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Rompecorazones

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La primera vez que Phichit vio a Katsuki Yuuri, se chocó contra una pared mientras patinaba.

Ya tenía conocimiento de que el ex Campeón Mundial Junior había firmado con Celestino, y esa era la parte ridícula del asunto. Laura, su compañera de pista, había hablado de ello sin cesar desde que se enteró, era tanta su emoción que incluso se había tomado la molestia de ir a la pista todos los días para echarle un vistazo a su ídolo. Así que Phichit no debió haberse sorprendido de que al girar la cabeza durante su calentamiento se encontrara con Katsuki Yuuri pasando a su lado mientras patinaba.


Pero Yuuri tenía una dulce sonrisa en sus labios, su cabello estaba desordenado y su mirada había conectado con la propia en lugar de apartarla, su figura se veía elegante y agraciada al tiempo que realizaba un perfecto lay back spin, y sus ojos...

Y ese fue el momento en que Phichit se estampó contra la pared, tropezando con sus propios patines y cayendo de trasero contra el hielo.


Todo justo frente al hombre mas hermoso del mundo, el Campeón Mundial Junior de 2010, y ahora nuevo compañero de pista de Phichit.  El universo debía estar castigándolo por el tweet ese que publicó acerca de las películas de Crepúsculo, era la única explicación.


—โอ้ย, —murmuró. Por lo menos Celestino se encontraba hablando con el dueño de la pista y no lo había visto mordiendo el hielo. Hizo una mueca mientras intentaba ponerse de pie de nueva cuenta. De verdad que era demasiado temprano como para estar lidiando con estas cosas.

— ¿Estás bien?

Casi vuelve a caer al escuchar el sonido suave y con marcado acento de la voz de Yuuri. Phichit tomó la mano que este le ofrecía y permitió que Katsuki Yuuri, Campeón Mundial Junior, le ayudará a levantarse. Esperó desesperadamente que el sonrojo que podía sentir ardiendo en sus mejillas no fuera visible.


—Ah, sí. Estoy bien —le dijo, al tiempo que se limpiaba la escarcha de los pantalones—.  Gracias.

 

Impulsivamente juntó sus palmas y le ofreció un wai a Yuuri. — ¡Soy Phichit, y entrenaré contigo de ahora en adelante!
Yuuri pareció sobresaltarse ante ello, pero simplemente le respondió el wai con una reverencia japonesa. —Que bueno. Ah, soy...mi nombre es Katsuki Yuuri —le dijo con un ligero tartamudeo. Las palabras en inglés sonando extrañas en su lengua—. Encantado de conocerte —Yuuri desvió su mirada hacia atrás, donde Celestino parecía haber terminado de hablar y le hacía una seña para que se acercara—.  Me tengo que...—volvió a hacer una reverencia y se alejó patinando, siendo tan agraciado al patinar como torpe en su actuar. Phichit se le quedó viendo por un rato, antes de sobresaltarse al darse cuenta que también debería estar calentando. Se movió y volvió a practicar con vigor. Si iba a ser el compañero de pista de alguien tan talentoso como Yuuri, entonces tenía que mejorar su juego.


Más tarde, mientras saltaba alrededor de la pista, Yuuri se topó con él y le regaló una pequeña y perfecta sonrisa. Phichit por poco y vuelve a caer sobre su trasero, su corazón latiendo más fuerte de lo que era saludable.

 

«Oh, no», pensó para sí mismo.

 


 




—Parece un poco arrogante, si me lo preguntas.


Phichit detuvo la labor de amarrar sus patines para seguir la mirada de Andrew, la cual se posaba sobre la solitaria figura que vagaba sin rumbo por la pista.  — ¿Yuuri?

—Sí, —dijo Andrew al tiempo que se apoyaba sobre sus manos. Tanto él como Tish habían acabado con su tiempo en el hielo hace ya diez minutos, pero siempre evadía sus ejercicios fuera del mismo con cualquier excusa que tuviera. El día de hoy, esa excusa era chismear con Phichit. No que a Phichit le importa, él amaba el chisme—. Celestino lo pusó en mi edificio pero no me ha dicho ni una palabra, ni siquiera cuando nos encontramos por el pasillo. El otro día le pregunté si quería venir en mi auto hasta la pista, y me miró como si le ofendiera el solo hecho de que lo hubiera considerado.


