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Harry suspiró, sentado en un banco en King's Cross. Era bastante evidente ahora: nadie vendría a buscarlo.

Abrió su baúl, agradecido de haber obtenido uno que se cerraba con una llave en lugar de magia, y sacó un pergamino, una pluma y una pequeña botella de tinta. Rápidamente escribió una carta y salió de la estación; con el baúl aún a remolque, dejó que Hedwig saliera de su jaula.

—Oye, niña, necesito que le lleves esto a Dumbledore por mí, ¿de acuerdo? —preguntó, entregándole la carta—. Sin paradas, llévaselo lo más rápido que puedas.

Hedwig lo acarició con el pico y despegó, volando hacia Hogwarts lo más rápido que pudo.

Harry volvió adentro y esperó. Seguramente alguien sería enviado después de él. Él era, después de todo, el Niño-Que-Vivió. Dumbledore no querría  que le pasase algo malo, ¿verdad?

 

________________

 

Dumbledore levantó la mirada hacia el impaciente golpeteo en su ventana.

Reconoció el búho de Harry y sonrió. —Harry ya le está escribiendo a la gente, ¿verdad? —burló divertido, abriendo la ventana y tomando la carta.

Él la abrió y palideció.

 

«Querido Profesor Dumbledore,  

Los Dursley nunca vinieron a buscarme. 

Todavía estoy en King's Cross, y creo que alguien tiene que venir a buscarme. 

Dudo que Vernon vaya a venir. A él no le gusto mucho, y estaba en contra de que fuera a Hogwarts.

Por favor, señor, envíe a alguien, a cualquiera, a recogerme. Realmente no quiero pasar más tiempo aquí solo. 

Me preocupa que me secuestren si tengo que quedarme aquí toda la noche.

 

Harry Potter.»

 

Dumbledore palideció. ¡Era casi medianoche!

Lanzó polvo Floo a la chimenea y gritó—: ¡Severus!

Severus salió de su habitación en una bata, frunciendo el ceño ferozmente. —¿Qué, Albus? ¡Estaba a punto de irme a la cama! ¿Qué podra ser lo que posiblemente quieras en este momento?!

Dumbledore suspiró. —Parece que Harry ha sido abandonado por sus parientes. ¿Podrías recogerlo y acompañarlo para que llegue a casa sano y salvo? Por supuesto, te proporcionaré un Traslador a King's Cross —ofreció.

Severus suspiró, pellizcando el puente de su nariz. —¿No podrías imponer al odioso chico a otra persona? ¿Alguien más? —preguntó.

Dumbledore negó. —Severus, eres el único en quien confío lo suficiente para esto. Tienes que ser tú —insistió.

—¡Bien! —espetó Severus—. Dame unos minutos para vestirme y estaré en tu oficina.

Dumbledore sonrió aliviado. —Gracias, Severus.

Severus apretó los dientes. —¡Espero que no me envíen más tareas este verano! —espetó.

—Ya veremos —dijo Dumbledore afablemente. 

 

_______________

 

Severus llegó a la plataforma 9 ¾ y se dirigió hacia la barrera, caminando a través de ella. Miró a su alrededor y vio al niño sentado en un banco con su baúl junto a él y la jaula de lechuza vacía encima.

Se acercó al chico, quien lo miró con resignación.

—Tiene que ser usted, ¿eh? figúrese.

Severus se burló del chico. —Estoy igualmente feliz por la perspectiva de pasar más tiempo en su compañía, se lo aseguro —le dijo—. Vamos a llevarlo a casa para que pueda dormir un poco esta noche —informó, lanzando un encantamiento de peso pluma rápidamente en el baúl que el niño arrastraba detrás de él.

Harry parpadeó sorprendido. —Gracias, señor —dijo.

—No lo mencione. —Severus arrastró las palabras, sacando al chico afuera y alzando su mano con la varita.

