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Daddy Issues

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Tras una serie de problemas y diferencias irreconciliables en su matrimonio, Gendo y Yui Ikari decidieron finalmente divorciarse después de casi una década de estar casados.

El más afectado a causa de ese proceso que estuvo lleno de complicaciones y altibajos fue Shinji, el único hijo que tuvo de la pareja. Desde su nacimiento, el chico fue víctima del desamor de su padre y eso, le acarreó dificultades en su desarrollo social.

Shinji era un chico tímido, reservado, inseguro de sí mismo y con una bajísima autoestima. Todo eso a causa del rechazo y los maltratos verbales y psicológicos que recibió de su progenitor desde que tenía memoria.

Yui Ikari jamás pudo conseguir que su entonces esposo cambiara de actitud con el niño. Gendo simplemente nunca quiso su hijo, sintió repulsión hacia él desde que supo a su mujer embarazada y las cosas no cambiaron aún después de que Shinji naciera; lo culpaba de haberle robado para siempre el amor y las atenciones de Yui.

Cuando salió la sentencia de divorcio, Yui se quedó con la custodia total de su hijo y decidió mudarse con él a Tokyo, lejos de todo aquello que pudiera lastimar a Shinji con los recuerdos de su padre y de su tormentoso pasado.

Yui se dedicó a trabajar afanosamente para sacar adelante a Shinji sin la ayuda de un padre. Ella era maestra en una escuela primaria y cubría los turnos mañana y tarde. Ciertamente, habían sido años difíciles pero con el tiempo las cosas fueron mejorando paulatinamente.

A sus 35 años de edad y con un hijo ya adolescente, Yui seguía siendo una mujer bastante atractiva sin embargo, luego de su divorcio jamás volvió a interesarse en establecer una relación sentimental con otro hombre, por más que se dio cuenta que a su unigénito realmente le hacía falta una figura paterna.

Fue en ese tiempo que Yui conoció a un hombre, un vecino suyo que le cayó bastante bien y para su sorpresa, éste la invitó un día a tomar un café con él. Ella aceptó de buena gana la amigable propuesta de aquel joven.

Se trataba de un atractivo y guapo albino, de enigmáticos ojos color carmín y porte distinguido. Dijo trabajar en un laboratorio clínico y que estaba terminando la carrera de química y farmacia. Su nombre era Kaworu Nagisa, contaba con 25 años de edad y las veces que la invitaba a salir, acudía a la cita elegantemente trajeado.

El joven Nagisa era realmente encantador, atento y ciertamente muy culto e inteligente. Yui no tardó en darse cuenta de aquellas cualidades y le asustó descubrirse atraída hacia él; cosa que la sobresaltó bastante ya que se trataba de un hombre diez años menor que ella.

Pero él era muy observador y lo notó enseguida, mostrándose complacido al lograr hacerla caer ante él más rápido de lo que había imaginado. Así que no dudó un solo instante en cortejarla.

—Me gustas mucho, Yui -confesó el albino sujetando delicadamente la mano de la dama- Me encantaría que tú y yo mantuviéramos una relación formal a partir de ahora.

Ella quedó impactada ante esa inesperada petición. Sintió temor a causa de los prejuicios sociales y el hecho de tener un hijo adolescente.

—Lo siento, Kaworu -respondió- Sabes que también gusto de ti pero no creo que pueda aceptar tu propuesta. Soy una década mayor que tú, madre de un adolescente, realmente no me sentiría cómoda y...--

—¡Yui, por favor! -inquirió el joven Nagisa- Para el amor no hay edad y ya somos lo suficientemente adultos como sortear esas cuestiones tan banales.

—¿¡Amor!? -cuestionó ella sin poder dar crédito a lo que escuchaba-

—Así es, Yui. Yo en verdad estoy enamorado de ti -admitió él y besó la mano ajena- Quiero que me aceptes como tu pareja y si me lo permites, también como un padre para Shinji.

Ella no pudo ocultar su rubor ante las palabras de ese joven, que la miraba con esos hermosos ojos que transmitían sinceridad y afecto y también la hacían sentir muy segura de él. Después de mucho tiempo se sentía de nuevo ilusionada y con reales ganas de rehacer su vida. Sonrió tímidamente al pensar que había encontrado al hombre más indicado y lo mejor de todo, era que la aceptaba con su hijo.

