volvió a querer golpear su frente contra la pared. —No me escucho, gracias al cielo. Incluso tenía planes de ir a comprarle un poco de ropa a Haruno, pero la situación se volvió tan incomoda que ni siquiera pude decirle a Dio que no se fueran aún...

—¿No te escuchó? ¿Estás seguro?

—No es como si Dio me pusiera mucha atención de todos modos... Además, es mejor así. No quiero que Dio se enoje conmigo y al final vaya a terminar negándose a darme la custodia compartida de Haruno.

Erina asintió. —No entiendo que hayas visto en él, Jojo.

Jonathan rio amargamente. —A veces me pregunto lo mismo...

 

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Cuando Jonathan volvió a visitar a Haruno, habían pasado 6 días desde la vez que tanto Dio como él, habían llevado al pequeño al médico.

Jonathan había estado insistiendo desde dos días antes en ir a ver a Haruno, pero Dio se había negado regularmente, incluso dejo de contestarle los mensajes. Hasta que por fin el día de hoy, al parecer Dio se había apiadado de su alma y le había confirmado que podía ver a su hijo.

Por supuesto que Jonathan se había molestado un poco, pero de nuevo recordó que Dio seguía teniendo la última palabra en todo este asunto y al Joestar no le quedaba más que aceptar la situación.

¿En serio Dio era la misma persona de la que se había enamorado alguna vez?

Sus pensamientos negativos se disiparon cuando vio los ojitos azules de su hijo. Haruno era su motivación, si bien, antes Jonathan ya era todo un líder nato y emprendedor, ahora que tenía a Haruno parecía ser que estaba en su máximo esplendor.

Los negocios de la familia iban en ascenso, incluso había tenido varias ideas que su socio, Speedwagon aprobó y pronto pondrían en acción.

Sin duda, su hijo era su razón de seguir, a veces se preguntaba cómo sería su vida en este momento si el pequeño rubio no hubiese aparecido en su vida. De inmediato alejo esos pensamientos de su mente. No cambiaria a Haruno por nada.

Haruno estaba recién bañado y también ya había comido. Jonathan estaba muy al pendiente de la alimentación del niño, no quería más problemas en la salud del pequeño. Tomo a su hijo en brazos y lo meció un poco. El niño ya era más curioso, movía sus ojos de un lado a otro para captar la mayor parte de las imágenes que ocurrían a su alrededor.

—Hola Haruno, ¿Me extrañaste?

El bebé solo sonrió cuando escucho la voz de su padre, según el doctor, un bebé reacciona normalmente al escuchar la voz de sus padres, aunque particularmente Haruno se emocionaba más cuando escuchaba la voz de Jonathan.

—El señor Dio no se encuentra en este momento...

Jonathan escucho la voz de Vanilla Ice a lo lejos, acompañada de unos pasos.

—Oh, no hay problema, solo vine a dejar este libro en la biblioteca y llevarme otro...

Los pasos se escucharon más cerca y Jonathan pudo visualizar a Vanilla Ice, caminando detrás de un joven moreno, el cual vestía una túnica oscura.

—Oh, hola Haruno, me da gusto verte.

El joven se acercó y miro al pequeño bebé, quien estaba más que entretenido en brazos de su padre. Jonathan aprovecho para mirarlo un poco, se veía joven, quizás la edad de Joseph, ¿19 años? Y por su vestimenta parecía ser un sacerdote.

—Oh, lo siento. Mi nombre es Enrico Pucci. —saludo el moreno, estirando su mano hacia Jonathan.

—Ah, mucho gusto, soy...

—Jonathan Joestar. Lo sé.

Jonathan lo miro algo sorprendido.

—Ah, lo siento. Es solo que Dio me ha hablado mucho de usted.

—Entiendo... —Jonathan asintió. ¿Este Enrico era amigo de Dio? ¿Dio le había hablado sobre él? Se despejo un poco de esos pensamientos, quizás Dio le había dicho cosas como que era un inútil, como siempre decía...

—¿Te molesta si me siento a tomar un té contigo? —Enrico llamo la atención de Jonathan de nuevo.

El de cabello negro negó con la cabeza. —Oh, en absoluto. Toma asiento.

—Gracias.

Vanilla Ice quien seguía presente, solamente trago saliva algo nervioso y fue a la cocina por un poco de té. Quizás a Dio, no le gustaría esto... Y quizás lo regañe por dejar pasar a Enrico cuando Jonathan estaba en casa.

—Veo que Haruno se lleva muy bien contigo. —el moreno miro al bebé. —Bueno, eres su padre después de todo.

—Si... Supongo que nos llevamos bien... —Jonathan no era de esas personas que socializara muy fácil, por lo que trataba de responder de la manera más educada posible.

—Dio se pone celoso de que Haruno te preste más atención a ti que a él. —Enrico rio un poco ante esa confesión.

Jonathan se sorprendió un poco. —¿Celoso? ¿Dio? —esas palabras no coincidían en una oración, al menos no con el Dio que conocía, tan cerrado y orgulloso...

—Le he dicho que no debería ponerse así, después de todo tú también eres el padre de Haruno, es normal que el niño se alegre de verte.

Jonathan solo asintió. Una parte de su mente tuvo una idea extraña, es decir, era una oportunidad perfecta para sacar unas cuantas dudas, pero otra parte de su mente sabía que no era la forma correcta de hacerlo.

Aunque bueno, probablemente jamás obtendría respuestas de Dio.

—Eres... ¿Eres amigo de Dio? —una pregunta sencilla para iniciar.

El moreno asintió. —Lo conocí hace unos meses. En Florida.

—¿Florida?

Enrico iba a responder, pero fue en ese instante cuando Vanilla Ice regreso con el té en una bandeja y lo dejo frente a ambos hombres. Sirvió un poco en cada taza, y lo entrego tanto a Jonathan como a Enrico.

El moreno agradeció y siguió con la mirada al mayordomo, hasta que este desapareció de su vista. Solo así volvió a dirigir la mirada al mayor de los Joestars.

—Si. Florida.

Jonathan entonces miro a su hijo. —No sabia que Dio había estado en Florida. —se llevó la mano a la frente. —Ni siquiera supe que había sido de él durante los 7 meses que desapareció.

Enrico dio un sorbo a su bebida y luego volvió a hablar. —Lo conocí ahí. Él recibió su título que lo certificaba como Lic. En derecho. Tenía que ser en Florida, ya que tenía que tomar un último curso para poder finalmente ejercer su profesión.

—Ya veo...

—Dio necesitaba unos libros para terminar su carrera, los cuales consiguió en una biblioteca, cerca de una iglesia, en la cual yo estaba practicando.

—¿Eres sacerdote?

—Aún estoy en proceso... Dio parecía interesado en libros que yo ya había leído, y pronto nos hicimos amigos debido a nuestros intereses en común.

—¿Sabías que Dio iba a tener a Haruno?

Enrico negó. —Jamás dijo nada sobre eso. Dio solía rentar un departamento, pero yo le ofrecí asilo en mi casa, después de todo, era más económico de esa forma.

—Entiendo. —sabía que Dio había obtenido algo de dinero debido a la herencia que George Joestar les había dejado. Tal vez fue lo suficiente como para ir a Estados Unidos y terminar con su carrera universitaria.

—Después Dio tuvo complicaciones respecto a Haruno, solo así me entere de su embarazo.

Jonathan abrió los ojos como platos. —El... ¿Qué paso?

—Dio suele estresarse fácilmente, lo cual le afecto tanto a él como a Haruno y tuvo riesgos de aborto.

Jonathan trago saliva. Nunca había pasado por su mente que Dio se las haya visto negras durante su embarazo. En realidad, no podía culparse, Dio nunca le había mencionado nada.

—Lo ayude mientras se recuperaba, era mi amigo después de todo. Aunque particularmente creo que la peor parte vino después de eso...

Jonathan ni siquiera noto cuando Haruno se había quedado dormido en sus brazos.

—No sé si sepa esto, Jonathan, pero Dio en verdad tuvo una infancia difícil... Su padre era un desgraciado. Nunca se preocupó por él ni por su madre, solía golpearlos todo el tiempo. Cuando Dio se recuperó de la amenaza de aborto, en realidad estaba muy nervioso. Él pensaba y aseguraba que, si heredo el alcoholismo de su padre, entonces también el hecho de ser un mal padre.

Jonathan ni dijo nada. Tampoco sabía de la dura infancia de Dio. simplemente sabía que su padre le debía un favor a la familia de Dio, y por eso se había hecho cargo de Dio durante su adolescencia. No se había imaginado que el padre de Dio lo tratara tan mal...

—Dio nunca menciono nada sobre su padre...

—Dio quería olvidarse de ese hombre... Pero su recuerdo lo atormento, y el temor de que ahora él se desquitara con su hijo lo hizo estremecer. Dio tenía miedo de tener un hijo.

—¿Que paso después?

Enrico se encogió de hombros. —Dio entendió que él y su padre eran muy diferentes. Que esta era su oportunidad para demostrar que él si sería un buen padre. Dio en verdad ama a Haruno, Jonathan.

Jonathan sabía que eso era cierto. Dio era una persona sarcástica, fría y seria, pero con Haruno era diferente. El niño era su viva imagen después de todo.

—Haruno es lo que Dio más ama en esta vida, su debilidad...

Jonathan miro entonces al joven sacerdote. —¿Por qué me has contado todo esto?

—¿Hum?

—Yo... Dio jamás me hubiera dicho nada de eso. Y tú eres su amigo, si te dijo todo eso es porque en verdad te tiene confianza. ¿Por qué habrías decirme cosas tan privadas de Dio así nada más? ¡Acabas de conocerme!

Enrico sonrió. —Precisamente porque soy amigo de Dio, es el porque te digo todo esto. —Enrico se puso de pie y camino hasta donde Jonathan. —Dio es demasiado orgulloso para hacer lo correcto. Algunas veces necesita un ligero empujón. Así que por favor te pido que tengas paciencia con él.

Jonathan no entendía muy bien.

—¿A qué te refieres?

—Dio a veces dice o hace cosas sin pensar, pero te pido que lo entiendas, ha pasado por mucho y justo ahora lo que más miedo le da es perder a Haruno.

—¿Dio me puso la demanda solo por miedo a perder a Haruno? —contraataco Jonathan con algo de molestia en su voz, ¿Eso fue lo que insinuó o no?

Enrico se encogió de hombros. —Lo dejo a tu criterio, solo quiero dejar en claro que Dio no es malo, simplemente quiere proteger a su hijo.

—También es mi hijo.

—Entonces habla con él. Dio no es la persona que tú y los demás Joestar piensan. Él solo necesita entrar en razón. Solo tú puedes hacerlo entrar en razón...

Jonathan lo miro aun con dudas en la mente. ¿Que fue todo eso?

—Bueno, no interrumpo más tu tiempo con tu hijo. —Enrico dejo la tasa de té vacía en la pequeña mesita entre los sillones y estiro su mano hacia Jonathan. —Fue un gusto hablar contigo, Jonathan Joestar. Espero y todo este asunto se solucione…

—Si, gracias… —Jonathan estrecho sus manos y también observo como el joven sacerdote acariciaba una de las mejillas de Haruno antes de irse.

Recordó entonces que el sacerdote le había mencionado a Vanilla Ice que había ido por un libro, ¿Acaso el libro solo había sido una excusa para hablar con él? ¿Lo había mandado Dio? Nah, Dio era demasiado orgulloso como para tan siquiera pensar en revelar sus secretos, así como así.

En verdad le había sorprendido que Dio haya tenido una infancia dura, aunque tenía congruencia, después de todo quizás de ahí venia la actitud fría y distante de Dio. Pensó en su padre, George siempre lo había tratado bien, quizás a veces lo reprehendía cuando hacia las cosas mal, pero también lo felicitaba cuando lo hacia bien. Fue un excelente padre, lo educo como todo un caballero y lo impulso a ser seguro de si mismo y con un gran liderazgo. Por otra parte, estaba Dio, de quien ahora sabia el porque de su actitud, pero le había sorprendido el hecho de que Dio tuviese miedo de convertirse en alguien como su padre y lastimar a Haruno.

Eso solo le daba a entender cada vez más que Dio solo daba una fachada de sí mismo y que usualmente solía reprimir sus verdaderos sentimientos.

Pero por otra parte seguía totalmente molesto por la absurda actitud del rubio. Su amigo, el sacerdote, le había dicho que tratara de comprenderlo, pero algo no cuadraba. Si tanto miedo tenia Dio de que le quitara al niño, entonces simplemente no se lo hubiese presentado, se hubiese guardado ese secreto solo para él, tal vez nunca regresando a Inglaterra. Pero en cambio lo hizo, lo que dejaba a Jonathan con más dudas en la mente. Dio se estaba desquitando por algo, pero no sabía por qué.

Con cuidado se levanto y llevo a Haruno hasta su habitación, el niño iba profundamente dormido por lo que no fue un gran problema. Lo acomodo en su cuna, lo arropo y lo dejo descansar un buen rato.

¿Seria buen día para confrontar a Dio?

Chapter Text

"—¿Qué le dijiste a Jonathan?"

 

Dio espero unos segundos, el sonido de la línea a través de la llamada solo lo hacía impacientarse más.

 

"—Enrico."

 

Volvió a insistir. Cuando regreso a casa, Jonathan ya no estaba, lo cual le alivio, ya que aún no estaba de humor para ver al mayor de los Joestar. Pero de inmediato se alteró cuando se enteró gracias a Vanilla Ice, que su amigo Enrico Pucci había tenido la maravillosa idea de, justamente hoy, ir a visitarlo e ir por un libro de la biblioteca de Dio.

 

"—No le he dicho nada, Dio. Solamente me senté a tomar un té con él. Es todo."

 

Respondió su amigo, serio como siempre.

 

"—¿Y por qué de todas las personas que existen tenías que tomar un té exactamente con Jonathan Joestar?"

 

Dio sabía que Jonathan y Enrico juntos no era la mejor combinación. Al menos no para él...

 

"—Me pareció interesante conocer al hombre del que tanto has hablado."

 

Dio se sobo la frente un poco.

 

"—¿Qué le has dicho, Enrico?"

 

"—Te repito que no le he dicho nada, Dio. Solo le comenté que me alegraba ver a Haruno convivir con su padre"

 

"—Pudiste hacerlo ignorado e ir directo a la biblioteca..."

 

Escucho la risa de su amigo a teléfono.

 

"—¿Y perderme la oportunidad de conocer al amor de tu vida? ¡Nunca!"

 

Dio gruño ligeramente. Si no fuera porque le tenía respeto a Enrico y viceversa, probablemente lo habría insultado.

 

"—Ese inútil no significa nada para mí..."

 

"—Si, si, Dio, lo has dicho muchas veces..." escucho como Enrico seguía riendo.

 

“—Solo he dicho la verdad.” Aclaro el rubio.

 

“—¿Entonces por qué lo has dejado convivir con su hijo, aun cuando antes lo habías demandado para quitarle la custodia de Haruno?”

 

Dio chasqueo la lengua. —“Cinco millones, Enrico, ¿Quién podría resistirse a esa cantidad de dinero? Al menos Joseph Joestar sabe como negociar un asunto, a diferencia del inútil de Jonathan…”

 

“—Pero Jonathan parece ser más racional y comprensivo…”

 

"—¿Qué, ahora lo prefieres a él?"

 

Enrico sólo rio un poco.

 

"—Tu eres un rey entre reyes, Dio. Además, eres mi mejor amigo, siempre te apoyare a ti antes que a nadie. Pero por eso mismo te digo que pienses bien las cosas, Dio."

 

"—No necesitó pensar las cosas, Enrico. Todo está bien así como esta. Solo convivo con el inútil de Jonathan por Haruno, pero de ahí en mas no quiero verlo ni en pintura."

 

"—Pero estabas muy bien estos días anteriores conviviendo con él. ¿Qué paso entonces?"

 

"—Nada ha pasado, simplemente me di cuenta de que Jojo y yo solo peleamos cuando estamos juntos, así que lo mejor es no verlo."

 

"—¿Hasta cuando seguirás con esta farsa, Dio?”

 

Dio rodo los ojos, enfadado. “—No es ninguna farsa, Enrico. Todo esto lo hago por los cinco millones que Joseph Joestar me ofreció a cambio de dejar que su hermanito viera a mi hijo. Además, incluso aunque me de el dinero, yo Dio sigo teniendo la custodia de Haruno y solo le dejare verlo de vez en cuando. Al final yo gano en todos los aspectos…”

 

Hablo orgulloso el rubio.

 

“—¿En verdad vas a ser feliz con eso?”

 

Dio oscureció su expresión. “—Por supuesto, Enrico.”

 

Escucho un suspiro por parte de su amigo. “—Sea cual sea tu decisión, te apoyare Dio. Sin embargo, creo que deberías comenzar a ser más honesto contigo mismo. Solo de esa forma alcanzaras la felicidad que tanto anhelas…”

 

Dio no dijo nada. Sabia que discutir no serviría de nada. Ya luego lidiaría con Pucci si descubría si le había contado algo a Jonathan o no…

 

 

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Habían pasado algunos días. Jonathan solo había visitado dos veces a Haruno el resto de la semana, debido a su exceso de trabajo, sin embargo, no se había encontrado con Dio ni una sola vez. Esto a la vez fue bueno, ya que así se dio a la tarea de investigar más a fondo sobre el rubio. Claro que solo encontró información externa, y efectivamente comprobó lo que le había dicho aquel sacerdote. Según conocidos de su padre George Joestar, afirmaban que George había aceptado “adoptar” a Dio en su familia después de la muerte de Dario Brando, ya que este hombre era en realidad un alcohólico violento que solo le hacia daño a su familia, incluido a Dio.

 

Jonathan nunca se había enterado de esto. Según George Joestar, había adoptado a Dio ya que era un joven muy sobresaliente y quería darle una oportunidad. Ahora que lo pensaba mejor, quizás Dio le pidió que no mencionara sobre su pasado y su antigua familia…

 

Todo tenia sentido de cierta forma. Según su amigo el sacerdote, Dio tenia miedo de volverse en un hombre como su padre… Aunque Jonathan sabia que eso nunca pasaría, ya que Dio adoraba a su hijo. Aun así, estaría dispuesto a hacerle ver al rubio que el no era un mal padre.

 

Jonathan no estaba satisfecho, quería saber más de Dio. Aunque dudaba que lo supiera por el mismo Dio…

 

 

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Jonathan no era la persona con el sueño más ligero del mundo, por el contrario, una vez que caía dormido era muy difícil despertarse hasta que la alarma de su teléfono lo despertaba y se levantaba para ir al trabajo. Sin embargo, hoy fue la excepción.

 

Entreabrió ligeramente los ojos cuando la música proveniente de su celular logro despertarlo. En lo que asimilaba las cosas noto que aún estaba muy oscuro, por lo que aún no era su hora de levantarse, así que le pareció más extraño aún.

 

Miro el número que aparecía en pantalla, no era otro más que Dio. A Jonathan le extraño esto, pero aún así contestó.

 

"—¿Si, Dio?"

 

"—Jojo..."

 

La línea quedó en silencio, solo se escuchaba la respiración de Dio.

 

"—¿Dio?"

 

"—Haruno..."

 

Jonathan trago saliva.

 

"—¿Qué pasa con Haruno?"

 

"—Tiene mucha fiebre Jojo... Ya llamé a un médico, pero joder, no sé qué hacer..."

 

Dio se escuchaba desesperado, muy lejos a ese tono frío de costumbre. A Jonathan no le dio tiempo de asimilar las cosas, de inmediato se puso de pie.

 

"—En seguida voy Dio, tranquilízate por favor"

 

Escuchó un ligero "si" por parte de Dio, corto la llamada y rápidamente se vistió con lo primero que encontró. Joder, hoy no había visto para nada a su hijo, ¿Como es que ahora el bebé tenía fiebre? No quería ni imaginarse el dolor que tenía su bebé, le dolía incluso pensarlo. Rápidamente tomo las llaves de uno de los autos y subió a él, manejando más rápido de lo normal hasta llegar a casa de Dio.

 

Entro rápidamente, ni siquiera saludo a ninguno de los empleados de Dio. Subió hasta la habitación del bebé y al entrar la primera imagen que capto fue la de Dio con una mano en la cabeza, caminando de un lado a otro y después escucho el llanto de su hijo, quien en estos momentos estaba siendo atendido por un médico. Haruno lloraba fuertemente, lo que preocupó inmediatamente a Jonathan. El bebé sollozaba constantemente, como si se quejara. Escucho al doctor tratar de calmarlo.

 

Sin embargo, su mirada se desvío un poco y se encontró con Dio, quien se veía más que nervioso, mirando fijamente a su hijo. Dio parecía más pálido de lo normal y su mirada también reflejaba lo nervioso que estaba. Jonathan se acercó a él.

 

Puso su mano en el hombro del rubio, quien lo miro por unos segundos y después volvió la mirada hacia donde su hijo otra vez.

 

—No sé lo que paso... Yo... Haruno estaba perfectamente bien por la tarde... Pero después no supe que paso...

 

Dio daba largas pausas entre las frases al hablar. Su voz temblaba y respiraba profundamente.

 

Jonathan, con su mano aún en el hombro de Dio, lo acarició suavemente. —Todo estará bien...

 

Dio ni siquiera se esforzó en responder, su mirada seguía fija en Haruno, quien se había tranquilizado un poco, pero seguía llorando.

 

Pasaron unos minutos, los cuales fueron eternos tanto para Jonathan como para Dio, y el medico al fin les dio un diagnóstico.

 

—Al parecer su hijo ha tenido un pequeño resfriado, sin embargo, ya que sus defensas están algo bajas, se manifestó en forma de una fiebre.

 

—Pero... —Dio sentía un nudo en la garganta que muy y apenas le permitía hablar. —¿Se pondrá bien?

 

—Les repito que afortunadamente solo fue un pequeño resfriado. Sin embargo, es muy importante estar al pendiente de la salud de Haruno, sobre todo porque me veré en la necesidad de darle algunas vitaminas para reforzar su sistema inmunológico.

 

Jonathan asintió. —Haga lo que sea necesario, doctor.

 

El medico tomo al bebé en sus brazos, quien seguía llorando, pero de forma más silenciosa, como si se hubiera cansado de tanto llorar, y después se lo paso a Dio, quien de inmediato lo tomo en sus brazos y lo pego a su pecho, tratando de calmarlo.

 

—Le daré también unos cuantos medicamentos, por el momento sería bueno darle un baño con agua tibia para bajar un poco la fiebre y después de eso abrigarlo muy bien, para evitar que el resfriado se vuelva más fuerte.

 

Jonathan era quien estaba acatando todas las indicaciones del médico, procurando seguirlas al pie de la letra.

 

—Aun así es mejor que mañana vayan al hospital pediátrico, de esta forma podremos determinar un mejor diagnóstico y sus respectivas acciones a tomar.

 

—Por supuesto, doctor.

 

—Lo mejor será que el bebé descanse, ha sido un día muy malo para él... Y estoy seguro de que para ustedes también.

 

Jonathan solo asintió, aunque cuando volteo a ver a Dio solo se encontró con que el rubio seguía abrazando a su hijo.

 

Jonathan acompaño al médico hasta la puerta de la mansión, pago por su servicio y agradeció. Una vez hecho esto, aprovecho para respirar profundamente mientras recargaba su frente en la pared.

 

Aunque su postura seguía intacta, manteniéndose serio y tranquilo, la verdad era que este asunto lo tenía muy nervioso. Era la primera vez que veía enfermarse a un bebé. Recuerda vagamente cuando Jotaro era pequeño y se enfermaba, pero vivirlo ahora y que fuera precisamente Haruno, su hijo, quien estaba en esta situación, en verdad lo ponía contra la pared.

 

En verdad no podía describir lo horrible que fue para él ver a su hijo llorar y no poder hacer nada al respecto para ayudarlo.

 

Si por él fuera, tomaría todo el dolor que siente Haruno, con tal de que su hijo no sufriera para nada.

 

Respiro profundamente unas cuantas veces más, asegurándose de calmarse lo suficiente antes de subir nuevamente a la habitación del pequeño Haruno.

 

Antes de entrar, y al parecer cuando Dio aún no se percataba de su presencia, logro escuchar decir al rubio varios "perdón, perdón, perdoname Haruno, todo fue mi culpa. Es mi culpa que tu estés asi…". Jonathan trago saliva, si él la estaba pasando mal por todo este asunto de Haruno, no quería pensar cómo se sentía Dio al respecto. Pensar que fue Dio quien descubrió que Haruno tenía fiebre, pensar que fue Dio quien estuvo tratando de calmar al bebé sin éxito alguno, asustándose de no saber que pasaba...

 

Dio en serio debió de estar desesperado como para hablarle a Jonathan para que fuera…

 

Sintió un nudo en la garganta, pero no era momento de quebrarse, debía ser fuerte. Entro a la habitación, llamando la atención del rubio.

 

—Es mejor darle un baño ahora, para que así pueda descansar mejor.

 

No recibió respuesta del rubio, ya que solo asintió con la cabeza. Jonathan entonces se apresuró a sacar la bañera del bebé y también trajo agua caliente y un poco de fría, procurando equilibrar la temperatura hasta que quedara tibia. Una vez que llego a la temperatura ideal, le aviso a Dio y este desvistió al menor, para posteriormente sumergirlo en la bañera suavemente.

 

Ninguno de los dos adultos estaba hablando. Dio se había quedado parado observando, mientras Jonathan era quien estaba bañando al menor. Esparcía el agua tibia por todo su cuerpo. El pequeño ya no lloraba, pero tenía sus ojitos hinchados por tanto llorar. Jonathan sintió de nuevo un nudo en su garganta.

 

—Mi niño, te vas a poner bien, lo prometo. —acaricio un poco los mechones de cabello rubio de Haruno.

 

Una vez pasados unos minutos, Jonathan saco a Haruno de la bañera y lo recostó en la cama para secarlo, vestirlo y abrigarlo bien. Para entonces al bebé parecían pesarle los párpados, ya que se estaba quedando dormido sin necesidad de que alguno de sus padres lo arrullara. Aun así, Dio lo cargo y lo meció un poco, ayudando así a que el pequeño se quedara dormido más rápido.

 

Cuando lo consiguió, Dio lo llevo hasta su cuna y lo recostó en el centro, procurando colocar almohadas a su alrededor y arroparlo bien.

 

Una vez hecho esto, Jonathan escucho como Dio exhalaba el aire pesadamente, como si una parte de él se sintiera más tranquilo, aun así, se quedó quieto a un lado de la cuna de Haruno, mirándolo fijamente.

 

Entonces Jonathan se levantó y fue hasta donde estaba el rubio.

 

—Deberías descansar un poco, Dio. —hablo en voz baja para no irrumpir el sueño de su hijo.

 

El rubio ni siquiera volteo a verlo, seguía prestando atención solamente a Haruno, aun así, se dignó a responder.

 

—No necesitó descansar, Jojo. Estaré cuidando a Haruno toda la noche si es necesario...

 

Jonathan ya esperaba una respuesta como esa, pero era más que obvio que Dio estaba cansado, y lo más sensato era que durmiera, aunque sea un poco.

 

—Yo lo cuidare, tu descansa.

 

Dio entonces volteo a mirarlo. —¡Ya te dije que yo lo hare! ¡No dejare que nada malo le pase a mi hijo otra vez!

 

Jonathan entonces pudo observar que los ojos de Dio estaban algo hinchados. ¿Había llorado?

 

—Dio... —Jonathan se acercó al rubio y coloco su mano en el hombro de Dio. —Nada de esto fue tu culpa Dio, deja de sentirte culpable al respecto...

 

Dio volvió a mirarlo. —¿Qué?

 

—Esto no es tu culpa, Dio. No eres un mal padre y nunca lo serás. Deja de pensar que te convertirás en la sombra de tu padre.

 

Dio entonces abrió los ojos como platos. —¡Tú! ¿¡Como mierda sabes de mi padre!? ¿Enrico te lo dijo, cierto? Lo sabía...

 

—Dio. —Jonathan apretó más su agarre de los hombros de Dio, haciendo que quedaran frente a frente. —No importa quién o porque me lo haya dicho. Lo único que quiero es que dejes de culparte por esto. Vi como estabas cuando el medico revisaba a Haruno. Yo también estaba nervioso, pero esto no es culpa de nadie. Ambos sabemos que esto es algo que podía pasar, nadie está exento de una enfermedad y desgraciadamente nuestro hijo tampoco.