Phichit frunció el ceño. Yuuri había comenzado a practicar las antiguas figuras obligatorias, su mirada enteramente enfocada. Phichit no conocía a nadie que continuara haciéndolas, y Yuuri las patinaba como si todavía fueran lo más importante de la competencia.  —No le digas a Laura, le romperás el corazón —le dijo.

—Oh, ya lo sabe —dijo Andrew—. El otro día estuvo llorando mientras le contaba a Tish que Yuuri había se había negado a darle su autógrafo cuando se lo pidió.


— ¿En serio?

—Aparentemente, Katsuki solo le dijo “¿por qué?” y luego se marchó.

Phichit lo consideró. No había vuelto a hablar con Yuuri desde el vergonzoso choque cuando se conocieron, pero ese día el nipón había sido tan amable con él y le había sonreído tan dulcemente que...- Phichit aclaró su garganta.  —Tal vez solo es tímido —sugirió, recordando la torpe manera en la que Yuuri se había inclinado para luego marcharse—. Tienes que admitir que es raro que una compañera de pista te pida tu autógrafo. Él patina con ella todos los días.


Andrew sacudió su cabeza con sabiduría, como si solo por ser cuatro años mayor ya entendiera las cosas mejor que Phichit.  —Lo dudo —le dijo—. Bueno, supongo que es por eso que dicen que es mejor no conocer a tus ídolos —se levantó y se estiró—. De todos modos, debería irme. Tish me mataría si la dejo caer por estar evadiendo el entrenamiento —se estremeció entero a propósito, pensando tal vez en los ejercicios que tendría que hacer o en su pequeña y formidable compañera—.  ¡Nos vemos!


Phichit lo despidió con su mano y regresó a atarse los patines.  Le tomó cinco minutos más de lo que debería porque sus ojos eran atraídos hacia el Campeón Mundial Junior que se hallaba pensativo mientras realizaba figuras de ocho en el hielo. Solo había hablado con Yuuri por un segundo, pero algo acerca de la opinión de Andrew no le parecía correcto. Tal vez el oro realmente se le había subido a la cabeza a Yuuri, pero si era así, ¿porque se veía tan perdido? ¿Por qué le había sonreído y le había ayudado levantarse aquella vez cuando las caídas eran tan comunes en el patinaje que no merecían más que una rápida mirada?  ¿Por qué estaba allí ahora cuando su tiempo de entrenamiento en el hielo no empezaba sino hasta hora y media después, y por qué se quedaba incluso después de que todos se iban?


Phichit soltó un murmullo. Tanto pensar hacía que su cabeza doliera. Prefería actuar que sentarse a pensar en círculos.


Decidido, terminó de atar sus botas y se levantó. El chisme era una cosa, pero que lo jodieran si dejaba que la gente chismoseara sin saber la verdad.


Se unió a Yuuri en la pista, dándole solo una sonrisa a modo de saludo para comenzar luego con su calentamiento. Celestino todavía estaba en su descanso para almorzar, así que los dos se encontraban más o menos solos en el hielo. Perfecto. Realizó su calentamiento por inercia, observando a Yuuri por la esquina del ojo.

Cuando ya hubieron patinado lo suficiente, Phichit se deslizó hasta la barrera y agarró su teléfono. Aparentó mirar a su alrededor como si buscara algo; aunque bueno, solo parte de eso fue por apariencia. Celestino probablemente lo volvería a regañar si lo encontraba de nuevo con su teléfono, así que era mejor para él que su entrenador no lo viera.


—Hey, —susurró cuando Yuuri pasó cerca de él—.  ¿Ciao Ciao está cerca?

Yuuri se detuvo, su cabeza inclinándose en señal de confusión. — ¿Quién?   

La operación: “hablar con Katsuki Yuuri”, estaba abierta.

—Ya sabes: Celestino —dijo Phichit. Yuuri solo lo miró aun mas confundido—.  ¿Porque dice “Ciao Ciao” al menos veinte veces al día?

Yuuri se quedó tieso por un momento, y luego algo mágico y milagroso sucedió: Sonrió. Fue una pequeña y tímida sonrisa, pero que poco a poco creció. —Oh, —dijo—. Oh por Dios, es cierto.


Phichit le ordenó a su corazón bajar el ritmo, pero falló miserablemente. Se rió de la expresión en el rostro de Yuuri.  Había hecho sonreír al nipón. ¡Que día! — ¿No lo has notado?


