Actions

Work Header

Mors Osculum

Chapter Text

El señor Dursley se sirvió su quinto vaso de brandy, él no podía dormir. La preocupación de haber cambiado su auto y no poder pagarlo lo dominaba. Él señor Dursley había estado seguro de obtener el ascenso, lo había dicho esa mañana en el desayuno frente a su esposa e hijo, no lo obtuvo.

La mente de Vernon ya era como algodón y su visión estaba borrosa. Se sirvió otro vaso de alcohol ¿Cómo pudo pasar esto? Él estaba seguro de ser el mejor en la compañía, si tan solo no…

Tal vez si ese golpe en el armario no hubiese llamado la atención de Vernon Dursley, lo que pasó a continuación no hubiese sucedido, ni lo que eso desencadenaría.

El hombre se levantó del sofá pesadamente, una rabia profunda embriagaba sus sentidos y dominaba su cuerpo. Él camino hasta la puerta del armario, todo era culpa de ese fenómeno. Él que, con sus extrañezas, había escuchado esta mañana la alegría de Vernon por su nuevo puesto y sin dudas hizo algo.

Vernon vio rojo y en un segundo estaba dentro del armario, inclinado sobre el niño. Era incomodo, estrecho, la mitad del cuerpo del hombre estaba fuera y el marco de la puerta se clavaba en su cuerpo, pero no le importó.

Sus manos rodearon el diminuto cuello y en cuanto apretó, un par de ojos verdes lo miraron sin emociones. Vernon no paró, empezó a reírse frenéticamente y siguió, siguió hasta que la cabeza del niño cayó hacia atrás, flácida.

Eso no lo sacio y empezó a golpear el cuerpo delgado bajo él, un grito sonó. El niño había estado fingiendo, pero Vernon no paró, crujidos, golpes y gritos siguieron hasta que los gritos desaparecieron primero y la única respiración que había en el lugar era la del señor Dursley.

Contento, el señor Dursley acerco su oído al pecho del niño, nada. Sin confiarse, el crujido de un cuello se escuchó después.

Vernon pensó que había terminado, que esta vez funcionaria, pero algo lo agarró por su espalda y lo sacó del armario con fuerza.

 

 

 

 

 

 

 

 

Albus Dumbledore caminó silenciosamente por la calle muggle en medio de la noche, más adelante podía vislumbrar la casa a la que se dirigía. El número cuatro de Privet Drive seguía igual que hace siete años cuando dejo este lugar con un niño en su puerta.

El mago espera cualquier cosa al entrar al lugar, después de todo, las salas habían caído por la muerte de la familia del joven niño-que-vivió. Esperaba de todo, hasta encontrar el cadáver del niño, pero no esto…nada como esto.

El aire era pesado, cargado de la tensión y oscuridad que presiden a una tragedia, y la casa estaba a oscuras, con la puerta y ventanas cerradas. Un hechizo después y Dumbledore ingresó al hogar, cerrando la puerta tras de sí y siendo tragado por la oscuridad del lugar. Una mano en guardia se adentró al bolsillo del hombre, y sacó de ella lo que se parecería a un encendedor muggle: el desiluminador. Un chasquido después, las luces volvieron y una sala desastrosa lo recibió.

La sala parecía atacada por una bestia, marcas de garras profundas marcaban las paredes y muebles, algunos mobiliarios parecían partidos por lo mismo, la escalera había perdido la mitad de su barandilla, los restos de un televisor aplastado estaban sobre una mesita y la sangre decoraba todo. Estaba fresca y goteaba, había salpicaduras por la pared y el techo, una gran mancha cubría todas las fotos sobre la chimenea y el anciano no notó la falta de una persona entre las imágenes. La atracción principal estaba en el antiguo cuerpo de Vernon Dursley.

El cadáver del señor Dursley estaba boca arriba, con los ojos anchos y asustado, todo su pecho había sido destrozado, con costillas saliendo en ángulos extraños y vísceras tocando el suelo. El corazón del hombre estaba en el sofá individual frente al antiguo televisor, un vaso de Brandy aún en la mesa ratonera, intacto y artístico.