 

Dio apretó los dientes. —¿A qué quieres llegar con esto, Jojo? Si quieres restregarme la mierda de padre que tuve a comparación del tuyo, adelante, ¡Dímelo!

 

Jonathan tomo por los hombros a Dio y lo acerco a él.

 

—Nunca me burlaría de ti Dio. Al contrario, me preocupó por ti. Y por eso mismo te digo que tú eres tú y tu padre es tu padre. Dos personas completamente distintas. Deja de vivir con un trauma de pasado, tú eres diferente. Adoras a Haruno y Haruno te adora. ¡Eres un excelente padre, Dio! Te preocupas por Haruno y lo protegerás de todo lo malo. Yo sé que estas muy preocupado por nuestro hijo, y yo también lo estoy, por eso te digo esto, porque sé que eres una gran persona, tú no eres Dario Brando, ni siquiera una parte de él. Tú eres Dio, un excelente abogado, un hombre exitoso y sobre todo un gran padre de este hermoso bebé... Creo que incluso mejor que yo... —se revolvió el cabello cuando menciono lo último.

 

Dio no dijo nada. No solo porque había mencionado a aquel bastardo que, para su desgracia, había sido su padre. Dio en verdad odiaba hablar de su pasado... Pero las palabras de Jonathan le relajaban el alma...

 

Ciertamente no podía hacer nada más que culparse por el hecho de que Haruno estuviera enfermo. Si lo hubiese cuidado mejor no estaría así... ¿No lo convertía eso en un mal padre?

 

—¿Tanto te dijo Enrico sobre mí? —Le pregunto nervioso. Jonathan ahora sabia que su infancia había sido una mierda, al igual que su padre… Un pasado que odiaba y que desearía borrarlo de su memoria.

 

Jonathan trato de ver a los ojos al rubio, pero este se negaba.

 

—No exactamente... Yo investigue algunas cosas por mi cuenta...

 

—Ya veo...

 

Dio no sabía que decir en realidad. Nunca hablaba de su pasado, mucho menos de sus miedos. Y justo ahora Jonathan había encargado con sus dos peores miedos: convertirse en un hombre como lo fue Dario Brando, una mierda de padre y de persona; y el perder a Haruno.

 

—Te prometo que no dejaré que nada le pase a Haruno, Dio. Tu y yo lo cuidaremos bien, siempre...

 

Dio solo asintió. Jonathan al igual que él, se preocupaba demasiado por Haruno, una pequeña parte de él se alegraba por eso.

 

—Yo... No quiero hablar sobre mi padre. —fue lo único que atino a decir, aunque era la verdad.

 

—Ni yo. Solo quería hacerte saber que eres diferente a él. Y si quieres más pruebas, solo mira a nuestro Haruno.

 

Dio acaricio suavemente la mejilla del bebé, cuando estaba con él, sus miedos desaparecían por completo...

 

—Ve a descansar, Dio. Yo lo cuidare bien, te lo juro.

 

Dio se estremeció un poco, ¿en serio podía dormir tranquilo sabiendo que su hijo se podría poner mal en cualquier momento? Por supuesto que no podía. Pero Jonathan lo cuidaría... ¿Podía confiar en Jonathan?

 

Desgraciadamente, una parte de él si confiaba en él...

 

Dio se acercó a besar la frente del menor antes de susurrar algo como "descansa". Cuando se levantó miro a Jonathan.

 

—Cuídalo bien. —le dijo amenazante.

 

El moreno asintió. —Lo hare.

 

El rubio solo afirmó con la cabeza y estaba a punto de irse cuando Jonathan lo tomo del brazo.

 

—Dio... Yo... En verdad me preocupo por ti. Así que... No dudes en contarme tus problemas. Yo siempre te apoyare...

 

El rubio trago saliva. —No necesitó tu ayuda, Jojo...

 

—Pero yo, aun así, estaré ahí para ti... —revolvió un poco el cabello del rubio. —En verdad te aprecio, Dio.

 

Dio desvío la mirada. —Buena noche.

 

Finalmente se soltó del brazo del más alto y salió de la habitación. Escuchó un leve "descansa" antes de salir. ¿Como mierda pretendía que descansara después de todo lo que le había dicho?

 

¿Y que con ese "en verdad te aprecio"?

 

¿Te aprecio? ¿Como amigo? ¿Como hermano? Negó con la cabeza, no podía ser como otra cosa, ¿Verdad?

 

Debido a que tenía mucho sueño pudo quedarse dormido rápidamente, sin embargo, la voz de Jonathan Joestar seguía en su mente.

 

¿Podía confiar en él?

 

Chapter Text

"Dio..."

 

Su voz... Esa maldita voz... Lo perseguía hasta en sueños...

 

"Dio..."

 

¿Pero por qué su nombre se escuchaba tan malditamente bien con esa voz?

 

"Dio... Yo realmente te aprecio, Dio..."

 

¿Por qué no podía sacarlo de sus pensamientos?

 

"Dio..."

 

—Dio. Dio, despierta.

 

Con pesadez, el rubio se vio interrumpido de su sueño y abrió los ojos lentamente, tratando de descifrar lo que ocurría a su alrededor.

 

—Dio.

 

Esa voz... ¡Jonathan!

 

Dio se levantó de golpe cuando su vista se aclaró y le permito ver frente a él al mismísimo Jonathan Joestar.

 

—¡Tu! ¿¡Qué diablos haces en mi habitación!?

 

Dio lo miro con el rostro levemente sonrojado y la expresión de entre nerviosismo y molestia.

 

—Solo venía a despertarte, Dio. El desayuno ya está listo. ¿Qué tal descansaste?

 

Dio aún estaba asimilando la situación. Él recién levantado, Jonathan frente a él, Jonathan en su habitación, Haruno... ¿Haruno?

 

—¡Haruno! ¿¡Como esta!? —dejo completamente de lado el hecho de que la persona que menos quería estaba en su habitación cuando recordó a su pequeño bebé y el día tan terrible que había sido ayer... Dio se levantó de golpe cuando recordó a su hijo, lo que ocasiono que la cabeza le punzara fuertemente.

 

Jonathan de inmediato colocó sus manos en los hombros de Dio y lo hizo regresar a sentarse en la cama.

 

—Tranquilo, es malo levantarse así de rápido por la mañana... —le dijo el de cabello oscuro. —Haruno está mejor. Se despertó como a las 5 am con hambre. Le di un biberón con leche y volvió a dormir. La fiebre ya le ha bajado, pero aun así es mejor llevarlo al doctor nuevamente...

 

Dio, quien aún sentía la fuerza de Jonathan sobre sus hombros, se sintió más tranquilo al escuchar eso.

 

—Ya veo... —incluso podía decir que sus músculos se relajaron de alivio al saber que al menos su hijo ya no tenía fiebre. Probablemente necesitaría tomar una buena copa de vino una vez que se solucionara este asunto.

 

—Podemos llamar al médico una vez que termines de desayunar.

 

Dio se giró a mirar su celular, que marcaba las 9:30 de la mañana. Se molesto por levantarse tarde de nuevo.

 

—Está bien, pero si quieres que sea rápido entonces lárgate de mi habitación para poder vestirme. —ordeno el rubio.

 

—¡Oh, si! ¡Lo siento!

 

Jonathan lo soltó y se apresuró a salir de la recamara del rubio. Una vez que se fue, Dio suspiro tranquilamente. De nuevo Jonathan estaba cada vez más cerca de él, lo cual le molestaba... ¿Es que cada vez que intentara alejarse de él habría una fuerza que de atracción que nuevamente los volvería a juntar? Claro que esta situación había sido por su hijo, pero eso no justificaba que Jonathan personalmente entrara a su habitación —irrumpiendo su espacio y privacidad — para despertarlo. Bien podría haberle dicho a Vanilla Ice que lo hiciera...

 

Dio rodó los ojos y se apresuró a vestirse. Tomo un pantalón de vestir negro y posteriormente se colocó una camisa del mismo tono, haciendo juego con una corbata de color escarlata. Le gustaba vestir elegante —buenas costumbres que George Joestar les había dejado a Jonathan y a él—.

 

Dio nuevamente giro los ojos, ¿Por qué siempre que pensaba en algo tenía que estar Jonathan ahí?

 

Una vez que se lavó la cara y se acomodó el cabello, Dio antes de bajar a desayunar, fue a hacer algo mucho más importante: ir a ver a Haruno.

 

Llego a la habitación y abrió la puerta suavemente, no solo para no hacer ningún ruido al pequeño niño, sino también para evitar que alguna corriente de aire entrara a la habitación.

 

No le sorprendió mucho ver que Jonathan Joestar seguía en la habitación de Haruno, cuidándolo. Jonathan no se percataba aun de la presencia del rubio, por lo que Dio pudo alcanzar a notar como a Jonathan le pesaban los ojos, luchando un poco por mantenerlos abiertos. Era más que obvio que no había dormido en toda la noche.

 

—¿Esta dormido?

 

La voz de Dio hizo que la lucha de Jonathan entre permanecer despierto o quedarse dormido terminara. De inmediato Jonathan recupero la compostura y le devolvió la mirada a Dio.

 

—¡Oh, si! Solo hace unas horas despertó para comer, pero volvió a quedarse profundamente dormido... Esta muy cansado, necesita descansar.

 

"Tu también" pensó Dio, pero antes de que pudiera decirlo, lo pensó dos veces, negándose a dar a entender que le preocupaba el mayor de los Joestar.

 

El rubio se acercó hasta la cuna del bebé y suavemente paso uno de sus dedos por la frente del pequeño rubio, tratando de percibir la temperatura del menor. Afortunadamente, y como había dicho Jonathan, la fiebre ya había bajado considerablemente.

 

—Ve a desayunar, Dio, la comida se enfriará. —sugirió Jonathan.

 

Dio lo volteo a ver con cara de "no me des ordenes"

 

—Bueno... Si quieres... —se corrigió el de cabello oscuro.

 

Dio lo miro. —No pienso dejar solo a mi hijo, ve tú si quieres. Es más que obvio que no has desayunado y no quiero que esa comida se desperdicie.

 

Jonathan sonrió un poco. —Nah... No tengo hambre. Igual no pienso despegar la vista de Haruno hasta que él esté bien...

 

Dio iba a renegar que se fuera de una maldita vez a desayunar, pero sabía que sería inútil, por lo que bufo por lo bajo y se resignó.

 

—Joder, no pienso desperdiciar esa comida... —Dijo Dio mientras caminaba hacia afuera de la habitación. Jonathan lo miro algo confundido, pero no dijo nada.

 

No paso ni siquiera un minuto cuando Dio regreso. —Bien. Si nadie va a bajar a comer, entonces traerán el desayuno hasta acá.

 

Jonathan solo asintió, estaba de acuerdo ya que al parecer ninguno pensaba separarse de su hijo. Un poco retirado de la cuna de Haruno, había una pequeña mesita y aun lado estaban dos sofás, por lo cual era adecuado para al menos comer un ligero desayuno.

 

Un poco después entraron Mariah y Vanilla Ice con el desayuno, que al parecer era un plato de Hot Cakes con jugo de naranja y fruta de postre.

 

Ambos agradecieron y los empleados de fueron. Jonathan lo había pensado desde la otra vez que se había quedado a comer en casa de Dio: al parecer Dio tenía una dieta muy balanceada dado al tipo de comida que preparaba su chef. Quizás por eso Dio se mantenía en forma, a la vez que tenía un cuerpo bello y esbelto...

 

Jonathan casi se ahogaba con la comida. Joder, estaba aquí para cuidar a su hijo, no para pensar ese tipo de cosas sobre Dio. Además, su relación de convivencia era sólo por Haruno, sobre todo por Dio, con quien sabía que era difícil convivir.

 

—Mierda, deja de hacer ruido Jojo, despertarás a Haruno... —Dio le miro mal.

 

Jonathan se disculpó y siguió comiendo en silencio. Al menos Dio no había mencionado nada acerca de su conversación de ayer. Aunque claro, tratándose de Dio, probablemente lo olvidaría o no volvería a decir nada al respecto. Es por eso que Jonathan no se esforzaba en intentar algo más... Aunque le doliera, si no había respuesta por parte de Dio no valía la pena si quiera intentarlo. Además de que Dio era muy temperamental y probablemente se molestaría e involucraría el asunto de la custodia de Haruno...

 

Diablos, era tan complicado todo este asunto. Lo que lo hacía peor eran sus aun existentes sentimientos por dio. ¿Como podías seguir amando a una persona que te ha hecho daño?

 

Esa misma pregunta se la había hecho durante los últimos cuatro meses, pero desde su plática con el amigo de Dio, Enrico Pucci, su punto de vista había cambiado drásticamente. Quizás Dio tenía motivos para comportarse así. Uno de ellos era el miedo de ser mal padre para Haruno y de perderlo.

 

Sin embargo, no eran motivos suficientes para arriesgarse a volver a intentarlo con el rubio.

 

—¿Vas a comer o qué?

 

De nuevo la voz de Dio lo saco de sus pensamientos. Al parecer se había quedado tan metido en sus pensamientos que ni siquiera siguió comiendo, solo se quedó observando du plato.

 

—Si no pensabas comer entonces lo hubieras dicho. Odio que se desperdicie la comida, tú no sabes lo horrible que es no tener nada que comer.

 

Jonathan lo miro sorprendido y dudó si preguntar o no, pero al final lo hizo.

 

—Dio tu... ¿Alguna vez pasaste hambre?

 

En realidad, sabía que probablemente Dio no le respondería, pero aun así decidió preguntar.

 

Para su sorpresa, Dio respondió. —Si.

 

Jonathan trago saliva. Entonces era ese el motivo por el que Dio odiaba que la gente desperdiciara la comida... Claro, cuando careces de algo es cuando te das cuenta del verdadero valor que tiene.

 

—Mi padre era un estúpido alcohólico que malgastaba en alcohol todo el dinero que mi madre ganaba... Mi madre y yo teníamos que aguantar el hambre...

 

Jonathan no dijo nada, no sabía si era porque no sabía que decir, o por temor a la reacción de Dio si comentaba algo al respecto.

 

—¿Sabes por qué te cuento esto, Jonathan?

 

Jonathan lo miro, sabía que Dio estaba enojado si le llamaba por su nombre en vez de por su apodo "Jojo".

 

—Para que dejes de entrometerte en vidas ajenas y estar preguntándole a otros sobre mi vida...

 

Así que era eso. Al parecer Dio estaba molesto por todo lo que Enrico le había contado a Jonathan...

 

—Dio esa no era mi intención...

 

—¿Entonces cual era? ¿Burlarte de mí?

 

Jonathan negó con la cabeza. —Por supuesto que no Dio, jamás me burlaría de ti. Es solo que me di cuenta de que en realidad no sé nada de ti...

 

—No es como si fuera diciéndole a todos sobre mi vida, Jojo.

 

—Lo sé, lo se… pero sería bueno que de vez en cuando fueras más honesto, Dio. Yo... Siempre estaría aquí para ayudarte.

 

—No necesito tu ayuda.

 

—Pero yo estaría gustoso de ayudarte.... Solo llámame y yo estaré ahí para ti.

 

Dio no respondió, como Jonathan lo esperaba. Sabía que si seguían así el ambiente se iba a poner más tenso, así que solamente decidió cambiar el tema.

 

—¿Por qué no hablamos de algo más antes de que llegue el doctor?

 

Jonathan corrió el riesgo de morir ignorado, pero para su sorpresa Dio hablo.

 

—¿De qué quieres hablar?

 

Aunque su voz se escuchó desganada, Jonathan se alegró de que al menos Dio siguiera la conversación.

 

—Mmm, ¿Por qué no hablamos de Haruno? Creo que es de lo único que podemos hablar sin pelear... —lo último lo dijo en voz baja.

 

—¿Haruno? —Dio lo miro con un poco de curiosidad. —¿De qué quieres hablar de él? ¿Sobre lo mucho que se parece a mí? —dijo Dio en tono burlón.

 

"También se parece a mí" pensó Jonathan. Pero si decía eso probablemente iniciarían otra discusión y no quería despertar a Haruno.

 

—Ummm, ya se ¿Por qué elegiste el nombre de Haruno? Tuve esa duda desde que volviste...

 

Dio se encogió de hombros —Lo leí en un libro de Japón, uno de los personajes se llama así y me gusto ese nombre.

 

—Ya veo...

 

—¿Qué, no te gusta?

 

Jonathan negó con la cabeza. —¡Claro que me encanta! Es muy bonito. Solo que yo tenía en mente un nombre diferente para cuando tuviera un hijo...

 

Por la mente de Dio nunca había pasado la idea de tener un hijo, pero al parecer a Jonathan sí. Esto le dio un poco de curiosidad al rubio.

 

—¿Que nombre tenías en mente?

 

Jonathan se colocó una mano en el mentón, pensando.

 

—Siempre me gusto un nombre italiano, como Donatello. O quizás Rikyel...

 

—Ya veo...

 

Jonathan se encogió de hombros. —Pero no importa, me encanta el nombre de Haruno.

 

—A mi igual. Por algo decidí llamarlo así.

 

De nuevo se quedaron en silencio, hasta que Dio volvió a hablar.

 

—¿Que? ¿No vas a hablar más?

 

Jonathan en seguida lo miro. —Umm bueno, estaba pensando, yo...

 

—Solo dilo.

 

—Yo... Quiero saber sobre tu embarazo. Nunca supe ni siquiera donde o como estabas...

 

Dio trago saliva. No era nada malo hablar sobre eso, ¿O sí?

 

—¿Qué quieres saber?

 

Jonathan parecía haber sonreído un poco cuando Dio no lo insulto o algo por el estilo por haber preguntado eso.

 

—Ummm, ¿Cuándo te enteraste?

 

Dio no lo miraba al responder. —Cuando tenía 8 semanas.

 

—¿No tuviste síntomas?

 

Dio negó. —Solo tenía muchas náuseas...

 

—¿No tuviste antojos?

 

Dio lo miro. —¿Que?

 

—Leí que durante el embarazo se suelen tener antojos...

 

Dio asintió. —Si.

 

Al parecer a Jonathan le brillaron los ojos de emoción. —¿En serio? ¿Que se te antojaba?

 

Dio lo miro mal, ¿Como podía emocionarse este tipo por algo así?

 

—No lo sé... Chocolates...

 

Jonathan sonrió. —Eso significa que a Haruno le van a gustar mucho los chocolates.

 

Dio rodo los ojos. —¿Algo más?

 

—¿Tuviste algún problema durante tu embarazo?

 

Dio en arco una ceja. —¿Te lo dijo Enrico?

 

Jonathan trago saliva al verse descubierto, pero antes de que pudiera hablar Dio lo interrumpió.

 

—Solo fue una vez, y fue porque estaba demasiado estresado, fuera de eso tuve un embarazo tranquilo.

 

—Ya veo... Me alegro de que no te haya pasado nada...

 

—¿Algo más?

 

Jonathan dudo su preguntar o no, pero que más daba, al final lo hizo.

 

—¿Por qué te fuiste?

 

Dio lo miro desafiante. —Creí que solo hablaríamos de Haruno.

 

—Lo sé, pero en verdad tenía dudas sobre eso...

 

Dio pensó muy bien sus palabras antes de hablar. —Fui para poder obtener mi titulo para ejercer como abogado. Es todo.

 

Jonathan rio por lo bajo. —Creí que huías de mi...

 

—¿Por qué habría de huir de ti?

 

Jonathan se encogió de hombros. —Bueno, me ocultaste que íbamos a tener un hijo... No está de más pensar eso…

 

Dio solamente giro su rostro hacia otra parte, negándose a responder.

 

—Pero bueno, eso no importa. Lo importante es que volviste y me diste la oportunidad de conocer a mi hijo. Te agradezco por eso, Dio.

 

—Si, si, como sea...

 

—¿Que pensaste cuando nació Haruno?

 

Era la primera pregunta que desconcertaba a Dio. ¿Qué sintió cuando nació Haruno? Miedo... Mucho miedo....

 

—¿Tuviste miedo?

 

¿Es que acaso podía leer su mente?

 

—Un poco... —dijo en voz baja.

 

—¿Por qué?

 

Dio lo miro mal. —Me lo acabas de echar en cara, ¿No? Por miedo a convertirme en la escoria de padre que tuve.

 

—Eso no pasara, Dio...

 

—¿Que te hace estar tan seguro?

 

Jonathan se rasco un poco la frente. —Bueno mi padre era muy inteligente... Y aun así yo salí un poco torpe.

 

Dio lo miro y soltó una pequeña risita. —¿Un poco? Demasiado diría yo... Aunque creo que, si es así, supongo que puedo creerte...

 

Jonathan también rio, era imposible no sonreír después de ver al rubio sonriendo.

 

—Yo... En verdad apreciaba a tu padre. Él me saco del infierno donde vivía.

 

La voz de Dio de inmediato llamo su atención. Iba a interrumpir, pero prefirió que Dio siguiera hablando.

 

—No tengo idea de qué favor le haya hecho el imbécil de mi padre al tuyo, pero gracias a eso George Joestar me aceptó como parte de su familia y gracias a él es que soy lo que soy ahora.

 

—Si... Creo que yo también le agradezco. Porque gracias a papá te conocí a ti...

 

Dio sintió que las mejillas se le ponían rojas y Jonathan sintió lo mismo.

 

—Y si no te hubiera conocido, ni tendríamos a Haruno jeje... Es lo que quise decir... —Corrigió Jonathan nervioso.

 

—Al parecer fue lo único bueno que hiciste conmigo, Jojo…

 

Ninguno de los dos dijo nada, pero el ambiente ya no era incomodo, por el contrario, el silencio que ahora había era tranquilo. Probablemente se debía a que se la habían pasado hablando de su hijo que, según Dio, era lo único que tenían en común.

 

No pasaron mas de 10 minutos cuando el medico llego y comenzó a revisar a Haruno. El pequeño se quejo porque lo despertaron de su profundo sueño, pero después se tranquilizo y estuvo realmente quieto mientras checaban sus puntos vitales. Fueron los 20 minutos mas largos para Jonathan y Dio, hasta que el medico confirmo que el niño ya se encontraba mejor pero aun así debía seguir en observación por unos días.

 

A ambos padres se les quito un peso de encima, y se miraron. No dijeron nada, pero con mirarse basto para compartir el alivio y la alegría de que su hijo ya se encontraba mejor.

 

Mientras ellos vivieran, no dejarían que a su hijo le pasara algo malo…

Chapter Text

Cuando Haruno nació, Dio se preguntó que carajo iba a hacer con un bebé. Es cierto que ya había aceptado la idea de que ahora seria padre, pero una cosa muy diferente era pensar y otra cosa era la realidad. Haruno nació dos semanas antes de lo esperado, pero aun así no hubo complicaciones.

Cuando vio por primera vez a su hijo lo primero que se percato fue que su cabello era de un color rubio intenso, al igual que el suyo; claro que debido a que era un recién nacido solo eran unos cuantos mechones de cabello desordenado, pero le puso inmensamente feliz que el niño se pareciera a él. Claro que esa emoción duró hasta que vio la espalda del niño y miro la típica marca de nacimiento de los Joestar. Por un momento maldijo al padre del niño, pero todos los pensamientos negativos se esfumaron cuando Haruno abrió sus ojitos, revelando el color azul más hermoso que hubiera visto alguna vez.

Al principio, no mentiría si decía que fue el mes más estresante de toda su vida; y lo decía por el hecho de que nunca había cambiado pañales, nunca se había levantado mínimo 2 veces durante la madrugada porque el bebé estaba llorando y nunca imaginó lo complicado que era tener que cuidar a un bebé recién nacido.

Agradecía a su amigo Enrico, y a Mariah y Vanilla Ice, a los cuales conoció durante su estancia en Estados Unidos, porque ellos solían ayudarle a cuidar al pequeño Haruno. Dio, quien se aseguraba de dormir correctamente ocho horas al día, ahora tenía unas marcadas ojeras marcadas debajo de los ojos, que denotaban el cansancio.

Juro no tener más hijos...

Pero sin embargo había sido capaz de cuidar y sobrevivir a los casi cinco meses del nacimiento de Haruno. El pequeño ahora se movía más constantemente, lo que asustaba a Dio, ya que ahora tendría que tener más precaución con su hijo, ya que podría caerse de la cama o darse un buen golpe.

Por fortuna, su amiga Mariah era quien le ayudaba a cuidar de Haruno cada que Dio tenía trabajo.

Cabe destacar que justo hoy era el día libre de Dio, y al parecer Jonathan Joestar lo sabía.

Incluso si renegaba o le decía que ya tenía planes, sabía que Jonathan haría caso omiso. Así que se evitó todo el drama y acepto la idea de que tendría que soportar al mayor de los Joestar todo el día.

Había vestido a Haruno con un mameluco de color azul rey que tenía diseños de mariquitas por toda la prenda, además de un gorro del mismo color que solo dejaba ver unos cuantos de sus mechones rubios, y un chupón también en forma de mariquita.

Según Jonathan, llevaría el auto para que los tres salieran al parque o a comer. Dio aun no sabía porque había aceptado tan fácilmente. Normalmente hubiera dicho miles de veces que no, hasta que Jonathan se rindiera y dejara de insistir, pero al parecer hoy se encontraba de buen humor, que hasta aceptó.

—Bububu...

Dio volteo a ver a su hijo, el cual estaba sentado en la cama. Haruno ya se movía mucho más, incluso ahora había aprendido a sentarse y a mantener recta su espalda en el intento, sin embargo, el peso de su cabeza aún era una desventaja para el bebé, por lo que Dio solía poner una almohada en su espalda y unas cuantas, a su lado, para evitar que el bebé cayera de espaldas.

También solía balbucear varios sonidos, aunque eran pocos debido a su edad. Aun así, a Dio le encantaba oír balbucear a su bebé.

—¿Qué pasa? —Dio se acercó al bebé y se sentó frente a él. —¿Acaso estas feliz de que veras al inu... A Jonathan?

Dio omitió la palabra "inútil" con la cual se dirigía a Jonathan, pues había decidido no decir malas palabras en frente del pequeño rubio. Sin embargo, su semblante cambio cuando vio como el pequeño soltaba una pequeña risita.

—Bububu...

Según el pediatra, el bebé reaccionaba tanto a las voces de sus padres como al nombre de ellos, y al parecer Haruno ya reconocía el nombre de Jonathan, ya que cuando lo menciono el pequeño inmediatamente comenzó a reír felizmente.

—Si así te pones cuando escuchas su nombre no me quiero imaginar cómo vas a estar cuando lo veas...

El bebé siguió balbuceando algunas cosas no entendibles, haciendo que Dio le acariciará una mejilla.

—¿Pero me quieres más a mí que a él, verdad? —Dio pregunto mientras cargaba al bebé, aunque después le pareció un poco tonto hacerle ese tipo de pregunta a un bebé y sobre todos por sus celos tontos.

Sin embargo, Haruno sonrió y comenzó a hacer ruidos con sus labios.

—Tomare eso como un sí. —aseguro Dio después de darle un beso en la mejilla al menor. —Ahora veamos si el inútil... Bueno, tu padre ya está aquí.

Dio tomo también la mochila donde guardaba todo lo necesario para el bebé y bajo hasta el piso de abajo, donde pudo ver por la ventana que el auto de Jonathan ya estaba aparcado afuera de la casa, y a Jonathan recargado en el auto.

Dio rodo los ojos, pensando que hoy sería un largo día...

Lo primero que noto fue como su hijo se alborotaba y reía al ver a Jonathan y como el mayor de los Joestar corría hasta donde Dio y tomaba a Haruno en sus brazos, diciéndole lo mucho que lo había extrañado.

—Deja de estar de cursi y abre la puerta del auto para subir las cosas.

Jonathan dejo de besar las mejillas regordetas del menor. —Oh, si, es cierto.

Jonathan de inmediato se apresuró a abrir la puerta trasera del auto para que Dio subiera sus cosas pero de inmediato el rubio se percató que el asiento especial para bebés se encontraba en el asiento del copiloto.

—¿Por qué lo pusiste adelante? —pregunto Dio, algo desconcertado.

