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Dulces Rojos

Chapter Text

 

+++H+++

Touch, I remember touch 
Pictures came with touch.

Touch, sweet touch 
You've given me too much to feel. 
Sweet touch.

+++H+++

Entre violentas ventiscas el clima susurraba a los intrusos cómo debían arrepentirse de introducirse entre la fría nevada. Cuando eran horas de frio extremo; entonces el bosque no cedería hasta que otro desastre dominase sobre el actual.

La nieve se levantaba a pedazos a favor del viento, su mano atrapaba esos puñados de copos que rodaban por encima del suelo, tomo uno de ellos y lo mordió, sabia a más que agua, más que escarcha… pero siendo alguien que dependía del bosque, todo era comestible si era necesario.

A primeras horas de la mañana salió en vigilancia, con pala sobre su hombro tenia trabajo pendiente en tierras más verdes que esos pinos que apenas dejaban verse ocultos de nieve.

Sus botas se hundían en la espesa manta blanca, su ropa no fallaba en mantener su temperatura, con pocas prendas funcionales en casa no podía si no más que usar unas sobre otras en lugar de un simple suéter.

El rubio acomodaba su capa tras las breves ventiscas que provenían de una cascada no lejana a su ubicación. El rojo de su capucha ayudaba a su compañero a no perderle, su cuadrúpedo amigo no tenía problemas en este clima pese que el oji-azul debía adelantarse para guiarle.

-Tony,- Le llamo señalando el final de zona de nieve, un poco más allá de unos metros el espeso blanco terminaba en un suelo de claro pasto. –Al frente.-

Las pezuñas del reno apresuraron el paso, Sanji vigilaba la carga extra que el animal traía consigo amarrada con una larga cuerda a la silla (con la que podía montarle), sus herramientas y víveres también los trasladaba como equipaje.

El peso al otro extremo de la cuerda era arrastrado. Apenas y saliendo a la abrupta y repentina zona cálida del bosque, sobre el verde pasto; el rubio se daba cuenta de la verdadera silueta de lo que enterraría, no era más que otro aventurero, bastante joven, un desconocido que falleció en su territorio.

El cadáver no podría ser cualquiera, es difícil alcanzar el lugar donde el oji-azul vivía. Pero este final lo tachaba de ser un suicida, un mercenario u otro supuesto “héroe”.

Sanji no le dedico una inspección tan larga, el cuerpo estaba por despedazarse, suerte que esta vez tenia todos sus miembros, era fastidioso trasladar las secciones en que el bosque los mataba.

A unos cuantos arboles por delante, el joven de tez-blanca procedió a cavar lo necesario para ocultar el cuerpo, al terminar levanto al reno de su breve siesta, le despertó aplaudiendo un poco (tal como le enseñaron a domarlo). El reno uso sus cuernos para empujar el cadáver y con sus piernas traseras ayudo al oji-azul a cubrirlo de tierra.

Aplano el hueco dándole unos golpes con su pala, aunque disimulaba la excavación con hojas y piedras, colocaba un bastón de dulce para señalarse así mismo lo que había hecho.

…Tony se preparó para llevar a su jinete a la profundidad del bosque.

 

El reno se comportaba serio ante sus excursiones, relinchaba o gruñía cuando tomaban las peores rutas. No importase que Sanji le peinase o cuidase esas tiras de tela rojizas que debía llevar en sus cuernos; El cuadrúpedo mostraba en su cálido corral lo frustrado que estaba por tener este dueño.

Chocaban constantemente en sus métodos de supervivencia, a duras se cuidaban las espaldas… no faltaba que el chico de la capa le amenazara de hacer un estofado con él.

El chico se quitó varias prendas de encima; guantes y camisas, pero no su capa, no importaba que el calor de esa tela le sofocara, tenía que vestirla de mala gana, por su seguridad

Por el momento vestía una camisa blanca que se abotonaba por la espalda, al frente por dentro de su camisa una larga tela verde olivo protegía su pecho y cuello, su pantalón café tenia algunos agujeros pero el elástico lo mantenía en su lugar, por comodidad usaba tirantes. Sus gastadas botas grises soportaban todas sus caminatas.