Dumbledore no se acercó al cuerpo, siguió el rastro de destrucción escaleras arriba y encontró a la señora Dursley en el pasillo del segundo piso. Sin dudas, había intentado correr escaleras abajo por el ruido y gritos de su marido al ser asesinado. Petunia estaba en camisón, y a diferencia de su esposo, era su rostro y cuello los atacados. La boca había sido desgarrada de punta a punta, cuatro líneas recorrían su cuello horizontalmente y sus ojos y lengua estaban al lado de su cabeza, mirando a Dumbledore en un charco de sangre.

Más adelante, en el marco de una habitación, vio los pies de un infante. Dumbledore apresuró su paso, pasando sobre la mujer y, en un segundo, vio el cuerpo de un niño regordete y rubio tirado ahí. A este le faltaban las manos y su cabeza estaba en un ángulo extraño, desnucado. El anciano salió de la habitación sin registrar más detalles, ese no era Harry Potter.

Buscó en las cuatro habitaciones de la casa, pero no había rastros del niño Potter ni de una habitación que le perteneciera. Él bajó las escaleras y regresó a la sala, a su pasó notó el sonido de una respiración que venía del armario bajo las escaleras.

¿Era posible? Albus abrió la puerta y ahí estaba Harry Potter, dormido, como si el sonido de una familia siendo masacrada le fuera insignificante en sus sueños. Dumbledore sacudió el hombro del niño, y los ojos verdes le miraron.

 

 

 

 

—Lamento la molestia Molly, pero no sabía dónde más llevarlo.

—No hay problema Albus. Estoy honrada de que pensaras en nosotros. —Molly Weasley se despidió del viejo mago y miró al niño silencioso que estaba sentado en el comedor.

Harry Potter era extremadamente pálido y delgado, con cabello de color negro azabache que parecían luchar con la gravedad y, junto a su mirada perdida y rostro vacío, hicieron que los pelos de brazos se le pusieran de punta. El niño gritaba peligro.

 

 Suspirando Molly lo llamó:

—Harry, querido, vamos. Compartirás habitación con Ron. —El niño asintió y subió las escaleras silencioso detrás de Molly. Con un escalofrió en su espalda, Molly no sabía que pensar. Era normal, ¿no? Acababa de perder a su familia, algo le decía que no.

 

 

 

 

Albus Dumbledore miró al niño sentado en su oficina. Estaba cayado, balanceándose de adelante hacia atrás, cubierto de sangre y Dumbledore juraba que aún tenía la cola del animal en su bolsillo.

Después de dejar a Harry Potter con Molly, no había estado ni media hora en la casa de los Weasley cuando un frenético Arthur Weasley lo llamó gritando para que se llevara al demonio de su hogar. Albus había aparecido instantáneamente en la puerta de La Madriguera y entró al lugar sin saber que pensar.

Los nueve Weasley estaban todos sentados en la sala, la menor lloraba frenética y el más joven de los varones estaba pálido como la muerte. Arthur y Molly tenían cada uno a un gemelo del cuello de sus camisas

—Está arriba…

—Mamá no nos deja ver…

—Es rojo y genial. —Albus entendía porque no los soltaban.

Subió las escaleras y, como dijo uno de los gemelos, era rojo. La habitación naranja ahora tenía salpicaduras rojas por las paredes y el piso, Harry estaba sentado en el medio con el cuerpo de una rata en su mano y la cabeza del animal en el piso a su lado.

Los dedos del niño escarbaban en el agujero en el que antes había una cabeza y tiraban lentamente de la columna vertebral de la rata, vísceras y otros huesos estaban sobre el regazo del joven Potter.

Albus suspiró en el silencio de su oficina, sus huesos de repente sintieron su edad y lo que tenía que hacer ahora. En cuanto llegó a su oficina, Albus supo que Potter era demasiado volátil y peligroso para sus planes, ya no servía, era un hilo suelto que no podía ignorar.

Dumbledore se paró frente al niño y este lo miró sin pestañear, una sonrisa afilada le fue dada al viejo mago.

—Lo siento, niño, pero Harry Potter murió junto a su familia. —Harry no dijo nada, pero su sonrisa se hizo más grande— Avada Kedavra.

El cuerpo cayó hacia atrás aun sonriente.