Jonathan entonces desvío la mirada un poco. —Ummm, bueno, este... Digamos que pensé que de última hora me ibas a cancelar o algo y pensaba solo ir con Haruno.

Dio enarco la ceja, bueno no podía decir que no era una posibilidad que al final se negara a ir.

—¿Y pensabas llevarte así nada más a mi hijo? Recuerda que sigo teniendo la custodia total hasta el momento, Jojo, y solo puedes salir con Haruno si tienes MI permiso. —dijo recalcando la última frase.

Jonathan suspiro. —Lo sé, Dio, solo olvidado por favor....

Dio rodó los ojos. —Ni pienses que te ibas a librar tan fácilmente de mí, Jojo. Así que tendrás que soportarme todo el día. —dijo mientras le quitaba el bebé a Jonathan.

Jonathan sonrió ligeramente mientras le daba la espalda a Dio para abrir la puerta delantera del auto y sacar de ahí la silla especial para niños y cambiarla hacia el asiento trasero.

Una vez hecho esto, Dio subió junto con Haruno al asiento del copiloto. Jonathan no miro entonces.

—¿No vas a dejar a Haruno en la silla que compre para él?

Dio lo miro mal. —No voy a dejar a mi hijo en eso. Es muy pequeño así que yo lo sostendré.

Jonathan no objeto nada, simplemente subió al asiento del piloto y se aseguró de que Dio se colocara el cinturón de seguridad.

Dio obedeció y se aseguró de cargar a Haruno de una manera que el bebé pudiera ver por la ventana.

Jonathan arranco el auto y comenzó a andar, estaban lejos de la ciudad por lo cual tenían tiempo de decidir a donde ir...

 

Dio comenzó a enfadarse. Miro el velocímetro del auto solo para percatarse que iban a 30 km/h en una zona que era de máximo 90 km/h. Y no solo eso, sino también que el auto se había apagado al menos unas dos veces. Se pregunto si en verdad Jonathan sabia manejar… Su paciencia termino cuando Jonathan freno poco a poco hasta detenerse en el acotamiento, a un lado de la carretera.
Dio sentía que la cabeza le punzaba, joder, ¿cómo puede ser tan estúpido?

—¿Joder Jojo, estas seguro que sabes cómo manejar? —el rubio miro con odio al mayor de los Joestar.

—L.lo siento, Di.Dio... Yo... en realidad nunca aprendí a manejar muy bien... —hablo nervioso y aferrándose al volante.

—Si. Ya me di cuenta de eso, un tramo de carretera que pudimos recorrer en 10 minutos, lo has hecho en 40 minutos, Jojo ¿¡Crees que tengo todo el día o que!?

Jonathan recargo su frente en el volante, sintiéndose derrotado. —Lo lamento, Dio. En verdad detesto arruinar esto...

Dio rodó los ojos. —Solo cállate y bájate de ese asiento.

—¿¡Qué!? Dio yo...

—¡Baja de ahí!

Jonathan asintió y bajo del asiento del piloto y fue hasta donde Dio. Dio abrió la puerta y le entrego a Haruno en sus brazos, hecho esto, Dio cambio de lugares con Jonathan y subió al lugar del piloto. El pequeño rubio comenzó a hacer pucheros y amenazo con llorar, a lo que Jonathan de inmediato comenzó a mecerlo para evitar que llorara. Recordó que al parecer al bebé no le gustaba ver pelear a sus padres...

—Dio... ¿Tu... Sabes conducir?

El rubio no lo miro, tenía la mirada fija al frente mientras arrancaba el auto. Avanzo un poco y eso fue suficiente respuesta para Jonathan, aunque aun así Dio habló.

—¡Por supuesto! ¿Insinúas que yo, Dio, no soy capaz de hacer algo tan simple como conducir un auto?

Jonathan solo sonrió. Claro que sabia que Dio era muy bueno para muchas cosas, no le sorprendía que también supiera conducir.

—¿Entonces a donde sugieres ir? —hablo Dio.

—Hummm —Jonathan miro hacia arriba, pensativo. —¿Qué tal si vamos al centro comercial? Tengo ganas de comprarle muchos juguetes a Haruno.

Dio se quedó pensando un poco. Ahora que lo pensaba bien no le había comprado ningún juguete al menor, de hecho el único que tenía era una pequeña sonaja que le había comprado Mariah. Además, Haruno ya casi tenía 5 meses por lo que ahora el pequeño comenzaría a desarrollar más sus sentidos, se volvería más inquieto y por lo tanto comenzaría a jugar y a querer conocer todo a su alrededor. Quizás no era mala idea.

—Está bien.

Jonathan solo asintió mientras jugaba con la manita de Haruno, quien había atrapado el dedo de Jonathan entre su diminuta mano.

Dio solo rodaba los ojos mientras Jonathan "hablaba" con Haruno, mientras el niño solo balbuceaba varios sonidos para nada entendibles. Jonathan decía cosas como "Si, hijo" o "Yo también te quiero" o "¿En serio? ¡Cuéntame más!"

Pero en realidad lo que más sorprendía a Dio, era que Haruno reía y seguía balbuceando como si en realidad estuviera hablando con Jonathan.

Dio dejo de pensar en eso y condujo hasta el centro comercial donde dijo Jonathan. El camino fue algo corto, por lo que en diez minutos ya estaban en su destino.

Dio estacionó el auto y bajo rápidamente para que Jonathan le diera al niño. Jonathan reclamo que él quería ir cargando a Haruno pero Dio simplemente lo ignoro y siguió caminando como si nada. Jonathan solo camino detrás de Dio.

Llegaron hacia una tienda que era especialmente de artículos para bebés. Jonathan sonrió nostálgicamente ya que recordó haber comprado en esa tienda unos cuantos mamelucos para Haruno y el peluche de mariquita la primera vez que Dio le dejo ver a su hijo.

También le dio un poco de risa pensar que la ropa que le había comprado a Haruno en ese entonces ahora ya no le quedaba. Al parecer el bebé estaba creciendo

—¿Y bien que piensas comprar? —la voz de Dio, como siempre, lo había sacado de sus pensamientos.

Jonathan tenía una gran sonrisa en el rostro, más bien la pregunta era: ¿Que no le pensaba comprar?

Dio y él fueron hasta él área de juguetes, donde Jonathan comenzó a elegir varios objetos, entre ellos uno de esos cubos que tenían orificios con formas geométricas para que él bebe eligiera la figura correcta e insertarla donde correspondía. También eligió un "gimnasio para bebés" que se trataba de un tapete para que el bebé se recostada y había varias figuras colgadas para que el niño jugara.

Dio por su parte miro algo más "tradicional" eligiendo unos cuantos peluches y muñecos pequeños. Cuando Dio volvió a girar la vista hacia Jonathan miro como el mayor ya tenía lleno el carrito de súper mercado de juguetes.

—¿¡En serio piensas comprar todo eso!?

Jonathan sonrió. —¡Claro que sí!

Dio rodo los ojos. —Vas a malcriarlo si le compras todo eso.

Jonathan negó con la cabeza. —No voy a malcriarlo, simplemente le comprare todo lo que quiera a este hermoso bebé. —dijo acariciándole la mejilla al pequeño rubio.

—Eso es malcriarlo, Jojo. —gruño Dio.

Jonathan suspiro. —Creo que más bien es un capricho mío. Jeje, mi padre no me compraba lo que quería a menos de que en verdad me lo mereciera...

Dio lo miro mal. —Mi padre nunca me compro nada.

Jonathan lo miro con cara de temor por haber arruinado así el ambiente al recordarle su infancia a Dio.

—Yo, lo siento Dio, no quise...

—Bueno mi padre nunca me compro nada, pero el tuyo sí. —dijo el rubio sonriendo ampliamente, presumiendo lo último a Jonathan.

Jonathan se quedó un poco boquiabierto. ¡Era cierto! George Joestar rara vez le compraba algo que en verdad quisiese, ¡pero a Dio siempre solía comprarle lo que quería!

—¡Oye eso no es justo!

Dio quiso soltar una carcajada al ver la expresión de entre tristeza y enojo de Jonathan. En verdad quería burlarse en su cara al respecto, pero se contuvo y simplemente se encogió de hombros.

—No es mi culpa que tu padre me apreciara más a mí que a ti.

Jonathan solo atino a rodar los ojos, cosa que sorprendió a Dio ya que era la primera vez que lo veía hacer dicha expresión.

—Como sea, mejor vayamos a pagar...

El más alto le dio la espalda y comenzó a caminar hasta donde estaban las cajas para pagar. Dio lo siguió riendo en silencio. Había olvidado lo divertido que era hacer enojar a Jonathan...

 

Después de haber llevado hasta el auto todos los juguetes que a Jonathan Joestar se le había ocurrido comprar, Dio lo esperaba bajo la sombra, ya que aclaro que él no iba a ayudarle a subir los juguetes al auto.

Jonathan regreso, con la respiración agitada y un poco de sudor en la frente. Dio giro la mirada hacia otro lado, negándose a verlo a los ojos.

—¿Que hacemos ahora, Dio?

El rubio, aun sin verle se encogió de hombros. —Se supone que tú fuiste el que planeaste esta salida, no yo.

Jonathan sonrió. —¡Entonces vayamos al parque!

Dio no se negó ni nada por el estilo, ni siquiera pudo negarse cuando Jonathan casi le arrebato a Haruno para llevárselo él. Solo bufo en rendición y siguió caminando junto con el Joestar hasta el parque.

Una vez que llegaron, Dio se sentó en el pasto y antes coloco una pequeña cobija que había traído para recostar a Haruno sobre esta. Acostó al niño boca arriba de modo que estiraba sus brazos y piernas hacia arriba y luego las dejaba caer de nuevo al suelo. Dio solo sonreía al ver la forma tan particular de divertirse de su hijo.

Jonathan regreso 2 minutos después y se sentó junto a Dio, ya que el rubio lo había mandado a comprar un par de bebidas. Jonathan había accedido gustoso.

—¿Te gusta el pasto, Haruno?

El bebé parecía atento mirando el verde pasto que estaba a su lado, como si fuera la cosa más sorprendente del mundo, quizás se debía a que era la primera vez que le veía tan cerca.

—Bububu… —balbuceo en respuesta.

—Me alegra que te guste. —dijo Jonathan mientras le acariciaba la mejilla a su hijo.

Dio rodo los ojos. —Hablas con él como si pudiera entenderte…

Jonathan lo miro. —¡Claro que lo hace! Bueno… al menos un poco. Leí que los bebes balbucean para llamar la atención de sus padres y que los pone felices que hablen con ellos.

—Ya veo…

Jonathan asintió y le dio a Haruno uno de los juguetes que le había comprado: Se trataba de un juego de llaves que eran de plástico y más grandes y coloridas en comparación a unas llaves normales. Haruno las tomo alegremente y las llevo directamente a su boca, como solía hacer con cualquier cosa que encontrara.

Jonathan estaba feliz de ver a su hijo jugar cuando escucho una leve risa. Le sorprendió más que esa risa se tratara de Dio.

—¿Estas bien, Dio?

Dio asintió, pero se llevo una mano al rostro cubriéndose la vista. —Nada, solo recordé que tu padre no te compraba nada de lo que querías y a mi si…

Jonathan lo miro mal. —¡Oye! Eso no es divertido…

—Para mí sí. —afirmo Dio, divirtiéndose de ver molesto a Jonathan.

—Tsk, eso era solo porque tu eras más disciplinado que yo… Es todo.

Dio rodo los ojos. —Si, aja. Todos sabemos que era porque tu padre me prefería más a mí que a ti…

Jonathan lo miro boquiabierto. —¡No es cierto! ¡Nos quería a los dos por igual!

—Si, si, si, lo que tu digas Jonathan. —Finalizo Dio. —Aunque lo que es cierto es que tu padre me prefería más a mí que a Joseph.

Jonathan sonrió por lo bajo. —Bueno, eso si es cierto. —rio mientras recordaba a Joseph decir que su padre siempre había preferido a Dio antes que a Jotaro y a él que eran sus hijos biológicos.

—Era obvio. Siempre seguí sus pasos y nunca lo desobedecí, a diferencia de otros…

—¿Qué? Mi padre era muy estricto, a veces era demasiado cansado hacer lo que él quería…

Dio lo miro mal. —Es porque eres demasiado débil, Jojo. No era tan difícil aprender a comportarte como un caballero, aprender francés e italiano y estudiar leyes al mismo tiempo.

—¡Eso lo dices porque tu eres muy bueno en todo! Yo siempre fui más torpe en esos aspectos, por eso desistí de estudiar leyes…

—Que débil eres… —Dio miro a Haruno. —Tu si serás un gran abogado, igual que yo…

Jonathan lo miro sorprendido. —¿Acaso quieres que Haruno estudie leyes también?

—Por supuesto. Es mi hijo después de todo, debe seguir mis pasos.

Jonathan negó. —Claro que no. Él heredara la empresa Joestar, como el primogénito de la familia. —dijo orgulloso.

—Tsk, cualquiera podría hacerse cargo de una empresa, Jojo. Pero no cualquiera es abogado, y mi hijo será un gran abogado.

—Empresario…

—Abogado.

—¡Empresario!

—¡Abogado!

Ambos tuvieron un déja vu cuando Haruno comenzó a llorar, interrumpiendo su discusión. Jonathan de inmediato lo tomo en sus brazos y lo tranquilizo. Habían olvidado por segunda vez en el día, que al parecer al pequeño rubio no le gustaba verlos discutir.

—Ya, ya, amor, tranquilo. Tu estudiaras lo que tu quieras, ¿Okay? Yo te apoyare en todo…

El menor no entendía nada, pero aun así dejo de llorar mientras su padre lo consolaba.

—Bien. Estudiara lo que quiera, prefiero que estudie lo que sea antes que se convierta en un gangster o algo así. —se resigno Dio, aunque en su mente seguía la idea de que el pequeño rubio sería un futuro abogado.

Una vez que el menor se tranquilizó, Jonathan lo volvió a recostar sobre la cobija que estaba sobre el pasto y siguió jugando con su juego de llaves.

—Creo que no debemos de discutir frente al niño…

Dio rodo los ojos. —Todo es tu culpa, Jojo, si no me llevaras siempre la contraria no discutiría contigo.

Jonathan sonrió con nostalgia —Siempre hemos peleado porque pensamos muy diferente.

—Obviamente.

—Pero creo que al fin tenemos algo en común por lo cual no pelear.

Dio sonrió ligeramente mientras ambos veían a su hijo.

—Si… supongo que sí.

A continuación, siguieron hablando sobre su hijo, tratando de evitar lo máximo posible pelear por cosas estúpidas. El niño se la paso mirando a su alrededor y de vez en cuando sorprendiéndose cuando veía pasar a mas personas, lo que hacia sonreír a sus padres. La tarde se fue más rápido de lo esperado y al final Dio y Haruno regresaron a casa.

—Deberíamos salir más seguido. —Sonrió Jonathan una vez que había llevado a ambos a casa de Dio y con ayuda de Vanilla Ice había bajado todos los juguetes que había comprado al menor. Haruno se había quedado profundamente dormido a mitad del camino, había sido un día cansado para él.

—Tsk, ni lo pienses Jojo. —dijo Dio dándole la espalda, sin despedirse, aunque ambos sabían que la respuesta que había querido decir era un “Si”…

Chapter Text

Dio había tenido la oportunidad de haberse quedado en Florida, Estados Unidos, ejerciendo su profesión como abogado y que su único hijo, Haruno, creciera en ese país...

 

Pero no, ahora se encontraba en Inglaterra, viendo como el enorme e inútil, según él, padre de su hijo se encontraba cargando al pequeño Haruno frente a un estante que tenía por dentro diversos tipos de aves muy coloridas y hermosas.

 

Había sido idea de Jonathan ir al zoológico. Dio se había negado, insistiendo en que Haruno era muy pequeño para prestar atención a varias cosas a su alrededor, pero Jonathan había insistido en que sería una gran experiencia para Haruno. Y no se había equivocado, Haruno estaba más que encantado con las guacamayas, de las que no despegaba sus ojos azules. Al parecer le había gustado el canto que estas aves emitían además de sus vistosos colores.

 

Dio trato de evitar soltar una risa burlona y escandalosa al ver a Jonathan con un canguro cargador para bebé, que se trataba de una especie de chaleco que se colocaba sobre el torso y tenía un espacio para colocar a un bebé al frente; de este modo el padre o madre que lo usaba tenía las manos libres mientras cargaba a su hijo gracias a este artefacto.

 

El problema era que Jonathan era demasiado grande (Joder, el hombre media 1.95 mts de estatura y probablemente pesaba más de 90 kg) y por lo tanto se veía terriblemente gracioso que un hombre gigante usara uno de esos cargadores y más que trajera cargando a un pequeño niño rubio.

 

—¿Cuál te gusta más, hijo?

 

Jonathan le señalaba más de tres aves a Haruno, quien solo reía sin entender nada. Dio estaba a unos 2 metros alejado de ellos, sinceramente no le agradaban los zoológicos, por lo que no era muy agradable estar ahí para él, pero podía soportarlo mientras su hijo estuviera feliz.

 

Más tarde habían ido a comer a un restaurante sencillo, pero Jonathan ni siquiera pudo probar su plato ya que se la paso dándole un biberón a Haruno, quien parecía estaba subiendo un poco de peso ya que sus mejillas se hacían más regordetas cada vez. Jonathan quería presionar esas mejillas como si de un algodón se tratara.

 

Milagrosamente ni él ni Dio habían peleado en todo el día, y la única vez que lo habían hecho, Haruno, el más sensato de los tres aun con solo cinco meses, se había encargado de calmarlos con un llanto que no podía ser ignorado.

 

Desgraciadamente para Jonathan, no tenía todo el día libre ya que aun tenía algunos asuntos que solucionar en el trabajo y tuvo que despedirse de ambos rubios. Jonathan juro y perjuro que si fuera por él no se iría y se quedaría junto a Haruno todo el día, pero desafortunadamente no podía y se aseguró de llevar hasta su casa a ambos, claro que Dio fue quien manejo nuevamente hasta casa.

 

Jonathan al despedirse de Haruno le aseguró a Dio que esperaba salieran de nuevo juntos los 3, a lo que Dio solo respondió con varios "Si, si, si, como sea…"

 

Dio una vez que entró a la casa, recostó a Haruno en su cama, ya que el pequeño aún no se dormía por lo que prefirió tenerlo a la vista. Lo primero que hizo al llegar a su casa fue quitarse esa ridícula gorra con un cocodrilo que Jonathan le había hecho usar durante su estadía en el zoológico. A Haruno le habían comprado una mini gorra que tenía el diseño de una mariquita. Dio se preguntó si su hijo no tenía sueño, ya que el pequeño seguía dando y dando vueltas por la cama, rodando y topándose con las almohadas que Dio había colocado a su alrededor para evitar que el niño se golpeara o cayera al suelo.

 

—Duérmete, tu padre ya se fue.

 

Aseguro Dio, como si el niño fuese a dormirse solo por esa razón. Bueno era normal que entre más crecía un bebé sus horarios de sueño iban disminuyendo cada vez más, así que ahora tendría que tener vigilado o entretenido a su hijo. Aunque claro, prefería mil veces que Haruno se la pasara balbuceando e inquieto, a que estuviese enfermo como días antes.

 

—¡Mira nada más como has crecido!

 

Dio se sorprendió de inmediato al escuchar una voz tras de él y se giró al ver a Enrico Pucci en su habitación y saludando a Haruno.

 

—¡Enrico! ¿Cuándo demonios llegaste? —Dio ni siquiera lo sintió, mucho menos escucho llegar, por lo que en verdad lo había sorprendido.

 

 —De hecho, vine desde hace algunas horas, pero Vanilla Ice me informo que habías salido…

 

Dio solo asintió, cuando estaba a punto de preguntarle a su amigo sobre que se le ofrecía, el moreno se le adelanto a hablar.

 

—¿Y qué tal va todo con tu Jonathan Joestar?

 

Dio miro mal a su amigo después de hacer semejante pregunta.

 

—No es MI Jonathan, ¿Y por qué esa pregunta?

 

El moreno río por lo bajo. —Bueno me he dado cuenta de que ustedes has estado conviviendo más de lo habitual, así que pensé en preguntar cómo van las cosas.

 

Dio rodó los ojos. —Solo somos amigos.

 

Enrico lo miro. —Bueno eso es un avance, antes solo decías que solo eran conocidos o lo insultabas, pero ahora es hasta tu amigo… Eso es algo bueno.

 

Dio sintió que su rostro se sonrojaba al darse cuenta de que era cierto. ¿Estaba considerando a Jonathan cada vez más cercano a él? No, no, no, no. Eso jamás.

 

—Tsk, solo es un decir.

 

—Si, claro… ¿Cuándo le vas a decir lo que siente por él?

 

Dio nuevamente sintió el calor en su rostro debido a la vergüenza.

 

—¡Ya te he dicho que no siento nada por él, Enrico! ¿Cuántas veces tengo que repetirlo?

 

—Mmm, las veces que sea necesario hasta que tú te lo creas… Eres demasiado obvio, Dio.

 

Dio negó con la cabeza. —Me rehusó a aceptar algo que no es cierto.

 

—No es bueno decir mentiras, Dio.

 

Dio se llevó una mano hasta la frente, suspirando profundamente. —Te repito que no siento nada por Jonathan, Enrico. Si convivo con él es por Haruno, quien le tiene mucho cariño… y también por los otros tres millones que Joseph me prometió darme una vez que el caso de la custodia de Haruno termine...

 

Enrico sonrió. —Vaya, antes también te enojabas porque Jonathan veía a Haruno, y ahora hasta lo dejas salir con él. Se nota que ese Jonathan ha ablandado tu orgulloso carácter.

 

Dio no dijo nada, no iba a admitir que eso ultimo era cierto.

 

—Además también te pones celoso cada vez que Jonathan menciona o sale con su amig… —Enrico ni siquiera pudo terminar de hablar cuando Dio lo interrumpió de golpe.

 

—¡No me hables de esa estúpida mujer!

 

Enrico rio. —Lo ves, estas celoso de ella…

 

—¿Yo? ¿El gran Dio celoso de esa campesina? ¡Jamás! Si tanto quiere estar Jojo con ella, pues adelante, ¡Que haga lo que quiera!

 

Enrico no podía dejar de reír viendo lo contradictorio que era su amigo.

 

—Tienes la felicidad en frente tuyo, Dio, y no aprovechas la oportunidad.

 

Dio lo miro extrañado. —¿Felicidad?

 

Enrico asintió. —Junto a Jonathan Joestar. —aseguro.

 

—¿Quién dijo que puedo ser feliz con Jonathan Joestar?

 

—¿Y quién dijo que no?

 

Dio lo miro fijamente. —¿Por qué haces esto, Enrico?

 

—Porque quiero lo mejor para ti.

 

—¿Lo mejor para mi es estar junto a Jonathan?

 

Enrico se encogió de hombros. —Eso más bien depende de ti, pero puedo asegurarte de que si dejas tu orgullo de lado, las cosas serán mejores, Dio.

 

—Yo no amo a Jonathan Joestar…

 

—¿No lo amas? Te pones celoso por una mujer que solo es su amiga, quieres llamar su atención, te esmeras en hacerle la vida imposible… Pero si se va, te pones triste y enojado…

 

Dio volteo su rostro a cualquier otra parte, ¿Por qué Enrico siempre solía dar en el blanco?

 

—Eso no significa que lo ame…

 

—Tal vez tengas razón, pero hay algo que los une a los dos, porque Jonathan Joestar si está completamente enamorado de ti.

 

Dio lo miro sorprendido. —¿Cómo lo sabes?

 

El moreno comenzó a reír. —Todos lo saben, Dio. Jonathan es demasiado obvio, al igual que tu… Solo que los dos son demasiado tercos y orgullosos para darse cuenta de que el sentimiento es mutuo.

 

—Tsk, eso es mentira, Jonathan no siente nada por mí, solo deberías mirarlo cuando esta con esa Erina, como le brillan los ojos…

 

—Acabas de admitir que estas celoso de Erina.

 

Dio lo miro mal. —¡Cállate! Ese no es el tema… El punto es que Jojo no siente nada por mí, ni yo por él. Cuando estamos juntos de lo único que hablamos es de Haruno.

 

—¿Y no te ha dicho nada significativo o algo?

 

—Ya te dije que no! —respondió Dio de inmediato, aunque después se quedó pensando un poco. —Bueno… tal vez una vez…

 

Enrico lo miro con interés, esperando una respuesta que ya se le hacía bastante obvia.

 

—Solo dijo que me apreciaba. Es todo. En realidad, no tiene importancia después de todo, él puede apreciarme como un hermano, así fue como convivimos durante mucho tiempo.

 

Enrico lo miro. —Si te apreciara como un hermano no tendrían un hijo juntos, ¿No crees?

 

—¿A dónde quieres llegar?

 

Enrico se encogió de hombros. —Me gusta ayudar al prójimo, es mi deber como sacerdote después de todo, ¿No?

 

—¿Qué sugieres entonces, señor sacerdote? —se burló un poco Dio, sabiendo que el moreno prefería que lo llamaran por su nombre.

 

—¿Por qué no tienen una cita?

 

Dio lo miro mal. —¿Una cita? No soy ninguna chica de quince años como para pensar en citas.

 

—Me refiero a una cita donde solo estén ustedes dos. Dices que cuando están juntos solo hablan de Haruno, así que por qué no ir a un lugar donde puedan hablar de ustedes.

 

—¿Y qué hay de Haruno?

 

Enrico se señaló a si mismo con el dedo pulgar. —Yo puedo cuidarlo. Además aquí estarán Mariah y Vanilla Ice, entre los tres lo cuidaremos bien.

Dio rodo los ojos, ¿En serio Enrico tenía todo planeado?

 

—Si acepto, ¿Dejaras de molestarme con respecto a Jonathan?

 

—Te doy mi palabra.

 

Dio suspiro, esperando no arrepentirse después. —Está bien, lo hare…

 

Enrico le revolvió el cabello haciendo que el rubio gruñera en voz baja.

 

—Genial, le enviare un mensaje a Jonathan para que salgan esta noche.

 

Dio casi se ahoga con su propia saliva cuando escucho eso. En primera, ¿Por qué esta noche? Y en segunda… ¿Cómo carajo Enrico tenía el número de Jonathan? ¿Es que acaso Jojo se la pasaba dando su número de teléfono a cualquier persona? Negó con la cabeza, no iba a dejar que sus celos estúpidos se apoderaran de su mente, conto algunos números primos en voz baja y después hablo.

 

—¿Qué tal y no acepta? ¿O que tal y está ocupado? —se excuso Dio tratando de tranquilarse, recordando que Jonathan había mencionado que tenia trabajo por hacer, por lo que era probable que no pudiera… Eso le dio un aire de esperanza.

 

—Él vendrá, ya verás… —hablo con confianza su amigo.

 

Dio se sobo la frente, sabía que esto era mala idea…

 

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Dio se miró en el espejo por enésima vez en los últimos diez minutos. Se había acomodado un poco el cabello, evitando que sus rubios mechones rebeldes se fueran de un lado a otro. Técnicamente no se miraba mal, por el contrario, parecía haberse esmerado en su arreglo y en verse un poco más casual de lo normal.

 

Quiso golpear el espejo de un puñetazo. ¿Por qué carajo se haba esmerado tanto en verse bien si solo iba a salir con Jonathan Joestar?

 

Enrico había ido a decirle que Jonathan había aceptado de inmediato la propuesta de que él y Dio salieran a cenar. Dio rodó los ojos, ni siquiera habían pasado cinco minutos y el inútil de Jonathan ya había aceptado. Patético…

 

Claro que ahora el patético era él, quien de nuevo se encontraba entre una crisis existencial sobre si vestirse un poco más elegante o no…

 

¡Es que joder! ¿Para qué mierda había aceptado la propuesta de Enrico? Simplemente pudo haberse negado, es lo que su orgullo le habría dicho que hiciera, pero su mente le jugó una mala pasada y ahora se encontraba hecho un mar de nervios.

 

¿Pero por qué estaba tan nervioso? Solo era Jonathan Joestar, "amigo de la infancia" y posible "hermano adoptivo", con quien había convivido durante mucho tiempo, incluso podía decirse que se conocían demasiado entre ambos. No era la primera vez que salían juntos y probablemente no sería a última. Entonces ¿Por qué estar tan nervioso?

