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All the world's a stage

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—Yuuri, tengo una idea.

Esas palabras, cuando vienen de Phichit, siempre meten a Yuuri en situaciones malas.

(Siempre. Esta no será la excepción.)

Phichit está sonriéndole radiante desde la orilla de la pista de patinaje en Detroit, con teléfono en mano, sosteniéndolo en posición horizontal para una toma ideal de la pista. Mirando a Yuuri con expectación. —Muy bien, realiza una rutina.

—¿Qué rutina? ¿Por qué estás grabándome?

—No cuestiones —dice Phichit, ahora sonriendo más ampliamente—. Sólo patina para mí. Lo que sea. Algo con muchos saltos. ¿Tal vez tu último y más largo programa?

Yuuri cruza los brazos sobre su pecho, mirando la cámara con nerviosismo. —¿Pero no puedes decirme por qué?

—Sólo hazlo, ¿por favor? —su voz denota desesperación.

Yuuri no tiene idea de qué sucede con él.

Pero decide darle el gusto a su amigo, porque, a su experiencia, darle el gusto a Phichit es mejor que discutir con él. Especialmente cuando él tiene esa clase de afán en su mirar. Así que Yuuri se dirige hacia el centro  de la pista, dándole a la cámara una última mirada recelosa.

Patina Yuri on Ice, su programa libre que recientemente lo hubo posicionado en el segundo lugar en el Grand Prix Final. En lugar de pensar en Phichit, se enfoca en los movimientos, asegurándose en aterrizar cada salto y prestando mucha atención en los minúsculos detalles de la secuencia de pasos. No está seguro del por qué está patinando ahora mismo, no está seguro de cuál es la idea de Phichit, pero probablemente no sea nada bueno.

Phichit está aplaudiendo para cuando termina, el teléfono ahora está fuera de vista. —¡Eso fue genial! Perfecto. Gracias.

—¿Para qué fue todo eso? —pregunta Yuuri, ligeramente molesto.

—Ya verás. Es una sorpresa.

Yuuri se sienta para colocar los protectores a sus patines. —Odio cuando usas esa palabra.

Phichit se limita a sonreír.  


 Se olvida de la sorpresa de Phichit por un tiempo. Yuuri comienza a entrenar para la próxima temporada de patinaje, se sumerge en las nuevas rutinas, en la música y en el estricto entrenamiento de Celestino. Se ha acostumbrado a vivir en Detroit, se ha acostumbrado a la gente y a la forma de vida ajetreada.

Todo eso cambia con una llamada telefónica.

Una simple llamada telefónica.

(No una llamada para él, sino para Phichit.)

(Lo que lo hace peor.)

Porque Phichit toma el teléfono un día cuando están almorzando, lo presiona cerca de su oreja y responde con un casual hola. Luego, sus ojos se abren de golpe, su mandíbula cae, y una mano vuela hacia su boca. Yuuri le pregunta rápidamente que sucede, (¿Qué pasa? ¿Ha muerto un familiar? ¿Está todo bien?)

—Sí. De acuerdo. Permítame conseguir un bolígrafo y papel. Aguarde.

Se pone de pie para conseguir algo en lo que apuntar, y Yuuri detiene a un camarero y prácticamente le saca el bolígrafo del bolsillo de un tirón, tan sólo pensando en disculparse minuto después. Phichit está garabateando algo rápidamente en una servilleta, asintiendo y ocasionalmente haciendo un sonido de afirmación.

—¿Y lo quieren para cuándo…? ¿Oh… en serio? Muy bien, no, está bien.

Yuuri parpadea.

Phichit se aclara la garganta. —Oh, él está loco de gusto. Es su fan. Ambos lo somos, de hecho. Muchas gracias por llamar.

Al momento de que él cuelga el teléfono, Yuuri está listo para estrangularlo. —¿Qué está sucediendo? ¿Estabas hablando de mí? ¿Es sobre ese video que grabaste?

Phichit sonríe. —Tenemos que reservar un vuelo a Los Angeles.

(Bueno.)

(Eso no es lo que esperaba.)

—¿Los Angeles? —pregunta Yuuri, sacudiendo la cabeza—. ¿Por qué tendríamos…?

Phichit se muerde un labio, piensa por un momento, luego suelta la información. —Okay, sí. Tiene que ver con el video. Vi un anuncio en internet para un trabajo en Los Angeles, estaban buscando un patinador artístico, y ellos querían una presentación en video. Así que te inscribí. Ese es el motivo del video. Lo presenté en tu nombre.

—Phichit, Yo no soy actor —le dice Yuuri, intentando mantener fuera la decepción de su voz. Obviamente, Phichit sólo ha intentado ser amable, pero ¿no sabe del pánico escénico de Yuuri? Y que además, está entrenando para la próxima temporada del Grand Prix. Ciertamente no tendría tiempo para alguna especie de trabajo extra.

—Lo sé. No es un trabajo como actor.

Yuuri frunce el ceño. —Entonces, ¿Qué es? ¿Un show de Broadway o algo así? Mira, sea lo que sea, te agradezco por pensar en mí, pero no estoy interesado.

—Pero te apuesto a que te interesaras —dice Phichit, con cierto deje de provocación y diversión en el tono de su voz.

Yuuri se remueve en su asiento, se relame los labios y espera con expectación.  

—Victor Nikiforov.

Oh.

Yuuri se congela.

Phichit todavía sonríe.

Es vergonzoso, realmente, lo mucho que aquel nombre llama su atención.

Todos tienen un placer culpable. Yuuri cree que las películas de romance están en el lado más inocente de ese placer. Él ama las películas de Victor Nikiforov, y Phichit lo sabe. Y justo ahora está casi pavoneándose de ello.

—¿Qué con Victor Nikiforov? —le interroga Yuuri, intentando mantener la calma en su voz.  

(Y falla. Está aterrado, y Phichit lo sabe.)  

—Están haciendo una película sobre patinaje artístico. Con Victor Nikiforov. Y necesitan que alguien lo entrene. Así que pidieron una demostración a las personas hacienda rutinas. Quieren que la película sea tan realista como sea posible. Él mismo hará todas las escenas peligrosas. Bueno, patinara por sí mismo.

—Tú… tú lo presentaste… —Yuuri empieza, porque esto no puede ser real, porque Phichit simplemente no se ha dado cuenta cuan cruel es esta broma, no se da cuenta cuanto está destrozando el corazón de Yuuri en este momento.

Phichit sabe lo mucho que él ama a Victor Nikiforov. Sabe que hay posters suyos en las paredes de su habitación, sabe que él vio cada uno de sus últimos films y que puede citarlos línea por línea. Sabe que él conoce todo sobre él, que ha visto cada entrevista, leído cada hecho trivial.

—Y ellos acaban de llamar para pedirte que vayas a Hollywood, no sé exactamente para qué. ¿Audición, supongo? Pero tú no tendrás que estar frente a una cámara, sólo tendrás que entrenar a Victor, y… no sé lo que ellos te harán hacer. Pero nos quieren allá en una semana. Bueno, te quieren a ti, pero obviamente yo también iré.

Yuuri comprende a lo mucho tres de estas palabras. Su mente ha colapsado, su corazón golpea fuerte en su pecho. Un camarero se aproxima y coloca los platos con comida frente a ellos, pero él apenas y lo registra. —¿Ese Victor Nikiforov?

—El mismo.

—Phichit… tú en serio… no puedo creerlo… —empieza Yuuri, mirando a su amigo.

(No está seguro de que fue lo que hizo como para merecer un amigo como Phichit. Nada probablemente.)