Un autobús púrpura de tres pisos apareció y la puerta se abrió. Un anciano vestido con un uniforme morado se adelantó. —Bienvenido al Autobús Noctámbulo, transporte de emergencia para la bruja o mago varado. Solo saca la mano con tu varita, sube a bordo y podemos llevarte a donde quieras ir. Mi nombre es Sidney Shunpike, y seré su guía esta tarde —anunció. Cuando vio quién abordaba, sonrió—. Bueno, hola, Severus. No te he visto en algún tiempo.

Severus asintió. —Absolutamente —estuvo de acuerdo.

—¿Y quién es? —preguntó el hombre, mirando a Harry mientras Severus pagaba su pasaje.

—Harry Potter. Parece que sus parientes olvidaron recogerlo de la estación esta noche —Severus respondió.

Harry se encogió de hombros. —No creo que «olvidado» sea realmente el término correcto. Más bien como «nunca fue su intención» —dijo hoscamente.

—Semántica —Severus siseó.

—Bueno, ¿a dónde? —preguntó Sidney.

Severus suspiró. —Privet Drive, Little Whinging, Surrey —le dijo al hombre, luego jaló a Harry hacia la parte trasera del autobús—. Solo haznos un favor a los dos y mantente callado.

Harry suspiró, pero asintió. Él podría hacer eso. Mantenerse callado era una de las cosas por las que había aprendido a destacarse bajo el cuidado de los Dursley.

Después de un paseo rápido, y algo accidentado, Severus lo instaba bajar del autobús.  Caminaron hasta el número cuatro y Severus golpeó bruscamente la puerta.

—Dudo que alguien esté despierto —murmuró Harry.

Severus le lanzó una mirada. —Bueno, ellos sólo tienen que conseguir levantarse—dijo con firmeza. Tocó de nuevo, más fuerte. Cuando no hubo respuesta, lanzó un hechizo sobre la puerta y golpeó de nuevo.

—¿Qué fue ese hechizo? —preguntó Harry con interés.

—Hará que los golpes sean más fuertes que los disparos, pero solo a oídos de los que están dentro de la casa —dijo Severus, sonando engreído—. Debería despertarlos correctamente ahora.

Harry escondió su sonrisa.

Después de unos minutos más, justo cuando Severus se estaba preparando para tocar de nuevo, Vernon abrió la puerta. —¡¿Qué es todo este alboroto ?! —espetó.

—Parece que olvidaste algo en King's Cross el día de hoy. —Severus arrastró las palabras.

Vernon miró a Harry, luego miró a Severus. —No lo olvidamos, ¡el monstruo ya no es bienvenido! ¡Juramos cuando lo aceptamos que nunca haría nada raro en nuestra casa! Si él va a esa escuela, es tu responsabilidad lidiar con él. ¡Déjanos en paz! —gritó, y luego cerró la puerta en la cara de Severus.

Severus miró a Harry en estado de shock. —Pensé que eras… No importa, aparentemente estaba equivocado. Vamos, vamos a ir a Hogwarts —dijo, acercando al chico y apareciéndoles en las puertas de Hogwarts. Condujo al chico rápidamente por los pasillos y hasta la oficina del Director—. ¡Albus! —gritó, golpeando la puerta—. ¡Levántate y lidia con esto!

Dumbledore apareció en la puerta luciendo tan alegre como siempre, con una bata rosa brillante con estrellas anaranjadas-neón. —¿Sí, Severus? —preguntó, mirando entre Harry y el Maestro de Pociones.

Severus lo fulminó con la mirada. —Se negaron a aceptar al chico. Dijeron que no era bienvenido allí mientras asistiera a esta escuela —explicó.

Dumbledore suspiró. —Bien, entonces. No tenemos más remedio que albergarlo aquí. Desafortunadamente, solo hay un maestro que no se fue para el verano…

—No —espetó Severus rápidamente—. ¡Él no se quedará conmigo ! ¡Me niego!

—Severus, sé razonable-

—¡Dije que no, Albus, y lo dije en serio!

Dumbledore suspiró, cruzando sus manos frente a él. —¿Qué podría lastimar una noche? Lo más probable es que hagamos otros arreglos mañana —dijo el hombre en tono uniforme—. Por favor , Severus. Sabes que no te pediría esto si no fuera necesario —terminó suavemente.