 

Claro, ahora estaba claro que no eran amigos... Es decir, incluso ahora tenían un hijo juntos, ¡Un hijo de ambos! ¿Qué tipo de relación se tiene con el padre de tu hijo, con el cual nunca hubo nada en el sentido romántico?

 

Incluso ellos dos se referían a sí mismos como simples conocidos, ¿no sería raro que en su situación salieran a cenar en una especie de cita?

 

Cita…

 

Odiaba esa palabra. Se escuchaba como la típica palabra que pondría súper nerviosa a una adolescente enamorada, y Dio, no era ninguna adolescente enamorada…

 

Miro el reloj, eran casi las ocho en punto. Enrico le había dicho que Jonathan llegaría alrededor de 8:30 pm.

 

Nuevamente pensó que era una mala idea. Probablemente ambos terminarían peleando por cualquier estupidez y serían echados del restaurante o de cualquier lugar a donde fueran a ir esa noche.

 

Dio reviso su atuendo, un poco más satisfecho. Prácticamente estaba vestido un poco más casual que de costumbre: unos jeans oscuros, botas timberland, una remera negra con alguna frase en inglés y una chaqueta roja encima de esto. Dio aún era joven, solo tenía 22 años y le habían comentado varias veces que solía vestirse demasiado "maduro y elegante" para la edad que tenía. Claro que esto era debido a su profesión como abogado, y también porque era la forma de vestir que les había inculcado George Joestar tanto a Jonathan como a él.

 

Pensó que se veía como aquel adolescente de hace unos dos años que le encantaba salir a fiestas por las noches. Sonrió con un poco de nostalgia y salió de su habitación, rumbo a la de Haruno.

 

Dentro de la habitación del bebé se encontraba Enrico, quien leía tranquilamente uno de los libros que había tomado de la gran colección que poseía Dio. De inmediato el moreno levantó la vista para mirar con sorpresa a su amigo.

 

—¡Wow, Dio! ¡Pareces de tu edad por primera vez desde que te conocí!

 

Dio lo miro mal. —Si, si, muy gracioso, Enrico…

 

—Solo bromeó, te ves bien amigo, a Jonathan Joestar le encantará. —aseguró el joven sacerdote mientras dejaba de lado el libro que estaba leyendo para ponerle total atención a su rubio amigo.

 

—Enrico… No hago esto para gustarle a Jojo… —dijo Dio con la mirada de pocos amigos que tanto le caracterizaba.

 

—¿Entonces por qué lo haces? No creo que sea casualidad que estés vestido diferente de lo usual, que estés listo desde media hora antes y que estés hecho un manojo de nervios solo por salir con Jonathan Joestar.

 

Dio no respondió nada, simplemente dejo de lado la conversación y se acercó hasta la cuna de su hijo, quien estaba profundamente dormido. Haruno tenía un sueño muy pesado, lo cual a la vez era bueno, ya que le permitía a Dio descansar más durante la noche. El pequeño rubio respiraba tranquilamente y tenía los labios abultados, expresión que le causo demasiada ternura a Dio y quiso besar una de las rojizas mejillas del menor, pero no lo hizo, prefirió dejarlo dormir en paz.

 

—No olvides despertarlo para…

 

—Tranquilo Dio, no olvidare despertarlo en dos horas para darle de comer, tomarle la temperatura antes de dormir y preparar un pequeño biberón por si tiene hambre durante la madrugada. Me aprendí de memoria todo, Dio, no tienes por qué preocuparte.

 

Dio se sorprendió un poco pero no dijo nada, sabía que ante todo podía confiar en Enrico Pucci, era su mejor amigo después de todo y a quien le debía mucho.

 

Sin embargo, hubo algo dentro de la última frase que dijo Enrico que a Dio le pareció extraño...

 

—¿Un biberón por si le da hambre a Haruno durante la madrugada? —Dio lo miro extrañado. —No pienso llegar tan tarde, Enrico.

 

El moreno sonrió y se encogió de hombros. —Fue solo un comentario para que veas que estoy dispuesto a cuidar bien a Haruno.

 

Dio lo miro no muy convencido, pero aun así asintió con la cabeza. Disimuladamente miro el reloj que estaba colgada a la pared frente a él. Marcaba las 8:20 pm. Dio quiso rechinar los dientes. Una de las leyes de cortesía decía que si tenías algún compromiso debías llegar por lo menos quince minutos antes de la hora acordada, simplemente por pura cortesía. Claro que tal vez estaba exagerando, sólo era una reunión casual. Aun así, Dio odiaba la impuntualidad.

 

—Aún quedan diez minutos, Dio. No te impacientes.

 

—No estoy siendo impaciente, estoy disfrutando los minutos que me quedan antes de tener que soportar por horas al inútil Jojo…


Enrico sonrió, para el comentario que acababa de hacer el rubio, en realidad no se veía tan molesto… Debido a que la casa se encontraba en total silencio se escucho el ruido del motor de un coche, por lo que Dio se acerco hasta la ventana y pudo ver como el enorme Jonathan Joestar bajaba de un taxi.

 

—Creo que tu cita ha llegado. —comento Enrico.

 

Dio solo rodó los ojos, tratando de calmarse y caminando hacia la entrada de su casa, dispuesto a encontrarse con Jonathan. El más alto estaba a punto de tocar el timbre de la casa de Dio cuando la enorme puerta se abrió frente a él. Lo normal habría sido que esa puerta hubiese sido abierta por Vanilla Ice o incluso por Mariah, pero para sorpresa de Jonathan se encontró frente al mismo Dio.

 

—Hey, Dio. Que sorpre…

 

Jonathan ni siquiera termino de hablar cuando miro de pies a cabeza a Dio. ¿Dónde estaban los pantalones de vestir y camisas elegantes que Dio siempre usaba?

 

—Wow, Dio te ves… —Lindo, quiso decir. —Diferente…

 

Dio solo rodó los ojos. —¿Nos vamos? —le presiono.

 

Jonathan salió de su trance de ver a Dio tan fantástico y asintió. —¡Por supuesto!

 

Dio se abrió paso por la puerta y la cerro tras de sí, entonces Jonathan lo miro confundido, cosa que también causo confusión en Dio. —¿Qué? ¿Tengo algo en la cara? —cuestiono Dio algo enfadado, si algo odiaba el rubio era que lo miraran fijamente sin decir nada.

 

Jonathan negó con la cabeza. —No es nada, solo… Creí que Haruno vendría con nosotros…

 

Dio se percato de una ligera decepción en la voz de Jonathan. ¿Acaso Enrico no le había dicho que solo saldrían él y Jonathan? Por otra parte, ese comentario lastimo un poco el orgullo del rubio.

 

—¿Qué, acaso no quieres salir conmigo solamente? —Contraataco ferozmente el rubio. —Además Haruno está profundamente dormido y no pienso despertarlo solo porque el inútil de su padre quiere verlo.

 

Jonathan trago saliva, tratando de evitar retar al rubio. —No, esta bien, salgamos un rato…

 

Dio solo asintió. Jonathan se disculpo por el hecho de que no llevaba el auto, ya que al parecer Joseph lo había necesitado ese día para hacer unas compras y por lo tanto Jonathan se había trasladado en taxi hasta el trabajo. A Dio no le importo en realidad, así que ambos pidieron un taxi hasta un restaurante de comida italiana que había en el centro de la ciudad.

 

El restaurante estaba dividido por secciones, y Dio eligió una mesa en una de las secciones más solitarias, probablemente porque detestaba el bullicio al momento de comer. Jonathan hubiese preferido comer en la zona principal, donde habían más personas, pero respeto la decisión de Dio y lo siguió.

 

Un mesero se apresuro a llevarles la carta para que ordenaran. Dio estaba atento a la carta, tratando de decidir que consumir cuando por casualidad miro una estúpida sonrisa en el rostro de Jonathan.

 

—¿Al fin terminaron de joderse todas tus malditas neuronas, o por que sonríes como un idiota?

 

Jonathan negó con la cabeza. —Solo estaba pensando… Hacia tanto que no salía contigo… bueno, solo nosotros dos. Creo que dejamos de hacerlo hace años.

 

Dio se encogió de hombros. —No tiene importancia.

 

—¿Por qué decidiste salir conmigo hoy? —pregunto Jonathan con suma curiosidad.

 

Dio dejo de leer la carta. ¿Qué por que había aceptado salir con él? Ni siquiera él lo sabía… Claro que no podía decirle que todo fue plan de Enrico, no quería quedar como un tonto.

 

—Creí que podíamos relajarnos un poco… Ya sabes, después de todo lo que paso con Haruno. —se apresuro a inventar una excusa, y creyó que esa era la más convincente.

 

—Ya veo, creo que tienes razón. No me vendría mal una copa de vino después de lo preocupado que estuve por mi niño…

 

Dio asintió, al menos Jonathan le había creído su excusa.

 

El mesero regreso y tomo las ordenes de ambos, además de una botella de vino blanco a petición de Dio. El mesero apunto todo y aseguro que enseguida traería su comida.

 

—¿Entonces Haruno estaba dormido? —Jonathan rompió un poco el silencio que había entre ellos.

 

—Si.

 

—¿Mariah iba a cuidarlo?

 

Dio asintió. —Ella y Enrico.

 

—Ya veo. —Jonathan recordó entonces que había sido el joven sacerdote quien le había mandado un mensaje diciéndole que Dio quería salir a cenar junto a él y Haruno. Claro que esto ultimo había sido un poco incorrecto, ya que al final solo habían salido Dio y él. Aunque en realidad, como ya había mencionado, no le haría mal una buena copa de vino para relajarse un poco… —Es raro verte vestido así…

 

—No entiendo que hay de malo. —le miro mal.

 

—No dije que fuera malo, es solo que la ultima vez que te vi vestido así… fue cuando salimos a escondidas de papá a una fiesta en la preparatoria…

 

Dio rio por lo bajo, eso era cierto. —Oh, si. La vez que por tu culpa el señor Joestar se entero de nuestro escape y nos castigó a ambos.

 

Jonathan desvió la mirada. —Nunca he sido bueno para mentir… —explico.

 

—Por eso fue la ultima vez que te lleve a una de esas fiestas, solías arruinarlo todo…

 

Jonathan sonrió con nostalgia. —Lo siento. —Solo trataba de impresionarte la mayoría de las veces. Pensó.

 

El mesero regreso con la botella de vino que Dio había ordenado y sirvió un poco a ambos en unas elegantes copas. Una vez servido, Jonathan no dudo en darle un buen sorbo al vino, que bien se sentía el ardor que provocaba en alcohol al pasar por su garganta…

 

Dio por su parte, solo le dio un pequeño trago y volvió a dejar la copa sobre la mesa. Tenia varios traumas con el alcohol, uno de ellos era por el estúpido alcohólico de su padre, y el otro… bueno… tenia que ver con Jonathan Joestar.

 

—¿Qué tal esta el vino? —pregunto el rubio al ver como Jonathan ya se había tomado rápidamente la primera copa de vino.

 

—¡Esta delicioso! —comento con alegría el de cabello oscuro.

 

—Se ve que no tomas seguido, nadie en su sano juicio se toma una copa de vino así de rápido, es una falta de cortesía en la mesa.

 

Jonathan se mordía el labio, eso era algo que su padre también le habría dicho, recordándole sobre sus modales en la mesa.

 

—Lo siento, Dio. Creo que nunca tuve buenos modales para comer, jeje, mi padre siempre lo decía…

 

Dio iba a responder, pero fue entonces que la comida que habían ordenado llego hasta su mesa. Jonathan pensó que se veía demasiado deliciosa. Ninguno dudo en comenzar a comer rápidamente. Jonathan de vez en cuando comento lo rica que estaba la comida y Dio solo asentía. El rubio probablemente habría seguido comiendo tranquilamente de no ser porque noto un par de miradas sobre él. Se trataba de dos chicas que estaban sentadas a una mesa situada a unos cinco metros de ambos.

 

Una de las chicas se percato de la mirada de Dio y le dio un leve golpe a la otra, llamando su atención. Ambas se sonrieron mutuamente y se levantaron para caminar hasta la mesa donde se encontraban ambos hombres.

 

—Que tal, chicos. —una castaña, la cual era probablemente la menos tímida, hablo. —Mi amiga y yo nos preguntábamos si a ustedes no les gustaría acompañarnos en un rato al club que está a dos calles.

 

La otra chica solo sonreía coquetamente, tratando de llamar la atención de Jonathan. Dio la miro mal.

 

Ambas chicas aparentaban al menos unos 18 o 19 años, por lo que eran más jóvenes que Jonathan y Dio. Claro que ambas eran muy atractivas y era una oferta tentadora, pero Jonathan fue el primero en hablar.

 

—No gracias, chicas, estoy algo ocupado esta noche. —se disculpo y les ofreció una sincera sonrisa a ambas damas. Ellas lo miraron algo decepcionadas, pero de inmediato se giraron a ver al rubio, esperando que tal vez él si aceptara e hiciera cambiar de opinión al moreno.

 

—Creo que yo también paso, señoritas. Tengo que llegar temprano a casa para cuidar a mi hijo.

 

Jonathan casi quiso soltar una risa cuando vio los rostros sorprendidos de las chicas. —¿Tiene un hijo? Yo… ¡Lo siento! No lo sabíamos… ¡En verdad lo sentimos!

 

Ni siquiera les dio tiempo de decir nada más cuando ambas chicas prácticamente huyeron, quizás creyeron que Dio estaba casado debido a que les menciono que tenia un hijo, al menos no eran esa clase de chicas que no les importaba meterse con un hombre casado… Aunque Dio no lo estaba.

 

—Pudiste simplemente decir que no, Dio. —comento Jonathan algo divertido con la situación.

 

—Tsk, fue una pequeña lección para que no anden hablando con cualquier tipo que se les haga atractivo, además era verdad, tengo que cuidar a Haruno…

 

—Bueno, si yo te viera por primera vez no pensaría que tienes un hijo. Es decir, te ves increíblemente bien…

 

Dio lo miro extrañado. —¿Estás diciendo que me sientan los años?

 

Jonathan cayo en cuenta de lo que habia dicho. —¡L.lo que quiero decir es…! No digo que antes no te veías bien, es decir, siempre te has visto genial, pero desde Haruno… Creo que te ves fantástico desde que tuviste a Haruno…

 

Lo último lo dijo en voz tan baja que probablemente si Dio no tuviera el oído tan desarrollado no lo hubiese escuchado.

 

—Gracias, supongo. —contesto Dio, no podía ignorar ningún comentario que le inflara el orgullo.

 

La cena se quedó un poco en silencio. Dio continuó comiendo tranquilamente, Jonathan por su parte ya había terminado, pero se quedó en silencio. Claro, hasta que una pregunta acecho su mente y no dudo en decirla en voz alta.

 

—¿Habrías aceptado ir a bailar a un club con alguna de esas chicas si no tuvieras a Haruno? —simplemente lo dijo. Sabía que cualquier hombre en su sano juicio, soltero y viendo a un par de mujeres atractivas habría aceptado, pero quería saber que pensaba Dio al respecto.

 

El rubio bebió un poco de vino. —¿A qué viene esa estúpida pregunta?

 

Ni siquiera Jonathan sabia de dónde venía. —¿Curiosidad? —se excusó.

 

Dio lo miro un poco, como pensando su respuesta, aunque finalmente termino por negar con la cabeza. —No estoy de humor para aguantar el carácter de una tonta mujer, mucho menos de que está pegada a mi durante toda la noche...

 

Jonathan sonrió un poco aliviado. A diferencia de Dio, él no habría hecho ningún comentario sobre las chicas anteriores, su caballerosidad le impedía hablar mal de una dama. Sin embargo, estaba de acuerdo en que él tampoco querría tener a una mujer pegada a él toda la noche.

 

—¿Y tú?

 

La gruesa voz de Dio lo saco de sus pensamientos. La mirada carmesí del rubio ahora lo acechaba a él. Supuso que Dio también tenía curiosidad en el tema, así que se apresuró a negar con la cabeza.

 

—No lo creo… No son mi tipo.

 

Dijo simplemente eso, evitando comentar más de lo debido sobre una dama.

 

Dio ahora lo miro más curiosidad, sonrió de lado y se atrevió a preguntar.

 

—¿Cuál es tu tipo, entonces?

 

Jonathan sintió que se atragantaba un poco con el vino. ¿Su tipo? Él no se habría atrevido a preguntar a Dio qué tipo de mujeres le gustaban, pero al parecer al mayor sí.

 

—Mi tipo…

 

Dio rodó los ojos. —Si Jojo, tu tipo. Como te agradan las mujeres… No lo sé, maduras, tímidas, tetonas, etc. Etc.

 

Jonathan trago un poco de saliva. —Me gusta... Que su cabello sea rubio.

 

A decir verdad, fue lo primero que se le ocurrió, pero era cierto. Amaba el cabello rubio…

 

Dio chasqueo la lengua. —¿Como quién? ¿Erina?

 

Jonathan se quedó boquiabierto. —¡Claro que no! ¡Erina es solo una amiga! ¡Ella no me gusta!

 

—¿Qué? ¿Acaso Erina no te parece atractiva? —reto Dio, dispuesto a sacarle la verdad a Jonathan Joestar. Había dicho que las mujeres de su tipo eran rubias, y la única mujer rubia que pasaba demasiado tiempo con Jojo era esa campesina de Erina. Y con lo "cercanos" que eran, no le seria ninguna sorpresa que a Jonathan le gustara la rubia.

 

—Por supuesto, Erina es muy bella, pero no es mi tipo, Dio.

 

Dio enarco una ceja. No iba a creer esa basura, Jojo se la pasaba junto a Erina desde que recordaba, incluso varios amigos de ellos decían que probablemente terminarían casados, incluso Dio, aunque entendía por qué le molestaba, creía que su hermano adoptivo terminaría junto a esa plebeya.

 

—Ella solo es mi amiga, probablemente la considero más como una hermana pequeña. Es todo.

 

Dio lo miro. —¿Entonces qué mujer rubia es la que tiene tu corazón, eh Jojo?

 

No tenía idea del porque tenía tanta curiosidad al respecto, pero si Jonathan supuestamente no tenía ningún interés amoroso en Erina, la única mujer rubia cercana a Jojo, ¿Entonces hacia quién?

 

Jonathan agacho la cabeza, como dudando si responder o no. —Yo nunca dije que fuese una mujer…

 

Susurro en voz baja, lo suficientemente alto como para que Dio escuchara. El mayor no dijo nada, simplemente espero a que Jonathan decidiera hablar otra vez.

 

—Yo… dije que mi tipo eran de cabello rubio, pero nunca dije que se tratara de una mujer…

 

Dio lo miro con curiosidad. —¿Entonces puedo asumir que se trata de un hombre?

 

Jonathan trago saliva nervioso, y aun sin levantar la vista, asintió.

 

Dio presentía a donde iba a llegar esta conversación, y también sentía como sus nervios de apoderaban de él. Iba a tratar de cambiar el tema cuando Jonathan volvió a hablar.

 

—Un hombre rubio y de ojos carmesí. Jeje, creo que no es necesario aclarar más las cosas, ¿Verdad?

 

Dio seguía sin decir nada. Jonathan se impaciento un poco.

 

—Es tarde, hay que pedir la cuenta.

 

Dijo Dio mientras se levantaba, excusándose con ir al baño a lavarse las manos.

 

Una vez que el rubio se fue, el ambiente dejó de estar tan tenso y Jonathan quiso golpear su frente contra la mesa una y otra vez. ¿Por qué había dicho eso? Ahora de por si las cosas ya eran pesadas entre los dos, ahora estarían peor…

 

Tal vez debería dejar de ser tan impulsivo y decir las cosas así nada más. ¿Pero qué más podía hacer? Él era una persona honesta, le gustaba hablar con la verdad y todo lo que había dicho en los últimos cinco minutos fue verdad. Sirvió su copa de vino hasta el tope y bebió todo el contenido, tratando de calmarse.

 

Dio por su parte, al llegar al baño del restaurante lo primero que quiso hacer fue golpear su frente sobre el gran espejo que había detrás del lavabo. ¿Como podía aquel idiota decir algo así de manera tan fácil? Joder, solo quería inmiscuirse un poco en la vida de Jonathan y lo que obtuvo fue una confesión indirecta…

 

Se miro al espejo después de haberse mojado un poco el rostro. ¿Acaso Enrico tenía razón cuando comento que Jonathan estaba enamorado de él? No, no no, eso no podía ser cierto…

 

Sabía que la situación se iba a poner jodidamente incomoda una vez que regresara a la mesa con Jonathan, ¿Que iba a decirle Jonathan? ¿Olvidaría todo lo que dijo? Dio asintió, no creía que Jonathan fuera tan estúpido como para seguir hablando de eso, y si volvía a mencionar algo del tema, probablemente Dio lo ignoraría. Era mejor así, la única situación por la que estaban conviviendo era por su hijo, no por nada más. Había sido mala idea haber aceptado la propuesta de Enrico de que ambos salieran a cenar esa noche. Ahora sabía que todo el camino de regreso a casa sería el más incómodo de todos.

 

Dio respiro profundamente, se secó el rostro con una de las toallas de papel que había en el baño y se preparó para salir a enfrentarse al mayor de los Joestar. Sabía que si Jonathan era inteligente (cosa que dudaba) no hablaría del tema en lo que restaba de su salida.

 

Cuando Dio regreso a la mesa se encontró con un Jonathan pensativo, que tamborileaba sus dedos sobre la mesa. Dio se aclaró la garganta para llamar la atención de Jonathan, quien dio un brinco de asombro. —Oh, si lo siento. Ya pagué la cuenta, creo que es mejor que nos vayamos…

 

La voz del moreno se escuchó algo distraída, pero Dio no dijo nada, simplemente asintió y vio como Jonathan se levantaba de su silla para que ambos caminaran hasta la salida. Efectivamente y como ya había pensado antes, se podía notar un ambiente obviamente tenso entre ambos. Aunque no era para menos, al parecer ninguno iba a hablar de lo ocurrido.

 

Jonathan recordó que esa noche no había llevado el auto, por lo que ambos tendrían que regresar en taxi. La parada para taxis estaba aproximadamente a dos calles del restaurante, por lo que no tendrían que caminar demasiado.

 

La noche era templada, no hacía frio ni calor y la tranquilidad de las calles, gracias a la oscura noche, hacia parecer más bella de lo que ya era la ciudad. Probablemente era una de esas noches que uno querría pasársela caminando y disfrutando del clima con aquella persona ideal.

 

Aunque esa era la opción menos probable ahora…Dio ya estaba preparado para decirle a Enrico que había sido una pésima idea haber salido a cenar con Jonathan y que ahora la situación entre ambos estaba más incomoda de lo normal.

 

Jonathan seguía a Dio, quien iba por lo menos un metro frente a él. Jonathan se sintió un poco mareado, no sabia si era por el vino que había bebido hace un momento o por la impotencia de ver como Dio simplemente había ignorado todo lo de hace un momento, ¡Como siempre solía hacer!

 

Odiaba esa parte del rubio, siempre se salía con la suya, pero esta vez no seria así. Camino más rápido hasta que alcanzo al rubio y lo tomo de la muñeca obligándolo a voltear a verlo.

 

—Dio… Deja de actuar así y escúchame por primera vez en tu vida.

 

El rubio lo miro sorprendido. —¿Actuar así? No se de que estas hablando. —trato de zafarse del agarre del más alto, pero fue inútil.

 

—¡Así, justo como ahora! ¡Prácticamente trato de confesarte lo que siento por ti y tu haces como si no hubiese pasado nada!

 

Dio volteo hacia ambos lados de la calle, agradeciendo que no había nadie y por lo tanto nadie seria testigo del escándalo que protagonizaban ambos en ese momento.

 

—Guarda silencio, maldito inútil, estas mareado por el alcohol, te dije que no lo bebieras tan rápido, ahora suéltame…

 

—¡No lo hare! No hasta que me escuches.

 

Dio lo miro retándolo. —¿Y qué carajo piensas decir?

 

Jonathan trago saliva, nervioso, ¿Iba a decirlo? —Yo…

 

—¿Tu que Jonathan? No tengo todo el tiempo del mundo para tus estupideces…

 

—Yo… —suspiro, suspiro profundamente, decidido a todo. —Yo estoy enamorado de ti.

 

—¡¿Qué mierda estas diciendo, Jojo?! —el rubio quiso soltarse del agarre del más alto, pero este solo puso más fuerza para sostener ambas muñecas del rubio. —¿Es una jodida broma o qué?

 

—No lo es Dio, yo en verdad estoy enamorado de ti…

 

—¡Cállate!

 

—¿Qué?

 

—No lo digas, cállate. ¡No quiero escucharte!

 

—Dio, yo…

 

—¡Cállate! ¡Te golpeare si vuelves a decir una palabra!

 

Jonathan forcejeo un poco con el rubio, pero esta vez lo miro decidido, sin más dudas en la mente.

 

—Entonces tendrás que golpearme después de esto.

 

Jonathan no lo pensó más y en un acto rápido, soltó las muñecas de Dio y se aferró al rostro del rubio, solo para apresurarse y colocar sus labios sobre los de Dio.

 

Tan cálido…

 

Dio quedo más que sorprendido, quería forcejar, empujar al más alto y golpearlo tan fuerte como pudiera, pero una de las manos de Jonathan se colocó detrás de su cuello, enredando sus dedos entre su cabello, obligándolo a acercarse más. No quería, no debía, no podía estar besando a Jonathan Joestar, porque si lo hacía…

 

Dio no soporto más y cerró los ojos, sintiendo el calor de los labios de Jonathan fusionarse con los suyos, a la vez que el más alto comenzaba a mover lentamente su boca contra la suya, sintiendo de vez en cuando la juguetona lengua de Jonathan acariciar su labio inferior.

 

Sintió como sus brazos temblaban, necesitaba aferrarse a algo, a alguien, a Jonathan…

 

Estiro sus manos hasta los hombros de Jonathan, donde apretó sus puños, aferrándose al hombre frente a él. Jonathan se llenó de más confianza y fue capaz de abrazar la cintura del rubio, negándose a separarse de él, de sus labios.

 

Jonathan sintió como el estómago se le revolvía suavemente, igual que la primera vez que beso a Dio, se sentía igual que ese primer beso, tan espectacular como lo recordaba.

 

También recordó entonces como Dio era tan terco como para dejarse dominar tan fácilmente, y entonces sintió las manos del rubio enredarse en su cabello y profundizar el beso.

 

"Joder, Dio…"

 

La lengua del rubio se introdujo en su boca, causándole un cosquilleo, pero de inmediato contraatacó, comenzando así una pelea por ver quien podía dominar aquel beso, aunque Dio sabía que no podía soportarlo más y sólo se dejó hacer por Jonathan Joestar.

 

—Jojo… —esto no debía estar pasando, no de nuevo, porque sabía que Jonathan lo tendría a su merced de nuevo, no podía permitirlo.

 

Pero al parecer Jonathan no estaba dispuesto a dejarlo, y una parte de Dio tampoco quería alejarlo.

 

Jonathan se separó de él, solo un poco, con los labios entreabiertos y en la oscuridad, miro a Dio, con sus profundos ojos azules.

 

—Te amo, Dio.

 

Dio no dijo nada, no pensaba decir nada, pero a diferencia de lo que su orgullo le decía que hiciera, volvió a abalanzarse sobre Jonathan, reanudando aquel beso tan deseado entre ambos.

 

Jonathan sentía a Dio tan cerca, sus labios, necesitaba más… se separó del rubio lo suficientemente cerca como para hablar.

 

—Dio… ¿Por qué no vamos a otra parte?

Chapter Text

A Dio poco le importaba la mirada que el taxista tenía sobre ellos, de entre molestia e incomodidad, mientras tenia a Jonathan besándolo sin parar. Tampoco le importo entrar al primer hotel que encontraron en el camino, mucho menos registrar su nombre para pedir la habitación más alejada del resto y prácticamente arrastrar a Jonathan junto con él hasta el tercer piso del hotel, donde habían rentado la habitación.

 

Dio ni siquiera tuvo tiempo de ponerle el seguro a la puerta cuando Jonathan prácticamente lo estrello contra esta, aclamando sus labios una vez más, metiendo su lengua dentro de la boca del rubio, jugando con la lengua de Dio. El rubio solamente tomo del cuello de la camisa al más alto, pegándolo más a él.