Sanji se adelantó, Tony le gruñía cuando se negaba a montarle, el rubio pensaba en su amigo, no lo agotaba como animal de carga, prefería conversar con él al explorar y recolectar madera en su camino de retorno a casa.

A orillas del rio, el rustico cocinero recogía raíces de plantas, el agua caliente de la corriente se estancaba entre las rocas donde el agua subía tras las lluvias.

No lejos de él, Tony recolectaba con sus cuernos y boca esas pequeñas  y ligeras ramas para el fuego.

-Quisiera pescar….- Murmuro encantado por el agua de la cascada, la espuma escondía los verdaderos colores de esos peces que saltaban tan alto deseando subir a contra corriente.

Sus extravagantes formas y tamaños no dejaban que el verdadero sueño del oji-azul no fuera olvidado… No debía desanimarle su vida terrestre.

Sin embargo, en intentos anteriores, Sanji se había introducido en esas aguas ardientes siendo arrastrado hasta que Tony le encontró en aguas bajas, cansado entre un delgado rio de piedras suaves….

Sus hermanos tenían razón, si viviera completamente por su cuenta no sobrevivirá. Antes, durante su vida con su familia despertaba lleno de vendajes en el castillo Germa a culpa de la violencia de simples niños, su propia sangre le torturaba… ahora en lo salvaje tras unos años confirmaba lo que faltaba por entrenar.

Trece años pasaban rápido y la actitud de su familia no cambio.

Aunque de vez en cuando quisiera probarse a sí mismo, ya con el valor llenando su pecho, Tony le llamaba la atención, posiblemente su sentido animal sabía que moriría probando lo que el rubio desconocía… esta sobreprotección le hacía decaer y concentrarse en no morir ni ser capturado por los intrusos.

Tony era fuerte, su cornamenta despachó numerables oponentes salvo que surgieron pocas peleas en las que el reno procuraba llevarse al cocinero consigo y dejar al enemigo a manos del Cazador.

Ese quien le cuidaba incluso antes de refugiarse de las tropas del Germa66.

El camino a casa era incierto, Sanji no tenia del todo permitido salir, bueno, no debía, parecía que le agradaban los castigos.

Regresar era un dolor tremendo, pese a tener años viviendo entre el basto bosque y sus extensos campos climáticos…

Las tierras jugaban con él, ni siquiera por que ha cuidado las plantas y animales no gano su confianza como para que le autoricen vivir sin ser lastimado.

Aunque un indicio de que estaría pronto en su hogar era encontrar el puente de galletas y a Cracker, irritado por su ausencia.

El guardián era un usuario, uno que confundía el uso de las golosinas.

-Vinsmoke,- Su boca no mostraba más que sus dientes soltando ese acento de superioridad que el rubio no toleraba, -Esta vez el castigo no va por mi cuenta, prosigue con tus obligaciones,- Sus cuatro manos practicaban con su espada. Le había hablado sin verle siquiera sabiendo que era el único que podía cruzar.

Pasando de largo, saco la vuelta al escudo del guardián que yacía olvidado en el suelo.

-Trabaja en tus recetas, dentro, tus acciones no me tendrán vigilando,-

Cuantas veces no habrá escuchado Sanji esa orden, ese deber.

Definitivamente prefería al hermano mayor o cualquier otro familiar.

++H++

El comedor pesaba más allá de lo lograría empujar con su cuerpo, no rebosaba de  ornamentos que multiplicarían su peso, igualmente no tenía comentarios negativos de ellos, después de todo fue un regalo de un Charlotte: Su color maple imitaba ser de Caramelo por lo que la hora de la comida todo lo que usaban parecía comestible.

Su altura estaba alterada, tanto para su comodidad como para la del Cazador pese al escalón especial de su silla, no le apenaba el esfuerzo por alcanzar la mirada del peli-carmín.