Phichit alarga un brazo a través de la mesa y le toma la mano. —Escucha, todavía no tienes el puesto, pero si consigues tenerlo no tendrás tiempo para competir en el Grand Prix este año. Pero en verdad creo que lo conseguirás, Yuuri. Y probablemente paguen muy bien. Después de todo, es una película de Nikiforov.

Victor Nikiforov es uno de los actores más populares de todos los tiempos —sus películas llegan a los millones en las taquillas. Él se mudó de San Petersburgo a L.A. hace cinco años, y su acento ruso puede hacer a la gente implorar. Al menos, eso es lo que Yuuri piensa de él. Y miles de personas más. De hecho, él había sido elegido ‘el hombre más sexy del año’ por dos años consecutivos.

—No puedo creer que hicieras eso por mí —responde Yuuri tranquilo, intentando contenerse de llorar—. Phichit…

—Iremos a California —dice Phichit con excitación—. Lo harás genial. Ellos te elegirán, estoy seguro de eso. Después de todo, eres uno de los mejores patinadores del mundo.

Yuuri inhala, apretando los labios. —¿Tú también audicionarás?

—Nah. Me temo que mi crush por Nikiforov no es ni de cerca tan grande como el tuyo. Aunque creo que JJ sí lo hizo. No sé quién más. Pero tú lo vencerás a todos ellos. O, al menos podrás ver a Nikiforov mientras lo intentas. Es una especie de escenario de doble ganar.



  

Yuuri se pone nervioso durante todo el viaje.

Había empacado consigo todo su equipo de patinaje junto con algunas ropas. Planean quedarse una semana en el lugar, así podrán hacer turismo si bien Yuuri consigue el puesto o no. Aunque, en realidad, él piensa que si no consigue el puesto, no estará de humor como para posar en el letrero de Hollywood.

Phichit ha estado intentando calmarlo desde que el vuelo inició. Pero al final se rinde, girándose hacia su teléfono y mostrándole a Yuuri la pantalla. —Descargue una película de Nikiforov. ¿Quieres verla conmigo?

—¿Cuál es?

Stay Close to Me —responde Phichit, luego hace un mohín—. Anda, sé que es tu favorita.

Yuuri suspira, derrotado, y se inclina más cerca de Phichit, colocándose uno de los auriculares en su oído y dirigiendo su vista hacia la diminuta pantalla del teléfono. En el momento en que Victor aparece en pantalla siente que su corazón se detiene en su pecho. Él tenía el cabello largo en esa película, pero recientemente se lo cortó. Yuuri no está seguro de cuál de los dos estilos prefiere. Simple y sencillo, él es ridículamente atractivo de cualquier forma.

—No puedo creer que podré verlo —murmura Yuuri—. Si él aún está allí –o si aún están con el casting, puede que no ande cerca.

—Podemos buscar su dirección.

Yuuri detiene la película y voltea a verlo.

—Estoy bromeando —le asegura Phichit—. Más o menos —Yuuri lo mira otra vez—. Okay, estoy bromeando, definitivamente las celebridades del patinaje no son divertidas —una pausa—. Pero si logramos dar con su casa por accidente…




—Wow, es muy bonito —percibe Yuuri, mirando alrededor del gran edificio.           Hay ventanas sobre ellos, con tragaluz, hay más personas a su alrededor de las que Yuuri alguna vez ha visto. Dejando de lado la agorafobia, ya ama California.

—Todavía estamos en el aeropuerto —le recuerda Phichit, riendo—. Será incluso más bonito allá afuera.

El clima es magnífico, el sol brilla alto en el cielo con tan sólo unas pocas nubes bloqueando la vista. Hay gente por todas partes, aglomerada casi en cada calle. Phichit corre hacia cada tienda, cada letrero, toma fotos y obliga a Yuuri a posar junto a él. Pierde a cuatro seguidores de Instagram debido al spam, demasiado para su decepción.

Divisan el letrero de Hollywood a la distancia y Phichit luce como si acabase de encontrar el motín de un tesoro en las profundidades del océano. —¡Tenemos que tener una foto! ¡Vamos a acercarnos!

Yuuri se deja arrastrar por todos Los Angeles. Divisa innumerables posters de Victor, están prácticamente pegados en cada pared de la ciudad. Viejas películas, nuevas películas, próximas películas. Yuuri se pregunta cómo es que él tiene tiempo de actuar en todas ellas.

—Deja de estar mirándolo y ven aquí —le ordena Phichit, aunque sonríe.

Yuuri aparta sus ojos de la gran valla publicitaria y le devuelve la sonrisa a Phichit, levanta su teléfono para tomarse una foto con una estrella al azar en el paseo de la fama.  

Encuentran su habitación más o menos una hora después. Es la más barata que pudieron encontrar y es pequeña, complementándose con un poco de moho que crece en una de las esquinas. Aunque supieron lidiar con ello. —No pongas tus maletas en tu cama —le advierte Phichit—. Así es como se lleva chinches a casa.

—¿Chinches? —pregunta Yuuri, arrugando su nariz—. Ahora ya ni siquiera quiero dormir aquí. Gracias.  

—Sólo imagínate a Victor Nikiforov durmiendo contigo —le prevé. Luego, finge su mejor acento ruso (el cual, a la opinión de Yuuri, es muy difícil que merezca el adjetivo ‘mejor’ ya que, en realidad, es terrible.) —Yuuri, te protegeré de las chinches con mis musculosas piernas.

—Cállate.

Phichit sonríe. —Jamás. Ahora, vamos a dormir. Mañana tenemos que ir al estudio.



 

 Yuuri despierta con la cegadora luz del sol.

Bizquea y se sienta, bostezando. Luego escucha un ruido.

—¿Phichit?

Phichit todavía está durmiendo, acurrucado como una bola bajo las sabanas. Yuuri mira alrededor en busca del origen del sonido, del cual comienza a percatarse que suena como la música de un elevador, y ve que el teléfono de Phichit se ilumina. Se inclina hacia el borde de la cama para recogerlo del suelo.

Una alarma.

Es mediodía.

Se supone que él debería estar camino al estudio a las once.

—¡Phichit!

Phichit se despierta, finalmente, restregándose los ojos con las palmas de sus manos. —¿Huh?

—Tu alarma es demasiado suave —dice inconsciente, se pone de pie y corre en busca de su maleta. La arroja a la cama –Phichit hace un comentario acerca de las chinches- toma unas cuantas prendas antes de entrar corriendo al baño—. Oh Dios, estamos yendo bastante atrasados. Ya estamos bastante atrasados.

(Tarde. A la posiblemente más importante reunión de su vida.)

Phichit también entra en pánico, luego de haberse vestido y cepillado los dientes en tiempo record. Yuuri se coloca los zapatos y sale precipitado por la puerta con Phichit pisándole los talones, agarrando los patines de Yuuri con un brazo.

—¿Conoces el camino? —jadea Yuuri, mirando alrededor antes de correr a través de la concurrida calle. No hay tiempo para tomar un taxi. No hay tiempo para nada.

Yuuri se odia. Odia la suave alarma de Phichit. Odia el jet lag.

—Sí. ¡Es por este camino!

Para el momento que llegan, Yuuri está exhausto. Está hiperventilando, con sus manos sobre sus rodillas. Phichit empuja la puerta del estudio y coloca sus manos sobre el escritorio. —Hola, lo lamento, llegamos tarde. Este es Katsuki Yuuri, estamos aquí para la oportunidad de ser el entrenador de Victor Nikiforov en el patinaje artístico.

La mujer detrás del escritorio no parece interesada. —Oh, muy bien. Veré si todavía los reciben.

—Dígale por favor que lo sentimos mucho, muchísimo —Yuuri suplica, mirando alrededor del área de recepción.