 

Recordó las palabras de Jonathan.

 

"¿Por qué no vamos a otro lado?"

 

Había susurrado el más alto a su oído, causándole un cosquilleo en el estómago. Joder, eso había sonado tan caliente, Jonathan se veía tan caliente...

 

Dio no había dicho nada, solamente le había seguido besando, casi dispuestos a follar en plena calle, aunque para su suerte un taxi había llegado y ambos subieron rápidamente con la intención de ir al primer hotel que se les atravesará.

 

Y ahí estaban. Dio odiaba perder el tiempo, así que empujo ligeramente al más alto y aprovecho para quitarse la estorbosa chaqueta y antes de quitarse la remera, Jonathan se acercó a él y le beso el lóbulo del oído, causándole un temblor a Dio, quien también sintió las grandes manos de Jonathan tocar su abdomen, levantando su remera lo suficiente como para dejar a la vista el tonificado pecho del rubio.

 

Jonathan paso sus dedos suavemente por los oblicuos marcados del rubio, admirando el buen cuerpo que tenía el mayor. Dio se estremeció un poco cuando uno de los dedos de Jonathan rozo uno de sus pezones a la vez que su lengua se deslizaba desde su oreja hasta su cuello. Jonathan besaba suavemente la piel del cuello del rubio, succionando de vez en cuando, al momento en que apretó su dedo índice y pulgar alrededor del pezón izquierdo del rubio, mientras que Dio se aferró con fuerza a sus hombros. Eso se sentía… Bien…

 

Jonathan probablemente le había dejado alguna marca en el cuello, pero eso realmente no le importaba en ese momento, menos aun cuando sintió el fuerte brazo de Jonathan alrededor de su cintura y mirar como su cabeza descendía hasta su pecho, atrapando uno de sus necesitados pezones con su boca.

 

—Ah, joder. —si con sus dedos se sentía bien, su lengua era mucho mejor.

 

Jonathan paso su lengua alrededor del pezón de Dio antes de succionar suavemente, causando un escalofrió en el rubio, el cual fue directo a su entrepierna, que ya comenzaba a dolerle. Jonathan besaba uno de sus pezones y el otro lo acariciaba con sus dedos, deleitándose con sus suaves jadeos que Dio de vez en cuando dejaba salir.

 

Sin la intención de dejar de escuchar esos gemidos, Jonathan dejo de lado el pecho de Dio y subió nuevamente para besar profundamente al rubio. Amaba besarlo, amaba el sabor de su boca, amaba como Dio movía su lengua con la suya, pero más amo como Dio ahogo un gemido entre sus bocas cuando Jonathan paso su mano hasta la erección del rubio, aun cubierta por su ajustado pantalón. Se notaba que Dio estaba muy excitado, aun a través de los pantalones, Jonathan sentía lo duro que se encontraba el rubio, así que no dudo ni un segundo en desabotonar esos estorbosos jeans y bajarlos lo suficiente, junto con su ropa interior, hasta dejar a la vista el erecto pene de Dio.

 

Jonathan rompió el beso para observar al rubio, quien tenia las pupilas dilatas y la boca entreabierta en espera de que Jonathan hiciera algo. Y así lo hizo, tomo entre su diestra la erección del rubio y comenzó a bombear de arriba abajo.

 

—Mmmm…

 

Ronroneo el rubio sintiendo las caricias de Jonathan, joder era tan bueno, se aferro al cuello del mas alto pasando sus brazos alrededor de él, sintiendo como Jonathan pasaba el pulgar por la cabeza de su miembro, acariciando suavemente la punta, sin dejar de bombear su erección a una velocidad cada vez más rápida. Esta vez fue Dio quien busco los labios del moreno, buscando la forma de ahogar sus gemidos, aunque mas bien solo sentía la lengua de Jonathan explorando su boca mientras él gemía repetidas veces.

 

Jonathan sentía como el liquido preseminal salía del miembro de Dio, y antes de poder seguir masturbando al rubio, este lo empujo un poco.

 

—¿Qué pasa? —pregunto, pero el rubio no respondió, simplemente se encargo de quitarse por completo sus propios jeans y ropa interior y lanzarlos a alguna parte de la habitación junto con su remera. Jonathan se mordió el labio ante la visión de Dio completamente desnudo ante él. Dio lo empujo hasta que llegaron a la cama y cayeron sobre esta, Dio estando a horcajadas sobre Jonathan. Ahí lo beso nuevamente, pero aprovechando para quitarle la camisa al mas alto, dejando a la vista su torso tan musculoso, donde Dio paso sus manos, acariciando el torneado cuerpo del mas alto. Jonathan no se dejo tampoco y bajo sus manos suavemente por la espalda del rubio, hasta llegar a su suave trasero. Dio se estremeció un poco pero no dijo nada, simplemente dejo que Jonathan lo siguiera tocando, incluso se aprovechó de esto, sentándose directamente sobre la erección del moreno y moliéndose sobre ella.

 

—Ohh, Dio, espera…

 

A Jonathan también comenzaba a dolerle tremenda erección debajo de los pantalones, más aún cuando Dio se frotaba sobre su pene. Mierda, quería meterlo…

 

—Revisa el cajón de la cómoda que esta a un lado de la cama. —le dijo Dio, tan necesitado como él. El moreno asintió y se estiro para revisar la cómoda, y justo como Dio había pensado, había una pequeña botella de lubricante. Dio no espero y volvió a molerse sobre la erección del moreno, con la intención de acabar con la poca paciencia que le quedaba al Joestar. Miro a Jonathan morderse el labio, a lo que Dio sonrió. Estiro su mano y desabotono el pantalón de Jonathan y lo bajo un poco, dejando ver la gran erección de este. Dio se lamio los labios, no le habría molestado en lo absoluto darle un buen oral al más alto, pero los dos estaban demasiado apresurados para eso. Jonathan destapo la botella de lubricante y esparció un poco sobre dos de sus dedos, miro a Dio y este sonrió con lujuria, antes de tumbarse de espaldas en la cama y separar las piernas, dejándole una buena vista a Jonathan de su palpitante erección y de su agujero.

 

Jonathan también sonrió antes de colocarse sobre Dio y besarlo mientras deslizaba un dedo dentro suyo, sintiendo como Dio se estremecía debajo suyo, así que fue un poco más gentil, esperando que el rubio se acostumbrara a la intromisión antes de comenzar a mover su dedo dentro y fuera de Dio. El rubio tomo su propia erección para distraerse un poco del dolor.

 

Jonathan jadeo cuando inserto otro dedo y el interior de Dio se apretó alrededor de estos, ansioso de saber cómo se apretaría alrededor de su pene. No podía esperar más, pero debía hacerlo, no quería lastimar a Dio…

 

Pero al parecer Dio si tenia prisa cuando tomo el gran miembro de Jonathan en sus manos y lo masturbo junto con el suyo.

 

—Ahh, Dio…

 

El rubio lo miro mal, antes de tomarlo del cuello y jalarlo hasta donde estaba él.

 

—Joder, Jojo, solo follame. No tengo todo el maldito tiempo del mundo…

 

Jonathan no iba a protestar más, su pene dolía estaba goteando de las ganas que tenía. Saco sus dedos del interior de Dio y lo empujo suavemente contra la cama, de modo que este quedo acostado, quedando Jonathan totalmente encima de él, tomo su miembro, lo lleno de lubricante y lo alineo en la entrada del rubio.

 

—Te amo, Dio. —susurro al oído del rubio antes de besar su frente, y de una sola embestida se introdujo dentro del rubio.

 

—Ahhh, J.Jojo… —Dio echo la cabeza hacia atrás por tan repentina intromisión. El miembro de Jonathan no era nada pequeño y que lo haya metido tan rápido le saco algunas lágrimas. Jonathan se percató de esto y de inmediato se apresuró a limpiar las lágrimas del rubio y a acariciar la mejilla del mayor.

 

—Dio, lo siento tanto, yo... lo sacare en este momento…

 

El rubio respiro profundamente y por el contrario de lo que Jonathan pensó, Dio lo tomo del cuello y lo beso rápidamente, a la vez que empujaba sus caderas contra las de Jonathan, sacándose un propio gemido que ahogo entre los labios del pelinegro.

 

—Nunca dije que lo sacaras…

 

Esa fue la gota que derramo el vaso antes de que Jonathan sintiera el estrecho calor del interior de Dio y arremetiera con fuerza, logrando que Dio soltara un grito de entre dolor y placer. Joder, Dio se sentía tan lleno, abrió más las piernas para darle más espacio a Jonathan para moverse más rápido.

 

—Mmmh. —Dio apretó la sabana con una mano cuando sintió como Jonathan retrocedía hasta sacar casi todo su miembro y después empujaba contra las caderas de Dio, golpeando la próstata del rubio, ganándose un fuerte gemido de su parte y haciéndolo encorvar la espalda.

 

Jonathan aprovechó este momento para atrapar entre su boca uno de los erectos pezones de Dio, mientras seguía empujando su miembro dentro y fuera una y otra vez. Dio estaba tan apretado, tan delicioso, se sentía demasiado caliente, quería moverse más rápido, más profundo, llenar por completo a Dio de él.

 

—Ahh, Dio…

 

El moreno no podía con la tentación, salió del cuerpo del rubio y lo tomo de la cintura para darle la vuelta, dejándolo boca abajo y con su trasero al aire. El rubio lo miro desconcertado.

 

—¿Que mierda, Jojo?

 

Sintió sus mejillas enrojecer y agradeció la oscuridad de la habitación, ya que se sentía tan expuesto con el trasero al aire y con la mirada de Jonathan sobre el. Sin embargo, el más alto no respondió nada, simplemente tomo su miembro y lo coloco entre las nalgas de Dio antes de empujarlo con fuerza. Dio se aferró a las sabanas ante la tremenda intromisión, su próstata estaba siendo acariciada con cada embestida que daba Jonathan y Dio no podía dejar de gritar, poco le importaba que lo escucharan, se sentía muy bien, todo el calor se estaba acumulando en su vientre y Jonathan lo hizo querer correrse cuando tomo su miembro y lo masturbo al compás de los movimientos de su cadera.

 

—Ahh, ah, Jojo, d.deten… me voy a venir.

 

Dio no creía aguantar más, Jonathan lo estaba jodiendo tan rápido y tan profundo que sus propios sentidos no respondían. La saliva le escurría de los labios, su boca estaba entreabierta dejando salir sus gemidos y su pecho estaba totalmente apoyado en la cama, mientras Jonathan sostenía sus caderas en lo alto, embistiéndolo.

 

Dio giro su cabeza para mirar a Jonathan. Joder, desearía no haberlo hecho…

 

El moreno también tenía la boca entreabierta, gimiendo y por su perfecto torso escurrían gotas de sudor. Joder, tan sexy…

 

—Yo también me vengo, Dio. ¡Oh, Dio!

 

Jonathan se aferró con más fuerza a las caderas de Dio, jalando con más fuerza el miembro del rubio, sintiéndose en la punta del clímax.

 

Dio sintió como Jonathan golpeaba con fuerza su próstata y no pudo más, la visión se le puso borrosa y sin aguantarlo más se vino en la mano de Jonathan, quien se lamió los labios al sentir las paredes del rubio apretarse a su alrededor.

 

—Joder, Dio. —soltó el miembro del rubio y se acercó a su oído. —En verdad te amo.

 

Le susurro al oído, con la voz ronca y se movió nuevamente, ansiando llegar a su tan esperado orgasmo.

 

—Ahh, espera…

 

El moreno siguió embistiendo, empujando lo más profundo que podía, haciendo a Dio ver las estrellas por la sobre estimulación que sentía. Jonathan dio una última embestida y se quedó estático, había llegado al clímax. Dio se estremeció al sentir como Jonathan le llenaba las entrañas con aquel líquido tan caliente. Jonathan no pudo más y se desplomo sobre la espalda del rubio, para después besar la parte posterior del cuello de este.

 

Dio no podía pensar claramente, su orgasmo lo había golpeado fuertemente, había sido genial… Los ojos le pesaban, solo pudo escuchar a Jonathan decir algunas cosas cursis antes de caer dormido…

 



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Cuando Dio despertó tardo un poco más de lo común en que sus sentidos comenzarán a trabajar correctamente. Joder, ¿dónde estaba? Empezó reconociendo el lugar cuando los recuerdos de la noche anterior lo golpearon de repente. ¡Mierda!

 

Quiso levantarse rápidamente cuando un fuerte dolor lo hizo regresar a la cama. Joder, no había sido un maldito sueño… vio que estaba completamente desnudo y además le dolía la espalda baja.

 

"¿Que mierda hice?" se recrimino a si mismo cuando recordó todas aquellas imágenes de Jonathan sudoroso y con la mirada llena de lujuria mientras lo embestía sin piedad. Dio no pudo evitar ponerse rojo al respecto. ¿En qué mierda estaba pensando en se momento? Si bien pudo negarse en cualquier momento, no lo hizo, por el contrario, le siguió el juego a Jojo y había terminado follando con él. Jojo…

 

¿Dónde demonios estaba Jonathan?

 

Dio miro a todas partes alrededor de la habitación y no miro a nadie, incluso no había ninguna prenda regada en el suelo como recordaba, solo pudo ver que su ropa estaba perfectamente doblada y colocada encima de la cama. ¿Estaba en el baño? No, no había ruido alguno en la habitación. Dio sintió su sangre hervir.

 

¿Acaso ese maldito había huido? Dio apretó los dientes, eso sonaba a que Jonathan había huido como un maldito cobarde antes de que Dio despertara para no verle la cara, ¿Acaso se había tratado solo de un acoston? ¿Jonathan lo había considerado así? Dio de inmediato negó con la cabeza. ¡Que mas daba! Para él solo había sido un buen polvo y ya, sin ningún significado, ¿Por qué para Jonathan habría de significar algo? Y, sobre todo, ¿Por qué le importaba tanto la opinión de Jonathan y por que le dolía pensar que el Joestar había huido dejándolo así nada más?

 

Se sentó con cuidado en el borde de la cama, ignorando por completo el dolor que sentía en la zona baja de la espalda, debía tranquilizarse, y sobre todo debía dejar de pensar en Jonathan…

  

Claro que esto era imposible, mas cuando se dio cuenta de la nota que estaba encima de la cómoda de a lado de la cama. La tomo y después de leer el contenido la lanzo a cualquier parte, sin importarle.

 

Dio, lamento irme así nada más, pero tengo trabajo que hacer, espero lo entiendas.
Ya he pagado por la cuenta del hotel.

 

Jonathan Joestar.

 

“¿Trabajo? ¿En serio había puesto de excusa su trabajo? Si tanto quería irse lo hubiera hecho, no había necesidad de poner excusas tontas” pensó Dio. Lo único bueno que hizo fue pagar el hotel, claro es lo mínimo que podía hacer ese inútil.

 

Dio se llevo las manos al rostro, cubriéndose, sintiéndose totalmente miserable. Solo Jonathan Joestar podría hacerlo sentirse tan miserable, odiaba esa maldita sensación siempre que estaba junto a él, esa sensación de no poder negarse a nada que dijera el moreno. Joder, se sentía tan débil a su lado, aunque eso no lo admitiría jamás, no admitiría lo bien que se había sentido estar en sus brazos una vez más…

 

No, definitivamente no iba a pensar más en eso, así que con todo y dolor se levantó y decidió que lo mejor seria darse un baño, no podía llegar a su casa oliendo a sexo, simplemente entro al baño y abrió la regadera, poco importándole que el agua aun estaba fría. No duro mas de cinco minutos ahí dentro y salió de la ducha, secándose con una de las toallas que había ahí, fue entonces cuando se miro al espejo que quiso golpear la pared con fuerza. Su cuello, pecho y parte de su abdomen estaban llenos de marcas de mordidas y de los besos que Jonathan le había dado. ¡Jodido inútil!

 

Agradeció que había llevado su chaqueta, la cual le cubriría todas esas marcas, pero la verdad es que sabía que tardarían al menos una semana en que estas desaparecieran. Juro que la próxima vez que viera a Jonathan Joestar lo mataría con sus propias manos. Se vistió y miro la hora en su celular, que marcaba las 9:30 am. Al menos no era tan tarde. Se aseguro de tomar todas sus pertenencias, y estaba a punto de salir, cuando unos golpes en la puerta de la habitación sonaron.

 

¿Jonathan?

 

El rubio se levantó rápidamente y respiro profundamente antes de abrir la puerta. Sin poder evitarlo se decepciono un poco al ver que se trataba de una de las empleadas del hotel, la cual le dijo que llevaba el servicio de desayuno a la habitación. Dio dijo que no había pedido nada, pero la empleada se apresuró a responder.

 

Su acompañante lo dejo pagado, me dijo que me asegurara de que usted desayunara.

 

Dio trago saliva, “Maldita sea Jonathan, deja de hacer que piense en ti”

 

Dio acepto y la empleada entro a la habitación para dejar toda la comida que había llevado en la mesa que había en la habitación y después salió. Dio miro el plato frente a él, la verdad es que tenia mucha hambre y pensaba comer hasta llegar a casa, pero pensándolo bien no podía desperdiciar esa comida y comenzó a comer, esperando olvidarse de Jonathan la mayor cantidad de tiempo posible.

 

Claro que eso fue imposible, porque durante su desayuno y durante el trayecto que hizo el taxi que tomo del hotel a su casa, no pudo sacarse al mayor de los Joestar de la mente. Pero ahora había un problema mayor al cual enfrentar y se trataba ni mas ni menos que de su mejor amigo…

 

Cuando entro a su casa, Vanilla Ice de inmediato mostro curiosidad por saber donde había estado el rubio, pero Dio simplemente dijo que había estado fuera, sin ganas de que nadie supiera que se la había pasado junto a Jonathan Joestar toda la noche…

 

Subió las escaleras y antes de entrar a su habitación y dejarse caer sobre la cama, lamentándose por todas las estupideces que había cometido, decidió ir al cuarto de a lado, por una razón mas importante que la depresión que probablemente le daría.

 

Lo primero que noto al entrar a esa habitación fue como un par de ojitos azules se posaban sobre él y como se embozaba una gran sonrisa en el rostro de aquel bebe.

 

—bububu…

 

Dio sonrió y se apresuró a tomar entre sus brazos a Haruno, quien estaba sentado en su cuna, rodeado de varios osos de peluche que el mismo Dio le había comprado.

 

—Hey, ¿Me extrañaste? —le pregunto al bebé antes de besar su mejilla. En verdad lo había extrañado, doce horas sin verlo eran una eternidad para Dio.

 

—Vaya, miren quien apareció después de una buena noche de diversión.

 

Dio borro la sonrisa de su rostro cuando escucho la voz de su mejor amigo detrás de él.

 

—¿Y bien? ¿Qué tal estuvo todo? —pregunto Enrico sin dejar esa sonrisa burlona que tenía en el rostro.

 

Dio negó con la cabeza. —No paso nada, Enrico.

 

—¿En serio? Tu cuello me indica que te divertiste demasiado…

 

Dio sintió su rostro enrojecer, joder había olvidado por completo todas las marcas que Jonathan le había hecho. Sentía la vergüenza invadir toda su existencia. Dejo a Haruno nuevamente en su cuna y se sentó en la cama, dejando caer su cabeza sobre su regazo.

 

—Joder, quisiera morir en este mismo momento.

 

Enrico negó con la cabeza riendo y fue hasta donde su amigo, sentándose a un lado de él y dando palmaditas en su espalda, consolándolo. —Ni lo pienses, Dio, no puedes morir hasta que Haruno te haya dado nietos, así que olvídate de eso.

 

—La cague en grande, Enrico.

 

—Era algo que tenia que pasar, Dio, era demasiado obvia la tensión que había entre ustedes después de todo…

 

Dio no dijo nada, simplemente se aguanto las ganas que tenia de golpear algo, en verdad estaba muy confundido con toda esta situación.

 

—¿Y qué dijo Jonathan Joestar?

 

Oh no, no tenía que recordarle eso…

 

Dio levanto su cabeza y miro al joven sacerdote. —Nada. El muy imbécil huyo como un cobarde y me dejo ahí, como si hubiera sido una puta solamente.

 

Enrico lo miro mal. —No digas malas palabras enfrente de tu hijo, Dio.

 

—Diablos, lo siento… —dijo después de mirar a Haruno, quien lo miraba esperando que lo cargara o algo, pero Enrico rápidamente lo tomo entre sus brazos. —Pero es cierto, simplemente se fue y me dejo ahí. Lo odio…

 

—¿Estas molesto por que te dejo solo?

 

—¡Por supuesto que lo estoy! ¿Quién se cree ese desgraciado?

 

Enrico comenzó a reír, dejando algo desconcertado a Dio. —¿Qué es tan gracioso?

 

El sacerdote lo miro. —Me sorprende que estés mas molesto porque te haya “abandonado” como dices tú, que por haberte acostado con él.

 

Dio se sonrojo un poco. —Nunca dije que no estuviera molesto por eso…

 

—No pareces molesto por eso, al contrario, parece que te gusto. —dijo enarcando una ceja.

 

Dio volteo la mirada hacia otra parte. ¿Le había gustado? Tsk, por supuesto que sí, nadie podría negar que el sexo era genial, ¿pero en verdad le había gustado tener sexo con Jonathan Joestar?

 

—Creo que voy a vomitar.

 

Enrico se carcajeo al ver lo dramático que era su amigo y acaricio los cabellos rubios de Haruno.

 

—No te preocupes, Haruno, a este paso tus padres estarán casados en menos de lo que te imaginas.

 

Dio lo miro boquiabierto. —¡Eso jamás!

 

Enrico solo rió y le aconsejo a Dio que lo mejor seria que se fuera a dormir, cosa que el rubio no dudo ni un segundo…

 

 

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Jonathan había mentido cuando le escribió a Dio que tenía que ir al trabajo. Lo que menos quería hacer en este momento era trabajar.

 

¡Maldita sea, Dio! Cuando despertó y se encontró a si mismo totalmente desnudó y a lado de Dio en verdad que la sangre dejó de circularle por el cerebro. Recordó que había besado a Dio y también lo bonito que se había sentido tocar sus labios una vez más. Recordó lo bien que se sentía estar junto a Dio, pero… ¿Como es que algo tan romántico para él, termino con ambos en un hotel follando sin parar? Para su suerte Dio estaba profundamente dormido y dudaba que se levantara tan fácilmente. ¿Qué haría cuando Dio se levantará? ¿Dio lo golpearía? Sea cual fuera su reacción, Jonathan tenía miedo, miedo de que Dio se molestase y no volviera a dirigirle la palabra o que volviera a irse como hace un año. No… No quería perder ni a Dio ni a Haruno, no de nuevo…

 

Pero ahora no podía dirigirse a Dio, no podía ni siquiera mirarlo. Se levantó con cuidado y busco su ropa, que estaba tirada en cualquier parte de la habitación y se vistió rápidamente, ya se daría una ducha llegando a su casa. Miro a Dio una vez más. El rubio se veía más tranquilo cuando estaba dormido, sus labios estaban algo hinchados y su cuello estaba lleno de marcas. ¡Dios, como pudo haber hecho eso! Jonathan se cubrió el rostro con las manos avergonzado. Avergonzado de haber actuado como un animal, cegado por el placer.

 

—Lo lamento, Dio. —susurro.

 

Escribió una nota. disculpándose con Dio por irse y poniendo de excusa que iría a trabajar. Pero antes de irse, y con cuidado, se estiro lo suficiente para dejar un beso en la frente de Dio. Vio que el rubio se estremeció un poco pero no lo suficiente para despertarlo. Jonathan sonrió ante este gesto y paso sus dedos entre las rubias hebras del cabello de Dio. —Te amo, Dio.

 

Tal vez Dio había escuchado eso entre sueños, pero parecía demasiado real cuando embozo una pequeña sonrisa.

 

Jonathan sonrió y salió de la habitación. Se había asegurado de juntar toda la ropa de Dio que estaba en el suelo y la doblo, dejándola sobre la cama. También fue directo con la secretaria del hotel y pago toda la cuenta, además de preguntar si había servicio de desayuno a la habitación y dejar un desayuno pagado para Dio.

 

Una vez hecho esto, salió del hotel, aun con la mente hecha un lío. Tomo un taxi y se dirigió a su casa. La cabeza le dolía, no sabía si por la botella de vino que casi se había terminado ayer, o por lo nervioso que estaba. Probablemente ambas. Se sentía como si la hubiese cagado en grande, era Dio después de todo, era difícil saber lo que pensaba Dio y no quería pensar en que iba a hacer Dio después de esto.

 

El taxi finalmente llegó hasta su casa y Jonathan pago para rápidamente entrar a su casa. Si bien había tratado de verse lo más decente posible, no podía hacer nada con las ojeras que había aparecieron debajo de sus ojos, mucho menos se le ocurría una excusa para explicarle a su familia el por qué no había llegado a dormir. No podía llegar y decir algo como "No llegue a dormir porque me la pase follando con el tipo que me puso una demanda para quedarse con la custodia de mi hijo".

 

Cuando entro a la casa todo parecía estar tranquilo, eran las ocho de la mañana después de todo. Agradeció esto y estaba dispuesto a encerrarse en su habitación y probablemente comer helado mientras se lamentaba por sus acciones y de las posibles consecuencias que tendrían, cuando se topó cara a cara con Joseph Joestar.

 

—Hey, buenos días, no te escuche llegar.

 

Si Jonathan fuese de esas personas que hablara con malas palabras probablemente habría susurrado un "mierda" pero simplemente tragó saliva, nervioso. ¿Por qué de todos los días que existían, justo hoy a Joseph le había dado por levantarse temprano? Él mismo había dicho que no le gustaba levantarse temprano…

 

—Buenos días. —respondió simplemente. Mas bien no tenía ni idea de que decir.

 

—Deberías descansar, Speedwagon llamo en la noche diciendo que te habías quedado a adelantar el trabajo que había pendiente en la empresa…

 

Jonathan abrió los ojos sorprendido. ¿Speedwagon había dicho eso? Vaya, en verdad le debía una al rubio en ese momento.

 

—Oh, sí. Había demasiado trabajo, así que preferí adelantar un poco… —odiaba mentir, pero no le quedaba de otra.

 

Joseph sonrió. —Eres demasiado trabajador, ¡yo no soportaría tanto estrés!

 

Jonathan también sonrió nerviosamente, al menos Joseph se había tragado esa mentira.

 

—Si, creo que iré a dormir un poco, ustedes desayunen sin mí.

 

Joseph asintió y así Jonathan pudo escapar directo a su habitación. Pensó en que Speedwagon era un gran amigo por haber dicho eso cuando el rubio sabía perfectamente que había pasado, o al menos sabía la parte de que había salido a cenar con Dio.

 

Cuando entro a su habitación se dejo caer sobre su cama. No mentiría si dijera que estaba demasiado feliz y que ahora ya no tenia más dudas, en verdad amaba a Dio y esta vez se aseguraría de tenerlo a su lado. También estaba seguro de que Dio también sentía algo por él, de lo contrario le habría golpeado o mandado a la mierda de inmediato, pero no, Dio incluso disfruto esa noche tanto como él...

 

Dio… Pensar en Dio le hacia feliz, Dio lo hacía feliz…

 

¿Yo también te hago feliz, Dio?

Chapter Text

Seis días…

 

 

Habían pasado seis malditos días desde que el inútil de Jonathan había huido de él como un cobarde. “Ni siquiera un maldito mensaje o algo, hijo de perra” había pensado Dio varias veces después de ver su celular y comprobar que no existía ningún registro de algún mensaje proveniente del número del mayor de los Joestars. Claro que Dio de inmediato se odio por preocuparse por algo como eso. Era muy su problema de Jonathan si no quería volver a pasarse por su vida… ¿¡Pero entonces por qué se había acostado con él!?

 

 

“¿Así que después de todo si fue solo un polvo para ti, eh Jojo? ¡Bien! ¡Como si me importara!” pensó Dio, revisando su teléfono por enésima vez. Maldito cobarde… Tan siquiera hubiese ido a ver a Haruno… El niño no podía hablar, pero era más que obvio cuando se quedaba mirando la puerta de su habitación que quería ver a Jonathan.

 

 

“—¿Estás seguro de que es solo Haruno quien quiere ver a Jonathan?”