Un rastro de rojo apareció en las mejillas de Yuuri.  —No, no realmente —miró alrededor de la pista, para luego fijar su atención en la puerta de entrada—.  Creo que todavía está afuera, pero dijo que podíamos calentar mientras lo esperábamos.


Phichit agitó su mano en señal de desestimación a sus palabras  —Ya hemos calentado lo suficiente —le dijo, sintiendo una secreta emoción ante el plural en las palabras de Yuuri.  Katsuki Yuuri se había referido a ambos—. Me grita siempre que hago esto.


— ¿Que cosa?

 

Phichit llevó uno de sus dedos hasta sus labios y abrió la aplicación de Instagram en su teléfono. Le guiñó a la cámara y se sacó un rápido selfie —Hmm,  —dijo mientras evaluaba la fotografía recién tomada—. ¿Tú qué opinas, Amaro o Mayfair? — levantó la foto para que Yuuri la viera.


Yuuri solo lo miró sin expresión. —Yo... ¿qué? —le preguntó—. Lo siento, mi inglés..

Phichit jadeó dramáticamente. — ¿No sabes de Instagram? —le preguntó, luciendo falsamente ofendido, al menos en su mayoría porque algo de eso sí era cierto—.  Ya lleva un año que existe, ¿cómo es posible que no tengas uno? Es casi mejor que Twitter y definitivamente mejor que facebook.


—Um, —dijo Yuuri incómodamente—. Es que yo realmente no… uso nada de eso.


Phichit no tenía idea de si Katsuki Yuuri era realmente un niño de ocho años en el cuerpo de un joven de dieciocho. — Ya está. Dame tu teléfono.


— ¿Eh?

—No puedes ser un patinador internacional y no tener redes sociales —le dijo Phichit muy seriamente—. ¿De qué otro modo podrían tus fans seguir tu carrera?


Esta vez, el rostro de Yuuri se volvió completamente rojo. —Es que yo… ¿no tengo fans? —le dijo inseguro.  


Phichit pensó en Laura, quien había llorado porque Yuuri no le había dado su autógrafo, y se quedó observando. Mientras más hablaba Yuuri, más evidente le era que Andrew había estado equivocado. —Okay, —le dijo lentamente—.  Bueno, ¿qué tal si en realidad sí tienes fans pero no lo sabes porque no tienes redes sociales que ellos puedan seguir?


Aunque pareciera imposible, el sonrojo solo se profundizó. —¿Por qué querrían hacer eso?

—No lo sé, Señor Campeón Mundial Junior.  Tú dime.

Yuuri rascó la parte trasera de su cuello.  —Eso pasó hace dos años —murmuró—. Además, fue solo en los juniors. El circuito no es muy profundo. Todos los buenos habían pasado a seniors ese año para poder calificar a las olimpiadas.

 

Phichit lo miró boquiabierto. Andrew estaba completamente equivocado, aparentemente.  Yuuri era la persona menos arrogante que Phichit había conocido en la vida.


Necesitaba una táctica diferente. Recurrir a la fanbase de Yuuri como tema no lo estaba llevando a ningún lado.  —Bueno, ¿Qué hay de tu familia y amigos en Japón? —le dijo—. Si te creas una cuenta en Instagram o Twitter, ellos pueden saber lo que estás haciendo y puedes mantenerte en contacto.


Eso hizo que Yuuri lo meditara. Dudoso, el nipón sacó el teléfono de su bolsillo pero no lo entregó aun. Lo movió entre sus manos con el ceño fruncido, pero se lo dio eventualmente.  —Está bien —le dijo—. Pero no lo conviertas en algo vergonzoso.

Lanzó un gritillo de victoria y aceptó el teléfono de Yuuri con una aceptable cantidad de dignidad. Descargar la aplicación de Instagram fue rápido y creó la cuenta para el nipón. Yuuri ni siquiera se había conectado a la red wifi aún, lo cual era bastante preocupante en sí mismo. Escogió el razonable y profesional “y-katsuki” como el usuario, y alistó la cámara para tomar la foto de perfil. — ¡Sonríe! —le dijo, al tiempo que capturaba la fotografía sin mayor advertencia que esa. Pero a pesar de eso, Yuuri era tan injustamente hermoso que incluso con la boca medio abierta la foto había salido perfecta.