Está cubierta por enmarcados posters de diferentes películas, la mayoría de ellos contienen a Victor. Hay como cien pares de ojos azules mirando a Yuuri, manteniéndolo donde está. Es absolutamente espeluznante. Siente una mano posarse sobre su brazo y mira a Phichit, quien le brinda una mirada tranquilizadora.

(No lo tranquiliza en nada. A pesar del intento.)

La mujer detrás del escritorio levanta la vista de su computador, acomodándose en su silla. —Los recibirán dentro de media hora si están dispuestos a esperar.

Aquella media hora es la media hora más larga en la vida de Yuuri.

Hay unos cuantos individuos más en el lobby. Yuuri figura que también son patinadores, todos audicionando para ser el entrenador de Victor. Algunos son más jóvenes que él y otros mayores, todos lucen impacientes y nerviosos. Ha visto algunos en competiciones anteriores, piensa.

—Me pregunto si JJ está aquí —susurra Phichit.

Yuuri se muerde el labio, baja la mirada a los patines que descansan sobre su regazo. No está seguro de por qué los trajo en primer lugar —ninguno de los otros candidatos parecen tener los suyos. Y además, no es como si fuese haber una pista de hielo en el centro del estudio. Aunque en lugar de compartir estos pensamientos con Phichit, se dedica a recorrer con los pulgares lo largo de las cuchillas.  

Uno a la vez, cada candidato entra a la habitación.

Cada uno se marcha angustiado.

(Yuuri siente que su confianza disminuye con cada segundo que pasa.)

—¿Katsuki Yuuri?

 Levanta la mirada. Phichit le aprieta el brazo. —Buena suerte. Lo harás genial.

Una mujer de largo y oscuro cabello es enviada a recibirlo. Le sonríe brillante. —Hola, soy Sara.

—Encantado de conocerte —responde Yuuri entrecortadamente. Intenta mantener una postura casual mientras caminan pero dándose cuenta, de repente, que ha olvidado completamente cómo caminar. O hablar. O respirar. ¿Desde cuándo estaba respirando con tanta dificultad? 

—¿Estás nervioso? —pregunta Sara, sonriendo—. Escuche de tu amigo que eres un gran fan de Nikiforov.

(Entonces esta era la persona con la cual Phichit había hablado por teléfono.)

(Un gran fan no describe con exactitud su enorme obsesión, pero él no se lo dirá a Sara. O a nadie más en realidad.)

—Um, más o menos —admite Yuuri.

Sara se encoge de hombros. —He visto tus rutinas por internet. Lo hiciste bien en el Grand Prix Final, y estamos buscando a alguien con bastante experiencia. Como tu amigo de seguro te ha dicho, queremos que Victor y los otros actores realicen todas las rutinas por sí mismos. Actualmente tú eres uno de nuestros candidatos favoritos.

Yuuri traga grueso. Por alguna razón, sus palabras sólo lo ponen más nervioso. —De acuerdo.

Ella se ve poco impresionada por la respuesta, como si hubiera estado esperando alguna especie de gracias. Yuuri está a punto de dárselas cuando ambos llegan a la puerta y ella la abre, deja que él dé un paso hacia adentro. —Buena suerte —le dice Sara.

Luego ella se marcha.

Y él se da la vuelta para mirar la habitación.

Y ya hay alguien sentado allí.

(Alguien muy familiar.)

—¡Tú debes de ser Yuuri!

Yuuri no se puede mover. Sus piernas literalmente no responden. Su respiración se atora en su garganta. Su mundo comienza a sucumbir. Él ha visto ese rostro en la pantalla de la televisión más veces de las que puede recordar —le ha hablado sobre esos ojos a Phichit interminablemente.

(Y de esa sonrisa. De ese cabello.)

¿Se va a desmayar? No, no, por favor que no se desmaye. Que no se desmaye justo ahora, no delante de él. Que no comience a llorar. Que no empiece a gritar. Sólo cálmate. Todo está bien. Calma. Tranquilízate. Serénate.

El hombre viste una chaqueta roja con blanco y pantalones jeans, su flequillo cae de forma casual sobre sus ojos. Con sus piernas estiradas frente a sí, con los pies apoyados sobre la mesita de café y con su espalda presionada en el negro sofá que no luce ni de cerca lo suficiente caro como para tener a un hombre de su status sentado en él. Yuuri siente la urgencia de moverse, de buscarle un trono para que se siente. Uno dorado. Con pétalos de rosas y sirvientes que le den de comer uvas. Porque es él. Es Victor.

—Es estupendo conocerte —dice Victor Nikiforov, y su acento ruso es…

(Cálmate, cálmate, cálmate.)

Yuuri toma una respiración. Respirar es importante. Tiene que recordar respirar. Definitivamente tiene que recordar como respirar. —Um, sí. Es decir, también es estupendo conocerte.

El hombre se pone de pie, y extiende su mano. —Soy Victor Nikiforov.

—Lo sé.

Él sonríe. —Ah, entonces ¿has escuchado sobre mí?

Yuuri no sabe qué hacer. Sólo asiente.

(¿Qué si ha escuchado sobre él? ¿Sus amados y venerados poster cuentan como que ha escuchado sobre él? ¿Ver todos sus créditos en el IMDb [1] cuenta como que ha escuchado sobre él? ¿Saber hasta la fecha y el lugar de su nacimiento, la historia completa de su vida, y cada uno de sus logros cuenta como que ha escuchado sobre él?)

—Y asumo que tú eres un patinador competitivo —Victor baja la vista hacia los patines de Yuuri que cuelgan de sus manos—. Me gusta tu patinaje. Es muy agradable. Vi la rutina que presentaste. ¿Cuál es el nombre de la canción?

Yuri on Ice —responde Yuuri automáticamente. Su boca está actuando sin el permiso de mente. Su cuerpo entero está en piloto automático, como si hubiera sido abandonado por su capitán. Se está hundiendo. Como el Titanic.

Victor suelta un sonido de aprobación. —Un bonito nombre. Una bonita rutina. Y un bonito patinador.

Yuuri siente como sus mejillas se calientan. ¿De verdad Victor Nikiforov lo acaba de llamar bonito? ¿Y por qué Victor está riendo?  

Oh. Él aún continúa con la mano extendida. ¿Cuánto tiempo ha estado así?

Yuuri la toma y la sacude demasiado fuerte para un simple apretón de mano. Victor enarca una ceja. Desde ya está estropeando su audición pero es que nadie le había dicho que sería con el mismísimo actor en persona. Esto es realmente muy pero muy injusto. Y es que no ha tenido tiempo para prepararse mentalmente para una situación así, ni ha tenido tiempo para pensar en cómo debería responder a cualquiera de sus preguntas.

—¿Por cuánto tiempo has estado patinando? —pregunta Victor—. Y toma asiento. ¿Quieres un poco de agua?

—Um. Seguro.

Yuuri observa como Victor se mueve hacia el otro lado de la habitación y saca dos botellas de agua del pequeño frigorífico. Le tiende una a Yuuri y él siente que está fría tras que la toca. Yuuri toma un gran trago de agua, y con una de sus manos recorre su cabello.

—He estado patinando desde los cinco años, creo —responde Yuuri—. Logre llegar al Grand Prix el año pasado por primera vez.

—¿Y a qué lugar llegaste?

Yuuri se muerde el labio. Había estado tan cerca de ganar el oro, pero JJ lo había vencido por un par de puntos. —Segundo lugar.

Ambas cejas de Victor se alzan. —Muy impresionante. Temo que yo no sé mucho sobre patinaje artístico. Pero estamos haciendo una película referente al tema, y Yakov, el director, quiere que sea lo más realista posible. Así que estamos en busca de alguien para que me enseñe lo básico. Obviamente, no necesito ser capaz de obtener un segundo lugar en el Grand Prix Final, pero si necesito un maestro que me enseñe.

