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Konohagakure: The Lost Empire

Chapter Text

 

"… en un solo día de mala suerte,

la isla de Konohagakure desapareció

en las profundidades del mar."

– Plato,360 a.C.

Si tan solo hubiera sido mala suerte…

Si tan solo hubiera sido… CAUSA de la mala fortuna que toco a sus puertas, un desastroso acto, broma de la naturaleza; la mala baraja en un gigantesco juego de mesa…

Si tan solo…

Algo… ¡Lo que sea!

Lo que sea… que los librara… de la terrible culpa estrujando sus perturbadas mentes…

Pero ya era tarde.

Quien habría podido predecir que la tragedia que se desencadeno aquel día los encontraría tarde que temprano. Condenando a Konoha y sumiéndola en una profunda y eterna obscuridad.

– ¡BAKA! ¡NOS DESTRUISTE A TODOS! ¡MALDITO IDIOTA!

Claro, cuando cunde el pánico, echarle la culpa a cualquiera resulta demasiado fácil y tentador. Pero, a decir verdad, estaba en lo correcto. Sí era su culpa. De él, del de la izquierda, la mujer a la derecha, el joven de enfrente, el hombre de atrás… todos tenían la culpa.

Todos ellos habían traído la destrucción sobre sí…

–¡La ola avanza! ¡Debemos advertirle a Konoha!

Una armada se levantaba frente a una inmensa ola. La ola más grande que jamás haya existido. El "Fin" acercándose, enmascarado por un cuerpo brutal de agua que te mandaría al otro mundo de un solo golpe si cayera sobre ti. Un "Fin" que te mataría rápidamente si fuera complaciente, pero que te torturaría hasta el ultimo segundo si así lo decidía. ¿Qué preferirías? ¿Un golpe brutal que en menos de un parpadeo haya terminado misericordiosamente tu vida? ¿O una muerte lenta?, sintiendo como el agua salada penetra tus fosas nasales, rasgando y quemando tu garganta a medida que se filtra por tus pulmones. Incluso puedes sentir que el agua pasa por detrás de tus ojos hasta, eventualmente, ahogar tu cerebro también, sintiendo como tu cabeza amenaza con estallar. Imagina el ardor en tu pecho. Tus uñas rasgando tu cara, recorriendo su camino por tu cuello hasta llegar a tu pecho donde, con desesperación, estrujas y rasguñas con el único propósito de abrirlo y sacar el agua que te quema por dentro como si de ácido se tratase.

–¡Demasiado tarde!

Bueno, supongo que es una fortuna que el "Fin" haya sido complaciente. Un golpe bestial pero rápido. Que pena que hayan sabido que los golpeo.

Otra ola mas pequeña, una ola de plata salió disparada antes de que el agua pudiera aplastarlos a ellos también.

Un pequeño grupo de guerreros salió volando a toda velocidad sobre sus maquinas voladoras, el resplandor del frió metal desapareció tan pronto negras y estruendosas nubes se posaron sobre sus cabezas.

–¡Es tarde! ¡Konohagakure no sobrevivirá! ¡Los terrenos aliados han sido alcanzados por las aguas! ¡Konoha no será diferente! –gritó un chico montado sobre un tiburón metálico, dirigiéndose hacia el hombre que iba un poco más enfrente de él, Un paliacate obscuro cubría su cabeza por completo, su frente mostraba una banda que, aunque desgastada por años de pelea, portaba con orgullo, en su centro marcado el singular símbolo de una hoja.

A pesar de que su cabeza estuviera cubierta, aun así, podía verle las cicatrices que se extendían desde su cabeza hasta el frente de su cara.

–Si piensas darte por vencido, adelante. Pero no permitiré que tu cobardía manche el nombre de nuestros camaradas caídos. Todos ellos dieron sus vidas por proteger nuestro hogar. Que desees renunciar a estas alturas solo te hace un maldito cobarde que no merece morir entre nuestras filas. Si es nuestra hora, entonces moriremos como debe ser. Y déjame advertirte algo… –Le lanzo una mirada fría que hizo que el joven palideciera y se arrepintiera de tan siquiera haber abierto la boca. –Yo no permito que nadie en mis filas muera como un cobarde.

El joven trago duro y apretó los ojos con fuerza tratando de contener su frustración y lágrimas que amenazaban con escapar. Su rostro mostraba lo joven que era y sus inocentes ojos reflejaban lo mucho que le faltaba por aprender.

–Pero… Ibiki… ¡¿Por qué?!

Una media sonrisa se formo en los labios del hombre marcado, dejando escapar una ligera risa denotando superioridad.

–Veo que lo has olvidado. –El menor lo miro sin comprender. –No se trata de como vivimos, sino de cómo morimos. ¡Porque somos Shinobis!

El joven lo miro impactado, como si lo hubiera abofeteado y devuelto a la realidad. En un de repente recordó todo por lo que luchaba, la razón detrás de años de esfuerzo y entrenamiento. Su mirada se torno seria y miro hacia el frente, dispuesto a cumplir con su misión y dar su vida por la causa que protegía de ser necesario.

Ibiki miro con satisfacción como el muchacho que tan solo un segundo atrás hubiera renunciado pasaba a convertirse en aquello que había trabajado tan duro para ser.

Continuaron volando a gran velocidad hasta llegar a la frontera de Konoha. Ya podía escucharse el estruendoso sonido de las alarmas. El pánico cubría las calles. Desde su posición era como si viera a cientos de insectos intentar entrar a sus agujeros. Una sensación de repulsión lo estremeció al ver como su gente sufría por sobrevivir y escapar al terrible "Fin" que se aproximaba.

Y hablando de insectos…

Vio como un gigantesco escarabajo se acercaba, sus enormes alas moviendose de arriba hacia abajo a gran velocidad, pero él ni siquiera se inmuto, al contrario, se dirigió hacia la figura que posaba frente a él.

–¡Shibi! ¿Qué informes tienes de nuestros aliados?

Montado sobre el escarabajo había un hombre de pelo castaño puntiagudo con bigote, usaba unos lentes negros rectangulares que cubrían sus ojos por completo. Al hablar denotó lo profunda que era su voz.

–Hemos tratado de evacuar la mayor cantidad de aldeas vecinas, pero me temo que muchas ya han sido consumidas por la ola. Muy pocos alcanzaron a sobrevivir. Si las cosas marchan con su mismo curso… me temo que este será nuestro fin definitivo. Ya no habrá escapatoria.

Ibiki cerro sus puños fuertemente, la desesperación y frustración amenazaban con flaquear su postura.

–Algo anda mal. ¡Esto nunca había pasado! ¡No sabemos de donde vino esta ola y peor aun es que el cristal no ha hecho nada para protegernos! ¡Shibi! ¡¿Qué ha pasado abajo?! ¡El cristal ya debería haber seleccionado al portador para protegernos! ¡¿Porque está tardando?!

Antes de que el hombre pudiera responder, un horrible estruendo provino de abajo.

Sus ojos se abrieron en completo horror al ver lo que sucedía.

Cientos de gritos le prosiguieron.

"...Era cierto..."

"Esto en verdad es el fin."

"Se... acabo... todo..."