— ¡Oh Dios, tengo tres barbillas! —dijo Yuuri cuando Phichit le mostró la foto—. No puedes usarla, ¡es horrible!


—Puedes cambiarla luego —le informó Phichit, para luego poner la cámara en modo selfie—. ¡Okay, selfie time!  ¡Tu primera publicación oficial en Instagram!


Se inclinó para que ambos entraran en la toma. Yuuri le sonrió a la cámara de forma dudosa, lo que causó que el rostro Phichit luciera descaradamente alelado cuando se tomó la foto.


—Esa está bien —dijo Yuuri—. Tú te ves bien de cualquier forma —afortunadamente para Phichit, Yuuri estaba tan absorto en su teléfono que no notó el sonrojo en sus mejillas. Apretó la pantalla dudosamente, frunciendo el ceño ante los diferentes filtros—.  Pero espera, ¿qué son todos estos?


Phichit lo acompañó a través de todo el proceso de publicar, mostrándole los mejores filtros y enseñándole como poner tags.  Casi se desmaya cuando Yuuri se dirigió hacia su perfil para seguirlo.


—Ah, tendré que preguntarle a Yu-chan si tiene cuenta —murmuró Yuuri casi para sí mismo—.  ¿A quién más debería seguir?


—Bueno, tanto Laura como Andrew tienen cuentas —porque Phichit los había forzado, pero Yuuri no necesitaba saber eso—, así que podrías seguirlos.


—Oh, —dijo Yuuri, sus hombros encogiéndose ligeramente—.  En realidad no los conozco ¿no sería raro?


Phichit movió su mano en señal de negación. —No, no. Instagram no es como Facebook, no tienes que ser amigo de las personas que sigues. Probablemente ellos también te sigan. Después de todo, son tus compañeros de pista.

—Ah, está bien —dijo Yuuri, aunque todavía lucía incómodo—. ¿Cómo los encuentro?


Phichit tomó el teléfono y buscó a sus compañeros. Laura se iba a morir de la emoción cuando viera quien era su nuevo seguidor. Luego de encontrarlos, comenzó a buscar algunos patinadores que él mismo seguía, ya que no tenía idea de que otros gustos tenía Yuuri.


—Um, —dijo Yuuri después de un momento al tiempo que ojeaba lo que Phichit hacía por encima de su hombro, lo cual lo desconcentraba bastante—. Será… ¿será que Viktor Nikiforov también tiene cuenta?

 

— ¡Ah! Sabía que estaba olvidando a alguien —dijo Phichit. Navegó hacia el perfil de Viktor y luego miró a Yuuri, quien se encontraba viendo atentamente los selfies y videos en la cuenta de Viktor con ojos brillantes y fascinados—.  ¿Eres su fan, entonces? —pregunta Phichit al tiempo que choca su hombro con el de Yuuri.


Yuuri soltó un chillido, sonando inquietantemente similar a los hamsters de Phichit, y el sonrojo regresó con furia—. Me refiero a que.. él es el medallista de Oro Olímpico y el campeón del mundo; y su cuádruple flip es… y él es…


—Él es muy caliente —concordó Phichit, causando que Yuuri volviera a chillar.

 

—¡Phichit-kun! —siseó Yuuri—. ¡No es eso!



Phichit archivó el honorífico en su memoria para averiguar luego su significado, ya que no sabía lo suficiente de cultura japonesa como para conocerlo. Así que mejor se enfocó en el rostro de Yuuri, el cual estaba completamente sonrojado.


—No es solo eso —corrigió Yuuri reluctantemente, y suspiró—. Él es la razón por la que patino competitivamente —admitió—. Siempre creí que si me volvía lo suficientemente bueno, tal vez algún día podría patinar en el mismo hielo que él —sacudió su cabeza al tiempo que reía auto-compasivamente—. ¿No es eso tonto?


—No lo es —dijo Phichit—. Todos necesitamos nuestros ídolos, Yuuri.  Nos ayudan a seguir adelante.


Yuuri lo observó pensativo. Abruptamente, Phichit se dio cuenta de lo cerca que se encontraban el uno del otro, lo suficiente como para que pudiera notar los ligeros destellos de dorado en los preciosos ojos café de Yuuri.


—Um, —dijo tontamente.