—Yo… yo podría enseñarte —responde Yuuri.

(Él haría lo que fuera por Victor. Cualquier cosa. Lo cual probablemente no es nada sano considerando el hecho de que realmente lo acaba de conocer hace apenas unos tres minutos.)

—Bueno, ese es el porqué de que estés aquí.

—Oh, cierto.

Yuuri está sentado en una silla al lado de Victor, y Victor se inclina hacia adelante para estar más cerca de él, sentándose al borde del sofá. —Entonces cuéntame sobre ti, Katsuki Yuuri. Si eres seleccionado, necesitare saber todo sobre ti. Después de todo, Yakov deja esta decisión a los actores. Él aprobará mi elección de maestro.

Él no sabe que decir. —Bueno, soy japonés.

—¿Cuántos idiomas hablas? —pregunta Victor.

—Dos. Japonés e inglés.

Él frunce el ceño. —¿No hablas ruso? Hmm.

Yuuri se congela. —Yo… yo podría aprender. Aprendo rápido.

—No, no. No necesitas hablar ruso —le asegura Victor, luciendo entre sorprendido y divertido—. Aunque me gusta ese entusiasmo. ¿Y vives en Japón?

—En Detroit. He estado patinando allí desde hace un par de años.

—Detroit —repite Victor—. Interesante. Grabamos allí una vez.

Yuuri lo sabe. —The Lilac Fairy —Victor luce confundido—. Ese era el nombre de la película.

(¿Por qué? ¿Por qué diablos tuvo que decir eso?)

—Tienes razón —responde Victor—. ¿Entonces eres un fan? Sara ya me lo había dicho, pero no lo quise asumir. Ella tiende a sobre-exagerar las cosas algunas veces.

—Lo soy —admite Yuuri—. Quiero decir, me gustan tus películas. No es que… yo sólo… sí. Soy un fan.

En este punto, Victor está inclinado demasiado cerca, tanto que Yuuri se pregunta si es que no está a punto de caerse del sofá. Él le está sosteniendo la mirada con firmeza, hace que las rodillas de Yuuri se sientan como gelatina. Yuuri toma otro sorbo de agua, mirando alrededor de la habitación. Parece una especie de camerino, hay un espejo en una de las paredes y un pequeño tocador. Pero no es nada extraordinario.

—¿Y por qué te gustaría obtener el puesto, Yuuri?

Una mejor pregunta sería ¿y por qué no? —Creo que sería emocionante. Y divertido. Y diferente.

Victor aprieta los labios, evaluándolo. Yuuri se siente como si estuviera bajo el lente de un microscopio, siente que cada uno de sus movimientos está siendo analizado, examinándolo para ver si es lo suficientemente bueno. Es un sentimiento de romper los nervios. —Emocionante, divertido y diferente. Muy bien, ya puedes irte.

Yuuri parpadea. —¿Qué?

—Tengo que entrevistar como a diez patinadores más. Sara te llamara después para decirte si has sido seleccionado o no. ¿Por cuánto tiempo estarás en la ciudad?

—Una semana.

—Muy bien. Fue un gusto.

Victor lo despide.

Yuuri lo mira.

(¿Qué fue eso?)

El resto de su tiempo en el estudio pasa en un borrón. En algún momento, él se pone de pie, y abandona la habitación, para encontrarse con Phichit. Ignora las interminables preguntas de Phichit acerca de cómo estuvo la entrevista, en cambio lo jala fuera de la puerta, la cabeza le estalla.

Eventualmente suelta todos los detalles.

—¡Suena a que te fue bien! —le dice Phichit emocionado—. Debe de serlo si es que te preguntó todas esas cosas.

—Cuando le conté el motivo por el cual quería el trabajo, dijo ‘ya puedes irte’. Eso no suena como que me fue bien, Phichit. Probablemente lo aburrí por completo. Él es Victor Nikiforov, después de todo.

Phichit rueda los ojos. —Dices su nombre como si se tratara de un dios, y sé que él es eso para ti, pero en verdad, Yuuri, él es sólo un tipo y ya.

Sólo un tipo y ya.

Sólo un tipo y ya.

—Eso… sabes que eso no es verdad. La mitad del mundo vendería su alma con tan sólo tener un pañuelo usado por él —se queja Yuuri—. Y yo acabo de tener una conversación con Victor Nikiforov y todo lo que pude decir fue que ser su maestro sería divertido.

—Creo que te equivocas. Yo pienso que le encantaste. Sólo tenemos que esperar y ver.




Rentan un carro, y visitan Disneylandía, los estudios de Universal —incluso hacen un pequeño viaje a San Diego.

Es el periodo más divertido que Yuuri ha tenido en su vida, pero también el más estresante.

Luego reciben una llamada.

—¿Hola? —responde Phichit, porque ese sigue siendo el número telefónico que aparece en los formularios—. Hola, sí, soy Phichit Chulanont, sí soy su amigo. No, Yuuri no se encuentra en este momento, ¿puedo recibir el mensaje por él?

Yuuri le da un buen golpe en el brazo, mirándolo fijamente. —Estoy justo aquí —dice moviendo los labios. Phichit ríe con sorna.

—Oh, muy bien. ¿Eso sería…? De acuerdo. ¿Dónde deberíamos ir? ¿Y cuándo? Oh, mañana estaría bien, estamos en la ciudad. Sí, trajo sus patines. Sí. No. no estoy seguro. Muy bien. Sólo permítame apuntar la dirección, por favor.

Agarra un papel y garabatea algo en él. Yuuri traga grueso, tiene la garganta seca y los labios agrietados, esperando con desesperación a que Phichit cuelgue el teléfono. En el momento en que él lo hace, se aferra a su amigo por los hombros. —Primero que todo, ¿Por qué les dijiste que no estaba aquí?   

—Supuse que eso haría parecer más difícil el obtenerte si yo respondía el teléfono por ti. Y porque también en verdad quería escuchar lo que dirían.

—Okay, no importa. ¿Qué fue lo que ella dijo? ¿Era Sara?

Phichit se encoge de hombros. —Ellos no están interesados en ti. Tan sólo quieren reunirse contigo para ver si estarías interesado en un papel actoral que no involucre a Victor. Alguna otra serie sobre patinaje artístico.

Yuuri se hunde.

La cama de la habitación del hotel se siente como arenas movedizas, de la que él no lucha por salir. Sólo se lo tragan lentamente, lo arrastran hacia el fondo. Deja salir un respiro, uno lento, suave.

Siente como su corazón se destroza dentro de su pecho, siente cada pedazo desintegrarse. Sin dolor, sin emociones. Observa a Phichit, preguntándose cómo hará para recuperarse de este golpe. El quedar en segundo lugar en el Grand Prix había sido lo suficientemente malo, ¿pero ahora…? ¿Comparado con esto?

—¡Estoy bromeando! Yakov quiere hacer sesión de prueba contigo y Victor. Para determinar la química entre ustedes o algo. No sé. Y otro actor, también. ¿Alguien de nombre Yuri Plisetsky?

Yuuri presiona su palma contra su frente. —Te odio.

—No, no lo haces —le asegura Phichit, jalándolo para un abrazo—. Yuuri, ¡puede que consigas el puesto! ¡Puede que seas el entrenador de Victor Nikiforov! Oh mi Dios, ¿puedes imaginártelo? —una vez más, él finge su mejor acento ruso—. Oh, Yuuri, tengo un problema con mi quad toe loop. ¿Podrías guiarme con tus fuertes manos?

—Phichit —Yuuri se queja, pero no puede dejar de reír, no puede dejar de abrazarlo—. Muchísimas gracias por todo.

—No hay problema. Además, si consigues el puesto, ¿adivina quién estará fuera de la foto del Grand Prix este año? Yo seré el favorito para el pódium.

