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Lo quiero a él

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Las alianzas son bestias complicadas en el mejor de los casos y, en parte, Peter estaba absolutamente encantado de ver a Talia luchando por forjar esta. Tras haberse atrevido a cuestionar si podría tener éxito en vincular su clan a una tribu vecina de octarianos, su querida hermana le había prohibido participar en las negociaciones con el líder. Era algo ridículo por su parte, realmente. Después de todo, no era él quien los llamaba salvajes sedientos de sangre e, incluso si lo hiciera, no lo consideraría un insulto. Peter admiraba su disposición a ir a la guerra para proteger a los suyos e incluso una pequeña tribu de guerreros feroces era capaz de destruir todo un asentamiento de sirénidos.

Con más y más criaturas oscuras arrastrándose para salir del abismo de una fosa cercana, su clan necesitaba ese tipo de agresividad de su parte.

Era por eso por lo que, por supuesto, intervendría para ayudar a Talia a asegurar la alianza, en algún momento. Una vez que su sentido común superara su orgullo y le pidiera que se uniera a ella en la mesa, Peter estaría encantado de hacerlo. Ni siquiera le haría suplicar. Mucho. Hasta que se diera por vencida, sin embargo, era mucho más divertido verla esforzarse frente al severo líder de los octarianos. A diferencia de él, Talia realmente creía que las otras especies eran salvajes, toscas e inferiores.

«Ni siquiera construyen refugios, Peter», le había dicho una vez mientras descansaba sobre una cama de coral y seda marina. «Tampoco se visten ni crean joyas, ni arte, ni música; no saben más que de guerra».

Mirando a los visitantes desde su alcoba favorita (una escondida en su mayor parte en las sombras de la que pocos se percataban), Peter se encontraba en total desacuerdo. Tal vez los adornos que llevaban los octarianos parecían a primera vista más toscos que los ornamentos relucientes que su gente elaboraba, pero, sin embargo, allí había arte. La mayoría de las piezas probablemente estaban hechas de hueso en lugar de corales y conchas, pero estaban de igual modo hábilmente talladas en interesantes formas; Peter ansiaba hacerse con el collar que el líder llevaba para poder examinarlo más de cerca. Muchos de sus visitantes llevaban púas y espinas de vivos colores de peces tropicales tejidas en sus cabellos y si no sentían la necesidad de esconder sus cuerpos tras inútiles retales de fruslería, Peter no veía nada de malo en ello.

Estaba absolutamente fascinado por los símbolos que los octarianos se habían tatuado en la piel de sus mitades humanas. Estaba seguro de que había historias tras esos tatuajes. La mayor parte de la tinta era negra, de un azul intenso o de un rojo vivo; solo unos pocos miembros tenían verdes esmeralda, rosas vibrantes o naranjas impactantes. Los miembros mayores eran los más decorados; el hombre con el que estaba lidiando Talia estaba casi cubierto por completo de la cintura hasta el cuello. Quizás los obtenían cuando se convertían en guerreros o cazadores consumados, o podían ser un derecho de paso... Peter ansiaba saber. Odiaba cuando el conocimiento se le escapaba y sabía que su hermana no haría preguntas sobre los tatuajes, no cuando eran tanto escandalosos como indecentes en la mente de la mayoría de los sirénidos en su clan.

Peter no podía esperar a que su determinación se rompiera para poder ser presentado formalmente ante los octarianos. Tenía tantas preguntas que necesitaban respuesta una vez que su alianza estuviera asegurada.

Concentrado atentamente en la discusión que se desarrollaba frente a él, Peter había estado ignorando en gran parte su entorno... así que no era de extrañar, en serio, que un ligero toque a la cara interna de su muñeca izquierda lo tomara completamente por sorpresa. Su orgullo se vería herido más tarde cuando recordara la forma en que se había sobresaltado; nadie se le había acercado tan sigilosamente en años y sin duda le iba a echar una buena reprimenda a quien le hubiera tocado sin permiso.