—¡Phichit Chulanont, será mejor que eso en tu mano no sea tu teléfono!


Phichit se encogió. La Operación: “Hablar con Katsuki Yuuri” había sido exitosa, pero la Operación: “Que Celestino no te regañe por tomarte selfies” había fallado miserablemente.

 

— ¡Lo siento, lo siento! —le dijo, al tiempo que patinaba hacia la barrera y dejaba allí su teléfono—.  ¡Juro que solo estábamos calentando!



Celestino solo suspiró. —Y yo que creí que Katsuki sería una buena influencia para ti —se lamentó—.  Vamos, demuéstrame que tanto han calentado.

 

Phichit agachó la cabeza. —Sí, entrenador —dijo.



Yuuri se acercó a él patinando y le sonrió.  —Mientras patinas, intentaré tomarte una foto para tu Instagram, —le susurró el nipón.

 

Phichit lo observó marchar, sintiendo la garganta repentinamente seca y el corazón latiendo violentamente contra su pecho.   « Oh no » , pensó, aunque no por primera vez.


 


Phichit no era el tipo de chico que se quedaba sentado mientras sufría por amor.  Ya había visto para que le había servido a Laura: para absolutamente nada. Lo único que había obtenido eran sonrisas ocasionales y likes en Instagram, por lo que Phichit decidió rápidamente que tendría que poner las cartas sobre la mesa con todo este asunto de Yuuri.


Era cierto que su corazón intentó salirse de su pecho de lo fuerte que palpitaba el día que se acercó a hablar con Yuuri después de la práctica. Sabía cómo eran las cosas. Yuuri era tres años mayor a él y un patinador de categoría internacional, mientras que Phichit ni siquiera había terminado su primera temporada en los junior;  y a demás de eso, Yuuri era… Yuuri. Todo sonrisas brillantes y pensativos silencios, un talento dedicado y de enfoque distraído. Phichit sintió como las palmas de sus manos empezaban a sudar solo con el pensamiento.


Golpeó suavemente el hombro de Yuuri sin darse tiempo a acobardarse. — ¿Hey, um, Yuuri?



Yuuri dejó de atar sus agujetas para prestarle atención. El nipón tenía sesión con Celestino toda la tarde de ese día, y Phichit prácticamente podía verlo vibrar por la necesidad de entrar al hielo. —Hey, Phichit-kun —le dijo—. ¿Acabas de terminar? —hubo una nota de decepción en su voz, y Phichit sintió como si alguien estuviera inflando un globo de aire caliente en su pecho. Yuuri se sentía decepcionado porque Phichit se marchaba.


—Sí, tengo clase de ballet ahora —dijo Phichit al tiempo que arrugaba la nariz. Amelia era una buena estructura, realmente lo era, pero odiaba que insistiera en usar términos franceses para todo. Él no hablaba francés, así que no entendía porqué debía tener problemas por creer que “Battement Fondu” era algún tipo de platillo con queso.


Yuuri notó su expresión y rió ligeramente. El globo de aire caliente en le pecho de Phichit estaba a dos segundos de abandonar la atmósfera .  — ¿Madame Weber te la esta poniendo dificil de nuevo? —le preguntó—. Sabes, yo te puedo ayudar si estás teniendo problemas con los términos del ballet.


Phichit podría haber muerto allí mismo. No había otra explicación para que Yuuri le pidiera que se encontraran fuera de práctica. Tragó saliva, y recordó el porqué se había acercado a Yuuri en primera instancia.  —Claro, está b-bien —tartamudeó, esperando que el sonrojo en su rostro no fuera demasiado obvio —Um ¿Q-quieres s-salir? a cenar me refiero. Hay un lugar a donde a Laura, Andrew, Tish, y mi nos gusta ir. Es cerca y ¿podríamos ir? —y con suerte también podrían tener una larga sesión de besos, pero eso no se lo dijo. Yuuri se ponía nervioso con demasiada facilidad como para ser tan directo con eso.


Yuuri dudó, y Phichit sintió su alma sucumbir a la desesperación. « Sabías que esto pasaría » , se regañó a sí mismo porque debió estar preparado para el rechazo. Tal vez dolía tanto porque era Yuuri de quien estaban hablando.


— ¡De acuerdo!

¿Ah?