Yuuri enarca una ceja. —Entonces, ¿esas eran tus intenciones ocultas para que yo consiguiera este trabajo?

—Quizás. Pero más que nada quería verte sacando tu lado fangirl por Victor Nikiforov.

—Funcionó —bromea Yuuri, bajando la mirada hacia sus manos—. Me sorprende que hoy no me haya desmayado.

—Tan sólo no te desmayes en la pista —le advierte Phichit—. Eso sería peligroso. Mejor desmáyate en su cama.

—¡Phichit!

Phichit le guiña un ojo.




Esa noche, Yuuri coloca cinco alarmas. Con el sonido lo más alto posible.

En la mañana, cuando suenan a todo volumen, y ellos a duras penas pueden escuchar sus propios pensamientos mientras se ponen de pie para apagarlas, Phichit grita. —¡Creo que nos sacaran a patadas de este hotel!

Se visten en el acto. Yuuri considera que ponerse por lo menos durante una hora, cambia de una camisa a otra y luego a otra. Figura que tendrá que patinar –se reunirán en una pista después de todo- así que al final se decide por una remera azul y un pantalón deportivo negro. Está a punto de no colocarse sus lentes, en lo particular no le gustan como le quedan, pero Phichit le recuerda que estar ciego no sería una buena primera impresión.

Se apresuran a dejar el hotel, insistiendo en llegar temprano esta vez, y toman un taxi. La pierna de Yuuri rebota de arriba abajo durante todo el viaje.

Phichit le detiene el movimiento de su pierna con su mano. Yuuri comienza a moverla otra vez de manera inconsciente un minuto después, y Phichit se rinde.

—¿Crees que él estará allí? —susurra Yuuri.

—Ellos dijeron que tienen que probar tu química con los actores, así que probablemente sí.

Yuuri tamborilea sus dedos contra su pierna. Con su mano cepilla su cabello. —¿Mi cabello luce bien?

—Victor lo aprobará.

Él ni siquiera tiene la energía mental como para reír, mucho menos para sonreír. En su lugar continúa mirando al conductor del taxi deseando que él conduzca más lento y más rápido de manera simultánea. —¿Y qué si lo arruino?

—Ellos no saben nada sobre patinaje. Ni siquiera se darían cuenta.

—Si por ejemplo me quedo estancado en el hielo, creo que sí se darían cuenta que eso no debería suceder.

Phichit le toca el brazo. —Escucha, sólo se tú mismo. Estoy seguro que Victor y los demás actores te amaran. Sara por teléfono se oía como que ya te amaba. Los demás también lo harán.




 —Entonces ¿tú eres Katsuki Yuuri? ¿Un patinador artístico competitivo?

(Resulta que no todos lo aman.)

Yuri Plisetsky, un joven actor que ha estado en varias películas con Victor en el pasado, lo está observando con suspicacia. —¿Qué? ¿No hablas? ¿O es que sólo hablas japonés? Porque eso haría las cosas más difíciles.

Yuuri parpadea. —Um, yo hablo inglés.

—¿Dónde está Victor? —se queja el rubio actor, cruzando sus brazos sobre el pecho y mirando a Sara—. Se supone que él también llegaría temprano.

Sara le sonríe dulcemente. —Ya llegara. Fue por un café, creo.

—Café. Asqueroso.

Yuuri había escuchado que Yuri Plisetsky era una diva, pero…

—Oh, ya llego —dice Phichit, señalando un taxi que se detiene fuera de la pista. La pista de patinaje es de uso público pero Yuuri supone que por hoy han cerrado, eso o que Sara la ha reservado para ellos. Es la más grande en la que Yuuri alguna vez ha patinado, es hermosa —el edificio tiene un diseño moderno, con grandes ventanales que dejan entrar la luz por todos los ángulos.

Victor sale del vehículo, está usando la misma chaqueta roja del día anterior. Se ve tan perfecto. Tanto que Yuuri casi se siente culpable de mirarlo, de respirar el mismo aire que él.

—¡Yuuri! —lo saluda felizmente—. Y Yuri. Y Sara, y ¿tú quién eres? —ve a Phichit al final.

Phichit le sonríe radiante. —Yo soy Phichit, el amigo de Yuuri.

—El amigo de Yuuri —Victor repite, como considerando las palabras—. ¡Fantástico! Yakov debería estar aquí en breves minutos. Al igual que los otros.

—¿Los otros? —pregunta Phichit, y le toma a Yuuri todo su poder el no darle un codazo, porque ¿Cómo se atreve hacerle una pregunta a Victor Nikiforov?

—Los otros patinadores —explica el actor ruso con simpleza—. No habrás pensado que serías sólo tú, ¿no?

Yuuri lo mira boquiabierto. —Um, no —miente.

Phichit también luce conmocionado. No dice nada.

—¿Cuántos finalistas hay de tu pequeña encuesta, Victor? —pregunta Yuri P. enarcando una ceja con suspicacia—. Deberías dejarme tener voz y voto en esto. A mí también tendrán que enseñarme a patinar, lo sabes.

—Tú no eres el mejor para juzgar a los candidatos —le informa Victor educadamente—. Y hay cinco finalistas, incluyendo a Yuuri aquí presente —el mencionado siente sus mejillas arder, oculta el rostro esperando que nadie se diera cuenta.

Otro taxi llega. Luego otro. La demás gente llega –Yakov y es resto de los patinadores.

Yakov es intimidante. Hace que todos los patinadores formen una línea y los examina uno por uno, mirándolos de arriba abajo. Phichit está a un lado, ofreciéndole a Yuuri sus ánimos con un despreocupado levantamiento de pulgares. Jean-Jacques Leroy está allí, fue él quien venció a Yuuri en el Grand Prix del año pasado, y Yuuri le ofrece una sonrisa amistosa. Ellos nunca han sido amigos, la verdad, pero aun así es bueno ver un rostro familiar.

—Tú. Fuera —Yakov señala a uno de los patinadores.

El patinador se marcha, luciendo como si estuviese a punto de llorar. Yuuri traga grueso. Victor observa a Yakov mostrándose ligeramente confundido pero no cuestiona sus métodos. Ahora sólo quedan cuatro patinadores.

—Te aseguraste de elegir un interesante grupo —le dice el director a Victor, lo suficiente alto para que todos lo escuchen.

—Lo mejor de lo mejor —responde Victor con orgullo—. Deberías dejarme escoger más a menudo. Nuestras películas mejorarían.

Yakov gruñe. Victor retrocede hacia atrás pero continúa sonriendo. Le guiña un ojo a Yuuri y Yuuri siente que vuelve a sonrojarse. Yakov se aclara la garganta. —Muy bien. Esto es para ver como marcharan las cosas. Cada uno de ustedes patinara con Yuri Plisetsky —señala hacia el rubio actor—, luego patinaran con Victor. Después ellos los analizaran. Verán cual de ustedes fue el mejor instructor, con cual tuvieron la mejor dinámica. Este puesto será a largo plazo, durante todo el tiempo que dure la producción de la película, así que es importante que ustedes… se lleven bien.

Al decir la última frase, mira a Yuri Plisetsky mientras enarca una ceja, como si estuviera advirtiéndole. Yuri rueda los ojos.

—Tú empiezas —dice, apuntando a JJ.

JJ sonríe de oreja a oreja y se sienta en la banca para ajustarse los patines. Entonces, un momento después, está en el hielo con Yuri.

Los patinadores tienen sus respectivos turnos a la vez. Algunos intentan enseñarles los saltos básicos, otros intentan enseñarles los movimientos básicos que son fundamentales para la secuencia de pasos. Yuri y Victor no son malos patinadores por defecto, en realidad –pueden deslizarse por el hielo con facilidad, aunque con un poco de vacilación. Para los patinadores sigue siendo una dinámica extraña el tener a pupilos enseñándoles pasos tan básicos.