Excepto que cuando se giró para mirar al intruso se encontró con unos grandes ojos castaños desconocidos que casi parecían brillar. Al mismo tiempo, el toque en su muñeca se volvió más firme; no, no más firme, algo estaba succionando su piel y no era capaz de bajar la mirada a su brazo para ver qué estaba pasando. Eso significaría apartar la mirada del hermoso rostro frente a él y Peter todavía no estaba preparado para eso. Estaba demasiado interesado en admirar la pálida piel, casi nacarada, que estaba marcada por pequeños anillos rojizos que en un humano se habrían llamado lunares y, oh, eran encantadores. Peter se encontró con ganas de pasar los dedos por encima de ellos, quería trazar el modo en que desaparecían en el corto y oscuro cabello y la forma en que se deslizaban por el lado derecho del cuello del octariano.

Por el momento, solo podía dejar que sus ojos siguieran ese camino, ignorando la forma en que algo se envolvía alrededor de su muñeca para crear varios puntos más de succión. El octariano que había interrumpido su espionaje era probablemente más joven que él. Era lo suficientemente mayor como para haber sido entintado, al menos; su tatuaje era de un rojo vibrante, tan encantador contra la pálida piel que Peter anhelaba recorrer cada centímetro con sus manos. No es que hubiera mucho ya que los tatuajes del octariano se limitaban a una manga de líneas que se arremolinaban en su antebrazo izquierdo y una pieza que rodeaba su hombro derecho extendiéndose para adornar su clavícula con algunas delicadas líneas curvándose en el hueco de su garganta.

Olvídate de sus manos, Peter quería su boca en esos hermosos adornos.

Dejando que sus ojos descendieran más, se encontró igual de fascinado por las muchas piernas que poseía su nueva obsesión. Su mitad pulpo era lo opuesto a su mitad humana; la mayor parte era del mismo rojo intenso que esas deliciosas marcas en su cara y torso. Salpicando la piel (que Peter creía que se sentiría como el terciopelo que los humanos ricos llevaban) había anillos de color blanco perlado, algunos de ellos solo lo bastante grandes como para ser vistos, mientras que otros eran tan grandes como su puño.

Cuando dejó que sus ojos recorrieran la longitud de un tentáculo, Peter procesó por completo el hecho de que uno de los apéndices estaba enroscado alrededor de su muñeca. Sintió sus cejas levantarse al darse cuenta, antes de ceder a su curiosidad y torcer su mano lo suficiente como para acariciar la extremidad que lo mantenía cautivo. Tal como lo había imaginado, la superficie era aterciopelada al tacto, con un músculo firme debajo y solo un atisbo de viscosidad; no era para nada desagradable y, por la forma en que el octariano se estremecía al tocarlo, el otro hombre sentía lo mismo.

—¿Y a quién tenemos aquí?—preguntó Peter canturreando cuando el octariano se despegó para soltar su agarre. Al mirar hacia abajo, había un anillo de vívidos círculos rojos que incluso podían dejar un moretón rodeando toda su muñeca. Se veían bastante chillones, casi obscenos en su piel, y dejaron a Peter con la extraña sensación de que de alguna manera había sido reclamado. Arqueó una ceja cuando se encontró con los ojos del octariano de nuevo y se deleitó con la forma en que un rubor rojo comenzó a extenderse por su cara—. Cariño, si querías marcarme todo lo que tenías que hacer era pedirlo—añadió mientras se acercaba un poco más.

Talia estaría furiosa con él, tanto por poner en peligro la alianza como por «rebajarse» al flirtear con un octariano. A Peter no le importaba, el otro hombre era hermoso y Peter lo quería.

—Hola—respiró el octariano, retrocediendo un poco ante el avance de Peter. Sin embargo, dos de sus ocho tentáculos seguían deslizándose hacia Peter y contrayéndose; probablemente un intento abortado de agarrarlo, por lo que estaba bastante seguro de que sus avances no eran del todo no deseados—. Hey. Quiero decir, hola. Ya dije eso. Yo... No pretendía agarrarte, lo siento, solo te vi aquí mientras estaba explorando- no, no explorando porque esta es tu casa y eso sería muy grosero, estar, ya sabes, husmeando. Así que no lo estaba. Explorando. Estaba... ¿perdido? Sí. Estaba perdido. Y luego te vi y tu cola es realmente preciosa, así que quizás me distraje un poco y entonces, antes de darme cuenta, estaba aquí tocándote. Hey.

