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Andante, andante.

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—Os tengo que contar un secreto… he invitado a mi padre mañana a La Llamada.

—Pero Nerea, si va casi todos los días…

—No, no, a Raoul no. A mi otro padre. Bueno, otros.

Miriam y Mireya comparten una mirada cómplice antes de hacer la pregunta. Antes de que pudieran hacerla, Nerea les cogió de las manos y las llevó a un lugar en el que poder contarles todo detalladamente.

—Ya sabéis lo que mi padre siempre ha dicho de mi otro padre… que fue un amor de verano y que él se fue a Canarias antes de que yo naciese. Y durante todo este tiempo he pensado que nunca sabría más de aquella historia… hasta el otro día. Encontré este cuaderno entre sus partituras de piano de cuando era joven. Adivinad de cuándo es.

—Ella, que es detective. Ni el FBI, oiga—. Mireya volvió su atención a Nerea y le animó a seguir contando la historia antes de que Miriam entrase en bucle con sus chascarrillos. La pequeña se aclaró la garganta, nerviosa, antes de comenzar a leer.

 

 

“22 de febrero. ¡Vaya noche! Agoney y yo hemos estado de tour por Adeje. Hemos montado en helicóptero, paseado por la playa, me ha llevado al mirador y a ver ballenas y… ¡puntos suspensivos!”

—Con puntos suspensivos se refiere a…

—Lo hemos pillado, amiga. No hace falta que lo aclares—. Con una risa tímida, Nerea siguió leyendo.

 

 

“Agoney es el hombre... lo sé. Nunca antes me había sentido así.
Honey, honey
Hoy me siento, ahá, honey, honey
Honey, Honey
Sin aliento, ahá, honey, honey
Quería saber mejor
Lo cierto de aquel rumor
Y ahora lo sé por fin:
Es mi love-machine
Oh, ¡me vuelve loco!”

Miriam le arrebató el cuaderno a Nerea de las manos con la ayuda de Mireya y, entre risas, corrieron lejos de la chiquitina para poder seguir leyendo.

 

 

“Honey, honey
Es un cielo, ahá, honey, honey
Honey, honey
Casi vuelo, ahá, honey, honey
Nadie me besa mejor
Sus brazos me dan calor
Quiero sentir su calor
No digo que no jamás
Cuando pide… ¡más!”

—Entonces tu padre es canario y se llama Ago… ¿Agonía?

—Agoney, Mireya. Es un nombre guanche. Y no, la historia no acaba aquí…

 

Todo este tiempo Ago me ha estado diciendo que me ama, que se había enamorado por primera vez a los 22 años. De mí. Y de repente resulta que está prometido con un tal Luis, así que se ha vuelto a Adeje para casarse con él. Y no voy a volver a verle.”

—Qué hijo de puta—. Miriam le dio un codazo a su amiga mandándola callar y esperando escuchar más de la historia, a lo que Nerea tomó de nuevo el cuaderno entre sus manos y siguió leyendo mientras guiaba a sus amigas hacia casa.

 

“12 de marzo… vaya noche. Chris ha alquilado una lancha motora y le he llevado a Ibiza. Sigo obsesionado con Agoney, pero Chris es tan divertido, y tan pasional… que una cosa ha llevado a la otra, y a la otra, y… ¡puntos suspensivos!

20 de marzo. Roi ha aparecido de repente, así que he decidido enseñarle Ibiza. Es tan mono que no he podido evitarlo y…”

—¡PUNTOS SUSPENSIVOS! —gritaron las tres eufóricas. Raoul apareció de repente, asustando a las tres jóvenes que fingían no estar absolutamente para nada hablando de él.

—Qué mayores estáis… dejad de crecer, por favor, que no quiero tener que ponerme de puntillas para daros dos besos. ¡Venid aquí! Qué envidia me dais, quién tuviera vuestraedad...

—Habló, el amigo—. Miriam se contuvo una carcajada -intento fallido- y Nerea las miró de forma que ambas pensaron que no saldrían vivas de aquella isla. Una vez libres de los oídos cotillas de Raoul, la pequeña pudo al fin contarles lo que tanto esperaba.

—No sé cuál de ellos puede ser mi otro padre. Así que los he invitado a los tres.

—Nerea…

—La madre que la trajo.

—¿Pero ellos lo saben?

—Chicas, chicas, calma. No, claro que no saben nada. He enviado las cartas a nombre de mi padre para que tengan una razón para venir… —La pequeña buscaba una mirada de aprobación en los rostros de sus amigas, que sin dudarlo se lanzaron a sus brazos y la llenaron de besos. Pronto todos los nervios de Nerea se esfumaron, porque lo bueno estaba por llegar.