Severus suspiró. —Muy bien, él puede dormir en el sofá. Vamos, Potter, y trae tu baúl infernal —musitó el hombre, volviéndose y dirigiéndose a sus habitaciones privadas.

Harry lo siguió, frunciendo el ceño. Parecía que iba a ser nuevamente el intruso no deseado, ahora en el hogar de otra persona. Se consoló con la idea de que cualquier lugar era mejor que el de los Dursley. 

Severus abrió la puerta con un susurro y se volvió para mirar a Harry. —No se te dará la contraseña de mis habitaciones, así que no lo esperes. Si sientes la necesidad de ir a vagar esta noche, estarás afuera hasta la mañana. Aconsejo no hacerlo.

Harry negó. —No lo haré, señor. Lo prometo —dijo.

Severus dejó escapar un ruido incrédulo. —Dormirás aquí. —Apuntó su varita a una almohada en el sofá, y la convirtió en un edredón de color verde oscuro, extendiéndola sobre el sofá—. Me levanto a las seis cada mañana, y nos dirigiremos a desayunar a las siete —informó con firmeza.

—Sí, señor —respondió Harry, abriendo su baúl y sacando su pijama—. Señor, dónde está-

—El baño está por esa puerta —interrumpió Severus, apuntando con su varita a una de las dos puertas de la habitación—. Esa, —señaló el otro—, conduce a mi habitación. Usted no va a entrar ahí, ¿estoy siendo claro?

Harry asintió, luego huyó al baño para cambiarse.

Cuando regresó, Severus estaba hurgando en el fuego. Se enderezó y miró a Harry críticamente. —Si el fuego baja en cualquier momento de la noche, puedes llamar a un elfo doméstico para que agregue más leña —dijo secamente—. Si se apaga completamente, la habitación se enfriará con rapidez. La manta que he transfigurado para ti debería mantenerte razonablemente abrigado, pero un fuego lo hará mejor.

Harry asintió. No creía que habría necesidad de llamar a un elfo doméstico, lo que sea que eso fuera. Estaba acostumbrado a tener frío, no le molestaría demasiado. Su armario nunca se calentaba mucho, excepto en verano, pero incluso así permanecía más fresco que el resto de la casa.

Severus lo despidió con la cabeza. —Pues buenas noches. Lo veré en la mañana —dijo.

—Buenas noches, señor —Harry se despidió mientras el hombre entraba en su habitación y cerraba la puerta.

Harry colocó sus lentes en la mesa frente al fuego antes de acostarse en el sofá y cubrirse con la manta, dejando que el crepitar del fuego lo adormeciera.

 

_____________

 

Harry se despertó con el sonido de una puerta que se cerró de golpe. Se sentó y extendió una mano para buscar sus lentes. Llegó demasiado lejos y, desequilibrado, se deslizó del sofá al piso de piedra. El fuego aparentemente había sido avivado y ardía alegremente.

Harry encontró sus gafas y las deslizó sobre su rostro, levantándose y doblando la manta que había usado la noche anterior, antes de colocarla en el brazo del sofá.

Se dio cuenta de que la puerta del baño estaba cerrada. «Debe ser eso lo que me despertó» pensó.

Fue a su baúl y lo abrió, haciendo una mueca ante los harapos que tenía que llevar, pero de todos modos sacó un juego de ellos.

Cuando Severus salió, recién duchado y secó, se burló de Harry—: Tiene veinte minutos. Dúchese, vístase y vuelva a encontrarme aquí para que podamos ir a desayunar. No me haga esperar —aconsejó el hombre.

Harry asintió y fue al baño. Se quitó el pijama y encendió la ducha. Veinte minutos eran mucho más de lo que los Dursley le daban, y además se le permitía usar el agua caliente en lugar de quedarse con agua fría. Ya que el agua caliente costaba dinero, los Dursley nunca estaban dispuestos a gastar dinero extra en Harry.