 

 

Le habría preguntado su amigo, con quien estaba hablando por teléfono.

 

 

“—¡Por supuesto que sí! ¿Para que quisiera verlo yo? Ya me quedo bien en claro que tipo de intenciones tenía…”

 

 

“—¿Y tu que tipo de intenciones tenías?”

 

 

Dio comenzaba a preguntarse si su amigo en verdad estaba de su lado…

 

 

“—Como sea… Si tantas ganas tenia de follar hubiese ido por una prostituta…”

 

 

“—No creo que Jonathan Joestar pudiera hacer eso, tu mismo dijiste que era un caballero, además no creo que quiera estar con alguien más que no seas tú”

 

 

Dio rodo los ojos, como si eso pudiera ser cierto. Se llevo los dedos hasta el puente de la nariz, tratando de calmar su ansiedad.

 

 

“—Si claro, y por eso me ha estado evitando durante estos seis días...”

 

 

Enrico contuvo sus ganas de decir que incluso él tendría miedo con el carácter que se carga Dio, así que formulo mejor su respuesta.

 

 

“—Quizás este igual de nervioso que tu”

 

 

“—No estoy nervioso. Estoy molesto.”

 

 

“—Bueno, has admitido que estas molesto porque Jonathan este “ignorándote” es un avance, ahora dime que piensas hacer al respecto”

 

 

Dio se quedo callado, ¿Hacer algo al respecto? ¿Por qué debería hacer algo al respecto? Para él todo este asunto no fue más que sexo, no tendría porque cambiar nada, igual la única relación que tenia con Jonathan era por Haruno, pero igual no podía evitar sentirse demasiado molesto, como si hubiera sido usado…

 

 

“—Tengo trabajo que hacer, te llamare más tarde.” No pensaba admitir nada a su mejor amigo, sabia que el sacerdote era capaz de hacerlo decir sus más grandes verdades y no pensaba decir nada al respecto. Escucho al sacerdote despedirse y colgó.

 

 

Haruno estaba dormido, se acerco hasta a él y le dio un suave beso en la mejilla, despidiéndose. No era mentira que tenía trabajo que hacer, de hecho, estaba llevando un caso jurídico en ese momento.

 

 

Miro su reloj, marcaba las 12:30 pm. Había pedido un servicio de taxi y salió de su casa rumbo a su destino. Le había encargado a Mariah el cuidado de su hijo. Si tan solo Jonathan no fuera un cobarde probablemente le habría encargado a Haruno…

 

 

Había quedado de verse con Shinobu a la 1:00 pm. Shinobu Kawajiri era su clienta últimamente. Era una mujer de algunos 28 años, que lo había contratado para seguir su caso de demanda de divorcio de su esposo. Ella había dicho que estaba harta del hombre y que lo que más ansiaba era su libertad. Dio había aceptado gustoso ser su abogado, y se estaba encargando de la parte de la custodia de Hayato, el hijo de ambos y del cual, Shinobu quería la custodia total. ¿Irónico, no? Prácticamente era un caso parecido al suyo.

 

 

Si todo seguía como Dio había planeado, entonces para la próxima audiencia Shinobu ganaría el caso y estaría completamente divorciada y con la custodia de su hijo de siete años. Es por ello por lo que se reuniría con ella hoy, para acordar con la mujer lo que debía hacer y decir en el jurado.

 

 

Toco la puerta. Era una casa sencilla, lo suficientemente grande para que habitaran 3 personas a la perfección. Dio espero al menos medio minuto hasta que una mujer de cabellos castaños y vistiendo un vestido de lunares abrió la puerta.

 

 

—¡Señor Dio! Lamento haberlo hecho esperar, pase por favor.

 

 

Dio asintió, ligeramente molesto por el termino mal usado de “Señor”. Aun era joven como para ser considerador un señor, pero dado a su profesión tal vez indicaba algo de respeto. Entro a la casa hasta llegar a la sala, donde tomo asiento, la mujer le siguió y se sentó en el sofá frente a Dio. Ofreció algo de tomar al abogado, pero Dio dijo que más tarde.

 

 

—La próxima y ultima sección será la próxima semana, Shinobu, lo mejor será repasar lo que harás y dirás ese día, de ese modo aseguraremos tu victoria en el caso, así como tu divorcio de Kosaku. —aseguro Dio, sonriendo a la mujer, esperando que ella también reaccionara feliz de saber que todo estaba a su favor, después de todo, Dio tenia muchas influencias y además con sus conocimientos en leyes, fácilmente podría ganar el caso con los ojos cerrados.

 

 

—Ya veo…

 

 

Al contrario de lo que Dio creyó, Shinobu permaneció seria, pensativa más bien. Dio la miro algo extrañado, de las veces que había convivido con ella sabía que Shinobu era una mujer algo rencorosa, molesta con el hombre que era su marido, deseosa de terminar con aquel matrimonio que según ella le había arruinado la vida y que no había dejado por amor a su hijo, Hayato.

 

 

—¿Sucede algo, Shinobu? —Dio la miro, no podía continuar hablando sobre el caso y la próxima sección si la mujer seguía así, con esa actitud pensativa. Además, odiaba que lo ignoraran, le gustaba que le prestaran la debida atención. La mujer suspiro, jugando con su cabello algo nerviosa.

 

 

—Señor Dio. —llamo la atención del rubio, sin dirigirle la mirada.

 

 

—¿Sí?

 

 

Ella finalmente se armo de valor. —No se si estoy segura de querer seguir con esto…

 

 

Dio la miro extrañado. —¿A qué te refieres Shinobu?

 

 

La mujer volvió a quedarse callada por unos instantes, Dio creyó que ni ella misma estaba segura de lo que quería decir. Dio no era psicólogo, estudio leyes, pero más de alguna vez le habían dicho que pudo haber sido un psicólogo perfecto, esto debido a su forma filosófica de pensar y a su empatía hacia los demás, aunque Dio creyó que esto último era una farsa, no es como si le importaran mucho los demás... Sin embargo, podía usar sus dotes de “psicólogo” para averiguar qué pasaba con Shinobu Kawajiri, después de todo la mujer lo había contratado para seguir su caso e iba a terminarlo ya sea con un resultado favorable o no.

 

 

—¿No estas segura de querer divorciarte de Kosaku?

 

 

Dio vio como ella desviaba la mirada, sabía que había dado justo en el blanco. —¿Puedo saber los motivos?

 

 

Shinobu suspiro, buscando las palabras exactas. —Estoy enamorada de él.

 

 

Dio evito hacer un comentario al respecto. El amor… El maldito amor. Era una estupidez que una mujer estaba decidida a divorciarse, hablando pestes de su marido un día y al otro resulta que esta completamente enamorada de él. Patético.

 

 

—Yo… Creí que lo nuestro había terminado. Me case con él por un capricho mío después de todo, luego quede embarazada y tuvimos a Hayato. Fuera de eso nunca me di a la tarea de convivir más tiempo con él, si hablábamos solo era sobre nuestro hijo, fuera de eso era como si solo fuésemos unos simples conocidos que tenían algo en común, un hijo.

 

 

Dio quiso reír sarcásticamente cuando Jonathan se le vino a la cabeza. Ambos eran solo unos conocidos que tenían algo en común, Haruno.

 

 

—Pero cuando al fin tuvimos la oportunidad de estar solos los dos, me di cuenta de la persona que es Kosaku. No es el hombre aburrido y patético que yo creí, ¡en verdad es realmente interesante! Incluso es todo un caballero. Y no solo eso… —Shinobu hizo una pausa y Dio pudo ver como embozaba una sonrisa sincera, enamorada. —Él dijo que me amaba. Nadie antes lo había dicho. Él me ama, me ama incluso con mi horrible carácter, con mi maldito orgullo y con todos mis defectos. —ella suspiro. —Tal vez si me hubiera dado la tarea de conocerlo mejor, de escucharlo en vez de quejarme, de abrir mi corazón hacia él, hubiésemos evitado todo esto… Tal vez crea que es demasiado precipitado que de unos días para acá diga todo esto, después de todo lo que lo insulte y ofendí con tal de divorciarme de él… ¿Cree que es tonto todo esto?

 

 

Dio la miro, no podía decir que era tonto, no cuando la mayor parte de las palabras de la mujer se le habían clavado en el pecho como una espiga. Ella había estado casi ocho años casada con un hombre al cual despreciaba, pero eso era lo que ella quería creer. Ella no lo odiaba, más bien estaba cansada de no recibir una respuesta de parte de él. No fue hasta que casi se divorcian que se dieron cuenta de lo perdidamente enamorados que estaban.

 

 

“No es el hombre patético y aburrido que yo creí, incluso es todo un caballero” Esas palabras encajaban tanto a la perfección con alguien… Si Dio pudiera decir algo, era que Jonathan tampoco era tan aburrido y patético como alguna vez pensó. Es cierto que más de alguna vez el mayor de la familia Joestar lo hacía desesperar, pero otras veces se vio completamente interesado en alguna de las platicas de Jonathan, aun cuando hablaba de la aburrida arqueología… Tampoco era patético, no, eso menos que nada. Jonathan era todo un líder nato, era responsable, comprometido, audaz… Si él también se hubiese dado a la tarea de conocer mejor a Jonathan… ¿Qué habría pasado?

 

 

—No creo que sea tonto, Shinobu. —hablo, llamando la atención de la castaña. —Al contrario, creo que has hecho bien. Habías estado tomando decisiones precipitadas hasta el momento, dejándote llevar por tu orgullo y terquedad, ni siquiera pensando en las consecuencias que tendría. Creo que, si tienes oportunidad de arreglar tus problemas, hazlo. No cometas un error del cual te arrepientas después.

 

 

Vio como los ojos de la mujer comenzaban a llenarse de lágrimas. —¡No se porque hice todo esto! Yo en verdad lo amo, pero mi orgullo no me dejaba admitirlo, la verdad es que siempre lo ame, lo único que quería era su atención solo para mí, que solo me mirara a mí, y ahora que por fin lo tengo, creo que al fin podre ser muy feliz.

 

 

Dio asintió. —Bueno, supongo entonces que es todo de mi parte, no me queda más que desearte suerte en tu matrimonio, Shinobu.

 

 

A Dio no le molestaba la decisión de la mujer, después de todo ella ya había pagado por adelantado así que no tendría ningún problema, además era su vida y ella podía hacer lo que quisiera con eso. Pero había de admitir que toda esta situación lo había hecho sudar en frio, como si estuviese hablando sobre él y Jonathan…

 

 

—Muchas gracias por todo, señor Dio. Se que mi hijo también estará muy feliz de que sus padres estén juntos… —comento ella mientras se limpiaba las lágrimas con un pañuelo.

 

 

Finalmente Dio había estrechado su mano con la de Shinobu, dando por finalizado el caso. También le dijo que lo mejor seria comunicar a la corte que la próxima audiencia se cancelaría y que no se iba a divorciar. Le deseo suerte a la mujer y salió de su casa.

 

 

Pudo haber tomado un taxi e ir directamente a casa, pero a decir verdad no estaba de ánimo. Comenzó a caminar, sin ningún rumbo fijo en mente, lo único que tenia en mente eran las palabras de esa mujer.

 

 

“¡No sé porque hice todo esto! Yo en verdad lo amo, pero mi orgullo no me dejaba admitirlo, la verdad es que siempre lo ame, lo único que quería era su atención solo para mí, que solo me mirara a mi…”

 

 

¿Por qué sentía como si esas palabras se le clavaran en el corazón? Él no quería la atención de Jonathan, él no amaba a Jonathan, simplemente podía ignorar esas tontas palabras, después de todo no tenían nada que ver con él… Lo único que tenia en común con eso era que él también era demasiado orgulloso, jamás negaría eso. Desde niño se había forjado a ser como era ahora, no había sido fácil tener que vivir con un padre alcohólico que los maltrataba a él y a su madre, obviamente lo había hecho forjar una armadura que nadie podría sobrepasar tan fácilmente, así nadie más podría volver a lastimarlo como hizo su padre, así no volvería a sentirse tan vulnerable nunca más…

 

 

O eso creyó… Creyó que nunca más volvería a sentirse tan vulnerable frente a alguien, pero como siempre Jonathan Joestar llegaba a romper toda la tranquilidad que había alrededor de Dio. Y aun ahora seguía siendo lo mismo, no entendía como Jonathan podía ponerlo así, si hubiese sido cualquier otra persona quien lo hubiese “ignorado y usado” como pensaba Dio, le hubiese importado una mierda, ¿pero por qué dolía si era Jonathan Joestar quien lo hacía?

 

 

Dio tomo una fuerte bocanada de aire. ¿Qué es lo que en verdad quería? Pensó en los cinco millones que le había ofrecido Joseph Joestar, eso había sido más bien un regalo que el generoso Joseph Joestar le había propuesto a cambio de dejar que su hermano viera a Haruno. Si Dio lo pensaba bien, su negocio como abogado iba viento en popa, además de que el difunto George Joestar le había dejado una generosa herencia, así que podría decir que el dinero no le hacia falta en lo absoluto. Dio se mordió el labio al pensar en porque había aceptado ese dinero… ¿Había sido una excusa que él mismo invento para poder ver a Jonathan Joestar?

 

 

No, no, no. Claro que bien podría servirle ese dinero en un futuro, no había sido porque quisiera ver a Jonathan Joestar después de haberlo demandado por la custodia de Haruno… Definitivamente no.

 

 

Pero si no era el dinero, ¿Qué quería Dio entonces? ¿Qué era aquello que lo tenia tan intranquilo? Entonces pensó en Jonathan Joestar, la razón de todas sus confusiones, todas sus “tragedias” y todas sus inquietudes. La primera vez que lo vio pensó que era un ingenuo hijo de papi que tenia todo sin esforzarse por ello, Dio lo odio sin conocerlo solo por esa simple razón, él no tenia nada más que a su madre, careció de comida, de dinero, de amor… En cambio, Jonathan tenía todo lo que él nunca pudo tener. Después comenzó a conocerlo mejor. No se había equivocado en que Jonathan era un ingenuo, demasiado infantil para tener 13 años. Dio solo era un año mayor que él y aun así era mucho más maduro y frío, George Joestar comúnmente lo comparaba con Jonathan, elogiando a Dio. Dio encontró divertido el ser superior a Jonathan en todos los aspectos, incluso disfrutaba de hacerle la vida complicada. Recordó una vez que lo encontró fumando una pipa a escondidas, Jonathan había llorado, suplicando porque no le contara nada a su padre. A Dio le pareció patético. Sin embargo, lo que Jonathan tenia de patético y de ingenuo era inversamente proporcional a lo que tenia de inteligente y agradable. Jonathan había sido su primer amigo, aunque Dio no lo admitiera, era la única persona con la que se sentía tranquilo. Había dejado de pensar que Jonathan era un mocoso tonto, incluso llego a unirse al Joestar en sus travesuras, como cualquier niño. Creyó que junto a Jonathan todos sus problemas desaparecían.

 

 

Ambos crecieron y las cosas fueron complicándose un poco, Dio ya no tenía la total atención de Jonathan, lo cual lo molestaba. Jonathan, entre mas crecía, mas atractivo se ponía, incluso Dio no podía evitar mirar lo jodidamente atractivo que era Jonathan, pero por supuesto las mujeres del colegio tampoco…

 

 

Dio odiaba a esas mujeres que iban detrás de Jonathan. Las consideraba una fáciles y urgidas. Por suerte Jonathan no hacia caso de ninguna de ellas, a excepción de una: Erina Pendleton. Esa mujer se gano el odio de Dio. Jonathan siempre había asegurado que Erina era solo su amiga, pero Dio los veía demasiado cercanos como para ser solo amigos.

 

 

Dio se había acostumbrado a tener toda la atención de Jonathan sobre él, ya que Jonathan desde niños siempre lo elogiaba o estaba tras de él, diciendo que en verdad admiraba a Dio. El rubio sentía crecer su ego con cada palabra de Jonathan. Y que ahora su atención no fuese para él lo enojaba demasiado. Dio se preguntó en que había de bueno en esa tal Erina. Su cabello era rubio… “El mío también es rubio” habría pensado Dio. A él también le había llovido una ola de propuestas de varias mujeres, pero cada vez que iba a darles una respuesta la imagen de Jonathan se le venia a la mente y terminaba rechazándolas.

 

 

Mas de una vez golpeo a puñetazos la pared de su habitación. ¿Por qué Jonathan Joestar siempre estaba en su mente? Era su amigo, su hermano adoptivo, ¿Entonces por qué… pensaba de esa manera? ¿Por qué le dolía que Jonathan se viera con otras mujeres? ¿Por qué moría se celos cuando esa tal Erina aparecía?

 

 

Dio habría tratado de borrar todos esos pensamientos, aceptando una que otra propuesta de alguna chica, pero ni así podía olvidar a Jonathan. Claro que su más grande error había sido aceptar que lo único que sentía por Jonathan era compañerismo, amistad. Error que pago cuando se dispuso a beber mas de la cuenta y se lanzo a los brazos de Jonathan, dejando fluir esas sensaciones que tanto tiempo lo habían atormentado. Lo peor es que Jonathan no había hecho nada por evitarlo, como si en verdad sintiera lo mismo que Dio…

 

 

Después de eso todo era ya más que obvio, había quedado embarazado de Haruno y había huido del país, solamente para que en la actualidad las cosas estuvieran más complicadas que nunca.

 

 

Dio se mordió el labio, casi haciéndolo sangrar. La parte inconsciente de su cerebro le había traído mas recuerdos de lo necesario, y aunque le doliera admitirlo y su orgullo se rompiera en mil pedazos no podía negar que desde siempre, e incluso ahora, había estado buscando la atención de Jonathan Joestar. Siempre había tenido un sentimiento más que la amistad por Jonathan siempre había querido algo más con Jonathan…

 

 

¿Por qué era tan difícil admitirlo? Enrico sabia que Dio tenia sentimientos por Jonathan, siempre lo supo, incluso más que el mismo Dio, quien estaba cegado por su orgullo. Incluso Haruno era la prueba de que Dio estaba enamorado de Jonathan.

 

 

Dio se llevo las manos hasta la cabeza, el primer paso ante todo era la aceptación, pero vaya que le había costado demasiado admitir a si mismo que estaba enamorado de Jonathan. Pero… ¿Jonathan sentía lo mismo? Él mayor de los Joestar nunca había dado ningún indicio de sentir algo por él durante su adolescencia, incluso fue Dio quien dio el primero paso, y cuando Dio desapareció Jonathan no había hecho nada por buscarlo… Pero ahora decía que lo amaba, ¿Cómo podía creerle? ¿Qué le aseguraba que era verdad? Dio no quería ser lastimado de nuevo, no quería abrirle su corazón a nadie.

 

 

Tal vez… tal vez lo mejor era dejar las cosas así…

 

 

Dio suspiro profundamente, tenia ganas de llorar de coraje por todo aquello que estaba sintiendo, pero lo mejor era tragarse todo ese coraje y continuar como si nada hubiese pasado, igual que lo había hecho todos estos años. Continúo caminando, había perdido la noción del espacio-tiempo por estar metido en sus pensamientos, llego a una esquina y se pregunto si debía continuar derecho o dar vuelta en la siguiente calle. Decidido dar vuelta. Gran error.

 

 

Dio se quedo parado sin moverse, como si hubiese sido una maldita jugada del destino, trago saliva, nervioso y no pudo evitar que sus ojos se encontraran con la profunda mirada azul del hombre que estaba frente a él.

 

 

Dio se quedo quieto, viendo a la persona que estaba al frente suyo. Jonathan Joestar era algunos centímetros más alto que él, y también mas imponente debido a su musculatura, sin embargo, Dio mantuvo firme la mirada, como siempre solía hacer.

 

 

—Dio…

 

 

—Jojo…

 

 

Jonathan trago saliva, podría decir que fue más incomodo de lo que pensaba. En verdad no pensaba encontrarse con Dio tan pronto… No tenia ni la menor idea de que decir, incluso se preguntó que hacía Dio caminando por esa calle, pero lo que más temía era la reacción del rubio, pero no podía seguir así, no cuando prácticamente huyo de Dio como un cobarde.

 

 

—Yo… quería verte. —fue lo único que fue capaz de decir.

 

 

Dio lo miro seriamente, por primera vez en mucho tiempo, no tenia intenciones de esquivar el tema o de huir, simplemente se quedo ahí, esperando a que Jonathan hablara.

 

 

—Dio… lamento no haber dicho nada durante estos seis días, yo… espero que no estés molesto…

 

 

Dio lo miro mal, ¿En serio solo iba a decir eso? —No es como si me importara, en realidad.

 

 

Jonathan sentía el ambiente tan tenso que había a su alrededor. —Yo… en verdad fui tan feliz esa noche. —Jonathan sonrió. —Te había extrañado tanto, Dio, no sabes lo feliz que estaba de tenerte junto a mí una vez más.

 

 

Dio desvió la mirada, molesto. —¿Si tan feliz estabas entonces por qué te fuiste?

 

 

Jonathan trago saliva. —Dio, yo…

 

 

—¿Qué? ¿En serio crees que te voy a creer eso de que estabas muy feliz cuando lo único que hiciste fue huir como un cobarde y dejarme ahí como si nada hubiese pasado?

 

 

Jonathan no sabía que decir, después de todo sus acciones habían hablado por si solas. —No era mi intención hacerte sentir así, Dio, yo en verdad no sabia que hacer… Estaba demasiado feliz como para pensar correctamente, además estaba asustado por… por… tu cuello estaba lleno de…

 

 

Dio entendió a lo que se refería y quiso golpearlo. Sonrió sarcásticamente y se llevo la mano hasta el cuello de su camisa. —¿Ah, te refieres a estas? —dijo mientras dejaba a la vista las marcas que aun estaban presentes en su cuello, con la diferencia que ahora tenían un color verdoso, casi ya no tan evidente como aquel día.

 

 

—Lo siento, yo estaba… no estaba en mis cinco sentidos, en verdad lo siento.

 

 

Dio sintió un nudo en su garganta, pero con firmeza se atrevió a preguntar. —¿Es el alcohol la razón por la que hiciste eso? Sin el alcohol, ¿no habrías hecho nada? Tsk, por supuesto, ya me esperaba algo así, por segunda vez el alcohol influye en una decisión tuya, Jonathan Joestar…

 

 

Jonathan abrió los ojos como platos y de inmediato se apresuro a negar con la cabeza. —¡Eso no tiene nada que ver, Dio! Yo solo… hubiese esperado más tiempo, no habría hecho nada que no quisieras. Yo solo quería que tú también te sintieses bien…

 

 

Dio agacho la cabeza, avergonzado. —¿Quién dijo que no quería? —susurro.

 

 

—Dio, tu…

 

 

El rubio lo miro desafiante. —Si no lo hubiese querido simplemente te habría golpeado, como el imbécil que eres… —iba a continuar hablando cuando vio como Jonathan comenzaba a reír, ligeramente, cubriéndose la vista con una mano. —¿Jojo?

 

 

Jonathan prácticamente se lanzo hacia Dio y lo envolvió en sus brazos. —¡Dio! Pensé que estabas molesto, tenia tanto miedo por como fueras a reaccionar…

 

 

Dio sentía que la Jonathan le iba a sacar los pulmones. —¿Molesto? ¡Por supuesto que estoy molesto! Si solo ibas a usarme para follar hubieses ido a buscar a una maldita prostituta.

 

 

Jonathan se separo de golpe de Dio y lo tomo de los hombros, mirándolo fijamente. —Jamás pensaría en ti de esa manera Dio, eres demasiado especial para mi como para considerarte de esa forma. Yo… yo te amo demasiado, Dio.

 

 

Dio sintió su piel temblar. Aquel hombre por el que tanto había estado confundido, por el que quería desaparecer de la tierra, el que tanto quería golpear… Estaba frente a él, admitiendo que lo amaba, ¿Podía creerle? ¿Podía arriesgarse a que lo lastimaran nuevamente?

 

 

—No te creo…

 

 

—Te amo. —repitió el moreno. Dio negó con la cabeza y el mas alto lo tomo del rostro, obligándolo a verle. —En verdad te amo Dio.

 

 

—Mientes… —Dio no podía mantenerle la mirada, se pondría demasiado nervioso si lo hacía.

 

 

—Entonces lo repetiré miles de veces hasta que me creas. —dijo antes de acercarse y dejar un suave beso en la frente de Dio. —Te amo…

 

 

Dio lo miro, podía ver su propio reflejo en los azules ojos de Jonathan, y pensó que, si saldría lastimado, tal vez valdría la pena…

 

 

—Jodete, Jojo… —dijo antes de tomar el cuello de la camisa del más alto y unir los labios de ambos, en un beso donde no había rastros de lujuria ni nada, solo eran sus labios moviéndose suavemente, olvidándose de todo lo que pasaba a su alrededor. Jonathan puso su mano en la mejilla de Dio, disfrutando de lo suaves que eran los labios del rubio, y Dio abrazo su cuello, importándole muy poco que estuvieran en plena calle.

 

 

Jonathan finalmente se separó, con la boca semiabierta, dudoso. —Dio… eso significa que… tu…

 

 

Dio, mas decidido que nunca asintió. —Solo te daré una maldita oportunidad, Jonathan Joestar, así que escúchame bien, si la cagas, te matare.

 

 

Jonathan embozo una gran sonrisa. —¡No lo haré, Dio! ¡Te prometo que te haré más feliz que a nadie!

 

 

El rubio desvió la mirada, tratando de calmar su corazón que estaba latiendo demasiado rápido y también sonrió ligeramente, por primera vez en mucho tiempo sentía como si se hubiese quitado un gran peso de encima.

 

 

—Dio, ¿Puedo besarte una vez más? —pregunto, acercándose lo suficiente al rubio como para abrazarlo por la cintura. Dio sintió que las mejillas se le ponían rojas.

 

 

—Tsk, haz lo que quieras…

 

 

Jonathan sonrió y volvió a besarlo, asegurándose de que todo esto fuera real, estaba tan feliz, todo a su alrededor se iluminaba, y quería que esa felicidad no se acabara nunca. Dio estaba abrazado a su cuello, y Jonathan no quería soltarlo jamás…

 

 

—Señor Joestar, la junta comenzara a las…

 

 

Jonathan dejo de besar a Dio cuando escucho la voz de su socio y amigo detrás de él.

 

 

—¡Speedwagon! ¡Oh si, la junta! Jeje enseguida iré… —dijo Jonathan más que nervioso por la situación. Dio miro todo el entorno confundido, ¿Ese no era el socio de Jonathan? ¿Qué hacia ahí? Fue entonces que cayo en cuenta que se encontraban justo afuera de la empresa Joestar. ¿Cómo carajo camino hasta ahí sin darse cuenta? Ahora sabia porque Jonathan estaba ahí. Vio como el tal Speedwagon desviaba la mirada, nervioso.

 

 

—¡N.no hay problema, señor Joestar, lamento interrumpir…!

 

 

—Espera, Speedwagon.

 

 

El rubio de sombrero a cuadros volteo ante la llamada de Jonathan.

 

 

—Speedwagon, déjame presentarte a alguien, él es Dio, mi… —Jonathan hizo una pausa, mirando a Dio quien también lo miraba fijamente como esperando saber que es lo que el mayor de los Joestars iba a decir. Jonathan sonrió. —Él es… alguien muy especial para mí.

 

 

Dio solo desvió la mirada, ¿Cómo podía decir algo como eso tan fácilmente? Maldito cursi…

 

 

Speedwagon lo miro, así que él era Dio del que tanto hablaba Jonathan. —Es un placer conocerlo, soy Robert Speedwagon, socio del señor Jonathan.

 

 

Dio estrecho su mano con la del otro rubio. —Es un placer.

 

 

Speedwagon después entraría al edificio, dejando solos nuevamente al rubio y a Jonathan. El más alto se disculpó. —Lo lamento Dio, tengo que volver al trabajo.

 

 

Dio se encogió de hombros. —Igual tengo que regresar a casa… Por cierto, Haruno te extraña, deberías ir a verlo. —dijo Dio, preguntándose si solo había dicho eso por Haruno.

 

 

Jonathan sonrió y se acerco a dar un pequeño beso en la mejilla de Dio. —Los veré en la noche entonces.