—Hola—dijo Peter, dedicándole una sonrisa que probablemente mostraba demasiados de sus dientes afilados.

El octariano creía que tenía una cola preciosa y Peter se enorgulleció al pensarlo. Era un espécimen bastante atractivo y era muy consciente de eso. Incluso con su personalidad (a la que mucha gente que no era él le echaba gran parte de culpa), Talia respondía constantemente a las solicitudes de otros sirénidos que querían emparejarse con él. El azul eléctrico de sus ojos era el mismo que el de su cola y sus marcas se asemejaban a las de un pez mandarín: de color amarillo brillante cerca de su cintura y cambiando a un naranja vívido según sus escamas descendían hacia sus aletas. Era muy hermosa y pasaba una considerable cantidad de tiempo acicalando sus escamas hasta que brillaban. Peter también se enorgullecía del resto de su apariencia y, aunque la modestia era buena y todo eso, también creía en ser sincero. Era deslumbrante y le alegraba que el hermoso octariano se hubiera dado cuenta.

—Hey—Peter reprimió una carcajada ante el nuevo saludo sin aliento; no quería que el octariano pensara que se estaba burlando de él.

—Ahora que nos hemos saludado varias veces, probemos algo nuevo. Puedes llamarme Peter y si tienes tanta curiosidad por cómo vive mi gente, estaría encantado de ofrecerte una visita guiada. Podemos comenzar aquí y, si tú quieres, terminar en mi habitación—el octariano emitió un sonido que no era del todo un grito, retrocediendo con más fuerza de la que había usando antes. Se las arregló para chocar contra una pared y mantuvo la espalda pegada contra ella, mirando a Peter con esos preciosos ojos castaños.

—Eso. Eso sería... No creo...—el octariano tragó saliva, atrayendo la atención de Peter a su cuello; ya era bonito, pero la pálida y esbelta longitud se vería incluso mejor decorada con las marcas de mordisco de Peter—. Soy Stiles—dijo, sin llegar a retroceder cuando Peter se acercó de nuevo. Sin querer acorralar a... Stiles para que no se sintiera amenazado, Peter se detuvo a un brazo de distancia. Fue difícil no sonreír cuando la punta de uno de los tentáculos de Stiles comenzó a acariciarle ligeramente el costado, moviéndose entre la piel y las escamas y haciendo que escalofríos de puro placer descendieran por la columna de Peter—. No es... Mi madre era de una tribu que vivía en diferentes aguas y el nombre que me dio es... la mayoría no puede... así que Stiles está bien. Creo que mi padre me mataría si aceptara ir a tu habitación, así que... No es que quisiera ir incluso si no se enfadara; no es que no quiera, exactamente, pero. ¿Siento haberte agarrado?

—No te disculpes por eso—le dijo Peter con una sonrisa, levantando su muñeca para que Stiles la inspeccionara—. Te ves bien en mí, cariño.

Los preciosos ojos de Stiles se movieron de los ojos de Peter a su muñeca y viceversa varias veces, abriendo la boca un poco en una expresión que Peter no podía interpretar.

—Sí—susurró finalmente, sonando desarmado—. ¡Quiero decir! Uh. No debería haber hecho eso. Probablemente—un segundo tentáculo se había unido al primero en el lado opuesto de Peter y este se negaba a atraer la atención a los suaves y exploratorios toques; se sentía demasiado placentero. Sin embargo, eso le hizo querer más, le hizo desear que Stiles envolviera todos esos tentáculos a su alrededor y dejara marcas por toda su piel—. Mi padre seguramente se preguntará dónde estoy. Probablemente debería... ir y unirme a las negociaciones antes de que se den cuenta de que me escabullí. No iba a hacer nada, solo quería observar—añadió apresuradamente, quizás dándose cuenta de lo mal que podía parecer que un miembro de un grupo diplomático se escabullera sin supervisión para «explorar».