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A la semana siguiente, Yui aceptó finalmente la petición de Kaworu e iniciaron una relación formal de pareja. A ella le sorprendió que su ahora novio fuese quien tomara la iniciativa y pidiera conocer a Shinji...

—Salgamos a cenar los tres juntos mañana, yo los invito -dijo él- Tengo muchas ganas de conocer a tu hijo y estoy seguro que nos llevaremos muy bien -sonrió de lado- Ten por seguro que vamos a ser una hermosa familia.

—Kaworu, ¿estás totalmente seguro de lo que dices? -cuestionó ella-

—Por supuesto, confía en mí. Seré el mejor padre para Shinji...ya lo verás.

Lo que Yui Ikari no sabía era que Kaworu Nagisa ya conocía a Shinji a través de internet y que por ese medio llegó a dar con ella. El joven Ikari y él eran amigos en una popular red social; solo que Kaworu se había ocultado en un perfil con información y fotos falsas y también mantuvo conversaciones privadas con el chico.

Si bien, Shinji no era muy hábil en sus relaciones interpersonales reales, sí lo era a través de las redes ya que se sentía protegido detrás del teclado y la pantalla de su computadora. Ahí se sentía libre de ser él mismo y expresarse a su completo gusto.

Kaworu llegó a él por casualidad, con una identidad falsa, en internet decía ser un chico de la edad de Shinji, llamarse Karl Lorenz y vivir en Alemania. Las pocas fotos que poseía a la vista, también eran un invento sin embargo, consiguió hacerse íntimo de Shinji en cuestión de meses.

Shinji le había contado prácticamente toda su historia familiar y pensó haber encontrado a alguien que lo contenía emocionalmente y lo comprendía...hasta que un día no lo soportó más y decidió escribirle un mensaje su amigo virtual...

"Karl...no puedo seguir mintiéndote y mintiéndome a mí mismo, has sido el mejor que he tenido en toda mi vida y disfruto mucho platicar contigo. Te extraño cuando no estás online y cuando no hablamos por días me siento profundamente triste. Hay algo que no me he atrevido a decírtelo pero es conveniente que lo sepas o no podré sentirme en paz conmigo mismo...a mí siempre me han gustado los chicos y he llegado a un punto que ni yo mismo puedo creer, estoy enamorado de ti. Si después de esto no quieres volver a saber mí, lo entenderé pero era necesario que lo sepas por fin. Te amo. Shinji."

Luego de enviar ese mensaje aquella noche, Shinji cerró sesión y se acostó sintiendo que el corazón iba explotarle de tanta emoción y nervios que sentía. En verdad, le sería muy difícil conciliar el sueño.

Minutos después, escuchó que tocaban a la puerta de su habitación...era su madre que había llegado a la casa poco después de medianoche.

—Shinji, cariño, ¿sigues despierto? -preguntó Yui desde afuera-

—Sí, mamá. Pasa... -respondió el chico-

—¿Cómo estás, amor? ¿Has cenado ya?

Shinji asintió y en tanto, su madre se puso a platicarle a grandes rasgos sobre su salida...

—Shinji...he comenzado a salir con un hombre que desea una relación formal conmigo.

—¡Vaya, eso es muy bueno! -sonrió- Te felicito, mamá. Me siento muy contento por ti. Eres joven y bonita, ya era hora que decidieras rehacer tu vida amorosa.

—Él desea conocerte, quiere que salgamos mañana a cenar los tres juntos.

—Claro, cuenta conmigo -respondió Shinji- También tengo ganas de conocer a tu novio.

—Gracias, amor. Esto significa mucho para mí -adujo Yui- Estoy segura que Kaworu y tú van a llevarse muy bien.

"Kaworu"

Por alguna razón, ese nombre le produjo a Shinji una sensación de déjà vu...quedó pensativo unos segundos, intentando recordar alguna cosa pero no podía. Él ni siquiera presentía que ya conocía a esa persona y mucho mejor de que lo que podía siquiera imaginar.