 

 

Dio asintió y dio la vuelta, caminando en sentido contrario, por donde había venido, con una sonrisa tonta en el rostro, deseando que las horas pasaran rápido…

Chapter Text

Jonathan miro su reloj de nuevo, contando los minutos que faltaban para salir del trabajo e ir a ver a Dio y a Haruno. Su socio y amigo, Speedwagon le miraba divertido, Jonathan tenía una gran sonrisa tonta en el rostro, aun no podía creer que Dio le haya dado otra oportunidad, estaba demasiado feliz, tan feliz que podría morir en ese momento y no le importaría… ¡Pero no! Primero tenía que ver crecer a su hijo y vivir toda una vida junto a Dio, solo ahí podría morir en paz.

 

 

—Puedes irte a casa, señor Joestar, yo puedo encargarme del papeleo que falta. —Speedwagon llamó la atención de Jonathan, quien dejo de fantasear para posar su mirada sobre su rubio amigo.

 

 

—¿Eh? ¡Por supuesto que no, Robert! Tu eres el dueño de la petrolera Speedwagon, la empresa que hizo crecer a la de mi familia, te debemos demasiado, trabajar junto a ti y esforzarme es lo mínimo que puedo hacer para pagarte por todo lo que has hecho.

 

 

Speedwagon sonrio y negó con la cabeza. —Usted es mi amigo, y también ha hecho mucho por mí, además no me molesta quedarme aquí unas horas más, usted vaya a divertirse con su familia.

 

 

Jonathan también sonrió. —Muchas gracias, Robert, me asegurare de que Erina se case contigo, ya verás.

 

 

El rubio se sonrojo a más no poder. —N-no diga eso, señor Joestar. La señorita Erina y yo vamos despacio, no hare nada que ella no quiera. —comento Speedwagon nervioso. A Jonathan le divertía lo tímido que era su amigo a pesar de que tenía algunos meses saliendo con Erina. El mismo Jonathan los había presentado y Speedwagon se enamoró a primera vista de la rubia, pero era demasiado tímido como para tan siquiera entablar una conversación con ella, claro que Jonathan había intervenido y al final Erina termino saliendo con Robert. Y para Jonathan, que Erina era como una hermana para él, no podía haber mejor hombre que Speedwagon para protegerla y amarla.

 

 

—Bueno, en verdad te debo una Robert, te veré mañana.

 

 

Speedwagon también se despidió y Jonathan de inmediato se apresuró a salir del edificio para subir hasta su auto y manejar rumbo a la casa de Dio. Una vez que llego, fue hasta la puerta y toco animadamente, incluso saludo con una gran sonrisa a Vanilla Ice y entro a la casa sin pedir ningún permiso, subiendo hasta la habitación de Haruno. Extrañaba al pequeño rubio, ya era casi una semana sin verlo, no podía vivir sin ver la hermosa sonrisa de su hijo. Para su buena suerte, cuando abrió la puerta lo primero que vio fue la gran sonrisa de Haruno, que estaba riendo porque Dio lo sostenía por lo alto, como si el pequeño volara. Haruno reía y reía, aun sin percatarse de la presencia de Jonathan, y al parecer Dio tampoco. Jonathan se acercó en silencio, sin llamar la atención y cuando por fin estuvo detrás de Dio, lo abrazo por la cintura, haciéndolo sobresaltar.

 

 

—¿Qué mier…? ¡Jojo!

 

 

Jonathan le dio un beso en la mejilla. —Te extrañe… Y a ti también. —exclamo con una gran sonrisa antes de quitarle a Haruno al rubio y comenzar a llenarle de besos en las mejillas. El niño de inmediato se puso feliz al ver a su otro padre. Dio miraba al hombre con cara de “¿A qué maldita hora llego?” sin embargo solo exhalo el aire y camino hasta donde Jonathan.

 

 

—Creí que llegarías más tarde.

 

 

Jonathan se encogió de hombros. —Tenía demasiadas ganas de verlos. ¿Me extrañaste? —dijo besando una y otra vez las mejillas regordetas de Haruno, causando que el bebé se carcajeara. —Porque yo si extrañe al bebé más lindo del mundo.

 

 

Jonathan cargo a Haruno y lo puso enfrente de él, para que se miraran cara a cara, acto seguido comenzó a hacer gestos para que el niño riera.

 

 

—También a ti te extrañe. —aún con Haruno en brazos se acercó hasta donde estaba Dio para darle un beso en los labios. Claro que lo hubiera hecho si el rubio no hubiese puesto su mano en el rostro de Jonathan, empujándolo.

 

 

—Sigue de empalagoso y te echare de aquí ….

 

 

Jonathan le miro tratando de convencerlo. —Dio…

 

 

El rubio lo miro mal, dando a entender que no iba a cambiar de opinión.

 

 

—Bien, bien, ya entendí, iré más lento.

 

 

Dio asintió, si bien le había dado otra oportunidad a Jonathan, el mayor necesitaba de su propio espacio personal. Y Jonathan sabía perfectamente que en los 22 años que tenía Dio, poco le agradaba que estuviesen pegados a él, Dio no era una persona muy cariñosa que digamos. Bueno, solo con Haruno.

 

 

—Ya era hora de que vinieras a ver a tu hijo, se la pasaba mirando la puerta toda esta semana esperando el momento en que llegaras. -reclamo el rubio.

 

 

Jonathan miro a Haruno. —Awww, yo también quería verte mi amor. Perdóname por no haber venido, pero tenía miedo de que tu padre me golpeara…

 

 

—Te golpeare si sigues diciendo eso… Además, creí que ya habíamos aclarado eso.

 

 

Jonathan sonrió más que contento. —¡Por supuesto! Y ahora no los dejare ir por nada del mundo. —dijo mirando a Dio y luego a Haruno.

 

 

Dio rodó los ojos, ocultando una ligera sonrisa sincera. Entonces Haruno comenzó a balbucear, señalando la pila de juguetes que había en la mesita.

 

 

—¿Qué, quieres jugar? —el pequeño rubio asintió y Jonathan gustoso fue con su hijo hasta donde estaban los juguetes y comenzó a jugar con él. Jonathan veía emocionado como Haruno tenía enfrente de él una caja con varios agujeros en forma de figuras y después tomaba la figura de un triángulo y luego de pensarlo un poco lograba ponerlo en el agujero que correspondía. Haruno sonrió ampliamente, presumiendo su logro a su padre y Jonathan comenzó a aplaudir. —Wow, eso fue genial Haruno. ¡Vamos Dio, apláudele a Haruno! ¡Nuestro hijo es muy inteligente!

 

 

Él rubio mayor sonrió y se acercó a donde estaban Jonathan y el bebé. —Por supuesto que Haruno es inteligente, es mi hijo después de todo…

 

 

—Eso jamás te lo negare, eres muy inteligente, esa es una de las miles de cosas que me gustan de ti.

 

 

Dio agacho la cabeza para evitar que Jonathan viera el ligero sonrojo en su rostro. —Tsk, te dije que no fueras cursi…

 

 

—Solo te estoy halagando, creí que te gustaba eso…

 

 

Dio se encogió de hombros, ese tipo de halagos sólo hacían crecer su orgullo. —No lo negare.

 

 

—Entonces déjame halagarte más… —susurro antes de levantarse y acercarse a besar a Dio. El rubio iba a poner objeción, pero siendo sinceros no podía hacerlo, y tampoco quería. Sus labios se movieron suavemente contra los de Jonathan, lentamente como una ligera caricia, mientras Jonathan tocaba su mejilla suavemente.

 

 

Jonathan movió sus labios con más intensidad, queriendo obtener más del sabor de Dio, y el rubio correspondió de inmediato llevando sus manos alrededor del cuello de Jonathan para pegarlo más a él, entonces Dio sintió la lengua del moreno deslizarse por su labio inferior y por reflejo abrió levemente los ojos solo para toparse con la mirada de su hijo, quien los miraba curioso.

 

 

—Mierda…

 

 

Dio empujó a Jonathan, separándose de golpe de aquel beso. Ambos tenían las mejillas sonrojadas. Dio podría ser un sinvergüenza, pero no iba a dejar que su hijo viera ese tipo de cosas.

 

 

—¿Qué pasa? —pregunto confundido Jonathan.

 

 

Dio gruño por lo bajo, tomo la mano del más alto y lo llevo fuera de la habitación.

 

 

—¿Eh? ¡Dio, espera! ¿A dónde vamos?

 

 

Jonathan sabía que Dio era muy fuerte y ahora lo comprobaba cuando Dio casi lo arrastraba por el pasillo hasta que llegaron a la habitación más alejada del resto. Dio abrió la puerta y sin entrar, empujo a Jonathan dentro, sin importarle que el peliazul casi cae al suelo.

 

 

—Cállate y quédate ahí.

 

 

Eso fue lo único que escucho decir del rubio antes de que este cerrara la puerta justo en su cara. Jonathan se quedó solo, pudo escuchar los pasos de Dio alejarse de la habitación. Por un momento se preguntó si Dio era capaz de dejarlo encerrado ahí, aunque la respuesta era obviamente un sí.

 

 

Miro a su alrededor. La habitación estaba amueblada con una cama al centro, una cómoda a lado, un par de sofás y una mesita de centro. Era una clásica habitación para visitas, ya que era más pequeña que las otras. Estaba a punto de ir a recostarse sobre la cama cuando la puerta volvió a abrirse. Jonathan no tuvo tiempo de reaccionar cuando Dio lo empujó hacia la cama, haciendo que callera de espaldas y el rubio subió sobre su regazo, apresurándose a besarlo profundamente. Jonathan sonrió y coloco sus manos sobre las caderas de Dio, abrazándolo. Dio sabia a menta, tan fresco, su lengua acariciaba los labios de Jonathan y este no dudo en morder ligeramente el labio inferior de Dio, haciendo que el rubio soltara un gemido entre sus labios.

 

 

—Jojo…

 

 

Dio estaba sentado justamente sobre el regazo de Jonathan, y sonrió cuando pudo sentir como el miembro de Jonathan crecía en sus pantalones. Dio deslizó su lengua hasta el cuello de Jonathan, lamiendo y chupando, a la vez que movía sus caderas, frotando la erección cubierta del más alto. Jonathan gimió.

 

 

—Veo que ya estás muy despierto, Jojo…

 

 

Se burlo Dio a la vez que movía aún más sus caderas, haciendo que Jonathan se mordiera el labio.

 

 

—Es porque… —Jonathan desvío la mirada, avergonzado y al final susurro. —Es porque eres muy bueno en esto…

 

 

Dio tomo el mentón de Jonathan y lo volteo para que lo mirara.

 

 

—¿Tanto te cuesta hablar sucio, Jojo? —se burló el rubio. —Sigues siendo el mismo tipo ingenuo que conozco desde hace 10 años…

 

 

Jonathan sonrió. —Supongo que algunas cosas nunca cambian… —estaba a punto de tomar a Dio de la cintura para cambiar de lugares y dejarlo debajo de él, pero Dio se lo impidió.

 

 

—Oh, no, Jojo, esta noche yo mando aquí… —sonrió ampliamente mientras se lamia el labio. Jonathan solo asintió, Dio se veía tan sexy así. —Además hay algo que me inquieta desde la última vez… ¿Cómo diablos te volviste tan bueno en esto? —dijo Dio a la vez que comenzaba a desabotonar la camisa blanca de Jonathan. Después lo miro enarcando una ceja. —¿No será acaso que te hayas estado acostando con alguien mientras yo me largue a Florida, cierto?

 

 

Jonathan pudo ver como la expresión de Dio había dejado de verse burlona, y ahora se oscurecía, como si le molestara. Jonathan de inmediato negó con la cabeza.

 

 

—¡Por supuesto que no, Dio! ¡No podría estar con nadie más que no seas tú!

 

 

Dio sonrió. —Eso no resuelve mis dudas, Jojo… La primera vez que estuve contigo fuiste tan torpe que podría decir que fue el peor sexo de mi vida…

 

 

Jonathan se sintió mal por eso, en esas épocas era totalmente inexperto en esos temas. Dio le revolvió el cabello.

 

 

—Pero hace unos días estuviste genial… ¿Crees que te voy a creer que no te acostaste con nadie más, cuando mejoraste tanto? Dime que fue lo que hiciste. —ordeno el rubio

 

 

Jonathan agacho la cabeza, no quería que Dio viera su cara cuando lo dijera. —Yo… Tal vez v-vi unos v-videos p-porn…

 

 

La sonrisa de Dio se amplió a más no poder. Quería reírse, ¿Era en serio? El inocente e ingenuo Jonathan Joestar ¿mirando pornografía? Esto era demasiado para Dio, no pudo evitar reír.

 

 

—Espera, ¿es en serio? ¿Tú viendo pornografía? ¡Oh por Dios, esto debí grabarlo!

 

 

—¡Dioooo! —Jonathan lo abrazo por la cintura, avergonzado y quejándose de las burlas del rubio.

 

 

—Jaja, lo siento, es solo que nunca creí que fueras esa clase de persona, creí que eras todo un caballero… Pero veo que los caballeros también tienen necesidades...

 

 

Jonathan no dijo nada, escondió su rostro en el pecho de Dio, abrazándolo y pegándolo a su cuerpo.

 

 

—Pero ahora has despertado mi curiosidad, Jojo, ahora dime ¿Qué tipo de pornografía veías?

 

 

Dio sabía que Jonathan estaba más que avergonzado por el tema, en estos casos Dio siempre había sido más abierto al tema, pero Jonathan era más conservador y penoso al respecto.

 

 

—Porno gay… —escucho un ligero susurro por parte de Jonathan. Dio quería carcajearse de nuevo.

 

 

—Vaya, quien lo diría, Jojo. Ahora dime, ¿Cómo era el pasivo en esos videos? —si Dio tenía razón en su teoría, entonces confirmaría que Jonathan Joestar también era un jodido pervertido...

 

 

Jonathan sintió sus mejillas arder la vergüenza. —Rubio…

 

 

Y Dio atinó justo en el blanco. Sonrió y tomo el rostro del más alto y lo levanto para mirarle. —¿Te masturbabas pensando en mí? —pregunto el rubio lamiendo los labios de Jonathan, provocándolo.

 

 

—Ahh, Dio, si…

 

 

—Eres tan sucio, Jojo, dime ¿Qué imaginabas que te hacia yo?

 

 

Jonathan desvío la mirada, avergonzado.

 

 

—Vamos, Jojo. —Dio volvió a frotar sus caderas contra la dura erección de Jonathan. —¿No vas a decirme? —se acercó hasta el oído de Jonathan y susurro. —Yo también me masturbaba pensando en ti Jojo... Ahora dime que imaginabas que hacía yo cuando te masturbabas…

 

 

Jonathan trago saliva, sentía su erección demasiado apretada contra sus pantalones, y Dio frotándose contra él no ayudaba en nada… —Con tu boca… —fue lo único que pudo decir antes de que la vergüenza lo controlara.

 

 

Dio sonrió y con su mano acarició el marcado pecho del moreno. —¿Quieres que te haga sentir bien con mi boca, Jojo? Jeje, está bien, será una recompensa por haber sido tan honesto.

 

 

Jonathan sentía que la cara le iba a explotar de lo rojo que se encontraba en esos momentos. Sabía que justo le había confesado a Dio que lo había imaginado tantas veces usando su boca para hacerlo sentir bien, pero de eso a que en verdad estuviera pasando, lo estaba poniendo más nervioso de lo normal.

 

 

Dio se puso de rosillas, quedando justo frente a la entrepierna de Jonathan. Le desabotono sus apretados pantalones y los bajo por completo, revelando unos ajustados boxers negros que no hacían más que marcar la jodida erección de Jonathan. Dio se burló dando una rápida lamida sobre la tela del boxer.

 

 

-Eres tan grande Jojo, a veces me da envidia. -sonrió burlón. Finalmente dejo de perder el tiempo y bajo la ropa interior de Jonathan, disfrutando el hecho de tener al mayor de los Joestar completamente desnudo ante su vista. Dio saco su lengua y la paso desde la base del miembro de Jonathan hasta la punta, sintiendo lo duro que estaba. Su mano acariciaba los testículos del más alto, a la vez que llevo su lengua hasta la cabeza de su miembro, lamiendo el glande y causando que Jonathan soltara un gemido. Dio enrollo su lengua alrededor de la punta del pene del moreno, degustando su sabor, solo para después meterlo en su boca, ahuecando sus mejillas para que Jonathan pudiera sentir el calor de la boca del rubio. Jonathan echo la cabeza hacia atrás, jamás imagino que la boca de Dio pudiera sentirse tan bien. Dio succiono su miembro, moviendo su cabeza de adelante hacia atrás, enrollando su lengua alrededor, tratando de llegar lo más profundo que podía.

 

 

—Ahh, Dio… Espera no hagas eso… —Jonathan se cubrió el rostro con ambas manos, nervioso por su primera experiencia con el sexo oral.

 

 

Dio sonrió, lamiendo la punta de su miembro ante los ojos de Jonathan. —¿Qué, acaso no querías esto? No seas tímido, Jojo, prometo hacerte sentir bien… —dijo antes de volver a meterse la erección de Jonathan en la boca.

 

 

Jonathan solo podía sentir la cálida saliva de Dio escurriendo por su miembro y los sonidos que hacía cuando Dio sacaba su miembro de su boca para lamer todo el tronco de su pene, dejándolo completamente húmedo. Jonathan enredo sus dedos entre los rubios cabellos de Dio, acariciándolos antes de que Dio volviera a meter su miembro en su boca, yendo más profundo hasta que su nariz toco el vello que rodeaba el pene de Jonathan. Este no podía resistirse al calor de la boca de Dio y dio una embestida ligera, haciendo que el rubio diera una arcada, pero no se detuvo, tomo las caderas de Jonathan y lo acaricio mientras lo miraba fijamente, con esos ojos dorados que tanto volvían loco a Jonathan.

 

 

—Hazlo de nuevo, Jojo… follame la boca. —pidió antes de lamer la cabeza de su pene, como si de un dulce se tratara. Jonathan no podía negarse ante esa petición, no cuando se sentía tan jodidamente bien…

 

 

Tomo los cabellos de Dio y empujo su cabeza nuevamente contra su miembro, haciendo que engullera todo de una vez. Su miembro golpeaba las mejillas de Dio, las lágrimas se hicieron presentes en los ojos del rubio, Jonathan le estaba embistiendo la boca, su largo miembro golpeaba la parte posterior de su boca, haciéndolo sentir nauseas, pero poco le importaba eso, le encantaba cuando Jonathan perdía la cordura por el placer y comenzaba a volverse salvaje y brusco, como si no le importara lastimar a Dio. A Dio le fascinaba esa faceta de Jonathan, que lo hacía ver totalmente varonil. Jonathan creía que estaba viendo las estrellas, pero antes de poder sentir más placer, tomo a Dio y lo separo de su miembro.

 

 

—¡Espera, Dio! ¡Voy a venirme!

 

 

El rubio miro confundido a Jonathan, la saliva aun escurría por su mentón y estaba tratando de recuperar el ritmo de su respiración.

 

 

—¿Qué pasa? ¿No quieres venirte en mi boca? —pregunto el rubio, dando una rápida lamida a la punta de su miembro, provocándole…

 

 

—¡N-no es eso!

 

 

—¿Entonces?

 

 

Jonathan se estiro para poder tomar de los brazos a Dio y levantarlo, dejándolo sentado sobre su regazo, para después estirar su mano hasta el redondo trasero de Dio, acariciándolo. —Yo… quiero venirme aquí.

 

 

Dio sonrió, con que así eran las cosas… —Eres un pervertido, Jojo… —dijo antes de besarlo, acariciando sus lenguas mutuamente, y Dio sin separarse del beso comenzó a quitarse la camisa, dejando que Jonathan pasara sus manos por su pecho desnudo, apretando ligeramente un pezón de Dio, causándole un cosquilleo que fue directamente a su entrepierna. —Tócame más, Jojo… Quiero sentirte…

 

 

Dio se separó un poco del más alto, solo para quitarse rápidamente sus pantalones y ropa interior y lanzarlos a cualquier parte de la cama, no podría importarle menos, y después volvió a los brazos del peliazul. Jonathan deslizo sus dedos entre las nalgas de Dio, acariciando a tientas la entrada de Dio, burlándose del rubio y haciendo que éste se estremeciera.

 

 

—Dio… necesito lubricante…

 

 

—Que desesperado… —se burló mientras extendía su mano hasta su pantalón que se había quitado antes y de uno de los bolsillos saco una pequeña botella. Jonathan esperaba que el rubio le pasara el lubricante pero en vez de eso vio como Dio llenaba dos de sus dedos del liquido y los llevaba hasta su entrada, metiéndolos mientras masturbaba su miembro. Jonathan se lamio los labios ante tremenda vista, Dio era verdaderamente sexy, su miembro estaba más que duro gracias al rubio.

 

 

Dio no paso mucho tiempo preparándose a si mismo, pero no le importaba, saco sus dedos de su interior y se acomodo en el regazo de Jonathan, subiendo sobre su miembro, lo tomo entre sus manos y lo alineo en su entrada. Jonathan apretó los muslos de Dio al sentir lo apretado que estaba, se sentía tan caliente como si fuera a derretirse.

 

 

Dio apretó los dientes, le dolía, pero aun así empujo sus caderas hacia abajo penetrándose a sí mismo durante al acto. Vio a Jonathan hacer una mueca de placer, al sentir como su miembro era succionado por el interior del rubio.

 

 

—¿Te gusta eso, Jojo? —sonrió Dio antes de mover sus caderas rápidamente.

 

 

—Ahh, Dio, estas tan... Caliente…

 

 

Dio sonrió, disfrutando de los gemidos de Jonathan, admirando la cara de placer que hacia el más alto. Le gustaba la idea de llevar a Jonathan hasta el límite, de ser él quien lo hiciera.

 

 

—Dime Jojo, ¿Acaso Erina te hace sentir tan bien como yo? ¿Acaso te follas a Erina como lo haces conmigo? Vamos, dime. —insistió Dio, volviendo loco a Jonathan cada que Dio apretaba su interior alrededor de su pene. —Ahhh, J-jojo…

 

 

Jonathan tomo las caderas de Dio y lo hizo sentarse completamente sobre su miembro, Dio grito de dolor. —¿Qué? ¿Por qué mencionas a Erina?

 

 

—Tsk, no me digas que nunca te tiraste a Erina, ¿eh? —Dio enarco una ceja, quiso mover sus caderas, pero Jonathan lo tenía bien sujetado, impidiendo que lo hiciera. Jonathan lo miro fijamente.

 

 

—Erina es mi amiga, Dio, solo eso.

 

 

—Si, claro, supongamos que te creo.

 

 

—Dio. —Jonathan estiro su mano para hacer que el rubio lo mirara. —Erina es solo mi amiga, siempre lo ha sido.

 

 

—¿Te la pasas abrazando a una amiga? Porque en ese caso Pucci también es mi amigo y no me la paso abrazándolo, así como tú con esa campesina…

 

 

Jonathan en arco una ceja. —¿Estas celoso?

 

 

Dio desvío la mirada. —Yo, Dio, ¿Celoso de esa mujer? ¡Jamás!

 

 

Jonathan sonrió divertido, se acercó hasta el rubio y lo abrazo. —Yo solo tengo ojos para ti…

 

 

Dio seguía sin mirarlo. —¿Ojos para mí? Cuando volví de Florida lo primero que vi fue a ti abrazando a esa mujer, ¿Crees que te voy a creer esas mentiras?

 

 

—Tu creíste que…? Aghh, Dio, Erina está saliendo con Speedwagon, ¿De acuerdo? Esa vez, yo solo estaba felicitándola ¿sabes? fue una total coincidencia que hayas llegado en ese momento…

 

 

Dio palideció. Recordó esa vez que regreso con su pequeño hijo en brazos y lo primero que vio fue al gran Jonathan Joestar meciendo en sus brazos ni mas ni menos que a Erina Pendleton. ¿En serio tan poco le había importado a Jonathan que él hubiese desaparecido durante meses?

 

 

 

—Dio… —Jonathan lo tomo del brazo y lo apego a él, abrazándolo, pegándolo a su pecho para que Dio pudiera sentir el calor de sus brazos. —Yo estoy enamorado de ti, solo de ti y nadie más. Así estuvieran miles de personas hermosas frente a mi no podría ver a nadie más como te veo a ti. Así que deja de estar celoso, solo tu eres el dueño de mi corazón.

 

 

Dio tenia el rostro totalmente rojo por dos razones: uno, por las palabras tan cursis de Jonathan y dos, porque él en verdad pensó que Jonathan y Erina habían tenido algo que ver, pero ahora se daba cuenta que Erina incluso estaba en una relación. ¿Es que acaso sus celos eran tan grandes que le hacían ver cosas que no eran ciertas? Sintió vergüenza de si mismo por esa razón, al parecer Pucci siempre había tenido razón en que era un celoso de primera…

 

 

—¿Nunca saliste con Erina? —pregunto una vez más Dio, solo para estar seguros.

 

 

A Jonathan pareció divertirle el tono inseguro en la voz de Dio, así que deposito un beso en el cabello rubio de Dio. —Ella sabe que estoy más que enamorado de ti, Dio…

 

 

—Más te vale que estés diciendo la verdad, inútil… —levanto la mirada para que Jonathan viera la gravedad del asunto. Jonathan sonrió.

 

 

—Nunca te mentiría Dio… —dicho esto dio una ligera embestida al cuerpo de Dio, solo para ver como el rubio apretaba los labios con fuerza, soltando un quejido. Jonathan lo miro preocupado. —¿Te duele, cierto?

 

 

Dio no dijo nada, intento mover sus caderas, pero Jonathan fue más rápido y saco su miembro del interior del rubio, recostándolo de espaldas en la cama.

 

 

—¿Por qué lo sacaste? ¿No se sentía bien acaso?

 

 

Jonathan lo miro mal. —No si a ti te duele. Yo no quiero solo sentirme bien, quiero que tú te sientas bien también.

 

 

Dio agacho la mirada, sintió los dedos llenos de lubricante de Jonathan abrirse paso en interior. Internamente agradeció eso, la verdad era que le había dolido demasiado por no haberse preparado debidamente. Jonathan rozaba sus puntos buenos y Dio no hacía más que encorvar la espalda.

 

 

—Jojo… apresúrate…

 

 

—¿Qué es lo que deseas Dio?

 

 

El rubio lo miro, tan necesitado. —A ti… quiero que me folles…

 

 

Jonathan sonrió, saco sus dedos del interior de Dio y tomo su erección, masajeándola antes de poner la punta en el agujero del rubio, empujando suavemente. —Yo también te necesito, Dio…

 

 

Embistió con fuerza, llenando por completo al rubio, a diferencia de la posición anterior, en esta Jonathan tenía todo el control, y Dio no podía hacer más que aferrarse a los anchos hombros de Jonathan, gimiendo cada que el más alto llegaba más profundo con sus empujes.

 

 

Dio echo la cabeza hacia atrás, todo lo que se escuchaba en su habitación eran sus gemidos, la respiración acelerada de Jonathan y el sonido que hacía cada que las caderas de Jonathan chocaban contra las suyas. Sin embargo, no era suficiente, Jonathan era demasiado gentil, y Dio quería más, quería sentirse totalmente cegado por el placer. Abrazo sus piernas alrededor de las caderas de Jonathan y empujo también, siguiendo el ritmo de las embestidas de Jonathan, tratando de que fuese más profundo. Jonathan gimió ante esto.

 

 

—¿Es todo lo que tienes? —se burló el rubio. —Vamos Jojo, follame hasta que no pueda caminar mañana…

 

 

Jonathan se mordió el labio, no podía evitar sentirse avergonzado cuando Dio decía cosas así, pero diablos, se sentía realmente bien. Apretó los muslos de Dio y se apresuró a empujar con fuerza, tratando de ir más profundo, sin importarle los gritos de Dio.

 

 

Dio clavo sus uñas en la fuerte espalda de Jonathan, su próstata estaba siendo golpeada una y otra vez, su vista estaba borrosa, no podía controlar su voz y su orgasmo estaba cada vez más cerca. Jonathan era muy brusco, se movía tan profundo, tan delicioso. Dio apretó su miembro y sin poder evitarlo se vino en el abdomen de Jonathan, apretando sus paredes alrededor de su pene y Jonathan gruño antes de dejar salir todo su semen en el interior de Dio. El rubio se mordió el labio al sentirse tan lleno. Paso sus brazos alrededor del cuello de Jonathan, recuperándose de su anterior orgasmo, se había sentido demasiado bien. Jonathan acaricio su cintura, y beso su mejilla.