No se usaba seguido para su debido propósito pues se llenaba de harinas, dulces e ingredientes que Sanji recolectaba, su acompañante ocupaba el lado contrario al observar sus recetas o la paciencia con la que decoraba esos postres que prometía enviar a la mujer que le protegía bajo su bandera.

Completo la merienda a la hora ideal, frutas y dulces se mezclaban en tazones y copas… Su acompañante tomaba enserio la puntualidad, el cocinero se motivaba por la petición de innovación, y por debajo de ello se encontraba el deseo de salir más allá del refugio.

La presencia de Cracker no era habitual, en ocasiones en las que huía de casa el comandante aparecía, desconocía como lograba enterarse de su curiosidad arriesgando los esfuerzos de ambos por protegerle.

Sanji se asomó por la ventana, a una altura similar a las torres del Germa, pensó en molestar al Soldado de galletas, tenían una relación de rivales (desde su perspectiva), Cracker disfrutaba impedirle ser libre y Sanji se apoyada de su frustración para que le ayudase a entrenar, aunque el peli-morado se abstenía de hacerle daño ignorándole, el cocinero simplemente murmuraba a su cobardía que el golpe de una galleta no sería nada.

La segunda puerta al comedor se abrió, a como acostumbraba cada ciertos días, su protector volvía de sus rondas al exterior e incluso de sus deberes en su propia isla.

La bienvenida implicaba el alimento que Sanji elaboraba con afecto, no obstante, antes de ello, el rubio era cargado por los brazos del Cazador, le subía hasta verle cara a cara, cual de momento se ocultaba detrás de una máscara con apariencia de cuervo así como un sombrero Hardee* (de alas dobladas de lado contrario al de un sombrero de corsario.)

‘Es él, está de regreso’, Cantaba su corazón al ser abrazado por el Charlotte. El peli-carmín dejo que el cocinero le buscase entre sus accesorios.

Sombrero, mascara, bufanda y ese cuello alto….

El mirarse a los ojos mutuamente les hablaba de su salud, que daños traían consigo o que les inquietaba… El besarse reafirmaba por qué es que ambos seguían separándose, el por qué Sanji acepto ocultarse.

El inicio de su vida en el bosque representaba los métodos de protección de toda la familia Charlotte. Todos le apreciaban ya que era parte de la familia.

Su vida en el exilio como ex-vinsmoke es maravillosa.

…Sin embargo, la persistencia por su familia para recuperarle le tenían prisionero en tierra. Que más deseaba que navegar y descubrir la vida gourmet de los piratas….

Las amenazas e invasiones aumentaban, las patrullas diarias del hombre-mochi se extendieron a otoños, no a semanas como planeo la noche que partieron en carruaje a este lugar.

-Nuestro hermano dejara sus deberes para protegerte, merece tu vida y compañía.- La comandante Smoothie se despedía de Sanji, quien no terminaba de repetir esos ‘hasta pronto’ para todas las hermanas de su acompañante.

-Hermano-mayor, te esperamos el siguiente verano para interferir sus tácticas.- Uno de los hombres más jóvenes apoyaba la causa de mantener al cocinero de su lado.

Piratas y reyes ya habían interferido en la vida del rubio, la madre de los comandantes Sweet estallaba en furia con la idea de perder al mayor creador de sus platillos e islas tan codiciadas del nuevo mundo.

-¡Despidan a la excelencia!, ¡El comandante Sweet, Charlotte Katakuri y el Chef superior, Vinsmoke Sanji. Dejarán el castillo Whole Cake!- Anunciaba uno de los soldados Homies, las demás tropas le imitaron al rendir honores ante el partir de la perfección andante bajo la bandera de Big mom.

El peli-carmín se había cruzado de brazos evitando que las despedidas perdurasen, amaba a sus hermanos; ¡sin duda mencionable!, por ello no sobre-exageraba su viaje.