Phichit parpadeó. Yuuri estaba sonriendo de nuevo, todavía un poco inseguro, pero definitivamente lo hacía.  — ¿En serio? —le preguntó. Estaba seguro de que si bajaba la mirada, notaría que sus pies ya no estaban tocando el suelo.  Yuuri le había dicho que sí. ¿Qué te parece esta noche? ¿Te recojo a las siete?


—D-de acuerdo —dijo Yuuri de nuevo. Terminó de atar sus agujetas y se levantó para ir hacia la pista—. Te veo mas tarde, entonces —terminó de decir al tiempo que se despedía con un movimiento de su mano.


Phichit casi pudo haberse desmayado. ¡Iba a tener una cita con Katsuki Yuuri! Jamás en su vida había sido tan feliz.

 


 




Se probó al menos 10 diferentes outfits antes de decidirse por una camisa con las mangas dobladas hacia arriba. Y sin corbata - o tal vez debería llevarla, pero suelta, para un estilo más elegante. Aunque en realidad esa corbata se veía mejor con la camisa púrpura...

Se detuvo a sí mismo, se quitó la corbata, y subió las mangas de la camisa. Perfecto.

Yuuri vivía en el mismo edificio que él, solo a unas puertas de distancia. El club de patinaje tenía una especie de contrato con el casero del edificio con respecto a patinadores internacionales, un hecho que Phichit nunca había apreciado tanto como ahora. Por ello, pudo dejar su departamento a las 6:59, y aun así tuvo un minuto para respirar profundamente antes tocar la puerta de  Yuuri. Volvió a subirse las mangas de la camisa; mierda, mierda, mierda, ¿en que estaba pensando…?

El pomo de la puerta giró y Phichit puso una sonrisa en su rostro; con suerte, era una sonrisa feliz y no la maníaca que tanto miedo tenía que fuera. Pero esta desapareció de su rostro tan pronto como se abrió la puerta.


Yuuri lucía terrible.

Sus ojos estaban completamente rojos e hinchados, como si hubiera estado llorando.  Corrección, como si estuviera llorando, nada de tiempo pasado. Lágrimas manaban de sus ojos, dándoles un aspecto vidrioso y vacío. Su rostro estaba manchado con rastros de lágrimas, y al bajar la mirada, Phichit notó que las manos de Yuuri estaban temblando.

 

— ¿Yuuri? —preguntó Phichit vagamente.


Yuuri le brindó lo que pudo ser una sonrisa, o tal vez solo era una mueca. —H-ola, Phichit-kun, —dijo—.  Solo...solo necesito unos minutos y luego nos podemos ir.


— ¿Yuuri, que sucede? —Phichit lo siguió dentro del departamento. Era mucho más limpio que el suyo propio, tal vez por que Yuuri no tenía una jaula para hámsters que ocupaba la mitad de la habitación, tal vez porque Yuuri vivía solo y Phichit tenía una compañero desordenado, o tal vez simplemente porque la mitad de las cosas del nipón se hallaban aún dentro de cajas. No pensó en ello por demasiado tiempo ya que Yuuri todavía estaba hipando en un intento de contener sus sollozos, y simplemente no podía soportar verlo así.


—Nada, estoy bien —dijo Yuuri automáticamente. Abrió una de las cajas y empezó a buscar dentro de esta, sacando una chaqueta eventualmente—. Estoy casi listo, no quiero hacer esperar al resto.


Phichit se petrificó ante eso último, pero decidió dejarlo a un lado y considerarlo luego. —Si no quieres ir…


—Sí quiero, lo juro —dijo Yuuri.  Las lágrimas en sus ojos finalmente se desbordaron e hicieron camino abajo hacia sus mejillas; su respiración saliendo entrecortada. El nipón arrugó la chaqueta entre sus manos y apretó sus dientes como forma de pelear contra las lágrimas —. Quiero ir.

No, eso no iba a pasar.  Al menos no esta noche.


—Oye, está bien —dijo Phichit al tiempo que intentaba no entrar en pánico. No tenía idea de qué hacer.  ¿Cómo se suponía que consolara a Katsuki Yuuri: Campeón Mundial Junior, el hombre mas hermoso del mundo, y protagonista de sus más anhelantes y fantasiosos sueños?—.  ¿Quieres sentarte?