—Tú —dice Yakov, señalando a Yuuri—. Tu turno.

Yuuri engulle, y se dirige hacia la pista de hielo para juntarse con Yuri Plisetsky.

—Muy bien, enséñame como patinar, Katsuki —dice Yuri, cruzándose de brazos sin moverse. Yuuri lo observa, inseguro de que decir—. Sólo hay espacio para un Yuri en este lugar, así que no sé cómo fue que te aceptaron para empezar. Pero muéstrame lo que tienes.

Intenta demostrarle a Yuuri como realiza un salto básico. Nada llamativo, simplemente saltando en el hielo y aterrizando sin fallar. Sorprendentemente, le coge el ritmo con rapidez. Todavía trastabillando la mayor parte del tiempo al final de la sesión, pero para un plazo de aprendizaje tan breve, no es un mal progreso en lo absoluto.

Rato después, es llamado por Yakov. Victor está apoyado contra los divisores de la pista, observándolo con ojos centellantes. Yuuri siente su estómago contraerse mientras se aproxima al famoso actor. Sin embargo, él se siente más confiado en el hielo. Es su territorio seguro. Es el lugar donde acude cuando está nervioso. Si hay un lugar donde puede enfrentarse a Victor Nikiforov, es este.

(Aquella dichosa confianza sale volando por una ventana cuando Victor le sonríe.)

(Y ahora ¿cómo podrá estar de pie? ¿Cómo podrá patinar? ¿Cómo podrá respirar?)

—¿Listo para enseñarme, Yuuri? —pregunta Victor.

Victor está incluso mucho más adelantado que Yuri P., así que Yuuri intenta enseñarle el salchow básico. Él coge el ritmo con extrema rapidez, sonriendo ampliamente cuando consigue realizarlo al primer intento. Aunque el aterrizaje es incorrecto, y si Yuuri es honesto el salto en sí no fue realizado de forma correcta en primer lugar, pero él no menciona aquello. —Esto es divertido —comenta Victor—. Estoy muy contento de haber decidido hacer esta película. Tú debes ser realmente apasionado en el patinaje.  

Yuuri sonríe, bajando la mirada hacia los patines de Victor. Parece que no le encajan del todo bien. —Sí, más o menos.

—Si tú me enseñas, tal vez podrías compartir esa pasión —reflexiona Victor—. Ayudarme a meterme en el personaje.

Asiente, quizás un poco más que entusiasmado. —Sí, me encantaría. Cuál… ¿Cuál es exactamente tu personaje?

—Un patinador novato que trabaja para abrirse camino a través de las categorías —responde Victor—. Es un romance, como la mayoría de mis películas. Es mi distintivo, supongo.

(Yuuri lo sabe.)

(Pero por fortuna, él no lo dice.)

(Y por alguna razón, Victor luce desanimado. Su sonrisa en triste, sus palabras son reservadas. ¿Él está molesto de su distintivo? ¿Ciertamente él no haría ese tipo de películas si no las disfrutara?)

 Yakov llama a Yuuri un minuto después. Yuuri traga con pesadez mientras abandona el hielo, colocando los protectores a los patines y yendo hacia Phichit. —Oh por Dios, Yuuri, deberías haber visto la manera en que él te miraba.

—¿Qué? —pregunta Yuuri, mirándolo boquiabierto.

—Él continuó observándote. Como cuando estabas patinando y no podías verlo.

Yuuri ríe. —Así se supone que las personas aprenden, Phichit.

—Mmm. No creo que él estaba enfocado en aprender. Esos eran ojos seductores.

—Cállate —le dice Yuuri, golpeando a su amigo en el hombro—. Creo que la cosa fue bien. Ellos no son unos completos amateurs, definitivamente ya han patinado antes.

Yakov vuelve a formar la línea con los patinadores minuto después. Victor está de pie detrás del director, con sus ojos enfocados en Yuuri. Yuuri engulle, y se da la vuelta para mirar a su detrás, pero esa mirada no puede ser una equivocación. Victor Nikiforov lo está mirando directamente a él. Yuri Plisetsky también parece notarlo, ya que le está frunciendo el ceño a Victor, tirándole de las mangas para que preste atención.

(Victor es un cautivador de la peor manera posible.)

(Hay varias personas alrededor de Yuuri, pero él sólo puede centrar su atención en una sola. Es semejante a ver una de sus películas –todos los ojos fijos en él, firmemente. Yuuri supone que ese es él por qué de que sea un actor tan exitoso.)

—Todos ustedes lo hicieron bien —dice Yakov, pero su voz no suena sincera—. Hablare un par de cosas con estos dos y nos pondremos en contacto con ustedes por la mañana.

Los patinadores se marchan uno por uno, toman taxis o caminan en diferentes direcciones. Cuando Yuuri se da la vuelta, todavía puede sentir la mirada fija de Victor sobre él como una segunda piel, es pesada, fuerte, ineludible.

Luego escucha que alguien se aclara la garganta a sus espaldas. Se gira y ve a Yuri Plisetsky parado en su delante, con los brazos cruzados sobre el pecho. —Escucha, como ya dije antes, sólo puede haber lugar para un Yuri, ¿entiendes? Así que no tengas tan en alto tus esperanzas.

Yuuri no puede responder. El adolecente se marcha.

—Que idiota —murmura Phichit, sacudiendo su cabeza—. No lo escuches Yuuri. Ya llegó el taxi por nosotros.

Las palabras de Yuri no se separan de Yuuri, se repiten una y otra vez en su mente. Ciertamente Yuri tiene alguna clase de voz y voto para elegir quien será el entrenador, así que obviamente Yuuri ahora no podrá obtener el puesto. Se hunde en el asiento, ignorando los consejos y consuelos de Phichit. Todos ellos entran por un oído y salen por el otro. ¿No obtendría el puesto por culpa de un estúpido nombre?

Injusto.




Hay una llamada telefónica en la mañana.

Ambos están durmiendo.

Yuuri escucha el timbre de llamada y gruñe, rodando sobre un lado antes de darse cuenta de lo que está pasando. —¡Phichit! ¡Tu teléfono! —grita, luchando contra las mantas que lo mantienen preso en la cama.

Phichit rueda de lado, bosteza. —¿Qué?

—¡Tu teléfono está sonando! ¡Contesta, rápido!

Se levanta inmediatamente, tomando su teléfono que está al lado de su almohada y lo presiona contra su oreja. —¿Hola?

Yuuri se sienta enfrente de Phichit, con los ojos bien abiertos, mirándolo de cerca, observando cada micro-expresión. Observando cada movimiento.

El rostro de Phichit decae.        

Yuuri lo sabe. Lo sabe en el instante. Lo sabe.   

Corre hacia el baño.

Azota la puerta.

Tiembla mientras lucha por trancarla.

(Sus lágrimas llegan antes de que su mente pueda procesar sus emociones.)

(Y duele. Todo duele.)

Phichit ha colgado el teléfono. Está afuera de la puerta ahora, rogando para que Yuuri la destranque. —Yuuri, Yuuri, está bien. Probablemente es culpa de Yuri Plisetsky. Es un estúpido, ¿de acuerdo? No fue tu culpa.

Yuuri no puede respirar, ni siquiera se había dado cuenta de cuanto quería este trabajo hasta este momento. Él había creído, puesto que lo habían llamado para que se reuniera con ellos en el hielo, que ya lo había conseguido. Phichit había dicho que Victor había estado observándolo. Yakov no había sido malo con él ni una sola vez.

Odia a Yuri Plisetsky. Lo odia con pasión.