Su perfil se recargaba cerca de la ventana de carruaje, cerró las cortinas al ver el cansancio en el rostro del oji-azul, el Chef dormía profundamente entre el suave y veloz trotar de las dulces mofetas.

Esos omnívoros desprendían aromas a cremas de pasteles, la civilización lo respiraba….callaba y se tranquilizaba al bendecir el destino de los pasajeros…

Sanji desconocía el camino, o los métodos que usaron para llegar a tal bosque, su cabeza pesaba durante el primer día en que despertó en su hogar. El viaje fue seriamente secreto incluso para quien se refugiaba.

Su primera semana se llenó de reglas, de advertencias sobre lo que le dañaban a él y a los intrusos, las condiciones que no debía olvidar también incluían esa prenda rojiza que ahuyentaba las maldiciones de la isla.

Su capa estaba fabricada con partes del mayor depredador del bosque, por lo que el material ahuyentaba y mataba del miedo a los animales… probablemente por ello sus salidas para cazar se volvían aburridas recolecciones de plantas.

Al pasar los meses Cracker dejo de lado su deber como comandante para apoyar la causa, trajo consigo noticias sobre los pelotones de Germa que ganaban territorios tras conquistar una vez más el Norhblue … ciertamente los Charlotte unía fuerzas para dejar claro que un cocinero como él era intocable.

El rubio se comía las uñas al imaginar un reencuentro con sus hermanos.

++H++

-Es arroz con soya, verduras y picante, acompañado de un especial de carne.- Tomo su platillo y lo acerco a su rostro, a con palillos listos comenzó a degustar.

El tez-blanca había servido tal comida con orgullo ya que el cansancio de la creación debía reprimir a la depresión de su momentánea soledad.

Katakuri había vuelto de acordar el relevo de vigilancia, la galleta andante volvería a con su madre para ocuparse de problemas igual de mayores.

El mencionado oji-carmín yacía semi-recostado en la cama, tenía uno de los enormes platillos sobre su pecho mientras arrastraba con una cuchara de madera la comida a su boca.

Sanji le acompañaba cenando sentado junto al Comandante que elogiaba su comida y masticaba, no faltaba que el hombre se ahogara a momentos, sin embargo, el rubio se entretenía en contemplar la falta de modales.

Tal desastre de migajas y consumo incontrolable calentaban el pecho del tez-blanca, debía existir una explicación a ese comportamiento que le contentaba.

El cocinero termino pronto, comía raciones diminutas a diferencia del Cazador, por educación se retiraba a la cocina junto con los utensilios que Charlotte uso.

Al volver a su lado, el hombre-mochi había reducido su tamaño, ciertamente si durmiera con su auténtico aspecto; el largo de la cama no bastaría para sostener sus piernas.

Los momentos en que su boca recibía luz eran momentáneos, fielmente solo revelados al cocinero, por lo que al verle ya tenía un pañuelo ocultando el cómo su lengua retiraba los restos de sus dientes y labios. La tela dejaba ver los movimientos de su quijada aunque sus ojos cerrados disimulaban el acto.

La costumbre de ocultarse no moría, el peli-carmín denominaba al mismísimo Sanji como su santuario y su breve ausencia justificaba esa prenda.

Sin necesidad de dar la rodear a la cama, Katakuri le subió para dejarle por encima de su cintura, concluyentemente reclamaba el postre.

Retiro su chaqueta después de volver para la cena, cual ya no hacia entristecer a Katakuri ya que verduras y carnes tenían un suplemente enérgico escaso, desde su antiguo punto de vista.

Las recetas del cocinero seguían sorprendiéndole, por ello el Charlotte le recordaba que documentara lo que el bosque y el habían logrado.

Se inclinó sobre el pecho tatuado abrazándole incluso si no podía rodearle por completo, su profunda respiración le arrullaba aunque los deseos del hombre-mochi sincronizaban con la búsqueda carnal.

Subió a su pecho y comenzó a morder su cuello, específicamente usaba sus colmillos para molestarle, le demostraba que su propia dentadura también presentaba un peligro. No obstante, el usuario sanaba esas marcas inmediatamente debido a su suave consistencia.