Torpemente, guió a Yuuri hasta uno de los sillones en la sala.  El nipón lo siguió sin protestar e inmediatamente hundió su rostro entre sus manos cuando estuvo sentado, sus hombros temblando por los sollozos que salían de su cuerpo. —L-lo siento —susurró—.  No es...yo no…


Phichit dudó, pero luego puso una mano sobre el hombro de Yuuri.  El nipón se sobresaltó pero no lo alejó, lo cual ya era algo. — ¿Quieres hablar de ello?

Yuuri sacudió su cabeza.  —A veces m-me pongo así —murmuró—. Es solo que… estaba lavando los platos y no se…


—Ah, okay. ¿Quieres que…? No tenemos que salir si no te sientes como para ello.


El alivio de Yuuri fue obvio por la forma en sus hombros se relajaron.  —Pero estoy tratando de… trato de ser mejor en esto de hacer amigos. ¿Laura, Andrew y Tish no se sentirán decepcionados?

Phichit parpadeó.  Allí estaba de nuevo.  ¿Sus compañeros de pista que tenían que ver con…?

Oh.

Yuuri no sabía que esto era una cita. Él pensaba que esto era una cosa de amigos, una salida en grupo.


—โอ้ย, —murmuró Phichit. Ahora entendía porqué Yuuri se había mostrado tan entusiasmado cuando lo había invitado. Maldita sea.



Okay, no. Tenía que enfocarse. Este no era el momento para afligirse por su corazón roto.  Yuuri necesitaba consuelo, y que jodieran a Phichit si permitía que este continuara llorando cuando podía hacer algo para ayudarlo.  —Está bien —le dijo—. Les escribiré para hacerles saber que nosotros no podremos llegar. No les importará.


— ¿Nosotros? —graznó Yuuri. Phichit no entendía cómo una persona podía verse tan atractiva cuando su rostro estaba todo manchado y lleno de lágrimas. Pero a pesar de eso, así era.


—Nosotros —dijo Phichit firmemente—. Voy a ordenar pizza, iré a mi apartamento para traer un poco de popcorn y la película de “El Rey y El Patinador”,  y luego vamos a sentarnos a verla hasta que me eches de aquí.

 

—Phichit…

 

— ¿Trato?



Yuuri suspiró, y el vestigio de una acuosa sonrisa apareció en su rostro.  —Trato — le dijo. Phichit asintió firmemente y se movió para levantarse, pero Yuuri atrapó su muñeca antes de que pudiera ir demasiado lejos—. Te lo agradezco —le dijo Yuuri seriamente.


Phichit se preguntó si Yuuri era capaz de sentir como su pulso golpeaba fuertemente bajo sus dedos.  —Cuando quieras —le respondió.

Tuvo que tomar varias respiraciones para calmarse una vez que se encontró en la seguridad de su propio apartamento. No entendía cómo había pasado todo esto. Yuuri había malinterpretado la situación cuando Phichit le había pedido que salieran, eso era seguro; le pasaba todos. Luego había decidido abandonar todos los planes, pero ¿de alguna forma eso había terminado en la idea de ver películas sobre el pequeño sofá de Yuuri toda la noche? El pequeño sillón apenas tenía espacio para dos personas, así que podrían acurracarse entre ellos como…


Como amigos, se recordó Phichit a sí mismo. Esto no tenía que ver con su crush con Yuuri.  Esto se trataba de ayudar al nipón a que se sintiera seguro y confortado.

Asintiendo para sí mismo, el joven tomó una copia de “El Rey y El Patinador”; y luego de meditarlo, tomó también: la secuela, la primera temporada de “Friends”, y una comedia romántica que tenía por allí.  Él podría ver “El Rey y el Patinador” una y otra vez durante horas y sin descanso, pero sabía que la mayoría de las personas no compartían ese mismo entusiasmo por el film. Quizá algún día, una vez que hubiera ganado tantas medallas que Tailandia no sabría qué hacer con ellas, el resto del mundo compartiría su interés. Pero hasta entonces, Katherine Heigl y Jennifer Aniston tendrían que ser suficientes.

Estaba casi a medio camino de la puerta cuando regresó a su habitación para cambiarse la ropa rápidamente y ponerse unos pantalones de yoga junto a una camiseta más cómoda. Esto no se trataba de impresionar a Yuuri, se trataba de brindarle consuelo.