—Por favor abre la puerta —suplica Phichit—. Anda, Yuuri. Aún podemos divertirnos en California. A la mierda con Victor Nikiforov. Que le den. No es el actor más caliente que hay allá afuera. Lograremos que entrenes a Sebastian Stan o algún otro. Y será mucho mejor.

Yuuri intenta limpiarse las lágrimas, pero no sirve de mucho. En su lugar va al lavado y se echa agua al rostro, suspirando. Desea que Phichit se vaya. Desea volver a Japón. Desea que Phichit no le hubiese dicho de este estúpido trabajo en primer lugar, a pesar de las buenas intenciones de su amigo.

—Anda Yuuri, dilo conmigo. Que le den por el culo a Victor Nikiforov. Que le den.

—No voy a decir eso —responde Yuuri, y su voz suena más consternada de lo planeado, sus palabras suenan derrotadas.

Phichit no se rinde. —Anda, te hará sentir bien. Oh, ¿Qué tal esto? Que le den por el culo a Yuri Plisetsky.

—No es culpa suya que yo no le agrade —se lamenta Yuuri.

—¡Por supuesto que lo es! ¡Eso no tiene ningún sentido! ¡Tú le gustas a todo el mundo! Son sólo un grupo de actores de pacotilla. Nunca conozcas a tus héroes, es lo que dicen ¿no?

Phichit está desesperado. Yuuri espera que se rinda de una vez por todas.

Yuuri se apoya contra la rechinadora puerta de madera, deseando que algo caiga encima de él y lo aplaste para así librarse de los pensamientos de su cabeza. —Está bien, Phichit. No te preocupes por mí, sal y haz turismo o algo, sólo déjame aquí.

—No voy a dejarte aquí —protesta Phichit—. Lo superaras, Yuuri. Como también lo superaras a él. Tan sólo es otro estúpido actor de Hollywood, deberíamos saberlo bien. Todos son iguales. Unas divas. Todos ellos.

(Pero Victor había sido tan amable.)

(Tan amable, tan simpático. Sus palabras hicieron que Yuuri se sintiera especial, lo habían hecho sentirse seguro de que sería elegido. En el hielo, se había sentido como si fueran sólo ellos dos en toda la pista. Y al final, aquí están.)

(Victor es un actor, después de todo.)

(Él actuó.)

Yuuri llora más fuerte. No puede evitarlo. Él siempre llora con facilidad.




Su vuelo está programado para el domingo.

Actualmente es jueves. ¿O es viernes? Yuuri ya no está realmente seguro.

—Yuuri, ven conmigo a la piscina —le suplica Phichit, tirándolo del brazo.

Yuuri no se mueve, permanece con la cara enterrada en la cama. —Lo siento, no sé si tengo ánimos para eso. Ve tú sin mí.

Se siente culpable por estar arruinando las vacaciones de Phichit, y se siente aún más culpable al saber que Phichit está intentando actuar como si no le importara. Había caído en depresión en los últimos tres días, cada imagen de Victor en las redes sociales o en las vallas publicitarias hacían que el corazón le doliera. Su imagen era inevitable.

—Okay, Yuuri, di lo que practicamos.

Yuuri gruñe con molestia.

—¡Anda! —le pide Phichit.

—Bien. ¡Que le den a Victor Nikiforov!

Phichit todavía lo mira expectante. Esperando el resto.

—Sólo es un estancado y estúpido actor. Al igual que Yuri Plisetsky.

—Genial —lo felicita Phichit, palmeándolo por la espalda—. ¿No te sientes mejor? Ahora, andando.

—¿Adónde? —pregunta Yuuri, sentándose. Siente como el mundo se mueve. No puede recordar cuando fue la última vez que dejo esa cama de hotel—. ¿A la piscina? Me veo terrible.

—Te ves muy bien. Vamos a ir a buscar la casa de Victor Nikiforov y orinársela. Oh, y también a tirarle huevos al auto de Yuri Plisetsky. ¿Crees que él tenga un auto? ¿O anda en taxi a todos lados? ¿Es lo suficiente mayor como para conducir?

Yuuri sonríe y Phichit parece orgulloso de la respuesta obtenida. —Voy a tomar un baño. Pero no atacaremos las propiedades de ningún actor como un par de vándalos.

—De acuerdo —responde Phichit, ayudándolo a ponerse de pie—. Toma un baño y vístete. Hoy nos divertiremos, lo prometo. Haremos cualquier cosa que quieras hacer. Nada de vandalismo. Al menos que pueda hacerte cambiar de parecer.

Le sonríe a Phichit mientras toma unas cuantas vestimentas al azar de su pila de ropas, se adentra al baño y abre el agua caliente. La ducha está rota y el agua sale a chorros, y apenas es lo suficiente cálida como para considerarse caliente, pero le sienta bien sin embargo.

Cuando cierra la llave de la ducha, escucha voces.

La voz de Phichit, y entonces…

—Hmm. Pues no estoy seguro si su horario todavía está disponible —está diciendo Phichit, y hay una especie de entusiasmo en su voz que alguien que no lo conociera muy bien no notaría. Pero también hay otra cosa.

(Entusiasmo y ¿una especie de agresión pasiva? Una inusual combinación.)

Yuuri se congela, envuelve una toalla alrededor de su cintura.

—Yuuri —lo llama Phichit—. Alguien está aquí para verte.

—Hola Yuuri —añade Victor Nikiforov.

Yuuri aprieta más fuerte la toalla. —Um, denme un minuto.

—Tomate todo el tiempo que necesites —responde Victor, las palabras suenan ligeras, divertidas. Como si él supiera algo que Yuuri no.

Se coloca su ropa interior, pantalones, y calcetines, luego se da cuenta que olvido traer una remera. —Um, Phichit. ¿Podrías pasarme una remera?

Phichit bufa, y Yuuri oye como busca entre su maleta. —¿Cuál de todas quieres?

—Cualquiera. No importa.

—Puedes salir y buscarla si quieres, Yuuri. No tienes que sentirte avergonzado por mi culpa —le dice Victor. Y hay un deje de astucia en el tono de su voz que está haciendo a Yuuri volverse loco al intentar descifrarlo. ¿Cómo es que él hace eso?

Yuuri traga con pesadez. —Um, está bien, gracias.

Phichit abre la puerta levemente y le alcanza la remera. Yuuri se la mete por la cabeza y luego comprueba su cabello, peinándolo rápidamente antes de salir del baño, con las manos metidas en los bolsillos.

Victor luce como un dios.

(‘Que le den a Victor Nikiforov’ comienza a tener un significado diferente en la mente de Yuuri.)

—Es estupendo el volverte a ver —Victor está diciendo, ajustándose la camisa. Su camisa es blanca, fina. Su pecho es musculoso, sus brazos bien tonificados, su cabello tiene un estilo perfecto. Yuuri se siente pequeño. Inadecuado. Siente que no es digno siquiera de mirar al otro hombre.

Phichit está a su lado en un instante. —¿Te importaría si hablo un momento en privado con mi cliente, Victor?

(¿Su cliente?)

—No, claro que no —responde Victor, y vuelve a guiñarle el ojo a Yuuri.

Le guiña un ojo.

Le guiña.

Yuuri se queda mirándolo. Sin estar seguro de poder dejar de mirarlo. Phichit lo arrastra hacia el baño, no hay otro lugar privado en la habitación. El espejo aún está cubierto de vapor. —¿Cómo fue que él encontró nuestra habitación? —pregunta Yuuri.

—¿Esa es tu primera pregunta?

—Yo no… ¿Qué está pasando?

Phichit suspira. —Él dice que cambiaron de parecer. Él te quiere a ti en el puesto.