Su piel se protegía de Haki, por lo que si lo activaba durante sus encuentros, entonces su boca no le haría daño alguno.

Katakuri se sentó oponiéndose a la tierna agresividad del cocinero, con sus manos…con una mano bastaba para masajear su torso, el oji-azul se apegaba a su cuerpo, por su altura era incapaz de mirar por encima del hombro del peli-carmín.

Eso no le desanimaba, amaba la protección y seguridad que su estatura le daba.

Dejo de ocultar los deseos que tenía por tenerle dentro, el exigirle que le penetrase. Trivialmente quería que en algún momento Katakuri olvidase su apetito por los dulces y le tomase inmediatamente al volver después de días de no verle.

Tenía inseguridades, los peligros eran verdaderos pero la presencia del Charlotte hacía falta, había escuchado de grupos de cocinero que debían servir a cada hijo de Linlin…Sanji soltaría en llanto por pensar que había alguien más bajo las ordenes de Katakuri… horriblemente para el rubio; tratándole de la misma forma….

Sus pensamientos negativos se esparcían al ser besado sin ese pañuelo entre sus labios, se le arrebataron sus ropas y le acomodó dándole la espalda, sentado por completo sobre su regazo.

Su pareja endurecía conforme manipulaba el cuerpo del cocinero, no solo le movía con sus piernas completamente abiertas por encima de su miembro, con una mano le masturbaba mientras le repetía en ardientes susurros entre su cabellera ‘si lo soportaría’, que guardase las lágrimas de sus inservibles sospechas.

Katakuri había previsto su rabieta, Sanji se apartaba con cobardía, el bastardo le salvo de esa controversia que pudo explotar en pleno encuentro carnal.

El peli-carmín tomo sus manos para atarlas con su pañuelo, seguido de subir sus brazos tras el cuello del Charlotte. Sus brazos le retenían como cadenas, sin importar si eran de oro o brillantes, el resto del cuerpo del cocinero era una inigualable joya del océano…

Con su espalda contra el pecho tatuado, su alterada respiración movía por completo el torso del oji-azul que con sus rodillas en el colchón daba distancia al miembro del peli-carmín para que encontrase esa atormentada apertura que le recibía ansioso.

Sin cruzar miradas ni hablar de consentimientos; le penetró. Mientras buscaba el ritmo ideal para evitar lastimarle, el tez-blanca se concentraba en no preocupar a su querido pues gemía tal como la primera vez; ¡sorprendido con insuperable placer!

Sanji descubrió su reflejo en el cuadro que decoraba la pared frente a la cama, esa preciada fotografía demostraba su pacto, esa memorable fiesta de té que les ato y reafirmo su lealtad.

Luciendo blancos trajes nupciales; Katakuri posaba sentado en la cima del pastel de bodas, sobre su pierna izquierda Sanji sonreía con la bendita sonrisa heredada de su madre, por cual gesto le habían exiliado del reino a naufragar a esta inmejorable fantasía.

Su reflejo coincidía con el de la fotografía, no podía evitar imitar esa sonrisa…

 

++H++

 

El presente mantenía entretenido y distraído al joven príncipe, su deber como Chef y sucesor de jefe de cocina de Whole Cake insistía en que su talento no irrumpiría en su estadía en tal isla. Estos chefs eran seleccionados por sobre todos los habitantes, no porque fuese adoptado por el Caballero Gourmet inmediatamente se le apartaba un lugar en esa cocina.

Su aprendizaje destacaba por sobre lo que sus maestros tenían por mostrarle, de un momento a otro supero sus técnicas a una forma sublime que incluso calmaba los antojos de Big mom sin siquiera preparar lo que reclamaba.

Uno de esos encuentros puso en peligro la vida de Sanji, aunque fuese su primer intento por apaciguarla, imprudentemente se adelantó a ganar tiempo para que sus asistentes le encontrasen en el punto acordado.