 

 

—Te amo, Dio. —dijo hundiendo su nariz en los rubios cabellos de Dio, disfrutando del olor que shampoo que despedía. Dio no dijo nada, pero recargo su cabeza en el pecho de Jonathan sintiendo como subía y bajaba debido a la respiración agitada del peliazul.

 

 

—Eres un maldito salvaje, no podre levantarme mañana…

 

 

Jonathan rió. —Lo lamento, Dio, no pude resistirme a ti…

 

 

—Te matare…

 

 

Jonathan lo miro, la felicidad se reflejaba en su rostro, podría morir en ese momento y seria feliz con eso. Dio lo miro, era el típico rostro que Jonathan pondría cuando eran niños, reflejaba aun el aura tranquila y pura del Joestar, sin embargo, Dio vio como la sonrisa de Jonathan desaparecía y se quedaba pensativo.

 

 

—¡Dio! ¿Qué paso con Haruno? ¿Lo dejaste solo?

 

 

Dio quiso burlarse del repentino cambio en Jonathan, quien ahora parecía estar entre nervioso y preocupado. Dio se soltó a reír.

 

 

—¿Qué? ¿Hasta ahora te acuerdas de tu hijo?

 

 

Jonathan negó con la cabeza. —¡Eso jamás! Es solo que… estaba demasiado ocupado pensando en otras cosas… —agacho la mirada al recordar las imágenes de todo lo que había pasado hace solo unos momentos.

 

 

—Te olvidas de tu hijo por hacer cosas sucias, vaya, quien creería eso de ti Jojo… —se burló Dio, pero al ver la preocupación en el rostro del más alto volvió a hablar. —Además no dejaría solo a Haruno por nada del mundo. Cuando te traje a esta habitación, fui a decirle a Mariah que lo cuidara un momento.

 

 

La expresión de Jonathan se suavizo. —Ya veo… Ya debe de estar dormido, es tarde.

 

 

Dio asintió. —Duerme casi toda la noche, solo se levanta a las 5 am para tomar su biberón, de ahí en más es igual de flojo que tú.

 

 

Jonathan lo miro mal. —No soy flojo, solo no me gusta levantarme temprano… Aunque es bueno saber que Haruno haya sacado algo de mí. —sonrió algo orgulloso.

 

 

—No por mucho, me encargare de quitarle esas malas costumbres. —aseguro el rubio. Jonathan solo rodó los ojos y se acercó a darle un beso ligero en los labios, pegándolo más a su cuerpo. Dio correspondió al abrazo y estaba a punto de profundizar el beso cuando la puerta de la habitación comenzó a ser golpeada. Dio sintió la inmensa necesidad de lanzar el florero hacia la puerta y gritar que se largara a quien quiera que fuera la persona que estuviera interrumpiendo a esa hora.

 

 

Sin embargo y antes de que alguno de los dos hombres pudiera decir algo, la puerta se abrió y dejo ver a Mariah con Haruno en brazos, cubriéndole los ojos con una mano. Dio y Jonathan de inmediato se apresuraron a taparse con las sabanas.

 

 

—Mariah, joder, ¿No se supone que debes esperar a que te responda antes de abrir la maldita puerta? —exclamo Dio avergonzado.

 

 

—Lamento interrumpirlos, par de tórtolos, pero su hijo quería dormir con ustedes. —explico la mujer, antes de darse la vuelta, dándole la espalda a ambos hombres y dándoles la oportunidad de vestirse al menos. Jonathan fue quien, una vez vestido, camino hasta donde estaba la mujer y recibió a Haruno en sus brazos.

 

 

—Hola, cariño, ¿Aun no tienes sueño? —le dio un beso en la mejilla, causando que el bebe sonriera. Mientras tanto Dio aprovecho para mirar mal a Mariah, la mujer solo se encogió de hombros, con una expresión burlona, antes de caminar hasta la puerta y retirarse, dejando solos a los tres.

 

 

—Hey, ya es tarde, ya deberías estar dormido. —hablo Dio con tono autoritario, dirigiéndose al bebé, aunque Haruno estaba demasiado concentrado en tocar con sus dedos el cabello azulado de Jonathan. —Y tú ¿No deberías volver a tu casa? —pregunto ahora a Jonathan.

 

 

—Puedo decir que me quede hasta tarde en el trabajo…

 

 

Dio no rezongo más, sabía que Jonathan no pensaba irse, y tampoco es como si quisiera que se fuera…

 

 

—Bien, como sea. Ahora vámonos de aquí, este lugar apesta a sexo…

 

 

—¡Dio! ¡No digas esas cosas enfrente de Haruno!

 

 

Dio soltó una carcajada y se acercó hasta ellos. Revolvió el cabello rubio de Haruno y le dio un beso en la mejilla. —No es como si me entendiera de todos modos…

 

 

El pequeño rubio bostezo, indicando que ya tenía sueño. —Creo que es mejor que vayamos a dormir. —dijo Jonathan.

 

 

Los tres se dirigieron hasta la habitación principal, la de Dio. El rubio había dicho que primero se asegurarían de que Haruno se quedara dormido y lo dejarían en su habitación, pero Jonathan insistió en que durmiera con ellos. Tampoco pudo evitar que Jonathan durmiera en la misma habitación, aun cuando había otras cuatro más donde podía dormir el más alto. Aunque después de mucho insistir Dio no había puesto más objeción. También tuvo que prestarle algo de ropa para dormir a Jonathan, pero por supuesto que Jonathan era enorme y la ropa le quedaba algo ajustada, Dio obviamente se burló por eso.

 

 

—Ven aquí. —dijo Dio tomando a su hijo en sus brazos, meciéndolo. Al pequeño parecían pesarle los ojos, ya que prácticamente se cerraban solos, ya tenía demasiado sueño. Jonathan se acomodó del lado derecho de la cama, esperando a que Dio lograra dormir a Haruno y fuesen a acostarse. Por un momento Dio pensó que le daría diabetes, esto era demasiado cursi, demasiado romántico, prácticamente estaban conviviendo como una familia, y lo peor era que no estaba molesto con eso. Joder, Jonathan Joestar lo estaba arruinando, definitivamente lo estaba haciendo.

 

 

Una vez que Haruno se quedó dormido, Dio con cuidado lo recostó en medio de la cama, solo para después acostarse él a lado izquierdo del bebé, ambos hombres rodeaban a Haruno, protegiéndolo.

 

 

—Buenas noches, Dio. —susurro Jonathan, estirando su mano para acariciar la mejilla de Dio. El rubio solo asintió.

 

 

—Como sea...

 

 

Si, definitivamente Jonathan Joestar y Haruno lo estaban arruinando…

Chapter Text

Habían pasado algunos días, Jonathan se la pasaba visitando casi diario a Dio y Haruno. Había días en que Dio tenia que trabajar, por lo que Jonathan se quedaba cuidando a su pequeño hijo hasta que Dio regresara. Dio lo había regañado varias veces diciéndole que dejara de ser un jodido irresponsable y cubriera su jornada de trabajo completa, ya que de vez en cuando solía irse más temprano o le pedía a Speedwagon que le dejara ir y luego completaría su trabajo. Para Dio no eran más que caprichos por parte del mayor de los Joestar, aunque siendo el dueño de la empresa, Jonathan podría darse esos lujos. Claro que a Dio le seguía pareciendo un irresponsable. También de vez en cuando se quedaba a “dormir” en casa de Dio, aunque claro que hacían de todo menos dormir… La excusa a su familia era que se quedaba hasta tarde trabajando. No es que le gustara mentirles a sus hermanos y a su tía Elizabeth, pero recordaba que Dio había sido bastante claro con lo de ir lento. Dio era una persona algo fría y a la cual le era difícil expresar sus sentimientos, así que debía ser paciente y no presionar al rubio, ya bastante difícil fue que Dio aceptara darle otra oportunidad y no quería arruinarlo esta vez. Tampoco es como si fuese a decirle a su familia que se quedaba toda la noche follando en casa de Dio, así que lo mejor era mantener el secreto un poco más…

 

 

—Ya casi es Halloween, awww va a ser tu primera noche de brujas, mi amor. —Jonathan estaba más que emocionado, no solo porque su hijo ya casi cumplía seis meses, sino también porque se acercaba la fecha del 31 de octubre y quería conseguir un hermoso disfraz para que su hijo saliera a pedir dulces.

 

 

Haruno se encontraba recostado en la cama, aun lado de Jonathan, sosteniendo con sus dos manitas el pequeño biberón del cual se alimentaba, no hacía mucho había aprendido a tomar el biberón él solo, aunque aún así Jonathan lo ayudaba de vez en cuando. Dio estaba tomando un baño y aunque Jonathan había sugerido entrar con él, el rubio lo amenazo con echarlo a patadas si ponía un solo pie dentro de la ducha mientras él estuviera dentro. Claro que Jonathan no quería morir aun así que prefirió esperarlo.

 

 

—¿Ya terminaste? —pregunto cuando vio que Haruno dejaba totalmente vacío el biberón y soltaba un pequeño eructo. Jonathan sonrió y se apresuró a limpiar con una toallita los restos de leche que habían escurrido por los labios del bebé y fue entonces que se dio cuenta de algo. —¡Oh por Dios! ¡Dio! ¡Dio! ¡Ven rápido a ver esto!

 

 

Para su buena suerte, el rubio recién salía del baño, usando solo pantalones y con una toalla secándose el cabello. —¿Qué carajo? ¿Qué sucede? Deja de ser tan escandaloso…

 

 

Jonathan no le dio tiempo de nada, simplemente corrió hasta donde él con Haruno en brazos y lo miro sonriente. —¡Míralo por ti mismo!

 

 

Haruno al ver a Dio sonrió de inmediato. Siempre había sido muy risueño, solía reírse casi por cualquier cosa, en especial cuando veía a sus padres. Sin embargo, hoy había algo diferente en esa sonrisa, unos pequeños detalles blancos que sobresalían de sus rosadas encías. Dio sonrió de inmediato. —Son sus…

 

 

—¡Sus primeros dientes! ¿No es fantástico? —Jonathan siguió diciendo cosas como “Mi niño esta creciendo” o “Ya quiero oírte decir tus primeras palabras”, totalmente emocionado, pero Dio sintió una punzada de nostalgia. Pareciera que no fue hace mucho que Haruno era una pequeña bolita rubia a la que no quería que ni un rayo de sol le diera porque creía que le haría daño, y ahora ya estaba cada vez más grande… Pero bueno, no importa cuánto creciera, Haruno era su bebé y así lo seria siempre, así Haruno tenga 40 años.

 

 

—¿Entonces qué opinas?

 

 

La voz de Jonathan saco de sus pensamientos a Dio, quien lo miro confundido. —¿Eh, dijiste algo?

 

 

Jonathan hizo una especie de puchero. —¿Siquiera me estas escuchando, Dio?

 

 

—Me distraje un poco… ¿Qué decías?

 

 

Jonathan rodó ligeramente los ojos. —Te decía que seria bueno ir a tomarle unas fotos a Haruno.

 

 

—¿Fotos? ¿No tienes demasiadas ya en tu celular?

 

 

—No me refiero a ese tipo de fotos, digo de un estudio fotográfico, donde puedan enmarcar una foto gigante de Haruno, para colgarla en mi casa.

 

 

Dio comenzó a reír. —¿Una foto gigante, en serio? Cuando Haruno sea adolescente se avergonzará de eso…

 

 

Jonathan sintió las mejillas coloradas de la vergüenza. —¡Claro que no! Aparte le faltan muchos años para ser un adolescente… Además, también quería aprovechar para comprarle un lindo disfraz para noche de brujas.

 

 

—¿Noche de brujas? —Dio no tenia muy buenos recuerdos de noche de brujas. Recordó una vez, al año siguiente de que George Joestar lo aceptara en su casa, que Jonathan (de 13 años) le había insistido en que salieran a pedir dulces. Dio pensaba rechazarlo, diciendo que Jonathan era un inmaduro para su edad, pero George Joestar se lo pidió de nuevo y Dio no tuvo más opción que decir que sí. Así que tuvo que salir en publico disfrazado (a sus 14 años) soportando la mirada de otros chicos de su edad que se burlaban de ellos, aunque a Jonathan no parecía importarle ya que tenia una inmensa sonrisa en su rostro. Bueno, al menos el disfraz de vampiro que Jonathan había escogido para él no estaba tan mal…

 

 

Pensar que ahora se la pasaba follando e incluso tenia un hijo con aquel mocoso inmaduro que tanto le molesto alguna vez… Que ironías de la vida…

 

 

—De acuerdo, vamos…

 

 

Jonathan sonrió. —Aww, gracias, Dio. —se acerco casi hasta besar al rubio, pero nuevamente Dio interpuso su mano entre el rostro de Jonathan y el suyo, negándose internamente el besar al hombre más alto cuando Haruno estuviera presente…

 

 

—Si, si, si, como sea… Solo que tu vas a pagar todo, ¿entendiste?

 

 

Jonathan solo asintió, el dinero no era problema para él después de todo… Pasaron solo unos minutos antes de que ambos se tomaran su tiempo en abrigar bien a Haruno, el clima estaba algo frió, por lo que no iban a arriesgarse a que el pequeño atrapara un resfriado.

 

 

Había demasiado estudios fotográficos en el centro de la ciudad, aunque claro, Jonathan había escogido el más grande de todos. Dio creía que en verdad a Jonathan le fascinaba despilfarrar dinero. Minutos antes habían ido de tienda en tienda buscando un solo disfraz en específico.

 

 

—Solo cómprale un disfraz de vampiro o algo… —sugirió Dio cansado de ir tras de Jonathan quien parecía nunca acabársele la energía ya que prácticamente estaba corriendo con Haruno en brazos.

 

 

—¿Un vampiro? ¡Claro que no! Yo solo quiero un disfraz para Haruno.

 

 

—¿En serio crees conseguir un disfraz de Catarina? —pregunto Dio no muy convencido, es decir antes de noche de brujas podías conseguir un disfraz de hombre lobo, fantasma, pirata, etc. Pero no creía que fuesen a encontrar un disfraz de un insecto…

 

 

—¡Oh vamos! Dio, ¡claro que lo encontraremos! Solo es cuestión de buscar un poco más… además son los insectos favoritos de Haruno. —dijo Jonathan con brillo en sus ojos mientras Haruno se la pasaba mordiendo y babeando sus guantes.

 

 

—Eso es porque tu comenzaste regalándole un peluche de Catarina y a partir de ahí seguiste trayéndole más y más cosas de ese insecto…

 

 

A Dio no le agradaban mucho los insectos que digamos… Sin embargo, sabia que no iba a hacer cambiar de opinión a Jonathan y se resigno a seguirlo por unas veinte tiendas más hasta que por fin encontraron un bendito disfraz de Catarina… Dio agradeció a los mismísimos Dioses que al fin podría descansar un poco… Claro que eso fue lo que pensó hasta que Jonathan lo “obligo” a vestir a Haruno con el pequeño disfraz de Catarina antes de tomarle unas cuantas fotos en el estudio fotográfico. El disfraz constaba de un gorrito que tenia las antenas del insecto, y una especie de mameluco que representaba el cuerpo de la Catarina, además de las alas que estaban en la espalda. Dio y Jonathan pensaron al mismo tiempo que Haruno se veía realmente tierno vestido así.

 

 

La fotógrafa les indico el lugar donde tomaría las fotos y Jonathan solo miraba emocionado las caras que hacia su hijo en cada foto. De vez en cuando Jonathan se colocaba atrás de la fotógrafa, llamado la atención de Haruno para que este sonriera para las fotos. Fácilmente habría tomado más de 30 fotografías y Jonathan había elegido una donde el bebé sonreía mostrando sus pequeños dos dientes para que la imprimieran al triple del tamaño y la enmarcaran. Dio solo rodaba los ojos al respecto, Jonathan en verdad era un cursi de primera. Estaban a punto de dar por terminada la sesión cuando la fotógrafa llamo la atención de ambos.

 

 

—¿Sucede algo? —pregunto Jonathan. La mujer que era rubia y bastante risueña les sonrió.

 

 

—¿Por qué no se toman una foto ustedes también con su hijo? Seria una linda fotografía, se los aseguro.

 

 

Jonathan miro a Dio, en verdad eso no estaba en sus planes, más sin embargo le pareció una buena idea. Dio de inmediato negó con la cabeza. —Definitivamente no, ni siquiera estoy vestido decentemente para una fotografía…

 

 

Jonathan se acerco a él. —Vamos, Dio, solo será una fotografía. —dijo tratando de convencerlo. —Además, tu siempre te ves hermoso para mi… —susurro antes de tomarlo del brazo y llevarlo justo donde les había indicado la fotógrafa de nombre Suzie. Dio fue quien cargo a Haruno en sus brazos, en cambio Jonathan coloco una mano alrededor de los hombros de Dio y otra abrazando a Haruno, de manera que los tres estaban abrazados.

 

 

—¡A la cuenta de tres sonrían! Uno, dos… ¡Y tres!

 

 

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Dio sintió paz cuando al fin regresaron a casa. Él y Jonathan estaban en la habitación del rubio, mientras que le había dicho a Mariah que cuidara un poco al niño mientras ambos descansaban un poco.

 

 

—Te matare la próxima vez que me hagas correr así… —se quejó el rubio después de sentir dolor en sus piernas luego del día que tuvo. Jonathan rió ligeramente.

 

 

—Lo siento, Dio… —dijo antes de besar suavemente las mejillas del rubio.

 

 

—Como sea… Iré a la cocina por algo de té, ¿Quieres un poco?

 

 

Jonathan asintió, siguiendo con la mirada al rubio hasta que este desapareció por la puerta. No mentiría si dijera que fue un día muy divertido para él, sobre todo porque lo paso a lado de su familia. Recordó que se había entristecido ya que la fotógrafa Suzie Q les había dicho que tendrían que esperar unos cuantos días para que les entregara las fotografías, pero entonces hizo que Dio le tomara algunas fotos a Haruno con el celular del rubio, ya que el de Jonathan estaba sin batería. Dio había aceptado después de rodar los ojos, pero cedió ante el hombre más alto y lleno su galería de fotos de Haruno sonriendo a más no poder.

 

 

Jonathan miro su celular que estaba conectado a la corriente, en unos cuantos minutos más tendría suficiente batería como para que Dio pudiera mandarle las fotos por mensaje. Sin embargo, sus ojos miraron el celular de Dio que estaba en la cama. Oh no, no debía hacer eso. Era de mala educación tomar cosas ajenas… Pero no estaría mal si solo miraba las fotos, ¿Cierto? Además, lo haría rápido, Dio ni siquiera se enteraría. Tomo con cuidado su celular y presiono un botón, esperando que no tuviera contraseña, de lo contrario sería muy difícil adivinar. Afortunadamente, no tenia ninguna clase de bloqueo por lo que Jonathan rápidamente entro a la galería. De inmediato sonrió cuando vio todas las fotos de su pequeño hijo, y varias donde estaba Haruno con Dio, en verdad eran tan lindos, le daría diabetes si seguía viendo esas fotos…

 

 

Estaba a punto de seguir viendo las demás fotos cuando el celular de Dio vibro, señalando que le había llegado un nuevo mensaje. En cualquier otra situación, Jonathan habría dejado el celular tal y como estaba antes de tomarlo, después de todo no era suyo y por lo tanto no era asunto suyo andar leyendo mensajes ajenos, aun si son de Dio, ya que respetaba la privacidad de los demás ante todo, pero había algo que en verdad lo había desconcertado en ese momento y era el remitente de aquel mensaje, que estaba escrito con letras en negrita, resaltando el “Joseph Joestar”.

 

 

Jonathan de inmediato quedo confundido. ¿Qué no Joseph y Dio se odiaban a muerte? Bueno, tal vez no tan exagerado, pero si era cierto que su hermano menor y Dio no se llevaban muy bien que digamos, eso sin mencionar que después del escándalo que se armo cuando Dio puso la demanda por la custodia de Haruno, Joseph comenzó a odiarlo más que nunca. Así que la pregunta aquí era: ¿Por qué demonios Dio tenía el número telefónico de Joseph? No eran celos ni nada, al contrario, jamás imagino que Dio tuviera el numero de su hermano. ¿De que hablaban Joseph y Dio?

 

 

Jonathan sintió vergüenza por lo que estaba a punto de hacer, no era muy propio de un caballero espiar el celular de alguien más, menos espiar sus mensajes, pero la curiosidad era demasiada y solo esperaba no arrepentirse después… Abrió la carpeta de mensajes y comenzó a leer… claro que segundos después deseo no haberlo hecho.

 

 

Joseph Joestar : “Te veré el próximo lunes para darte el dinero que falta. En verdad me sorprendió que hayas cumplido con tu palabra, solo espero que le des la custodia compartida a mi hermano tal y como acordamos.”

 

 

Jonathan trago saliva, tratando de asimilar todo lo que había leído. “¿Dinero?” “¿Acuerdo?” ¿Qué mierda estaba pasando?

 

 

Oh no… no podía ser cierto. Así que esa era la maldita razón. Sabia que Dio no había podido cambiar de opinión tan fácilmente… Sabia que algo no cuadraba del todo. Su labio inferior estaba temblando. ¿Dinero? ¿Era en serio? ¿Dio había hecho todo esto por dinero? No, no, no, no podía ser cierto, tenia que ser una maldita broma de mal gusto. Claro que tenía sentido, Dio quien una vez que regreso de Florida lo había tratado como una escoria e incluso le había quitado la custodia de su hijo a la cual tenia derecho, y que días después le haya dado la oportunidad de convivir con Haruno y poco a poco volvieron a llevarse bien hasta reconciliarse. ¿Acaso Dio se burlo de él todo este tiempo? No le bastaba con pedirle dinero a su hermano, sino que también se burló de sus sentimientos.

 

 

Jonathan sintió una lagrima deslizarse por su mejilla. Justo ahora que estaba tan feliz con su “familia”, resulta que todo había sido una mentira de Dio. Se sentía como un estúpido, como un maldito ingenuo que nuevamente volvió a creer que Dio en verdad sentía algo por él…

 

 

—Ya volví, el té está caliente así que espero que no hagas nada imprudente o te quemaras la…

 

 

Dio no siguió hablando ya que cuando entro se dio cuenta de que Jonathan tenia su celular en manos. Dio lo miro mal. —¿Qué haces con mi ce…

 

 

—¿De qué maldito dinero habla Joseph? —hablo Jonathan, tratando de ignorar el nudo de su garganta y hablando lo más calmado que podía, aunque siendo honesto, no creía aguantar mucho…

 

 

Dio palideció de inmediato, ¿Es que acaso Jonathan había leído algo en su celular? Mierda…

 

 

—¡Te pregunte que de qué diablos está hablando Joseph! “Te veré el lunes para darte el dinero que falta”, ¿¡Qué carajo significa eso!? —repitió Jonathan, esta vez alzando la voz. Dio intento decir una palabra, pero no podía, Jonathan estaba más que enojado y Dio no sabia que decir. —¿Entonces es cierto? ¿Joseph te ofreció dinero a cambio de que fueras amable conmigo y me cedieras parte de la custodia de Haruno?

 

 

—J-jojo… Espera, esto no…

 

 

—¿Esto no, qué? ¿Qué, Dio? ¿Con que mentira vas a salir ahora? ¡Yo confié en ti! Confié en tus palabras y acciones. Creí que todo esto lo habías hecho por que habías cambiado, que lo habías hecho por Haruno, que lo habías hecho por… por mi —Jonathan comenzaba a ver borroso debido a las lágrimas acumulándose en sus ojos, su respiración estaba acelerada, sentía un maldito nudo en la garganta. Joder, se sentía tan traicionado.

 

 

—Jojo, déjame explicarte.

 

 

—¿¡Que quieres explicarme!? Ya tuve suficiente, ya me quedo bien en claro la clase de persona que eres, y la clase de idiota que soy para haber confiado en ti…

 

 

Dio sentía que el mundo se le venía abajo, no podía ver a Jonathan llorar, no quería verlo llorar, no por su culpa…

 

 

—¿Por qué Dio? ¿Por qué? ¿Tan divertido es burlarte de mí? ¿En verdad disfrutaste todos estos meses jugando conmigo? —Jonathan casi estaba gritando, el nudo en su garganta cada vez le impedía hablar, y sus ojos estaban inundados de lágrimas. —¡Yo en verdad te amaba! Dio, ¡jamás te mentí! ¿Y así es como tú me pagas? ¿Humillándome y burlándote de mí?

 

 

—Jonathan por favor, déjame explicarte, por favor…

 

 

—¡Cállate! Ya no más Dio, ya no estoy dispuesto a creer más en tus mentiras. Si ya has tenido suficiente y al menos tienes un poco de respeto, te pido… que me dejes en paz y no vuelvas a molestarme…

 

 

—Jonathan…

 

 

El más alto suspiro, limpiando todas las lágrimas que escurrían por su rostro. Le dolía, le dolía demasiado, pero no podía seguir así. Ni siquiera se molesto en darle una última mirada a Dio cuando salió casi huyendo de la habitación.

 

 

—Jojo, espera…

 

 

Escucho los pasos acelerados de Jonathan antes de escuchar como abría la puerta principal y la cerraba de un portazo. Dio ni siquiera trato de seguirlo, solo se quedó parado ahí, mirando fijamente la puerta por la cual Jonathan acababa de salir. Inhalo y exhalo aire rápidamente, tratando de tranquilizarse, asimilando la situación. Acababa de cagarla, la imagen de Jonathan desesperado y con lágrimas en los ojos seguía en su mente. ¿Por qué tuvo que pasar esto? ¿Por qué a Joseph Joestar se le había ocurrido mandar ese maldito mensaje justamente en ese momento? No… No era culpa de Joseph. No podía encontrar otro culpable que no fuera él. Si nunca hubiera aceptado ese dinero, si hubiera dejado de lado su maldito orgullo, si tan solo le hubiera dicho a Jonathan lo que sentía por él…

 

 

Dio se llevo las manos al rostro, cubriéndose la mirada, sintiendo sus ojos humedecerse, él hubiera no existe, no podía cambiar el pasado, no podía cambiar su maldita actitud y todos los errores que había cometido, y ahora iba a pagar por ello.

 

 

Dio sonrió amargamente. ¿Es así de injusta la vida? Justo ahora que por fin tenia la oportunidad de ser feliz, de tener una familia, tenía que arruinarlo todo. Jonathan podría ser un insoportable, un inútil, un niño rico y mimado, pero fue la única luz en su mundo de oscuridad, el único que lo hacía sonreír, el único que lo hacia sentir que esta vida de mierda valía la pena. Inconscientemente, Jonathan siempre estuvo ahí para alegrarle la vida, para apoyarlo, para ser su soporte en los momentos difíciles, ¿Y que hacia él? Por supuesto le había pagado de la peor manera, había traicionado la confianza de Jonathan.

 

 

Jonathan había confiado en él, le había hecho abrir su corazón nuevamente, y ahora el mayor de los Joestar estaba totalmente herido, con el corazón roto y probablemente no querría volver a saber de él…

 

 

—Jej, tanto para nada, ¿eh? —se cuestionó a sí mismo, después de haber hecho tanto drama, de haber ignorado tanto a Jonathan y de repetirse una y otra vez que no quería nada con él, hasta que por fin acepto que estaba enamorado de Jonathan y que quería estar a su lado… Y ahora eso ya no se podría. ¿Es que este era su castigo por sus errores? ¿Era demasiado tarde para arreglarlos?

 

 

No… No era demasiado tarde. Tal vez Jonathan no lo perdonaría, pero aun así podía aclarar las cosas, podría decirle la verdad, al menos podría quitarse un peso de encima. No esperaba su perdón, no esperaba nada en realidad, solo quería hablar con Jonathan. Suspiro y se armo de valor. Se coloco una chaqueta, abrió la cómoda que estaba a lado de su cama y saco un papel de ahí, fue hasta la habitación de Haruno, el pequeño estaba medio dormido, así que lo abrigo muy bien y salió con él en brazos, rumbo a la casa de los Joestar.

 

 

No iba a huir más de sus problemas…