Yuuri al principio no sabe que decir. Luego, sacude su cabeza, recomponiéndose. No vacilara esta vez. No puede arruinar esto. —¿Por qué te escuche decir antes que mi horario puede estar ocupado ahora? Yo tomare el trabajo.

—Quiero que te hagas el duro —le explica Phichit—. No vamos a permitir que Hollywood nos pase por encima. Y además, ahora soy tu manager. Lo siento –fue una decisión espontanea.

—Aquí las paredes son delgadas —Victor exclama—. Quizás quieran hablar un poco más bajo para su reunión privada.

Yuuri se quiere morir. Se cubre el rostro con las manos mientras sacude su cabeza. —Phichit…

—Ok, conferencia terminada —anuncia Phichit en voz alta, llevando a Yuuri de regreso a la habitación principal—. Él tomara el puesto, pero tenemos algunas condiciones.

Victor enarca una ceja. —¿Condiciones?

—El puesto de Yuuri está asegurado hasta que la producción de la película concluya. No más cambios de parecer, ni trucos, ¿está bien? Y él quiere un salario alto. Y su propio remolque.

El actor ruso piensa por un momento, luego asiente. —Sí, sí y sí.

(Phichit y Yuuri se miran el uno al otro, sorprendidos.)

—Y… y quiere su cameo en la película. ¡Y también quiere uno para mí!

—Hecho.

Phichit piensa mientras baja la mirada. —Y, no sé, ¿un bono inicial de mil dólares? ¿Para sellar el acuerdo?

Victor frunce el ceño. —Bueno, eso tendrás que hablarlo con Yakov.

Phichit se retracta en el acto. —Oh, bien, la última parte no importa. Pero, um, ¿Estás de acuerdo con el resto de las condiciones?

—Ciertamente —responde Victor, sonriéndole a ambos.

—¡Tiene que ser mucho más que un lindo remolque! —añade Phichit.

Yuuri lo golpea en el hombro, dándole una mirada fulminante. Si Phichit continua presionando a Victor, es más probable que él se harte y se marche. Sin embargo, al mismo tiempo, admira la tenacidad de su amigo.

—Uno que tenga televisión, con un bonito sofá, y una cama tamaño matrimonial —Phichit le informa a Victor firmemente—. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

—¡Bien! —lleva sus manos a sus caderas, mirando orgullosamente a Yuuri—. Ahora, ¿Qué otra cosa necesitamos aclarar?

—Nada más —les dice Victor—. Serán llevados a una habitación de hotel mucho mejor el lunes. Nos enseñaras a patinar durante dos meses, luego filmaremos la película durante cuatro. Para la filmación tú tendrás tu propio remolque. He visto el guion y hay muchas escenas de patinaje, así que es bastante probable que tendrás que estar presente en esos cuatro meses. La post-producción tomara más tiempo, pero ninguno de nosotros estará allí durante la mayor parte de aquello.   

Yuuri siente la tentación de pellizcarse, inseguro de que esto esté realmente sucediendo.

Es Phichit quien habla primero. —Suena bien. ¿Y tengo permiso para visitarlos?

—Por supuesto —responde Victor cálidamente.

—¿Y a cuántos patinadores tendré que enseñarles? —pregunta Yuuri—. ¿Cuántos patinadores hay en el libreto?

—Hmm. Estoy yo, Yuri, Mila, su papel es del interés amoroso, Christophe. Todos nosotros tenemos rutinas a lo largo de la película. Eso debería ser todo, aparte de algunas otras escenas, probablemente. Los papeles menores de fondo serán ocupados por patinadores reales, por lo que no tendrás que trabajar mucho en eso. Yakov calculara un horario para ti.  

Yuuri asiente. —Okay. ¿Y por qué cambiaron de parecer respecto al entrenador?

Victor luce sorprendido por la pregunta. —¿Qué?

—Bueno, yo no obtuve el papel, y ahora te apareces en este hotel, en nuestra habitación, a mitad del día y me ofreces el puesto. ¿Y por qué estás tú y no Sara o Yakov? ¿No parece todo esto poco profesional? —pregunta Yuuri, enderezando su postura.

Phichit está sorprendido. Victor está sorprendido. (Yuuri es el más sorprendido.)

—Bueno —Victor empieza—, Yakov no sabe exactamente que estoy aquí.

—¿Qué? —pregunta Yuuri, sacudiendo la cabeza—. ¿Qué quieres decir con que no sabe que estás aquí?

—Todavía no le han dicho a la primera opción de Yakov que ha obtenido el puesto. Y él no obtendrá el puesto. Tú lo harás. A Yuri Plisetsky no le agradas –no te lo tomes personal– pero a mí sí.

Ambos amigos lo miran.

La habitación se queda en silencio.

—Entonces, ¿estás diciendo que Yuuri todavía no tiene el papel? —pregunta Phichit lentamente—. Tú gran pedazo de…

—No, sí que lo tiene —le asegura Victor rápidamente—. Sólo que no oficialmente. Yakov no lo sabe. Pero él me va a escuchar, en realidad él no tiene más opción, y yo digo que te quiero a ti como mi entrenador. 

Yuuri se muerde el labio, procesando la información. —¿Y por qué yo, entre todos?

Victor le sonríe. Eso hace que los pies de Yuuri se derritan. Lo marea. —¿Importa?

—Más o menos, sí.

—Me gusta tu pasión —le dice Victor—. Me gusta tu energía. La película necesita algo que mejore y realce el guion. ¿Puedo ser honesto contigo, Yuuri?

Yuuri no puede apartar los ojos de él.

Él es impresionante. Su cabello tiene un estilo perfecto, la camisa blanca luciría sencilla en cualquier otra persona pero en él luce de marca. Todo en él grita perfección. Es casi frustrante.

Yuuri asiente.

—Mis películas ya no sorprenden a nadie. Pero cuando te vi a ti, pensé que tal vez podríamos animarlas un poco. Yakov no ve el problema, él sólo ve los números. Las grandes cifras. Pero yo veo la audiencia. Veo sus reacciones. Y tú…

Se pone de pie y se acerca a Yuuri. Phichit se aleja de ellos, en shock. Victor lo toma por el mentón con una mano.

Con su pulgar recorre el labio inferior de Yuuri.

Yuuri lo mira, shockeado, inamovible, temeroso de romper el hechizo.

—Tú eres justo lo que necesitamos.

Cada hueso de su cuerpo le suplican que se mueva, pero no lo hace. Se congela. Pero mantiene el contacto visual, ojos azules mirando directamente a través de ojos marrones, examinándolo, intentando hacerse una idea clara de él.

Yuuri permanece estático en su lugar.

Victor se marcha un minuto después. Dice algo acerca de llamarlo por la mañana, pero todo lo que Yuuri puede sentir es el fantasma del toque del otro hombre sobre sus labios. Alza su mano y se los toca, preguntándose como revivir la sensación. Preguntándose cómo fue que Victor Nikiforov lo desarmó con tan sólo un simple toque.

—Okay, dime que sentiste eso —le ruega Phichit, sentándose en la cama y mirando a Yuuri con ojos como platos.

Yuuri lucha para encontrar las palabras, todavía inseguro de que los eventos que pasaron minutos atrás realmente sucedieron. —¿Sentir qué?

—Esa tensión sexual sin resolver en el aire. Oh por Dios. ¡Parecía que iba a enrollarse contigo allí mismo y conmigo mirándolos!

Yuuri rueda los ojos. —Phichit, él no estaba a punto de enrollarse conmigo.

(¿O era él quien estuvo a punto? ¿Qué estaba pasando por su cabeza?)

—Lo hubiera hecho si yo no hubiera estado allí. Lo siento mucho, Yuuri. Acabo de impedir que tengas sexo con Victor Nikiforov.

Phichit.