Tenía valor de sobra, surgía de sus intestinos y le llevaba a la imprudencia.

La mano de la peli-rosa capturo el alma del rubio, ¡Demandó a por el alimento que esperaba recibir!, la vida del chef dependía de su conexión con esa masa de vida entre sus dedos, y antes de que ella anunciara los años que le arrebataría…

Un Charlotte apareció, su excepcional habilidad con su cuerpo maldito por la fruta del diablo le aparto del peligro, cuando el ultimo respiro del cocinero regreso a su boca, el siguiente lo dio en brazos del primer Comandante, esa creación inigualable entre todos los hijos había hecho frente a su propia madre.

Por primera vez Sanji se aferró a alguien capaz de hacerle creer que llegaría a ver su soñado All blue.

Divagaba entre sus recuerdos; por lo que no prestaba sus oídos a los planes que Katakuri le repasaba entre ese tierno acto de traerle por el camino primaveral del bosque.

-Nevará, incluso la presa más pequeña se refugiará. Tus ropas no serán suficientes,- Sabía que no le prestaba atención, por lo que uso la flexibilidad de su mochi que podía desprenderse de él para crear la forma esponjosa de un reyezuelo.

Mientras Sanji montaba a Tony, Charlotte llevaba las riendas del animal. Le contaba que en su próxima salida traería consigo más que víveres, las pertenencias materiales del oji-azul no eran prioridad por lo que el peli-carmín se ocupaba de esas necesidades.

-No te molestes por ello, Al salir del bosque con lo que preparo supongo que ya es sospechoso.- Sanji tomo la pequeña escultura. – Volver con equipaje te volverá de interés.-

Su pareja posiblemente estaba Celoso de que su hermano Perospero, quien le regalo dulces esculpidos de la misma forma como regalo de bodas, ese mochi en su mano escaseaba en detalles a diferencia de las acarameladas que tenía en casa… pese que acertó que tenía compasión por los animales.

Extrañamente, pese a solo convivir con cocineros, la dulce familia conocía detalles que recordarían si se lo preguntasen personalmente. O rumores corrían entre hermanos o accidentalmente dejo fluir detalles en conversaciones entre banquetes.

Pisaron zonas húmedas tras pasar de largo los domesticados campos de cultivo.

Los charcos pantanosos emanaban un amargo olor que incitaba el apetito de los animales y visitantes, la natural trampa atraía a los golosos, este era el sexto lugar donde el rubio encontraba más cadáveres, enterraba los que podía sacar de esos líquidos, y específicamente recuperaba torsos o piernas que sobre-salían como adornos.

Los líquidos cafés variaban de charco en mini-lagunas; Burbujeaban hirvientes, otros se condensaban por su fondo helado. Esos cambios entre aguas no incomodaban a las ranas que vivían ahí.

Sanji suele traer consigo una red con las que les captura, ¡Son deliciosas! ¡Esplendorosas!, había recibido elogios del exterior al enviarlas como resultado de su exploración en este bosque.

Sapos saltaban alto, ranas se aferraban a los curiosos bambús blancos en el centro de la extensa laguna a la que Katakuri se dirigía, era envidiable como sus largas piernas alcanzaban las escasas tierras firmes.

El rubio se mantuvo lejos entretenido al bajar de Tony para recolectar unos hongos anisados, sus cabezas blancas podría ser comestibles si el cocinero las llevaba a casa, no obstante, los tallos morados de estos fungis esparcían un olor a goma que mantuvo al cocinero mirándolos detenidamente.

¿Pensaba en cómo utilizarlos?, ¿Cómo purificarlos?,¿Los dejaría porque son materiales y no gourmets?....

Tony distrajo al concentrado chef al jalarle de su capa y tirarlo de espaldas, el reno relincho en burla y se sentó con sus piernas ocultas entre esas enredaderas que se acumulaban como el relleno de una almohada. (Todo el suelo se inundaba de estas.)

Como venganza, Sanji empujo al animal, cual gruñó al morderle el cabello.