Regresó al apartamento de Yuuri al tiempo que llamaba a la pizzería que se encontraba calle abajo, haciendo malabares entre los DVD’s y su teléfono para ello.  — ¿Te gusta la pizza de piña? —le preguntó mientras cerraba la puerta de una patada.


Yuuri se veía mucho más calmado ahora, todavía estaba despeinado y con los ojos rojos, pero al menos ya no estaba llorando.  —Ah… en realidad no me importa. Cualquier cosa está bien —Regresó la mirada a su teléfono y dejó salir una sonrisa ante algo que vio allí, sus dedos tocaron la pantalla con una gentil reverencia que Phichit vio con profunda curiosidad y unos ligeros celos.

—Sí. Una Hawaiana familiar a domicilio, por favor. —ordenó Phichit—. Calle Fremont 535, apartamento 2B —escuchó distraídamente como el empleado repetía la dirección, demasiado atrapado en la sonrisa de Yuuri como para concentrarse completamente en algo más.  Era una linda sonrisa, a pesar de que no estuviera dirigida hacia él.


—La pizza llegará en unos veinte minutos —dijo Phichit una vez que colgó.  Se dejó caer junto a Yuuri sobre el sofá y extendió las opciones de película sobre la mesita de centro—. ¿Qué miras? —le preguntó. Yuuri todavía se encontraba observando su teléfono con la misma sonrisa que tenía desde hace un momento.


— ¿Ah? —preguntó Yuuri al tiempo que parpadea. Se sonrojó, y Phichit quiso tomar una foto de ese lindo y rosado sonrojo, pero se dio cuenta que no era una buena idea. A Yuuri probablemente no le gustaría que hiciera tal cosa tan pronto después del colapso nervioso que había tenido—.  Oh, um. Viktor publicó una selfie con su perrito.


Por lo que Phichit sabía, que Viktor Nikiforov publicara una selfie con su perro era un suceso de casi todos los días. Lo hacía incluso cuando se encontraba lejos de su casa debido a competencias ya que parecía tener una carpeta interminable de dichas fotos, todas con títulos como: “ Extraño a mi mejor amigo (ㄒoㄒ)”. No era un evento que mereciera tan hermosa y amorosa expresión por parte de Yuuri.


Phichit sintió como si su corazón hubiera salido de su pecho para caer fuerte y dolorosamente sobre sus zapatos. —Oh, —dijo ahogadamente. Aclaró su garganta y se inclinó para tomar los DVDs—. Entonces ¿cuál quieres ver?


Yuuri se mantuvo mayormente callado durante toda la película. Cada vez que Phichit le echaba un vistazo, se encontraba con que el nipón todavía tenía su mirada fija en la pantalla; pero a medida que la noche avanzaba, devorando la pizza penas llegó, y pasaban de “El Rey y el Patinador” a  los primeros cuatro episodios de “Friends”, las pestañas de Yuuri empezaron a cerrarse. A Phichit casi le da un paro cardiaco cuando la cabeza del susodicho cayó para descansar sobre su hombro.


— ¿Phichit? —murmuró Yuuri con suavidad al tiempo que el tema de inicio de  “Friends” comenzaba a sonar—. Gracias.


Phichit tomó una respiración profunda para preparase y enredó uno de sus brazos alrededor hombros de Yuuri. Estaba a dos segundos de morir, ¡y de qué forma! Con Katsuki Yuuri acurrucado junto a él.  —De nada —le dijo.

—Eres un buen amigo.


Mierda.

Yuuri de nuevo se encontraba observando su teléfono, revisando su Instagram sin ningún objetivo claro. De nuevo se detuvo en una foto de Viktor Nikiforov abrazando a su poodle.  — ¿Crees que Viktor tenga a alguien con quien hacer esto? —le mencionó, sonando medio dormido.


— ¿Hm?

—Jamás publica nada acerca de nadie más…—masculló  Yuuri—. Desearía…


Su voz se cortó. Phichit esperó, pero Yuuri ya no dijo nada más. Bajó la mirada y notó que, en efecto, Yuuri estaba dormido.


Phichit tragó saliva y regresó a ver el programa en la tv. Ross estaba intentando pedirle una cita a Rachel, pero ella estaba muy ocupada suspirando por un tipo italiano. Aquello le debió parecer divertido, pero solo lo deprimió. Ross nunca le había agradado mucho, pero ahora no pudo evitar sentirse identificado con él.