—Si Talia dice algo, dile que respondo por ti—dijo Peter, encogiéndose de hombros. Era un riesgo, pero uno que estaba dispuesto a correr si le mantenía en buenos términos con Stiles. Si al mismo tiempo cabreaba a su hermana, no era más que un extra—. Sin embargo, me temo que no puedo ayudarte con tu padre.

—...Cierto. Vale. Tengo que irme ahora.

—Por supuesto.

—Quiero decir, realmente tengo que irme.

—No te estoy deteniendo—señaló Peter, rompiendo su regla y colocando cuidadosamente los dedos de cada mano sobre los tentáculos que estaban tocando sus costados. Le encantó la forma en que Stiles se estremeció cuando deslizó los dedos hacia arriba, pero no intentó sujetarlo cuando Stiles apartó los tentáculos—. Si tienes que irte, cariño, no me atrevería a retenerte.

—Cierto. Voy a, uhm. Irme, entonces—repitió Stiles, comenzando a abrirse camino a lo largo de la pared, alejándose de Peter. Fiel a su palabra, Peter se quedó donde estaba... pero probablemente no podía ocultar el interés que sentía. Los ojos de Stiles nunca lo abandonaron mientras se alejaba; el octariano llegó al extremo de nadar por el pasillo hacia atrás para no tener que apartar la mirada. Justo antes de doblar la esquina, Stiles hizo una pausa y tragó saliva de nuevo—. ¿Podría, tal vez... si no estás ocupado... quizás podría verte de nuevo? ¿Más tarde? Si mi padre, ya sabes. No me mata. Seguramente aún no debería ir a tu habitación, pero podrías quizás, uhm. Enseñarme el resto de las cosas por aquí. Para no tener que explorar por mi cuenta.

—Me encantaría, Stiles. ¿Qué te parece si vengo a buscarte por la mañana? Te aseguro que el tiempo que pases conmigo será mucho más agradable que cualquier entretenimiento sin sentido que hayan preparado para tu grupo mañana.

—Estoy seguro de que encontraré el tiempo que pase contigo muy placentero—dijo Stiles antes de volver a ponerse de ese encantador tono rojo—. Entonces... ¿entonces te veré mañana? Oh, ¿pero no te meterás en problemas? Se supone que no debo deambular sin el permiso de Talia.

—Deja que yo me preocupe de Talia—respondió Peter, satisfecho de haber encontrado a alguien dispuesto a utilizar el nombre de su hermana en lugar de su título—. Tan solo espérame mañana por la mañana y allí estaré.

—...Muy bien. Entonces te veré mañana, Peter.

—Hasta mañana.

—Cierto. Adiós.

—Adiós por ahora.

—Mmm. Adiós—Stiles se detuvo de nuevo, agarrando con una mano humana el borde de la entrada—...adiós.

Incluso una vez que se apresuró a desaparecer de su vista, Peter se quedó justo donde estaba, mirando hacia el pasillo con la mirada perdida. Stiles era hermoso y había habido un destello de inteligencia en sus ojos a pesar de la forma en que había balbuceado sin pensar. Si las cosas iban bien durante la visita que había ofrecido, tal vez Peter podría resolver el problema de la alianza de Talia y conseguirse una encantadora pareja de un plumazo.

Sin duda, era algo que valía la pena considerar. Talia odiaría la idea y quién sabe cómo se lo tomaría la delegación de octarianos, por no mencionar a la familia de Stiles, pero su hermana llevaba bastante tiempo detrás de él para que se estableciera y eligiera una pareja, por lo que apenas podía quejarse. Con suerte, su posición como la mano izquierda de Talia sería suficiente para impresionar a la familia de Stiles y obtener su permiso. Siempre y cuando el día siguiente no terminara en completo desastre, realmente era una idea con mucho mérito.

Si lograba convencer a Stiles de ello, Peter sería capaz de poner sus manos y su boca sobre él de la manera en que quería... y con un poco de estímulo probablemente lograría que Stiles marcara a fondo su piel. Mirando su muñeca izquierda, Peter sintió calor enroscándose en su cuerpo ante el anillo de círculos rojos que Stiles había dejado atrás. Realmente le sentaban bien y Peter no podía esperar a conseguir más.