Ciertamente el rubio se alegraba cuando alguien le maltrataba, no es como si despreciara los delicados tratos de su esposo, salvo que quería darle de empujones y golpes a puño cerrado a sus rivales. La escasa interactividad física… más allá de la sexual…. le tenía desesperado por amistades. Unas peligrosas de preferencia.

Katakuri regreso para separarles, así junto con los pálidos bambús que recolecto de la laguna también cargaba con largas ramas de las cuales brotaban continuamente solo hojas pequeñas, aunque lo interesante era el líquido rojizo que goteaba de ese enorme conjunto.

-Sellare unas fugas del molino con esto,- Le mostro las ramas goteantes, resultaba que la densa masa en su interior era látex. –Si no son alimento, tráelos y clasifícalos.- Se percató de los hongos que no soltaba aun tras el breve pleito.

-Funcionaran, ¿Vas a subestimarme?, me ofendes.- Hizo un puchero, dándole la espalda tratando de montar a Tony.

Aunque subiera sobre su mascota, perdón, colega. Esa altura no llegaba por sobre las rodillas de su pareja.

-¿Cómo podría?- Le respondió al alcanzarle y revolver su dorada cabellera, le pidió que le perdonase al inclinarse y darle unos cigarrillos de su bolsillo: Le dijo al perplejo oji-azul que ya le escuchaba entre visiones pidiéndole esos dañinos palillos.

Charlotte cambiaba su estatura despendiendo de la situación, en ese momento era tal cual; una mezcla entre raza piernas largas y un semi-gigante. No obstante, no lograba resaltar entre los árboles.

El peli-carmín vestía una máscara inferior de cerámica tapando su boca, el dibujo imitaba perfectamente su dentadura, así que ¿cuál era el caso de usarla?, ¡Estilo de comandantes debía ser!…. Usaba un traje café de una pieza, decorado con sus cintas de cuero y demás metales puntiagudos en brazaletes e incrustados en los dobleces.

Cambiaba de tipo de vestimentas tras cada propósito de salida. Sanji ya tenía años con las mismas prendas pese que las lavaba diariamente así como sus baños constantes no faltaban.

Hoy lucia atractivo, tenía un set de ropa de buen estado; el cocinero usaba un chaleco azul cielo, de interior suave, por lo que no tenía una camisa interior, lo combinaba con su fiel capa así como unos pantalones poliéster ganache y esas botas negras por arriba de sus tobillos que imitaban el estilo punk de su esposo.

El suelo despejado de robles gozaba de las sombras de su bosque vecino, lo que significaba que era más allá del medio día…

La humedad del pantano disminuía al acercarse a los deslizantes barrancos; Rocas grises se mezclaban entre los arbustos rojos que imitaban la forma de un cómodo pompón, donde cansados visitantes se acostaron, la mortalidad de esta planta constaba en derretir lo que le tocase.

Y al ser un asiento muy apetitoso, los muertos tenían una pose muy placentera al dejar sus esqueletos sobre esas plantas, disfrutando su interminable descanso.

Había dos esqueletos, esos se habían lanzado de cara contra el arbusto que les devoro la piel y órganos en segundos. Pese al sorprendente apetito del bosque, los huesos no eran de su gusto.

Charlotte se acercó a ellos, arrancándoles sus cráneos, regularmente el comandante deseaba identificar a los patéticos intrusos, ya que siendo autoproclamado el vigilante del bosque, ese título tenía que ver con que estos territorios posiblemente serian pronto reclamados por Big mom.

Cabizbajo, el rubio aguantaba sus palabras, esas con las que defendió a los muertos que Katakuri sacaba del bosque para tirarlos al mar. Sanji deseaba darles un descanso digno pese a que cada cadáver fue su enemigo sin siquiera conocerlo.

-En escasos días el bosque dormirá bajo el cero absoluto, retornara aún más que sediento.- Dejo que el mochi absorbiera los cráneos. Su cuerpo ayudaba en pequeñas recolecciones a comparación de las jaulas y mochilas que cargaba el reno.