Harry se duchó y se vistió rápidamente, luego salió, secándose el pelo con una toalla.

Severus levantó la vista de su té y se burló. —Pon la toalla en el cesto del baño, hay un encantamiento para secar el cabello. Vuelve y te lo enseñaré.

Harry levantó la vista sorprendido. —Está bien. —Volvió al baño y arrojó la toalla que había estado usando en el cesto. Regresó inmediatamente a la sala de estar.

Severus apuntó su varita a la cabeza de Harry. —Siccesco (1) —lanzó, y el cabello de Harry cayó completamente seco.

Harry corrió al baño para mirar en el espejo. —Oiga, mire, ¡está aplacado! —dijo sorprendido.

Severus se burló de su entusiasmo. —Estoy seguro de que no durará mucho —murmuró; luego le dio a la ropa holgada de Harry otra mueca—. ¿Qué, dígame, son esas excusas horribles de ropa? —preguntó.

Harry se sonrojó. —Son de mi primo. Los Dursley nunca quisieron gastar dinero en mí, así que solo conseguí ropa nueva una vez que Dudley terminó con ellas. Sé que se ven horribles, pero son todo lo que tengo, además de mis uniformes escolares —explicó.

Severus se puso rígido. Había sospechado que al chico no le importaban demasiado cuando llegó a la escuela, ya que era tan dolorosamente pequeño. Inanición, nombres despectivos y humillación. ¿De qué otros pecados fueron responsables los Dursley?

—Coloque su uniforme escolar. Si no va a vivir con ellos, no hay razón por la que no pueda comprar su propia ropa. Lo llevaré al Callejón Diagon hoy. Estoy seguro de que Albus todavía tiene su llave. No hay ninguna razón por la que no puedas tenerla, ya que no regresará con los muggles —le dijo Severus, dejando la taza de té casi vacía.

Harry sacó su uniforme del baúl y corrió al baño para cambiarse.

Cuando volvió a salir, atando su corbata de Gryffindor, Severus hizo una mueca. —Deje eso. No deseo que me recuerden su casa más de lo necesario. El escudo de la túnica me molestará lo suficient —le indicó a Harry.

Harry lo miró con sorpresa, pero puso la corbata en su baúl, sonriendo un poco. —Sí señor. Lo siento.

Severus suspiró. —Bueno, vamos a desayunar entonces —dijo, antes de dirigirse al Gran Comedor, Harry siguiéndolo detrás.

 

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—Albus, me preguntaba si todavía tienes la llave de Gringotts de Potter —preguntó Severus.

Dumbledore lo miró por un momento, luego asintió. —Sí, la tengo conmigo en este momento. ¿Por qué? —preguntó.

Severus asintió hacia el chico. —Las únicas ropas que tiene que son aptas para usar son sus uniformes escolares. Podría llevarlo al Callejón Diagon hoy y remediar esa situación, si tuviéramos la llave de su bóveda.

Dumbledore lo miró por un momento. —Pero eso significaría pasar más tiempo con el niño. Seguramente no quieres pasar el día vigilándolo.

—Lo haría para verlo con ropa que le quedara mejor que esos harapos que sus parientes le dieron para que se pusiera —Severus siseó.

—Muy bien. —Dumbledore sacó la llave de uno de sus muchos bolsillos y se la tendió a Severus—. Como no volverá con sus familiares, supongo que sería mejor para él conservar su llave. De esa manera, él la tendrá cuando lo necesite.

Severus asintió. —También pensé en eso —estuvo de acuerdo, deslizando la llave en su bolsillo.

Dumbledore sonrió. —Asegúrate de llevarlo a Fortescue después. Ha tenido un año difícil, y después de la emoción de ayer, creo que se lo merece. Sin duda, también mereces un regalo, Severus —le dijo al hombre.

Severus asintió. —Bien, nos detendremos para tomar un helado. Siempre puedo enviarlo al campo de Quidditch para que trabaje con su nivel de azúcar cuando regresemos.

—¡Ese es el espíritu! —exclamó alegremente Dumbledore.