 

 

 

 …

 

 

 

Ocho años más tarde, un mortifago llamado Severus Snape caminaba por el recién conquistado Ministerio de Magia en lo más profundo del Departamento de Misterios, hogar de los Inefables. Lo habían llamado aquí los mortífagos del circulo exterior para que confirmara lo que habían encontrado en una habitación escondida en el lugar.

Severus se había vuelto uno de los más apreciados mortífagos por el Señor Oscuro, después de que Albus Dumbledore le dijera que Harry Potter había sido eliminado por el bien mayor. Le tomó cinco minutos al pocionero recoger sus cosas y salir de Hogwarts, solo cinco meses encontrar el espíritu de su señor en Albania, otro año para devolverle la salud y cuerpo y seis años para el asesinato de Dumbledore y conquista del mundo mágico por parte del lado oscuro.

Severus había vengado satisfactoriamente la muerte del hijo de Lily, no hubo otro motivo para que siguiera atado al viejo mago de la luz ni su Orden de alabadores personal.

Cuando Dumbledore murió, habían extraído todos sus recuerdos antes a la fuerza y su Señor los estaba examinando aun junto a los que estaban en el pensadero en Hogwarts. Era ese el motivo por el que Severus era el que estaba aquí para confirmar semejante suceso por el que lo llamaban y no Voldemort.

Llegando al lugar, Severus Snape vio a una docena de mortífagos apuntando con sus varitas a una celda diminuta en el fondo de la habitación, los restos de una pared en el suelo.

   Acercándose, vio la sombra de una persona en el fondo de la celda, las paredes tenían cientos líneas en grupo de cinco talladas en ellas en cada superficie, creyó ver algunas en el suelo también. Severus dio otro paso más y la suciedad bajo sus pies crujió, la cabeza de la persona se alzó.

   Era apenas un adolescente. Pálido y delgado, Severus vio cicatrices por todo su cuerpo, alguna delgadas y otras grotescas de bordes dentudos. El pelo negro ondulado hasta los hombros enmarcaba su rostro de manera salvaje y los ojos verdes muertos eran maniáticos, con ojeras oscuras bajo estos y retaron a Severus a dar otro paso.

   Severus lo hizo y el prisionero sonrió mostrando todos los dientes, su sonrisa era afilada advirtiendo a quien la viera que no dejará a su alcance nada a menos que quisiera su muerte.

   —Vaya... El nuevo gobierno tiene perros fuertes. — La voz estaba ronca por el poco uso y la modulación era lenta, recordando cómo hablar— Entonces ¿La pasa de colores está muerta? Es por lo que me encontraron después de todo... Él se quejaba mucho de ustedes ¿Sabes? Cada frustración era dejada aquí.

   Severus quería estremecerse cuando el adolescente empezó a reír de la nada, como si lo que dijera fuera gracioso. Las carcajadas eran largas y ruidosas, teñidas en sarcasmo y falta de control. Quería que se callara por lo que no evitó preguntar:

   —Las marcas. —el tipo dejo de reír y miró a Severus sin parpadear— ¿Son los días que pasaste aquí?

   —¡Ja! ¡Los días! Que inocencia ¿No eres inocente? —Empezó a brincar donde estaba sentado y las varitas siguieron el movimiento, el niño volteó a verlos— ¡Mira las ratas Moony! Son tan débiles...

   —¿Moony? ¿Dónde escuchaste eso? ¿Cómo sabes ese nombre? ¡Responde! —Severus ladró, frenético ¿Cómo sabía ese apodo este loco? El loco silbó por lo bajo y alzó sus manos.

   —Tranquilo perrito, no sé a lo que te refieres. Moony es ni sombra ¿Quién es tu Moony?

   — Hn ¿Las marcas de que son? —Severus prefirió no responder a la pregunta dicha. Los ojos muertos lo miraron muy abiertos y parpadeo por primera vez desde que Severus lo vio.

   —Las veces que he muerto, obvio.

   —¿Muerto?

   —Pff... —el loco volvió a reírse, está vez hecho su cabeza hacia atrás y una cicatriz en forma de rayo dejó a Severus frío.

   —Harry Potter...

   —Vaya, fuiste rápido. Eres el perro inteligente ¿No?