Y siendo Chef ¡Con firme razón respetaba la vida!, independientemente si era humanos o hombres-pez…. Sanji no era un hijo de puta que humillaba sus ingredientes antes de prepararlos.

Sanji se agacho para recoger la oxidada pulsera que el esqueleto dejo caer. –Vulgarmente… todo morirá.- El grabado en el accesorio era sentimental… ¿Por qué arriesgaban sus vidas aceptando el trabajo sucio de los Vinsmoke?...

Katakuri dio unos pasos al lado del cocinero, el Cazador utilizo su paramecia para construir un santuario de voluminosos techos y estructuras legendarias tal como un artesano de Wano levantaría. Con esos cuatro muros rodeó las indiscretas e inmensas canastas de picnic que Sanji había pasado de largo.

-Es evolución, firme adaptación. Muerte para los incompetentes y fortaleza para los depredadores.- Esos discursos de imperios encendían el apetito del peli-carmín justo a la hora de la merienda.

Construyo escalones para su acompañante aunque el Cazador no los necesitaba.

-Es temporada crítica. Es recolectar y arrebatar a contra tiempo.- El Charlotte se introdujo invitando sin pena al rubio, quien seguía ignorando la casa-mochi.

Sanji fingía estar atento al paisaje esperando que dejase ese tema de lado.

Cracker usaba constantemente sus armaduras como mandaderos; por ello es que los dulces de los discípulos de Sanji que estaban en el castillo Whole cake lograron enviarle a salvo esa experimental merienda.

El Vinsmoke era el catador de sus aprendices, salvo que Katakuri no soportaba mucho el cómo tomaba pequeños bocados y escribía sus opiniones. Con solo una mordida le dejaba el resto de la dulce comida a su pareja.

Jalo al tez-blanca de su brazo, sacándole de su remordimiento sin fin. El largo brazo de mochi atravesaba la pared, al capturarle le introdujo para dejarle sobre un suave sillón del mismo material blanco.

El peli-carmín mordió el cuello del rubio pese que su boca podría devorar su hombro por completo.

Sanji reacciono gimiendo al sonrojarse, ¡Que salvaje!, ¡No se había puesto ese empalagoso perfume para que le apresara en pleno bosque!

-Partiré al anochecer, es probable que en dos días caerá la primer tormenta.- ¿Cómo le diría que le agradecía todos esos conocimientos que compartió con él en el viaje de hoy?¿Sería suficiente besar sus manos rindiéndole respeto?

El oji-azul le escuchaba y asentía mientras apagaba su cigarrillo.

-Después del invierno, la luna llenara las tierras de marea alta.-

‘¿Qué tiene de diferente ese frio al que hay en zonas de tundra?’ Pensó argumentando, pero eso conllevaba a defender su derecho a salir.

-Me quedaré. Procuremos llevar una recolección masiva, Sanji.- La pausa que uso para su nombre se debía a que comenzó a tragar sus bocadillos por lo que sus palabras provenían en parte de su nariz.

¡Ridículo Katakuri!, Si tu familia se enterasen de lo naturalmente chusco que eres…

-Claro, Mochi.- Le alentó a demandarle respeto con tan tierno alias. Ni sus hermanas pequeñas le etiquetaban así. Qué pena que el comandante ya se había acostado a comer tras darle un largo trago a una jarra de té de anís.

-Aunque el agua te vuelva blando, ¿Te quedarás?- Sanji se mordió sus labios, no con el deseo de besarle, si no por aguantarse la lagrima de ver su anhelado pastelillo de mil capas ser devorado por esa boca mutiladora de dulces.

En lugar de reclamarle prefirió sentarse en el suelo junto a Katakuri, golpeo con una cuchara el pecho expuesto de su esposo. La masita de la que consistía hizo rebotar el cubierto.

Se echó a reír pues dentro del santuario jugaría con el Cazador mientras no merodeaban los lobos.

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